VIDA DE SAN PAISIO DEL MONTE ATOS. Hieromonje ISAAK.







† Hieromonje ISAAK







VIDA DE SAN PAISIO DEL MONTE ATOS






SANTO MONTE ATOS
 
 
 
 
 

 








Copyright: https://enromiosini.gr/ (Las imágenes se encuentran sólo en el libro original)

Traducido al español por Nectario: https://laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com/































































Hieromonje ISAAK







VIDA DEL GERONTAS PAISIO DEL M. ATOS











MONTE ATOS 2009















Copyright © 2004

Sagrado Hesicasterio

San Juan el Precursor

63088 Metamorfosis Halkidikí

Disposición central y exclusiva del Monasterio

Tel: 0030/2375061592 y 0030/2375061103. Fax: 0030/2375061103
















INDICE DE CONTENIDOS



LEXICO


PROLOGO



PARTE A: RESUMEN DE SU VIDA




A 1 SUS ANTEPASADOS CARNALES Y ESPIRITUALES.


A 1.1 La región fronteriza de Farasa

A 1.2 Su familia

A 1.3 Bautizo y desarraigo


A 2 ENTRENAMIENTOS ASCETICOS

A 2.1 Educación “en enseñanza e instrucción del Señor”

A 2.2 Ejercicios infantiles

A 2.3 Carpintero

A 2.4 Niño agraciado

A 2.5 Con la Cruz como conductora

A 2.6 Visión divina

A 2.7 Preparación para la vida monástica

A 2.8 Cuidado por los demás

A 2.9 Peligros y pruebas

A 2.10 Apoyo de su familia


A 3 SERVICIO MILITAR

A 3.1 Radiotelegrafista con pundonor

A 3.2 Calamidades

A 3.3 Ascesis y experiencias

A 3.4 Sacrificio por los demás

A 3.5 Ayuda de modo altruista y es calumniado

A 3.6 Salva a su unidad de soldados

A 3.7 Autosacrificio

A 3.8 Reza entre balas

A 3.9 Desobediencia a un blasfemo

A 4 BÚSQUEDAS Y PREPARACIÓN

A 4.1 Primera visita al Santo Monte Atos.

A 4.2 Trabajo y preparación


Α5 CENOBITA EN EL MONASTERIO DE “ESFIGMENO”

A 5.1 Impedimento antes de su marcha

A 5.2 Cenobita en el Monasterio de “Esfigmeno”

A 5.3 Prueba y servicios

A 5.4 Luchas de principiante

A 5.5 Me torturó el amor de los míos

A 5.6 Manifestaciones demoníacas

A 5.7 Oración y bendición al recibir la sotana

A 5.8 Ve al Cordero pataleando

A 5.9 Trabajador néptico

A 5.10 Obediencia sangrante

A 5.11 Visita de la Gracia Divina

5.12 Marcha hacia la hesiquia


A 6 EN EL MONASTERIO IDIORRÍTMICO DE FILOTEO

6.1 Obediente al Gérontas

6.2 Servidor bien dispuesto y luchador desapercibido

6.3 Pensamientos de orgullo

6.4 Tentaciones diabólicas

6.5 Inventa la forma de ayuda

6.6 En Konitsa para terapia

6.7 La providencia de Dios

6.8 Monje de Hábito Menor

6.9 Relación con padres virtuosos

6.10 Bendiciones de la Panayía

6.11 Recibe revelación


A 7 EN EL MONASTERIO STOMIO DE KONITSA

7.1 Restauración del Monasterio

7.2 Impone el respeto

7.3 Salta al precipicio

7.4 Exhumación de los restos de san Arsenio

7.5 Esfuerzos, ascesis y hesiquia

7.6 Protector de los pobres y de los huérfanos

7.7 Afrontamiento de la tentación con martirio

7.8 Luchas anti heréticas

7.9 “Conducido por el Espíritu Santo ”

7.10 Ataques demoníacos

7.11 Salvación por la Providencia

7.12 Visita nocturna de la Panayía

7.13 Verdadero sueño demoníaco

7.14 Familiaridad con los animales salvajes

7.15 Otros acontecimientos en Stomio

7.16 Su marcha de Stomio


Α8 EREMITA EN EL MONTE “CAMINADO POR DIOS” DEL SINAÍ

8.1 Traslado al Sinaí

8.2 Soluciona la sequía.

8.3 Bienaventurada vida eremita

8.4 “Sentí la divina Comunión”

8.5 Trabajo manual y caridades

8.6 “Estaba en el desierto tentado…”

8.7 Compañía del ermitaño

8.8 Desapasionamiento de los Justos “Antepasados de Dios” Joaquín y Ana

8.9 En los “Santos Cuarenta”

8.10 La dormición de su madre

8.11 El nombre de Kazantzakis

8.12 Es consolado porque no había comulgado

8.13 Guerra invisible y situaciones indescriptibles.

8.14 Abandona el dulce desierto


A9 EN LA SKETE DE IVIRON

9.1 ¿Hesiquia o compañía?

9.2 Aspectos de la vida en la Skete ⁶

9.2 Ayuda al alma de un difunto

9.4 Defensa de san Juan el Precursor

9.5 Apedreamiento diabólico

9.6 Comida por un Ángel

9.7 Monje de Gran Hábito

9.8 Operación de los pulmones


A10 EN LOS DESERTICOS KATUNAKIA

10.1 En la kalivi de Ipato

10.2 Camisetas para el asceta

10.3 El endemoniado

10.4 “Ha desatado el nudo gordiano”

10.5 Su pobreza

10.6 “Yo siempre estoy comiendo…”

10.7 Luz dulcísima

10.8 Constitución del Hesicasterio femenino


A 11 EN LA KELI DE LA SANTA CRUZ

11.1 En el santo Monasterio Stavronikita

11.2 La dormición del Gérontas Tikon

11.3 Su vida en la “Venerada Cruz”

11.4 “Luz en sus caminos”

11.5 Apoya a un monje nuevo

11.6 Pescado enviado por Dios.

11.7 Aparición de san Arsenio

11.8 El Gérontas Tikon y la tentación

11.9 En la isla Tino

11.10 El silencio de los pájaros

11.11 El engañado

11.12 Compadeciendo con el enfermo

11.13 El olivo y las sotanas

11.14 En Farasa

11.15 El alma infernada

11.16 Santa Eufemia

11.17 El “Olet”

11.18 ¡Oración por los demonios!

11.19 Tentaciones demoníacas

11.20 Salvado del fuego

11.21 Visita inolvidable

11.22 Ve un alma

11.23 El Jorgito de Tíbet

11.24 En Australia

11.25 El visitante nocturno

11.26 Aparición de Cristo

11.27 Caminos y coches

11.28 Predicción

11.29 Icono resplandeciente

11.30 El santo “muy injustamente perjudicado”

11.31 Multitud de demonios

11.32 La serpiente

11.33 “Oró y el cielo dio la lluvia”

11.34 Una fiesta distinta

11.35 Respuestas de otra manera

11.36 Divina Liturgia en la “Venerada Cruz”

11.37 “Dios está obligado a ayudar”

11.38 El Ángel de la guarda

11.39 Logos alegres y ágiles


A 12 EN LA PANAGUDA Y SU ENTREGA A LOS DOLORIDOS


12.1 Instalación en “Panaguda”

12.2 Los santos Panteleimon y Luciniano

12.3 “Consuela a mi pueblo”

12.4 La aparición de san Blasio

12.5 Fragancia del icono “Axión estín” (es justo)

12.6 Las Reliquias de San Cosme el Primero.

12.7 “Cabrito” en el techo.

12.8 Muchas luces en su Kelia

12.9 La promesa de la Panayía

12.10 En Tierra Santa y en Sinaí

12.11 Energías y operaciones de la divina jaris-gracia increada.

12.12 Visión de niño orando

12.13 “Cristo mío, bendíceme…”

12.14 “¡Terrible visión!

12.15 “La Panayía”

12.16 Sobre el Anticristo, el 666 y los carnets de identidad.

12.17 Fragancia de sagrada Reliquia

12.18 Sorpresas

12.19 Operación quirúrgica de la hernia

12.20 La película blasfema

12.21 Ve la jaris (energía increada) del Sacerdocio

12.22 “Metamorfosis”

12.23 Responde a su loyismós

12.24 “Tienes pies rotos”

12.25 Terapias de enfermos

12.26 “Tomaremos la Polis (Constantinopla)”

12.27 “Que pidas perdón”

12.28 “Debes tener nobleza espiritual”

12.29 Movimiento del candil

12.30 “Viene…”

12.31 El jefe hinduista

12.32 El discípulo de Maharatzi

12.33 El Gérontas y los jóvenes


A 13 ENFERMEDAD Y BIENAVENTURADA DORMICIÓN

13.1 Dolor y enfermedades

13.2 “Me sucedió algo”

13.3 En los límites de su resistencia

13.4 La última salida. Desarrollo de la enfermedad


13.5 Ofrecimiento con dolores martirizantes

13.6 Bienaventurada e invisible dormición


A 14 MILAGROS DESPUÉS DE SU DORMICIÓN

14.1) No se alejó de nosotros

14.2) Fragancia

14.3) Expulsa al demonio

14.4) Salvación de un niño

14.5) Aparición y ayuda a un estudiante

14.6) Aparición en sueño

14.7) Aparición admirable y ayuda

14.8) Presencia sensible invisible

14.9) Intervenciones en accidentes

14.10) Resurrecciones espirituales

14.11) Desaparición de un tumor

14.12) Curación de una endemoniada

14.13) Recuperación de la vista





PARTE B: ESCRITOS BIOGRÁFICOS EN UNIDADES TEMÁTICAS



B 1 VIRTUDES

1.1 Alejamiento extremo.

1.2 Obediencia

1.3 La humildad auténtica riqueza

1.4 Obrero y predicador de la μετάνοια metania

1.5 Pobreza o insolvencia

1.6 «Ascesis insaciable»

1.7 Esfuerzo y trabajador incansable

1.8 Aroma de devoción o piedad.

1.9 “Amó la justicia”

1.10 Pundonor 23

1.11 Confianza en la divina providencia

1.12 Ángel de la paz

1.13 Faro de discernimiento

1.14 Amante de la hesiquia

1.15 Nepsis

1.16 La oración- Su typikon o canon

1.17 El desapasionamiento

1.18 Amor majestuoso


Β 2 CARISMAS


2.1 Transcendencia de las leyes de la naturaleza

2.2 Reconciliación con la creación

2.3 Orador y suplicador por todo el mundo

2.4 Maestro carismático.

2.5 El carisma de la súplica y del consuelo.

2.6 Enemigo y expulsor de los demonios

a) Aparición de demonios

b) Terapia de endemoniados

2.7 “Mirra vaciada”

2.8 Entendimiento con los extranjeros de otras lenguas.

2.9 Transportaciones paradójicas

2.10 Percepción y sentimiento de oraciones e imploraciones

2.11 Conocedor del estado de los difuntos

2.12 El carisma de clarividencia y de previsión del Gérontas

2.13 Carisma de sanaciones

2.14 Apariciones de santos

2.15 Faro de la luz increada.


B 3 OFRECIMIENTO

3.1 Profesor del desierto

3.2 Misión santa desde el desierto

3.3 Salidas al mundo

3.4 Defensor de la Sagrada Tradición

3.5 Hacia la madre Iglesia

3.6 Sobre la Patria y la Nación.


ANEXO


Carácter


Su mensaje


El testamento espiritual del Gérontas











LEXICO DE LA TRADUCCION


¹ a) “Gérontas” (“γέροντας, γέροντα”): del gr. medieval “γέροντας” [guéront(d)as]: Nominativo o Sujeto “ο γέροντας” [o guéront(d)as], Genitivo o Comp. del Nombre “του γέροντα” [tu guéront(d)a] , acusativo o Comp. Directo “τον γέροντα” [ton géronta]): anciano, viejo (como una expresión que muestra respeto), monje (experto, veterano), rector, alcalde.

b) “Geron” (“γέρων, γέροντος”): del gr. antiguo “γέρων” [guéron] y éste de raíz protoindoeuropea "gerh-", que significa madurar o envejecer, de donde también proviene el nombre de Grecia. Nominativo “ὁ γέρων”. Genitivo “τοῦ γέροντος”: anciano, viejo. Como adjetivo, antiguo. Con significado político, aquel que debido a su edad pertenece a algún algún órgano consultivo superior (ver Γερουσία [Guerusía], Senado)

Se utiliza en Juan 3: 4. Nicodemo se pregunta acerca del renacimiento. Su uso de esta palabra en particular revela que no está hablando simplemente de ser viejo en el sentido de haber estado vivo durante mucho tiempo, y tampoco en el sentido de ser maduro y grande, sino más bien en el sentido de tener experiencia y saber e incluso ocupar una posición de autoridad, lo que hace que pasar a la vulnerabilidad y la rendición sea un paso extremadamente difícil de dar. De esta palabra proviene: El sustantivo “γερουσια” (gerousia), que describía literalmente a un grupo de ancianos y en la práctica denotaba al consejo gobernante del Senado en Roma, Esparta, Cartago y el Sanedrín judío. Cabe destacar que la Septuaginta utilizó esta palabra en su Traducción de Éxodo 3:16. En el Nuevo Testamento, esta palabra aparece solamente en Hechos 5:21.

c) “Gero-” : del gr. “γέρω- ” [guero] medieval “γέρο- < γέρος”: compuesto que declara que la persona a la que se refiere es de edad avanzada. Y de éste procede “γερός” [guerós] en koiné helenístico: fuerte (que tiene fuerza corporal), sano, capaz en algún ámbito, poderoso (que es logrado con fuerza -también en sentido figurado-). Por ejemplo, “γέρω-Φιλάρετος”, gero-Filaretos.

Con significado similar se utiliza también en este libro el prefijo “μπαρμπα” [barba-]. Colocado antes de un nombre masculino, hace referencia a una persona que es mayor o comparativamente mucho mayor. Se ha traducido aquí como “viejo”

² Paísio. La etimología de este nombre proviene del egipcio antiguo, es decir es jeroglífica, y significa “el elegido de Isis”. Adaptado al español es Paísio.

³ Néptico. Relativo o referente a la nepsis: estado de vigilancia y sobriedad que se adquiere tras un período de catarsis (eliminación de vicios y pasiones pecaminosas). San Hesiquio el Sacerdote, define la nepsis como "una fijación y detención continua del pensamiento a la entrada del corazón". Es conocido el libro Filocalia, cuyo título completo es “Filocalia de los Padres Népticos”

⁴ Hesiquia: tranquilidad, calma, silencio. Derivados suyos son hesicasta, hesicasterio.

⁵ Fecha según el antiguo calendario (ant.cal.) o juliano. Es el utilizado en el M. Atos y más en general en el mundo ortodoxo oriental. Su fecha va 13 días por detrás de la fecha del Gregoriano. En Grecia se utiliza el Gregoriano, utilizado en general en Occidente.

⁶ a) “Kelí” (del gr. “κελί” [kelí]) es una institución monástica que está subordinada a un Monasterio dominante. Las más sencillas son celdas monásticas de un solo monje, con una capilla en su interior. Otras mayores son más espaciosas, similares a casas rurales con una pequeña capilla (naídrio) integrada o incluso una iglesia mayor. A las Santas “Kelias” se les ha concedido algún área territorial del Monasterio dominante dependiendo de su tamaño e historia. Por lo general, se conceden a muy pocos grupos de 2 o 3 monjes que se dedican a trabajos agrícolas, ganaderos, de construcción… además de sus deberes religiosos.

Existen también las Santas “Kelias” en las peregrinaciones que se conceden específicamente para cubrir las necesidades de los peregrinos. Estos se alinean principalmente como edificios de uno o dos pisos, alrededor del perímetro de las peregrinaciones, o solo en el lateral. La mayoría de las KÉLIAS (pl. de KELÍ) monásticas de Grecia se encuentran en el Monte Atos, Meteora y la Roca de Monemvasia.

b) “Kalivi” (del gr. “το καλύβι” [to kalíbi], neutro singular). Singular Kalibi o Kalivi, plural Kalibia o Kalivia. Son celdas tipo cabañas monásticas, que son viviendas pequeñas y aisladas para uno, dos o tres monjes, las cuales les entrega el monasterio al que pertenece la zona. Los monjes de estas cabañas son autosuficientes con sus labores, como artesanías. Se diferencia de la SKETE en que la KALIVIA no es una comunidad, sino que suele encontrarse aislada, y que la SKETE tiene además una iglesia central o Kyriakón. En ocasiones también consta de otras pequeñas iglesias (pareklisia).

⁷ Nus (del gr. “νους”): capacidades espirituales del hombre que le ayudan a percibir la realidad y procesar sus datos. Es traducido en ocasiones como entendimiento.

⁸ Hatzi- o Chatzi- (del gr. “Χατζη-“) es un prefijo utilizado en los nombres de familias griegas. Procede de la terminología islámica Hajj y es una peregrinación a la Kaaba, la “Casa de Alá”, en la ciudad sagrada de La Meca en Arabia Saudita. Es aplicado en general sobre alguien que ha completado con éxito una peregrinación, y en el caso de los cristianos ortodoxos a Tierra Santa.

⁹ Padre espiritual. En gr. “Πνευματικός” [Pnefmatikós], lit. Espiritual. Es el sacerdote (pudiendo también ser monje o no), ante el cual nos confesamos y él mediante sus pautas y sus oraciones nos guía por el camino de la salvación.

¹⁰ “Pensamientos”. Del gr. “λογισμοί” [Loguismí], singular “λογισμός”, [loguismós]. Se refiere en este caso a pensamientos maliciosos, simples o compuestos, infringidos con maldad y experiencia por los demonios sobre los hombres.

¹¹ “Katisma” (del gr. "κάθίσμα", [kázisma], plural “Katísmata”). Literalmente, “asiento”. Los katisma o kathisma monásticos son instituciones monásticas como las "Kalibas", que pertenecen a un Monasterio dominante. Se trata de pequeñas construcciones, muy parecidas a las "kalibas", que suelen estar situadas muy cerca y alrededor del Monasterio al que pertenecen. Están privadas de tierras y se otorgan a los monjes "solitarios", que viiven allí para siempre y sólo toman del monasterio la comida absolutamente necesaria.

¹² Higúmeno (del gr.“Ηγούμενος” [Igúmenos]), fem. Higumeni “Ηγουμένη” [Iguméni]. Hieromonje guía espiritual con experiencia, que también es el superior administrativo de un Monasterio, pudiendo ser desde un hieromonje hasta un patriarca. Obviamente, una higumeni no puede ejercer el sacerdocio, sin embargo la caracteriza su experiencia y sus virtudes en la conducción espiritual de las demás hermanas.

¹³ Padre- (del gr.”παπα-” [papa]): Preposición (popular) sin inflexión, seguida de un guión y del nombre propio de un sacerdote. Es siempre con minúscula inicial. Por ejemplo, papa-Tikon.

¹⁴ Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador. El Nombre de Jesucristo resulta de la costumbre prolongada de decir Jesús Cristo. No es algo herético, como sostienen algunos.

¹⁵ Catisma: del gr. "κάθίσμα" [kázisma]: catisma. Plural “καθίσματα” [kazísmata]: catísmata. Literalmente, “asiento”.

Un Catisma monástico es una institución monástica, como la "Kalivi" o la “Kelí”, que pertenece a un Monasterio dominante. Se trata de pequeñas construcciones, muy parecida a la "Kalivi", que suele estar situada muy cerca y alrededor del Monasterio al que pertenecen. Está privada de tierras y se otorga a los monjes "solitarios", que viiven allí para siempre y sólo toman del monasterio la comida absolutamente necesaria.

¹⁶ Lití (gr. “Λιτή”): Es un grupo de troparios “idiomela” o exclusivos del Santo o Fiesta celebrados, que se cantan en el Oficio de medianoche, antes de la Liturgia, aunque también se celebran en Vísperas de modo abreviado. Es una breve oración al célebre santo y se distingue por su sencillez. Lití es el nombre que recibe el nártex de los monasterios, de donde toma el nombre la secuencia, porque en este lugar se celebra.

17 “Akrita” (del gr. “ἀκρίτας”[akritas] ): En la época bizantina, eran hombres a los que se les daban tierras en los “bordes” como se llamaba entonces a la frontera y a cambio servían en el ejército y defendían las fronteras del imperio.

18 “Romiós”, así llamaban los turcos musulmanes a los helenos o griegos en el Impero Romano.

19 Alejamiento (en gr. “Ξενιτεία” [Xenitía]), sobre todo respecto al modo de vida, del mundo del pecado y de su mal rumbo, en vistas a la salvación del alma. Es una virtud y no es llevaba a cabo con egoísmo, sino con amor.

20 Mensuales (del gr. “Το Μηναίο, τα Μηναία” [To Mineo (sing.), Ta Minea (pl.)]): Libros litúrgicos con las vidas de santos por meses.

21 He hecho muchos (muchas) curas. En idioma griego, “η κουρά”[i kurá], la cura, es tanto la acción que realiza el peluquero o el esquilador, como el proceso de ordenación al monacato.

22 Arrepentimiento. Término original: “μετάνοια” [metania], que es introspección, arrepentimiento, confesión y regreso al camino de salvación.

23 Pundonor. Traducido del gr. “Φιλότιμο” [Filótimo]: Literalmente, amor a la honradez, a la dignidad, a la decencia, al honor. Pundonor.

24 Tabórico. Relacionados con la Transfiguración del Señor. La de Cristo tuvo lugar en el Mte.Tabor.

25 “Typikon”: Serie de instrucciones para realizar el Oficio litúrgico

26 “Theokarion”: Libro litúr

gico con himnos a la Theotokos o Madre de Dios, la Santísima Siempre Virgen María.

27 CATISMA (del gr. "κάθίσμα", [kázisma], plural KATÍSMATA). Literalmente, “asiento”.

a) Los "kathisma" monásticos son instituciones monásticas como las "Kalibas", que pertenecen a un Monasterio dominante. Se trata de pequeñas construcciones, muy parecidas a las "kalivia", que suelen estar situadas muy cerca y alrededor del Monasterio al que pertenecen. Están privadas de tierras y se otorgan a los monjes "solitarios", que viiven allí para siempre y sólo toman del monasterio la comida absolutamente necesaria.

b) Composición que da entrada a partes de la liturgia que se escuchan sentado. En inglés se conocen como “Sessional Hymn” o himno de sesión. Es un conjunto de troparios o himnos cantados después de cada katisma del salterio en Maitines, que normalmente va precedido de una pequeña letanía. En eslavo se llama “sedálen” de “sediti”, sentarse (cf. en latín sedere, "sentarse"). Los himnos con el mismo nombre también se usan después del Polyeleos, para los Santos de Polyeleos o Vigil Rank. También se usa para los himnos después de la tercera oda del canon en Maitines.

c) También se denomina así a cada una de las divisiones del Libro de los Salmos, y cada katisma a su vez se dividen en tres stásis (del gr. “στάση”, [stási], parada, detención).KATISMA (del gr. "κάθίσμα", [kázisma], plural KATÍSMATA). Literalmente, “asiento”.











PROLOGO


Sobre el bienaventurado gérontas¹ Paísio² se ha publicado mucho por varias personas, las cuales realmente han sido muy beneficiadas y éstas a su vez le han hecho más conocido. Sin embargo todo lo que ha circulado se refiere principalmente a su enseñanza y a sus milagros, con muy pocos elementos biográficos.


Uno de sus hijos espirituales, nuestro Gérontas el hieromonje Isaak*, advirtió la falta de una biografía ordenada del santo y decidió completar el vacío.



* El prólogo fue escrito por la hermandad del Gérontas Isaak. Refleja sus puntos de vista y explica todo el esfuerzo del redactor de la Biografía.




Comenzó la redacción, ayudado por los otros monjes, unos dos años después de la dormición del p. Paísio (29-6-94 ant.cal.) ⁵. Estaba cerca de terminar el libro, pero su propia dormición (3-7-98) aplazó la edición de la ya casi lista biografía.


Aunque ya solo faltaba hacer algunas rectificaciones y complementaciones, permaneció sin editar debido a las dificultades y las condiciones que se formaron después de nuestro orfanato, inadecuadas para tal evento. Existía además la obvia debilidad por parte nuestra. Por eso durante tres años o más la biografía permaneció tal como se quedó.


Lo que finalmente nos movió a la finalización de esta biografía fueron el deseo y los esfuerzos de nuestro Gérontas por su edición, así como la incentivación de muchos hermanos.


Algunas veces nos desanimábamos y pensábamos en abandonar, considerándonos inadecuados para realizar esta obra tan difícil, que requería tan responsabilidad. Nos abordaba el temor de no tergiversar al Gérontas, y en vez de beneficio pudiésemos crear perjuicio espiritual y escándalo. Teníamos la sensación del niño pequeño que intenta hablar de algo grande, lo cual supera sus medidas, y no encuentra las palabras ni el modo de expresarlo.


Mientras vivía el p. Paísio no tuvimos la precaución con nuestro Gérontas de guardar apuntes, grabar su voz en casete, fotografiarlo o reunir elementos, datos e informaciones, con el propósito de realizar nosotros su biografía. Su presencia nos llenaba, nos bastaba sólo con verle y escucharle. Quizás pueda considerarse como una falta por parte nuestra, pero tenemos nuestra conciencia tranquila, porque sabemos que no hemos hecho algo que hubiese podido desagradar o entristecer al Gérontas.


El único suministro eran algunas anotaciones sobre sus respuestas a preguntas personales, sobre temas espirituales de la lucha diaria. Reflejaba en ellos ejemplos de sus propias luchas, acontecimientos sobrenaturales y tentaciones demoníacas. Principalmente nos hemos basado en las cosas que ha salvaguardado nuestra memoria, muchas de las cuales las escuchamos más de una vez. Sus palabras, las cuales teníamos ocultas, o más bien escritas, en nuestros corazones, las hemos trasladado ahora a papel para beneficio común de nuestros hermanos.


Muchos, laicos y clérigos, que conocieron al Gérontas, al ser informados de nuestro intento, pusieron a nuestra disposición, unos espontáneamente y otros tras nuestra petición, material valioso, cartas del Gérontas Paísio, casetes, fotografías, apuntes y testimonios. Todos estos elementos que aportan mucha luz y llenan muchos vacíos sobre su vida, han sido utilizados con cuidado y responsabilidad. Han sido muchas veces pasados por la criba y fueron bien aventados, para que quedase sólo lo limpio.


Algunas de estas cosas no concordaban con la realidad ni con el espíritu del Gérontas. Otras, por una devoción falta de discernimiento, enfatizaban en exceso y exageraban algunos acontecimientos. Algunos no le entendían y transmitían tergiversadas sus palabras. Y hubo otros, los que menos, que se expresaron negativamente sobre su persona, quizás por ignorancia, no por mala intención y disposición. Que Dios no se lo tenga en cuenta.


En nuestro intento de hacer la biografía pusimos como criterio la verdad. “principio de tus palabras la verdad” (Sal. 118,160). Es decir, intentamos presentar al Gérontas tal y como le conocimos, tal como era, sin intentar agrandar ni mitificar o idealizar por amor y admiración.


Una gran parte de la Vida del santo es esencialmente autobiografía, porque el mismo Gérontas es la fuente de nuestras informaciones. De sus incuestionables labios y de modo inmediato provienen la mayoría de los relatos o narraciones. Todo lo que hemos escrito sin embargo es escaso, pobre y débil, y no agotan su riqueza espiritual. No sólo no exageramos, sino que, involuntariamente, somos muy injustos con el Gérontas, por las siguientes razones:


Su vida interior, así como la vida de todos los santos, era oculta y no perceptible. Nos revelaba algunas experiencias para ayudarnos, pero escondía muchas más. En sus relaciones con nosotros, dominaba el elemento humano que escondía su grandeza interior. Lo principal es que nuestra ceguera espiritual y nuestra insuficiencia nos impedían ver más espiritualmente al Gérontas, de modo que podamos presentarle más fielmente. Si nuestro estado espiritual hubiese sido mejor, está claro que también su biografía hubiese sido mejor. Porque como es sabido, para que uno pueda hacer la biografía de un santo, él mismo debe serlo, y de hecho a su altura y estado espiritual. Decía el Gérontas que las Vidas de Santos escritas por santos, son admirables.


Entonces, como el agua “no tenemos con qué sacarla, y el pozo es hondo” (v. Jn. 4,11), es decir, debido a nuestra debilidad, nuestra capacidad no es suficiente para abordar y presentar su magnitud espiritual, nos hemos delimitado a la sencilla y fiel exposición de los datos y elementos. Sólo intentamos ser testigos fidedignos y nada más.


A pesar de esto, dentro de nuestros bastos escritos sin arte, surge el santo moviéndose con comodidad entre la tierra y el cielo, congregado con generaciones de santos, burlándose del diablo, pero también siendo compasivo con él. Demostró ser paupérrimo, pero con riquísimas bendiciones que con sus oraciones hacía descender del cielo a la tierra. Débil y enfermo, pero fortísimo y candente con la Gracia de Dios, de modo que hasta las leyes naturales dejaban a veces de funcionar sobre él; monje eremita, ciudadano del desierto, pero muy cerca de las necesidades de los hombres. Asceta severo consigo mismo, pero filántropo con sacrificio propio por los débiles, los enfermos y los perjudicados por las injusticias.



Es imposible reunir todos los elementos de su vida en un sólo tomo. Por eso se han escogido representativamente los más potentes e instructivos. Se ha omitido lo referente a las enseñanzas del santo, que se reúnen en unos cuantos tomos, la cantidad de sus epístolas y más de doscientos milagros testificados. Nuestro propósito no es presentar un “catálogo de milagros”. Porque es normal que cuando alguien llega a la “cúspide” de las virtudes y adquiere la divina Gracia, operen los carismas y realice milagros. Pero lo interesante y lo buscado es cómo ha llegado hasta allí, qué sendero recorrió y de qué modo luchó y combatió contra las malas pasiones, las tentaciones y los demonios. Mucho más que sus milagros nos ha conmocionado su gran abnegación, sus valientes luchas por el amor de Cristo Dios, su exactitud y precisión monacal y su perspicaz sentido para la vida espiritual, su amor sacrificado para cada hombre y su conducta y su actitud patrística, que ofrecían reposo y sosiego a cada hombre.


Hemos dividido el libro en dos partes:


En la primera parte, donde se presenta “Su vida completa”, se hizo el intento, dentro de un marco espacio-temporal, de que fuese mostrada del modo más sencillo posible, pero también completo, su trayectoria combatiente desde su nacimiento hasta su dormición. En catorce unidades-capítulos con base y eje el lugar de permanencia del santo, son añadidos paralelamente los datos biográficos, las luchas, los milagros y distintas actividades suyas.


La segunda parte “Escritos biográficos en unidades temáticas”, fue considerado como un complemento y explicación imprescindible de la primera parte. De este modo es abordado y comprendido el Gérontas mejor y más profundamente. Cada una de las dos partes mantiene una independencia e integridad –aunque podrían editarse por separado- sin embargo tienen simultáneamente una profunda unidad interior. Es decir, la segunda parte es también biografía. No sigue un orden cronológico, pero contiene acontecimientos biográficos ordenados en unidades temáticas.*



* El arreglo en tres unidades (Virtudes, Carismas, Aportación) está basado en el pasaje: “No beberá vino ni licor” (ascesis, lucha) – “y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Gracia divina) – “y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios” (aportación), (Lc. 1, 15-16).




El gran Precursor (San Juan Bautista) pasó por estos estadios, aunque con otro orden, porque fue proclamado Profeta desde el vientre de su madre. Todos los santos primero lucharon y combatieron para alcanzar la limpieza de las pasiones pecaminosas, aplicando y cumpliendo los divinos mandamientos, de los cuales nacen las virtudes; después recibieron la Gracia divina. En el tercer estadio se observa la disposición y repartición de los carismas para la salvación de los hombres.


El concepto central de la segunda parte es la Gracia divina. Para adquirirla el Gérontas, primero combatió contra las pasiones pecaminosas, los vicios humanos y el pecado; después fue revelado como “buen economista de la Gracia de Dios”.


En el capítulo “Virtudes” del Gérontas se hace referencia de modo práctico y representativo a varios acontecimientos de su vida, que llegaron a nuestro conocimiento. Son presentados en capítulos con el tema común de la virtud que está escrita en el título de cada capítulo. No es añadida la enseñanza suya al respecto, sino sólo, con breves dichos suyos, algunos de sus elementos. Donde hacía falta ser recalcado algo para ver mejor su espíritu, se ha añadido algo.


Sus “Carismas”, variados y sobrenaturales, ordenados por género, se reflejan más claramente por los testimonios del mismo y de los demás. Han sido escogidos de modo representativo algunos, sin comentarios, sino sólo donde hemos considerado necesaria alguna explicación.


La extensión, el fondo y el valor de su “Aportación” es imposible que sea valorado y contenido en unas pocas páginas. Porque teniendo la variedad de los divinos carismas, naturales e inviolables, sin esfuerzo ni aspiración humana, ofreció la riqueza de la Gracia divina a las hambrientas y sedientas almas. Simplemente se hace referencia a algunos sectores sensibles dónde ayudó especialmente.


Para que las imprecisiones y todo tipo de errores sean evitados, hemos puesto nuestros escritos a juicio e inspección de hijos espirituales del Gérontas Paísio y de otros padres.


Debemos muchos agradecimientos y muchos favores a nuestros hermanos, los que han visto, rectificado y completado el libro. Su contribución, hecha de todo corazón, fue esencial. Sin su ayuda el libro de la Vida del Gérontas hubiese sido muy incompleta y con muchos errores.


También agradecemos a los demás colaboradores que nos han confiado distintos datos. A aquellos que inspeccionaron los escritos, nos han hecho sugerencias y rectificaciones, y dedicaron tiempo y esfuerzo hasta que esta obra tomó su forma definitiva. Y finalmente a los que contribuyeron de cualquier manera visible o invisiblemente, a la mejor presentación de la edición, y contribuyeron para que saliese a la luz pública diez años después de la dormición de san Paísio.


Con todo nuestro cariño agradecemos especialmente a nuestro respetado Gérontas Gregorio, Higúmeno ¹² del Santo Monasterio san Juan el Precursor del pueblo Metamorfosis, por su múltiple y variada solidaridad en todo el esfuerzo por escribir el libro y por hacerse cargo de los gastos de edición.


Para todos ellos imploramos la Gracia de Dios y las bendiciones del Gérontas Paísio.


Para facilidad de los lectores añadimos algunas explicaciones:

Muchas operaciones, luchas, combates y acontecimientos son entendidos y explicados por su coherencia. Lo que dijo el Gérontas no se debe generalizar indistintamente, sin discernimiento. Algunas cosas fueron dichas sólo para un caso concreto y no son válidas para todos. “La misma medicina puede perjudicar o beneficiar según el organismo”.


Se presentan aquí algunas posiciones, opiniones del Gérontas sobre temas eclesiásticos, nacionales, monacales, etc. Su posición, dada a ser conocida por los demás, era totalmente espiritual y desapasionada; por eso se presenta sin la mínima intención o disposición de que alguna persona pueda ser ofendida, herida o expuesta.


Los testimonios se muestran tal y como fueron entregados. Algunos, más extensos, se hicieron más breves sin ser alterados. Por supuesto, es respetado el deseo de los que pidieron que sus testimonios fueran anónimos.


Las fechas aquí expuestas pertenecen al calendario antiguo. Si se muestra alguna fecha de acuerdo con el nuevo, será también indicada, en este caso con las siglas n.c. (nuevo calendario)


Terminando estas explicaciones tipo prólogo, desde esta posición, debido a nuestra debilidad, no podemos expresar el merecido agradecimiento al santo por todo lo que nos ha ofrecido. Sólo pedimos desde el fondo de nuestros corazones que nos perdone por lo que hemos pecado en su amor y particularmente por nuestro atrevimiento al editar su Vida. Pero le rogamos que ilumine el nus ⁷ de los lectores para que puedan a entender correcta y ortodoxamente y que sean beneficiados espiritualmente. Teniendo el conocimiento de muestras imperfecciones, faltas y errores, y con mucho gusto aceptaremos cualquiera de las observaciones e indicaciones que provienen del amor por el restablecimiento de la verdad.


Pero si algún alma es inspirada por las hazañas del santo y se dedica a la lucha espiritual, que glorifique el venerable nombre del gran Dios y Salvador nuestro, Jesús Cristo, “a quien pertenece toda gloria y reverencia, junto con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.”





Hermandad del Gérontas Isaak

Kalivi de la Anástasis (Resurrección)

Kapsála

Karyes, M. Atos












PRIMERA PARTE



RESUMEN DE SU VIDA



A 1 SUS ANTEPASADOS CARNALES Y ESPIRITUALES



A 1.1 La región fronteriza de Farasa


Farasa o “Barasió”, la patria del Gérontas Paísio, antes del intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía de 1923, era un pueblo bien cuidado y cabeza de partido de la fronteriza Grecia Románica de Capadocia. Los seis pueblos de Farasa se encuentran a unos doscientos kilómetros al sur de Cesarea. Aunque aislados al fondo de Asia Menor, consiguieron mantener inalterada la Ortodoxia, la conciencia nacional y su lengua.


Los “barasiotes” eran reconocidos y famosos por su valentía. Gracias a su fortaleza, su pueblo se mantuvo sin ser invadido por los Tsetes (rebeldes turcos), como una parte libre de la Romanidad (territorios griegos conquistados por el imperio romano) en los extremos de Capadocia. Tal es así, que muchos perseguidos por los turcos encontraban allí refugio. Por esta razón, justamente llamaban a los farasiotes Macabeos*.



* Familia judaica de sacerdotes que lideró la batalla contra Antíoco IV Epífanes (215­163 a.C.). Metafóricamente significa el luchador celoso y valiente por la fe y por la patria.




Las mujeres de los farasiotes no eran menos en valentía y heroísmo. Una vez unos turcos perseguían a un grupo de mujeres para detenerlas. Entre ellas estaban también algunas familiares del santo. Prefirieron caer al río y ahogarse, salvando así su fe y su honor, antes de que las capturasen los turcos y ridiculizarlas en sus harenes.


En Farasa había cincuenta Iglesias Ortodoxas. Algunas eran antiguos monasterios que alguna vez estuvieron en auge. Había muchas fuentes de agua bendita, conocidas en todo Capadocia por los milagros que realizaban. El templo principal estaba dedicado a los santos mártires Jonás y Baraquicio (29 marzo), quienes según la tradición fueron allí martirizados a mediados del s. IV d.C.


Los farasiotes eran continuadores de una excelente tradición ascética que comenzó con los grandes padres capadocios. Amaban la Iglesia, tenían devoción y espíritu de lucha. Los días de Pentecostés y de ayuno anuales, la mayoría hacían novenas.*



* Tipo de ayuno en que sólo se comía una vez comida cuaresmal después la hora novena bizantina (15:00)




El último fulgor y la expresión más perfecta de esta tradición fue el sacerdote principal de la iglesia del pueblo, el santo Arsenio de Capadocia (1841-1924).* Su santa vida y sus muchos milagros fueron la causa de que acudieran a él no solo Cristianos sino también Musulmanes de toda Capadocia.



* La vida de san Arsenio de Capadocia fue escrita por san Paísio. También obras suyas son: «El Gérontas Hatzi-Yeórgis el Atonita”, “Sobre los Padres Atonitas y el Monte Atos” y “Epístolas”. La serie “Los Logos del Gérontas Paísio,” editada por el Sagrado Monasterio San Juan el Teólogo de Surotí, contiene la enseñanza del Gérontas).





A 1.2 Su familia


Viviendo en este bendito ambiente, los ascendentes del santo p. Paísio se distinguían por su particular devoción.


Su abuela Hatzi*-Christina tenía una ermita dedicada al Arcángel Miguel, lejos del pueblo. Cada cierto tiempo quedaba allí sola en tranquilidad, calma y silencio, en oración y ayuno. Cuando en invierno, debido a las nevadas, quedaba aislada, encontraba en la ventana de la Iglesia un pan caliente. Hacía oración y lo comía. También tenía una casa en Adana. Allí hospedaba a san Arsenio, cuando iba andando de peregrinaje a Tierra Santa.


Su apellido principal era Hatzidigenís. Después tuvieron que adoptar como apellido el nombre del bisabuelo del santo, quien se llamaba Teodosio. Es decir, su padre al principio se llamaba Pródromos (Precursor) Teodosíu (de Teodosio). Pero como le perseguían los turcos, cambió de nuevo su apellido a Eznepidis, que significa extranjero. Descendiente de familia noble de Farasa que desempeñaba la presidencia del pueblo desde hacía muchas generaciones, fue alcalde del pueblo varias decenas de años, ya que poseía carisma para la administración. Era creyente, piadoso y devoto. Tenía especial devoción a san Arsenio y le obedecía en todo.


Pródromos era buen artista y sabía hacer de todo. Trabajaba como agricultor en Farasa, pero tenía también un alto horno (fragua) que producía hierro. Era valiente, atrevido y arriesgado. Desde joven caminaba por zonas intransitables de Farasa y se subía a rocas peligrosas. Con dieciséis años, luchó contra un león, hiriéndole. Sobre todo era muy amante de su patria, luchador valiente, con muy buena puntería y un atrevido “akrita”.*17


Salvó muchas veces al pueblo de los ataques de los “tsetes” (grupos de ladrones). Una vez se vistió de bailarina de la danza del vientre y fue a su guarida. Allí pidió ver al líder, supuestamente para hablarle en confianza en privado, pero le quitó el arma y junto con sus valientes compañeros expulsaron a los tsetes. Prodromos muchas veces estuvo en peligro, de hecho una vez le tuvieron prisionero, pero era protegido por las oraciones de san Arsenio.

Cuando como alcalde iba a Adana para cuestiones del pueblo y se presentaba ante el Kemal (oficial, político y presidente turco), éste, valorando su valentía, le saludaba diciendo: - “Bienvenido valiente muchacho, Romiós”.*18


Más tarde en Grecia, cuando fue declarada la guerra greco-italiana, con edad ya avanzada pero con un espíritu y entusiasmo joven, quiso ir voluntario a luchar.


Era justo, amigo fraternal y misericordioso. Cuando el estado otorgó terrenos para el restablecimiento de los refugiados, el anciano Pródromos, como presidente también en Kónitsa en Grecia, primero administró a los otros farasiotes y luego él se quedó la peor parte para su familia, los terrenos más improductivos. Para arar o labrar por primera vez las tierras eriales para ponerlas en cultivo y limpiar las tierras de zarzas, utilizaba fuegos, debido a lo cual sus ojos se vieron afectados.


La madre del santo se llamaba Eulogia*. Descendía de la generación de los Frankópulos (“Φραγκοπούλοs” [Fragkópulos]) y tenía parentesco con san Arsenio. Era prudente, inteligente, trabajadora, muy devota, y fue criada bajo las instrucciones de san Arsenio. A la agraciada Eulogia la casaron joven, a la edad de quince años, con Pródromos Eznepιdis.



* Eulogia (del gr. “Εὐλογία” [Evloguía], trad. “bendición”) En relación con el nombre de su madre, el Gérontas dijo que se llamaba Eulogia, y así aparecía oficialmente en la Iglesia, pero en Kónitsa la llamaban Eulampia “Ευλαμπία” [Evlampía], trad. “bien iluminada”).



Estas dos almas benditas, Pródromos y Eulogia, tuvieron diez hijos. Los dos primeros, Caterina y Sotiría, murieron jóvenes. Cuando san Arsenio bautizó a la tercera, dijo que la llamasen Zoe (del gr. “Ζωή” [Dsoí], trad. “vida”). A partir de entonces, todos los hijos vivieron. Sus nombres, por orden de edad, son: Zoe, María, Rafael, Amalía, Jarálambos, Arsenio (san Paísio), Cristina y Lucas. Todos han pasado a la otra vida. El último fue Rafael, en 2014.




A 1.3 Bautizo y desarraigo


En Farasa, de la tierra generadora de santos Capadocia, nació el santo Paísio un 25 de Julio de 1924, día de Santa Ana.


En el bautizo, sus padres querían nombrarle Jristos, como el abuelo. San Arsenio sin embargo dijo a su abuela: “¡Eh, Hatzsianá*, tantos hijos te he bautizado! ¿No vas a dar a ninguno mi nombre? “.



* Hatzsianá, del gr. “Χατζηαννά”, palabra turca que muestra respeto y amor. Significa “madre peregrina”.



Y a los padres dijo: “¡Vale, vosotros queréis dar descendencia a vuestro abuelo, pero, ¿no quiero yo dejar un descendiente monje como yo?” Y girándose hacia la madrina* le dice: “Le llamarás Arsenio”. Es decir, le dio su nombre y su bendición, previendo también que sería monje, como fue de hecho. (San Arsenio, p. 65-66).



* Su madrina era Anastasia, esposa de “Pródromos Kortsinoglou”




El año en que el santo nació tuvo lugar el intercambio de población y los cristianos de Asia Menor fueron desarraigados de sus hogares ancestrales. La familia del Gérontas, junto con san Arsenio y todos los farasiotes, tomaron el amargo camino del exilio de los refugiados. En el barco, por la aglomeración de la gente, alguien pisó al bebé (Arsenio) y estuvo a punto de morir. Pero Dios mantuvo a Su elegido con vida, porque estaba destinado que fuese instructor de muchas almas hacia el Reino de los Cielos. El santo, por supuesto por humildad, decía posteriormente: “Si hubiese muerto entonces, que tenía la Gracia del Bautismo, me hubiesen echado al mar y me hubiesen comido los peces, y por lo menos me hubiese dado las gracias algún pececito, y hubiese ido al Paraíso”. (Es decir, quería decir con eso que ahora que vivía, no hizo nada).


Se quedaron por un tiempo en el Pireo. Después fueron trasladados al castillo de la isla de Corfú (Kérkyra), donde San Arsenio durmió en el Señor y fue enterrado, según su profecía: “Yo viviré cuarenta días en Grecia y después moriré en una isla”. Después se trasladaron a un pueblo de la ciudad Igumenitsa y finalmente se instalaron en Kónitsa.


Al recién nacido Arsenio, un bebé de cuarenta días, sus padres lo trajeron a la madre Grecia, desconocido entonces entre la multitud de los refugiados. Éste que años después se haría conocido en todo el mundo y que conduciría a multitud de hombres al conocimiento de Dios. Desde sus primeros días conoció los dolores y los tormentos de los hombres. Más tarde él mismo sería un puerto de consolación para miles de almas atormentadas.






A 2 ENTRENAMIENTOS ASCETICOS


A. 2.1.Educación “en enseñanza e instrucción del Señor”


El pequeño y bendito Arsenio, junto con la leche que amamantaba, aprendía de sus padres también la reverencia hacia Dios. En vez de historias y cuentos, le hablaban de la vida y de los milagros de san Arsenio. En su interior nació la admiración y el amor por Hatzifentís, modo en que denominaban a san Arsenio. Desde pequeño, también él quería hacerse monje para parecerse a su santo.


La persona que influyó de modo más benéfico sobre él durante toda su vida, después de san Arsenio, fue su madre, por la que sentía un especial amor y a quien ayudaba en todo lo que podía. De ella aprendió la humildad. Le aconsejaba que no quisiera ser el vencedor entre sus compañeros de clase en los juegos y después enorgullecerse, ni intentar a ser el primero en la fila, porque era lo mismo fuese el primero o fuese el último, ya que entraría igual.


Además le enseñó la continencia y el autodominio (“engratia”); a no comer antes de la hora de la comida. La transgresión la consideraba lujuria.


También le ayudó a adquirir la sencillez, las ganas de trabajar, el esmero y el cuidado en su comportamiento hacia los demás, y le incitaba a no decir para nada el nombre del diablo. Dos veces al día toda su familia oraba delante del iconostasio. Sin embargo su madre continuaba orando y cuando hacía las tareas de la casa decía la oración de Jesús o del corazón.


Tal era la reverencia de sus padres, que hasta cuando iban al campo llevaban consigo el “antídoro” (pan sagrado eucarístico).


El pequeño Arsenio, con el interés y la inteligencia que tenía, fácilmente asimilaba lo bueno que escuchaba de sus padres.


Siguiendo el ejemplo de ellos, aprendió a ayunar, a orar y a ir a la Iglesia. Era el más amado de todos los niños de la familia. “Por un lado, mi padre”, decía más tarde el Gérontas, “me amaba, porque tenía inclinación por los oficios artesanales y tenía buena mano, y por otro lado, mi madre por la falsa (poca, pequeña) piedad que tenía”.




A.2.2 Ejercicios infantiles


El celo del pequeño Arsenio por el ayuno era admirable. Desde muy pequeño ayunaba severamente. Pedía a su Madre que le cocinara verduras sin aceite.


Para obligarse a seguir hambriento después de la Divina Liturgia, el antídoro-pan eucarístico lo guardaba y lo comía después de varias horas. Para limitarse la cantidad de comida, se apretaba mucho el cinturón. Una vez ayunó tanto que por el agotamiento se cayó en la cama. Decía posteriormente el Gérontas: “Mis manos estaban delgadas como las de los niños de África, porque cuando era pequeño mi organismo fue privado de los alimentos básicos. Mi cuello se había hecho como el vástago de la cereza. Los niños me decían: se te va a caer la cabeza”.


La piadosa Keti (Eriketi) Patera, de la ciudad de Kónitsa, mayor de edad que él, decía en relación a ello: “Le pregunté una vez:

— ¿Hijo mío, has comido algo hoy?

—No he comido. Qué voy a comer, si mi madre hierve todo en la misma cacerola, la carne junto con las comidas de ayuno. Y en la misma cacerola se mezclan y no puedo comer.

—Hijo mío, tu madre es muy limpia y lava la cacerola con “alisiba”.*

—No puedo comer de estas comidas, respondía.


Y ayunaba, ayunaba continuamente y se retiraba para rezar él solo”.



* “Alisiba”, es un hidróxido de metal alcalino. Tradicionalmente, se obtenía aprovechando el agua de lluvia para lixiviar el hidróxido de potasio de las cenizas de madera, fuertemente alcalinas y muy solubles en agua, produciendo agua de lejía, una solución básica cáustica.




Cuando aprendió a leer bien, encontró las Sagradas Escrituras y estudiaba cada día los Cuatro Evangelios. Encontró también libros de Vidas de Santos y disfrutaba leyéndolos. Había llenado una caja con ellos. Cuando regresaba del colegio, no quería ni comer. Primero iba, abría la caja y cogía las vidas de los santos y se ponía a leerlos. Su hermano mayor, aunque era devoto, se los escondía, porque no quería que el pequeño Arsenio se ocupara mucho de las cosas eclesiásticas, para no descuidar los estudios. Pero Arsenio no decía nada. Encontraba otros libros con vidas de santos y se alimentaba espiritualmente.


Detalla su hermano: “Arsenio desde el segundo curso de la Educación Básica leía libros religiosos, se iba él solo y oraba mucho. No jugaba como los demás niños.”


Lo que leía en los Sinaxarios o Santorales, intentaba aplicarlo. Leyó que, cuando tienes miedo de un lugar, debes frecuentarlo para expulsar el miedo. Como tenía miedo cuando pasaba por el cementerio, decidió ir allí por la noche para que se le quitase el miedo. Entonces estaba en cuarto curso de Educación Básica. Nos contó: “Siendo de día, vi una tumba vacía. Apenas se hizo de noche, mi corazón comenzó a palpitar por el miedo, pero fui y entré a la tumba. Al principio fue difícil pero después me acostumbré. Me quedé bastante tiempo y me familiaricé. Me animé y comencé a rondar de tumba en tumba, pero con cuidado para que no me viesen y me tomaran por un fantasma. Y eso fue; fui tres noches y me quedé en el cementerio hasta tarde y se me quitó el miedo”.


El Gérontas sentía gran amor hacia Dios y su oración era la manifestación de este amor. En las grandes fiestas permanecía en vela, encendía el candil y oraba de pie toda la noche. Su hermano mayor se lo impedía. No le dejaba levantarse por las noches para leer el salterio. Le tapaba con las mantas para que no leyese. En general la táctica de su hermano no sólo no le cortó el entusiasmo sino que aumentó su amor hacia Dios.


De pequeño se iba al bosque solo, recogía bellotas, las atravesaba con un clavo, las pasaba una cuerda y hacía cuerdas de oración para contar las oraciones y las prosternaciones.


Su hermana Cristina recuerda que una vez, cuando estaban en el campo, comenzó a llover. Arsenio se preocupó porque se estaban mojando. Se llevó consigo a sus dos hermanos menores y fueron al iconostasio, se arrodillaron, rezaron y la lluvia paró.


Cuando había relámpagos, solía decir: “Grande el nombre de la Santa Trinidad”.


Su innata tendencia monacal se manifestó muy temprano. Cuando le preguntaban qué quería ser de mayor, Arsenio respondía con firmeza: “Monje”, sin haber visto monjes hasta entonces.


Contó también lo siguiente: “Cuando aún estaba en el colegio, leía las Vidas de los Santos y deseaba desde entonces hacerme un asceta. Salía a menudo fuera del pueblo. Tenía entonces once años. Había hecho una marca en una roca grande. Un día partí para subir a la roca y hacerme estilita. Llevé conmigo sólo un pequeño hierro, para poder cortar alguna hierba para comer, igual que los antiguos ascetas. Caminé una hora y media por las montañas y encontré el lugar. Era una roca alta. Subí con dificultad y comencé a orar. Agoté todas mis fuerzas y empecé a pensar: “Los eremitas tenían raíces y comían; un poco de agua, algún dátil… Tú aquí encima de la roca no tienes nada. Cómo vas a vivir. Me había agotado el hambre, no aguantaba más, entonces dije: voy a comer alguna hierba; ¿pero, cómo bajo? Al subir, subí bien, pero ahora cómo bajo. Finalmente salté y caí rodando, ¡no me maté de milagro! La Panayía me protegió para no hacerme pedazos en las rocas. Poco a poco y cojeando comencé el regreso hacia casa. Pero me perdí por la noche en el bosque y con muchas dificultades llegué a casa sobre la medianoche”.




A.2.3 Carpintero


Según los testimonios de sus compañeros, en la Educación Básica era un niño muy atento, sensato y amado, con especial sensibilidad en su comportamiento y reverencia en las clases de religión. Era buen estudiante, inteligente, espabilado, indulgente y ponderoso. Su empatía hacia los demás llegaba hasta el sacrificio. Tenía ojos vivaces y expresivos, tan iluminados, que le llamaban “Gumpisia”, que en el dialecto del pueblo Farasa quiere decir luciérnaga. El pequeño Arsenio terminó la Enseñanza Básica con una puntuación de ocho sobre diez, y con una conducta excelente. Pero no quiso seguir los estudios, porque en Kónitsa no había Enseñanza Media, y deseaba ser carpintero, porque amaba el oficio de nuestro Señor.


Durante el tiempo que trabajaba con el encargado por las casas, no comía con él, sino que con una excusa se iba a su casa, comía rápido e inmediatamente regresaba. Después su maestro albañil entendió que lo hacía para no estropear el ayuno.


Cuando aprendió bien el oficio, hizo un iconostasio para su casa y una Cruz, como aquella que veía en los iconos que sostenían los santos mártires.


Más tarde abrió su propio taller de carpintería. Fabricaba marcos, techos, suelos, iconostasios, incluso ataúdes, por los cuales nunca cobraba dinero, participando en el dolor de las personas.


En su oficio era un “manitas de oro”. Los hombres estaban muy contentos y agradecidos por su trabajo. Todos en Kónitsa decían: “¡Qué hijo tiene la señora Eulampía! Era buen artesano, serio y rápido, con un carácter justo, sincero y verdadero. Por eso le preferían a él. Así ganaba para vivir, ayudaba a los suyos y daba limosnas.




2.4 Niño agraciado


Entre los habitantes de Kónitsa circulaba el rumor de que el hijo del Eznepidis (Arsenio) vio a san Jorge y que después ayunó durante muchos días. El mismo Gérontas nunca hizo ninguna referencia al caso, ni tampoco ha sido comprobado por otros. Incluso aunque se tratase de un rumor, indica la gran estimación de sus paisanos hacia su persona. Le consideraban dotado por Dios con una Gracia particular. Una mujer turca le llevaba cada primer día de mes a su casa para que el mes marchase bien. Con los hijos de ella iban juntos al colegio y después se bautizaron cristianos ortodoxos. La mujer turca manifestó también su respeto hacia el Gérontas cuando lo vio como monje, diciéndole: “Me voy a sacrificar por ti”. La mujer emocionada tomaba el polvo de los zapatos del Gérontas y restregaba con fe su mano paralítica.




2.5 Con la Cruz como conductora


Dijo el Gérontas: “Un día mis hermanos estaban en el campo trabajando. Nuestra madre preparaba la comida pero no tenía a nadie para que la llevase y estaba preocupada. Las tierras estaban a una distancia de dos horas.


—Dame la comida que la llevo yo, la digo.

—¿Cómo conoces tú el camino?

—Preguntaré, la dije.


Comencé a caminar sin preguntar a nadie sosteniendo en la mano la Cruz, tal y como veía en los iconos de los santos mártires, y apenas entendí por dónde fui. Llegué a las tierras, dejé la comida y regresé inmediatamente a casa, porque me estaba esperando mi madre».




A.2.6 Visión divina


Narró el Gérontas: “Desde los once años leía vidas de santos y hacía ayunos y vigilias. Mi hermano mayor me cogía los libros y los escondía. Pero no consiguió nada. Me iba al bosque y continuaba. Kostas, un amigo suyo, entonces le dijo: “Yo haré que lo deje todo”.


Vino y me explicó la teoría de Darwin. Me quedé asombrado y dije: “Voy a orar y, si Cristo es Dios, se me presentará para creer. Una sombra, una voz, algo me indicará”, hasta aquí llegaba con mi corta mente. Me fui y comencé hacer prosternaciones y oración por muchas horas, pero nada. Al final estando casi roto me detuve. Me vino entonces al pensamiento algo que me había dicho Kostas: “Acepto que Cristo es un buen hombre, justo, virtuoso, al que por envidia odiaron por su virtud y sus compatriotas le condenaron”. Entonces me dije: “Si es un hombre de este tipo, aunque solo fuera un hombre, vale la pena amarlo, obedecerlo y sacrificarme por Él. No quiero ni paraíso ni nada de nada. Por Su santidad y bondad vale la pena cualquier sacrificio.” (Pensamiento positivo y pundonor).


Dios esperaba mi afrontamiento. Después de esto se presentó el mismo Cristo dentro de una profusa luz. Se le veía de la cintura hacia arriba. Me miraba con mucho amor y me dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, no morirá, sino que vivirá” (Jn. 1,25). Estas palabras estaban también escritas en el Evangelio mantenía abierto sobre Su mano izquierda”.


Este acontecimiento disolvió los pensamientos de duda del quinceañero Arsenio, que perturbaban su alma de infante, y con la Gracia de Dios conoció a Cristo como Dios verdadero y Salvador del mundo. Entonces se aseguró sobre el Teántropo, no por personas o por libros, sino por el mismo Señor que se lo había revelado y además siendo tan joven. Afirmado ya en la fe, se decía a sí mismo: “Kosta, si quieres, ven ahora y discutimos”.




2.7 Preparación para la vida monástica


A partir de entonces comenzó a luchar con más celo y a pensar intensamente el tema de su dedicación a Dios. Se dirigió al vicario general de la Metrópolis de Ioanina y preguntó si podía hacerse monje a esa edad. Le respondió: “Ahora no puedes; más tarde, cuando crezcas”. Entonces tenía quince años.


Tenía una idea muy elevada sobre el monaquismo y se preparaba lo mejor posible. Vivía y luchaba como monje. A los que le sugerían el matrimonio, les cortaba de golpe y porrazo: “yo voy a ser monje”, respondía. En una boda, su padre le deseó: “y ahora en tu alegría también”. Desde entonces no volvió a besar la mano de su padre, no por falta de respeto, sino como un desacuerdo silencioso, indicando que no deseaba que fuese realizado su deseo y bendición, sino la profecía de san Arsenio. Para Arsenio (después Paísio) delante de él se abría el camino de la vida angelical de los monjes.


Poco a poco se concienciaron en su familia. No era necesario que intentase convencerles más con palabras. Su vida y sus luchas eran la demostración de sus búsquedas, e indicaban lo que en el futuro sería el agraciado joven.


En su tiempo libre acostumbraba a ir a la ermita de santa Bárbara, acompañado por otros jóvenes piadosos. Entre ellos estaba el que después sería el higúmeno del Sagrado Monasterio de la Gran Laura del M. Atos, el p. Pablo Zisakis, y el p. Kírilos Manzos, Gérontas de la Kelí de san Nicolás Mpurazeri, en el M. Atos. Cada día leían el Oficio litúrgico. Por la tarde hacían Vísperas con el Acatisto a la Panayía, las Salutaciones y después estudiaban la Santa Escritura y Vidas de Santos.


Como en su región no había monasterios restaurados, Arsenio buscaba a los Gérontas virtuosos que estaban más lejos. Una vez con el π. Pablo Zisakis fueron y conocieron al p. Iakovos Balodimos. Decía el Gérontas que era un hombre santo y excelente padre espiritual ⁹, y decía muchas cosas dignas de admiración sobre él.


Arsenio intentaba acostumbrarse a las condiciones de la vida monástica. Prefería las comidas insípidas. No ponía sal en su comida para no tener que beber mucha agua. Se lavaba él mismo su ropa. No dejaba a su madre ni a sus hermanas que se la lavasen.


Durante un periodo iba con sus hermanos a trabajar al campo, cuando llegaban a un punto él los dejaba y se quedaba atrás. Por curiosidad, sus hermanos le observaban a escondidas para ver qué hacía, y ¡qué vieron! Vieron que se quitaba los zapatos y descalzo atravesaba corriendo un terreno de trébol segado. Era como si corriese por encima de clavos finos. El trébol cortado le agujereaba los pies y entraba en las carnes. Se le llenaban de sangre las plantas de los pies. Pero persistía con alegría imitando a los mártires, tal y como leía en los Santorales sobre ellos, intentando coparticipar en sus sufrimientos. Con este espíritu de sacrificio y con divino amor su alma infantil estaba candente.


Tenía como costumbre una vez a la semana subir a la montaña. Allí en la serenidad del lugar permanecía con ayuno, oración, estudio y prosternaciones. Le atraía la hesiquia y deseaba hacerse digno de vivir como los ascetas y los eremitas. Llevaba siempre consigo la Cruz. “Tenía tal fe que subía a la montaña con la Cruz y no temía nada”.


Rafael, su hermano mayor, al verle que se dedicaba a grandes luchas, intentaba impedírselo. Pero mientras que hasta la edad de quince años aceptaba silenciosamente su tutela, ahora ya había “aumentado su estatura” y reaccionó. A partir de entonces ya no se atrevió a obstaculizarle. Más tarde, cuando le vio ya como monje, le pidió perdón. Sus padres se alegraban y estaban orgullosos por Arsenio. Como eran piadosos y reverentes, entendían sus luchas y no se preocupaban.


Arsenio no luchaba sólo con el entusiasmo juvenil, sino también con la prudencia de un anciano. Acompañaba sus ascesis con mucha atención y control; cada día se examinaba a sí mismo en lo que hacía y en cómo hablaba, si con su comportamiento había herido a alguien.




2. 8 Cuidado por los demás


Arsenio, con su vida cuidadosa y sus consejos, ayudaba espiritualmente también a los demás jóvenes. Por norma general, se relacionaba con chicos más jóvenes que él. Los reunía en Santa Bárbara, leían las Vidas de Santos y los incitaba a que hicieran prosternaciones y a que ayunasen. Algunas madres se inquietaban y evitaban que sus hijos que se relacionasen con él. Un joven trabajaba con el mismo maestro albañil que Arsenio y oraba junto con él. Sus padres temieron que su hijo se hiciera monje y no le dejaban relacionarse con Arsenio ni luchar junto con él. Más tarde se fue a trabajar en Alemania y se murió. Entonces sintieron remordimientos de conciencia y decían: “Mejor que se hubiera hecho monje”.

Arsenio quiso que se hiciese monje con él otro joven que procedía de Farasa e intentó convencer a su madre. A otro joven le apoyó para hacerse sacerdote. Un clérigo procedente de Kónitsa confiesa que fue ayudado en su tendencia monacal por el aún laico Arsenio.

Tenía un gran anhelo e interés por que los hombres conociesen a Dios. Un anciano pastor que vivía sólo en las montañas y que había ido a la Iglesia en toda su vida dos o tres veces, Arsenio se le acercó y se ocupó de llevarle cerca de Cristo.

En Kónitsa, un musulmán llamado Bairamis tenía a su madre enferma. El pequeño Arsenio iba de noche y ayudaba la enferma. Bairamis manifestó su deseo de hacerse cristiano.

El poco dinero que ganaba como aprendiz de carpintero, lo repartía en limosnas para niños pobres del orfanato. También llevaba a su casa niños pobres para que comiesen.

El señor Jatzirubis Apóstolos de Konitsa, escribe en su carta con el título “Mis recuerdos de un santo”: “Arsenio y yo vivíamos en barrios distintos. La primera vez que le vi, me impresioné de su agilidad. Era aprendiz de carpintero, se distinguía por su agilidad, por su buena disposición, su buen ánimo y sobre todo por su humanidad. Su maestro diría más tarde: “Arsenio era único”.

»Como hijos de campesinos, pastábamos llevábamos nuestros caballos a que pastasen en los campos comunes del Ayuntamiento. En este periodo, conocí la grandeza del alma de Arsenio. En nuestras insignificantes disputas infantiles entre niños, estaba claro que era el único que prefería ser perjudicado en vez de perjudicar él a alguien.

»En cada encuentro nuestro, cada vez más comprobaba que su intento permanente era confesar al Señor. Siempre llevaba en su bolsillo un libro religioso ortodoxo que lo leía a menudo. Me acuerdo de su celo por adquirir audiencia del mundo infantil, en lugar de cualquier otra oferta, como por ejemplo, hacerse cargo de vigilar nuestros animales, de ser quien llevase y trajese el agua, etc… bastaba con que le atendiésemos cuando nos leía la Santa Escritura.

»Nunca olvidaré su pasión por dar un color especial a las cosas que decía, cuando se refería al sacrificio por crucifixión de Cristo. Lo decía de un modo tan representativo, que conseguía llamar la atención hasta de los niños más traviesos. Veía clarísimamente la satisfacción y el júbilo en su rostro juvenil, porque podía enseñar el logos (la Palabra) del Señor a una audiencia tan pura. Por lo que me acuerdo, siguió con esta práctica durante cuatro o cinco años, hasta que fue al servicio militar.




2.9 Peligros y pruebas


Arsenio pasó su juventud con despreocupación y con luchas ascéticas. Después vinieron los difíciles años de la guerra greco-italiana, la ocupación alemana y la guerra civil. Entonces pasó muchas dificultades y peligros.

En los años de la ocupación muchos pobres acudían a su madre para intercambiar cosas de valor a cambio de dos puñados de harina. Ella les daba harina y pan, pero no cogía dinero ni sus pertenencias, ni sus objetos valiosos, ni sus recuerdos familiares. Su madre hacía pan muy a menudo. El pan se acababa rápidamente porque daba mucho a los que pasaban hambre. Su hermano Rafael daba maíz sin recibir dinero a cambio, o lo cambiaba por aceite que después lo daba a la Iglesia. El Gérontas más tarde se apenaba, porque a causa de su edad no pudo ayudar tanto como hubiese querido a los hombres en los difíciles años del hambre debido a la ocupación.

En la guerra civil fue capturado por los comunistas y encerrado en la cárcel. Lo pasó muy mal el tiempo que estuvo en prisión y sufrió por los piojos y por el apretón de la aglomeración. En una habitación pequeña metían a mucha gente. Cuando se tumbaban, el último entraba como una cuña entre la gente.

También fue probado moralmente, porque le encerraron en una habitación a él solo y después metieron a dos mujeres guerrilleras casi desnudas. Oró intensamente implorando a la Panayía e inmediatamente sintió “fuerza de lo alto”, que le fortaleció y entonces las veía como hermanas, sin ningún tipo de pasión, como Adán a Eva en el paraíso. Hablaba con ellas con buen modo. Ellas volvieron en sí, se avergonzaron y se marcharon llorando.

En el interrogatorio el inspector le preguntó:

—¿Por qué te han capturado?

—Porque mi hermano está con Zerbas *, —respondió.

—¿Y por qué está con Zerbas?

—¿Mi hermano es mayor, o yo? ¿Puedo yo mandar sobre mi hermano?

Estimando su sinceridad y su valor, le dejaron libre.


*Zerbas fue un Oficial del ejército griego. En la ocupación alemana organizó un cuerpo de voluntarios, desarrollando una excepcional acción nacional. Primero combatió contra los alemanes y después contra los comunistas. Después de la liberación continuó en la política activamente.




En otra ocasión dio pan a los rebeldes hambrientos y fatigados, aun sabiendo que buscaban a su hermano para matarlo. Ellos le consideraron como sospechoso, no pudiendo entender su amor desinteresado, y peligró de ser juzgado. Incluso los protegía de los deseos de venganza de los que perdieron parientes en la guerra.

Algunos acontecimientos muestran las sucesivas pruebas y los peligros que pasó. Durante algunos meses, su casa paternal la tenían como campamento ocho rebeldes y Arsenio se escondía en una casa turca. Otras veces, en el período invernal, con nieves, se escondía por el campo. Una vez los rebeldes le llevaron hasta Macedonia para realizar trabajos forzosos. Otros dos meses se quedó en casa de su hermana Cristina en Ioanina. Entonces les visitó un amigo suyo que se había hecho evangélico. Dejó una maleta con libros heréticos. Cuando Arsenio los vio, dijo a su hermana que los quemara porque tienen mucho veneno.

En la batalla de Kónitsa colaboraba voluntariamente con el cuidado de los heridos y con el entierro de los muertos.




2.10 Apoyo de su familia


Arsenio veía a menudo llorar a su madre y preocuparse por sus hermanos que estaban en la guerra. Él era su consuelo y su apoyo. No buscó comenzar como monje en este período tan difícil, porque era muy necesaria su presencia. “Alejamiento*19 de este mundo no es que haga yo mi voluntad y los demás se conviertan en cemento”, diría más tarde el Gérontas.

Por supuesto, continuó luchando, pero pospuso el “cumplir sus votos al Señor” hasta pasado un tiempo” el “atribuir sus bendiciones al Señor”*



* Salmo 115 (5,9) LXX; 116 (14,18) Vulgata.




Se hizo cargo de todos los trabajos agrarios de la casa, los cuales eran muchos. Contrataron a un empleado, pero era un poco sinvergüenza. El empleado iba montado a caballo y Arsenio a pie. El empleado parecía el jefe y Arsenio el empleado. Nunca le dijo que se esforzase, aún ni que trabajara, sino que él trabajaba mucho y el empleado sólo cuando tenía ganas. Cuando iba a sacar a los animales a pastar, les quitaba sus albardas e iba a pie. Prefería cansarse y sufrir él mismo, en vez de cansar y fatigar a los animales. Cuando le preguntaban que por qué les quitaba las albardas, respondía que lo hacía para que no se enganchasen en las ramas. En el tiempo de la cosecha, cuando los otros descansaban durante el mediodía, él se iba y recogía espigas para dar de comer a su pequeño caballo. Los higos, en vez de comérselos él, se los daba a los animales. Pensaba más en los animales que en sí mismo.

***

Aunque la guerra hizo a Arsenio posponer su partida, su celo no disminuyó. Sobre sus luchas y ejercicios ascéticos añadía otros nuevos más intensos. Veía lo referente a la nación en muy mal estado. En poco tiempo sería llamado a servir a la patria.

En la ermita de Santa Bárbara suplicó a la Panayía: “Que pase dificultades, que esté en peligro, pero que no mate a ninguna persona, y que sea digno de hacerme monje”.

Entonces hizo un voto, que si la Panayía lo protegía en la guerra, serviría durante tres años en su Monasterio, el cual había sido quemado por los alemanes, y que ayudaría a construir de nuevo el Sagrado Monasterio de Stomio.





A 3 SERVICIO MILITAR


A 3.1 Radiotelegrafista con pundonor


El 20 de Abril del año 1948 fue llamado para servir a la patria. Se presentó en Corinto, después de dos días fue movido al Centro de Enseñanza Básica de Trípoli y le adjudicaron el puesto de operador del radiotelégrafo. Después fue trasladado a la ciudad de Agrinio. Allí le preguntaban:

—¿Qué conocido tenías, que te han dado una especialidad tan buena?

—No, no tengo ningún conocido.

—Venga ya…

-Eh…, tengo a Dios, respondía.

Y realmente “el Señor estaba con él, y fue varón próspero” (Gen 39,2).

Su amor por los demás llegaba hasta el sacrificio. Les hacía sus servicios, trabajaba mucho. Cuando alguien pedía permiso de salida, Arsenio bien dispuesto le sustituía. Muchos se aprovechaban de su amabilidad y le tomaban por tonto. Pero él mismo sentía alegría por el sacrificio y a la vez encontraba así la ocasión de quedarse solo y rezar. Su comandante le decía: “¿Qué va a pasar con este hombre? (Arsenio). Nunca quiere descansar”.

Una vez tenía fiebre una fiebre de 39,5 º pero no pidió la baja del servicio. Finalmente no aguantó y se cayó al suelo mareado. Los otros soldados lo pusieron en la camilla para llevarlo al hospital, y le llamaban irónicamente: “Eh, Benito, Acacio (sin maldad)”. Habían entendido que se haría monje. Pero la ironía poco a poco se transformó en aprecio y admiración. Su forma de vida, su gran amor y su carácter íntegro, los había alterado. No le consideraban ya como un tonto, sino como un tesoro y una bendición para la Unidad.

De todas formas su especialidad de radiotelegrafista le liberó de su participación con armas en la guerra, y así por gracia divina, fue protegido de matar a alguna persona. Auguraba también su futura especialidad como monje, en mandar mensajes y señales a Dios (rezar).




3.2 Calamidades


La compañía militar para la cual servía realizaba operaciones de guerra y las calamidades que pasaron parecían increíbles.

Confesaba que una vez se había acabado la comida y comían nieve. Otra vez se quedaron sin comer durante quince días y sobrevivieron comiendo castañas silvestres. A menudo sufrían de sed. Se veían obligados a beber agua estancada en las huellas que dejaban los animales. El mayor enemigo era el frío. Dormían en tiendas de campaña y por la mañana se despertaban enterrados en la nieve; contaban cuántos habían muerto por congelación. Una mañana, buscando con la pala entre la nieve, encontró veintiséis cadáveres de soldados muertos por congelación. Una vez se quedó tres días en la nieve y enviaba señales a la Comandancia. Él mismo sufrió congelaciones. Las carnes de sus pies se le pelaban del frío. Le mandaron al hospital, pero Dios ayudó para que no le fueran amputados. Otra vez un mulo le dio una coz. El golpe fue muy fuerte. Su pecho se puso negro y se veían las señales de las herraduras. Cayó al suelo desmayado y cuando volvió en sí, continuó el camino.

Se alegraba de mojarse, de pasar frío, de cansarse él mismo, para que no se fatigasen los otros.

Algunos soldados cuando hacían algún estropicio, para justificarse ellos echaban la culpa a Arsenio. El oficial le regañaba, y él, para no dejarlos en evidencia, aguantaba silenciosamente las reprimendas.

Sin embargo el Capitán le apreciaba y le tenía confianza. En las misiones difíciles mandaba a Arsenio, porque conocía que era muy capaz y llevaba a buen fin lo que le encargaban.

Sólo una vez pidió permiso y fue a su casa. Allí enfermó, perdió mucha sangre y fue ingresado en el hospital durante quince días. Cuando se recuperó, volvió al cuartel.




3.3 Ascesis y experiencias


Dentro de estas contrariedades hacía también su lucha espiritual. Ayunaba y oraba. Por regla general comía la mitad de la comida y, cuando sonaba la campana para dormir, Arsenio subía a la terraza del edificio y comenzaba a rezar. En su tiempo libre leía libros religiosos o rezaba. No participaba en las diversiones de los soldados. Sus salidas eran sólo para ir a la Iglesia y para escuchar homilías.

“Hubo un período”, decía, “en que pasaron cinco meses sin ir a la Iglesia, porque no había sacerdotes ni iglesias en las montañas. Después cuando me mandó el Oficial a la ciudad de Agrinio para buscar recambios para el radiotransmisor, en el camino por donde iba pasé por fuera de una iglesia y dentro se hacían las Salutaciones. Me santigüé, me prosterné, y se me saltaron las lágrimas. “Panayía mía, ¿cómo he acabado así?”, dije. ¡Quién iba a pensar que más tarde economizaría Dios para tener una capilla hasta en el interior de mi Kelí!” Y por eso glorificaba a Dios desde las profundidades de su corazón.


Comparando las calamidades que pasó en el ejército con la ascesis que hacía como monje, decía, negándose a sí mismo: “Para Cristo no he hecho nada. Si esta ascesis (fatigas en el ejército) la hiciera como monje, ya me habría santificado”.

Como soldado vivió experiencias divinas. Una vez oraba en un lugar desértico y fue arrebatado en contemplación espiritual. Confesó también lo siguiente: “Una vez que fuimos al campo de tiro de la ciudad de Trípoli, vi una luz distinta salir de un barranco y esparcirse por todo el campo de tiro, mientras era de día. ¡Estaba extrañado, qué podría ser esta luz que los demás no veían! Más tarde entendí. Como allí se llevaban a cabo ejecuciones de condenados a muerte y posiblemente habían sido ejecutadas algunas personas inocentes, por eso apareció aquella luz increada. Dios me protegió para que no me mandasen al pelotón de ejecución. Naturalmente, no hubiese podido (matar)…”




3.4 Sacrificio por los demás


La mayoría de los soldados tenían espíritu de sacrificio, pero Arsenio no tenía miedo de los peligros ni de la muerte. Muchas veces estuvo a punto de ser capturado y encaró la muerte de muy cerca.

Una vez iban echar a suertes para ver quién iba a ir al pueblo para adquirir provisiones. “Iré yo”, dijo Arsenio. Le vieron los rebeldes, pero creyeron que era uno de los suyos. Tomó las provisiones y regresó otra vez.

Cuando ponían a alguien a hacer un turno peligroso o a patrullar, Arsenio le preguntaba: “¿Qué familia tienes?” Si le decía, “estoy casado, tengo también hijo…”, decía, “bien; iba a la comandancia y cambiaba el turno e iba él en lugar del otro.

Al otro radiotelegrafista no le dejaba llevar a sus espaldas el radiotransmisor telegráfico ni la batería, para que estuviese libre en caso de peligro y pudiese correr para salvarse.

“En una batalla”, narró, excavé un pequeño hoyo. Viene uno y me dice: ¿Puedo entrar yo también? Nos apretamos y con dificultad cupimos. Vino otro, lo dejé también entrar y yo salí fuera. En ese momento me pasa un proyectil rozándome a mi cabeza. No llevaba el casco, sólo una capucha. Toco con mi mano la cabeza, no veo sangre. La vuelvo a tocar, y nada de sangre. El proyectil había pasado rozando mi cabeza y había afeitado sólo algunos pelos e hizo una raya sin pelo de seis centímetros de ancho, pero no me hizo ni un arañazo. Lo había hecho de corazón: “¡Mejor!”, dije, “que me muera yo de una vez, en vez que se muera el otro, y después que me maten los remordimientos de conciencia durante toda mi vida! ¡Cómo aguantaré yo después, cuando piense que podría haber salvado a una persona y no lo hice!“. Y Dios naturalmente ayuda mucho al que se sacrifica por los demás”.




3.5 Ayuda desinteresadamente y es calumniado


Relató el Gérontas: “Hice una recolecta entre los soldados y compré unos candiles y candeleros para una ermita de san Juan el Precursor. Allí cerca estaba ubicado el cuartel de nuestras dos legiones.

»En el invierno vinieron unos transportistas, principalmente mujeres y niños con los animales y nos trajeron provisiones. Como el tiempo había empeorado y comenzó a nevar, se quedaron a pasar la noche en unas tiendas improvisadas hechas de pinos.

»Un subteniente bestia intentó intimidar a una joven. Ella pobrecita prefería morir antes que pecar. Se marchó y la acompañó una mujer anciana. Caminaban por la nieve y se encontraron con la ermita pero la puerta estaba cerrada. Se quedaron fuera bajo el cobertizo temblando de frío.

»La misma noche me vino de repente un insistente pensamiento, el de ir a encender los candiles de la ermita. La nieve había llegado hasta unos ochenta centímetros. Fui y sin saber lo que antes había sucedido, encontré fuera de la ermita a las dos mujeres con la piel amoratada por el frío. Las entregué un guante a cada una, abrí la puerta, entraron dentro y una vez que se recuperaron, me contaron lo que les había pasado. “Yo”, dijo la joven, “hice lo que pude; a partir de allí que Dios haga el resto”.

»Las compadecí a las pobres y espontáneamente las dije: “Se acabaron vuestras fatigas; mañana estaréis en vuestras casas”. Y así sucedió.

El subteniente, cuando supo que Arsenio las había ayudado y se salvaron, quizás para cubrir su sentimiento de culpabilidad y remordimiento, acusó falsamente a Efnepidis de poner en la Iglesia a los transportistas con los mulos. Le llamó el Capitán general para dar explicaciones. “¿Tan inconsciente soy, señor Capitán, como para poner los mulos a la Iglesia?, le dijo. Sin embargo no reveló el caso del subteniente; dio explicaciones sólo porque le acusaron de despreciar la casa de Dios.




3.6 Salva a su unidad de soldados


Confesó el Gérontas: “Una vez nuestra doble unidad fue rodeada de mil seiscientos rebeldes en una fortaleza natural de roca. Todos los soldados transportaban municiones y el Capitán me llamó, para que dejase la emisora radiotelegráfica y transportase también yo munición. De hecho, me amenazó con la pistola. Creía que yo me quería librar de transportar, por eso supuestamente quería esconderme.

»Transportaba, pero me iba también a la emisora e intentaba conectar con la base del Cuartel. Entonces, después de muchos intentos, conseguí conectar y di a entender que estábamos en situación difícil. El día siguiente, mientras los rebeldes estaban tan cerca que se oían sus insultos, vino la aviación y los esparció.»

Este acontecimiento lo contaba más tarde el Gérontas como un ejemplo cuando le preguntaban: “¿Qué ofrecen los monjes en el desierto? Respondía: Los monjes son como radiotransmisores de la Iglesia. Cuando toman contacto consciente con Dios por la oración, entonces viene Dios y ayuda mejor. Una sola escopeta no hacía nada, sin embargo, cuando vino la aviación, se decantó el combate”.





3.7 Auto-sacrificio


Arsenio de Korfú, monje en la actualidad, y por entonces sr. Pantelís Tzekos, soldado compañero del Gérontas, nos narra:

“En Lepanto, mientras recibía una señal de Patras, se acercó Arsenio y me dijo:

—¿Sabes?, somos hermanos.

—¿De dónde somos hermanos?

Me muestra los dos dedos gordos y me dice:

—Tenemos los mismos dedos, son semejantes los tuyos con los míos, por eso somos hermanos”.*


* Realmente eran característicos los dedos gordos de las manos del Gérontas. La última falange de los dedos era más pequeña y las uñas eran casi la mitad de tamaño.



Se unieron en amistad fraterna y una vez que la vida de Arsenio de Corfú estaba en peligro, el Gérontas le salvó. La narración es auténtica del sr. Pantelís, solo que es interrumpida por la abundancia de lágrimas de emoción y de agradecimiento por su amigo y salvador:

“Estábamos en una batalla cerca de Lepanto. Cuando retrocedíamos, ya que tenían más fuerzas los rebeldes, en un momento resbalé y me di un golpe, porque tenía a mis espaldas una emisora que pesaba mucho. Cuando los soldados llegaron a la línea que habían definido nuestros oficiales, Arsenio (Paísio) vio que yo faltaba. Descarga su emisora y corre. Le llamaban los oficiales y los soldados: “¡Déjale, ese ya se ha perdido! Se acercó a mí, me puso a sus espaldas y me llevó a las líneas traseras. Cuando me recuperé escuché al subteniente Buduris, diciéndole (a Paísio): “Tú algún santo tienes que te ayudó y ayudas también a éste”. Pregunté: “¿Qué ha pasado, chicos? Y me explicaron que allí donde caí estaba a cien metros de la línea de los rebeldes y doscientos metros de nuestra línea.”




3.8 Ora entre balas


“Un día”, continúa el sr. Pantelís, “estábamos encima de una elevación, llamada “asesina”. Nos habían rodeado los rebeldes y no podíamos escaparn por ninguna parte, porque no había salida. Arsenio estaba de pie. Las balas caían y silbaban. Yo le cogía del abrigo y tiraba para que cayese al suelo, pero no se doblaba por nada. Él miraba hacia arriba y tenía sus manos así, cruzadas. ¡Eh! parece que el Omnipotente tuvo compasión de nosotros, y en algún momento vinieron los aviones y abrieron el camino. Cuando nos marchábamos, le digo:

—Pero bueno, hermano mío Cristiano, ¿por qué no te doblabas?

—Estaba orando.

—¿Orando?, le pregunté con gran sorpresa.

¡Qué fuerza tenía su oración y cuán grande era su fe, de modo que desafiaba las balas! Lo más posible era que estuviese rogando a Dios para que fuesen salvados los demás y muriese él mismo. Por eso estaba de pie y descubierto. Y el justo Dios, viendo su autosacrificio, le salvó junto con los otros.




3.9 Desobediencia a un blasfemo


Relató el Gérontas un acontecimiento que sucedió cuando le quedaba muy poco tiempo para acabar el servicio militar: “Volvíamos de la ciudad de Florina, una vez terminada la guerra. En el camino escuché a un subteniente blasfemar lo divino. Me acerqué y le dije: “Desde este momento me niego a obedecer cualquier mandamiento tuyo, porque blasfemando las cosas divinas, ha ofendido mi fe y mi juramento (patria-religión-familia)”. Escuchando estas cosas el subteniente se ofendió y me llamó insolente. Cuando más tarde me dijo: “Te ordeno”, respondí: “Te lo he dicho hace un momento que a partir de ahora no obedezco tus mandamientos”. El subteniente entonces le dijo: “Consideremos este tema como terminado”.

»Cuando llegamos al cuartel, fui sin retraso y comenté lo sucedido al Capitán general. Aquel me dijo que negarse a realizar un mandamiento del superior conlleva a la corte marcial (a declarar ante el tribunal militar). Volví a decir que de ninguna manera obedeceré a los mandamientos del subteniente, porque blasfema a Dios, ante el cual los dos hicimos juramento. Y dije con indignación: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5,29).

Arsenio, una vez hubo servido a la patria, recibió la carta de libertad del Ejército el 21 de Marzo 1950, en Makrakomi de Lamía.

Cuando se despedía de su amigo, el sr. Pantelís, éste le invitó a que se instalaran juntos en la isla Korfú, a hacer cada uno su casa allí y a hacer una familia. Arsenio se negó, diciendo que se haría monje.

Acabó su servicio militar y ahora deseaba otro ejército, su incorporación a la legión monacal, para servir al Rey celeste.






A 4 BUSQUEDAS Y PREPARACIÓN


4.1 Primera visita al Santo Monte Atos


Arsenio permaneció un poco más en Kónitsa y después visitó el M. Atos. La primera noche fue hospedado en la Kelia de la Laura de san Juan el Evangelista que está un poco más abajo del Monasterio de Kutlumusion. Buscaba encontrar un Gérontas a quien seguir en obediencia. Visitó muchas Kelias, Kalivia y Sketes, porque tenía inclinación por la vida hesicasta. Allí donde oía que había Gérontas iluminados, corría junto a ellos como la abeja a las flores olorosas.


Pero fue fatigado por algunos “celotes” fanáticos sin discernimiento. Creía que los llamaban así, porque tenían mucho celo y luchaban mucho. Pero estos le importunaban y querían volver a bautizarlo, a pesar de que ya estaba bautizado por san Arsenio, por el antiguo calendario.


Fue para quedarse con un Gérontas celote, pero encontraba descanso, porque oían canciones por la radio y sus vidas no eran tan espirituales. Cuando quiso marcharse, le amenazaban para que no lo hiciese. “Si te marchas”, le decían, “irás al infierno. El que deja su penitencia no va al Paraíso”. Arsenio lo creía y sufría. Pero harto de esto, al final se cansó y se marchó.


Visitó una Kelí en Kafsokalivia y se quedó por una temporada. Pero ellos también eran celotes. Cuando hacían el oficio litúrgico, a Arsenio le sacaban fuera de la Iglesia para no contaminarse, como creían. El Gérontas de esta Choza a pesar de que tenía a su servicio a un monje a él subordinado, le rogaba: “Arsenio, quédate para ayudarme en mi vejez y cerrarme los ojos”. Por su agonía y sus fracasos por encontrar un Gérontas al que seguir en obediencia y que le guiase espiritualmente, una noche decidió no dormir. La pasó en oración y haciendo prosternaciones. Por la mañana le dijo el monje subordinado al Gérontas: “Toda noche golpeabas con el pie en el suelo de madera, para emocionarnos y hacernos creer que hacías prosternaciones”. Arsenio no dijo nada. Pero se extrañó de este tipo de pensamientos que tenía el hermano.


Yendo hacia Santa Ana, cuando llegó a la “Cruz”, se equivocó de camino y subió hacia la cima del M. Atos. Entonces encontró un anacoreta con su rostro iluminado y con un raso viejo lleno de parches, y conversaron. (Padres Del M. Atos, p.46-47).


En Santa Anna vio al Obispo de Militúpolis, Ierotheo. Por la fatiga y la preocupación que sufría, se había quedado casi en los huesos. Cuando el virtuoso Jerarca le vio en este estado, le recibió con amor y sirviéndole comida y un vaso de vino.

—Su Eminencia Ierotheo, no puedo beberlo.

—Bébetelo, te hará bien, —dijo—, y lo santiguó.

Ierotheo le aconsejó adecuadamente y le dio su bendición.


En la Nueva Skete rogó al p. Neófito de la Kalivi de San Demetrio quedarse a con él por un tiempo, para ver qué iba hacer, porque estaba en tal estado que no podía tomar ninguna decisión. Se quedó por un tiempo para recuperarse de los infortunios. Allí aprendió cosas sobre el anacoreta Serafín (Padres Del M. Atos, p.44-46), quien se hizo monje en aquella Kalivi y después subió a una cueva de Atos.


Se movía con sencillez y naturalidad. A cada uno que le preguntaba, le expresaba su pensamiento y sus disposiciones, y esto le fatigó mucho.


Escribiría más tarde: “Me fatigué mucho como principiante hasta encontrar lo que deseaba. Naturalmente nadie tiene la culpa sino la multitud de mis pecados (para saldar algunos), así como el ser de pueblo. Esta fue la segunda causa de mi fatiga, porque me fiaba de cualquiera que encontraba. Agradezco a Dios por todo, porque todo me ha beneficiado mucho” (Cartas p. 17-18).


Y comentaba: “Al principio, hasta sacar alas espirituales, nadie me ayudaba, todos me empujaban. Después encontré santos”.


Aunque no consiguió lo que buscaba, la fatiga que sufrió le benefició y le enseñó mucho. Y ya que peligró en perder lo poco de lo que le quedaba de cerebro, como decía, tomó la decisión de regresar al mundo por motivos familiares.


Entonces recibió una carta de su padre pidiéndole ayuda. Su hermano mayor se había casado y su padre pasaba dificultades. Arsenio correspondió al llamamiento paterno porque tenía un profundo sentimiento de responsabilidad y de sus obligaciones frente a su familia y principalmente frente a sus hermanos pequeños.


Sin embargo tenía un alma valiente. Su visita al M. Atos sin resultado no debilitó su celo ni borró sus esperanzas.




A.4.2 Trabajo y preparación


Comenzó a trabajar otra vez como carpintero en Kónitsa y en los pueblos de alrededor. Apoyaba económicamente a su padre y le ayudaba en sus trabajos del campo. Compró a su hermana pequeña una máquina de coser y le regaló 50 liras para la preparación de su boda.



Hacía a escondidas limosnas a muchos pobres. Ayudaba a familias que habían perdido seres queridos en la guerra. Les fabricaba puertas y ventanas sin cobrarles. Todos le amaban.


Su vida en el mundo era una lucha continua y preparación para la vida monástica.


Por el día trabajaba intensamente y ayunaba, y la mayor parte de la noche estaba en vigilia con oración y cantando salmos y haciendo prosternaciones. Vivía en un sótano húmedo y para mayor ejercicio dormía en el suelo de cemento. Después del cansancio justificado de las arduas tareas del día, su cuerpo buscaba un poco de descanso. El espléndido, pundoroso e indulgente Arsenio consideraba que su descanso estaba justificado sólo cuando tuviera los pies cortados. Así se esforzaba a sí mismo y luchaba con pundonor y valentía.


Después del servicio militar no probó más la carne. Se justificaba ante los demás diciendo que le daba asco, pero en realidad lo evitaba para acostumbrarse a las condiciones de la vida monástica. Vivía en el mundo pero luchaba y se comportaba como si fuera un monje. Había dejado también su barba. Iba y se quedaba en tranquilidad o hesiquia en una choza en la punta de un barranco, pero cuando le descubrieron, la abandonó. A menudo se quedaba en la casa de un amigo que tenía una capilla dedicada al Neomártir San Jorge de Ioanina. En este período pasó una Gran Cuaresma, 40 días, luchando en un monasterio del Peloponeso.


En los pueblos en los que trabajaba era muy cuidadoso; hablaba poco y en el trabajo salmodiaba interiormente en voz baja. Cuando no encontraba comida de ayuno, pasaba todo el día con vegetales, sin aceite.


A sus parientes les decía que se haría monje, pero por sensibilidad hacia ellos para que no se sintiesen mal pensando que estaba allí por ellos, hacía ver que aún no estaba preparado, aunque fueran ellos la causa de su retraso y de su permanencia en el mundo.


Puso en orden todas sus cosas como hombre en el mundo, sin dejar asuntos pendientes. Decía: “Cuando me marché para hacerme monje, nadie podía decirme nada, dando a entender que había cumplido íntegramente con sus deberes y con sus obligaciones hacia su familia.


En Marzo de 1953 Arsenio estaba ya preparado para aplicar su inclinación, manifestada desde muy joven, hacia al monaquismo. Después de ardiente oración, escogió de entre los tres casos, dirigirse otra vez hacia el M. Atos.






Α.5 CENOBITA EN EL MONASTERIO DE “ESFIGMENO”


A 5.1 Impedimento antes de su marcha


Mientras trataba de ir al M. Atos, sucedió lo siguiente: Lo que había ahorrado lo repartió entre los pobres y se quedó sólo con los gastos para ir al M.Atos. Entonces un labrador pobre le rogó que le ayudara a comprar un buey, porque se había muerto el suyo. Arsenio afrontó el hecho con discernimiento. Dijo al labrador: “Perdóname pero ahora no puedo ayudarte”.

Si le hubiese entregado el dinero, habría significado una nueva demora de su despedida, hasta que reuniese otra vez el dinero para los billetes. Esto es lo quería también el diablo. Mientras que su corazón sensible se compadeció del labrador, su discernimiento le dictó otro modo de afrontarlo. “Rechazó el bien, por un mayor bien” (Escalera, Logos hacia Pimín, 74)




5.2 Cenobita en el Monasterio Esfigmeno


De su primera visita al M.Atos la le habían quedado la experiencia y el conocimiento. En efecto, pensó con discernimiento ir una temporada a un monasterio cenobita, para sacar las alas espirituales. Pensaba ir al Monasterio de Constantino (Konstamonitu) para probar, porque había oído que es un monasterio hesicasta y ascético. Pero como el mar estaba agitado por la parte oeste de Atos, vino por la parte norte –lo consideró como economía de Dios- y fue al Monasterio Esfigmenu. (Entonces aún no se había convertido en celote). Fue admitido por el higúmeno Kalíniko, se prosternó reverenciándole y comenzó la prueba.

El Monasterio tenía buen orden y padres luchadores. Aparte de los largos Oficios, estaban también los fatigosos trabajos del Monasterio y el canon en la kelí. Decía el Gérontas: “Para hacer una cuaresma en Esfigmeno, era un verdadero Gólgota. Solo un plato de una comida hervida en agua para las veinticuatro horas. Era el Monasterio cenobita más duro. La primera semana de la Cuaresma todos los Padres se quedaban casi todo el día en la Iglesia.”

Confesó más tarde: “Cuando estaba en el Cenobio, fui ayudado mucho por un padre. No hablaba nada. Sentía la necesidad de hablar con el Cristo. No tenía ganas de hablar con los hombres. Con sólo verlo, ya bastaba. Me ayudó más que los Santorales. Por alguna caída que tuvo, llevaba sin comulgar tres años, mientras que su falta no era más que para un canon de veinte días. Sin embargo los monjes cuando están en tal estado no hablan, aunque se alteren los laicos que los ven. Este es la predicación de los monjes”.

En el Monasterio, entre los padres virtuosos, había también otro luchador piadoso, a quien admiraba. Arsenio sin celos ni envidia oraba a Dios y le rogaba que el buen hermano se hiciese semejante al santo que lleva su nombre, y él mismo llegar al estado espiritual de este monje virtuoso. Se veía a sí mismo como inferior a todos.




5.3 Prueba y servicios


El joven novicio progresaba con alegría en los esfuerzos de la vida cenobita. Al principio fue puesto como ayudante en el comedor y en el horno de pan. El amasamiento era muy agotador. Amasaban con las manos en grandes amasaderas con gran cantidad de harina. La mano tenía que bajar hasta abajo para cortar la levadura.

Más tarde fue colocado en la carpintería, porque conocía el oficio de carpintero. Todo el día en ayunas, lijaba castaños con una gran lijadora manual. Era hábil en todos los trabajos, muy capaz y rapidísimo. Hasta las albardas de los animales del Monasterio las hacía “como muebles”.

Arsenio por humilde pundonor pidió la bendición, cuando había muchos visitantes, para ayudar también él en el salón de recepción de visitas. También era responsable de dos ermitas fuera del Monasterio. Cada día encendía los candiles, los cuidaba y se encargaba de que se celebrara la Divina Liturgia de vez en cuando.




5.4 Luchas de principiante


Teniendo como modelo a los santos padres intentaba imitarlos. Puso como cimiento de la vida monástica la humildad y la obediencia y se entregó a luchas superiores a su resistencia.

Durante el día se cansaba corporalmente y por la noche permanecía sin dormir glorificando a Dios. Sentía un gran cansancio pero era perseverante a la ascesis. Continuamente añadía nuevas luchas, siempre con la bendición y el seguimiento por el Higúmeno. Todo lo hacía con una alegre disposición.

Decía: “Trabajábamos duramente en el torno todo el día. Por la noche iba a la sala de visitas y ayudaba hasta la hora 10 u 11. No me quedaba tiempo ni para lo espiritual. Por eso, cuando a continuación iba a mi celda, no dormía; sólo ponía un cuarto de hora mis pies en alto para descansar un poco y que bajase la sangre (que se acumulaba por las muchas horas en pie). Después me quedaba de pie en una palangana con agua, para que no me atrapase el sueño, y utilizaba la cuerda de oración. Dormía entre media y una hora y después iba al oficio litúrgico para leer el Oficio de Medianoche. Y como tenía la inquietud de que quizás no podría conseguir hacer los deberes de monje de Gran Esquema, pedí la bendición al Higúmeno y me la dio, para hacer el canon del monje de Gran Esquema desde novicio, no por egoísmo, sino por si acaso no pudiera corresponder a las obligaciones del Gran Esquema. Estas cosas no las hacía por soberbia. “Si no puedo”, decía, “que no me engañe a mí mismo”.

En la Iglesia nunca se sentaba. Estaba de pie junto al asiento. Alguna vez que le venía el sueño, inmediatamente sacudía la cabeza.

En el invierno no encendía el fuego. Tenía tanta humedad en su kelí, que el moho se hacía como algodones en las paredes. Cuando el frío era insoportable, tenía una piel de animal con la que hacía las albardas, y la enrollaba sobre sus pies. Dormía para hacer ascesis bajo baldosas, y otras veces bajo ladrillos, que “eran más filántropos”.

Trabajaba fuera en el frío sólo con su “raso interior” y por dentro ponía papel para que le protegiese un poco.

En el comedor no comía toda la comida. Siempre dejaba un poco y cuando había queso lo tapaba con la comida y no lo comía. Antes de la Gran Cuaresma el Monasterio tenía como regla entregar a todos los padres un cartón de leche. Y Arsenio aquella leche no la bebía, sino que se la daba al gérontas Nikita que tenía principio de tuberculosis. En el ayuno las judías no las masticaba bien, para que tardasen en digerirse y aguantasen así un poco más.

Poco a poco comenzaron a ser percibidas por los padres su ascesis y su devoción. Los sacerdotes preferían que Arsenio salmodiara en las ermitas fuera del Monasterio.




5.5 Me torturó el amor de los míos


Como si no bastara con la ascesis y el cansancio por los servicios, tenía también al diablo que le afligía con distintos pensamientos ¹⁰. Encontró su punto sensible, su gran amor hacia sus familiares.

Decía más tarde: “Al principio me torturó el diablo con el recuerdo de los míos. Unas veces me traía a la memoria a mi madre y otras a familiares. Me los presentaba en el sueño, a veces enfermos y a veces muertos. El responsable de los servicios del Monasterio me veía triste y me preguntaba qué me pasaba. Iba y me confesaba al Higúmeno y me tranquilizaba. Para el monje al principio es penoso salir de su pequeña familia y entrar en la gran familia de Adán, de Dios.”




5.6 Manifestaciones demoníacas


Al diablo no le era suficiente con la guerra de los pensamientos, ya que no podía con ellos parar el espíritu de lucha de Arsenio. Se presentaba también de modo perceptible. Le veía con sus propios ojos y conversaban. El tentador intentaba de cualquier manera atemorizarlo y obstaculizarle en sus luchas. Se ve que con su experiencia entendía qué y quién llegaría a ser este principiante.

El novicio Arsenio no se perturbaba ni temía por la presencia del diablo. Decía: “Que vengas a menudo, me haces bien. Me ayudas a acordarme de Dios, cuando le olvido, y a orar.”

Más tarde comentaba el Gérontas: “¡Cómo se iba a quedar el tentador! Desaparecía inmediatamente. No es tonto añadiendo coronas para el monje”.

—Gérontas, cuando dice tentador, ¿se refiere a los pensamientos? —le preguntó con ingenuidad un monje—.

—¡El diablo es el tentador! ¿Entiendes? ¿Qué pensamientos?, nada tiene que ver.

El novicio Arsenio con su destreza “venció la mala astucia de los demonios por el ingenio humano” (Escalera 4,21)




5.7 Οración de ordenación monacal.


El 27 de Marzo de 1954 después de la requerida prueba fue ordenado monje. Recibió la bendición mediante la oración para llevar sotana y el nombre de Aberkios. El Higúmeno le ofreció tomar el Gran Hábito, pero no aceptó. Dijo: “Aunque podía hacerme inmediatamente monje de Gran Hábito, porque me dijeron: —Tú has terminado el servicio militar, nada te lo impide—, y respondí: —Me basta la bendición de la oración para llevar sotana, de simple monje—. Se consideraba a sí mismo indigno, pero tampoco quería comprometerse con las promesas del Gran Hábito, a causa de su amor por la vida hesicasta que tanto deseaba.




5. 8 Ve al Cordero pataleando


Relató el Gérontas: “Ayudaba en la iglesia en las vigilias. Una vez estaba dentro en el Altar Mayor y observaba al sacerdote que hacía la Proscomidia (preparación de los dones del pan y del vino). Entonces me sucedió algo. En la frase, “es sacrificado el Cordero de Dios”, vi el Cordero encima de la sagrada Patena retorciéndose como cordero que siendo sacrificado. ¡Cómo me iba a atrever a acercarme otra vez! Por eso el Misterio (Sacramento) comienza desde antes…”, (a pesar de que algunos digan que empieza después).




5.9 Trabajador néptico


Desde este periodo comenzó a tomar apuntes de todo lo que leía. Lo que le ayudaba en su lucha, lo copiaba en un cuaderno e intentaba llevarlo a la acción. Su lucha interior invisible consistía en: algo de estudio práctico de las escrituras ascéticas, mucha atención, oración incesante y persistente esfuerzo para la limpieza de las pasiones pecaminosas y la adquisición de la Gracia divina.

Pero también en su trabajo, tanto en su propio servicio como en los trabajos en común con todos los monjes, intentaba no interrumpir la oración. Trabajaba rápida y silenciosamente. El Gérontas Gerásimo del Monasterio de Kutlumusion, antiguo compañero cenobita, me relató: “Nosotros cuando trabajábamos en los trabajos comunes hablábamos, reíamos; pero él nada. Trabajaba aparte y evitaba la charlatanería y las críticas. Era un monje muy cauteloso”.

Una vez el Monasterio envió a unos padres, entre los cuales estaba también el p. Aberkios (después Paísio), fuera de los límites del M. Atos, para plantar álamos en un terreno. Al lado había un camino por el que pasaban varios laicos. El p. Aberkios (Paísio) se impuso no ver a nadie con sus ojos, y realmente lo consiguió; semejante hazaña la logró también con el abad Isidoro de Skete, que fue a Alejandría y no vio a nadie sino sólo al Patriarca, (Gerontikón, pag 50 v.8). Sus ojos estaban abiertos sólo para ver ejemplos buenos de padres avanzados espiritualmente y así ser beneficiado.




5.10 Obediencia sangrante


Relató el Gérontas: “Había en el Monasterio un hermano carpintero, que los padres lo aceptaron por necesidad, porque aunque al principio ya había siete carpinteros, al final no tenía ninguno para pequeños trabajos. Como le necesitaban, le permitieron también tomar iniciativas. Se le habían subido mucho los humos y no respetaba a nadie. El que iba con él como aprendiz del oficio, no podía quedarse allí más de una semana. Yo, por la Gracia de Dios, me quedé dos años y medio. Lo que padecí, no se puede expresar. ¡Pero cuánto beneficio tuve! Él insultaba y gritaba continuamente. No veía bien y cuando me decía que hiciese algo, que yo veía que era un error y después deberíamos rectificarlo y poner parches, si me atrevía a decirle algo, gritaba: “¡Aún no lo has entendido, tú sólo dos palabras tienes que decir! “bendígame” y “bendito sea”. Me callaba. Salían torcidas. Hacíamos ventanas para la iglesia con parches. Si preguntaran los padres, yo me callaba; él estaba también en la reunión y si quería, entonces podía confesar la verdad. De esta manera ponía algún dracma aparte (es decir, ahorro para el salario espiritual). Sufría de hemoptisis o expectoración de sangre y me gritaba: “¿Qué haces allí? ¡Trabaja!. Tú, así morirás”. Cuando la situación empeoró, el médico dijo que me quedara dos meses en el Hospital del Monasterio. Vino allí con gritos: “Rápido, vente abajo que no tienes nada”. Hice obediencia y empecé yendo hacia la montaña a cortar castaños para hacerlos cuadrados. Tomé un camino distinto, no fui por el camino normal para que no me viesen los padres y quedase mal expuesto el gérontas I. En el camino se me abrieron las arterias y saltó la hemorragia, por eso me ví obligado a regresar. Después vino al Hospital y me preguntó severamente: ¿Por qué no has venido?

»No tuve ningún mal pensamiento contra el hermano. Pensé que Dios permite estas cosas por amor, para saldar algún pecado. Cuando estaba en el mundo, Dios me había dado un carisma, el ser un buen carpintero. Venían a mí los hombres y sin quererlo, me llevaba yo el trabajo de otros. Todos corrían detrás de mí y padres de familia se quedaban sin trabajo. Para evitarlo les decía: “tardaré, tengo muchos pedidos” etc., pero ellos no se marchaban. “Esperaremos”, me decían. Así ahora estoy saldando mis pecados. Finalmente, como fui tan beneficiado por este hermano, el buen Dios hizo economía con él. Se quedó ciego, no veía nada, fue humillado ante todos y fue salvado. Me hizo escupir sangre, pero me hizo ser humano”.


Los santos padres de la Iglesia estimaban la obediencia como una confesión. Pero para Aberkios (después Paísio) la obediencia fue martírica, sangrante. Y sobre todo no al Higúmeno, sino a un monje mayor. Lo soportó todo con alegría y paciencia.

Cuando los superiores veían fallos en las ventanas y le hacían observaciones, no se justificaba diciendo que así me dijo el gérontas I., sino que se callaba y soportaba las acusaciones injustas como si fuera culpable. Después el buen Dios reveló la verdad. Los superiores entendieron lo que sucedía, y elogiaron la virtud del principiante.

En el Hospital el buen enfermero, para fortalecerle un poco, le daba de comer nueces con miel. Allí el p. Aberkios (Paísio) se entristecía porque estaba en la cama y no podía ayudar “a los fatigados padres y hermanos”. El enfermero le dijo: “Si haces cuerda de oración, eso vale mucho más. Dios dará fuerza a los padres y mandará también algunas bendiciones al Monasterio”. Así con pundonor se cansaba orando por todos los hermanos.

Cuando más o menos se había recuperado, el Higúmeno le dio la bendición para tener un cacito para poder beber algo caliente y recuperarse. Buscando un fogoncillo entre los padres, se emocionó mucho porque nadie tenía. Una vez con dificultad encontró uno y haciendo algo caliente en su kelí, después le remordió la conciencia. Tiró por la ventana al mar el cacito que era una lata de conserva y encomendó su salud y a sí mismo entero a las manos de Dios.




5.11 Visita de la Gracia Divina.


La avidez en la ascesis vino a endulzar un evento sin precedentes, la visita de la Gracia divina. “Cuando se habían agotado las baterías (sus fuerzas)”, narró, “viví un acontecimiento: una noche mientras oraba de pie, sentí que algo bajaba desde arriba, recubriéndome entero. Sentí un gran gozo y mis ojos se hicieron como dos fuentes que emanaban continuamente lágrimas. Veía y vivía sensiblemente la Gracia*. Hasta entonces, emociones y cosas de este tipo había sentido muchas veces, pero una cosa así era la primera vez que me sucedía. Fue tan espiritualmente potente este acontecimiento, que me amparó y aguantó unos diez años, hasta que más tarde en el Sinaí, viví situaciones superiores de distinta manera”.



* “La deidad, es decir, la Gracia divina por sí misma, es decir sola, no se nota si no viene al alma lógica. Del mismo modo el fuego sensible no es captado por los sentidos cuando no encuentra material, ni tampoco el fuego noético es captado por lo noético (el nus), cuando no encuentra la materia de los mandamientos de Dios.” San Simeón el Nuevo Teólogo, “Logos 3, p. 38”






5.12 Marcha hacia la hesiquia


Cuando el p. Aberkios (después Paísio) vino al Monasterio, rogó al Higúmeno quedarse un espacio de tiempo y después darle la bendición para la hesiquia, y él lo aceptó. Por supuesto que fue muy beneficiado por todos los padres y puso un buen cimiento en aquel Monasterio con muchas hazañas, pero también su anhelo por la vida hesicasta se hacía más intenso. Cuando oraba, su nus era raptado en contemplación espiritual. Su corazón estaba encendido “de las brasas del desierto” (Sal 119,4) y sentía la llamada del desierto.

Pidió la bendición para marcharse del Monasterio por motivos de hesiquia. Dejó en el Monasterio sus esfuerzos y su servicio, sangre, sudores y lágrimas, y salió con la esperanza en Dios y en la Panayía para que lo condujesen “a tierra desierta”.

Primero fue y se prosternó y veneró el icono de Panayía Portaítisa en el Monasterio Iviron. ¡Se había alterado la forma de la Panayía! ¡Se hizo muy dulce! De este modo fue informado de que la voluntad de Dios coincidía con la suya para su partida.




A 6 EN EL MONASTERIO IDIORRÍTMICO DE FILOTEO


6.1 Obediente al Gérontas


En la Skete de Kutlumusion de San Pantaleón, en la Kalivi de la Presentación, realizaba su ascesis el virtuoso Gérontas padre-Cirilo ¹³. El p. Aberkios (después Paísio) atraído por la virtud de Cirilo, de la cual había oído hablar, fue y le rogó que le admitiera como subordinado. Y efectivamente lo admitió. Luchaba junto con él y tenía la esperanza de quedarse siempre bajo su obediencia.

Pidió también la bendición para ir a Kónitsa a traer a su hermano Lucas*, para hacerse monje.

—¿No conoce el camino él para venir solo?

—Sí, lo conoce.

—Eh, entonces déjale que venga. Y si viene, ayúdale y dale incluso hasta tu kelí si hace falta.



* Según dijo el Gérontas su hermano menor, Luca, “era muy piadoso y puro” y quería hacerse monje. Pero creía que, si se hacía monje, debería luchar de un modo sobrehumano y hacer vida muy severa, tal y como veía a su hermano (Paisio) hacer desde laico. Este tipo de abnegación era imposible para él, porque era muy enfermizo y achacoso. Este pensamiento le alejó de hacerse monje.




