SAN PORFIRIO EL MILAGROSO DE “KAVSOKALIVΙA” (TESTIMONIOS-NARRACIONES-ENSEÑANZAS)





SAN PORFIRIO EL MILAGROSO DE “KAVSOKALIVΙA”


(TESTIMONIOS-NARRACIONES-ENSEÑANZAS)
 
 








Copyright: https://enromiosini.gr/ (Las imágenes se encuentran sólo en el libro original)

Traducido al español por Nectario: https://laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com/











INDICE

PROLOGO

1. TESTIMONIOS

1.1. Experiencias y milagros del venerable Porfirio.

1.2. Cómo conocí al Gérontas.

1.3. Predicciones y milagros

1.4. “Veo vuestra celda”

1.5. Educación de los niños

1.6. "Las palabras del santo son Evangelio"

1.7. "¡Me acuerdo!"

1.8. Algunas informaciones sobre san Porfirio

1.9. Ayuda para una candidata a monja.

1.10. No abandones.

1.11. La fundación del Hesicasterio.

1.12. "No yo, sino la Gracia divina te ha hecho bien"

1.13. Fragancia.

1.14. Ayuda a un joven

1.15. Fue un milagro.

1.16. Bautismo de un católico romano.

1.17. Ayuda después de la dormición del santo.

1.18. Si no te vas de allí, te volverás loco.

1.19. Revelación de una iglesia enterrada.

1.20. Corona de luz (aureola)

1.21. Milagros de san Porfirio.

1.22. Lo previó dos años antes.

1.23. Revelaciones y predicciones

1.24. "Porfirio es un simple sacerdote. Los milagros los hace Cristo"

1.25. “Por la Gracia de Dios veo"

1.26. Ayuda con su carisma.

1.27. Nos bendijo y desaparició.

1.28. Vio y ayudó a un bebé antes de nacer.

1.29. Psicodiagnósticos.

1.30. Sentí las gracias del santo.

1.31. “No sabía de quién recibía la bendición”

1.32. “Santo de gran alcance”

1.33. “Tenía un gran amor por todos”

1.34. “El niño se pondrá bien”

1.35. Causas del dolor de cabeza

1.36. “Que pasen los que van a Égina”

1.37. El Gérontas me consoló de modo automático.

1.38. “Cuando no veía, también veía”

1.39. “El estrés hace muy bien”

1.40. La última entrada del santo en el M. Atos

2. NARRACIONES

2.1. Cuando fui para hacerme monje.

2.2. Santidad en Kausokalivia.

2.3. Ejercicios ascéticos de un monje novicio.

2.4. Él solo cantaba con contricción.

2.5. Estancia en lugar desierto.

2.6. Paraíso.

2.7. El amor a Cristo te sana.

2.8. No escojas a confusas como monjas.

2.9. "Cuando Cristo mira dentro de nosotros..."

2.10. El asceta.

2.11. Unidad con obediencia

2.12. Glorificación (Doxología)

2.13. La “Panayía” (La “Toda-Santa”, y Siempre Virgen María)

2.14. Previó el desarrollo de la monja en pruebas.

3. ADMONICIONES


















PROLOGO

“Ahora conozco que eres varón de Dios, y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.” (3 Reyes 17,24)


Los santos con santos con su vida cristiana y sus milagros sobrenaturales constituyen una revelación de Dios en el mundo. Uno de estos santos conocedor y revelador de Dios es nuestro contemporáneo santo, el venerable Porfirio “Kausokalivita”.*


*La Skete de la Santa Trinidad en el M. Atos, también conocida como Skete de Kafsokalyvia (de la Kalivi o cabaña quemada), pertenece al Monasterio de la Gran Laura. Recibe el nombre de "Kafsokalyvia" porque en esta zona practicaba el ascetismo san Máximo Kafsokalyvita, que recibió ese nombre precisamente porque no permanecía mucho tiempo en una Kalivi, sino que la quemaba para no adquirir nunca propiedades”.




Prendido de amor divino, cuando cumplió doce años dejó el mundo y partió hacia el M. Atos. Eran suficientes unos pocos años de lucha, obediencia y ascesis para que recibiese la Gracia de Dios. Y Dios con Su omnisciencia proveyó su vuelta al mundo para “salvación de las almas”.

Lo que santificó al venerable Porfirio fueron la perfecta y bienaventurada obediencia a sus Gérontas y la lectura atenta de la Sagrada Escritura y de los Libros Litúrgicos con un amor y una aptitud insaciables.

Entonces, por la obediencia, la oración y el estudio de los logos divinos, adquirió nus de Cristo y se convirtió en “teóforo y pneumatóforo”. Es decir, pensaba, hablaba, actuaba y reaccionaba movido por Dios, por el Espíritu Santo, tal como él mismo asevera: “Lo que te digo no es mío, te lo dice el Espíritu Santo, ¿lo entiendes?”. Efectivamente, “El Espíritu del Señor habla por mí, y sobre mi lengua se halla su palabra”. (2 Rey. 23,2)

El Venerable Porfirio recibió de Dios muchos carismas, pero “sin amor y sin vida, los carismas son secundarios.” (San Juan Crisóstomo P.G. 61, 276). San Porfirio demostró ser taumaturgo, no solo porque tenía una vida pura y santa, sino un amor imitador de Dios.

Toda su vida era un sacrificio oculto y ofrenda hacia el hombre. Como padre Espiritual salvó a muchos mediante el Misterio de la Confesión, porque encontraron el camino verdadero y la puerta del paraíso a través del arrepentimiento, el único camino seguro y salvador.

A muchos que habían sido seducidos por las religiones orientales, con magias y herejías, les sacó del engaño, revelándoles con su modo carismático el poder de nuestra fe y el tesoro único de nuestra Ortodoxia.

Fue el consuelo de los enfermos, a los cuales sirvió como sacerdote responsable durante 35 años, el refugio de los doloridos, el apoyo y el guía de las mujeres extraviadas.

Curaba a enfermos con su oración con bendición sacerdotal, ayudándoles previamente con sus revelaciones a que creyesen, a que se confesasen, a que aprendiesen a rezar y a que comulgasen.

Vivía de un modo muy simple y pobre. Intentaba pasar desapercibido, distribuyendo a los de su alrededor la Gracia de Dios. Dado que el mismo estaba unido con Dios y rezaba incesantemente, no le eran obstáculo el lugar, —la plaza de la Concordia (en gr. “Omonia”), el centro de la bulliciosa capital, donde servía— para santificarse, para ayudar a los hombres y para confesar a Dios, tal como decía: Nosotros “en concordia confesamos…”

Tenía muchos carismas el santo, pero en particular y en gran medida actuaban en él la clarividencia y la predicción. Inusual caso de un profeta de la nueva Gracia y de hecho en los tiempos finales y perversos en que vivimos. Difícil encontrar entre las Vidas de los Santos un caso similar. Iguala y sobrepasa en mucho incluso a los profetas del Antiguo Testamento, tal como se muestra en los siguientes testimonios.

El venerable Porfirio conocía el pasado, el presente y el futuro, así como el alma de cada persona. Revelaba a los visitantes sus nombres y sus problemas, describía su lugar de residencia y predecía el futuro desarrollo de sus acontecimientos. Veía y describía personas ausentes, lugares distantes, sucesos futuros con precisión y detalles como si los viese en la televisión. El santo tenía su propia televisión en color, es decir el carisma de la clarividencia. Con su carisma podía ver debajo de la superficie de la tierra, con una exactitud asombrosa, dónde había iglesias enterradas, reliquias sagradas, sepulcros antiguos y templos idólatras. Con gran facilidad veía dónde había agua en las profundidades de la tierra, a qué profundidad, y probaba con la Gracia de Dios el agua subterránea. Se trasladaba temporalmente siglos atrás y vivía acontecimientos que tuvieron lugar miles de años antes. Hacía diagnósticos médicos con mayor exactitud que los médicos y que las máquinas sobre personas aparentemente sanas, y también diagnósticos a distancia sobre personas que no conocía y que se encontraban en el otro extremo de la tierra.

Conservó su inusual y gran carisma durante toda su vida y lo utilizaba para la salvación de los hombres. Una vida de 65 años enteros de oferta carismática dejaron intensa la memoria del santo. Tenemos muchos miles de testigos verdaderos que le conocieron, que fueron ayudados y confirman sus carismas. Se ha escrito mucho, pero seguro que la mayoría permanece desconocido. “Más grandes todavía son las cosas escondidas; sólo he visto unas pocas de sus obras.” (Ecl. 43,32). El mismo decía: “Con la gracia de Dios veo muchas cosas, muchísimas de hecho, y sé que todo eso es verdadero, pero no hablo”.

Y cuando en el anochecer de su vida estaba ciego y medio muerto en la cama por las enfermedades y la vejez, no paró de ayudar con su carisma a sus doloridos visitantes. Este ciego iluminaba a los que veían, el enfermo consolaba a los sanos y el anciano débil daba esperanza y fuerza a los fuertes. Muchas veces no podía ni hablar y sólo lloraba porque el dolor del santo era doble. Primero participando en el dolor de los hombres y segundo aunque conocía sus problemas y podía ayudar, le obstaculizaba su enfermedad.

Todos los elementos incluidos en el manuscrito son Testimonios de hijos suyos espirituales y de otros clérigos, monjes, científicos, padres de familia que tenían la bendición de encontrársele y de hablar con él. Sus testimonios son sencillos, espontáneos, sinceros y de corazón, llenos de agradecimiento, reverencia y emoción hacia el gran santo de nuestros días, el actual profeta, el venerable Porfirio. Se presentan dentro de éstos otras partes desconocidas sobre su vida santa y sobre sus carismas.

Se exponen también algunas Narraciones suyas grabadas en casete y testimonios de conocidos suyos, y Enseñanzas también grabadas en casete siempre beneficiosas, didácticas y salvadoras.

El venerable Porfirio, tal como cuando vivía, edificaba a la Iglesia, porque “el que profetiza, edifica a la iglesia” (1 Cor. 14,4), así también ahora con sus obras milagrosas que son publicadas, nuevamente edifica y guía al pléroma de la Iglesia, “para que todos aprendan, y todos sean exhortados.” (1 Cor. 14,31).

Infinitas gracias a los testigos de sus palabras, las cuales se escriben en este presente modesto libro. Que san Porfirio les conceda su bendición, a ellos y los lectores. Y que interceda por todos nosotros, y que le recordemos en el amor a Dios, siguiendo su vida ejemplar en la tierra. Amén.













1. TESTIMONIOS


1.1. Experiencias y milagros del venerable Porfirio.


Testimonio de la Geróntisa Stilianí, Sagrado Monasterio Pantokrátoros-Taó: «El 9 de Marzo del año 1963 vinimos, tras mandato del entonces Arzobispo de Atenas sr. Crisóstomo, al S.M. de Pantokrátoros-Taó (Tau-Pentelis) y el 14 del mismo mes vino por primera vez a nuestro Monasterio san Porfirio. Entonces residía en san Nicolás en Kalisia, el antiguo metoquión de nuestro Monasterio. Venía muy a menudo con sus hijos espirituales y además, algunas veces, también venía a la Iglesia de nuestro Monasterio.

Nos contaba que cuando salió del M. Atos y después de su ordenación como sacerdote, rezaba a Dios pidiéndole que le mostrase algún lugar santo donde hubiesen vivido personas con una vida ascética y experiencias espirituales. Fue a muchas partes de Grecia y al final vino a Pantokratoros.

Fue, como nos decía, al entonces higúmeno de Pentelis, al Archimandrita Atanasio Kontoyiannis. Para que le arrendase aquel lugar, pero le expulsó de mala manera. Por eso llamó a san Nicolás en Kallisia que está cerca, para venir aquí a rezar. Desde entonces “veía” despierto y en sus sueños, como nos decía, todo lo que había sucedido aquí dentro. Nos contaba que los monjes mártires de nuestro Monasterio no fueron santificados sólo mediante su sangre, sino que también tenían unas vidas santas. Eran amigos de Dios. Eran como los grandes santos Pacomio, Antonio, Efrém e Isaac los Sirios, el gran Basilio y Crisóstomo. No dejaban ni por un minuto su comunicación con Dios. Característicamente decía: Escuchad lo que os digo; dentro de la Ortodoxia no existe un lugar más santo. ¡Ay…si tuvieseis los ojitos míos para ver lo que pasaba aquí dentro. Donde pisamos era una Sagrada Mesa (lloraba mirando alrededor), porque hay sangre de martirios y sagradas reliquias. También tenía muchos asceterios que llegaban hasta el municipio de Maratón. También ha habido muchos destrozos debido al odio y a la envidia del diablo. Pero veréis lo que sucederá más tarde. Se convertirá enun gran lugar de peregrinaje. Vendrán desde todas partes del mundo por un milagro”.

Cuando falleció nuestra bienaventurada Geróntisa Stilianí Gousopoulou, después del responso a los cuarenta días y de acuerdo a las normas de nuestro Monasterio, tuvo lugar la votación en el Katholikon o iglesia principal del Monasterio para la elección de la n por su sacrificioueva higumeni. Poco antes de las vísperas y justo después de la votación entró dentro el santo (Porfirio), se puso delante del sarcófago con nuestros santos, nos llamó a todas las hermanas, y nos dijo: cuando en una guerra luchan muchos soldados, algunos de ellos lo dan todo, entran incluso dentro del fuego. E, entonces a éstos les dan un galardón por su sacrificio. Y volviéndose hacia mí la indigna, me dijo: contigo esto ha pasado y te han elegido higumeni. Ponte a trabajar y avanza. No te preocupes. Tienes a Cristo contigo, quien te levantará la carga.

