DOMINGO DE TOMÁS (DE ANTIPASCUA, 2º DOMINGO DESPUES DE LA PASCUA). Evangelio del día: Juan 20 (19-31). Apóstoles: Hechos 5 (12-20). Evangelio de Maitines 1 (EOTHINON 1, p.5).
Fiestas fijas: Hieromártir San Pafnucio de Jerusalén, Santo mártir Teodoro de Perge en Panfilia, con su madre Filipa, los dos soldados Sócrates y Dionisio, y Dióscoro., Venerable Jorge el Confesor de Constantinopla, San Trifón, Patriarca de Constantinopla, San Simeón "el Descalzo" y "el de una sola Túnica", Higúmeno del Monasterio de Filoteo, Neomártir San Agathángelos del Monasterio de Esfigmenos.
Fiestas móviles: Domingo de Tomás, 1241 Mártires en Nausa, La liberación milagrosa del Monte Atos de los musulmanes turcos en 1830, Los 172 Venerables Nuevos Mártires Anónimos del Monasterio de la Santísima (Panayía) Eikosifoinissa (de las 20 colmenas)
Servicios Litúrgicos: Vísperas Domingo Tomás (ANTIPASCUA) / Maitines-Divina Liturgia Domingo de Tomás (ANTIPASCUA) (texto, griego).
Vísperas Domingo Tomás (ANTIPASCUA) / Maitines-Divina Liturgia Domingo de Tomás (ANTIPASCUA) (música, notación bizantina).
HECHOS DE LOS APÓSTOLES (5, 12-20).
Vers. 12- 16. Milagros de los apóstoles.
12. Mientras tanto por las manos de los apóstoles eran realizados continuamente muchos extraordinarios y sorprendentes milagros, los cuales confirmaban que su enseñanza era verdadera y provocaban admiración en el pueblo. Y todos los fieles juntos con un corazón se reunían en el pórtico de Salomón.
13. Y de los demás que no hubieron creído, ninguno se atrevía a juntarse con ellos, bromear con ellos o tratarles como hombres normales de la calle; sino que la mayoría del pueblo los respetaba y los alababa.
14. Y así cada vez más se acercaban multitud de hombres y de mujeres, los cuales creían en el Señor y se convertían en miembros de la Iglesia, aumentando en gran número los fieles.
15. De hecho tanto les respetaba el pueblo, que sacaban a los enfermos de sus casas a las plazas y los ponías sobre preciosas camas los más ricos, y sobre camillas improvisadas los más pobres, de modo que para cuando pasase sobre aquella multitud Pedro, cayese aunque solo fuese su sombra sobre alguno de estos enfermos para que fuese curado.
16. También se juntaba en Jerusalén gente de las ciudades vecinas; todos éstos traían todo tipo de enfermos, así como hombres que padecían por espíritus impuros, y a todos los curaban.
Vers. 17-42. Segundo encarcelamiento de Pedro y de Juan. Su milagrosa liberación.
17. Todo esto provocó la reacción del sumo sacerdote y de todos los que estaban con él, los cuales constituían la formación religiosa de los saduceos. Sus corazones se llenaron de envidia y maldad y se prepararon para actuar.
18. Entonces echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.
19. Mas un ángel del Señor a la mitad de la noche abrió las puertas de la cárcel, les sacó fuera y les dijo:
20. Id enseguida y llenos de coraje poneros en pie en el sagrado recinto del templo, y predicad en público al pueblo todas las palabras de esta nueva vida, la cual os transmitió el Señor y que por experiencia conocéis.
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| San Juan el Teólogo y su discípulo Prócoro |
EVANGELIO (Juan, 20, 19-31)
(Texto RVR-1960, con interpretación por P. Trempelas)
Vers. 19-23. La aparición del Señor resucitado a los diez discípulos.
19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
19. Y este testimonio de María fue confirmado el mismo día. Porque cuando anocheció aquel día, el primero de la semana, y mientras los discípulos estaban reunidos en una casa y tenían las puertas cerradas porque temían a los gobernantes de los judíos, vino Jesús y se puso en medio de ellos y les dijo: que venga la paz a vosotros.
20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
20. Y tras decir esto, les mostró su mano y su costilla, para que viesen las señales de las heridas y se convenciesen de que él era su Maestro que fue crucificado. Entonces tras asegurarse de ello con la prueba de sus cicatrices, se alegraron los discípulos de ver al Señor.
21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.
21. Entonces cuando los discípulos se calmaron de la gran alegría que sintieron, les dijo de nuevo Jesús en relación con su ahora futura llamada y apostolado: que venga la paz a vosotros. Como me envió mi Padre para la obra de salvación de los hombres, así yo también os envío para que continuéis la misma obra.
22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo
22. Y tras decir esto, para transmitirles el aliento de la nueva vida celestial, sopló sobre sus rostros, como Dios una vez en el rostro de Adán, y les dice: recibid Espíritu Santo.
23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.
23. A aquellos que perdonéis los pecados, también serán perdonados por Dios. Pero a quienes se los mantengáis sin perdonar, permanecerán para siempre.
Vers. 24-29. La aparición del Señor resucitado a los once discípulos. La palpación de Tomás.
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
24. Tomás sin embargo, que era uno de los doce apóstoles y al cual llamaban Gemelo los hebreos que hablaban la lengua helénica, no estaba con ellos cuando vino Cristo.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
25. Entonces cuando le vieron, le dijeron los otros discípulos: hemos visto al Señor. Pero él les respondió: si no veo con mis ojos la señal de los clavos en sus manos y no pongo mi dedo en la señal de los clavos y no pongo mi mano en su costilla, de modo que no sólo con mis ojos sino también con mis dedos me asegure, no creeré.