Mientras que el p. Aberkios (Paísio) había encontrado “según su corazón” un Gérontas santo y un puertecito tranquilo, los cuales le daban reposo, el diablo no se tranquilizó, trayéndole distintas tentaciones. Aunque se había marchado del Monasterio Esfigmenu con la bendición del Higúmeno, el representante de Esfigmenu le dijo que regresara al Monasterio, porque era útil como carpintero. Si no regresaba, le amenazaba con expulsarle del M. Atos.

Entonces el padre-Cirilo le preguntó si tenía a algún conocido o familiar en algún monasterio. Había en el Monasterio de Filoteo un pariente lejano y compatriota suyo, el padre-Simeón, quien había conocido a san Arsenio. Le aconsejó ir junto con el padre-Simeón para que le protegiese, porque de otra manera no encontraría tranquilidad.

Así el p. Aberkios (Paísio), después de una breve, pero bendita permanencia con el Gérontas Cirilo (del 22 Marzo hasta el 20 de Abril de 1955), le obedeció y se fue a Filoteo que aún era un monasterio idiorrítmico* y desde allí cada cierto tiempo iba caminando a ver al Gérontas Cirilo y pedirle consejos sobre temas espirituales.



* En los monasterios del M. Atos idiorrítmicos sólo era común la vida del culto. No había higúmeno, ni mesa común, ni tampoco era obligatoria la pobreza. Los monjes a cambio de su servicio recibían unas bendiciones (principalmente dinero o alimentos) y con eso se las arreglaban.




Muchas veces el Gérontas Cirilo recibía información de Dios y conocía con antelación su visita y el tema que le ocupaba. No hablaba nada, pero daba la respuesta con un pasaje que tenía apuntado en algún libro.

Más tarde escribió* las cosas admirables que había visto en este santo Gérontas que tenía el carisma de prever, expulsaba demonios y cuando leía el Evangelio, de sus ojos corrían lágrimas como fuentes.




* “Padres Del M. Atos”, pag 118-121).






6.2 Servidor bien dispuesto y luchador desapercibido


El p. Aberkios (después Paísio), mientras buscaba la vida hesicasta, hizo obediencia y se encontró en un monasterio idiorrítmico. Recibió el servicio de responsable del almacén de alimentos y del comedor. Es decir, repartía los alimentos y el vino a los padres. Después le encomendaron la carpintería y además ayudante para hacer pan. Aunque se cansaba en su servicio, estaba siempre solícito, bien dispuesto a sacrificarse por los demás y a ayudar donde hiciese falta.

Relata un monje que estaba con él: “Era un hombre abierto. Siempre con la sonrisa y con la bondad, preparado para ayudar a cada uno. Le veíamos a menudo con un alicate y con un martillo en la mano, yendo presto a arreglar los daños en las kelias de los padres. A mí, una vez que me había enfadado con mi Gérontas, se dio cuenta, primero me llevó a su kelia, me hizo un café, me habló y después me enviaba a prostername y a reconciliarme con mi Gérontas”.

Un hieromonje, antiguamente perteneciente al Monasterio de Filoteo, que conoció bien al Gérontas, recuerda: “Aquello que hizo impresión y conmovía a todos los padres de Filoteo, era la calma, la amabilidad y el carácter pacífico del Gérontas. Como servidor del comedor le caracterizaba la rapidez de sus movimientos en el reparto de los alimentos. Todo el tiempo que sirvió en el comedor, no hubo ni un mal entendido con los padres. Repartía los alimentos con cuidado como si fuera pan eucarístico. Nos había pacificado a todos. Había influido con su forma de vida, con su carácter y con su comportamiento impecable con los padres. Estaba bien dispuesto y solícito a atender a todos. Transportaba agua y leña a los más ancianos. El gérontas Eudókimos le señalaba diciendo: “Éste es un buen monje”.

»Ayudaba también al enfermizo p. Auxencio que era el responsable de la sala de visitas. Cuando el Gérontas se marchó del Monasterio de Filoteo, p. Auxencio decía: “Hemos perdido a un bendito hombre de Dios”.

»Le veíamos sólo en el servicio y en la Iglesia, donde leía la Novena hora y el Servicio de Medianoche. No tenía muchas relaciones. Se quedaba en su kelí y rezaba. Oíamos que ayunaba y hacía mucha vigilia. Era muy cuidadoso con sus palabras. No hablaba, sólo decía un “bendígame”.

El Monasterio Filoteo está a bastante altura, en invierno cae mucha nieve y hace mucho frío. Sin embargo el p. Aberkios (después Paísio) como ascesis no encendía fuego en su kelí. Le calentaba la Gracia de Dios y le protegía de grandes enfermedades, aunque continuamente sufría de algo; nunca estaba totalmente sano. Se entristecía cuando veía a un Gérontas cerrar con llave su pequeño almacén de leña. Consideraba una inconveniencia la desconfianza para un monje. Le decía que no la cerrase con llave y que él mismo llevaría a todos, para que no tuviesen necesidad de coger de la suya.

El p. Aberkios (Paisios) participaba sin falta a la vida del culto divino del Monasterio. Además que en su kelí hacía a escondidas una gran ascesis y con mucha oración. Se había impuesto el prepararse espiritualmente lo mejor posible para el desierto. Tenía la capacidad de luchar desapercibidamente, porque las condiciones del monasterio idiorrítmico eran favorables para este tipo de ascesis.

Relata un monje compañero suyo: “Dentro del Monasterio era ejemplar, luchador duro, gran ayunador y hacía prosternaciones como un rifle”.

Narró el Gérontas: “En mi kelí como almohada tenía un tronco de castaño. Como cama tenía dos tablas con un hueco en medio, para que no tocase la columna vertebral y se calentase. Hacía “novenas” continuas. Sobre todo los alimentos de temporada, tomates, lechugas, verdura, las comía mucho tiempo, hasta que mi organismo se aburriese y ya no las comiese con ganas. Cada noche vigilia. Dormía poco. En la Iglesia no me sentaba en el asiento, para que no me entrara sueño.”





6.3 Pensamientos de soberbia u orgullo


“Y mientras que por la ascesis”, decía el Gérontas, “había adelgazado mucho y parecía un esqueleto, una noche sentí la tentación de algo como un suspiro de mujer cerca de mi oreja. Inmediatamente me levanté, comencé a salmodiar y encendí la luz. Mi p. espiritual me dijo: “Puede haber soberbia escondida. Con tanta ascesis no se justifica esta tentación”. Y realmente comprobé también yo mismo, tras examinarme, de que mi pensamiento me decía algunas veces que algo soy y por fin algo hago. Bah… cosas perdidas”.

Para que se humillase y ser limpiado de la oculta soberbia u orgullo, el p. espiritual le dijo que fuera cada día a darle comida cocinada. Él mismo no cocinaba, en cambio su p. espiritual el Padre Simeón, como había sido infectado por tuberculosis, cuidaba su dieta. El p. Aberkio (Paísio) durante un mes le daba sus alimentos en crudo o secos y recibía comida cocinada. Pasó esta tentación y comenzó otra vez los ayunos con más humildad y autoconocimento.





6.4 Tentaciones “endiabladas”


Durante un tiempo, al principio, el diablo le ponía pensamientos blasfemos. Estas palabras blasfemas se las había oído de los soldados años atrás y entonces no hacía caso, no daba importancia. Ahora estas cosas contra los santos se las traía el diablo al nus durante el momento de la oración, incluso cuando estaba en la Iglesia.

Se confesaba al P. Espiritual. Iba a la ermita de san Juan el Precursor y oraba. Cuando reverenciaba, salía un olor divino del icono y se marchaba aliviado y reposado. Después otra vez venían los pensamientos blasfemos. Volvía a ir a la ermita, y otra vez salía olor divino del icono.

Naturalmente el diablo no se calmó. Algunas veces oía golpes y voces en su sueño. Se despertaba y no veía nada. “Molestias endiabladas, del tangkalaki”,* comentaría más tarde el Gérontas.



*El nombre de tangkalaki sobre el diablo lo había oído una vez de un anciano de la región de Pontos y le gustó. Significa aquel que se le ha ido la cabeza y hace locuras. Desde entonces también el Gérontas acostumbraba a llamar así al Enemigo.




Un día, mientras estaba salmodiando en voz baja “ santo Dios”, en la Divina Liturgia, vio entrar una bestia terrible, era el diablo desde la puerta lateral. Su cabeza era de perro y saltaban llamas de sus ojos y de su boca. Movía su cabeza arriba-abajo diciendo despreciativamente: “A… A…. A…”. Se giró enfurecido hacia el p. Aberkio (Paisio) y le hizo un corte de mangas dos veces, porque salmodiaba “ santo Dios”.




6. 5 Inventa la forma de ayuda


El Gérontas relató lo siguiente: «Entonces en el Monasterio Filoteo vivía un monje, el gérontas Espiridón, cuyo comportamiento era rebelde.

»Especialmente al monje del Gran Hábito, cuando no tiene cuidado, Dios permite que sea endemoniado, para que se humille y se salve, cosa que sucedió también con éste. Hizo muchos intentos de saltar del balcón y otras locuras, y le llevaron al médico. Los médicos hicieron un consenso y dijeron que sólo Dios podía sanarle.

»Un día le dije: “No me siento bien, vamos juntos al sacerdote para que me lea alguna oración”, y le llevé al sacerdote para que le leyera exorcismos. Le supliqué sobre todo que leyera con voz baja, para que no escuchase, porque se marcharía. Apenas llegamos, me arrodillé y le digo: “Arrodíllate tú también”. Él se quedó de pie mirándome y me dijo: “Si tú no te sientes bien, ¿yo qué culpa tengo?”.

»Después tuvo incidentes; se rompió la pierna, se quedó inmovilizado en la cama, se humilló y Dios se lo llevó.

»Un día que estaba él enfermo, me llamó para hacer oración por él. Hice una cuerda de oración con cruces, diciendo: “Señor Jesús Cristo ten misericordia del Gérontas Espiridón”. Me dice: “Deja lo de gérontas Espiridón; tienes que decir Spiro (diminutivo de Espiridón)”. Mientras que antes, si no le llamabas “Gérontas-Espiridón” honoríficamente, se enojaba. Después se humilló. Que Dios le tenga piedad y economice por él»




6.6 En Kónitsa para terapia.


El p. Aberkios (después Paísio) sufría sus ya conocidos problemas de salud, los cuales empeoraban. Los Gérontas del Monasterio se inquietaron y le mandaron a Kónitsa para terapia el verano de 1956. En el hospital no quería ser ingresado, para no ser motivo de acusación al monaquismo, diciendo que los monjes acaban en los sanatorios. Cumpliendo con gran responsabilidad el alejamiento del mundo (xenitía) que prometió como monje, no fue a quedarse en su casa. Se dirigió y se quedó en la ermita de santa Bárbara con la cual desde joven estaba unido ascéticamente con luchas y acontecimientos sobrenaturales. Allí por las noches encendía un candil y hacía vigilia orando y haciendo prosternaciones sobre las baldosas del suelo. Hasta que un día economizó Dios y vino a encender una vela allí su amiga Keti Patera, que llevaba mucho tiempo trabajando fuera de Kónitsa.

Nos relata la misma Keti: “Era verano y fui a la ermita y vi un monje muy delgado que parecía un santo, de una forma o figura como Cristo. Al principio no le conocí. Había venido a Kónitsa para una terapia. No quería quedarse en su casa, porque decía que los monjes deben estar alejados de sus parientes. Le propuse que viniera a nuestra casa, para que hiciese compañía a mi madre que estaba sola y con edad avanzada.

»Por gratitud bajó la cabeza y vino a casa. En el Monasterio le dieron un “kokoraki” (moneda que vale ¼ de lira) y nos la dio.

»Se quedó tres meses más o menos. Comenzó la terapia con estreptomicina. Venía el médico de Kónitsa y seguía su enfermedad. Su hermana le ponía las inyecciones.

»Se quedó en una habitación en la planta de arriba y todo el día leía, oraba y quería ayunar. Yo los pocos días que me quedé en casa durante mis vacaciones, le preparaba comidas sólidas. Hervía carne, tomaba la sopa y ponía bastante aceite para que no se diera cuenta que era sopa de carne, y le hacía un plato de sopa. Su organismo era fuerte y en poco tiempo se recompuso. Cuando apenas vio que su cinturón le apretaba y debía relajarlo, paró de comer las sopas que yo le hacía y solo hervía un cacito de trigo, y así pasaba.

»Una noche se levantó mi madre y escuchó un golpe rítmico, tak-tak-tak … que venía de la habitación donde dormía el p. Aberkios (Paísio). Me despertó y me mandó ir a ver qué hacía el monje. Eran las doce de la noche. Tocó la puerta diciendo: “Por las bendiciones de los santos padres…”, así me había enseñado a decir cuando tenía que ir a su habitación. Abre y me dice: “Ah hermana, ¿qué te pasa? No te inquietes, entiendo lo que sucede. No quería decírtelo. Así acostumbro a hacer por la noche. Porque ahora más que nada hago una vida que no es monacal. Después estoy también obligado a hacer oración para algunos que me ayudan”. Aunque el Gérontas estaba enfermo, hacía toda la noche cuerda de oración y prosternaciones”.




6.7 La providencia de Dios


Relató el Gérontas: “Regresando al M. Atos, en Uranópolis (pequeño pueblo de donde sale el barco hacia el M. Atos) se me acercó una joven y me suplicó que orase por ella. Había decidido hacerse monja pero sus padres no querían. Se había marchado a escondidas sin llevarse nada consigo. Era un alma dolorida.

»Había guardado un poco de dinero, sólo para el billete hasta Dafni, y “a partir de allí Dios dirá”, pensé. Le di todo el dinero y el despertador porque le sería útil en el monasterio donde iría.

»Apenas llegando a Dafni me llamó un responsable del Monasterio Filoteo: “Tengo aquí los animales del Monasterio. Pon tus cosas, pero tú también te montas. ¿Lo oyes? Harás obediencia”

»Llegué sin cansarme al Monasterio. La misma noche viene un monje y me dice: “Uno me trajo un despertador. Yo tenía ya uno. Quizás tú no tienes, llévatelo”.

Después de esto me quedé perplejo y quebrantado por la providencia de Dios, que tan claramente veía que se ocupaba del desdichado de mí.




6.8 Monje de hábito menor


El p. Aberkios (después Paísio) según el Monacologion-libro de entradas al Monasterio, entró el 12 de Marzo de 1956. Después de luchas desapercibidas durante un año, fue ordenado monje de Pequeño Hábito. Le dieron el nombre de Paísio. Su tonsura se hizo el 3 de Marzo de 1957. Su padrino fue el Gérontas Sabas. Le estimaba y le respetaba mucho, porque era, según el testimonio del Gérontas, “virtuoso, sabio y piadoso”. Con él mantenía también después correspondencia desde Stomio, y oraba para que se hiciese digno de recibir de sus manos también el Gran Hábito Angelical. El amaba al p. Paísio de verdad y le instruía como hijo suyo.

Después de la tonsura le hizo una foto y se la envió a su madre, detrás de la cual escribió el siguiente poema:

“Madrecita mía me despido, yo me voy a hacer monje,

me voy de la vida vana, del engaño, para reír.

Para pasar mi juventud solo en el desierto.

Por amor a Cristo, lo sacrificaré todo.


Todos los bienes del mundo, como desperdicios los dejaré,

para ejecutar el primer mandamiento y amar a Dios.

Con la Cruz en el Gólgota seguiré a Jesús

y hasta la Jerusalén de arriba, deseo encontrarte.


Me voy de tu gran cariño, madrecita para poder, y

para estar juntos eternamente, a Jesús rogaré.

Por eso desde pequeño quise vestirme de negro

para dedicarme a Cristo y gustar a Dios.


Y como Madre a partir de ahora, tendré a la Panayía,

para que me guarde inocuo, de la mala astucia del enemigo.

Madre mía con contricción aquí en la hesiquia del desierto

estaré orando siempre por ti, y por toda la gente”.



Santo Monte Atos, Sagrado Monasterio de Filoteo 3-5-1957


Dedicado a mi respetada Madre. Paísio.




6.9 Relación con padres virtuosos


El p. Paísio, donde oía que había padres virtuosos que vivían ascéticamente y se encontraban en un estado espiritual admirable, intentaba visitarlos para beneficio suyo. Consideraba muy valiosos sus consejos y luchaba por asimilarse a ellos en la virtud. Guardaba en su interior sus palabras y su santo ejemplo como un valioso tesoro, hasta que más tarde el Gérontas editó su propio libro: “Padres del M. Atos” (Del M. Atos, Agion Oros-Monte Santo).

Al segundo día ya de su llegada al Monasterio visitó al Gérontas Agustín el Ruso en su kelí, pero estaba ausente. Le dejó unas bendiciones (regalos). El Gérontas Agustín le veía en Espíritu desde la Skete del profeta Elías, a una distancia de cuatro horas andando más o menos. A continuación conectaron espiritualmente. Dice sobre él el Gérontas que luchaba contra los demonios, veía la luz increada, le visitaba la Panayía cuando estaba en el Hospital del Monasterio, etc.

También venía de Katunakia (Sketes del sur del M. Atos) el Gérontas Pedro, que le llamaban Pedrito, y conversaban espiritualmente. El Gérontas Paísio le admiraba y le tenía más devoción que todos los ascetas que había conocido, por eso quería vivir en obediencia bajo su guía.

Un compañero del p. Paísio del monasterio recuerda: “Todos los ascetas del desierto que venían al Monasterio, iban directamente a donde el p. Paísio, como si hubieran sido recomendados por alguien. Él nos reunía a nosotros, los más jóvenes, para que escuchásemos, aprendiésemos y fuésemos beneficiados. Me acuerdo que venía el Gérontas Pedro, hombre santo, delgado, bajito, con una caña como bastón y cuando hablaba sobre el Señor se ponía de pie. “Siéntate bendito”, le decía el p. Paísio y aquel respondía: “Cuando hablamos sobre el Señor debemos ponernos en pie”.

Había ganado la confianza de dos “locos” en Cristo, uno del Monasterio de Filoteo, el gérontas Dometio, y uno de la Kalivi, el gérontas E. El segundo le hablaba en confianza sobre las locuras y las ascesis que hacía.

Naturalmente, se mantenía en comunicación con el padre-Cirilo, así como también con un importante asceta rumano, el padre-Atanasio de la Skete Lakku. A continuación conoció también a muchos más padres virtuosos.




6.10 Bendiciones de la Panayía


Narró el Gérontas Paísio: “Era la primera quincena de Agosto. Después de una Divina Liturgia me mandó mi Gérontas a un trabajo. Estaba agotado por el ayuno y por la vigilia anterior, y después de la Divina Liturgia no había comido, porque no me lo había dicho el Gérontas.

»Llegué hasta el Monasterio de Iviron y esperaba el pequeño barco. Éste tenía que llegar al mediodía, pero era media tarde y aún no había aparecido. Estaba totalmente agotado. Pensé hacer komposkini para la Panayía me ayudase a encontrar algo de alimento. Pero digo en mi interior: “¿Eres tonto o qué, para estas cosas vas a molestar a la Panayía?”. No me dio tiempo de acabar la frase y viene un hermano desde el Monasterio, me da un paquete y me dice: “Toma hermano, por la Gracia de la Señora Theotokos”.

»Lo abrí y tenía en su interior poco de pan, higos y uvas. Me contuve las lágrimas, hasta que el hermano se marchó”.

Esto sucedió en el pequeño pabellón (gazebo) del puerto del Monasterio Iviron. En otro momento tuvo una experiencia más inmediata de la providencia de la divina Madre en el mismo puerto de este Monasterio. Los dos acontecimientos tienen muchas similitudes pero también bastantes diferencias. También en el segundo caso estaba sin dormir y hambriento, esperando al pequeño barco.

Relató el Gérontas Paísio: “A causa del agotamiento no me sentía bien. Me asusté, no vaya ser que me marease allí y me viesen los obreros. Por eso me esforcé y me fui detrás de un montón de maderas.

»Pensé por momento rogar a la Panayía e inmediatamente me dije a mi mismo: “¿Desgraciado, la Panayía para el trozo de pan la tenemos?”

»¡Y apenas dije esto, he aquí la Panayía me dio un trocito de pan caliente y uvas! Eh, y a partir de ahí…”

A uno que el Gérontas le sanó de una enfermedad incurable, escuchando la narración, preguntó sorprendido:

—Bien, Gérontas, después de haber comido las uvas, con el tallo que te quedó en la mano, ¿qué pasó?

—El tallo de las uvas y las migajas también me lo comí.




6.11 Recibe revelación


Durante el corto período de su permanencia en el Monasterio de Filoteo, no paraba de pensar en el desierto. Sentía intensamente ya el deseo para la hesiquia; le sobrecogieron los “dolores de parto” (Salm. 47,6 [48,6]) hesicastas. Hacía varios intentos de marcharse hacia el desierto pero todos fracasaban. El camino hacia la hesiquia permaneció cerrado y lleno de impedimentos. El plan de Dios era distinto.

Una vez acordó con un barquero llevarle a una isla desierta, para estar solo en la ascesis, pero finalmente no fue.

Quiso ir a Katunakia (Sketes del sur del M. Atos) y hacerse obediente al Gérontas Pedro, pero los Gérontas no le dieron la bendición. Mientras tanto el Gérontas Pedro, durmió en el Señor en santidad. Posteriormente decía el p. Paísio: “¡Lo que me habría pasado! Me habría quedado sólo y me habría metido en la ascesis sin freno. ¡Vete a saber qué me haría el diablo!”.

También había acordado con el p. F. de Filoteo ir juntos a Katunakia para hacer ascesis. El p. Paísio haría el trabajo manual, el p. F. se lo entregaría a los Monasterios y compraría tostadas de pan para poder mantenerse los dos. Pero una noche, antes de sonar la toaca (especial madera de toque) para ir a la Iglesia, el Gérontas tocó la puerta del p. F. y le dijo que no era la voluntad de Dios que se marchasen. El p. F. le contó el siguiente sueño que vio: “Corríamos por el techo del Monasterio y, cuando estábamos listos para saltar, una mujer vestida de negro nos detuvo por la espalda y dijo que es un barranco y que nos mataríamos. Así yo entendí que Dios no deseaba que nos fuéramos.

El p. Paísio narró más tarde, así de esta manera, lo que le pasó y que le hizo ir al Monasterio de Kónitsa en vez de ir a Katunakia: “Hacía oración en mi kelí. De repente me quedé totalmente inmovilizado. No podía levantarme, era imposible. Una fuerza invisible me detenía inmovilizado. Entendí que algo sucedía. Me quedé atrapado durante dos horas y media más o menos. Podía orar, pensar, pero no me podía mover para nada. Mientras me encontraba en este estado, vi, como si fuese la televisión, por un lado Katunakia y por el otro lado el Monasterio Stomio en Kónitsa. Yo con anhelo giré mis ojos hacia Katunakia. Entonces una voz –era de la Panayía- me dijo claramente: “No irás a Katunakia, irás al Monasterio de Stomio”. “¡Mi Panayía, yo te he pedido el desierto y Tú me mandas al mundo!, dije. Escuché de nuevo la misma voz diciéndome severamente: “Irás a encontrar a tal persona* que te ayudará mucho”. Simultáneamente durante este divino acontecimiento me vinieron respuestas a muchas dudas que tenía como si fuese en una televisión.



* Esta persona era Katerina Rusi, madre del alcalde. “Era una santa alma”, según el Gérontas.




Inmediatamente fui desatado de aquella invisible atadura y se inundó mi corazón de Gracia. Después fui y lo comenté a mi padre espiritual. “Esta es la voluntad Dios”, me dijo. “Pero no saques a la luz pública este acontecimiento. Di que te vas por motivos de salud” –aquella época tenía hemorragias- “hará falta que salgas del M.Atos, después vete”. Otra cosa quería yo, pero Dios tenía su plan. Tal y como se demostró a posteriori, la principal razón para que fuese allí era para ayudar a las ochenta familias que se habían convertido en protestantes, para volver a la Ortodoxia”, se inundó mi corazón de Gracia divina.





A 7 EN EL MONASTERIO STOMIO DE KONITSA


7.1 Restauración del Monasterio


“Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, Él aprueba su camino” (Sal 36.23). Con revelación dirige el Señor, y ahora los pasos del hombre de Dios, Paísio, en el Monasterio de Stomio de la región de Kónitsa. Anhelaba la vida eremita y se preparaba para el desierto, pero por mandamiento de la Panayía se encontró en Monasterio del mundo.


Decía el mismo: “La promesa que había hecho a la Panayía, de que si me protegía con su Gracia durante la guerra iría tres años a ayudar a reconstruir el Monasterio quemado, creía que ya no la pediría, una vez que me hice monje, pero parece que quería que la realizara”.


Entonces se encontró el Gérontasen el tranquilo Monasterio de Stomio en Agosto de 1958. Los hombres se alegraron por su venida y bastantes le visitaban.


Comenzó la restauración del Monasterio quemado, sin tener el dinero ni los materiales necesarios. Ayudaban algunos buenos cristianos. El Obispo le dijo que fuera por los pueblos con las sagradas Reliquias para reunir ingresos. Donde iba, venían, veneraban y daban aquellos pobres hombres un plato de trigo. Pero el trigo que recogía, uno o dos sacos, no lo guardaba para las obras de restauración; lo daba al cura de cada pueblo para repartirlo a las familias más pobres.


Pero la Panayía que le trajo a su pequeño Monasterio condescendía en sus esfuerzos. Iluminó a algunos y ofrecieron dinero, materiales y trabajo personal. Muchas veces el Gérontas sintió también su cooperación y su percepción, como narraba: “Cuando poníamos las baldosas del suelo, vinieron setenta personas para ayudar. Mientras que el trabajo avanzaba, me dicen los técnicos que harán falta veinte sacos de cemento”. ¿Y qué hago ahora? Me encontré en una situación difícil. “Dejarlo a medio terminar”, dicen, “no merece la pena, traer más cemento es difícil, porque harían falta cuatro horas y media con los animales que estaban en los campos”. Entonces voy corriendo a la iglesia. Enciendo una vela, me arrodillo y ruego a la Panayía que ayude. Después me voy y digo a los obreros que continúen el trabajo, poniendo la misma cantidad normal de cemento. ¡Cuando terminaron, sobraron otros cinco sacos de cemento! Mientras tanto las mujeres que cocinaban, avisaron al Gérontas de que los panes y la comida eran pocos para tantos obreros. Él las tranquilizó diciendo que no se preocupasen por nada. Realmente, todos “comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que sobraron” (Mc. 8,8). Al marcharse se llevaron también pan en sus mochilas.


Durante el trabajo el cielo se cubrió de nubarrones negros que anunciaban lluvia con tormenta. Si hubiese llovido, las placas del suelo se habrían quedado a la mitad. Pero al rato salió el sol y se terminó la obra.


También fue difícil encontrar los materiales, así como su transporte por un sendero que parecía un camino de cabras; en algunos puntos se estrechaba tanto que un animal cargado difícilmente podía pasar. Por el otro lado estaba el precipicio.


Nos narra un obrero: “Cuando íbamos a poner las placas, el p. Paísio trajo arena del río y la subió al Monasterio. Parte de la arena con un saco a sus espaldas y otra parte con animales que encontraba por aquí y por allí, lo consiguió y puso las placas, pero se cansó mucho”.


Relató el señor Georgios Maipas: “Una vez había ido el profesor de arqueología, el sr. Dákaris. Vio la iglesia que estaba ya el suelo con placas y le dice al p. Paísio: “te mandaré mármoles blancos”. Realmente los mandó y los dejó en el puente. El Gérontas avisó a los habitantes de Kónitsa para transportarlas con los animales. Ellos fueron, vieron los mármoles, los encontraron muy grandes y dijeron que los mulos no podían transportarlos por el miedo a que se resbalasen y se cayesen por el precipicio. El Gérontas les dijo: “Bien. Nada más”. Bajó el mismo y se puso dos placas de mármol en la espalda para subirlas al monasterio. Viéndole algunos le diijeron:

—¿Padre, qué haces?

—Eh, ya que los de Kónitsa sienten lástima por sus mulos, yo transportaré los mármoles.

»Ellos se van corriendo y dicen:

—¿Qué hacéis sentados en las cafeterías y el p. Paísio transportando los mármoles sólo sobre su espalda?

»Fueron generosos y fueron con los mulos, transportaron los mármoles y así se puso el suelo de la iglesia con mármol blanco».


Compró madera y él sólo hizo las puertas, las ventanas, los asientos, las mesas y todo lo que hacía falta para el monasterio.


También cambió el tejado de la iglesia e hizo celdas para monjes, sala de visitas, cisternas para almacenar agua y otras obras.


Su hermana Cristina recuerda: “El Monasterio estaba en ruinas y yo iba y ayudaba. Cuando fuimos por primera vez, cargamos algunas cosas en una mula. Aunque había habitación y cocina, y una habitación en la entrada, él fabricó un chamizo de tablas, lo justo para poder estar sentado, no estirado. Le digo: “¿Para qué te vas a sentar allí? Te comerán los ratones. Me respondió: “Si viene alguien, que tenga habitación para quedarse”. Los alimentos me los devolvió. “Tómalos, porque los comerán los ratones”. Se sentó allí hasta que vinieron otros dos padres e hizo tres celdas pequeñas. Más tarde en la esquina hizo la celda donde se quedaba él”.


El señor Maipas dice: “El p. Paísio era un carpintero perfecto. Volvió a levantar el monasterio destruido con muchos esfuerzos. Estaba enfermo, pero ayunaba. No interrumpía el ayuno nunca”.


Testifica el señor Apóstoles Jatsirubis: “Visitamos al Gérontas en Stomio y vimos qué bien había arreglado el monasterio y con qué orden. Sus obras provocaban admiración. Entonces nos dijo que el torrente que está más abajo durante el invierno es difícil de pasar. Nos ofrecimos para ayudarle. Él mismo hizo un pequeño puente. Después fueron ocho personas y le ayudaron a poner el cemento”.




7.2 Impone el respeto


El Gérontas no sólo lo daba todo en las construcciones, sino que también con su vida virtuosa y sus consejos con discernimiento, imponía a los peregrinos el respeto hacia la santidad del Monasterio. Consideraba fuera de lugar los guateques y los bailes con todos sus efectos, los veía como una blasfemia a Dios y una ofensa a la Panayía, ya que el templo estaba dedicado a su nacimiento*. Por eso el Gérontas hizo todo lo posible para que esto parase.



* En los siguientes versos que el Gérontas había compuesto, se refleja su gran amor por el Monasterio de Stomio, pero también su profundo dolor por las cosas que allí sucedían:


Pequeño Monasterio desierto decorado de naturaleza

Los progenitores con reverencia te tenían construido.

Con muchas ofrendas te habían dotado

Con monjes y sacerdote siempre vigilado

Y ahora en nuestros días que estés arruinado

que esté tu candil muchas veces apagado

Tu acogedora Capilla llora entristecida

Sin consuelo ante el edificio quemado por los alemanes.

Concedió la Panayía ser quemado por nuestros pecados

Porque los jóvenes de nuestro tiempo hemos cambiado

Dejamos las canciones de los héroes y nuestro himno nacional

Cayendo en las manos de lo franco obsceno, hay de nuestra oscuridad.

Pero otra vez no lo entendimos Soberana Panayía

Que debemos celebrar siempre con vigilia

Y no con bailes indecentes y canciones atronadoras

Y fuera de tu Sagrado Pórtico blasfemar las cosas divinas.


Monje Paísio de Filoteo.




Primero, en una pequeña cima antes de la entrada del Monasterio, cavó una tumba. Allí colocó una Cruz y cada día encendía el candil e incensaba. Lo hacía también en memoria de la muerte, pero principalmente para evitar que la gente laica hiciese juerga allí.


Pararon los guateques y los bailes. Sólo para la fiesta, por economía los mandó que fueran frente a las hayas, donde había agua corriente de la fuente y podrían comer. Había preparado un espacio, sobre todo puso también unas tablas para que estuviesen protegidos del frío. Pero no les permitía beber bebidas alcohólicas. A pesar de esto uno desobedeció. Trajo consigo una garrafa de anís griego y lo vendía a la gente. El Gérontas se dio cuenta y le preguntó:

—¿Qué tienes aquí?

—Agua, respondió.

—Agua tiene también la fuente aquí.

Y tal como estaba la garrafa de anís cerca del Gérontas, lo empujó con el pie y rodó hasta abajo al río Viosa.


Debajo del Monasterio, antes del pequeño puente de cemento, en lugar de “Gabros”, puso dos carteles. Uno señalaba hacia el Monasterio y decía: “Hacia el Sagrado Monasterio de Stomio los adecuadamente vestidos”, y en el otro: “Hacía el río Viosa los irrespetuosamente vestidos”. Sobre todo no quería que entrasen al Monasterio mujeres irrespetuosamente vestidas. En una de las puertas del Altar Mayor puso un letrero: “Prohibida la entrada a los laicos”.


Un viernes subieron unos laicos al Monasterio. Cogieron una sartén de dentro, hicieron un fuego a la entrada y comenzaron a freír pescado que habían traído. Al principio el Gérontas no se había percatado, porque estaba ocupado. Cuando fue informado, se encendió su celo divino. Fue, tomó la sartén y la tiró al precipicio con el pescado.




7.3 Salta al precipicio


Una vez transportaba sagradas Reliquias y tenía el relicario atado con correas en sus hombros. En un punto del camino, que se llama “Gran Escala”, se cortó la correa y el relicario cayó al precipicio. El Gérontas por el anhelo y la devoción hacia las sagradas Reliquias, sin pensar en sí mismo y sin la mínima duda, saltó inmediatamente al precipicio para llegar a tiempo. Rodaba el relicario y se golpeaba en las rocas. ¡Finalmente el mismo fue salvaguardado sano, gracias a Dios, y no tuvo ni un rasguño! El relicario con las santas Reliquias también quedó intocable, mientras que la caja metálica que estaba acoplada al relicario se había abollado por los golpes. Era tan profundo y tan escarpado el precipicio que era imposible que volviese a subir el Gérontas. Para salir al sendero, caminó mucho tiempo por dentro del río.




7.4 Traslado de las sagradas Reliquias de san Arsenio


El año que fue a Stomio decidió hacer la exhumación de las sagradas Reliquias de san Arsenio. Habían pasado más de treinta años y aún estaba enterrado en el cementerio de Corfú. Dejó el cuidado del monasterio a su hermano Rafael y en octubre de 1958 se fue a Corfú. Allí buscó y encontró a su viejo amigo y compañero del servicio militar Pantelís Tzekos. Le encontró en la fábrica donde trabajaba. El sr. Pantelís no le conoció e inclinado en su despacho le preguntó: “¿Padre, qué quiere?” El Gérontas no hablaba. “¿Quiere que le atienda en algo?”, le volvió a preguntar. “En esto”, le dijo, y mostró sus dos dedos grandes. Entonces le reconoció y lleno de alegría y conmoción, por ver inesperadamente a su amigo y salvador, le abrazó y le besó.


En su casa dijo a su madre y a su esposa que preparasen una especial comida y rogaba al Gérontas que le hiciese el favor de quedarse.

—Ya que yo te haré este favor, debes hacerme tú también otro.

—Los que quieras.

Le pidió comer sólo verdura, en la cual puso sólo tres gotas de aceite y dos tres aceitunas, nada más.

Durmieron en la misma habitación. Tres veces durante la noche, mientras miraba a ver si dormía Pantelís, quien se hacía el dormido, se levantó, se arrodilló y se puso a rezar.


Por la mañana partieron hacia el cementerio con una lluvia torrencial. Dice el Gérontas a Pantelís: “No tengas miedo, en el camino que vamos la lluvia parará”. Poco a poco aflojó la lluvia, hasta que cesó totalmente.


Durante la exhumación el Gérontas lavaba los huesos con agua y vino, los envolvía a continuación en una sábana blanca limpia y los ponía en una caja negra, parecida a una maleta. Encontró la hebilla del cinturón de San Arsenio. En un momento resbaló y cayó sobre el señor Pantelís. Aquel se apoyó con su mano en la pared *.



* Este punto de la pared fue una señal para Pantelís. De esto se acordó después de 37 años, para indicar al bienaventurado Metropolita de Corfú la posición de la tumba de san Arsenio. Entonces en el año 1995, el 8 de Agosto (nuevo calendario), día Sábado, se hizo la segunda exhumación y se encontraron parte del pie derecho con los dedos y seis vértebras.




Como el enterrador protestaba porque fueron ese día de lluvia, el Gérontas, a pesar de que tenía permiso del obispo, por sensibilidad dijo a Pantelís: “Como este hombre está preocupado, pues que se queden dos o tres huesos y cuando venga el año que viene los sacaremos”.


Después de la exhumación de los restos, un rayo de sol pasó entre los cipreses e iluminó la tumba.


Cuando terminaron, se marchó y se alojó en un hotel. No quería ir con las Reliquias a la casa de Pantelís, porque estaba recién casado, no vaya ser que hubiese malentendidos por las mujeres. Por la mañana que se encontraron, el sr. Pantelís vio al Gérontas cambiado por la Gracia divina. Le decía: “¡Estás muy bello hoy! De verdad estás realmente hermoso”.


El Gérontas le narró lo siguiente: “Te voy a contar lo que pasó anoche. Quise abrir las Reliquias para venerarlas y una fuerza me apretaba para ahogarme. Y en aquel momento dije: —San Arsenio ayúdame—, e inmediatamente fui liberado”.*



* Sobre la exhumación, obtenida del testimonio del sr. Pantelís Tzikos, ahora monje Arsenio. Especialmente sobre el último acontecimiento, ver el libro del Gérontas Paísio: “San Arsenio” p. 8-9.




Retornó alegre a Kónitsa con las sagradas Reliquias y trasnochó en la casa de Keti Patera. Allí colocó las Reliquias debajo del iconostasio. Ella encendió el candil y después se ocupó con los trabajos de la casa. Veía sin embargo en la habitación donde estaban las Reliquias una luz resplandeciente, y creía que iba a llover. Se apresuró en ir a coger el paraguas, porque el día siguiente quería ir a la Divina Liturgia a una iglesia en un barrio del sur de Kónitsa. El Gérontas intentaba explicarla que esos “relámpagos” no son del cielo, porque fuera hacía buen tiempo y había estrellas, sino que eran de las sagradas Reliquias. Según el testimonio de ella, “era una luz extraña, como si relampaguease, no como una luz seguida”.





7.5 Esfuerzos, ascesis y hesiquia


El “pequeño jardín de la Panayía” tal como el Gérontas llamaba a Stomio, pera que le recordase al Santo M. Atos (en griego es llamado “El Jardín de la Panayía”), tenía una belleza virgen y salvaje. Es de las partes más bellas del mundo según los entendidos.


Pero las condiciones de supervivencia eran muy difíciles. El Monasterio no tenía ni un animal. Relata el Gérontas: “Tenía muchas fuerzas. Una distancia de dos horas la realizaba en cuarenta y cinco minutos. Bebía agua y se hacía sangre. Tenía que ir de Stomio a Kónitsa tres o cuatro veces al día, para transportar en la espalda materiales para el Monasterio quemado por los alemanes.” Y sólo el tanto caminar era un ejercicio duro y doloroso. Pero esto le alegraba, porque amaba el esfuerzo.


Algunas veces se quitaba los zapatos e iba descalzo frente a un antiguo monasterio por un pequeño sendero de difícil acceso. Oraba y volvía otra vez a través del barranco del ríonVjosa en dos o tres horas.


A un joven, que le preguntó por qué hacía eso, le respondió: “Debería haberme hecho monje desde mucho tiempo antes”. Es decir, para suplir lo que habría hecho si se hubiera hecho antes monje, añadió también más ascesis.


Mientras “se liaba con los trabajos de Marta” (Lc. 10,41), como llamaba a las construcciones, y ayudaba a la gente con sus necesidades, continuaba su ascesis y la aumentó incluso estando su salud deteriorada. Ayunaba severamente y sometía de muchas formas a su delicado cuerpo a sacrificios, a pesar de que seguía una terapia, con inyecciones. Unas veces con un vaso de agua pasaba un día y noche. Aunque en el jardín del Monasterio cultivaba muchas especies de productos hortícolas, su comida acostumbrada era té con pan tostado o nueces trituradas.


Refiere la señora Penélope Barbuti: “Por el jardín iba descalzo y por la noche limpiaba los pinchos de sus pies. Por la mañana comía una tostada y otra por la noche. A veces bebía té. Trabajaba mucho, demasiado. No dormía casi nada. Intentaba agradar a todos y a todos quería aliviarlos y ofrecerles descanso. Nunca decía que no.

Le habían salido callos en las manos por la multitud de prosternaciones. Sus pies eran sólo huesos. Tenía muchos problemas con su salud”.


Por el día trabajaba duramente y por la noche estaba en vela. Leía él solo leía los Oficios Litúrgicos, tal como había aprendido en la Santa Montaña. No eludía nada de la regla monástica. Con gran exactitud realizaba sus deberes monásticos, y además oraba con la cuerda de oración para los vivos y para los difuntos, y para hombres que tenían necesidades especiales.


La obligada ocupación por los hombres y las obras no borraron su sed hesicasta; al contrario la aumentaron e inventaba maneras para que no fuese interrumpido el trabajo noético espiritual y su comunicación con Dios. Anhelaba mucho dirigirse a cuevas tranquilas, para orar sin distracción “anhelando y buscando a Dios”. Este era su deleite espiritual. Solo en la hesiquia, únicamente con Dios se deleitaba y se alimentaba por la comunión divina a través de su deseada oración noética, “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”.¹⁴


A pesar de que el Monasterio estaba en un lugar desierto y tranquilo, el Gérontas a veces se retiraba a alguna cueva. Iba por las noches y hacía vigilias con la cuerda de oración e innumerables prosternaciones.

Pero la cueva estaba siempre en sombra y goteaba agua, por eso había excavado otra en un lugar dinde daba el sol, como un pequeño horno, que sólo doblado podía caber. La tapaba con leña para que no fuese vista. Más tarde encontró un hueco en el tronco de bellotero. Estaba en un lugar más seco y de cara al sol. Quería tallarlo, de modo que pudiese caber, para ir allí en invierno con tranquilidad, porque en ese período no da nada el sol sobre el Monasterio.


Cuando tenía peregrinos, se encerraba algunas horas en su celda. Estudiaba, oraba y hacía trabajo espiritual para sí mismo. Dejaba un poco abierta la puerta de su kelí para ver la puerta exterior de la entrada por si venía alguien. Después continuaba los trabajos.


Los días que había peregrinos y le entretenían, encontraba con discreción el tiempo para hacer sus deberes espirituales. En caso de que vinieran muchos, dejaba a un conocido vigilando la Iglesia y él se retiraba para hacer sus deberes monásticos y después regresaba. Yendo a orar dejaba la puerta de la sala de visitas siempre abierta, por si pasaba alguien buscando algo para comer; siempre tenía pan, conservas, tomates etc.




7.6 Protector de los pobres y de los huérfanos


Además de las construcciones, a la vez se preocupaba por los que tenían necesidades. Y éstos eran muchos. En los pueblos de Kónitsa había una gran, abandono y desgracia. El Gérontas reunía ropa, dinero, alimentos y medicinas, los empaquetaba y los mandaba a personas necesitadas. En su obra de filantropía tenía como ayudantes a mujeres devotas. A las que estaban dispuestas, las mandaba a servir a personas discapacitadas, principalmente a ancianos que estaban solos y no tenían compañía ni pariente alguno para cuidarlos.


Había pedido permiso a la policía y en cada barrio de Kónitsa había dejado una cajita para limosnas y puso un responsable. También había una cajita fuera del edificio de la Policía. Hizo un comité que administraba el dinero y lo ofrecía según las necesidades.


Se interesó por los niños pobres y huérfanos para que continuasen sus estudios. Los mandaba a las personas adecuadas pero también los ayudaba él mismo económicamente en lo que podía. Muchos de ellos hoy en día son científicos y se lo agradecen al Gérontas.


Daba las tierras de la Iglesia a familias pobres para que las cultivasen. No pedía alquiler. Les decía que si tienen buena cosecha, que ofrecieran al Monasterio lo que quisieran. Si el año iba mal no pedía nada.


Cuando su hermana Cristina le llevaba ropa o alimentos, no los aceptaba. La decía que los llevase a familias que supiese que no tenían.


En la fiesta de la Teofanía (Epifania) con la santificación del agua pasaba por las casas y los hombres daban algo para el Monasterio. Pasó también por una casa en la que tenían un hijo disminuido. La señora de la casa fue a echar algo en la caja. El Gérontas le dijo: “La Panayía no pide de ti; tú tienes necesidad”. E inmediatamente abrió la caja dentro en la mesa con todo el dinero que había recogido.


Keti Patera cuenta: “Ayudaba a mucha gente. Era muy misericordioso. Una vez le hice una prenda de punto. Cuando por el camino encontró una mujer que estaba loca, inmediatamente se quitó la prenda de punto y se la dio, para que la pobrecita no tuviese frío. Yo le daba muchas otras cosas, pero él al primero que encontraba se las daba”.


El señor Tomás Tasios testifica: “A un anciano que vivía solo y abandonado en una cueva, cada semana le llevaba los alimentos básicos y con sus manos le lavaba. Salía del Monasterio de madrugada y se iba sin saber nadie adónde”.


También el señor Lázaro Stergíu se acuerda de que visitaba a menudo a una anciana que vivía sola en una chabola y la llevaba comida.




7.7 Afrontamiento de la tentación con martirio


El Gérontas no se ocupaba sólo de las necesidades materiales de los hombres, sino mucho más de la salvación del alma inmortal. Confesó el mismo: “Pregunté por una compañera del colegio y supe que había tomado el mal camino. Entonces oraba para que Dios la iluminase y viniese a decirla algunas buenas palabras. Había reunido algunos pasajes sobre el arrepentimiento. Vino una vez con dos o tres amigas. Después venía con su hijo con velas y aceite. Un día uno me dijo: “Padre, ésta se burla. De una forma se presenta aquí y otras cosas hace abajo con los policías”.


»La siguiente vez que vino la reprendí severamente y se marchó llorando. En poco rato sentí que todo mi cuerpo ardía con un potente fuego de pasión carnal. Fui e hice oración y no se iba. Me extrañó cómo me pudo suceder esta tentación. Volví a hacer oración, otra vez sin resultado ninguno. Entonces, tomé el hacha, puse la pantorrilla de la pierna izquierda sobre una madera, puse la parte afilada del hacha encima de la pierna y con un martillo golpeaba el hacha. Corté siete trocitos de carne. ¡No sentí nada! La tentación era tan fuerte que no sentía el dolor provocado por los cortes del hacha y según pasaba el tiempo la tentación aumentaba. Tenía esperanza de que con el dolor por el corte de la carne se reduciría el fuego de la pasión carnal, pero nada de nada. Se llenaron los zapatos de sangre, pero la guerra no disminuía. Entonces me levanté, dejé el Monasterio abierto y me dirigí al bosque. “Mejor que me coman los osos”, me dije.


»En el camino me desvié y caí agotado en la punta de un sendero. Pensaba cómo me había sucedido esta tentación, e intenté dar una explicación para encontrar la causa. Entonces me vino a la memoria la mujer que había reprendido y pensé: “Dios mío, si ella va a sentir este tipo de guerra dura, ¿cómo podrá la pobre aguantar? ¡Esto era! Me arrepentí por la dura reprimenda que hice a la mujer, pedí perdón a Dios e inmediatamente sentí como si hubiese salido de un baño fresco. Había desaparecido el calentamiento”.


Y en conclusión añadió: “Cuando nos tienta el deseo carnal no siempre es la culpa de la carne. Porque la guerra proviene también de pensamientos de crítica maligna y de orgullo. Primero tenemos que encontrar la causa de la tentación, y después actuar consecuentemente. No comenzar inmediatamente ayunos, vigilias etc.”


Este acontecimiento muestra su espíritu de sacrificio y martirio. Mostró que prefería morir y convertirse en comida para las bestias antes que pecar, pecar aunque sólo fuese de pensamiento.


Realmente había dado sangre para recibir Espíritu. Y en las Vidas de los Santos no son desconocidos estos tipos de ejemplos. Por ejemplo, cuando el abad Pajón (Paladio de Helenopolis, Historia Lausiaca, P.34, 1084) tuvo una tentación, se fue a la madriguera de una hiena y más tarde puso en su cuerpo una serpiente venenosa, pero Dios le protegió y le regaló también el desapasionamiento.


Las señales de los cortes se veían en su pie hasta su muerte. Los que oyeron la narración del Gérontas lo vieron, lo tocaron y dan testimonio.




7.8 Luchas antiheréticas


Habían aparecido en Kónitsa Evangelistas heréticos que hacían proselitismo y se expandían continuamente. Tenían su propia sala de reuniones. Era como un nido de avispas.


Dios utilizó a Paísio que era iletrado, pero “pleno de fuerza y Gracia divina” y con gran sensibilidad ortodoxa para expulsar a los lobos del engaño protestante.


En principio se informó exactamente sobre la fe de ellos. Escribió un texto sobre quiénes son los evangelistas y lo puso en el Monasterio para que lo leyesen los peregrinos.


En las reuniones de los evangelistas, mandaba sus propios hombres para ver quiénes seguían sus homilías. Después llamaba en particular a los oyentes de las predicaciones heréticas y los instruía. Así no volvían a ir a reuniones de ese tipo. A algunos de ellos, además, los contrataba como obreros en el Monasterio y los convencía para cortar las relaciones con la organización herética. Estos se convertían en los mejores cristianos.


Había dado también bendición para ello y fueron de noche y quitaron el cartel que tenían los evangelistas fuera de la sala de sus reuniones. Después de una discusión que hizo con el jefe de ellos que venía de Tesalónica, le convenció de que no volviera a pisar Kónitsa. Con sus oraciones y su activo confrontamiento con discernimiento, cambiaron los que habían sido arrastrados por los evangelistas, y Kónitsa se hizo otra vez “un rebaño, un pastor”.


Después aparecieron los Makrakistas, pero tampoco a ellos los dejó actuar. Informó a los hombres que tenían ignorancia y actuó firmemente y a tiempo, y ellos se marcharon también sin poder hacer nada.


Se interesó también por los musulmanes de Kónitsa. Los trataba con amor e interés. Los ayudaba en sus necesidades y cada viernes los reunía en alguna casa suya y hablaban. Tenía la esperanza de que con el amor y el trato correcto podrían convertirse en cristianos. Algunos de ellos hoy en día se han bautizado ortodoxos cristianos.




7.9 “Conducido por el Espíritu Santo”


Relató el Gérontas: “Vinieron dos padres a Stomio para quedarse conmigo. Tenía una gran kelí y quise dividirla en dos, pero no tenía dinero. Decidí pedir prestados quinientos dracmas.


Por el camino encontré un iconostasio. Me santigüé, encendí el candil y continué. Llegué a una casa y algo me empujaba a llamar a la puerta. Era por la mañana. Cuando el dueño de la casa me vio se alegró. “Te buscaba”, me dijo, “esto lo había guardado como ofrenda para la Panayía”, y me dio quinientos dracmas, justo lo que necesitaba.


»Teniendo en cuenta este acontecimiento, otra vez sentí un impulso interior semejante –algo me empujaba en mi interior- a ir a una ciudad grande como Ioanina. No pudiendo hacer nada distinto, obedecí y fui. No sabía lo que iba hacer, no tenía un propósito concreto. Caminando por las calles, pasé por fuera de una tienda, entré y compré algunos vasos de cristal para los candiles de la Iglesia, para tenerlos de reserva. Y cuando llegué a una casa, en una calleja, este impulso interior me empujaba a entrar al interior de la casa. Obedecí y llamé a la puerta. Salió a abrirme una mujer de 45 años vestida de negro. Apenas me vio, inmediatamente cayó en mis pies y durante quince minutos decía continuamente: “Jesús mío, te lo agradezco, te lo agradezco Jesús mío”.


»Pasamos al interior, donde había otras dos mujeres. Desde las 11 de la mañana hasta las 5 de la tarde estuvimos sentados hablando. Después hicimos la Oración de Súplicas * a la Panayía. Ella arrodillada lloraba y salmodiaba la Súplica de memoria.


»Esta mujer se había quedado viuda de joven. Era muy rica. Daba parte de su fortuna a una casa de niñas huérfanas, en la que trabajaban sus parientes. Esperaba valorar correctamente su fortuna y después ir a un Monasterio. Mientras tanto se fue a Jerusalén y se hizo monja en oculto. Vestía ropa negra como la de las monjas. Rogaba persistentemente a Dios que le enviase un monje para enseñarle la vida monástica. Una vez que arregló su fortuna de tal manera, se fue después a un monasterio de una isla.*


* Se fue al monasterio de Faneromeni de Salamina y allí durmió en el Señor como monja con el nombre de hermana Anna. Su nombre laico era Atenea Hatzi. En los años de la ocupación alemana había tenido mucha acción y resistencia Nacional.



»Ella me dijo que en tal quiosco había otra monja en oculto; fui allí y la encontré. Ella había asumido hacerse cargo de criar a los hijos de su hermano, que habían perdido a su madre. ¡A menudo el nus de ella era arrebatado en contemplación espiritual! Los hombres que iban a comprar no se daban cuenta de su estado. Creían que por la mucha pena había perdido un poco la cabeza y a veces estaba fuera de sí. Cogían ellos solos las cosas del kiosco y dejaban el dinero. Las dos eran almas electas.”




7.10 Ataques demoníacos


Había oído que los antiguos padres del Monasterio bajaban al precipicio buscando hesiquia e intentó bajar él también. Tomó una cuerda, se la ató y la otra punta la ató a un árbol. En un punto encontró un espacio recto, más o menos un metro cuadrado, y pisó. Quiso orar allí. Encontró algunas piedras y las puso en la punta como pared. Apenas comenzó la oración, vino el tentador (diablo) como un torbellino, y le empujaba violentamente hacia el precipicio. Entonces imploró la Panayía: “Panayía sálvame”. Inmediatamente se detuvo el torbellino y se salvó, ya que había llegado a la punta del precipicio y apoyó su pie sobre las piedras. Aquel precipicio es terrible, y sólo con verlo alguien ya siente vértigo.


Narró el Gérontas también otro ataque demoníaco: “Estaba en la Iglesia, hacía oración y sobre las doce de la medianoche escucho el pestillo de la puerta jugando krik-krak continuamente. Dio la una y no paraba; se escuchaba continuamente y a la vez se oían voces y golpes. En el Monasterio no había nadie más. Pensé, si el diablo está en la puerta, no voy a salir fuera, y entré al altar y allí pasé la noche hasta amanecer”.




7.11 Salvación por la divina providencia


“Cuando reparaba el Monasterio”, dijo el Gérontas, “tuve que ir urgentemente a traer materiales desde una distancia de dos horas. En el camino, en un punto difícil que lo llamaba “Gólgota”, encontré un conocido con tres animales cargados de leña. Se habían volcado sus albardas y un animal estaba al borde del precipicio y peligraba en caer abajo.

»Pensaba, si voy a ayudarle, me retrasaré; pero otra vez me remordió la conciencia, que no me permitió ser indiferente, y fui. “Dios le ha mandado, padre”, me dijo.


»Le ayudé a descargar y volver a cargar los animales y me marché. Me retrasé veinte minutos más o menos. En el camino vi que se había hecho un desprendimiento de tierra a lo largo de trescientos metros. Me dijeron que había sucedido tal tiempo antes, que si yo no hubiese ayudado a aquel hombre en aquel momento, según calculé, me habría encontrado exactamente allí donde el desprendimiento y habría sido imposible salvarme. Todo se hizo por la providencia de Dios. Para salvarme, Dios creó tal situación a aquel hombre. Me salvé de una muerte segura. El hombre me había dicho “mil gracias”. Retorné hacia atrás y yo también le grité de lejos: “Atanasio, me has salvado, Dios te ha mandado”.




7.12 Visita nocturna de la Panayía


Dos mujeres piadosas de Kónitsa, la señora Popi Murelatu y la señora Penélope Barbuti, ayudaban para el cultivo del huerto.


Una noche después de Vísperas, fueron a la pensión y se acostaron temprano. Se despertaron cuando escucharon el semantron (toaca) tocando. Salieron fuera de la habitación. Vieron al Gérontas salir de su kelia y decirlas: “¿benditas, no os dije que no tocaseis la el semantron por la noche?


Ellas sorprendidas respondieron que no hicieron tal cosa, y a la vez ven una mujer desapareciendo dentro de la Iglesia. La vieron de lado, es decir, desde el hombro hasta abajo, su brazo y su vestido. Era la Panayía que su visita nocturna fue anunciada con toque automático de semantron.


El Gérontas, que hasta entonces hablaba en voz alta, después, por temor y por respeto, hizo un gesto silencioso a las dos mujeres para que fueran a su habitación, y él mismo se metió en su kelia.


Sobre las doce de la medianoche las llamó a la Iglesia e hicieron la Oración de Súplica. Después las dijo: “Dios os ha hecho dignas de ver a la Panayía, pero no se lo digáis a nadie”.




7.13 Verdadero sueño demoníaco


“Una noche”, confesó el Gérontas, “estaba sentado en un taburete y hacía oración. De repente escucho en el patio música de violines y tambores, voces y bailes. Me levanto, miro por la ventana para ver qué sucede, y no había nada. Tranquilidad absoluta. Entendí que todo era del diablo.


»No me dio tiempo a sentarme en el taburete para continuar la oración, cuando de repente se inundó mi kelí de una fuerte luz. El techo desapareció y la luz llegaba hasta el cielo. En la punta de la columna luminosa había un rostro de un joven rubio que se parecía a Cristo. Se veía la mitad de la cara. Un epígrafe luminoso escribía: “Gloria a Dios en las alturas”. Entonces me levanté y miraba hacia arriba para ver mejor Su rostro y escucho una voz diciéndome: “¡Has sido hecho digno de ver a Cristo!


»Exactamente en aquel momento miro abajo para ver dónde iba a pisar para cambiar de posición, de manera que pueda ver Su rostro entero, pero a la vez pensé: “¿Y quién soy yo el indigno para ver a Cristo?” Inmediatamente en aquel momento desapareció la luz y el supuesto Cristo aparecido, y el techo se encontraba en su sitio”.


El diablo fracasó en engañarle con la falsa visión, pero por venganza le hizo unos rasguños en los pies, por los que corría sangre.


En relación con las visiones o avistamientos aconsejaba lo siguiente, a causa de este acontecimiento. “Así comienza el engaño. Si el Señor no me ayudase para percibir que esto era demoníaco, después comenzaría la televisión del astuto maligno. He aquí el Cristo, he aquí la Panayía, he aquí las profecías etc. Así es engañado el hombre. Por eso las visiones o expectaciones, aunque sean de Dios, no las aceptemos fácilmente. Y Dios de una manera se alegra, porque así mostramos humildad y atención, las cuales pide de nosotros. Conoce Él cómo mostrarnos después lo que quiere y enseñarnos de otra manera”.




7.14 Familiaridad con los animales salvajes


El gran amor del Gérontas hacia Dios y su imagen, el hombre, inundaba su corazón y del desbordamiento del corazón abrazaba también la naturaleza irracional. Especialmente amaba a los animales salvajes, y éstos sentían su amor y se acercaban a él.


Un pequeño ciervo venía y comía de sus manos. Le había hecho una cruz en la cara con pintura. Avisó a los cazadores que no cazasen cerca del Monasterio y que tuviesen cuidado con este pequeño ciervo con la cruz, que donde lo encontrasen, lo cuidaran y no lo matasen. Pero desgraciadamente un cazador despreció la orden y un día vio al pequeño ciervo y lo mató. El Gérontas se entristeció mucho y dijo una profecía que se ha cumplido por completo. No dice nada sobre este hombre porque hasta hoy en día está vivo.


En el bosque alrededor del Monasterio de Stomio viven osos. El Gérontas encontró un oso en un sendero estrecho, mientras subía al Monasterio con un burro cargado. El oso se puso a un lado para pasar el Gérontas. Pero él con la mano le hizo una señal para que pasara el oso primero. “Y el oso”, narraba alegremente el Gérontas, “extendió su pie y me cogió de la mano para pasar yo”. Le dijo al oso: “Mañana no aparezcas por aquí abajo, porque estoy esperando gente. De otra manera te cogeré de la oreja y te ataré a la madriguera.”


Decía que el oso tiene un egoísmo. Cuando se encuentra en peligro, hace como que no tiene miedo pero después se va corriendo.


Una osa venía muy a menudo, se había familiarizado con él y el Gérontas la alimentaba. Los días que venía gente al Monasterio, el Gérontas avisaba previamente a la osa para que no apareciese y provocase miedo a los hombres. Pero la osa algunas veces transgredía el mandamiento, aparecía inesperadamente y los que la veían temblaban de miedo. Muchos la habían visto, entre ellos también Keti Patera, como nos contó: “Una noche subía al Monasterio con una linterna para llegar a tiempo a la Divina Liturgia. Escuché un ruido, dirigí la luz y vi a un animal, algo así como perro grande. Me siguió y cuando llegué pregunté al p. Paísio si el perro era del Monasterio. Respondió: “¿Esto es un perro? Mira bien, es una osa”.





7.15 Otros acontecimientos de Stomio


Una vez robaron en la casa de la señora Penélope Barbuti que tenía unos ahorros, unοs quinientοs dracmas en total. Ella entristecida subió inmediatamente al Monasterio para informar al Gérontas.


Él la esperaba fuera del Monasterio en la morera. Desde lejos la llamó: ¨No te entristezcas, aparecerán¨. ¿Quinientos cincuenta dracmas, no eran? en quince días los encontrarás”.


Después de quince días ve al Gérontas y le dice que aún no había encontrado el dinero. “Bendita”, la responde, “te dije quince días, ¿por qué estás desesperada?”


Realmente el quinceavo día una mujer trajo a la señora Penélope el dinero, que lo había robado el hijo de esta mujer.


Cuando en el Monasterio los Domingos no había Divina Liturgia, el Gérontas bajaba a Kónitsa para asistir a ella y comulgar. El Sábado a las doce de la noche cerraba el Monasterio y en una hora llegaba a Kónitsa. Iba y esperaba donde se guardan las Reliquias y durante seis o siete horas hacía oración por los vivos y por los difuntos, hasta que el sacristán abriera la Iglesia.


Una noche de esas veía que los huesos radiaban luz. ¡Quizá fuera una señal para indicarle que las almas de los difuntos sienten sus oraciones!


*


Durante un período trabajaba en el Monasterio el s.Lázaro Stergíu y nos relata: “Un Sábado hacía un vaciado en una pared para echar cemento, mientras que el p.Paísio limpiaba la Iglesia. Sobre las once algo quería decirme y me hacía señales. Había llegado el mediodía y fuimos a comer, pero no hablaba. Había perdido su voz. “¿Qué te sucede p. Paisio”, le digo. Él estaba tranquilo como si no sucediese nada. Le digo: ”¿Voy abajo a buscar a un médico? No me dejaba. Nos entendíamos por señales. El Sábado siguiente cuando estaba limpiando los candiles le escuché que estaba salmodiando. Había salido fuera con el icono de la Panayía. De la alegría le abracé”.


Aquellos días había subido al Monasterio la señora Penélope Barbuti. Le vio que no hablaba y empezó a llorar. Después cuando recuperó su voz le preguntó: “¿Qué te ha sucedido, padre ?”


El Gérontas le dijo que esto le había vuelto a suceder en el M. Atos, pero tenía la información de que no le volvería a suceder; y nunca volvió a suceder.


*


Comenta Keti Patera: “Había venido el Gérontas al pueblo san Georgios, cuando estaba construyendo mi casa, para ver a mi madre. Un chico de ocho años, que le llamaban Stéfano, cayó desde la planta de arriba al cemento de abajo y se golpeó la cabeza. Se le abrió y la sangre corría como un río. Todos allí, mi abuela, mi madre, gritaban y no sabían qué hacer.


-¿Por qué hacéis así? dice el Gérontas.

Bajó abajo, le bendijo con una Cruz que llevaba; pidió un poco de algodón, se lo puso sobre la herida, y no hizo falta médico, ni tampoco le quedó ninguna marca!”.


*


Una vez en Kónitsa se retrasó haciendo catequesis a los musulmanes. Para no perder las Vísperas, las hizo con la cuerda de oración mientras subía hacia el Monasterio de noche. Los demonios le arrebataron la cuerda de oración de la mano. Se quedó allí arrodillado allí y rezaba. “¡No me voy de aquí si no me traéis la cuerda de oración”, dijo, y ellos presionados por la potencia de la oración, se lo devolvieron!”.


*


Otra vez visitó el Monasterio el alcalde de la ciudad con otras personas oficiales. No intentó halagarlos, para que supuestamente ayudasen al Monasterio. No había aprendido “a admirar” y a halagar personas. Cuando fue a invitarlos no empezó por el alcalde, sino por el s. Georgios, un sencillo y piadoso aldeano, porque él era digno de respeto más que los demás. Aunque apreciaba a los hombres que tenían cargos importantes, aquí honró a la virtud, -“porque el honor del hombre es la virtud”- (San Crisóstomo, Salmo 48, PG55, 232), - y no simplemente la persona que poseía tal puesto sin estar acompañado por la virtud.


*


Nos relata el señor Tomás Tasios de Kónitsa: “Una vez encontré al Gérontas en la estación de autobuses de Ioánina. Viajábamos juntos. En el camino sucedió un accidente cuádruple, tres autobuses con un camión sobre los postes de la corriente eléctrica. Nuestro autobús, como si lo hubiese tomado una fuerza invisible, fue llevado fuera de la carretera cinco metros, sin que le pasase nada. Digo al Gérontas: “padre Paísio, si no estuvieras tú, nos hubiéramos convertido en columna de sal”. Me dice: “¿Has visto a alguno a santiguarse? Cuando entras al autobús haz oración para viajar bien”.


*


La señora Penélope Barbuti contó: “Cuando le dolía la cabeza, se ponía el icono de la Panayía y desaparecía el dolor.

»Amasaba pan eucarístico sin levadura. Hacía sobre él la señal de la Cruz y se levantaba.

»Un día me dijo: “Vienen tres cazadores; cocina judías”. Realmente vinieron y pidieron comer judías. Ellos llevaban carne en sus mochilas, pero las colgaron fuera en el árbol, porque el Gérontas no permitía asar carne en el Monasterio”.


*


En la ciudad Ioanina conoció a una mujer laica con el carisma de clarividencia. Quería comprar el p. Paísio cristal para una lámpara y no le llegaba el dinero. Le faltaban trece dracmas. Mientras pasaba fuera de la casa de la mujer escuchó decir: “Dale al padre trece dracmas para comprar cristales de bombilla”.




7.16 Su marcha de Stomio


Los habitantes de la región tenían devoción al “Monje”, como le llamaban al Gérontas. Le amaban de verdad y le ayudaban, aunque no entendían plenamente el tesoro que escondía en su interior. En su persona veían algo especial.


Habían quedado cautivados por su amor y su bondad. Para ellos era el ángel de la guarda, el consuelo y el apoyo en sus dificultades. Los niños pequeños de entonces, que hoy en día son ya hombres maduros, recuerdan al monje como un esqueleto cruzando por las calles de Kónitsa a paso rápido, caminando concentrado sin que su vista deambulara de derecha a izquierda.


La fama de su virtud había llegado hasta más allá de Kónitsa. Venían personas también para verle de otras partes. Una compañía de jóvenes que estudiaban Teología se unieron a él. Se comunicaban por correspondencia, le visitaban y se quedaban en el Monasterio. Fueron ayudados espiritualmente y casi todos siguieron la vida monástica.


Mientras tanto algunos visitantes no paraban de entristecerlo con sus caprichos mundanos que no querían abandonar. Se intentó hacer oficialmente una carretera y un teleférico hasta el Monasterio. Algunos de ellos se entristecieron porque el Gérontas había detenido los guateques laicos dentro del Monasterio durante el día de la Fiesta y protestaban. Algunos buscaban la expulsión del Gérontas del Monasterio, para así abusar de las tierras monásticas y del bosque. Había también otros motivos.


Una vez a principio de mes abandonó el Monasterio. En vísperas de la Fiesta fue a la Iglesia para hacer el Oficio Litúrgico, y cuando terminó vio que habían hecho un fuego en el patio y estaban bailando. Tomó su sotana y se marchó por la noche hacia el M. Atos entristecido. “Aún no estaban maduros espiritualmente”, dijo el Gérontas. Pero regresó de nuevo después de muchas súplicas.


En el año 1961 regresó de nuevo al M. Atos. Los habitantes de Kónitsa, para convencerlo de que volviese, mandaron una carta al Sagrado Monasterio de Filoteo con firmas. Pedían al Gérontas que tuviera compasión y misericordia de ellos y regresaba de nuevo.


En su carta escribía: “Marchando de Kónitsa, los habitantes se habían revoloteado y puesto en pie. Apenas llegué al S. Monasterio de Filoteo, después de pocos días llegó un escrito del Alcalde con muchas firmas y del Gobernador de la región para que me diesen permiso para regresar al Monasterio de Stomio y que había gran necesidad, etc. Aunque escribieron las razones, sin embargo los de aquí no estaban todos de acuerdo para darme la bendición y regresar. Justo me entero de que llegarán incluso hasta al Patriarca Atenágoras y al ministro de Asuntos Exteriores Averof para suplicar al Gobernador Político de M.Atos, que pertenece al ministerio de asuntos exteriores”.


Después de persistentes súplicas, el Gérontas regresó de nuevo a Stomio, recibiendo el permiso del Sagrado Monasterio de Filoteo a fecha de 7-8-1961.


Su hermano Lucas y el señor Dimitri Korsinoglu, por iniciación propia, viendo las dificultades de que permaneciese en Stomio, construyeron a un extremo de Kónitsa una casita que contenía también una kelí, una capilla y el taller, donde tenían la esperanza de que el Gérontas se quedara. No querían que se marchara y ser privados de su valiosa presencia. Pero el Gérontas veía que para algunos también allí sería “pesado y muy visto” y que no cesarían de crearle problemas para obligarle a marcharse.


Aunque inauguró el Monasterio, expulsó a los heréticos (quizás fue este su mayor donativo) y ayudó a muchos, tenía el pensamiento de que no hacía nada y a menudo se reprochaba a sí mismo: “Yo soy monje, ¿qué hago aquí en el mundo?”. Y decía con pena a la Panayía: “Panayía mía, yo pedía desierto y Tú me has llevado al mundo”.


Parece ser que la respuesta la recibió en su oración. Porque cuando más tarde el sacerdote Kosmás y ahora Higúmeno de Stomio, le preguntó, cómo se había marchado, respondió: “Eh, dije a la Panayía que me mostrarse dónde quiere que me vaya y me dijo al Sinaí ”.


Con motivo de la visita de un diácono que se quedó entonces en el Sinaí, el actual Arzobispo de allí, el Excmo. Sr. Damiano, se comunicó por correspondencia con el entonces Arzobispo Excmo. Sr. Porfirio. Le preguntó si aceptaban en Sinaí quedarse en alguna parte fuera del Monasterio, sin tener ninguna obligación respecto a él. Recibió la respuesta positiva.


Así que cuando vio que había terminado su misión en el desierto del mundo y, una vez habiendo cumplido su promesa hacia la Panayía, definitivamente dejó Stomio el día 30 de Septiembre de 1962 y se marchó hacia la “Montaña caminada por Dios”, el Sinaí. No hizo referencia a las razones de su marcha, porque la gente se levantaría y haría una revolución. Sólo dijo que se iba para seguir una terapia. Cuando se marchó, muchos lloraron porque le tenían como su consuelo.


No sólo restauró el Monasterio de Stomio y escribió su santa historia, sino que escribió también él mismo su propia historia (martirologio) allí en las rocas de Stomio, con las luchas y los acontecimientos sobrenaturales que había vivido. Los habitantes de Kónitsa con devoción mantienen en su memoria al “Monje”, que hoy en día es conocido en todas partes como san Paísio.






Α.8. EREMITA EN EL MONTE “CAMINADO POR DIOS” DEL SINAÍ


8.1 Traslado al Sinaí


El sr. Stavros Baltogianis, pintor y restaurador, habitante de Atenas, menciona: “El otoño de 1962 comencé a ir al Sinaí, después de una invitación del Monasterio, para trabajar en el mantenimiento de sus iconos.


»En El Cairo, en el metoquión * del Monasterio, una mediodía durante la hora de comer, conocí al monje Paísio que trataba de dirigirse hacia el monte Sinaí. Era demasiado delgado, hombre de muy poco comer y por costumbre, estaba callado. Una tos persistente daba testimonio de su problema de salud.



* Un metoquión o métoque (del gr. “μετοχή” [metojí],) es un territorio o institución dependiente de un monasterio ortodoxo.



»Esperando mientras solucionábamos nuestro transporte hacia el Monasterio, permanecimos en El Cairo una semana más o menos. En estos días tuve la oportunidad de comprobar que el p. Paísio evitaba sistemáticamente la comida que nos ofrecían, y cuando comía, lo hacía porque sentía que debería obedecer. Desde entonces y el tiempo que he vivido en el Monasterio, entendí que entre sus virtudes monásticas estaba también la verdadera y concienciada obediencia.


»Cuando se arreglaron las cosas en relación con nuestra partida hacia el Monasterio, cargamos nuestros equipajes en el taxi y empezamos el viaje. Recuerdo que Paísio permaneció callado en su esquina en el coche durante todo nuestro trayecto hasta Suez. Allí, otro compañero de viaje y yo compramos algunas cosas, principalmente comida. En nuestra corta permanencia en Suez, que también nos sirvió como descanso del viaje, hizo falta comer algo. En nuestra invitación a Paísio para que participase, no fuimos correspondidos. Él mismo simplemente se limitó a quitarse la sed mojándose los labios con el mínimo zumo de un pequeño limón egipcio que llevaba consigo y que constituía su único suministro de alimentos.


»Hicimos noche en Farán y por la mañana partimos hacia el Sinaí. Llegamos ya casi pasado el mediodía. Paísio fue conducido rápidamente a su kelí y yo me quedé con el compañero Anastasio Margaritof que me esperaba para colaborar juntos en el programa de mantenimiento de los iconos. Rápidamente supimos que Paísio entrando en su kelí alejó su cama inmediatamente y quitó la bombilla eléctrica que iluminaba el espacio. La austeridad, el carácter ascético, la inocencia del hombre y la absoluta dedicación a Dios no tardaron en aparecen allí. Procuraba silenciosamente participar en sus obligaciones cenobitas y rápidamente se constituyó como miembro muy efectivo del Monasterio.


»Rápidamente también se hicieron conocidas otras capacidades y conocimientos suyos, como su habilidad en la elaboración y las aplicaciones con la madera. Esto último nos dio la idea de pedir al Monasterio que nos ayudase el nuevo monje en los trabajos de carpintero, que por regla general son efectivas para la conservación de los iconos.


»Trabajó especialmente y con éxito en la construcción del segundo iconostasio portátil de madera, en el cual se colocó el icono de Cristo,* que por desgaste por antigüedad estaba separado en dos tablas.



* Se trata del valioso icono de la Dinastía de los Comnenos del Cristo Pantocrátor, que es expuesto en el conocido catálogo de iconos del Siná por G. y M. Sotiríu con nº cuadro 68




Con arte y con originalidad construyó una segunda base de madera con un espacio tallado con las dimensiones iniciales del icono, en el cual las dos partes del icono se colocaron encajadas, dejando entre ellas el correspondiente vacío que calculamos que se había creado allí, y el cual, como a menudo sucede, completaría la vista del peregrino. Así que Paísio se quedó trabajando con nosotros y afrontando con atención y responsabilidad las necesidades de los trabajos de restauración. Todo este espacio de tiempo trabajaba silenciosa y productivamente, desprendiendo paralelamente decencia y santidad. Su abstención de la comida regular del mediodía, su impresionante delgadez y su persistente tos, nos hacían preocuparnos por su salud y a menudo intentábamos desviarlo de su tan severa ascesis. Nunca olvidaré su rostro iluminado cuando, una vez, se vio obligado a responder a mis continuas sugerencias. “Stavros”, me dijo, “deja estas cosas para nosotros los monjes “.


»Nos quedamos en el Monasterio unos cuarenta días y Paísio era siempre el mismo. Ingenioso, inimaginablemente espiritual, pensativo y quizá orando durante las horas de su silenciosa ocupación con el trabajo que entonces debería realizar. El último día y después del momento de nuestra despedida me marché con la seguridad de que dejaba atrás mío a un Santo.

»Cada poco tiempo tenía noticias sobre Paísio, que cada vez se hacía más severo consigo mismo. No mucho más tarde del día de nuestra despedida, tal como esperaba, supe que Paísio se marchó lejos del Monasterio a una cueva del Santo Monte “caminado por Dios” del Sinaí, y vivía allí en ascesis total, bajando sólo algunos días al Monasterio.




8.2 Soluciona la sequía.


Cuando por primera vez se fue a Sinaí había una gran sequía. En condiciones naturales en aquella región llueve poco. Aquel año se notaba especialmente la falta de agua, porque hacía tres años y medio que no llovía. Se preparó una caravana para transportar agua de lejos. El Gérontas les dijo: “Esperad, no vayáis esta noche”. Por la noche el Gérontas hizo oración y llovió mucho. El Gérontas mencionó una vez: “Entonces hice oración, pero a Dios le dieron pena los habitantes del lugar que sufrían mucho y llovió y se llenaron de agua los pozos del Sinaí para dos años más o menos.




8.3 Bienaventurada vida eremita


El Gérontas pidió la bendición para quedarse solo en el desierto. Abandonó la ermita de los santos Galaktion y Epistimi, que está constituido de una capilla y una pequeña celda a continuación. Se encuentra en un bonito lugar elevado, justo enfrente de la santa Cima, y está a distancia de menos de una hora desde el Monasterio.


Doscientos metros más arriba se encuentra la cueva de san Galaktíon y un poco más atrás está la Skete de Santa Epistimi con otras sketes ascéticas. Lugares santos y benditos. A pesar de su aspereza, estas rocas inspiran. Allí en lo alto pues, como un águila, el Gérontas constituyó su nido, o más bien el águila del espíritu hizo su tronera.


Muy cerca, “a tiro de piedra”, había una pequeña fuente de agua en el asceterio. Recogía de dos a tres litros de agua diariamente. Decía el Gérontas: “Me iba con un cubito a recoger el agua para hacer té o mojar un poco la cara, diciendo las Salutaciones o Himnos a la Santísima Madre de Dios con gratitud y mis ojos se inundaban de lágrimas. “Dios mío”, decía, “sólo un poco de agua necesito nada más”. Tan apreciable era este poquísimo agua para él que quería vivir allí en el desierto. Pero este poco de agua el Gérontas lo compartía con los animales salvajes y los pájaros del desierto.

-Gérontas, ¿cómo vivía usted en el Sinaí?, le preguntó uno.

Respondió: “Mi comida era té con pan tostado que lo hacía solo. Hacía hojas finas de masa y las secaba al sol. Se hacían tan duras que rompían cristales. Alguna vez hervía también arroz machacado dentro de una lata de conserva; esta lata era el cacillo, la cazuelita, cerola, el plato y el vaso. Esta lata de conserva y una cucharita más pequeña que una normal eran todas mis pertenencias.


»Incluso tenía una camiseta que se la ponía por la noche para afrontar el frío. Bebía también té negro, para que me ayudase en la vigilia, y ponía también una cuchara más de azúcar que equivalía a una camiseta más. (Es decir, las calorías que le daba el azúcar que ponía de más era como si se pusiera una camiseta más.) Tenía también un recambio de ropa gruesa, porque por la noche hacía mucho frío. No tenía ninguna lámpara, ni linterna, sino sólo un mechero para ver un poco en la oscuridad, cuando caminaba por algún sendero con escalones. También me hacía falta para encender fuego con hierbas, alguna vez para hacer algo caliente. Tenía también piedra para el mechero y una botellita muy pequeña con gasoil para el mechero; nada más.


»Una vez planté también una raíz de tomate, pero después me molestó mi pensamiento y la arranqué, para no provocar a los Beduinos. No me parecía correcto que los pobres Beduinos no tuviesen tomates y yo que era un monje tener, aunque fuera solo una raíz.


»Durante el día decía la oración del corazón o de Jesús y hacía trabajo manual. Esta era mi regla. Por la noche hacía algunas horas prosternaciones, sin contarlas. Oficio litúrgico no leía, lo hacía con la cuerda de oración. Descansaba por la mañana.


Para que no me molestasen los curiosos, con una pintura verde hacía calaveras de muertos (señal de peligro). Una vez un turista alemán quiso subir arriba. Creía que era un campo de minas, pero parece ser que conocía algo de esto y pisaba con cuidado y logró llegar hasta arriba. Yo le observaba desde lo alto. Le dejé acercarse, y después entré en la cueva de san Galaktíon y puse un manojo de espinas en la entrada. Buscó, pero no pudo encontrar a nadie y volvió atrás otra vez.


Simplificó mucho su vida y se dedicó a la ascesis con todas sus fuerzas, sin distracciones. “El desierto deserta los pazos. Cuando lo respetas y te adaptas al desierto, te concede sentir su consuelo”, decía más tarde san Paísio, expresando con pocas palabras su experiencia en el desierto sinaítico.


El Gérontas amaba visitar los lugares donde habían vivido los ascetas. Admiraba las pequeñas cuevas ascéticas. En algunas se salvaguardaba una pequeña cisterna y en otras la roca estaba ennegrecida por el fuego que encendían los ascetas de vez en cuando para cocinar. Le inspiraban y le emocionaban estos antiguos asceterios. Visitó también el asceterio de San Jorge el Arselaíta. Es una Skete muy desierta adecuada para anacoretas. La Gran Cuaresma la pasó en el asceterio de san Esteban, al que se refiere también “la Escalera”, bajo la santa Cima, con gran ayuno, casi bajo inanición. Allí solo tenía la latita para sacar agua del pozo que había más abajo, en el profeta Elías.


Tenía como regla no ponerse zapatos. Se habían roto sus talones y corría sangre. Los zapatos los tenía en la mochila y los ponía sólo cuando bajaba al Monasterio o si encontraba a alguien por el camino. Para quien conoce las condiciones del desierto, sabe que es muy doloroso caminar descalzo sobre las rocas o la arena. Por el día queman tanto, que los Beduinos colocan huevos en la arena y quedan pasados por agua, mientras que por la noche las frías rocas son como si uno pisara encima del hielo.


Al Monasterio bajaba cada Domingo o cada quince días. Ayudaba en el Oficio litúrgico y comulgaba. Tenía una pequeña kelí, muy apartada de la torre, allí donde antiguamente encerraban a los exiliados del Sinaí. Participaba en los “pankiniés” (trabajos en que participan todos los monjes del Monasterio), en labores de carpintería y en la poda de los olivos. A pesar de esto no era una carga para el Monasterio. Los alimentos que repartían a todos los padres no los tomaba. Incluso también una pequeña bendición (cantidad de dinero) a la que tenían derecho los sinaítas, no la cogía.


Algunos de los padres le pedían consejo y se beneficiaban por su experiencia y discernimiento. Tenía también un monje obediente, novicio a prueba, Eutimio Skliris, después Athanasio de Stavronikita de Athos, quien aunque vivía en el Monasterio, le dirigía espiritualmente el mismo p. Paísio.


Pero también el entonces Arzobispo del Sinaí, Porfirios, humilde y bondadoso jerarca, le tenía devoción y tenía en cuenta las cosas que le sugería el Gérontas sobre la restauración del Monasterio de Sinaí. Dijo sobre el Gérontas: “De tantos años que llevo aquí en el Sinaí, no ha pasado otro monje tan virtuoso, ascético y hábil en sus trabajos manuales como el p. Paísio, excepto un policía jubilado quien era humilde, silencioso y virtuoso, pero no tenía la Gracia divina del p. Paísio.




8.4 Sentí la divina Comunión


Al principio, cundo se fue al Sinaí, decidió subir al asceterio y quedarse dos semanas sin bajar al Monasterio. Informó a los padres para que no se preocupasen. Le dice el p. Sofronio:

—¿Gérontas, aguantarás allí arriba?

—Intentaré y rogaré a Dios para que aguante.


Más tarde relató que: “¡Lo que había sufrido allí arriba por la tentación durante quince días, es indecible; no te puedes imaginar! Continuamente me decía que bajase al Monasterio para ver a los hombres y ser consolado. Sólo una cosa te diré: Esos quince días me sentía como si estuviese clavado encima de la Cruz. Después, el segundo Domingo, bajé al Monasterio para participar en la Divina Liturgia. Cuando comulgué sentí la Divina Comunión como carne muy dulce y sentí una fuerza en mi interior. Era el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.


Reforzado por esta señal y viendo desde el Monasterio el asceterio, dijo al diablo: “Si quieres, ven ahora para que combatamos. Ya no te tengo miedo”.




8.5 Trabajo manual y caridades


El trabajo manual del Gérontas era la talla de madera. Dijo el mismo: “Hacía en madera iconos tallados con el profeta Moisés recibiendo los Diez Mandamientos. La madera la cortaba yo solo. Allí en el riachuelo en los santos Anárguiros (Inmercenarios) había una especie de álamo, unos árboles que parecían álamos. De éstos, una vez cortados y secados, sacaba yo solo las placas y hacía los pequeños iconos. Muchas veces también por la noche abría un poco la puerta de mi kelí y bajo la luz de la luna decía la oración del corazón o de Jesús, y lijaba y preparaba las maderas. Como herramientas tenía sólo dos pequeños cuchillos y una tijera marca Singer, que traje de Grecia; lo desmonté en dos, lo lijé y lo pinté con pintura verde para que no reflejase los rayos del sol y se me nublaran los ojos. Al principio para terminar un pequeño icono tardé tres días. Después lo acababa en once horas.

»Los trabajos a mano se los daba al Monasterio y los vendían; volaban en seguida a manos de los peregrinos. El dinero que recibía se lo daba a taxistas conocidos del Cairo. Les decía que compraran ropa, gorros, galletas, alimentos, etc. Después llenaba la mochila con bendiciones y preguntaba dónde había chozas de beduinos. Iba a sus moradas, desde fuera llamaba a los niños y les repartía las bendiciones.


»Una vez un niño, llamado Suleimán, cuando fue a su tienda, en agradecimiento cogió un gallo y quería matarlo para hacerme el banquete. Quería agradecerme por las bendiciones que les había llevado. “Déjalo, Suleimán, para otro día”, le dije. ¿De qué otra manera se lo iba a explicar?


Por su gran amor a las criaturas de Dios, el Gérontas se dejó a un lado a sí mismo, fatigaba para ayudarlos, y no fue a Jerusalén a venerar, que tanto lo deseaba, para que los niños de los beduinos no fuesen privados de sus bendiciones. Y estos niños entendían que su gran amor no tenía un interés propio, y le amaban mucho. Se hacía una verdadera fiesta de alegría cada vez que los visitaba su amado “Abuna Paisi” (En beduino: Padre Paísio).


Pero también cuando los niños de los beduinos iban a su asceterio con los pies rajados, porque caminaban descalzos, los ponía cera en las llagas y les daba unas sandalias a cada uno. A otros los repartía gorritos, para que no les marease el sol, y cualquier otra cosa que tuviese. Pero se juntaban tantos que no le llegaba el dinero que recibía por su trabajo manual.


Entonces se encontró en un dilema: “¿He venido aquí para ayudar a los beduinos o para hacer oración por el mundo?”. Por eso decidió limitar el trabajo manual con la esperanza de que Dios lo solucionase.


Apenas el mismo día le visitó un médico griego que vivía en el extranjero. El Gérontas le habló como si le conociera hace años: “Ven, te esperaba”, le dijo. Se sentó junto a él varias horas hablando con amor, le dio consejos y sobre todo le reveló algunas cosas personales.


Entonces aquel, impresionado por el carisma del Gérontas, le dejó cien liras diciendo: “Toma esto para que puedas ayudar a los Beduinos, y así no salgas de tu programa y dejes la oración”.


“No pude aguantar”, comentó más tarde el Gérontas: “Le dejé fuera y me fui dentro de mi kelí, porque no podía sostener las lágrimas por la rápida respuesta de Dios. Me partió el corazón la providencia de Dios y Su amor.”


Al final le acompañó el Gérontas y le condujo por un corto sendero porque se estaba haciendo de noche.


Incluso con el dinero del trabajo manual ayudaba también a un chico huérfano que estaba estudiando teología en Grecia.




8.6 “En el desierto siendo tentado…”


Un día haciendo estaba haciendo su trabajo manual diciendo la oración del corazón o de Jesús sentado en una roca, mientras que abajo había un precipicio; se presenta el diablo y le dice:

—Salta abajo, Paísio, te prometo que no te pasará nada.


El Gérontas continuó en serenidad la oración y su trabajo manual. No dio importancia alguna al diablo. El tentador continuó incitándole a saltar al precipicio repitiendo la misma promesa. Esto duró más o menos una hora y media.

Al final toma una piedra y la tira al precipicio diciendo al diablo:

—Venga, voy a dar reposo a tu provocación…

El diablo ya que fracasó en tirarle al precipicio, le dice con supuesta admiración:

—Este tipo de respuesta, ni el Cristo me la ha dado. Tú me has respondido mejor.

—El Cristo es Dios. No es como yo, que soy un payaso. “Retrocede Satanás”.

Así con la divina Gracia residente en su interior, evitó la primera tentación de saltar al precipicio y hacerse pedazos en las rocas; además de que evitó también caer al precipicio más profundo del orgullo espiritual al aceptar el elogio del diablo, considerándose a sí mismo superior a Cristo.


*


En su asceterio tenía un despertador antiguo, que debía moverlo para que funcionase. Una vez, mientras lo estaba moviendo arriba-abajo para que funcionase, el malvado le infunde un pensamiento: “Si estuvieses casado, así moverías hoy en día a algún niño.” Este tipo de cosas ni como laico había pensado alguna vez. Reaccionó como un rayo, tal como llevaba el despertador lo tira con toda su fuerza frente a la roca, a una distancia de tres metros. Mientras que el despertador debería hacerse pedazos, cuando llegó a distancia de diez centímetros de la roca, paró bruscamente, bajando poco a poco, se quedó en pie y comenzó a funcionar adecuadamente, sin pasarle absolutamente nada. Lo escuchaba: “¡Tik-tak, tik-tak!”. “Maldito diablo” dijo, viendo la energía demoníaca. Después cogió una piedra y lo rompió.


El punto más importante de este acontecimiento es la reacción inmediata del eremita. No se retrasó nada por el asalto de la seducción, no conversó con él, no intentó responder, sino que reaccionó como un rayo.


***


Dijo también lo siguiente: “Una noche bajaba por un sendero con escalones. Allí donde intentaba encender el mechero estropeado, para ver por dónde pisaba, de repente se presenta delante de mí una mano sujetando una luz que iluminaba el sendero y toda la zona. Inmediatamente cerré mis ojos, giré la cabeza hacia atrás y dije al diablo: “Que me falten tus luces”, (ya que se dio cuenta de que era él quien le presentó las falsas luces).




8.7 Compañía del ermitaño


Relató el Gérontas: “Cuando estaba en el Sinaí tenía dos perdices. En aquel período pasaba algunas aflicciones y venían los pájaros para hacerme compañía y consolarme. A donde iba, en cuanto me oían venían junto a mí. Cuando tallaba iconos se subían en mis hombros. Una vez estuve enfermo durante una semana. Cuando me recuperé, me fui a la cima de la montaña, donde acostumbraba a ir, y llamé a los pájaros para darles de comer. No se presentaron. Dejé la comida y me marché. El día siguiente que volví, los pájaros salieron a mi encuentro por el camino, volando a mi alrededor. En cuanto me vieron, comieron.


Los animales salvajes son muy serviciales y afectuosos. Encontré más afecto y amor propio en los animales salvajes que en muchos seres humanos. Es mejor tener amistad con ellos en vez de con gente laica. Si quieres tener un verdadero amigo, después de Dios, ten como amigos a los santos. Y si no, a los animales salvajes”.


*


También dijo: “Una vez hice arroz hervido y el día siguiente limpié la lata en la que lo había hervido y los restos se los eché a los ratones. Desde entonces, cada vez que esculpía iconos y saltaban los trocitos de madera, éstos oían el ruido y viendo los trocitos de madera, creían que eran granos de arroz y se juntaban allí. Incluso hasta los animales salvajes se calman cerca de nosotros cuando tenemos vida correcta”.




8.8 Desapasionamiento de los Antepasados de Nuestro Señor


El Gérontas en el Sinaí había vivido, en Espíritu Santo, un acontecimiento sobrenatural: la prudente y santa relación de los santos Antepasados de Nuestro Señor, de la que fue concebida y nacida la Theotokos o Madre de Dios. De este acontecimiento fue informado de que: “Los santos Joaquín y Ana eran totalmente espirituales, sin ninguna pretensión carnal. Era el matrimonio con más desapasionamiento que jamás ha habido. Primero oraron a Dios con lágrimas cada uno por separado para que les regalase un hijo y después entraron en contacto por obediencia a Dios, no por deseo carnal. Como la concepción se hizo sin placer, la Panayía era Purísima. Por supuesto que no estaban libres del pecado ancestral, tal como engañadamente creen los papistas, porque fue concebida de forma natural, (es decir, no sin semilla), sino totalmente sin pasión, tal y como Dios quería que naciesen los hombres.


Una vez reiteraba estas verdades de nuevo en una de sus conversaciones. Viendo ciertas reservas en su interlocutor, se levantó y con expresión potente, dijo: “¡Este acontecimiento lo he vivido!” Quería hacer ver claramente que estas cosas que decía no eran simplemente pensamientos piadosos suyos, sino divina revelación.




8.9 En los “Cuarenta Santos”


Era período de Pentecostés y se fue con otros padres para hacer Liturgia en los “Cuarenta Santos”.* Se llevaron consigo también bastantes huevos rojos. Después de la Divina Liturgia vinieron los beduinos y les repartieron los huevos. Los huevos eran cuarenta, y vinieron exactamente cuarenta beduinos allí a los Cuarenta Santos.



* Metoquión dentro del área del Monasterio Originalmente estaba dedicado a los santos cuarenta abades que fueron asesinados por los sarracenos en el Sinaí alrededor del año 373 d.C. Con el tiempo, esta tradición parece haber decaído y finalmente el Metoquión vino a celebrar la fiesta de los santos cuarenta mártires del Lago de la Reverencia (9 de marzo).





8.10 La dormición de su madre


Un día tenía un sentía una especial solicitud, un inexplicable consuelo y gran amor hacia la Panayía. Se preguntaba qué era esto que le sucedía y por qué le sucedía. Apuntó la fecha, 6 de Octubre de 1963 y más tarde supo que en este día había dormido su madre que la amaba mucho, pero por amor a Cristo y a la Panayía la abandonó. Era como si la Panayía le dijera: “No te apenes, yo soy tu Madre”. Ella de una forma le adoptó desde el momento en que se hizo monje. De hecho, fue digno de ver a la Panayía repetidas veces, de hablar con ella y de recibir alimento de Sus inmaculadas manos.




8.11 El nombre de Kazantzakis


Una vez subió con dos padres sinaítas a la cima de santa Ekaterina (Catalina) para celebrar la Divina Liturgia. Cuando terminaron, comenzaron a bajar los demás. El Gérontas llevando consigo el cincel, fue a la roca donde había escrito su nombre Kazantzakis y borró el nombre de este declarado ateo. Consideraba incongruente que en aquel lugar santo los peregrinos vieran el nombre de un blasfemo; que esté “la abominación del ateísmo en lugar santo” (Mt 24,15).


Uno de los padres, que era de Creta, mientras bajaba, oyó al p. Paísio golpeando con el cincel, y creyendo que estaba arreglando el sendero de piedra, le voceó:

—Venga p. Paísio, deja ahora el sendero. Nos marchamos.

Y el Gérontas le respondió sonriendo:

—Lo que pueda, Gérontas…

El p. Paísio detestaba a Kazantzakis, a causa de su ateísmo y sus blasfemias y no quería ni ver ni oír acerca de su nombre.




8.12 Es consolado porque no había comulgado


Un Domingo por la mañana vio que subían a la Santa Cima peregrinos. Entendió que habría Divina Liturgia y siguió él también. Pidió la bendición para comulgar, ya que se había confesado al sacerdote, de que había interrumpido el ayuno el día anterior; había puesto una cucharita de aceite en la comida, porque era Sábado y no sabía que allí se iba a celebrar la Divina Liturgia, mientras que toda la semana se había alimentado con vegetales crudos. Aquel no se lo permitió. El Gérontas obedeció humildemente y no comulgó. Pero sintió tal consuelo y Gracia divina, que sintió como si hubiese comulgado.




8.13 Guerra invisible e inexpresables situaciones.


El Gérontas hace referencia en una de sus cartas, con fecha 1-3-64: “Muchas veces me perturba el demonio, a pesar de que he machacado mi carne. Doy gracias a la Panayía de que no me ha rechazado, sino que siempre me ayuda. El bendito Dios permite las tentaciones para que luchemos y con la lucha recibir nuestra corona inmarchitable de la victoria. Hace unos días me había perturbado mucho en el Hesicasterio, más menos toda la semana, mientras me estaba preparando para comulgar en la Santa Cima donde se celebraría la Divina Liturgia. Doy gracias al bondadoso Dios que me protegió, porque la guerra era tan fuerte… Después de este combate el buen Dios me hizo digno de comulgar en la Santa Cima, porque me había protegido. Sentí tal tipo de alegría todo aquel día que no puedo describirla. Estaba hecho pedazos por el gran amor de Dios y sentía Su presencia cerca de mí. Por eso el enemigo diablo me combatía tan intensamente, para poder privarme de este deleite espiritual que me ha saciado durante mucho tiempo…”


El asceta sinaíta hacía ya una vida inmaterial. “Estaba solo consigo mismo hablando con Dios… junto con las oraciones incesantes y por su cercanía a Dios”*



* Vida de san Sabas el Santificado. Padres Griegos de la Iglesia. FIlokalia, tom.5, pág. 226 (cap. 16)




Estaba cautivado por el divino amor (“eros”). Su oración era incesante, como su respiración, y no se interrumpía ni durante el sueño. “Se amamantaba de la Gracia divina”. Vivía intensamente la presencia de Dios, ya que los grandes acontecimientos sucedieron allí, durante la época de Moisés. Una vez describía su cueva: “Toda la montaña, la roca, se había hecho blanda como la masa de pan, «todo el monte Sinaí humeaba, porque Dios había descendido sobre él en forma de fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retumbaba con violencia» (Exo. 19,18). Por eso en la cueva quedó grabada la marca de la espalda de Moisés”.


Además, tal como se ha dicho antes, el Gérontas comentando el acontecimiento que había vivido en el Monasterio de Esfigmeno, dijo: “En el Sinaí he vivido otras situaciones mayores, de otra manera”.


Pero qué exactamente vivió allí en la montaña “de la visión de Dios”, no quiso describirlo. Se bastó sólo con esta alusión. Pero por supuesto que era algo semejante pero de mayor intensidad que el anterior acontecimiento más antiguo, por esto comparó los dos entre sí. Muy posiblemente no hubiese sido un avistamiento, sino un milagro. Eran situaciones y estados de Gracia divina vividos continuamente, durante las cuales recibió añadido de Gracia, con el resultado de ser alterado todo su estado a una situación más espiritual. “Siento que va amaneciendo dulcemente algo distinto en mi interior”, escribía.


Con todo esto que vivió el Gérontas y todas las cosas que nos son desconocidas, la divina Gracia le preparaba místicamente para su obra posterior.




8.14 Abandona la dulceza del desierto


Mientras vivía y se alegraba porque por fin había encontrado lo que buscaba desde hace años, su salud empeoraba. Sufría dolores de cabeza debidos a la falta de oxígeno, por causa de la altura. Pero Dios le alimentaba con el maná celeste, le consolaba con Su Gracia. Al principio no daba importancia a estos síntomas, pero después se vio obligado a hacerlo debido a las circunstancias. Menciona al respecto en una carta suya (1-3-1964): “De todas formas veo que Dios me está bajando cada vez más abajo. Ahora me encuentro en el Monasterio desde hace una semana, porque me ha entrado asma, y como el Hesicasterio estaba a 2000 metros de altura, sufrí mucho, a pesar de que me esforcé, era imposible quedarse allí, porque se me detenía la respiración. Aquí en el Monasterio estamos a unos 400 metros como mucho. En el caso de que aquí también siga sufriendo iré a Grecia… De todas formas lo dejo todo en manos de Dios y Él que por naturaleza es bondadoso, haga lo que es beneficioso para mi alma. De momento no tengo nada seguro”.


Finalmente, cuando vio que su estado de salud empeoraba, tomó la decisión de abandonar la dulceza del desierto del Sinaí con pena, porque deseaba quedarse para siempre allí, “para venerar y alabar a Dios en esta montaña”. Amó el Sinaí, porque allí vivió la verdadera vida eremita. Hasta el final de su vida lo estuvo añorando e interesándose por su hermandad y por su resplandor espiritual.


Retornando a la Sagrado M. Atos, se encontró en Atenas en una Iglesia con el profesor de la Escuela Teológica Panagiotis Bratsiotis. Éste se entusiasmó por el asceta, que aunque estaba enfermo, se mantenía de pie durante toda la celebración del Oficio litúrgico. Se acercó y le dijo: “¿Ni siquiera ahora te vas a sentar un poco?”.


Según el Salmo, “vio la ilegalidad, la discordia y el altercado” (Sal 54,10) de la ciudad de Atenas. El diablo intentó tentarlo, pero no tan descaradamente como en el Sinaí, sino con uno de sus instrumentos. Mientras buscaba encontrar la dirección de una persona conocida, preguntó a uno que le condujo a una casa, la abrió y lo metió allí. ¡Era una casa de prostitutas!. El Gérontas al principio se extrañó. Después imploró ayuda a Dios, dio una patada a la puerta y se marchó, “escápate como la gacela de manos del cazador,y como el ave de manos del que tiende trampas”, (Prov. 6,5).








A 9 EN LA SKETE DE IVIRON


9.1 ¿Hesiquia o compañía?


El Gérontas regresando al Sagrado M. Atos se dirigió al santificado desierto de Kapsala, un lugar hesicasta, silencioso y ascético cerca de Kariés (capital). Pero como allí no encontró un lugar de reposo, por hacer obediencia a un Gérontas se fue a la Skete del Monasterio Iviron, donde encontró la Kalivi de los Arcángeles (el certificado lleva la fecha 12-5-1964). Él mismo en una epístola 24-7-64 se refiere en relación: “Por la Gracia de Dios he tomado una Kalivi en la desértica Skete de Iviron. Tiene todas las condiciones para una vida hesicasta. De las quince Kalivia están habitadas sólo siete. Sábado y Domingo hacemos en el Kiriakón (templo principal) sólo Liturgias, en cambio los Oficios litúrgicos se hacen en nuestras Kalivia. Mi Kalivi tiene la Capilla de los santos Arcángeles. Es una pequeña región con algunos olivos, un pequeño huerto con agua, etc… La casa naturalmente es antigua y estoy haciendo algunos arreglos. Veo que las cosas caminan hacia la dirección de la pequeña hermandad. Es verdad que esto me entristece mucho, porque he vivido solo y me veo a mí mismo que solo podría avanzar mejor. He rogado al Señor no poco, pero veo que esta es Su voluntad. Fui a mi p. espiritual el padre-Tikón, eremita Ruso y me dijo que debo aceptar a los que quieren quedarse conmigo. Lo máximo que puedes que hacer, me dijo, es una pequeña kalivi al lado para que tengas también un poco de hesiquia.

»Comencé arreglando la Kalivi, porque quizá después de poco tiempo vendrían mis amigos, y debería atenderlos, en la medida en que pudiese. Me falta de todo. La casa debo arreglarla, pero las cosas tengo que comprarlas, etc. hasta que comience algún trabajito manual. He trabajado duramente durante tres meses. Gloria y gracias a Dios, he arreglado bastantes cosas. Todo esto debe acabar en un año, para que comience la obra principal, la oración y el estudio, después como obra secundaria un pequeño trabajo manual. Así reinará cierta despreocupación, la cual absorberá a los hermanos hacia arriba. El aceite es asegurado por los olivos que tiene y también para la Iglesia. Del huerto recogeremos toda la verdura, hortalizas, como también patatas y judías para el invierno, etc… También hay algunos otros árboles frutales y otros. También hay bastantes sarmientos. Cuando los hermanos hacen un trabajito manual, es para beneficio y disfrute y no para que sean absorbidos por el trabajo, entonces pueden encontrarse a sí mismos y después a Dios. El buen Dios que ayuda a los buenos y a los malos, como buen padre ayudará, esto lo creo. Mucho más si es Su voluntad el hacer algo para Su Gloria.

»Más tarde tengo pensado hacer pequeñas kalivia cada cien metros para los hermanos, para que estemos todos juntos y todos separados, porque he vivido todo tipo de vidas (todo tipo de vida monástica) y he visto que en la hesiquia se crea la sedimentación necesaria”.




9.2 Aspectos de la vida en skete


Entre los pocos padres de la Skete se distinguía el p. Pacomio, de la compañía del padre-Nilos. Cogía las serpientes y los escorpiones con la mano. El Gérontas nos narraba muchas cosas sobre la sencillez, la virtud y la perfecta obediencia a su Gérontas. Por todas estas cosas Pacomio era muy querido por el Gérontas y siempre le mandaba bendiciones.

Algunos fueron a hacer vida monástica cerca del Gérontas, entre ellos también los hieromonjes Basilio y Gregorio, quienes más tarde restauraron el Sagrado Monasterio de Stavronikita, y el p. Basilio se hizo Higúmeno. Por un tiempo dispuso su Kalivi para ellos, hasta que fuese arreglada la suya, y el mismo Gérontas se quedaba un poco más allá en una kalivi muy pequeña que había hecho con tablas de madera de castaño.

Cada noche hacía incontables prosternaciones y mucha cuerda de oración. Su obra principal era la oración. Intentaba no ser interrumpida su comunión espiritual con Dios, que fuese incesante.

A pesar de su perturbada salud, se esforzaba a sí mismo ayunando hasta agotarse. Y allí donde “se acababan las baterías” y llegaba al “Amén”, de forma totalmente paradójica recuperaba las fuerzas y continuaba las luchas.

Cuando bajaba al Arsaná (pequeño puerto), caminaba descalzo, igual que en el Sinaí. Tenía los zapatos en su mochila y se los ponía cuando de lejos veía alguna persona.

Como tallista de madera tallaba con belleza las cruces y los cacillos para agua bendita. Con los trabajos manuales se mantenía él mismo y ayudaba donde había necesidad.

En la Skete ayudaba con buena gana a los padres y donde le pedían ayuda corría con alegría para dar reposo a cada uno.

Se hizo cargo también de la administración (puesto llamado Díkeos) de la Skete. Ya que realizaba las labores del Kiriakón (templo principal), para no perder la hesiquia, dejaba una nota para los visitantes, diciendo que cuando viniesen tocasen la campanita. Oía la campañita desde su pequeña Kalivi donde estaba en hesiquia, bajaba, atendía a los visitantes y les ofrecía reposo y alivio corporal y espiritual.

En este periodo tuvo lugar también el encuentro con un admirable peregrino, trabajador del puerto del Pireo, que con su oración había resucitado a su suegro blasfemo para que se arrepintiese.


Relató también el siguiente acontecimiento el Gérontas: “Una vez vino a la Skete un sacerdote. Cuando le vi “no recibí información” interior. Con la conversación entendí que era romano-católico. Entonces le dije severamente: “Que te pongas la capucha, (es decir, el gorro especial que se ponen los monjes latinos) y así tienes que visitar a los Monasterios”.

»Él era cura romano-católico, llamado Bonifacio, y como supe más tarde, y adonde iba se vestía como los monjes que visitaba para engañar. Con los clérigos Ortodoxos Griegos vestía como clérigo Griego Ortodoxo, con los clérigos Rusos como Ruso, etc…”

El Gérontas aunque vio que tenía pelo largo, barba y sotana no fue engañado por estas cosas. La divina Gracia daba testimonio que en su interior el aparecido cura no tenía sacerdocio ni santidad. “Y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Jn.2,25).




9.3 Ayuda al alma de un difunto


Relató el Gérontas: “En cuanto fui a la Skete, lo supo el viejo Atanasio, vigilante del bosque del Monasterio de Filoteo, y vino a verme. Era conocido mío y me traía unas bendiciones, porque entonces al principio yo no tenía nada.

»Se lo agradecí y le dije que escribiera los nombres de sus parientes difuntos, para hacer memoria de ellos. Él influenciado por un testigo de Jehová, decía: “una vez muerto el hombre, no queda nada; todo después de la muerte se pierde”.

»No pasó mucho tiempo, y el mismo murió. Cuando lo supe, me fui hasta Filoteo y visité su tumba. Hacía cada día oración para que Dios le dé descanso y alivio a su alma.

»Después de veinte días, (de la muerte del viejo* Atanasio), me enteré que me estaba buscando una persona de Filoteo.



* Ver LEXICO nota ¹, al final: “μπαρμπα”




Viene alterado, era también administrador en su Monasterio. “Padre”, me dice, “vino el viejo Atanasio el muerto quejándose de que me había olvidado de él y que no hacía nada por él, y me dijo que sólo tú le ayudas con tu oración. Y realmente no lo menciono en mi oración. Me ocupé de la administración y arreglo el despacho, tengo mucho trabajo, y qué voy hacer ahora, he dejado también mi canon”.

-Eh, ahora haz un poco más.

Este acontecimiento reforzó al Gérontas y continuó rezando más por las almas de todos los difuntos.




9.4 Defensa por san Juan Precursor


Dijo el Gérontas: “Veía el barranco y sentía un anhelo, un eros divino. Saltaba mi corazón para quedarme allí para más hesiquia y oración. Me fui a un responsable del Monasterio Iviron para recibir su bendición y hacer allí una Kalivi. Aquel se puso a vocear. ¿!Qué os creéis vosotros los supuestos ascetas,…!?”. Pero por la noche se le presenta al responsable san Juan el Precursor, que es el protector de la Skete Iviron y comenzó a golpearle, porque había mostrado desprecio al Gérontas Paísio. Asustado se levantó y se fue a la Iglesia. Pedía persistentemente a los padres interrumpir el Oficio litúrgico, hacer una reunión y decirles lo que le había sucedido, porque no estaba en paz. Le dijeron: “no se puede interrumpir el Oficio litúrgico, ten paciencia y espera hasta que terminemos”. Luego se reunieron todos y les explicó lo que le sucedió. Después este responsable no sólo le dio la bendición para construir su Kalivi, sino que le mandó materiales con los mulos. Allí había tanta humedad que goteaba agua por los clavos. Por eso los otros padres habían abandonado este lugar. Estaba sentado y escupía sangre. Aquello fue la causa de dejar dos costillas en el hospital. Me había cansado de transportar materiales y construir la Kalivi,* ¡Pero me sentía con mucha alegría! Sí, era alegría espiritual, pero no una alegría totalmente espiritual. La alegría celestial es otra cosa. Es energía de la Gracia divina.



* Es salvada hasta el día de hoy al lado del antiguo Kiriakón y a unos metros de la fuente de agua bendita o “agiasma” del fundador de la Skete, el osiomártir Jacobo.




9.5 Apedreamiento diabólico


Pasó por la Skete un pobre con el permiso por la Sagrada Comunidad para pedir ayuda económica de los Monasterios, las Sketes y las Kelliá. El Gérontas dio todo el dinero al pobre, una cantidad importante para aquel tiempo. Ni siquiera los Monasterios daban tanto dinero. El diablo no soportaba ver al monje “material como inmaterial” y enfurecido por su perfecta pobreza, ¡tiró una piedra grande que se incrustó en el techo, por encima de la cabeza del Gérontas!




9.6 Comida por un Ángel


Nos narró el Gérontas: “Era una temporada ayuno por la Dormición de la Panayía, 15 de Agosto, llevaba días que no probaba comida. Mientras tanto me dijeron que bajase a la playa un monje enfermo. Le llevé a la playa y después sentí una tremenda debilidad. Cuando me acercaba a mi Kelí, se presentó alguien delante de mí (era un Ángel) y me dio una pequeña cesta con frutos, uvas e higos, e inmediatamente desapareció.




9.7 Monje de gran Hábito


El p. Paísio había conocido al Gérontas Tikón cuando estaba en el Monasterio Esfigmenu. Ahora era su Gérontas. Iba regularmente a su Kelí para verlo y pedir consejos. A menudo le preguntaba el Gérontas Tikón: “¿Cuándo tomarás el Gran Hábito?

—Cuando sea bendecido, Gérontas, no me preocupa eso.

El p. Paísio, aunque era monje desde hace ya bastantes años, todavía no había sido ordenado monje de Gran Hábito. Le interesaba principalmente vivir como monje. No simplemente tomar típicamente el Gran Hábito, sino también la Gracia del Hábito. Daba más importancia vestirse interiormente el hábito, es decir, hacer monje al hombre interior. Por eso decía: “A mí no me preocupaba para nada cuándo me haré del Gran Hábito. Incluso si no me hubieran hecho monje no me preocuparía. Me interesaba vivir como monje. Si el alma no se cultiva, no tiene armas interiores, a pesar de que el Hábito es un arma, no ayuda. Porque la mínima desobediencia trae más responsabilidad después con el Hábito. Hace falta gran exactitud. Debemos luchar por cumplir las promesas. Es bueno luchar por cumplir las promesas también antes del Hábito”. No aspiró por sí solo a recibir el Gran Hábito, porque por humildad se consideraba a sí mismo como indigno, y también porque quería ser consecuente con todas sus promesas.