En aquellos años hacíamos catequesis en el Monasterio después de la Divina Liturgia de los Domingos. Después cogíamos un burro y con algunos chicos íbamos a Kallisia y veíamos al Gérontas. Al principio me contaba su historia. Cada vez que el venerable Porfirio hacía referencia al comienzo de su vida monástica lloraba, contaba cómo su entrada al Monte Atos a una edad tan temprana era un gran milagro de la providencia de Dios en su vida. Cada vez que lo recordaba, conmovido al final confesaba y nos decía: Dios ha hecho mucho por mí, todo milagros era mi vida. ¡Obediencia! Qué os voy a decir. Esta obediencia me ha salvado. Obediencia con amor, con alegría, le amaba verdaderamente a mis Gerontas y el amor me hacía sentir qué era lo que exactamente querían. Sabía antes de que me lo dijesen qué es lo que querían y cómo exactamente lo querían. Una vez me decían algo y yo lo cumplía. Esto lo hacía siempre sin replicar dentro de mí. Porque no olvidéis que tenía dos Gérontas y muchas veces me mandaban cosas contrarias. Mis Gérontas no me mandaban trabajo pesados. Sólo regaba el jardín, y me enseñaban como trabajo manual el tallado de madera. Tampoco me daban instrucciones o enseñanzas. Al principio iba con ellos a los Oficio de la Iglesia, nada más. Más tarde el santo me dio una cuerda de oración y me enseñó a hacer oración con ella. Al principio no me enviaban a trabajos exteriores. Lo que hacía, lo hacía en el interior. Después transportaba los trabajos de madera y al final los Gérontas me ponían a leer el salterio mientras ellos trabajaban. Cuando pasó el primer periodo y crecí un poco los Gérontas me enviaban fuera de la Kalivi y cargaba tierra y madera. Entonces, para no dejar mi nus libre y para mantenerlo limpio me acostumbré a decir de memoria partes enteras del Evangelio, del Salterio, de los Canon. Me interesaba tener en mi nus palabras santas. ¡No me cansaba de decirlo cada día y no me cansaba! Con el amor estás en movimiento continuo. Y verás entonces dónde van los pecados. Duermen todos. ¿Escuchais? Esta la verdadera vida santa, vida extranjera, vida paradisiaca. Mis Gérontas estaban contentos conmigo. Puede que me humillasen, que me riñesen, incluso cuando hacía algo bueno, sin embargo eran muy santos. Me instruían de muchas maneras. Nunca me decían “bravo, lo has hecho bien”, siempre me daban consejos sobre cómo he de amar a Dios y de cómo he de humillarme. Mucho me ayudó la humildad. Y si alguna vez no me regañaban los Gérontas, me preocupaba mucho. “Lástima, no tengo Gérontas severos”, pensaba. Ahora veo que eran severos. Entonces no lo veía. Algunas veces yo hacía exageraciones, pero esto es egoísmo. Una vez desobedecí a conciencia, sin embargo todo lo confesaba y así se iba, se me pasaba enseguida. Después de la confesión me venía una gran alegría. Pensaba que se lo había dicho a Dios y que recibía el perdón del mismo Dios. ¡Qué fuerte siento en mi interior este Misterio, no te puedes imaginar! No sólo yo sino todos los monjes en obediencia de mi época, pensábamos que el Gérontas era el corazón de nuestros corazones, aparte de que por Dios estaba puesto el Gérontas. Si hacías algo contrario, una desobediencia, no debías ni siquiera comulgar. Si el monje en obediencia no amaba al Gérontas, y tenía malos pensamientos, los otros hermanos no le dejaban que continuase en el Monasterio. A los dos años, cuando tenía yo 14, me hicieron “rasoforo”. Me pusieron un raso sucio y lleno de parches. Me preocupé un poco. Pero sólo por un poco tiempo. Después pensé en los ascetas que llevaban puestas pieles con pelos de animales que nunca los lavaban y que nunca se los quitaban. Entonces, ajj… Dios mío, me hablaste ese mismo día, me hablaste mucho. Dos años más tarde me llevó el p. Panteleimon y fuimos a la Gran Laura. Allí recibimos el permiso para recibir el Gran Hábito. En la noche de mi ordenación todos los padres, todos los ascetas, se reunieron en el Katholikon de la Skete de la Santa Trinidad. Me dieron el nombre de monje Nikitas. Estaba muy alegre pero también silencioso.


Quería estar a solas con Dios. Un día que caminaba por el bosque escuché una dulce melodía encantadora. Un pájaro cantaba glorificando a Dios. Era un ruiseñor. Ah, como hinchaba su pecho como lo vivía, como movía su lengua para himnodiar y glorificar a Dios. Ah, no puedo describiros cómo lo sentí. Mucho me inspiró el ruiseñor, a ocultarme, a vivir desapercibido en soledad, solo para Dios! Esto que hacen los pájaros lo consiguen los monjes que se pierden para el mundo y viven en el desierto sin buscar glorias, honores o alabanzas de la gente. Y aunque rezan sin parar por los hombres permanecen absolutamente desconocidos. Esto es altruismo, amor divino.

Nos hablaba mucho sobre su vida en Kausokalivia en el M.Atos pero como es sabido lo olvidábamos. Nos ayudó mucho y vimos milagros a su lado. Durante años sufrí de migrañas. Una vez que tenía muchos dolores unos conocidos nuestros me concertaron una visita con un reconocido médico alemán, el cual venía a Grecia cada mes de Junio. Después del examen me dijo: “mientras vivas, tendrás estos dolores de cabeza debido a tu gran sensibilidad», y me dio un fuerte medicamento. Volviendo del médico llamé por teléfono al Gérontas Porfirio y me dijo que no tomase ningún medicamento.

A los pocos días me entró un terrible dolor de cabeza. Me levanté a las 2:00 de la mañana y sonó el teléfono. Era el Gérontas. “Te veo, pobrecita mía, te veo. ¡Aj! ¡Cómo te duele… cuánto sufres! Mañana ven aquí y te diré lo que harás”.

Por la mañana junto con dos hermanas fuimos al Gérontas. Y haber recibido su bendición me dijo: “Escucha lo que te voy a decir, id ahora a la Iglesia de san Juan el Ruso. Id también con mi hermana la Geróntisa Porfiria que les conoce. Ponte el gorro del santo y reza con todo tu corazón y yo rezaré por ti.

Después vete al sepulcro del santo, arrodíllate y ruégale, ¡y todo irá bien!”.

Así sucedió todo. Y desde entonces, aunque pasaron juntos treinta y tantos, años no me volvió a doler la cabeza.

Otra noche, mientras hacía prosternaciones, me entraron unos terribles dolores en el vientre. Golpeé en la pared, vieron las hermanas, llamaron a un médico conocido nuestro y me llevaron al hospital. Me ingresaron y decidieron que con urgencia era necesaria una intervención quirúrgica en el quirófano. La operación se realizó con éxito, pero el medico estaba algo reticente. Esperábamos todos el resultado de la biopsia. El médico me llamó por teléfono después de algunos días y me dijo que el resultado de la biopsia era positivo. De hecho me dijo “eres una persona espiritual, por esto te he dicho toda la verdad”. Cerrando el teléfono mi pensamiento se dirigió hacia el Gérontas. En la hermandad no dije absolutamente nada, solo tomé a dos hermanas conmigo y nos dirigimos a Milesi.

Tenía a mucha gente abajo esperando. El Gérontas sin embargo envió a una hermana para que nos llamase, para que subiéramos arriba. En cuanto entramos en la celda, dijo a la hermanas que saliesen y cuando la puerta se cerró, sin haber dicho yo absolutamente nada, el Gérontas me dijo:

—¿Has pasado miedo?

—Sí, Gérontas, he pasado miedo.

—Ven a mi lado.

Me acerqué, apoyó su mano y me hijo la señal de Cruz sobre el lugar donde tenía el problema. Me dice:”A partir de ahora no volverás a ocuparte de este tema. Tampoco te pondrás a pensarlo. Ni tampoco volverás al médico. Este tema, queda cerrado. ¿Me entiendes?”

Realmente no volví al médico por este tema. Ni volví a ocuparme de ello. Y pasan los años, pasan las décadas por la gloria del Dios y de Sus Santos.

En aquel tiempo leía el Antiguo Testamento. Una noche me llamó el Gérontas. Me dijo: “Léeme esta parte de Job que lees ahora”.

No podía contestarle en ese momento, porque estaba emocionada. (Había relacionado a Job con mi familia y en concreto con mi padre. Mi padre tuvo once hijos y se encargó de que todos tuviesen unos buenos estudios. Uno médico, otro abogado, otra maestra, a quien después a sus vente años se la llevó Dios. Y otros de sus hijos se habían ido al Cielo a la edad de cuatro años. Perdió también sus propiedades, porque sufrió muchos destrozos en sus cultivos. Recordando todo esto me emocioné). Me dice entonces el Gérontas: “Te veo, te veo, no puedes”. Coge tu cuerda de oración y recemos juntos. Eran las 2:00.

Nada más cerrar el teléfono, cogí mi cuerda de oración y empecé. A las 3:30 llamaron a mi puerta algunas hermanas para recibir la bendición, porque se iban a Salónica. Salí fuera y las compañé hasta la puerta de afuera. Volviendo a la celda sonó de nuevo el teléfono.

—Vamos, Geróntisa, ¿dónde estás? —le expliqué al respecto—.

—Ah, vale. Porque hasta cierto punto íbamos juntos, ¡después te he perdido!

Era la fiesta de san Stilianós y llamó por teléfono el bienaventurado Patriarca de Jerusalén sr. Diodoro para bendiciones. Al teléfono, me dijo que enviaba a través de alguien un paquete para el Monasterio y, debido a que los hebreos cambiaron los itinerarios, vendría sobre las 9:00.

El hombre trajo el paquete, lo dejamos en la oficina y yo le acompañé hasta la puerta. Una hermana, para no cansarme, cogió unas tijeras y empezó a cortar la cuerda y a sacar los cartones exteriores del paquete. En el momento en que regresaba a la oficina, tirando de algún cartón no estuvo atenta y el paquete cayó abajo. Dentro del paquete había un ordenador. Al mismo tiempo sonó el teléfono. Lo levanté, era el Gérontas:

—¿Qué tal estáis? ¿Qué hace el papagayo?

El Gérontas había encargado un hijo espiritual suyo que nos trajese un papagayo y aquel nos lo regaló. Pero en aquel momento, dado que tenía preocupación dentro de mí por el descuido de la hermana, ya que el paquete que cayó se rompió, dije al Gérontas:

—Gérontas, no tengo tiempo para el papagayo.

—Venga hombre, ¿no dices que tienes preocupación dentro de tí porque la hermana ha roto el ordenador del Patriarca, y ahora la tomas con el papagayo?


Estaba una vez en la pequeña celda del Gérontas y me hablaba sobre su vida en Kausokalivia, sobre el gero-Dima, sobre cómo recibió la Gracia: “Todo era hermoso, alegre. No caminaba, ¡volaba! Lo entendía todo, fueron abiertos mis ojos, el mundo entero de mi alma. Entendía a los pájaros, a los árboles, a las rocas. ¡Oh, esas rocas, qué no me decían! Me daban testimonio de las luchas, de las lágrimas, de la santidad. Me sentaba durante horas y escuchaba las conversaciones de los pájaros. Estaba como loco de alegría. Aquella vez había ido profundo al bosque, me senté en una roca y decía la oración del corazón, cuando entre el silencio escuché a un ruiseñor ¡cantando tan hermosamente! Aj, ¡si vieses con cuánto afán, con qué veneración alababa en su recogimiento a su Creador!”

En el momento en que me decía esto entró un ruiseñor por la puerta grande abierta del balcón ¡y se metió entre su barba!

—¡Hombre, bienvenido! — y lo acariciaba—. ¿Cómo sabías que hablábamos de ti ahora? (y seguía acariciándolo). Venga basta, basta ya ahora.

Lo deslió de entre su barba, lo puso sobre su palma, y el ruiseñor se fue volando.

Fuimos a ver al Gérontas y hablábamos sobre canto bizantino. Me dijo cuánto le gusta, cuánto le descansa. De repente paró de hablar por un raro. Estaba quieto, en silencio.

En cuanto se recuperó, con cierta agonía me dice: ¡toca el timbre, toca el timbre! (Las hermanas del Monasterio sabían que, cuando suena el timbre, algo quiere el Gérontas). Viene una hermana y la dice: “En algún sitio hay guerra, en algún sitio hay fuego. Pon rápido la radio para escuchar qué pasa! En poco tiempo viene la hermana y dice: “Géronta, hay guerra en Irak. Los “americanos” les bombardean”. El Gérontas lo había visto.

Otra vez nada más entrar en la celda del Gérontas, me dice: “Bienvenida. Haz, por favor, oración y no me hables, porque tienen elecciones en Yugoslavia dentro de poco. Votarán por un nuevo Patriarca. Ojalá elijan a Pablo. Haz, por favor, tú también oración. Haz también tu oración”.

Hicimos oración a silencio. A poco tiempo llamó el obispo Athanasios Gieftits por teléfono, para informar al Gérontas de que hay elecciones y para preguntarle a quién votarían. Y el Gérontas responde: ”¿Preguntas, Athanasios a quién votar? !A Pablo votad!”. Cerró el teléfono y continuamos con la oración, hasta que una hora y cuarto después volvió a llamar por teléfono el obispo Athanasios para decirnos: “!Gerontas, con tu bendición todos han votado a Pablo!”.

Vino a nuestro Monasterio una mañana una mujer vestida de negro, que lloraba desconsolantemente diciendo: “¿Por qué me ha enviado el sacerdote de mi parroquia aquí? ¿Qué me vais a hacer vosotros?” Y lloraba continuamente. Le preguntó la hermana que sucedía, que cómo la podía ayudar, y la mujer empezó a llorar más todavía, diciendo:”¿Es que no habéis leído los periódicos? ¿No lo habéis visto en la televisión? ¿No os habéis enterado del naufragio? ¡He perdido a mi hijo, mi hijo único!

Debido a que, por motivo del estado psíquico de la mujer, nadie podía comunicarse con ella, fui adonde el conductor que la había traído para preguntarle qué sucedía exactamente. Aquel nos explicó que la mujer tenía un hijo marinero y ayer anunciaron en la televisión que el barco se hundió en las aguas profundas de México. Habían desaparecido 17 marineros, entre los cuales se encontraba el hijo de la señora. La señora, en cuanto se enteró de la pérdida de su hijo, cayó en la desesperación. El sacerdote de su parroquia la envió a nuestro Monasterio, por si quizás nosotros podíamos ayudarla. Entonces le pedí al conductor que la llevase al Gérontas Porfirio en Milesi. Le pedí un favor, que nos llamase por teléfono para contarnos lo que sucedería.

Por la noche tarde llamaron por teléfono, para agradecerme que les enviamos al Gérontas. En cuanto llegaron a Milesi, antes de darles tiempo a hablar con nadie, informó el Gérontas de que les esperaba arriba. Entraron en su celda y la señora comenzó a llorar.

—¿Qué tienes? ¿Por qué te lamentas? —pregunta el Gérontas—.

—¿No habéis leído los periódicos? ¿No habéis visto la televisión? Mi hijo se ha ahogado en un naufragio.

—¿Qué hora es?

—¿Yo te hablo del naufragio mi hijo y tú me preguntas qué hora es?

—Dime, por favor, ¿qué hora es?

—Son las 11:15.

—¡Bien!

El Gérontas se dirigió al conductor del coche. “Marchaos rápido. Han encontrado vivos a algunos de los náufragos. Corred a la embajada para que os informen. Y no te olvides de decirles que a qué hora salieron los vivos a tierra firme. ¿Entiendes? Venga, corred para que os dé tiempo antes de que cierren”.

Y así fue, cuando llegaron les dio tiempo a ver al embajador antes de que se fuese. Llamó a la Embajada de Méjico y se enteró de que salieron a tierra firme tres de los vivos desaparecidos. Y entre ellos estaba ¡el hijo de la señora! Con gran alegría y llanto repentino, la señora recordó: ¡Ah, mil perdones, llamad de nuevo por teléfono, os lo ruego! El Gérontas me ha dicho que no me olvide de preguntar a qué hora sucedió. Vuelve a llamar por teléfono al embajador y le dice: “eran las 11:15”. ¡Era exactamente la hora que les había dicho el Gérontas!


Dos señoras de Kalávrita sentían gran devoción por el Gérontas e iban a visitarle a menudo. Se preocupaba, porque tenían un hermano comunista, que aunque no tenía ninguna formación, poseía el carisma de saber hablar y convencía rápidamente a las personas. Con sus palabras había convencido a siete pueblos y los había convertido al Comunismo. A sus hermanas que iban a ver al Gérontas, las tomaba el pelo continuamente. Una vez, después de habérselo pedido muchas veces, sus hermanas consiguieron llevarle con él a Mílesi. En cuanto entraron a su pequeña celda, le dice al Gérontas:

—Venga, padre, cuéntame a mí también esas historietas que dices, que levantan a las mujeres.

Y el Gérontas le dice:

—Coge primero una silla y siéntate. ¿Qué me dices? De aquello que hiciste al hijo del sacerdote, de 22 años, que sobre tu rodilla le cortaste la cabeza con la lata de conserva, ¿te has confesado?