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
26. Y entonces así fue, a los ocho días estaban de nuevo en la casa los discípulos, y con ellos estaba también Tomás. Entonces viene Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio de los discípulos y dijo: que venga la paz a vosotros.
27 Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
27. Después le dice a Tomás: trae tu dedo aquí. Palpa y examina las señales de mis heridas, y mira al mismo tiempo con tus ojos mis manos. Trae tu mano por debajo de mi vestidura y ponla en mi costilla que fue herida por la lanza. Y no te permitas ser gobernado por la incredulidad, convirtiéndote para siempre e irreparablemente en infiel, sino que avances y te afiances en la fe, de un modo inamovible e irrefutable.
28 Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
28. Tomás entonces respondió: creo y confieso que eres mi Señor y mi Dios.
29 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
29. Le dice Jesús: crees porque me has visto. Bienaventurados y más afortunados son aquellos que creen sin haberme visto con sus ojos, como me has visto tú. Y creerán así todos los miembros de mi Iglesia en las generaciones que vendrán.
Vers. 30-31. El objetivo de la escritura del Evangelio
30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.
30. Entonces de acuerdo con todo lo que hemos relatado, excepto el milagro de su Resurrección, Jesús frente a los ojos de sus discípulos hizo también muchos otros milagros que demostraban su divinidad, las cuales no están escritas en este libro.
31 Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
31. Esto que hemos expuesto, ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo que fue anunciado por los profetas, el Hijo Único de Dios; y así creyendo que tengáis como inalienable propiedad vuestra la nueva, divina y eterna vida, la cual transmite el mismo a las almas de los hombres que invocan su nombre.
"En puesto más ventajoso nosotros"
HABÍA YA RESUCITADO DEL SEPULCRO EL SEÑOR JESÚS CRISTO. LE VIERON
las mujeres portadoras de mirra y corrieron para comunicar el jubiloso mensaje a los Apóstoles. Pero ellos no las creyeron.
Y a la tarde ya de aquel primer día, se encuentran todos reunidos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos que crucificaron a Cristo. Viene la noche, y ellos, permaneciendo más bien en silencio, continúan allí con sus corazones encogidos…
¡De repente el Señor se presenta frente a ellos ¡ ¿Están viendo bien? Sí, es el Señor. Resucitado, hermoso, luminoso. Fascinados los discípulos, pensando dentro de ellos cómo se apareció, cómo entró a la casa sin pasar por la puerta…y que cómo es posible que esté vivo, si hasta ayer estaba en la tumba.
-“Paz a vosotros”, se adelanta con su dulce voz. Tened paz en vuestro interior.
Y después les enseña las manos con las heridas y Su costilla perforada por la lanza, para que vean las señales y se convenzan de que es Él.
Alegría, sorpresa y temor sienten los Apóstoles.
-“Paz a vosotros”, de nuevo el Señor.
Y después Le escuchan cómo les encarga la continuación de Su obra por la salvación de los hombres:
-Así como me envió mi Padre al mundo, así ahora yo os envió entre los hombres, para continuar mi obra.
Y junto con estas palabras sopló sobre sus rostros y les transmitió Espíritu Santo, para que tuviesen la autoridad de la liberación (del perdón) de los pecados.
Todos ellos le vieron resucitado, excepto uno: Tomás. Este estaba ausente y no Le vio. Cuando le vieron, le dijeron con voz agitada y conmocionada:
-¡Hemos visto al Señor!
Frío Tomás. Receloso y desconfiado.
-Si no veo en Sus manos las señales de los clavos y no pongo mi mano en Su costilla para comprobarlo, no lo creo.
Ocho días permaneció con esta melancolía suya. Y en ocho días, de nuevo el Señor entre sus discípulos. De la misma manera. Ahora con Tomás también presente.
-“Paz a vosotros”. Y directamente hacia Tomás.
-“Ven, Tomás, trae tu dedo, mira mis manos, y pon tu mano en mis costilla, para que te convenzas. Y no seas incrédulo sino creyente.
Inmóvil Tomás. Sorpresa y temor y alegría juntos. Y cuánta seguridad ahora, certeza de que ¡Éste es el Maestro resucitado!
-“¡Mi Señor y mi Dios!”, clama emocionado Tomás. Y a continuación las palabras del Señor:
-Porque me has visto, crees. Bienaventurados los que, sin verme, crean en mí…
"Bienaventurados los que, sin verme, crean en mí"
Es decir, todos nosotros. Nosotros que creemos, cuando no hemos visto con nuestros ojos corporales al Señor. Nosotros, según las palabras del Señor, Nosotros, según las palabras del Señor, estamos en puesto más ventajoso que Tomás. Porque la creencia es un sentimiento interior mucho más potente que la vista de los ojos. Los ojos pueden en algún momento engañarte, la fe y la creencia sin embargo, nunca.
Creo en Cristo, en mi Señor resucitado, significa que lo siento continuamente cerca de mí, dentro de mí. En cada paso de mi vida. En cualquier situación.
Afortunado o lo contrario; desafortunado, desdichado y desgraciado. Y no es éste ningún sentimiento subjetivo – es decir, puede que falso-…no. Sino realidad objetiva.
El Señor prometió que estará junto con los que desarrollen con Él una estrecha relación como ésta: relación de fe, completa confianza y entrega de ellos mismos a Aquel.
¡Y entonces toda la vida se transformará en una celebración dentro de la luz de la Resurrección!