Pero ahora, después de las incitaciones de su Gérontas, aceptó ser tonsurado y recibió el Angélico y Gran Hábito de las honoríficas manos del padre-Tikon ¹³ el 11 de Enero 1966, en el Choza del Monasterio de Stavronikita de la “Santa Cruz”.




9.8 Operación en los pulmones


El Gérontas desde monje joven tenía molestias en sus pulmones. Ya desde que estaba en el Monasterio de Esfigmeno escupía sangre y tenía hemorragia interior y por eso fue curado en el Hospital del Monasterio. A continuación durante toda su vida sería molestado por esta patología.

Desde el Monasterio de Filoteo fue obligado a salir al mundo para terapia. Esta patología de sus pulmones, que era debida a la falta de oxígeno, fue la causa de abandonar el M. Sinaí. Él mismo no sabía qué padecía exactamente. Un médico le diagnosticó equivocadamente tuberculosis, haciendo obediencia se puso vanamente centenares de inyecciones de estreptomicina. Sus músculos se habían endurecido a tal grado que una vez la aguja se torció, pero el Gérontas quedó inmovilizado y como insensible al dolor.

El piadoso profesor médico Georgios Daikos fue el primero que hizo una diagnosis correcta de que se trataba de bronquiectasia. “Dios bendiga y perdone al señor Daikos”, decía el Gérontas.

Pero su enfermedad continuamente empeoraba. Por eso fue obligado a salir para hacer exámenes médicos, los cuales indicaron que debería operarse con seguridad. La operación se hizo en el Centro de Enfermedades de la Región Norte de Grecia. Le quitaron el pulmón izquierdo casi entero y también le quitaron dos costillas. El Gérontas, desde de la Clínica Quirúrgica del Hospital, describe en una carta con fecha 10-12-1966 la operación quirúrgica de la siguiente manera: “Era una operación muy seria. Me quitaron un lóbulo de la izquierda, y también un poco de otro. El lóbulo estaba lleno de bolsitas (bronquiectasias). La operación duró 10 horas más o menos. La sangre durante la operación no se detenía y esto dificultaba mucho. Hicieron falta cuatro litros de sangre… Los tubos me los quitaron después de nueve días y sufrí una infección grande y así me llevaron otra vez al quirófano por dos horas y me los volvieron a poner y llevé los tubos encima mío más de veinte días. Me quedó también una discapacidad en los ojos. El ojo derecho ve muy bien, en cambio el otro en el que se hizo la operación está más cerrado y su visión es más baja. Esto no me preocupa, porque otros han nacido totalmente ciegos.

»Es verdad que sufro mucho, pero vale la pena para uno pagar incluso sin tener patología y pasar así un tipo de pequeño martirio, porque me he beneficiado mucho.

»Leía el Padecimientos del Señor en la Santa Escritura como una simple historia, como también los Martilogios de los santos. Ahora los estaré sintiendo, porque he sentido unos pocos dolores. Llevo veinticinco días en los que no he descansado”.

Según el certificado de salida: “Fue hospitalizado en el Centro de Enfermedades Torácicas del Norte de Grecia, Entró 4-8-1966, padeciendo de bronquiectasia del lóbulo inferior izquierdo. Siendo operado, salió en terapia”. Durante la terapia allí en el Hospital del pueblo Asvestojori hizo obediencia a los médicos y comió carne.

Entonces murió también su padre carnal el 10 de Agosto 1966. Apenas fue avisado, tomo el Gran Libro de las Horas “Horologio” y leyó el “Amomos”, el Salmo 118 (119, “Bienaventurados los perfectos de camino”). Cuando terminó, le dijo un enfermo que acaba de recibir la noticia de que se había muerto un pariente suyo. Y el Gérontas volvió a leer el mismo Salmo.

Regresando del Hospital a la Skete, continuó su diligente lucha. La vida ascética en la Skete con las cosas en común y sus distracciones, encendieron el deseo del Gérontas para mayor hesiquia, porque había crecido el número de monjes allí. Pero principalmente como estaba operado, debería necesariamente cambiar de clima y quedarse en un lugar seco. Su Gérontas p. Tikón, le aconsejaba que fuera a Katunakia- “Debería hacer obediencia al Gérontas”, dijo. En 11-7-1967 recibió el certificado de salida y se marchó para Katunakia (parte sur del M. Atos).




A 10 EN LA DESÉRTICA KATUNAKIA


10.1 En la kalivi de Ipatio


Gracias, pues, a su amada hesiquia y a causa de su salud delicada el p. Paísio se dirige a Katunakia y se instala en la Kalivi de Ipato, en el sitio llamado “los Blájikos”, más alto de donde estaban “los Danieles”.


Escribía en una carta suya con fecha 18-9-1967: “…Gloria a Dios, estoy muy bien. No me molesta la disnea, porque puedo abrir la ventana día y noche, debido a que no hay humedad. No tengo ni vecino”.


Era una pequeña y pobre Kalivi, sin Iglesia, con una fuente pequeñita y dos tres pretiles en su región. A unos pocos metros más allá había también otra pequeña Kalivi con chapa. Tenía una bendición especial, porque en ella vivió el geron-Efrén Talas (Padres Del M. Atos p. 89-90). Allí iba muy a menudo el Gérontas, rezaba y sentía la Gracia divina del lugar. Cien metros más a lo alto había una cueva, antiguamente escondite de ladrones, en el cual había vivido el geron-Efrén.


La vida en Katunakia era tranquila, sin distracciones y muy pobre. Hacia como trabajo manual la representación de la Crucifixión con la Panayía y san Juan el Teólogo en un icono de escultura de madera de ciprés. Algunos los vendía para mantenerse, pero la mayoría los repartía como “bendición”. También hacía pequeños iconos estampados, estos también los daba como “bendición”.


Entonces hizo también la exhumación de las Reliquias de su antecesor de esta Kalivi, el geron-Ipatos el Rumano.


El Gérontas ayudaba en la fiesta de “los Danieles”. Entre los servidores estaba también un monje de Kafsokalivia, a quien le causó gran impresión un monje desconocido por él (el p. Paísio), que con una gran agilidad servía en la fiesta, la misma labor que podrían hacer dos o tres personas juntas, silencioso y orando, sin descansar ningún momento.


Una vez tomó el pequeño barco de la línea marítima regular para ir de Dafne a Katunakia. Se acercó a un monje a quien le veía por primera vez, se prosternó delante de éste con humildad y le llamó por su nombre. Era el geron-Gabriel el famoso gran asceta de Karulia. Y aquel se alegró por haber conocido al p. Paísio, porque había oído sobre un asceta que vive en los lugares de Blájica. Con verdadero amor y familiaridad se sentaron a un lado y conversaron espiritualmente. Más tarde diría el p. Paísio: “El geron-Gabriel era realmente un asceta, pero el Gérontas Pedro (“Petrakis” o Pedrito) tenía algo especial. Tenía una dulzura espiritual”. En Katunakia conoció también otros padres en estados espirituales elevados.


La anhelada hesiquia del Gérontas la interrumpían los visitantes, como el mismo decía: “Estaba operado cuando retorné a Katunakia y empezó a visitarme la gente. Les atendía tanto tiempo como necesitasen y después los despedía bendiciéndoles y deseándoles que les fuese bien. Ellos se iban y poco después volvían otra vez. “Aquí nos quedaremos esta noche”, me decían. Y yo ahora, que si cocinarles, que si darles cama…. ¡De dónde iba a sacar fuerzas para atenderlos… cuánto sufrí en aquella época! Tenía dolores fuertes y los medicamentos no me hacían nada. Pero decía: “Gloria a Dios que me regaló a mí también el comprender un poco lo que sintieron y sufrieron los santos mártires”.




10.2 Camisetas para el asceta



El Gérontas llevaba a padres enfermos y ancianos de avanzada edad “bendiciones” (regalos), ropa y alimentos. Un Gérontas de avanzada edad tenía una nota en la puerta de su kelí: “No me molesten. Soy viejo y estoy enfermo”. No quería recibir nada de nadie. El p. Paísio consiguió que aceptase las cosas que le llevaba, diciendo:

—Quédate con estas cosas, porque estás enfermo y muy mayor.

Un día visitó al geron-Sabas de Katunakia y le dio unas “bendiciones” (regalos). Al marcharse, le preguntó si tenía necesidad de algo. Le respondió que necesitaba camisetas de franela. En el camino, regresando para su Kalivi, encuentra a un visitante que venía a verle, y llevaba un paquete para él. El Gérontas lo abrió y quedó admirado por la providencia de Dios. El paquete llevaba camisetas de franela. Regresó inmediatamente y dio las camisetas al Gérontas Sabas.




10.3 El endemoniado


Relató el Gérontas: “Subía a la Kalivi cargado con mucho peso. Me encontré con un laico de la ciudad de Tríkala y se ofreció para ayudarme. Pero el pobrecito estaba endemoniado y se cayó al suelo. Le santigüé con la Cruz del cordón de oración. Me cogió de la mano derecha y por poco me la rompe. Entonces tomé la cuerda de oración con la mano izquierda e hice sobre él la señal de la Cruz, diciendo: “En el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, sal de este hombre, espíritu impuro”. Inmediatamente se serenó y me pidió perdón. Y añadió el Gérontas con admiración: “!Pero qué gran fuerza tiene la cuerda de oración!...”




10.4 Desató el nudo gordiano.


Testimonio de un sacerdote anónimo: “En el año 1968 visité al Gérontas como estudiante de teología. Mi gran problema, el cual me ahogaba literalmente, era que había decidido hacer vida sin matrimonio después de una manifestación unilateral y una mala conducción espiritual. Abrí con confianza mi corazón al Gérontas. Me escuchó con atención y al final me dijo: “Escucha, hijo mío; el carpintero con maderas especiales hace los muebles de lujo. Lo mismo el herrero con hierros también hace los muebles metálicos de lujo. Tú, hijo mío, debes examinarte muy bien a ti mismo, de qué material estás hecho. Supongamos que tú eres de madera, en ningún caso puedes ir al herrero, porque con el oxígeno que utiliza te quemará. Si estás hecho de hierro, entonces sólo debes ir al herrero”.

»Estaba tan liado y desde aquel momento me sentí aliviado porque el Gérontas con ejemplo sencillo y sabio me disolvió el nudo gordiano (resolvió tajantemente y sin contemplaciones el problema) que me tenía atado años. Me marché lleno de alegría, con la convicción de que hay camino abierto en el horizonte también para mí. Comprobé que podía estar sin culpabilidades sobre la supuesta traición del ideal de la vida sin matrimonio al seguir esto que me manifestó Dios por la boca del Gérontas Paísio. La intervención del Gérontas había sido determinante para mi vida posterior.




10.5 Su pobreza


Un día, mientras el Gérontas estaba sentado en el patio de su pobre Kalivi, percibió que alguien había en el bosque y le vigilaba. Daba la impresión de un hombre que buscaba ocasión para robar.


El Gérontas pensó y dijo en su interior: “Pobrecito, tendrá alguna necesidad”. Se marchó inmediatamente dejando la puerta de su Kalivi abierta. El ladrón entonces entró sin ninguna molestia, pero desgraciadamente para él no encontró nada valioso para llevarse. Sólo un colchón de paja y unas cositas sin valor. Según el Gérontas: “Aunque era un ladrón un hombre asalvajado, se conmocionó y después me trajo unos dulces de Creta”. Arrepentido pidió perdón, el cual el Gérontas con todo su corazón se lo concedió.




10.6 “Yo siempre estoy comiendo…”


Una vez le visitó el p. Daniel de “los Danieles”. Golpeó la puerta diciendo: “Por las bendiciones de nuestros santos padres…”, y por mucho rato no recibía respuesta. Finalmente el Gérontas abrió. Estaba bañado en lágrimas, tenía en las manos una cebolla y una tostada de pan, y comía. Le preguntó el p. Daniel:

—¿Qué haces, p. Paísio?

—¿Qué voy hacer? Mira, ¿no lo ves?, como; yo siempre estoy comiendo…

Y mientras estaba diciendo esto, comía cebolla y tostada y sus lágrimas caían sin parar.


Por lo visto, estaba en un estado de gran contrición, en que no podía detener sus lágrimas. Pero cuando escuchó la voz del p. Daniel, hizo un esfuerzo para sobreponerse a sí mismo, porque debía abrir. Y no pudiendo contener sus lágrimas, hizo este invento con la cebolla. Pero el p. Daniel que nos narró este acontecimiento, entendió de lo que se trataba, y dio esta explicación.




10.7 Luz dulcísima


En Katunakia tuvo también experiencias divinas: “Una vez”, relató, “mientras decía la oración del corazón o de Jesús por la noche, vino en mi interior una alegría muy grande. Continué diciendo la oración del corazón y de repente mi kelí se inundó de luz. Era luz blanca ligeramente azulada. Mi corazón latía dulcemente. Continué con la cuerda de oración hasta que salió el sol. ¡Era tan fuerte esta luz! Más fuerte que la luz del sol. El sol perdía su resplandor ante esta luz. Veía el sol y me parecía una luz solar pálida, tal como es la luz de la luna llena. Esta luz la estuve viendo durante mucho tiempo. Después cuando faltó la luz y la Gracia disminuyó, entonces no encontraba ningún consuelo y ninguna alegría. Como había recaído de un estado a otro inferior, me veía a mí mismo como a un animal. Iba a comer, a beber agua, a hacer mi trabajo manual y me sentía como un animal.


Este acontecimiento lo había olvidado totalmente y lo recordé anteayer, cuando un piadoso abogado que practicaba la oración del corazón o de Jesús me lo recordó, porque aquel vivía un estado…”.


El Gérontas no se refirió literalmente como luz increada a la luz que vio, aunque no hay ninguna duda de que se trata de la Luz increada. No lo describió más, sólo añadió: “que uno la ve con los ojos cerrados y abiertos esta luz (increada), incluso por la noche con la oscuridad y por el día con el sol”.


Con este tipo de consuelos y súplicas espirituales en el inconsolable desierto de Katunakia, la Gracia divina consolaba al voluntariamente empobrecido y con abnegación ejercitado en el inconsolable desierto de Kantunakia, el asceta Paísio




10.8 Fundación de Hesicasterio


El Gérontas durante el período de su permanencia en el Hospital conectó espiritualmente con algunas jóvenes piadosas y aspirantes a monjas. Le visitaban y le daban sangre cuando hacía falta para su operación quirúrgica. El Gérontas por obligación más tarde las ayudó espiritualmente de muchas maneras. Se sentía tan obligado, estaba como si estuviese vestido con una camiseta de carne y quisiera quitársela, es decir, corresponder al bien que le hicieron. Por eso las ayudó a encontrar un lugar para hacer vida monástica, y así fue como se fundó el conocido Hesicasterio de san Juan el Teólogo en Surotí. A partir de entonces y hasta su dormición, las guiaba espiritualmente. También allí dejó sus muy sufridas Reliquias. Recibió sangre de las hermanas y él las dio espíritu, es decir, ayuda espiritual.






A11 EN LA KALIVI DE LA SANTA CRUZ


11.1 En el Sagrado Monasterio Stavronikita


La Sagrada Comunidad llamó a los hieromonjes Basilio y Gregorio de la Skete de Iviron, para que restauraran el Monasterio de Stavronikita que estaba falto de hombres y hasta entonces era idiorrítmico. El Gérontas cuando le preguntaron, les dijo que aceptasen la invitación de la Comunidad y sobre todo les dijo: Vendré yo también para ayudar en lo que pueda”.


Así después de un año de permanencia y ascesis en el desierto de Katunakia, el santo vino al Sagrado Monasterio de Stavronikita, el 12 Agosto de 1968.


Escribe en su carta de 1-10-1968: “… Os enteraríais del cambio de lugar y de vida. Es decir, del desierto en el Monasterio y perfecta despreocupación a preocupaciones y responsabilidades. Creo que estaréis bendiciendo y deseando que mi espacio de tiempo allí sea corto, para volver a encontrar otra vez al esparcido mí mismo. Naturalmente no podía evitar la movilización. Espero que en primavera estén arregladas las cosas y librarme para que esté continuamente orando por vosotros, porque ahora con las preocupaciones del Monasterio no puedo hacer ni siquiera mis deberes imprescindibles”.


Como había grandes necesidades, ayudaba en todos los servicios. Empezaba él primero y seguían los otros. A causa de falta de hombres asumió también los deberes de responsable oficial.


El 6 de Noviembre recibió con retraso la carta de libertad del Sagrado Monasterio de la Gran Laura, al que pertenecía su Kelí en Katunakia.




11.2 La dormición del padre-Tikon


Mientras tanto su Gérontas, el asceta ruso padre-Tikon, se encontraba “en las últimas”. Después de una vida llena de luchas y ascesis se estaba preparando ya para la vida que no tiene fin.


Los últimos diez días llamó para que estuviese con él a su monje en obediencia (p. Paísio), quien escribe lo siguiente: “Estos últimos diez días, que permanecí junto a él, fue la mayor bendición de Dios para mí, porque fui muy ayudado, más que cualquier otra vez, ya que me fue dada la ocasión de vivir con él y conocerle mejor… ¡La última noche durante tres horas tenía sus manos sobre mi cabeza, me bendecía y me abrazaba por última vez!” (Padres del M. Atos, pág. 35-6).


Durmió en el Señor el 10 de Septiembre de 1968, ya que había presentido su muerte y había preparado su tumba con sus propias manos.


A su buen obediente, “el dulce Paísio”, tal como le llamaba, dejó su bendición y promesa de que le visitará cada año. Además le dijo: “Nosotros, hijo mío, tendremos amor divino por los siglos de los siglos”. Deseaba que le sucediera en su Kalivi y le dijo: “Si tú te quedas en esta Kelí, yo tendré mucha alegría, pero que sea tal como Dios quiera, hijo mío” (Padres del M. Atos p.36).


Efectivamente, el Gérontas una vez que ayudó a que hubiese un orden puso en una recién establecida Hermandad, se instaló en la Kalivi de la Venerada Cruz”, (el certificado tiene inscripción del 2-3-1969). Lo consideraba una gran bendición estar viviendo y luchando allí dónde hacía su ascesis su santo Gérontas. El lugar le emocionaba y le inspiraba, porque tenía una Gracia especial por las luchas sobrehumanas de padre-Tikon y los acontecimientos divinos que habían sucedido allí.


Liberado ya de las preocupaciones cenobíticas y teniendo como armas la oración del corazón y el ejemplo de su Gérontas, se deleitaba en “su dulce hesiquia” y comunión con Dios y bendecía por “pasar desapercibido” y por la salvación del mundo. Escribía en una carta suya 10-4-1969: “Ahora que con la Gracia de Dios me he liberado del Monasterio y me encuentro en mi dulce hesiquia (que por sí sola es oración mística), os estaré recordando mucho más y me encontraré, desde muy lejos, muy cerca de vosotros. Orad más bien para que desaparezca y no para que aparezca, porque sólo así podré realizar mi meta. Es verdad que cuando desaparezco, entonces me siento a mí mismo más cerca del fatigado mundo”.


Pero a pesar de estar desaparecido y enterrado en el “hoyo del padre-Tikon”, se convirtió el polo de atracción para bastantes jóvenes que habían venido a hacer vida cenobita en el Monasterio Stavronikita, para tener la posibilidad de ver y ser aconsejados por el Gérontas. Pronto aumentó el número de padres y fue un monasterio-cenobio bien organizado. Desde su asceterio se interesaba por la marcha del Monasterio y sin mucho ruido intentaba dirigirlo sobre las huellas patrísticas.




11.3 Su vida en la “Venerada Cruz”


En el trayecto desde el Monasterio Stavronikita a Kariés (capital), un poco después del punto de peregrinaje por la parte izquierda del camino, comienza un pequeño sendero, el cual atraviesa el bosque de árboles bajos como madroños, arias y brezos, sube y baja a un campo irregular y sale a una Kalivi rodeada de alambrada. Al lado de la puerta había una caja con una rendija como un buzón de correos, y una nota que escribía más o menos lo siguiente: “Apuntad en el papel de lo qué queréis que hablemos y ponedlo dentro de la caja. Seréis más beneficiados por la oración que por la conversación”.


Había un alambre atado en la parte de arriba del cerco para tocar la campanita y avisar al Gérontas. El patio, muy amplio, estaba cubierto de olivos y algunos sarmientos. Sobre el sendero había un montón de madera. Lo había colocado de modo que no fuese visto cuando iba desde su kelí al taller. Bajando hacia la kelí a la derecha, debajo de un olivo había una pequeña mesa y dos o tres taburetes improvisados, era su sala de recepción de visitas del verano. A la izquierda estaba la tumba del padre-Tikon, donde el Gérontas había sembrado romeros para que no fuese pisada.


Tres o cuatro escalones conducían a un pasillo que había antes de la entrada entre la casa y un pretil. Los extremos del pasillo estaban cerrados con puertas de madera para que no hubiese corrientes de aire. A la izquierda había una cocina antigua; un sitio en el pretil, lo justo para que cupiese una cacerola, y en la parte de abajo un espacio para encender fuego. Había un pequeño cobertizo antes de la entrada a la Kalivi y el peregrino visitante, pasando por la puerta de la entrada, se encontraba en una antesala con un paso de ancho y tres de largo que estaba iluminada por una ventanilla. Justo enfrente delante estaba la kelí del Gérontas y a la izquierda la capilla de la Venerada Cruz o tres o cuatro iconos en el templo, un asiento, un atril y nada más. Impresionante sencillez.


Unos metros más al oeste de la entrada había otra puerta exterior que conducía a su taller y a la sala de recepción de visitas; una pequeña y pobre kelí con un techo bajo hecho de cañas y barro, con dos camas muy estrechas, con muy poca distancia entre ellas, lo justo para que cupiese un hombre de pie.


La pequeña Kalivi de la “Venerada Cruz” no tenía muchas posibilidades de hospedaje y el Gérontas con su hesiquia característica, con discernimiento hospedaba a alguno cuando creía que era necesario. Escribe en su carta 21-12-71: “Tengo toda la libre buena voluntad de recibiros con toda mi gitana hospitalidad en mi Kalivi y así puedo ser todo vuestro, no la mitad del Paísio sino entero. Cuando queráis, no tengáis ninguna duda (porque si percibo que dudáis entonces me entristeceré). Sólo que ahora en invierno, mi Kalivi admite sólo a uno. Desgraciadamente mi Kalivi no está de acuerdo con mi corazón.


En la parte oriental de la Kelí había una cisterna con agua de lluvia que se concentraba por el tejado con canalones. De aquí bebía y ofrecía también a los visitantes. Más allá había otra cisterna abierta más grande para regar, que nunca la usó, porque no cultivaba el jardín.


Exteriormente la vida del Gérontas en su Kalivi de la Venerada Cruz era más o menos la siguiente: desde la noche temprano dormía dos o tres horas y se despertaba cerca de la medianoche. Hacía vigilia y descansaba un poco por la mañana, antes del amanecer del día. Durante el día, si no tenía visitantes, hacia trabajo manual: pequeños iconos estampados y Cruces en la prensa mecánica. El resto de las horas estudiaba, oraba y respondía a las múltiples cartas que recibía de multitud de personas y le pedían que rezase por ellos pedían ayuda ante problemas serios. Escribía por muchas horas durante el día y cuando oscurecía continuaba con una vela. Con el paso de los años los visitantes aumentaron mucho. Le ocupaban muchas horas los problemas de ellos. Escribía: “Estaba resfriado y con fiebre. Los visitantes por una parte me subían la fiebre, pero por otra parte no me dejaban morir, porque no tenía tiempo”.


Se encontró en un dilema: ¿permanecer allí o ir otra vez al Sinaí o a cualquier otra parte para tener hesiquia? No se apresuró, hizo oración para no hacer lo que le dictase su “cabeza”, y vio que la voluntad de Dios era permanecer allí. “Tal y como indican las cosas aquí me arreglaré con mis dificultades… Dentro de unos días valló el terreno con alambrado de red”. (Fragmento de la carta 9-5-1975).


Pero las cartas que recibía cada vez se multiplicaban más. Por eso durante el año 1977 decidió no responder, excepto a casos urgentes y serios. Se lo comunicó a algunos y fueron informados también los demás. Explicaba en relación: “Yo, digamos, empecé para ser monje. Pero veo que esto me extravía de mi propósito”. Aunque no cesó sus oraciones por los que le enviaban cartas, limitó la correspondencia para que le quedase más tiempo para la oración, por la que consideraba también como la mayor ofrenda del monje para el mundo.


Además, su vida simplificada en grado inimaginable, le daba la posibilidad de dedicar casi todo el tiempo a las cosas espirituales y a los que tenían necesidad espiritual.


Por un espacio de tiempo, dos veces a la semana (miércoles y viernes), permanecía encerrado. No abría a nadie. Ayunaba y hacía un trabajo espiritual más refinado para sí mismo. Tenía también una Kalivi muy pequeña improvisada en el bosque hacia la parte del torrente, cubierto con láminas, cerca de una pequeña fuente de agua, y algunas veces se retiraba allí para mayor hesiquia. Después de su encierro y ausencia recogía las notas de los visitantes y hacía para ellos oración del corazón.


Habitualmente participaba en la Divina Liturgia y comulgaba en el Monasterio. Pero a veces, cada cierto tiempo, hacía en su ermita Divina Liturgia o de vez en cuanto iba a otras Kelias para participar en la Liturgia.


Recogía olivas y algunas veces con una almajara o molinillo triturador de aceitunas de invención y fabricación suya, producía aceite para los candiles de la Iglesia. Y daba también aceitunas a ascetas pobres y ancianos de la Skete de Kapsala. Los visitaba para beneficio propio y los ayudaba en lo que podía.


De preparaciones de comidas no se ocupaba, excepto, rara vez, si tenía a algún hospedado. Una vez había hospedado a un joven conocido suyo. Se puso a cocinar, machacó unas lentejas, puso también un poco de arroz en la cacerola, puso el agua adecuada puso a quemarse un tronco de brezo y otras hierbas secas que abundan en la región. Se sentaron al lado y conversaban. El joven creyó que el Gérontas fue absorbido por la conversación y se había olvidado de la cocina. Pero al poco rato la comida estaba hecha. No hizo falta ni removerla. Tan sencilla su manera de cocinar.


Hicieron Vísperas con la cuerda de oración. El joven en la Capilla y el Gérontas en su Kelia donde leía también el Theotokarion (Libro con Himnos de dedicados a la Madre de Dios). Después puso la mesa invitándole a comer y no paraba de aconsejar e instruir al joven con amor paternal. La comida estaba hecha sin aceite pero muy sabrosa. Le impresionó su pacífica contrición, cuando dijo la oración de antes comer en la mesa. Se concentró en sí mismo como si se hubiese apartado de las cosas terrenales y como si se hubiese transportado delante de Cristo. Después de la cena salió para dar de comer a los animales salvajes, a quienes llamaba por su nombre.


Durante la puesta del sol rezaron una hora por separado con la cuerda de oración en el patio y después el Gérontas, una vez que acomodó al visitante en la sala de visitas, se retiró a su kelí.


En esta choza pobre de la Skete de Kapsala hacía su ascesis el Gérontas. “En un profundo hoyo”, pero con alta ciudadanía, con oración incesante, solo con Dios y alimentado con Su jaris (energía increada gracia). Muy pobre en materiales y comodidades, pero rico en virtudes y divina Gracia. Se fundía a sí mismo en la ascesis y aliviaba espiritualmente a cada persona. Sufría con dolor y pena por el dolor y los pecados de los hombres y a la vez los trasfundía alegría y consuelo. Combatía con los demonios, conversaba con los santos, le hacían compañía los animales salvajes y ayudaba a los hombres espiritualmente, tal y como se representará más abajo, con acontecimientos y testimonios.




11.4 “Luz en sus caminos”


Relató el Gérontas: “Me encontraba en un Monasterio (Stavronikita). Era por la tarde. Saliendo, encuentro fuera de la puerta del Monasterio a un laico, que quería hablarme. Avanzando comenzó a contarme sus problemas. El tiempo pasaba y yo estaba enfermo. Era de tal tipo la enfermedad que no podía sentarme para descansar ni estar en pie. Mientras me hablaba, pues, se pasó el tiempo y se hizo de noche. Pensé por un momento mi enfermedad y quise interrumpir la conversación, pero me dije: “¡El hombre tiene tantos problemas y yo me voy a mirar a mí mismo!”. Así continuó hablándome hasta que se hizo totalmente de noche. El laico tenía donde dormir, en alguna Kelí conocida suya. Mientras tanto, la puerta del Monasterio se había cerrado.


»Una vez que terminamos, tomé el camino para ir a mi Kalivi. Entré por el pequeño sendero y pasaba por un punto que es estrecho y tiene bajada brusca. Cuando llegué a este punto, como no veía y no llevaba conmigo linterna, caigo dentro de unos matorrales y unas zarzas y me enganché en las ramas. No veía nada y calló en mi cabeza la mochila. En la posición que me encontraba pensé: “¿Qué hago? Pues voy hacer las vísperas”. Empiezo “Santo Dios, Santo Poderoso…” etc. ¡Y en un momento se enciende una luz muy fuerte y mi cabeza se hizo como una lámpara! ¡A mi alrededor se hizo de día! Entonces vi dónde me encontraba, escalé y salí. La luz continuaba iluminando a mí alrededor. Mi corazón estaba lleno de gozo y deleite celeste. Llegué a la Kalivi, tomé la llave del sitio en que la había dejado, abrí, entré en la Iglesia, encendí los candiles y entonces la luz disminuyó”.




11.5 Apoya a un monje nuevo


El geron Nikolaos Trigonás del M. Atos recuerda: “Al Gérontas Paísio me dio tiempo de encontrarlo en el Monasterio Stavronikita. Era Octubre de 1968 cuando fui allí. En el Monasterio salmodiaba y ayudaba en todas partes. Después se marchó a la Kalivi del padre-Tikon


»Cuando tenía tentaciones me iba a Stavronikita y le veía. Me decía: “rezaré”. Tenían gran eficacia sus oraciones. Por tres o cuatro días me quedaba tranquilo. Otras veces yendo hacia su Kelí, apenas llegaba al torrente, se marchaban las tentaciones.


»Quiso que me quedara con él durante un mes hasta que regresase mi padre espiritual, el p. Pablo Zisakis. Cada día, a media noche que se levantaba, ponía su despertador para que sonase tres veces. Decía la oración del corazón o de Jesús, se olvidaba y su nus era arrebatado. Después, una vez que había sonado el despertador, me despertaba a mí también y me llamaba a la Iglesia para el Oficio litúrgico. Él decía los “Seis Salmos” al comienzo de Maitines y el resto del Oficio lo hacía con la cuerda de oración. Hacía muchas prosternaciones. Por la mañana bebíamos una infusión. El Gérontas trabajaba en la prensa mecánica. Yo cocinaba. Entonces no venía mucha gente. Un día vinieron tres monjes romano-católicos a preguntarle sobre la oración del corazón o de Jesús. Me dijo que les hiciese unos espaguetis. Los invitó a comer y después hablaron.

»Yo también le preguntaba sobre la oración del corazón. Me decía: Intenta decir la oración (del corazón) y ella te enseñará.

»Una vez me mandó a una Kelí para un trabajo. Tardé en regresar, y por eso venía a buscarme, porque se había inquietado y por el camino rezaba. Yo nada más verle desde lejos me escondí en unos madroños. Cuando se acercó vi su rostro resplandeciendo intensamente. Después volvió a su estado normal.

»Un día fue a Stavronikita, participó en la Divina Liturgia y comulgó. Cuando volvió, le abrí la puerta y vi sus ojos muy resplandecientes en la oscuridad.

»Otra vez hice una travesura y sin yo decirle nada, me dijo:

—Vete y arrodíllate enla tumba del Gérontas (padre-Tikon).

—¿Qué he hecho?, le dije.

—Tú sabes, me respondió


»Después de años en el funeral del diácono-Dionisio Firfirí había visto el rostro del Gérontas resplandecer. Era una figura santificada”




11.6 Pez enviado por Dios.


Nos narró el Gérontas: “Era el Domingo del Ciego. Me sentía agotado y me vino el pensamiento de que si tuviera algo de comer, si tuviera un poco de pescado, me iría muy bien. No por deseo, sino como medicamento. Tenía problemas en mis intestinos. Salí fuera al patio. Volviendo, vi un pájaro grande como un águila, volando muy bajo y me incliné para que no me tocara. Me asusté no vaya ser que fuese alguna tentación del demonio, por eso no lo di importancia y entré rápidamente en mi Kelí.

»Al poco rato tuve que salir fuera. En el mismo sitio en que me había inclinado vi un pescado grande coleando. Primero me santigüé haciendo la señal de la Cruz, agradecí a Dios y después tomé el pescado. ¿Pero, después de esto, puede ponerse uno a comer?


Para recordar el acontecimiento y acordarse siempre de la providencia de Dios, pintó muy bien en la madera vertical de su cama un águila manteniendo con sus zarpas un pescado grande. También en el Pentecostarion (libro eclesiástico utilizado en dicho periodo), del Domingo del Ciego, en el margen derecho del libro, había anotado el acontecimiento, pero más tarde lo tachó (por humildad para que no fuese conocido). Pero obligatoriamente – porque no podía ser de otra manera ya que se cortarían los troparios de la página de atrás- permaneció el siguiente trozo, en el cual tachó algunas palabras, para confundir el significado, que con dificultad se leían:


Es decir: Gloria y a Dios y agradecimientos (a los que) oran (y envían misericordia (sin ruido con los) pájaros de Dios, a las criaturas de Dios. (Las palabras entre paréntesis están tachadas).




11.7 Aparición de san Arsenio


El 21 de Febrero de 1971 el Gérontas estaba sentado en el patio de su Kalivi y leía el manuscrito de la vida de san Arsenio, el cual lo había escrito él por primera vez, para revisarlo por si tenía faltas.


“Faltaban dos horas para que el sol se pusiera”, escribe, “y mientras estaba leyendo, me visitó el p. Arsenio; y tal como el maestro acaricia a su alumno que ha preparado bien la lección, lo mismo hizo él también. Paralelamente me dejó en el corazón una dulzura inexpresable y un deleite celeste en mi corazón, que era imposible aguantarlo. ¡Corría como loco por aquí y por allá por la zona de mi Kalivi, llamándole, porque creía que le encontraría!” (San Arsenio, pág. 27).


Le conmocionó la aparición del santo. Él mismo hizo el dibujo con lápiz y las hermanas del Monasterio de Surotí hicieron el icono del santo. Pero tal y como mencionó el Gérontas: “El primer icono no se parecía mucho al santo. Después me quedé con ellas todo el tiempo, asomado tras sus cabezas, y las decía haced así y así, de esta manera tenéis que hacerlo”. Y se hizo conocido el icono de san Arsenio que reflejaba plenamente sus características.


El Gérontas creía firmemente en la santidad de san Arsenio. A pesar de esto dijo que no pusieran aureola (corona de luz en griego) en su icono ni lo puso en el santuario con los otros iconos de los santos, sino en la parte de abajo. Cuando le preguntaron que por qué no lo pone en la parte de arriba, respondió: “Si quiere que suba solo”. Es decir, que se active o se energice para hacerse su santificación.


Igual hizo también sin aureola su mitra de acero en el torno con la que hacía iconitos estampados del santo. Y en su libro sobre la vida del santo puso como título: ”El padre (no el santo) Arsenio el Capadocio”. Esperaba primero que fuera reconocido por la Iglesia como santo y entonces puso la aureola en su icono y en su mitra, y ya escribió “San Arsenio”.


Antes del reconocimiento oficial había apuntado en su diario personal Mensual el 28 de Octubre en el dialecto de Fárasa lo siguiente:

Hoy, 10-11-1924 con el nuevo calendario y con el antiguo 28 de Octubre, ha dormido el buen hombre de Dios, el Hieromonje Arsenio (Ηatzifentís) de Fárasa de Cesarea, en Capadocia. Que tengamos su bendición. Monje Paísio.




11.8 El padre-Tikon y la tentación


Escribe el p. Paísio: “El día 10 de Septiembre de 1971 por la noche, después de medianoche, mientras decía la oración del corazón, veo de repente al Gérontas (padre-Tikon) ¡entrando en la Kelí! Salté y le cogí de las piernas y las besé con devoción. Pero no entendí cómo se me escapó de las manos y, mientras se iba, le vi entrar al templo, y desapareció”. (Padres del M. Atos pag.37)


Una vez pensaba ir al Monasterio (Stavronikita) para comulgar. Aquel día pasó mucha gente para verle y no tuvo tiempo para hacer sus laborares espirituales y prepararse como quería. Por eso estaba en duda, si debería ir a comulgar.


En aquel momento ve delante de los escalones a uno parecido al padre-Tikon frunciendo el ceño y moviendo negativamente la cabeza, diciéndole: “No vayas a comulgar”.


El Gérontas, aunque tenía en cuenta la promesa del padre-Tikon de que le visitaría, inmediatamente entendió que la aparición del padre-Tikon impidiéndole la Divina Comunión era el diablo, y le contestó: “Vete, tú no eres mi Gérontas, y después bajó al Monasterio y comulgó”.




11.9 En la isla de Tino


Un año, en vísperas de los quince días primeros de Agosto (días de ayuno por la Fiesta de la Dormición) tomó el barco para ir a venerar a la Panayía de la Isla Tinos. En la cubierta había visto mujeres que estaban tumbadas semidesnudas tomando el sol y se entristeció. Pensaba: “Cómo han decaído tanto las imágenes de Dios”. Se apartó del ambiente y se concentró en sí mismo. Hizo oración del corazón con dolor diciendo: “Dios mío, manda una lluvia para que se recojan”.


Al poco rato se juntaron las nubes y estalló una lluvia fuerte con el resultado que las mujeres se vistieron y después entraron al interior.


Veneró con devoción el icono de la Anunciación en Tinos y regresó inmediatamente, no se quedó. Después decía a uno: “Una cosa te diré y entenderás. El icono de la Panayía está totalmente vivo”.


En el barco se encontró con el arzobispo Jerónimo y conversaron sobre la situación de la Iglesia.




11.10 El silencio de los pájaros


El hieromonje Cristódulos Kapetas, Gérontas del Kathisma ¹¹ de San Eleuterio de Santa Ana, relató: “Oíamos sobre el p. Paísio que hablaba con los animales y con los pájaros, que cogía serpientes con las manos, pero yo personalmente no las creía estas cosas. Consideraba que eran palabras de la gente y se decían estas cosas para que el Gérontas se hiciera famoso y adquiriera fama su nombre. Cuando acabamos los estudios de la Academia de Athoniada en 1971, a principios de Junio, con un hermano espiritual llamado Kostantino Litra de la ciudad de Katerina, visitamos al Gérontas en su Kelí de “Santa Cruz”. Llegamos allí por la mañana, alrededor de las 9:30 y el Gérontas nos recibió en el lugar de visitas del patio, junto al olivo. Una vez que nos invitó a un higo, dos o tres avellanas y agua a cada uno, empezó hablándonos de varios temas espirituales.

»En aquella región había muchos pájaros, principalmente ruiseñores, los cuales cantaban y eran cansinos. Nos dificultaban en la conversación. Entonces en un momento escuchamos al Gérontas decir: “Descansad (no dijo callad) benditos, ya que veis que estoy conversando. Cuando yo acabe, entonces empezad vosotros”. Automáticamente los pájaros “descansaron” sin moverse de sus sitios.

»Tanto nos impresionamos de este acontecimiento, que después no podíamos seguir la conversación.

»Esto fue también una respuesta mística para mí personalmente, que tenía esta duda sobre el Gérontas. Que me perdone por decirlo después de su dormición y pido su bendición”.




11.11 El engañado


Le visitó un monje que había caído en el engaño. Había puesto una regla en sí mismo de no beber nunca agua. El engaño es una cosa terrible y difícilmente se sana uno de esto. Pero el Gérontas con discernimiento encontró la forma para ayudarlo. Relató: “Le invité a un dulce y agua”. Me dice: “Yo no bebo agua”. Entendí su engaño y le digo: “Yo no te digo que bebas todo el vaso. Si quieres bebes sólo un trago”


»Sabía lo que sucedería, por eso tenía también el cubo lleno de agua.

»Efectivamente eso fue todo. Desde el momento que tomó el vaso para beber sólo un trago, se bebió todo de golpe. Después pidió otro y otro vaso de agua con manía, como si se estuviese quemando, hasta que al final casi bebió todo el cubo”


La regla que el engañado se había puesto a sí mismo provenía de la soberbia y naturalmente aceptaba también ayuda de la energía demoníaca por su hazaña egoísta. Apenas hizo obediencia y se humilló, frenó la influencia demoniaca y ya no podía cumplir la regla que se había auto-impuesto.




11.12 Compadeciendo con el enfermo


El p. Atanasio de Stavronikita, en el mundo Eutimio Skliris hijo de Nikolaos y de Eutimia, nació en Corinto en 1930. Estudió Derecho y se encontró en el Sinaí con el Gérontas, donde había ido para ordenarse monje. Le siguió al M. Atos y finalmente acabó en el Sagrado Monasterio de Stavronikita, el 2-12-68. Era monje de Gran Hábito, administrador y representante del Monasterio. El Gérontas le amaba especialmente, porque hacía obediencia. Atanasio se enfermó y fue ingresado en el Hospital Civil de Atenas. Por los exámenes médicos se comprobó que tenía extensas metástasis pulmonares provocadas por un tumor, que para la reducción del mismo había sido sometido antiguamente a la extracción de un ojo. Se acumulaba líquido alrededor del pulmón y le daban continuas punciones, tenía dificultades respiratorias y a veces un persistente sentimiento de ahogo. Cuando el Gérontas fue informado del estado del enfermo, decidió viajar a Atenas por solidaridad con él.


El sr. Panagiotis Drositis, presidente honorífico de los Fiscales, que tuvo la bendición de hospedar al Gérontas en su casa, menciona: “El Gérontas llegó tarde por la noche a mi casa y preparé para su estancia una parte independiente de mi piso, de modo que pudiese moverse cómodamente, sin sentirse que está molestando. Mi dormitorio, se separaba de la habitación que concedí al p. Paísio con una puerta corredera de vidrio, algo que él no había percibido, y así sin quererlo, hasta que me cogió el sueño, compartí una gran parte de la persistente oración que hacía a Cristo y a la Panayía para el enfermo p. Atanasio, pidiendo su terapia y sanación. Aquella noche el p. Paísio debió haber tenido un avistamiento, porque el día siguiente hablaba de la marcha del p. Atanasio como si se le hubiera dado respuesta clara en su persistente suplicante oración que había precedido por la noche. A la mañana del día siguiente el Gérontas se mostró sorprendido y aparentemente turbado, cuando le dije que había dormido en la habitación de al lado mío, como si no quisiera que se supiese lo que sucedió y lo que se escuchó en aquella noche. La misma mañana fuimos al Hospital donde se encontró con el p. Atanasio y comenzó el trabajo espiritual con los enfermos y con la gente que circulaba por centro terapéutico. Vio a los médicos, fue informado sobre el estado de salud del p. Atanasio y aconsejó a los terapeutas que dijesen con todo detalle y verdad la seriedad de su estado de salud. Inicialmente el p. Atanasio sabiendo sobre las realidades de su enfermedad se quedó pensativo y entristecido. Pero no tardó, con el contacto con el Gérontas y el apoyo espiritual que le endosó, volver a tomar ánimo y de moribundo transformarse en predicador de la vida, a pesar del continuo empeoramiento de su salud.


»Mientras tanto la presencia diaria del p. Paísio en el Hospital convirtió los pasillos, las escaleras y las salas en verdaderos centros terapéuticos de almas, a los cuales acudían médicos, enfermeras, enfermos y mucha gente físicamente saludable para recibir la bendición, refuerzo y la solución de sus problemas. El amor del Gérontas era ofrecido abundantemente a todos que acudían a él, pero él mismo también buscando encontraba ocasiones para ofrecer su amor.


»Recuerdo al Gérontas estar ofreciendo lo que tenía a pobres enfermos. Incluso preocuparse sufriendo y orando por una chica joven que era de moral desordenada y aliviándose a continuación por la información que tenía de que esta criatura de Dios al final seguiría el camino correcto.

»Por la noche tarde regresó a casa, después de un día entero de cansancio y fatiga, continuando muchas veces viendo a personas que no le podían ir a ver al Hospital. No recuerdo ningún día que haya manifestado su cansancio y su fatiga. Al contrario estaba bien alegre con su conocido humor. He guardado una de sus gratificantes notas que diariamente me dejaba para agradecerme y para mantenerme en una atmósfera de alegría.

»Cuando ya el Gérontas se aseguró de que el enfermo se había afianzado y avanzado en la fe, a pesar de sus padecimientos corporales, convertido en un iluminado predicador de vida, el cual apoyaba y alegraba también a otros enfermos de su sala, de otras salas y también a los visitantes de ellas, se marchó de Atenas, pero sin parar de comunicarse con él con acogedoras cartas que le mandaba a través de mí. He salvaguardado la última carta que no encontró estando vivo. Tenía en el interior de su carta también la fotografía del padre-Tikon. La dormición del p. Atanasio fue expiada y santificada.

»Durante la llegada de los restos mortales del p. Atanasio al puertecito del Monasterio Stavronikita me decía el p. Paísio que era tan serena y alegre su figura, de modo que si el p. Paísio no hubiese sentido vergüenza de los que allí estaban, clamaría con alegría y doxología al bueno de Dios”.


El p. Atanasio durmió en el Señor la fecha 6-5-1972. En relación a su dormición relató el Gérontas: “El p. Atanasio había enfermado antiguamente con melanoma. Estaba lleno, pero vivió años y últimamente se hizo metástasis en los pulmones y le volvieron a llevar al Hospital. Durante un mes me quedé allí cerca en la casa de un conocido mío y le visitaba dos veces al día y le veía. Sabía que iba a morir; tuve un avistamiento y el día de su dormición dije que éste hoy va a morir. Y después le trajeron al Monasterio. Cuando le vi me entristecí. Era tristeza por las cosas pasadas, por los años que habíamos vivido juntos. Por los años que nos separaríamos hasta que me fuese yo también. Y cuando le besé por última ven en la cabeza, me sonrió. Sí, para consuelo. Lo permitió Dios».





11.13 El olivo y las sotanas


En aquella época, más o menos en 1972, se discutía el tema de cambio de vestimentas de los clérigos y algunos querían tomar la bendición del Gérontas para quitarse las sotanas o las vestimentas eclesiásticas. Uno de ellos visitó al Gérontas y sostenía: “Las sotanas no hacen al cura. Es preferible que los clérigos circulen sin las sotanas, porque así se acercan más fácil a la gente” y otras tonterías semejantes. El Gérontas no consiguió convencerlo. Al final le dijo: “Ven mañana y te responderé”.


Por la noche hizo oración y por la mañana que vino el clérigo, le indicó un árbol de olivo que había pelado adrede. Dejó en las puntas del árbol algunas ramitas recortaditas y se parecía el árbol de una manera como los clérigos sin sotana que sólo tienen un poco de barba. Le preguntó: “¿Te gusta así tal como está pelado el árbol de olivo? Así son también los clérigos sin hábitos o sotanas. El sacerdote se convenció y se marchó agradeciendo al Gérontas que con un ejemplo simple le hizo expulsar todas sus percepciones y razones mundanas.


Encima del tronco del olivo pelado marcó con el cuchillo: “Los árboles tiraron sus vestimentas, veremos sus progresos…” y

«”παπᾶς” [papás], cura

“ἀράσωτος” [arásotos], sin sotana,

“ἄρα” [ara] por lo tanto

“ἄσωτος” [ásotos] pródigo, insaciable».


Naturalmente después el árbol se secó. Pero se convirtió en causa de beneficio para muchos y en general el Gérontas de esta manera elocuente y representativa contribuyó de modo que quedasen sin resultados estas tendencias contra-tradicionales.


Un candidato a clérigo con buena intención le preguntó después de años: “¿Cuál es el motivo por el que los clérigos deben ir con sotanas?”. Y el Gérontas le respondió: “Hay muchas razones. Pero sólo porque los hombres piadosos son aliviados y reposados cuando ven a su sacerdote con la sotana, basta”.




11.14 En Fárasa


Cuando escribía la vida de san Arsenio, “su corazón ardía” por visitar su pueblo, Fárasa de Capadocia, y Dios le hizo digno de hacerlo. El 29 de Octubre del año 1972 visitó el pueblo en que había nacido, con el entonces Higúmeno del Sagrado Monasterio Stavronikita, p. Basilio.


Además de las cosas destacables del viaje que escribe en la “Vida de san Arsenio”, el Gérontas se refiere también a otros detalles interesantes.


Durante el camino pararon en un pueblo y pidieron algo de comer. Se juntó casi todo el pueblo y miraban por las ventanas. Antes de comenzar a comer, el Gérontas dijo al Higúmeno que alargasen la oración estando de pie. Se santiguaban continuamente y decían oraciones. “Hicimos el canon entero”, decía el Gérontas sonriendo, “porque quizás algunos de ellos eran cripto-cristianos (cristianos en oculto), para que se alegrasen un poco los pobres”.


A los turcos que preguntaban cuál era el propósito del viaje, respondía la verdad, que su origen es Fárasa. Un policía le consideró como sospechoso y le detuvo. Le encerró en un lugar con cercos, cerró improvisadamente la puerta y se marchó. Pasaban las horas y no venía nadie para interrogarle. Después el Gérontas propuso al Higúmeno buscar un taxi y se marcharon. En Fárasa le dolió su alma cuando vio la iglesia en que celebraba la Divina Liturgia san Arsenio convertida en mezquita. Vio una imagen de su pueblo muy distinta de la que le describían sus padres. El de otros tiempos pueblo majestuoso, ahora estaba lleno de ruinas, suciedades y abandonado. Los turcos le acompañaban a todas partes, no le dejaban solo ni un momento. Le miraban intranquilos y con sospecha. Esto naturalmente mostraba que los lugares no eran suyos.


Retornaron a través de Ankara a Constantinopla. El Gérontas ofreció su veneración conmocionado en Santa Sofía. Se reunieron en una esquina y oraban espiritualmente con dolor de corazón. Lo percibió el vigilante turco y empezó a gritar y a amenazarle, porque “el Kemal dice que ni vosotros ni nosotros podemos orar aquí”. Entonces el Gérontas, no pensando en el peligro, fue afectado de celo divino y comenzó hablar fuerte con la voz alta al vigilante turco. Le condujo detrás de una columna, donde había visto orina; se lo enseñó al turco y con indignación le dijo: “¿Qué es esto? ¿Kemal os dijo hacer estas cosas?”.

Cuando el Gérontas comentaba estas cosas añadió con certeza: “Vendrá la ira de Dios y los recogerá…”


Visitaron el Monasterio de San Salvador de Cora y se quedó maravillado por los excelentes mosaicos: “Allí uno ve la Gracia divina desbordada”, dijo. En el Patriarcado le recibieron con honor, devoción y alegría ante la visita de un monje asceta del M. Atos. Fue impresionado por la humildad y la paciencia del Patriarca Demetrio ante un acontecimiento que sucedió




11.15 El alma infernada


Relató el Gérontas: “Una anciana conocida mía era muy tacaña. Su hija era muy buena y lo que quería dar como caridad lo echaba fuera por la ventana y salía con las manos vacías, porque la controlaba por si acaso se llevaba algo, y después se lo quitaba y no se lo daba. Pero si la decía que el monje (es decir, yo) me ha dicho que me des tal cosa, lo daba.

»Después de su muerte en 10-7-71 veo a un joven (sería su ángel de la guarda) y me dice: “Ven porque te llama la…”. No puedo entender lo que me había sucedido y nos encontramos en Kónitsa delante de una tumba. Hace un movimiento con su mano y se abre la tumba. Veo en el interior una capa de fango y a mi conocida anciana, que había comenzado a deshacerse y a gritar: “Monje sálvame”.


»Me dolió y me apené de ella. Sin darme asco, bajé al interior, la abracé y la pregunté: “¿Qué tienes, qué te pasa? Me dice: “Dime una cosa: ¿lo que me has pedido, yo no te lo he dado siempre de buena gana? “Sí, así es”, dije. “Vale”, la tranquilizó el joven (su Ángel de la guarda).

»Hizo de nuevo un movimiento con su mano y volvió a tirar de la tumba como con una cortina y me encontré otra vez en mi Kalivi.

»Las hermanas del Monasterio de Surotí me preguntaron: “Qué te sucedió el día de san Andrés? (30-11-1971). Respondo: “Haced oración por esta alma”.

»En dos meses (el 30-1-1972) la veo otra vez. Había un caos y arriba en una llanura había muchos palacios y muchos hombres. Allí arriba estaba la anciana muy alegre. Su rostro resplandecía, era como de un niño pequeño; sólo tenía una marca muy pequeña y un angelito que la frotaba para limpiarse también esta marquita.

»En la profundidad del caos ví a algunos que estaban fatigados se golpeaban la cara intentando subir arriba.

»La abracé de la alegría. La llevé un poquito más allá, para que no nos viesen y fuesen heridos; y me dijo: “Ven y te indico dónde me ha puesto el Señor”.




11.16 Santa Eufemia


El Gérontas estaba en el patio de su Kalivi, cuando le visitó un hijo espiritual suyo. Estaba repitiendo continuamente de su corazón: “Gloria a Dios”, una y muchas veces. Por un momento el Gérontas le dijo: “Uno se hace inútil en el buen sentido”.

—¿Quién, Gérontas?

—Estaba sentado tranquilo en mi kelí, vino y me volvió loco de alegría. Arriba lo pasan muy bien.

—¿Qué sucede, Gérontas?

—Te lo diré, pero se no lo digas a nadie.

Entonces le relató lo siguiente: “Había vuelto del mundo, había salido por un tema eclesiástico. El martes 27 de febrero de 1974, a las 10 de la mañana, estaba dentro de mi kelí y hacía las Horas. Oigo un toque en la puerta y una voz femenina me dice: “Por las bendiciones de nuestros santos padres…” Pensé: “Cómo es que ha venido una mujer dentro del M. Atos? Sin embargo sentí una dulzura divina en mi interior y pregunté:

—¿Quién es?

—Eufemia, me responde.

»Pensé, “¿qué Eufemia? Tal vez alguna mujer haya hecho una locura y haya venido con ropa de hombre al M. Atos? ¿Y ahora qué hago?” Vuelve a tocar. Pregunto: “¿Quién es?” Responde otra vez: “Eufemia”. Lo pienso y no abro. A la tercera vez que tocó, se abrió sola la puerta, aunque estaba cerrada por dentro. Escuché pasos por el pasillo de entrada. Salté de mi kelí y ví una mujer con pañuelo. La acompañaba alguien que se parecía al Evangelista Lucas, el cual desapareció. A pesar de que estaba seguro de que no era una tentación del diablo, porque resplandecía brillantemente, la pregunté quién era:

—La mártir Eufemia, —me responde—.

—Si eres la mártir Eufemia, ven conmigo y veneremos juntos a la Santa Trinidad. Lo que yo voy hacer hazlo tú también.

Entré en la Iglesia, y hago una prosternación diciendo: “En el Nombre del Padre”. Lo repitió con prosternación. “Y del Hijo”, “Y del Hijo”, dijo con una voz fina.

—Más fuerte, para poder oírlo, dije, y lo repitió más fuerte.

»Mientras aún estaba en el pasillo hacía prosternaciones, pero no hacia la Iglesia sino hacia mi kelia. Al principio me había extrañado, pero después me acordé que tenía un pequeño icono de papel con la Santa Trinidad pegado encima de una madera, encima de la puerta de mi kelí. Una vez que hicimos una tercera prosternación, “y del Espíritu Santo”, después dije: “Ahora te voy a venerar también yo”. La hice una prosternación y la besé los pies y la punta de su nariz. Besarla en la cara lo consideré como algo descarado.


»Después la santa Eufemia se sentó en el taburete y yo en un baúl pequeño y me resolvió la duda que tenía sobre un tema eclesiástico.

»Luego me narró su vida. Sabía que existe una santa Eufemia pero no conocía su vida. Cuando me relataba sus martirios, no simplemente los escuchaba, sino que era como si los viera. ¡Me horroricé!

—¿Cómo aguantaste esos martirios?, —pregunté—.

—Si supiera la gloria que tienen los santos, haría lo posible para sufrir aún mayores martirios.

»Después de este acontecimiento durante tres días no podía hacer nada; brincaba y glorificaba continuamente a Dios. Ni comer ni nada de nada… continuamente doxología”.


En una de sus cartas escribe: “En toda mi vida no podré saldar mi gran deuda hacia santa Eufemia, la cual, aunque era por mí desconocida y sin tener ninguna obligación hacia mí, me hizo este gran honor…”.


Narrando este acontecimiento añadió con humildad que se le había presentado santa Eufemia, “no porque lo merezco, sino porque en aquel momento me preocupaba mucho un tema que tenía relación con la situación de la Iglesia en general, pero también por otras dos razones”.


¡Le impresionó mucho al Gérontas “cómo ella, tan de pequeña estatura y tan delgada, aguantó tantos martirios! Di que era fuera alguna… (daba a entender fuerte y grande de cuerpo). Era chiquitina…”.


Dentro de este estado paradisíaco, compuso en honor de la santa Eufemia unos versos “estiquera” para su Oficio eclesiástico: “Con qué cantos alegres cantaremos a Eufemia, la que se hizo digna bajar de lo alto y visitar en su casa al miserable monje en la Skete Kapsala. La tercera vez tocando la puerta antes de la cuarta se abrió sola y entrando con gloria celeste, a la Mártir de Cristo, veneramos junto con la Santa Trinidad”.


También un “Exapostilaron”, similar al modelo “Los alumnos reunidos…”, que empezaba: “Gloriosa Megalomártir de Cristo, Eufemia, te amo mucho mucho, después de la Panayía…” (Naturalmente no los tenía para utilidad litúrgica ni los salmodiaba públicamente).


A pesar de su costumbre de no salir, salió otra vez al Monasterio Surotí e hizo a las hermanas partícipes de esta alegría celestial. Con la ayuda de él, las hermanas pintaron el icono de la santa tal y como se le había aparecido.


El Gérontas realizó una obra artística con el negativo de la imagen de la santa Eufemia en una mitra del torno con la que hacía pequeños iconos de madera en honor a santa Eufemia. Durante el tallado encontró dificultad en hacer los dedos de la mano izquierda. Dijo: “Me ha costado hacer su mano pero después puse un pensamiento bueno y dije: “Quizás es porque yo la había agobiado a la pobrecita”.


En el Martilogio del Mineo o Libro Litúrgico Santoral por meses, el 27 de Febrero añadió: Santa Eufemia.




11.17 El “Olet”


El Gérontas acostumbraba a salir a un sitio más alto que su Kalivi en una cima pequeña para orar con la cuerda de oración. Allí venía un pájaro con el cuello rojo, del cual se hizo amigo y le dio el nombre de “Olet”, que en la lengua beduina quiere decir niño. Cuando lo llamaba por su nombre venía enseguida, se posaba en su hombro y después comía pan de la palma de su mano. Cuando se marchaba le dejaba comida encima de una placa. Debajo de esta tenía un almacén de alimentos, un bote con arroz y otro con trigo.


Narró el Gérontas: “Cinco años tengo amistad con el “Olet”. Una vez que había enfermado no se comió la comida que le había dejado, sino que vino a ver cómo me encontraba. El pobrecito me conmocionó. Entienden y perciben las disposiciones y los ánimos de los hombres y según éstas se acercan. Ellos por Dios suyo tienen al hombre. Por eso el hombre debe amarlos, porque estos pobres no esperan otro paraíso.




11.18 ¡Oración por los demonios!


El corazón del Gérontas se desbordaba de amor hacia Dios; ardía “por los hombres, los pájaros, los animales y los demonios y por toda la creación” (San Isaac el Sirio, Logos 81). Estas cosas las leía de san Isaac el Sirio pero él mismo también vivía situaciones similares.


Mencionaba: «Una vez un monje* oraba por los demonios arrodillado teniendo su cabeza tocando la tierra, diciendo: “Tú eres Dios y, si quieres, puedes encontrar una forma para que sean salvados también estos torturados demonios…”

“Mientras decía estas cosas orando con dolor, vio una cabeza de perro a su lado mío sacando la lengua y burlándose de él. Quizás Dios lo permitió para enseñarle que Él quiere salvarlos, pero ellos no se arrepienten.» (Epístolas pag 84. *Allí el Gérontas se refiera a un monje, pero se trata del mismo Gérontas).




11.19 Tentaciones demoníacas


Dijo el Gérontas: “Más que cualquier otra cosa el diablo no quiere que oremos. Cuando ve a uno que está orando, si no puede impedirlo, intenta por lo menos desviar el nus de éste en fantasías o en pensamientos. Si esto tampoco lo consigue, entonces incluso se presenta el mismo, única y exclusivamente para sacarte aunque sea un poco de la oración. Una vez estaba allí fuera, al lado de la tumba del padre-Tikon. Mientras decía la doxología o glorificación con prosternaciones, cuando llegué al pasaje “en tu luz contemplamos la luz”, de repente una luz fuerte como un faro apareció e iluminó toda la zona. Iluminó hasta abajo en la Kaliagra. Entendí que esta luz era demoníaca y no le di importancia. Continué sereno sin perturbarme en la oración.


»Una vez que el diablo había visto que no me había perturbado por la luz, hizo otra cosa. Unos metros a la izquierda se presentaron ante mí dos diablitos, más o menos un metro y medio de altura, y jugaban y tocaban entre ellos las palmas, los pies y se reían. Entonces no pude contenerme; me estallé en risas. Un cine real. ¿Has visto lo que hace la tentación? No le hice caso por la luz y mandó después los diablitos.


***


Una noche mientras dormía, sintió que alguien le empujaba diciéndole: “Despiértate, tienes que hacer tu canon, la hora ha pasado”. “Pero, ¿quién puede ser a estas horas?”, pensó en su sueño. Se despierta y ve al lado suyo al diablo y le dice:

—Ah, ¿eres tú?

Y se giró tranquilamente hacia la otra parte, despreciándole. La tentación no paró y continuó:

—Sí, pero la hora ya se ha pasado; debes hacer tu canon.

—Yo sé cuándo haré mi canon; no hace falta que mandes tú en mi oración.




11.20 Sale sano de los disparos


Otra vez le sucedió lo siguiente, tal y como el mismo relata: “Escuchaba desde muy profundo disparos de artillería. Tomé la cuerda de oración y subí a una pequeña cima, para ver mejor, si habían comenzado la guerra. Estaba apoyado en una roca y decía la oración del corazón o de Jesús. En un momento ví un resplandor e inmediatamente caí al suelo”. ¿Qué había sucedido? Un cazador desde la distancia había visto al Gérontas y le confundió con un jabalí. Giró su arma y disparó hacia él. El Gérontas vio el arma que brilló al sol y como un rayo saltó al suelo y se salvó. El diablo que se alegra por las guerras y los combates, parece ser que no quería que el Gérontas orara por la paz de la Patria. Y otra vez recibió disparos de un cazador, mientras estaba orando en el bosque, pero de nuevo Dios lo protegió.




11.21 Visita inolvidable


Testimonio de un anónimo de la ciudad de Volos, nos dice: “Un equipo de seis personas fuimos al M. Atos para encontrarnos con el p. Paísio, el año 1974, una semana antes de la entrada de los turcos en Chipre. Entonces el Gérontas no era tan famoso. Seguimos por un sendero estrecho lleno de matorrales y nos encontramos en una Kalivi. Vimos a un ancianito con una vieja sotana desgastada cavando en la tierra. Uno de nuestra compañía le preguntó:

—¿Dónde está el Gérontas Paísio?

—Aquí está, nos responde.

»Nos abrió la puerta, entramos y veneramos en la Ermita. Cuando salimos vimos al monje más arreglado. Aquel que había preguntado la primera vez, volvió a preguntar de nuevo:

—¿Dónde está el p. Paísio?

—Vosotros habéis venido aquí para encontrar una sandía grande y habéis encontrado una calabaza.

»Entonces todos entendimos que estábamos ante el p.Paísio.

»Nos sentamos debajo de un olivo, unos en las piedras y otros en la hierba. Lo que sucedió a continuación es indescriptible. La conversación era un banquete espiritual. Tenía la respuesta espiritual más adecuada e iluminada a nuestras preguntas y dudas.

»Después de una conversación de una hora dentro de los matorrales apareció una serpiente enorme. Debería ser “Dendrogaliá” (“Hierophis gemonensis”, serpiente grande sin veneno). “Serpiente”, gritó uno de nuestra compañía y saltó inmediatamente arriba tomando una piedra en su mano. El p. Paísio nos tranquilizó, diciéndonos: “No la molestéis, este viene a hacerme compañía”.

»Se levantó, tomó una latita, la llenó de agua y la puso a un lado. Le dijo el Gérontas. “Ahora vete, porque tengo visita”. Inmediatamente la serpiente obedeciendo, se perdió entre las hierbas tal como había venido. Nosotros nos quedamos anonadados. Lo que sentimos no se puede describir. Este acontecimiento y la conversación han quedado marcados en lo profundo de nuestro alma.

»Pero lo más impresionante de nuestro encuentro fue que el Gérontas nos constató proféticamente los acontecimientos que tuvieron lugar con la entrada de los turcos en Chipre. Esto lo comprobamos plenamente unos cuantos días más tarde, cuando vimos que se habían realizado todas estas cosas exactamente tal y como nos las había profetizado.




11.22 Ve un alma


La noche del 1 de Junio de 1975, mientras estaba orando, vio el alma del gero-Filareto ¹ el Rumano de la Kelí de san Andrés en Kapsala del Monasterio Stavronikita, como si fuera más o menos un niño de doce años, con la cara iluminada y dentro luz celestial subiendo hacia el cielo.

El día siguiente se confirmó que en aquella hora reposó este virtuoso Gérontas, “el amigo de la virtud”.




11.23 Jorgito de Tíbet


«Vino al M.Atos y circulaba por los monasterios un joven de unos 16-17 años de edad, Jorgito. Desde los tres años sus padres le llevaron a un monasterio budista en el Tíbet. Progresó mucho en el yoga, se hizo un mago perfecto, podía llamar a cualquier demonio que quisiera. Sabía karate perfectamente, tenía cinturón negro. Con la fuerza del Satanás hacía demostraciones que causaban impresión. Golpeaba con su mano piedras grandes y las rompía como nueces. Podía leer libros cerrados. En su mano rompía avellanas, se caían al suelo las cáscaras y los frutos quedaban pegados en su mano.


Unos monjes llevaron a Jorgito al p. Paísio para que le ayudara. Preguntó al Gérontas, qué fuerzas tenía y qué podía hacer. Respondió el p. Paísio que él no tenía ninguna fuerza, sino que toda la fuerza es de Dios.


Jorgito queriendo mostrar su fuerza concentró su vista en una piedra grande que estaba a cierta distancia y la piedra se hizo pedazos. Entonces el Gérontas hizo la señal de la Cruz sobre una pequeña piedra y le dijo que rompiera también ésta. Jorgito se concentró, hizo sus magias, pero no consiguió romperla. Entonces comenzó a temblar y las fuerzas satánicas que creía que tenía, al no poder romper la piedra, se volvieron contra él y salió despedido hasta la otra orilla del riachuelo. El Gérontas lo recogió en un estado deplorable.



“Otra vez”, relató el Gérontas, “mientras estábamos conversando, de repente se levanta, me toma de las manos y me las dobló hacia atrás. “Que venga si puede a liberarte el Hatzifentís (san Arsenio)”, me dijo. Lo sentí como una blasfemia esto. Moví un poco las manos y saltó más allá. ¡Después como reacción saltó por lo alto y fue a pegarme con su pie, pero su pie frenó cerca de mi cara como si hubiese encontrado un obstáculo invisible! Dios me protegió.

»Por la noche acepté que se quedara aquí, le hospedé y durmió en la Kalivi. Los demonios le arrastraron hasta el riachuelo y le pegaron por su fracaso. Por la mañana en muy mal estado, lesionado, lleno de espinos y tierra, confesaba: “Me ha pegado el Satán, porque no pude vencerte”.


Convenció a Jorgito de que le llevase sus libros de magia y los quemó. “Cuando vino aquí”, relató el Gérontas, “tenía el libro de la Salomónica. Fui a quitárselo y no me lo daba para nada. Tomé una vela encendida y le dije: “Levanta un poco tu pantalón” y le puse la vela encendida en su pie. “Voceando pegó un salto hacia arriba por el dolor. “¡Eh, si la llama de una vela pequeña no puedes soportarla, cómo vas a soportar el fuego del infierno con estas cosas que haces!”»


El Gérontas le tuvo un tiempo consigo y le ayudó, siempre que le obedeciese. Se compadeció tanto de él que le dijo: “Podría por este joven dejar el desierto y salir con él al mundo para ayudarlo”. Se interesó por saber si estaba bautizado, y sobre todo en qué Iglesia había sido bautizado. Jorgito conmocionado por la fuerza y la Gracia del Gérontas, deseó hacerse monje pero no pudo.


El Gérontas utilizó este caso de Jorgito para demostrar cuán grande es el engaño de los que creen que todas las religiones son iguales, de que todas creen en el mismo Dios y que los monjes tibetanos no se diferencian de los monjes Ortodoxos.»




11.24 En Australia


En el año 1977, después de una invitación de la Iglesia local, visitó Australia junto con el Higúmeno del Sagrado Monasterio Stavronikita, el p. Basilio, para ayudar espiritualmente a los compatriotas de la Iglesia Ortodoxa.


Nos relató: “Volando con el avión por un momento sentí algo en mi interior. Pregunté para saber sobre qué país estábamos volando y era Siria. Tiene mucha Gracia divina a causa de los grandes ascetas que han vivido en los desiertos. Lo mismo sentí también por Tierra Santa.

»Más tarde sentí una frialdad, una irradiación demoníaca y escuché los altavoces del avión anunciando que estamos volando por encima de Pakistán.

»En Australia sentí que aquel lugar aún no se había santificado con la sangre de los martirios y los sudores de los santos, pero será santificada».


Fue hospedado en Melbourne por el bienaventurado p. Ioannis Limogianis. El día que preparaba a la gente para el Misterio de la Confesión, la hija del p. Ioannis, Déspina, recuerda: “era un hombre sabio; conocía tus problemas antes de que hablases con él. Todo su cuerpo desprendía una fragancia, y también la habitación donde estaba. Mi enfermiza madre me decía: “Tenemos un santo en nuestra casa, que la bendice. Cuando camina no escuchas sus pasos. Es un ángel sin alas. Tiene la Gracia divina en su rostro. Desde el día en que vino a nuestra casa, me siento completamente bien. Le pongo toallas limpias y no las utiliza. Tiene una toallita suya pequeña con la que limpia su cara y a pesar de esto despedía fragancia.

»Nos aconsejaba que fuéramos humildes, que oremos y pidamos al buen Dios que solucione nuestros problemas. Que no intentemos solucionarlos solos porque nos liaremos más. Mi madre guardó como amuleto la manta con la que se tapaba el Gérontas. Cuando estaba enferma se cubría con ella y sentía la Gracia de Dios abundantemente sobre ella.»


El p. Espiridón Bandoros, responsable del Sagrado Templo (Iglesia) de san Nectario de Melbourne, trajo al Gérontas con su coche. Menciona el siguiente milagro: “Un paisano mío, Dionisio “Spileotis” del pueblo Argostoli de la isla de Kefalonia, que entonces tenía 30 años, casado y con dos hijos, sufrió un derrame cerebral grave. Los médicos dijeron que no iba a vivir mucho más, y que si viviese, se quedaría como una planta. Fuimos con el Gérontas al Hospital Real de Melbourne donde estaba hospitalizado el enfermo. El Gérontas hizo muchas veces sobre él la señal de la Cruz con una concha que llevaba en su interior sagradas Reliquias de san Arsenio de Capadocia, e hizo muchas oraciones. El enfermo, ante la sorpresa de los médicos y de los parientes, en pocos días volvió a casa sanado, estaba totalmente bien y vive hasta hoy en día en la región de Drommana de Melbourne.


El entonces canciller del Obispado y ahora higúmeno del Sagrado Monasterio de Panayía Pantanasa, el archimandrita Stéfanos, menciona: “El paso del memorable Gérontas por Australia fue desapercibido, sin ruido, y esto porque entonces para la mayoría de la gente era desconocido. Aquello que más me llamó la atención fue el siguiente acontecimiento: Una tarde junto con el Gérontas visitamos una pequeña iglesia. Le dejé dentro allí dentro del y me fui a la sala de al lado para un trabajo. Después de haber pasado sólo unos pocos minutos, volví al templo donde había dejado al Gérontas. No estaba allí. Lo llamé por su nombre. Ninguna respuesta. Repetí dos o tres veces y otra vez silencio. Me inquieté. Vuelvo a llamar ahora con casi todas mis fuerzas. Después de un rato le veo saliendo detrás de los últimos asientos del templo, como si viniese de otro mundo…


Conclusión: en un breve espacio de tiempo se había entregado por completo espiritualmente en la oración. Los rasgos de su cara se mostraban alterados. Estaba como si hubiese venido de otro mundo que conocía muy bien y en un tiempo mínimo tenía la capacidad de ser arrebatado y transportado por la oración. Naturalmente el tema quedó sin comentarios tanto por mi parte como por la suya. Entonces entendí su valor espiritual, quién tenía a mi lado en aquel momento y la magnitud de su altura espiritual. Que tengamos su bendición. Nos amaba. Le sentimos muy cerca de nosotros. En mi canon o regla hago oración en su nombre”.


Un griego de Australia relató que el Gérontas salía del Altar de una Iglesia y una mujer fue a pedir su bendición. La hizo señal con la mano para que se marchase, la echaba. Preguntó sorprendida:

—¿A mí me lo dice, Gérontas?

—Sí.

—¿Por qué, qué es lo que hice?

—Vete primero y reconcíliate con tu prima y después vuelve a venir.

Realmente se había enfadado con su prima y no se hablaban entre ellas.


El Gérontas recalcó la necesidad de construir monasterios, para ayudar espiritualmente a los hombres, antes de que llegasen los Yogui y los Pentecostales y arrastrasen a la gente con sus falsas luces.


Su paso por el lejano continente hasta hoy en día ha dejado huellas imborrables a los griegos ortodoxos. Decía un sacerdote de Australia: “Sentíamos como si hubiera bendecido y santificado los cuatro puntos cardinales del horizonte. Justificadamente los cristianos que le conocieron respetan su memoria e imploran su Gracia divina y su ayuda.»




11.25 El visitante nocturno


Al poco tiempo después de su regreso de Australia sucedió lo siguiente, tal como nos ha narrado el Gérontas: «Una noche escuché golpes en la puerta. Pregunté, “¿quién es?”, y escucho una voz: “soy el tal” (el nombre de un conocido mío). Preguntó: “¿qué hora es?”. Y él sólo respondió: “Ah, sí, son la tres”*. Miro mi reloj y realmente eran las tres. ¡Abrí la puerta y qué veo! Era el diablo. Estaba calvo y muy feo. Su cara era roja como hierro ardiente. Me dice enfadado: “Por el mal que me estás haciendo, te expulsaré de aquí”. Después desapareció y el lugar se inundó de un olor insoportable”.



* La hora tres con horario Bizantino. Es decir. Más o menos las nueve de la noche. En la pared del pasillo el Gérontas marcó este detalle: “Hora 3”. Y al lado tenía una flecha que seguramente indicaba dónde estaba puesto el diablo.




Tanto le dolió al Gérontas ver su acabamiento, que durante bastante tiempo después, refiriéndose a este acontecimiento, gemía profundamente y decía moviendo tristemente su cabeza: “¡Cómo se vuelve uno cuando se aleja de Dios! ¡La criatura más bella de Dios, cómo ha resultado ser tan miserable! Si el mundo supiera qué sucio es el diablo, todos le despreciarían y no harían pecados.” Era tan repelente la cara del diablo, que el Gérontas decía que los que van al infierno, si fuera posible, por lo menos que no vean su cara.




11.26 Aparición de Cristo


El Gérontas relató al hieromonje G.: “Sentía una dificultad para orar a Cristo. A la Panayía la tengo como madre. A la santa Eufemia lo mismo. La clamo: “santa Eufimita, mía”. Pero a Cristo sentía una dificultad. Su icono le besaba con temor; y cuando en el momento que decía la oración del corazón mi nus se dispersaba y se desapegaba de Cristo, no me preocupaba. “¿Quién soy yo, para tener continuamente mi nus en Cristo?”, pensaba. Y me sucedió esto que voy a decir:


»Era la noche la Memoria del Tercer Encuentro de la Venerada Cabeza del Profeta y Precursor Juan el Bautista, y amanecería siendo el día de san Carpo. (El 26-5-1977). Me sentía muy ligero, como una pluma. No tenía ninguna gana de dormir. Pensaba: “Me voy a sentar ahora para escribir algo sobre el padre-Tikon y mandarlo a las hermanas”. Hasta las 8:30 hora del M. Atos escribí unas treinta páginas. Aunque no tenía sueño, me dije que voy a estirarme un poco, porque sentía un poco cansancio en los pies.

»Comienza a amanecer. A la novena hora (las 6 de la mañana horario en el mundo) no me había dormido. En un momento, como si se hubiera perdido la pared de mi Kelí (al lado de la cama, hacia el taller). Veo a Cristo dentro de una luz, a una distancia de seis metros más o menos. Le veía desde la parte lateral. Su pelo era rubio y sus ojos azules. No me habló. Me miró un poco así de reojo, pero no a mí exactamente.

»No veía con los ojos corporales físicos. Estos si están abiertos o cerrados no hay ninguna diferencia. Veían los ojos del alma.

»Cuando Le vi, pensé: ¿Cómo pudieron escupir sobre una figura así? ¿Cómo pudieron —los sin temor de Dios, los blasfemos— maltratar un rostro tan bello? ¿Cómo atravesar con clavos a este cuerpo? ¡oh, oh, oh!

»¡Me quedé anonadado! ¡Qué dulzura sentí! ¡Qué deleite! No puedo con palabras mías expresar esta belleza. Es esto que dice: “Eres el más bello de los hombres” (Sal.44,3 [45,3]). Esto fue; no había visto nunca imagen Suya así de este tipo. Solo una vez –no me acuerdo dónde- se parecía algo.

»Merecería la pena para uno luchar mil años, para ver esta belleza sólo por un momento. ¡Qué más grandes e indecibles cosas es posible que sean regaladas al hombre…, y con qué cosas tan ínfimas nos ocupamos nosotros!

»Creo que es un regalo que me hizo el padre-Tikon. No se lo cuentes a nadie. Me lo he pensado mucho, el contártelo a ti también. Ves, durante tanto tiempo no te he hablado, y te lo digo ahora que te vas». (Estas cosas fueron dichas el 28 de Mayo del 1977).


Después de dos días cuando volvieron a encontrarse, el Gérontas dijo. “Toda la noche he estado llorando porque te lo he dicho. No tengo miedo de que vayas a contarlo. Pero yo me he perjudicado”. Este hecho lo sintió también una hermana del Monasterio Surotí y escribió al Gérontas: “Tal fecha del mes, tal hora… El resto nos lo va a decir usted”. Y realmente, más tarde, cuando salió fuera, se lo narró, y además hizo la descripción después hicieron el icono de Cristo exactamente tal y como le vio.




11.27 Carreteras y coches


Durante el año 1977 fue un tema delicado el de la existencia coches en el M. Atos. Entre los padres había desacuerdo. Unos apoyaban la existencia y el uso de los coches, porque prestaban un servicio y supuestamente hacían ganar tiempo para la oración, y otros pensaban que por el bien del M. Atos, para que no se perdiese su serenidad ni fuese alterado su aspecto espiritual, se debía detener la apertura de carreteras y los coches que saliesen del M. Atos. El Gérontas estaba de acuerdo con los segundos. Tomó la posición y habló con franqueza y precisión. Decía: “Si quieren estas facilidades, pues, que se vayan a algún monasterio del mundo y dejen de estropear la Sagrada Montaña. Es menor el daño de que pierdan ellos su castidad, de que se estropee este casto lugar. Quieren hacer también una carretera en la cima y que cruce todo el M. Atos. ¡Por Dios, qué es esto, no pueden entenderlo! Es como si, dijéramos, diésemos un hachazo sobre la columna vertebral del M. Atos. Si continúa esta situación, ¿después qué pasará? Muchos con los coches estarán rondando en toda la Santa Montaña para hacer turismo y algunos venderán hasta refrescos y bocadillos. Y el M. Atos, que fue santificado por los santos padres con sus luchas, se convertirá en un auténtico manicomio…”. Después de un corto silencio añadió: “Pero la Panayía no dejará que sea destruido su Jardín…”.


Muchos representantes llegaban hasta su Kalivi para pedir consejo. El Gérontas más allá de sus propias persistentes y dolorosas sugerencias, actuó para que fuese compuesto un texto prohibitivo contra las carreteras y los coches. Lo firmó junto con otros respetados y sobresalientes monjes del M. Atos. Finalmente la Sagrada Comunidad decidió delimitar el tráfico de coches dentro de los límites de cada Monasterio. Pero desgraciadamente la situación no cambió, más bien, empeoró. Al final, cuando ya no le hacían caso, decía con tristeza: “Los responsables darán cuentas a Dios. Basta que uno no esté de acuerdo con ellos y no se convierta en el causante”.

En aquel tiempo regresaba del mundo en un período invernal. El autobús por las muchas nieves no bajó a Dafne. El coche de un Monasterio llevó a los pasajeros. La mayoría eran padres. Todos subieron al coche e intentaban convencer también al Gérontas para que subiese, pero en vano. Salió sólo caminando y le siguió también un joven. En la espalda llevaba un saco con bastante peso. Estaba agotado y tenía mucho frío, mientras que no cesó de caer nieve por el camino. No consiguió llegar hasta su Kelí, pero ya casi pasada la tarde llegó a Kariés, donde pasó la noche. Sufrió toda esta fatiga y cansancio para no incumplir por obra lo que había sostenido con palabras.

Esta posición suya la mantuvo hasta el final de su vida. Vale la pena señalar que el último día antes de su salida del M. Atos se encontró en la celebración de la Kelí de san Cristódulo el 21-10-1993, junto con los otros conocidos padres. Cuando fue invitado, por algún motivo que le vino, dio la vuelta a la discusión y se posicionó con una dureza no acostumbrada contra las carreteras y los coches que querían poner en el ascético M. Atos. Era de una manera una forma de dejar marcados fuertemente sus últimas condiciones y sellar así su creencia.




11.28 Predicción


Testimonio del señor Apostolos Papajristos, teólogo y cantor salmista de la ciudad de Agrinio: “Visité al Gérontas por primera vez el 12 de septiembre del 1977 en su Kelí de la “Venerada Cruz”. Apenas me vio, naturalmente sin conocerme, me dijo: “bienvenido Apostolos”.

»En enero de 1979 le visité otra vez. Aquel tiempo se había comprometido mi prima con un joven y le pregunté si era el hombre correcto para una familia adecuada.

»Entonces el Gérontas dijo: “Este hombre no va a progresar nunca, porque ha cometido injusticia sobre un alma. A una joven que la había prometido casarse con ella la abandonó, y ella por su tristeza intentó suicidarse. Finalmente no murió pero se quedó paralítica. Si no pide perdón por las cosas que ha hecho, no progresará nunca.”

»Realmente hasta hoy en día, a pesar de sus esfuerzos, no consiguió crear una familia y conseguir algo en su vida.»




11.29 Icono resplandeciendo


Era de noche, víspera de san Artemio, 19 de octubre 1978. El Gérontas rezaba arrodillado. Sobre su reposacabezas tenía un icono de papel dentro de una funda plástico, copia del icono de Cristo, tal y como se le había aparecido. En un momento vio una luz sobre el reposacabezas que se movía de un lado a otro como una linterna móvil y se dio cuenta de que la luz era emitida desde el icono. Lleno de un deleite celestial por mucho rato la abrazaba y la tocaba con reverencia, y otra vez irradiaba. Este milagroso fenómeno continuó por muchos días. Un monje del M. Atos reverenció el icono ocho días después y fue testigo presente de esta luz sobrenatural. Finalmente este icono reluciente se lo regaló a uno para su consuelo espiritual.




11.30 El santo “muy injustamente perjudicado”


Sentado en la acera fuera del Monasterio de Stavronikita, el Gérontas conversaba con los peregrinos. Un teólogo sostenía que el abad Isaac el Sirio era nestoriano. Desgraciadamente repetía las conocidas percepciones occidentales.

El p. Paísio intentaba convencerlo de que no sólo es ortodoxo sino también santo, y que sus Logos* ascéticos tienen mucha Gracia y fuerza, pero en vano insistía. El teólogo continuaba obstinadamente con sus opiniones. El Gérontas se marchó para su Kalivi tan entristecido que rezaba y lloraba.


Cuando avanzó un poco y llegó al punto donde está un gran árbol, un plátano de sombra, “algo le sucedió”, como dijo, sin querer explicar qué era exactamente esto. De acuerdo con un testimonio tuvo una contemplación en la que vio el coro de los santos Padres pasando delante de él. Uno de ellos se detuvo y le dijo: “Soy Isaac el Sirio. Soy muy ortodoxo. Realmente había en mi región la herejía de Nestor, pero yo la había combatido”. Nos debilitamos en asegurar o rechazar la credibilidad de este testimonio. De todas formas no hay duda de que “este algo que le sucedió” al Gérontas, era un acontecimiento sobrenatural que le informaba claramente de las realidades sobre la ortodoxia y la santidad del abad Isaac.


Los “Logos Ascéticos” de san Isaac, el Gérontas los tuvo en su almohada y los leía siempre. Durante un período de seis años, era su única lectura espiritual. Tomaba un pasaje y a menudo, durante todo el día, lo repetía continuamente en su nus, lo estudiaba y meditaba profunda y prácticamente, “igual que los animales rumian su comida”, según su expresión. Repartía como bendición algún pasaje de los Logos de San Isaac para incitarlos a su estudio. Creía que ayudaba mucho el estudio de dicho libro, porque dan a entender a uno el sentido más profundo de la vida, y también cualquier tipo de complejo grande o pequeño que tenga el hombre que cree en Dios, le ayuda a expulsarlo. El breve y preciso estudio del abad Isaac altera el alma por la multitud de vitaminas que contiene” (Epístolas, pág. 67).

Aconsejaba también a los laicos leerlo, pero poco a poco para poder asimilarlo. Decía que el libro del abad Isaac vale tanto como toda la biblioteca patrística.

En el libro que leía debajo del icono del santo que en su mano mantiene una pluma y escribe, apuntó: “Abad mío, dame tu pluma para subrayar todo tu libro”. (Es decir, vale la pena ser subrayado el texto entero).

No sólo lo estudiaba el Gérontas, sino también lo tenía mucha devoción y particularmente le honraba como santo. Sobre el pequeño comedor en la Skete Panaguda donde fue más tarde, de los cinco o seis iconos que tenía, uno era de san Isaac el Sirio. Por el amor y la devoción que tenía hacia este santo, dio su nombre a un monje cuando le concedió el gran hábito. La memoria del santo la celebraba el 28 de septiembre con una vigilia común de toda la noche, que establecél mismo. En una de estas vigilias fue visto dentro de la luz tabórica increada, sobreelevado y alterado (ver aptdo. “Transfiguración”, 12,22). Antiguamente que se celebraba la fiesta con San Efrén el Sirio, había añadido el Gérontas en el Mineo (Mensual) de Enero, en el día 28, lo siguiente: El 28 fiesta de san Efrén el Sirio y del gran hesicasta Isaac el Sirio por el que se comete injusticia.




11.31 Multitud de demonios


Relató el Gérontas: “Estaba sentado en mi kelí cuando escuché la campanilla. Miré por la ventana ¡y qué veo! Un maestro (gurú) de magia negra acompañado por un grupo de demonios ¡Ohh…! El hombre, imagen de Dios, vale que tenga uno, ¡pero tener un ejército de demonios! No abrí la puerta. ¿Para qué los iba abrir, para perder mi tiempo?”

Después cuando el Gérontas bajó al Monasterio, los padres le hablaron sobre un visitante raro, pero él no dijo nada.




11.32 Defensa de la serpiente


Visitaron al Gérontas unos padres espirituales que están en el mundo y le preguntaban de qué manera debían tratar y ocuparse de los que se confesaban. Querían aplicar exactitud sin discernimiento y severidad, cumpliendo al pie de la letra los cánones, sin tener en cuenta su arrepentimiento. El Gérontas decía que se debemos comportarnos con clemencia y amor con los hombres. Ellos insistían. Entonces les dijo que, si incluso a las serpientes debemos tratarlas con amor, cuánto más a los hombres.

En aquel momento vino una serpiente grande al lado suyo y se puso de pie, como si quisiera de alguna manera certificar las palabras del Gérontas.

Naturalmente estos padres espirituales del mundo no solo se quedaron sorprendidos, sino que además fueron convencidos por esta paradójica apología.




11.33 “Oró y el cielo dio la lluvia”


Visitó al Gérontas un joven monje de un monasterio del M. Atos. Habiendo terminado ya la conversación, cuando el monje se iba a marchar, le dijo:

—Esta noche haremos oración para que llueva, porque fuera en el mundo hay muchos perjuicios y destrozos y se están destruyendo cosechas por la sequía.

El monje no oró, porque no tomó en serio las palabras del Gérontas, sea por negligencia o por olvido. Pero vio llover por la noche, aunque hacía buen tiempo, y admiró la efectividad del Gérontas y la Gracia que le dio Dios, como al profeta Elías, para abrir el cielo con su oración y hacer descender las aguas del cielo.


“Menos mal”, decía el monje, “que no hice oración, porque quizás mi pensamiento me hubiese dicho que Dios me había escuchado y había llovido”.




11.34 El Ángel de la guarda


Relató el Gérontas: “Era el día de san Isidoro de Pelusio (4-2-1979). Pasaba por un periodo con muchas preocupaciones y debido a ello tenía fuertes dolores de cabeza. Debido a la presión se vio afectado un ojo y peligraba de padecer un derrame. Lo sentía como si alguien me golpease por dentro con un martillo y quisiese salirse fuera. Sobre las 9 de la noche (hora en el mundo), estando tumbado en la cama, vi un Ángel muy hermoso, como si hubiese salido de mi interior, con figura de un niño de doce años. Su pelo era muy rubio y le llegaba hasta los hombros. Me sonrió y pasó suavemente su mano sobre mis ojos. Directamente se me quitó toda la preocupación y cesaron los dolores. Sentí tal dulzura que preferiría que me volviese a doler, para ver de nuevo a mi Ángel de la guarda.




11.35 Una fiesta distinta


Testimonio del Metropolita de Limasol de Chipre, Excmo. Sr. Don Atanasio: “Visité al Gérontas en septiembre de 1977, día lunes, víspera de la Fiesta de la Exaltación de la Venerada Cruz. Llamé a la puerta muy temprano, me abrió el Gérontas. Estaba muy alegre y con buen ánimo. “Ah, menos mal que has venido, diácono”, me dice, “y mañana tengo fiesta. Vendrán los salmistas, he pedido mero para comer y faltaba un diácono; has venido tú, solucionada la fiesta”. Decía también otras bromas de este tipo. Después me dijo: “Te quedarás aquí esta noche”.

»Sabía que el Gérontas no retenía a nadie por la noche con él. Apenas me lo dijo salté de alegría.

»Fuimos a la Capilla, me puso a ajustar el Altar Sagrado, quité el polvo, barrí el pasillo e hice varios trabajos. En mi interior sentía una gran alegría. Al mediodía fuimos a comer. Preparó té, trajo una tostada de pan y sacó unas coles silvestres de su jardín.

»Me impresionó mucho cuando hicimos la oración. El Gérontas dijo el “Padre nuestro…”, levantó sus manos y lo dijo con tanto anhelo y tanta devoción que era como si realmente hablara con Dios.

»Después me llevó a la kelí y descansamos una hora más o menos; y después hicimos las pequeñas Vísperas con la cuerda de oración.

»Cuando acabamos me dijo el Gérontas: “Mira, diácono, ahora haremos vigilia con la cuerda oración y por la mañana vendrá el cura para hacer la Divina Liturgia. ¿Sabes utilizar la cuerda de oración? Te diré cómo lo harás”, y me dio un programa. Era un programa sabio para no pasar sueño por la noche. Me dijo que hiciese oración con una cuerda de 300 nudos, diciendo: “Señor Jesucristo¹⁴, ten piedad de mí”. Después, con una de 100 nudos a la Santísima (Panayía) Madre de Dios. Una de 300 nudos a Cristo para los vivos y uno de 100 nudos a la Panayía para los vivos; una de 300 a Cristo para los difuntos y una de 300 nudos a la Panayía también para los difuntos; una de 300 nudos a la Santa Cruz y después uno de trescientos nudos diciendo “gloria a ti, nuestro Dios, gloria a ti”. Por primera vez escuché que se hacía tal cosa. Me explicó: Lo que hacemos con esta cuerda de oración es glorificación (doxología); cuando termines, comienza otra vez desde el principio”.

»Me dijo, “si oyes algún ruido, no te asustes. Por aquí circulan jabalíes, chacales etc.”. Me puso en su pequeña sala de visitas y dijo que alrededor de la medianoche me llamará para ir juntos a la Iglesia para leer la Oración para la Divina Comunión.

»Por espacios de tiempo oía al Gérontas bostezar profundamente. De vez en cuando golpeaba la pared y preguntaba: “Eh, diacono, ¿estás durmiendo; estás bien?

»A la una menos algo, pasada la medianoche, fuimos a la Capilla. Me puso en el único asiento que había y me dio una vela para leer la oración de la divina Comunión. Él estaba a mi izquierda y comenzó diciendo los pasajes: “Gloria a ti, nuestro Dios, gloria a ti”. Cada vez que decía el estribillo hacía sobre él la señal de la Cruz (se santiguaba) y se inclinaba hasta el suelo.

» Cuando llegamos al tropario “María Madre de Dios…”, recuerdo que, sólo esto leí, después del “Santísima Madre de Dios sálvanos” que dijo el Gérontas, sentí una cosa… —no sé, no puedo explicarlo— y paré. Entonces comenzó a moverse el candil de la Panayía, no bruscamente, sino que de modo continuo, yendo de un lado al otro de lo ancho del icono y toda la Capilla se inundó de luz. Veía sin la vela y pensé por un momento apagarla.

»Me giré hacia el Gérontas. Tenía sus manos cruzadas sobre el pecho y doblado hasta abajo. Entendió que quería preguntarle y me hizo la señal de no hablar. Me quedé en el asiento y el Gérontas doblado al lado mío. Sentí tanto amor y reverencia hacia el Gérontas…y sentí que me encontraba en el paraíso.

»Permanecimos en esta situación, media hora, una hora, no podía calcularlo exactamente. No sabía qué hacer. Inconscientemente continué yo solo la oración para Divina Comunión y llegué hasta la oración VII: “Recibe mi plegaria, oh Cristo, Dios mío, que surge de mis manchados labios…”, poco a poco se iba apagando primero la luz y después paró de moverse el candil. Terminamos la Oración para la divina Comunión y salimos fuera al pasillo. Me dijo que me sentase en un taburete y él se sentó silencioso en un pequeño baúl. Después de mucho rato, le pregunté:

—Gérontas, ¿qué era esto que hemos vivido y experimentado?

—¿Qué cosa?

—El candil; ¿cómo se movía tanto tiempo?

—¿Qué es lo que has visto?

—He visto que se movía el candil de la Panayía izquierda-derecha.

—¿Sólo esto has visto?

—También he visto luz.

—¿Otra cosa?

—No he visto nada más. (El Gérontas para preguntar qué más había yo visto, significa que él vio algo más).

—Bien, no era nada.

¡Cómo que no era nada, Gérontas, si el candil se movía y había luz!

—¡Eh, no has oído lo que escriben en los libros, que la Panayía circula por todas las Kelias de los monjes y ve lo que hacen! ¡Pues, ha pasado por aquí también y ha visto dos chalados y pensó en saludarnos y movió su candil!


»Después por sí solo comenzó a narrar varias de sus experiencias. Me comentó cómo había visto a la santa Eufemia y muchas cosas más. Había cambiado todo su ánimo y disposición; hasta por la mañana me estuvo hablando de temas espirituales. Me recalcó: “Te lo digo todo esto, querido diácono, por amor para ayudarte, no para que creas que soy algo”.

»A las 5:30 vino el cura y el Gérontas quería que hiciera la Divina Liturgia, pero yo no tenía vestimentas correspondientes. Me trajo un viejo “orarion”, trajo una estola (“epitrachelion”) y lo colocó como “orarion” sujetándolo con un imperdible. Encontró unas “epimanikia” y envolvió mis manos, etc., me asemejaba a un payaso, pero fue la Divina Liturgia más bella de mi vida. Estábamos sólo los tres.


»Me mantuvo con él hasta el Sábado. Una vez me mandó a Burazeri para ver a unos compatriotas míos y permanecer allí hasta el mediodía para comer. Y otra vez me mandó al Monasterio Stavronikita para lo mismo, porque en su Kelia tenía sólo té y tostadas”.




11.35 Respuestas de otra manera


El señor Teodoro Hatzipateras, tendero de la ciudad de Xanzi, testifica: “Había oído sobre el p. Paísio a través de un estudiante y le visité en su Kelí.

»Marchando le comenté también el problema que tenía en mi tienda de alimentos. “Gérontas, tengo muchos ratones en mi tienda y me entristezco y no puedo hacer nada. Por favor, ora a Dios para que se marchen”. Le suplicaba con dolor del corazón, porque circulaban libres en la tienda, me causaban muchos daños y siempre se oían por encima del techo. Incluso durante el día saltaban delante de los clientes. Había traído una radio de Alemania y los ratones entraron dentro e hicieron nido, criaron, se comieron las resistencias y me lo destrozaron. Me responde: “Bendito mío, ¿haremos a Dios ocuparse de unos ratones?” hizo como si no daba al tema ninguna importancia.

»Regresé a mi casa. Mi alma saltaba de alegría, pero también tenía mucha molestia y dolor porque el Gérontas no había entendido mi problema.

» Sin embargo cuando regresé a mi tienda, entendí que algo había cambiado. En dos días me di cuenta de que los ratones habían desaparecido. No había quedado ni uno. Entonces entendí que el Gérontas los había expulsado.


» Durante un periodo empezaba a sentir grandes cansancios, mis fuerzas me abandonaban y adelgacé mucho. Fui al médico para hacer exámenes; tres médicos decidieron darme una terapia, porque algún microbio debilitaba mi organismo. Estaba en la cama, incapaz de realizar cualquier tipo de trabajo.

»Decidí escribir al Gérontas Paísio sobre mi situación. Le rogaba para que me respondiera por carta, si tenía que salir de Xanzi o confiarme a la providencia de Dios y a los médicos locales.

»El segundo día de mi terapia me vino un fuerte dolor al estómago. “Principio de gastrorragia”, me dijo el médico, “tienes que parar de tomar los medicamentos”, y así entré en la Clínica. A media noche me levanté y me caí al suelo mareado. Mi apetito se había cortado totalmente. Me estaba fundiendo como una vela. Los médicos me veían y no me decían nada. Era jueves por la tarde cuando entré en la Clínica y hasta el sábado por la noche mi estado de salud había empeorado.

»El Domingo por la mañana me desperté y sentí una fuerza indescriptible en el cuerpo y en el alma. Me levanté de la cama y llamé a mi mujer por teléfono para que viniese con un médico conocido nuestro para sacarme de la Clínica, para no marcharme yo sólo como un ladrón.

»El médico me dijo: “Pues ayer estabas fatal, pero realmente algo ha cambiado. No entiendo nada, no puedo explicar nada”. Yo le digo: “Ha sido un milagro, Dios ha hecho su milagro”. En mi interior me preguntaba: “¿Quién sería el que habría intervenido, para hacerse el milagro? Comí con apetito la comida mezclada con lágrimas. La conmoción era indescriptible. El día siguiente fui a mi trabajo, sin sentir el mínimo cansancio. En pocos días recuperé todos los kilos que había perdido.

»A principios de Diciembre visitamos al Gérontas Paísio en el M. Atos con un profesor amigo mío y un estudiante. Nos abrió la puerta y pasó primero el profesor y después el estudiante, y fueron hacia su Kelí. Nos quedamos atrás los dos con el Gérontas, y me dice: “¿Qué tal Teodoro, ahora estás bien?”. Yo pensé que, ya que le había escrito en relación a mi enfermedad y ahora me veía sano y fuerte, me preguntaba por mi salud. “Sí, Gérontas, gracias a Dios, estoy muy bien”, le respondo. Seguimos caminando hacia la Kelí. Y me dice: “¿Recibiste mi carta, cierto? Yo me detuve por un momento pensando que no había recibido ninguna carta de él. Pero antes de darme tiempo a contestar me dice: “No te he escrito ninguna carta, pero te respondí a mi manera”. Mis interiores se removieron como un seísmo. Entendí que el Gérontas con sus oraciones me había curado. Me vuelve a preguntar:

—¿Has recibido mi carta, es cierto no?

—Sí Gérontas, —le respondo—, he recibido la carta.

Mi conmoción fue enorme. Una vez que veneramos en la Capilla, salí fuera y lloré mucho».




11.36 Divina Liturgia en “Santa Cruz”


En 27 de octubre de 1978, dos padres del M. Atos visitaron al Gérontas en su Kalivi. Uno de ellos describió de la siguiente manera su visita: “Llegamos una o dos horas antes de anochecer. Nos quedamos fuera de la puerta del recinto vallado, sin tocar la campanilla. Veíamos humo subiendo delante de la Kelí y oíamos una discusión algo fuerte. En poco rato vemos al p. Paísio saliendo por detrás de un montón de madera. Nos miró y nosotros le hicimos una reverencia. Una vez que nos hizo unos saludó alegremente con sus manos, vino poco a poco y nos abrió la puerta haciéndonos una reverencia e intentando besarnos la mano.

»Bajando vimos a un joven monje del Sagrado Monasterio Stavronikita cocinando fuera de la Kelí con un fuego que le había dejado ciego por el humo. Nos lo presentó sonriendo: “El padre… es el cocinero de la fiesta”. Y le dijo a él: “Ten cuidado, bendito, no vaya ser que me quemes la comida”. Aquel sonrió y vimos que estaban discutiendo de algo alegre.

»Veneramos en la Capilla y nos condujo a la sala de visitas y nos invitó a un dulce. Nos explicó que el día siguiente era el día de la dormición del padre Arsenio el Capadocio y se celebraría Divina Liturgia, por eso estaban tan alegres.

»Después de dos o tres minutos de silencio nos dijo: ¡El padre-Tikon, cuando venían visitantes con sotanas, les preguntaba si eran curas y si celebraban la Divina Liturgia. Y cuando le respondían que sí, glorificaba a Dios. Si un cura respondía que no celebra la Divina Liturgia, entonces se amargaba mucho, tanto que no podemos imaginar”

»Esto nos hizo a los dos quedarnos sorprendidos, porque realmente mi amigo hieromonje hacía tiempo que no celebraba la Divina Liturgia, sin que hubiese ningún problema. Nos miramos…

»Conversamos bastante rato sobre temas espirituales y nos propuso quedarnos por la noche en su Kelí. Después el diácono trajo la comida que había cocinado y nosotros comimos, mientras que ellos comieron unos frutos secos. El padre Paísio dentro de un mortero machacó algunas almendras. Toda su comida era dos o tres cucharadas de almendras machacadas.

»Por la mañana vino el cura desde el Monasterio y celebró la Liturgia junto con mi amigo hieromonje. Yo en la Divina Liturgia salmodiaba con el padre Paísio, quien cantaba con notable deleite.

»Antes de comenzar, se acercó a mí y me susurró en la oreja que para otra vez me pondría a mí a celebrar la Divina Liturgia. De una manera me explicaba la razón por la que prefirió a mi amigo y no a mí, aunque yo era mayor de edad y había sido ordenado con anterioridad. “Había entendido”, me dijo, “que en este tiempo no celebraba la Divina Liturgia, por eso ayer en cuanto vinisteis os dije lo que decía el padre-Tikon.

»Después de la Divina Liturgia el cura y el diácono se marcharon para el Monasterio. A nosotros nos mantuvo varias horas. Cuando nos levantamos para marcharnos, sentía la naturaleza alrededor tomando otra imagen. Todo lo sentíamos y lo percibíamos espiritualmente. Creías que los verdes arbolitos te hablarían…»




11.37 “Dios está obligado a ayudar”


Testimonio del señor Tamiolaki Eleuterio de la isla de Creta: “Una vez me encontré en una situación difícil a causa de mis múltiples obligaciones, y me fui a ver al Gérontas para que me apoyase. Dentro de la nieve, con muy mal tiempo, llegué y toqué la puerta. El Gérontas me abrió inmediatamente y rápido me metió dentro. “Te esperaba”, me dijo. Yo naturalmente no le había avisado. Me mandó sentarme cerca de la estufa y empezó con paciencia a hacerme un té. Puso el agua en el cacito, se santiguó diciendo, “¡gloria a ti Dios!”. Puso el té en el cacito y volvió a decir, “¡gloria a ti Dios!”. Finalmente puso el cacito al fuego y otra vez santiguándose dijo “¡gloria a ti Dios!”


»Hasta entonces no me había dicho ni palabra, excepto lo del principio “te esperaba”. Yo le estaba observando y comencé a ponerme nervioso por su tranquilidad, porque a mí me estaban quemando mis propios asuntos. Cuando hirvió el té, me dio la taza, me miró con aquella mirada inocente y compasiva y serenamente me preguntó qué me pasaba y por qué parecía estar tan inquieto. Yo nervioso comencé a descargar mis problemas con énfasis, recalcando que el mundo fuera trae muchos quebraderos de cabeza. Él sonrió, bebió un trago de su té y me dijo apaciblemente: “Eh, ¿por qué te inquietas?, Dios ayudará”. Yo me puse aún más nervioso y con la familiaridad y la confianza que tenía con él, porque le amaba mucho, le dije: “Bien, Gérontas, Dios ayuda una vez, dos, tres… ¿pero está obligado a ayudar continuamente?


«Entonces me miró seriamente y me dijo algo que me traspasó como un rayo: “Sí”, me dijo, “está obligado”. Era tan firme su seguridad y estaba tan claro que esto lo conocía de primera mano, que de repente todo se me cambió. Se me quitaron los nervios, me serené, sentí una inmensa paz y sosiego y sólo tenía una duda que se la comenté: “Muy bien, ¿y por qué está obligado Dios ayudarnos siempre?” La respuesta me la podía dar sólo un hombre que se siente realmente como hijo de Dios y tiene franqueza en su padre, que sólo este podía dármela. Me dijo: “Tal y como tú que has procreado hijos, ahora sientes la obligación de ayudarlos y sales de Salónica y vienes aquí con este mal tiempo porque estás inquieto, así también Dios que nos ha creado y nos tiene como hijos Suyos se interesa también Él por nosotros y siente la necesidad de ayudarnos. ¡Sí, está obligado!


»La inmediatez de esta respuesta fue tal que se me quitó todo el peso y cesé desde entonces de inquietarme por el futuro.»




11.39 Alegre y ágilmente *

* Para ser exactos, lo expuesto en este capítulo no fue todo dicho en la “Venerada Cruz”.



Uno de los elementos del carácter del Gérontas que no se ha recalcado suficientemente es que siempre estaba alegre y de buen humor. El buen humor es una virtud y la sonrisa natural espontánea es irreprochable.

A menudo contaba historias que producían risa espontánea, para consolar a las almas doloridas y angustiadas, pero también era algo propio de su carácter. Muchas veces bajo una broma simple se escondía un profundo significado y sentido espiritual. Hacía juego de palabras, cambios etimológicos y unas comparaciones inimaginables de palabras. Pero tenía la finura de no herir a nadie ni de criticar a las personas. De la multitud de ellas, indicamos algunas selectivamente:

***

Visitó uno al Gérontas con los intereses de un visitante museo y pidió ver los monumentos antiguos de su Kelí. Bromeando sobre lo absurdo de su búsqueda le indicó una pared en ruinas y le dijo con tono alegre: “Mira estas ruinas son de los tiempos de Nabucodonosor”.

***

—Gérontas, ¿qué haces aquí? —Le preguntó uno indiferente e insulso—.

—Estoy vigilando a las hormigas, para que no se peleen.

En similar situación, le preguntaron cómo pasa sus noches: “He aquí, mira los candiles que están en el cielo, tengo el servicio de encenderlos cada noche”, refiriéndose a las estrellas.

***

Vino uno y le preguntó:

— Padre mío, cómo adquiriré limpieza (espiritual, con sobriedad y vigilñancia)

— Pues, lávate cada día. Aunque yo que me lavo cada día aún no he visto ninguna mejoría en mí.

***

Una vez su conocida amiga Keti Patera fue al Monasterio de Surotí junto con Jorge Lagós (apellido que también significa “liebre”), profesor de la Universidad de Medicina, para ver al Gérontas. La dijo: “Ahora has venido con el Lagós (liebre), la próxima vez vendrás con la tortuga”. Efectivamente, la vez siguiente fue con una señora y se perdieron por el camino y en vez de cinco horas tardaron nueve en llegar.

***

Intentó besar la mano de un sacerdote recién ordenado y aquel por humildad no se la dio. “Si quisieras tener mano propia, pues, no haberte hecho cura”, le cogió de la mano y se la besó.

***

En “Panaguda” una vez estaba sembrando bulbos de cebolla que los tenía dentro de una lata de calamares. Vino un “listo” con sus manos atrás y le preguntó que qué hacía.

—Siembro calamares, —le contestó el Gérontas—.

— ¿Crecen, Gérontas?

— ¡Claro! Si los pones con los brazos hacia abajo, crecen.

***

En la vida espiritual, no cojeemos (“χωλαίνουμε” [jolénume]), no nos quedemos en el “χωλ” [jol > hall], en el pasillo. Los que se quedan allí no entran en el salón de Dios”, dando a entender al Paraíso.

***

Un joven conocido suyo le visitó en la Skete de Iviron. Vestía un traje y una corbata muy bonita. El Gérontas que encontraba su reposo en lo simple, utilizó una forma original y graciosa para enseñar la sencillez, sin muchas palabras; le dijo: “Das tu corbata y se la ponemos a este burrito así se alegra un poquito él también”. Aquel se la entregó y el Gérontas puso la corbata al burrito, mientras que el joven no podría detenerse de las risas por el espectáculo que estaba viendo. De todas formas el joven recibió su mensaje y la siguiente vez no vino al M. Atos con corbata.

***

Otras veces el Gérontas se hacía pasar por loco. En una visita de un hombre indiferente e ignorante espiritualmente, que quería pasar su rato y decirle noticias corrientes, el Gérontas lo captó y le preguntó: “Eh, qué noticias traes; ¿a qué precio se cambia la lira?”. El asceta pobre indicaba como si su interés estuviese en el precio de la lira.


***

Avisó al Monasterio para que no le molestase nadie por algunos días. Una compañía de estudiantes pasó por su Kelí. Llamaban insistentemente, pero el Gérontas no abrió. Pasaron por debajo de la valla, y el Gérontas se vio obligado a abrir. Les preguntó qué querían.

—Géronta, hablar de cosas espirituales

—¡Pero bueno, chavales! ¿De qué temas espirituales vamos a hablar? Debería venir la policía aquí. ¿Qué dice Cristo en el Evangelio? “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte…”, y no añadió el resto de la frase: “Ese es ladrón y salteador.” (Jn.10, 1)

***

Otra vez forzó la valla un Archimandrita. El Gérontas por delicadeza no le dijo nada. Después decía bromeando: “Eh, este tenía la bendición (el permiso), era “Archi” (jefe) del “mandras” (corral, establo).

***

Un peregrino griego pidió al Gérontas que dijese a sus amigos ingleses que estaban con él. El Gérontas, naturalmente sin saber inglés, encontró un grato modo de inquietar el auto convencimiento egoísta de los europeos y respondió: “Diles que nosotros los griegos también escribimos alguna vez la palabra “yo” con letras minúsculas, ¡mientras que ellos siempre la escriben con mayúscula!

***

Un endemoniado le dijo: “Yo soy el On-Ser”. Arrodíllate y reverénciame”. El Gérontas le responde: “Tú eres onos (burro)” dirigiéndose al demonio que en realidad le hablaba.

***

Uno vio al Gérontas andar descalzo sin zapatos y le preguntó que por qué no se ponía zapatos. Respondió: “Los zapatos de mi madre son los mejores; y cuanto más envejecen más fuertes se hacen, (es decir, se endurecen las plantas de los pies).

***

Un ingeniero de caminos y casas, conocido del Gérontas, le visitó en la víspera de la Fiesta de su Kalivi. El Gérontas le recibió diciendo: “Bienvenido el ingeniero con los contratistas”. Aquel quedó sorprendido, porque no le acompañaba nadie. Le dio un paquete al Gérontas que se lo habían dado en un Monasterio conocido por él. El santo lo abrió delante de sus ojos y entonces el ingeniero vió por sorpresa que el paquete llevaba contratistas, unos dulces que se llaman así.