Se quedó de piedra. Empujó la silla, cayó boca abajo y empezó a llorar con sollozos y gimoteos. Dice al “papulis” (al “abuelito”, al Gérontas):

—¿Existe salvación para mí?

—Existe. ¡Cómo no va a existir!

Pero realizarás una corrección. Irás a esos pueblos a los que llevaste al ateísmo y les predicarás a Cristo. Harás que vuelvan a amar a Cristo y a su patria. Y cuando hagas esto, Cristo te perdonará.

Y así fue que durante mucho tiempo recorrió una por una las casas de estos pueblos predicando a Jesucristo. En las siguientes elecciones, no salió ni un solo voto a favor del Comunismo en aquella región.


Estábamos en el coche e íbamos por la subida hacia el Monasterio de Milesi. Sorprendidos vimos por el camino al “papulis”, casi corriendo, a pesar de que no podía bajar, junto a otras dos señoras. Le dije:

—“Papulis”, hemos venido a verle.

—Mañana, venid mañana a las 10:00, me respondió

Nos pusimos a un lado con el coche. Al poco tiempo vimos un taxi que paró allí, entrando en la parte de delante el Gérontas y detrás las señoras.

Al siguiente día, le pregunto:

—“Papulis”, ¿qué pasó ayer?

Y el santo con sencillez, respondió: “mientras confesaba a las dos señoras, de repente veo que de lejos venía un taxi. Llamo a las señoras y les digo, “vamos a reverenciar a un Monasterio”. Por el camino, les dije: “diga lo que diga el taxista, vosotras no digáis nada”. Me senté delante y ellas detrás.

Entramos dentro y comenzó el taxista a decir a las señoras:

—Mujercitas, ¿dónde os arrastran los sacerdotes y corréis detrás suyo para que os cogan el dinero y os vacíen los bolsillos?

Y hablaba, hablaba… Se volvía hacia atrás cada poco tiempo y preguntaba: ¿lo digo bien?

El taxista continuaba hablando en contra de los sacerdotes. Se giraba, preguntaba, repetía lo de “¿lo digo bien?”. Y las otras nada, ninguna respuesta. Ya que veía que no le daban ninguna respuesta, se giró hacia mí, y me dijo:

—Qué, padre, ¿no lo digo bien?

Y le respondí: “Te diré si ‘lo dices bien’, si primero escuchas una historia. “Escucho”, me dijo.

“Una vez en Creta había una pareja bendita. El marido era presidente. Dios no les dio ningún hijo. Pero ellos eran buenos cristianos y vivían enamorados. Tenían un pequeño huerto, del que se ocupaban por la tardes y plantaban también algunas lechugas. A sus diecisiete años de la boda el marido sufrió un paro cardiaco y murió. Su mujer, aunque estaba llena de dolor, tenía fe dentro de ella y lo afrontó con paciencia. Iba al pequeño huerto, como cuando vivía su marido, y allí descargaba su dolor, sus lágrimas, sus recuerdos. Así pasaron los primeros días. A partir del responso a los cuarenta días y después, comenzó cada día a visitarla un extranjero que había comprado el terreno de al lado. Después de bastantes días, le dice él a ella: “¿No vienes a ver también mi propiedad que he preparado?”. La mujer se encontró en una difícil situación. ¿Qué iba a hacer? Le siguió. Su huerto tenía una bajada. “Inclínate aquí, para ver lo que he hecho”, le dice a ella. Se inclinó ella y él cogió un cuchillo que había escondido al lado de un arbusto, la mató, la arrojó al hoyo, la enterró rápido ¡y hasta hoy las autoridades y la policía buscan al asesino! Y por si no fuese suficiente con este asesinato, con falsos documentos que preparó, adquirió el huerto de la viuda que mató, lo vendió junto con el suyo, y con el dinero recibió se fue a Atenas, ¡y compró un taxi! ¿Tal vez lo conoces?

—Gérontas, ¿era éste?

—Éste era. Le dije que viniese hoy a las 12:00, ¡para confesarse! Era una lástima que se perdiese también este pobre hombre.


Vino al Monasterio una joven para probar el monasticismo. Teníamos vigilia. Hacia el final de la vigilia sonó el teléfono. Era el Gérontas. “Qué bien que lo habéis hecho hoy, ¡al cielo me habéis llevado! Subían y bajaban Ángeles, ¡participaban también ellos! Sin embargo, escucha lo que te digo, a la derecha en la Sagrada Ermita detrás de la columna, ha venido una chica y reza allí. Vete a decirla, que cuando hacemos la señal de la Cruz sobre nosotros, nos trasladamos noéticamente al Gólgota, al sacrificio por crucifixión de Nuestro Señor. Hacemos la señal de la Cruz con sentimiento ¡y no como si fuese una mandolina!”


Fuimos a visitar al Gérontas. En cuanto llegamos al patio del Monasterio y aparcamos el coche para subir arriba, llegó la hermana Casiana (entonces Emanuela) sofocada. Con mucha angustia, me dijo que en el camino se les había terminado la gasolina. “!Desde san Esteban, Geróntisa, hasta aquí, he venido sin gasolina! ¡Diciendo “por las oraciones del Gérontas, Cristo mío, ayúdame”, he llegado! Pero ahora, ¿cómo voy a regresar? Le dije que fuese a donde el “Papulis” a decírselo.

Sube arriba, recibe la bendición, le cuanta lo sucedido. El “Papulis” sonreía. Hizo la señal de la Cruz sobre ella, luego la hizo también sobre el coche desde lejos, y la dio una esponja grande que tenía, diciendo: “Ahora verte corriendo abajo a limpiar el coche”. Ella no entendió, sin embargo obedeció. Bajó abajo y miró alrededor del coche, buscando qué tenía que limpiar. Y cuando llegó a la parte por donde se echa la gasolina, ¡vio que estaba derramando hacia afuera gasolina! ¡El coche estaba tan lleno de gasolina, que se salía hacia afuera! ¡La hermana Casiana asombrada me llamó y vi con mis ojos el milagro!

Nos trajeron aquí una novicia de otro Monasterio para que la ayudásemos. Tenía algunos problemas psicológicos. No hablaba y hacía gestos no debidos. La recibimos con amor y la llevamos a una kelí o celda monástica. Ella en cuanto se quedó sola, empezó a golpear su cabeza contra la pared y hacía algo como prosternaciones. Sentí miedo, cogí el incensario, incensé, y voceé por dentro de mí: “¡Cristo mío, ayúdame! ¡Panayía, corre! ¡”Papuli”, ayúdame, ¿qué hago?!”. Suena el teléfono, era el Gérontas. Venga, me has llamado, ¿qué quieres?” Le conté exactamente el caso y él me indicó las pautas. Y al final, me dijo: “y para cuando me vaya para arriba, también así me llamarás y yo te escucharé. ¿Has oído lo que te he dicho? El Gérontas nos decía que, cuando compró la extensión en Milesi, quería que los terrenos alrededor del Monasterio fuesen comprados por hombres espirituales, para que más tarde no tuviesen problemas las hermanas.

Nosotros le amábamos e íbamos a menudo a verle y a recibir su bendición. Muchas veces lo hacíamos como excursión. Entrábamos al coche tantas hermanas como cupiésemos y acampábamos en un terreno, exactamente enfrente del Monasterio, como bendición. Una vez dijo el Gérontas que quería comprar otro terreno, que tenía agua abundante y que era un lugar sagrado. Pero no se lo vendieron y por eso se vio obligado a comprar este en el que ahora se encuentra. En una de nuestras visitas al lugar donde acampábamos, nos visitó un señor y nos dijo que vendía ese terreno, porque necesitaba dinero y quería venderlo. Y así fue que algunos hombres nos ayudaron y lo compramos.

Sin embargo al “Papulis” no se lo dije. Un día fuimos inicialmente al terreno y luego al Gérontas para recibir su bendición. Recibiéndola las hermanas, me dice después a mí:

—Cierra la puerta. ¿De dónde vienes?

—De aquí abajo. (Dije señalando más o menos con mi mano el camino hacia abajo)

—¿De dónde vienes? —me vuelve a preguntar el Gérontas—.

—De aquí abajo, le dije amilanada.

—¿Es grande? Y extiende sus manos para mostrarme el tamaño.

—Dos hectáreas, Gérontas, confesé.

—¡Venga ya! Yo, esto quería. Era un antiguo Monasterio, muy ascético, santo. El lugar antiguamente se llamaba “Κλιζα Φρούγκα” [Klísa Frúgka]. ¿Cómo lo conseguisteis?

—El Señor, Gérontas.

—¡Tau Pentéli quería, Pantokrátoras, os llevasteis también este! ¿Pero qué pasa con vosotras?

El Papulis me decía que en su Monasterio quería reunir monjas virtuosas y verdaderas. Sin envidias, pequeñeces o egoísmos que a menudo padecen las mujeres. Que tengan dentro de ellas sólo a Cristo. Quería que aparte de sus servicios al Monasterio, realizasen los Oficios. Éste quería que fuese el alimento diario espiritual. Creía que el hombre es santificado leyendo las palabras de los Padres.

Me decía: “Yo a ti te querría aquí, ayudarías mucho. No hay sin embargo respuesta del Arzobispado. Si pudieses por lo menos pasar aquí a dos hermanas para comenzar el Monasterio. Quiero poner el cimiento de vuestro Monasterio. Ven de lunes a viernes para ayudarlas y el fin de semana estarás de nuevo en tu Monasterio. Pero, deja que veamos, cómo lo haremos”. Ves, aquí os tienen envidia porque os amo. Os amo porque amáis a Dios, dais al mundo y disfrutáis el monacato”.

Cuando nos veía, nos preguntaba:”¿Cómo va el estudio de la Sagrada Escritura, del Salterio, del Canon a la Santa Trinidad?” Nos hacía clases sobre cómo leer, cómo rezar, cómo perdonar.


“Era verano del 1991. Aquella vez el Gérontas me dijo: “Te pido por favor que vengas, Geróntisa, para que apoyes a la geróntisa Porfiría y para que le hables de cosas espirituales. Mira, ahora es buena oportunidad, vete un poco a su kelí”.

Salí fuera, tomé conmigo a una de las hermanas que me acompañaban y entramos a la kelí de la geróntisa Porfiría. En ese momento leía la Paráclisis (o Canon de Súplicas). Le dije: ¡Oh, Geróntisa, cómo me alegro de verla leyendo la Paráclisis!”

Levanta su mirada la Geróntisa Porfiría, me mira y me dice: “Geróntisa, hermana, tienes ojos azules! Se parecen a los del Gérontas. ¿Sabes qué dicen de los ojos negros? Dicen que los perritos y los asnos tienen los ojos negros; los azules, los hermosos, todos los de la capital.”

No le dio tiempo a terminar la frase y sonó un “riiing”, era el teléfono del Gérontas. En aquel momento venía su sobrina, para decirme que me quiere el Gérontas en su kelí. Corro, entro dentro y me dice: “¿Para eso te he enviado allí? Te he enviado para que la ayudes un poco, para que le dijeses dos palabras espirituales, ¡no para hablar de los ojos azules y negros!”


Un día que fuimos, nos decía el Gérontas que con el carisma que tenía desde pequeño, podía vislumbrar desde muy lejos agua, sagradas Reliquias, antiguas Iglesias, sepulcros antiguos. Incluso sobre sepulcro de Alejandro el Grande, nos decía que no está ni en Egipto ni allí donde buscan, sino que está aquí en Grecia cerca del antiguo “Díon” y en concreto en Katerini en “Kontariótissa”, al lado de una antigua ermita de la Panayía.


El “Papulis” antes de ir al M. Atos nos pidió que le confeccionásemos un raso interior y uno exterior.

—Me voy, —me dice—, me voy a mi penitencia. Me voy para siempre.

—Géronta, —le dije—, ¿no se queda cerca de nosotras, para tenerle como consuelo?

— ¡No! ¡Me voy allí donde me hice monje, me voy allí donde amé a Dios!

A los cuatro días se fue para siempre de Atenas. Era el verano de 1991.



1.2. Cómo conocí al Gérontas.


Testimonio de la geróntisa Cristoninfi, Sagrado Monasterio de la Anunciación, Patmos: “Después de la dormición de nuestro Gérontas Anfiloquio Makrís, fuimos junto con la respetada Geróntisa Eustoquia a Atenas, porque tenía que a unos médicos para hacer algunos exámenes. (Dado que se hacían en Patmos).

La Geróntisa hacía tiempo que había oído sobre el Gérontas Porfirio y quería ir a visitarle. Conocerle y ser aconsejada sobre distintos temas espirituales. Yo tenía la bendición para acompañarla. El Gérontas Porfirios entonces moraba en Mílesi.

Cuando llegamos allí, encontramos mucha gente fuera que esperaba al Gérontas para recibir su bendición (el padre Porfirio vivía entonces en una caravana). Nos preguntamos entonces cómo podríamos conseguir acercarnos para que le viese un poco la Geróntisa.

Grande fue nuestra sorpresa cuando en pocos minutos se nos acercó su sobrina, llamó a la Geróntisa por su nombre, y le dijo que el Gérontas Porfirios quería verla (sin naturalmente haberse visto nunca antes). La Geróntisa fue, hablaron durante bastante tiempo, y después salió y nos fuimos, sin conseguir ni siquiera recibir su bendición.

En el camino de vuelta, mientras la Geróntisa me contó todo lo que le reveló el Gérontas Porfirios sobre ella y sobre nuestro Monasterio, me vino un pensamiento de duda sobre el santo. Pensé: “el carisma que tiene el Gérontas Porfirios ¿es de Dios o es del Malvado? Y yo misma me respondí: sólo así creeré, si viéndome por primera vez el Gérontas, me revela mi nombre y de qué monasterio soy.”

Pasaron desde entonces diez días en Atenas, cuando un día la Geróntisa Eustoquia me envió a mí y a otras cuatro hermanas al Gérontas Porfirios para recibir su bendición.

Cuando llegamos allí, de nuevo encontramos mucha gente y dijimos que como era imposible que le diese tiempo a vernos, decidimos sentarnos y después nos marcharíamos. Nos dijeron que el Gérontas Porfirios confesaba a una mujer en el bosque cercano y no estaba.

En una hora aproximadamente vimos al Gérontas Porfirio que regresaba. Nos acercamos a él para recibir al menos su bendición y marcharnos. Sin embargo, para sorpresa nuestra, el santo venía directamente hacia nosotras, y más concretamente hacia mí, y me dice: “!Bienvenida la hermana Cristoninfi, que ha venido de Patmos, del Monasterio de la Anunciación, la cual ha tenido la gran bendición de servir al santo Gérontas Anfiloquios!”. Y añade: “que sepas hija mía, que el Gérontas Anfiloquios es un santo en el cielo y está una gran gloria! Ojalá nos haga dignos el Señor de poder verle en la otra vida, aunque sea de lejos. Su vida era un continuo sacrificio e intentaba aliviar a cada uno que se acercaba a él. Que tengamos su bendición”.

Después me dice: ”Dime una cosa, este monasterio, está en la parte oeste de la isla, correcto? El Gérontas Anfiloquios plantó un bosquete con pinos allí al lado, ¿no es así?”.

Yo escuchando todo esto me quedé asombrada. Me daban escalofríos; y dije dentro de mí: “efectivamente, este Gérontas es santo, y tiene el carisma de la clarividencia”, y desde entonces se me quitaron todo tipo de dudas.