12 EN PANAGUDA. ENTREGA A LOS DOLORIDOS




12.1 Instalación en Panaguda


El Gérontas, tras haber pasado once años de luchas y servicio a en la Kalivi de la Venerada Cruz, decidió después por un motivo espiritual marcharse de allí. Buscando Kelí en Kapsala, quiso quedarse con el gero-Minás el Rumano, quien no tenía ojos, para ayudarle en su vejez. Pero el Monasterio al que pertenecía su Kelí no le dió la bendición. Por el camino rogó con lágrimas: “Panayía mía, para todos tienes casa en tu Jardín, ¿pero para mí no tienes?”

El 27 de febrero, día en que se le había aparecido santa Eufemia, encontró, por indicación del gero-Joaquín, la Panaguda que hasta entonces era terreno de viñedos del Sagrado Monasterio Kutlumusion. Este acontecimiento lo sintió como una bendición concreta de la santa y le agradeció por su providencia. Los padres del Monasterio, con muy buena disposición y entusiasmados, aceptaron la petición del Gérontas, quien tras tramitar su carta de salida, convirtieron el terreno de viñas Kelí, dándole su certificado.

La Kelí de Panaguda se encuentra en la terminación de una colina, entre vegetación espesa. Está cerca del sendero que une Kariés con el Monasterio Iviron y enfrente de la Skete de san Panteleimon. La Capilla está en la esquina suroeste de la Kelí y es conmemorada en la Fiesta del Nacimiento de la Santísima Madre de Dios (por eso es conocida como Panaguda, es decir, pequeña Panayía). Está a la derecha del pasillo, apenas uno se introduce por la entrada, mientras que a la izquierda está la kelí del Gérontas. A continuación la kelí de la derecha, la cual transformó en sala de visitas y a la izquierda su taller. Una puerta te saca al tendedero, con vista hacia Kariés.

Aunque buscaba una Kelí para vivir en hesicasmo en la parte sur del M. Atos, sin embargo hizo el sacrificio por los peregrinos para que fuese más fácil el acceso para ellos, en la “Panaguda”. Es una pequeña Kelí recogida, no muy lejos de Kariés, para que no se fatigasen los peregrinos y pudiesen trasnochar en los monasterios cercanos. Y para que se repartiesen y no cayera todo el peso sobre un solo monasterio.

Trajo el agua potable con un tubo de plástico desde una pequeña fuente. Pero como los meses de verano la fuente no daba agua, reparó una antigua cisterna subterránea que se llenaba durante el invierno. Cercó el terreno de la Kalivi con una valla, dejando dos entradas. Preparó un pequeño huerto donde plantó unas hortalizas silvestres, y cultivaba cebollas, lechugas y unas cuantas tomateras; nada más.

La Kalivi tenía carencias básicas, porque era antigua y estaba abandonada. Faltaban puertas, ventanas y techo; el suelo tenía agujeros y entraba agua por el tejado. Comenzó con mucho esfuerzo con las reparaciones más necesarias. Dinero no tenía, y difícilmente lo aceptaba. Todo el día trabajaba y por la noche se iba a pie a donde un monje alumno suyo, que estaba a una hora de camino, donde había llevado sus pocas pertenencias. En sus trabajos le ayudaba su alumno y los padres del Monasterio Kutlumusion, que disponían también de animales para transportar los materiales. Al principio se ocupó de arreglar la Capilla y después su pequeña kelí, para poder pasar allí la noche.

Un día, yendo hacia “Panaguda” y arrastrando sus pies por el cansancio, pensaba: “Si pudiera por lo menos tener preparada la cama para poder descansar un poco”. ¡Llegando, vio una cama hecha sobre una puerta que la había hecho un monje!

Aparte del trabajo fatigoso de todo el día tenía también a la gente. Preparaba el cemento y, cuando venían personas con problemas, se sentaba junto a ellos y les escuchaba. Cuando volvía al trabajo el cemento se había endurecido. Pero no se enfadaba. “Los hombres tienen sus tormentos y sufrimientos. —El cemento que se haga cemento— decía alegremente el Gérontas, comparando su cansancio con la aflicción de los demás. Subía para reparar el tejado, venían los peregrinos y otra vez bajaba. Cuando se marchaban, volvía a subir para continuar. Esto sucedía a menudo hasta que se instaló en la Kelí, pero también después.




12.2 Los santos Panteleimon y Luciniano


Era un 2 de junio de 1979 por la tarde. El Gérontas apenas había transportado sus cosas a la Kelí de Panaguda, sin haber tenido tiempo de ordenarlas. Se preparaba para hacer Vísperas y preguntó al monje que le estaba ayudando que cual era el santo del día siguiente, pero aquel no se acordaba. Le dijo que mañana cuando viniese se lo dijese y se marchó deprisa, porque estaba anocheciendo.

Lo siguiente que sucedió lo narró el Gérontas de la siguiente manera: “Tenía los Mensuales 20 en cajas. Buscaba encontrar mis gafas para ver el santo del día y no las encontraba.

Para no perder tiempo, hice Vísperas con la cuerda de oración diciendo: “Santos del día, intercedan por nosotros”. Cuando a medianoche me levanté, intenté otra vez con la linterna durante media hora más o menos encontrar el santo del día, y otra vez sin resultado. Dije “se me ha escapado el Oficio de Medianoche”. Para no pasar la noche buscando, otra vez con la cuerda de oración, “Santos de Dios…”, sin referirme a los nombres de los santos del día.

»Entonces vi a san Panteleimon acompañando a otro santo dentro de mi Kelí.

—¿Quién eres? —le pregunté—.

—San Luciniano, —respondió—.

»No recordaba que existiese tal nombre de santo y volví a preguntar:

—¿Luciano?

—No. Luciliano.

—¿Cómo? ¿Longuino? —Pregunté por segunda vez—.

-Lu-ci-lia-no, repitió el santo, pronunciando lentamente por tercera vez su nombre.

»A continuación dirigiéndose hacia san Panteleimon le dijo que me examinase de las heridas de la operación, para ver si me había recuperado. Se me acercó san Panteleimon que tenía puesta una bata blanca de médico. Una vez me hubo examinado poniendo su mano en mi pecho, en el lugar en que se había realizado la operación de los pulmones, le dijo a san Luciliano: “Está bien. Que lo tengas en cuenta en el título (exámenes)”. Los santos desaparecieron y el Gérontas glorificando a Dios y agradeciendo a los santos, encendió la vela y encontró que aquel día era 3 de Junio y era el día de san Luciliano.

El día siguiente por la mañana, cuando vino el monje que le ayudaba, el Gérontas le preguntó sonriendo: “¿san Luciniano, eh?” y le relató la aparición de los dos santos.

El Gérontas cuando leyó la vida del santo, quedó sorprendido asimilando la siguiente “coincidencia”*: Toda la de la vida del santo, que se encuentra en el Sagrado Monasterio Iviron, fue anotada un 27 de Febrero, es decir, la fecha en que se había aparecido al Gérontas la santa Eufemia.


* Ver “Sinaxaristís” (Santoral) de san Nicodemo del M. Atos, tomo 5, págs. 171-172, nota, ed. “Kipseli Ortodoxa, Tesalónica 1982.




Esta relación del mártir con la santa, a quien tanta devoción tenía el Gérontas, y también la cercanía del tiempo y especialmente del lugar del martirio de los dos santos le agradó especialmente al Gérontas.

A partir de entonces, cada año le honraba y puso su icono en la Iglesia y en su kelí.

Después fue a una Skete de Kutlumusion a reverenciar a san Panteleimon. Dijo que su icono del estante se parecía mucho a su santa imagen real.

Este admirable acontecimiento consoló al Gérontas y expulsó las fatigas y las aflicciones que pasaba en aquella época transitoria.




12.3 “Consuela a mi pueblo”


Toda aquella corriente de peregrinos cambió de dirección, y en vez de ir hacia a la “Venerada Cruz” ahora se dirigían a “Panaguda”. Y además aumentaba continuamente. En aquella hasta entonces tranquila vecindad ahora uno veía todo tipo de personas con distintas edades subir y bajar el sendero que atravesaba la pradera del Monasterio de Kutlumusion. Especialmente a la hora del minibús el tráfico llegaba al máximo. La mayoría de los pasajeros acudían con agonía y desesperación, por quién llegaría antes al Gérontas, preguntando: “¿Vamos bien para el padre Paísio?” “¿Está abajo el Gérontas?” “¿Hay muchas personas esperándole?”

El Gérontas los recibía todo el día, los invitaba y sacrificaba muchas horas junto a ellos para escuchar sus problemas, levantar sus cruces y tomar sus dolores, aconsejarlos, regañarlos, sanarlos e incluso divertirlos, sin calcular para nada, si él mismo estaba sin dormir, hambriento, sediento, cansado o enfermo. Pero aquello que le dificultaba era que interrumpía y reducía su concentración en la oración, sin distracciones e incesantemente. Realmente ardía por el deseo de la hesiquia con ininterrumpida comunión y conexión divina, pero su corazón sensible y lleno de amor no le permitía dejar sin consolar “a los cansados, fatigados y cargados”.

Así intentó y consiguió con discernimiento combinar perfectamente la diaconía hacia los hombres y la vida hesicasta. Su perspicacia carismática con la que investigaba las disposiciones y ánimos como también la seriedad de los problemas de los comparecientes –la mayoría de las veces incluso antes de venir en contacto con ellos- y algunos divinos acontecimientos extraordinarios, eran los inequívocos indicadores de este comportamiento suyo.

Según un testimonio, una vez el p. Paísio estaba muy cansado, y sonaba insistentemente la campanita. En el momento que se preparaba abrir, vio a su bienaventurado Gérontas padre-Tikon fuera de la alambrada, diciéndole contento: “Me alegro de que recibas a la gente”. Este acontecimiento contribuyó en aumentar más su peso hacia la diaconía a los peregrinos.

Pero con el paso del tiempo el número de visitantes había aumentado exageradamente, superaba los límites de su aguante. Confesaba que: “No lo defino; me he convertido en programa de los hombres. Antiguamente mi nus se hundía en la oración del corazón. Ahora vivo los problemas de las personas. ¡Muchas veces me sobresalto en el sueño!


Por otro lado percibía la gran necesidad, por lo menos de la mayoría de los peregrinos. Comentaba en relación: “No creáis que los hombres vienen aquí a pasar el rato. Tienen grandes problemas. Y lo que me hace continuar en una situación así es que algunas almas son ayudadas. Yo, supongamos, empecé con el propósito de hacerme monje, vivir en el anonimato y en el olvido, pero el mundo no me deja. Un Gérontas me dijo: “Tú, gero-Paísio, tienes el canon de recibir a la gente y aliviarles y ofrecerles reposo”. Ahora bien, cómo lo va a juzgar Dios, no lo sé”.

El mismo naturalmente anhelaba quedarse solo en la hesiquia y orar. Sentía que de esta manera ofrecía más y más en esencia a sus hermanos.

Por eso cuando vio que continuamente aumentaban los visitantes, se vio obligado a tomar ciertas medidas: Durante bastantes horas al día, por el verano, desaparecía en el bosque, y el invierno se encerraba en su kelí. Principalmente leía el Salterio, orando por categorías concretas de hombres doloridos. Por supuesto que hacía también excepciones que se salían de su regla, cuando “era informado” de una causa seria y urgente.

Dijo el Gérontas: “Algunas veces a la hora en que hago mi oración suena la campanilla. Miro por la ventana y veo que alguien está muy triste. (Cuando veo una persona, entiendo muchas veces también su estado). Y así abro a esta persona y junto con ella corren y entran cuatro o cinco más que habían venido a pasar el verano al M. Atos. Y hasta que acabo con ellos, me canso mucho, tanto que caigo en la cama como muerto. Lo mismo sucede también durante las Vísperas. Si veo a algún desafortunado le abro, porque me da pena. Y después adiós también a las Completas. Entonces se van también las cosas espirituales que tengo que hacer y también el programa que tengo. Pero yo no lo quería esto. Una vez abrí la puerta para ayudar a un dolorido y cargado de sufrimientos y me llevaron por delante también los demás, y vaya lo que me costó acabar. Pero si esto lo hiciera para divertirme, digamos, entonces ante a Dios no soy correcto”.

Incluso pensé una solución más radical: trasladarme, al menos por un largo tiempo, a un lugar hesicasta, aunque sea fuera del M. Atos. Recibió y aceptó ofertas para un lugar tranquilo y desconocido incluso en el extranjero (América).


Pero de repente se manifestó su cambio de postura. Interrumpió totalmente y para siempre sus amadas salidas al bosque y limitó las horas de su encerramiento. Cuando por sorpresa fue preguntado al respecto, respondió de forma enigmática la frase del profeta Isaías:

"Consolad, consolad a mi pueblo - dice vuestro Dios" (Is. 40,1), dando a entender que había recibido esta orden. Existe también un testimonio diciendo que se le apareció la Panayía y le dijo: “Mi trabajo es cuidar vuestras fronteras, y lo hago. Así también tú, debes recibir a la gente indistintamente, porque tienen necesidad”. El Gérontas humildemente obedeció a la Panayía y recibió por mandamiento de Ella el servicio a los doloridos.

A pesar de que recibía a todos, la gente no le causó perjuicio ni le influyó con espíritu secular. Al contrario, el Gérontas con Gracia de Dios transformaba a los hombres. Porque no sólo se sacrificaba ofreciéndose a los seres humanos, sino que él mismo “progresaba” y avanzaba espiritualmente “en la fuerza de la práctica hacia la fuerza de la contemplación espiritual”, y vivía acontecimientos sobrenaturales. Con su experiencia de vida hesicasta sacaba partido a la oración nocturna y a las horas del día que conseguía estar solo. Cuando estaba solo, dirigía con la oración las peticiones de las personas a Dios, y cuando estaba con las personas, predicaba a Cristo. Dios y los hombres doloridos ahora se han convertido en los dos ejes sobre los cuales giraba toda su vida.




12.4 La aparición de san Blasio


El Archimandrita p. Agustín Katsampiris repetidamente había rogado al Gérontas que rezara para que se le manifestasese el santo de reciente aparición Blasio de Sklavena (7 Julio). Deseaba conocer sus características para hacer su icono.

Era la fecha 21 de enero de 1980, Domingo del Hijo Pródigo, hacia Lunes. El Gérontas por la noche, mientras estaba orando en su kelia con la cuerda de oración, ve que se presenta delante de él, dentro de una luz, un santo desconocido que vestía una capa de monje. Al lado suyo en la pared de su kelí, por encima de la estufa, se veían las ruinas del Monasterio. El Gérontas sentía indescriptible alegría y deleite y pensaba que quién sería el santo. Entonces oyó una voz desde la Iglesia: “Es san Blasio de Sklavena”.*



*Ver también Archimandrita Agustín Katsampiris: El Santo Hieromártir Blasios de Acarnania, Atenas 1990, p. 52-55. Erróneamente se dice que la aparición del santo tuvo lugar en el año 1979, en vez de la correcta en 1980, mientras que la fecha se refleja en el nuevo calendario -3 de febrero-)




Por agradecimiento y para corresponder al santo por el honor que le hizo, fue a Sklavena y veneró sus sagradas reliquias inundadas Gracia divina. Correspondió de cierta manera a la visita que tuvo del santo. El Gérontas, en efecto, desde muy lejos indicó también el lugar donde antiguamente estaba construido el monasterio del santo, porque estaba anocheciendo y no tenía tiempo para ir al lugar.

El señor Apóstolos Papachristou relata: “El día 20 de Mayo de 1980 el Gérontas vino a mi casa en Agrinio, con el propósito de ir a Sklavena de Xiromero y venerar las sagradas Reliquias de san Blasio de Sklavena, después de revelación del santo en su kelí. Se quedó una noche en nuestra casa y a pesar de que le habíamos puesto sábanas blancas y limpias, el Gérontas las dejó totalmente intactas. Cuando se fue a Sklavena veneró al santo con prosternaciones hasta el suelo y enseñó a todos a su alrededor”.

A continuación el Gérontas hizo un pedido del icono de san Blasio en el Sagrado Monasterio de la Santa Trinidad del Koropí en Atenas, una vez que hubo descrito las características del santo a una monja. Cuando recibió el icono se quedó satisfecho, porque reflejaba exactamente las características del santo. “Parece que la hermana tenía mucha devoción e hizo oración y ayuno”, dijo.

Cada año honraba la memoria de san Blasio con vigilia solo en su Kelí. Lo festejaba, no el día 11 de febrero que es su fiesta y predominaba el celebrar su memoria, sino el 19 de Diciembre que es el día en que sufrió el martirio.




12.5 Fragancia del icono “Axión Estín”*

* (“Άξιον Εστίν” [Axion Estín], Es Digno) es el icono milagroso de la Panayía que apareció en una Kelí del M.Atos y se encuentra en el templo del Protaton en Kariés. Su Fiesta es el 11 de Junio según el Nuevo Calendario)


Relató el santo: “El lunes de la semana de Pascua (de “Diakenísimo”) estaba sentado en la sala de visitas y decía la oración del corazón o de Jesús. De repente sentí una fragancia, cosa grandiosa. Salí al pasillo para ver de dónde provenía, fui a la Iglesia, nada. Salí fuera al patio. La fragancia era muy intensa. Oía que se estaba tocando la toca (el tálanto); miré y vi que venía hacia abajo una procesión y entendí que provenía del icono de la Panayía”.

Este día se hace la procesión del icono milagroso “Axión estín”. Baja hasta algo más allá del Monasterio Kutlumusion, hasta la Kelí de los santos Apóstoles (de Alipio). La Kelí de Panaguda está a una distancia de un kilómetro más o menos. Desde esta distancia la Panayía mandó de cierta manera su saludo al Gérontas.




12.6 Las Reliquias de San Cosme el Primero.


Al inicio de los cuarenta días de ayuno de Navidad del año 1981 tuvo lugar la exhumación de las Reliquias de san Cosme “o Protos” (o “el Primero”, Supervisor Encargado del M. Atos). Fue martirizado por los “Latinófrones” o “de espíritu latino” en el s.XIII. Sus Reliquias aparecieron en Protato (Sede del gobierno de Atos) después de muchos siglos.

El día siguiente a la exhumación, san Paísio entró en el M.Atos. Cuando llegó a Kariés (capital), fue y veneró con devoción las sagradas Reliquias. Sintió una inenarrable fragancia. Decía que hasta la tierra de la tumba tenía Gracia divina, porque la recibió de las sagradas Reliquias.

El Domingo de la Ortodoxia del año siguiente se hizo la vigilia “panaghiorítica” (de todo Atos) en honor al santo, en la cual se encontraba también el Gérontas. Durante la vigilia había una luz que salía del techo de la Iglesia sobre la sagrada Reliquia de la cabeza. Se había quedado allí clavado, deleitándose en esta luz celestial que era invisible para los demás.





12.7 “Cabrito” en el techo.


El Gérontas acogió en su Kalivi por una noche a un joven monje. Le ofreció para dormir un banco de madera en el pasillo. Le tendió una manta de pelo para taparse y como almohada una alfombra enrollada sin usar. Le preparó una bonita cama ascética. Decía al monje sonriendo: “El que duerme con esta almohada, tiene visiones divinas”.

Al día siguiente le preguntó de forma natural sonriendo:

—¿Cómo has dormido? ¿Has visto visiones?

—No, Gérontas

—¿”Cabritos” (demonios) has visto?

—Tampoco.

—Ayer, explicó con seriedad el Gérontas, vino el cabo de la guardia desde Kariés y estuvimos hablando. Escuchábamos desde el techo un “cabrito” que estaba todo el rato balando.




12.8 Muchas luces en su Kelia


En el año 1982, el día de Pascua, dos padres hijos espirituales del Gérontas, pasaron por la Kelí del “Ravdujos” para saludar al Gérontas y diácono Ioanis (diaco-Ioanis) y decirle “Cristo ha resucitado”.

Éste les preguntó si celebraron la Pascua en la Kelia del Gérontas Paísio.

—No, —le contestaron—, la hemos celebrado en Kutlumusion y estaba con nosotros también el Gérontas.


Se extrañó diaco-Ioanis y sorprendido les explicó lo que había sucedido: él con los demás padres celebraban la Pascua en la Kelí de al lado. Cuando terminaron y se marcharon, vieron en Panaguda muchas luces encendidas. ¡Toda la Kelí estaba dentro de una luz, una inundación de luz extraordinaria! Impresionado el diaco-Ioanis por este espectáculo dijo a los otros: “Mira con qué nobleza celebra la Resurrección el gero-Paísio. Y nosotros hemos terminado muy prontito.”

Pero en Panaguda en aquella noche no había nadie, ni siguiera el mismo. Entonces, ¿qué serían aquellas luces? El Gérontas cuando le comentaron aquel acontecimiento respondió humildemente: “Así economizó Dios para informar al diaco-Ioanis. Debido a que algunos visitantes van y le molestan preguntándole dónde está mi Kelí, y puede ser que alguna vez se haya quejado o enfadado como ser humano, por eso Dios le ha indicado esto”.




12.9 Promesa de la Panayía


El Gérontas vio en su sueño que iría a un viaje largo y preparaba sus papeles. Había otros hombres que preparaban ellos también los suyos. Entonces se presentó una hermosa y majestuosa mujer vestida en oro. Le cogió los papeles, los puso en su bolsillo y le dijo que esto lo iba arreglar ella, pero todavía no era el tiempo de marcharse, era temprano. Anteriormente el Gérontas había orado: “Panayía mía, mi pasaporte y mis papeles no están preparados”, dando a entender que no estaba preparado para marcharse para la otra vida.

Poco tiempo después se fue a Jerusalén, a Getsemaní, y con la sorpresa, lo que comprobaron también sus acompañantes, de que reconoció en el rostro del icono de la Panayía de Jerusalén a la “Señora” que había visto en su sueño. Así se concienció de que La que se le había manifestado era la Panayía y el gran viaje era la partida de esta vida pero aún no era la hora.




12.10 En Tierra Santa y en el Sinaí


En el año 1982 el Gérontas fue a Tierra Santa y veneró “santamente

lo santo”. Era su primera y única visita. Hablaba con admiración sobre la gran Gracia divina que tiene Tierra Santa, especialmente el Gólgota y el Santo Sepulcro.

En el Monte Tabor, cuando fue a venerar, mientras rezaba, “algo le sucedió”.* Después indicó al vigilante del lugar del peregrinaje el punto exacto donde tuvo lugar la Divina Metamorfosis del Señor.


* Alguien escuchó del Gérontas que había visto una luz.



En Nazaret vio a un hebreo criptocristiano que con devoción se quitó su sombrero y fue y bebió agua bendita de la Panayía, mientras que vigilaba no ser visto por la gente. Reveló el santo: “Hay muchos hebreos criptocristianos que tienen miedo a manifestarse, porque son perseguidos, y más tarde la mayoría se bautizará y ellos serán nuestros mejores amigos.”

En el Monte de los Olivos pidió a los monjes de Tierra Santa que le estaban acompañando que le dejaran un rato a solas para orar. El Gérontas se quedó arrodillado en la piedra que había rezado el Señor con agonía antes de su detención, la abrazó fuertemente, como si se hubiera hecho uno con ella, rezando con sollozos bastante rato. Este espectáculo provocó una gran impresión al vigilante romano-católico.

Dijo el Gérontas: “Tres hombres me han impresionado. Uno era el (actualmente difunto) Obispo de Nazaret Isidoro, el otro el padre… (aún vive)…”. Y el nombre del tercero no nos lo reveló por alguna razón suya.

A continuación se trasladó a Sinaí para ayudar en el Monasterio. Además de que deseaba él mismo permanecer por un espacio de tiempo. “Quiero recordar lo antiguo y que se tranquile un poco la vecindad del M. Atos de tanta gente que viene”, dijo.

Encontró el lugar adecuado para su permanencia, en el Catisma 27 desierto de Santa “Skepι” (Santo Manto Protector de la Santísima Madre de Dios, 1 octubre), con una capilla y una pequeña kelí. Pero no consiguió quedarse por mucho tiempo. Ayudó en lo que pudo en el Monasterio y volvió al M. Atos. El mismo nos ha dijo en relación: “Fui al Sinaí para quedarme allí por mucho tiempo, pero no pude. El día en que acordamos viajar a Jerusalén yo estaba con fiebre, muy mal de salud. Era imposible viajar. Pero, ¿qué hacer? El hombre conocido mío había hecho tantos sacrificios. ¿Cómo le digo ahora que no puedo viajar? Me quedé un poco en Tesalónica, me recuperé algo y me obligué a mí mismo y viajé. Primero fuimos a Jerusalén, porque quería venerar también allí. Pero después en el viaje hacia el Sinaí en autobús me golpeó el aire en el pecho y cogí frío en el pulmón. Como sabes, tengo sólo un pulmón. Cuando llegamos estaba moribundo. Decidió el médico que tienen allí ponerme inyecciones de cortisona. Le digo, “¡bendito mío, yo desde el año 1960 no he tomado ni una aspirina y tú ahora me vas a poner cortisona!”. Pero tanto insistió que cedí. En cuanto me puso las inyecciones me vino sangre a los intestinos. Entonces me puso inyecciones para parar la sangre. Había llegado ya al final. Si hubiera muerto me hubiese quedado tranquilo. “¡Ajj…, cómo voy a morir!” Todavía tengo pecados que saldar”.

»Pero a continuación también me veía a mí mismo sin fuerzas. Después, el desierto había cambiado, no era tal y como lo había conocido antiguamente. Ahora los beduinos no eran pacíficos y tranquilos, como entonces. Ahora tenían coches, destornilladores y radios y uno veía allí en el desierto del Sinaí este espíritu mundano inquietante. Ahora uno encuentra más hesiquia en el Monasterio que fuera en el desierto”.




12.11 Energías y operaciones de la divina jaris-gracia increada.


Dijo el santo: “Durante la visita de la Gracia divina se sobresalta el corazón. ¡Una vez recé durante catorce horas seguidas y en vez de estar cansado tenía paz, alegría y deleite! En un momento pensé, si estoy en esta edad, también me faltan dos costillas, voy a ponerme el cinturón, me ato con una cuerda desde el techo y si tuviera también dos palos con forma de “v” para apoyar las axilas, así podría continuar y darlo todo hasta donde llegase. ¡Esto era! Apenas tuve este pensamiento, me derrumbé abajo y entonces salió todo mi cansancio. Me quedé por un cuarto de hora inmóvil. Era como si Dios me dijera que Su Gracia es la que me mantiene y no el cinturón. Diría alguien que el pensamiento era pecaminoso o tenía egoísmo… Pensé: “Ya que estoy en esta situación corporalmente, pues, debo tener cuidado. Cuánto más un pensamiento orgulloso podría expulsar totalmente la Gracia divina. Qué fina y sutil es la vida espiritual y cuánto cuidado hace falta”.

***

Semejante acontecimiento vivió el Gérontas también en la Skete de la “Venerada Cruz”, lo cual narró el 27-10-1978 de la siguiente manera: “Una vez estaba orando de pie por muchas horas. No sólo no sentía cansancio, sino una indescriptible alegría, tanto que no quería interrumpir la oración. Para poder continuar lo máximo posible, intenté ceñirme con un cinturón grueso. Pero no pude cogerlo y me derrumbé totalmente en el suelo como un rollo. Tanto rato Dios me mantenía y apenas quise añadir mi supuesta fuerza humana y cuidado, retiró Su fuerza, para indicarme qué valor tiene mi esfuerzo e intento”.

***

Otra vez nos narró: “Estaba en una vigilia y tenía mucho frío. Pensaba, cuando tome la comunión, después de la Divina Liturgia iría a mi Kelí a envolverme con tres o cuatro mantas para calentarme.

»Pero en cuanto comulgué, un calor comenzó a extenderse por todo mi cuerpo. Igual que la estufa eléctrica calienta poco a poco, así sentí cómo se extendía en mi interior la Gracia divina.




12.12 Visión de niño orando


Relató el Gérontas: “Una vez rogaba a Dios para que me indicase cómo he de rezar. Entonces tuve la visión de un niño conocido mío, arrodillado con lágrimas confesando a Dios y después elevando sus manos, suplicándole. Esta imagen me destrozó y dije: “Dios mío, perdóname, no he aprendido aún a orar”. Por eso la oración es bueno que empiece por la confesión general de nuestra vida y después la petición, en la que debe haber también doxología y agradecimiento.




12.13 “Cristo mío, bendíceme…”


El 26 de marzo de 1984 le sucedió un acontecimiento al Gérontas que lo narró unos días después de la siguiente manera: “Mientras rezaba mirando el icono de Cristo, sentí algo en mi interior y cayendo al suelo dije: “Cristo mío, bendíceme”, e inmediatamente sentí una fragancia por mucho rato inundando toda mi kelí. Incluso una alfombrita llena de tierra que tenía, también esto despedía fragancia. Me quedé arrodillado besando también esta pequeña alfombrita con su polvo.




12.14 “¡Terrible visión!”


El Gérontas un 11-4-1984, martes de la semana de Pascua, tuvo una visión a medianoche referente al terrible crimen de los abortos. Se lo comentó a muchos y está publicado, y lo ponemos aquí porque es un tema de suma importancia, preocupa a muchos y quizás pueda ayudar a alguien. Mencionó: “Mientras había encendido un par de velitas, como de costumbre hago, incluso cuando duermo, para los que padecen de problemas psíquicos y físicos, en lo cual están también incluidos los difuntos, ¡tengo una visión terrible! Había un campo de trigo, pero el trigo aún no había sacado espigas, apenas comenzaban a salir los tallos. Yo me encontraba fuera de la delimitación del campo y ponía velas para los difuntos por la parte de fuera de una pared. A la izquierda había un lugar irregular, barrancoso y baldío, el cual retumbaba por un fuerte estruendo de miles de voces afligidas, que hacía afligirse al corazón más duro. Mientras estaba sufriendo por aquellas voces espantosas y no podía explicar la visión, escuché una voz diciéndome: “Por un lado, el campo con el trigo sembrado, que aún no había sacado espigas, es el cementerio con las almas de los muertos que resucitarán; y el otro lado, que es sacudido por voces espantosas, es el lugar donde se encuentran las almas de los niños abortados”.

» Pero mientras me recuperaba de la visión, no podía sin embargo recuperarme de la cantidad de dolor que sentí y no podía dormir para descansar un poco, a pesar de que estaba cansadísimo por el recorrido y por estar de pie el día anterior!»




12.15 “La Panayía”


Relató el Gérontas: “La pasada Cuaresma (21 de Febrero 1985), se presentó la Panayía vestida de blanco. Me dijo que sucederán muchas cosas en el mundo, por eso que me cuide de coger… (Algo que concernía personalmente al mismo)”.


Se apareció cerca de la esquina en la parte noroeste de su Kalivi. Cuando el Gérontas la vio, dijo humildemente: “Panayía mía, el lugar está sucio (quizás porque algunas veces tiraba por allí cerca peladuras) y yo también estoy sucio”. Pero desde entonces veneraba también el lugar donde “puso los pies” de la pura Madre de Dios. Quería en aquel lugar sembrar flores para que no fuese pisado.

En el Libro de las Horas, el 21 de Febrero, apuntó en código este acontecimiento admirable de la siguiente manera: “¡La Panayía! 10:30, antes de median… Totalmente vestida de Blanco Reluciente…





12. 16 Sobre el Anticristo, el 666 y los carnets de identidad.


El p. Paísio compartía las agonías y los sufrimientos de los hombres y respondía a sus problemáticas. Un tema que daba mucho que pensar en aquel periodo a los fieles, era el tema de los carnets de identidad. El Gérontas también, antes de la aparición del problema, hablaba sobre las señales del Anticristo, dónde él consideraba oportuno. A continuación con motivo de la expansión del código de barras con el número 666 en los productos, y el intento del Estado de expedir nuevos documentos de identidad que contendrían –como se revelaría más tarde- cinta negra, el 666 y la figura del diablo, se expresó más sobre el asunto.

Entonces era peligroso para uno hablar sobre estos temas, por el miedo del engaño, pero también por la reacción. Padres espirituales con perfecta instrucción teológica evitaban contestar a los fieles en relación a estos temas y mandaban a los hombres para que fuesen informados por las opiniones del Gérontas. Al principio se había creado una confusión también dentro del espacio de la Iglesia, donde exceptuando algunos ejemplos iluminadores, algunos –menos mal pocos- expresaban y difundían opiniones engañosas y otros eran indiferentes.

El Gérontas tomó parte y posición hablando claramente. No se bastó sólo en responder a las múltiples preguntas de los fieles, sino que en el año 1987 escribió su conocida carta: “Señales de los tiempos-666” *. Fue aceptada con mucho alivio y hasta hoy en día nos orienta. Muchos reconsideraron sus opiniones, y se pusieron de acuerdo con las opiniones del Gérontas. Porque había previsto que en el futuro haría falta, la escribió a mano y la firmó, para que no fuesen alteradas sus opiniones, las que mantuvo hasta su dormición.



* Sugerimos y remitimos al lector que esta epístola ha circulado auténticamente en un manual que contiene también fragmentos de conversaciones grabadas sobre estos temas: Edición Kalivi de la Resurrección, Kapsala 1995, ver también “Logos II”, del Gérontas Paísio, en la pag. 175-192.




Lo que dijo y escribió el Gérontas es fruto de oración, de sensibilidad espiritual y de información interior. Quería que tuviésemos una vida espiritual, que estuviésemos bien informados y preparados para sacrificios. Que tampoco seamos indiferentes ni nos domine el pánico ni la agonía. Que nos caracterice un espíritu de confesión, donde sea necesario y según la posición que cada uno tenga.

A unos jóvenes que le preguntaron si debían casarse, porque podían suceder todas estas cosas apocalípticas, los incitaba a hacer familia y trabajar, porque también durante los años de persecución los cristianos lo mismo hacían.

“Nuestros años”, decía, “son difíciles, y será necesario pasar algunas aflicciones, quizás también sufrir martirios durante la tormenta que caerá. Sólo con vida espiritual puede uno salir a buen puerto. No debemos decepcionarnos. Estos difíciles años son una bendición, porque nos obligan a vivir más cerca de Cristo. Es una ocasión para más lucha (espiritual). La guerra de ahora no será con las armas, sino espiritual, contra el Anticristo. Intentará engañar “si es posible también a los escogidos” (Mt 24,24). Todo será controlado por la bestia, desde Bruselas. Después de las tarjetas y del carnet de identidad, avanzarán hacia el sellado; coaccionarán a los hombres para que sean sellados en la mano o en la frente. Sólo los que tienen el sello podrán comprar, vender y ser asistidos. Los fieles que se nieguen, serán atribulados. Por eso desde ahora deben acostumbrarse a hacer vida simple y si pueden tener algún pequeño, algunos olivos o algún animal para las necesidades de sus familias. El apretón durará tres años y medio. Dios no dejará sin ayuda a los hombres.”

Rechazaba la lógica y la táctica de algunos que decían: ¿Y qué, si recibo el sello? Haré la señal de la Cruz sobre mi cabeza”, o cogeré el carnet de identidad y encima de esto marcaré una Cruz” o “desde mi interior no negaré”.

Decía en relación: “Si los cristianos de hoy en día con su lógica vivieran en el tiempo de las persecuciones, no tendríamos ningún mártir. Los primeros cristianos no utilizaban para nada la lógica de la razón, sino que confesaban firmemente a Cristo y deseaban ardientemente ser martirizados. Les ofrecían buenos puestos y les decían: “sólo tienes que decir que no eres cristiano y en tu interior cree a tu Dios, pon un poco incienso, haz como si ofreces sacrificio y después no lo ofrezcas, haz como si comieras cosas impuras pero tú come carne limpia, no pregones en este lugar, vete a otro”; y a pesar de esto con nada negaban a Cristo. Con alegría corrían para ser martirizados por Cristo. Ardían de amor divino.

»La Iglesia que tome una posición correcta. Tiene que protestar y pedir al estado por lo menos que el nuevo carnet de identidad no sea obligatorio. Explicar también a los fieles para que entiendan que, si cogen el carnet de identidad, esto será una caída.

En conclusión el Gérontas creía que: “Detrás de la C.E.E. se esconde la dictadura de los Sionistas. Una dictadura tan cruel sólo el diablo podría pensarla. El sello es negación; e incluso el carnet de identidad es negación (a Cristo). Cuando encima del carnet de identidad tienen el símbolo del 666 (Apoc. 3,17) y yo firmo, entonces la acepto esta cosa. Es negación, las cosas son clarísimas. Niegas el Santo Bautismo, te pones otro sello, niegas el sello de Cristo y tomas el del diablo. Una cosa son las monedas que tienen el 666 –dad al Cesar lo que es del Cesar… (Lc. 20,25)- y otra cosa es el carnet de identidad que es algo personal.

»Incluso si uno acepta ser sellado por ignorancia o indiferencia, también pierde la Gracia divina y recibe la energía demoniaca».

En pocas palabras esta era lo posición del Gérontas. Hablaba con certeza y claridad hasta el día de su dormición. Ahora guía y enseña con sus escritos.




12.17 Fragancia de sagrada Reliquia


Nos relató el Gérontas: “Estábamos caminando con el padre Paísio y los dos sentimos una intensa fragancia. Entendí que allí cerca estaban enterradas las Reliquia de un santo asceta. El día siguiente fui solo y localicé el punto de donde salía la fragancia. Tenía el propósito de cavar y encontrar la sagrada Reliquia, pero después por alguna razón la dejé enterrada.




12.19 Operación quirúrgica de la hernia


Un día en que estaba haciendo pequeños iconos en la prensa, por el apretamiento y la presión sufrió hernia. Tal y como se rompe un tela, así se rompió también su pared abdominal y desde entonces sufría también esta cruz. A pesar de esto en las vigilias comunes se quedaba de pie durante horas, y cuando tenía gente, por regla general los veía estando de pie, para que no le retrasasen mucho. Las súplicas de sus conocidos médicos y de sus hijos espirituales, no eran escuchadas. Intentaba simplemente con sus modos prácticos mantener esta situación.

Un vez que había salido del Monasterio de Surotí fue a verle un médico y se ofreció a ayudarle:

—Gérontas, ¿qué problema tiene? Por si puedo ayudarlo.

—Tengo hernia, pero no quiero ser operado. Déjelo, algo tengo que tener. Es una gran cuestión tener algo, tú sufres y ruegas a Dios por esto, pero oras también para los otros. En este caso Dios escucha mucho la oración del que padece y pide por los demás para que se pongan bien.

Esta situación duró algunos años y su sufrimiento fue algo inimaginable. Le dolía mucho, pero no lo indicaba. Del lado derecho ya no podía acostarse. Sus deberes espirituales los hacía, pero con dificultad y dolores.

Finalmente, ceñido con un cinturón especial y con un bastón, enfermo y dolorido, inició el viaje hacia el Sinaí. Pero el médico que le vio en el Monasterio de Surotí, no le dejó continuar su viaje. Debía pasar por el quirófano urgentemente. Su estado de salud estaba crítico y no cabía ninguna demora.

Así, en vez de en el Sinaí, se encontró en el quirófano, sin su voluntad. El piadoso médico el sr. Georgios Blantzas, quien le operaría, estaba un poco preeocupado por el desenlace de la operación. El Gérontas lo entendió y le dijo:

—No temas Georgios, he visto la operación… Todo irá bien. Sólo quiero que no escribas monje Paísio, sino Arsenio Eznepidis.

—¿Por qué, Gérontas?

—Porque vendrá gente, sufriréis.

Realmente, se realizó la operación y todo fue bien, tal como predijo el Gérontas. Los médicos y las enfermeras no se dieron cuenta de quién era ese monje; sólo decían: “Este monje es un misterio. Por aquí han pasado muchos monjes, pero este era diferente”.

El Gérontas ingresó en el Hospital Theagenio de Tesalónica el 12 de noviembre del año 1987. Se operó de una hernia en la ingle y salió el 18-11-87 con mejoría.

Después, sin recuperarse bien del todo y sin entrar al M. Atos, se fue al Sinaí por un breve espacio de tiempo.




12.19 Sorpresas


Testimonio del p. N. del M. Atos: “Visité al Gérontas en “Panaguda”, por primera y única vez en 1987 un compañero de estudios, entonces llamado Juan. Tocamos varias veces la campanilla, voceamos y esperamos. Volvimos a tocar la campanilla y ninguna respuesta. Aboluto silencio. De repente oímos salmodiar en su Kelí. Eran muchas voces juntas y delicadas. Sobresalía el “Santo …”, “Santo …”

— Están celebrando la Divina Liturgia y van por el “santo Dios…”, seguramente tardarán en terminar, por lo tanto mejor marcharnos, dije.

—No, vamos a esperar. Sólo que sin volver a llamar, —dijo Juan—.

»De repente pararon las salmodias y salió el Gérontas. Me acuerdo de su rostro; estaba fuertemente iluminado, ¡nunca había visto nada semejante! Estaba solo, no había nadie más allí. Pues, ¿qué sería esa multitud de delicadas voces”? Nuestra incertidumbre llegó a la cumbre.

»Preguntó que cuántos éramos y entró de nuevo en su Kelí. Cogió la llave y vino a abrirnos. Nueva sorpresa: ¡El Gérontas caminaba sin pisar sobre el suelo! ¡Se acercó a pasos lentos y dos o tres metros antes de llegar a nosotros, de repente sentimos una fuerte fragancia! Nos quedamos perplejos.

—Bienvenidos, —nos dijo, saludándonos—.

»Nos indicó que nos sentáramos en unos troncos de madera y trajo unos lukumi (dulces). Preguntó qué estudiábamos y tomando algún motivo, comenzó a hablar sobre el beneficio de la oración y especialmente, cuando el cuerpo padece de alguna enfermedad. “Entonces nuestro salario es completo”, nos dijo. Mientras estaba hablando, de repente se agachó hacia abajo con la mano en su vientre. Entendimos que padecía de hernia. Amablemente nos dijo:

—Perdonadme, tengo también esto… Pero ahora os tenéis que ir.

»Nos reclinamos para recibir su bendición, nos tocó cariñosamente en la cabeza y nos marchamos. Hasta hoy no había revelado estos acontecimientos admirables que fuimos dignos de vivir aquella bendita mañana”.




12.20 La película blasfema


En el año 1988 se había creado un escándalo en toda Grecia por la película blasfema del Scorsese, “La última tentación” que estaba basado en la homónima obra de Kazantzakis.

Más allá de reacciones aisladas del piadoso pueblo griego, se decidió por la Iglesia hacer una protesta concertada, el 6-7 del Noviembre del mismo año. Se pidió también la participación del M. Atos.

Pero algunos reaccionaron negativamente. No consideraban muy espiritual ocuparse de este tipo de temas diciendo que su desprecio hacia esta obra sería la causa para que fuese menos proyectada.

El santo tenía una opinión totalmente contraria: “En el período de la iconoclastia”, decía, “cien cristianos defendieron vigorosamente el icono de Cristo en el Sagrado Altar y sufrieron martirio por esto. Ahora que es blasfemada la persona de Cristo no debemos estar indiferentes. Si viviésemos en aquella época, nosotros los “discernientes” y “gnósticos”, diríamos a los cien mártires: “Así no actuáis espiritualmente; ignorad al de la espada que sube a derribar el icono, y cuando la situación cambie, pondremos en su lugar otro icono, y sobre todo más bizantino”. ¡Esto es lo terrible! Nuestra caída, nuestra cobardía y nuestra acomodación, las presentamos como algo superior!”

La manifestación sobre la película blasfema la consideraba como confesión de fe, por eso acudió a respaldar a la Iglesia combatiente. Además de sus particulares exhortaciones, firmó junto con otros padres un manifiesto hacia el Sagrado Monasterio de Kutlumusion, expresando su deseo de participar en la salida de los monjes del M. Atos a Tesalónica para la manifestación en relación. Con su posición ayudó, de modo que la Sagrada Comunidad decidiera la participación oficial y multitudinaria del M. Atos. La presencia del Primer Oficial de Atos, la mayoría de representantes, higúmenos y cien monjes Del M. Atos trajeron mucho entusiasmo y conmoción a la multitud concentrada en Tesalónica. Especial sentimiento provocó la presencia del Gérontas. Durante toda la manifestación estuvo de pie, a pesar de sus serios problemas de su salud. Al final peligró de ser aplastado por las manifestaciones de devoción de la multitud.

Incluso tomaron parte en ella monjes y monjas de monasterios del mundo y multitud de gente. La operación concertada y las oraciones de todos y del Gérontas trajeron resultados beneficiosos. El Estado prohibió la proyección de la película blasfema. Así se evitó “la última tentación”. Ojalá que sea la última.




12.21 Ve la Gracia divina del Sacerdocio


Un día sonó el hierro de la entrada. (Era una antigua pieza de arado colgada en el cerco que los peregrinos tocaban con un metal para avisar al Gérontas). Miró el p. Paísio por la ventana y vio a unos diez hombres esperando. Saliendo de su Kalivi para abrirlos, decía mientras se dirigía a la puerta del patio: “A un militar del ejército, que no lleve puesta su gorra ni su uniforme, puedes pegarle, que probablemente no te harán nada. Sólo habló uno de entre todos ellos, diciendo: “Gérontas, nosotros también estamos como para que nos peguen”, (Sólo éste entendió el sentido de la palabras del Gérontas, porque le concernían, mientras que para los otros eran incomprensibles). Una vez que los abrió y pasaron dentro, a éste le llevó aparte y sin preguntarle nada, le dijo: “Mira, esto que haces no es correcto, porque la gente ahora va a creer que hiciste algo. Tienes que ponerte las sotanas, dejarte barba y una vez que te confieses a tu Obispo, pedirle que te ponga en alguna oficina”. Naturalmente no oficiarás, pero permanece como sacerdote para que no se escandalice la gente”.

Este había sido ordenado sacerdote en el extranjero. Leyendo después el libro de “El Timón” (“To Pidalion”), se concienció de que no era digno de ser sacerdote. Por eso él sólo decidió dejar el sacerdocio, quitándose las sotanas y cortándose la barba y el pelo. El Gérontas reconoció la inextinguible Gracia divina del sacerdocio, “vio” el problema del sacerdote y le dio su consejo con discreción.




12.22 “Metamorfosis” (Transfiguración)


Era 28 de septiembre del año 1992. En una Kelí de Kapsala se hacía una vigilia en honor al venerable Isaac el Sirio. Entre los padres se encontraba también el Gérontas Paísio que tenía especial devoción por san Isaac. Participaba en la vigilia de una pequeña kelí que daría comienzo tras la pequeña “Lití” ¹⁶.

Antes de la entrada a Vísperas los salmistas estaban todos en el coro derecho y cantaban la glorificación o “doxastikón”. En la pequeña Capilla dominaba intensamente un de compunción espiritual. Todos escuchaban con atención. Seguían la vigilia también dos libaneses Ortodoxos, un clérigo y un joven, que en aquel momento estaban en el coro izquierdo. En un momento el clérigo se giró para decir algo al joven y ve al Gérontas estando de pie, elevado a unos 25 o 30 centímetros del suelo, teniendo en su mano izquierda la cuerda de oración y encontrándose entero dentro de una luz. ¡Las partes descubiertas de su cuerpo, su rostro y sus manos, radiaban luz, una luz muy fuerte! Contemplando el espectáculo sobrenatural y no acostumbrado quiso decir algo, pero no le salía la voz. Viendo la sorpresa del clérigo también el joven se giró hacia atrás y también él vio el mismo espectáculo. El Gérontas tenía un poco agachada la cabeza, observándose a sí mismo. Parecía contento y sonreía. De repente no pudieron contemplarle siendo deslumbrados por la luz que había aumentado. Cuando después de poco rato consiguieron otra vez levantar sus ojos para mirarle, ya le vieron en su estado natural.


Lo mismo veía otro sacerdote ortodoxo extranjero desde el Altar. Las puertas de la kelí, de la Iglesia y las Puertas reales del Altar, estaban como en una recta y abiertas. La pregunta que surge espontáneamente es, cómo de tantos padres que estaban presentes sólo lo vieron tres. En la vigilia se encontraban veinticinco personas, pero el Gérontas “se transfiguró delante de tres”.

Quizás éstos eran dignos; quizás así lo economizó Dios por alguna razón que sólo Él conoce. Uno de los testigos presentes estaba construyendo un pequeño monasterio en su país. Llevaba consigo los planos para enseñárselos al Gérontas, pero se le pasó este pensamiento: “¿Qué te va a decir el p.Paísio? ¿Qué es el p. Paísio, es acaso es un profeta?” Y el buen Dios le indicó “qué es el p.Paísio”.




12.23 Responde a su pensamiento


Testimonio escrito de K.D.: “Vi al Gérontas tener doblada en su mano su cuerda de oración. Pensé en darle la mío y coger la suya. Estaba allí sentado a mi lado, se gira y me dice sonriendo:

—Esto que estás pensando no se puede hacer. Mi cuerda de oración es de trescientos nudos, en cambio la tuya es de cien.

La próxima compré una de trescientos nudos y se la enseñé diciendo:

—Gérontas, ahora no te escaparás de mí. Ahora te la quitaré.

—Si supieras lo que me pides, no lo harías. Pero, bendito sea, tómalo.

—No, le dije.

—No insistas. Ya que lo quieres, tómalo.

»Lo tengo aún guardado como bendición y protección».




12.24 “Tienes pies rotos”


Testimonio escrito por Constantino… de A.: “Era la primera vez que visitaba al p. Paísio. Me preguntó:

— Kosta, ¿cómo has venido aquí? Tú tienes los pies rotos.

»y continuó:

—Kosta, Dios, para llevársela, la amó mucho más.

—¿A quién, padre?, pregunté con duda.

— A tu prometida.

»Realmente, en el año 1991 me sucedió un accidente grave, me había roto los pies y había muerto mi prometida».




12. 25 Curaciones de enfermos


El sr. E.A. dentista de Tesalónica, narró lo siguiente: “Estaba entristecido, porque mis dos hijos estaban enfermos. Me fui al M. Atos para ver al p. Paísio. Fuera de su Kelí esperaban muchas personas. Después de un rato abrió la puerta y apareció: Dijo: “Valientes, en un par de minutos, no más,…”.

»Al cuarto de hora se giró y me dijo: “Ven, Evánguelos…”, sin conocerme, primera vez que le visitaba. Fui, pues, y le dije: “Papulis (abuelito) yo con dos minutos no tengo bastante, porque estoy muy triste. Necesito mucho tiempo, porque estoy muy preocupado. He venido a decirle que quemaré tres Iglesias. Dile al “Diosecito” que pare de golpear a mis hijos. ¿Qué le han hecho?”

»Me escuchó con atención y por segunda vez me llamó por mi nombre, sin saberlo:

—Escucha, Evánguelos. Tus hijos se pondrán bien.

»Después me regaló una Cruz hecha a mano por él con un fragmento de Reliquia de san Arsenio. Así fue mi primera relación y conocimiento con mi querido “papulis”.

»Mi hija tenía soriasis. Cada dos o tres días su pequeño cuerpo se volvía de arriba a abajo como el de una serpiente. Habían pasado quince días desde mi primera visita y no había aparecido absolutamente ninguna señal de la enfermedad, excepto un granito en la rodilla. Cogí una toalla conmigo y volví al M. Atos para agradecer y lavar los pies al “papulis”, cosa que naturalmente no aceptó. Le encontré cavando, y antes de darme tiempo a decirle algo, me dijo: “Evánguelos, ¿qué has venido a decirme? ¿Qué tu hija tiene un granito en la rodilla? Dios lo ha dejado esto para que se acuerde de su enfermedad”.


»Mi hijo padecía de una enfermedad seria. El desenlace de la enfermedad era dudoso. Los médicos no hacían ningún pronóstico seguro.

»La tercera vez que había ido al “papulis” le llevé también conmigo a mi hijo. Era un niño pequeño. En el Monasterio todos los monjes que lo veían me decían: “¿Por qué duerme el niño?” Así era la expresión de sus ojos.

»El “papulis” apenas nos vio, le dijo a mi hijo: “Venga, bienvenido mi muchacho valiente”. Había una roca muy pesada. Intenté levantarla pero no pude. El “papulis” le dice a mi hijo: “¿Puedes levantar esta roca?”. El pequeño fue y la levantó. ¡Será posible! En aquel momento el padre cito se arrodilló a la altura más o menos del niño y le dijo: “A partir de ahora no tienes nada”.

»En aquel momento sus ojitos se abrieron. Ya no tenía su carita dormida que yo como padre estuve viendo durante dos o tres años. “Junto con la piedra que tiró, se marchó también su enfermedad”, dijo el “papulis”. Y así es que hasta hoy mi hijo, gloria a Dios, está muy bien.

***

Un monje padecía durante años de estreñimiento, lo que a continuación le producía hemorragias. Se había creado una herida abierta, por la que perdía mucha sangre. Cuando se enteró el Gérontas, se compadeció. Se acordó de él mismo, que sufría la misma patología cuando estaba el Sinaí.

Al principio indicó al monje soluciones prácticas pero poco le ayudaron y la hemorragia no cesaba. A continuación el hermano acudió a los médicos, utilizó también medicamentos, pero sin resultado. El Gérontas seguía su situación preguntando siempre cómo estaba. Una vez que se encontraron después de los tres primeros días de la primera semana de la Gran Cuaresma, le dijo: “Estaba pensando en ti, cómo lo harías en estos tres días en el estado en que estás”.

Pero la próxima vez que se encontraron, fue con pasos rápidos cerca de él y, sin haberlo saludado ni decirle cualquier otra cosa, le preguntó cogiéndole de los brazos y esperando con agonía la respuesta: “¿No estás bien ahora; dime no estás bien?” El monje se extrañó y respondió: “Sí, Gérontas, ahora sí, gloria a Dios estoy bien”. Y realmente estaba bien, porque no sólo había parado la hemorragia sino que desde entonces había desaparecido también el estreñimiento.

El Gérontas al principio intentó ayudarlo con medios humanos. Pero cuando vio que esto no era suficiente, acudió a Dios por la oración. En efecto, tenía una intuición interior de que su oración había sido escuchada, y simplemente lo estaba comprobando.

***

Testimonio del profesor K.S.: “Un Domingo, mientas me encontraba en la Iglesia, sentí un peso en el pecho. El día siguiente visité a un cardiólogo y con el cardiograma que hice se comprobó que mi corazón tenía un problema. Por consejo del cardiólogo hice un test de cansancio, que dio positivo. Se hizo el diagnóstico y se supo que el problema estaba en los vasos coronarios y me recetaron para un año tomar medicamentos. Después de nuevo hice un test de cansancio, y otra vez salió positivo. Los médicos vieron que mi problema no se superaba con medicinas y me aconsejaron que hiciera una coronariografía. Naturalmente me entristecí y me asusté. Acudí a Dios con oración y mandé una carta para que fuese informado también el Gérontas. Me respondió mediante el padre H., que iba a rezar y todo iría bien. Me animé y decidí hacer este peligroso examen, el 5-3-1992. Durante el momento de la coronariografía, mientras estaba tumbado en el quirófano, mi nus estaba cerca del Gérontas y rodeaba por fuera y por dentro su Kelí. El examen terminó y los médicos parecían satisfechos, pero también a la vez estaban sorprendidos. El médico que me acompañó fuera del quirófano me miraba extrañamente y estaba sorprendido. Cuando me recuperé un poco, le pregunté: “¿Qué sucede doctor?” Aquel me respondió: “Es curioso, tu corazón tiene una rareza. Mientras que estábamos seguros que localizaríamos el problema en los vasos coronarios, comprobamos no solo que el problema no existía, sino que los vasos coronarios de tu corazón son también de buena calidad. Esto no se explica medicinalmente, sino sólo como una rareza de tu corazón”.

»Le contesté emocionado: “Doctor, mi corazón no tiene una rareza, sino que su estado saludable es un milagro que se debe a las oraciones del monje del M. Atos”.»




12.26 “Tomaremos la Polis (Constantinopla)”


Un grupo de alumnos de la Academia de Athoniada acordaron preguntar al Gérontas si tomaremos la Polis (Constantinopla, actual Estambul) y si estarán vivos entonces.

Fueron a su Kalivi, tomaron la invitación, pero tenían vergüenza de preguntar. Uno hacía señal al otro y finalmente nadie se atrevió a preguntar. Entonces el Gérontas les dice: “¿Qué pasa, valientes? ¿Qué queréis preguntar? ¿Sobre la Polis? Pues la tomaremos y además estaréis vivos”.

Un alumno transmitió las palabras del Gérontas al maestro Constantino Malidis que era buen cristiano y un cálido patriota. Él vino con interés a informarse y asegurarse mejor por el mismo Gérontas, y preguntó sobre la Polis. El Gérontas le respondió: “Constantino, deja estas cosas, no son para nosotros. Nosotros debemos estar preparándonos para la otra Polis”.

Esto fue un preaviso de la cercana muerte de ellos dos; y realmente no tardó en marcharse primero Kostantino y después el Gérontas para nuestra verdadera Patria la celeste, “la nueva polis”, la Jerusalén de arriba.




12.27 “Que pidas perdón”


Testimonio del señor Fotio Papadópulos, originario del Pontio, de la ciudad de Drama: “Una vez salí de Kariés para visitar al Gérontas. Delante del Monasterio de Kutlumusion encontré a un joven que quería ir a ver al p. Paísio. “Iremos juntos”, le dije. Apenas llegamos el Gérontas me dice: “Pontio, ¿por qué le traes a éste aquí?”. Le expliqué que no estábamos juntos, sino que lo encontré por el camino. Me dice: “Llévalo de aquí, que se vaya de aquí; ¿sabes lo que hizo?”. Dijo enfadado el Gérontas al joven: “Vete de aquí, para que no te vea. Lo que has hecho es imperdonable. Primero vete y pide perdón a la chica, y una vez que te haya perdonado, después regresa”, y le expulsó, cosa inusual en el Gérontas. Primera vez que vi al Gérontas así.

»Después, bajando hacia el Monasterio Iviron, me confesó el joven que, mientras esperaba la novia en la Iglesia para casarse, pasó por allí una amiga suya y él se fue con ella. Así se anuló la boda.




12.28 “Debes tener nobleza espiritual”


Un clérigo de un monasterio del mundo, nos narró: “En Agosto de 1993 fui hospedado en un monasterio cenobítico del M. Atos. El Higúmeno y los padres del Monasterio me ofrecieron quedarme a vivir allí con ellos y yo oraba para que Dios me indicara Su voluntad. Un día visité al Gérontas en “Panaguda”, simplemente para recibir su bendición. Pero tuve muchas sorpresas.

»Me llevó aparte y me preguntó: “¿De dónde es, padre?” Le contesté. Me dice el p. Paísio: “Padre, debes permanecer en tu Monasterio”. Me quedé anonadado. Y prosiguió: Tendrás tentaciones, pero harás paciencia, porque debes pasarlas hasta que venga aquella hora”. En mi interior pensaba: “No entiendo qué son estas cosas que me dice”. Pero ahora que las he pasado y estoy pasando tentaciones, entiendo sus palabras.

»Después me dijo: “Que tengas nobleza espiritual. Es decir, cuando hablas con los jóvenes, no presionarlos. Esto es nobleza espiritual. Respetar al otro, sin presionarlo”. Entonces empezó a instruirme y decirme las cosas que he hecho en mi Monasterio. Me quedé sorprendido por cómo podía saber el Gérontas cómo hablaba yo con los jóvenes y los presionaba más sobre el tema de la confesión. A continuación añadió: “Si Dios quisiera, podría en un minuto hacer que se arrepienta todo el mundo. Giraría el botón a los 7 grados Richter, provocaría un seísmo y verías a todo el mundo hacer grandes santiguaciones sobre ellos. Pero esto no es arrepentimiento verdadero. Esto es arrpentimiento obligado y no tiene valor. Por eso tú, no presiones”.»




12.29 Movimiento del candil


Testimonio de un anónimo: “Un año, cuando estaba terminando mi permanencia en el M. Atos, el cual cada año visitaba, fui a despedirme del p. Paísio y le dije: “Salgo al mundo con miedo y quejándome, porque en mi interior no ha cambiado nada. Mis problemas permanecen sin solucionarse. Pero si quieres y te compadeces de mí, porque solo tus palabras son pobres y débiles y no pueden cubrir mi tragedia, ruega a Cristo que se mueva un poco su candil como confirmación de tus palabras”.


»Y entonces, mientras estaba mirando al icono de Cristo en el templo de “Panaguda” y al p. Paísio “quien rezaba en silencio”, se movió rítmicamente el candil de Cristo. Y con mi dedo temblando cogí un poco de aceite y me hice la señal de la cruz en mi frente.

»El Gérontas me dijo: “Se movería también el candil de la Panayía, pero después creerías que se movió por el viento”.»




12.30 “Viene…”


Testimonio del monje Pablo de gran Laura: “Con el bienaventurado Gérontas Paísio me había encontrado bastantes veces en su asceterio, en “Panaguda”. Se trata de un auténtico asceta y un hombre santo. Era apacible, pacífico, sin hipocresía, pobre, prudente, afable, hombre de oración y amor, poseedor de inusuales carismas espirituales y de un altísimo entendimiento.

»Un poco antes de la dormición del siempre memorable Gérontas, le visité, para pedirle consejo para beneficio. Me acerqué a su Kelí, pero no había nadie allí, aunque las dos puertas estaban del todo abiertas. Salió el Gérontas, me prosterné ante él y después como de costumbre, me senté en una improvisada banqueta de madera y comencé a explicar mis pensamientos.

» Él estaba de pie, e iba y venía y susurraba en voz muy baja periódicamente: “Viene…”, “Ah, éste es…”, “Mm…”, indicando con este movimiento que alguien venía a su encuentro. La escena duró sobre los diez minutos, así que yo viendo que no se fijaba en lo que decía, pensé: “Él no me atiende”. Antes de terminar el pensamiento me dice de forma fuerte: “Tú habla, yo te escucho”. Yo continué, sorprendiéndome. Al poco tiempo, pensé de nuevo: “No me atiende”, y aquel inmediatamente responde: “Tú di, yo te escucho”.

»En poco rato se oyeron pasos y vinieron el hieromonje Geron Joaquín, Administrador de la Sagrada Skete del Profeta Elías, con su obediente hieromonje Pablo. Después del saludo, Pablo y yo nos alejamos. Le pregunté:

—¿Os habíais puesto de acuerdo con el Gérontas?

—No, porque no tiene teléfono. Primera vez venimos. ¿Por qué lo preguntas?

Le comenté lo sucedido.

»Y el p. Pablo dijo: “Es verdad esto que dicen sobre el Gérontas de que tiene el carisma de prever”.




12.31 El jefe Hinduista


El Gérontas ayudaba a muchos que se habían metido en el yoga y las religiones occidentales. Menciona un miembro antes jefe de un movimiento hinduista “Hare Krishna”:

«Yo sobre el gérontas Paísio oí cuando estaba en Italia. Nos habíamos reunido los jefes de la organización de cada país de Europa y conversábamos. Allí dentro escuché sobre Paísio. Le presentaron como un yogui que apareció en Grecia, y decidí conocerlo.

»Vine a Grecia, conocí al Gérontas y empecé a entender mi error. Cuando les dije que me quiero marchar me hicieron mucha guerra. Yo que dirigía toda la organización y rondaba por toda Europa, tenía miedo ya hasta de entrar en el autobús público. Sentía una tremenda dificultad, incluso para las cosas mínimas. Percibía y sentía que mi alma estaba paralizada. Dolor y miedo. Había dado muchos derechos al diablo, pero el Gérontas me ayudó a escapar. Si no fuera por el Gérontas que me cubrió con sus oraciones, no podría escaparme por nada del mundo de sus energías satánicas.»

Más tarde este joven hizo una confesión pública en una Iglesia de Atenas y fue recibido de nuevo en el seno de la Iglesia Ortodoxa con el misterio de la Crismación (o sacramento de la Unción).




12. 32 El discípulo de Maharatzi


Había ido al Gérontas un rico que por muchos años había sido discípulo con toda su familia del gurú hindú Maharatzi. Había recibido la iniciación que daba el gurú; es decir, “había recibido el conocimiento”, como lo llaman ellos en su lengua. Viajaban por grandes ciudades de Europa para ver a su gurú, pagando mucho dinero.


El Gérontas con su carisma de prever reveló varios acontecimientos de su vida, y le aconsejó trabajar, aunque no tenía necesidad económica, porque el trabajo le haría bien.

Impresionado por los carismas espirituales del Gérontas, le preguntó sobre la meditación y las diversas otras técnicas.

—Mira hijo mío, le interrumpió con amabilidad el Gérontas. No tienen importancia las técnicas. Vosotros también lo intentáis, pero allí a donde excaváis no hay oro, sino diablo. Cristo es el oro.




12. 33 El Gérontas y los jóvenes


El Gérontas tenía particular relación espiritual con los jóvenes. Los amaba realmente como hijos suyos, se interesaba por que encontrasen su camino y oraba por ellos. Les ayudaba a superar las dificultades y sus problemas. Se compadecía junto con ellos. Ellos, sintiendo su gran amor, le tenían ilimitada confianza, le obedecían, y literalmente le adoraban. Veías en su Kelí jóvenes que vivían espiritualmente y querían dedicarse a Dios y otros que querían hacer familia, pero también a los adictos a las drogas, al anarquismo, confundidos y desviados, a los enfermos psíquicamente y a los desesperados que pensaban en el suicidio. Ya que con los consejos del santo cambiaban, se arrepentían y se volvían a sí mismos, y a continuación le visitaban transformados espiritualmente pero también eran como predicadores de su arrepentimiento sobre sus amigos, que los llevaban junto con ellos al Gérontas. Para que se vea el modo y forma de ayuda, señalaremos indicativamente algunos incidentes:

***

Ayudó a muchos drogadictos a desintoxicarse y a limpiarse de las drogas. Al principio conseguía despertar el interés y comunicarse con ellos ganando su confianza. Le observaban con interés y aceptaban sus consejos. Muchos con su oración y su ayuda fueron liberados de la adicción y del vicio y se hicieron cristianos ardientes y buenos padres de familia. Decía con compasión: “Pobrecitos, no pueden recogerse; la juventud de hoy en día se inutiliza a sí misma”. Él mismo les ataba los cordones de sus zapatos, echaba las moscas que les molestaban y los arreglaba el pelo que caía sobre sus ojos. Los aconsejaba que fueran a confesarse, que hiciesen una vida espiritual, encontrar un trabajo sencillo para que estuviesen ocupados. Les aconsejaba que comieran zanahorias y les daba también otras instrucciones prácticas. Les mandaba al ambiente adecuado para su desintoxicación, les ayudaba a incorporarse a la sociedad y crear una familia.


Un joven drogadicto intentaba cortar su mala pasión por la que sufría él mismo y su familia. Aunque en su interior tenía una vaga e indefinida imagen sobre el p. Paísio, a pesar de esto puso su última esperanza en el Gérontas. “Éste tendrá algún fármaco para dejar la droga”, pensaba cuando estaba bajando hacia Panaguda. Apenas le vio el Gérontas le dijo sonriendo: “Ven, ven; tengo unas pastillas buenas para ti”, y le puso en su mano unas avellanas.

Realmente sus “pastillas” dieron resultado y se hizo el milagro. ¡La drogodependencia del joven a las drogas se cortó de golpe!

***

Testimonio de un anónimo: “Una vez vi a un estudiante conocido homosexual que vino a ver al p.Paísio. Después de la conversación vino en arrepentimiento y cambió su vida. Después le encontraba en las vigilias de Tesalónica detrás de una columna derramando muchas lágrimas. Lloraba en silencio y serenamente. Admiré la misericordia de Dios y el arrepentimiento y conversión (metania) del hombre, pero también la Gracia del Gérontas que conseguía convertir en honesto y honrado al indigno, “…Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca” (Jer 15,19). Le encontré otra vez en “Panaguda” llevando también a otros como él, jóvenes que iban por el mal camino, para que ellos también fueran ayudados.

El Gérontas recalcaba especialmente a los jóvenes la pureza diciendo: “Sepan que los jóvenes que hoy en día se mantengan puros y castos, serán enumerados con los mártires de nuestra Iglesia en la hora del Juicio”.

***

Son muchos los casos de fumadores empedernidos que dejaron de fumar gracias al Gérontas. Sus palabras no eran simples consejos, sino que llevaban fuerza. Llevaban la disposición y ganas del rechazo al cigarro y se cortaba el deseo de fumar. Pero más ayudaba con su oración.

Testimonio de un anónimo: “Vine para hacerme monje. No me puse el gorro, porque aún no podía dejar de fumar. Fumaba entonces dos paquetes al día. Lo intentaba; rompía, tiraba los paquetes y después el día siguiente iba, los encontraba y fumaba. Aunque me avergonzaba, fui y se lo dije al Gérontas. Me respondió:

“Te levantarás no tengas miedo”, y me daba palmaditas sobre los hombros—.

»Eran las diez de la mañana. Hasta por la noche no pensé para nada en el cigarro. Desde entonces lo dejé por las oraciones del Gérontas. Para mí esto fue un milagro».


Relata otro peregrino: “Visitamos al Gérontas y allí donde nos sentamos, saqué el tabaco. Encendí un cigarro inconscientemente, porque fumaba tres paquetes diarios. El Gérontas me quita el cigarro y me dice: “No volverás a fumar hasta que los alemanes inventen la máquina que podrá limpiar a los pulmones”. En el Monasterio que pasamos la noche me di cuenta de que después de tres horas no había fumado, pero tampoco tenía el deseo ya de fumar. Dejé el tabaco totalmente.

***

Jóvenes, indiferentes, venían a ver al Gérontas. No querían ir al servicio militar y encontraban un montón de excusas. Les mencionó sus propias vivencias en el ejército y otros ejemplos. Los jóvenes después pedían bendición al Gérontas para alistarse a las fuerzas especiales del ejército. “Hijos míos, debéis hacer el servicio militar y a donde os manden id”, decía.

***

El Gérontas decía que nuestra Iglesia enseña dos caminos. El monaquismo y el matrimonio. Consideraba antinatural que uno no siguiese uno de los dos caminos.

»El buey que no va ni al yugo ni a arar, va al carnicero”. Ayudó a muchos jóvenes a seguir sus inclinaciones y hacerse monjes o hacer familia. Muchos indecisos que no valían para monjes, les incitaba a que contrajeran matrimonio. Cuando querían enviarle algo, se negaba diciendo: “Yo quiero pastel de boda”, o “envíame la invitación de tu boda”. Otros para ayudarlos los ponía un “canon” bueno, diciéndoles: “Sin anillo no volváis a venir por aquí”.

***

Una vez vino un joven con el pelo largo como una cola del caballo. El Gérontas le preguntó:

—Eh, valiente, ¿qué trabajo haces?

—Soy estudiante en la universidad.

—¿Tienes asignaturas pendientes?

—Tengo ocho.

—Si quieres aprobarlas, ven que te corto el pelo, —le dijo sonriendo el Gérontas—.

Entró en su kelí trajo la tijera y le cortó el pelo. El joven lo consideró como bendición; se lo dijo a otros y ellos también venían a recibir similar bendición. “He hecho muchοs curas 21 , decía sonriendo. ¿Gérontas qué haces con el pelo de ellos?”, “Lo guardo y se lo siembro a los calvos”, respondía bromeando.

Y en otro momento mencionó humildemente: “Si existe la posibilidad de salvarme, será por las bendiciones de las madres. ¿Sabes cuántas cartas recibo de madres conmocionadas agradeciéndome porque convencí a sus hijos de que se cortarse el pelo y se quitasen los pendientes? No quería que los hombres llevasen pelo largo, porque lo consideraba feminidad, mencionó el pasaje del apóstol Pablo: “La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello” (Cor 11,14.-).


***

Le visitaron unos jóvenes de Australia. Querían la vida espiritual, pero amaban también las diversiones del mundo. Le preguntaban sobre el baile e intentaban sacar del Gérontas su consentimiento de que el baile es buena cosa. Los respondió: “Hijos míos, vosotros sois, pongamos, como que queréis subir al Monte Atos (a la cima) y, como no podéis, queréis que bajemos aquí al Monte Atos para decir que habéis subido”.

***

El Gérontas consideraba destructiva la influencia de la televisión para todos y especialmente para los niños y los jóvenes. Se refería con dolor a casos de niños cuyos padres, para tener su tranquilidad, los dejaban muchas horas viendo la televisión, con el resultado de ser destruidos intelectual, psíquica y físicamente. Recalcaba además el perjuicio y el daño que trae al cuerpo la radiación que transmitía sobre los bebés recién nacidos y sobre los niños pequeños. Incluso hablaba también de las influencias demoníacas. Por eso cada vez que tenía oportunidad desaconsejaba ver la televisión y aconsejaba que la tirasen a la basura fuera de sus casas, ofreciendo a los niños algo espiritual (vidas de santos, vigilias y excursiones a lugares espirituales) o algo neutro (juegos inocentes y excursiones). Decía: “No dejéis a vuestros hijos ver la televisión. La televisión llega sólo hasta la luna, pero la televisión espiritual llega incluso hasta Dios”.

Una vez conversaba con un grupo de jóvenes. Más allá estaba sentado un profesor joven. Pensaba en algo que le preocupaba últimamente: “¿Vale, para otras cosas, la televisión, no; no lo discuto; pero quizás debería, para tener una información básica, seguir los boletines de noticias?”. En aquel momento el Gérontas se giró bruscamente hacia el profesor y le dijo: “¡Tampoco las noticias!”, y volvió a girarse hacia los jóvenes, continuando la conversación con ellos.


Un recién casado, conversando con el Gérontas, le rogó que le diera un último consejo. Le dijo: “Dile a tu mujer que no vea la televisión, porque vuestro niño nacerá enfermizo o tonto.” Después de una pequeña interrupción recalcó: “Que tampoco vaya a casas de familiares para verla”. Su cónyuge acostumbraba a ver la televisión en casa de su madre.

***

Testimonio del monje Paísio: “Era estudiante de derecho y visité al Gérontas el 22 de Agosto de 1988 con mi compañero Gregorio. Por primera vez visitaba el M. Atos, tras sugerencias de conocidos míos, porque vivía alejado de la Iglesia. Más bien fui por turismo espiritual, pero también quería demostrar al Gérontas que no existe Dios y malamente ha derrochado tantos años como monje.

»Sobre las cuatro de la tarde llegamos a Panaguda. Encontramos alrededor de treinta personas esperando. Tocaban insistentemente la campanita, pero el Gérontas no aparecía. Nosotros fuimos por la puerta de atrás, pero la encontramos cerrada. Allí, no sé lo que sucedió en mi interior, y por primera vez después de doce años de inexistente vida mistiríaca, me arrodillé y recé: “!Dios mío!”, dije, “si realmente existes y quieres que yo crea, haz que venga el Gérontas para hablarnos de ti”.


»No pasaron ni cinco minutos y el Gérontas lentamente con la mirada serena y con una sonrisa muy dulce se acercó a nosotros viniendo desde el bosque.

—¿El padre Paísio? le pregunté emocionado.

—¿Para qué quieres al p.Paísio? —me responde—.

—Para entregarle estos calcetines y pedir su bendición, le dije.

—Inclínate para que te bendiga.

»Era la primera vez después de mi bautismo que recibía este tipo de bendición. Tocó con su mano sobre mi cabeza y por cinco minutos más o menos rezaba.

»Después nos puso en el patio y nos sentamos en los troncos de madera. Hablaba sobre Dios y lo que sucede en el mundo, como si hubiera escuchado el último boletín de noticias, ofreciéndonos algunas veces lukumia (dulces tipo golosina)


»Mientras tanto vinieron también dos jóvenes que parecían anarquistas, y el Gérontas continuó su homilía. Nos habló también sobre el budismo y sacó de mi interior las últimas espinas, porque los últimos años hacía ejercicios de yoga, una hora al día.

»Después de una hora de homilía, se gira y me dice: “¿Quieres ser mi monje en obediencia? Yo le respondí: “No padre, yo no valgo para estas cosas, amo el mundo”. La misma frase la repitió más tarde bastantes veces, pero desgraciadamente yo aquella época estaba tan lejos de las realidades espirituales, que no podía percibir y entender la grandeza de su oferta…

»A continuación nos dejó y se fue a amontonar leña. Dijimos que queríamos ayudarle, pero se negó diciendo que lo hacía por ascesis y que este era su servicio.

»Pasaron más o menos quince minutos y los cuatro turistas espirituales que estábamos, no hablábamos entre nosotros. Me había quedado impresionado por las palabras del Gérontas. Con todo lo que había dicho, había resuelto mi duda sobre la existencia del Dios Trinitario. Yo recibía a la vez también ataques de malos pensamientos (loyismí) del maligno. De repente me vino el pensamiento de preguntar al Gérontas desde las profundidades de mi alma, qué debemos hacer para ganar el Paraíso. Pero lo dije con mi mente vanagloriosa, pensando que ya que el p. Paísio está tan elevado espiritualmente, adivinará mis pensamientos y me responderá. Pero Dios fue compasivo conmigo, ignoró mi egoísmo, y veo al Gérontas dejar la leña viniendo con pasos lentos, observando las profundidades de mi alma, -ya no en los ojos- y me responde: “Amor y la fe en Cristo que tengas hijo mío.”


»Comenzaron a temblar mis pies y mi corazón latía fuerte, de modo que creía que iba a reventar. Lo único que conseguí susurrar fue: “Gregorio, vamos, nos marchamos”, y “padre, tu bendición que tengamos”. Me respondió: “¿Por qué quieres marcharte? Quédate y te haré mi monje en obediencia y te daré hasta mi nombre”. Pero mi corazón no aguantaba la revelación de Dios que se había realizado en su interior…

»Desde entonces mi vida ha cambiado totalmente. A pesar del hecho de que no lo he vuelto a ver otra vez, siempre había una comunicación psíquica interior. Su presencia en mi vida y después de su dormición se manifiesta muchas veces de manera admirable. Pero el mayor milagro es que consiguió sembrar a Cristo para siempre en mi alma, mientras estaba alejado de la Iglesia. En menos de seis años pasé de ser un renegado de nuestra Iglesia, a ser monje; y me fue dado el nombre Paísio, tal como había previsto el Gérontas.»

***

Testimonio de un sacerdote anónimo: “Visité al Gérontas seis días antes de haber sido ordenado diácono. Toqué la campanilla tirando de una cuerda y esperé. Después de un rato vino un joven a abrirme la puerta y me preguntó si soy yo el que iba a ser ordenado diácono. Le miré extrañado, porque no me había comunicado antes con el Gérontas, además que no tenía el modo de hacerlo, por eso sentí sorpresa. El joven me explicó que el p. Paísio apenas escuchó el timbre le mandó abrir la puerta diciéndole: “Es alguien que quiere ser ordenado diácono y quiere verme”.


»El Gérontas me recibió bien con su sonrisa y su humor innato. Me invitó a un plátano que había traído el anterior peregrino y después cogió la piel y la tiró con fuerza como una jabalina en el bosque, diciéndome que aquí no tenemos cubo para la basura, ni alcalde para que nos riña. Entonces me reí con toda mi alma y el Gérontas cuando vio que me serené por la sorpresa y me había relajado, me dijo: “Ahora ven y hablemos”.


Le supliqué que me aconsejara sobre con qué debo tener más cuidado para obrar bien como clérigo y él me dijo: “Tres son las cosas y realidades básicas. Primera cosa, debes ser amante de los Oficios. Tocar la campana mañana y tarde y hacer los Oficios. Segundo, que seas desprendido y sin avaricia; el dinero que te den por tus servicios, cógelo y da las gracias, porque tienes familia, pero no lo pedirás. Así entenderán los hombres que no estás apegado al dinero, y la tercera cosa es amar a los hombres y no reñirlos.


Si entienden que los amas, entonces no tengas miedo de nada. Si estas cosas las aplicas desde el principio funcionarás bien y tendrás éxito. Y después como hombre aunque cometas algunos errores no te los tendrán en cuenta. Pero si no tienes cuidado y no aplicas estas cosas desde el principio, entonces aunque hagas miles de bienes más tarde, no conseguirás funcionar bien como sacerdote.»

***

»Testimonio de T.I., graduado en la Academia Athoniada: “Como alumnos de la Academia Athoniada hablábamos sobre varios temas que nos ocupaban. Uno de estos temas era también cómo encontrar esposa los que querían ser sacerdotes casados. También hablábamos sobre temas eclesiásticos y acusábamos al obispo Serafín mientras alabábamos literalmente a otro metropolita.

»Un grupo bajamos a Panaguda, a media hora de distancia. Cuando llegamos, el Gérontas abrió la puerta y entregó un bastón a un compañero de nuestra clase que su sueño era hacerse obispo, diciéndole: “Avanza tú el primero, ya que quieres hacerte obispo”. Pero antes de sentarse en los troncos nos dice: “Tal y como existen chicos buenos que pueden hacerse sacerdotes, también existen muchas chicas buenas para esposas de sacerdote. Por tanto, dejad estas cosas, concentraos y estudiad. Este es vuestro trabajo ahora”. Después con un rostro serio nos dijo: “¿Pero bueno, qué os ha hecho el arzobispo Serafín que siempre le criticáis y le condenáis?” Nosotros nos quedamos helados otra vez. Y continuó: “Tiene algo que no tiene nadie y esto le llevará al Paraíso. ¿Quién de nosotros puede enfadarse por los insultos y en dos o tres minutos haberlo olvidado todo y no mantener rencor ni maldad a ningún hombre? Sólo esto le llevará al Paraíso y vosotros que juzgáis superficialmente, cometéis un gran pecado. ¿Puede hacerlo esto el metropolita –tal-? (al que mencionamos). El Dios a Serafín le ha hecho y juzgado como digno y adecuado para el período concreto de nuestra historia Eclesiástica y se han evitado mayores males”.

»Nos conmocionamos por cómo el Gérontas conocía estas cosas que habíamos hablado en la Academia y por cómo nos respondió. Desde entonces paramos de acusar al arzobispo.


»Otra vez en el año 1980, mientras nos preparábamos para los exámenes de selectividad, hubo un terremoto. Salimos de la Academia y nos quedamos en tiendas de campaña. Fuimos y rogamos al Gérontas para que hiciese oración.

»Nos dijo: “¿Por qué tenéis miedo, no confiáis en Dios? Cuando éramos pequeños y llorábamos nuestras madres nos movían un poco y parábamos de llorar. Ahora nos mueve un poco Dios y gritamos como locos, nos coge el pánico. ¡Cómo han cambiado las cosas! Sabed que no os pasará nada, no tengáis miedo. No os pasará nada, no se romperá nada, a pesar de que los seísmos continuarán durante un poco más”.

»Con mucha alegría, pues, volvimos a la Academia. Al mediodía dormí en mi habitación, a pesar de las presiones de abandonar y los continuos temblores de la tierra. Tenía plena confianza en el Gérontas y realmente todo sucedió tal y como nos predijo.






13 ENFERMEDAD Y BIENAVENTURADA DORMICIÓN


13.1 Dolor y enfermedades


Tal como se dijo anteriormente, la ascesis y el dolor acompañaron de por vida al santo. Ofrecía su ascesis como sacrificio voluntario de amor por Cristo y aceptaba las dolorosas enfermedades con agradecimiento y glorificando a Dios. Fue probado por distintas enfermedades. El dolor y las enfermedades se le habían hecho casi un estado fijo. Estando enfermo hacía la ascesis y haciendo ascesis enfermaba. Podía ignorar su dolor: “Tú, tu trabajo, y yo el mío, decía al dolor, y continuaba orando, haciendo trabajo manual o viendo a la gente. El mismo sentía dolor, pero consolaba a los doloridos.

Desde el principio de su vida monástica fue incordiado durante muchos años por la enfermedad de la bronquiectasia (dilatación de los bronquios), el diagnóstico equivocado y la terapia, la hemoptisis o expectoración de sangre y finalmente la difícil operación quirúrgica.

Cuando fue operado de los pulmones, se resfrió y le dieron fuertes antibióticos, mientras estaba en ayunas. Le pareció “como si le arrancaran las entrañas”. A partir de entonces se volvió muy sensible. Con el mínimo resfriado tenía molestias, retortijones y sacaba esputos y sangre. Lo mismo le sucedía con ciertos alimentos.

Era muy sensible al frío. Si en las vigilias se quedaba un poco abierta la puerta de la Iglesia, con la mínima corriente comenzaba a estornudar y toser fuertemente. Muchas veces ponía en su frente una servilleta de papel o un pequeño cataplasma. El mismo explica la razón: “Tenía dolores de cabeza y un monje del Monasterio Stavronikita me aconsejó que pusiese por debajo de mi gorro una servilleta de papel y pasará. Esto me dio buen resultado, porque se calienta la cabeza”.

Con los primeros fríos, desde Septiembre, encendía la estufa manual que aunque le calentaba, simultáneamente le delataba a los visitantes.

Por supuesto que cuando entendía que había necesidad, cualquiera que fuese el estado en que se encontrara, por muy enfermo que estuviese, se levantaba con el frío, la lluvia, la nieve y abría. Llevaba a los peregrinos a la sala de visitas que había calor y él mismo se iba a la Iglesia que estaba muy fría, y atendía a cada uno en particular. Pero esto no duraba muchas horas.

Este estado, por muy difícil que fuera, el Gérontas lo soportaba glorificando a Dios. No gemía ni se lamentaba ni pedía a Dios que le quitase sus padecimientos y le diese salud.

Durante cinco o seis meses padeció de hernia discal. Había sufrido de lo mismo también en el Sinaí, cuando intentó levantar una piedra de granito. Le dolía mucho. Algunas veces se apoyaba sobre dos bastones y tenía mucha dificultad para atender a la gente.

Los últimos años sufría más a menudo hemorragias en los intestinos, que gradualmente crecían. Llegó a ir al aseo hasta diecinueve veces en una noche, sin tener nada, sólo sacaba sangre. Los médicos no sabían exactamente a qué se debía la hemorragia, porque el Gérontas no quería hacerse exámenes médicos.

Recibía a la gente, hacía sus deberes espirituales, cumplía con consecuencia su tipikón o regla ascética, pero sus fuerzas se debilitaban. Se agotaba por la hemorragia y por el mucho cansancio. “A veces tengo ganas de desaparecer”, decía.

Dos años antes de su dormición fue a celebrar la Pascua en una Kalivi junto con otros padres. Decía bromeando al Gérontas de la Kelí: “Eh, cura… o tu Kelí se ha ido más lejos o yo he envejecido, ¿cuál de las dos cosas sucede?... Me parece que yo he envejecido”.

Veía que le iban faltando las fuerzas, la incesable hemorragia no retrocedía ni paraba. Pero a pesar de todo lo soportaba sin acudir a exámenes médicos y tomar fármacos. Lo único que pedía con fervor a Dios era que ayudase a los hermanos que padecían y que no paraban de venir pidiendo ayuda. ¡Cómo podría no emocionarse el buen Dios y podrían no ser escuchadas sus oraciones!




13.2 “Algo me sucedió”


Relató el Gérontas: “Mientras me encontraba en esta situación me sucedió algo. Estando tumbado en mi cama, cogí el icono de san Arsenio, la apreté encima de mi barriga y sentí una fuerza que salía del icono”.

Recuperó las fuerzas y continuó sus luchas y el servicio a los hombres por un tiempo. Tenía todos los síntomas (hemorragia, etc.), pero se sentía fuerte.




13.3 En los límites de su resistencia


Pero esto no duró mucho. Volvió la anterior situación y comenzó a tener síntomas de desmayos. Algunas veces, de hecho, caía desmayado en el patio de su Choza, y cuando se reencontraba consigo mismo, agradecía a Dios que no le hubiese visto nadie.

Una vez había también nevado. Decía después: “Me habríais encontrado -como odre o pellejo en escarcha-”. El segundo Domingo de la Gran Cuaresma del año 1993, durante la Divina Liturgia en su Capilla, su agotamiento llegó al límite. Comenzó a respirar fuertemente, se abrieron de par en par sus ojos y por un rato su respiración recordaba el estertor propio de un moribundo. Pero por respeto no consintió el sentarse. Se desmayó cayendo hacia adelante pero a los padres les dio tiempo y le retuvieron. Cuando se recuperó, aunque le incitaban a que se sentase, no lo aceptó. Al final de la Divina Liturgia a pesar de los repetidos desmayos y vómitos intentaba atender a los padres que se encontraban allí, descuidando su propia situación, y al final no permitió que se quedara nadie con él. Se quedó solo, “como un hombre desamparado” humanamente, abandonando a sí mismo, padeciendo en la misericordia de Dios.

Por su gran pérdida de sangre su cara se puso muy pálida. Sus conocidos intentaban ayudarlo en lo que podían. Le propusieron suplir su faltan hierro con unas pastillas, pero él lo evitaba y decía bromeando: “Hierros tengo muchos aquí, yo acero quiero” y no lo aceptaba.


El Gérontas no se inquietaba. Lo único que rogaba era que Dios economizase parando la hemorragia, cuando había Divina Liturgia, para poder comulgar. Y así sucedió por un tiempo. Él mismo sabía mejor que nadie sobre su enfermedad y sobre su final, el cual sentía que se acercaba, pero no se lo decía a todos.

Durante toda su vida estudiaba la muerte. Había hecho su cama como un sepulcro y por costumbre en las Kelia donde se instalaba para vivir, abría también una tumba. Pero ahora empezó a hablar por alusiones a sus hijos espirituales preparándolos para la inminente separación. Decía que: “Cuando se estropea la casa (cuando enferma el cuerpo) y comienza a gotear, entonces el dueño (el alma) no quiere quedarse dentro. El Hábito Angelical de su Gérontas, el padre-Tikon, lo guardaba tantos años como bendición. Ahora lo compartió. Había preparado Cruces y pequeños iconos en presa y escribió pidiendo que fueran repartidos después de su muerte como bendición para perdonarle. Tenía preparadas las sotanas para su entierro y encima de ellas la siguiente nota:

“Estas cosas son para mi entierro, me alegraré si me vestís con las viejas y guardáis las nuevas, porque soy pecador y Dios por vuestras bendiciones que tenga misericordia de mí, orad por mí”

Μonje Paísio.


El Patriarca Ecuménico, al informarse sobre el estado de salud del Gérontas, le mandó un mensaje para que hiciera exámenes médicos. Paradójicamente por un tiempo la hemorragia se detuvo. Preguntaba con sencillez a su monje en obediencia: “Naturalmente debo hacer obediencia al Patriarca. Pero ahora que ha frenado la hemorragia, ¿no estoy liberado?, ¿tú qué opinas?”. Al poco tiempo volvió a comenzar la hemorragia.

La posición del Gérontas fue comentada de diversas maneras. Algunos se “escandalizaron”, porque lo consideraron como algo impuesto a sí mismo. Otros admiraron y elogiaron la esperanza y la fortaleza con la que afrontó la prueba, y muchos se beneficiaron, principalmente los que estaban enfermos, cuando vieron al Gérontas enfermo y soportándolo con paciencia.


Bastantes padres le rogaban que cuidara de su salud, diciéndole: “Te necesitamos”. Otros le daban clases sobre lo que tiene que hacer, en cambio otros observaban silenciosamente con dolor en sus almas su martirio y oraban. Cada uno según sus pensamientos y su estado espiritual juzgaba y actuaba.




13.4 Última salida. Desarrollo de la enfermedad.


El Gérontas, como cada año, celebró la memoria de san Cristódulo en la Kelí vecina de sus hijos espirituales, quienes festejaban. A continuación fue al Monasterio Kutlumusion para felicitar y bendecir al archimandrita Cristódulo por su santo. El día siguiente, el 22 de Octubre de 1993, salió del M. Atos, tal como acostumbraba a hacer los últimos años, para ir la vigilia de san Arsenio en el Monasterio femenino de Surotí. Ya no volvería ni difunto.

En Surotí se encontró en la vigilia y, como de costumbre, se quedó unos días para ver a las hermanas y a la gente necesitada. Después tenía el propósito de volver. Mientras tanto sufrió de íleon. Se le obstruyeron los intestinos, pero algo paró también la hemorragia. Por los acontecimientos se vio obligado a sucumbir a las súplicas de someterse a exámenes médicos.

Su enfermedad se desarrolló de la siguiente manera, explicada brevemente: En el Hospital Theagenio los médicos comprobaron la existencia de un cáncer avanzado. Lo tenía desde hacía seis años, pero no parecía haber hecho metástasis. El piadoso médico señor Georgios Blanzas, que antiguamente había operado al Gérontas, estaba inquieto por el resultado de los exámenes. El Gérontas le dijo:

—No haga así. De acuerdo, tengo cáncer, haré obediencia a lo que me diga. Se acabó.

Siguiendo las recomendaciones del médico fue para hacerse radiografías, hasta que el tumor estuviese listo para ser operado. Cada vez que iba a hacer radioterapia, le esperaban muchos y le contaban sus penas. Él tenía mayor problema, porque debería ser vaciado su intestino treinta veces al día con terribles dolores. Pero no se apagó su sonrisa y consolaba a los demás enfermos.


Mientras que durante la operación de la hernia de estómago había escondido su nombre, ahora dijo que lo pusieran, y que recibiesen a los que quisieran verlo, porque sabía que pronto se marcharía.

El 4 de Febrero de 1994 se hizo la operación. Fue quitado el tumor del intestino grueso, pero la enfermedad se desarrollaba tremendamente rápido. Había hecho metástasis sobre el hígado y los pulmones. Se hizo una operación momentánea contra natura, aunque el Gérontas no quería, decía bromeando al médico: No me conviertas en un mueble, no quiero”. Más tarde se hizo otra operación y se restableció el funcionamiento del intestino. También aceptó y se hizo quimioterapia. En una tomografía axial sufrió mucho. Estaba en silla de ruedas, sentía dolor y temblaba de frío. Cedió su turno a otro enfermo y él estuvo esperando mucho rato en el pasillo del Hospital. Cuando le tocó examinarse, se estropeó la máquina de hacer tomografías y finalmente vino un coche y le trasladó a otra máquina de tomografía axial. Se comprobó el rápido avance del cáncer en el hígado y en los pulmones. En todo este espacio de tiempo estaba alegre y con muy buen ánimo, y decía bromas divertidas, como si él no fuera el enfermo. Consolaba y aliviaba al que se le acercaba.




13.5 Ofrecimiento con dolores martíricos


Y antes de la operación quirúrgica, en Surotí y en el Hospital y después otra vez en el Monasterio, pasaba mucha gente para verle, contarle sus penas y calamidades y pedirle perdón. Esto añadía cansancio y fatiga a los dolores de su enfermedad, pero era inevitable.

—Gérontas, ¿dónde dejas a tus hijos? —Le preguntó una persona—.

—Eh! “los días de nuestra vida son setenta años” (Sal 80,10), basta con estos…

—Gérontas, ¿por qué no hace usted oración para que le sane Dios, ya que le necesitamos tanto?, —le preguntó otro—.

—¿Qué? ¿Vamos a estar burlándonos de Dios? Pero si yo le he pedido que me dé esta enfermedad…

—Gérontas, dígame un último consejo, para que lo recuerde, —le rogó un hijo suyo espiritual—.


—Que tengamos nobleza espiritual, porque con esta nos emparentamos con Cristo…

Hacía reuniones con las hermanas del Monasterio que se sacrificaban por aliviarle y las instruía, dándolas los últimos consejos.


En el Hospital Theagenio había un enfermo de cáncer llamado Lambros M.… de la ciudad de Tríkala. Estaba muy delgado, literalmente consumido y en silla de ruedas, porque no podía mantenerse en pie.

Su mujer después de persistentes intentos vio al Gérontas. La dijo que Lambros se curaría, iría a Tríkala, se alegraría su familia, pero después de poco tiempo recaería y moriría. La situación del enfermo era muy difícil y lógicamente era imposible un tipo de desarrollo así. Pero todo sucedió tal y como lo predijo el Gérontas y Lambros después de seis meses aproximadamente murió.


El Jueves de la Semana de Pascua de 1994 le visitó la señora Erifili Tsika de la ciudad de Volos, quien nos relata: “El verano de 1993 a mi hija Antonia de once años le apareció vitíligo en los extremos de las manos y en el contorno de los labios. Es una enfermedad cuya terapia según los médicos es muy difícil o casi imposible. Iniciamos la terapia con cortisona sin resultado. Nuestra decepción fue grande. Fuimos a ver al Gérontas a Surotí. Nos recibió a mí y a mis tres hijas, sonriendo a pesar de sus terribles dolores.

Tras haberle comentado el problema de mi hija, él puso sus manos dentro de las suyas y le preguntó mirando profundamente en sus ojos: ¿Por qué, hija mía, tienes tanta tristeza? (Realmente mi hija tenía una tristeza continua desde la muerte de su padre en 1991).

»Después se volvió hacia ella y le dijo: “Erifili, hija mía, no te preocupes, no es nada, ni se hereda esta enfermedad. Esto te ha sucedido por la gran tristeza y angustia”.

»De repente me pregunta: “¿Qué quieres que pase?”. Le respondo: “Que se quede como está”.

Una vez que hizo la señal de la Cruz sobre ella con su santa mano me dijo: “Todo irá bien”.

»Realmente no hubo desarrollo de la enfermedad. Hace diez años que no hemos vuelto a ir al médico y no hemos hecho ninguna terapia. Dije al Gérontas que se quedase tal como está la enfermedad y que no desapareciese, para que nos recordarse a todos nosotros la vida sobre la misma y sobre toda nuestra familia, la gracia del Gérontas y su bendición que espléndidamente nos concedió».


Un mes antes de su dormición le visitó el venerable metropolita de la ciudad de Xanthi, el Sr. Panteleimon (entonces era aún archimandrita). Escribe: junto con nosotros había también dos niños. Habían cortado flores silvestres del campo y se las ofrecieron espontáneamente al Gérontas, apenas entramos en su habitación, colocándolas en su almohada. “Has visto”, me dijo, “los niños saben lo que hacen”. Quise confirmarle que aún le necesitamos vivo, que le necesitamos mucho y que oramos por él. Pero el mismo nos dijo que ya estaba rezando por otras cosas, manifestando con buena disposición y buen ánimo siempre su alegre duda en relación a quién finalmente hará caso Dios. Después me preguntó si le había traído cartas para el cielo. Era una oportunidad de transportarlas al cielo sin sellos de correo, añadió con su insaciable ánimo por transmitir alegría, la cual era más que evidente en su dulce rostro.


El padre Timoteo Tsotras, higúmeno del Sagrado Monasterio de San Juan el Ruso, de la ciudad Kasandra, nos relata:

»Fuimos a ver al Gérontas Paísio al Monasterio de Surotí junto con el bienaventurado metropolita de Kasandra, Sinesios y el p. Agathángelos.

»Una vez que hubimos venerado en la Iglesia de san Arsenio, fuimos al pequeño sinodikón. Nos vio el Gérontas que nos acercábamos y salió fuera para recibirnos. ¡Nosotros sorprendidos, le vemos dentro de una luz sobrenatural, sin pisar sobre en los escalones sino en el aire, acercándose a nosotros!

»En el sinodikón (sala de reuniones) después de la invitación se quedó un rato el metropolita con el Gérontas y después nos marchamos. Unos treinta metros más abajo el metropolita nos dice a nosotros y a la Geróntisa: “¡Habéis visto, su santidad no se esconde, volaba y resplandecía entero”. “Nos sigue”, observa con voz baja el p. Agathángelos. Por detrás venía el Gérontas, aunque gravemente enfermo, para honrar al obispo.

El metropolita se dio la vuelta, vio al Gérontas y le rogó que volviera a la cama, para no cansarse»




13.6 Bienaventurada e inadvertida dormición


Mientras obedecía humildemente a las indicaciones de los médicos, un día llamó al médico y le dijo:

—Aquí pararemos la terapia.

—¿Por qué, Gérontas?

—Ahora hará obediencia usted. Dará la orden de que paremos. Ahora no puedo hacer nada. Ayer quise rezar arrodillado y no pude. No puedo ver a nadie; se ha acabado mi misión. Esto era todo. Dejadme aquí.

Después preguntó:

—¿Puedo beber un poco de agua o sandía exprimida? Nada más. Y le ruego que venga una vez más a verme y después no volverá más.


“La última vez que volví a verle”, nos relata el médico terapeuta sr. Georgios Baltzas, “siete días antes de su dormición, parece que estaba muy afectado y triste. Muchas veces me preocupaba el tema de que si esto que hacemos a los enfermos, es lo correcto. Me dijo:

—Escucha, Georgios. Todo se ha hecho como se debe. Digno es tu salario. No te preocupes. Quería que supieras que cuando me necesites, estaré cerca de ti.

—Gérontas, tu hígado se ha hinchado y te duele, porque había hecho terribles metástasis, —le dije—.

»Sonrió y me dijo:

—Ah, esto es mi orgullo, no te preocupes. Esto me ha retenido hasta los setenta, y esto ahora me manda, lo más rápido que puede, allí donde debo ir. No te entristezcas por eso, estoy muy bien».


A la vez tenía disnea. Tenía el aparato de oxígeno que solo utilizaba cuando se veía con muchas dificultades. Los dolores se hacían más agudos. No aceptaba que le pusieran inyecciones para el dolor. No quería que el dolor fuera extinguido totalmente. Sólo tomaba alguna cortisona, para poder valerse hasta entregar su espíritu

El Gérontas tenía el deseo de regresar al M.Atos. Quería dormir en el Señor y ser enterrado anónimamente en el Jardín de la Panayía, su Patria espiritual. Había pedido a un hijo suyo espiritual preparar el espacio adecuado para quedarse allí sus últimos días, porque en la Skete ”Panaguda” era imposible ya quedarse sólo. Se preparó un miércoles y calculaba que el lunes siguiente entraría en el M. Atos. Pero de repente empeoró su estado de salud. El Administrador político del M. Atos se ofreció a ponerle un helicóptero, pero el médico estimó que sería muy posible que muriese en el camino. Naturalmente tampoco el Gérontas era aliviado en este tipo de transporte.

De nuevo se programó su regreso al M. Atos, pero en cuanto mejoró un poco su estado de salud, otra vez fue impedido por un nuevo empeoramiento por la enfermedad. Detrás de estas dificultades y de los impedimentos se escondía la voluntad de Dios, es decir, ser enterrado fuera en el mundo. La gente tanta necesidad tenía de él cuando vivía, como tendrían ahora después de su dormición.

Así que decidió quedarse y ser enterrado en el Monasterio de Surotí, cerca de su santo. Posiblemente, antes de su decisión definitiva, habría recibido información más clara de Dios sobre este tema.

Avisó y le trajeron el gran hábito y el gorro de monje. Definió la posición de su tumba y dio órdenes e instrucciones en relación con su entierro.

En el último periodo pidió a dos obispos conocidos suyos, que habían pasado para verlo, que le leyesen la oración del perdón y la oración del alma moribunda, y que hiciesen el responso fúnebre, rezando con ellos el Gérontas. Comulgaba regularmente. Con esfuerzo y cansancio iba solo a la Iglesia. Cuando le propusieron que fuera el sacerdote para darle la Sagrada Comunión a su kelí, se negó diciendo:

—Yo debo ir a Cristo, no que Cristo venga a mí.

Sus dolores continuamente aumentaban y llegaron ya a equivaler con los dolores de los mártires.

—Gérontas, ¿no tienes dolores?, —le preguntó un monje del M. Atos que le veía tranquilo y pacífico—.

—Me he acostumbrado, —respondió—.

Realmente durante toda su vida se había familiarizado con el dolor. No se aterraba, no gemía, sino que lo soportaba y glorificaba a Dios. Ahora filosofaba acudiendo espiritualmente a los martirios de los santos mártires. Decía: “Tanto me han beneficiado las enfermedades, como no lo ha hecho la ascesis que he hecho como monje durante tantos años”.

De vez en cuanto salmodiaba para despreciar el insoportable dolor y sustituirlo con la salmodia, por si acaso viniesen gemidos involuntarios.

Había parado de ver a la gente. Ahora que se estaba acercando su final, no quería ni siquiera que las hermanas entrasen en su kelí. Cuando le hacía falta algo, tocaba la pared y venía la hermana. Quería estar solo orando sin distracción y prepararse mejor para su salida. Se atendía el solo hasta el final, se fatigaba inimaginablemente, pero estaba alegre, sereno y pacífico.

En la fiesta de Santa Eufemia, 11 de Julio, día lunes, comulgó por última vez arrodillado en su cama, ya que no podía ya desplazarse a la Iglesia.

El Gérontas pasó su última noche de modo martírico. Imploraba a la Panayía dentro de sus dolores: “Dulce Panayía mía”, decía. Le tomaban la presión y su pulso era inexistente. Sólo cuando respiraba parecía que vivía. Hasta el final sentía, entendía todo y oraba continuamente. Sólo por dos horas perdió sus sentidos, y cuando se recuperó, con voz casi apagada, dijo: “Martirio, martirio real”, y después durmió pacíficamente. Era el día 12 de Julio del año 1994, día martes, hora 11 de la mañana y con el antiguo calendario 29 de Junio memoria de los principales Apóstoles Pedro y Pablo.

Fue enterrado detrás del templo de san Arsenio, sin saberlo nadie y sin ser llamado nadie a su entierro. Esta era la voluntad del Gérontas. Que su entierro se hiciese en silencio y en anonimato.

Después de tres días, que se dio a conocer su dormición, lo que sucedió es indescriptible. De todas las partes una gran afluencia de gente venía para venerar y reverenciar su tumba. Se veían manifestaciones espontaneas de amor y devoción. Otros le imploraban como santo . Otros por devoción tomaban tierra de su tumba. Los que tenían algún objeto del Gérontas lo consideraban como una gran bendición.

Su Kelí “Panaguda” en el M. Atos sufrió un “saqueo piadoso”. Peregrinos entraron por debajo de la alambrada y subieron hasta el tejado. Se llevaban lo que encontraban para tenerlo como bendición del Gérontas: vasos, cuchillos, maderas, alfombritas sucias con barro, cuerdas, papeles y troncos que los tenía como asientos.

Llantos, lamentaciones y lágrimas, especialmente por aquellos que habían sido beneficiados por el Gérontas. Sentían su ausencia, se sentían huérfanos. Pero después comenzó a amanecer la esperanza consoladora de que ahora se encuentra ya cerca de la Santa Trinidad e intercede por todos.



Sobre su tumba, en una placa de mármol, fue grabado su poema, que había sido escrito por él mismo:

Aquí ha terminado la vida,

aquí también mi aliento,

aquí mi cuerpo será enterrado

y se alegrará mi alma.

Mi Santo (aquí) habita,

este es mi honor.

Creo que él tendrá compasión

de mi alma miserable.

Rezará al Redentor,

Que tenga a la Panayía conmigo.


Monje Paísio el Aghiorita






A.14 MILAGROS DESPUÉS DE SU DORMICIÓN


14.1 “No se alejó de nosotros”


El Gérontas no paró de ayudar a los hombres después de su dormición. “Estando aquí presente carnalmente, ya realizaba milagros sobre los hombres. Y ahora, tras su ida, no sólo no se ha alejado, sino que se ocupa mucho de nosotros y no cesa de ayudarnos.” Liberado ya de su carne corruptible y padeciente, puede correr más rápido y más cómodamente a la ayuda de los fieles que le solicitan, y también a veces sin ser llamado a ayudar a muchos que nunca habían oído hablar de él, indiferentes por la fe. Los hombres acuden al santo pidiendo su intervención, ya que creen en su santidad. Su sepulcro se ha convertido en lugar de peregrinaje para todos los ortodoxos. Tiene mucha gracia y bendición. Recibe a los doloridos y consuela a los entristecidos. Se ha convertido en la nueva piscina de Siloé. Cura enfermedades y realiza muchos milagros. Su pequeña celda en el M. Atos también se ha convertido en lugar de peregrinaje. Cada día pasan visitantes que conocieron al santo. Unos para agradecerle la ayuda recibida por él y otros para ver dónde vivía.


Los acontecimientos admirables y los milagros que realizan los santos, sus apariciones y sus curaciones, las vemos en el Gérontas también tras su “dormición”. Sobretodo cura a enfermos de cáncer y a endemoniados. Se aparece y salva a muchos de accidentes de tráfico. Muchos enfermos le han visto en los hospitales. Suceden milagros con objetos personales suyos y despiden un aroma indescriptible.

Son innumerables los milagros realizados por el Gérontas y suceden nuevos continuamente. Para dar fe de lo dicho, a continuación se detalla una mínima parte seleccionada de entre todos sus milagros, manifestados y testificados por testigos presentes.




14.2 Fragancia


El carisma de la fragancia incluso tras la “dormición” del santo no ha desaparecido. Muchos la sienten cuando se prosternan ante su tumba, cuando visitan su celda en el M. Athos y otros sienten que su ropa o sus objetos personales despiden tal fragancia.

Como testifican los padres que fueron recibidos por el Gérontas en su celda, “al principio, después de su dormición, casi todos los visitantes sintieron esta incomparable fragancia. Particularmente desprendía olor la parte exterior de la puerta trasera de alambre, donde había un grifo y el Gérontas tenía los dulces de lukumia. En este sitio multitud de gente cansada y sedienta bebían del agua de este grifo, pero principalmente calmaban su sed espiritual con las palabras del santo.

“Más tarde disminuyó, pero no desapareció completamente. Un piadoso peregrino fue a postrernarse a la Capillay nada más entrar al pasillo fue rodeado de una fuerte nube de fragancia”.


Testifica el Padre A.K.: “El año que durmió el Gérontas, se celebró la Divina Liturgia el día que se honraba la memoria de su celda. Durante dicha Liturgia sentí un fuerte aroma que me acompañó hasta el Monasterio de Kutlumusion y después se fue”.


El sr. Tsolákis Basilios, del cuerpo de policía de “Likóstomo de Pelas”, en la periferia de Macedonia Central, declara: “El año 2001, mi esposa Elena fue con mi hijo Nicolás a Salónica para hacer unos exámenes médicos, ya que tenía una enfermedad en los riñones. Llevaba con ella un libro del p. Paísio. En un momento dado, teniendo abierto el libro, salió de éste un aroma inexplicable durante unos diez minutos, el cual sintió también mi hijo. Hicimos los exámenes y el resultado fue que mi hijo no tenía ningún problema y hasta ahora estaba muy bien. Desde entonces mi esposa no se separó de este libro”.


Testimonio de Pedro… de la ciudad Drama: “Yo no conocí al Gérontas Paísio. El Dios me iluminó y estuve dos años arrepintiéndome después de su dormición.

»Compré todos los libros del p. Paísio, pero no leí ninguno. Cuando sin embargo encontré el último, lo dejé todo y me dediqué por completo a su lectura. Cada noche, después de mi canon, leía cinco páginas. Cada vez que abría el libro del Gérontas para leerlo, sentía que salía de él un perfume. Tanta cantidad de libros tenía, pero sólo éste emanaba perfume.

»El lugar donde me sentaba a leer era una mesa frente al iconostasio. Un día, estando por el final del libro, cuando me había puesto a leer las cinco páginas de cada día, de repente vi salir una luz cegadora de los iconos, la cual se desbordaba como cascadas. Era tan brillante que no podía mirarlo. Bajé la cabeza. Intenté abrir los ojos y mirar derecha e izquierda, pero la irradiación era tan fuerte que ni así podía abrir los ojos. Así que los cerré completamente. Esto duró de unos veinte a treinta segundos. Estaba yo solo, hice la señal de la Cruz, y me quedé asombrado intentando concienciarme y comprender qué era eso que por primera vez sentí en mi vida.”


Testimonio de F.A.: “Un 10 de Febrero del año 2005, día de la fiesta de san Jaralambo, fui a visitar a un compañero mío de trabajo que celebraba ese día y pensé regalarle un libro del Gérontas Paísio.

»A las 7 de la tarde me llamó por teléfono mi compañero, y emocionado me dice: “He empezado a leer el libro y he sentido una agradable disposición y emoción. Sin darme cuenta lo estuve leyendo durante casi una hora, y entonces sorprendentemente sucedió lo siguiente: de dentro del libro empezó a salir una fragancia tan intensa que me quedé inmóvil y conmovido. Una fragancia que inundó todo el espacio de la habitación. Es la primera vez en mi vida que me sucede tal cosa.”




14.3 Expulsa demonio


Testimonio de Evangelos K… de Thesalónica: “Desde mis doce años padecía de demonio. Mi vida se había convertido en un martirio. Después de los exorcismos que me leían, sentía como si me hubieran golpeado.

»El primer sábado de la Gran Cuaresma del año 1995, mi padre espiritual programó hacer una vigilia en el Monasterio de Surotí. Antes de partir, sentí una guerra salvaje. En toda la vigilia no sentí nada de sueño. Estaba en el centro de la iglesia sentado y alrededor mío había monjas. Terminó la vigilia y comenzaron a leer las oraciones de santificación del agua. Me enfurecí. Me llevaron a besar las Reliquias de san Arsenio. Era la primera vez, lo digo y se me ponen los pelos de punta, que sentí quemadura también corporal. Al final giré y dije “hasta aquí…” Me preguntó la Geróntisa: “¿Paísio?”, y moví positivamente mi cabeza. Entonces me enfurecí mucho, comencé a gritar, me llevó a su tumba, y allí clamé tres veces “¡Santo!”. Mientras que yo quería e intentaba marcharme, me cogieron y a la fuerza me tumbaron en el sepulcro del Gérontas boca arriba. Entonces vi a san Paísio levantándose de la cintura hacia arriba como si se despertase del sueño, no como muerto. Era exactamente el mismo con barbas y sus sotanas. Fue cuestión de un segundo. Me tocó con su mano en la frente y al mismo momento salió humo negro de mi boca. Me tranquilicé totalmente pero el dolor físico no se marchó inmediatamente. Me dormí y por el dolor físico me desperté diciendo: “Me duele mucho”.

»Durante cuarenta días sentí tal tipo de alegría, que lloraba. Quizás fue muy atrevido lo que dije: “Dios mío, aunque tuviera que sufrir por toda la vida como antes, merecería la pena, si fuese para volver a sentir otra vez aunque sea por un minuto esta alegría».




14.4 Salvación de un niño.


El p. Jristos Tsántalis de Nueva Mikaniona de Tesalónica y sacerdote responsable de Kerasiá, con nueve hijos, nos dice: “Algunos de mis hijos jugaban en la terraza de la casa y en algún momento comenzaron a saltar sobre el hueco de la claraboya del patio. Uno de mis hijos de seis años, que aún no habla bien, quiso también saltar. Se precipitó al vacío, saliendo disparado hacia abajo como una bala. Cayó desde la tercera planta. Vinieron los otros niños asustados y me lo dijeron. Corrí con angustia al fondo del patio para recogerlo. Me quedé sorprendido y blanco del susto cuando vi al niño viniendo hacia mí. Lo llevé al hospital, los médicos lo examinaron y dijeron que no tenía nada, ni el más mínimo golpe ni rasguño.

»Entendimos de que se trataba de un milagro, y pensé que el icono milagroso de la Panayía de Nueva Mikaniona salvó al niño. Le llevé el icono de Ella y le pregunté. “¿Ésta te ha salvado? Él respondió que no. Me llevó ante la foto del p. Paísio y lo señaló con la mano, es decir, que él fue quien le mantuvo».




14.5 Aparición y ayuda a un estudiante


Testimonio de Jristos Nikolópulos, ingeniero de caminos de la ciudad de Agrinio: “Era julio de 1995. Me estaba preparando para el último periodo de exámenes en la sección de Ingenieros de Caminos en la Escuela Politécnica de Atenas. Pero mi estado era literalmente desesperante. Tenía diez asignaturas pendientes y me había comprometido con mi familia y mis amigos a que obtendría el título en septiembre. El cumplimiento de mi promesa era imposible. La angustia me atormentaba y me provocaba mucha tristeza.


»Por sugerencia de mi madre compré el libro “El Geron Paísio” del hieromonje Cristódulos y lo estaba leyendo. Me había impresionado la amabilidad del Gérontas.

»Una mediodía de un Domingo de Julio, dentro de un calor insoportable, y mientras estaba solo en mi casa leyendo dicho libro, pensé con gran tristeza en mis exámenes de la Escuela Politécnica y el fracaso eminente, cuando escuché la puerta del balcón cerrarse con un golpe fuerte. Inmediatamente pensé: “¿cómo es posible que se cierre tan fuerte la puerta del balcón, ya que no se mueve ni una hoja?” Antes de terminar este pensamiento, sentí que alguien entró en mi casa. Entonces automáticamente me colmé de mucha paz, de indescriptible dulzura y alegría, primera vez por mí conocida. Decía en mi interior: “Que no acabe nunca esta situación, ¡qué cosa es esta!” Entonces me giré y vi al santo Gérontas bendiciéndome y desapareció. Junto con él se marchó también el estado en que me encontraba. Creía que se había ido por las escaleras. Salté y comencé a correr como loco por ellas. Bajé abajo, volví a subir, nada de nada. Subí a la terraza, tampoco lo vi allí.

»Entonces me senté pensando en el acontecimiento y me conciencié mejor de lo que había sucedido. Me sobrecogió un temor y con la mano temblando escribí en el mismo momento lo que me había sucedido para no olvidarlo.

»En septiembre aprobé todos los exámenes y obtuve el título. “¿Cómo ha pasado esto?”, me preguntaban, “esto es increíble”. “Y sin embargo”, decía yo en mi interior, “también lo otro que me pasó es increíble” (el estado en que me encontré entonces)”. Gloria a Dios.»




14.6 Aparición en sueño


Testimonio de Keti Patera: “Me dieron un fármaco para la osteoporosis y había perdido diez kilos en pocos días. No me sentía bien. Estaba muy agotada. Una noche antes de dormir, miré la fotografía del Gérontas y le dije: “no me encuentro bien”. Le vi en mi sueño y me dijo: “vine porque me lo has pedido. Léete bien la receta del fármaco que tomas”, e inmediatamente desapareció. Salté de la cama y leyendo la receta vi que el fármaco era para la obesidad. Si hubiese continuado tomando este fármaco me habría muerto. El Gérontas está siempre cerca de nosotros y no le vemos. »




14.7 Admirable aparición y ayuda


Testimonio del sr. Nicolás Xinarís, habitante de la ciudad Pafos de Chipre: “Mi profesión es fontanero. Un día de julio de 1997, terminé mi trabajo y recogí mis herramientas para ponerlas en el coche. Estaba anocheciendo, no veía bien. Había un alambre para tender la ropa y en su extremo estaba colgado un gancho de dos centímetros. Una vez que hube recogido las herramientas y me levanté para ir al coche, entró el gancho en mi ojo y me quedé inmóvil como un pez en el anzuelo.

»Voceé “¡ayuda!’” con todas mis fuerzas. Vino corriendo el dueño de la casa, me vio y me dijo que sacara el gancho. Le dije que no, porque tenía miedo de quedarme ciego. Le dije que fuera a mi coche para traerme un alicate para cortar el alambre y llevarme a urgencias para que me quitaran allí el gancho.

»Hasta que él se fue y volvió, yo lloraba y me afligía porque tenía tres hijos y no quería que tuviesen un padre ciego.

»En aquel momento apareció delante de mí un hombre delgado con sotana negras. Nada más ver a este hombre y santiguarme, sentí un escalofrío y noté su mano debajo de mi mejilla empujando mi cabeza hacia arriba y así salió el gancho de mi ojo.

»Cuando volvió el hombre que había ido a traerme los alicates, fuimos a urgencias. Los médicos me examinaron, les conté lo sucedido y no lo creían. En la pupila del ojo había un corte. Me dieron una pomada y durante cuatro cinco días debería tener mi ojo cerrado con una gasa.

»El día siguiente entrando en una tienda vi en lo alto de la pared en una fotografía al hombre que había aparecido delante de mí. Pregunté a la señora que tenía la tienda que quién era. Me dijo que es un monje muy famoso que se llama Paísio. Debía llevarme esta fotografía, porque era algo de inestimable valor para mí. La supliqué que me vendiese, la foto, que le daría el dinero que hiciese falta. Ella me dio el libro que habla sobre el padre Paísio. Lo leí el mismo día y a partir de entonces lo tengo en mi coche como protección».




14.8 Invisible presencia sensible


Un peregrino emocionado, en el año 2000 narró el siguiente testimonio: “Fui al M. Atos cuando aún vivía el Gérontas Paísio. Junto con un grupo grande, una vez tomadas las instrucciones del Monasterio Iviron, partimos para visitar al Gérontas. Pero por desgracia nos confundimos por el camino y no pudimos encontrarlo.

»En 1998 que volví a visitar el M. Atos, fui para reverenciar por lo menos en su Kelí, ya que el mismo había ya dormido en el Señor. ¡Fue muy grande la alegría y la serenidad que sentí! Pero marchándome, sentí una gran tristeza y depresión: “¿Por qué yo no fui digno de conocer al Gérontas durante mi anterior peregrinaje, cuando aún estaba vivo? ¡Si sólo su Kelí me inundó de tanta alegría, qué bendición inconcebible sería su presencia! ¿Por qué soy tan pecador, como para que haya sido privado de esto?”.

»Una fuerte aflicción me estaba presionando. Me esforzaba para no llorar. Mientras bajaba por el sendero con mis pensamientos para salir al camino empedrado del Monasterio Iviron, de repente sentí una mano abrazándome fuertemente y después tocándome con cariño en la espalda, mientras a la vez escuché una voz consoladora diciéndome: “Que te vaya bien, valiente mío”*



* Merece la pena hacer aquí la observación de que este saludo y esta frase eran algo muy usual en el Gérontas, pero este testigo no lo sabía.




»Al mismo momento una fragancia fuerte inundó la zona y un deleite indescriptible colmó mi alma, haciendo desaparecer totalmente mi aflicción anterior. Aunque no se apareció él en persona, yo sentí como si hubiese conocido al Gérontas.





14.9 Intervenciones en accidentes de coche.


El sr. St., de la ciudad Kalamata, actualmente habitando Atenas, viajaba con su coche hacia la ciudad de Ioanina. En la carretera fue víctima de un choque frontal, debido al cual su coche quedó literalmente deshecho y él fue gravemente herido en la cabeza. Fue transportado al hospital inconsciente e ingresó en la U.V.I.

Mientras se encontraba en este estado, vio una nube luminosa y en el medio un monje de edad avanzada. A pesar de que no tenía una relación especial con la Iglesia, porque aquellos días había oído de un conocido suyo sobre un tal Gérontas carismático, Paísio, dentro de su sorpresa preguntó espontáneamente al monje:

—¿Eres el Gérontas Paísio?

El Gérontas no respondió, sonrió, le acarició ligeramente en la cabeza y le dijo:

—¡No temas, te pondrás bueno!

El señor volvió en sí mismo. Aunque estaba perplejo ante la paradójica experiencia, y a pesar de que ignoraba al admirable visitante, creyó en su confirmación. De hecho se lo relató con intensa expresión también a los médicos. Y ellos, sorprendidos, comprobando su mejoría humanamente inexplicable, confesaron:

—¡Realmente se trata de un milagro!

Una vez que salió del Hospital, en el camino pasando delante de una librería sorprendido contempló a su salvador en el escaparate. Reconoció su figura en la página exterior de un libro. Así descubrió a su benefactor y lleno de gratitud lo compró y lo leyó.

Emocionado vino a reverenciar en la Panaguda en enero 1998, donde también nos relató el anterior acontecimiento. Aparte de que le salvó de una muerte física segura, la intervención del Gérontas también hizo que su vida le cambiase radicalmente. Buscó un padre espiritual y se confesó. Dejó de hacer vida mundana a pesar de las presiones intensas de sus parientes. “Me es imposible continuar en las mismas cosas; continuamente me viene a la mente el sonriente y luminoso rostro del Gérontas”, decía con lágrimas en los ojos.

***

Testimonio de un monje del M. Atos: “Dos laicos visitaron Panaguda. Tras haber reverenciado, pidieron escuchar algo sobre el Gérontas. Entre otras cosas les dije que de los peregrinos que pasan tenemos muchos testimonios sobre las admirables señales, también después de su dormición (apariciones, curaciones, intervenciones en accidentes de coches, etc.). Cuando uno de estos dos escuchó la frase “accidentes de coche” salieron lágrimas de sus ojos y dijo de un modo intenso a su amigo:

—¡Has visto, en accidentes de coche!

Al final me rogaron que les contase aunque solo fuese un milagro y preferiblemente una salvación de accidente de coche. Le conté un caso reciente. Apenas llegué al punto “dentro de una nube luminosa se le presentó un monje”, el mismo peregrino que me había interrumpido, no aguantó y clamó:

—¡A mí también se me presentó como nube luminosa!

»Con brevedad me relató su propia salvación milagrosa, no pudiendo decir más por la emoción:

—¡Corría con mi moto a 140 km por hora… Me clavé en un coche… delante de mí se abrió una nube luminosa y se presentó un monje… no me pasó nada! Mi mujer me sugirió: “Busca en los libros, mira las fotos para encontrar quién era”. El primer descubrimiento fue por un calendario de la Academia Athoniada, en una fotografía entre los alumnos de la Academia… ¡Me ha salvado la vida!

***

Narración de un piadoso sacerdote casado que estudia en Tesalónica: “Hace tiempo vino un joven y me dijo: “padre yo ayer debería haber muerto. Mientras corría a gran velocidad con mi moto caí encima de un coche y salté a lo lejos. En aquel momento vi un abuelito cogiéndome fuertemente de la mano derecha y así no me pasó nada”.

»Yo (el sacerdote) le indiqué algunos iconos de santos y fotografías de Gérontas contemporáneos. Apenas vio al Gérontas Paísio, voceó emocionado: “Éste era”.

»Después de unos días vino de nuevo y me dijo que posteriormente descubrió en un bolsillito de su chaqueta del brazo derecho, justo por donde le cogió el Gérontas, dos iconos pequeños, una de Cristo Dios y otro del Gérontas Paísio que su madre a escondidas las había puesto allí”.




14.10 Resurrecciones espirituales.


La mayoría y los más grandes milagros del Gérontas son los milagros de cambios estados espirituales sobre las personas. Muchos hombres indiferentes religiosamente, ateos por convicción, sin valores éticos, sea por alguna aparición suya después de su muerte, sea a menudo por la lectura de algún libro suyo, resucitaron espiritualmente, entraron con celo en la Iglesia y algunos también al estadio monástico.

Un joven vivía en la ignorancia y en el pecado. No por suerte cayeron en sus manos las Epístolas del Gérontas y literalmente se conmocionó. Cambió su vida y deseó la vida monástica.

Confiesa otro de los muchos jóvenes: “Yo hace seis años era anarquista. Me ponía pendientes y tomaba drogas. Uno del grupo tenía un libro del p. Paísio y me lo dio. Por curiosidad eché una ojeada, me llamó la atención y el interés y en una noche lo acabé. Desde entonces mi vida ha cambiado totalmente.

El señor Nikolau Georghios, de Ampelokipus de Atenas. Escribe: “Un Domingo de Octubre del año 1996 me fui a la divina Liturgia con un amigo mío al Monasterio de san Juan en Karea (Atenas). Quería que hicieran un responso a mi madre que cumplía un año desde su muerte. Era la primera vez que iba a la Iglesia después de muchos años.

»Cuando terminó la divina Liturgia, fuimos a la exposición del Monasterio y vi un libro del Gérontas Paísio. En aquel momento mi corazón voló. Inmediatamente compré el libro y cuando llegué a mi casa, mi primera preocupación fue la lectura. En el mismo momento que leía el poema que había mandado el p. Paísio a su madre, algo cambió en mi interior. Comencé a llorar con sollozos, se suavizó mi corazón y comencé diciendo en mi interior con lágrimas: “¡Dios mío, ayúdame a mí también por las intercesiones del santo Gérontas Paísio a hacerme monje!” No lo había meditado, salió sólo. ¡Lo admirable es que hoy en día después de seis años de este acontecimiento, estoy preparándome para ser monje!

»De repente mientras leía el libro, perdí mis sentidos del espacio y del tiempo por unos pocos segundos y veo al santo Gérontas Paísio cogiendo de su mano a mi bienaventurada madre. Me conmocioné porque lo que había visto era vivo totalmente. Se lo comenté a un Gérontas con discernimiento, quien me dijo que esto era verdadero y no una fantasía demoníaca. Comencé pues a ir a la Iglesia cada Domingo y en las Festividades. Después, un poco antes de las Navidades del 1996, me confesé por primera vez en mi vida y sentí un gran deleite y recogimiento en el interior de mi alma. Jamás me había sentido así otra vez antes en mi vida. Sólo Cristo Dios trae serenidad y paz en la psique.

»En mayo del 2002 me digné ir a reverenciar a Panaguda. Durante mi permanencia allí sentía por espacios de tiempo una fragancia indescriptible, incluso fuera en el patio.

Un militar superior era seguidor de los dodecateístas (doce dioses) y sobre todo hacía propaganda en su cuartel. Leyó un libro del Gérontas Paísio y en el mismo momento fueron derrumbados de su interior los ídolos de los dioses del Olimpo y creyó en el verdadero Dios. Ahora va a menudo y reverencia en el sepulcro del Gérontas y reparte iconos suyos.




14. 11 Hace desaparecer un pequeño tumor


Testimonio de Vasilikí Kofidu de Tesalónica: “El año 2005 en el párpado de su ojo derecho se presentó un pequeño tumor. El médico me dijo que debería operarse porque si lo dejaba existía el peligro de que se hiciese grande y se cerrase mi ojo.

»Me fui a la tumba del padre Paísio y tomé aceite de su candil y cada día lo ungía y le rogaba que me sanara. Una mañana que limpiaba el cristal de mi mesita de noche vi que algo caía encima de mí. Me quedé extrañada y miré para ver qué era eso y de dónde había caído. Entonces comprobé que era el tumor de mi ojo. Glorifiqué a Dios y agradecí al padre Paísio que escuchó mi oración y así evité la operación.




14.12 Terapia de una endemoniada


Una mañana de Diciembre del año 1996 en la exposición del Monasterio de Surotí, se encontraba allí la hermana responsable y un matrimonio con su niña pequeña y su padre, dos mujeres de mediana edad y un hombre joven. De repente se oyó un fuerte grito. Una de las mujeres, bastante corpulenta, se cayó al suelo y empezó a golpearse y a gritar salvajemente. Movía la cabeza rápido de un lado a otro. El espectáculo era muy desagradable. La mujer con la niña pequeña salieron fuera, mientras que los otros se acercaron para ayudarla. La mujer mugía, resollaba y decía con una voz de tono salvaje, amenazadora y masculina: “os ajustaré yo a vosotros que no creéis, os mostraré yo… he aquí, dentro de un poco os tendré a todos en mi mano con el 666… me estaréis reverenciando todos… perdidos, idiotas, imbéciles…” y otros insultos.

Después empezó a gritar y parecía asustada. “Paísio, me quemas, quieres mandarme de nuevo a la tártara… Y esta tonta, perdida, me trae siempre a los monasterios… ¿por qué la ayudas? Me quemas, me quemas”, y chillaba más fuerte aún. Se pegaba tan fuerte que temimos que se rompiese la cabeza. Estaba claro que la molestaba el demonio.

“A…aaaa, gritaba ora vez… He aquí, vino también María ahora…, me quemas Paísio”, dijo con una voz fuerte y se quedó inmóvil como mareada.

Algunos de los allí presentes, dudosos se acercaron para ayudarla, mientras que las mujeres se ocupaban de taparla con su ropa. Cuando ya estaba mejor, la levantaron del suelo. Había abierto sus ojos y lloraba serenamente sin hablar. Una gratitud se derramó desde las profundidades de su corazón.

“Te agradezco, Gérontas… Te agradezco Dios mío”, decía y repetía con mucho agradecimiento. Se levantó, fue delante del icono de la Panayía con sollozos fuertes: “Dios mío… Dios mío. Cómo me has aceptado a mí la indigna… Gracias Dios mío, gracias Gérontas… Dios mío, no merecía este tipo de ayuda”.

Toda la escena era muy conmocionante. Después saludaron con gratitud a la hermana para despedirse. Marchando la mujer dijo que tenía un demonio que la castigaba y molestaba mucho y que la noche anterior vio en su sueño al Gérontas Paísio que la dijo: “Ven a mi tumba y te sanaré”. Vino al Monasterio, preguntó dónde estaba la tumba del Gérontas, reverenció la tumba y después vinieron a la exposición donde sucedieron los anteriores acontecimientos.




14.13 Devolvió la vista


Testimonio de una rusa, la señora Larisa Nicolaebna Máloba, médica de Moscú: “Sufrí un accidente con el resultado que mi ojo izquierdo hubo perdido totalmente su luz. Me trajeron al primer Hospital General de Moscú. Las habitaciones estaban completas, por eso me pusieron a dormir en el pasillo. Por la noche no dormí nada. Hacía oración y me afligía mucho. Por la mañana, mientras estaba en un estado entre sueño y despierta, vino el p. Paísio, le vi claramente delante de mí y le reconocí, porque había leído un libro en relación con su vida. Me cubrió la cabeza con una toallita y desapareció. Al mismo momento entendí que mi ojo ciego veía. No hizo falta que los médicos hiciesen nada. Estuve hospitalizada en la clínica anterior desde el 4 hasta el 11 de Febrero del año 2002. El número del historial médico de mi enfermedad es el 31.171.

»Agradezco a Dios por Su misericordia hacia mí y al padre Paísio por su ayuda».







SEGUNDA PARTE


BIOGRAFÍA EN UNIDADES TEMÁTICAS


B 1 VIRTUDES


B 1.1 Renunciación extrema


El Gérontas partiendo desde el mundo hacia el M. Atos interrumpió su comunicación con sus familiares, para adquirir la renunciación que constituye el primer escalón en la escalera de las virtudes monásticas.

No fue fácil ni exento de dolores el desarraigarse de su familia, porque estaba muy unido con sus padres y con sus hermanos, y su amor hacia ellos llegaba hasta el sacrificio. Decía: “Al principio es muy triste para uno salirse de su familia y entrar en la gran familia de Adán, de Dios”.


Por esta razón sufría, más bien “se quemaba”, al principio de su abandono del amor hacia sus familiares de entonces. Pero luchó con valentía, y con la Gracia de Dios su corazón y su nus se desapegó de sus familiares y logró adquirir el perfecto renunciamiento.

Decía el Gérontas: “Cuando vine para ser monje, amaba mucho (aparte de a mi madre) a mi hermano. Respecto a los demás parientes no me importaba tanto. Un día escuchó voces en el patio del Monasterio. Miro, era mi hermano, había venido para llevarme. Me marché a mi kelí y lloré mucho. ¡Eso fue! Se me pasó. Me lavé y salí. Todo había acabado.

Cuando por primera vez como monje visitó su tierra por razones de salud, no se quedó en su casa, al principio pasaba la noche en ermitas, para cumplir con la promesa que había dado como monje, cumplir el renunciamiento. Pero también a continuación cuando vivía en la casa de la señora Patera y allí hacía su terapia, cuando entendía que varias comidas eran de su madre, no las comía. Aunque la amaba mucho, no la llamaba ya “madre”, mientras que a la señora Elena que le hospedaba, la amaba como a su madre espiritual y así la llamaba. Los calcetines de punto que tejía su hermana Cristina para él, no se los ponía, cuando le decían que habían sido tejidos por su hermana.

En Stomio, aunque hacía vida monástica cerca de sus parientes, nunca durmió en su casa paterna, ni en la de sus hermanas, excepto una vez que encontró al p. Gerásimo Stogias, antiguo monje del M. Atos y descendiente espiritual de Hatzigiorgis*. El p. Gerásimo iba a pasar la noche en su casa y como favor a él también se quedó el Gérontas, dadas sus persistentes peticiones.


* El p.Paísio escribió un libro dedicado a él: “El Geron-Hatzigiorgis del M. Atos (1809-1886)


Con sorpresa le preguntó un conocido suyo, que por qué no iba a su casa. El Gérontas Paísio le respondió: “Si a mis padres los dejé por el amor a Cristo y di promesa, ya no puedo quedarme en casa paternal. Ahora padres, hermanos y parientes míos son todo el mundo”.


Este era el propósito superior de su renunciamiento. Decía muy característicamente: “No tengo nada y el buen Dios, aunque ya tenía siete hermanos, me ha hecho sentir a todo el mundo como a hermanos míos”.

En la Skete de Iviron le visitó su hermano menor Lucas con un conocido suyo. Hablaron un rato y le rogaron que fueran juntos a venerar en el Monasterio Iviron. El Gérontas les indicó el camino, diciéndoles: “Por allí está Iviron, si queréis, id”. Se marcharon llorando. “A pesar de ser devotos no entendieron el monaquismo”, dijo comentando este acontecimiento el Gérontas.

Vino su hermano mayor a Panaguda con otra persona. Aunque estaban cansados, los recibió fuera en la fuente y hablaron, pero no los llevó dentro a su Kalivi, ni los hospedó, ni aceptó los regalos que le trajeron. Ellos habían conocido sus normas y no se preocuparon por ello. A un sobrino suyo sin embargo le hospedó, porque tenía necesidad de ser ayudado espiritualmente, lo mismo que hubiese hecho con un desconocido si hubiese existido una razón seria. Cuando le preguntaron que quién era el joven, respondió con una sonrisa el Gérontas: “¡Es mi sobrino!”. Y después añadió en voz baja para no ser oído por el sobrino: “¡Qué sobrino mío!, ¿tiene el marinero terrenos, para que tenga yo también parientes?”

Al Monasterio de Surotí fue a verlo su hermana menor. La dejó esperando horas. Finalmente la vio durante un minuto estando de pie y después la también la regañó por haber venido a verle. Y también antes de su dormición, cuando sus hermanos vinieron a visitarle, les dijo: ¿Para qué habéis venido aquí?, esto es un monasterio. Hasta el final de su vida permaneció apartado y liberado de ataduras familiares y sentimentalismos. Especialmente en el Monasterio no quería dar ni el más mínimo motivo de escándalo para las monjas.

Los hombres sin espíritu (1 Cor 2,14), que no entienden y no aceptan las cosas y realidades del espíritu, quizás se escandalicen por la posición del Gérontas Paísio, porque ignoran que Dios y las exigencias de la Orden monástica requieren que el monje que sea ajeno en cuanto a sus padres y parientes carnales. No por odio ni aversión, sino para imitar “al Señor y su renunciación por nosotros” y amar por igual a todos los hombres.


El santo, cuando se hizo monje, hizo un trato místico con Dios, para que fuera Él quien se ocuparía ya de los suyos. Si el mismo tuviese y pusiese interés y esfuerzo para los suyos, transgrediría el acuerdo o trato. Los dejó en manos de Dios una vez y para siempre, y no se ocupó más de ellos. La absoluta confianza en Dios, de que los dejaba en las manos más seguras, comportaba una oración incesante para sus familiares. Por eso tampoco hacia oración para ellos. “Al menos como monje nunca oré por mis familiares carnales”, escribía en una carta suya. Sólo llevaba escritos sus nombres en los dípticos para que fueran memorizados durante la Divina Liturgia en la Proscomidia.

Dijo una vez sobre sus familiares: “No hacía nada por ellos, no los ayudaba. Podría reunir a los paisanos de mi pueblo que estaban esparcidos por distintas partes y como monje aconsejarles algunas cosas…”. No se ocupó más por los “míos pero no míos”. Tenía tal tipo de renunciamiento, que una vez dijo: “Ahora mismo de los siete hermanos no sé quién vive ni quién han muerto”.

Un día contó: “Ayer por la mañana vino alguien y me dijo que mi hermana María había fallecido. “Bien”, dijo, “leeré su nombre”.* Todo el día tenía gente de visita. Por la noche leía en oración los nombres de los difuntos, me olvidé del nombre de mi hermana y decía: “Me he olvidado de un nombre, ¿cuál será?, y después lo recordé”.



* Por regla general el Gérontas no hacía oración por sus familiares. Sólo cuando recibía la información de la defunción de alguno de ellos leía el salmo 118 una vez, hacía cuerda de oración y pasaba el nombre de ellos de los dípticos de los vivos a los de los muertos.




Aunque siendo monje principiante le ayudaba mucho el renunciamiento, más tarde no tenía miedo ya de ser perjudicado por la visita de sus familiares, porque veía a todos los seres humanos de la misma manera, de un modo ya desapasionado. A pesar de esto continuaba con discernimiento la misma táctica, para no dar motivos a los monjes jóvenes y débiles espiritualmente.

No había visitado Kónitsa (su ciudad natal) desde el año 1971, cuando buscaba y reunía documentos e informaciones sobre la vida de san Arsenio. Aunque le llamaban el principal sacerdote local y otros clérigos, no iba. Muy raramente escribía alguna carta a los suyos por algún motivo espiritual. La única carta que envió a su Madre decía que la abandonaba y que ya tendría como madre a la Panayía.

Sus familiares, aunque no entendían plenamente su comportamiento, tenían confianza. Aceptaban lo que les decía y no se quejaban. Conocían cuánto los amaba antes de entrar en la subordinación y cuántas cosas buenas había hecho por ellos. Creían en que por motivo espiritual, como monje, actuaba de esta manera. Dios los informaba y no se entristecían. Por otro lado ellos también en esta vida han recibido hasta un grado sus recompensas. Además de la ayuda divina, disfrutan del respeto, del honor y de la atención de los hombres, como familiares de san Paísio.

A los monjes que le preguntaban sobre la relación con los familiares, decía: “No debemos estar apegados. Esta relación es un consuelo humano, mientras que nosotros los monjes debemos pedir el consuelo de Dios. El monje que ama a sus padres queda atrasado espiritualmente y el Señor no le concede esta Gracia divina de sentir a todos los hombres como a su familia y amarlos a todos por igual. Además nos hemos comprometido al alejamiento de todos los parientes por el amor a Cristo.

Sin embargo no imponía que actuasen todos como él mismo.

Tonificaba el pundonor de ellos y dejaba a cada uno que se moviese de acuerdo con su estado espiritual. Se alegraba cuando veía monjes tener el renunciamiento, y se entristecía por lo opuesto. Se iluminaba su rostro de alegría cuando se enteraba de que un monje del M. Atos no pasaba por su casa cuando salía al mundo por algún motivo serio.

El Gérontas en su vida como monje puso como cimiento sólido el renunciamiento, cumpliendo con seriedad y exactitud los compromisos del voto monástico hasta el final. Así logró amar con toda su alma a Dios y sentir a cada ser humano como hermano suyo, haciéndose ejemplo admirable para el perfeccionamiento monástico. “El renunciamiento es productor de grandes hazañas…” (Escalera 25,42)




B 1.2. Obediencia


El Gérontas no vivió muchos años como monje en obediencia monasterio cenobita. Pero aprendió la interesantísima lección de la obediencia muy bien desde el principio y aprobó con sobresaliente. Al principio hizo perfecta obediencia con disposición alegre al Higúmeno y Gérontas suyo. Del mismo modo obedecía ciegamente a los superiores. Los exámenes más difíciles los pasó obedeciendo ciegamente al gero-I., que como ya se ha dicho anteriormente, le ponía trabajos duros, le examinaba severamente, y todo esto en ignorancia del Higúmeno. El buen obediente soportaba con paciencia, en silencio y con autoreproche. Nunca le criticó, ni siquiera con el pensamiento. Creía que estas cosas sucedían por sus pecados. Al final sufrió una hemorragia y acabó en la enfermería del Monasterio. Allí agradecía y bendecía al gero-I., porque fue beneficiado. “Me golpeaba como a un pulpo, pero me sacó las tintas”, dijo.

Al contrario le entristecía mucho, cuando preguntando a sus superiores sobre el modo de hacer algún trabajo, recibía la siguiente respuesta: “Haz como Dios te ilumine”, porque deseaba que se lo dijeran en concreto, para cortar totalmente su voluntad.

Vivía el misterio de la obediencia. Por experiencia aprendió sus beneficios, por eso la buscaba. Decía: “Sepan que todo el sentido, el significado y el secreto de la vida monástica, se encuentra en la obediencia; en cortar tu voluntad, si es posible incluso al, cuando no exista el miedo de dañarlo. Entonces viene la Gracia de Dios. Cuando me marché del Monasterio cenobita, sentía intensa la necesidad de hacer obediencia. Cuando fui a Stomio, como el p. Serafín estaba nueve horas lejos yendo a pie, llevé conmigo a un joven de doce años de madre soltera que todos lo despreciaban, y lo hice Gérontas. Y le preguntaba: “¿Tú qué dices hijo mío, hago esto?, y hacía lo que me decía.

—¿Qué te parece, voy a cortar madera?

—¡Estás en tus cabales, que vas a ir a por madera!, me decía. Así cortaba mi voluntad y hacía otra cosa. ¡Saben cuánto beneficio he tenido de esto! Es cierto que los hombres, como tenían estima (a mí), se quedaban sorprendidos. ¡Mirad, hace obediencia al niño! El muchacho se fortaleció y adquirió iniciativas sobre su vida y de esta manera fue ayudado y hecho un hombre correcto. Pero he sido yo el más ayudado, cortando mi voluntad. Cortar la voluntad en la vida espiritual ayuda mucho”.


El Gérontas Paísio, naturalmente, después de cierta etapa en adelante, ya no tenía necesidad de obediencia en su forma inicial, (obediencia ciega al Gérontas), porque ya había logrado la obediencia espiritual. “El que ha adquirido la sumisión espiritual y ha sometido la carne al espíritu, no necesita subordinación a los hombres. Este se somete al logos y a la ley de Dios como obediente agradecido” (San Teognosto, Filocalía tomo 2 v.11 “Sobre práctica y contemplación” pág. 357).

Había llegado a un estado espiritual superior. Había sometido su actitud y moral a la Gracia de Dios, conducido por el Espíritu Santo . “Cuando reina la Gracia del Espíritu en nosotros, entonces no tenemos voluntad propia, sino que todo lo que se hace es la voluntad de Dios. Entonces nos serenamos y nos pacificamos” (San Pedro Damasceno, Preámbulo, Filocalía tomo 3).

Ya no tenía voluntad propia, plan ni programa. Escribía en una de sus cartas 3-11-72: “Dios regula mi programa, no yo. A pesar de que ya no pongo fechas y espacios de tiempo (cuándo debo salir al mundo), cuando hay necesidad, aunque no quiero salir al mundo, no puedo oponerme a Dios, porque Dios me mueve con Su amor y con mi amor hacia el prójimo”.

Aparte de su nus iluminado y de su discernimiento, sobre temas serios recibía información de Dios cuando lo pedía, o incluso a veces repentinamente. A pesar de esto, cuando se trataba de temas suyos personales, a causa de su mucha humildad no encontraba descanso siguiendo su propia voluntad, sino que preguntaba y hacía obediencia a los demás, Gérontas, Guías Espirituales, Obispos e incluso a sus hijos espirituales.

Decía también: “Por muy buena que sea mi opinión sobre un tema mío, no puedo tener confianza, porque es la mía. El médico, cuando se enferma, no hace sólo su diagnosis. Va a otro médico, aunque sea inferior que él”.

El Gérontas Paísio durante el primer tiempo que estuvo en Panaguda, oía palabras venenosas de algunos que eran molestados por los muchos visitantes. Pensó cambiar de Kelí y preguntó un padre espiritual, el monje padre-Nicodemo, el cual le respondió: “No te vayas, a no ser que te lo diga la Sagrada Comunidad”. Hizo obediencia y se quedó.


Una vez le invitaron a ir a Canadá. Preguntó a sus hijos espirituales, tal y como hacía san Antonio el Grande que preguntaba su discípulo, si debería ir a Constantinopla. Y, obedeciendo a la opinión de ellos, no fue. Pensó en sembrar alguna parra en el jardín de Panaguda para que los peregrinos se sentaran en la sombra. Pero cuando alguien de los padres no estuvo de acuerdo, entonces obedeció y no la sembró.

Cuando había Divina Liturgia en su Kalivi, preguntaba al sacerdote si quería que leyese las Horas, el Canon de Súplica, la Oración para la Divina Comunión o que hiciese la oración del corazón. “Acostumbro a hacer obediencia a lo que quiere el sacerdote”, decía.

Si “la obediencia es abandonar, cortar la voluntad propia, alejamiento de la hipocresía y de todo deseo personal”, (Escalera c.4, 107), el Gérontas era hasta el final de su vida un verdadero monje en obediencia. Primero con el menosprecio del reposo corporal. “Cortar y abandonar la voluntad propia estando en la kelí y en todo despreciar el reposo del cuerpo” (Abad Barnasufio v-127). Después con tanta gente de la que se ocupaba, llegaba a estar tan cansado que casi no se podía mover. Incluso si tenía frío, hambre, enfermedad y lo peor al final con la hemorragia, no quería marcharse por necesidad propia corporal, aguantaba con resignación y cortaba no sólo sus voluntades físicas sino también sus necesidades más imprescindibles. Inventaba maneras y métodos para cortar su voluntad, dando ejemplo de obediencia.

A pesar de todo esto, algunos pensaron y dijeron: ¿dónde y a quién hace obediencia Gérontas Paísio? No sabemos a quién tiene como Gérontas. Para el Gérontas era felicidad, alegría y reposo vivir en la obediencia. Pero Dios le había encomendado otra obra.

Decía: “Puedo hacer obediencia ciega, pero cuando tengo alguna responsabilidad, es decir, responsabilidad espiritual como Gérontas, debo tomar la iniciativa.

Como obediente pasó por los estadios de la obediencia y ofrecía reposo a sus Gérontas. Aprendió la obediencia en la práctica y no por los libros. Por eso entendía y ayudaba a sus obedientes. Mientras que como monje en obediencia era severo consigo mismo, cuando más tarde como Gérontas aconsejaba a los otros, era indulgente con ellos. Tenía una gran sensibilidad, finura y discernimiento. Quería que la obediencia emanase de la libertad y se hiciera con disposición alegre. Que no fuera típica, exterior y militar, sino sumisión al espíritu y la actitud del Gérontas. Consideraba la obediencia como la terapia de cada enfermedad psíquica, sobre todo de la soberbia y del orgullo. Recalcaba que: “La obediencia es el camino más corto y fácil. Es la llave del Paraíso. Con ella se corta la voluntad, el egoísmo, los pazos y viene la Gracia de Dios y la vida se convierte en paraíso”.

Decía que: “Si uno está enfermo y hace obediencia al médico, se sanará. Si otro es estúpido y hace obediencia se convertirá en filósofo. Pero si uno es muy inteligente y no hace obediencia, se arruinará. Consideraba que lo peor para uno es no escuchar ni obedecer a los consejos de los Gérontas y hacer lo que le dicta su pensamiento. Decía: “Si uno escucha y hace caso a sus pensamientos, éste es perjudicado enormemente, está buscando su catástrofe”. Cuando alguien le preguntaba, no para ser beneficiado y obedecer, sino para sacar su bendición para hacer su voluntad, interrumpía la conversación infructuosa diciendo: “Prostérnate ante tu pensamiento y haz como quieras”. El mismo se liberaba de la responsabilidad. Por eso recalcaba que: “Los Gérontas darán cuentas a Dios, según la obediencia que hacen sus obedientes o subordinados”.

Aconsejaba: “Los obedientes hacen obediencia a su Gérontas. Si es severo y son perjudicados, recibirán Gracia en abundancia. Que no lo juzguen ni condenen. Si tienen dificultad, que confiesen su pensamiento pero que después lo que el Gérontas dice. El obediente debe estar pleno de buena voluntad y abnegación y sólo el Gérontas le pondrá el freno. El Gérontas debe podar con discernimiento, no mutilar. Debe haber pasado primero él mismo por la obediencia y no hacer experimentos con su subordinado. Los Gérontas que requieren obediencia ciega, deben ver muy bien”.

Sus consejos eran prácticos y te daban información interior, debido a que él primero se los había aplicado. Tal y como él fue enseñado en la obediencia, la realizó y acabó siendo un obediente carismático y a continuación un Gérontas con discernimiento. Por su obediencia, el Gérontas Tikon le llamaba el “dulce Paísio”.




B 1.3 La humildad, auténtica riqueza


Tal y como la sal se pone en todas las comidas y las hace sabrosas, así también en la vida del Gérontas, en todas sus manifestaciones, en sus escritos y en sus relaciones con los demás, encontramos la humildad. “Puso en su alma como prenda la humildad, la –el traje de la deidad-”, (San Isaac el Sirio, Logos 20).

Los milagros y las beneficencias de Dios en vez de traer al Gérontas pensamientos de orgullo, eran pretexto para su humildad y para mayor lucha. Esta es la particularidad de su humildad. La noble humildad, auténtica riqueza.*



* “De una manera es la humildad de los que están en luto, de otra manera de los que en conciencia reconocen sus pecados, y otra la que es operada por Dios que es la que da la bienaventurada humildad como auténtica riqueza”. (Escalera 5,9)




Se veía a sí mismo por debajo de toda la creación, incluso peor que todos los animales. Refiere en una de sus epístolas, 25-12-65: “Nos comparamos con los animales y acusamos a los pobres animales; y nosotros somos peor que ellos. Un día pensaba encontrar alguno parecido a mí mismo, y finalmente encontré el escarabajo. Después de un munucioso examen, he visto que soy injusto con este pobrecito animal, porque éste también realiza su propósito y destino, que es cortar trocitos a trocitos el estiércol haciendo bolitas y así acaba con el estiércol. Mientras que yo, hombre lógico, criatura de Dios a imagen y semejanza, reúno el estiércol en el templo de Dios por mis pecados. Lo malo es que no sólo no acepto que alguien me llame escarabajo, ni siquiera burro, que por lo menos es sabido por todos, que ofrece muchos servicios al hombre con gran paciencia y al final desaparece.”

El Gérontas vivía profundamente el misterio de la humildad y su nus generaba conceptos y términos humildes. Se llamaba a sí mismo “deficiente”, “mocoso”, “pueblerino”, “perdido”, “espantapájaros”, “analfabeto”, “tonto” etc.

Se aseguraba da sí mismo con la humildad. Sabía que “la soberbia acarrea la ruina y prolija inquietud; y la ociosidad, bajeza y extrema penuria; porque la ociosidad es madre de la indigencia” (Tob. 4,13), en cambio la humildad es imán divino que atrae sobre el hombre todos los carismas y las bendiciones de Dios. Por eso amó la humildad con todo su corazón y se gustaba utilizando las análogas expresiones: “se ha vuelto humilde la lámpara”, “un taburete humilde”, “este árbol necesidad humildad” (podarlo)” etc.

Si se equivocaba en su juicio tenía la humildad de confesarlo y si hacia juicio malo pedía perdón. Conocía su medida. No creía que podía responder a todo. Cuando le preguntaban sobre temas especialmente eclesiásticos, canónicos o científicos, los mandaba a las personas adecuadas para que fuesen aconsejados.

Evitaba y huía de los honores, las distinciones, los axiomas y las exhibiciones, tal como la abeja huye del humo. Tenía humildad profunda y verdadera, tal como se ve en sus manifestaciones improvisadas.

Cuando estaba en el servicio militar, como soldado le concedieron una insignia en reconocimiento por su valentía y no la quiso y en su lugar la recogió otro. “¡Ha hecho bien”, le dijo, “yo para qué la quiero!”


En la isla Corfú cuando se encontró con un amigo y compañero del servicio militar, Pantelís Tzekos, aquel le presentó a su madre: “Éste es el que me salvó”. El Gérontas saltó de golpe y dijo fuertemente: “No yo, sino el Señor”. El Gérontas entonces tomó sus medidas y escondió su nombre monástico. Mucho más tarde cuando el hijo de Tzekos, Felipe, le visitó en el M. Atos, el Gérontas reconoció que era su hijo, pero no se reveló a sí mismo; incluso mandó bendiciones también para su padre Pantelís. Felipe hablaba de la amabilidad del p. Paísio, pero Pantelís quería encontrar a Arsenio Eznepidis. Durante treinta y cinco años lo buscaba. Y supo después de su muerte que Arsenio Eznepidis era el Gérontas Paísio. Decía: “Lo divulgaría a todo el mundo, que éste es mi salvador e iría a quedarme con él”. Por algunas manifestaciones exteriores era traicionada su actitud humilde.

En las vigilias prefería estar en los últimos asientos. Evitaba leer los “Geróntiká”*, a pesar de que los otros padres eran alumnos suyos, con una edad que podrían ser hijos o nietos suyos. Por regla general en la Divina Comunión comulgaba segundo. Ponía antes primero el más joven o algún niño y después comulgaba. Se sentía el último después del último.


Para no olvidarse de quién era, escribió con un lápiz en la pared de su kelí “Venerable Cruz”: “El Señor levanta del polvo al desvalido y desde el estiércol hace subir al pobre” (Sal 112,7).


Una vez visitó un monasterio femenino. La Higumeni muy contenta reunió a toda la hermandad y sonaron las campanas para hacerle una bienvenida honorífica. Pero el Gérontas se sintió turbado y dijo de una manera a la Higumeni: ¡Qué son estas cosas, latas tenéis que tocar, no las campanas! (Antiguamente tocaban las latas de hojalata cuando querían ridiculizar a alguien).

Se ponía severo y regañaba a los que querían hacerle fotografias, grabarlo en cassette o cuando hablaban de él. Cuando le enseñaban las fotos, las pedía supuestamente para verlas y las rompía. Los cassettes que le dejaban a escondidas, los cogía y los quemaba en la estufa. Respondió a uno que le pidió la bendición de escribir algo sobre él: “Qué tonterías y ridiculeces son estas; sólo de mí no debes ocuparte, ni escribir algo, si quieres que tengamos “buenos días”. A un monje que lo recibía a menudo y le ayudaba, cuando supo que hablaba sobre su persona le puso el canon en tres años que no le visitara. En Surotí, uno le llamó santo y el Gérontas empezó a llorar. ¡Qué iba hacer! Por mucho que intentara esconderse ya no vivía en el anonimato, en la sombra. Dios quería glorificarlo también en esta vida. Es ley espiritual. Cuanto más persigue el hombre su sombra (la gloria), tanto más ella se va, y cuando más la evita, ella lo sigue. Esto sucedía con el santo Gérontas Paísio.

Cuando visitó al M. Atos el patriarca Demetrio, el Gérontas fue a pedir su bendición. Alguien dijo al Patriarca: “Excelentísimo, el Padre Paísio”. El humilde Patriarca se levantó de su trono para saludarlo. El Gérontas se prosternó, doblado con su cabeza al suelo hasta que un obispo le levantó.

En el Protato, (edificio de gobierno central de Athos) entonces se encontraba el presidente de la Democracia Helénica. El policía jefe de seguridad del Presidente, Kostantino Paputsis, testifica: “Había oído sobre el Gérontas Paísio. Me lo imaginaba alto, majestuoso y esperaba que se encontrase en una posición destacada. Me lo indicaron. Estaba en pie detrás de una esquina escondido e inclinado. Era un ancianito, con cuerpo pequeño, pero tenía encima de él algo divino y te atraía.

»Un policía le reconoció y dijo a los otros: “¡El p. Paísio!”. De golpe todos los hombres de la guardia corrieron hacia el Gérontas. Yo me quedé perdido, sólo con el Presidente. Me asusté, comencé a llamarlos para que volvieran, pero nada. Después siguiendo lo que me mandaba mi corazón y no mi razón, sin pensarlo me fui corriendo hacia el Gérontas. Menos mal que Dios nos protegió y no pasó nada.

»El Gérontas al no poder evitar el “ataque” de los policías, nos tocaba suavemente la cabeza, diciéndonos sonriendo: “Venga, volved a vuestro trabajo”. En nuestro interior se había producido una alteración; una alegría insólita nos había inundado».

Cuando le preguntaban si se enorgullece después de tantos honores, respondía: “Para qué voy a enorgullecerme cuando conozco lo que soy. Y cuando pienso cuántos litros de sangre ha derramado Cristo por mí, mi cabeza se vuelve loca”. Sobre la multitud de personas que venían a verlo, creía que: “A pesar de que yo sea una calabaza, el mundo que está muy sediento y viene con anhelo a refrescarse, porque espera encontrar una sandía”.

Se entristecía porque se había hecho muy conocido. Dijo en confianza a uno: “Mi mayor enemigo es mi nombre. El mayor mal me lo han hecho mis conocidos y mis amigos y no mis enemigos. Si supiera desde el principio mi evolución, me iría a Jerusalén, me haría a escondidas monje, me vestiría con un abrigo negro y un gorro, tendría pelo largo y barba y nadie sabría que soy un monje, y así me movería sin ruidos”.


Y a otro fiel le relató el Gérontas: “Una vez había quedado con alguien en un sitio para pasar a buscarme con su coche en un punto de Tesalónica, donde le estaba esperando. Al lado mío pasaba un mar de gente y nadie se giraba a mirarme; ¡Eh, dije en mi interior, por fin!, esta es la felicidad, encontrar un lugar dónde nadie me tiene en cuenta”.

No creía en las alabanzas, ni se alegraba por la falsa gloria de los hombres, por eso no era perjudicado.*



*“El que justamente es alabado, no es perjudicado; pero si por esta alabanza siente placer o hedonismo, este obrero queda sin jornal” San Isaac el Sirio; Logos 43). Decía el Gérontas: “Con mis obras es blasfemado el nombre de Dios, pero no lo hago concienciado fríamente, por eso creo que Cristo tendrá misericordia de mí.




Se alegraba cuando los demás ascendían de posición, cuando se hacían sacerdotes, padres espirituales, obispos. Les ayudaba y les animaba, cuando veía que eran dignos. No había ninguna sombra de envidia o de sentimiento de inferioridad en su corazón. Quería verlos todos por encima de sí mismo y ayudaba a los monjes jóvenes a progresar. Deseaba, bendecía y decía: “Que yo me convierta en abono para que crezca y de frutos un nuevo monje”.

Saludaba el primero, besaba la mano de los sacerdotes haciendo una prosternación, aunque fuesen más jóvenes que él. A los higúmenos y obispos por costumbre se prosternaba hasta el suelo. El mismo evitaba dar su mano para que la besaran. “Mi gran queja era que no me dejaba besar su mano; en cambio él me abrazaba con gran devoción”, decía el médico que lo operó.

En tu comunicación con él no sentías diferencia, no te dejaba sentirte inferior, porque el mismo no se sentía en una posición superior, sino que veía a todos los demás como sus superiores.

La autenticidad de la humildad la prueban los desprecios, las deshonras, las calumnias y las injusticias. El Gérontas sufrió bastante por las acusaciones sin fundamento que un monje hacía en su contra. No se excusó ni se defendió a sí mismo, sólo deseaba y oraba con dolor desde el fondo de su corazón para el arrepentmiento de su hermano. Cuando supo que las calumnias y acusaciones las había publicado en un libro insultante contra él, dijo el p. Paísio: “Esto es un libro, no como el otro” (el otro libro era de uno que le elogiaba y alababa). Un Higúmeno que leyó las acusaciones dijo que estas calumnias y acusaciones son insignias honoríficas para el Gérontas.

Escribía: “Bienaventurados los que se alegran cuando los calumnian y los acusan injustamente por su vida virtuosa. Aquí están los signos de la santidad” (Cartas pág. 231). Por eso se alegraba, cuando oía acusaciones contra él y le decía a uno: “Que me difame. ¿Puede difamarme?”.


Otro monje cuando encontraba visitantes por el camino, les decía: ¿Qué vais hacer con este Paísio?”. Y mostraba ordenadas las acusaciones. El Gérontas se enteraba, pero no se entristecía, no pedía explicaciones. Estas cosas le gustaban más que las alabanzas. “La perfección de la humildad es llevar con alegría las falsas acusaciones” (San Isaac el Sirio, Logos 56). Sobre todo mandaba bendiciones a su acusador. Pero, mientras que aceptaba la calumnias con desapasionamiento y serenidad, la hipocresía no la toleraba, igual que el Señor azotó a los Fariseos con los “!Ay de vosotros…!” (Mt. 23, 13), cosas que no las dijo para los demás pecadores. Una vez se encontró en la calle y un acusador fue a prosternarse y besarle la mano, fingiendo falsa piedad y devoción diciendo “santo Gérontas mío”, y el Gérontas le dijo: “Otra vez, sé más sincero”.


Decía sobre la humildad: “No basta sólo con expulsar los pensamientos de soberbia y orgullo, sino pensar el sacrificio y las beneficencias de Dios y nuestra ingratitud. Entonces el corazón, aunque sea de granito, se raya y se dilata. Cuando el hombre se conoce a sí mismo, entonces su estado se convierte en humilde. Dios viene y habita en el interior del hombre y la oración del corazón se hace sola”. El autoconocimiento conduce a la humildad y es “el cimiento, la base, la raíz y el principio de toda bondad y bien”

Creía que “el hombre humilde vale más que todo el mundo. Es el más fuerte de todos. El monje para que tenga fuerza en la oración y en la lucha, debe tener humildad porque ella en su interior esconde fuerza divina. Cuando tiene soberbia y orgullo, entonces queda debilitado tanto en el alma como en el cuerpo. Cuando lucha humildemente, tiene todas las fuerzas aunque no haga muchas cosas.

Queriendo demostrar los resultados de la humildad decía lo siguiente: “Una vez un gatito estaba enfermo. El pobrecito quería vomitar y tenía mucha dificultad, no podía. Sentí dolor por ello. ¡Lo hice la señal de la cruz, pero nada! Me dije a mí mismo “qué tonto perdido eres, no puedes ayudar ni a un gatito” cuando yo me humillé, el gatito inmediatamente se curó”.

Comprobaba que “hoy en día nadie compra humildad”. Los hombres no conocen el valor y la fuerza de la humildad y no luchan por adquirirla. Sin embargo, es tan imprescindible, que ella nos sube al cielo, por eso se llama elevadora. “En el cielo uno no sube con elevación mundana, sino con la bajada o bajón espiritual (humildad)”. Quien se humilla y tiene cuidado, será salvado. El monje debe adquirir el estado de humildad, y esto es imprescindible especialmente para el último momento de su vida”.

Un joven amante de los monjes dijo una vez al Gérontas que en su oración no pide nada más que la humildad. Entusiasmado saltó de su banquete, resplandeció su cara y dijo: “Hijito mío, entonces tu pides la divina Gracia”. Tanto estimaba la humildad.

Deseaba que después de su muerte le acompañara también la humildad. Confesó a una persona antes de su muerte: “Cuando me muera tiradme en el torrente de santa Paraskeví para que me coman los gusanos”. Antiguamente hubo dicho: “Desearía que mis huesos o Reliquias saliesen negras para que el mundo diga: ¿En definitiva, éste era el Paísio? Así no nos honrarán los hombres”.

Para evitar las manifestaciones de honor durante su entierro, y también a continuación, deseaba morir y ser enterrado anónima y ocultamente en el Monte Atos. Pero, cuando fue informado de que la voluntad de Dios era distinta, humildemente obedeció y cortó esta su última voluntad. Sólo pidió que a su entierro no fuera llamado nadie.

***

Entre los monjes existen algunos benditos Gérontas que se encuentran en las alturas de la virtud, pero lo ignoran. Por su mucha sencillez permanecen incautos, no conocen la riqueza espiritual que contienen. Alguno de ellos veía la luz increada y no conocían qué era. Creía que todos los monjes por la noche son iluminados de una luz (increada) que se enciende y se apaga sola.

El Gérontas Paísio no pertenecía a esta categoría. Tenía la bienaventurada sencillez, tenía la santidad de vida y experiencia, veía la luz increada y vivía situaciones grandes, pero tenía también la gnosis (el conocimiento) espiritual increada. Conocía muy bien que estas realidades que él vivía, eran acontecimientos divinos, situaciones excepcionales de la Gracia divina. Pero todavía mejor sabía que estas realidades eran de Dios; suyos, eran sólo los pecados. Tenía plena conciencia de que todas estas cosas eran caridad y misericordia de Dios para él. Por eso decía: “Soy una lata de conserva, que brilla al sol y parece dorada, pero está vacía. Si me abandona la Gracia de Dios, me convertiré el más grande gamberro y estaré rondando por la plaza “Omonia” de Atenas, donde ni siquiera como laico había pisado nunca en una cafetería”.

Nunca tenía en cuenta su gran ascesis, porque lo hacía por amor a Cristo y no por recompensa. Se sentía bendecido y obligado a Dios. Gemía y se dolía cuando no había hecho nada. “He conocido a santos y debería haber hecho muchas cosas”, decía. Sentía que no había correspondido a Dios y que no había logrado ofrecer las cosas que debería a Dios.

Muchos honraban al Gérontas como santo. Otros, muy pocos, le acusaban de mago. Pero él respondía con conciencia de sí mismo: “No soy ni santo, ni mago. Soy un hombre pecador que intenta luchar. En el universo me veo a mi mismo con una partícula de polvo. ¡Si por lo menos estuviese limpio…!

Éste era el Gérontas. Grande, sumergido en el abismo de la riqueza de su humildad, con pleno reconocimiento de los divinos carismas, pero también de su indignidad de tenerlos.




B 1.4 Obrero y predicador del arrepentimiento.


El Gérontas Paísio regresando de una de sus salidas al mundo, dijo: El pecado hoy en día se ha puesto de moda. De los que he visto, ni el diez por ciento estaba confesado. ¡Yo tengo necesidad de confesarme diariamente y ellos no encuentran pecados!

El santo se movía en otra dimensión espiritual. Valoraba de distinta manera sus acciones. Para los demás siempre encontraba paliativos, sin embargo a sí mismo se juzgaba severamente. Decía: “La prueba de la autenticidad de la vida espiritual de uno es la gran severidad con uno mismo y mucha indulgencia con los demás. Uno no debe utilizar los cánones como cañones contra los otros”. Hacía un minucioso trabajo espiritual, se arrepentía, se confesaba y hacía con pundonor ejercicios por su propia voluntad y cánones, imitando a los santos. Narraba que: “Cuando los santos decían que son pecadores, lo creían y lo sentían. Sus ojos espirituales se habían convertido en microscopios y veían sus más pequeños fallos y faltas como grandes”.


El que escuchaba al Gérontas hablar de sí mismo, se haría la idea de que es un gran pecador. Vivía intensamente el arrepentimiento 22, pero en interior tenía un consuelo y una alegría que se desbordaban.

Su arrepentimiento era ardiente, por eso sentía la necesidad de confesarse a menudo. Por un espacio del tiempo, además de los otros ejercicios hacía también setenta y siete cuerdas de oración con trescientos nudos con cruces. Pedía simbólicamente de Dios el perdón setenta veces siete. Él era el gran pecador, tal como creía, y pedía ardientemente de Dios la misericordia y el perdón de sus pecados.

Cultivando el arrepentimiento, a menudo leía el Gran Canon, que lo aprendió de memoria. También le gustaba y le ayudaba en el arrepentimiento la oración de Manasés. Cuando la rezaba con espíritu de contrición y alma humillada, se arrodillaba y se pegaba a ras del suelo.

Cuánta importancia daba el Gérontas en la contrición y en el arrepentimiento, que lo consideraba como la obra principal del monje, se ve también del siguiente pasaje que había escrito en la pared de la pequeña Skete de Iviron: ¿Y qué estudio hay superior que el estudio del llanto? ¿Y puede estar libre del llanto el monje? (San Isaac el Sirio).

Cuando en la Kalivi se celebraba la Divina Liturgia, antes de recibir la Sagrada Comunión se prosternaba y pedía al sacerdote que le leyese la oración del perdón. Permanecía con la cabeza pegada al suelo, mientras que le salían del corazón profundos suspiros. A veces durante la Divina Comunión salmodiaba también “Bondadosa que a todos proteges…”. Su voz temblaba de contrición. Salía del fondo de su ser, como si fuera a arrancársele el corazón. Cuando llegó a “porque nosotros pecadores no tenemos a otra hacia Dios…”, no aguantó, y estalló en gemidos. Vanamente intentaba esconder su contrición saliendo de la Iglesia, haciendo como que se estaba sonando la nariz.


Cierto clérigo peregrino fue a una vigilia en el Sagrado Monasterio Stavronikita. Le impresionó un monje que estaba sentado al lado suyo y durante toda la vigilia lloraba sin parar. Intentaba permanecer en la sombra y no ser percibido, pero no lo conseguía. Preguntó quién era este monje y supo que era el padre Paísio. Sobre las lágrimas decía: “Existen muchos tipos de lágrimas. Las lágrimas de arrepentimiento son seguras, porque limpian los pecados y tienen salario espiritual, pero agotan al organismo. Existen también lágrimas silenciosas que no se ven. Y un sollozo muchas veces es superior que una taza o cubo de lágrimas”.

Otra vez le visitó un monje del desierto de avanzada edad. Vino a comprobar si la fama que se oía sobre el Gérontas tenía fundamento. Con distintas preguntas intentaba informarse en qué estado espiritual se encontraba el Gérontas. Narró el Gérontas Paísio: “Durante horas me explicaba teoría; había leído sobre la oración del corazón; todo lo había leído.

Decía: “Y en este estado se hace esto, en este estado viene esto, ¿y tú en qué estado estás?”

—¿En qué estado? En ninguno.

—¿Entonces qué haces aquí?

—¿Qué hago aquí? Pido a Dios el conocerme a mí mismo. Si me conozco a mí mismo tendré arrepentimiento. Si viene el arrepentimiento, vendrá la humildad y después la Gracia divina. Por eso pido arrepentimiento, arrepentimiento y arrepentimiento. Después Dios manda Su Gracia divina”.


Su santa vida señalaba hacia el Señor y con sus palabras predicaba a todos el arrepentimiento: “Que nadie pida de Dios luces, ni carismas ni nada más que sólo arrepentimiento, arrepentimiento y arrepentimiento”. Pequeña muestra de su gran arrepentimiento es el saco que se echaba a sus espaldas cuando oraba en su kelí “sentado con sayal y ceniza” (Lc 10, 13 Dan 9,3), igual que los Profetas y san Arsenio de Capadocia.

Multitud de personas venían y abrían sus corazones ante el Gérontas y pedían ayuda. Él les explicaba que no es padre espiritual: “Id a algún padre espiritual y confesaros”. Uno le respondió: “Gérontas al hambriento no lo muestres los caminos, los conoce. El hambriento quiere porciones para saciarse”.

El Gérontas por su parte los recibía, pero los explicaba que una cosa es la conversación y el consejo y otra cosa es el Misterio de la Confesión. Recalcaba que era imprescindible ir al padre espiritual confesarse, leyéndoles la oración del perdón. No sólo para la salvación de sus almas, sino también como condición para que hablaran con el p. Paísio. “Antes de la confesión el cerebro está enturbiado”, decía, “y no podemos entendernos”.

Uno que tenía un problema serio, vino al Gérontas a suplicarle que orara por él. Le aconsejó que fuera a confesarse. Casi decepcionado objetó diciendo que vino a una persona santa para que le ayudase y él me hablaba de confesión. El Gérontas le respondió: “Yo así puedo ayudar, con la confesión”.

Se entristecía por los que no se arrepentían y no se confesaban, y rezaba por ellos. A los indiferentes intentaba hacerles volver en sí mismos, a sentir la necesidad de confesarse. A uno que fue por primera vez, no le abrió la puerta. Le habló desde el interior, le llamó por su nombre, y le dijo que fuera a confesarse y después viniera a verle, porque había visto que no estaba confesado. Cuando volvió a ir, abrió y le dijo sonriendo: “Ahora estás bien (se había confesado), ven y hablamos sobre tal tema”, y le contó el tema que le preocupaba.


Cuando veía a alguno que se arrepentía, se confesaba y cambiaba su modo de vida, tenía una alegría manifiesta. Se compadecía y consolaba a los arrepentidos. Se sorprendía y se entristecía mucho porque recaían y se decepcionaban por sus caídas al pecado. Decía: “Si existe arrepentimiento, ¿tus pecados son mayores que la misericordia de Dios?” Y añadía: “No me importa cuán pecador es uno; me inquieta si no se ha conocido a sí mismo. Dios juzgará en relación con el trabajo que ha hecho cada uno sobre su viejo hombre. El alma, cuando corta todos sus defectos, entonces se presentará bellamente a Cristo”.


Un monje conocido suyo dejó el Hábito monacal y regresó al mundo. Le mandó un mensaje para que viniese y estuviese subordinado bajo él como monje en obediencia, mientras que como es sabido, no retenía a nadie como monje obediencia o subordinado. Con alegría haría este sacrificio el Gérontas para salvar a un alma. En efecto, el mismo fue y le visitó en el cuartel del ejército y le habló sobre el arrepentimiento y el regreso.


Una vez le visitó un peregrino y le preguntaba sobre “realidades y cosas espirituales y celestes”. El Gérontas recalcaba el arrepentimiento y la humildad. Otra vez el interlocutor le hablaba de carismas y estados espirituales. Pero el Gérontas volvía con sus palabras al arrepentimiento. El interlocutor casi se decepcionó, porque había oído tantas cosas sobre la santidad y los carismas del Gérontas y él le hablaba sólo de arrepentimiento.


Si el enfermo le pedía que orara por su salud, le aconsejaba que fuera a confesarse y que comulgase. Lo mismo decía a los estudiantes, para que tuvieen éxito en sus clases. A los matrimonios con problemas les aconsejaba: tener padre espiritual, confesarse, comulgar y vivir espiritualmente. Para los que les hacían magia y hechizos decía: “Si os confesáis y comulgáis, aunque os tiren los hechizos con un cubo, no tengáis miedo de que os pase nada, no tienen efecto”. Cuando el Gérontas se encontraba en reuniones festivas tomaba las invitaciones, y junto con las bendiciones especiales siempre deseaba y decía también “buen arrepentimiento”. Cómo fármaco común y potente para todos los casos indicaba el arrepentimineto; el arrepentimiento constituía el núcleo de su predicación.


Se entristecía porque “se perdió el sentimiento del arrepentimiento en los hombres. Pecan y tiene remordimientos de conciencia. Nosotros mismos tenemos un trabajo interminable. El arrepentimiento no termina nunca. Si el hombre no comienza el trabajo sobre sí mismo, le dará trabajo el diablo para ocuparse de los demás. Es necesario adquirir sensibilidad espiritual. El cristiano debe ver las pasiones pecaminosas que tiene en su interior, arrepentirse y confesarse por estos y no olvidar. Los europeos taponan sus conciencias y después viven en un estado, que ni tienen nada ni tampoco están bien. Cuando sucede algo, no debemos preocuparnos, sino ajustarnos. Yo, cuando alguna vez veía mi pecado, me alegraba, porque me había sido revelada mi herida para sanarla. Alguno rompe un vaso y se ríe. No es tanto la rotura del vaso, como el no reconocimiento del que lo ha hecho. Debido a que se ríe, no reconoce su error y romperá otro. Uno debe apenarse en proporción de su error, sino, caerá otra vez en las mismas faltas.


Enseñaba por su experiencia: “En la vida espiritual funcionan las leyes espiritual. Si nos arrepentimos verdaderamente y nos confesamos por nuestros errores y faltas, no hace falta que lo paguemos con alguna enfermedad. Dios permite las enfermedades o las injusticias por la ignorancia de nuestros errores y faltas.


Aún aconsejaba a todos “arrepentimiento, para ser evitada la guerra, porque nosotros mismos con nuestros pecados provocamos las guerras. Este mundo se ha estropeado, por eso será destruido si no nos arrepentimos. Se asemeja a un saco agujereado que no acepta parches. Quizás Dios pueda hacer del saco agujereado un pequeño saquito”. Decía a un monje: “Somos responsables por lo que ocurre; ¿lo entiendes? Uno que lucha para hacerse mejor, influye también sobre los de su alrededor y sobre todo el mundo. Si yo fuera santo, con mi oración ayudaría mucho”. Especialmente para los monjes decía que se revistan de arrepentimiento. Toda la vida del monje es el arrepentimiento.

De este salvífico arrepentimiento se revistió el Gérontas y fue revelado como gran obrero y predicador del arrepentimiento




B 1.5 Pobreza


Con admirable obediencia y seriedad mantuvo la pobreza que prometió al Señor durante el día de su tonsura.

En el Monasterio de Esfigmeno tenía tres hábitos interiores colgados en su celda. Pensó que uno era para la iglesia principal, otro para el trabajo y otro para su kelí. Después se autocriticó, diciendo: “Ah, bien lo has justificado”. Dio los dos y se quedó con lo que vestía. Cuando se marchó del Monasterio no se llevó nada. No tenía ni un macuto. Lavó la alfombra que tenía para sus prosternaciones, la cosió, la convirtió en bolso y puso en su interior su hábito.


En el Sagrado Monasterio de Stomio tenía solamente un hábito interior. Era de hábito único. Cuando lo lavaba, hasta que se secase se ponía su hábito. Decía: “que no haya segundo”. En el Monte Sinaí su pobreza llegó al máximo. En su asceterio no tenía “nada de este siglo”.

En la “Venerada Cruz” sólo tenía como almacén un pequeño baúl. Lo tenía en la punta del pasillo que unía su kelí con la Capilla, y lo utilizaba como asiento, como mesa y para guardar en su interior algunos alimentos imprescindibles: tostadas, un poco de arroz, aceitunas y un bote de miel. Pero, mientras que era tanta su pobreza, cuando ofrecía una comida, su hospitalidad era rica y señorial, porque la disposición de su alma era rica y hospitalaria.

Cuando se le apareció san Arsenio le dijo: “Aquello que me hace quererte mucho más es que no aceptas talones bancarios. Te observo también cuando vas al correo”. Había dado la orden de que los talones bancarios fueran devueltos, quedándose sólo con los nombres para mandarlos como bendición algún regalo. Les avisaba de que si volvían a mandarle algún talón o paquete, pararía de recordar sus nombres en las oraciones. Repetidamente solicitaba que fueran devueltos los paquetes, pero como veía la dificultad de los trabajadores de correo, los tomaba para que no se preocupasen. A pesar del cansancio del día, se sentaba y separaba las cosas con distinción, según las necesidades de algunos monjes, y las llevaba o rogaba a otros padres que se las llevasen. Así permanecía pobre y sin propiedades, pero grandiosamente rico, “como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.” (2 Cor. 6,10).

Todo aquello que no lo consideraba imprescindiblemente necesario, con sus severos criterios, lo veía como un peso que le castigaba y procuraba librarse. Decía que: “Cuando tengo cosas, me siento como si estuviera vestido con una camiseta estrecha”.

Lo que le dificultaba en el mantenimiento de la pobreza, eran los regalos de los peregrinos que habían sido beneficiados por él. Entonces comenzaba una lucha doble para el sensible Gérontas: por un lado, negar las cosas que le ofrecían sin entristecer y herir a las personas, y por otro lado, repartir las cosas que se quedaba, las que se veía obligado a quedarse para no herir los que las ofrecían. Una madre con un hijo enfermo le mandó 1000 dracmas. El Gérontas entristecido escribe a un conocido común de ellos (4-3-71):

“…para que me entiendan mejor, os pongo un ejemplo. Mientras que llamo fuertemente a la puerta de Cristo a través de la oración, el dinero que me mandan los demás para esta cuestión, es una piedra que me golpea en la cabeza y me mareo y dejo también la oración, hasta que ajusto estas cosas, porque todo esto tiene también su estropicio espiritual. De verdad os digo, llevo desde ayer por la tarde hasta este momento que es la tarde siguiente intentando concentrarme, porque debía arreglar todo esto. Los hombres pobrecitos lo hacen por su gran amor y se lo agradeceré, pero os escribo para que me ayudéis otra vez. Empecé desde los orfanatos de Grecia uno por uno y llegué hasta los de Kenia con los pobres niños negros ortodoxos y finalmente acabé otra vez con los pobres y castigados niños griegos que piden ayuda…”

Si alguno dejaba dinero sin que lo percibiera, lo ponía en los libros y los daba a niños pobres de la Academia de Athoniada. Si se enteraba de quién era el que le había dejado el dinero, le mandaba bendiciones (regalos) e iconos por un valor mayor del dinero que le habían dejado a escondidas.

En Katunakia del M. Atos tuvo una visita. Le ofreció comida y hospedaje. El peregrino dijo que quería comprar pequeños iconos. “No puedo hacerlos”, le respondió el Gérontas. El peregrino le dejó a escondidas 200 dracmas y su dirección. En poco tiempo recibió 50 pequeños iconos de un valor mucho mayor que los 200 dracmas.

Rara vez vendía sus trabajos hechos a mano. Por regla general los daba como bendición. Tenía plena confianza a la providencia de Dios, por eso no se inquietaba sobre sí mismo, ni guardaba el dinero para sus necesidades. Dios le proporcionaba las cosas necesarias.

Tampoco de los que leía sus nombres aceptaba dinero. Escribía: “Si me hiciera falta dinero y por casualidad en aquel tiempo me escribieseis para hacer oración sobre un tema vuestro serio, que lo sepan, preferiré pedir dinero prestado de otros y poco a poco lo devolveré con mi pequeño trabajo manual, en vez de escribir que me mandéis”.


El dinero que llegaba a él enseguida lo repartía. Una vez tenía 500 dracmas y se las dio a un estudiante. Aquel dudó en admitirlos, conociendo la pobreza del Gérontas, y se justificó diciendo que tenía dinero: “¿Cuántos millones tienes?”, le dijo en broma y le convenció para que aceptara el dinero.

Cuando se marchó de la Kalivi del padre-Tikon, cargó sus cosas en dos mulos. Entre estas estaba también la prensa con que hacía sus trabajos manuales y los “Mineos” (santorales por meses). Sus pertenencias personales eran mínimas. Podían caber en un saco pequeño y llevarlo a sus espaldas como portador de su casa. Esta era toda su fortuna.

Durante su traslado tenía 250 dracmas, que las entregó como pago de señal y pidió una ventanita de hierro para la Capilla de “Panaguda”. Algunas veces que quería salir al mundo no tenía dinero para los billetes. Muchas veces se encontró en la necesidad de pedir prestado. Incluso tenía dificultad de reunir madera para pasar el año sobre todo los últimos años que no podía cortar madera solo. Cuando los conocidos se ofrecieron a pagar la madera, se negaba y decía que pagasen a otros Gérontas que tuviesen necesidades.

Sus hábitos estaban rasgados y viejos, pero limpios. Una vez que había salido al mundo, un conocido suyo le hizo uno nuevo, creyendo que se vestía con sotanas viejas por debilidad económica. El Gérontas no se la quedó. A partir de entonces hizo una nueva y se calmó.

El Gérontas a pesar de que vivía en una Kalivi y se relacionaba con muchos, cumplió la pobreza como un anacoreta. Algunas pequeñas cosas las tenía para la gente “como teniéndolas sin tenerlas”.

Un día visitó al Gérontas un monje de avanzada edad, el gero-Bikentios. Escondía un misterio este Gérontas. Llevaba un gorro monacal y un abrigo de tres cuartos. Parecía algo entre monje y laico. Llevaba a sus espaldas un saco y circulaba por las “Konakia”* y por las celdas de los monjes de Kariés y lo que le daban lo metía en el saco. Después iba a escondidas y ayudaba a los hombres pobres y enfermos.



* Los representantes de diecinueve de los veinte monasterios viven en Kariés, en unas pequeñas casas llamadas Konakia.




El misterioso Gérontas Bikentios un día fue a “Panaguda”, se tumbó en el suelo del patio y empezó a preguntar al Gérontas Paísio: “¿Tienes tal cosa?”. El Gérontas respondía positivamente y se lo daba. El enviado de Dios Gérontas Bikentio llenó su saco de bendiciones y se marchó, ya que en cierto modo calculó y probó el amor del Gérontas Paísio, encontrándolo verdadero y puro.

Decía el Gérontas: “Me causó gran impresión, porque lo me pidió eran cosas que me eran imprescindibles. Me pidió 500 dracmas, le di 1300; una lupa con mango, un impermeable, además de alimentos, parafina, etc. Dos cosas pueden ser, una es que estaba en un estado espiritual alto o que Dios le ilumina para que nos veamos a nosotros mismos, si nuestro corazón está atado con algo material, aunque se tratase de algo imprescindible”.

Decía: “Si nos piden algo y nos entristecemos para darlo o nos apenamos cuando lo perdemos, entonces amamos esta cosa más que a Cristo. En una buena señal que uno se alegre cuando da y entristecerse cuando toma. Si uno entrase en mi Kelí y se llevase todo, no me molestaría. Pero si veo a uno insultar a Cristo o a la Panayía o derrumbar algún pequeño iconostasio, entonces me entregaría por entero defendiendo las cosas sagradas”.

Cuando salió por última vez del M. Atos, en su pequeño saco sólo tenía el hábito y algunas bendiciones. Cuando después vio que no iba a regresar, pidió que le trajeran el Hábito angelical y su gorro monacal. Bienes materiales, dinero o valiosas antigüedades no tenía ni se interesó nunca por adquirirlas.

La gente del mundo no puede entender la virtud de la pobreza. La pobreza y la virginidad no son mandamientos de Dios para todos sino virtudes monacales. Los monjes por buena voluntad y pundonor las ofrecen como sacrificio al Señor.

Enseñaba con su vida que la alegría y el consuelo del monje no se encuentra en los bienes materiales, sino en Dios. Para acercarse alguien a Él, es ayudado mucho por la pobreza, “la verdadera riqueza”. Por eso decía: “Cuanto más lanzas al vuelo (ofreces limosna y caridad), tanto más eres lanzado al vuelo (eres elevado espiritualmente)”. La adquisición de dinero y de bienes materiales las consideraba para el monje como fracaso y obstáculo peligroso. Deseaba que el monje no viviese de bendiciones (caridades, limosnas), sino dando bendiciones”.


El Gérontas estando libre de toda pasión material entró en el monacato y siendo pobre materialmente se marchó de esta vida con el tesoro de su pobreza. “Para la infinita riqueza fue pobre y no teniendo nada dio mucho de lo que tenía” (San Simeón el Nuevo Teólogo).




B 1.6 “Ascesis insaciable”


Monjes y laicos llamaban al Gérontas “asceta”. El sobrenombre le fue dado por sus hazañas ascéticas. Aunque él mismo rechazaba esta calificación, sus obras lo destacaban como un gran asceta. Señalaremos algunas de que fueron perceptibles y otras que él mismo reveló para edificación espiritual. Muchas de sus ascesis permanecieron ocultas a los hombres pero conocidas para Dios, quien recompensará sus esfuerzos. Algunas ascesis no serán registradas, porque superan las medidas acostumbradas y no serán entendidas.

Desde su juventud luchaba con ayunos agotadores. Como soldado, continuó ayunando severamente dentro de las calamidades, la nieve y los peligros.

Al principio en el Cenobio su organismo tuvo sus dificultades por los ayunos, los copiosos trabajos y el poco dormir, pero rápidamente se acostumbró.

En Stomio trabajaba duramente y comía poco. Su estómago se había hecho como el de un pájaro, como decía. Un té y un poco de tostada le bastaban para un día y noche.

En su Skete siempre ayunaba. Incluso en las grandes fiestas no se interesaba para la comida. Un año en Navidad le llamó un Gérontaspara que comieran juntos. Pero el Padre Paísio no fue, porque había comido judías hervidas con agua y harina en vez con salsa que le habían sobrado del Cuaresma.


En el Monte Sinaí hacía una vida angelical, como si no estuviese encarnado. Libre de todo intento terrenal, sometió la carne al espíritu. Su cuerpo adelgazó, se hizo ligero y adquirió la gracia de la áscesis, pero simultáneamente tenía una fortaleza, gallardía y agilidad de atleta. En el desierto del Sinaí transcurrió toda la Cuaresma tomando sólo la Divina Comunión, bebiendo poco de agua y comiendo algo cada Domingo.

Cuando en la Skete de Iviron vio que en su celda había una higuera y un cerezo, dijo: “Gloria a Dios, basta con esto para vivir aquí. El hombre necesita poco para mantenerse”. Allí durante tres meses se alimentaba sólo con piñones. Serían dos o tres cucharadas de piñones triturados cada día. Con esto bastaba para ser alimentado un auténtico asceta como el Gérontas.

Y mientras se alegraba ejercitándose y saboreando “la continencia y autodominio del placer”, interrumpió su ascesis su entrada al hospital y la operación de los pulmones. Por obediencia comía lo que le daban, incluso carne.

Pero retornando al M.Atos se dedicó otra vez a los ayunos agotadores. Dijo a un monje aprendiz para beneficiarlo: “Intentaba aplicar lo que escriben los libros. Me quedaba días enteros hambriento, tanto que no podía ni levantar mis pies. Muchas veces, cuando hacía falta ir a algún lugar, caía al suelo por agotamiento. No tenía el ánimo de salir un poco más allá del camino para que no me encontrase alguno en el suelo. Rogaba a la Panayía que me diera fuerza. Me agarraba de las ramas y me arrastraba para ir un poco más allá”.

Hacía continuas novenas, y cuando quería ayudar a alguien, hacía tres días de ayuno. Es decir, acompañaba la oración por ellos con el sacrificio del ayuno. Los quince primeros días del ayuno de Agosto intentaba pasarlos sin comer nada, en honor a la Panayía. Además de las Cuaresmas establecidas hacía también otros ayunos por alguna petición especial importante que concernía a un tema o a alguna persona.

Su comida por regla general era “cruda”, es decir, no cocinada, no pasada por el fuego. “Afortunadamente el cocinar no lo tengo en el programa”, dijo una vez. Cuando a veces en los últimos años uno de los padres le llevaba comida cocinada, el Gérontas debido a su amor comía poco y decía: “El estómago necesita de vez en cuanto también comida cocinada”.

Le preguntaron una vez:

—Gérontas, ¿cómo no se ha estropeado tu estómago por los ayunos?

—El estómago no se estropea por los ayunos. Pero cuando uno está preocupado debe comer, porque la bilis es generada continuamente, pero debe generarse sólo durante la digestión, y así se destruyen las paredes del estómago y le duele. Uno debe comer según el estado en que se encuentra. Si puede contenerse y comer menos, entonces que lo haga. Cuando uno progresa, y comiendo menos o poca comida se mantiene como si hubiera comido normal, es porque es alimentado espiritualmente y un poco de comida es suficiente para la conservación. El mismo comía en un plato pequeñito en el que cabía poca comida.

Intentaba que nadie supiese cómo ayunaba. Cuando iba a alguna parte, no hacía la novena y comía lo que le ofrecían, si esto no le dañaba. Cuando estaba en la “Venerada Cruz” le llamó un conocido suyo representante de su “konaki” en Kariés para un tema. Al final le invitó a la mesa para comer. El Gérontas comió toda la comida y limpió el plato con pan. Dios sabe cuánto ayunaría después en su Kelí.

No quería dar ni la más mínima sospecha de que ayunaba severamente. Pero lo único que no podía esconder era su cuerpo falto de carnes hecho un esqueleto, que delataba sus grandes ayunos. Los demonios le llamaban “esqueleto”, y no se equivocaban. En un pueblo de Kónitsa al que había llevado Reliquias Sagradas, le dijo un anciano: “Aquí veo huesos (las sagradas Reliquias), y huesos ahí también (la persona del Gérontas)”. Cuando era más joven parecía una sombra, sin carne, un esqueleto, como si no tuviera estómago. Sus carnes, como escribe el mismo sobre Hatzigiorgi, las sacrificaba por pundonor por el amor a Cristo.

La buena costumbre del perpetuo ayuno, le ayudó a alcanzar grandes medidas en la ascesis y convertirse en gran ayunador. Decía: “mucho ayuda la costumbre en la ascesis. Si uno se acostumbra de joven, después no le resultará difícil”. Pero mucho más le ayudaba el autodominio y la autoimposición. Cuando después de un ayuno largo su cuerpo se quejaba y pedía consuelo, hablaba con él: “¿Qué quieres? He aquí, bebe té, tienes bastante con esto”. Tomaba un té solo, sin tostada. Cuando se mareaba por el ayuno, no ingería comida, sino que con agua engañaba su hambre y continuaba.


El Gérontas ayunaba severamente y además cada noche estaba en vigilia orando. “Ayuno, vigilia, oración, recibiendo carismas celestes…”.

En el Monasterio de Esfigmeno dormía una media hora cada día en el suelo, en las baldosas o en los ladrillos. Más tarde dormía en una cama hecha con tablas, para no tener comodidad ni en el sueño, poniendo debajo del “colchón” piedras. En Stomio cuando uno vio la tabla en la que dormía, le dijo: “padre has escogido un camino muy difícil”. Respondió: “Cuando una cosa la quieres tanto, como yo la vida ascética, entonces se hace agradable”.

Se sentía muy feliz en su cama ascética teniendo como almohada un tronco y como colchón unas tablas. Le dolía la cintura pero se alegraba porque leía a san Isaac el Sirio: “Por encima de todos, la pasión (padecimiento) del amor propio, que es el mayor de todos los pecados. Por encima de todas, la virtud del desprecio de la comodidad”, porque “la comodidad alimenta y aumenta las pasiones”. (San Isaac el Sirio. Logos 71, p.278; y Logos 27, p.119).

Por la mediodía nunca descansaba. Más tarde cuando la gente le tenía ocupado todo el día y se cansaba, su regla era el descanso de hasta tres horas. A la media noche se levantaba y empezaba con la cuerda de oración. Otras veces dormía tres horas para tres días y noches. Mientras que con el ayuno humillaba el cuerpo, con la vigilia limpiaba y afinaba el nus.

En la oración nocturna se entregaba al completo a sí mismo y a sus fuerzas. Se agotaba por las “posiciones tipo vela” y las incontables prosternaciones. En su vejez utilizaba un asiento y apoyador* y el “perchero oculto”, es decir, se ataba con una cuerda y se colgaba desde el techo de su Kelí para poder rezar de pie como otro profeta Moisés. Cuando se cansaba, continuaba arrodillado dando un poco de comodidad a su fatigado cuerpo.



* Palos en forma de “T” que utilizan los monjes para apoyarse y rezar. Algunos lo llaman “palo de vagos”, denominación que no le gustaba nada.




Sobre la vigilia decía: “El tener sueño aniquila al monje y no le deja comunicarse con Dios. Es necesaria lucha continua y violencia sobre nosotros mismos. Pasa la primera falange de demonios y se va, si resistimos. No debemos hacer la vigilia para satisfacernos a nosotros mismos. Podemos hacerla para un enfermo y decir: “Dios mío, sana a esta persona, para que pueda glorificarte”, y así hacemos doxología-alabanza. O: “Dios mío, dales este sueño a las personas que no pueden dormir, sea por dolor, sea porque tienen tensos sus nervios y toman fármacos para dormir”.

Por muy a escondidas que luchase, algunas cosas caían en la percepción de los hombres. En las vísperas de las vigilias casi todo el día estaba ocupado con las personas y con sus problemas. A la puesta del sol pasaban por su Kalivi padres e iban juntos a la vigilia. Casi toda la noche permanecía de pie pie junto a su asiento y hacia el amanecer volvía a su Kelí. ¡Cuándo iba a descansar! Con la luz del día bajaba la multitud de gente dolorida con la necesidad de verlo. ¿Cómo aguantaba? ¿Dónde encontraba sus fuerzas, siendo anciano y estando enfermo?...

Pero a pesar de todo esto nunca transgredía su regla y no disminuía la ascesis. Esfuerzo, fatiga, ayuno, vigilia, consuelo a los doloridos, oración y cumplimiento exacto de los deberes monacales. Continuo esfuerzo y violencia de la naturaleza con espíritu martírico y buena disposición. Mientras bendecía toda la creación, racional e irracional, sentía compasión y piedad hasta del mismo diablo, pero era incompasivo e implacable consigo mismo, como todos los santos. Ante su recipiente de barro (cuerpo) no condescendía egoismo y le daba menos de lo que necesitaba. A los demás aconsejaba: “Cumplir sólo lo necesario para el cuerpo, porque lo más, es deseo que expulsa a Cristo del corazón y toma Su posición y después queda un vacío y una sequía”.

Al principio era exactito e insistente en la ascesis. Más tarde, no tenía tanta necesidad, porque maduró su fruto espiritual, y ya la ascesis se le había hecho forma de vida. De todos modos cuando era necesario, podía hacer también economía. Aconsejaba: “Ahora que sois jóvenes luchad, porque más tarde no podréis. Antiguamente yo hice gran lucha y combate. Ahora me doy asco a mí mismo. Me entra frío hasta por el agujero de la cerradura de la puerta”. Aconsejaba también las prosternaciones porque “con las prosternaciones reverenciamos humildemente a Dios, se va el sueño, y la máquina se pone en marcha”. Incluso se van las barrigas anormales y ofrecen una gallardía al cuerpo”. Consideraba que “las prosternaciones son el mejor ejercicio-ascesis, porque traen la Gracia divina y la impasividad corporal”. Decía: “Una vez pasadas tres o cuatro horas después de la comida, podemos hacer prosternaciones. Cuando hacemos prosternaciones, primero las rodillas deben pegarse a los hombros y después la cabeza tocar abajo junto a las rodillas”. Quería que las manos se apoyaran en el suelo no con la palma, sino con la parte exterior del puño. Así hacía las prosternaciones, y si alguno las hacía tocando el suelo con la palma le rectificaba. Pero de ninguna manera quería que se vieran las señales en las manos a causa de las prosternaciones. Por eso aconsejaba que se hicieran con una alfombrita para las prosternaciones. Impresionaba su rapidez, su flexibilidad y su aguante.

Un monje que pasó una noche en la Kelí del Gérontas escuchaba toques rítmicamente en el suelo, por sus rápidas prosternaciones y espontáneos suspiros de su corazón hacia el Cristo y la Panayía. Después se sumergía en la oración del corazón o de Jesús. Después otra vez a las prosternaciones. Otras veces haciendo prosternaciones decía troparios y salmos. En las noches de verano salía fuera al patio de su Kalivi. Encima de una superficie de 1,20 x 0,50 metros más o menos, sobre dos tablas clavadas, hacia prosternaciones y oraba arrodillado.

El Gérontas daba mucha importancia al bendito esfuerzo y cansancio. Sin esfuerzo, sin fatiga ni lucha ninguno ha sido santificado. El esfuerzo y el cansancio conmueven a Dios, mientras comprobaba que: “La generación actual tiene una holgazanería que es trasladada también a la vida monástica. Queremos santificarnos sin esfuerzo y cansancio”.*




* Todo trabajo físico y espiritual sin dolor, esfuerzo, fatiga y cansancio nunca fructifica, (san Gregorio del Sinaí, Filocalia t. 4)




Decía bromeando: “¿No es mejor hacer vigilia tumbados en la cama, compramos también un radiocasete para poner salmodias, las que queráis? ¡Haremos también un asceta de paja movido con un motor, que nos haga las prosternaciones y mueva la cuerda de oración! Quería así recriminar la mentalidad contemporánea que todo lo pide y lo quiere fácil y evita el esfuerzo corporal. Aconsejaba: “Tengamos cuidado de no adquirir este espíritu que existe en el mundo.*



* “La obra hecha sin esfuerzo es la justicia de los mundanos”. (San Isaac el Sirio. Logos 16, p.57).





Los hombres mundanos quieren trabajar poco o nada y ganar mucho dinero, los estudiantes quieren tener notas buenas sin estudiar. Tenéis que intentar ser luchadores. Nuestra vida es esfuerzo y fatiga. Vino uno y me rogaba que hiciese oración por él porque tenía sales en el cogote. El médico le dijo que hiciera ejercicios y él tenía pereza de mover su cabeza izquierda derecha y vino aquí para pedirme que haga oración por él. ¡Veis qué descarado! Hoy las facilidades y comodidades se han convertido en dificultades. En sus despachos los hombres tienen silla con ruedas. No se levantan y cualquier cosa lo hacen con la silla de ruedas y así se enganchan los pies. Después irán al médico, los pondrá hacer unos ejercicios y pagarán también para masaje.”

El Gérontas pertenece a una generación en la que el esfuerzo es descanso y la fatiga diversión. Se alegraba en esforzarse. Tenía el hábito de tener la buena disposición de esforzarse hasta el final. Él sólo hacia los trabajos necesarios. Arregló su Kalivi, recogía las hierbas, cortaba con el hacha la madera que necesitaba para todo el año para calentarse, las llevaba a sus espaldas y las troceaba, excepto en los últimos años que no le dejaban los visitantes.

Cuando quería ir a alguna parte dentro del M. Atos por regla general iba a pie, mientras que antiguamente para más ascesis caminaba descalzo y llenaba su saco con piedras.

Tenía fuerza, pero no era un gigante. La gran abnegación, el pundonor y el celo por lo espiritual reforzaban su cuerpo y hacía mayor ascesis que otros más fuertes. Machacaba su cuerpo en la ascesis. Agotaba todas sus fuerzas, ofrecía cada respiro a Cristo. La violencia que ejercitaba sobre sí mismo llegaba a los límites de su aguante y a veces le superaba, cayendo después al suelo agotado. Su mano derecha quedaba paralizada por el cansancio de hacer incontables cuerdas de oración con cruz. Pero no paraba para descansarla. Cogía la cuerda de oración con la mano derecha y hacía las cruces con la mano izquierda.* A partir de esto se ve la firmeza en su ascesis.



* Que nadie se escandalice (porque cuando se cansaba su mano derecha, continuaba con la izquierda) porque el Gérontas se asemejaba a un guerrero que combatía con cualquier medio, con las armas de la justicia, la derecha y la izquierda.




Este tipo de ascesis del Gérontas tiene que ver principalmente con las dos últimas décadas de su vida. La llama, el entusiasmo y el celo que tenía en su juventud, cuando tenía completas sus fuerzas corporales, no es posible que sean descritas con palabras.

Si tenía tanto celo y hacía tanto ejercicio cuando ya “se había estropeado su máquina”, es decir, cuando se debilitó y aflojó su cuerpo, ¿cómo sería cuando era más joven? Los que le conocieron de más joven, confiesan que sólamente su inusual figura provocaba sorpresa y respeto. Su celo era similar “a los carbones de fuego…” (San Isaac, Logos 61, p. 247-8)

“Por la noche muere y por la mañana resucita”, decía sobre el Gérontas la conocida por él monja Anna Hatzí.

Las pruebas que hacía cuando era más joven, no sólo no se las aconsejaba a los demás, sino que se las impedía. Pero el mismo no se arrepentía por los experimentos que hizo consigo mismo.

Después de muchas luchas llegó a un estado, en el que podía vivir con la mínima comida y con poco dormir. Era alimentado por la Gracia divina. Decía: “Uno no duerme de alegría. Otro es alimentado espiritual y corporalmente”. Una vez le preguntaron: “¿Cómo aguantaba un santo durmiendo sólo una hora al día agarrado a una cuerda?”; y respondió: “El santo descansa cansándose”. Esto lo vivía él mismo. Le alimentaba y le sustentaba la Gracia de Dios. Parecía una máquina que trabaja sin parar con el mínimo combustible.

Quería que los monjes jóvenes lucharan: “La vida espiritual es gallardía y fortaleza. Tened gallardía, majestuosidad y coraje, no seáis una generación enmohecida. Entrando al Monasterio desde el principio debes engancharte fuertemente a Cristo, en el Cielo. El ejercicio corporal ayuda cuando se hace con libre buena voluntad y diligencia. No ceder fácilmente, aplazando nuestros ejercicios espirituales. Hacer oración lo máximo que se pueda, aunque sea poco y después confesar las faltas al Gérontas.


“Igual que el enfermo debe comer, tanto si tiene apetito como si no, porque sabe que la comida le beneficiará, así lo mismo también nosotros debemos hacer cuando no tenemos buena disposición y ánimo para las cosas espirituales, sabiendo que seremos beneficiados, aunque no tengamos ganas. Se necesita esfuerzo, no presión, ni opresión, ni angustia. La vida espiritual ayuda mucho, no es opresión, ni tensión y ni angustia.

Incitaba a la lucha, pero señalaba también los peligros de una ascesis equivocada que alimenta el orgullo y se ocupa únicamente de los ejercicios corporales dejando de lado las pasiones psíquicas. “La mayor lucha es adquirir la humildad y el amor, los cuales serían fáciles de lograr por una niña pequeña. Si alguien aumenta los ejercicios corporales, puede aumentar también el orgullo y autoengañarse creyendo que es “alguien”. Pero si se dirige hacia la soberbia y golpea allí en la cabeza de la serpiente, entonces puede golpear con gran facilidad muchas cosas. Primero debemos aplicar la humildad y el amor y después la vigilia y el ayuno”.

“El monje”, decía, “debe adquirir la autoimposición y el dominio propio. Cuándo debe hablar, cuándo debe comer. Entonces no es dañado, vaya a donde vaya y en cualquier lugar que se encuentre. El que no tiene autodominio se parece al buey que encuentra el pienso y no para de comer hasta saturarse. Son muchos los que fácilmente son arrastrados y no teniendo freno los arrastra la pendiente hacia abajo.”

La ascesis del santo era grande, oculta y empezaba por la gallardía, la buena voluntad, no era seca y típica. Destacaba su gran amor a Dios. El que ama, está sediento de padecer por el amado. No hacía la ascesis para su interés propio sino como el medio para la catarsis y la santificación. Se convirtió en el modo y el medio de ayuda para los hombres y sacrificio agradable a Dios. Con discernimiento sacrificaba su ascesis para algo superior. Una vez probó comer carne, única y exclusivamente por amor, para incitar a un monje enfermo a que suprimiese la prohibición de comer carne para su salud. Dios le hizo el favor de no sentir el sabor de la carne.

El Gérontas a través de la ascesis había sido mortificado para el mundo. Había resecado su carne, de modo que no brotasen las pasiones. Se limpió, hizo catarsis, de cuerpo y alma fue establecido como recipiente del miro de la Gracia.




B 1.7 Trabajador del esfuerzo.


Desde niño el Gérontas amaba el trabajo. Ayudaba a sus padres en las labores del campo. Era incansable y productivo. Segaba él sólo hectáreas enteras y, para darse consuelo y ánimo a sí mismo, entraba en la mitad del terreno y daba primero una pasada y así lo partía en dos partes, de modo que pareciesen dos trozos pequeños sin segar.

Como carpintero trabajaba mucho, porque amaba su arte. Trabajaba con sentido y buenas ganas, desde el fondo de su corazón. Combinaba la carpintería con el trabajo espiritual y la filantropía. Trabajando salmodiaba y oraba. Del dinero que ganaba daba limosnas o trabajaba para los pobres sin cobrar dinero.

Como monje realizaba los servicios con exactitud y diligencia, además por pundonor ayudaba donde había necesidad.

En Stomio, cuando sobraba tiempo de las obras de renovación, hacía iconos y los daba como bendición; encima de una madera pegaba un icono de papel y piñones en vez de cornisa. Desde entonces comenzó con los iconos de madera prensada y más tarde se perfeccionó. Tenía un torno que lo movía con el pie y hacia varios trabajos manuales y admirables instrumentos y recipientes eclesiásticos.

En sus trabajos manuales monásticos el Gérontas era muy eficaz e inalcanzable, pero también en los trabajos manuales incansable e imbatible. Los monjes que le conocían testimonian que “cortaba la madera más rápido que los leñadores, alisaba a la velocidad de una alisadora eléctrica, trabajaba como diez personas.

No quería lentitud ni parsimonia en su trabajo, “el de corazón parsimonioso y perezoso será despreciado” (Prov. 12,8).

Quería que el monje trabajase con poco trabajo manual y mucho trabajo espiritual. “El mucho trabajo hace al monje olvidarse de Dios, igual que los hebreos en Egipto, pero cuando trabajes, trabaja de verdad”, decía.


En el Monte Sinaí hacía iconos tallados sobre madera de Moisés recibiendo el decálogo.

En la Skete de Iviron tallaba principalmente cruces e instrumentos de madera para la santificación del agua. Un pequeño recipiente para la santificación del agua tenía dieciséis personas. Se distinguían muy claramente todos los detalles, hasta las uñas de sus dedos.

No fue a ningún maestro para aprender a tallar madera. Era autodidacta. Él sólo se instruyó y se convirtió en un perfecto escultor de madera. Sus obras manuales además de la perfección artística tenían una gracia especial, debido a que se hacían con devoción y oración.

Sobre el arte de tallador decía: “Las representaciones “del (Cristo) Crucificado” y de los demás rostros que sean como naturales, pero más finos, más ascéticos para que indiquen el elemento espiritual. El abdomen de Cristo que no sobresalga, porque encima de la Cruz estaba hambriento.

Aconsejaba el Gérontas: “Si piensas cómo economizarás maderas para el trabajo manual, esto no es oración. Pero si piensas en cómo el rostro de Cristo tomará buena expresión, esto es oración.”

En Katunakia (al sur del M. Atos) tallaba los iconos con la representación de la Crucifixión, el (Cristo) Crucificado, la Panayía y san Juan el Teólogo. También hacía cortapapeles de madera de laurel. Escribía palabras de la Santa Escritura y los daba como bendición.

En la “Venerada Cruz” hacía principalmente pequeños iconos prensados. Los dejaba fuera de la puerta del patio y los peregrinos solos se llevaban los que querían. Tenía varios moldes: La Panayía “Glikofilusa” o del dulce beso, el (Cristo) Crucificado, la santa Eufemia, san Arsenio, el M. Atos, el M. Sinaí, la Cruz con la lanza y la esponja para hebilla de cinturones monacales. Lo más difícil era tallar las matrices. Encima del acero que lo cortaba de forma oval o cuadrado, tallaba el negativo de la representación golpeando con martillo y cinceles de su propia creación. Buscaba arbustos usados para ornamentación (como el llamado árbol de las pelucas), los cortaba y los transportaba desde lejos a sus espaldas y una vez secos, los cortaba con la sierra en trozos y los lijaba. A continuación calentando los moldes en el fuego apretaba la madera con la ayuda de la presa de rosca movida girada con la mano y las formas que quedaban grabadas en la madera tomaban un bello aspecto. Este tipo de trabajo manual se lo enseñó también a otros padres, de hecho les regaló moldes ya preparados.

En “Panaguda” tallaba los iconos de la Panayía del Beso Dulce en pequeño tamaño y las regalaba a personas que tenían necesidades especiales. Estaban tan bien hechas que parecían vivas, como si tuvieran espíritu.

También esculpió el M. Atos en madera. Incluso en la presa hizo una representación bella y original. Encima de papel presionaba el molde con la forma de Cristo o de la Panayía junto con flores silvestres.

Un discípulo suyo aprendió a elaborar cuerdas de oración observándole a él, e incluso cuando hablaba con las personas. Los repartía como bendición. Pero para tantas personas, ¡cómo sería suficiente sólo con sus manos! Compraba trabajos manuales de ascetas pobres y los daba como bendición. Otros también le daban para repartir, pero prefería dar de sus esfuerzos. Consideraba que esto tiene valor. Su fatiga con la hernia, la debilitación de sus fuerzas físicas y también el aumento de visitantes contribuyeron a que la elaboración de cuerdas de oración fuese su principal trabajo manual durante los últimos años. Dedicaba muchas horas al día a los peregrinos que continuamente aumentaban, y, mientras estaba en la conversación, sus manos a la vez mecánicamente trenzaban las cuerdas de oración.

El trabajo manual es el bozal de la acedia o pereza espiritual y ayuda al monje a permanecer en la hesiquia. Pero el Gérontas no tenía necesidad de este tipo de medios auxiliares para permanecer en el desierto. Naturalmente hacía trabajo manual para no comer del pan de la pereza y del trigo de la holgazanería, aunque sus necesidades personales eran mínimas y raramente vendía su trabajo manual. Principalmente también su trabajo manual era la manifestación de su gran amor. Quería ofrecer algo a cada uno. El mismo se cansaba mucho, pero repartía los trabajos manuales como “glorificación a la Panayía” y producía mucha alegría y consuelo a los hombres, que consideraban gran bendición tener algo de sus manos.

Los trabajos manuales de los monjes, para que tengan bendición, deben hacerse sin prisa y con oración. Decía: “Cuando hacemos trabajo manual en paz y oración, entonces se traslada nuestro estado espiritual, se imprime, en cierto modo, en la obra hecha a mano y la gente se lo lleva y es bendecida. Una vez hacía un icono y como mi mano se había acostumbrado, decía continuamente la oración del corazón o de Jesús sin distraerme del trabajo y el icono tomó forma él sólo. Lo abracé y me quedé así dos tres horas… Cuando llegamos en estado espiritual bueno y existe el desprendimiento del amor a Cristo, entonces también el trabajo se hace oración.

»Otra vez me habían hecho un pedido para tres pequeños iconos de san Demetrio. Tenía como margen tiempo seis meses. Llegó el último mes y aún me quedaba uno por hacer. Y esto, porque se introdujo el tanteo, la pasión, la inquietud, no tomó buena forma. Lo di como bendición, no me complació.

Para el Gérontas era impensable hacer trabajo a mano sin oración. Le preguntó un monje: “Gérontas, ¿qué tengo que hacer ahora que renuevo mi Kelí?” Respondió: “Las manos que trabajen y el nus con la oración del corazón que esté en Dios”.

Recalcaba mucho la sencillez en el trabajo manual. Uno no debe hacer representaciones compuestas, complejas ni abrirse a muchos pedidos. Si es posible, limitarse sólo en una representación, pero debe hacerla lo mejor posible, de modo que el nus pueda orar si distracciones. También decía: “Es mejor para uno vender su trabajo manual barato y no dar limosnas, en vez de venderlo caro y disponer del dinero para dar limosnas.”

Insistía mucho que los hagiógrafos hiciesen buenos iconos, porque consideraba que “un icono es una predicación eterna, mientras que el sermón de un predicador dura poco. Vemos, por ejemplo, un icono de la Panayía y nos consolamos. Por supuesto que, si el icono no es bueno, si tiene el rostro feroz, los ojos, etc., ofrece una predicación negativa. Me decía uno: “Voy debajo del icono de Cristo y quiero abrir mi corazón, pero veo a Cristo como un soldado alemán mirándome mal, y me amedranto interiormente.

»El icono hace milagros, cuando atrae la Gracia del santo que representa. Lo que alguien ama, se ve en el icono. Normalmente nos representamos a nosotros mismos. Una hizo a su hermana, a quien amaba. Cada cosa que hacemos entregados totalmente a Dios adquiere gracia. El estado interior del alma es reflejado en el trabajo manual. Si tienes devoción, tu trabajo manual estará colmado de devoción. Si tienes estrés, esto tiene algo de demoníaco y se transmite”.


El santo desde luego recalcaba la devoción y el cuidado esmerado en el trabajo manual, pero lo veía como un medio de ayuda y no como un fin en sí mismo. Decía: “Finalmente nosotros los monjes no tenemos como propósito y fin hacernos buenos salmistas y ni buenos artistas del trabajo manual, sino monjes correctos, Ángeles. Así es bendecida tu obra y la gente que la compre será bendecida. Por eso prefieren las obras manuales de los monasterios, para bendición”.




B 1.8 Aroma de devoción.


Un asceta en reclusión escuchaba muchas cosas sobre el Gérontas Paísio. Le visitó, hablaron y comprobó que el Gérontas era una persona especialmente devota. Realmente tenía una inusual devoción, la cual aprendió de sus padres, principalmente de su madre.

Después en el cenobio fue beneficiado mucho por muchos padres, especialmente por un hieromonje, del cual decía: “Nosotros no podemos alcanzar la devoción del padre-…, imposible. Oficiaba cada día y luchaba mucho. Durante seis meses se alimentaba diariamente sólo con medio pan pequeño eucarístico y tomates secados al sol”. Este devoto servidor y los demás sacerdotes del Monasterio, cuando celebraban en las ermitas preferían como servidor al joven entonces Aberkio (el que más tarde fue el Gérontas Paísio).

El Gérontas tenía innata la devoción, pero también la cultivó mucho. Daba mucha importancia a esta virtud, hasta el punto de decir que “la devoción es la virtud más importante, porque atrae la Gracia de Dios”.

Devoción según el Gérontas es el temor de Dios, la sensibilidad espiritual. El hombre piadoso siente intensamente la presencia de Dios y se comporta con atención y corazón contrito.

Quería que la devoción surgiese del interior. Las formas exteriores las evitaba. Al referirse a una compañía que tenía orden y disciplina en la vida del culto, decía: “Si esto surge de dentro de ellos, si es algo interior, debo respetarlo”. El mismo se movía con devoción pero también con una libertad ajena a los arquetipos y formas frías y sin ánimo. Si algo no lo sentía no lo hacía. Discernía la devoción de la respetabilidad. Decía que la devoción era incienso, la respetabilidad colonia.

Su devoción comenzaba por las cosas pequeñas e insignificantes y llegaba a las cosas más esenciales y espirituales. Decía: “Si uno desprecia las cosas pequeñas, este desprecio progresa también a las cosas más grandes y más santas, y sin darse cuenta, justificándose a sí mismo, que esto no es nada o que lo otro no importa, existe el peligro de llegar, que Dios nos guarde, al desprecio total de las cosas y realidades divinas y convertirse uno en impío, desvergonzado y ateo.”

Se distinguía su devoción o piedad por la manera en que oraba, por cómo reverenciaba los iconos, cómo recibía la comunión, el pan eucarístico y el agua bendita, cómo llevaba el icono en una procesión, cómo salmodiaba y con qué nobleza amaba la pequeña iglesia de su Kalivi. Cuidaba hasta los mínimos detalles. Estas cosas no eran meticulosidad, ni formalidades. Era una posición hacia Dios, en la que no se prevé ninguna formalidad eclesiástica sino su disposición personal. Sentía sagrada no sólo su pequeña Ermita sino también todo el espacio de su Kalivi. Su Kelí donde oraba, la tenía como una pequeña Iglesia. Tenía el iconostasio con muchos iconos, donde estaba el candil siempre encendido, incensaba y encendía muchas velas. Había transformado su cama como un sepulcro, y decía: “es lo sagrado de mi Kelí”. No mantenía sobre él iconos ni libros sagrados, sino sólo en el cabecero de la cama, que tenía un icono muy gastado y casi despintado. Un hermano le preguntó para saber la razón. Aunque el Gérontas al principio intentó esconderse, finalmente entendió que la razón era las lágrimas y los abrazos. “Podría pasar toda la vigilia así”, confesó con contracción.

Tenía devoción y respeto en todos los espacios de su Kalivi, el taller donde hacía los pequeños iconos, la sala de espera donde por la Gracia de Dios se renovaban las almas, incluso fuera en el patio. Consideraba como falta de devoción tener servicio dentro de su Kalivi y no sólo por ejercicio sino principalmente por piedad lo tenía a larga distancia.

En la “Venerada Cruz” una vez que estaba ausente, los padres del Monasterio, movidos por amor, para que no se fatigase, le hicieron un servicio fuera pero pegado a la Kalivi. El Gérontas nunca lo utilizó.


Últimamente, cuando su salud empeoró y salía muchas veces fuera al frío, a la lluvia y a la nieve, sus hijos espirituales insistían, para su facilidad, en hacerle un lavabo en el extremo del patio exterior, pero no lo aceptó, diciendo: “en aquella parte se presentó la Panayía. ¿Cómo yo voy hacer un servicio?”.

Igual que los Ángeles del cielo “muy piadosamente” alaban a Dios día y noche, así también la vida del Gérontas estaba aromatizada por una profunda surgente devoción. Esto se podía vislumbrar por las muchas manifestaciones durante su contacto con las cosas sagradas y su relación con Dios. Las sentía como vivas.

Cuando visitó una Kelí, sufría de hernia. El Gérontas de la Kalivi le rogaba que se tumbase un poco para descansar, pero no aceptó. Sólo podía acostarse por el lado izquierdo, pero así tendría sus pies hacia los iconos, cosa que lo consideraba impío.

Cuando entraba al Altar sagrado, hacía una prosternación hasta el suelo, se quitaba el gorro, abrazaba y besaba la Cruz y entraba por la puerta lateral. Cuando iba a comulgar, reverenciaba con grandes prosternaciones. Por un espacio de tiempo tenía como canon, antes de la Divina Comunión, por treinta y tres horas no comer absolutamente nada.

Debido a su gran respeto y reverencia hacia el misterio del sacerdocio, no aceptó ser sacerdote, a pesar, como confesó el mismo, de que “tres veces recibió información para serlo”.* Fácilmente se comprende que consideraba la devoción como una virtud básica para todo cristiano. Midiendo con sus criterios severos, consideraba por una parte la devoción imprescindible, pero por otra, difícil de encontrar. Para el Gérontas pesaba y tenía más importancia que muchas otras cosas.



*Más bien no fue una orden, sino la facultad, es decir, de que se podía hacerse sacerdote, porque cuando fue preguntado en relación, respondió: “Cristo nos da regalos. ¿Pero debemos aceptarlos todos?.




La tenía como criterio para muchas cosas. Cuando algún piadoso escribía o hacía algo y era acusado, el Gérontas, antes de formar una opinión precisa daba indulgencias, diciendo: “Es piadoso, no creo que haya hecho tal cosa”. Creía que guardaba al hombre de errores, de engaños y de caídas, quizá según lo de “el Señor guarda el camino de los piadosos” (Prov. 2,8).

Para el Gérontas la devoción contaba mucho para el cristiano en todas sus declaraciones y en sus luchas, especialmente para el monje. Era un componente estable que entraba en todas partes y elevaba el nivel espiritual.

Aconsejaba a los monjes que tuviesen cuidado para adquirirla. Decía: “Especialmente un monje joven debe ser todo devoción. En esto ayuda tener siempre abierto el libro “Evergetinós” (su estudio continuo) y relacionarse con otros piadosos”. Un nuevo monje preguntó al Gérontas en qué debe tener más cuidado, y le respondió: “En la devoción o piedad y en la atención de sí mismo”.

Le preguntó un obispo ruso, a quiénes debería ordenar sacerdotes, porque había muchos candidatos. Respondió. “A los piadosos, devotos y limpios, (puros)”. No dijo los que tienen estudios, ni los que tienen voz bonita, tampoco los dinámicos y activos.

Y en la salmodia y en la hagiografía lo que más valía y pesaba para el Gérontas era la devoción y menos el arte, y la distinguía en un salmista o en un icono. Decía: “Si te fijas en el significado de los troparios serás influenciado por esto y salmodiarás con devoción. Si la tienes, aunque cometas un error, endulza cuando salmodias. Pero si atiendes sólo a la técnica, es decir, si vas nota a nota y lo dices sin devoción, te convertirás en un salmista mundano que salmodia “Bendice alma mía el Señor” y es como cuando el herrero golpea el yunque. Lo escuchaba cuando estaba en un coche. No me ofrecía reposo ni me agradaba. Lo dije al conductor: “Cierre la radio”. Cuando uno no salmodia desde la profundidad de su corazón, es como si te echara de la Iglesia. Un canon sagrado dice que las voces desordenadas han de tener penitencia, porque sino echan la gente de la Iglesia”.