A continuación me dice: “ven conmigo al bosque”. Le seguí entonces con respeto, temor y alegría interior, y según avanzamos, bastante adentrados ya en el bosque de pinos, me enseñó una cripta natural, donde acostumbraba a rezar. Era un gran hueco en un tronco que lo había convertido en asceterio (había puesta también una alfombra en el suelo para rezar y para sentarse).

Entonces tras sentarnos allí, me dice: “Mira, aquí vengo y rezo por todo el mundo, y por mi tierra Evia, que está aquí enfrente (y me señaló en el horizonte a Evia, que desde allí se veía bien). Rezo por ellos particularmente…”.

Después comenzó a hacerme una “radiografía” de mi estado espiritual y de toda mi vida, y a revelarme cosas que sólo conocíamos Dios y yo.

Para empezar me dijo que fui al Monasterio cuando tenía doce años. También que fui bautizada cuando tenía cinco años junto con otra chica también de cinco años. Cada vez que me revelaba algo, me preguntaba con la santa sencillez que le caracterizaba: “¿Así, no es?”.

Después me dice (como si supiese todo sobre nuestro Monasterio y sus reglamentos): “Vosotras allí tenéis bendición para comulgar cada quince días, pero por favor dile al Gérontas que te permita comulgar cada Domingo, porque la Divina Comunión es medicina y nos hace muy bien”.

Y añadió: “Vuestro Monasterio es bueno y tenéis muchas buenas hermanas que están peleando la buena batalla”. Y comenzó a nombrarlas. “Tenéis allí a una hermana llamada Mariam, ¿no es así? ¿Y una hermana Ágata? ¿Y una hermana Paraskeví? ¿Y una hermana Antonia? Y otras…”.

Después me preguntó:

—¿Tenéis agua en vuestro Monasterio? ¿Habéis hecho alguna perforación?

Le respondo:

—No, Géronta, no tenemos agua, ni hemos hecho ninguna perforación.

—Dile a la Geróntisa, el p. Elías cada día camina por allí arriba. Por allí pasa cada día para ir a su Kelí (“Los Incorpóreos”- Catisma de los Arcángeles, del s. XII). Haced allí una perforación y encontraréis mucha agua.

Y así fue que hicimos una perforación en el lugar en que nos dijo el venerable Porfirio y encontramos agua potable, con la cual son cubiertas todas las necesidades del Monasterio.

Escuchando al santo describir todo en nuestro Monasterio con detalles, me atreví a preguntarle si lo había visitado alguna vez. Y él con su acostumbrada santa sencillez me dice que había ido una vez a Patmos, pero sólo a fue a la Sagrada Cueva del Apocalipsis y después se fue. No fue a ninguna otra parte, tampoco desde luego a nuestro Monasterio.

Tras haber hablado bastante, tomamos el camino de regreso, dado que le esperaba mucha gente. De camino me dio su chaqueta para que me la pusiese un poco como bendición y continuó hablándome: “También quiero yo, hija mía, hacer un Monasterio aquí para gloria de Dios, pero todavía no sé en qué punto. Hago oración, pero todavía no he sido informado en qué parte de la propiedad comenzaré la construcción de la Iglesia y del Monasterio, de dónde sacaré el agua para que sean cubiertas las necesidades del Monasterio. Entonces mientras avanzábamos (seguro que rezaba dentro de él), de repente me para y me dice: “Mira, para, aquí, no te muevas… veo aquí una luz, aquí haré la Iglesia”. Y se alegró mucho.

Después me bendijo alegre y me dijo: “Hija mía, pásate antes de irte, para que te vuelva a ver.”

Volviendo allí donde esperaban todos, recibieron su bendición también las otras hermanas que estaban conmigo y nos fuimos.

Este fue mi primer encuentro con san Porfirio.

Aproximadamente un año después me encontré nuevamente con mi Geróntisa y en Atenas para ir a exámenes médicos y visitamos (esta vez juntas a san Porfirio).

Habiendo hablado primero la Geróntisa, después con su bendición le pregunté yo también algo que me preocupaba y que no sabía cómo resolverlo. En aquel tiempo estaba responsable de la sala de visitas del Monasterio y venían muchos jóvenes estudiantes, también trabajadores, y hablábamos, tras ofrecerles la invitación monástica establecida. Escuchaba sus problemas e intentaba ayudarles tanto como podía. Muchos de ellos entonces, me preguntaban qué debían elegir, qué camino seguir en sus vidas, el del matrimonio o el del monacato. Los dos querían, los consideraban buenos y bendecidos, pero no podían distinguir la voluntad de Dios en sus vidas y se entristecían. Yo les decía que qué es lo que más prevalece en ellos, y que eso siguiesen, pero de nuevo tenían sus aprensiones por si esa elección era un tema temporal suyo y no de Dios, y se equivocaban. Pregunté entonces a san Porfirio “cómo podía ayudarlos, y me respondió: “¿Conoces, hijo mío, el refrán? O de muy joven te casas, o de joven monje te haces. ¿Sabes qué significa esto? Cuando el hombre es joven, se cansa menos y puede, cuando se casa y hace familia, correr, jugar, disfrutar con sus hijos. Cuando sin embargo crece no tiene la misma disposición, como cuando era joven. Así también en el monaquismo, cuando alguien es joven, con un poco de su parte y otro poco del Gérontas o de la Geróntisa, puede convertirse en un buen monje o monja. Pero vosotros, para no perder su tiempo, decidles que cojan permiso de trabajo (si trabajan) por un espacio de tiempo (por lo menos un mes) y que vayan a un monasterio para probar la vida allí, no para ser hospedados y descansar. Que les ponga el Gérontas en el programa del Monasterio y que esté junto con los monjes en los Oficios, en la mesa, en el servicio y en todo el programa, de modo que lo puedan ver, vivirlo, y aclarar más fácilmente su inclinación. Si algunos jóvenes se encuentran con dificultades en sus casas durante esos días, que digan a sus padres que van a descansar y a aprender un oficio (por ejemplo de pintura de iconos o de costura).

Entonces veréis que el joven que no tiene inclinación o llamada por el monacato, pasando quince días comienza a estar molesto y a buscar el mundo. Se siente como el león dentro de la jaula, que no ve la hora de abrir la puerta y marcharse. Claro que en este caso no es malo que el o la joven se queden todo el mes, porque seguro que obtendrá algo bueno del Monasterio, que más tarde lo transferirá a su familia. De hecho tenemos necesidad tanto de buenos padres de familia como de buenos monjes.

Terminando el mes, el Gérontas debe llamarle y tras hacerle la señal de la Cruz sobre la frente, decirle: “El periodo de prueba ha terminado. Vuelve ahora, hijo mío, con tu familia y sigue con tu lucha. Has visto por ti mismo que no puedes quedarte en el Monasterio. Encuentra una buena joven para crear una familia. Entonces, continuó san Porfirio, que incluso si no consigue formar una familia, no le molestará el pensamiento de que iba para monje y no lo hizo, ya que lo vio en la práctica, le resultó difícil quedarse en el Monasterio, incluso durante solo un mes.

El joven sin embargo que tiene llamada hacia el monacato, cuando pasa quince días en el Monasterio, comienza a unirse con el lugar y a atraerle esta vida. Y terminando el mes, que el Gérontas le llame también a él, y tras llamarle y tras hacer la señal de la Cruz sobre su frente, decirle: “hijo mío, debes regresar a tu casa. Pero si quieres y te atrae la vida monástica, puedes venir de nuevo en la Natividad de Cristo. Después que de nuevo se vaya y que le llame para la Pascua, después para la Cuaresma del 15 de agosto. Y si el joven quiere quedarse en el Monasterio, que sea probada con amor y tolerancia por la Geróntisa y por la hermandad por tres años y, si permanece, se convierte en monje (o monja), y si no, se va”.

Realmente, aplicando este consejo del venerable Porfirio y aconsejando así a los jóvenes, muchos de ellos encontraron su inclinación y eligieron o bien el matrimonio, o bien el monaquismo. Además todos los que eligieron la vida de casado, tienen buenas relaciones con nuestro Monasterio y ayudan a la hermandad con amor y agradecimiento.

Otra vez que fui también con la respetada Geróntisa a ver a san Porfirio, le pregunté sobre un tema que me inquietaba en aquel periodo. Debido a que la Geróntisa era ya avanzada en años y estaba bastante cansada por todas las responsabilidades de nuestro Monasterio, además de las del Orfanato de Rodo, no le era posible llamar a las hermanas regularmente para diálogo y confesión. Entonces venían las hermanas a mí, porque me tenían confianza, a decirme algo que las inquietaba o cuando tenían un problema para que las aliviase. Esto lo sabía le Geróntisa.

Pero yo, como no tenía mucho tiempo disponible, y tenía la necesidad de rezar, cuando iba a mi celda a rezar, siendo la hora de aislamiento (una hora después de Vísperas, de 15:30 a 18:30, establecido así por el gérontas Anfiloquio, la dedicábamos al estudio del logos o palabra divina, a la oración y al examen de nosotras mismas, antes de las puesta del sol), no me agradaba que las hermanas viniesen enseguida, llamándome a la puerta para hablarme; a menudo no les abría.

Pensaba además dentro de mí que, como no soy higumeni, no tengo la responsabilidad. Hay hermanas con más años que yo, pueden ir a ellas las que quieran hablar y aliviarse. Yo, ¿de dónde sacaré tiempo para rezar, sin pierdo esta hora de aislamiento? Así, me tranquilicé a mí mismo y no abría mi puerta y a menudo las hermanas se iban entristecidas.

Pregunté entonces a san Porfirio si estaba actuando bien, porque paralelamente sentía que mi conciencia me controlaba, cada vez que no ofrecía consuelo a la hermana. Y el santo Gérontas me respondió:

—Dime, hija mía, cuando se marcha la hermana, ¿tú continúas con tu oración? ¿puedes seguir rezando?

—No, Gérontas, le respondo, porque empiezo a pensar que podría haber dañado a la hermana, la cual realmente tenía necesidad y yo la menosprecié.

—He aquí, pues, que has encontrado la respuesta tu sola, hermana Cristoninfi. Te pido por favor que de aquí en adelante abras tu puerta. Mejor es que alivies a tu hermana que te alivies a ti misma. Y a ti te aliviará Cristo. Cuando aliviamos a nuestro hermano, aliviamos a nuestro mismo Dios, continuó el Venerable. Y ciertamente desde entonces seguí su consejo.

En otro encuentro, me dijo: “Te diré algo, hija mía, y te reirás, pero esto tendrá lugar, no ahora sino dentro de poco, vas a ser Higumeni en tu Monasterio.”

Yo entonces me quedé extrañada, porque la Geróntisa todavía vivía, y a la hermana que estaban preparando para asumir el puesto de Higumeni del Monasterio tras la dormición de la Geróntisa Eustoquia (y que efectivamente asumió) era joven y dinámica, y algo así para mí me pareció extraño. Sin embargo el desarrollo de los acontecimientos certificaron la predicción del venerable Porfirio y en poco tiempo me convertí en la Higumeni en mi Monasterio.

Mi geróntisa, la hermana Eustoquia (ya fallecida) me reveló una vez que le preguntó su opinión al venerable Porfirio en relación con el misionado en Rodo y el Orfanato femenino, el cual lo llevábamos nosotras.

—Gérontas, ¿le dijo qué iba a hacer con el Orfanato de Rodo? Nosotros fuimos allí, como sabe por orden la patria, después de la incorporación del “Dodekániso” con la madre Grecia en 1947. Pasamos muchas dificultades en Rodo continuando el funcionamiento del Orfanato que ya existía, pero cuando fuimos encontramos a las chicas en condiciones miserables. Nos cansamos organizando (la Fundación) trabajando voluntariamente. Entonces ahora, pienso que ya podemos regresar a nuestro Monasterio. ¿Cuál su opinión; Gérontas? —Y él respondió: —

—Vosotras no os vayáis de la Fundación, dejad que lo cierre el mismo Dios, porque vosotras también sois beneficiadas y la gente es beneficiada con vuestra tan importante presencia allí.

En otro encuentro suyo, la geróntisa Eustoquia tomó la decisión de alejar de nuestro Monasterio a dos hermanas que desobedecían y alteraban a la hermandad. Preguntó entonces sobre este tema al venerable Porfirio y él le respondió severamente: “Geróntisa, no tienes el derecho, ahora que son monjas, de expulsarlas, porque tienes responsabilidad. Si caen en la desesperación, no sabemos qué podrían hacer, ¡y después serías tú la culpable! Te daré sin embargo un consejo para que para otra vez lo sepas. Cuando viene una chica para hacerse monja, que por lo menos durante tres años sea probada con mucho amor y, si ves que no va para monja, tienes todo el derecho para echarla. Después sin embargo ya no es posible”. Y continuó: “¿Para qué son, por favor, los muchos ejercicios que hacéis? ¿No podéis hacer un poco de paciencia? Tendrás tú también tu recompensa. Deben humillarse las Geróntisas alguna vez”.

Al venerable Porfirio le habían conocido también otras hermanas de nuestro Monasterio.

Cuando la hermana Olimpia vio que se había desarrollado el cáncer que tenía, no aceptaba ser operada. Pensaba de hecho que, si preguntaba al santo Porfirio, le daría la bendición para no ir a los médicos. Fue entonces a verle, con esta esperanza. Hablaron bastante y al final le dijo él severamente: —Estamos obligados hermana Olimpia, a obedecer a los médicos, porque Dios nos los dio para nuestra salud. “Y al médico también le hizo Dios”. Harás lo que te digan. El resto lo asumirá Dios”. Así siguió su iluminado consejo y vivió otros 25 años, a pesar de que los médicos la daban sólo otros 5 años de vida.”

La bienaventurada (ya difunta) hermana Teoktisti fue a Atenas para ser operada de su ojo, que tenía un problema. Antes de ir al quirófano fue a pedir la bendición al venerable Porfirio. Entrando en su celda, habiéndola preguntado que de dónde era y qué problema tenía, ella le enseñó su ojo. Entonces san Porfirio le respondió: “Dile al médico que te opere del otro ojo y no de este que te duele. El otro tiene el problema.”

Y así fue que la hermana le dijo al médico que examinase su otro ojo, y finalmente éste tenía el problema. Fue operada y se puso bien con las oraciones del Venerable.


Visité al Gérontas Porfirio el 24 de agosto de 1980 junto con Sofía Orfanidou (hija espiritual de san Porfirio). Cuando me prosterné y le besé la mano, él sostuvo la mía por un rato, y mirándola me preguntó:

—¿Eres iconógrafo?

—Sí, Gérontas, soy iconógrafo, —le respondo—.

"Entonces salí y, mientras ayudaba en el campo con unos trabajos que hacían allí, san Porfirio me invitó a sentarme y conversar. Entonces me preguntó con mucho cariño qué tenía que decirle. Le dije que en mi servicio monástico me cuesta obedecer, no tengo paciencia y me enojo. Luego me respondió: "También es el jefe severo, tu maestra. ¿No es así? Intenta llevarlo lo mejor que puedas. Esto te beneficiará tanto en el alma como en el arte".

"Entonces le dije que en nuestro Monasterio no tenemos suficiente tiempo para la oración y muchas veces desearía estar en algún otro Monasterio. Entonces se preocupó, levantó la voz y me dijo: "¡Hija mía, no puedo entender cómo entendéis vosotras la oración! ¿Quieres estar en tu celda con las manos levantadas para orar? Y yo, cuando estaba en el M. Atos", no paraba en todo el día, arriba y abajo, cavando, tallando y sin embargo, ¡con la azada en la mano hacía mi mejor oración! En cuanto lo de ir otro Monasterio, no lo pienses, es del enemigo, para destruirte.