Para la pintura de los sagrados iconos (hagiografía) aconsejaba: “Hacer el icono con devoción, como si quisiéramos entregárselo al mismo Cristo. ¿A nosotros nos gustaría que nos dieran una foto con nuestra cara alterada? No es correcto que sea representada la Panayía como Santa Ana, para que supuestamente no se vea su belleza física y corporal. No ha existido mujer más hermosa en el alma y en el cuerpo que la Panayía. ¡Con la Gracia divina que tenía cuánto alteraba las almas de los hombres!

Decía sobre el icono de la Panayía “Glikofilusa” (del dulce beso), del Monasterio Esfigmeno del M. Atos, que “técnicamente tenía imperfecciones, porque los pies de Cristo eran como cuñas, y el que sea milagroso y tenga tanta Gracia divina y dulzura, quizás será porque Dios ha recompensado la devoción del hagiógrafo.”

Y mientras que “al devoto le viene la Gracia de Dios que embellece psíquicamente al hombre”, con tristeza comprobaba que hoy en día los hombres no tienen cuidado sobre este tema. Decía: “El que no tiene devoción y desprecia las realidades y cosas divinas, es abandonado de la Gracia divina, está dominado por la tentación y los hombres se endemonian. Al hombre impío no devoto, no se le acerca la Gracia divina. Va a los que la honran”.

Como ejemplos de impiedad se refería al sacrificio de Caín y a los hijos de Elí del Antiguo Testamento. El desprecio de ellos trajo la ira de Dios y fueron castigados. El Gérontas consideraba falta de devoción apoyar los iconos, libros eclesiásticos, antídoron o pan eucarístico y generalmente objetos sagrados en los asientos de la Iglesia, mucho más, en sillas o camas, excepto en la almohada.

Los pequeños iconos que daba como bendición, aconsejaba que los pusieran en el bolsillo del pecho. Narró el caso de un peregrino que se le habían torcido cuello y cabeza y el Gérontas por divina iluminación entendió que a aquel hombre le pasó esto por energía demoníaca, porque puso en el bolsillo de atrás del pantalón la Cruz con “trocito de la Santa Cruz” que se la había regalado. Eludía a los que no tenían cuidado de sus vidas, que llevasen encima suyo “un trocito de madera Sacra de la Cruz”. Relató que uno se había endemoniado porque el día que había tomado la comunión escupió en un lugar sucio. Lo mismo le pasó a una mujer porque tiró agua bendita en la basura. Un joven comprometido con una chica se fue a un mago y aquel le dijo que meara sobre los anillos. Él obedeció y se endemonió, porque los anillos son cosas sagradas. Hizo referencia a otros ejemplos para indicar que los que son faltos de devoción y cuidado, son abandonados de la divina Gracia y muchos han sido endemoniados.


No consideraba correcto llamar solo con el nombre los santos Padres “Basilio, Gregorio” etc. “¡Aquí hablamos sobre tal padre “tal” y le llamamos “padre tal” y los santos Padres llamarlos así solo por su nombre, es impiedad!”

No quería que ofreciéramos a Dios una vela de cera adulterada, ni aceite de girasol o de mala calidad, “sino que ofrezcamos a Dios las mejores cosas para el culto; también nuestras fuerzas, la oración pura y no con bostezos”. Consideraba gran impiedad celebrar la Divina Liturgia con pan que tuviese un poco de moho. “¡El Cristo nos da su Cuerpo y Sangre y nosotros le damos pan con moho!” Podía hacer kilómetros para encontrar pan eucarístico para la Divina Liturgia. Además los panes de la Eucaristía los tomaba por los lados y tenía cuidado para no tocar el sello.

El Gérontas intentaba agradar a Aquel que amaba. Por gran amor ofrecía a Dios lo mejor y se comportaba con finura y sensibilidad espiritual, con devoción y Dios agradado le concedía en abundancia Su Gracia.




B 1.9 “Amaba la justicia”


Según la Santa Escritura, justo es aquel que aplica y cumple todos los mandamientos de Dios y es agradable a Dios, es decir, el Santo. La justicia es la cualidad común de todos los santos. Con el uso actual, justo es el impecable en sus relaciones con los demás hombres. Con este sentido utilizaba el Gérontas el término. Pero discernía la justicia en humana, cuando uno no es injusto con su prójimo, y en divina, cuando uno sufre con paciencia las injusticias en gnosis-conocimiento y agradecimiento. Según el Gérontas “divina justicia es hacer lo que ofrece descanso al otro”. Es decir, preferir sacrificar tu voluntad, tu descanso y tú razón, para dar reposo, alivio y ayuda a alguien. “La justicia espiritual es” como característicamente decía el Gérontas, “sentir alguien las cargas de los demás como suyas propias”. Cuanto más avanzado está el hombre espiritualmente, tanto menos derechos se da a sí mismo. Digamos que subimos una cuesta arriba con un saco a la espalda. El hombre espiritual toma también el saco del otro para darle reposo, pero por sensibilidad le dice que esto le ayuda. Toda la cuestión es que podamos ponernos en el lugar del otro y entenderlo. Entonces nos acercamos al parentesco con Cristo”.


Aconsejaba el Gérontas: “Arrojad la lógica humana y la justicia humana. Entrad en la justicia divina. Algunos, incluso hombres espirituales, siguen un Evangelio distinto, nuevo, y no quieren que se burlen o se mofen del cristiano. Al contrario el monje debe alegrarse cuando cometen alguna injusticia contra él. No tiene ningún derecho, porque sigue las huellas del que ha sido tratado injustamente, de Cristo. Un hombre mundano tiene ignorancia y también muchos derechos. Si le reprende su superior, irá al juzgado. Al monje por mucha injusticia que cometan contra él, no tiene ningún derecho, incluso si le insultan. Dios así economiza, para liquidar algún pecado nuestro o para que ganemos alguna propina. Cuando cometen injusticia contra nosotros y vamos a buscar la justicia, entonces no mantenemos nada en la caja de ahorros”. Pero creía que aquel que sufre en conciencia las injusticias es recompensado también en esta vida por el justo Dios con donaciones espirituales –incluso también con materiales- según su estado espiritual.

Escribía en una carta suya 25-2-71: “En un acontecimiento he visto la gran justicia de Dios, que no tiene límites. Un alma que había sido tratada injustamente sirviendo inútilmente y sin sentido a pecadores, tras un mes como novicia, llegó a la contemplación espiritual y vivía los misterios de Dios”.

Aconsejaba a un monje que era injusto con otro monje que servía con él: “Dile al otro que tiene razón. ¿Sabes, teniendo razón, cuántos han ido al infierno? La razón o justicia perjudica al monje, es decir, es perjudicado espiritualmente cuando intenta justificarse. Pero a algunos principiantes les aconsejaba: “Si al principio alguien no llega al estado de aceptar las injusticias, en los malos entendidos ayudan mucho las explicaciones conjuntas”.

Decía expresivamente para el perjudicado: “Para los huérfanos, los enfermos, los ancianos, para todos hay instituciones. Para el pobre que ha sido perjudicado injustamente no se ha hecho ninguna institución. Cada uno lo toma y lo tira a la espalda del otro, porque lo ven duro y feo. Sin embargo, ¡es tan dulce lo injusto, más que cualquier otra cosa! Los mejores momentos son los que he vivido cuando he sido tratado injustamente. El que acepta la injusticia, acepta y recibe en su corazón al tratado injustamente Cristo. Las rencillas y peleas se hacen porque cada uno toma más razón y justicia de la que le pertenece. Sólo si uno se encuentra en abundancia de amor recoge la injusticia, y deja la razón a los otros. Sólo Cristo aceptó toda la injusticia llevando la Cruz para nosotros”.

Esta divina justicia aplicó en su vida el Gérontas. No sólo aceptaba con agrado las injusticias, sino que tenía la sensibilidad de comportarse con sutileza, de modo que no fueran ofendidos y heridos aquellos que le perjudicaban injustamente. Los consideraba benefactores, oraba por ellos y les mandaba regalos. Decía: “Muchas veces creemos que nos perjudican injustamente. Las injusticias esencialmente son beneficiosas. Nadie puede perjudicarnos injustamente cuando nosotros no perjudicamos injustamente a nosotros mismos. Cuando no vivimos espiritualmente, al que más perjudicamos es a nosotros mismos. Y espiritualmente vivimos cuando aplicamos y cumplimos los mandamientos”

El Gérontas no se conformaba con sólo la divina justicia, sino que cuidaba esmeradamente “no hacerse partícipe de los pecados ajenos, conservándose puro (v. 1Tim 4,22)”. Es decir, no aceptaba algo contrario a la divina justicia. En el período monástico que estaba en Stomio, una mujer rica había alquilado su casa a una familia pobre que no tenía para pagar los alquileres. Quería ir al juzgado y el dinero que le darían lo entregaría al Monasterio. El p. Paísio, aunque había grandes necesidades, lo negó: “Este tipo de dinero quitarlo de un monasterio (familia pobre) y darlo a otro Monasterio, no lo quiero”, le dijo.

Contrataba obreros sin acordar el sueldo y nadie se quejó. Les daba lo justo y además alguna bendición de regalo.

Tanto amó y aplicó la divina justicia, de modo que prefería ser perjudicado en vez de perjudicar a un hombre y ser infernado debido a los perjudicados.

Le sucedió un acontecimiento sobrenatural, tal y como se refiere en una carta 4-4-66. “Una vez rogaba a Dios ir al infierno, primero porque no soy ni era digno de ver Su Santísimo rostro; segundo para que sean dignos para de su Reino los que he afligido, con los que he sido injusto y he condenado, juzgándolos como hombre durante toda mi vida. El buen Dios permitió que probara un poco de infierno durante una semana, y no podía soportarlo. Me acuerdo de aquellos días y tiemblo. Por eso es mejor no hubiese nacido aquel hombre que irá al infierno.


Y otra vez suplicaba a Dios por sus posibles injusticias por ignorancia: “Dios mío, a los que he condenado juzgándoles y a los que he perjudicado, si yo he hecho alguna caridad, dásela a ellos”.

Pero también en el sentido evangélico el Gérontas fue destacado como justo, porque desde niño se dedicó con celo y exactitud al cumplimiento de los mandamientos. La justicia que aplicó se convirtió para él en protección y escudo en las tentaciones y en los peligros. Especialmente cuando era soldado, y en la guerra iba a misiones peligrosas, le protegió más que Madera de la Venerada Cruz, ya que el “Señor apoya a los justos” y “recompensa según la justicia” (Sal 36,17 y 17,21).

Además Dios le guardaba intacto e inasible ante infinitos ataques y trampas demoníacas. Uno vio al diablo con una cuerda circulando por el patio de la Kalivi del Gérontas, diciendo: “Alguna vez, ¿no le atraparé?”

Si no aplicamos la divina justicia, no hay progreso en la vida espiritual ni es oída nuestra oración. “Tantas oraciones se hacen. El mundo entero habría cambiado. Pero como no hay justicia, no son oídas”.

Mientas que sólo la oración de un justo basta para expiar Dios a un pueblo entero (ver Jer. 5,1 y Ez. 14,14).




B 1.10 Pundonor.


Pundonor, según el Gérontas, es una sección piadosa de la amabilidad, es el humilde amor pulido del hombre humilde”. Entonces su corazón está lleno de gran gratitud hacia Dios y hacia sus semejantes y por la finura (sensibilidad) espiritual intenta recompensar hasta la mínima bondad y el bien que le hacen los demás”. Lo que se hace más allá del deber y de la obligación, sin ser pedido, por amor incondicional, esto es el pundonor cristiano».

Todas las acciones del Gérontas se caracterizaban por esta virtud. Desde la simple ayuda a alguien, hasta su autosacrificio en la guerra para que no los otros no peligrasen y no les matasen, y a continuación en la vida monástica, con sus luchas con pundonor que sobrepasaban su aguante. Se conmocionaba cuando veía en los otros este pundonor. Decía: “Moveos con pundonor. Los chicos con pundonor cuidan el dar descanso y ser agradecidos con los padres. Nosotros los monjes que conozcamos qué es lo que le alivia al Gérontas y que lo hagamos antes de que nos lo diga. Tened y no os aprovechéis de la bondad de los demás. El hombre con pundonor es bombardeado de bendición, en cambio el gruñón genera miseria”.

“El corazón no se limpia con detergente, sino con pundonor. φιλότιμο filótimo”.

No dejemos al otro que se canse en su servicio, cuando nosotros hemos terminado. Convirtámonos en sacrificio. Una mujer decía: “Si a Cristo le disgustaron y yo le disgusté, no quiero tener alegría. ¡Y tenía ella alegría! Decía a los demás que rezasen para que no tuviese alegría, sino dolor por Cristo. ¡Qué pundonor! Y cuanto más decía esto, tanta más alegría y regocijo tenía. Ella se elevó por encima de sí misma.

Aconsejaba el Gérontas: “Hagamos el bien no esperando un beneficio, ni de las autoridades, sino por amor a Dios. Entonces no sólo hago con facilidad lo que debo, sino que sacrificio aquello a lo que tengo derecho.

Como monje no se conformaba con hacer el canon y su servicio litúrgico, reposando su conciencia con los deberes monásticos. Su pundonor le movía a dedicarse a grandes luchas y no guardar para sí mismo fuerzas, ni tiempo, ni descanso. Todo lo entregaba a Dios y a los hermanos, en los cuales pensaba más que en sí mismo y se sacrificaba para ayudarlos. El pundonor, esta virtud característica suya, siendo laico le convirtió en un benefactor, soldado, héroe y monje santo.




B 1.11 Confianza en la divina providencia


El Gérontas gran fe grande en Dios y perfecta confianza a la divina providencia, por eso decía: “Estoy seguro, a un mil por cien, que si ahora doy esta prenda de punto a alguien, hasta que me vaya a mi Kalivi, Dios me mandará otra. Pero al principio, para probarnos, nos deja un poco tener frío y hasta enfermarnos y allí hace falta atención y cuidado; que no diga uno: “Cristo mío, ¿yo por tu amor lo he dado y tú me has dejado a enfermarme?”. «Sin tentaciones la providencia de Dios no se ve” (San Isaac el Sirio Logos 44, p. 187).»

Nunca se inquietaba ni se desesperaba, por muy difíciles y funestas que parecieran las cosas. Tanto por temas personales o de su ambiente, como también eclesiásticos, nacionales e internacionales. Veía en aumento la acción y dominio del maligno astuto y de sus instrumentos, pero conocía y proclamaba que “otro tiene las riendas”. Refería característicamente: “El diablo ara pero el Cristo siembra”. Creía que “Dios no permite que se haga ningún mal, si no es para que esto concluya en algo bueno, o por lo menos para que sea impedido un mal mayor”.

La esperanza que “nunca deshonra”, le acompañaba en toda su vida y más en las dificultades. Dentro de la oscuridad y de la niebla hablaba de cielo estrellado, despejado. “Todo irá bien con la Gracia de Dios”, decía a almas desesperadas y agobiadas. A uno que se inquietaba por los ataques enemigos contra la Patria, le dio el siguiente mensaje esperanzador: “A mí aunque me digan que no existe ningún griego, yo no me inquieto ni me agobio. Dios puede resucitar a uno. Basta con uno”. Incluso creía: “Aunque quede sólo un cristiano, Cristo hace su plan”. Cuando los demás hablaban sobre futuras evoluciones desagradables sobre la nación y sembraban el miedo, el Gérontas transmitía optimismo y esperanza; hablaba sobre una Grecia resucitada y la reconquista de la Iglesia de Santa Sofía. “También existe Dios; ¿a Dios dónde lo has puesto?, le dijo a un clérigo que veía el futuro oscuro de la Patria.

Decía: “Si no tuviera confianza en Dios, no sé en lo que me habría convertido. El hombre actúa hasta cierto punto, pero después actúa Dios. Debemos tener absoluta confianza en Él”. Esto para el Gérontas no era una esperanza abstracta e indeterminable, sino una certeza palpable, sobre todo corroborada por incontables ejemplos.

En su vida probó infinidad de veces la intervención de Dios de distintas maneras. Como soldado tenía un Evangelio y lo regaló. Después buscaba encontrar uno, para leer la palabra de Dios. En Navidad enviaron a su Unidad 200 paquetes, y sólo en el suyo había un Evangelio.

***

En Stomio una vez dio a un pobre su camiseta y se quedó sólo con el raso interior. Bajando a Kónitsa para trabajos, pasó por el correo y allí encontró un paquete con diez camisetas. El Gérontas creía que: “Si das, Dios también te da”.

***

En Katunakia del M. Atos su organismo necesitaba algo de dulce y no tenía nada. Entonces vino un visitante con higos y pasas, diciéndole: “Esto para ti”, y el Gérontas agradeció a Dios.

***

Una vez caminando por el camino encontró una bonita y grande seta. “Gloria a Dios”, dijo, “a la vuelta lo cortaré para pasar la noche con ella”. Cuando regresó un animal había comido media seta. Sin entristecerse agradeció otra vez a Dios: “Gloria Dios, esto debería comer”, pensó y se la llevó. El día siguiente salió de su Kalivi y toda la tierra alrededor estaba llena de setas. Y de nuevo agradeció a Dios. “Gloria a Dios”, también por una seta, por la media y por las muchas.

***

Nos narra un hijo espiritual del Gérontas: “Fui a ver al Gérontas a la “Venerada Cruz”. Vi unas alpargatas que me parecieron un poco extrañas. Por la parte de abajo tenían piel y por la de arriba tejido de punto como con lana. Nunca había visto antes este tipo de alpargatas. Pregunté:

—¿Gérontas, dónde has encontrado estas alpargatas?

—Llévatelas me dice.

—Gérontas, ¿qué hago yo con ellas? —Le dije así por curiosidad—.

—No, llévatelas, a mí me traerán otras, y además nuevas.

»Ante su persistencia cedí y, sin querer me las llevé. Antes de marcharme, vino un monje desde el Monasterio Stavronikita con un paquete.

Dice el Gérontas: “Vamos a ver qué ha traído hoy el correo”

—Abre el correo y junto con las demás cosas tenía también un par de zapatillas.

—¡He aquí!, ¿lo ves? —Me dijo—.»

***

Una vez un peregrino se encontró con el Gérontas y tenía frío. “¿Qué te voy a dar hijo mío”, le dijo. Buscó y no encontró nada y le dio la prenda de punto que vestía. Apenas marchándose el peregrino, la misma hora vino una persona y le trajo un pequeño paquete que contenía una prenda de punto.

***

Narró el Gérontas: “Un año (posiblemente 1971), llevaba quince días enfermo, con fiebre, escalofríos, sin estufa, sólo, no podía hacer ni siquiera té, ni podía salir fuera. Creía que iba a morir y me eché encima de mí el Gran Hábito de monje del hieromonje Tikon. ¡Qué Gracia sentí entonces! Me encontré fuera de mi Kelí dentro de una luz y todo lo veía con otros ojos. Los pájaros, los peces, los planetas, todo el mundo. Y todas estas ellas hablaban y decían que todo lo ha hecho Dios para ti, para el ser humano.

»Rogaba a Dios estar solo cuando me muera, sólo con este pensamiento me inundaba de alegría y deleite. El abandono humano y la privación de consuelo humano, nos trae en abundancia el consuelo divino.

Por eso cuando enfermaba, no iba al médico. Se entregaba a la providencia de Dios con confianza y paciencia diciendo: “Cuando estoy enfermo no quiero a nadie, para que sea consolado por Dios”.

***

Cómo no iba a confiar en Dios después de tantas y tantas manifestaciones de la divina providencia, que le cuidaba “como la nodriza que cuida con ternura a su propio hijo” (1Tes. 2,7).

Sin embargo Dios le calculaba como digno y escogido hijo suyo fuese de forma humana o fuese de forma sobrenatural, desde las cosas mínimas hasta las más imprescindibles, y por regla general sin haber rezado para recibirlas. Por eso decía: “¡Qué seguridad siente el niño en el abrazo de su madre! ¡Pero mayor siente el fiel en el abrazo de Dios! Ahora siento la alegría del niño en los brazos de su madre. El abrazo de Dios es como el Paraíso. Se detiene la oración del corazón, todo se detiene. Vives en el Paraíso.


El Gérontas era como el bendito varón: “Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor” (Jer 17,7)




B 1.12 Ángel de paz


Decía el Gérontas: “La paz es el espíritu de Dios, lo otro (turbación, confusión) proviene del diablo”. Realmente “la paz de la alma demuestra que Dios está siempre presente, cerca de nosotros y que habita en nuestro interior” (san Juan de Kronstadt, “Mi vida en Cristo”). “El hombre privado de paz está privado de la divina Gracia” (San Nectario de Pentápolis, “Conócete a ti mismo”). La paz es el fruto de la Gracia divina) y habita en corazones humildes y limpios.

Esta paz adquirió el Gérontas. Un estado interior carismático que lo consideraba superior que la oración. Principalmente con el despojamiento de los pazos, y especialmente con su relación con el Soberano de la paz mediante la incesante oración del corazón. “Porque Éste (el Cristo) es nuestra paz” (Ef. 2,14). Este espíritu dispersaba sobre los de su alrededor. Se distinguía en su homilía, en sus movimientos, en su mirada apacible pero divertida y chispeante, en su trabajo manual, en la forma que recibía y acompañaba a los hombres; especialmente en la oración. Uno cerca de él respiraba otro aire. Tenía mucho cuidado de no ser influenciado por “el intranquilo espíritu mundano que había convertido al mundo en un manicomio”. Luchaba por mantener su estado pacífico. Siempre ponía adrede su reloj un poco avanzado. Cuando iba de visita, salía antes para no tener prisa y confusión, y que esta situación afectara a su oración. Sobre todo a la Iglesia quería que fuéramos con paz. Cuando en algún momento en la celebración veía desorden que provocaba confusión, intervenía con criterio y restablecía el orden.

Hablaba a los hombres diciendo: “La paz del mundo vendrá por la paz interior. Las instituciones de la paz no pueden ayudar”.

En el arrepentimiento y en el “buen orden” recalcaba la adquisición de la paz. Decía: “La paz verdadera viene si el hombre se ordena interiormente y está atento en no dar motivos, porque la tentación intenta arrebatarle la paz mediante sorpresas”.

Fue preguntado por un monje joven qué hacer, cuando no le daba tiempo a terminar en su hora las cosas espirituales y esto le alteraba y le preocupaba: Respondió: “Haz cuerda de oración por ti mismo, por los vivos y por los difuntos, con calma y sin prisa, y después, cuando tengas oportunidad, competas también el resto.

La paz, como recalcaba, ayuda en la ascesis: “Cuando el organismo espiritual tiene la paz de Dios en su interior, no necesita vitaminas. Cuando no existe paz, por muchas vitaminas y comidas que tome, uno no hará nada. Por eso ayuda mucho el estado interior de la ascesis. Ella alimentaba a los santos. Por eso los pobrecitos laicos comen también carne y no aguantan, tiemblan sus pies, no pueden hacer ayuno, porque viven con ansiedad y angustia y gotea continuamente cólera y bilis en sus interiores. Cuando el hombre se ha ordenado interiormente, incluso la poca comida lo alimenta”.

Le preguntaron una vez:

—¿Por qué sucede en algunas almas que por acontecimientos insignificantes pierden su paz?

—Falta la alerta. Hace falta estar despiertos y en alerta, porque el enemigo sorprende de improviso. Esta paz no es real. Cree que pierde la paz, pero simplemente se ha añadido perturbación sobre perturbación. A uno que tiene la paz verdadera todo le es justificado.

Especialmente para los monjes el Gérontas decía: “No se excusa que no tengan apacibilidad, porque no tengan responsabilidades. Sólo sobre sí mismo deben estar atentos. Cuando los monjes tienen ordenado el sí mismo, entonces tendrán también apacibilidad y cualquier cosa que les digan pueden aguantarla. Cuando nuestro sí mismo está ordenado y se encuentra en vigilancia y alerta, aunque nos insulten, no nos molestará en nada.”

Esta muy anhelada paz o más bien el Dios de la paz, es la que buscaban las almas perturbadas por eso acudían al Gérontas. El mismo era un pequeño puerto tranquilo y sereno, no perturbado por las tempestades del mundo. Incluso cuando desde la responsabilidad de su posición debía controlar personas y situaciones, que debía enfadarse “con la ira o enfado justo”, su paz no se escapaba, porque no actuaba con pasión, sino con desapasionamiento, por celo a Dios y amor hacia el hombre extraviado, por el cual padecía más que para sí mismo. Y si estaba ocupado en muchos temas, Dios protegía su corazón y no le abandonaba “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filip. 4,7).

Para uno que escribía artículos en la prensa criticando y condenado apasionadamente a muchos, movió tristemente la cabeza y dijo: “Oh, éste se encontrará en el infierno y no sabe por qué”. Aunque participara en muchos temas, Dios protegía su corazón y le abandonaba la “sobresaliente paz del nus”. Cerca de él se pacificaban los hombres y se amansaban incluso los animales salvajes.

En Panaguda vino un joven atormentado y desesperado con una soga en la mano.

—O me ayudas, Gérontas, —le dijo—,o me cuelgo delante de ti—.

El Gérontas le cogió de la mano y le llevó a la sala de visitas. Hablaron un rato y después salieron fuera. El joven se marchó alegre, sin la cuerda en la mano, lleno de paz y esperanza.

El Gérontas no sólo era pacífico sino también pacificador. Pacificaba entre ellos a hijos con padres, matrimonios que querían separarse, jefes con trabajadores y toda alma que se le acercaba, la pacificaba con Dios y con los demás, ya que primero la pacificaba consigo misma.




B 1.13 Lámpara de discernimiento


El discernimiento del Gérontas era un regalo de Dios y una gran bendición para el mismo, para los que le pedían consejo y para toda la Iglesia.

Desde laico, el Gérontas tenía un discernimiento natural. Operaba con “consejo y prudencia”.

Además conocía profundamente “la naturaleza de los seres”. Sus observaciones y explicaciones sobre los animales y las plantas impresionan también a los especialistas sobre en el tema. Conocía maravillosamente el organismo humano, su funcionamiento y sus vicios y daba consejos prácticos, desde útiles hasta salvadores, sin haber estudiado. Pero más profundamente conocía el alma humana. Era un profundo anatomista, perfecto psicólogo y psiquiatra con el sentido patrístico. Discernía el carácter del hombre, su estado espiritual, sus problemas, y ayudaba respectivamente.

Disponía de una inusual, rica y única experiencia espiritual y ayudaba a muchos que vivían en situaciones confusas, a discernir si esto que les sucedía era de la Gracia o era algo demoníaco. El que ha saboreado el vino, puede fácilmente discernir el vinagre, aunque se parecen en el color. Decía el Gérontas: “Yo veo por la pequeña experiencia que tengo – otra cosa es cuando ilumina Dios- a un principiante y entiendo su situación, cómo evolucionará, qué progreso tendrá”.

En la vida espiritual existe el conocimiento que proviene del aprendizaje. La experiencia es superior que el conocimiento, pero la Gracia es más valiosa, el carisma del discernimiento.

El Gérontas combinando la experiencia con el carisma del discernimiento fue una destacada “lámpara de discernimiento” que iluminaba todo lo oscuro y difícil de discernir. Apreciaba especialmente al profeta Daniel. Le alababa y le admiraba por su humildad y también por su gran discernimiento, y leía sus profecías. Allí donde distinguía este carisma, lo enmarcaba diciendo: “Tal Gérontas tiene discernimiento” o “un Gérontas con el carisma del discernimiento dijo”.

Cerca del Gérontas acudían hombres de todas clases y edades para pedir su consejo. Muchos venían de muy lejos para escuchar un sí o un no sobre sus dilemas. Otros se encontraban en un callejón sin salida o tenían grandes problemas y pedían ayuda. Un consejo del distinguido Gérontas Paísio los iluminaba, los aliviaba y muchas veces cambiaba el rumbo de sus vidas.

Una vez le visitó un artesano piadoso y caritativo. Cuando pagaba a sus empleados, daba el mayor salario para ayudarlos. Otros artesanos le hacían la guerra porque aumentaba los salarios. La respuesta del Gérontas fue: “Tienes que dar a cada uno su salario y después darle como bendición lo que quieras y decirles: Tú tienes gastos para tu hijo que estudia, tú tienes niños pequeños que criar y necesitas más, etc…”. Se marchó alegre y reposado.

Un sacerdote padre espiritual del mundo afrontaba la siguiente tentación: Una mujer le pidió tener relaciones carnales. Si se negaba, le avisó que se suicidaría. El p. espiritual, hombre muy piadoso y temeroso de Dios, una vez que consiguió convencerla razonablemente, dijo que lo iba a pensar, para ganar tiempo, y vino al M. Atos para ver al Gérontas. Tenía miedo de que, sin quererlo, fuese el motivo del suicidio de la mujer. El Gérontas le dijo: “Dila que vaya a suicidarse. Ella con sólo haber pensado esta cosa, ya se ha suicidado espiritualmente”. El Gérontas discernió que no se suicidaría y lo decía sólo para coaccionar al sacerdote. Cuando el p. espiritual la transmitió las palabras del Gérontas, se marchó humillada y naturalmente no se suicidó.

No sólo tomó parte sobre varios temas personales, sino también en temas generales, como eclesiásticos y nacionales y expresaba libremente su opinión. El posterior desarrollo de los acontecimientos certificó la certeza y rectitud de sus opiniones.

Había sido instruido e iniciado con la Gracia de Dios en las realidades místicas de Dios y había adquirido “nus de Cristo”. Comprendía cómo opera Dios para la salvación de cada hombre. Explicaba y analizaba la ley espiritual.

Tenía cinco tomos del Antiguo Testamento, con texto e interpretación, los cuales estudiaba atentamente. Marcaba con rojo algunos pasajes de la interpretación. Al margen comentaba o daba una explicación espiritual a algunos acontecimientos. Sus apuntes sutiles y con discernimiento muestran la divina iluminación y el don del discernimiento regalado de Dios.

En muchas personas antes de que le expusieran sus situaciones decía: “esta tentación te ha sucedido por esta razón” o “Dios te ha dado esta bendición por esta razón”.

Un padre le preguntó por qué su hijo se enfermaba continuamente, y le respondió: “No trabajes los Domingos y los días festivos y no volverá a enfermar tu hijo”, y así sucedió.

Una vez se encontró en la casa de un conocido de Atenas y uno le rogó que orase por él para poder tener un hijo. Otro le dijo: “Dios no te ha dado hijo, porque no se lo has pedido con fe”. El Gérontas no respondió; pero algo previó y dijo en su interior: ¡Oh, morirá su propio hijo”. Después de tiempo recibió una carta con la desagradable noticia.

El logos de Dios dice: “Por su aspecto se conoce al hombre” (Sab. Sirac 19,29). Pero el que tiene el carisma del discernimiento, como el Gérontas, hace diagnóstico espiritual, y ve que detrás hay formas, puntos y signos exteriores que engañan. La radiografía espiritual del Gérontas indicaba exactamente el contenido interior y la calidad de cada hombre.

Decía: “El hombre avanzado espiritualmente se entiende y se ve por su apariencia y por sus ojos es informado y entiende el estado del otro. Puede ser que alguna vez se equivoque máximo hasta un 20% en alguna experiencia, por ejemplo, si le ve pensativo al otro, pensar que tiene problemas, mientras que puede ser algo momentáneo. Pero cuando se trata de un problema serio para ayudar, entonces Dios le informa y conoce desde antes a la persona, sus características, su edad y su problema. Es necesario no obstante un pensamiento humilde”.

Un clérigo con fama visitaba el M. Atos. En los monasterios a los que iba, hacían reuniones, le escuchaban con atención y le honraban como santo. El Gérontas Paísio, cuando le visitó dicho clérigo, con dos preguntas que le hizo, se cercioró de lo que le había informado la divina Gracia. Discernió en el clérigo los elementos de sinceridad, piedad y devoción, pero también sus elementos del engaño e inexperiencia.

Uno elogiaba a un clérigo por sus carismas y actividades. El Gérontas escuchaba con atención en silencio. Al final añadió: “Este clérigo se parece a un nogal. El nogal tiene buena madera para muebles, pero si uno se queda dormido debajo de él, a su sombra, hay de él, se despierta enfermo”. Quería decir que junto con las virtudes existen también las pasiones pecaminosas que corrompen el alma de la persona en concreto. Sobre otro que decía palabras correctas sin discernimiento, dijo: “Éste lanza las perlas, pero si una te da en la cabeza, ¡ay de ti!”

Tenía el don o carisma de discernir a partir de algo insignificante y no observado por muchos, el desarrollo de una situación, no sólo en individuos, sino también en compañías y en monasterios. Decía: “Vosotros ponéis más cuidado en una herida grande sin peligro, pero no distinguís un pequeño grano que creará una situación enfermiza grande”.

Hace unas décadas visitó a uno en su Kelí. Vio en la puerta un timbre eléctrico, con batería. Un detalle insignificante para muchos, pero el Gérontas con su discernimiento movió su cabeza con tristeza. Más tarde este monje hizo su Kelí como una casa mundana. “Tenía desde entonces el gusano de lo mundano (conducta y moral mundana) en su interior”, dijo.

A uno que vino para ser monje y trajo muchas cosas, dijo: “Cuando se vaya los llevará consigo. Y realmente después de unos meses regresó al mundo cargado también de sus cosas.

Refiriéndose a una acción de un monje del M. Atos, dijo: “Bueno, qué esperas; acabará en el mundo y lo tirará todo”; y así sucedió.

El Gérontas conocía como pocos las cosas y realidades monásticas del M. Atos, y sobre todo preveía su evolución futura. Sufría por el Jardín de la Panayía (M. Aos), oraba, hablaba y aconsejaba, pero pocas veces era escuchado. Con discernimiento evitó los líos y las trampas para el supuesto bien para del M. Atos. Así, cuando el representante del Monasterio quiso emprender semejante acción que consideraba buena y se fue a pedir su bendición, el Gérontas evitó verle y después explicó exactamente lo que pedía el representante y las desastrosas consecuencias que tendría para el M. Atos y para la Iglesia esta operación aparentemente buena e inocente.

En muchos manifestaba cuál era la voluntad de Dios. Cuando no la conocía, examinaba el tema sin prisa desde todos los lados, o como él mismo decía: “torturaba su pensamiento”.

En los casos en que quería recibir información de Dios, se encerraba en su Kelí, con ayunos, prosternaciones y oración hasta que recibiese respuesta. Entonces como los profetas podía decir: “Esto dice el Señor”. Ya conocía la voluntad de Dios por el mismo Dios. Sobre lo que anteriormente era oscuro e indiscernible, era iluminado y le quedaba claro.

No quería “que pidiésemos información de Dios, mientras pudiésemos pedir consejo a otro. Así quiere Dios que hagamos por humildad. Porque, si no hacemos así, puede ser que seamos engañados. Sólo cuando no puedes encontrar una persona para aconsejarte, entonces en el mismo Dios se convierte en Gérontas, te ilumina y te informa. Por ejemplo, si no puedes encontrar una persona que te explique la Santa Escritura, entonces Dios te ilumina e informa”.


Aconsejaba el Gérontas que debemos tener discernimiento en todo. En la ascesis, “el principiante hace experimentos consigo mismo, en cambio el asceta experimentado se parece al vendedor de tienda con experiencia que toca con su mano la balanza y sabe cuánto debe añadir o quitar”.

Para mostrar qué imprescindible es el discernimiento para el asceta, decía sobre sí mismo: “Cuando comencé a vivir solo, hacía mucha ascesis, cuerda de oración continuamente. Y no tenía bastante con esto. Cuando iba a descansar, venía la tentación y me decía: “Levántate inmediatamente para hacer tu canon. ¿Tú duermes y descansas, los infernados no te dan pena? Inmediatamente me levantaba y hacía oración para los infernados. Mucho me dolía y compadecía para estas almas. Pero así por poco me vuelvo loco”.

Especialmente los padres espirituales deben tener mucho discernimiento, cuando aplican el “Pidalio” (traducido “El Timón”, de san Nicodemo del M. Atos). Aconsejaba a uno: “A pesar de que los cánones son muy severos, los hombres los transgreden de nuevo. Imagínate que los cánones fueran muy indulgentes. Los hombres vivirían muy relajados, tibiamente. Hace falta discernimiento, porque uno con los cánones comete barbaridades, crímenes. Tú debes aplicar la exactitud para ti mismo, para que así puedas hacer economía a los demás. Dentro de la economía existe la bendición”.

“Toda caridad que hacemos se hace con discernimiento, tal y como dijo el Señor en el Evangelio: «...todo sacrificio será salado con sal» (Mc. 9,49). La sal es el discernimiento”. Pero aconsejaba que diéramos algo al que pide, incluso si este es rico.

Y también en nuestros juicios, «cuando hacemos buenos pensamientos y vemos a todos los hombres como santos, hace falta discernimiento. Porque, si de uno decimos que es santo y hace algo que no es bueno, puede ser que otro diga: “Si lo hace este que es santo, entonces será bueno”. Uno debe discernir el oro del cobre. Y también después discernir el oro de cuántos quilates es. Porque el oro tiene de 9 a 24 quilates.»

Una vez preguntaron al Gérontas: “¿Gérontas, cuando veo en alguien una pasión pecaminosa, qué debo hacer? ¿Intentar verlo con buen pensamiento, como virtud para no juzgarlo?” Y respondió: “No, debes verlo tal como es, decir que tal es así, esto y esto, pero debes darle atenuantes. Decir que yo soy peor que él, porque éste no ha sido ayudado. Si hubiese sido ayudado, haría milagros”


Con discernimiento fino valoraba correctamente, juzgaba justamente, pero no caía en el juicio malo y en la condena. Se ponía a sí mismo por debajo del peor pecador. Lo creía profundamente y lo demostraba, interpretando la parábola de los talentos.

Por su experiencia decía: “Tal como he entendido, existen cuatro categorías de hombres. Saludables, enfermizos y enfermos con tumores benignos y malignos. El último caso es incurable. En los dos anteriores se debe hacer la intervención quirúrgica con discernimiento y si los enfermos piden y quieren el medicamento”.

Trataba cada alma con discernimiento, evitando los extremos y las parcialidades o favoritismos, dando el medicamento adecuado. Para el mismo problema en distintas personas daba soluciones distintas. No era una apisonadora. Lo mismo aconsejaba también a los demás. “Tratar a los hombres todos de la misma manera, con el mismo alimento. A cada uno debemos dar según su disposición, su lucha y su sed. Entonces no perjudicamos a nadie”. Y muchas veces cuando daba consejos especiales a alguien, aclaraba: “Lo que digo, para ti lo digo. Aunque lo digas a otro no servirá ni beneficiará, más bien le perjudicará. Por eso ten cuidado”. Por esta razón principal no quería que le grabaran con el radiocasete. Conocía la disposición, la receptividad y el aguante de su interlocutor y en relación a esto hablaba. Sus palabras, sus acciones y sus posiciones eran claras y muy bien calculadas. Muchas veces comprendía la reacción que tendría alguna de sus acciones. En cambio, una vez que quería hablar sobre un tema, provisionalmente se calló, porque vio que esto lo aprovecharían y lo explotarían y en vez de una rectificación, habría un aumento del mal. Los hombres sentían seguridad siguiendo sus consejos. Distinguidos padres espirituales, ascetas experimentados y obispos ponían en su discernimiento sus caminos espirituales. “Eran informados por el Gérontas. Era un capitán experimentado que salvó muchas almas de las olas y de los arrecifes de la vida presente. Con su discernimiento por la iluminación divina condujo muchas almas a la salvación.




B 1.14 Amante de la hesiquia 4


Toda la vida del Gérontas se caracterizaba por un continuo intento de fuga al desierto. Diría alguien que el Gérontas nació con el irrefrenable anhelo por la hesiquia y que no se le había borrado nunca. Desde pequeño se aislaba buscándola. A menudo subía a la montaña y se quedaba en cuevas o trepaba sobre rocas. Imitando al Señor, “pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba” (Lc. 5,16). Su principal elección era la vida “hesicasta” (con hesiquia). Pero por economía de Dios su anhelo no fue cumplido por muchos años. Los impedimentos se presentaban en el camino hacia la hesiquia, en vez de apagar su anhelo, lo encendían aún más. Los años de ascesis en el cenobio, en el idiorítmico y en Stomio, en realidad eran una preparación para la hesiquia.

En el Sinaí disfrutó de la hesiquia, gozó de los frutos de ella y se enriqueció espiritualmente. Vivió la vida angelical como no encarnado y adaptó su vida hacia el santo desierto, síntiendo el consuelo de éste. Vivió los misterios y las elevadas situaciones espirituales y tenía la oración incesante.

En una carta suya desde suya la Skete de Iviron explica (8-5-66): “No sólo he cortado la correspondencia sino también evito todo encuentro. Cuanto más lejos de los problemas del mundo me vaya, más podré ayudar a la gente con sus problemas, porque el esfuerzo no será humano, sino el mismo buen Dios estará interviniendo en los problemas de la gente, sin transgredir el libre albedrío o libre voluntad del hombre”.

En la Skete de la “Venerada Cruz” continuamente aumentaban los peregrinos. Tomó las medidas adecuadas para asegurarse de la hesiquia. Valló el lugar y otra vez cortó la correspondencia. Escribe: “Como monje hesicasta, mi vida no tendrá sentido si mantengo la correspondencia. Tendrá sentido si recuerdo y oro continuamente por el mundo. Ahora en invierno tengo la hesiquia que hace falta. El verano no puedo tener más, sobre todo por causa de los estudiantes”.

Su gran amor incondicional no le permitía vivir acontecimientos “tabóricos” 24 y ser indiferente para el hombre sufridor.

Para salirse de este estado y hablar con los hombres hacía un gran esfuerzo. Pocos entendían su sacrificio para dejar su anhelada hesiquia y ocuparse de los problemas de los hombres. Esta era su lucha de por vida. Vivir en hesiquia y ayudar a los hombres.

El Gérontas iluminado por Dios con discernimiento combinaba perfectamente la hesiquia y el servicio. Combinación certera de hesicasmo y de guía espiritual. Se parecía a los antiguos luchadores que utilizaban sus armas con las dos manos, por eso se llamaban ambidiestros. Aprovechaba de la mejor manera posible la hesiquia y, cuando las circunstancias y la voluntad de Dios le llevaban entre los hombres, abría sus almacenes espirituales y como buen repartidor de alimentos, como otro Josué, alimentaba con los alimentos que había recogido en el desierto, al hambriento pueblo de Dios.

Lograba vivir de forma hesicasta, a pesar de que le visitaba mucha gente y a veces le “ahogaba” fuertemente la gente. Le ayudaba su programa hesicasta, la experiencia y su gran discernimiento que economizaba todo y a todos. Así también él mismo se ayudaba y reposaba y consolaba la gente.

Decía: “Puedo hablar, relacionarme con la gente, pero después quiero estar sólo”. En su yo más interior y profundo era hesicasta. Incluso añadía: “Cuando uno no puede vivir en el desierto, debe intentar crear condiciones hesicastas en el lugar donde vive. Que nos cuidemos en cortar nuestras pasiones pecaminosas y allí donde estemos será el desierto. A mí me gustaría ahora, en mis últimos años, vivir en el M. Atos con los “ascetas desnudos”*, pero ¿Puedo? “El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt. 26,41). Por la noche quiero estar solo y por el día tres horas, lo siento como una necesidad imperiosa aislarme totalmente”.



*Según la tradición del M. Atos existen siete, según otros doce. Son monjes que viven en una cueva del M. Atos y oran para todo el mundo. Cuando uno fallece, otro toma su lugar y así el número permanece estable. Erróneamante son llamados “desnudos”, porque están vestidos con viejas sotanas y no se preocupan por nada.




Mientras pasaba el día consolando a los doloridos, buscaba al menos la soledad nocturna. “Cuando tengo un invitado por la noche, no siento tanto la hesiquia”, decía el Gérontas.

En verano desaparecía por algunas horas cada día en el bosque. Había limpiado algunos puntos para rezar y había hecho pequeña kalivi pequeña provisional. Leía el Salterio, hacía cuerda de oración y regresaba a su Kalivi, donde le esperaban muchas almas para verlo.

Podría uno pensar: “¿Qué tipo de hesicasta era el Gérontas, si todo el día hablaba con los hombres?

“Existe un hombre que habla todo el día hasta el anochecer y también mantiene silencio; por tanto, si no es para beneficio de los demás, no habla” (Abad Pimén, Apotegmas de los Padres).

En la hesiquia alababa a Dios y conversando con los hombres los conducía hacia Dios. Pero como amigo y amante de la hesiquia, siempre echaba de menos el desierto. Por eso los últimos años repetidas veces intentaba retirarse a un lugar desierto por algún tiempo, pero encontraba impedimentos. Cuando visitó el Sinaí, quería quedarse para tener hesiquia, lo mismo también en Tierra Santa. Pensó también en los Meteora y en otras partes, pero en todas partes encontraba impedimentos. Últimamente rogaba a Dios que le hiciese digno de vivir dos o tres años en el desierto antes de llevarlo de esta vida. Buscaba, con uno o dos padres, instalarse en lo más interior del M. Atos, pero todos sus intentos fracasaron. La voluntad de Dios era permanecer en su Kalivi y ayudar a la gente, tal y como claramente Dios le informó dos veces.

Después de la información proveniente “de arriba” de recibir a la gente, y el empeoramiento de su enfermedad, estaba muy débil como para volar como un pájaro a desiertos lejanos. Se conformó vivir auto-delimitado en su Kalivi y parecía “como un gorrión solitario” o como “una tórtola en soledad o en el desierto”.

Vivía como en un profundo desierto, porque su corazón había quedado desierto de pasiones pecaminosas y había adquirido hesiquia noética. Había alcanzado un estado en que podía estar simultáneamente “con la multitud y a la vez solo”. (Filocalia t.4 pág. 20). Había logrado el “hazte amigo de todos los hombres pero estate solo en tu mente. Permaneció “por un lado inamovible del corazón entre los hombres, por otro lado, en su interior tratando con Dios” (Escalera 31, 43). Podía ya desde muy pronto, cuando quería, escuchar o no escuchar, ver o no ver.


En el invierno de 1959 cuando estaba en Kónitsa le visitó un soldado. Le encontró enfermo en la cama y le dijo: “Estás enfermo, padre, y estos niños no te dejan en paz”.

-¿Qué niños?... Ah,… ahora los he oído. No me había fijado que estaban.

El soldado entendió que al estar sumergido en la oración no escuchaba las voces de un grupo de niños que estaban jugando en el patio del Monasterio y molestaban a la gente con sus voces.

Cuando buscaba un lugar desierto fuera del M. Atos, le fue indicada al Gérontas una bella cueva en un lugar tranquilo, pero le dijeron que a poca distancia pasaba una carretera y hay ruido de coches. “Este ruido no me molesta”, dijo. “Cuando quiero puedo oír o no oír, ver los coches o no verlos. Otro ruido es, claro, cuando intentan meterme y liarme en varios temas”.

Sin embargo decía que al principio “la hesiquia (lejos del mundo) rápidamente trae también la hesiquia interior en el alma con la ascesis y la oración incesante y entonces ya el hombre no es molestado por el ruido exterior”. (Cartas, pág. 117)

Por su experiencia hesicasta el Gérontas decía: “Y la hesiquia por sí sola es oración”. Sobre un monasterio hesicasta en el mundo decía que progresaban, porque amaban la hesiquia y vivían durante cierto tiempo en pequeñas kalivia sin distraerse. Según san Isaac el Sirio, “la hesiquia es el sumo perfeccionamiento” y “la obra digna y honrada de la hesiquia se convierte en puerto de misterios” (San Isaac el Sirio logos 23 y Carta 3).

La hesiquia es buena pero es necesario luchar, hacer las obras propias de la hesiquia. Decía característicamente: “¿En qué me ayudará a mí la hesiquia, cuando tengo conmigo la radio? Al eremita para que le ayude el desierto, debe estar maduro*.



*Y san Juan el Clímaco (27,5) prohíbe a los “apasionados” vivir solos en la hesiquia: “De los que son molestados y dominados por la ira y los resentimientos, por la hipocresía y por la altanería o vanagloria, nadie se atreva acercarse a la hesiquia jamás”.




Tal y como las frutas dulces en un lugar sin agua se hacen más dulces que en uno con agua, las amargas sin embargo se hacen más amargas; así también, el bueno en el desierto se hará más maduro, en cambio el vicioso se convertirá en más vicioso.

Hay algunos que quieren la hesiquia. Encuentran una kalivi tranquila y después caen en la negligencia e indiferencia y de vez en cuanto leen también algún libro”.

Narraba también lo siguiente: “Antiguamente, cuando Vatopedi era Monasterio idiorrítmico, dos padres quedaron de acuerdo en ir al desierto. Fueron a una Kelí. Uno era luchador. Toda la noche estaba en vigilia. El otro dormía y le molestaban por las luchas de su compañero asceta y le decía: “¿Qué haces toda la noche, que no te estás quieto? Lo lees y no lo entiendes, esto que dice el Salterio: “Y por la noche contra tí” (Es decir, estás contra mí, porque no me dejas dormir por la noche). De esto se ve que en realidad uno fue al desierto para una vida espiritual superior y el otro para una vida carnal superior, para comodidad”.

Incluso recalcaba: “¿Los que viven en hesiquia, sacan provecho de ella y del silencio o conversan con los pensamientos? Si conversan con los pensamientos son más charlatanes que los charlatanes. Porque al charlatán le observan y le recriminan y poco a poco se va corrigiendo, en cambio el otro tiene incluso la impresión de que es hesicasta y se hace mucho mal a sí mismo. Para ser hesicasta se debe tener oración noética del corazón”. En efecto, este es el objetivo de la hesiquia. “La obra o trabajo conciso de la hesiquia es la permanencia en la oración. (San Isaac el Sirio, Logos 86).

Según el Gérontas, para que uno vaya al desierto, son necesarias unas previas condiciones. O que vaya para ser subordinado a un Gérontas o pasar por la obediencia en un monasterio cenobita. Decía: “Si un monje joven se va solo a vivir en la hesiquia por su voluntad sin seguir a otro experto, si no se endemonia, progreso no tendrá de todos modos”. Un monje joven que le pidió ir al desierto, se lo negó diciendo: “Ahora no puedes vivir solo en la hesiquia”.

Aconsejaba el Gérontas a un monje del M. Atos que vivía solo en Kelí, que se estaba perdiendo en preocupaciones vanas e inútiles y no encontraba consuelo espiritual y reposo: “Toma la Filocalia y la cuerda de oración y sal allí a los castaños”.


A la pregunta de cómo uno podía hacer vida hesicasta hoy en día en Athos, respondió: “Es posible, cuando uno vive en el anonimato y no se mete en disputas con los mundanos”.

El Gérontas ayudó a padres que reunían las condiciones para hacer vida hesicasta. Gracias a él fueron reconstruidas muchas celdas y se edificaron crearon comunidades hesicastas.

Este es espíritu hesicasta que vivió y transmitió el Gérontas. Tenía grandes expectativas y muchas esperanzas sobre el hesicasmo y creía que “por el hesicasmo provendrá el renacimiento de la Iglesia”.




B 1.15 Nepsis.


Si es difícil para alguien hablar en general sobre el santo, es casi imposible describir su trabajo interior. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá” (Jer. 17,9).

Aquí apuntaremos unas mínimas cosas sobre su nepsis (atención, alerta espirituales).

Desde laico era un trabajador néptico. Tenía cuidado con sus relaciones, con sus pensamientos y con sus sentidos. Cada día hacía se examinaba a sí mismo. Había impuesto la condición sobre sí mismo de no mirar a las mujeres a la cara. Una familiar suya se quejó a su madre de que no la saludó, pero en realidad era que no la vio porque su pensamiento y sus ojos estaban girados hacia otro sitio.

No frecuentaba las cafeterías bares y evitaba las diversiones mundanas. “Una vez”, nos comentó, “en una casa había una fiesta. Yo me fui a dormir al pajar. Hice mi oración como si estuviera en el pesebre, y estaba pleno de alegría”.

“Cuando fui al Monasterio”, dijo una vez, “comencé haciendo mucha oración. Pero no me vigilaba ni examinaba tanto a mí mismo. Pasó algo de tiempo y me dije, “algo no va bien”. Entonces entendí que me faltaba la nepsis, el continuo examen y control de mi mismo. Al principio hace falta más atención que oración. No beneficia la oración si no hay nepsis. Debe nuestro sí mismo estar continuamente en nepsis. Observar cada movimiento nuestro. Más que la oración y el estudio ayuda la observación de uno mismo, la atención y vigilancia (nepsis).

Para cultivar la nepsis, el Gérontas trabajaba, siempre a un lado y en silencio, en los trabajos comunes en que participaban todos los monjes de los monasterios (“pankinés”). Cuando de Katunakia venía a Dafne, esperaba en las rocas él solo, hasta que llegase la hora de retorno. Desde Panaguda subiendo raramentea Kariés, prefería ir por un sendero desconocido y en horas enque no encontraría con hombres.

En el camino, rezaba con la cuerda de oración o “estudiaba sin libro”, es decir, algo que había leído lo repasaba en su cerebro.

Tenía trabajo interior espiritual, “la única que recompensa Dios”. Su corazón estaba ardiente por la memoria de Dios. Su nus estaba lúcido, claro y atento: fácilmente era arrebatado y se escapaba de las cosas mundanas o cósmicas a las extracósmicas.

Visitaron al Gérontas en Panaguda dos jóvenes amantes de los monjes, a la hora de la puesta del sol. Había cerrado la puerta y había comenzado sus labores espirituales. Les abrió, se sentaron en sala de visitas y le hicieron varias preguntas sobre temas espirituales. Respondía brevemente, porque su nus estaba en otra parte, cautivado por Dios. Estaba como extático. Hablaba, pero vivía y pensaba en otra cosa.

Por la experiencia y el continuo trabajo néptico, su nus rechazaba fácilmente los pensamientos malignos y los transformaba en buenos y divinos. Había hecho en su interior, según su expresión, “una fábrica productora de buenos pensamientos”. Decía sobre los estadios de los pensamientos: “Uno que trabaja para corregirse sí mismo, no ve los errores de los otros. El hombre espiritual lo ve todo claro y bien. Al principio lucha para no criticar. En el segundo estadio intenta traer un buen pensamiento sobre el de crítica; y en el tercer estadio interpreta todo bien. Entra el amor y la humildad. Cuando el alma es purificada, entonces no sólo no se esfuerza en hacer pensamientos “por la derecha” (inicialmente pero sólo en apariencia buenos), sino que tampoco vienen “por la izquierda”, es decir, que se ven que son malos directamente, ella las ve bien.


“En los asaltos de los pensamientos”, decía, “el mejor enfrentamiento es el desprecio; no darlos importancia. La conversación con el pensamiento es peligrosa, porque, aunque cien jueces se reúnan, no pueden salir victoriosos contra un diablillo.

Sobre la imaginación o fantasía, aconsejaba que evitemos cultivarla. Sólo si queremos expulsar alguna fantasía pecadora, entonces traemos santos iconos o sagradas escenas a nuestra fantasía, a nuestro nus, como el Juicio final, la Crucifixión, etc., de otro modo se aprovechará de ello el tentador.

Cuando viajaba en autobús y había ruido, salmodiaba en voz baja y aplacaba el ruido. En la Skete de Iviron le visitaba continuamente el Gérontas M. que quería conversar con él. El Gérontas le escuchaba de pie y silencioso y en su interior decía la oración del corazón. El otro se cansaba de hablar y se marchaba. El Gérontas no interrumpía su trabajo néptico ni hería a su hermano. Viendo la situación general decía: “Me preocupo y me entristezco porque veo que muchos monjes jóvenes no han aprendido a ganarse el pan solos”. Quería decir, que no aprendieron los trabajos básicos de los monjes, para que ser alimentados espiritualmente y progresar. Uno de estos trabajos es la nepsis, interesantísima e imprescindible para nuestra salvación. Pero conociendo la dificultad del sutil trabajo néptico para los jóvenes y especialmente para los monjes sensibles, decía con discernimiento: “El principiante que emprende sólo un trabajo sutil para sí mismo, pierde la cabeza como el contable principiante que entra en una empresa enorme. Aconsejaba que se ocupase primero de sus principales faltas y debilidades.

Recalcaba con ejemplos el gran valor de la nepsis: “Es necesaria mucha atención. Veo hombres que no han sido cuidadosos en las primeras etapas de sus vidas y hasta la vejez son los mismos, aunque se hayan hecho monjes. Si uno, digamos, quiere ir a un sitio, por ejemplo a Kariés, y está despistado, toma otro camino y sin darse cuenta acaba en otra parte. Así sucede también en la vida espiritual, cuando no tenemos nepsis. Con un destino comenzamos, pero hacia otro desgraciadamente nos dirigimos. Como Pitso que comenzó siendo mecánico, y finalmente resultó siendo fabricante de monedas. Cuando no hay nepsis, al principio se afloja nuestra mente, después el cuerpo y luego el hombre entero, y ya no tiene ganas de hacer nada, ni trabajo manual, ni espiritual. Por eso nos aflojamos; nos falta la nepsis continua”.


Su conciencia se había refinado y no admitía que algo la causase malestar. Era sensible y desdeñoso con el pecado, pero sensible y receptora de la Gracia. Decía que “monje es sobre todo una refinada conciencia. Nuestra conciencia ha de hacerse fina como un purito”. Si no sentía limpia y reposada su conciencia, no comenzaba la oración ni la lucha.

Aconsejaba el Gérontas a un monje que se despistaba con su servicio a los peregrinos, que se olvidaba de la oración del corazón y estaba en desgana: “Ten siempre en tu Kelí un libro abierto y cuanto entres, echa una ojeada, y una pequeña cuerda de oración para poder decir la oración y así no te olvidas”. Estas cosas las había probado y aplicado el mismo.

La nepsis es siempre necesria para el monje. “Al principio para recoger su nus en su interior, después para no caer en el engaño”. Sin nipsis los ataques o asaltos de los malos pensamientos se desarrollan en pasiones pecaminosas y “el hombre acaba siendo un supermercado de padecimientos”.

Especialmente recalcaba: “Si no nos atrapamos (nos observamos y nos acusamos) a nosotros mismos, nunca seremos corregidos, aunque vivamos mil años, sino que formaremos una imagen falsa sobre nosotros mismos, de modo que el día del Juicio tendremos demandas incomprensibles por nosotros de Dios”.

“En cada una de nuestras acciones debemos preguntarnos a nosotros mismos: “Bien, a mí esto me da reposo, ¿pero a Dios, le es agradable?” Si olvidamos hacer esto, después olvidamos también a Dios”.

Dirijámonos entonces a nosotros mismos completamente hacia Cristo y cada una de nuestras acciones y nuestros movimientos por pequeños que sean, preguntémonos cómo los verá Dios, y no los hombres”.

¡Tanto valor y peso daba el santo a la nepsis, de modo que nos la ha legado como un acervo. A un monje que le preguntó, antes de su dormición, con qué debe tener más cuidado, le dijo: “La devoción y la atención sobre ti mismo”.




B 1.16 La oración. Su regla.


La lucha principal del Gérontas era la adquisición de la oración. Creía que su servicio era la oración. Los otros ejercicios en la ascesis eran para ayudar a la oración. Según san Isaac el Sirio, obra admirable es: ”Bienaventurado es aquel que todas sus acciones corporales las ha transformado en el esfuerzo de la oración” (San Isaac el Sirio, Logos 23).

Probó todas las formas y tipos de oración. Desde que era laico leía el Oficio y practicaba la oración. Como monje joven participaba sin faltar en el culto común y aprendió el orden y el tipikón 24. En Stomio no dejaba nada de lo dice el tipikón. Su oficio duraba cinco horas cada día, aparte del canon.

Más tarde el Gérontas aconsejaba a un joven monje que se fue solo a una Kelí a dedicarse con celo a la oración del corazón, que leyese también algo el Oficio, porque después verá la cuerda de oración y temblará. Cosa que desgraciadamente sucedió y además tuvo consecuencias dramáticas. La oración es comida fuerte y sólida, pero algunos tienen necesidad también de la leche.

Daba gran importancia a la disposición del nus. Aconsejaba por su experiencia cómo valorar en los momentos libres la oración: “Para que la vida espiritual sea fácil, no debemos presionarnos y tensarnos a nosotros mismos sino preguntar a nuestro nus: “¿Quieres hacer el Oficio? ¿Quieres leer el Salterio, o quieres que hagamos un paseo diciendo la oración del corazón o algún Canon de Súplica con prosternaciones? Así no se cansa, porque lo que se hace se realiza con buena disposición y ánimo.

» Cuando nuestro alma está indispuesta y no podemos hacer prosternaciones, hagamos la oración del corazón sentados, o leer, o hacer lo que nos atraiga. El niño, cuando está desganado, no puedes obligarlo a comer. Le das lo que quiere. Después cuando se ponga bien, comerá también garbanzos. Así también el alma. En la oración debe participar todo el corazón. Las cosas espirituales hacerse con el corazón. La insignia espiritual se da sólo con la entrega espiritual, mediante el sacrificio.

“Para que uno pueda orar hace falta preparación. La oración es también la comunión, conexión con Dios, el orante recibe la Gracia de Dios de otra manera. Tal y como en la divina Comunión toma la Perla, en esta comunión tiene el fuego divino”.

El estudio de libros espirituales concentra el nus, calienta el corazón y prepara para la oración. “Por la noche”, decía el Gérontas, “antes de hacer el canon, es necesario el estudio, porque el nus está lúcido y descansado”. Especialmente “el estudio del Evangelio es imprescindible para la santificación del alma, aunque no entendamos el sentido y significado completamente. Que leamos libros sustanciosos, como a san Isaac el Sirio. Uno lee una frase y es capaz de alimentarte una semana, un mes, con las vitaminas espirituales que contiene. Hoy en día veo que muchos que leen, sienten una satisfacción pero no les tocan (no les afectan) las cosas que leen y no queda nada. Las pasan así a la ligera, “el agua pintada no quita la sed”, dice san Isaac el Sirio. Me acuerdo que leía algo de los libros Patrísticos, pero tomaba apuntes, hacía comparaciones con los santos Padres, veía qué lejos me encontraba y entonces me veía mejor a mí mismo”.

La salmodia era el elemento característico en su vida. Amaba la salmodia a pesar de que la consideraba oración imperfecta. Cantaba en las vigilias comunes y en la Divinas Liturgias en su Kalivi.

Musicalmente, aunque tuvo la oportunidad, no quiso aprender. Pero realmente cantaba con dulzura, devoción y entusiasmo. Tenía sensibilidad musical. Se conmovía entero, se volvía divino, su voz salía de su corazón, te transportaba al cielo. Tenías la impresión de que se encontraba ante Dios. Amaba particularmente algunas frases que las sabía de memoria: El “Dínamis” de san Nilos, el “Axión estí” del Papanikolaos en tono plagal del 4º, el “Querubínico” de Fokás en tono 4º, el “Confesad al Señor”, el “Desde mi juventud”, los lentos “Dios es el Señor”, los Himnos para la Comuinión en tono 2º, los troparios modelo lentos, los troparios dogmáticos a la Theotokos, etc. Decía: “Si en una vigilia decimos también algunos cantos lentos, esto transmite majestuosidad.


Aconsejaba: “Cuando estemos preocupados, debemos salmodiar”. La salmodia expulsa el diablo, porque es a la vez oración y desprecio de la tentación. Cuando vienen pensamientos no digamos la oración, porque así abrimos un frente con el Diablo y nos ataca más fuerte; salmodiemos cantando y con este desprecio el diablo reventará”.

Además de la salmodia, tenía ininterrumpida también la glorificación: “Gloria a ti Dios, gloria a tí Dios”, decía desde su corazón y lo repetía muy a menudo. Era un desbordamiento de gratitud hacia el Señor.

Recomendaba: “Mejor que evitemos las oraciones compuestas por nosotros mismos, al no ser que sea un estallido del corazón”.

Se aliviaba haciendo vigilia rezando en su Kelí, pero cuando participaba en vigilias comunes se unía al canto. Otras veces seguía silencioso y después se hundía en sí mismo, decía la oración y entonces estaba y no estaba presente. No medía la oración por horas, por cuántas palabras diremos o cuántas veces haremos la cuerda de oración. Principalmente le interesaba que fuese pura y lúcida, que llegase a Dios y produjese frutos. “Las otras cosas”, decía, “son para alargar la noche y decir que hemos hecha tantas horas de vigilia o tantas veces la cuerda de oración”.

El Gérontas amaba y cultivaba especialmente la oración, Señor Jesucristo, ten piedad de mí”, que es lo primero que aprendió desde niño de su madre. A partir de ir al Sinaí y después, la oración del corazón, con algunas excepciones, sustituyó todos los Oficios. Se hizo para él le respiración, alimento y regocijo. Había llegado a un estado de “zambullirse su nus en la oración del corazón” y continuar también en su sueño.

Insistía mucho en que no fuese interrumpida su oración continua. La decía también en su trabajo manual, en el camino y también cuando estaba con hombres. Siempre y en todo lugar. Haciendo trabajos manuales, dejaba un poco el trabajo, se arrodillaba en una parte tranquila, y se sumergía en la oración del corazón hasta que algún visitante con sus voces le hacía volver. Su posición acostumbrada era estar arrodillado con las manos y su cabeza pegados al suelo. Por las muchas horas de estar arrodillado sus rodillas se dañaron y con dificultad le mantenían en pie en las bajadas.

Es imposible para alguien hablar sobre la oración del Gérontas, porque sus senderos espirituales son inexpresables e indescriptibles. ¿Cómo describir los vuelos místicos del nus y sus elevaciones noéticas, si las desconocemos totalmente? Lo poco que referimos, muestra tenuemente su trabajo espiritual, no revelan claramente su medida, ni su estado espiritual.

Dijo una vez a un monje: “Yo a tu edad tenía fiesta cada noche”, dando a entender que su oración nocturna, es un “trabajo placentero”.*



* «Escoje para ti mismo el trabajo placentero de la vigilia continua por la noche, en la que los Padres se han despojado todos de su viejo hombre, y se han hecho dignos de la restauración y renovación del nus. En estas horas el alma siente aquella vida inmortal, y en este sentido se despoja de la prenda de la tiniebla u oscuridad y recibe el Espíritu santo » (San Isaac el Sirio epístola 3).




Una vez estaba rezando arrodillado en el bosque y le picó un escorpión, pero no interrumpió su oración.

Fácilmente y muy rápido era transportado su nus en la oración, perdía su contacto con el ambiente y estaba como si “no estaba”. Incluso cuando viajaba en coche o se encontraba con otros, decía en su interior la oración, y «estaba entero absorbido en Dios, se hacía uno con Él», tal como afirman testigos presentes.

El sabio y virtuoso monje Atanasio del Monasterio Iviron, una figura destacada del M. Atos, decía al bienaventurado p. Atanasio de Stavronikita: “Cuando me muera dile al p. Paísio que haga oración por mí. Que se enganche a la Panayía de su vestido y que le ruegue: «A Atanasio, a Atanasio…»”. El Gérontas entonces era mucho más joven y desconocido por muchos.

Consideraba natural que el monje se dedicara a la oración, al “Señor Jesucristo, ten piedad de mí.” Un monje joven dijo al Gérontas que se cansaba su cuello, cuando leía sólo el Oficio. “Tenemos también la cuerda de oración”, respondió, para incitarlo a la oración de Jesús.

Decía: “El nombre de Cristo es todopoderoso. La oración de Jesús es un arma terrible contra el diablo. Antes de la oración debemos confesarnos a Dios, ya que primero decimos o confesamos nuestras cosas al Gérontas, y después la oración del corazón. Así cada día lo comenzaremos bien, ponemos principio bueno.

Decir la oracíon con el nus y no con la voz, por eso se llama también oración noética. No se debe decir la oración ni deprisa –la cuerda de oración de 100 nudos no en no menos de un minuto y medio- porque entonces sentimos la oración, igual que cuando comemos de prisa, no saboreamos la comida, pero tampoco muy lentamente”.

A la pregunta: “¿En qué nos ayudará la oración?”, respondió: “A la percepción y el sentimiento de nuestra pecaminosidad y el agradecimiento por las donaciones o regalos de nuestro Dios nos hacen decir la oración con buen ánimo y no mecánicamente. Después se convierte en hábito. Cuando nos conocemos a nosotros mismos y pensamos nuestra ingratitud, entonces tendremos buena gana de querer decir la oración. Cuando nos despertamos, mientras que en nuestro sueño decíamos la oración del corazón, y continuamos diciéndola despiertos, eh, entonces comienza el dulce amanecer espiritual”.

Quería que la ascesis acompañe la oración del corazón o de Jesús. Las señales exteriores a las que hacen referencia los padres en la Filocalia, las consideraba sólo como auxiliares; tales eran la banqueta, la oscuridad, la inclinación de la cabeza, la respiración, etc.”, decía, “yo enciendo velas y rezo”. Si estas cosas se enfatizan exageradamente, pueden provocar perjuicios y daños psicosomáticos o conducir al engaño. La respiración, cuando es conectada fisiológicamente con la oración de Jesús, no técnicamente, la aceptaba.

Subrayaba los peligros de las desviaciones durante la práctica en el ejercicio de la oración de Jesús o del corazón, pero recalcaba también la finalidad de ella, diciendo: «Ahora la oración del corazón o de Jesús está de moda. Algunos creen que la oración es el nirvana y se sientan diciéndola, sin acordarse de nada más, para calmarse. Hacen un intento de orar y les duele la cabeza. Dicen la oración como si les hubiesen dado cuerda; ¿entonces qué, somos relojes?, ¡tik-tak, tik-tak! Pero así no se hace el despojamiento del viejo hombre. Debemos decir la oración con sentido y contacto consciente a Cristo Dios. El reconocimiento de nuestros errores es una cuestión grande para Cristo. Nos lo pide. Sólo que no debemos perder nuestra esperanza.

»Nuestra finalidad y propósito no es adquirir la oración incesante, sino despojarnos del viejo hombre. Dirigirnos hacia nuestro interior, conocernos a nosotros mismos y luchar para expulsar y alejar nuestras pasiones pecaminosas. Y observando estas pasiones pedir la ayuda de Dios. Así después queda también el hábito de la oración incesante. No debemos intentar adquirir la oración del corazón o de Jesús mecánicamente.

»No debemos aburrirnos diciendo la oración. Cristo es complaciente en hablar continuamente con nosotros ¿y nosotros permanecemos indiferentes? Tantas veces como uno habla (reza) con Cristo, nunca se arrepiente de haberlo hecho.»


***


El Gérontas, ya que había hecho muchas pruebas sobre sí mismo, intentando aplicar lo que escriben los libros ascéticos y siendo aconsejado por Gérontas experimentados, concluyó un tipikón (canon, regla). Según las fuerzas, la edad, el tiempo que tenía y el lugar en que se ejercitaba, ajustaba también su tipikón. Decía que “el monje” debe entrar en un canon monacal. Cada diez años debe hacer una revisión de sus fuerzas y regularse a sí mismo en la ascesis adecuada. Cuando uno es joven, tiene más necesidad de dormir y menos de descanso. Cuando envejece, le hace falta más descanso y menos dormir. La costumbre tiene una gran fuerza. A algo que el organismo se acostumbra, aunque no tenga la necesidad, cuando venga la hora lo pedirá.”

Su tipikón era aproximadamente de la siguiente manera: a las 15:00 (9ª hora bizantina) hacía la Novena y Vísperas, y después comía algo. Luego hacía Pequeñas Completas y algunas horas de cuerda de oración. Antes de medianoche se despertaba y comenzaba el canon y a continuación su Oficio litúrgico con cuerda de oración. Cuando terminaba, descansaba un poco, y después al amanecer comenzaba otra vez las tareas espirituales. Cuando no estaba distraído por la gente, hacía cada Hora en su hora y entre tanto hacía también el trabajo manual diciendo la oración del corazón. Por una temporada descansaba inmediatamente después de la puesta del sol, toda la noche estaba en vigilia y después descansaba un poco por la mañana. Al mediodía no descansaba.

No es posible hablar del tipikón del Gérontas cuando, siendo más joven, estaba en ascesis en el desierto del Sinaí, porque “cualquier senda en él eran la oración perpetua y un amor inimaginable a Dios”, (Escalera, Vida san Juan Clímaco, pág. 8), y hacía muchas horas de trabajo manual sin cansarse. Entonces no veía gente y estaba totalmente despreocupado y sin distracciones.

Cuando estaba en la Skete de la “Venerada Cruz” leía solamente los “Seis Salmos” de Maitines, el canon Mensual y por la tarde el “Theotokario” de san Nicodemo.25

El resto de tareas las hacía con la cuerda de oración. En la Skete de Panaguda hacía tres cuerdas de oración de 300 nudos a Cristo, uno a la Panayía, uno a san Juan el Precursor, uno al santo del Día y uno a su santo. Después lo repetía para los vivos y de nuevo una tercera vez para los difuntos, y rezaba también por casos especiales.

En sus últimos tiempos, a pesar de la gente que le hacían ocuparse de ellos todo el día, hacía más de 40 cuerdas de oración de 300, además de su canon y su Oficio litúrgico.

El Salterio lo dividía en tres partes y lo terminaba en tres días. En cada salmo rezaba por la correspondiente categoría de los hombres, de acuerdo con los casos que san Arsenio había dividido los salmos, y hacía memoria de los nombres. De esta manera no se cansaba de leer incluso 6-7 catísmata 27 seguidos.

La Semana Santa de cada año, para poder participar más en los Padecimientos de Cristo, los leía en los Evangelios. Desde el arresto de Cristo hasta el Descendimiento de la Cruz, es decir, desde el Jueves Santo por la noche hasta el Viernes Santo por la tarde, no se sentaba, ni dormía, tampoco comía. Sobre todo decía vale la pena forzarnos a nosotros mismos para no comer estos dos días (Viernes Santo y Sábado Santo), que los tres día de la Semana Limpia. Sólo bebía un poco de vinagre, para recordar la que le dieron al Señor. Estos días no abría la puerta a nadie. Permanecía encerrado en su celda y no tenías ganas ni de salmodiar. “Primera vez sentí una situación así”, dijo últimamente en la “Panaguda”.

El Gérontas no transgredía sin razón su tipikón. Lo cumplía con celo. Era un monje preciso. “Aunque me retuviesen cuatro personas, mi canon no lo dejo”, decía. Es decir, cuando estaba muy enfermo, de modo que no podía estar de pie, de ninguna manera dejaba el canon. Lo consideraba como un perjuicio y daño grande dejar deudas y no realizar los deberes monacales. “En aquel día estoy… (movía su cabeza dando a entender que no estaba bien).

En los últimos años, en que había aumentado el número de visitantes y no le dejaban hacer a su hora las Vísperas, decía, “para no perder el oficio litúrgico, hago las Vísperas por la mañana y digo el tropario “Luz apacible de la santa gloria del Padre Inmortal…” en el momento en que salía el sol. Después estaba totalmente libre. A veces, cuando había una necesidad, lo sacrificaba todo gracias al amor. Hacía su vigilia no rezando, sino y consolando padeciendo junto con algún alma dolorida y fatigada, porque Dios “quiere misericordia y no sacrificio” (Mt. 9,13).

Por el siguiente fragmento de una carta suya a un hijo espiritual, se ve en parte también el tipikón del Gérontas: “Sobre el programa que me escribís, probad por un corto espacio de tiempo lo siguiente: Con la salida del sol comenzad con la 1ª Hora, un cuarto de hora. Otro cuarto con prosternaciones y cuerda de oración para los niños –“para todo hombre venido al mundo”- para que sean guardados puros en el mundo, y para los que permanecen en castidad. Estamos incluidos nosotros también dentro de esto. Después sentado, otra media hora con la oración del corazón o de Jesús y así se cumple una hora después de la salida del sol y acaba la 1ª Hora. Dos horas libres de desarrollo y provecho espiritual, estudio, oración, y si hay ganas también salmodia. Entiendo que libremente, cómodamente debe moverse el alma en la tarea espiritual o en algún trabajo manual que tiene.

»Después comienza la 3ª Hora, igual que en la 1ª, con la diferencia de que está dedicada al clero, y a las naciones para que lleguen al conocimiento de la verdad. Creo que no es pecado que alguien diga (excepto en la Cuaresma), “Señor, Tu Santísimo Espíritu, en la tercera hora….”. Y lo mismo que después de la 3ª Hora, otras dos horas libres para realización y provecho espiritual u otro trabajo necesario, y después lo mismo en la 6ª Hora, con la diferencia de que está dedicada al mundo, para que el buen Dios conceda arrepentimiento y cambio. Después de dos horas lo mismo o descanso hasta la 9ª, y después haced la 9ª de la misma manera dedicada a los difuntos, y luego las Vísperas.

»Sobre la comida no digo nada, porque esto lo reguláis vosotros según vuestro aguante. Lo único es que uno no debe llegar hasta el punto de marearse, cuando no hay guerra, para poder tener claridad en combatir mejor, porque el combate se hace contra los pensamientos y en los inicios de la vida espiritual hace falta que el nus sea ayudado para que encontremos la verdad. Pero cuando el hombre encuentre la verdad, a Cristo, su lógica o razón ya no le hace falta. Lo mismo también cuando el hombre progresa, no le hace falta este tipo de claridad que me refiero, debido a que ya uno sale de sí mismo y se mueve fuera de la atracción de la tierra y ya no es iluminado por el sol sensible, de una creación, sino por el Creador.

»Después de las Vísperas y de las Pequeñas Completas, después de la puesta del sol dedícate tres horas a la oración. O junto con las Pequeñas Completas y tu canon, completar las tres horas. Son las mejores horas para la oración. Después dormir seis horas y después el Oficio de Medianoche y Maitines. Podéis leer algo y después decir la oración del corazón. Para que no tengáis ansiedad (o mirar la hora) o estar atentos a las cuerdas de oración, poned el despertador a sonar después de las horas que queráis estar orando.

»Intentad hacer aunque sea la quinta parte de lo que os escribo, a fin de no os cree ansiedad, para que no os pase como los pobres terneros, que si al principio se dificultan bajo el yugo, y luego perciben que quieren ponerlos el yugo para arar en la tierra, se van».


De este tipikón vemos que el espíritu del Gérontas era la mucha ocupación espiritual, pero con conformidad y buena disposición.

A otro discípulo suyo, que también estaba sólo ejercitándose, le dio en siguiente tipikón, donde se ven también otros detalles sobre el canon monástico y la vigilia particular:

1. Tipikón monástico.

Cuando estamos en equinoccio (Marzo, Septiembre).

Hora 15:00 (9ª bizantina): 9ª y Vísperas.

Hora 16:00: Cena, excepto Lunes, Miércoles y Viernes.

Pequeñas Completas con la puesta del sol.

Hora 3:00: levantarse.

Hora 3:00-4:00: Canon.

Hora 4: Oficio litúrgico.

Hora 11:00: comida (cuando toca comer solo una vez).

Hora 11:00-15:00. Servicio-Trabajo manual.


2. Canon monástico

1. Una cuerda de oración de 300 para el Señor con santiguaciones y pequeñas prosternaciones, hasta que la mano toque la rodilla. No daña si se doblan un poco las rodillas. Ayuda a que no se cansen las rodillas, y ofrece un recogimiento y contracción del corazón, porque con el arrodillarse mostramos nuestra adoración a Dios.

2. Cuerda de oración de 100 nudos para la Panayía. “Santísima Madre de Dios, sálvame”, con pequeñas prosternaciones arrodillamientos y santiguaciones, igual que antes.

3. “Gloria… ahora y siempre… [Aleluya (x3) Gloria a ti Dios] (x3), con tres prosternaciones grandes.

4. El salmo 50 (“Ten misericordia de mí oh Dios…”) en voz baja y prosternaciones grandes, las que hagan falta hasta que termine el salmo.

5. Troparios hacia la Panayía: “Bondadosa que a todos proteges….”, “Toda mi esperanza...” etc. con grandes prosternaciones.

6. “A ti se debe la gloria, Señor nuestros Dios…” Doxología (Glorificación), en voz baja con prosternaciones grandes.

7. “Digno es…” con grandes prosternaciones.

8. Gloria… ahora y siempre… [Aleluya (x3) Gloria a ti Dios] (tres veces), con tres prosternaciones grandes.

Las prosternaciones pueden ser densas o dispersas según la disposición de cada uno.

Esta es la primera fase para nosotros mismos. Repetimos lo mismo diciendo: “Señor Jesús Cristo, ten piedad de tus siervos” y “Santísima Madre de Dios, salva a tus siervos”. Oración por la gente. Podemos hacer memoria también los nombres de las personas que tienen necesidad.

Lo mismo de nuevo por tercera vez diciendo: “Señor concede reposo a las almas de tus siervos” “Santísima Madre de Dios”, ayuda a tus siervos”.

Al final hacemos una cuerda de oración de 100 para el santo del Monasterio. Después leemos el Oficio litúrgico y luego descansamos un poco.

El monje, antes de dormir, debe cruzar sus manos sobre su pecho y decir troparios fúnebres, para recordar la muerte.

El canon del monje del gran hábito son 300 prosternaciones y 12 cuerdas de oración (de 100 nudos), el de pequeño hábito (o “rasoforo”, portador del raso) 150 prosternaciones y 12 cuerdas de oración y el novicio 60 prosternaciones y 6 cuerdas de oración.


3. Tipikón canon de vigilia con cuerda de oración

1. Gloria a ti Dios… (3)* cuerdas de oración de 300 nudos.

Alégrate, Novia sin desposar (1)

*Los números entre paréntesis expresan el número de cuerdas de oración, de 300 nudos cada una.

2. Señor Jesús Cristo ten misericordia de mí (3)

Santísima Madre de Dios, sálvanos. (1)

3. Señor Jesús Cristo ten misericordia de mí (por los padres) (3)

Santísima Madre de Dios, sálvanos (por los padres) (1)

4. Cruz de Cristo, sálvanos con tu poder (3)

5. Señor Jesús Cristo… (por los difuntos) (3)

Santísima Madre de Dios… (por los difuntos) (1)

Súplicas-Lecturas.

6. Señor Jesús Cristo… (por los benefactores) (3)

Santísima Madre de Dios… (por los benefactores) (1)

7. Señor Jesús Cristo… (por el mundo) (3)

Santísima Madre de Dios… (por el mundo) (1)

8. Señor Jesús Cristo… (por los enfermos) (3)

Santísima Madre de Dios… (por los enfermos) (1)

9. Señor Jesús Cristo… (por la hermandad) (3)

Santísima Madre de Dios… (por la hermandad) (1)


Para los difuntos, mediante santos que los veneramos especialmente.

Por lo expuesto antes se ve la libertad del Gérontas, que no se compromete con reglas y cánones típicos. Ofreció una medida para ayudar al monje, pero en el tema del dormir y del comer no lo determinó detalladamente. Ha dejado que cada uno lo regule por sí mismo, según sus fuerzas y su lucha. Su propia vida tan elevada no se la imponía a nadie. No caben todos los hombres en el mismo molde. Fácilmente uno puede distinguir algunos elementos, como las prosternaciones, la glorificación (doxología) y la oración por los vivos y los difuntos.

Finalmente exponemos el canon de la vigilia que dio a un Monasterio femenino para la misma vigilia en la Kelí. Es de los últimos años de su vida. En este canon domina la oración por el mundo.


Orden de la vigilia.

El canon lo hacemos al principio o al final, tal como cada uno lo prefiera.

Comenzamos con algo de estudio.

Después hacemos las siguientes cuerdas de oración, diciendo:

1 de 300 nudos: Gloria a Ti nuestro Dios, gloria a Ti.

1 de 100: Alégrate, Novia sin desposar.

Después, Gloria…ahora y siempre. Aleluya, aleluya, aleluya; gloria a Ti Dios (x3), Señor ten piedad (o misericordia) (x3); Gloria… ahora y siempre. Salmo 50. “Bajo tu caridad Madre de Dios nos refugiamos…”. Glorificación y “Digno es”. Todo esto se hace con prosternaciones.

Luego continuamos de la siguiente manera:

1 de 300: Señor Jesús Cristo ten misericordia de mí.

1 de 100: Santísima Madre de Dios, sálvame.

Después hacemos la Súplica (voluntariamente).

1 de 100: Cruz de Cristo, sálvanos con tu poder

1 de 100: San Juan Bautista de Cristo, ruega por mí (por mi arrepentimiento y cambio, o “metania”).

1 de 100: Santo (Apóstol) de Cristo, ruega por mí (a san Juan el Teólogo por el amor).

1 de 100: Santo de Dios ruega por mí (a san Arsenio, para la salud).

Después las siguientes peticiones:

Para los Gérontas:

1 de 300: Señor Jesús Cristo ten misericordia de tus siervos.

1 de 100: Santísima Madre de Dios, salva tus siervos.

Para la hermandad:

1 de 300: Señor Jesús Cristo, ten misericordia de nosotros.

1 de 100: Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Para los difuntos:

1 de 300: Señor Jesús Cristo, da reposo a tus siervos.

1 de 100: Santísima Madre de Dios, da reposo a tus siervos.

Para los benefactores:

1 de 300: Señor Jesús Cristo ten misericordia de tus siervos.

1 de 100: Santísima Madre de Dios, salva a tus siervos.

Tres cuerdas de oración de 300 nudos con petición general de la siguiente manera:

- Dios mío, no abandones a Tus siervos que viven alejados de la Iglesia, que Tu amor actúe trayéndolos a todos cerca de Ti.

- Acuérdate Señor de Tus siervos que sufren por la enfermedad del cáncer.

- Acuérdate Señor de tus siervos que sufren pequeñas o grandes enfermedades.

- Acuérdate Señor de Tus siervos que sufren de invalidez física.

- Acuérdate Señor de los que sufren discapacidades psíquicas.

- Acuérdate Señor de los gobernantes (presidentes, ministros, etc….) y ayúdalos a que gobiernen cristianamente.

- Acuérdate Señor de los hijos que provienen de familias problemáticas.

- Acuérdate Señor de las familias problemáticas y de los divorciados.

- Acuérdate Señor de los huérfanos de todo el mundo, de todos los doloridos y perjudicados injustamente en la vida, los viudos y las viudas.

- Acuérdate Señor de todos los que están encarcelados, los anarquistas, los asesinos, los maltratadores, los drogadictos, los malhechores, los ladrones, ilumínales y ayúdales a corregirse.

- Acuérdate Señor de todos los exiliados y emigrantes.

- Acuérdate Señor de todos que viajan por el mar, por la tierra, por el aire y protégelos.

- Acuérdate Señor de nuestra Iglesia, de los padres (clérigos) de la Iglesia y de los fieles

- Acuérdate Señor de las hermandades monásticas masculinas y femeninas, de los gérontas y las geróntisas, de todas las hermandades y de los padres del M. Atos.

- Acuérdate Señor de Tus siervos que están en tiempos de guerra.

- Acuérdate Señor de tus siervos que son perseguidos por las montañas y por los campos.

- Acuérdate Señor de Tus siervos que son perseguidos, para ser cazados como pajaritos.

- Acuérdate Señor de Tus siervos que han dejado sus casas y sus trabajos y son fatigados e incordiados.

- Acuérdate Señor de los pobres, de los que están sin casa y de los refugiados.

- Acuérdate Señor de todas las naciones, tenlas en tus brazos y cúbreles con Tu Santa Protección, protégelos de todo mal y de la guerra.

- Acuérdate Señor de las familias, fatigadas, abandonadas, perjudicadas injustamente y concédelos tus ricas misericordias.

- Acuérdate Señor de tus siervos que sufren de todo tipo de problemas psíquicos y corporales.

- Acuérdate Señor de tus siervos que han pedido nuestras oraciones.

Los difuntos no pueden ayudarse a sí mismos y esperan de nosotros que les ayudemos, tal y como esperan los encarcelados una naranjada.

No hay parada para descanso en la vigilia; el que quiera, que la haga.


El Gérontas deseaba que el monje que hace su ascesis en solitario, debe tener tipikón, para que le ayude en su lucha.

Aconsejaba: “Prepárate desde tu Kelí con oración para tu servicio y del servicio a tu Kelí. Así estarás siempre sereno y alegre. Cuando uno está distraído, su mente deambula. Ayuda mucho a uno tener un programa desde por la mañana, para que no se cree confusión por los pensamientos.

Sobre los que no tenía responsabilidad espiritual y no podía seguirlos, no les daba un canon. Un estudiante una vez le pidió que le mandase un canon para sí mismo y el Gérontas le contestó: “No puedo, porque el médico cuando da una receta al enfermo, debe estar cerca del enfermo para seguirlo”. Se limitó solo en darle algunos consejos útiles para la vida espiritual.

Respetaba infinitamente lo que habían definido los santos Padres. A uno que sin motivo actuaba de forma arbitraria sobre su canon litúrgico le hizo la siguiente observación: “Muy bien, vale, no se acaba el mundo si cambiamos algo, pero así nos ponemos a nosotros mismos por encima de los santos Padres”.

El Gérontas aplicó con respeto y devoción los cánones litúrgicos de la Iglesia y fue ayudado por ellos a alcanzar a un canon espiritual y encontrar lo más esencial: la permanencia de la oración incesante, la cual nos une con el Dios.




B 1.17. Desapasionamiento.


El Gérontas decía que “al Monasterio venimos para la perfección. La vida monástica es la vida perfecta y nosotros con nuestras vidas la degradamos”. A esta vida aspiraba y por ella derramó sudores y sangre.

La coherencia, la precisión y la búsqueda de la perfección en el Gérontas por la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos son admirables. Consiguió hacer de sí mismo “casa de desapasionamiento” (Escalera 26,14), con el material de las virtudes. El tesoro del desapasionamiento está compuesto por todas las virtudes. El desapasionamiento se parece a la corona que está constituida por todas las flores (virtudes). Si falta aunque sea una virtud, no se completa el desapasionamiento. “El desapasionamiento es composición y unión de muchas virtudes y en vez de alma tiene el Espíritu Santo” (San Pedro Damasceno, Filocalía, t.3). No luchaba ya contra las pasiones, puesto que las había sometido, sino que se enriquecía continuamente con las virtudes. Sus panales espirituales se habían llenado de miel, que endulza y alimenta a muchos.

Además de esto, el desapasionamiento del Gérontas se ve también por su suma pureza*


* “Tan alto y grande es el elogio de la pureza o castidad de modo que algunos de los santos Padres se han atrevido de llamarla apasionamiento” (Escalera 15,65).



No sólo le “protegió el Señor de pecados carnales” como confesó una vez, sino que su pureza alcanzaba al punto de no acceder ni consentir nunca pensamientos carnales. Y sólo con acordarse de algún asalto de un pensamiento indecente después de años, se ponía rojo por la vergüenza como un niño pequeño. Incluso cuando dormía y era tentado por alguna fantasía demoníaca, combatía con intensidad y saltaba despertándose de su sueño. Esto sucedía al principio; más tarde era totalmente inamovible por semejantes tentaciones.*



*“Demostración de pureza verdadera es que uno no sea influenciado por las fantasías indecentes que se presentan en los sueños” (Escalera 15,9).




Como miraba con desapasionamiento, el ver la belleza femenina* no le escandalizaba, ni le influenciaba. Los pocos casos de guerra carnal que se han referido, tenían como causa algún pensamiento de crítica o vanagloria.



* “Tres son los estados éticos que existen para los cristianos practicantes o los monjes. Primero consiste en no pecar para nada con la acción. Segundo, en no retener largo tiempo en el alma los pensamientos apasionados. Y tercero, en ver uno con su mente a los que le han ofendido, y las formas de las mujeres, sin pasión” San Máximo, Filocalia, sobre el amor 2. 81).




Su estable estado espiritual, la paz* y la plenitud de alegría que sentía, manifiestan a un hombre liberado de las pasiones y la plenitud de la Gracia del Espíritu Santo.



*Desapasionamiento es el estado pacífico de la psique, durante el cual la alma difícilmente se mueve hacia el mal (San Máximo, Filocalía t.2. pág.6”)




Cruzó el mar de las pasiones, hizo no sólo cesar el trabajo del pecado en la acción y en la mente, de los pensamientos pecaminosos, sino que adquirió inamovilidad hacia las pasiones.*



* ”Ver san Máximo, sobre Teología, Filocalia, tomo 2, p.137)




Purificó, expió y sometió su carne con sus ascesis prolongadas, haciendo el esfuerzo descanso y aspirando al dolor. Evitaba el placer que nos conduce a las pasiones. Incluso el placer espiritual en la oración, no lo busacaba. “El que se ha liberado del hedonismo carnal y no tiene miedo a ningún dolor, éste se ha convertido en desapasionado.

Los carismas del Gérontas eran motivo para mayor lucha y humildad.*



*“Mucha humildad, genera el desapasionamiento (apazia)” (Escalera 26 (3) 55).




Como era de carácter humilde no se ensalzaba cuando le alababan ni se entristecía cuando le calumniaban. Estaba en estado de desapasionamiento, porque tenía memoria de Dios.*



* “El desapasionamiento consiste y está constituida en la memoria de Dios” (Santos Calixto e Ignacio los “Xanzópuli”, “Sobre vivir en hesiquia”, Filocalia, t.4, pág. 282).




Pensaba en Dios, o hablaba a los hombres sobre Dios, o rezaba a Dios. Bendiciendo y orando su nus sobresalía de la realidad terrenal, era arrebatado en contemplación divina, sin ser molestado por los asaltos de los pensamientos.*



* “Cuando durante la oración no te molesta en el nus ningún concepto del mundo o mundano, entonces que sepas que esta persona no está fuera de las fronteras de la apazia” (San Máximo, Filocalía tomo 2).




Su nus limpio contempló el nuevo siglo. El Gérontas vestido ya la “vivificante necrosis” y hablando sobre Dios, transmitía el aroma de vida eterna y la dulzura del divino amor.

Según san Máximo el Confesor, “del desapasionamiento nace el perfecto amor” (Filocalía t.2 pág. 50), y “la aplicación y cumplimiento de los mandamientos es demostración de amor hacia Dios. Principio del amor es la inmensidad de la humildad. La inmensidad de la humildad es hija del desapasionamiento. La adquisición del desapasionamiento es la plenitud del amor, es decir, habitar plenamente en Dios a los que han llegado al desapasionamiento (Escalera 26.3,55), “bienaventurados y felices los que han hecho la catarsis del corazón porque ellos contemplarán a Dios”




B 1.18 Amor majestuoso *


*Amor majestuoso es expresión del Gérontas, significa que uno no aspira a la recompensa. Es decir, uno ofrece como hace un soberano cuando algo regala sin esperar recompensa. Por falta de este amor provienen las fatigas, las angustias y las tentaciones, porque generalmente por costumbre los hombres piden y buscan reconocimiento y recompensa. El Gérontas sólo con dos palabras indicó la posición correcta hacia el prójimo.



El punto culminante y la corona de todas las luchas del Gérontas era el amor. Decía: “Siento por todos los hombres el mismo amor que tenía por mis familiares. Ahora siento a todo el mundo como hermanos”.

El Gérontas estaba pleno de amor por el hombre, por la creación, y ardía de divino amor.

Desde niño practicaba la caridad, daba limosnas y ayudaba a muchos. Los hombres pobres de Kónitsa, cuando tenían necesidades acudían a él y pedían ayuda. “A causa de la condolencia por el gemir de los pobres” daba hasta la ropa que llevaba puesta. Con su gran amor abrazó a los pueblos de la región de Kónitsa y encontró el modo de ayudar a “los que pasaban necesidades y estaban enfermos”. Daba gran importancia a la caridad. La tenía como criterio para ver si alguien era digno de la misericordia divina y de la salvación. “Puede el otro mostrase indiferente, pero si siente aflicción por un enfermo, si hace caridad, no te preocupes por él”.

Participó ayudando en el entierro del gero-Pródromos en la Kelí vecina de san Juan el Teólogo. Le hizo impresión que los huesos estaban amarillos, porque la ocupación principal de gero-Pródromos era la de arriero y no tanto con lo monástico. El Gérontas dijo: “parece que practicaba la caridad”.

Se preocupaba por la desigualdad social. “¡Qué Cristianos somos, si tenemos dos o tres viviendas y casas de campo, y los demás no tienen ni dónde apoyar la cabeza!”

Animaba a los hombres a que fuesen misericordiosos y caritativos, porque creía que, “cuando recibes algo, recibes la alegría humana. Pero si lo das, recibes la alegría divina. El recibimiento espiritual se hace con el dar”.

Su caridad no tenía límites. Todo lo repartía y comprendía las necesidades de cada uno, antes de que le pidieran ayuda. Los alimentos y la ropa que le mandaban los repartía con discernimiento entre monjes enfermos o pobres y entre los niños de la Academia de Athoniada. Nadie se iba de él vacío y sin bendición. Junto con la invitación típica pero rica de los monjes, repartía bendiciones, Cruces, cuerdas de oración, pequeños iconos, libros, etc., y ayudaba espiritualmente. Los hombres salían de allí con alegría y aliviados.

“Era un hombre que continuamente se ocupaba de cómo hacer el bien; si es posible, que no pasase un momento sin que ayudase a un hombre”, nos testifica Keti Patera. Y el bien que hacía tenía gracia y belleza, porque tenía un modo especial y finura. No quería sentirse obligado, te veía como un hermano y te hacía sentirte cómodo.

Aunque daba fácilmente, sin embargo se dificultaba en recibir. Y cuando recibía el regalo, para no herir al que se lo daba, de otra manera lo recompensaba más de lo que recibía.

Aunque el mismo no tenía nada, sin embargo guardaba un poco de dinero, para entregarlo en casos urgentes. Por ejemplo, cuando un joven con problemas venía al M. Atos y se quedaba sin billetes el Gérontas le ayudaba.

Podría, si quisiera, ayudar materialmente a muchos pobres, porque confiaban y le daban grandes cantidades de dinero, pero el Gérontas no lo cogía. A veces, a algunos con necesidades graves, los mandaba a la persona adecuada, ya que sabía que serían ayudados. No aspiraba a hacer una caja de ahorros para caridades, pero logró convertirse y hacerse caja de ahorros de la Gracia divina para poder ayudar espiritualmente a los hombres. No se parecía a un pozo cerrado, sino a una fuente que fluye continuamente sin parar. El agua de la Gracia riega los árboles, los pájaros, los animales salvajes y de nuevo sobra.

Cuando veía a uno con una especial necesidad, le entregaba su corazón e indispensablemente también alguna bendición (regalo). En los casos en que no tenía nada para dar, daba su cuerda de oración o su prenda de punto.

¡Gracias a su gran amor sacrificaba incluso hasta su devoción! Objetos sagrados, a los que tenía una devoción especial, no dudaba en regalarlos. Regaló la Cruz que vestía con un fragmento de la Venerada Cruz de Cristo o una vez una concha que contenía una muela de san Arsenio, para trazar con ella la señal de la Cruz sobre los enfermos y a los endemoniados. ¡Sólo el que conocía su amor ardiente hacia santa Eufemia puede entender algo de su sacrificio de privarse de un trozo de su santa Reliquia! Esto fue por condescendencia de Dios para que estuviese en sus manos, y esto no sucedió sólo una vez, -porque la anta economizó de modo que adquiriera repetidamente bendición de su santa Reliquia- con el resultado al final no tener la presencia física de la santa por la que tenía gran devoción. Lo mismo sucedió también con iconos que habían manifestado señales milagrosas.

La manifestación de su amor incluía también el control y la reprimenda de algún desviado. Igual que la madre riñe al niño que se va de cerca de ella, lo mismo también los hombres entendían su amor y aceptaban favorablemente las observaciones y revisiones del Gérontas. Sabían que tenía razón y sentían seguridad.

Impresionaba mucho su bondad. A hombres que le acusaban y estaban enemistados con él, les perdonaba y oraba por ellos. Si se enteraba que habían caído en tentación y necesidad, corría para ayudar de corazón a la persona que sufría como si fuera su hermano. “Si no perdonamos a los demás, nos encontramos fuera del paraíso”, recalcaba.


El amor del Gérontas se desbordaba y abrazaba hasta a los animales salvajes. Ellos la sentían, se acercaban a él y comían de sus manos. Decía: “Diré a Cristo: -Cristo mío, ten piedad de mí, de la bestia”; Y si me pregunta: ¿tú has tenido piedad para las bestias? ¿Qué le responderé?

Realmente tenía piedad y caridad por las bestias y las quería como creaciones de Dios. Decía: “Estos pobrecitos no esperan otro paraíso”.

Cuando se marchó de Katunakia dejó en la Kelí un gato. Por compasión sacrificó dos días y fue a llevárselo. En Panaguda, cuando era de noche venía fuera de la puerta y se ponía a maullar un gato desconocido, el Gérontas se levantaba, incluso cuando estaba enfermo, y abría la puerta para dejarle pasar al comedor a comer y protegerse del frío y la lluvia.

El señor Drosites Panagiotis, presidente oficial de los Juzgados de Apelaciones, testifica: “El amor del Gérontas era incomparable e incondicional, abrazaba a todos los hombres, a la creación, incluso a los demonios. Le vi visto recibiendo en su Kalivi un hombre de otra religión con ardor y con la cordialidad de un hermano querido. Escuché de él mismo que oraba con lágrimas por la desgracia del demonio, y éste se presentó burlándose de él. Le he visto incluso ocupándose con ternura y con de las plantas, con las hormigas, los reptiles y el resto de los elementos del reino animal.”

Un día un clérigo encontró al Gérontas sentado en un tronco talado en el patio dando de comer malvaviscos a las hormigas. “Los doy reposo”, dijo, “y los endulzo, porque ellos por sí solos no entienden como parar un poco para comer y descansar”.

Tal y como el alma es más valiosa que el cuerpo, así también la caridad espiritual es incomparablemente superior que la material. El mismo, ya que trabajó humildemente y adquirió virtudes, esparcía humildemente por amor sus vivencias místicas. Esta era su mayor donación, porque daba caridad espiritual y ayudaba muy positivamente a las almas débiles y perturbadas en la fe.

Sólo por esta razón sufría “hemorragia espiritual”, tal y como llamaba a la revelación de los “misterios inexplicables o no enseñables”. Es esta también una cualidad del amor de los perfectos, no poder retener nada para sí mismos” (San Isaac el Sirio, “Logos 85”).

Toda la vida del Gérontas era una ofrenda, vaciamiento de muchas maneras, en cada ocasión. “El hombre” decía, “cuando hace el bien, se disuelve, está todo bien y vuela, no piensa ni se tiene en cuenta a sí mismo. Cuando hace suyos los problemas de los otros no tiene problemas propios.”

Rezando por los enfermos decía: “Dios mío, ayuda al enfermo y llévate de mí mi salud”, y aceptaba con alegría cuantas enfermedades le concedía Dios.

Cuando el Gérontas hacía una terapia en el hospital de Kónitsa, Crisanzi, una chiquilla que ayudaba a la señora Patera, enfermó de cáncer en los intestinos. El Gérontas la compadecía, la santiguaba y rezaba por ella. Oraba: “Cristo mío, dámelo a mí el cáncer, yo debo tenerlo”. Y el buen Dios no rechazó su petición. Al final según su deseo recibió la dolorosa enfermedad del cáncer, con la que acabó, aunque en toda su vida se compadecía de los enfermos y especialmente de los pacientes de cáncer.

Decía: “Vienen hombres y me cuentan sus aflicciones y se llena mi boca de amargura, como si hubiese comido cebollas. Y cuando viene alguno que veo que está mejor o se ha solucionado su problema, digo: “Gloria a Dios, me han dado también un trozo de turrón”. Cuando escucho el dolor del otro, aunque esté yo sentado sobre cristales rotos y pisando pinchos, no lo noto. Cuando el otro realmente padece, puedo hasta morir para ayudarlo.”

Una vez estaba orando arrodillado en una ermita con un joven angustiado. El corazón sensible del Gérontas no aguantó. Estalló en sollozos. Sus lágrimas corrían abundantemente y mojaron una pequeña alfombra. En otro caso de un monje del M. Atos con muchas tentaciones, el Gérontas se deshizo en lágrimas y sollozos. Un joven le narraba tormentos y junto con él lloraba también el Gérontas. “Para hijo mío”, le dijo, “porque nos verá alguno llorando y se creerá que estamos locos”.

Participando en el dolor de los hombres se olvidaba de sí mismo, de su progreso, de sus enfermedades y hacía la oración del corazón. “Cristo mío”, decía, “déjame a mí, no me tengas en cuenta. Mira los hombres que están atormentados.

Sus oraciones llenas de compasión y lágrimas eran acompañadas de ayunos y esfuerzos sin medida. Cuando se enteraba de que un joven corría peligro psíquico y corporal, por muchos días, no comía nada, ni dejaba de orar, hasta que se enteraba de que el joven se había escapado del peligro.

Hacía cuaresmas completas de ayuno para que fuese ayudada un alma. Existen casos concretos conocidos: el de un joven que quería conocer la voluntad de Dios sobre qué camino tomaría, para un joven monje que no conseguía estabilizarse, para un aspirante a monje que luchaba para vencer una pasión, etc.

En toda su vida estaba en ayuno, se esforzaba y oraba por el pueblo de Dios, movido por su gran amor. Esta era su fuerza motriz. Sus luchas y sus oraciones emanaban el aroma de su amor.

Otro acontecimiento indicativo de la medida de su amor, tal y como el mismo lo comentó: “Estos días he sentido tanto este tipo de amor por todos. Abría mis brazos y decía, si fuera posible abrazar y nutrir incluso a los árboles.” Hacía un movimiento característico, como si quisiese abrazar a una persona muy querida.

El Gérontas para alcanzar a las medidas del perfeccionamiento, del amor verdadero, no se tenía en cuenta a sí mismo. Repudiaba el amor propio egoísta y en su lugar ponía el amor a Dios y al hombre. Nos testifica un monje del M. Atos: “Lo especial que tenía el Gérontas Paísio era que no se tenía en cuenta a sí mismo. Una vez le dije: “Padre, calcula algo para también ti mismo”, y me respondió: Cuando vienen los hombres con problemas, ¿qué hago? ¿a mí mismo voy a mirarme?

Incluso en sus últimos años aquí con su gran agotamiento por la hemorragia continua, cuando veía que había necesidad, se olvidaba de su situación y, tanto si estaba colgado a la valla de su Kalivi, como si caído sobre las maderas que tenía como asiento, “apoyaba y consolaba a los hermanos”.

Realmente, si el amor propio egoísta no es desarraigado de nuestro interior, no viene a residir en nuestro corazón el amor divino. “El amor de Dios se encuentra en la negación del propio alma”* (San Isaac: Logos 69)


*Es decir, de uno mismo




Decía sobre el amor puro y lúcido: “Cuando de nuestro amor no nos sacamos a nosotros mismos, nuestro amor, por muy grande que sea, no es puro. Está “oscurecido”. Pero cuando nos sacamos a nosotros mismos, está purificado. Cuando en nuestro amor existe el “yo” propio, significa que existe egoísmo. Pero egoísmo y amor no pueden caminar juntos. El amor y la humildad son dos hermanitos gemelos abrazados fuertemente. El que tiene amor tiene también humildad, y el que tiene humildad tiene también amor. Puede que nos esforcemos y luchemos, pero si nuestro amor no es limpio y puro, no veremos sus frutos. Dios gratificó a san Antonio el Grande con la gracia divina de los milagros, porque tenía el amor puro, en cambio los esfuerzos de otros que eran mayores de alguna manera se perdieron, no dieron sus frutos.

Por eso decía: “Los monjes tienen oportunidades que no tienen los fieles laicos. Sólo ellos pueden adquirir el divino amor. Llegas a ver al otro como a tu padre, como a tu hermano, a cada abuela como tu abuela, y cada anciano como tu abuelo, indistintamente si el otro es bello o feo.*



* “Por la desigualdad del amor, que sepas que estás lejos del amor perfecto, por la que se presupone que siempre debes amar a todo hombre por igual” (San Máximo el Confesor, Filocalía, 4 centurias sobre la amor).




Para llegar el Gérontas a este amor luchó por aplicar los mandamientos de Dios. “Si amamos a Dios, nos ocupamos en aplicar sus mandamientos”. «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él». (Jn. 14,21). De esta manera expió su corazón y se hizo residencia del Dios del amor.

Meditaba sobre el tipo de amor que tiene, y con sus propios criterios lo encontraba deficiente. “¡Si tuviera un hermano católico romano heterodoxo, cuánto lloraría!* ¡Ahora que hay tantos millones que no creen en Cristo, cuánto he llorado!”. “El que ama a todos igual sin pasión e indistintamente, este ha llegado a la perfección” (San Isaac, Logos 43)



Los hombres presentían su gran e incondicional amor por ellos. Un joven con problemas y ciertas heridas psíquicas vino a ver al Gérontas. Le encontró fuera de su Kalivi, en el camino, le abrazó y lloraba con sollozos. El Gérontas le consoló y le ayudó a terminar sus estudios. Cuando el joven fue al servicio militar, escribía al Gérontas cartas llamándole: “Dulce padrecito mío”.

Cada visitante viendo su rostro ascético podía hacerse una idea de su gran ascesis, pero los visitantes sentían que su amor les abrazaba por completo. Le veían por primera vez y es como si le conocieran hace años. Se marchaban y permanecían unidos a él. El amor del Gérontas les seguía por todas partes, incluso cuando se iban de esta vida, porque continuaba orando por ellos.

Decenas de personas se consideran a sí mismos especialmente amados por el Gérontas. Creen que eran los más amados por él y que estaban más conectados con él que los otros. Cada uno sentía al Gérontas como suyo y sentía un amor especial hacia él.

La realidad es que el Gérontas poseía un amor individual por cada uno. Se entregaba entero a cada uno y amaba a todas las almas tal como eran, con sus pasiones y sus debilidades, como un hermano real e imagen de Dios. A todos repartía amor y su corazón no se agotaba, porque se había unido a la fuente inagotable, al eterno Amor, a Cristo.

Decía: “No me preocupa a dónde iré. El mí mismo lo he tirado. Mi propósito no es hacer el bien para ir al paraíso”. Prefería “que fueran los pobres hombres que vivían alejados de Dios, para que probasen ellos también un poco el paraíso; nosotros por lo menos lo hemos probado, en cambio ellos viven desde este mundo el infierno”. Pedía de Dios que saliera un infernado del infierno y tomar él su posición. ¿Se diferencia acaso esto, de aquello que dice san Pablo: “Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne”? (Rom. 9,3)


Aconsejaba a los monjes: “Cultivad el espíritu de fraternidad. Primero debo dar reposo a mi hermano, y después se hace paraíso la vida del monje. Me acuerdo en el Cenobio que cada uno intentaba aliviar a su hermano. Porque Cristo dijo que, lo que hacéis a este hermano, a mí me lo hacéis. Si uno ayuda al pobre, al desgraciado, piensa qué haría si fuera el Cristo”.*



* «El que ama al Señor, antes ha amado a su hermano, porque la demostración de lo primero es lo segundo» (Escalera, San Juan Clímaco).




Para nuestras relaciones decía: “Siempre debemos comenzar no como me conviene a mí, sino con cómo aliviar al otro. Y entonces todos serán aliviados y existirá amor.

¿Después de todo esto no sería injusto, ya que lo ha dado todo para Dios y para el hombre, que Dios no le diese en abundancia su gracia divina? Como hijo de Dios que era, Dios escuchaba sus oraciones y respondía con milagros.

El amor en el Gérontas era la virtud natural. “Desde niño lo tenía en mi sangre”, dijo. Pero después se abrillantó en el camino de la ascesis y en el alto horno de la incesante oración noética del corazón, y llegó al divino amor, al amor “extendido hacia Dios” tal como dicen los Padres.*



* Kallisto Katafigiótou, ”Sobre la unión divina y la vida en contemplación”, Filocalia, tomo 5, pág. 14.




Si tanto amó los hombres, ¿cuánto mayor sería su amor por Dios?

Le dijo uno: “Quiero sentir el divino amor”, y el Gérontas se sobrecogió. “Escucha”, le respondió, “un niño primero toma leche, después purés, después sopas y cuando se hace mayor come chuletas. Si comiera al principio chuletas, ¿no se habría atragantado?”

Decía también: “Debemos llegar al amor de Dios, que salte nuestro corazón. Hasta que venga el divino amor, hace falta lucha continua. Después uno no quiere comer ni dormir, como con el santo Sisois.


Cuando el hombre haya entendido el amor de Dios, entonces viene la locura por lo divino. Qué pena que el mundo no entiende”. Describiendo al hombre que ha alcanzado el estado del amor divino, se revela también a sí mismo: “Como el gatito que se revuelca y pasa sobre bajo tus piernas y las lame, así tú también, arrebatado por el amor de Cristo, haz lo mismo con Cristo. Cuando el amor de Dios cae sobre el hombre en un grado grande, el hombre se disuelve, los huesos duros se vuelven blandos como velas. Cuando el hombre alcanza el divino amor se parece al hombre embriagado. Está cautivado por el divino amor y no puede ocuparse de ninguna otra cosa. Se hace indiferente ante todo, igual que uno que se había emborrachado y le avisaron de que su casa se estaba quemando. Este permaneció indiferente y respondió: “Dejadla que se queme”. Por eso no es bueno que el hombre permanezca mucho tiempo en este estado de amor divino”.