"Cuando todavía era laica, narra la hermana A., había visitado a san Porfirio junto con S. (hijo espiritual del Gérontas). Entonces le pregunté qué camino seguir en mi vida y si era la voluntad de Dios que formase una familia. Entonces me respondió: "Espera, hija mía, dos o tres meses y verás". Efectivamente mi vida cambió completamente y en tres meses entré en el Monasterio.

"También me dio la impresión de que sabía todo sobre mí y mi familia. Me describió el carácter de mis hermanos y los problemas que los ocupaban, ¡incluso los que vivían en el extranjero! Tenía un gran don de clarividencia".




1.3. Predicciones y milagros


Testimonio del p. Pavlos Tsouknidas: "Una vez, en 1988, cuando todavía era laico, fui a ver al Gérontas Porfirio junto con un hieromonje. Después de llegar, esperamos pacientemente nuestro turno para ver al Gérontas, porque tenía mucha gente.

"El hieromonje quería hablar con él sobre un asunto importante que le preocupaba. En particular, había entrado en conflicto con su obispo en el monasterio donde ejercía como higúmeno y él, según dijo, le apartó de allí sin motivo, y lo envió a una pequeña parroquia cercana a un monasterio, donde llevaría a cabo su penitencia, para oficiar allí. Creía que sería cuestión de tiempo llevarle de regreso al monasterio, a pesar de que allí había establecido otra hermandad. Después de que llegó nuestro turno, el hieromonje habló en privado con el p. Porfirio y salió angustiado de su celda. También yo vi al Gérontas y recibí su bendición. En el camino de regreso le pregunté al padre, "¿qué te ha dicho el Gérontas? ¿El Metropolitano te devolverá al Monasterio?". Me dice: "Me respondió negativamente y me dijo que fuera al M. Atos para librarme de él, porque nunca me reestablecería". Sin embargo, el hieromonje en el camino se mostró molesto por la clara respuesta del Gérontas Porfirio y me dijo: "Hoy, en cuanto a mi asunto, el Gérontas Porfirio, se ha equivocado. Ha cometido un gran error. Verás que seré reestablecido lo más pronto posible." Hizo todo lo posible para ser traído de regreso por el obispo. Sin embargo, por su desobediencia de no ir al M. Atos, como le aconsejaba el anciano Porfirio, han pasado 26 años desde entonces esperando lo que deseaba, han cambiado tres veces de higúmeno en este monasterio en particular y hasta el día de hoy, que está a punto de recibir la jubilación, no ha sido restituido y ha permanecido en esta pequeña parroquia. La palabra del Gérontas fue verificada.

“Otra vez fui al Gérontas como laico en 1989, tenía un problema en el estómago, me dolía mucho y no se me pasaba, a pesar de que tomaba medicamentos de vez en cuando. Cuando entré a su celda, el Gérontas estaba acostado porque estaba enfermo, y recuerdo que todos decían que el Gérontas se iría a la Jerusalén celestial, pero sobrevivió. Su brazo derecho estaba envuelto hasta el codo con tiras de tela blanca como gasa y sostenía una cruz de madera. Su celda estaba a oscuras, para iluminar tenía una vela siempre encendida en un iconostasio con un gran icono pintado de la Santísima Madre de Dios. Tan pronto como vi la forma angelical del Gérontas, vi alrededor de su rostro, en la cama donde yacía, que lo rodeaba una dulce luz y quedé atónito. Asombrado por lo que vi, le digo "¡con su bendición, Gérontas!". "De nuestro Señor", me responde. Dios me concedió, su siervo indigno y pecador, que mis ojos viesen esta vez al Gérontas, esta alma santificada, bañada en la luz divina (luz increada), que quedó grabada indeleblemente en mi memoria y no puede ser descrita con palabras. Inmediatamente me pregunta, "¿qué problema tienes, hijo mío?", con una voz suave y dulce. Y le respondo "me duele el estómago, Gérontas". Y me dice: "Ven aquí cerca de mi cama, porque no puedo levantarme para bendecirte con la Cruz".

"Inmediatamente me acerqué, me arrodillé, besé la Venerada Cruz y su mano. Me dice "¿dónde te duele exactamente?". Y le mostré exactamente el punto. Luego fue a hacer sobre mí la señal de la Cruz con la que tenía en la mano, sobre la parte dolorida. Inmediatamente abrí mi chaqueta para facilitárselo. En ese momento escuché al Gérontas, no en voz baja sino en voz alta, como si le hubiera sido golpeado por una corriente eléctrica, regañándome y diciendo "¿por qué?, ¿no te atraviesa la chaqueta, hombre de poca fe? ". Entonces le respondo “pasa y sobrepasa, Gérontas, perdóname, por mi falta de fe”. Después de pasarla me dice “sabes, la Cruz desde por aquí hasta América, Australia, etc., la próxima vez deberías tener más fe”. "Que sea bendito, Gérontas", le dije. Le pedí de nuevo su bendición, me consagró con la Venerada Cruz y con su mano, y me fui muy beneficiado. Y desde entonces no me ha vuelto a doler el estómago.


"En febrero de 1990, como nuevo sacerdote, junto con un hieromonje visitamos al Gérontas Porfirio para recibir su bendición. Regresábamos de una peregrinación que hicimos a la Santa Iglesia Parroquial de “Panayia tis Yiatrissa” (Santísima Sanadora), que está en Palaia Loutsa, Ática, y allí pernoctamos una noche. En el camino de vuelta a Karditsa pasamos junto a la localidad de Oropo sobre las 11.00 y esperamos a nos toase nuestro turnos. Después de que nos tocó pasar, entró primero el hieromonje y luego yo; después de recibir su bendición, me dijo: "Ora por mí, padre mío, para que esté preparado para irme a la próxima vida". Después de que me prosterné y recibí su bendición, me dijo: "!Lee a san Pablo de Tebas!". "Que sea bendito Gérontas", le respondo. “Era un gran santo asceta, me dice, léelo, ¡no lo olvides!”. "Que sea bendito, Gerontas", le repito.

"Me quedé desconcertado; entonces no sabía nada de san Pablo de la Tebaida, aunque mi nombre es Pablo, No tenía idea de este gran asceta y Santo de nuestra Iglesia en ese momento. Me preguntaba en el camino de regreso por qué no me dijo que leyera sobre otro santo y me habló de Pablo de Tebas, ya que no le revelé mi nombre al Gérontas y ni siquiera me preguntó mi nombre. Por supuesto, el Gérontas con su radar espiritual sabía de antemano que mi nombre era Pablo y que desconocía la vida de este gran santo. Después leí sobre san Pablo de Tebas y fui beneficiado.


"Soy sacerdote y ahora sirvo en la Parroquia de la Santa Iglesia de san Athanasios Omorphohori de Lárisa. En 1993 conocí a una señora llamada María; ella vino junto con una monja de Corinto a la Capilla de mi Parroquia, que celebra el día de los santos y gloriosos nuevos mártires Rafael, Nicolás e Irene la virgen mártir, para reverenciarles. Tras reverenciar, abrimos una discusión espiritual, no tardé en comprender que la señora María estaba en un muy buen estado espiritual, tenía devoción, amor, caridad y mucha humildad. Por un momento, la señora María me pregunta y dice: "Padre Pablo, ¿ha conocido al bendito gérontas Porfirio?". "Sí, señora María", le respondo. "Yo, me cuenta, fui curado aquí durante unos cinco años por el gérontas Porfirio de un cáncer; tenía muchas metástasis y yo estaba en la fase final antes de la muerte. Cuando le visité con mi marido en Oropo, me leyó unas oraciones, y junto con sus súplicas me recuperé”.

"La señora María vive en Lárisa con su marido. Ahora está en la vejez. ¡Alabado sea Dios, que tengamos la bendición del santo padre Porfirio!".




1.4. “Veo vuestra celda”


Testimonio del Gérontas Ephrosynos del M. Atos: "Cuando estábamos en la Kelí de Marudas, tuvimos un problema con el agua en verano. Tenía un pequeño manantial que daba a la Kelí, poco caudaloso. Cuando llovía poco en el invierno, desde principios de agosto dejaba de dar agua y, como nuestra fiesta era el 8 de septiembre, tuvimos grandes dificultades con el agua. La Kelí estaba construida sobre una meseta, al este y al noroeste había dos pequeños barrancos y al sur una gran colina. La quebrada al noroeste tenía un manantial con mucha agua, pero no pasaba por nuestra Kelí, porque el manantial estaba muy bajo. Teníamos el deseo de encontrar agua (si existía) por encima de la celda en la colina y traerla por un cauce natural para evitar problemas con la fuente baja de nuestra celda.

"Habíamos oído que a san Porfirio le había sido dado por Dios el carisma de encontrar agua y decidimos llamarlo y contarle nuestro problema. De hecho, un día lo llamamos y le pedimos que nos dijera si había agua por encima de nuestra Kelí. El bendito Gérontas nos respondió: "Veo vuestra Kelí tal como está. No hay agua más arriba; no busquéis; sin embargo, hay dos manantiales más abajo de vuestra Kelí con mucha agua. Si hacéis un aljibe arriba y uno donde está el manantial, con un motor lo podéis subir a la Kelí".

"Le dimos las gracias y nos quedamos con la pregunta de cuál era la segunda fuente que dijo el Gérontas, porque nosotros, tras tres años en la Kelí, sabíamos que había una en el barranco noroeste, que era muy profunda y no pasaba por la Kelí. Dejamos el asunto ahí. Al fondo del barranco por el oriente había dos nogales, que en aquel año tenían muchas nueces, y un día de septiembre bajamos a recogerlas. Por la tarde sopló mucho viento y las había esparcido. Recogiéndolas, nos alejamos de los nogales a un lugar donde había juncos. Allí escuchamos un ruido, que al principio nos pareció de una serpiente, por lo que nos acercamos con precaución, y en lugar de una serpiente encontramos el segundo manantial que el Gérontas había visto desde Atenas, el cual ignorábamos, a 40 metros de nuestra Kelí. Esta fuente realmente tiene mucha agua y abastece al Sagrado Monasterio de Stavronikita".




1.5. Educación de los niños


Testimonio del sr. Konstantinou Ganotis: "Una vez unos padres que conocemos fueron a ver al gérontas Porfirio con su hijo de cinco años, que todavía no había empezado a hablar. Ni siquiera había dicho "mamá". Estaban desesperados por encontrar médicos y alguien les habló del Gérontas y de la posibilidad de que los ayudara. El p. Profirio puso sus manos sobre la cabeza del niño, se la acarició, se volvió y les dijo: "Haréis lo posible para que se calle. No vayáis al médico, el niño está bien". Los padres no creyeron en sus extrañas palabras y, al llegar a Atenas, llevaron al niño a la clínica PIKPA a un logopeda. Tan pronto como llegaron a casa, sonó el teléfono. Era el Gérontas: "Pero bueno, ¿no te dije que no llevaras al niño al médico? ¡Después te dije que el niño hablará!". ¡En poco tiempo, el niño realmente empezó a hablar y con el tiempo se volvió muy locuaz! Lo tuve de alumno en 1º de secundaria y no dejaba hablar a nadie. Quería responder él todas las preguntas. Cuando llamé a su padre para quejarme, me dijo: "El Gérontas lo dijo... ¡haréis lo posible para que se calle!". Y yo, sorprendido, pregunté: "¿Qué Gérontas?". Entonces me dijo: "Porfirio...". Así fue como supe que hay un Gérontas en Milesi y decidí conocerlo.

"Dentro de un cobertizo construido con simples bloques de cemento y otra vez dentro de un vagón de madera encontramos al (entonces) viejo Porfirio posado "como una cigüeña en un tejado" cerca de Milesi. Éramos informamos de persona a persona uno y la agitación y el hastío de la vida urbana guiaron nuestros pasos hacia él. Una inquietud indefinida nos empujó a buscar "algo más" en la vida cotidiana. Nuestra inmadurez también esperaba milagros, premoniciones, diagnósticos de enfermedades, instrucciones de tratamiento y otras paradojas similares, alimento para nuestra curiosidad.

"El santo nos miraba con interés y subrayó la necesidad de oración y de agradecimiento continuo. Y nos resultaba difícil aceptar que la alegría se puede provocar voluntariamente y que la oración es placentera y duradera. El santo era una extraña y grata sorpresa para cada visitante. Mientras esperábamos afuera, nos sentíamos como sus hijos y nos mirábamos con comprensión. Muchos de los que habían venido otra veces al Gérontas nos contaron incidentes de milagros y revelaciones, la mayoría de ellos relacionados con la salud y las malas acciones de los jóvenes, que resultaron ser la consecuencia de los pecados ocultos de sus padres o de la falta de armonía en sus relaciones. Lo que nos asombraba a todos eran las revelaciones de las situaciones familiares pero también de las situaciones interiores de cada uno de nosotros, que el Gérontas parecía conocer mejor, mucho mejor que cada uno de nosotros...

"Mis visitas al Gérontas eran dolorosas y reconfortantes al mismo tiempo. De manera filantrópica, revelaba mis debilidades y al mismo tiempo me inspiraba el optimismo de que en adelante podía mejorar. Y también que mientras mantenga mi contacto con la Iglesia, puedo esperar mi salvación. Y por los demás que esperaban afuera y se conocían, supe que a ellos también les estaba pasando lo mismo.

"Me escandalizó un poco la sed y las ganas de muchos, como las mías, de conocer los milagros del santo. Sentía una reducción en nuestra devoción cuando examinaba esta tendencia nuestra, que para muchos era intensa. Especialmente sentí que esta sed era una caída de la piedad, cuando veía y oía al Gérontas hablar de tales cosas de una manera completamente natural, como si fuera nuestra realidad diaria.

"Cuando después recopilé muchas impresiones y lecturas sobre el santo, entendí que Dios nos las enviaba para romper el establecimiento de la mente mundana y hacernos recelar sobre la vida espiritual que está más allá de la lógica, la física, la política y todo lo relacionado, pero también los abarca con un espíritu diferente. Y que todos estos son regalos de Dios, pero para un buen uso. El bien de Dios podría beneficiar en todas las cosas. A una chica le recomendó ir de excursión los domingos con un club de montañismo, a otro les dijo que bañarse en el mar es bueno. En general, el mundo en sus ojos mostraba su buena cara.

"Daba gran importancia a la salud, revelaba enfermedades ocultas, sugería tratamientos incluso en hospitales en el extranjero y algunos lo veían deambular por los pasillos del hospital.

"Le daba aún mayor importancia a la educación de los niños y aún más a la alegría de los niños. Nos enseñó y nos demostró que el mal comportamiento de los niños se debe al fracaso de los padres. Quería que los padres fueran santos, ya que fueron hechos dignos de ser padres. Y si son débiles para buscar la santidad, que no atormenten a sus hijos con sus discusiones. Más bien, deberían aumentar su atención e invocar la ayuda de Dios, que llega milagrosamente sin argumentos. Y sobre todo, los padres mejoren su propia conducta con miras a la santidad.