Testigos “sin voz” del amor divino del Gérontas son sus desgastados iconos de la Panayía y del Cristo Crucificado que tenía en su almohada, debido a sus besos y a sus lágrimas.

Una vez recibió tanta gracia divina y sintió tanto amor, que no aguantó y se doblaron sus rodillas. Este amor suyo tan grande era expresado en la oración con dolor por los hombres.

Quería amar a Dios “con todo su corazón”, por eso decía: “Aunque nuestro corazón fuese tan grande como el sol, y lo repartiésemos, poco sería en comparación, si lo repartiésemos. Ahora que es como una mano cerrada, ¿qué quedará para Cristo?”

En una carta suya escribe: “Cuando el hombre haya logrado liberarse de todos y de todo, entonces puede sentir el gran amor de Dios, el cual le convierte en prisionero y le hace siervo de Dios”.

Este amor del Gérontas lo sentían también los animales salvajes, y los Beduinos del Sinaí aunque hablaban otro idioma, y este amor conmociona también a los atormentados jóvenes actuales. En su persona encuentran a un padre afectivo, y el amor del que han sido privados. Muchos de ellos, aunque no le habían conocido, van y llenan de lágrimas la tierra de su sepulcro, porque sienten que son abrazados con su majestuoso amor desde allí donde se encuentra.






Β.2 CARISMAS.


B.2.1 Transcendencia de las leyes de la naturaleza


En el p. Paísio, como se verá, los elementos de la naturaleza a veces se sometían ante él, mientras que él mismo actuaba transcendiendo y anulando las leyes naturales.




Impermeable


El Gérontas utilizaba paraguas e impermeables. Él no paraba el agua, ni era impermeable. Al contrario, era sensible al frío y a la humedad. Sin embargo algunas veces, por razones que Dios conoce, se convertía en impermeable. Es decir, mientras que a su alrededor estaba lloviendo mucho, a él no le tocaba ni una gota.


***


Nos relata el señor Kutsogianis Konstantino, “una vez transportaba al Gérontas desde el monasterio de San Juan el Percusor de la región de Halkidikí al Monasterio de Surotí. En todo el trayecto tuvimos una lluvia torrencial, como si se hubieran abierto las cataratas del cielo. Apenas llegamos, nos esperaban las hermanas con paraguas e impermeables para dárselos al Gérontas para que no se mojara. Me hicieron señal para que me acercara lo máximo posible al edificio. Pero, paradójicamente en aquel momento a un radio de dos metros alrededor del coche dejó de caer la lluvia, mientras que un poco más allá caía el diluvio. Una que hubo bajado el Gérontas y me saludó y entró dentro, comenzó a llover también encima del coche como normalmente.

***

Semejante acontecimiento cuentan también dos padres de una Kelí vecina: “Un día de invierno, como llovía mucho desde la noche anterior, no podíamos cruzar por el torrente que encontramos antes de llegar a Panaguda. Las aguas habían subido a mucha altura y con su impulso arrastraron el puente, y también otro puente más pequeño que había más abajo. Otro acceso no había a lo largo del torrente. Aquel día el Gérontas visitó nuestra Kelí. Sus zapatos estaban característicamente secos y limpios, mientras continuaba lloviendo torrencialmente. Desde luego que llevaba paraguas, pero con una lluvia torrencial que caía, incluso con diez pasos caminados debería haberse mojarse no sólo los zapatos sino también el raso entero. ¡Nos llamó mucho la atención el hecho que con este tipo de lluvia no se había mojado nada, y también nos preguntábamos ¡cómo había cruzado el torrente! Cuando se marchó quisimos seguirlo, para resolver nuestra duda, pero no nos lo permitió”.




Invisible


Testimonio de Georgios Kurkuliotis de la ciudad de Corinto: “Visité al Gérontas Paísio en la Kalivi de la Venerada Cruz en Febrero de 1979. Encontré la puerta abierta. Llamo y vuelvo a llamar repetidamente desde la puerta del cerco, no recibí respuesta. Eran las 8 de la mañana, y esperaba. En un momento veo al p. Paísio delante mío. Me sorprendí, me quedé estupefacto. “Aquí estaba, Georgios”, me dijo serenamente. Comenté después con dos padres espirituales la repentina aparición del Gérontas y me dijeron que “estaba delante tuyo, y cuando quiso se presentó”.

***

Testimonio del sr. Elefterios Tamiliotakis, de Creta: “Cuando el Gérontas estaba en Panaguda, le visité porque yo estaba afrontando una gran dificultad y debía verle como fuese. Fui por la puerta de atrás y le llamé. Ninguna respuesta. Fui a la Kelí del padre-Gregorio, no encontré a nadie. Vuelvo a la Kelí, llamándole cada poco rato. Toqué la campanita, pero el Gérontas no aparecía por ninguna parte.

Decidí marcharme poco a poco, pero me quedé un ratito en el riachuelo y estando de pie irresoluto en absoluta hesiquia sin saber bien lo que voy hacer. No quería marcharme, porque literalmente dependía de su opinión. De repente oigo al lado mío una voz, “Elefterio”. Giré y vi al Gérontas de pie a mi izquierda a una distancia de tres metros. Me asusté y se me pusieron los pelos de punta, porque no había oído absolutamente nada, ni había percibido ningún movimiento, a pesar de que estaba totalmente solo en el riachuelo, y como era verano, el agua no corría haciendo ruido. Existía tal tranquilidad que hubiese oído hasta a una mosca volando.

»Cuando le vi, me quedé un poco para concienciarme si era él el que estaba delante mío. Me acerqué, le hice una prosternación y le pregunté que dónde estaba y por qué no me oía durante tanto rato, y cómo se ha presentado así de repente. Evitando muchas explicaciones sólo me dijo que estaba en la profundidad del bosque y recibió la información de que me necesitabas. Me pidió que le dijera qué era lo que quería; cuando el Gérontas entendió que eran muchas las cosas que le iba a contar, me llevó, pasamos el riachuelo y nos sentamos a distancia de dos metros del sendero principal hacia la Panaguda.

»Comencé diciendo mis cosas al Gérontas, cuando de repente oí voces de peregrinos y bajé el tono de mi voz. “Habla normal, bendito”, me dijo, “no tengas miedo”. Yo continué hablándole. Cuando oí las voces muy cerca, esta vez otra vez paré. “Habla, habla”, me dice el Gérontas. “Pero Gérontas” le digo, “nos van a oír, vendrán aquí y no tendré tiempo para decir todo lo que quiero”. “No tengas miedo”, me dijo, “y no bajes la voz”. Yo hablaba, pues, normal y el Gérontas me respondía con el mismo tono; los visitantes pasaron dos metros por delante nuestro y no nos vieron ni nos oyeron, sino que continuaron hacia la Panaguda.


»La presencia del Gérontas tan repentina así como todo el acontecimiento eran algo inexplicable y admirable. Pero yo, teniendo como un hecho consumado su santidad, estas cosas sobre su persona las consideré como naturales, porque él en mi sencillez me había confesado confidencialmente en otro tiempo sobre la presencia de Ángeles y de Santos en su Kelí. Se me abría un mundo que sabía absolutamente que era verdadero, porque él mismo era absolutamente verdadero y santo.




Sobre elevado en el aire


Muchas veces el Gérontas durante la hora de la oración era elevado también corporalmente. Pero también en horas de trabajo, o cuando caminaba, fue visto no pisando sobre la tierra.

***

En la Skete de la “Venerada Cruz” vivió un gran acontecimiento. Nos relató: “Mientras estaba orando, no sé qué me sucedió y fui elevado a lo alto y veía debajo la Kalivi. Cómo me elevé, no lo entendí; tampoco cómo descendí.”

***

Testifica un monje del M. Atos: “Visité al Gérontas en Panaguda y le encontré haciendo una estufa con ladrillos refractarios. Pisaba sobre una tabla que la había puesto para poner los materiales. Mientras estaba trabajando, le veo elevado sobre la tierra unos treinta centímetros, quedándome al principio sorprendido por si estaba viendo bien. Realmente estaba sobre elevado y después de poco rato lo vi otra vez en su estado normal”.




Transmisor de la gracia divina


El Gérontas dondequiera que fuese llevaba dispersa a su alrededor la gracia divina. “El que tiene la gracia y va a algún lugar, inmediatamente como la corriente de la luz se esparce esta brisa que tiene. Y cuando alguien se encuentra en un estado demoníaco, también se esparce lo que lleva en su interior. Nuestro estado espiritual afecta a los demás”.

Tenía conocimiento de la divina gracia que le concedió Dios y transmitía a los hombres de esta riqueza por alguna razón.

***

El señor Basilio Mujaridis de Kónitsa nos narra: “Cuando era un niño, en edad de seis o siete años, subía al Monasterio y junto con nosotros estaba también el p. Paísio.

»Como el camino era difícil y cuesta arriba, cuando me vio cansado me dijo: “Basilio, cuando te canses santíguate y apoyando tu palo sobre mí, así irás avanzando”.

»En un punto del sendero encontramos caída una piedra grande, de un metro cúbico más o menos. Dije:

—Padre Paísio, si viniera la grúa, arrastraría la piedra al borde del camino.

—Imposible, ¿dónde vamos a encontrar una grúa? Tú eres la grúa y tú la arrastrarás.

—Yo no puedo, soy pequeño.

—Lo intentarás, te santiguarás, dirás el “Padre nuestro” y lo conseguirás. Te ayudaré yo también. Tú empujarás la piedra y yo a ti.

»Apoyó también él un poco su mano y se marchó la piedra. No estaba cerca del barranco para rodar fácilmente. La piedra hizo una vuelta completa y después rodó hacia abajo. Yo la había sentido como si fuera una piedra de dos o tres kilos. Entonces no me había concienciado del hecho. Entendí mejor lo que había sucedido cuando crecí un poco».


***


Testimonio del sr. Georgios Kurkuliotis de la ciudad de Corinto: “Cuando iba a la Kelí del Gérontas, después de la conversación él se despedía de mí para marcharme. Acostumbraba a tocarme ligeramente en la cabeza y en los hombros. Los primeros tiempos no entendía exactamente la ayuda que recibía por este sencillo toque. Pero después me conciencié que recibía fuerza, ánimo y optimismo. Cuando alguna vez omitía el tocarme en la cabeza, le decía: “Gérontas, santíguame”. Me respondía: “Yo no soy cura, pero ya que lo quieres”, y me tocaba con su palma en la cabeza. En aquel momento sentía una fuerza saliendo de él mismo viniendo a mi interior. Me marchaba aliviado con todos mis problemas arreglados. Era un Gérontas repleto de gracia divina.


***


Testimonio del señor Ángel Jorozsidos, oficial de la policía, habitante de Tesalónica. “Una vez regresábamos a Tesalónica con el p. Paísio y con el p. Gregorio de la Transfiguración. Nos encontrábamos a una distancia de 150 kilómetros de la ciudad y yo estaba totalmente agotado, porque hacía más de treinta horas que no dormía. Los dos Gérontas se sentaban a los asientos traseros del coche. “El p. Paísio en un momento me dijo:

—Te has cansado. Siéntate que voy a conducir yo.

Pasó entre los asientos y se sentó al asiento delantero del ayudante del conductor. Naturalmente el Gérontas no condujo ni sabía conducir, lo dijo bromeando, pero el milagro es que no entendí cómo nos encontramos en el Monasterio de Surotí y yo estaba totalmente descansado».




Levanta una roca


El hermano del Gérontas Lucas, nos narró: “Cuando el p. Paísio estaba en Stomio, una vez cayó una roca grande. Nos reunimos muchos para mover la roca con palos utilizándolos como palancas, pero en vano. Se marcharon todos y me dijo: “Venga, vete tú también”. Me marché, me fui un poco más allá y me escondí para ver qué iba a hacer. Le vi que se santiguó (hizo la señal de la Cruz sobre él), ¡agarró la roca, la levantó como si fuese una silla y la puso fuera del camino!




¡Qué bendición era esa!


El p. Jaralambos Anastasis, responsable de la Iglesia del pueblo Kalizea de Konicha, refiere: “Un año, después de la fiesta de la Laura, vine a Panaguda caminando durante seis horas para ver al Gérontas”. Hacía veinticinco años que no le veía. Le encontré en el bosque. Me conoció inmediatamente y lo interesante es que me dijo la fecha en que me hice diácono y cuándo me hice presbítero. Le digo:

—Padre, ¿por amor de Dios, no comeremos algo?

—Tengo, —me dice—.

»Me enseñó una bolsa de plástico que en su interior tenía tres tomates muy pequeños y una tostada y media. Pensé: “¿Y estas cosas comeremos?”. No aguanté y le dije:

—¿Qué comeremos de aquí, Gérontas, si yo llevo sin comer desde ayer? A mí no me bastan ni veinte de estos tomates.

Me respondió:

—Páter Jarálambos, haremos oración, tú las bendecirás y sobrarán.

Abrió la bolsa de plástico, la dividió en forma de Cruz y la extendió como mantel. Me puso dos tomates, y él se quedó con media tostada y un tomate. Entonces nos levantamos, hicimos la oración acostumbrada adecuadamente y después dijo: “Padre santo, bendiga”. Bendecí y comimos. ¿Adónde había ido toda aquella hambre? ¡Me había saciado totalmente! Estaba como si alguien me hubiera llenado la garganta. Me sacié y no podía comer ni toda la tostada, dejé también un poco. Quería continuamente agua. Me decía el Gérontas:

—Come, padre-Jarálampos.

—No puedo comer más Gérontas, me he llenado.

»Todo el día después, dondequiera que iba, no quería comer ni tomar nada. Sólo “agua, agua y agua” pedía continuamente.

»Me impresionó mucho y después, cuando andaba solo, me decía a mí mismo: “¡Qué bendición era esta! ¡Tal y como Cristo bendijo los cinco panes y los dos pescados y se saciaron los cinco mil hombres, sin contar mujeres e hijos. ¡Bendición del Señor! ».




“¡Imperceptible!”


El Gérontas por humildad no solo evitaba a ser fotografiado, sino que sentía malestar y repulsión. Sólo cedía ante alguno que fuese humilde y sensible, para que no fuese herido por su negación y lo interpretase como que era debido a la indignidad del que lo pedía. Entonces el Gérontas prefería entristecerse él en vez de entristecer al hermano. Por amor sacrificaba también su humildad. Muchos intentaron fotografiarlo a escondidas o claramente, en casos en que no podía reaccionar a causa de la presencia de higúmenos, obispos o durante alguna procesión. La verdad es que a veces consiguieron fotografiarlo pero por costumbre las fotografías no salían bien, salían malogradas, porque en el rostro del Gérontas había una tristeza, una reacción que te hacía sentirte culpable.

Pero hay muchos testimonios, que durante estos intentos sin bendición o de fotografiar por la fuerza al Gérontas, de forma sorprendente no era captado por la cámara de hacer fotos. A veces se quemaba el carrete y otras veces salía la foto de papel normal ¡pero sin el Gérontas!

***

El sr. K… fotógrafo profesional refirió: “Visité al Gérontas y fui muy ayudado por sus consejos iluminados. Pero lo que más me conmocionó fue su gran amor y sacrificio. A causa de su enfermedad estaba totalmente agotado y también tenía mucho dolor. Pero apenas hubo percibido que yo tenía una necesidad grande, “se olvidó” de su problema, se tumbó fuera en el patio —porque no podía mantenerse en pie ni sentado— y se ocupó de mí. Saliendo me vino el deseo de fotografiarlo, de manera que puediese tener la posibilidad de tenerlo y llevar continuamente aquel bendito encuentro en mi memoria con su fotografía. Pero sabiendo que si le hubiese preguntado, habría recibido su negación, le saqué a escondidas dos o tres fotos. Y el Gérontas, sin que yo lo percibiese en aquel momento, me lo impidió con su manera particular: “¡Las dos fotos han salido negrísimas!”. Era como si hubiese tenido delante de mi cámara de fotos la tapa de protección!

***

Testifica otro peregrino anónimo: “Fui a Panaguda y no había nadie”. El Gérontas debería estar dentro, porque el candado de la puerta de madera estaba abierto y colgando. Pensé, “ahora es la ocasión; puse entre las ramas dentro del cerco la máquina de hacer fotos para que no fuese vista, y la coloqué de forma adecuada, de modo que pudiese captar y fotografiar la puerta de la Kelí. Toqué la campanita. Apenas salió el Gérontas, le di al botón. Estaba lleno de alegría…

Pero imaginaos mi sorpresa cuando, después de la revelación del film, vi que la puerta había salido perfectamente clara y entera, ¡pero el Gérontas no estaba!

***

Semejantes cosas sucedían también cuando querían grabar la conversación. Hay casos que el casete no giraba o funcionaba pero no grababa. Otras veces grababa todo lo demás, palabras de terceros, pájaros, ruidos etc., pero la voz del Gérontas faltaba.

***

Testimonio de un estudiante: “Fuimos al Gérontas con otros compañeros de estudios. Comenzamos la conversación y el Gérontas percibió que teníamos el radiocasete grabando. Nos dijo que lo apagásemos.

Todos apagaron los radiocasetes pero yo como lo tenía bien escondido, lo dejé que grabase. Después otra vez nos dijo lo mismo y añadió: “Aunque no los apaguéis no grabarán”. Marchándome, lo apagué inmediatamente. Cuando escuché la casete, vi que se había grabado lo de antes y lo de después de la conversación, ¡pero del Gérontas no se había grabado nada!”

***

Testimonio del sr. Georgios Kurkuliotis: “Un grupo de estudiantes fue al Gérontas y uno de ellos había llevado consigo un pequeño magnetofón para grabar la conversación del Gérontas con ellos. Una vez que habían hablado bastante, en un momento le dice el Gérontas: “Esto que tienes en tu bolsillo, no ha grabado nada”. El joven se quedó de piedra. ¡Realmente, cuando escuchó la casete no se había grabado ni una palabra!




B 2.2 Reconciliación con la creación


Al Gérontas le fue dado el carisma de relacionarse con los animales salvajes sin que le atacasen, tal y como sucedía con Adán antes de la caída y con muchos santos.

Los animales salvajes percibían su gran amor y veían en el Gérontas la pureza de antes de la caída. Es conocido que, cuando el hombre recupera la primera en ser creada belleza inicial, y la perdida gracia divina, entonces se hace dueño de la creación y gobierna sobre todas las aves, los reptiles y las fieras de la tierra. Entonces viene la reconciliación con la creación, tal y como llaman los santos Padres a este estado de antes de la caída. “Cuando en uno habita y reposa la gracia Dios, entonces todo está sometido a este hombre, igual que Adán antes de transgredir el mandamiento de Dios” (Cirilo Skizópolitis: “La vida de san Eutimio el Grande”, cap. 13, pág. 23).

Decía el Gérontas: “Desde el momento que el hombre se pone en el lugar de los demás, después puede amar a todos los hombres, incluso a los animales salvajes. Todo cabe en su interior y se sale de sí mismo, de su propio amor.

»Veo un animal salvaje. Pienso que también yo podría ser uno. Dios es el creador, dueño y amo de su casa, y podría hacerme animal salvaje. Cuando me pongo en el lugar de los animales salvajes, los quiero y siento compasión, incluso por las serpientes. ¿Me gustaría a mí, si fuese serpiente, que saliese un poco al sol para calentarme y viniese el otro a aplastarme la cabeza? El amor divino informa a los animales salvajes. Ellos pueden discernir a un hombre que les ama y a un cazador que quiere matarles. Al hombre que le ama se le acercará, no le tiene miedo. Pensaba que esto sucedía con todos los animales salvajes, excepto con las serpientes. Pero después comprobé que también en las serpientes sucede lo mismo. Incluso en la víbora, que en relación con las demás serpientes, es como entre un cabrito y un cordero.»

Le preguntó un diácono: “Gérontas, he oído que tienes serpientes, ¿es verdad?” El Gérontas respondió: “Sí diácono, las serpientes (los pazos) los tengo aquí en mi corazón y cuando te hagas Padre espiritual, entonces ven para que te las muestre (a confesarme).

***

El señor Georgios Papathemistokleous de Kónitsa refiere en un escrito: “Íbamos casi cada Sábado y Domingo al Monasterio de Stomio, como si una fuerza inexplicable nos atrajese cerca del padre Paísio. Allí encontrábamos regocijo, paz y serenidad, estando cerca de él se tranquilizaba nuestra alma y nuestro espíritu. Paralelamente, intentábamos ayudarlo en varios trabajos. Un día de aquellos me mandó coger un pico y una pala del almacén que estaba inmediatamente después de la entrada principal al Monasterio.

—Georgios, no tengas miedo, dos serpientitas que están allí son inofensivas, me dijo.

»Avancé para realizar lo que me había pedido, entonces me encontré delante de dos enormes serpientes por la la zona de las herramientas. Ante la visión de éstas di un paso atrás asustado, preparado para salir corriendo. Me detuvo la mano bendita y suave del Gérontas, mientras a la vez “reprimía” las serpientes con voz serena y tranquila. “¡Iros a vuestra esquina, ¿no veis que Georgios tiene miedo?”

»Me había seguido, porque percibió que la visión de las serpientes me produciría miedo. Volví para mirarlo, pero no encontré su mirada. Mis ojos estaban fijos hacia el suelo. Intenté susurrar algo, pero ya se había marchado.

»Otra vez entrando en la cocina del Monasterio escuché a uno que era antiguo compañero suyo del colegio, diciéndole:

—Déjeme, p. Paísio, que le dispare.

»Simultáneamente levantó su escopeta de cazar. Y el dulcísimo Gérontas le dijo con voz serena y apacible:

-No Ioanis, no, esta liebre tiene en su frente la Cruz.

»Yo me asomé por la ventana y vi una liebre que estaba apacentando tranquila y en su frente llevaba una Cruz negra.

»Llamaba a las liebres, tal y como nosotros llamamos a los gatos, y ellas no tenían miedo de vivir con él.

Esta liebre el Gérontas la había cogido cuando estaba entre las plantas de alubias, la hizo una Cruz en la frente y avisó a su yerno Basilio y a otros cazadores que tuviesen cuidado de no matarla.

***

Una vez vinieron dos osos pequeños dentro en el patio del Monasterio de Stomio. El Gérontas los cogió del cogote y les dijo: “Para otra vez, no entréis en el Monasterio. Tenéis que venir por la parte de atrás de la cocina, para daros de comer”, y los condujo a esa parte. (Esto lo relataron dos personas de Kónitsa al novicio Pablo del Monasterio de Stomio).

***

El peregrino chipriota M.S. nos relata: “Llegó un grupo de chipriotas a “Panaguda” para ver al Gérontas. Les invitó a lukumi. Apenas abrieron la tapa, hicieron un gesto y se miraron entre ellos y murmuraron. La caja estaba llena de “límpurus” un tipo de hormigas chipriotas. Parece que un peregrino no había cerrado bien la tapa y se llenó de hormigas, aunque el Gérontas había escrito encima de la tapa que cerraran la caja. Eran tantas hormigas que los lukumi estaban negros, no se veían.

»El Gérontas, apenas entendió lo que había sucedido, echó una mirada a la caja e inmediatamente con naturalidad un malvavisco, lo puso aparte y con cariño pero con seriedad y algo imperativamente dijo a las hormigas: “Este malvavisco es el vuestro. Iros a comerlo y dejad los otros lukumi para que los coman los hombres”.

»Lo sorprendente es que las hormigas obedecieron, salieron todas de la caja y se reunieron a comer su propio lukumi.

***

Testimonio del monje Alipio de la Skete de Santa Ana en el M. Atos: “Conocía al Gérontas desde los quince años. Por la gracia de Dios me hice monje en el Sagrado Monasterio de Kutlumusion. Iba y le veía muy a menudo. Oía sobre sus milagros y nació en mí el deseo de ir a ver uno de sus milagros. Durante un mes más o menos tuve este pensamiento.

»Una mañana de invierno, a principios de Noviembre, fui a verlo y lo encontré lavándose las manos fuera en el patio en un barril pequeño. Estaba solo. Abrió y me hizo pasar. Detrás del barril tenía un papel de aluminio que dentro tenía unas migas, lo abrió y miró hacia el cielo. Aunque no había ningún pájaro en ese momento, inmediatamente se presentaron bandadas de ellos. ¡De dónde aparecieron de repente tantos pájaros! Unos estaban posados en su cabeza otros en sus hombros y en sus manos y él los daba de comer. Viendo este espectáculo me sobrecogió un desconcierto, mi corazón fue tocado rápidamente por la emoción y me reía desconcertadamente. El Gérontas sonriendo dijo a los pájaros: “Poneos también sobre él”. Les hablaba como si fueran seres humanos. A uno que estaba posado en su mano le dijo: “Vete también con éste, que es de los nuestros”.

»Esto duró dos minutos más o menos. En un momento el Gérontas dobló el papel de aluminio y los pájaros desaparecieron. Estaba anonadado y le miraba. “Ahora márchate”, me dijo.»




B 2.3 Orador por todo el mundo


En la puerta del patio de Panaguda, por una temporada podía ver el visitante la siguiente nota: «Escribid lo que queráis, echadlo en esta caja y os ayudaré más con la oración que con las charlatanerías. Así, tendré tiempo de ayudar también a más doloridos. Vine aquí para hacer oración y no para hacer de maestro».

La primera sensación es que en este espacio existe radiotransmisor espiritual y el monje que está auto-delimitado en el interior de estas alambradas tiene un servicio muy responsable; enviar señales hacia Dios, es decir, orar. Se ve de esto también cuánta relevancia daba el Gérontas a la oración por el mundo. Juzgando por los resultados de la oración, la consideraba más beneficiosa y más efectiva que la conversación y la correspondencia.

La oración del Gérontas tenía dos alas. Una era el dolor corazón. “Incluso un gemido muchas veces equivale a una oración, con horas de plegaria y con vigilia”. Y la otra era la justicia. “Sin justicia la oración no es escuchada”. «Si yo hubiera visto en mi corazón injusticia, el Señor no me habría escuchado» (Sal 66,18).

La oración del Gérontas por todo el mundo era la conjunción y resultado de todo su estado espiritual, especialmente de su gran amor.

El inusual carisma de la oración por el mundo, le había sido dado después de grandes luchas. Rezaba y suplicaba por todo el mundo. Oraba por todos, al igual que para sí mismo. Su oración era incesante, cordial, pura, lúcida y efectiva. La separaba en tres partes. Una parte para sí mismo, una para los vivos y otra para los difuntos. Pero en realidad oraba mucho más para los otros que para sí mismo.

Generalizaba y extendía su oración para incluir a todos los seres humanos. Cuando hacía oración por casos especiales, por ejemplo, para un joven que se había salido del camino de Dios, añadía: “Acuérdate, Señor, y ayuda a todos los jóvenes”. Y otra vez, cuando oraba por alguien, por ejemplo, por el enfermo Nikolaos, añadía: “Acuérdate Señor también de todos los Nikolaos”.

En este punto le ayudaba mucho la lectura del Libro del Salterio con los distintos casos, tal y como los había señalado san Arsenio, con la diferencia que el Gérontas generalizaba los casos, por ejemplo: el primer salmo es para cuando se siembran vides o árboles, para que fructifiquen. El Gérontas una vez haber leído el salmo, rogaba a Dios no sólo por los árboles recién sembrados, sino también por los bebés que se están concibiendo en el vientre de su madre, para que tengan bendición de Dios desde el inicio, para que fructificasen. También, cuando el salmo se refería a las tempestades, el Gérontas decía: “¿Cristo mío, no ves la tempestad del mundo? ¡Mira cómo se ha perturbado el mundo!”. Y rogaba junto con la tempestad del mar que se pacificase el mundo y la perturbada humanidad. Así la oración abrazaba todo el mundo. Después dejaba el Salterio y su nus se ahondaba en la oración del corazón por todos los hombres y por toda la creación.

Dijo el Gérontas: “Me mandan cartas de Australia y me piden rezar por sus asuntos y problemas. Y yo rezo con el Salterio. Después recibo cartas y me agradecen por haber rezado, porque se arreglaron sus problemas. Entonces, cuando veo esto yo también oro más con el Salterio. Cada vez que lo leo, lo hago unas dos horas más o menos. Y después veo que Dios escucha todas estas oraciones.»

Esta oración le agotaba, porque participaba entero en el dolor humano, cuando presentaba a Dios las tribulaciones y los problemas de los hombres y pedía por ellos que fuesen salvados. Sentía “mucho dolor, pero también consuelo grande”. El dolor humano tan grande que veía en su alrededor le hacía salirse de sí mismo. Al Gérontas a veces se le veía arrastrando los pies por su agotamiento, debilitarse sus rodillas por el ayuno, estar a punto su caparazón de concha de rasgarse como vestiduras por las enfermedades, sin embargo no dejaba la oración por el mundo.


Decía: “La oración por el mundo ayuda mucho, sobre todo cuando existe dolor de corazón. No participo del dolor del otro, cuando me siento cómodamente con una pierna cruzada sobre la otra y tengo todas las comodidades.»

Su oración estaba acompañada de ayuno, esfuerzo, prosternaciones y principalmente humildad. Decía: “Pidamos humildemente. Yo digo: Dios mío, soy una bestia. Ten misericordia de todo el mundo y también de mí”.

Creía que él era responsable de los padecimientos de los otros: “Si yo fuera santo y mi oración fuera escuchada, ellos no sufrirían, ni padecerían”. Escribe en una epístola suya con fecha 14-3-1971: “Por consiguiente, el miserable Paísio, por ser miserable, muchas almas son atormentadas y angustiadas por su causa, porque no ha adquirido la gracia de ayudar a los hombres mediante Dios, que humanamente no son ayudados”. Decía: “Pensemos que nosotros somos los culpables que un enfermo no tenga la salud, porque Cristo dijo que os doy poder para hacer milagros y nosotros no hacemos nada”. Y añadió: “Qué puedo hacer, padre mío, vienen los hombres, piden ayuda y no puedo ayudarlos. Mis defectos y mis malos hábitos me hacen no ser hijo amado de Dios, para que Dios escuche mi oración”.

—Entonces Gérontas, ¿por qué viene la gente?

—¿Sabes qué sucede? Lo que yo he entendido es que la gente tiene necesidad de amor. Hay almas doloridas y yo tengo un poco de paciencia con ellos”.

Pero los hombres tenían opinión distinta, por eso no paraban de venir. Él mismo sintiendo su pobreza, como buen pedigüeño, se arrodillaba y extendía sus manos hacia Dios y rogaba para ayudar a cada uno. Estallaba en palabras suplicantes: “Cristo mío, te ruego, a tal que es paralítico ayúdalo, él por sí mismo poco puede hacer para arreglárselas a solas”, o “Panayía mía, otra vez te voy a molestar…».

Acostumbraba a encender velas y cirios de cera pura por los visitantes delante de los iconos en la sala de visitas. Por las noches encendía las velas dentro de una caja metálica con agujeritos que formaban cruces, y oraba por todo el mundo. Un día tenía abierto el Santo Altar y delante de él había un candelabro con una vela encendida. Quizás sería una forma de “súplica extendida” sobre algún problema muy serio.

Cuando existían ciertos temas de Estado e intensas crisis en él y en la Iglesia, aconsejaba a los padres: “Enganchémonos bien a la cuerda de oración; es decir, mucha oración, porque existe una gran necesidad.

Lo hacía también para incitarlos, pero principalmente para ocultarse a sí mismo de los resultados positivos de su oración.

El rezaba mucho, pero quería también otros colaboradores y compadecientes en las oraciones. “Si pudiera”, decía, “formaría un equipo de oración que no parase nunca. El mundo tiene mucha necesidad”.


Dos padres iban a una vigilia en vísperas de la fiesta de san Espiridón. Pasaron por donde el Gérontas para pedirle su bendición. Le vieron que tenía mala cara, estaba muy rojo y parecía bastante preocupado. Dijo a los padres: “Haced oración allí a donde vais, y decidlo también a los demás. Se está haciendo mucho daño y mucho mal en Rumanía, tienen guerra civil y están muriendo muchos”. En aquella época había sido derrocado Ceaucescu. El Gérontas por su propia “televisión espiritual” supo de los acontecimientos y participaba en la pena del pueblo rumano orando intensamente.

Tenía plena concienciación de su deber como monje, orar por los demás. El que pasaba por su Kalivi, a éste le “ataba con su cuerda de oración”, según su expresión, es decir, hacía oración por él con la cuerda de oración o komposkini.


Un Padre rogó al Gérontas que hiciese oración para que su hijo escapase de las malas compañías con que se había liado. En poco tiempo regresó para agradecerle por el cambio de su hijo. El Gérontas le respondió: “De allí se escapó, pero de aquí” y le enseñó la cuerda de oración, “no se escapará”, es decir, que seguirá orando por él. Con sorpresa más tarde confesaba su hijo: “No sé qué me había sucedido. Sin ninguna razón ya no quería hacer compañía con ellos”.


Oraba por todos y Dios daba a cada uno lo que tenía necesidad. “Veréis”, decía, “!cuántas personas son ayudadas por las oraciones! Reciben ayuda, porque tienen derecho a la divina ayuda y Dios encontrará el momento adecuado para dársela. Cuando la oración es fuerte, desciende el mismo Cristo y ayuda al alma. Cuando uno tiene franqueza en su oración, se parece al ministro que ruega al presidente y consigue su petición.”


Nos narra un monje del M. Atos: “Antes de terminar el servicio militar, vine con permiso al M. Atos y por primera vez me encontré con el Gérontas Paísio. Le pregunté sobre temas personales y después le comenté sobre un amigo mío. Quería casarse con una chica pero los padres de ella no le querían. Él cayó en la depresión y en la desesperación y quería suicidarse. Después de regresar al mundo, cuando encontré a mi amigo, me decía: “Intento destruirme a mí mismo pero no lo consigo; algo me detiene en mi interior y no me deja hacerme daño a mí mismo”.

»Una vez acabado el servicio militar, decidí venir al M.Atos la Santa y hacerme monje. Pasé primero por el Monasterio de Surotí y allí encontré al Gérontas. Habían pasado 7-8 meses. Me preguntó con interés: “Cómo está tu amigo (tal)”. Entonces me conciencié de que el Gérontas todo este tiempo había estado orando por mi amigo y sus oraciones le impidieron hacerse algo malo sobre sí mismo.»

Recalcaba mucho que “el ofrecimiento del monje es su oración por todo el mundo. En vez de visitar encarcelados, reza por los difuntos.

Le preguntaron el Gérontas que cuánto debemos rezar por los difuntos y si podemos sacar un alma del infierno: Y respondió: “Lo que sé por mi experiencia es que un alma puede pasar del sótano al salón; ¿crees que esto es poca cosa?”

El Gérontas dijo a un monje; “¿No tienes trabajo? Yo te encontraré. Haz prosternaciones por los difuntos. ¿Sabes cuánta necesidad tienen?”.

Debido a que gracias a su oración eran ayudadas muchas almas, el diablo intentaba impedírselo. Decía: “El tentador encuentra las formas para molestarnos e impedirnos la oración. Me manda gente para impedirme y distraerme de la oración. Pero, también por otro lado, entiendo cuándo los envía Dios”.


Un Gérontas de una Kelí vecina, una noche escuchaba salmodias e himnos eclesiásticos en la Kelí del Gérontas Paísio. Le pregunté, qué salmodias son estas que se escuchan por la noche desde hasta tal hora, (eran las horas en que oraba). El Gérontas se quedó sorprendido, no sabía nada. Y dijo: “No, yo no celebro ningún oficio litúrgico, todo lo hago con la cuerda de oración”. ¡Quizás tenía potencias celestiales que le ayudaban en sus oraciones y se las transmitían a Dios!


Es verdad que el mundo subsiste por las oraciones de los santos, como se ha escrito sobre san Antonio el Grande: “Con tus oraciones y bendiciones has apoyado a toda la tierra habitada, santo Padre”. No conocemos en cuántos casos el Gérontas con sus oraciones apoyó a toda la tierra habitada. Lo seguro es que apoyó innumerables almas que valen más que todo el mundo. Además con su oración sanó enfermos, liberó y sanó endemoniados, y sólo Dios conoce a cuántos anónimamente ayudó para encontrar a Dios y ser salvados. Ahora que el santo ya no está con nosotros, para encender velas y orar por todo el mundo, nos consolamos con la certeza de que nos ayuda mejor y más efectivamente desde el cielo. Tenemos como demostraciones los milagros y las manifestaciones que tienen lugar después de su dormición.

Dado que en toda su vida “placenteramente se fundió como una vela” orando, ahora la vela inextinguible de su oración está siempre encendida delante de la Santa Trinidad e intercede por todos nosotros.




B 2.4 Maestro carismático.


Es una confirmación común de todos los que han conversado con el Gérontas y los que han leído sus textos, que poseía el carisma de la palabra y de la teología, el superior de todos los carismas del Espíritu Santo.

Su modo de hablar era simple, como los pescadores Apóstoles, práctico, vivo, representativo, atractivo, suave y dulce. Caía como el rocío sobre las almas sedientas. En sus narraciones era incomparable. Unía de modo natural historias benditas y bromas, para que su narración fuese agradable, más representativa, recalcando así también lo espiritual. Solía hablar con ejemplos, “en parábolas”, de la naturaleza y de la vida. Era claro y seguro en sus palabras, poético y sentencioso. Era capaz de hablar tranquilamente durante todo el día sin preparación y que sus oyentes quedasen enganchados a sus palabras.

No daba conferencias, ni buscaba hacer de maestro. Por regla general conversaba con sus visitantes o hacía reuniones en sus conocidos monasterios, cuando se lo pedían o respondía a las preguntas.

Con las pocas palabras que decía cubría las cosas importantes de muchos. Conocía el modo y tenía discernimiento, y podía por un motivo insignificante hacer una enseñanza espiritual extraordinaria.

Tenía la capacidad de cambiar las conversaciones insignificantes en espirituales. “Gloria a Dios, que hemos terminado el tejado de nuestra Kelí”, le dijo un monje del M. Atos. Y el Gérontas llevando la conversación de las construcciones a la construcción espiritual, dijo: “Igual que en la casa lo más básico es el tejado, así también en el hombre lo más importante de todo es tener su cabeza asegurada, bien amueblada y no aceptar pensamientos pecaminosos.

Sus palabras tocaban las almas de los hombres. “Aquello que más me impresionaba”, dijo un drogadicto, “es que el Gérontas con dos o tres palabras conseguía comunicarse con nosotros y mover nuestro interés, motivarnos”.

Según la disposición de ellos, unos volvían en sí mismos y se arrepentían, otros dudaban, otros se entusiasmaban y otros se aliviaban. No convencía a los hombres con la lógica, sino que los ayudaba espiritualmente.

Produce sorpresa su polivalencia, los conocimientos prácticos, la sabiduría y su enorme memoria.

Tenía la capacidad de dirigir espiritualmente monjes y monasterios, dar soluciones a los problemas de laicos, solteros y casados, dialogar con científicos que quedaban impresionados por sus conocimientos y su habilidad. Condescendía y se ponía al nivel de formación y del estado espiritual de los hombres, teniendo siempre en cuenta el carácter de ellos, sus profesiones, sus orígenes, sus intereses, etc.


Por regla general “hablaba a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (Cor. 14,3) y “sobre el Reino de Dios” (Lc. 9,11).

Evitaba teologizar sin motivo. Pero cuando era necesario, teologizaba sin error, expresando con palabras sencillas sus visiones y experiencias divinas. La contemplación antecede a la teología. Ella al monje analfabeto le hizo teólogo. Decía que “la teología sin experiencia se parece al topo que intenta describir el sol.»

Por supuesto que en las palabras del Gérontas también se reflejaban los elementos humanos de sus conocimientos y de su experiencia. A veces me decía: “Mi pensamiento me dice esto y aquello… o creo que…” Hablando como ser humano sobre temas corrientes actuales se equivocaba también. Aparte de que él mismo no se creía infalible.

Pero para situaciones y temas espirituales, que tratan de la salvación, observaba al interlocutor con atención, observando profundamente sus ojos con vista analizadora y a la vez oraba espiritualmente con la oración del corazón. Ya que comprendía exactamente la pregunta, después “hablaba la gracia divina que le concedía conocer las cosas y realidades”, (san Isaac el Sirio, Logos 76, pág. 296). Sus respuestas eran tan clarividentes que informaban interiormente y se hacían aceptadas como palabras de la Santa Escritura. Estas palabras del Gérontas tenían una fuerza especial, de indudable aceptación, porque no eran suyas, sino del Espíritu Santo. El Gérontas simplemente transmitía el logos de Dios que nacía de lo superior de su corazón. Este logos es “el especial, perfecto y verdadero atributo de los santos”, (San Simeón el Nuevo Teólogo. Logos 80)

En estos casos hablaba como teniendo poder, con absoluta certeza, sin dejar lugar a dudas. Cuando el Dios no le daba logos e información, no respondía: Decía: “Haremos oración”, y después de días daba la respuesta adecuada.

El Gérontas por naturaleza era abierto, elegante, hábil y hablante convincente. Pero el valor de su carisma no está en la forma de hablar sino en el contenido de sus palabras. Sus logos tenían la fuerza de revelar el reino (la realeza increada) de Dios y transfigurar el alma de los hombres, porque él mismo había sido transfigurado espiritualmente por la divina gracia.


El venerable metropolita Panteleimon de de Xanthi, recalca. “Los consejos del Gérontas manifestaban estabilidad de actitud y fe que tenía como sostén una experiencia vivida muy superior de lo que nosotros estábamos preparados para entender…

»Escuchaba sus logos y admiraba su espíritu. Era el Espíritu de Dios que clamaba a través de su instrumento o recipiente. Esto cada vez más formaba en mi interior una fe inquebrantable e información invariable. El Gérontas Paísio se hacía para mí instructor en Cristo, intérprete de los dones del Espíritu, indicador del camino celeste y luz en mi densa oscuridad».

El Gérontas, también después de su dormición, ayuda a los hombres con sus escritos. Sus libros tienen una repercusión sin precedentes, se leen insaciablemente, se traducen a lenguas extranjeras, hablan al corazón, conmueven a personas sencillas y a intelectuales.

Con la enseñanza que nos ha dejado el Gérontas, se ha convertido en un maestro contemporáneo de la vida espiritual. Sus palabras que circulan por la boca de los hombres, influyen carismáticamente y conducen las almas a la salvación.




B 2.5 El carisma del consuelo.


Tal y como el sol de la primavera expulsa la niebla y calienta, así también el Gérontas, con el carisma del consuelo expulsaba la tristeza y aliviaba a toda alma castigada y dolida que se acercaba a él.

Muchos acudían a él por su carisma o don de la consolación. Venían preocupados y se iban totalmente cambiados. Sólo con verle alguien, recibía fuerza y alegría. Si tenía además la bendición de conversar con él, entonces conocía y sentía una alegría insólita y se marchaba transformado. Las mismas cosas más o menos podría también decirlas otro a una persona afligida, dolida y cargada. Pero las palabras del Gérontas transmitían la gracia de Dios, tenían otra fuerza.

Conseguía tomar todo el dolor humano y la tristeza y convertirlos en alegría y consuelo. El mismo saboreaba la amargura, pero los hombres se llenaban de alegría y dulzura.

Su amor verdadero por cada hombre hacía el dolor y los problemas de los demás suyos y resultaba en la oración del corazón por los doloridos. A través de él operaba la gracia divina con un carisma especial de súplica y consuelo.

Veían su ejemplo y eran consolados. Mientras que él mismo sufría de muchas enfermedades, lo soportaba y glorificaba a Dios. No rogaba a Dios para darle salud. Estaba siempre con buen ánimo y alegre, desbordaba de alegría y alegraba también a los doloridos y afligidos. Aquellos se marchaban alegres dentro de sus aflicciones. No daba un consuelo falso. Recalcaba la fe la glorificación a Dios, la paciencia y el afrontamiento espiritual de la prueba, e indicaba también el propósito de las aflicciones y tristezas. Endulzaba los padecimientos de la vida presente con la esperanza de la eterna.

Monjes iban doloridos y cargados de pensamientos pecaminosos y tentaciones. Con una breve conversación se sentían más ligeros, como si les creciesen alas, y salían volando. Reencontraban su antiguo entusiasmo y sentían como si desde aquel momento comenzasen de nuevo sus vidas monásticas. Cuando retornaban al Monasterio la transformación de ellos era tan clara, que los demás, percibiéndola, les preguntaban: “¿Tal vez has ido a ver a Paísio?”

Cuando alguien se acercaba a su Kalivi, sentía una dulzura. “Toda la atmósfera te endulzaba”, tal y como testifican muchos. Nadie se marchaba del Gérontas sin ser consolado. Jóvenes con problemas psicológicos y tendencia al suicidio eran consolados y se marchaban con la decisión firme de arrepentirse y vivir espiritualmente.



Comenta un monje del M. Atos: ”Visitamos al Gérontas Paísio algunos monjes jóvenes para que nos en el inicio de nuestra vida monástica. Realmente nos volvió a dar alas a nuestra moral con sus palabras sabias y gratificadas. Cuando nos marchábamos, se detuvo y nos dijo una frase que quizás los demás la consideraron insignificante y no la dieron importancia: “Y no os entristezcáis cuando la loca carne está haciendo locuras sobre todo durante la doxología en el oficio litúrgico de los Maitines. Es porque baja la sangre, supongamos, por estar en pie hacia abajo…”. Sin embargo esto era mi fatiga y aflicción en aquella época. Mientras veía que psíquica e intelectualmente no participaba, sin embargo sentía gran vergüenza por lo que me sucedía dentro del santo templo, durante la hora toman parte tantos acontecimientos divinos y sobrenaturales. Mi orgullo o soberbia no me dejaba confesarlo. Pero el Gérontas Paísio captó mi problema y me ha aliviado y reposado”.



Un monje aghiorita nos narra: “Bajé a la Skete “Santa Cruz” para ver al Gérontasel año 1978. Mi nombre entonces era Nicolaos. Sentía una tristeza y un peso encima de mí como si se hubiera caído el Athos encima mío y no podía respirar. Me estaba ahogando. Describí mi situación al Gérontas, que me ha escuchado con atención y al final me dijo: “Te ha atacado la tentación, me dijo, espera y verás lo que vamos hacer”. Y comenzó a salmodiar el canon de san Nicolaos el tropario: “Bienaventurado Nicolaos, auténtico del Soberano…” tan cordialmente que se removía entero. Tomó mi cabeza y la puso en su pecho. Hasta llegar a la mitad del tropario me poseyó un temor y comencé a llorar orando. Cuando acabó, había quedado en mi interior una alegría y paz. ¡Cómo había cambiado mi situación tan rápido! Ahora sentía que toda la Santa Montaña estaba llena de dulzura y que esta dulzura salía del Gérontas.

Un heleno de la región de Pontos no conseguía encontrar trabajo y cayó en la depresión y el agobio. Había decidido suicidarse. Un amigo suyo le aconsejó a visitar al Gérontas Paísio y él fue a verlo. Cambió totalmente, se hizo otra persona y se marchó alegre con esperanzas. Al final decía: “Aunque una montaña aparezca ahora ante mí, la apartaré a un lado y pasaré”.

Trajeron a Panaguda a “un hombre paralítico llevado en alto por cuatro”. Vieron al Gérontas y el paralítico fue consolado y se marcharon con las caras alegres.

Narró el Gérontas: “Estos días en la Skete de la Venerada Cruz vino un muchacho que era como un diamante. Tenía principios morales y pureza, no había visto otro muchacho así. Sus parientes, incluso ellos y todos sus conocidos, le tomaban como loco y perturbado; hasta al manicomio lo llevaban, porque no iba con mujeres y no hacía vida mundana. Vino muy perturbado y problematizado y se marchó totalmente cambiado.

»Otro pensaba hacerse daño a sí mismo y se marchó tan alegre volando como una mariposa.

»Otro le habían mareado yendo de un psiquiatra a otro. Vino y estuvimos una hora y media y al final saca 1500 dracmas para dármelos, porque en los psiquiatras por 15 minutos pagaba 1000 dracmas y no le hacían nada, en cambio aquí fue muy beneficiado, porque no tenía nada, sólo su pensamiento se puso en su sitio y se arregló.»

Un piadoso peregrino llorando de emoción comentó lo siguiente: “Vine en el año 1992 de Canadá desesperado. Estaba separado, tomaba drogas y catorce medicamentos. Hacía treinta y dos años que no comulgaba. El Gérontas estaba conversando con unas quince personas en el patio. Se le veía muy agotado. Se marcharon los otros y yo me quedé el último. Me dijo: “Vienes de muy lejos. Hace mucho tiempo que te estaba esperando”. Su amor me impactó. Sentía que podía verlo todo. Se olvidó de su situación y se llevó encima suyo todos mis problemas. Todo me lo ajustó y lo puso en su sito: La salud, ahora sólo tomo una pastilla para la presión; el trabajo, la familia; ahora tengo también una hija, Paísia, y lo principal, tengo mi fe en Cristo Dios. Mi madre muy alegremente me dice que: “Hijo eres todo un milagro”.»

Una vez en Tesalónica el Gérontas encontró a un clérigo alumno suyo. Mientras conversaban,conversando se les acercó una mujer vestida de negro muy amargada y dijo con tensión y miedo: “Decidme ¿por qué es injusto Dios? Se ha llevado a mi marido y ahora a mi hijo”. El Gérontas no dijo nada. Miró izquierda y derecha y rezó. Después dijo a la mujer: “Bendita, ahora eres como monja”. La mujer se serenó, hizo una prosternación, besó su mano y se marchó agradeciendo.

Incluso antes de su dormición, cuando tenía los grandes dolores de su enfermedad y estaba casi moribundo, no cesaba de consolar al pueblo de Dios.

Un joven conocido suyo tenía un serio problema de salud, que le había creado una depresión insoportable. Acudía a psiquiatras y tomaba psicofármacos. El Gérontas lo llamó aparte, lo vio por unos minutos, le dijo unas pocas palabras, pero la alegría que recibió fue grande e indescriptible. Se marchó como una persona distinta y tiró a la basura todos los psicofármacos.

Aunque él mismo sufría, sin embargo consolaba a los demás. Mientras vivía consolaba desde la tierra y ahora ya es consolador y suplicante en los cielos e intercesor ante Dios.




B. 2.6 Enemigo y expulsor de los demonios


Las apariciones del diablo, sus tentaciones y sus ataques constituyen un capítulo aparte en la vida del Gérontas. El p. Atanasio Skliris dijo a un conocido suyo: “Ven a conocer a un monje (el p. Paísio) que combate en primera línea contra los demonios”. Un estudiante de Universidad comentó al Gérontas que un profesor de teología sostiene que no existe el diablo. El Gérontas sonrió diciendo: “¿Qué dice este? Aquí cada noche el diablo nos pone películas”. Realmente el diablo era para el Gérontas una realidad tangible. Le veía muy a menudo.

Los enganchados a sus pasiones pecaminosas y débiles luchan con sus pasiones, los fuertes con el diablo. Siendo fuerte luchó directamente con el diablo y le venció.

En estas pugnas, se desarrollaba una lucha real cuerpo a cuerpo. El diablo se marchaba vencido y dejaba revueltos los pelos del Gérontas y sus sotanas arrugadas. Naturalmente no le vencía con su fuerza corporal.

A veces luchaba no sólo con un demonio sino con multitud de ellos. Veía toda una falange de demonios que se abalanzaban con ímpetu para destruirlo. De la multitud de demonios, “el último de la falange parecía pequeño como la cabeza de un alfiler”.

Uno le trajo un casete que tenía gradadas revelaciones de una endemoniada. Decía el demonio mediante la boca de ella: “Y diga a Paísio que no vacile, que se esté bien quieto y no se mueva mucho, porque le daremos una paliza, le atacaremos como la otra vez”. El Gérontas que escuchaba silencioso, sonrió y espontáneamente dijo: “¿Cuál de todas?” De esto se ve que muchas veces recibió ataques demoníacos en su martirizado cuerpo por la ascesis. Lo de “que no se mueva mucho”, el Gérontas lo interpretó que el diablo daba a entender las prosternaciones. No puede uno tampoco olvidar su múltiple acción carismática con la que arrebataba almas de las redes del diablo.

Decía sobre la lucha contra el diablo: “El diablo hace bien su trabajo. Al perro lo pegas dos o tres veces y se marcha. Al diablo lo pegas una y otra vez y de nuevo allí, no se va. Sólo hace falta desprecio y no darle derechos.

Entonces, cuando es despreciado y no le concedemos derechos, hace otras escenas, se ríe y hace teatro sin billete de entrada. Pero uno no siente el miedo del diablo, uno no ve un perro salvaje sino un perrito débil”. Cuando el Gérontas dice, “golpeas al diablo”, da a entender con la oración, que es según la Escalera “azote a los diablos”.

El diablo se presentaba ante el santo por concesión de Dios y no porque le había concedido derechos. “El diablo no podía encontrar nada en el Gérontas, porque no le daba ningún derecho. Se cuidaba de no dar motivos al diablo ni siquiera para provocarle”.

Un monje que le llevó dulces e insistía en que el Gérontas los probara. “Déjalo, mejor no comer”, dijo, “porque ¿sabes lo que me va a decir por la noche el “tankalaki” (diablillo)?, o mejor que no te lo diga”.

Otro le ofreció el chocolate y se negó, diciendo: “el diablillo se burlará y se reirá de mí por la noche”.

Cuando quería contar alguna tentación del diablo, decía sonriendo espontáneamente: “Mira lo que me hizo ayer el diablillo”. Pero bruscamente se ponía serio, su faz expresaba tristeza y moviendo tristemente la cabeza, decía: “¡La criatura más bella, cómo ha acabado por su soberbia! Ángel de la Orden de la Primera Legión cayó y se hizo diablo, endemoniado lleno de odio y maldad. De Ángel de luz se ha endemoniado y convertido en demonio negro, oscuro”.

No sentía odio ni maldecía al diablo. Le compadecía y oraba, si es posible, para que se arrepintiese y volviese a ser otra vez Ángel de luz (divina, increada).

El Gérontas, ya que incontables veces “recibió experiencias” de los demonios, se convirtió en un enemigo experimentado de ellos. Ya no tenía miedo al diablo, pero tampoco le menospreciaba. No ignoraba ni desconocía sus “señales”, tampoco sus tentaciones ni sus trampas. Por su experiencia describía: “El diablo realmente se transforma en hombre, en animal etc… Realmente se puede palpar. Es otro estado, que no conocemos. Le ves, le tocas, le atas e inmediatamente desaparece de delante de ti. No podemos hablar de materialización. Es un estado intermedio de otro tipo y forma”

Un prosélito Ortodoxo pidió bendición al Gérontas para traducir al francés su libro “San Arsenio de Capadocia”. Suplicó al Gérontas que omitir en la traducción los acontecimientos con el diablo y las curaciones de endemoniados, porque los europeos estas cosas no las aceptan. El Gérontas que tenía tantas experiencias con el diablo, naturalmente se lo negó.


1. Apariciones de demonios

Una noche cuando el Gérontas estaba en Stomio, dijo a un muchacho que lo hospedaba: “Tú quédate aquí, yo iré a un sitio”. Inició el viaje para ir a una cueva, que estaba en medio de una roca, y abajo había un precipicio brusco de 300 metros más o menos. Bajando escuchó un canto de gallo desde en medio de la soledad. Entendió quién era y no avanzó, permaneció allí en esta posición toda la noche orando. Era la primera vez que el diablo le molestó durante su estancia allí.

***

También una noche escuchó música y ruido de violines y otros órganos. Miró desde la ventana y vio al diablo bailando. Hizo señal al Gérontas para que fuese también él a bailar. En poco rato, diciendo la oración (del corazón o de Jesús), todo desaparició.

***

Pero también otra noche que había brillo de estrellas y claridad de luna, se presentaron fuera del Monasterio multitud de demonios que pedían al Gérontas que les abriese.

***

En la Skete de Iviron por un tiempo al principio, cada noche venía el diablo, diciendo: “Por la bendición de nuestros santos Padres”. El Gérontas le respondía: “Diablo, por despertarme, me obligas a hacer oración, me llevas al paraíso”. “Había tentación en aquella casa”, decía, “porque un hombre laico ha derramado por las fachadas “gran Agiasmós” (agua bendita, bendecida en el día de la Teofania, 6 de enero).

***

En la “Venerada Cruz” una noche el Gérontas escuchó un golpe en la puerta de la Kalivi. El Gérontas pensó que era algún ladrón y encendió una vela. Al poco rato otro golpe en la ventana. Entonces el Gérontas fue a la Ermita y encendió bastantes velas, para que el ladrón creyese que había muchas personas dentro y se marchara. A continuación se oyeron golpes en el tejado. Ya comprendió el Gérontas que el ladrón de media noche era el diablo y dijo: “Ah, eres tú, dímelo, ahora nos hemos puesto de acuerdo”.

***

Salió de la Kalivi de la “Venerada Cruz” y bajó hacia el Monasterio Stavronikita para la vigilia. Durante la lectura se sentó en el banquillo y por un momento se quedó dormido ligeramente. En el “Gloria a Dios de la alturas”, al comienzo de los Seis Salmos, se puso de pie de repente y vio junto a él un perro salvaje negro con la lengua fuera. Por unas décimas de segundo se sorprendió. Después hizo la señal de la Cruz sobre él diciendo la oración, y el perro negro que era el diablo, desapareció.

***

Otra vez le vino un pensamiento blasfemo. El Gérontas reaccionó intensamente, moviendo su cabeza. Al girar su cabeza hacia la ventana, vio un cabrito (el diablo) con los pies lleno de pelos intentando entrar dentro. “Que me falte tu fea cara”, le dijo despreciándolo.

***

Testimonio de Eleuterio Tamiliodakis de Creta: “La primera vez que me fui a la “Venerada Cruz”, tardó en abrirme y estuve a punto de marcharme. Finalmente abrió la puerta, vi al Gérontas y le hice una prosternación. Pero me fijé que estaba inquieto y cansado y antes de darme tiempo a preguntar, me explicó que el día anterior había visto al mismo diablo. Me dijo literalmente: “Bendito sabes que allá donde ahora estás en pie, ayer estaba puesto de pie el diablo. Era asqueroso, amarillísimo y tenía ojos rojos. Toda la noche no me ha dejado tranquilo. Temblaba toda la Kelí”. El Gérontas había estado en vigilia rezando y estaba agotado. El diablo no podía entrar en la Kelí o hacerle mal, porque le quemaba su oración”.

***

Nos contó el Gérontas: “He visto al diablo, quien me hizo varias revelaciones. Se refirió a unas personas y decía “y aquel es mío, y también aquel”, por sus nombres. Muchas cosas de las que dice el diablo son mentiras, pero dice también algunas verdaderas.”

***

Durante el año 1979 el Gérontas visitó un Monasterio del M. Atos. Por la noche fue en su kelí a dormir. Escuchó mientras dormía golpes en la puerta. Creyó que sería el responsable de la iglesia. Se levantó y se fue allí, pero estaba cerrada; no había nadie. Volvió en su kelí. Otra vez escuchó los golpes y susurros, sin poder entender las palabras. Miró y no vio a nadie; había perfecto silencio. Lo mismo se repitió por tercera vez. Entendió el Gérontas quién era el que daba los golpes. Era el diablillo, además explicó por qué hacía todo esto.




2. Curaciones de endemoniados.


El Gérontas, habiendo “combatido con los principios y las potestades de la oscuridad” y saliendo vencedor, recibió de Dios la Gracia de expulsar demonios, el carisma del “alejamiento de demonios”. Comprendía si uno estaba endemoniado o si tenía influencia demoníaca exterior o tenía alguna patología debido a ello en el cerebro. Decía que: “Muchas veces el psicópata está también endemoniado. El diablo al endemoniado lo tiene como casa de campo”. El Gérontas como médico experimentado hacía buen diagnóstico y daba la receta adecuada. Con la oración sanaba a los endemoniados. Creía que: “Cuando un monje está en el estado espiritual bueno y reza, el diablo tiembla. Se hace un ovillo y se marcha. “De todas formas”, decía, “de las miles de personas que vienen aquí, pensando que tenían demonio, sólo cinco lo tenían realmente. Para que el demonio entre en uno, éste debe haber dado muchos derechos (haber cometido pecados graves). A los niños pequeños basta leerles los exorcismos y tomar la divina Comunión, porque ellos no son responsables. Pero para los mayores no es lo mismo. El endemoniado es sanado con el arrepentimiento y la confesión. Primero debe encontrarse la causa y después el sacerdote leer los exorcismos para que sea curado.

*

»En el Peloponeso había un hombre que su hijo lo alejaba de la Iglesia. “¿Qué quiere decir Iglesia, curas? ¿Y cómo permitió Dios que se endemoniase el niño? ¡Era una bestia! Atormentaba a su madre y la pobre se vio obligada a marcharse de su casa. Y el padre comenzó a circular por los Monasterios. Los médicos no encontraban nada. Vino también a mí y preguntaba el padre: “¿Cuándo se pondrá bien?”. “Cuándo se estabilice su estado espiritual”. Aprendió todos los santorales y los monasterios. Y ves cuánto ayuda la prueba. ¡Al principio se metía con los sacerdotes” ¡Cuánto ayudan las pruebas! El hombre se ve obligado… por eso existen las leyes espirituales, las pruebas, para que los hombres se acerquen a Dios”.

*

“Trajeron a una endemoniada al Monasterio de Surotí para que yo la vea”. La pobrecita estaba muy agotada y me indicó un tumor que tenía como piedra en su costado derecho. Entonces saqué una concha que tenía colgada en mi cuello que tenía en su interior reliquia de san Arsenio, y lo puse sobre el tumor. Ella comenzó a gritar y con sus voces puso en pie a todo el Monasterio. Intentó vomitar. Entonces puse la sagrada Reliquia en su cuello y empezó a moverse, a los lados, alante atrás, con velocidad, tanto que existía el peligro de salirse de su posición, por eso lo sujetaba con sus manos. Finalmente se marchó el demonio y ella bastante agotada se tranquilizó”

*

Nos relató el Gérontas: ”Un día vino un laico que estaba años en el M. Atos, y sufría de demonio, sin saberlo. En cuanto le vi comprendí que tenía demonio. Hice la señal de la Cruz sobre él con las Reliquias de san Arsenio y el pobrecito se sintió liberado, sin poder explicar cómo sucedió este cambio”

***

Otra narración del Gérontas: “Una vez en Panaguda vino un joven enfermo que tenía problemas psicológicos y creía que estaba loco. Hablaba y hablaba, y cuando le respondía no escuchaba, sino que pensaba qué más iba a decir. Tenía un desorden psíquico y energía demoníaca. Ves, cuando la gracia de Dios abandona al hombre, entonces intervienen los demonios. Este joven se ponía negro. Había llegado a una gran desesperación.

»Cuando pasó la hora, intentaba no moverme por aquí ni por allá, para no dar la impresión de que me aburría. Durante nueve horas estuve sentado y le escuchaba. Venía de una vigilia, tenía problemas con mis intestinos y estaba sentado en una placa y tenía frío. Ya que le había aceptado, debía terminar. Si, por ejemplo, le hubiese retenido ocho horas y medio y después le echara, sería perdido todo el esfuerzo de las ocho y media horas.

»Al día siguiente vino su hermano a agradecérmelo. ¿Por qué me lo agradeces? ¿Qué he hecho? Él sufríó durante ocho años y yo que le escuché nueve horas y media, pues no es nada. El hombre se normalizó, ahora es profesor y padre de familia creyente. Viene y me ve a menudo».

*

Nos relató el Gérontas: “Trajeron a un endemoniado al Monasterio. El pobre estaba dentro en la Iglesia y sufrió una crisis, insultaba y gritaba. Trajeron la sagrada reliquia del cráneo de san Arsenio y la apoyé sobre él. Aullaba; se cayó al suelo. Puse entonces la reliquia sobre su pecho y yo decía la oración del corazón y las monjas también. Apenas puse la cara en su pecho, comenzó hacer unos espasmos intensos y se quedó rígido, como si se hubiese quedado sin habla, mudo. El demonio se marchó. Cuando volvió en sí, dio las gracias a san Arsenio y a nosotros. Desde entonces venía a menudo al Monasterio y traía cosas. Cuando encontraba la puerta cerrada, las dejaba en el interior de la alambrada y se marchaba.

»Una vez vio algo en su sueño, lo interpretó con su mente, se entristeció y se desesperó. Comenzó otra vez la vida pecadora, peor que la primera. Entonces volvió a endemoniarse. Esta vez mucho peor que la primera. Se convirtió en un martirio para su familia, porque estaba casado con hijos. Luchaba con los demonios. Los veía claramente con sus propios ojos. Pero era muy valiente y fuerte. Le pegaban los demonios, le tiraban al suelo. Les decía: no vengáis todos juntos sino uno por uno”. Padecía de crisis demoníacas. Le habían dicho que la dijese, y decía la oración “Señor Jesucristo, ten piedad de mí”. Cuando decía la oración, le susurraban los demonios: “No digas este nombre; di siempre Kazantzakis, Kazantzakis”, y le dijeron algunos nombres más entre ellos también el nombre Belujiotis. Había creído que tienen necesidad de oración y escribió sus nombres en un papel para darlos en la Iglesia y que hiciesen memoria de ellos.

»Finalmente decidió venir al M. Atos para encontrarme. En el camino, bajando hacia la Kalivi, le decían los demonios: “No vayas a ese esquelético, ¿qué te va hacer ese?”. Vino a mi Kelí y me rogaba que orase para ponerse bueno. Lo acogí. Comió un poco y lo puse a descansar. Estábamos en la misma Kelí. Mientras decía la oración, de repente se oyó un silbido como de un proyectil. Le engancharon los demonios y le arrojaron cuatro o cinco metros enfrente al suelo, desde la sala de visitas hasta el pasillo de fuera. Comenzó a aullar y a insultar. Le decían los demonios: “!Ehh!… (palabras obscenas y blasfemias), ahora te enseñaremos nosotros”, y levantaban su ropa. Yo no veía a los demonios, pero veía sus ropas levantarse solas y escuchaba sus palabras feas y asquerosas. Los demonios intentaban desnudarlo. No sabía qué hacer en esta situación. Traje el anillo de san Arsenio, hacía la señal de la Cruz sobre él y decía en mi interior la oración. Le dejaban, se serenaba un poco, y después otra vez lo mismo. Esta situación duró unas dos o tres horas. Después volvió en sí. Lloraba y me daba las gracias. Me decía que cuatro demonios le engancharon y le tiraron enfrente a la pared, y un quinto me tiraba de la nariz.

»Se marchó curado y hasta ahora está bien. Antiguamente esta persona tenía también una posición importante en el Estado»

***

Nos relató el Gérontas: “Una persona laica había sido engañada. Le dijo un endemoniado: “¡Tienes una Cruz en tu cabeza y vete a hacerte predicador!” Vino para recibir la bendición. Le digo: “Mira, bendito, tienes demonio, vete al Monasterio Stavronikita para que te lean los exorcismos”. Se levantó y se marchó. Regresó al mundo y comenzó a predicar. Una vez delante de la gente, le captó el demonio y empezó a insultar a la Panayía y a blasfemar sobre las cosas divinas. La gente se marchó asustada. Le llevaron al manicomio. Se volvió más humilde, pero se desesperó y quería suicidarse, porque este pecado es grave. Vino otra vez y le dije: “Aceptó Dios ser insultado por ti para salvarte y para que sean salvados también los otros”.

Así se normalizó».



B.2.7 “Mirra vaciada”


Decía el Gérontas: “Fragancia da Dios a veces en momentos de oración. Otras veces en momento en que no estás orando. Esto lo hace para consolar, reforzar e informar a un alma; de todas formas, por algún motivo. Es fuerte la fragancia. No se parece de la fragancia de los aromas. Sientes un gran alivio y regocijo. Algunas veces no aguantas la intensidad de la fragancia”. Esta divina fragancia es manifestadora de la presencia del Espíritu Santo, en lugares santificados o donde hay santas Reliquias.

*

“Una vez”, relató el Gérontas, “cuando estaba en el Monasterio de Filoteo, me fui a la Kelí de san Domecio. De repente iba a ahogarme de la intensa fragancia. Pregunté y me dijeron que allí cerca debía estar enterrado el venerable Domecio, pero nadie sabía dónde exactamente”.

*

“Otra vez, cuando estaba en Katunakia y pasaba por una Kelí abandonada en la que se veían unos hierros y unas maderas tiradas, sentí una fuerte fragancia. Tal como supe más tarde, en esta Kelí había vivido un asceta virtuoso que estaba en un estado espiritual muy alto”.

*

El Gérontas cuando vivía en la “Venerada Cruz” y pasaba por la desierta Kelí rusa de la Santa Trinidad, sentía una fuerte fragancia. Una vez estaba también con él un hijo suyo espiritual. El Gérontas le preguntaba si sentía algo. Bajaron al osario de la Kelí, porque la fragancia provenía de la reliquia del cráneo de un monje virtuoso.

*

El período que preparaba la edición de su libro con el título: “El Padre Arsenio de Capadocia”, estaba con algunas monjas del Monasterio de Surotí en una habitación y hacían rectificaciones del texto. En un momento el Gérontas sintió una inenarrable fragancia pero no habló, para ver si también las monjas la sentían. En un momento las monjas empezaron una por una a preguntar: ¿A qué huele, qué fragancia es esta? a Esta fragancia la recibió el Gérontas como regalo de san Arsenio por la edición del libro.

*

El santo no sólo sentía la fragancia, sino que el mismo se había convertido en “fragancia de Cristo”. Infinitas veces le “traicionaba” la divina Gracia y confirmaba su santidad con fragancia, que como “mirra vaciada”, salía del mismo, de sus objetos personales o de lugares donde había vivido.

*

Testimonio del venerable Metropolita de Limasol de Chipre, Atanasio: “Visité como diácono la primera vez al p. Paísio el año 1976 junto con otro diácono conocido mío. Entonces estaba en la “Venerada Cruz”. Llamamos y esperamos con inquietud. Había oído varias cosas sobre el Gérontas y deseaba mucho conocerlo.

»Vino y nos abrió. Era delgado, estaba envuelto con una manta. Era invierno. En nuestra conversación estaba alegre y con buen ánimo, y nos decía varias bromas. Sin embargo confieso que me decepcioné, y dije en mi interior: ¿Este es el gran santo, el milagroso que dice la gente? En mi interior tenía otra percepción e imagen sobre los santos. No nos dijo nada más, sólo decía bromas y nos invitaba a comer lukumi y otras cosas.

»Marchándonos, allí en la alambrada antes de despedirnos de él, le dijimos: “Gérontas, dinos algo espiritual”. Nos responde: “Qué queréis que os diga hijos míos; pues, haced muchas prosternaciones”. Preguntamos: ¿Cuántas debemos hacer?”. No respondió, sino que cambió su imagen y pareció distinto y en aquel momento desprendió una fragancia divina muy fuerte; ¡Tan fuerte fragancia! ¡Todo desprendía fragancia! El aire, las piedras, los árboles, todo.

»El Gérontas apresurado nos dijo: “Rápido, rápido, iros ahora”.

»Nos despedimos de él y sin decir nada sentimos una gran alegría en nuestro interior y comenzamos a correr. No sé lo que nos pasó. Fragancia y gran alegría. Avanzábamos así corriendo y riendo y la fragancia nos seguía hasta que pasamos el Burazeri.

»Mientas que un rato antes mis sentimientos eran exactamente contrarios, después de este acontecimiento sentí una gran devoción hacia el Gérontas.”

*

El monje A. del M. Atos testifica: “Una mañana me esperaba el Gérontas para hacer un trabajo juntos. Cuando le besé la mano, percibí y sentí una fragancia fuerte, pero también todo el patio estaba lleno de fragancia.

*

El monje X. también sintió al Gérontas despidiendo fragancia: “Una vez que estaba hablando con él percibí y sentí que despedía una esencia. Se lo dije y me respondió que esto sucedía porque yo supuestamente era bueno. Otra vez me regaló una crucecita de madera que a veces desprendía fragancia. Se lo dije y respondió que, cuando estás en buen estado espiritual desprende fragancia.

*

“Una vez”, relata el Gérontas Gregorio del S. Monasterio de san Juan el Precursor de la Metamórfosis, “sentía una fragancia, tal y como la de las sagradas Reliquias. El Gérontas Paísio estaba a poca distancia. Al principio estaba sorprendido no sabía de dónde venía, y acercándome al Gérontas, comprobé que la fragancia salía de él.”.




B. 2.8 Entendimiento con hablantes de otros idiomas.


Es sabido que el Gérontas, aparte del idioma griego, no conocía otro. Pero sucedió repetidas veces que, cuando había una causa y razón para hablar la lengua de Pentecostés, conversaba y se entendía admirablemente con personas de otras lenguas.

*

Nos narra el sacerdote E.K: “Una vez estando yo presente en la Kelí del Gérontas junto con otros tres visitantes, uno de ellos francés que no hablaba nada de griego. Cuando vino su turno para hablar con el Gérontas, se apartaron durante quince minutos y conversaron sentados en los troncos. Se veía que hablaban con interés, pero, ¿cómo se comunicaban, ya que uno y otro hablaban diferentes idiomas? El francés se marchó alegre. Se veía muy claramente su satisfacción en su rostro”.

*

Un visitante francés quedó con un monje para ir a ver juntos al Gérontas. Por la noche en el Monasterio que se hospedaba había vigilia. El monje después de la vigila se fue a su Kelí para descansar. El francés por el gran anhelo que tenía bajó sólo a ver al Gérontas en su Kalivi. Conversaron admirablemente y por la conversación tuvo la impresión de que el Gérontas conocía perfectamente la lengua francesa.

*

El p. Basilio del Monasterio de Gregorio testifica: “Había ido a la Kelí del Gérontas en pleno mediodía. La puerta estaba cerrada. Un joven esperaba tumbado en el suelo. Era griego-americano y sólo sabía inglés. “¿Cómo te vas a entender con el Gérontas?, le pregunté. “Dios mandará a alguien”, respondió. “Mira, a ti”, añadió. Finalmente me encontré yo también con ellos para hacerme supuestamente el listo con el poco inglés que sabía, que casi lo había olvidado. Pero observé, con gran sorpresa mía, que el p. Paísio entendía todo lo que decía el chico, mejor que yo, y le respondía por supuesto en griego con muchos ejemplos sabios y sencillos, que traducía yo. Lo que no podré olvidar de todo aquello es la solución que dio a un problema que le había expuesto el joven, por la cual se manifestaba su enorme fe y su confianza en la providencia de Dios. El joven, quejándose, dijo: “Mi madre me pide continuamente dinero, y por mucho que yo le doy de mis ahorros, lo derrocha sin sentido. No sé qué hacer”. Le responde el p. Paísio: “Escucha hijo mío, el dinero que ibas a dar a tu madre, dalo en caridad a un pobre y en el momento en el que se lo vas a dar, tienes que hacer una oración, diciendo: “Dios mío, este dinero lo doy por mi madre, Tú cuida de ella”. Entonces Dios se hará cargo Él mismo y encontrará maneras y soluciones”.

*

Testimonio del p. P.L.: “Visité al Gérontas Paísio con Daniel, un español que se hizo Ortodoxo. Quería hablar con el Gérontas y que yo hiciera de intérprete. Daniel hizo una pregunta y antes de hacer yo la traducción el Gérontas contestó. Daniel se quedó sorprendido y me preguntó dos veces: ¿Cómo es posible, si no hiciste la traducción? Le dije: “Yo qué culpa tengo, te ha respondido correctamente”. El Gérontas le tranquilizó diciéndole: “A éste déjamelo a mí (al traductor) y dime qué quieres”. Comenzaron hablar, aquel en español y el Gérontas en Griego. Me miraba y sonriendo dije: “Yo no hago falta, mejor que me marche”. El Gérontas me detuvo con la mano diciendo: “Quédate, pero que no lo sepa nadie”. Pensaba qué gran santo es el Gérontas. Seguí toda la conversación, pero no he podido retener nada en mi memoria, solamente lo último: “Este pecado debes confesarlo”, le dijo el Gérontas.

*

Un hijo espiritual del Gérontas relata: “Un día fui muy temprano a Panaguda, apenas se había puesto la luz del día. Toqué con el pequeño hierro y me abrió el Gérontas sonriendo. Me preguntó:

—Qué dice usted, padre…, cuando san Efrén el Sirio visitó a san Basilio el Grande, ¿les hizo falta traductor?

—Creo que no Gérontas, le dije.

»Pasé a la sala de visitas y encontré a un visitante de otro país. Hasta que el Gérontas preparase la invitación, con lo poco de inglés que sabía comenzamos a hablar y me dijo que había venido tarde, la noche anterior, se le había hecho tarde, porque había perdido el camino y el Gérontas le hospedaba. Al principio no podían entenderse. El Gérontas lo dejó por diez minutos (parece ser que hizo oración) y después se entendían sin ninguna dificultad. El Gérontas hablaba en griego y el otro en inglés pero se entendían perfectamente entre ellos.




B.2.9 Paradójicas transportaciones


El Gérontas mientras se encontraba en su Kelí del M. Atos, se transportaba muy lejos para ayudar a alguien que estaba en peligro o por cualquier otra razón.

Los hombres le veían y le oían. A veces estaba invisible, seguía y conocía qué sucedía en una persona, en una familia o en un monasterio.

*

En el Monasterio de san Juan el Teólogo de Surotí ordenaron urgentemente a una anciana, monja, a causa de su inminente muerte, que en breve sucedió. El p. Paísio no había aún sido informado de que ella había recibido la bendición mediante la oración para llevar sotana; mientras tanto, aunque estaba en el M. Atos, seguía el entierro y no podía entender a cuál de las monjas estaban enterrando.

*

Los días que había ido de peregrinaje a Jerusalén vino un grupo de jóvenes para verle. ¡Mientras estaba ausente de su Kelí, ellos lo encontraron! Conversaron y se marcharon alegres. Pasaron la noche en el Monasterio de Filoteo y allí comentaron que habían visto al Gérontas. Los padres se extrañaron de cómo vieron al Gérontas, si estaba ausente. El día siguiente un monje de Filoteo fue a Panaguda, pero no encontró al Gérontas. Preguntó en una Kelí vecina y le aseguraron que el Gérontas estaba ausente.

De este acontecimiento se había informado también el portero del Monasterio de Kutlumusion, el actual higúmeno del Monasterio de Vatopedi el Archimandrita Efrén y otros padres, y se había extendido la noticia por casi todo el M. Atos.

*

El 15 de Agosto de 1987 tres monjas del Monasterio de san Juan el Precursor de la Metamorfosis, de la provincia de Halkidikí fueron al Monasterio de Surotí. Durante la vigilia cantaban en el coro derecho. Tres veces escucharon al Gérontas cantar desde el Santuario “A la más Honrada, las Alabanzas y el Himno a los Querubines”, mientras que se encontraba en el M. Atos.

*

El Gérontas Gregorio del mismo Monasterio nos relata: “Un día que visité al Gérontas en Panaguda, tenía mucha gente. Al final me dijo que me quedase en su Kalivi para dormir. Comimos algo provisional y dijo que fuésemos a descansar un poco, porque estaba muy cansado y sin dormir. Llevaba dos noches sin dormir. Por la mañana me llamó para el Oficio litúrgico, y me dijo: “

—No me han dejado dormir en toda la noche.

—¿Quién, Gérontas?.

—Mira, fuera se hacía vigilia. Era muy bonita.

Mientras se encontraba en el M. Atos, participaba en una vigilia que se hacía en un Monasterio fuera al mundo.

*

Testimonio de la señora M.D.: “Hace unos años, cuando vivía aún el Gérontas, caí enferma. Me había salido un pequeño tumor. Mi hijo fue a preguntarle y le dijo me fuera al Hospital Zeagenio; y así se hizo. Me llevaron al quirófano y en la biopsia rápida indicó que tengo un tumor maligno. Después de seis días los médicos me dijeron que si en un día la herida no parase de sacar sangre entraría otra vez al quirófano.

»Mi hijo volvió a ir al Gérontas y le respondió: “Dile a tu madre que no se preocupe, que no es nada, pasará”. Le dio una cuerda de oración y le dijo: “Dale esto a tu madre y dile que haga oración con ella y que no tema; todo irá bien”

» ¡El séptimo día, aunque estaba en el M. Atos, se presentó también en el Hospital! Vi al Gérontas al lado mío ajustando los tubitos que sacaban la sangre. Antes de darle las gracias, desapareció. Por la noche vinieron médicos y comprobaron que la sangre había parado, la herida se cerró y a continuación los exámenes todos eran negativos. No hizo falta ninguna pastilla, ni quimioterapia.

»Cuando salí del hospital, más tarde me encontré con el Gérontas en el Monasterio de san Juan el Precursor y le agradecí que vino al Hospital a visitarme.

»Respondió el Gérontas: “Fui, hija mía, porque sufriste mucho”

*

El Gérontas dijo a un conocido suyo: “Yendo para la ciudad Komotiní pasé por Xanzi y he visto tu casa”. Y comenzó a describir con detalles su casa sin haber ido nunca.

*

Otras veces se presentaba en sueños a algunos. Lo admirable es que reconocía la aparición, y cuando se encontraba con personas, les recordaba su aparición y preguntaba si han hecho los que les había dicho en el sueño.

Testimonio del p. Basilio Birlios, responsable del Sagrado Templo (Iglesia) de san Lucas de Stavrúpolis de Tesalónica: “Un verano de la década de los ochenta mi salud se había trastornado de mala manera. Todo el mes de Julio estuve enfermo. Cuando comenzó el ayuno por la Fiesta de la Dormición de Madre de Dios (1-15 Agosto) dentro del trastorno de no poder dormir me vino el pensamiento de que de que iba a morir. Por la mañana muy temprano dormí un poco y vi al Gérontas Paísio diciéndome: “Mira, tonto, no vas a morir”. A la pregunta de cómo iba a superar mi problema, me respondió: “La humildad lo soluciona”. Sentí una gran alegría interior inexplicable y un fuerte deseo de visitar al Gérontas. El mismo día inicié mi viaje hacia el M. Atos teniendo como ayudante a un conocido mío, a causa de la debilidad por mis anteriores fatigas. En el Monasterio de Kutlumusion preguntamos a un monje si el Gérontas se encontraba en su Kelí. Nos respondieron que: “No habéis llegado a tiempo, hace un rato que se ha marchado”.

»Digo a mi conocido: vamos rápido. Llegando a la Kelí le oímos: “Eh, maestro (aún no había sido ordenado). Ven por aquí hijo mío; a ti te estaba esperando. ¿Cómo me iba a marchar? ¿Pararíamos la conversación por la mañana?”.

-En la humildad, Gérontas”…




B. 2.10 Percepción y sentimiento de oraciones e imploraciones


Una mujer piadosa se encontró con el Gérontas en un monasterio y le preguntó: “Gérontas, ¿me escuchas desde la Santa Montaña cuando te llamo?”, y respondió: “Claro que sí, no estoy sordo”.

Realmente escuchaba de otra manera, de forma espiritual, las oraciones e imploraciones de algunos cristianos que le invocaban desde cientos de kilómetros de lejos. Los ayudaba invisiblemente con su oración y mandaba la respuesta de alguna manera.

*

El 22-4-1978 el Gérontas dijo: “Hay una alma que no la he visto nunca. Una vez, cuando estaba fuera, vi a su Gérontas, y ella de lejos observó lo que dijimos y se lo dijo a su Gérontas.

»Esta alma entonces me manda una carta de tres páginas y me escribe una “conversación” que hicimos, yo desde el M. Atos y ella desde el mundo. Estas tres páginas, si yo las copiara con mis manos y las enviara al Monasterio de Surotí, las hermanas no dudarían que no son mías. Porque son palabras mías. Es como si las hubiera dicho yo a esta alma. No puedo responderla nada. Dejo su carta para que se vaya olvidando poco a poco.

»Muchas veces siento que me encuentro en una situación que tengo absolutamente mis sentidos, pero tampoco estoy despierto. Respondo a ciertos problemas de alguna alma que me implora y que la siento cerca de mí, mientras que en realidad me dirijo a un alma que tiene alguna dificultad y está lejos.

Esto me sucede también cuando vienen personas aquí a la Kalivi. Empiezo a decir cosas que no son mías. Es porque las personas vienen a mí con profunda piedad y humildad. Creen que soy santo y Dios les ayuda.

»Hay personas que pueden, de un tarugo como yo, recibir la gracia de la Venerada Cruz, y otros, e la Venerada Cruz, no recibir nada de la gracia de Dios.

Dios no es injusto con nadie. En todo esparce Su amor, basta que haya humildad. Ella atrae la gracia de Dios. Y pienso que qué lástima es para uno, gastar el tiempo en cosas insignificantes, mientras puede ayudar de esta manera y en tal grado a los hombres.

*

Una madre piadosa tenía dos hijas monjas en un Monasterio conocido por ella y deseaba también que su hija más joven se hiciera monja. Hacía oración implorando al Gérontas. Él la vio desde el M. Atos levantando a su hija pequeña con las manos entregándosela al mismo Gérontas, diciéndole: “Tómala también a esta”. Cuando salió fuera del M. Atos y se cruzó con ella, dijo: “A esta la conozco”.

*

En una cuaresma desde el M. Atos la sintió a la señora Eleni Patera de Kónitsa entregándole un pan caliente. Sintió un olor y un calor y le pareció como si se hubiera saciado. Pensó cuánto le quiere aún, como un verdadero hijo suyo. Ella, como parece ser, sacaba el pan caliente del horno y pensaba que podría mandarle un pan caliente como hacía entonces cuando estaba en Stomio. Esto lo sintió el Gérontas y se lo contó más tarde a la hija de ella, Keti.

*

Por el año 1981 el Gérontas visitó a un hijo espiritual suyo y pasó la noche en su Kelí. Por la mañana dijo que sentía que por la noche fuera implorado intensamente y con angustia una compañía de un Monasterio del M. Atos, porque estaban pasando por una dificultad grande. Después fue conocido en todo el M. Atos lo que había sucedido en aquel Monasterio en aquella noche. Y realmente los padres le invocaron pidiéndole su ayuda, tal y como dijeron más tarde.

*

El p. X., del M. Atos, nos relata: “Fuimos temprano a la Kelí del hieromonje Paísio para la fiesta de la Anunciación. Queríamos ver al Gérontas antes que viniesen otros padres para la fiesta. El Gérontas estaba solo en la sala de visitas. Cuando le vi, me dijo: “Ahora mismo se ha presentado delante de mí una mujer pidiendo ayuda. Parecía muy enferma. Su rostro estaba delgado y amarillo como un limón. Estaba muy dolorida. Muchas veces se me presentan personas y me piden ayuda”.

*

El señor Jarílaos…, empleado de la aduana de Tesalónica, testifica: “Visitaron al p. Paísio uno peregrinos. A uno le dijo el Gérontas: “Tú irás en tal dirección y darás esta bendición (regalo) a tal hombre que allí tiene su tienda.” El señor…, cuando recibió la bendición, quedó sorprendido, porque no conocía al Gérontas y se extrañaba cómo es que le hubiese mandado la bendición. Él cada noche hacía cuerda de oración por el Gérontas que desde tan lejos lo sentía y la bendición que le mandó lo aseguró y lo certificó.

*

Testimonio de una anónima: “El año 1993, en la vigilia de san Arsenio, fuimos con mi marido a ver al Gérontas al Monasterio de Surotí. Había más de tres mil personas. Hacía mucho frío. Desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde esperábamos en la cola. Veía mi marido sudando, blanco en su cara y me asusté. Estaba operado del corazón, no me había llevado conmigo fármacos ni comida. Me asusté no vaya ser que le pasara algo: ¡Qué hago Dios mío!

»De repente veo a una hermana saliendo fuera llamando: “Por favor, ¿quién es el señor Arístides que tiene problema del corazón?, pues, que venga conmigo le quiere ver el Gérontas, viste cazadora de color beige”. ¡Entonces entendí que el Gérontas escuchó mi oración y nos vio de otra manera!

»Fuimos y recibimos su bendición. Me pareció muy alto, hasta el techo. Sonreía. Dio un consejo a Arístides y le dio una palmadita con mucho amor a la espalda. “¿Y tú?”, me dice.

»Yo quiero primero tu bendición. Y en una fotografía que sacó a escondidas mi hijo, cuando vino al M. Atos, pues, que se vea bien tu rostro. Me miró y me dijo:

—Para qué me quieres a mí, bendita mujer.

—Tú sabes, —le contesté—.

»Llegando a casa me fui a una esquina para ver la fotografía. Allí donde había sombra se había limpiado, y apareció clara su figura y forma. Le doy gracias.”




2.11 Conocedor del estado de los difuntos


El Gérontas teniendo el nus limpio con la gracia de Dios, fue hecho hizo digno de ver las almas de las personas en el momento en que dejaban la tierra y subían hacia el cielo, y conocía en qué situación se encontraban otros difuntos. Cuando era preguntado sobre el alma de un difunto, respondía según el estado en que veía que se encontraba. Por ejemplo, “a tu madre Dios la ha dado descanso”, o “debéis hacer caridades en nombre de ellos” o “debemos orar al Señor para que le dé descanso”.

*

Relató el Gérontas: “Quería conocer en qué estado estaba el alma de la primera monja que inauguró el cementerio del Monasterio de Surotí. Me la trajeron en mis manos (mostró sus brazos como si mantuviera un bebé), y me dijeron: “Este es el alma de Magdalena”. Estaba en un estado espiritual muy bueno, en la medida de un asceta conocido mío que hacía ascesis muchos años”.

*

Otra vez vio el alma de la monja Xenia que estaba en el Monasterio de la Santa Trinidad en Koropí (región de Atenas), como un niño pequeño subiendo a los cielos. Esta alma bendita era la hija de Marulis general del ejército y era muy humilde y virtuosa.

*

Testimonio del sr. Ángel Jorozidos, oficial de la policía de Tesalónica: “El 8 de Junio de 1986 realizando mi servicio de seguridad cerca del Hospital Central de Tesalónica, fui herido por un “cocktail molotov”. Sufrí quemaduras muy graves. En el hospital Hipocratio donde al que fui trasladado, me dejaron, considerando que la muerte sería inminente. Permanecí en vida habiendo perdido todo contacto con el ambiente.

»El Gérontas desde el primer momento que había recibido la noticia dijo: “Sufrirá mucho pero vivirá”. Después de algunos días recuperé algo de contacto.

»Pero un día sentía que iba a morir y dije a la enfermera: “Hermana, me muero, me muero”.

»Entonces comencé a subir hacia arriba, saliendo de la tierra y moviéndome entre estrellas y a continuación entre galaxias. Esta interpretación dí en aquel momento.


»Subía, subía y delante de mí iba una luz, algo como una vela encendida. De repente el viaje se acabó. Comenzó la cuenta atrás y el aterrizaje. Me encontré en el hospital con una traqueotomía y alrededor mío médicos mirándome y examinándome.

»Cinco meses después, me encontré con el Gérontas en el Monasterio de Surotí. Me abrazó, me besó y comencé a relatarle cómo me estaba muriendo. Me interrumpió y me dijo: “!Bendito mío, juntos fuimos a la otra vida y volvimos, estaba al lado tuyo, no me veías!”

»Entonces entendí qué era la luz que veía».




B. 2.12 Clarividencia y previsión del Gérontas


El Gérontas teniendo el carisma de la previsión y de la clarividencia, a veces conocía de antemano la venida de los visitantes, su disposición y estado espiritual, su nombre y su lugar de origen, y el tema que les preocupaba, además del pasado y del futuro de ellos. Tenía su propia televisión (espiritual) y veía incluso a alguna persona que estaba lejos de él, qué hacía, cómo lo pasaba y con de qué se ocupa. Otras veces conocía lo que estaba escrito en una carta que le habían mandado y daba la respuesta, sin leer la carta; qué contenía un paquete sin abrirlo.

*

Dijo: “Cuando comenzó la Guerra en el Golfo Pérsico, en mi sueño sentí un dolor. Escuchaba un ruido de cañones, bombas, aviones y me desperté. Entendí que había comenzado la guerra y se hacía un mal enorme. Cuando después un padre vino del Monasterio de Kutlumusion y me dijo que había comenzado la guerra, respondí que hacía más o menos dos horas que había comenzado. Lo mismo sentí el tercer día”.

*

Nos narró el Gérontas: “Vino un hombre de mediana edad que tenía fuertes dolores de cabeza desde hacía un año y los médicos no podían ayudarlo. Apenas le vi de lejos, entendí que tenía demonio. Habiéndome contado su dolor, le digo: “Estas cosas suceden, porque has engañado a una mujer y ella fue y te hizo magia. Pero además de esto, has cometido un deshonor a otra joven. Vete y pide perdón a estas personas. Confiésate y que te lean los exorcismos y te pondrás bien”.

*

El monje G. del M. Atos confiesa por escrito: “En el verano del año 1992 tenía un problema. Entonces era laico. Necesitaba dinero, porque debía trescientos mil dracmas a unos amigos míos y debería poner su firma mi padre para pedir un préstamo bancario. Pero mi padre no firmaba. Me preocupé mucho. Había oído sobre el Gérontas Paísio y pensé en visitarle y preguntarle sobre mi problema.

»Apenas me vio el Gérontas me dijo mi nombre (sin decir yo nada) y continuó: “Tu padre ha firmado y fue concedido el préstamo del Banco Comercial”. Le pregunté al Gérontas: “Usted, p. Paísio, ¿cómo sabe eso?” Y me responde: “Ya que no lo crees, vete a Kariés y llama por teléfono a tu padre para comprobarlo”.

»Realmente fui a Kariés, llamé por teléfono a mi padre y dijo que recibió el préstamo del Banco hace una hora. Inmediatamente volví a bajar a la Kelí del Gérontas, me prosterné ante él y le agradecí por la alegría que me dio, me invitó y me marché».

*

Nos relata el señor Evángelos Antipas: “Una vez que estaba con el Gérontas conversaba con él sobre mi próxima designación al centro de salud (como funcionario fijo). Le digo: Padre, no tengo los atributos para ser nombrado en el Centro Nacional de Salud”. Me dijo el Gérontas: “Tú presenta los papeles y la Panayía sabe”. Después de quince días volví a visitarle otra vez y me dijo:

—O sea que has sido hecho fijo en el pueblo de Járaka.

—No padre, ¿qué Járaka? En el pueblo Mires, es donde había presentado los papeles.

—Evángelos, estás designado en Járaka.

—En el pueblo Mires, — insistía yo—.

»Me fui a casa y después de dos días me vino una carta certificada desde el ministerio de Salud que me designaba como delegado primero en el Centro de Salud del pueblo de Járaka. El Gérontas lo conocía antes de ser anunciada la designación.

»Cuando estaba en Creta y vine por permiso de vacaciones, el padre me preguntó:

—Evángelos, ¿has sido trasladado al Hospital de san Demetrio?

—No, padre, ¿qué es eso que dice?

—Te han dado el traslado.

»Me marché y después de un mes vuelvo y le digo, “padre, he sido trasladado al pueblo Jalastra”. Llevaba conmigo además el Boletín Oficial del Gobierno que escribía Jalastra… El Gérontas insistía: “Has sido trasladado al hospital san Demetrio”. Lo mismo que me decía hace un mes.

»Después de 4-5 Boletines Oficiales del Gobierno se anunció mi traslado al hospital san Demetrio. El Gérontas lo sabía incluso antes de yo haber hecho la petición de traslado, de que vendría al Hospital san Demetrio».

*

El sr. Basilio Tsolakis de Aridea (región de Salónica), relata: “Un conocido mío había ido al extranjero. Desgraciadamente allí se había liado con protestantes con el resultado de negar la Ortodoxia y hacerse protestante.

»Un día me visitó en mi despacho y viendo la fotografía del p. Paísio me dijo asustado y temblando: “A éste le conozco. Hace diez años había ido a su Kelí con otros dos hombres. Apenas llegamos, sólo a mí no me permitió entrar. Porque me dijo que era herético, porque no creo en la Panayía, ni en los santos».

*

Un peregrino de Chipre relata: “Mi padre había visitado al Gérontas. Mi esposa le había dado una carta para el Gérontas. El Gérontas llamó a mi padre por su nombre y mi padre se quedó extrañado y se olvidó de entregar la carta, y el Gérontas le preguntó:

—¿Tienes algo para darme?

—No.

—De tu hija.

—¿De qué hija?

—La mujer de tu hijo es también hija tuya. De todas formas dile que la respuesta a su problema es “tal y tal”.

Y en la respuesta se refirió a todo lo que le preguntaba en la carta mi esposa».

*

Testimonio del monje Ioanis del Sagrado Monasterio de la Santa Trinidad de Meteoros: “En una de mis visitas a un hospital en América donde fui ingresado, vino una señora de Chipre llamada Katerina Kiki, y me pidió que le diera una carta suya al Gérontas Paísio.

»Cuando regresé a Grecia y fui a ver al Gérontas, antes de entrar en su Kalivi, me dijo el Gérontas: ¿Por qué cogiste esa carta de Katerina que tiene dentro cien dólares?

»Abrió la carta que le di y me devolvió los cien dólares. Yo no los quería coger, diciéndole: ¿Gérontas qué hago yo con este dinero? Me dijo: “En el camino encontrarás al p.Z., entrégale el dinero para comprar su sotana para hacerse monje del Gran Hábito, y dile que no me acuse”.

»Y efectivamente así se hizo. Fui a buscarle y le dí el dinero. Aquel se quedó extrañado porque no había dicho a nadie de que se iba a ser ordenado monje de Gran Hábito y fue y pidió perdón al Gérontas, que tantas veces le había acusado y calumniado».

*

El señor Z., habitante de X., últimamente seguía las conferencias de una organización de esas que, como setas venenosas, de vez en cuanto brotan en nuestro país, bajo el supuesto manto de ciencia filosófica, pero de sospechoso contenido y propósitos. Estudiaba también los libros y los manuales que le daban en relación. Estas cosas que escuchaba y que leía, tuvieron como resultado hacerle que no se sintiese bien, algo así como mareado, enturbiado y atrapado. Su problemática era si debería seguir, porque dudaba, se perturbaba y se afligía. Un amigo suyo que fue informado de su dificultad, le sugirió que fuera al M. Atos para ser aconsejado por el Gérontas Paísio. Se convenció e inició el viaje hacia el M. Atos. Llevaba en el bolsillo exterior derecho de su cazadora la Santa Escritura, y en el bolsillo izquierdo interior un libro y unos manuales de la organización.

Llegando a Panaguda encontró al Gérontas rodeado de mucha gente. Esperó hasta que se marcharan los otros, excepto dos que querían ver al Gérontas particularmente. Pensaba en cómo iba a exponer su problema, pero el Gérontas se le adelantó y le preguntó:

—¿Cómo está la X. (se refería a su ciudad).

—Está bien, padre, dijo lleno de asombro porque el Gérontas, que le veía por primera vez, conocía su ciudad.

—Mira Z., (nuevo asombro, porque le llamó por su nombre), ese libro que tienes en ese bolsillo (y le enseñó el bolsillo enque tenía la Santa Escritura) es bueno que lo estudies, lo más a menudo puedas, pero estos libros que tienes aquí (y le señaló la parte izquierda del pecho) tíralos a la basura lo antes posible, porque… ¿tiene manicomio la ciudad de X.? Si no tiene, vete a otro».

*

El sr. D.X. de Creta trabajaba en Alemania. Trajo su hijo para que estudiase en la Academia Athoniada (del M. Athos). Una vez que haya arregló todo, bajó a Panaguda para ver al Gérontas, tal y como le había aconsejado su Padre espiritual, el p.G.P. Después de la conversación el Gérontas le dio una palmada amistosamente y con cierta intensidad le dijo:

-Ahora, cuando llegues a Kariés, llama por teléfono a tu esposa en Alemania para tranquilizarla. Le han dicho algunas tonterías sobre vuestro hijo y como madre está muy alterada. Yo haré también alguna llamada telefónica a mi propia Madre (oración a la Panayía).

El sr. D. obedeciendo el consejo del Gérontas, subió inmediatamente a Kariés y se comunicó con su esposa. La encontró muy alterada. Unos conocidos la dijeron que perdería su hijo, porque supuestamente los monjes le engañarían y le retendrían para hacerle monje. Ella inquieta llamó por el teléfono al p. G., el cual fue a casa para tranquilizarla, pero sin resultado. Pero apenas supo de su marido, mediante la admirable “televisión” del Gérontas, la transmitió sus palabras, inmediatamente se tranquilizó y admiró el carisma del Gérontas por conocer desde el M. Atos qué sucedía en su casa en Alemania. Así, con la llamada ayudó a su esposa a pacificar su corazón alterado, gracias a la “llamada telefónica” del Gérontas a su propia Madre (la Panayía).

*

El Protopresbítero p. Kostantino N. Papadópulos, profesor de la Escuela Teológica de la Universidad de Atenas, refiere: “El verano del año 1981 o 1982, desembarqué en el puerto de Dafni llevando de la mano a mi hijo que entonces tenía 6-7 años. Inmediatamente se me acercó un laico desconocido y me dijo que en aquel día no fuera a visitar al Gérontas, sino el siguiente. Me extrañé por cómo conocía mis planes, y preguntando supe que el laico había visitado al Gérontas y le mandó a Dafni para decir el mensaje al sacerdote que vería saliendo del barco llevando de la mano a un niño. El Gérontas aquel día tenía programado visitar alguna parte y previó avisarme para que no me cansara en vano yendo a visitarle. Tengamos pues la bendición del Gérontas”.

*

Mientras estaba sentado en la sala de visitas en Panaguda con sus hijos espirituales, el Gérontas escuchando sonar la campanita, sin ver quién era, decía: “Abre la puerta, viene un muchacho de la ciudad de Larisa”, o “viene el p. Nicodemo”, y no se equivocaba. No lo hacía por ostentación para que le admiraran, sino que hablaba espontáneamente o quería reforzar la fe y la confianza de ellos en sus consejos espirituales o por alguna otra razón.

*

En Stomio, mientras estaba sentado con hombres en la sala de visitas, decía: “Vienen Basilio y Demetrio” y se levantaba para cocinar o preparar el café. Los demás se extrañaban de cómo lo sabía.

*

Mientras caminaba con algunas personas por el camino, sin ver, decía: “Vienen tres jóvenes”. Y después de un rato, encontraron tres jóvenes que bajaban hacia su Kelí.

*

Algunos visitantes por sensibilidad para no molestar al Gérontas, venían y se sentaban fuera de Panaguda sin hacer ruido detrás de las ramas con paciencia hasta que saliera el Gérontas. No querían interrumpirlo de la oración. En poco rato abría la puerta y los llamaba por sus nombres, sin haberlos visto nunca y sin conocerlos.

*

También había algunos que buscaban tener alguna experiencia “de Cristo hablando en él”. Querían comprobar si el Gérontas tenía el carisma de la clarividencia y de la predicción.

Un oficial que estaba en los radares del ejército quiso probar si el “radar” del Gérontas funcionaba bien, pero fue “captado” por él. Es decir, “captó” y reveló los pensamientos del oficial.

*

A una monja conocida suya le dijo: “Te veo (desde el M.Atos) que lees continuamente la vida de san Arsenio. Haces bien, léela.

*

Uno tocó la campanilla, mientras que el Gérontas hacía pequeños iconos en la prensa. Miró por la ventana y vio a un joven. No abrió, continuó su trabajo manual. Tres veces se fue a la ventana y observaba con atención al joven. La tercera vez dijo dolorido: “Que le vaya bien hijo mío”, y explicó al monje que se encontraba con él: “Aunque le abra no saldrá nada, porque ha convertido su corazón en un establo”.

*

Una vez en la “Venerada Cruz” sonó la campanilla. El Gérontas miró por la ventana y vio a un laico esperando. Le observó durante un rato y se dijo a sí mismo: “Estola sacerdotal lleva, sacerdote no es”. Le abrió la puerta, hablaron y descubrió que el visitante era un mago y llevaba una estola sobre su cuerpo.

*

Otra vez previó la venida de unos jóvenes, que no tenían intereses espirituales. Venían sólo para ver, por curiosidad. Para no perder su día, cogió su mochila con el Salterio, cerró la Kelí y se marchó al bosque, dejando una nota en la puerta que decía: “El jardín zoológico está cerrado. El mono falta”, dando a entender que el mono era él mismo, que para algunos se había hecho objeto de curiosidad. Lo admirable es que los jóvenes visitantes se emocionaron por la nota escrita, volvieron en sí mismos, se fueron a confesarse y ahora ya visitan el M. Atos con interés espiritual.

*

Un alumno de la Academia del M. Atos (Athoniada) fue al Gérontas y éste le preguntó: ¿Cuántos hermanos sois? Ocho, respondió el chico. “Te equivocas”, le dijo, “sois nueve”. Su madre estaba embarazada y el alumno no lo sabía.

*


Narración de un peregrino: “Mi hija estaba preparándose para casarse y de repente enfermó de cáncer. El futuro marido se entristeció mucho y fue al M. Atos para ver al Gérontas Paísio. Apenas llegó a Panaguda, le dijo el Gérontas: “P., en cuatro días el Señor llamará con Él a María”. Y realmente en cuatro días mi hija María murió, tal como lo predijo el Gérontas”.

*

Testimonio del sr. K.D. médico de la cuidad Seres: “Visité por primera vez al respetable gérontas Paísio en el verano de 1991, afrontando un dilema: ¿comprar un piso con los ahorros que habíamos juntado para no estar en alquiler o entregar el dinero para objetivos filantrópicos?

Apenas me vio, antes de darme tiempo a decirle nada, me preguntó:

—Dígame doctor, ¿los pájaros tienen nido?

—Sí, le respondo espontáneamente.

—Entonces, nos hemos entendido.

—Bendito sea.

Respondió a mi dilema y haciendo obediencia compré el piso».

*

Testimonio de un anónimo: “Trabajaba en Alemania en un restaurante. A veces robaba a mi jefe, pero tenía remordimientos de conciencia. Habiendo oído sobre el Gérontas Paísio vine al M. Atos para verle y contarle mi problema y recibir consejos.


»Llegué a Panaguda y encontré también otros peregrinos. El Gérontas nada más verme, me llevó a un lado en particular, en la parte de atrás de la Kelí y, antes de darme tiempo a decir nada, me cogió de las manos e hizo la señal de la cruz sobre las palmas, diciéndome: “A partir de ahora no hagas esto que estabas haciendo y vete al Padre espiritual para confesarte”.

»Me conmocioné profundamente, me confesé y a partir de entonces con la ayuda de Dios no he vuelto a robar».

*

Testimonio del señor Ángel Jorozidu, oficial de la policía de Tesalónica: ”Venía para ver al Gérontas y dos veces, una en Uranópolis y otra en Kariés, me crucé con mi comandante general de la policía de Poligiros. Era bueno pero muy severo y típico más de lo debido. A las 10 h de la mañana del día siguiente debería encontrarme en mi sitio, en Kasandra de Halkidikí, cosa imposible.

»Le evité, pero no estaba seguro si me había visto. Sin retrasarme llegué al Gérontas. Cuando estaba recibiendo su bendición me dice:

—Bienvenido, no te ha visto.

—¿Quién no me ha visto, Gérontas?

—El mayor, el tuyo de Polígiros».

*

Nos relata por escrito el señor Georgios Papathemistoklís: “Encontramos al Gérontas en Tesalónica junto con tres estudiantes de Kónitsa. Había salido del M. Atos por un tema con su salud. Nos abrazó y dirigiéndose a mí me dijo: “El p. Pablo (mi padre) superó el peligro; ahora está bien”. Me pareció extraño; no sabía que mi padre estaba enfermo. Tampoco que el Gérontas tenía comunicación con alguien de Kónitsa. Cuando me comuniqué telefónicamente con mi hermana supe que mi padre había estado en peligro de muerte el día que nos encontramos con el Gérontas”.

*

El señor Demetrio Burulidis comerciante del pueblo Kordelió de Tesalónica, nos narra por escrito: “En el mes de enero del año 1991 me puse enfermo. No podía ni articular palabras. Cada día estaba peor. Hice una tomografía axial que mostró un tumor en el cerebro con dimensión de 1,6 cm.

El quinto día desde mi ingreso al Hospital, mi hermano junto con mi suegro decidieron visitar al p. Paísio. Cuando llegaron, los recibió el Gérontas y esperaron porque había mucha gente.

»Llegó el turno de ellos y entonces el Gérontas, antes de darle tiempo a mi hermano a decir algo y sin saber nada al respecto, le dice: “No os aflijáis. El pequeño Demetrio se pondrá bueno. Es una tormrnta y pasará. Decidle que tiene que ir a confesarse y comulgar».

» Después de quince días en el Hospital hago una tomografía magnética, para que nos mostrase más claro lo qué sucedía. Una vez que tuve el resultado, vino el médico y me dijo que esto que tenía eran por regla general tumores por la metástasis, pero el tuyo después de la terapia ha cambiado de forma y en poco tiempo desaparecerá. Realmente después de cuarenta días salí del Hospital, hoy en día estoy muy bien y cada día glorifico y doy gracias a Dios que mediante el p. Paísio me protegió».

En su tienda tiene la fotografía del Gérontas y cada día la reverencia y besa con devoción y agradecimiento.

*

Dios a los Profetas les revelaba Su voluntad de distintas maneras y también por sueños. Pero la interpretación de los sueños no es una tarea fácil. Sólo el que tiene la gracia del profeta Daniel y del “bellísimo” José, puede discernir “sueño digno de confianza” (II Mac. 15,11). “Porque muchos de los sueños son de la agonía y el diablo puede aprovecharse de estos”, recalcaba el Gérontas.

A veces recibía la información en su sueño sobre un acontecimiento concreto o sobre una persona que iba a de visitarle, y conocía el nombre, la forma, el problema y su desarrollo.

*

En la Skete de la “Venerada Cruz” vio en su sueño a su padre carnal que le dijo que limpiase la Iglesia. Buscó en la pequeña Ermita que estaba limpia y encontró en un punto de la pared una higuera que apenas había brotado por la humedad.

*

Relató el Gérontas: “Una noche en la “Venerada Cruz” vi en mi sueño a un niño y conocí el problema que le preocupaba. Tenía buen alma, pero había sido víctima y había perdido sus estudios. El otro día le esperaba, y así fue que vino, recibió ayuda y se fue aliviado. Era de la región de Macedonia. Tanto le comprendí y me conmocionó, que apenas conocí su problema en mi sueño lloraba. Era una de las cuestiones más complicadas que me he encontrado en mi vida.

*

El Gérontas recibía información de personas concretas sobretodo durante la hora de la oración. Una vez recibió la información en su oración de que el día siguiente le visitaría un endemoniado. Preparó un cuenco con agua en el que sumergió en forma de cruz la Reliquia de san Arsenio. En cuanto vino el endemoniado le invitó a un lukumi. El otro le pidió agua. El Gérontas le dio un segundo, un tercero… en total siete lukumi. Tenía un objetivo, quería que el endemoniado tuviera mucha sed y así bebiera más agua. Tras beber un poco se percató y no quiso beber el resto.

*

Nos dice un conocido del Gérontas: “Una vez fui a recibirle a Uranópolis. En el camino hablábamos sobre accidentes. Se gira y me dice:

— Y tú también has sufrido un accidente pero no temas, tienes muchos años de vida aún.

—Gérontas, ¿quién te lo ha dicho? —le pregunté—.

—No me lo ha dicho nadie, sino que en aquel momento hacía oración y te vi. Mientras estaba rezando por los que sufren accidentes, te vi. No temas, vivirás muchos años.

»Efectivamente me había atropellado un autobús. Fui al hospital, no tenía nada roto, pero mis pies estaban muy negros de los moretones. En el hospital me quedé dos o tres días y en cinco o seis desde el accidente fui y recogí al Gérontas».

*

Un conocido le llevó bendiciones (regalos) y el Gérontas le dijo:

—¿Para qué has cargado con todo esto aquí y no se lo has dado allí a los pobres?

—No existen pobres hoy en día.

—Si cojo la cuerda de oración, te diré quiénes son y sus direcciones.

*

Un día muy temprano por la mañana, el p. Paísio tocó la puerta de la Kelí de un hieromonje conocido. En cuanto abrió aquel la puerta vio al Gérontas que le preguntaba preocupado: “Dime, ¿qué hiciste ayer? Por la noche me sucedió algo. Sentía un peso y te vi como vendedor en una tienda de comestibles con un delantal”. Entonces el hieromonje de la Kalivi se acordó que el día anterior había pasado un enfermo y le pidió hacerle el Misterio de la unción de oleos. Al final el enfermo insistió en dejarle una bendición, algo de dinero. El hieromonje no lo aceptaba pero para no entristecer al enfermo, al final se quedó con el dinero.

El p. Paísio le dijo imperativamente: “Vete en este momento a devolver el dinero, para que te sea perdonado el pecado”. Dos días buscaba al hombre por los Monasterios. Finalmente le encontró y le devolvió el dinero. Así se tranquilizó y se alegró él y el Gérontas Paísio también, porque no quería que los sacerdotes cogiesen dinero de un enfermo y dolorido.