"Una vez, en una de mis visitas al Gérontas, fui con mi esposa. No le había dicho nada al Gérontas sobre el comportamiento de mi esposa. Nada más entrar en su celda, levanta la voz dirigiéndose a mi mujer y vocea: "Vamos, señora mía, a sus hijos no los torture. Les has comido vivos a los pobres. Se os marcharán". Nosotros con una sola boca fuimos a disculparnos y dijimos: "Pero para que sean buenos niños, Gérontas, luchamos". "Vosotros mejoraos y dejad a vuestros hijos tranquilos". Y luego me pidió que dijera los nombres de nuestros hijos por orden de edad. Los contó con los dedos y me dijo: "Dímelos otra vez". "¿Por qué?", ​​pregunto. "Para recordarlos", me responde. Así que yo también me consolé pensando que el Gérontas los tendría bajo su atención durante mucho tiempo.

"Y justo cuando pensábamos en aumentar nuestras visitas, el Gérontas se marchó de allí. Primero por un tiempo a Kausokalyvia y luego para siempre. Se ocultó en el interior del M. Atos para que no fuese glorificado ni siquiera después de su dormición. Él, en su alegría y en su amor por Cristo, "no entendió" cómo entregó su espíritu. Su dormición fue un encuentro amoroso con Cristo.

"Cristo es la alegría, la verdadera luz, la felicidad. Cristo es nuestra esperanza. La relación con Cristo es amor, es entusiasmo, es anhelo por lo Divino. Cristo lo es todo. ¡No luches directamente con el malvado! Porque el malvado oprime. La disposición para la liberación existirá, pero será secreta y sutil sin ser visible...".

"San Porfirio nos proporcionó tales advertencias, para que podamos avanzar por el camino del mundo infernado de hoy, llevando el Paraíso dentro de nosotros. Así, con un poco de buena voluntad y obediencia a sus consejos, podremos mantener la "bendita esperanza" dentro del mundo desesperado.

"Te damos gracias, san Porfirio...".




1.6. "Las palabras del santo son Evangelio"


Testimonio de la geróntisa Anna, S. Monasterio de San Porfirio, Xanthi: "Santo Porfirio, cuando vivías me hablabas de la vida monástica, del ascetismo, del desierto y luego era todo oídos para escuchar cómo los ascetas en el M. Atos, el Jardín de la Panayía, en secreto y misterio, con sencillez, con humildad, vivían con el fervor por Cristo en el corazón y a través de sus largas horas de vigilia en la Kelí o en la Iglesia principal del Monasterio o Katholikon vivían revelaciones celestiales. Este camino es el más grande, el más sagrado, el más santo, tú me mostraste este camino que tú también recorriste desde pequeño en el M.Atos, en tu amada Kavsokalyvia, pero incluso después de estar en el mundo no dejaste de ser un asceta y vivir a Cristo en misterio a pesar de toda la gente que tenías y la atención que ellos requerían. Bebiste de la miel del hesicasmo y endulzaste con tus palabras a innumerables almas que no tenían idea de lo que es la vida espiritual y lo dulce que es Cristo. Y cada palabra que dijiste allí se refería a cuánto debe amar el asceta a Cristo. Y cuando te pregunté "¿cómo cultivar este amor por Cristo?", me respondiste "que el secreto estaba en la obediencia". Obediencia al Gérontas que discierne, “si amas a tu Gérontas y si tu Gérontas también te ama a ti, entonces le obedeces fácil y sin esfuerzo, le obedeces felizmente porque lo amas y quieres que aliviarle. Ves cómo vive él a Cristo y quieres llegar tú también a su medida, no porque lo merezcas sino con la bendición y el deseo de tu Gérontas. Por las bendiciones de tu Gérontas". Por eso a menudo decías que el monaquismo es la ciencia de las ciencias, y que el centro de la ciencia, la lección más seria e importante, era la lección de la obediencia. Cuando la confesión alivia el alma, entonces buscas felizmente agradecer a Cristo por Su filantropía para ser restaurado como hijo de Su Reino, buscando qué más puedes hacer para mostrar esta gratitud, obedeces felizmente y estás despreocupado y sin problemas. La obediencia, me dijiste, es santificación continua, es muy importante, es lo mismo que la humillación (humildad). La obediencia te cambia, te hace rápido, inteligente, más fuerte, te hace nuevo en todo.

Luego aprendí lecciones de tu propia vida cuando te escuché decirme que no escuchaste ni un solo “bravo” de pequeño, ni en tu pobre casa en el pueblo, ni tampoco de tus gérontas en Ai-Georgi (san Jorge) en Kausokalyvia, y eso te hizo mucho bien porque viviste desde muy joven sin elogios y viviste con humildad y obediencia, discretamente, sin pensar que tienes nada bueno y que eres bueno, pero constantemente te compadeciste de ti mismo y siempre agradeciste a Dios porque si bien no merecías sus dones, Él te trataba con sencillez y filantropía.

Recuerdo entonces que cuando yo era pequeño os contaba la historia del burro del verdulero, por el patio de casa pasaba el verdulero con su burro cargado con las cestas con las verduras de verano, tomates, pepinos, berenjenas, etc. y las vecinas se reunían para ir de compras y la abuela me gritaba que corriera a buscar la escoba y la pala y que recogiera las heces frescas del animal y las tirara a los rosales y a mí me daba vergüenza por dentro y me decía "espérate un poco a que se vayan los vecinos y luego lo recoges", pero ella insistía. Y esa fue la mejor lección para mí para volverme humilde, para no pensar que soy algo y tú emocionada me dijiste "esto es, cuánto bien te hizo la abuela, te trataba como la Geróntisa en el Monasterio, una mujer sabia de las antiguas generaciones luchadoras que cargaban sobre sus espaldas desarraigados y refugiados, y con la cruz y la fe renacían una vida ortodoxa por donde pasaron. Si desde niño pequeño, me dijiste, aprendió este estilo de vida, entonces a medida que creció y se desarrolló, por la gracia de Cristo, se crearon en él fuerzas especiales y poderosas que le convirtieron en un hombre según Cristo. Y poder orientarse correctamente en la vida, en el mundo, pero también en la vida en el Monasterio. Uno aprende esta lección de obediencia desde su hogar desde pequeño y está dispuesto a encajar en cualquier lugar y en cualquier situación, por difícil que parezca. Por eso, me decías, uno no se hace monje en el Monasterio, sino que se aprende el monaquismo en casa y se viene preparado al Monasterio. Nuestra alma tiene tremendos poderes que refleja en el entorno. Por eso el hombre humilde se convierte en el centro de todo, influye en todos los que le rodean, porque estos poderes divinos y asombrosos de su alma tienen un efecto beneficioso sobre su entorno. Él mismo es santificado, pero también son santificados los demás cerca de él, también está santificado el lugar donde vive, pero también el lugar donde entra. Es el misterio en las palabras de Cristo, de cómo el primero llega a ser último y el último primero. Si alguno quiere ser primero, sea el servidor, con alegría, con disposición de alma, sé el siervo de todos.

"Las palabras del santo Gérontas Porfirio son un Evangelio para los padres, para los monjes, para todos.

"Recuerdo a un amigo mío en el momento en que lo llevé al Gérontas y era un chico que no había conocido a Cristo y estaba siendo formado mucho en su vida, pero eran todos fracasos y contratiempos y el Gérontas me decía este "tiene una montaña de egoísmo". ¡Ajj…! Este egoísmo, cuánto nos ha echado a perder, cómo nos ha engañado, cómo nos ha cambiado el rumbo". Miraba dentro del alma de mi amigo y veía cuánto sufría, pero su egoísmo no lo abandonaba. Por eso decía característicamente "hemos traído a la vida a egoístas y no a cristianos". Y de mi amigo dijo "él, hijo, está muy confundido y por su egoísmo niega a Dios, pero esto le vendrá sobre él". De hecho, después de unos años me llamó y me dijo que tenía razón el Gérontas cuando le hablaba, pero ¿dónde estaba entonces la su cerebro?

"Una vez fui con el gérontas Porfirio y hablábamos y yo estaba muy feliz por dentro, porque sentía su oración como un paraguas a mi alrededor, tenía pensamientos muy humildes y la Gracia me hacía derretirme. Así que cuando llegó el momento de marcharme, me volví y le dije lo que sentía mi pobre corazón:

—Gérontas, te quiero mucho. Se volvió y me dijo:

—No seas tonto, te he estado observando y amando mucho antes de conocerte.

― Pero, ¿cuándo me has amado, Gérontas?

— A ver, dime tú, ¿cuando eras niño no ibas allí por la avenida de la Reina Olga y en cuanto pasaste por el quiosco no escuchaste el himno de los Arcángeles, "Santo, Santo, Santo" y tú te asustaste y miraste a la izquierda y a la derecha, para ver quién era? Pero no viste nada porque no había nadie. ¿Recuerdas? era domingo. ¿Te acuerdas? Pues desde entonces, te conozco, te veo. Te he amado desde entonces.

"Me quedé sin palabras, porque sólo yo lo sabía. Era domingo y regresaba de la Iglesia. En casa tenía 5.000 dracmas que repartí entre los pobres y sentí tal amor que Cristo tiene por mí, como si fuera la persona más rica de la tierra. Mientras caminaba iba haciendo la oración y viviendo en el amor de Cristo, cuando efectivamente apenas unos metros antes de entrar a mi casa, escuché cantar por encima de mis oídos "Santo, Santo, Santo Señor de los ejércitos, llenos están el cielo y de la tierra de su gloria". Me quedé extasiado, dije ¿qué es esto? Miré a izquierda y derecha para ver de dónde venían las voces, pero no vi nada. Me sentí tan bien conmigo mismo, siendo un niño, que no le revelé nada a nadie, y guardé en secreto en mi corazón lo que pasó. El gérontas Porfirio me reveló que como yo no amaba el dinero y buscaba compartirlo todo, esto le agradó al buen Dios y me mostró algo para demostrarme que me ama.

"San Porfirio, el humilde, manso, tranquilo y obediente, nos habló de la salud del alma que es fundamento de nuestro encuentro con Cristo. Pidámosle, pues, que nos guíe por los caminos que él mismo recorrió, siguiendo el ejemplo de su vida santa y obedeciendo sus palabras de vivir con sencillez y humildad con Cristo".




1.7. "¡Me acuerdo!"


Testimonio de Sofía Orphanidou: "Cada vez que me llaman "hija espiritual del gérontas Porfirio" recuerdo las palabras de un respetado Gérontas, que una vez dijo "lo que hace a alguien ser hijo espiritual de un Gérontas es cuánto lo ha sentido (en su interior) y no cuántas veces lo vio en su vida". He conocido a personas que no lo conocían y sin embargo sentían mucho por él, lo amaban y seguían su ejemplo. Una respetada Geróntisa me contó cómo, cuando leyó por primera vez la vida de san Porfirio, sintió que el santo entró por completo en su corazón y en cada célula de su ser.

"San Porfirio es un regalo de san Serafín de Sarov y la mayor bendición de Dios en mi vida también. Eran principios de los años 70 cuando leí el libro "San Serafín de Sarov" de Irene Gorainov. San Serafín tocó tanto mi alma que le pedí que trajera a mi camino un santo contemporáneo. No pasaron dos semanas y el amor y la providencia de Cristo guiaron mis pasos hacia Kallisia, lugar donde vivía en aquel tiempo el santo Gérontas Porfirio. Aún guardo en mi memoria aquella primera comunicación y conocimiento con el santo de Dios. Es muy difícil comprender a un santo, cuando no se ha probado la santidad. Sin embargo, intentaré, poco a poco, transmitir a nuestros lectores algo, al menos un poco, de mis experiencias.

"Cuando estaba cerca de él, cada vez que degustaba sus amorosos cuidados, sus sabios y salvadores consejos, la suave caricia de sus cuidados hacia mí, mi alma se inundaba de euforia, de alegría, de esperanza, de entusiasmo. Su palabra era un toque de Dios, era una revelación deslumbrante la forma en que el santo Gérontas nos revelaba la voluntad de Dios y nos instruía y enseñaba cómo caminar hacia Cristo, cómo amar a "Cristo que es todo". No puedo describir con cuánta comodidad, con cuánta facilidad se me “desató” la lengua y pude confiar en él y confesarle lo que no me atrevía a decirme ni siquiera a mí mismo. En la confesión no dudé en depositar sobre su sagrada estola hasta la caída más profunda, el pecado más pesado. Él nunca me hirió, nunca me avergonzó, nunca me decepcionó. Cuánto me entendió y cuán profundamente penetró en lo más profundo de mi ser, para sacar a la superficie lo que estaba olvidado o incluso era desconocido para mí. Él tenía una manera gentil y misericordiosa de llevarte a la autoconciencia y al arrepentimiento. Nunca sentí la más mínima opresión, el más mínimo chantaje, o el compulsivo "debo hacer esto, debo hacer aquello" de su parte. Buscó y exploró mi alma y me habló de sus heridas, pero sin lastimarme. Con la bondad y el infinito amor y comprensión que nos mostró, abrió los horizontes del amor de Cristo y de la obediencia voluntaria, libre e indiscernible. El mar de amor en que podías navegar sin miedo, porque cerca de él sentías una confianza y una seguridad infinitas.

"Nuestro santo, el santo del amor, amaba a todos indiscriminadamente. Para él no había conocidos ni desconocidos. Todos éramos sus hijos y él era nuestro padre. Nos bendecía a manos llenas, nos consolaba, nos alivió y nos sanaba. Sanaba misteriosamente y en secreto tanto las enfermedades de nuestra alma como de nuestro cuerpo. Se compadecía y lloranba, rogando a Cristo que sanara a los enfermos, especialmente a los pacientes con cáncer. Cuántos y cuántos curó no sólo en secreto, sino también abiertamente. En una de nuestras conversaciones, me preguntó qué enfermedad padecía nuestro conocido Obispo y, cuando le dije "cáncer de hígado", dijo: "Esta enfermedad hace que la persona se dé cuenta de cómo ha transcurrido su vida y de que pronto se encontrará ante el misterio de la muerte".

"Una vez volvíamos de un viaje al extranjero. Nuestro compañero de viaje le dijo: "Gérontas, la gente que vimos allí en su mayor parte no eran muy agraciados; ¿será porque no están bautizados?". "El bautismo, hija mía —respondió— embellece a la persona, porque recibe en abundancia la Gracia de Dios... Y de hecho, el bautizado, mientras conserva la Gracia del Espíritu Santo a través de su lucha, también recibirá sus frutos, que son amor, gozo, paz, paciencia, bondad, amabilidad, fe, mansedumbre, templanza". Me pidió que repitiera estas 9 virtudes, pero me resultó difícil y angustiado me dijo: "Hijo mío, no conocemos nuestra fe, no leemos la Santa Biblia ni a nuestros Padres. Ora y estudia. La oración y el estudio no deben realizarse mecánicamente, sino atentamente, también lentamente, que pase por nuestro nus y por nuestro corazón. Lee los salmos y los cánones de los santos, que endulzan el alma. Dios te pide algunas pocas cosas y luego te las concede... Mucho se escribe sobre la Oración del corazón, pero nadie puede qué es... Nadie puede describirle a otro la miel probó en algún país al que fue; el otro también debe probarlo para comprenderlo". Destacó cómo la oración hecha por los demás con amor ayuda mucho. "Es una gran cosa, me dijo en una de nuestras reuniones, ser limpiadora en un prostíbulo... Es una gran oferta... ¿Me entiendes, sí o no?...".

—No, Gérontas.

― Pues mira, ser limpiadora ahí dentro y cumplir con tu deber... Barrer, fregar bien y al mismo tiempo decir la Oración del corazón... Pero no digas nada más, no hagas catequesis... ¡Eh! ¿qué te puedo decir? ¡Las has salvado!...