*

Testimonio de un Padre espiritual: “Fui al Gérontas y le dije que un alma había caído en depresión, estaba como perdida, se había desesperado y no podía dormir durante días. Cuando el Gérontas escuchó el problema, mientras estaba sentado en el camastro, cerró los ojos y parecía que le había cogido el sueño, pero estaba rezando. En un momento sonrió, resplandeció su rostro de alegría y dijo: “No es nada, pasará. Fue presionado por este y por el otro tema y por otras cosas, se forzó a sí mismo y llegó a este estado”. Inmediatamente recibió información con una breve oración. Habló con certeza. Era exactamente tal como dijo. La persona había sido presionada por algo y ahora está muy bien”.

*

Muchas veces recibía iluminaciones. Mientras caminaba o conversaba o trabajaba a mano, recibía un mensaje, una información por algo que le sucedía a alguna persona muy lejos. El Espíritu Santo le informaba y el Gérontas según el caso, encendía una vela y oraba o iba personalmente para ayudar.

*

Testimonio de un anónimo: “Viajábamos con el Gérontas hacia el Monasterio de Surotí. De repente me dice: “Vuelve atrás, en este momento una familia se separa”. Fuimos a una ciudad, entramos en una casa y encontramos el matrimonio gritando y separando sus cosas. El Gérontas les habló y se reconciliaron”.

Siguió una conversación espiritual interesante. La mujer preguntó al Gérontas:

—Si yo estoy en el Paraíso y tengo un hijo que está en el infierno, ¿le veré? Y él, ¿me verá?

—Si nosotros estamos dentro del salón con velas encendidas y fuera es de noche, nosotros no vemos fuera, en cambio los que está fuera nos ven. Lo mismo también en el paraíso, porque si viesen desde el paraíso a los que están en el infierno, no existiría el paraíso.

—¿Existe diferencia de uno a otro, entre los que están en el paraíso?

—Existen categorías. Digamos que uno tiene una alegría de un vasito, otro de una copa, otro de un barril, otro de una caldera. Pero todos se sienten en plenitud, independientemente de la categoría en que se encuentren.

*

El señor Mateo Golias de la ciudad de Ioanina, refiere: “En una de mis muchas visitas al Gérontas, llevé conmigo también a mi hijo Constantino. Digo al Gérontas:

—Constantino hace montañismo pero también escalada muy peligrosa en las rocas.

Dice el Gérontas:

—Constantino puedes subir a las montañas altas, porque te encuentras más cerca de Dios, pero a las rocas no vuelvas a subir, porque así cultivas tu egoísmo.

»Le dijo también una larga instrucción sobre la vida del Gérontas en el ejército. Cuando nos marchábamos, nos acompañó con alegría hasta la puerta del patio. Tras besar a mi hijo en la cabeza, le dice otra vez: “No subas a las rocas; pero si alguna vez subes, yo estaré orando por ti”. Con esta ventanita que le dejó abierta, Constantino continuó subiendo a las rocas a escondidas de nosotros.

»Era septiembre y yo me volví a encontrar con el Gérontas. Había mucha gente y nada más verme me dice: “Espérate al final para decirte algo importante”. Después me dijo: “Constantino se ha caído de una roca que estaba escalando. La distancia hasta el siguiente eslabón era de 20 metros y la Panayía lo detuvo en sus brazos. Lo he visto con mis ojos”.

»En cuanto regresé a la Kelí donde estaba hospedado, cerca de Kariés, llamé por teléfono a Constantino en Atenas, donde estaba estudiando, y le digo:

—Constantino, te has caído de una roca peligrosa.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo sé.

—¿Estás con el Gérontas? —me dijo inmediatamente—.

—Sí, le respondo.

—Vete a darle las gracias y a confirmarle que voy a vender todos los accesorios de escalar y no volveré a hacerlo. Y así ha sucedido”.





B. 2.13 Carisma de sanaciones


San Máximo el Confesor considera que el carisma de sanación es el siguiente al del amor. Escribe: “El que ha adquirido la filantropía natural, después de la total expulsión del individualismo y del excesivo amor a uno mismo y al cuerpo (filaftía), recibe el carisma de las sanaciones” (“A Talasio” 59, PG 90, 617C).


Este tipo de carisma recibió también el Gérontas. Sanó a muchos que padecían de enfermedades incurables, cáncer, leucemia, enfermos del corazón, parálisis, ceguera y resolvió la esterilidad de muchas mujeres.


Por costumbre conocía de antemano el problema y su desarrollo. Si veía fe en el enfermo y que la terapia no le perjudicaría espiritualmente, sólo con sus las palabras suyas de “no tienes nada, estás bien”, el enfermo se marchaba sanado. A veces hacía la señal de la Cruz sobre los enfermos con las santas Reliquias y los ungía con aceite del candil de la Panayía.

*

Relató el Gérontas lo siguiente: “Ayer (julio de 1992), trajeron aquí a un niño de diez años, totalmente ciego. Al verle, le pregunté: “Hijo mío, ¿qué quieres que te conceda el Cristo? El niño me dijo: “Quiero ser buen chico”, y antes de darme tiempo a rezrar, el niño adquirió su luz (pudo ver)”.

El Gérontas relató esto para consolar a otro ciego que no tenía ojos, pero escondió su propio aporte e influencia, tal como también en otros casos que simplemente decía que el “tal” no tiene nada, que se pondrá bien.


*


El sr. Mateo Golias de la ciudad de Ioanina testifica: “La hija de un amigo mío, de 17 años de edad, padecía de esclerosis múltiple y poco a poco se iba quedando paralizada. Fuimos donde el Gérontas y le comentamos todo en relación. “Le dice a su padre: Georgia se pondrá bien y podrá seguir con sus estudios”.

En el espacio de tiempo de un año la mejora de Georgia fue asombrosa. Se puso completamente bien y estudió en Atenas. Nunca más volvió a enfermarse.


*




El sr. P., submarinista de profesión, estaba totalmente desesperado. Su primer hijo nació con problema respiratorio agudo. Los médicos le daban pocas esperanzas de vida. Uno le aconsejó visitar y rogar al Gérontas Paísio. Lleno de angustia pero con una oculta esperanza llegó a la Skete de Panaguda. Encontró al Gérontas enfermo, apoyado sobre una puertecita en la valla del patio esperándolo. En cuanto le vio, le dijo inmediatamente: “Hijo mío, no puedo verte, estoy muy mal; vete y saca a tu hijo del hospital, no tiene nada”.


Se quedó tan perplejo que no pudo ni agradecérselo al Gérontas. Le sobrecogieron las lágrimas y empezó a correr hacia Kariés. Llamó por teléfono a su esposa y ella sorprendida le confirmó el admirable cambio.


El hecho sucedió el año 1993. Hoy en día, después de tantos años, el pequeño Atanasio goza de una muy buena salud. Entonces no pudo agradecer al Gérontas, porque al poco tiempo tuvo que salir definitivamente del M. Atos. Pero su gratitud la manifiesta a menudo ante su sepulcro en Surotí y una vez al año visitando Panaguda en el M. Atos. La primera vez que fue en Panaguda pidió de los padres de la Kelí quedarse un rato en el templo para rezar. A los pocos minutos salió emocionado y lleno de lágrimas, voceando: “¡El Gérontas está aquí! ¡El Gérontas está aquí! En el momento en que le daba las gracias tembló el suelo de la Iglesia”.


*


Testimonio de P.D. de Tesalónica, graduado de la Academia del M. Atos: “Un alumno de la Academia (Atoniada), I.M., durante el año 1989 enfermó de cáncer. Se le encontró un tumor detrás del ojo. Antes de entrar al quirófano, fue con su padre a ver al Gérontas, era sábado. El padre con lágrimas le rogaba hacer oración y le preguntaba insistentemente si su hijo se curaría del cáncer.

»El Gérontas con seguridad les dijo: “No te preocupes, no es nada”.


»Se marcharon de alguna manera consolados. El miércoles cuando fueron a la operación, los médicos después de un examen observaron que el tumor había desaparecido, no había nada y naturalmente se sorprendieron.


»El padre y el hijo entendieron lo que había sucedido. El sábado volvieron otra vez al M. Atos y fueron alegres al Gérontas para agradecérselo. El padre otra vez lloraba pero esta vez con lágrimas de alegría, porque por las oraciones del Gérontas fue sanado y salvado el ojo de su hijo.


*


Testimonio de Ioanis Kortsinoglu de Kónitsa: “El año 1991 ó 1992 me encontré en Panaguda con mi compatriota Policarpos Kiparisi. No había muchos peregrinos y esperábamos nuestro turno. Observé a una persona sentada en un extremo, que miraba al Gérontas y parecía muy conmocionado. Le pregunté: “¿Le sucede algo?”


»El hombre muy emocionado me relató que su hijita que desde niña no hablaba y a la edad de siete años habló con la ayuda del Gérontas. Anteriormente había ido a muchos médicos, incluso al extranjero y había gastado mucho dinero. Este señor era un profesor de la ciudad de Preveza.


»El Gérontas confirmó el acontecimiento, cuando fue preguntado. Durante un año más o menos estuvo haciendo oración pero ayudaron mucho también los padres. La Panayía le reveló que la jovencita hablaría y preparó al Padre para que no fuera sorprendido. El Viernes Santo la jovencita abrazó a su padre y le dijo: “Feliz Resurrección, papá».


*


Testimonio de un peregrino: “Me llamo K. y mi mujer A., y nos casamos el año 1989 y durante muchos años no podíamos tener hijos. Habíamos visitado muchos médicos, pero nadie pudo ayudarnos


»El hecho de la esterilidad fue el motivo de visitar al Gérontas en la primavera del año 1993, para suplicarle que rezase para este tema. El p. Paísio recibía a los visitantes fuera en el patio. Cuando llegó el momento de hablarle, me cogió del brazo y me preguntó que qué quería. Le dije nuestro problema y me respondió, diciendo: “Mira hijo mío, tu mujer tendrá hijos. Es como el árbol que tiene demasiado zumo. Por esta razón se raspa (poda) un poco el árbol, de modo que pueda retener el fruto”. Mi alma se había serenado y me sentía como si no pisara al suelo


»Sentía tanta seguridad en las palabras del Gérontas que yo y mi mujer ya no sentíamos angustia y ansiedad por si íbamos a tener hijos. Después de un año de la dormición del Gérontas el médico dijo a mi mujer que debería hacer una pequeña intervención para ser raspada literalmente. Después quedó embarazada y hemos tenido mi hija Stela. Ahora tenemos otros dos hijos, Dimitra y Basilio-Paísio».


*


El hieromonje A., refirió: “Una conocida mía llevaba 14 años casada sin haber tenido hijos. Se indignaba y decía: “¿Por qué Dios no me da un hijo a mí?”. Conté el caso al Gérontas y me dijo: “Eh, tendrá un hijo, para que no se queje más”. Y realmente después de un año dio a luz».


*


Testimonio de la señora Anastasia…: “Mi gran deseo era dar a luz un hijo y ser madre. Había oído sobre el p. Paísio, sobre sus oraciones, bendiciones y compadecimiento a personas doloridas. La primavera de 1989 visitamos el Monasterio de san Juan el Teólogo en Surotí, debido a que se encontraba allí también el p. Paísio.


»El Gérontas recibía mucha gente continuamente, desde muy temprano. Estaba esperando mi turno. Pero se comunicó que no continuaría recibiendo particularmente y que sólo daría su bendición a todos los que se encontrasen allí. Pero yo debía verle y hablarle. No me estaba quieta. Encontré la monja fuera de la austera habitación, donde el Gérontas recibía la gente. “Tengo una gran necesidad de verle, no le distraeré mucho”, le dije. Ella me condujo al Gérontas. Me vio muy revuelta, y me dijo: “Debes comportarte bien, hija mía, debes comportarte bien. Estaré orando por ti. Deja lo que tienes escrito y darás luz a un niño”. (La petición que había escrito era tener un niño). En pocos meses desde entonces me quedé embarazada. En la fecha 13-7-1990 vino al mundo un niño que cuando lo bautizamos le dimos el nombre de Arsenio».


*


La realidad es que no se sanaban todos los enfermos que acudían al Gérontas. Mientras que muchas veces no le daba tiempo a orar, inmediatamente el enfermo se sanaba, en cambio para algunos hacía mucha oración, pero no era escuchada. Las razones eran varias.


En un caso hizo mucha oración sin resultado. Entendió que algo sucedía. Preguntando al enfermo encontró la causa ya que le ayudó primero a arreglarse espiritualmente, después el enfermo se sanó.


A algunos les decía que nunca se pondrán buenos. A pesar de las persistentes oraciones, Dios dejaba la enfermedad como tipo de ejercicio o ascesis superior, de modo que con la paciencia ganasen el Paraíso. Decía: “Algunos Dios no los sana para que no pierdan sus salarios. Tal y como el padre que no da su fortuna a los hijos para que no la derrochen”.


»Cuando los médicos no pueden ayudarnos, debemos suplicar a Dios que hagas posible “las cosas imposibles para los hombres”. Dios conoce lo que nos hace falta. Cuando Dios no nos escucha, debemos conocer que Dios es por naturaleza bondadoso, que algo bueno quiere sacar de esto. Sólo debemos rogarle para que nos dé paciencia».


*


Testimonio de Constantino Melitsos de la ciudad de Argos: “Hace treinta años padezco de síndrome de dolor neuropático crónico con parálisis y desórdenes, y estoy inmovilizado en una silla de discapacitados. El verano del año 1981 estaba hospedado en el Monasterio de San Gregorio en el M. Atos. Se me acercó un peregrino griego comerciante de grandes empresas y me dijo que se haría cargo de los gastos para ir a América, ya que la medicina ha avanzado y existe el trasplante de células neurológicas.


»Mi deseo por volver a estar de pie y caminar se encendió en mi interior, con el resultado de encenderse en mí los pensamientos por si quizás debería someterme a la operación anterior. Compartí mis pensamientos con los padres del Monasterio que me acogía, pero ellos me desanimaron diciéndome:

—Constantino, estate quieto… no te precipites…

—¡Sí, sí, me la estoy buscando! Vosotros no conocéis lo que yo estoy sufriendo.


»El día siguiente acompañado por el p. Timoteo me dirijo hacia Kariés para encontrarme con el p. Paísio. Quería preguntarle si debería ir a América. Una vez que fue informado el Gérontas, se hizo el encuentro con él, a las cinco de la mañana en el sitio del antiguo centro médico de Kariés. El Gérontas vino a Kariés, porque era muy difícil que yo pudiera llegar hasta Panaguda, a causa de mi parálisis.

»El Gérontas escuchó mis intenciones y me hizo la señal de la Cruz con la Reliquia de san Arsenio de Capadocia que llevaba consigo. Después abrazó mis pies atróficos y paralizados, diciendo:


—Piececitos, piececitos, estos te llevarán al Paraíso y tú no lo entiendes.

»Me dice:

—A América no vayas, ¡te tratarán como a un conejillo de indias, haciéndote experimentos!

»En cuanto oí estas palabras del Gérontas, me alivié. Después me miró a los ojos y me dijo:

—Levántate, para caminar juntos.

»Creía que el Gérontas bromeaba, y otra vez volvió a decírmelo.

—¡Venga levántate de una vez!

—¡Gérontas, no puedo! —Le digo. —¡Ni siquiera sé cómo se camina!


»Me agarra en sus brazos, me levanta de la cama y comenzamos a andar, mientras rezaba con lágrimas en los ojos, diciendo algo que yo no podía entender.


»Sentía que caminaba como si tuviera alas, y viéndome a mí mismo estando de pie me emocioné y empecé a llorar. Después me sentó en la silla de ruedas, y él se sentó a mi lado mío en una silla y me dice:

—Escucha hijo mío, Dios no quiere que te sanes nunca. Irás a peor, no a mejor. Pero debes de conocer que todos estos hombres que se reúnen aquí alrededor tuyo y te cuidan, se salvan de esta manera, ayudando y siendo ayudados sin que ellos lo entiendan. Y tú te conviertes en el medio de salvación de las almas. Dios esto pide de tí. Por eso no debes marcharte nunca de tu ciudad Argos»


*


Había otros casos más difíciles, tal como refirió el Gérontas: “Para algunos hago oración años y no son ayudados, porque tienen obstinación, egoísmo y voluntad egoísta. Dicen: “¿Por qué Dios no me da esto?”. ¿Y por qué nos lo tiene que dar?, ¿para hacernos más egoístas y tercos? No les beneficia, si se lo da. Es como si mandasen de esta manera ellos sobre Dios. En cambio si dijeran: “Dios, si quieres, dame esto”. El modo y la forma de oración deber ser humilde.


Escribía el Gérontas en una carta el año 18-9-1967: “Muchas veces persistía en la oración por varios temas (de modo exigente) por cosas personales o de otros hermanos y después fui obligado a pedir perdón a Dios y volver a pedir lo contrario de lo que había pedido. A partir de entonces ruego que sea dado lo que es para el beneficio del alma como buen padre, porque todo Su sacrificio se hizo para reestablecer nuestras almas en el Paraíso junto a Él”.


El Gérontas no era parcial ni hacía distinciones. La voluntad de Dios es distinta para cada ser humano. Lo cierto es que todos eran consolados y reforzados por el Gérontas.

Si no precede la curación psíquica, la somática o corporal, ella sola, no interesa, porque normalmente los que han sido curados vuelven al mismo estilo pecador de vida.

Los milagros tienen carácter soteriológico (están relacionados con la salvación). Esto buscaba el Gérontas. No sólo que fuese sanado el enfermo, sino más bien que fuese salvada su alma, por la cual el mismo Dios se hizo hombre y derramó su sangre. Naturalmente el mayor milagro para los que eran sanados era que se fortalecían en la fe, se convertían en fieles concienciados, sanaban sus almas de las pasiones pecaminosas y glorificaban día y noche a Dios. Esto naturalmente tiene infinitamente mayor valor y duración eterna. Quería que cooperasen también los enfermos en sus sanaciones. Que hiciesen aunque solo fuese un pequeño sacrificio por Cristo, por ejemplo cortar un vicio suyo, el fumar, las bebidas alcohólicas o algo por el estilo. Cuando los curados como agradecimiento querían ofrecer algo, el Gérontas no lo aceptaba. Pedía sólo que se ajustasen espiritualmente, que se confesasen, que comulgasen y que viviesen como buenos cristianos. No pedía que hiciesen grandes caridades o limosnas, construir Iglesias etc., ni los cargaba con cargas difíciles de soportar. Estas cosas las dejaba a la libre buena voluntad de ellos. La alegría del Gérontas era muy grande, cuando junto con la terapia corporal era curada también el alma del enfermo, era ayudada toda la familia y era glorificado el nombre de Dios.




B. 2.14. Αpariciones de santos


Tal y como se ha dicho anteriormente, el Gérontas veía a muchos santos, a su Ángel de la guarda, a la Panayía muchas veces y al mismo Cristo. No los vio en sueños, sino a veces en pleno mediodía, conversaban, le abrazan y les abrazaba, le daban comida con sus manos, le sanaban, le daban promesas, le revelaron misterios.

Decía a uno: “Mientras que cuando era joven leía mucho las vidas de los santos, ahora la vida de los santos no me ayudan tanto (dando a entender como lectura), porque los estoy viviendo”. Él ya no tenía necesidad de este alimento espiritual porque vivía algo superior.

Evitaba comentar sus experiencias. Sólo cuando creía que era necesario para ayudar a un alma, entonces hablaba. Y mientras que para las otras narraciones era fascinante y efusivo, en la descripción de estos acontecimientos con los santos era muy reservado, sencillo y breve. El oyente de este tipo de revelaciones se quedaba sorprendido ante la sencillez, la naturalidad, y también la excepcionalidad de los acontecimientos. Decía, por ejemplo, “me sucedió algo” y daba a entender que le había visitado un santo. O decía, “he sentido algo” y uno creía que había sentido una emoción, pero era algo mucho más profundo; era una revelación, una visión, un arrebato en contemplación espiritual o algo parecido.

El día que le sucedía algo, por costumbre lo marcaba en los libros litúrgicos de forma ensombrecida.

Muchas veces en momentos de oración su nus era arrebatado en contemplación espiritual, esto ya desde antes de ser monje. De su experiencia decía: “Cuando uno está en contemplación divina, puede, por supuesto, estar oyendo el despertador. Hasta allí. No tiene más comunicación con el ambiente”.

En relación a las visiones explicaba. “Cuando uno tiene una visión o expectación, ve con los ojos de la psique. Algunas veces ante este tipo de visiones cerraba los ojos y de nuevo veía. Por lo tanto, veía con los ojos de mi alma. Cuando a alguien se le aparece un santo, un tercero, a veces lo ve, otras veces oye su voz, otras veces nada. No existe ley”. Recalcaba aún que “el monje al principio tiene pequeños acontecimientos, más tarde tiene más grandes y más tarde más grandes aún”. (Naturalmente cuando lucha correcta, constante y ortodoxamente).

Lo que impresiona es cómo, después de todas las cosas que ha vio y que vivió y que fue “enloquecido”, con el buen sentido, por el amor divino y la dulzura celeste que le dejaban sus visitantes celestes, conseguía que su nus se despegara de las cosas celestes. Porque no es una cosa fácil para uno bajar bruscamente desde el Tabor al valle de lágrimas, a sacrificar esta situación paradisíaca y ocuparse de los problemas de los hombres. Esto es digno de admiración y constituye una lucha añadida a la hazaña del Gérontas.

Por insinuaciones y testimonios de otros, llegamos a la conclusión que, además de los acontecimientos que se han referido en la Primera Parte del libro, tuvo también otros acontecimientos divinos. Se mencionan algunos:

*

Durante su permanencia en Kónitsa para su curación, vio a los tres Jerarcas, san Basilio, san Crisóstomo y san Gregorio. Lo comentó a Keti Patera, quien lo ha salvaguardado de la siguiente manera:

«Por la noche, tal como acostumbraba, se encerraba en su Kelí y rezaba las Pequeñas Completas. Una mañana me dice:

—Perdóname hermana, porque os molesté mucho anoche.

—A nosotros, ¿por qué?

—Porque vinieron los tres santos Jerarcas y tuvimos una conversación. Les decía continuamente: “Más bajo, más bajo, que molestamos a la familia”. No quería molestaros.

»¡Yo no oí nada! Él hablaba durante la noche con los santos y yo no me enteré de nada».

*

Es seguro que también a Santa Catalina. Se lo dijo a una persona para consolarla, cuando aquella persona le dio un motivo en relación. “Inmediatamente me proterné ante ella y me agarré a sus pies. Santa Catalina es alta”.

*

El Gérontas se encontraba en el Monasterio en Surotí el 14-10-1979, (con el nuevo calendario 27 de Octubre, vísperas de la Fiesta de la Santa Protección de la Madre de Dios). Aquella noche vio como en visión, no como en sueño, el velo de la Panayía, como una nube luminosa que cubría a unas monjas de Serbia que habían venido a verle.

*

También vio a san Juan el Teólogo. Fue preguntado cómo era san Juan y con qué ojos le veía, respondió: “Aunque había oscuridad le veía. Son misterios estas cosas. San Juan el Teólogo no tiene esta cosa en su cabeza, tal y como le pintan los iconógrafos”, dando a entender seguramente ese grosor en la frente.

*

Fue preguntado el Gérontas por qué escribió sobre Hatzigeorgos (san Arsenio), y respondió: “Si no hubiera sucedido algo entre Hatzigeorgos y yo, no lo escribiría”. No se refirió a su aparición en su libro, como dijo: “Una vez algo me pasó (recibí una reprimenda) con Hatzigeorgos”, dando a entender la publicación de las apariciones de san Arsenio a él. Sentía sin embargo una gran reverencia por Hatzigeorgos (san Arsenio). Personalmente le consideraba santo y le invocaba con su cuerda de oración. Sobre todo creía que estaba a la espera de ser reconocido como santo también oficialmente por la Iglesia.*



* San Arsenio de Capadocia fue clasificado entre los santos el 11 de Febrero del año 1986.






B.2.15 Proyector de la luz increada.


Muchas veces el Gérontas ha contempló la luz increada y repetidamente ha sido contemplado también el mismo irradiando luz increada.


*


El hieromonje Máximo Psilópulos, Gérontas de la Kelí “Presentación de la Madre de Dios” en Kerasiá, expone por escrito lo siguiente: “Era la fiesta de la Transfiguración del Señor, 6 de Agosto del año 1977. El Gérontas por la puesta del sol fue a la Kelí de la Skete Kapsala donde yo estaba entonces. Tenía como visitantes dos profesores teólogos, el sr. G. Dilbois, consejero de enseñanza y Atanasio Bista (ahora monje Arsenio, que está en nuestra Kelí).

»Habiendo realizado la vigilia, donde el Gérontas cantó con su conocido estilo monacal con compunción, preparamos la mesa para comer y después se marchó para su propio Kalivi. En el momento que me despedía de él, antes de la salida del sol, vi su rostro realmente brillante “como la luz”. Irradiaba una luz blanca, no deslumbrante ni cegadora. Se parecía a aquella luz blanca que vemos cuando hay niebla densa y con las luces largas de los coches vemos las luces de los coches sin hacernos cerrar los ojos y deslumbrarnos. No lo di mucha importancia. Pero algo me decía en mi pensamiento que era luz del cielo como regalo de Dios por la fiesta de la Transfiguración. Me tranquilicé.

»Cuando volvieron los dos teólogos, a quienes rogué que acompañaran al Gérontas hasta la Kalivi del profeta Elías, escuché hablando entre ellos: “Qué sería esa luz”; y me preguntaron: “¿Ha visto algo en el Gérontas Paísio?”. Entonces entré también en la conversación sobre el tema: “Sí, yo también lo he visto”, les dije. Y ellos me dijeron que vieron el rostro del Gérontas resplandeciente e iluminado con otra luz, no como la del sol o como la de los astros.

»Pensamos entonces los tres hemos que el Señor transfigurado premió a su siervo Paísio, porque la lucha que hacía por su propia transformación. Y glorificamos a Dios que glorifica a los que Le glorifican. No dijimos nada al mismo p. Paísio, ni yo ni los teólogos. Dudábamos… nos daba vergüenza, temíamos… Partió hacia el cielo sin saber que le hemos vimos en la luz increada de la Transfiguración, nosotros los indignos y miserables. Pero estamos seguros de que ahora se encuentra en la luz del reino de Dios».


*


Testimonio escrito de un hermano, con la petición de no ser publicado su nombre: “Era finales de Agosto o principios de Septiembre del año 1984. Con un hermano espiritual y su hijo de 6-7 años, quedamos de acuerdo en visitar el M. Atos. Fuimos hospedados en el sagrado Monasterio de Kutlumusion. Después de la acostumbrada invitación en la sala de visitas, el monje responsable nos condujo a la habitación donde nos quedaríamos.

»Dejamos nuestras cosas y salimos al balconcito donde al fondo veíamos el sagrado Monasterio de Iviron y más cerca la Kelí del p. Paísio. Eran las 15:30 o 16:00 de la tarde. El sol intenso iluminaba todo el espacio y el horizonte. Conversábamos sobre varios temas con mi amigo y vigilábamos también a su hijo travieso que se subía a las barandillas protectoras de madera del balcón.

»En un momento veo desde la ventana de la Kelí del Gérontas Paísio salir una luz distinta, más intensa que la del sol y diferente. La diferencia estaba en la intensidad, ésta era mayor que la del sol, y también en la contextura del color. Más claro, más limpio, dorado y paralelamente un poco azulado.

»Este admirable acontecimiento duró más o menos unos diez minutos. Desde su comienzo hasta el final me preguntaba si veía bien, si estoy bien. Sin perder el contacto con mi compañero sobre lo que estábamos hablando, observaba el acontecimiento sin decirle nada. Conmocionado, me lo guardé para mí mismo.

»Por última vez, al final de septiembre del 1993, visité al Gérontas en su Kelí. Le encontré muy agotado. Tal como estábamos conversando, me vino el pensamiento de contar al Gérontas lo que había visto en el año 1984. Cuando se lo dije, su cara cambió; su rostro se volvió dulce e hilarante. Después de unos segundos me dijo humilde y reservadamente: “son muchos acontecimientos, pero no me interesa decirlos”. Marchando le dije si tenía su bendición para contar el acontecimiento. Me respondió: “Eh, déjalo, bendito”».

*

El venerable metropolita de la ciudad de Xanthi, Panteleimon, como testigo presencial refiere: “Estábamos en Maitines, profunda oscuridad antes de la salida del sol, después de una pernoctación en la Kalivi de Panaguda. Leíamos el Oficio en la ermita de la Kelí. Yo oficiaba como sacerdote y el gero-Paísio salmodiaba. Me es imposible describir la bendición. Mientras avanzaba la Divina Liturgia, llegó el momento de la Divina Comunión. El Gérontas se acercó con mucha devoción y compunción de corazón a comulgar los inmaculados Misterios. Inclinándose, se quitó su capucha monacal, quedando liberado su pelo. Sorprendido, observaba que el rostro del Gérontas, visiblemente alterado por la gracia divina, se había iluminado. ¡Irradiaba luz intensa y brillante! Un espectáculo no acostumbrado para mí, el cual transmitió en mi interior la dulzura de esta cristalina luz divina. No quise decir nada. Me guardé como un regalo en mi memoria su rostro resplandeciente, y lo expongo porque no pertenece a mi pequeñez, sino a todos aquellos que buscan consuelo por el rostro portador de la luz increada del Gérontas».

El Gérontas había dicho una vez: “Conozco a muchos que cuando reciben la divina Comunión, podrían irradiar y resplandecer luz en aquel momento. Pero Dios no lo permite, no vaya a ser que los demás tengan envidia al verlos”. Quizás detrás de la palabra “muchos” se esconde él mismo; porque también otras veces fue visto durante el momento de la Divina Comunión irradiando luz increada.

*

Dos ingenieros aeronáuticos del ejército aéreo visitaron al Gérontas. Les preguntó:

—¿Dónde os vais a quedar?

No podían acordarse del nombre del Monasterio, lo habían olvidado.

—Bueno, ya lo recordaréis. ¿Qué trabajo hacéis?

— Ingenieros aeronáuticos.

—Yo también conocía un ingeniero que le llamaban Xenofón.

Y el Gérontas inclinó la cabeza.

—¡Ah, sí!, en el Monasterio Xenofón nos quedaremos, respondieron. Era las dos de la tarde y el sol brillaba. ¡Uno de ellos, el que relató el acontecimiento, veía una aureola alrededor de la cabeza del Gérontas más brillante que el sol! Marchándose ya, cuando se alejaron de la puerta, pregunta a su amigo:

—Jorge, quiero preguntarte algo.

—Qué, ¿!sobre la aureola de luz!?


*


Testimonio del hieromonje de Lakkoskete del M. Atos: “Era la segunda vez que visitaba al Gérontas, el otoño del año 1993, con el p. Dositeo, rumano. Entramos por la puerta de atrás. Había mucha gente en el patio. El Gérontas estaba en pie y hablaba con uno y hacia nosotros daba su espalda. En cuanto escuchó nuestros pasos, giró su cara hacia nosotros y nos miró. ¿Qué era esto que contemplé? Veía su rostro brillando. Se distinguía su rostro, pero dentro de luz. Ante esta inusual visión me quedé parado, mientras mi corazón se inundó de amor y alegría. El Gérontas parecía muy dulce. Nunca en mi vida había sentido este tipo de amor. Después volvió su rostro al estado natural».

*

Testimonio del monje Alipio de Santa Ana: “En la Kelí vecina de san Juan el Teólogo se realizaba la ordenación de un monje. Estaba presente también san Paísio. Yo estaba de pie a su lado. En el momento del canto para la Divina Comunión, que lo cantaba él mismo, le miré y vi su cabeza billar como una lámpara. ¡No podía mirarlo directamente! Esto duró poco”.


*


Testimonio de un clérigo anónimo: “Durante mi primera visita a la Kelí del Gérontas Paísio, sin haberle ninguna otra vez, me quedé parado un poco delante de su ventana, mientras que él estaba rezando. Le escuché, pues, hablar y además fuertemente. Más bien parecía una conversación o un diálogo, en vez de un monólogo. Le vi literalmente bañado de una luz de color azul. Más concretamente, un rayo azul bajaba y le cubría por completo. Paralelamente sus dimensiones eran mucho más grandes que las naturales. También su rostro estaba alterado, luminoso y sobre todo ampliado. Cuando veía la escena no identifiqué al p. Paísio con lo que ví; sólo después de un rato, cuando comprobé que dentro en su Kelí no había otro excepto el Gérontas.

Cuanto más me alejaba, después de todo esto, de la Kalivi del Gérontas, tanto más entendía qué gran regalo fue que fui hecho digno de vivir y esto me dió mucha alegría y dulzura”.

*

Aunque el Gérontas observaba la gloria de Dios y emitía la luz increada y muchas veces irradiaba también exteriormente esta luz, el mismo tanto como podía, intentaba esconderse y no hablaba sobre estas situaciones. Uno le preguntó sobre la luz increada. Con su forma agraciada le respondió: “Yo, una estufa que tengo en mi Kelí es creada”.






B.3. OFRECIMIENTO


B 3.1 Profesor del desierto


El Gérontas vivió todas las formas del monaquismo; en cenobio, en idiorrítmico, en monasterio en el mundo, en el desierto, en Skete, él sólo en una Kalivi. Pasó por la obediencia, fue cultivado con la tradición de los antiguos padres y adquirió mucha experiencia.

Por humildad no deseó recibir ningún axioma y por sensibilidad espiritual no formó ninguna compañía. Explicando sus razones, decía: “Si tomo un obediente, él también tiene derecho un par de horas al día. Pero con la gente que tengo, ¿puedo disponer de tanto tiempo? ¿Qué hago? ¡Tomo una persona para hacerse monje y le convierto en camarero!”. Pero a pesar de esto llegó a convertirse en un profesor del desierto y maestro práctico de la vida monacal.

Y sólo su vida admirable, su ejemplo, conduce y apoya sin palabras. Además el Gérontas habló, escribió y defendió la institución divina del monaquismo, que constituye la reserva y retaguardia espiritual de la Iglesia.

Muchos jóvenes han sido ayudados por el Gérontas y siendo preparados para monjes. Cuando se despedían del mundo, preguntaban en dónde iban a hacer vida monacal cenobita, aunque muchos querían quedarse con él. San Paísio ayudaba con discernimiento para que cada uno encontrase el Gérontas adecuado y a continuación afianzarse a él y progresar. Sus palabras prácticas y carismáticas reposaban, aliviaban, consolaban y resolvían las dudas y disolvían las tentaciones de ellos. Así todos se marchaban renovados y aligerados con disposición para nuevas luchas. De todo el M. Atos la llegaban al Gérontas monjes y Gérontas ascetas, incluso higúmenos. Era “ungidor de los monjes”, porque podía “aguantar y sanar” sus pensamientos. San Paísio fue uno de los invisibles y anónimos pero también de los factores más importantes para la dotación y renacimiento del M. Atos.

También venían a ser aconsejados muchos monjes e higúmenos de monasterios del mundo. Con algunos mantenía también correspondencia. El mismo no pretendía, al contrario evitaba, hacerse cargo de monjes y monasterios bajo su conducción espiritual. No quería parecer un Gérontas, sino que aconsejaba fraternalmente y humildemente a los que preguntaban para que fuesen beneficiados.

No tenía la ambición de aumentar sus hijos espirituales. Por obligación, por necesidad espiritual o por divina providencia, aceptó ayudar a algunas recién formadas hermandades monacales en el mundo. Como arquitecto espiritual experimentado dio el tipikón (regla, canon), inspiró espíritu monacal y ayudó para que crean tradición ascética. Bajo su conducción espiritual rápidamente aumentaron los hesicasterios (monasterios de vida hesicasta) y ahora ofrecen los frutos espirituales, tal como deseaba y tal como decía el Gérontas: “Tened las puertas y vuestros brazos abiertos, aliviad espiritualmente a los hombres. Ahora están buscando otra cosa. Y si no lo encuentran aquí en los Monasterios, se irán otra vez”.

Sinópticamente el ideal monástico del Gérontas es: “Los monjes deben hacer sus deberes monacales, pero deben adquirir también espíritu monacal, conciencia y comportamiento monacal, estilo y conducta moral monacal. Afrontar espiritualmente las cosas, porque de otra manera no se alegrarán ni un solo día. Primero debe hacerse el trabajo para las almas y después poco a poco que se vayan haciendo los trabajos exteriores de las edificaciones. Esto no cansa y tiene también la ventaja espiritual de santificar la obra. El propósito del monje es la catarsis o limpieza de su corazón; hacer el corazón sensible como la hoja del oro del iconógrafo y orar por todo el mundo. Al Monasterio venimos para vivir espiritualmente y ayudar espiritualmente a todos los seres humanos.”.





B 3.2 Obra sagrada apostólica desde el desierto.


El Gérontas nunca se tambaleó en el tema de la hesiquia o del sagrado apostolado. Tal y como se expresó una vez sobre sí mismo, era monje hesicasta. Rezaba por la salvación de todos. Tenía el deseo de que todos los hombres conociesen a Dios. A pesar de que era monje, durante toda su vida predicó a Cristo. La abundante gracia divina que fue hecho digno de adquirir, “no fue en vano para con él”. (v.1 Cor. 15,10)

Realizaba obra sagrada apostólica desde el desierto. Ayudó a multitud de personas. Con este sentido el Gérontas era un asceta y misionero apostólico. Su misión sagrada apostólica era el desbordamiento de su amor por el mundo, “la sobrada” gracia divina. Era como un hombre rico espiritualmente, que tenía la facultad de alimentar a muchos hambrientos. No salía del M. Atos para enseñar, ni asumió misiones apostólicas en lejanos Continentes. Permaneció en el desierto ejercitándose, y Dios conducía hacía él hombres de los cinco continentes.

Su misión apostólica ofrecida era esencial y efectiva, porque salía desde la ascesis y estaba acompañada por ella. Lo que decía, primero lo había vivido él mismo. Y sólo su ejemplo iluminado constituía enseñanza y misión apostólica. Se destacó a sí mismo como prototipo o modelo, ya que se despojó del antiguo hombre, abrillantó el “como imagen”, se convirtió en imitador de Cristo, “tipo o modelo de los creyentes”, imagen viviente de la primera belleza creada. Confirmó el Evangelio y certificó con su vida los acontecimientos sobrenaturales de la Santa Escritura. Esta hazaña suya es la oferta esencial con valor diacrónico y de esta reciben autoridad, prestigio y gracia lo que dijo, hizo y ofreció el Gérontas. Porque lo que decía primero lo había vivido él mismo.

Como columna de luz conduce al conocimiento de Dios o teognosía y a luchas espirituales. Revela a Dios a los hombres. Demostró que Jesús Cristo es “ayer y hoy el mismo y por todos los siglos” y proporciona abundante gracia divina a los dignos. Su herencia escrita constituye también una predicación continua y ayuda esencial a monjes y laicos.

El Gérontas se alegraba cuando uno le decía que quería hacerse misionero apostólico, y le ayudaba a ser un correcto misionero. Expresando su auténtica percepción ortodoxa sobre la misión apostólica o santa, consideraba imprescindible que uno empezase su misión santa primero sobre sí mismo. Primero debe ser santificado el mismo para santificar también a los demás. Nuestro sí mismo constituye el cimiento en la acción de la misión apostólica. Si recae, peligra toda la obra. Por lo tanto, lo buscado es que el hombre reciba primero la gracia divina, que se santifique. Desde aquel momento comienza también su misión santa o apostólica esencial.

Decía el Gérontas: “Este espíritu de misión apostólica, el no ortodoxo, se ha introducido también en nosotros. Si no nos mirarnos a nosotros mismos, que estamos lleno de heridas y apestamos, sino a cómo salvaremos a los demás. Este ligero espíritu misionero es un impedimento para el monje. Mientras que, si comenzamos con nosotros mismos se tiene un trabajo interminable; si nos giramos hacia nuestro interior, entonces serán ayudados también los demás. Una monja rusa en Tierra Santa, en santa Magdalena, predicaba con su presencia y con su silencio, pero le delataba la energía de la gracia divina. Sólo mirándola, te enseñaba. Le regalé también mi cuerda de oración”.

Uno le pidió la bendición para trabajar en el extranjero en misión apostólica y el Gérontas le respondió: “Uno para ir en misión apostólica y tener resultados positivos, debe ser santo. No basta con aprender a conducir correctamente un coche u otras cosas similares, ¡debe hacer milagros! Cuando, por ejemplo, en una esquina de la calle se encuentre con un mago, deberá hacerle un milagro, de modo que el pobre mago crea en Cristo”. Y a otro misionero conocido, le dijo que viviera unos años en un monasterio antes de ir al santo misionado.

Aconsejaba el Gérontas: “Cuando tenemos un clérigo piadoso que ama la ascesis, no debemos mandarlo al mundo con el pretexto de que tenemos necesidad. Cuando tenemos una patata, tenemos que sembrarla para cosechar también más patatas, y no comerla inmediatamente”. La mayoría de sus visitantes pertenecían a la orden de los laicos. De sus largos años de ocupación con los problemas de ellos adquirió experiencia grande. Como médico experimentado conocía cómo sanar las enfermedades espirituales.

Sin tener apegos personales, daba prioridad en algunos tipos de personas. Primero a los que tenían necesidad espiritual y estaban enfermos también y doloridos.

Después procuraba ayudar a que fuesen creadas familias cristianas correctas. Para él la familia era consideraba un asunto muy grande. Mientras que por otro lado decía: “El principio de todos los problemas muchas veces se encuentra en la familia. Una familia disuelta es el origen de un montón de problemas”.

Aconsejaba a los cónyuges hacer vida espiritual y tener el mismo padre espiritual. Enseñar a los hijos la devoción con sus ejemplos. El mejor padre de familia numerosa es aquel que ayuda a sus hijos. Es decir les da suministros espirituales. Que trabaje solo el padre y la madre ocuparse de los hijos y de la casa. Los padres, que no tengan espíritu cósmico, viviendo con sencillez, delimitando los gastos innecesarios y las exhibiciones. Debe trabajar sólo el padre y la madre ocuparse con los hijos y la casa. Recalcaba que ayuda mucho la comunicación con otras familias cristianas.

Para la educación de los hijos aconsejaba: “Los hijos para que tomen el buen camino hace falta mucha oración. No debemos mostrar mucho nuestro amor porque se harán hijos gamberros y tendrán osadía, serán descarados, ni tampoco mucha severidad, porque se harán rebeldes. El secreto está en saber cuándo tensar la cuerda. Los hijos no deben participar en las conversaciones de los mayores”.

Particularmente se ocupaba mucho de los jóvenes, para que encontrasen sus caminos, viviendo cerca de Dios, y teniendo respeto e ideales. Un rico le pidió la bendición para hacer una fundación y el Gérontas le dijo: “Ocúpate algo de los jóvenes”, y le indicó que hiciese una fundación para jóvenes con necesidades especiales.

También ayudaba a los que tenían posiciones altas. No por halago o interés propio, sino para que ellos pudiesen también ayudar honradamente y en conciencia a los demás mediante su posición alta.

Entre los intereses del Gérontas sobre los hermanos que luchaban en el mundo, se añade también su intento de escribir un libro con ejemplos de laicos virtuosos. Había comenzado a escribir el libro, pero por su dormición el libro se quedó a medio terminar ha quedado semi-terminado. Decía: “Hoy en día en vez de uno atacar los desórdenes (es decir, controlar y condenar los pecados) de los hombres, es mejor proyectar las verdaderas estrellas (cristianos virtuosos). Y gracias a Dios hay bastantes. Conozco muchos ejemplos.

Los que han logrado la catarsis (limpieza de las pasiones pecaminosas), y como la palabra de Dios es puro, comprenden el Evangelio y pueden recibir la divina iluminación. Con sus pensamientos se atacan sólo a sí mismos”. (Es decir, siempre dan la razón y a los demás y se critican a sí mismos).

El Gérontas sin ser un trabajador social ni misionero apostólico, ayudó a muchos desde el desierto, incluso al misionado apostólico en el extranjero. Refiriéndose a la transmisión del Evangelio dijo: “Llegará la época que muchos estarán sedientos por aprender sobre Cristo y la Ortodoxia. Así será predicado el Evangelio por todo el mundo.”.




B 3.3 Salidas al mundo


Tal y como se ha dicho, el Gérontas conoció en el Hospital a unas jóvenes con predilección por el monaquismo. En agradecimiento por el apoyo de ellas con sus problemas de salud, las ayudó espiritualmente y fue fundado el hesicasterio de san Juan el Teólogo en Surotí. Después visitaba el Monasterio, cuando había necesidad. Más tarde estableció salir del M. Atos dos veces al año, una en otoño y otra después de la Pascua. “Ya que asumí el compromiso”, decía, “no puedo no ir”.

Este era el principal objetivo de las salidas del Gérontas, para ayudar espiritualmente a las hermanas del Monasterio. También se había hecho cargo espiritualmente del hesicasterio de san Juan el Precursor en el pueblo Metamorfosis de Halkidikí. Circunstancialmente visitaba también algunos otros monasterios.

Al principio se encontró con un dilema. Habiendo regresado del Monasterio de Surotí al M. Atos, le decía su pensamiento: “¿Por qué tengo que mezclarme yo con las monjas?”. Entonces vio lo siguiente, tal y como lo contó el mismo: “Me encontré en el comedor de un monasterio donde estaban los grandes santos Padres y el Higúmeno era de Capadocia. Yo también tenía un sitio allí delante. Por un momento, el Higúmeno toca la campanita y dice al lector: “Detenga la lectura; salmodiaremos, porque tenemos a uno aquí que tiene pensamientos”. (En este punto el Gérontas sonrió). Comenzaron a orar algo y parecía una marcha, que sus palabras respondieron y reposaron mis pensamientos”.

La desgana del Gérontas hacia las salidas al mundo y que el motivo para hacerlas era el amor y la obediencia, en favor de las cuales sacrificaba hasta su amada hesiquia, se ve también a partir de su siguiente relato: “Una vez recibí una carta para ir fuera al mundo a ayudar. Era un caso muy serio; pero yo no quería ir. Cogí mi cuerda de oración y descalzo subí al M. Atos para orar y para que me informase Dios de qué debía hacer. Regresé después de unas horas muy herido, sin tener ninguna información. En mi interior me sentía fatal, muy mal.

»Entonces tomé la decisión de ir a ver un Gérontas (padre-Tikon), para pedirle consejo. Me dijo que debo ir, salir al mundo. Yo por mi parte de nuevo no quería. Regresando a mi Kalivi encuentro una nueva carta, me escribían que aunque fuese por carta, algo les escribiese y todo se arreglaría. Volví a ir a ver al Gérontas y le comenté sobre la carta.

—No, —me vuelve a decir—, mejor que vayas para que te vean y hablarles de las cosas.

»Decidí hacer obediencia e ir. Inmediatamente se marchó el peso de encima mío y vino la gracia de Dios. Dios quiere de nosotros que seamos aconsejados por los demás, mientras exista la posibilidad”.

En principio durante sus salidas se quedaba fuera una semana más o menos, más tarde se quedaba más tiempo. Tenía prisa en terminar y volver a su Kelí. Una vez visitó un conocido Monasterio en la isla Korfú. Llegó de noche. No durmió nada en toda la noche. Vio a las hermanas, las ayudó en lo que podía y por la mañana se marchó.

Pero también muchas personas, cuando se enteraban que el Gérontas se encontraba en Surotí, acudían a pedirle consejo por sus problemas y recibir su bendición. Junto con ellos traían enfermos y doloridos. Esperaban horas en la cola.


Durante los últimos años los fieles que venían para verlo, a veces sumaban decenas de miles. Llegaban de todas las partes de Grecia, desde el extranjero, incluso desde la lejana Australia. Una afluencia de gente que constituye un fenómeno extraño en los (actuales) tiempos eclesiásticos. Le envidiarían muchos políticos “estafadores de pueblos” y “verdugos”, que gastan mucho dinero en anuncios e informaciones para este tipo de eventos.

Al contrario el Gérontas salía silenciosamente del M. Atos, terminaba rápidamente sus asuntos y evitaba, en la medida de lo posible, la gente, pero algo imantaba y atraía a los hombres a estar cerca de él. Para él era esfuerzo y cansancio permanecer en pie conversando con una interminable fila de personas, que por costumbre estaban angustiados y doloridos por sus problemas de salud. Y mientras que beneficiaba a tantos y se hacían tantos milagros, el mismo consideraba sus salidas por economía, como una desviación de su misión principal, la oración por el mundo. Decía: “Presentarnos en el mundo es peligroso. Pero si nos presenta Dios, entonces la cosa cambia, porque entonces entra y se pone adelante la gracia de Dios y nos protege”.

Cuando regresaba a su Kelí, decía con humildad:

“Mi alma se ha llenado de hierbas, tal como el patio de mi Kelí”. Para limpiar y clarificar su nus de las impresiones y las representaciones y encontrar su ritmo, hacía el oficio de Vísperas en la Capilla, no con la cuerda de oración, sino salmodiando por unos días. Decía: “Aunque salgo del M. Atos Montaña por fines espirituales, y no porque es de mi agrado, ni tampoco para mí mismo, al volver, deben pasar tres o cuatro días para poder recomponerme y entrar en mi programa”.

Permanecía imperturbable y sin ser influenciado por los honores y la devoción que le tenían los hombres. “Me daba asco a mí mismo”, dijo una vez. “Quién soy yo para que me den honores. No valgo yo para estas cosas, por eso dije, -cuándo terminaré para volver al M. Atos-”.

Si algunas veces se refería a algunos acontecimientos o terapias realizadas, era para tonificar o para enseñar algo. El mismo cuidaba su lucha para no perder al monje y que fuese interrumpido su contacto consciente con Dios. Todas las cosas del mundo intentaba olvidarlas. Pero a los hombres que estaban doloridos no los olvidaba. Llevaba el dolor y los problemas de ellos consigo al M. Atos y a continuación se los transmitía a Dios con su oración.


Son muchísimos los acontecimientos milagrosos que sucedieron durante las salidas del Gérontas. Nos vamos a referir a algunos como muestra, de los que ha narrado el mismo u otros testigos fidedignos, para que se vea la forma y el modo de su ayuda hacia la gente.

*

Relató el Gérontas: “Una vez durante los años 1976-77 que había salido para ir a Surotí, pregunté a las hermanas: “¿Cómo vais de agua? Me respondieron: “Gracias a Dios, tenemos”. “Bien, vosotras tenéis, ¿pero a la gente, habéis preguntado si tiene? (Aquel año había mucha sequía). “Tenemos que hacer vigilia y rezar para que llueva”. Y realmente, se hizo la oración, llovió y se salvaron las cosechas y se alegraron los campesinos por la bendición que envió Dios. Pregunté y supe que había llovido hasta la región de Tesalia”.

*

Otra vez relató: Hice la señal de la Cruz sobre una señora enferma de cáncer con las Reliquias de san Arsenio. En pocos días recibí una carta de suya dándome las gracias, porque se había curado y pedía informarse sobre el santo”.

*

Una mujer de Tesalónica muy piadosa, criatura de Dios, había enfermado de cáncer. Hizo muchas terapias pero la enfermedad avanzaba. La enfermedad hecho metástasis también en los huesos. Fue a ver al Gérontas en Surotí. Habiendo recibido su bendición, preguntó al Gérontas con agonía: “¿Gérontas, me sanaré?” Él la respondió negativamente. La enferma se puso a llorar. Después la habló particularmente bastante rato, la consoló y la preparó para su inminente muerte. Se marchó tranquila, serena y pacífica, conociendo que en breve se marcharía de esta vida y que su trayectoria sería por un lado dolorosa pero otro bienaventurada, tal y como sucedió.


*


Cuando el Gérontas vivía en la Kelí de la Venerada Cruz, unos conocidos suyos le llamaron para salir al mundo a ayudar. Una mujer endemoniada había agitado a la gente de aquella ciudad donde vivía. Ella hizo varias revelaciones. Algunos la consideraban como carismática y creían en sus palabras. De todos modos reinaba una gran confusión. El Gérontas no se negó. Sólo pidió tener la bendición del Obispo local. Sin bendición no iba a ninguna parte. Inmediatamente intervino el Obispo y le mandó la autorización. Salió fuera, aclaró las cosas y el diablo quedó avergonzado. Era impresionante la certeza que tenía el Gérontas sobre el éxito de su misión”.


*


Testimonio del señor Crisóstomo Papasotiriu, médico de Tesalónica: “Jristos… representante de una empresa farmacéutica, tenía su esposa casi paralítica por la enfermedad de esclerosis múltiple. El otoño del año 1989, fueron a ver al Gérontas al monasterio de Surotí. Querían recibir su bendición y consolar a la enferma.

»Cuando le tocó su turno, el marido de ella la mantenía por sus axilas y pensaba cómo subirían las escaleras. En aquel momento se escucha la voz del Gérontas desde el interior: “Quédate allí Evangelía, no te canses, ahora voy yo…”. Sin verlos y sin conocerlos. Después conversaron y se marcharon muy descansados y consolados”.

*

Testimonio de una anónima: “Fuimos a Surotí a ver al Gérontas, que estaba enfermo y dentro de poco sería llevado al hospital para ser operado. Esperaba mucha gente y la hora había pasado. Nos dijeron que no se sentía bien, y no podía ver a nadie en particular. Podía sólo dar la bendición a cada uno. Entramos en orden y pasó toda la gente, besaban su mano, mientras él les daba algunas pequeñas cruces en sus palmas. Cuando llegué cerca de él, pensé lo que iba a decirle, y que no podría contarle mi problema.

Le miré. Estaba muy amarillo por la enfermedad. A pesar de ello continuaba de pie dando bendiciones a los fieles y repartiendo crucecitas. Cuando llegué ante él, puso unas cuantas crucecitas sobre la palma de mi mano y me dijo: “eso que piensas sucederá, no estés temerosa y no te preocupes por nada”. Yo me quedé de piedra en aquel momento, le besé la mano y me dice: “Ve ahora con la bendición de la Panayía”.

Y realmente lo que quería decir se cumplió sin ni siquiera confesarlo ni pedírselo”

*

Testimonio de M.Z.: “Era noviembre del año 1992. Mi marido P. aún tenía problemas serios post operación. El Junio del mismo año mi marido había sido operado en Alemania por tercera vez de adenoma en la hipófisis. Su vista no se había restaurado, estaba tiranizado por unas terribles ganas de dormir y sobre todo estaba muy deteriorado psicológicamente. El médico estando preocupado por su estado de salud, le preparó urgentemente su ingreso al Hospital Hipócrates. En Noviembre del 1991 fuimos a ver al Gérontas al Monasterio de Surotí. Durante la vigilia vino una monja y nos llevó hasta él.

»Con gran agonía, devoción y temor vimos al Gérontas sentado en un taburete. Inmediatamente se levantó, besamos su santa mano y le digo: “Padre, tenemos muchos problemas de salud mi marido y yo. Le suplicamos, necesitamos su ayuda. Yo hacía un año más o menos me había sido operada en el pecho”.

—Entonces, ¿qué te dijeron? ¿que es cáncer?

—Para que me hagan todas estas cosas, quimioterapia, radiaciones, quiere decir que es cáncer.

—Déjalos a ellos que digan, —me responde en voz alta, con seguridad—.

»Esta frase no la olvidaré nunca. Esta frase me está apoyando hasta ahora. Eran palabras de un hombre santo carismático.

—Ahora le voy a contar lo de mi marido, —y continué yo—. Mi marido fue operado tres veces en la cabeza y aún está sufriendo.

—Eh, no es nada malo eso.

»Tomó un poco de aceite del candil, le hizo la señal de la Cruz sobre su frente y le dio a besar la Cruz, aconsejándole ir a comulgar. “Déjala ella; ella es la que lo hace todo”, —le dijo al final, dando a entender a mí que realmente me daba pánico y alteraría las cosas—.


»Yo continué:

—Padre, tenemos también un amigo que fue a Londres para un transplante y el pobrecito está sufriendo.

—Cómo se llama, me pregunta el Gérontas.

—Stavros, le respondo.

»No dijimos nada más sobre mi amigo. Nos dio cuatro crucecitas a cada uno de bendición y una cuerda de oración a mí, y salimos fuera de su pequeña celda como personas nuevas, ligeras, con alas, llenos de optimismo.

»Lo que me impresionó mucho y permanece grabado en mi memoria fue su rostro. Durante todo el tiempo que hablábamos de nuestros problemas, su rostro resplandecía, estaba alegre y tenía un estilo jubiloso, parecía que hablábamos de cosas alegres. Sus ojos radiaban una luz, como la luz que ponen los iconógrafos en los rostros de los santos. Pero desde el momento en que me referí a mi amigo, su rostro cambió, de alegre se hizo serio. Lo comprobó también mi marido.

»Con un hombre espiritual que comentamos estas cosas y que conocía al Gérontas, nos dijo: “Vuestras cosas todas van bien, pero la de vuestro amigo…”.

»Nos dio a entender que no iba bien. Realmente después de dos meses nuestro amigo murió. Nosotros gracias a Dios y con la ayuda de nuestro padre Paísio, hasta hoy (2002) estamos muy bien”.


*

La señora Eleni Katsúli, habitante de Stylida, testifica: “el 8 de Mayo de 1986, fuimos con mi hermano Constantino Tsalágka habitante de Stylida al Sagrado Monasterio de San Juan el Teólogo en Surotí, que entonces celebraba. El año anterior hizo una operación muy delicada y por ello difícil de un tumor benigno n la cabeza. En el periodo de su recuperación, que era bastante difícil, fue a ver al Gérontas, el cual le preguntó sui tenía hijos. Cuando se enteró de que tenía dos, le dije: “Todavía tienes obligaciones. Debes vivir, y vivirás”. Este encuentro fue determinante para la vida de mi hermano. Con la ayuda de Dios, con las intervenciones del gérontas Paísio, se encuentra en vida y goza de una excelente salud.

Desde entonces siente por el Gérontas una especial devoción y le invoca en cada momento difícil de su vida”.




B 3.4 Defensor de la tradición


El Gérontas tenía congénito el amor y el respeto profundo a las tradiciones eclesiásticas que establecieron los santos Padres. Era, con el sentido correcto de la palabra, un “entusiasta de las tradiciones patrísticas”. Detestaba y condenaba cada tendencia modernista, como la suspensión de las vestimentas de los clérigos (sotana), la traducción de los textos litúrgicos, cambio de los ayunos, etc… La tradición en general para el Gérontas era uno de los temas más queridos y especialmente de la tradición del M. Atos, sobre la que hablamos.*



* En el M. Atos, en esta tierra bendita de culto incesante a Dios, están guardadas las cosas más venerables y sagradas de nuestra Fe. El Santo Cinto de la Panayía, fragmentos de la verdadera Santa Cruz de Cristo, sagradas Reliquias, iconos milagrosos, manuscritos y muchas más Reliquias. Junto con todas estas cosas también está la atesorada santa tradición monástica muy valiosa de más de mil años. Esta tradición (en gr. “parádosi”), como forma de vida, ascesis y culto a Dios. Lo que vivieron los santos Padres de los desiertos de Egipto, del Sinaí, de Palestina y también de los Monasterios de Constantinopla y del Olimpo de Betania, está salvaguardado hoy en día, no sólo en las bibliotecas de los Monasterios del M. Atos, en la arquitectura, en la música y en las reglas o cánones (typikon), sino también en la vida y la ascesis de los padres del M. Atos. Hesiquia, sagradas Reliquias y manuscritos existen también en otras partes, quizás con más valor (Tierra Santa, Sinaí, etc.). Pero la ininterrumpible tradición monástica de tantos siglos, con tan gran número de monjes y en todas las formas de vida monástica, no se encuentra en ninguna parte, sino sól en la República Atonita. Desde este aspecto la Santa Montaña de Atos es única.

En nuestra época existe una providencia sobre la renovación de los Monasterios, sobre la limpieza de los frescos de los Monasterios, para la conservación y el aseguramiento de las reliquias.

¿Existe alguna preocupación por la preservación y el florecimiento de la susceptible tradición atonita?




Desde que era joven monje buscaba los padres luchadores con estado espiritual y tradición monástica. Las cosas que escuchaba y aprendía de ellos, luchaba para convertirlas en vida y experiencia propia. Más tarde escribió una parte de todas estas experiencias y realidades y lo publicó en el libro titulado: “Padres y temas Atonitas”.

A menudo en conversaciones se refería a la tradición de los padres más antiguos, cómo vivieron y lucharon, y cómo vivimos nosotros hoy en día. Decía: “Debemos compararnos a nosotros mismos con los santos, para ver si estamos en la tradición de ellos y no con los de al lado nuestro para que parezca que somos nosotros más tradicionales. Por ejemplo, tú tienes una mula y dices, “soy más tradicional que el que tiene un coche”. Sin embargo los santos lo que tenían lo llevaban a sus espaldas y así forzaban también sus cuerpos y los ejercitaban en la virtud.

“Tenemos el deber”, recalcaba el Gérontas, “de mantener la tradición y la ascesis, para que los más jóvenes cuando vengan encuentren algo”.

Veía la tradición Atonita en su conjunto. No predicaba unilateralmente la tradición de algún Gérontas ni hacía su propia “escuela”, porque creía que no era el único poseedor y expresivo de ella, ni “el Atlas” de la tradición Atonita. Ya que fue instruido por decenas de años y fue beneficiado por muchos Gérontas, después de un modo natural hablaba y transmitía esta tradición también a los más jóvenes. Describía así el ambiente que dominaba en el Monte Atos cuando vino hacer vida de monje: “Antiguamente aquí en esta Santa Montaña uno veía el Gerontikón aplicado. Encontraba también “locos en Cristo” y santos, y sencillos ancianitos, pero estando a grandes alturas espirituales… y también encontraba engañados. En cambio hoy en día tenemos otro engaño y uno encuentra una amabilidad europea. Conocí aquel bendito ambiente, porque, si no lo hubiera conocido, hubiese muerto de pena. Pero esto me produce mucho dolor cuando comparo la situación actual con las cosas y realidades antiguas. Entonces se promovía y se incitaba al bien, a la lucha, al combate, ahora se hace promoción a las cosas mundanas. Me duele cuando veo un monaquismo confundido y mezclado y una falsa amabilidad.

El monaquismo principalmente es tradición. El joven monje debe ser instruido por un Gérontas (monje anciano experto en la lucha espiritual), para aprender la forma de vida y de ascesis que ha recibido su guía espiritual por los padres anteriores y así sucesivamente de gérontas a gérontas, la corriente de la tradición llega hasta los primeros ascetas del desierto.

El p. Paísio aconsejaba a los candidatos a monjes que fuesen a monasterios o a algún gérontas con conocimiento práctico de la vida monástica, para que aprendiesen la vida monacal no de los libros sino por la acción. Porque, como decía, “uno de sí mismo no aprende nada. Mira estos gatitos son inteligentes, porque están instruidos por sus madres; el otro gatito el pobrecito está huérfano, está como perdido, no sabe nada”. Con esta comparación quería recalcar el beneficio del aprendizaje.

Animaba a los monjes más jóvenes a que fuesen visitando antiguos monjes del M. Atos y conversasen sobre temas espirituales y los escribiesen. “Vemos”, decía, “aquellos que han escrito el Gerontikon y la Historia Lausiaca, con qué peligro viajaban para encontrar los Padres del desierto. En cambio hoy en día sobre todo, uno espera que lo primero que lo inviten”.

Era muy instructivo para uno ver al Gérontas preguntar a los otros Gérontas luchadores qué canon o regla hacían y cómo luchaban, con el propósito de ser él mismo beneficiado. Al final se reprochaba a sí mismo, diciendo que ante las cosas que hacían los otros, él no hacía nada, aunque hiciera las más grandes ascesis. A menudo y con siempre con respeto se refería a la tradición del M. Atos, la consideraba valiosa y preciosa pero también muy sensible, como un árbol que tiende a secarse, quedando sólo unas ramas verdes.

Esta era en breve la posición del Gérontas frente a la tradición ascética y néptica. Posición de respeto, permanente aprendizaje y muchas luchas para vivirla por experiencia y transmitirla inalterable a los monjes más jóvenes.

La otra parte era su posición negativa frente al espíritu mundano, el modo secular de vida y del afrontamiento cósmico. Decía enfáticamente: “Lo peor de todo es el espíritu mundano”.*



* El evangelista Juan el Teólogo escribe sobre el mundo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. (1 Jn. 2,15-17).

Y los santos Padres con el término “mundo” denominan, por un lado, las pasiones y el pecado, pero sobre todo al espíritu mundano y al apego y preocupación por las cosas materiales-mundanas, sobre las cuales nos desaconsejan: “Tu alma que no ame alguna cosa mundana” (San Isaac, Logos 7). “Porque el cosmos-mundo es como la prostituta que atrae el deseo de los que la observan…. (Logos 87, san Isaac).




Consideraba que esto es la causa principal del aflojamiento de la tradición monástica y puede perjudicar más al monje que el mismo diablo.



* “El reposo, la pereza y la comodidad, son la perdición del alma, incluso pueden perjudicar más que los demonios” (San Isaac el Sirio, Logos 73).




Para el monje naturalmente las cosas mundanas son incompatibles y muy perjudiciales. Pero el Gérontas consideraba que incluso los cristianos que viven en el mundo no deben tener espíritu secular, mundanizado.

Su discurso, “como fuego consumador y como hacha que corta piedras” (Jer. 23,29), discernía y separaba lo mundano de lo monástico, incluso allí donde los otros lo confundían. Tenía una inusual sensibilidad en este tema en concreto.


Con tristeza comprobaba el Gérontas que “hoy en día se observa una influencia mundana en el monaquismo. Esto es lo que dicen los profetas de que en los tiempos finales los monjes se volverán como los mundanos y los mundanos como los demonios. Pero hay también excepciones”. Por eso aconsejaba: “Hoy en día con el aflojamiento del monaquismo hace falta tener uno mucho cuidado, para que no sea arrastrado por la corriente, porque poco a poco se hace el mal y uno es arrastrado sin darse cuenta. El espíritu mundano ha influenciado también a los monasterios. Es decir, el monje quiere vivir cómodamente y santificarse con el menor esfuerzo posible”.

Portador y predicador del auténtico espíritu patrístico, consideraba perjudicial y destructivo para el monje la distracción, su no ocupación con las cosas espirituales, el peso exagerado sobre “obras inútiles” de la vida monástica, (trabajos manuales, construcciones lujosas, fiestas exhibicionistas, -pero no las imprescindibles restauraciones-), el evitar esfuerzos, la aspiración a las comodidades y a la facilidad.

Una vez había decidido una vez marcharse de Stomio, porque las autoridades querían hacer una carretera hasta el Monasterio y hacer una línea de tren aéreo. Otro en su lugar se alegraría por esta facilidad, pero los criterios del Gérontas eran distintos.

Para un Gérontas que hacía muchas economías a sus monjes, dijo: “¿Por qué no subir ellos a su estado, ya que pueden, en vez de bajar él al nivel de ellos?”.

Vio en una Kelí cosas incompatibles y preguntó: “¿Qué son estas cosas mundanas?” “Me las han regalado”, se justificó el Gérontas de la Kelí. “¿Y si te regalan un vestido te lo pondrás como sotana?”, volvió a preguntar. Quería que los monjes viviesen sencillamente y que eso se hiciese concienzudamente. En un Monasterio vio alfombras extendidas en el suelo y aconsejó que las quitaran. Se alegró cuando en la siguiente visita vio que las habían quitado, pero dijo a uno: “Las alfombras las han quitado de aquí, pero si no las quitan también de sus corazones, en alguna otra parte las colocarán”.

Relató que una vez le visitó un monje del desierto. Le dijo alegremente que puso un teléfono y comenzó a enumerar los buenos resultados, es decir, que ganará mucho tiempo para la oración por hacer pedidos de cosas necesarias de Dafni y así evitaría también el cansancio de ir a buscarlas. El Gérontas no se puso de acuerdo con él y le respondió de la siguiente manera: “Yo también sé que es la comodidad de tener teléfono. Y cuantas más cosas mundanas tienes tantas más facilidades tendrás, ¿pero para estas facilidades y comodidades hemos venido aquí? Entonces mejor que nos quedásemos en el mundo, donde tendríamos más facilidades”.

También hizo referencia a otro ejemplo: “En una Kelí vivía un Gérontas con su monje subordinado en obediencia. Le decía: “Quiero que hagas algunas Crucecitas a mano y que ores mucho”. Aquel presionó mucho a su Gérontas y aprendió iconografía. Poco a poco tuvieron muchos pedidos, compraron muchos muebles y vestiduras para treinta sacerdotes y tres obispos. Recientemente murió aquel monje. Antes de morir, el padre Paísio había ido a esta Kelí. El Gérontas de la kalivi estaba solo y como y era muy anciano, estaba algo incapacitado y tenía dificultades para cuidarse. Los sofás y los muebles estaban manchados de suciedades. Aquí se ve cómo resulta todo, cuando dejamos la oración para hacer nuestra voluntad”.

Y añadió el Gérontas: “Hatzigeorrgis (san Arsenio) a muchos de sus obedientes no los daba un trabajo como servicio. Ellos se dedicaban más a la oración y hacían prosternaciones para todo el mundo”.

Una vez vinieron oficiales superiores y recorrieron el M. Atos. Al final pasaron también por donde el Gérontas y le dijeron: “Nosotros en el mundo tenemos comodidades y cosas mundanas. Aquí hemos venido a ver algo distinto”.

Aconsejaba a los monjes: “En el desarrollo y progreso espiritual el mundo debe imitar a nosotros los monjes y no nosotros imitar al mundo en el desarrollo y progreso mundano”.

“Cuando un monje no se ha endulzado de las realidades espirituales, no tiene consuelo. Después comienza a desear las cosas mundanas y, como no puede utilizarlas tal y como lo hacen los mundanos, entonces se fatigado y se castiga. Las cosas mundanas y el espíritu mundano traen a la vida monástica desolación, ruina, tal y como le sucedió también al monaquismo de Egipto. Actualmente los arqueólogos encuentran en celdas de monjes de la Tebaida desde la época del emperador Zenón, representaciones gráficas con presas de caza, etc. Cuando se perdió la sencillez y los monjes comenzaron a ocuparse con cosas de este tipo, vino la desolación y la ruina del monaquismo”.


Decía proféticamente sobre el M. Atos: “Veréis que estas construcciones grandes que algunos construyen, más tarde quedarán desiertas. Aunque le paguen a uno no querrá quedarse allí. Sólo estarán llevando materiales para hacer otras Kalivia pequeñas”.

Comprobaba que: “Hoy en día existe mucho material, vienen muchos jóvenes, pero la levadura es escasa. No estamos tal y como nos quiere Dios y los jóvenes que vienen no ven el ejemplo. Falta el ejemplo”.

Pero comprobaba también otra dificultad por parte de los jóvenes para el mantenimiento del auténtico espíritu monacal. “Los monjes jóvenes que han venido son un material muy bueno. Primera vez en la historia del M. Atos que se ha presentado tanta calidad de hombres. Los jóvenes están formados con estudios, con finura y amabilidad. Pero desgraciadamente, no explotan ni desarrollan las condiciones que tienen. Van a la Iglesia, encienden la vela, dan una vuelta alrededor, “Siervos del Señor, Aleluya”, aclaman. Y ya está, ahora vamos a descansar. No se hace así la vida monástica. No te atreves a decirles algo, porque no aguantan nada. Están como ves muy mimados. Por lo mínimo te dicen: “Por qué me ha hablado así; se ha comportado mal conmigo, no me ha atendido”, dicen. Se pierden dentro de sus pequeñeces. Y todo esto solo por una razón; porque no han vivido el dolor en sus vidas”.

El Gérontas sufría por el M. Atos y luchó por que permaneciese tranquilo, espiritual y negando al mundo, sin perder la hospitalidad; no influenciado por las destructivas influencias mundanas para que continuase siendo santo, produciendo santos. Recalcaba lleno de esperanza: “De nuevo volverán a la tradición. Veréis que coches de lujo se irán haciendo como gallineros y monjes nuevos estarán viviendo en las cuevas. Hoy en día existen arbustos que más tarde se harán árboles”, respondía a los que decían que hoy en día el M. Atos no tiene santos”.

Quería que el monje se delimitase sólo a las cosas necesarias y que no perdiese el tiempo y las fuerzas en cosas inútiles y vanas, con el resultado de quedarse desecado espiritualmente.

La posición del Gérontas frente a la tradición no era típica, seca e inflexible, sino que sentía su valor, la vivía y proveía recalcando las consecuencias futuras por el mantenimiento y cumplimiento de ella. Tenía el discernimiento de condescender ante la debilidad humana, sin pasarse de los límites. Decía: “Uno cuando siente una debilidad, que ponga en la comida una cucharada de aceite, lo entiendo; poner una madera más en la estufa, vale; tener un animal cuando le hace falta, en fin... Pero nosotros nos hemos excedido. Qué “vida en ascesis deseamos” y de qué mundo hemos renegado, cuando mantenemos a todo nuestro mundo en nuestro interior (conducta mundana) y hemos llenado nuestras vidas de todas las comodidades y facilidades. ¡Y lo más terrible!, en vez de deplorar y reprobarnos a nosotros mismos, nos presentamos como más distinguidos y con más discernimiento que los santos Padres”.

Con su vida impecable daba el ejemplo. No tenía ni siquiera lámpara, por la noche con la vela se arreglaba. Traía el agua de la fuente mediante una tubería de plástico para que bebiesen los peregrinos, y él mismo la transportaba con un cubo y llenaba la pequeña fuente en el despejado del terreno. Cuando le preguntaron por qué no llevaba el agua con la tubería hasta el interior de su Kelí, respondió: “¿Tan perdido estoy? ¿No puedo poner una manguera para tener agua en el interior? Pero esto no ayuda espiritualmente”. Cuando algunos oían hablar sobre “la sala de visitas al aire libre”, se imaginaban alguna sala solemne con sofás. Finalmente veían troncos comidos por la polilla sobre la tierra del patio, y sin embargo esta sencillez les aliviaba y les daba reposo. “Esto buscábamos”, decían. Aunque tenía la capacidad, conocía el modo y sus manos eran hábiles, no intentó construir “Kalivis bien atornilladas” (expresión de san Nilo el Mirobleta), sino edificar la casa de su alma. En vez de estar blanqueando con cal su Kelí, continuamente blanqueaba su alma con luchas y oraciones. Su pequeña Kalivi era sencilla y vieja. Su Kelí estaba ennegrecida por la cantidad de velas que se encendían, incluso había arañas. “Ellas me ayudan espiritualmente”, decía, “porque me recuerdan la cueva en la que han vivido los santos Padres, mientras que las cosas mundanas te trasladan al mundo”. Le emocionaban las cosas sencillas, ascéticas, pobres y todo lo que corresponde a los monjes. Inmediatamente regalaba alguna prenda caliente de piel de pelo cabra y prefería ponerse alguna capa de tela o de punto simple. Voluntariamente se privaba de muchas cosas, que para otros eran consideradas como imprescindibles. Sin embargo, esta privación traía consuelo espiritual, tal y como decía: “Para que venga el divino consuelo, primero deben faltar los consuelos falsos”. Según san Isaac el Sirio: “El que se empobrece de las cosas mundanas, se enriquece en Dios” (Logos 43, p.178 y Logos 1 p.2)


En pocas palabras este es también el espíritu del Gérontas y este es el propósito, por el que el monje debe evitar las cosas mundanas. Lo expresa muy bien de forma epigramática y sencilla: “Por Dios; hemos salido al desierto para las luces increadas y continuamente perseguimos las luces creadas”.




B 3.5 Hacia la madre Iglesia


Tal y como el Evangelista Juan el Teólogo tenía tres madres, su madre natural, la Santísima Madre de Dios (“Panayía”) y la luz y energía del trueno, (porque fue llamado por el Señor “hijo del trueno” (Mar. 3:17)), así también el Gérontas, además de su madre Eulogia (en gr. “Ebloguía”, traducido “bendición”) y la “Panayía”, sentía también nuestra santa Iglesia Ortodoxa como su madre verdadera, ya que ella nos renace con el Bautismo y nos alimenta con la Gracia divina de sus santos Misterios.


El Gérontas recalcaba especialmente esta relación suya. Escribía en una carta suya enviada a a un joven: “Después, cuando termines tus estudios, debes hacer lo que te dé reposo en el interior del seno de la madre Iglesia”.


El Gérontas era un monje con una conciencia y un espíritu eclesiásticos. Sus puntos de vista y opiniones eclesiológicas eran muy ortodoxas. Creía que la Iglesia contiene la plenitud de la Verdad revelada. Decía: “Lo que tiene la Iglesia está abrillantado”. La sotiría redención, sanación y salvación de los hombres se logra en la Iglesia. Sentía que constituye un miembro de ella. Sometía su voluntad y se sacrificaba para el bien de ella. Incluso en su ascesis tenía referencia eclesiástica. Creía que “cuando me haya corregido a mí mismo, se habrá corregido un trozo de la Iglesia”. Su amor por la Iglesia era muy grande. Por la estabilidad de la Iglesia hacía sacrificios y esfuerzos grandes y para la gloria de ella oraba continuamente. Por la unidad de la Iglesia luchó de distintas maneras. Escribía: “No soy de aquellos que han hecho la Iglesia Ortodoxa de Cristo partido político. Amo a los buenos obreros de Cristo y ayudo en la medida que puedo”.


Ayudó a muchos jóvenes a hacerse buenos clérigos y obreros de la viña del Señor. Les aconsejaba: “Trabajad humildemente en la Iglesia y el Señor os manifestará a los ojos de los hombres”. Algunos de ellos hoy en día forman parte de la Jerarquía eclesiástica.


Quería que los clérigos preparasen al pueblo con su arrepentimiento y cambio (en gr. “metania”), para evitar la ira justa de Dios. El servicio de ellos que aspire a la salvación de los fieles y a la gloria de la Iglesia, no en la autopromoción. Decía para un clérigo que ha realizó una obra valiosa, que “su obra tendría valor si no fuera algo personal”.

El mismo silenciosamente desde su asceterio observaba y seguía la situación eclesiástica con interés. Oraba, hablaba, escribía y, cuando lo consideraba necesario salía al mundo por algún asunto eclesiástico. Por un tema de este tipo salió y encontró al arzobispo Jerónimo y otra vez fue a la Metrópolis de la ciudad Florina para ver al venerable obispo Agustín. Aquel le dijo: “¿Monje has venido para inspeccionarme? “No, Respetadísimo”, respondió. “El Evangelio dice “si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos” (Mt. 18, 15), no habla sobre el Padre”. Le hizo una prosternación hasta el suelo, y a continuación le dijo algo que el Metropolita luchador lo aceptó y a partir de entonces le tenía gran devoción. Bastantes obispos eran aconsejados y buscaban la comunicación y comunión con él.


Sufría mucho cuando había escándalos, crisis y problemas eclesiásticos. Entonces oraba mucho más. “Os he escrito mi profundo dolor”, escribía en una de sus epístolas en un período de este tipo (2-4-1975), y explicaba por qué suceden todas estas cosas: “Falta la majestuosa patrística espiritual y por consiguiente nos peleamos como los gitanos”.


Sobre el muy discutido tema de las organizaciones religiosas el Gérontas dijo: “Las organizaciones religiosas no disolverlas, sino que las convirtamos y las hagamos patrísticas”.


Aplicaba y cumplía los santos cánones y el orden de la Iglesia. Respetaba los principios y las instituciones del M. Atos. Sin permiso escrito no salía de la Santa Montaña. Una vez se encontró en el Monasterio de Surotí y terminó la fecha de su permiso. Tenía un asunto urgente en otra ciudad, pero no se trasladó. Perdió dos días esperando a que le trajesen el nuevo permiso.


Tenía devoción y respeto a los obispos. Le llamó un conocido suyo para que fuese a visitarle a su casa. Naturalmente, no puedo ir”, dijo, “pero si fuese primero deberíamos ir al Obispo para recibir su bendición, y para verle perderíamos dos o tres días”.


—Gérontas, ¿para qué hace falta ir al Obispo?

—Es necesario ir, porque él es el capitán, nosotros somos simples soldados.


Respetaba especialmente el trono Ecuménico. Reconocía su misión sobre la Ortodoxa mundial y entendía la situación difícil en que se encontraba. Oraba mucho y lo defendió públicamente en muchas ocasiones.


Desde Stomio veíamos al Gérontas ser un duro combatiente contra las herejías. En los temas de la fe era exacto y sin condescendencias.


Tenía una gran sensibilidad ortodoxa, por eso no admitía oraciones comunes y comunión con personas no ortodoxas. Enfatizaba: “para rezar con alguien, hemos de concordar en la fe”. Cortaba sus relaciones o evitaba ver a clérigos que participaban en oraciones comunes con los heterodoxos. Los “Misterios” de los heterodoxos no los reconocía y aconsejaba a los que venían a la Iglesia Católica y Apostólica Ortodoxa que fuesen bien catequizados antes de ser bautizados. Combatió contra el ecumenismo y hablaba sobre la grandeza y la singularidad de la Ortodoxia, su información provenía de la divina Gracia que emanaba de su corazón. Su vida demostraba la superioridad de la Ortodoxia.




Con su discernimiento aconsejaba: “A los Cristianos que no son Ortodoxos, no debemos decirlos de que irán al infierno o que son anti-cristos, pero tampoco de que se salvarán. Porque de esta manera los reposamos falsamente y seremos juzgados por esto. Deberemos ponerles la buena inquietud, decirlos que están en el engaño”.


Tenía gran sensibilidad ortodoxa, por eso no aceptaba las oraciones conjuntas y la comunión con los no ortodoxos. Recalcaba: “Para orar junto con otro debemos estar de acuerdo en la fe”. Cortaba las relaciones o evitaba a ver clérigos que coparticipaban en oraciones en común con los heterodoxos. Los “misterios” de los heterodoxos el Gérontasno los reconocía y aconsejaba que los que vienen en la Iglesia Ortodoxa deben ser catequizados muy bien antes de ser bautizados.


Durante un tiempo interrumpió, junto casi con todo el resto del M. Atos, la conmemoración del nombre del Patriarca Atenágoras en sus memoriales por sus peligrosas aperturas hacia los romano-católicos. Pero lo hizo con dolor: “Hago oración”, dijo a uno, “para que Dios me quite a mí días y se los conceda al patriarca Atenágoras para que complete su arrepentimiento y cambio”.


Sobre los Anticalcedonios (monofisitas) decía:“Ellos no dicen que no entendieron a los santos Padres, sino que los santos Padres no les entendieron a ellos. Es decir, como si ellos tuvieran la razón y los santos Padres les malinterpretaron”. Consideraba como una blasfemia contra los santos Padres la proposición de la limpieza de los libros litúrgicos de la calificación de heréticos a Dióscoro y a Severo. Dijo: “¡Tantos santos Padres que tenían la divina iluminación y eran contemporáneos, no los entendieron y los malinterpretaron y venimos nosotros ahora después de tantos siglos a rectificar a los santos Padres! ¡Incluso ni el milagro de santa Eufemia lo tienen en cuenta! Y ella, ¡¿malinterpretó el tomo de los heréticos!?


Sin buscar ser reconocido como un confesor, con su propio modo, reaccionaba, hablaba y escribía a personas eclesiásticas. “La Iglesia”, decía, “no es un barco privado de cada obispo para hacer lo que viene en gana”. Este tipo de reacciones suyas estaban acompañadas de mucha oración y amor por la Iglesia pero también por los extraviados, y requerían desapasionamiento (limpieza de pasiones pecaminosas), discernimiento e iluminación de lo alto.


Otro tema que preocupaba al Gérontas era el tema del calendario. Sufría por la separación y oraba. Se entristecía por las hermandades de los veterocalendaristas (que siguen el calendario antiguo sin sucesión episcopal apostólica) que son como parras separadas de la Vid, y no tienen comunión con los Patriarcados Ortodoxos y las autocéfalas Iglesias Ortodoxas. Algunas parroquias de este tipo en Atenas y en Tesalónica se unieron por su sugerencia y recomendación a la Iglesia manteniendo el antiguo calendario.


Decía: “Estría bien que no existiese esta diferencia en el calendario, pero no es cuestión de fe”. Ante las protestas de que el nuevo calendario lo hizo el Papa, respondía: “El nuevo calendario lo hizo un Papa y el antiguo un idólatra”, dando a entender a Julio César. Para que se vea mejor la posición del Gérontas sobre el tema del calendario, a continuación ponemos un testimonio en relación:


“Un griego ortodoxo vivía con su familia muchos años en América, pero tenía un problema muy serio. El mismo era celote veterocalendarista, mientras que su mujer y sus hijos estaban con el nuevo calendario. “Como familia no podíamos celebrar un fiesta juntos”, decía. “Ellos celebraban Navidades y yo celebraba a san Espiridón. Yo celebraba Navidades y ellos celebraban la fiesta de san Juan el Precursor y Bautista. Y esto era lo menos. Lo peor de todo esto era oír, tal y como nos lo enseñaban, que los novocalendaristas son heréticos y serán condenados al infierno. No es poca cosa estar escuchando que tu esposa y tus hijos han traicionado su fe, se fueron con el Papa, sus misterios no tienen la Gracia divina. Durante horas discutíamos con mi esposa pero nunca llegábamos a ninguna conclusión. A decir la verdad algo no me gustaba de los veterocalendaristas. Especialmente cuando venían algunos obispos y nos hablaban. No hablaban con amor y con dolor por los “engañados”, tal como consideraban a los novocalendaristas. Pero veías que tenían un odio contra ellos y se alegraban, cuando decían que serán condenados al infierno. Eran muy fanáticos. Cuando terminaba la homilía de ellos, sentía en mi interior una turbación. Perdía mi paz. Pero, no tenía ningún pensamiento de marcharme de nuestra tradición. Estaba a punto de reventar. Seguro que algo malo me sucedería por tanta tristeza y depresión.


»En uno de mis viajes a Grecia comenté mi problema a mi primo Ioannis. Él me habló sobre un Gérontas que se llama Paísio. Decidimos ir al M. Atos para verle.


»Llegamos a Panaguda. El Gérontas me ofreció una invitación con su rostro sonriente y me puso sentado al lado suyo. Estaba impresionado y perdido. Tal y como se comportaba conmigo, sentía como si me conociera desde hace tiempo, como si supiera todo sobre mí.

—¿Cómo vas con los coches allí en América? —Fueron sus primeras palabras—.

»Me quedé perplejo. Me olvidé decir que mi trabajo tenía lugar en los espacios de aparcamientos de coches y como era natural me ocupaba de los coches continuamente .

—Voy bien; fue lo único que pude murmurar mirando como perdido al Gérontas.

—¿Cuántas iglesias hay allí donde estás?

—Cuatro, —respondí y me sobrecogió la segunda ola de sorpresas—.

—¿Con el nuevo o con el viejo calendario? —Me vino el tercer trueno, pero mira por dónde, en vez de agrandar mi perplejidad, de una manera me hizo sentirme familiar, me “hizo aterrizar” diría yo, con el carisma del Gérontas—.

—Dos con el antiguo y dos con el nuevo, —respondí—.

—¿Tú a cuál vas?

—Yo voy con el viejo y mi mujer con el nuevo calendario, —respondí—.

—Mira, debes ir tú también a donde va tu mujer, me dijo con una autenticidad, y se preparaba para darme explicaciones. Pero para mí el tema ya se había terminado. No me hacían falta explicaciones ni argumentos. Algo inexplicable sucedió en mi interior, algo divino. Un peso fue quitado y arrojado lejos de mí. Todos los argumentos y todas las amenazas y aforismos para los novocalentaristas que durante tantos años escuché, desaparecieron. Sentía la Gracia de Dios que a través del santo actuaba sobre mí y me colmaba de una paz que buscaba desde hacía años. La situación que vivía se manifestaría en mi rostro…


»Lo que recuerdo es que esto más bien le hizo al Gérontas parar un rato. Pero después continuó dando algunas explicaciones. Quizás para que se las dijese a los otros. Quizás para que las utilizase para mí en tiempo de tentación, cuando estaba pasando aquella situación celestial.


— Y nosotros también aquí en el M. Atos funcionamos con el antiguo calendario. Pero el caso es distinto. Estamos unidos con la Iglesia, con todos los Patriarcados, tanto con los que tienen el nuevo como con los que tienen el antiguo calendario. Reconocemos sus misterios y ellos los nuestros. Los sacerdotes de ellos concelebran con nuestros sacerdotes. Mientras que los celotes veterocalendaristas, los pobres se han apartado. La mayoría de ellos tienen devoción, exactitud y precisión, tenacidad y celo de Dios. Sólo que todo esto es sin discernimiento, “no por conocimiento”. Otros por simpleza, otros por ignorancia, otros por egoísmo, han sido arrastrados y desviados. Consideraron los 13 días como tema dogmático y a todos nosotros como engañados, y se marcharon de la Iglesia. No tienen comunión con los Patriarcados ni con las Iglesias que van con el nuevo calendario, ni tampoco con los Patriarcados e Iglesias que van con el antiguo, porque supuestamente han sido manchados y afectados por los novocalendaristas. Y no sólo esto, también los pocos que quedaron, no sé cuántas divisiones se han hecho y cada vez se anatemizan, excomulgan y se expulsan los unos a otros. No sabes cuánto he sufrido y cuánto he orado por este tema. Es necesario amarlos y sufrir por ellos y no condenarlos ni criticarlos maliciosamente, y más aún, hacer oración por ellos para que los ilumine Dios y, si por suerte alguna vez alguno con buena intención nos pide ayuda, decirle alguna palabra”.


Pasaron más de cinco años desde la dormición del Gérontas. El sr. X. fue a Panaguda a agradecer al Gérontas, porque desde entonces encontró su salvación espiritual y familiar y con lágrimas en los ojos relató todo lo anterior.


Citamos también otro posicionamiento con discernimiento del Gérontas en un tema eclesiástico. Un clérigo ortodoxo del extranjero le preguntó sobre una dificultad suya. Su obispo hizo por debajo de los templos salas de fiestas y otras acciones contrarias a la sagrada tradición. Los cristianos allí no encontraban descanso y acudían a una Iglesia cismática. La respuesta de Gérontas fue: “Si quieres ayudar a la gente, no debes tranquilizarte con las cosas que hace tu Obispo. Con estas cosas se consigue que la gente se marche de la Iglesia. No digo que dejes de tener comunión con él y hacer un cisma, ni debes hablar públicamente contra él, pero tampoco alabarle”.


Con su amor, su oración y su discernimiento, conocía cuándo debía hablar, cómo actuar y ayudar sin crear ruidos a la madre Iglesia, evitando los extremos y sanando las heridas que hacen sufrir al cuerpo de la Iglesia y escandalizan a los fieles.




B 3.6 Sobre la nación y la Patria.


El Gérontas, siendo desarraigado desde su edad infantil y habiendo vivido el terror de la guerra y de la ocupación alemana, conocía por experiencia que “hacer vida serena y en paz” es una gran bendición.

Amaba la Patria y decía: “La Patria es también una gran familia”. No aspiraba a la grandeza nacional, la gloria y la fortaleza en el sentido mundano, sino la paz, el progreso espiritual y la vida ética de todos los ciudadanos, para que nos ayude también Dios. Ni buscaba la seguridad para que disfruten los hombres de sus comodidades.

A un griego patriota ardiente que vivía en América e intentaba promocionar Grecia, le aconsejó que luchara para santificarse y después promocionar correcta y espiritualmente también a Grecia.

Igual que los Profetas de Israel participaban a la vida de su nación de forma activa a su manera, oraban, se lamentaban, inspeccionaban a los reyes, predicaban el arrepentimiento y profetizaban sobre los males venideros, lo mismo también el Gérontas no era indiferente e impasivo con los temas de la Patria. Era profeta pero no era un nacionalista que decía: “Por Sión no nos callaremos” (Is. 62,1). Del mismo modo, la posición del Gérontas era claramente espiritual.

Mientras vivía fuera del mundo, luchó como pocos por el bien de la Patria. Era admirable también su acción y su ofrecimiento por nuestros temas exteriores nacionales. Hablaba contra las corrientes anti-helénicas, los falsificadores de la verdad histórica, principalmente contra las injusticias de las reivindicaciones terrenales en contra de Grecia por los de Skopia, “los Paneslavos”, los Albanos, los Turcos etc. Decía que “Uno quiere Tesalónica, otro quiere llegar a Tesalia hasta la ciudad Larisa, otro quiere el mar Egeo. A fin de cuentas al final no existirá nunca Grecia”.

Señalaba los peligros nacionales, incluso antes de que apareciesen. Ayudó a muchos ver claramente las propagandas en contra de la Patria, y los que tenían posiciones clave y sensibilidad tomaron las medidas correspondientes.

En relación con el problema de Macedonia, un oficial superior refiere: “Yo estaba dentro de las cosas y no me había dado cuenta. El Gérontas me había abierto los ojos. Al principio me extrañaba y decía: “Qué son estas cosas que dice el Gérontas, de dónde las sabe.” Después entendí”. El Gérontas, ya desde 1977, cuando viajó a Australia, se refirió al problema de Macedonia. Entonces algunos “entendidos” estas cosas las consideraron “como irresponsables palabras peligrosas y fanáticas.”

Defendiendo la pertenencia a Grecia de Macedonia colgó en su sala de visitas el texto del profeta Daniel (Dan. 9, 21-25) donde hace referencia al rey de los griegos Alejandro Magno, y al lado un gran icono de papel de un Ángel de un Monasterio serbio indicando el texto.

Comparaba el estado de Skopia como edificio que está edificado con ladrillos y con turrones de Farsala, que están cortados de forma de ladrillo, y es natural que alguna vez se desplome.

En el libro del ex-ministro del norte de Grecia señor Nkolaos Martis, con el título “La falsificación de la Macedonia”, cuando lo leyó, le entusiasmó. “Gloria a Dios”, dijo “existen también patriotas. Se llevó muchos libros y los dio de bendición. Escribió un admirable poema pequeño, el cual el señor Martis lo ha incorporado en nuevas ediciones de su libro.

Sobre Turquía declaró con seguridad: “Será disuelta, los Kurdos formarán estado propio y las grandes potencias nos devolverán la Ciudad (la “Polis”, Constantinopla). No porque nos aman, sino porque así economizará Dios las cosas, de modo que por interés propio de ellos les convendrá que la tengamos nosotros. Funcionarán las leyes espirituales. Los turcos (musulmanes) tienen y deben pagar mucho por las cosas que han hecho. Esto no es un una Nación, será destruida. En su cinturón llevan sus kólivas (masa o granos de trigo hervidos que se ofrecen para el funeral), es decir, ha llegado el final de ellos. San Arsenio decía antes del Intercambio de poblaciones (holocausto de Asia Menor): “Nuestra Patria la perderemos, pero otra vez la recuperaremos”.

Fue preguntado el Gérontas, cuándo será liberada Chipre, y respondió: “Chipre se liberará, cuando se arrepientan y cambien los chipriotas. Tenéis que hacer bases espirituales para que expulsen las bases de los turcos, de los ingleses y de los americanos”. Es decir, veía el problema chipriota como espiritual, no como nacional o político, y que su solución provendría del arrepentimiento y cambio del pueblo y de la oración.

Viendo que el peligro venía de Oriente por Tracia, se fue a la ciudad de Komotiní para apoyar a los cristianizados ex-musulmanes. Quiso permanecer junto a ellos por un espacio de tiempo con el propósito de ayudar.

En los temas de la Patria no quería que los cristianos fueran indiferentes. Se entristecía mucho cuando veía que hombres espirituales buscan ser acomodados ellos mismos y no estaban interesados por la Patria. Su pena y sorpresa era cómo los responsables no perciben a dónde nos estamos dirigiendo. El mismo desde antiguamente preveía la situación actual y se inquietaba, pero no sembró sus inquietudes a la gente. Daba esperanza y positivismo. Decía: “Por el mal que hoy en día domina, saldrá un gran bien”.

Sufría mucho por la decadencia espiritual de los ciudadanos. Hablaba severamente para los que votaban leyes anticristianas. Se entristeció mucho por el cambio de nuestra lengua y dijo: “La siguiente generación traerá alemanes para enseñarnos nuestra lengua, y nuestros hijos nos estarán escupiendo”. Escribía en una carta suya: “Los que han eliminado el griego antiguo, lo traerán de nuevo”.

Publicó un texto corto apoyando al héroe Makrigianis puro patriota y muy piadoso por las acusaciones injustas y falsas arremetidas contra él. Más allá del reestablecimiento de la verdad, había entonces, igual que hoy en día, una necesidad imperativa de proyección de un prototipo o modelo ideal de imitación para los gobernantes políticos, pero también para ayudar al pueblo a adquirir criterios políticos correctos en su elección de los gobernadores de nuestra Nación.

Un primer ministro, al que había criticado y condenado públicamente por sus actos perjudiciales para la Nación y la Iglesia, pidió encontrarse con el Gérontas en el Monasterio de Surotí. El Gérontas respondió: “Que venga y le cantaré las verdades en su cara”. Tenía fuerza y valor psíquico este pobre monje de kalivi de elevar su voz sin miedo ante los fuertes del día.

Cuando un presidente de la Democracia visitó el M. Atos instó a los monasterios a que no lo recibiesen, porque había firmado la ley sobre los abortos.


De un Ministro que quiso ayudar a un Monasterio conocido suyo, no aceptó nada, porque pertenecía a un partido que había firmado muchas leyes anticristianas.

El Gérontas era hombre de paz y de unidad. No pertenecía a ningún partido. Estaba por encima de los partidos. Rechazaba los partidos políticos ateos y a los políticos por su ateísmo y su polémica contra la Iglesia. Decía: “¿Para qué la quiero la mano derecha o la izquierda, si no hace la Cruz?”, rechazando a los políticos ateos independientemente de su colocación política. Algunos partidos políticos conociendo su influencia en el pueblo, intentaron atraerlo para conseguir votos, pero fue en vano.

Le visitaban personajes políticos, diputados, ministros y senadores de Estados Unidos y el rey Constantino le mandaba cartas. Pero a nadie pidió algo para sí mismo o para monasterios suyos conocidos. Solo les pedía que actuaran para el bien de la Patria y de la Iglesia.

Incluso ayudó a muchos trabajadores estatales con sus consejos que sean honrados y responsables en sus trabajos. Estimaba mucho a los pedagogos por la obra esencial que ofrecían, y los militares piadosos que mostraban que tienen ideales. A muchos jóvenes anarquistas los convenció a que hiciesen el servicio militar.

Por regla general aconsejaba a todos tener respeto y amor a la Patria, y actúen para el bien común con seriedad y no sean arrastrados por el espíritu general de indiferencia, de aniquilación de todo, del acomodo propio y del abuso.

Pero principalmente el Gérontas ayudó a la Patria invisiblemente con su oración. Eso se ve por el canon-regla que hemos referido, pero también por el poema que mandó a su madre. Al final dijo que se hace monje para estar orando también por toda la ciudadanía y la Patria”. Daba primero el ejemplo e incitaba, diciendo: “Debemos hacer oración a Dios para que ilumine a los responsables que están en posiciones altas en la Nación, porque ellos pueden hacer mucho bien”.

Cuando había tensión en las relaciones entre Grecia y Turquía, decía: “Muchas nubes se han reunido. Podremos expulsarlas” (con la oración).

En una situación similar celebró la Divina Liturgia en su Kalivi. En las Bienaventuranzas no salmodió lo que prevenía en el typikón (regla, orden), sino del canon del venerable san Nikolás Kataskepinós, porque era el adecuado para este caso: “Soberana, destruye las flechas de los ateos Agarenos destrúyelos Señor, y todas las voluntades de los demonios cancélalas, a su pueblo cristiano cúbrelo y guárdalo para que te glorifiquemos”. (Theotokarion, san Nicodemo del M. Atos, Vísperas del Sábado).

Cuando la Patria pasaba por períodos de inestabilidades políticas, a causa de la dificultad de formar gobierno, el Gérontas sufría y rezaba mucho. Una vez que se hicieron elecciones por tercera vez en el mismo año sucedió lo siguiente, tal y como lo ha relatado: “Era víspera de elecciones. Estaba sentado en mi cama de madera en la sala de visitas y decía la oración del corazón o de Jesús. De repente se presentó el diablo con la forma y figura… ( de una persona política de alto nivel de aquella época, del cual yo reprobaba sus actos catastróficos) y me amenazaba. Pero no podía acercarse. Estaba atado, algo le retenía y le apretaba”.

La misma noche el Gérontas se presentó a un sacerdote casado en el sueño. Le dijo severamente: “Cura… ¿por qué estás durmiendo? Levántate para hacer oración, porque la Patria peligra”.

La salvación de la Nación la esperaba de Dios. Decía: “Si Dios dejara la suerte de la Nación a los políticos nos destruiríamos y desapareceríamos. Pero deja un poco las cosas para que se vean las intenciones y propósitos de cada uno”.

Para los políticos que hacían mal a la Nación decía: “Con la conciencia tranquila ruego a Dios que les conceda arrepentimiento que cambien y se los lleve, para que no continúen haciendo mayor mal, y que resucite Macabeos”.

Creía que un monje puede ayudar a toda una Nación. “A uno Dios le hace monje para ayudar a una familia y a otro para ayudar a una Nación entera. El M. Atos mucho puede ofrecer. Puede volver a crear el imperio Bizantino del que provino”.






ANEXO


1. Carácter, figura y carismas naturales del Gérontas


La aparición exterior del Gérontas era la de un monje normal. Su altura era aproximadamente de 1,60 m. Era muy delgado, parecía un esqueleto por los muchos años de ascesis, con un rostro bello, armonioso y fino.

Su figura al completo inspiraba bondad y simpatía.

Su mirada viva, expresiva (se expresaba y hablaba con sus ojos), perspicaz y reluciente. Paz, seguridad y majestuosidad acompañaban sus movimientos. Su barba mediana, densa y casi blanca del todo antes de su dormición. Su cabello blanquinegro y muy denso, llegaba hasta sus hombros. Por regla general se ponía el gorro de lana de punto, grueso para el frío. En las salidas se ponía el acostumbrado gorro monacal del M. Atos.

Las palmas de sus manos eran más grandes que lo normal, robustas y mostraban a un hombre que había trabajado con sus manos. La plantas de sus pies muy grandes, desproporcionadas con su altura. Su dientes le faltaban casi todos, excepto de dos de la parte de arriba y unos pocos de la de abajo. No quiso ponerse dientes, aunque sus hijos espirituales se lo propusieron. Pero consintió que le pusiesen dos fundas. Cuando se reía se le veían, era algo característico. A pesar de la falta de dientes, hablaba claramente y esto no parecía como un defecto corporal. La manifestada gracia divina cubría esta falta y le hacía parecer “bello y bondadoso”. Su rostro estaba iluminado y gratificado. Era entero “cualidad o atributo de la Gracia resplandeciente”.

Sus sentidos permanecieron muy agudos hasta su dormición y funcionaban muy bien. Con su olfato desde un kilómetro de lejos olía si alguien fumaba. Su oído muy sensible. Su vista sorprendente. Veía detalles desde muy lejos. Con gafas de presbicia esculpía madera con detalles hasta el fin de su vida.

Parecía un hombre normal, pero escondía al “hombre del corazón escondido, el que era creado según Dios”, la divina Gracia que era imposible esconder. En sus últimos tiempos parecía como una fruta madura goteando miel que le delataba y reflejaba su rostro y su aroma. Aunque anciano con cabello blanco, enfermo y sin dientes, sin embargo era un león. Tenía algo potente, decisivo y divino. Dentro de este menudo y enfermo cuerpo se escondía un alma valiente, con mucha potencia, energía e ira. La ira (enfado) los santos Padres la llaman el nervio de la psique. Esta potencia y energía (la ira) la giró hacia el bien y la orientó hacia el bien sacándola provecho para conseguir las virtudes. No dudaba en decir unas palabras a cualquiera que hacía algo malo que trascendiese los límites, y enfadarse desapasionadamente*. “Enfadaos pero no pequéis”- sin perder su paz, pero siempre defendiendo algo superior y no a sí mismo; entonces hablaba no dominado por la pasión de la ira, sino con el dolor del alma.



* ”La ira con su energía se mueve por naturaleza, cuando ama a todos los hombres y no tiene contra nadie rencor, resentimientos o amargura”, (san Juan el Damasceno, Logos psicoterapéutico, Filocalía tomo 2)





Era por naturaleza un hombre abierto y agradable, hospitalario y misericordioso, de espíritu puro oriental. Amaba narrar historias agradables con contenido espiritual y reír de corazón. Decía el Gérontas: “Desgraciadamente hoy en día muchos han perdido la sonrisa natural”. Podía estallar en lágrimas por simpatía, abrazar como hermano a un dolorido a quién veía por primera vez, y hacía todo sacrificio para ayudarlo, ofrecerle reposo y aliviarlo. Y todo esto lo hacía de corazón natural y espontáneamente.

Se sacrificaba por su fe y por el amor hacia el prójimo. Detestaba la doble cara, la mezquindad y la inconsciencia. Honraba y respetaba a los fieles virtuosos, los piadosos, a los que tenían ideales y trabajaban para el bien de la Iglesia y la Nación, los honestos y los que tenían espíritu de sacrificio. Decía: “Llevo en mi corazón a los que tienen bondad, devoción, piedad y sencillez”.

Ante el hombre más insignificante, sobre todo si era una alma dolorida y cargada, se humillaba sin límites, se hacía tierra. Pero se convertía en montaña altísima y en roca imperturbable ante las amenazas, las intimidaciones, los halagos y los sobornos de los fuertes. El Gérontas era inmutable ante las amenazas, el peligro y la muerte. Era inmune a las calumnias, incluso a los golpes “de los que le combatían desde la altura” (Sal. 55,3), es decir, de los fuertes de la tierra.


Era hombre con rico contenido interior. Tenía un corazón con sentimientos purificados, que nada tienen que ver con el sentimentalismo. Era hombre perfecto, hombre de Dios. Era un icono hecho de Dios con preciosas teselas (piezas del mosaico), las virtudes. Era un “espejo limpio sin mancha”, que reflejaba las divinas cualidades. El Gérontas era por naturaleza bondadoso, de buena pasta, dotado de raros carismas. Pero luchó mucho, aumentó y duplicó sus talentos. Dios le dio mucho y el Gérontas los hizo rendir y entregarlos multiplicados de múltiples maneras.

El Gérontas era un fenómeno o caso de genio, inteligencia, prontitud y muy ágil. Un caso no acostumbrado y raro. Tenía una memoria sorprendente. Se acordaba de uno que le había visto sólo una vez en decenas de años. Una vez en la Panaguda le visitó un hombre mayor. El Gérontas le preguntó: “¿Eres Kokinelis? Realmente era Kokinelis. Había coincidido con él por poco tiempo en el servicio militar, hacía medio siglo.

Estaba metido en todo, sin ocuparse de todo. Conocía las cosas y realidades del mundo, permaneciendo en el desierto. Espiritualmente estaba con todos, amaba a todo el mundo, y distaba de todos.

Sabía mucho sin haber estudiado. Hacía compañía y conversaba cómodamente con científicos y otras personalidades, sin sentir complejo de inferioridad. Al contrario, los sabios según el mundo le pedían consejos.

A la pregunta de si se había arrepentido alguna vez por no haber estudiado, respondió negativamente. Sólo sobre el conocimiento del griego antiguo, decía: “Si hubiera terminado un par de cursos del bachillerato, entendería mejor la Sagrada Escritura y los santos Padres”. Sin embargo era preciso en sus palabras. Sus respuestas no dejaban vacíos ni dudas. Entendías lo que quería decir incluso sin palabras, con poco decía mucho. Con un gesto representativo daba a uno entender una cuestión entera o un tema completo.

Era por su naturaleza artista y poeta. Tenía la capacidad de escribir poemas y troparios, y de pintar.

Amaba el trabajo esmerado. Lo que tocaba con sus manos lo hacía con esmero, perfectamente; cuánto más con lo que tenía relación con Dios y la Iglesia. No lo hacía oro como el mítico Midas, sino que con lo que se ocupaba, lo daba una matiz y una dimensión espiritual. Tenía la persistencia y el método para la consecución de sus objetivos y propósitos.

En sus relaciones con los demás era sencillo, espontáneo, caluroso y tenía su propia manera y forma, un arte espiritual para acercarse, comunicarse contigo dándote reposo, alivio y sosiego. Te observaba silenciosamente, con la atención extendida, te dejaba hablar y se ponía en tu lugar. Se comportaba con los demás con sensibilidad y finura, y sólo consigo mismo era severo. Estas contraposiciones en su carácter componían una armonía admirable: indulgencia hacia los demás y severidad hacia sí mismo, hesiquia y sociabilidad, sencillez de la fe y destreza, mas maestría intelectual, aplicación y cumplimiento de las reglas o cánones y espíritu de libertad.

Cualquier camino que siguiese el Gérontas en su vida, se distinguía, porque era “recipiente de cabida”, máquina potente, linterna de gran tensión y energía.

Prefirió sin embargo hacerse “latilla de conserva” que refleja los rayos del Sol de la justicia, e indica al Sol, en vez de brillar temporalmente en este mundo falso con su propia auto-proyección. Luchó mucho con pundonor y abnegación. Lo dio todo por Dios, y soportó tentaciones y tribulaciones por Dios. Ayudó a una multitud incalculable de personas. Luchó mano a mano con el diablo y salió vencedor. Ahora escucha la bendita voz: “Al que venciere, le daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apoc 2,7).




2. Su mensaje*

* “En lugar de epílogo ponemos algunas características de la enseñanza del Gérontas”.


Primero creemos en Dios y después amamos a Dios y a su imagen, el ser humano. La fe aumenta con la oración. “Añádenos fe”.

“Tal y como he entendido, todo el mal proviene de la falta de fe. Cuando el hombre no cree en Dios, quiere divertirse y estar de juerga en la vida. Por eso se dedica a todo tipo de pecado”.

“El hombre debe captar el sentido y significado más profundo de la vida, de que esta vida es para prepararnos para la otra. A partir de ahí, es igual que aquel que necesita un conductor para viajar a un sitio, así también para el viaje celeste debe encontrar un conductor (Espiritual). Después, ponerle un programa, algo de estudio, algo de oración, evitar las causas y motivos de los pecados, y el espíritu mundano que es lo peor de todo. Entonces así su corazón estará en Cristo.

“Debemos luchar y combatir con pundonor y honradez para ser salvados. Cristo nos dirá: “Hijo mío, yo hice tanto para salvarte. He derramado mi sangre y he sufrido tantos padecimientos, y tú, ¿qué has hecho para salvarte?

“Cada hombre debe encontrar y santificar su llamada. El hombre diligente, donde quiera que se encuentre, sea en el monaquismo, sea en el matrimonio, será un hombre triunfador, exitoso”.

“Debemos preferir las tribulaciones y aceptarlas mejor que las alegrías. La amarga medicina muchas veces es mejor que la dulce, porque sana. Le verdadera alegría nace del dolor”.

“Lo que impide al hombre en su progreso y prosperidad en lo espiritual es que no hace trabajar su cerebro en lo que le beneficia espiritualmente, sino en otras cosas”.

“Debe entrar en nuestro interior el dolor por la situación contemporánea, para que podamos así hacer oración del corazón”.

“Hoy en día ha llegado la época de que sean separadas las cabras de las ovejas, los fieles de los infieles. Más tarde llegará el momento de los exámenes, sufriremos también persecuciones por nuestra fe, y entonces se distinguirá lo que es de cobre de lo que es de oro”.

“Cuando uno se preocupa porque sufre por los demás, siente dolor por los otros, hace suyos los problemas de ellos, entonces éste tiene salario de mártir. Los hombres que lo sacrifican todo, ¡qué agraciados! No tienen problemas y brillan más sus rostros porque tienen siempre la alegría divina continua”.

“Toda la base de la vida espiritual está en que cada uno piense en el otro y ponerse a sí mismo el último, no tenerse en cuenta para nada. Cuando nos ponemos en el lugar del otro y le comprendemos, entonces somos familiares de Cristo”.

“La Gracia de Dios es cosa cara. Para venir y habitar en el interior del hombre, debe encontrar al hombre que sea acorde con el Espíritu con Dios y el hombre ejercitar y agotar todo lo humano. Mientras que nosotros queremos que venga la divina Gracia para librarnos de las debilidades, sin luchar. Para habitar el Espíritu Santo en el hombre hace falta abnegación, mucha honradez, humildad, majestuosidad y sacrificio. La vida espiritual no es el disfrute ni los placeres. Cristo ha colocado el enchufe, pero nuestros cables están oxidados y no reciben la Gracia divina. Debemos desoxidar los cables, luchar para conocernos a nosotros mismos, cortar nuestras pasiones pecaminosas, adquirir las virtudes y así nos visitará la Gracia de Dios”. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.




3. El testamento espiritual del Gérontas


Esta es mi palabra, Monje Paísio, tal y como me he examinado a mí mismo, he visto que he transgredido todos los mandamientos del Señor, he cometido todos los pecados. No tiene importancia si algunos se han cometido en un grado menor, porque no tengo para ninguna excusa, ya que he sido muy beneficiado por el Señor.

Orad para que Cristo sea misericordioso conmigo.

Perdonadme; y estáis perdonados, los que creéis que me habéis hecho algo.

Muchas gracias, y de nuevo, bendecid y orad.

Monje Paísio




 
(Este texto se encontró íntegro en Panaguda después de su dormición.)















Translate