"Sus conocimientos sobre la educación adecuada de los niños eran grandes. Cuando una vez acompañé a un matrimonio con muchos hijos a nuestro santo, le oí decir: "No oprimáis a vuestros hijos, porque ahora puede que vayan a la Iglesia y que ayunen, pero después no querrán ni veros, porque os verán como unos opresores. Quieres hacer buenos a tus hijos, mientras que vosotros no sois buenos...".

"Su amor nos acompañaba a dondequiera que fuésemos. Una vez alguien me encargó un libro con contenido ocultista. Así que fui a una librería y lo compré. Al día siguiente, nada más llegar al Monasterio, me dijeron que el Gérontas me estaba buscando. Nada más llegar a su pequeña celda, su primera conversación al conocerme fue: "¿Qué tienes que ver con las religiones orientales?". "Nada", le digo. "Entonces”, respondió, ¿qué haces en sus librerías?" Me acordé del pedido que tenía, se lo expliqué y su respuesta fue categórica. "Ni siquiera vayas a sus librerías". Una respuesta que me emocionó, que me hizo feliz, porque sentí que él me veía, que me cuidaba, se preocupaba por mí.

"Nunca te presionaba para que obedecieses, ya que en caso de que no lo hicieras, el resultado sería peor. Una vez le pedí su opinión sobre una posible actividad profesional mía. "Haz lo que quieras", me dijo. Sin embargo, sabiendo que “lo que quieras” significaba una negativa velada y porque por dentro quería intentarlo, no procedí. Un día llegué decidido a hacer lo que él me dijera. Luego me llamó y me explicó por qué no debería haberlo probado.

—¿Por qué, Gérontas, no me lo dijiste durante tanto tiempo y fui torturado? —Su respuesta—:

—¡Porque no estabas dispuesto a obedecer!

"Una vez iba a visitar una ciudad de la provincia por motivos profesionales y pasé por el Monasterio para recibir su bendición. Ya que vas allí te contaré una pequeña historia, me dijo; no es pequeña, es muy larga, pero te la contaré resumidamente. "Ella era una chica y había conocido a un joven de allí y quedó embarazada. Cuando vino y me lo dijo, le dije: "No malcries al niño, quédate con él y escríbele". La chica le escribió y él estaba feliz. "No malcries al niño, le escribió, porque no sé si podré hacer alguno más". Mantuvieron correspondencia y él estaba feliz. Cuando estaba por dar a luz, la recogí con un conocido y la llevé a un ambiente cristiano. Dio a luz allí. Cuando el niño tenía tres meses, nuevamente mi conocido y yo fuimos, le tomamos fotografías y nos fuimos al pueblo de su padre. Sin embargo, como esta chica era pobre, sus padres no la querían. Y como él estaba indeciso, lo convencieron de que no se la llevara. Entonces vamos al Metropolitano y le cuento el hecho. El Metropolitano lo llamó inmediatamente y le explicó el problema. Al principio se molestó, pero luego negó que el niño fuera suyo. Le digo: "El niño es tuyo, yo soy el Padre Espiritual de la niña y conozco todo el asunto. El niño es tuyo". Luego saco las fotos y digo: "¡Mira cómo se te parece!". Pero cuando vi cómo insistía en que el niño no era suyo, no quise molestarlo y presionarlo y le dije: "Está bien, nosotros cuidaremos del niño y, si algún quieres ir a encontrarle para alegrarte también tú, para ser agradado, entonces vete”. Y así, Sofía mía, continuó el Gérontas, cuando era joven ¡hice también yo algo bueno! Ahora el niño es una personalidad, una gran inteligencia…”.

"El amor y el interés de san Porfirio no se limitaron a las estrechas fronteras de Grecia. Era ecuménico, mundial, tal como se menciona en su Himno de Despedida: "De Eubea sus ascendentes, orgullo de la Ecumene...". Muchas veces me llamaba por teléfono a altas horas de la noche para preguntarme sobre nuestros hermanos serbios, que estaban pasando por momentos difíciles y enfrentando serios problemas.

“Diariamente y de por vida daré gracias a Dios por guiar mis pasos hacia este gran santo del s. XX. "Santo de Dios, intercede por nosotros".




1.8. Algunas informaciones sobre san Porfirio


Testimonio del Sotiría Nousi: "Su vida y sus carismas son conocidos por varios excelentes libros que se han publicado sobre nuestro venerable Gérontas Porfirio, pero “por obediencia" también transmitiré algunos recuerdos y experiencias espirituales sobre nuestro venerable Gérontas.

"En la época en que él estaba en Kallisia, en el pequeño monasterio de san Nicolás que era Metoquio del Sagrado Monasterio de Penteli, solíamos ir a las hermosas y sobrecogedoras Divinas Liturgias y vigilias alrededor del año 1974 (en 1979 se instaló en Milesi en una caravana al principio, hasta la fundación en este lugar del katholikon del Monasterio de la Transfiguración el 26/02/1990). Estando allí me llamó por teléfono un primo mío profesor de física que tenía algunos problemas y, como había oído hablar del gérontas Porfirio, me preguntó si podíamos encontrarnos con él allí. De todos modos, vino a mi casa en Nea Penteli. Coincidió que en ese momento también estaba cerca de mí una joven conocida mía.

"Gracias a Dios, fuimos y encontramos al Gérontas. Hablé con él primero, pero por cortesía le dije que dejara pasar primero a mi primo y luego a la joven. Mi primo, que dudaba un poco del "carisma" del Gérontas, había entrado en su pequeña celda con el mismo pensamiento. El Gérontas lo entendió. Tuvo lugar el siguiente diálogo:

—¿Cómo te llamas y de dónde vienes?

—De un pueblo en las afueras de Ioánnina.

—¡Qué bien que estáis allí! ¡Qué hermosas iglesias tenéis!

—Sí, tenemos una Iglesia grande y dos pequeñas.

—No, tenéis tres iglesias pequeñas.

—No, Gérontas, dos.

—¿No recuerdas esa hermosa iglesia en lo alto de aquella montaña?

― Sí, Gerontas, lo siento; tiene razón. ¿Ha estado en mi pueblo?

― No, hombre, nunca he estado, pero lo veo.

Esto, entonces, bastó para que el primo se perdiera y le abriera su corazón y saliera de la celda con expresión perdida e impresionada. A la joven le pasó algo parecido. Luego le dijo que pasase yo.

"Me habló como si fuera hija suya espiritual y de hecho durante años, mientras que yo sólo iba a las Divinas Liturgias y vigilias.

"Fue sorprendente cuántas cosas reveladoras me dijo y cuánto cariño me mostró. Desde entonces siempre lo he tenido como mi amado padre Espiritual y Gérontas.

"Y cuando ya se instaló en Milesi, Cristo me ayudó y también fui a las Divinas Liturgias y a verlo en privado o con algunas personas destacadas.

"Una vez un clérigo de orden superior (aún existe hoy) me suplicó y me dijo: "Es necesario por un asunto grave ver al Gérontas Porfirio, pero, para que otros no se enteren, no quiero entrar con mi automóvil de la Metrópolis. ¿Podemos ir?”. “Claro", respondí.

"El otro día, con un conocido mío, destacado educador y persona notable, en un coche oficial, fuimos con el Arzobispo Metropolitano. Como paréntesis, comentar que una vez le dije que estaba pensando en comprarme un coche y el Gérontas me contestó tajantemente: “¡No! ¡No comprarás un coche, pero tampoco te faltará cuando lo necesites!”. En efecto, con sus bendiciones, así sucedió y está sucediendo... Alabado sea Dios.

"Cuando fuimos a la celda del Gérontas, el Arzobispo entró solo y conversaron durante bastante tiempo. Cuando terminaron, el Arzobispo me llamó para que fuera yo también a la celda. Nos quedamos un rato, dijimos dos o tres palabras formales y luego, como vi al Gérontas acostado en su cama donde llevaban tanto tiempo hablando pacientemente con el Arzobispo, sentí pena por él y le dije: "Gérontas, ¿quiere que llame a vuestra hermana la geróntisa, para que le prepare y vamos a dar una pequeña vuelta hasta el mar para respirar un poco de aire limpio marítimo?". "¿Qué has dicho?", me dice. Lo repetí. Él pensó un poco y me dijo: "Sí, tienes razón, llámala para que prepare y vamos". Así sucedió. Nos dirigimos (con el Arzobispo) a un lugar precioso junto al mar y con las puertas del coche abiertas nos quedamos un buen rato. De nuevo conversaron bastaste entre él y el Arzobispo. Llegado el momento, regresamos.

"A la vuelta pensé: "¿Han hablado bastante con el Arzobispo, de temas eclesiásticos y de otros varios, démosles un poco de alegría también". Y le digo: "Gérontas, el sr. Dionisio tiene una voz hermosa y sabe canciones patrióticas raras y hermosas, Moraítika, etc.; ¿puede cantarnos algo?" Y el Gérontas dice: "Sí, dinos Dionisio". Y luego empezó a cantar con su melodiosa e impactante voz, lentamente. El Gérontas estaba emocionado. "¡Bien hecho, Dionisio, dinos más!". Y cantó el conocido: “Pinzón, me gusta tu canto”.

"La siguiente vez que vi al Gérontas, me dijo: "Hija mía, fui feliz ese día cuando bajamos al mar con el Arzobispo, pero fui aún más feliz con las canciones de Dioniso. ¡Estaba feliz! ". Le dije: "Géronta, ¿le digo que lo que cantó ese día, lo grabe y te lo traiga en un casete para que lo escuches cuando estés solo?". Y me responde: "Sí, díselo, pero, un momento. Cuando cante sobre el pinzón, dile que no diga pinzón sino ruiseñor, porque el pinzón no canta bonito y dulce como el ruiseñor".

"Y aún hoy, el Arzobispo, cuando surge la discusión sobre el santo Gérontas Porfirio, relata no sólo los momentos que vivió con él, los momentos santos, sino también hoy en alguna sin salida o en alguna enfermedad imprevista, como la que recientemente tuvo, lo invocó, sintió fuertemente su presencia y posteriormente su intervención médica. Y se lo agradece con lágrimas.

"Una amiga mía me dijo: "Tú que conoces bien al Gérontas, vayamos juntos un día y traigamos conmigo a mi hermano para que le santifique con la Cruz, porque tiene un problema de salud". Por supuesto que acepté y fuimos. Después de que nos quedamos un rato los tres y le expliqué, entonces lo dejamos solo con el joven, para que pudiera hablarle más libremente. Finalmente nos fuimos. Por el camino veía al joven serio y sin hablar, pero, para no parecer indiscreta, no le pregunté de qué hablaron decían con el Gérontas.

"Tarde por la noche me llama por teléfono su hermana, mi amiga, y me dice: "Efectivamente, ¡el Gérontas es santo! Porque cuando mi hermano le contó lo de su estómago, lo tocó en ese momento y le dijo "no tienes nada de eso, pero mañana debes ir a un buen urólogo, te diré yo a cual, porque tienes un problema con tus órganos genitales y, si no vas, no podrás tener hijos cuando te cases". Por eso por en el camino su hermano estaba pensativo, porque se sentía un poco perdido. Pero todo sucedió tal como le dijo el Gérontas.

"Un día mi bienaventurada madre, mientras iba de una habitación a otra, se cayó, pero no se rompió nada. Y luego volvió a caminar. A altas horas de la noche me llama el Gérontas y sus primeras palabras fueron: "¿Qué tal está tu madre?". Le respondo: "Bien, Gérontas, aunque hace un rato se cayó, afortunadamente no la pasó nada". "No, me responde con énfasis. ¡Ha tenido un derrame cerebral! Llévala al médico mañana". Se lo dije a mi hermano, que vivía al lado, y por la mañana la llevamos. Ella podía caminar normal. La metieron en la ambulancia para los exámenes. En ese momento se encontró la parálisis de todo el lado izquierdo. Se quedó en el hospital. Otro día vi al médico que la había atendido, era conocido mío, y me dice "lamentablemente se quedará unos días más. Hicimos todo lo que pudimos, pero está pasando algo más y hemos de hacer otros exámenes más".

"Al día siguiente me llama el Gérontas: "¡Sacad a tu madre del hospital rápidamente! ¡Van a acabar con ella!". Le respondo: "Gérontas, el doctor es bueno y le conozco. Me dijo que la tendrán un poco más para otros exámenes". Me responde un poco molesto: "¿Has oido lo que te he dicho? ¡Van a matarla!". De nuevo le digo: "¡Dime que le diga al médico qué ha de hacer!". Entonces me dice: "La razón es esta: hay un punto en el intestino que se llama colon ascendente. Allí está la causa y le dan otros medicamentos, ¡actúan al contrario!".

"Al día siguiente fui al médico y le dije: "Señor..., tengo un tío que es médico y me dijo que me fijase en tal punto, porque ahí está la causa". Y me escuchó pensativamente. Luego me dice: "Ayer nos enteramos y le cambiamos el tratamiento. Sólo que tiene que quedarse unos días más". Y así sucedió. Después de dos días fuimos a recogerla. Llamé al Gérontas para hacérselo saber. Me respondió: "Gracias a Dios que viva unos años más, sea como sea, que tengas su compañía...".

» Después de cinco años, un día me llama y me dice: "Esta semana no vayas a ninguna parte, porque tu madre se irá...". Y así sucedió.

"Además, fue grande su apoyo y consuelo hacia el bienaventurado Arzobispo de Atenas, sr. Serafín, como se puede ver en el folleto sobre él mismo que circula y está disponible en el Sagrado Monasterio de la Transfiguración en Milesi de Ática. Algo más, que no está escrito allí: "Una noche a las 21:00, el Gérontas me llama y me dice angustiado:

—¿Qué tal está el Excelentísimo? —Le digo—:

—Gérontas, no lo llamo a menudo, no he escuchado nada. —Y me responde:—

—Llámale ahora y dile que el gérontas Porfirio pregunta cómo está y espera que le responda. Efectivamente, llamé al bienaventurado Arzobispo y le dije:

—Excelentísimo, le llamo por encargo del Gérontas, que me pregunta qué tal está usted. Y el bienaventurado me responde:

—¡Qué dices, hija! ¡Ahora acabo de entrar en mi habitación y ni siquiera me he quitado la sotana! ¡Regreso del oftalmólogo por una operación en el ojo y he dado la orden que nadie lo sepa! Dile que se lo agradezco mucho. Con sus oraciones, todo salió bien.

Y llamé al anciano y se lo conté. Y aliviado, me dice: "Gloria a Dios".


"Una vez un abogado conocido me dijo: "Tuve un caso serio de una excelente dama "de la clase alta", que era una persona formidable, extremadamente educada, pero que no iba a la Iglesia, no se confesaba, no creía. Una vez encontré una manera y le dije que viniera conmigo al gérontas Porfirio. Vino sólo por educación hacia mí. Entramos a la celda del Gérontas y, cuando comencé a presentarle a la señora, él inmediatamente nos dijo:

- ¡Iros! ¡marchaos inmediatamente! ¡Vete a tu casa! Ye quedé impactada y confieso que me sorprendió el comportamiento del Gérontas. Le digo:

—Gérontas, la señora y yo hemos venido a verte, a recibir tu bendición, etc. Y responde él:

—¡Marchaos ahora mismo, para que os dé tiempo! ¡Su hija en casa está tomando medicamentos para suicidarse! ¡Marchaos!

“Y efectivamente así estaba sucediendo, pero con las bendiciones y las oraciones del Gérontas, le dio tiempo a salvar a su hija”.




1.9. Ayuda para una candidata a monja.


Testimonio de una monja anónima: "La primera vez que fui a ver al p. Porfirio era cuando había terremotos en Atenas. Había un grupo de jóvenes fuera de su Kalivi en Oropó. Nos dijeron que fuéramos todos juntos sólo a recibir su bendición, porque no se encontraba bien. Mientras nos bendecía, nos dijo: "¿Qué dicen los periódicos sobre los terremotos?". Los chicos respondieron: "Dicen que son superficiales". Él nos dice: "No es cierto eso que dicen. Yo veo que son de profundidad. Mirad, el p. Epifanio describe muy bien los de profundidad…en tal libro". No recuerdo si nos leyó un extracto del libro que tenía consigo. Nos fuimos y todos teníamos una alegría inexplicable, estábamos volando.

"Mi Padre Espiritual había dormido y fui a ver al p. Porfirio. Estaba fuera en el bosque hablando con alguien mientras caminaba. Nosotros no sabíamos dónde estaba. Esperábamos horas. Había mucha gente. Nos dijo que sólo recibiésemos su bendición. Cuando entré vi la foto de Padre Espiritual y me sorprendí. Él me dice:

—¿Lo ves? ¡Tenía mucho amor! Su bendición tengamos. Era un hombre santo. Vi todo el funeral desde aquí. Había muchísima gente.

—Era mi Padre Espiritual y quería hablar contigo.

—Ahora no puedo, hay tantos otros que esperan para bendiciones y oraciones. Ven muchas veces, alguna vez podré verte.

"Fui otra vez y de nuevo tenía gente y me dijeron que estaba enfermo y que probablemente no vería a nadie. Sin embargo, había ido calculando que esperaría todo el día si hacía falta, sería suficiente con verlo. En un momento, salió envuelto en una manta y con suero en la mano. Se acercó a nosotros, nos miró a todos y dijo: "No os vayáis, voy al médico y volveré para veros". Cuando regresó, pensé "aunque sólo sea recibir su bendición". Y entrando me llevó una hora. Me dice: “Te he visto fuera y me he dicho: ¡qué turbada está esta alma!”. Tomándome de la mano, me describió mi pueblo. Mientras me lo describía detalladamente, me preguntó un detalle de la descripción y le respondí incorrectamente. Él me dice: "¡No es así! Bueno, ahora lo veo. También tienes un Monasterio, está en una colina y debajo hay un acantilado. Es un lugar muy bello para la tranquilidad. Si estuviera bien, iría a abrirlo, a quedarme ahí." Describió a mis padres, a mis hermanos. "Vosotros (los hermanos) tenéis un carácter parecido". Luego empezó a describirme problemas de salud y a explicarlos en términos médicos. Me preguntó si sucedían tal como me dijo. Tuve problemas de estómago. Y me dice: "Tu problema no está en el estómago, sino en el intestino. Todo esto te pasa por preocupación. Eres muy sensible. Crees que nadie te quiere. Pero te contaré un secreto. No busques ser amado, sino que trata de amar a los demás. Entonces todos te amarán. Este es el secreto. Si lo haces, verás que el dolor de corazón desaparecerá". Al salir parecía otra persona.

"Fui una vez y él tenía muchos dolores. Me dijeron que iría injustamente, él tenía muy elevada la y no aceptaba a nadie. Fui y tenía muchos dolores; decía: “Señor Jesucristo…, Gloria a ti Señor”, alternativamente desde su corazón. Después de recibir su bendición, le dije:

― ¿Podría preguntarte ciertas cosas o tal vez no puede? Él tiraba de la manta, se cubría la cabeza con ella y me decía:

—No te escucho. No te escucho...

—¿Qué hago, me voy?

—No lo sé; lo que Dios te ilumine que hagas. Vamos, ayúdame a girarme hacia el otro lado porque me duele. “Señor Jesucristo…, Gloria a ti Señor”.

"Le pregunté algo (no recuerdo qué) y la respuesta fue “no tengo información”... lo que te diga será mío”. Salí disculpándome, con la intención de volver en otro momento.

"Otra vez fui, estaba lloviendo y no había nadie. Tan pronto como entré, de repente escuché una voz "Señor..., Señor". Intenté encontrar de dónde venía. Me dice él: "¿Lo oyes? Es el loro". Me di la vuelta y vi una jaula grande con el loro. Me dice: "Ha empezado a aprender la oración. Poco a poco, la aprenderá entera. Yo dormiré y él dirá la oración".

Le dije que quería hacerme monja.

—¿Por qué quieres hacerte monja? ¿No quieres casarte?

― No, quiero ser monja. Me dice:

—¿Haces prosternaciones? Le dije:

—Sí. Me preguntó:

—¿Cuántas?

—Cien.

—¿Haces tantas? Hazme una prosternación para ver cómo la haces. Nada más hacerla, me dice:

—No es así. Las rodillas no deben tocar el suelo y el cuerpo debe estar como flotando y la cabeza debe apoyar en el suelo.

"Me dijo que lo hiciese de nuevo, pero no pude hacerlo como me dijo. Llamó a su sobrina y le pidió que me mostrara cómo hacer las prosternaciones. Haciendo también la señal de la Cruz antes de la prosternación, dijo:

—La mano debe tocar sobre los extremos de los hombros. Después me dijo:

—Cuando estuve allí en el M. Atos en el desierto, ¡oh! ¡allí! Hacía continuamente prosternaciones. Gloria a ti Dios... Señor Jesucristo, ten piedad de mí... Vivía en el paraíso...

—¿Sabes cantar el canon de Jesús?

—Un poco, por lo que he escuchado...

—Cántame... Le canté un poco y luego me dice:

―Te cantaré yo también… la voz debe dar vueltas, porque así demuestra su amor al Esposo, brinca el alma… y comenzó a cantarme muy bien.

—¿Dónde piensas ir a hacerte monja? ¿En qué Μonasterio?

—No sé.

—Vete a ver las celdas que estoy construyendo y ven después...

"Fui yo sola, vi el edificio con las celdas y pensé: "¿Qué tipo de celdas son estas? ¿Tan grandes? ¿Todas de piedra, baldosas, espacio auxiliar individual?".

"Regresé y me preguntó: "¿Te gustaron?". "Sí". Me dice, "pero... grandes (leyendo mi pensamiento). Los materiales son caros, me mostró un ladrillo que tenía allí y dijo que crean un muy buen aislamiento, no afectan ni el calor ni el frío. No he puesto nada de madera, ni en los balcones pondré, porque vosotras las mujeres sois peligrosas con los incendios. Y este edificio podrá así utilizarse incluso después de 100 años para convertirse en una escuela sacerdotal".

»Me preguntó "qué Padres Espirituales conozco". Le dije: " al p. Eleuterio (que había dormido), al p. Epifanio, al p. Anastasio (de Creta), al p. Gregorio (de la Transfiguración)". Me dice: "Tú conoces a todos los santos". También me preguntó por alguien (en el Peloponeso). No lo conocía y después no recordaba su nombre.

"Nos referimos al Monasterio de Zourvas en Hidra. "No he conocido a la geróntisa Thekla, pero la veo. (Esta geróntisa estaba a cargo del Monasterio desde hacía muy poco tiempo, después de la muerte de la geróntisa anterior). Allí es como en Kantunakia del M. Atos...No he ido... pero lo veo".

"Una vez que estaba allí, trajo un camión lleno de ladrillos y fui a ayudarlo a descargarlos. Había dos o tres personas. También ayudaba un niño; cuando terminamos, fuimos a pedir su bendición. Le dice al niño:

—Oye, Manolis, ¿qué es más fácil, descargar ladrillos o sentarte y decir la oración del corazón sin interrupción? Respondió:

—Gérontas, los ladrillos es más fácil descargar los ladrillos.

"Yéndonos una vez de ver al venerable Porfirio, bajábamos con otra chica por el camino para irnos. La chica lo tenía Padre Espiritual. Hicimos señal a un coche que pasaba para que nos recogiera. Desde lejos nos parecía una buena persona... Entramos, pero en el camino de Oropós a Atenas la realidad empezó a cambiar. La otra chica decía continuamente la oración "por las oraciones del Gérontas Porfirio...". Milagrosamente no sufrimos ningún daño... Sólo recuerdo la agonía que pasé, aunque tenía fe en las oraciones de san Porfirio.

"Fuimos con mi hermano a recibir su bendición. Empezó a contarle todos sus problemas personales y mi hermano espontáneamente le dijo: "Lo habéis encontrado todo...". Le dice el padre Porfirio: “Todo esta gente que está esperando… ¿por qué viene?…”. Después me preguntó a mí:

—¿De dónde vienes?

― De “tal” Monasterio.

—¡Ah! Yo estuve allí. Las hermanas están en el campo sacando raíces... las veo. Tienen mucho amor entre ellas.

—¿Qué tal está el Gérontas? Le quiero mucho. Es un hombre santo…!Y también él me quiere!...

"La última vez, antes de irme al Monasterio, fui a verle y a consultarle. Le dije: "Los padres sienten mucha oposición por el monaquismo. Mi padre me habló en particular y me preguntó: "Finalmente, ¿qué camino vas a seguir? Dímelo claramente. Si sigues el monaquismo, eres libre, pero te descarto como hija mía. No nos vas a enseñar". "No le di una respuesta clara, porque mi madre había creado problemas. Quiero irme, pero temo que pase algo y ser yo la responsable." (Ya había pensado en irme hacía dos años, pero el p. Porfirio me dijo que esperase algo más. Y él mismo decía que aceptaría en su Monasterio a candidatas de unos 30 años que fuesen maduras). Podrías quedarte aquí, pero el Monasterio estará terminado después de dos o tres años. Nosotros dos congeniamos bien. Pero como quieres irte ahora, vete. Y yo también rezaré humildemente también por tu casa. No temas, no sucederá nada. Ven que bendigo con la Cruz. Y me bendijo con una Cruz (la que dan en las ordenaciones).

»Después de tres años en el Monasterio, pasé por una tentación. Le llamó el Gérontas (de mi Monasterio) por teléfono y me habló. Me dijo el p. Porfirio: "No trates de expulsar las pasiones pecaminosas. Estas pasiones se irán ellas solas. Intenta amar a Cristo. Te lo dirá el Gérontas (de mi Monasterio).

"Fui más tarde y lo visité con otra hermana. Nada más llegar vimos que tenía una nota fuera: "El Gérontas está enfermo, no puede ver a nadie, reza...". No sabíamos qué hacer y estábamos listas para marcharnos con las personas que nos trajeron. Esperaban también otros… De repente viene una hermana y nos dice: "Ha dicho el Gérontas que paséis, que os está esperando...".Nada más llegar, recibimos su bendición. La otra hermana le veía por primera vez... Nos dice: "Me ha enviado el Gérontas me dos almas idénticas". Me sorprendió escuchar eso. Fue providencia de Dios que fuéramos juntas, porque yo iba a ir con otra hermana. Me recibió a mí y le dijo a la otra hermana que fuese al balcón. Me dice:

—¿Qué te ha pasado? ¿Quién te dijo que fueras monja?

—Usted...

― Ah, hiciste bien... y me alegraba cuando te veía... "Qué amables son tus moradas Señor..." y volabas... y después "Qué amables son tus moradas Señor...", te vino una saciedad. ¿Por qué? Te abandonaste a tí misma, a los pensamientos, al egoísmo y eso te trajo a esta situación. Intenta amar a Cristo y no te ocupes de las pasiones pecaminosas. Desaparecerán por sí solas.

—Lo mismo me dijo por teléfono.

—¿Quién? ¿yo? No lo recuerdo. Te digo lo mismo ahora. Esto no es mío, me lo dijo el Espíritu Santo. Como dice en el Salterio... “así mi alma desea, Señor, estar contigo”.

—¿Cómo amaré a Cristo?

― Con la lectura del Libro de los 8 Tonos (“Paraklitikí”), el Santoral por meses (Minea), el Salterio... Léeme el Salterio, sin saltarte una sola “n”, o “s”, despacio, con claridad, con sentido, vívidlos...

"Vio también a la otra hermana a solas y nos habló estando juntas.

"Al final nos leyó una oración, después de que ambas nos arrodillamos... él estaba sentado en la cama.

"Cuando el cable sale del enchufe, el alma está vacía... Cuando lo metemos en el enchufe, el alma se carga.

"Id a la vigilia de la Fiesta de santa Filotea, en el Monasterio “De la Madre Amada". Nosotras no teníamos tal plan, íbamos a quedarnos en Atenas e irnos... Y de repente nos encontramos con eso que nos dijo sobre la vigilia. Nos fuimos como si fuésemos otras personas, literalmente volábamos…”.




1.10. No abandones.


Testimonio de una persona anónima: “Tuve al venerable Porfirio como Padre Espiritual durante muchos años y me ayudó mucho. Yo era un empleado y cuando vino un nuevo gerente vino a mi trabajo, me molestaba inmoralmente y me hacía proposiciones indecentes. Estaba muy preocupada, estaba yo sola en mi casa y pensaba en dejar mi trabajo.

"De repente escucho un golpe en la ventana que daba a la calle, miro y veo a mi Padre Espiritual, el venerable Porfirio. "Abre", me dijo. Abro la ventana y me dice: "No abandones tu trabajo" y se fue inmediatamente. Me quedé descolocada, me emocioné y admiré cómo mi Gérontas, antes de contarle mi problema, recibió información y vino a ayudarme. Yo obedecí y me quedé y de ahí en adelante el director se calmó. Le agradezco por todo lo que me ofreció y me ayudó espiritualmente y por seguir con mis servicios y ahora tengo mi pensión. Le ruego que interceda por la salvación de mi alma".




1.11. La fundación del Hesicasterio.


Testimonio del sr. Georgiou Arvanitis: "Estaba sirviendo en Salónica, donde vivía en ese momento una señora que decía estar iluminada y hablaba con la Santísima Trinidad, y mucha gente iba y la escuchaba. La misma pertenecí a la Escuela “Zolotas” (Estudios Superiores de Teología). Su hija era comisaria del Juzgado de Menores y yo era juez de menores y así fue como entré en contacto con esta gente. Una señora que conozco la veía a menudo y casi la había creído. Yo quería saber de qué se trataba. Pensé "qué debo hacer" y dije que la mejor fuente es la Metrópolis (el Arzobispado). Fui a las oficinas de la Metrópolis de Tesalónica y encontré a un clérigo y le pregunté que "qué pasaba con esta señora". Me dice: "el caballero de enfrente lo sabe mejor". Enfrente en el sofá estaba sentado el p. Ioannis Romanidis con de laico, no con la sotana. Fui, me senté a su lado y le hice la pregunta. Me dijo:

— Nosotros lo sabemos por los libros; hay gente que lo sabe por la experiencia. —Le digo:—

—¿Quiénes son?

—Mira, el p. Paísio.

—¿Quién es él?

—Un monje del M. Atos, podéis ir allí y conocerlo.

"En ese momento vino un amigo ateniense que estaba interesado en saber más sobre esta persona de la que hablábamos y qué relación tenía con la Santísima Trinidad. Él mismo fue adonde la señora y le preguntó:

—¿Cómo puedo asegurarme de que lo que dices es verdadero? Y ella misma respondió:

—Preguntad al gérontas Paísio.

"Entonces, como éramos amigos, decidimos ir a ver al Gérontas anciano Paísio para conocer la verdad sobre el tema. Fuimos al M. Atos y nos encontramos con el p. Paísio, le explicamos el asunto y nos dijo: "Conozco a la señora, también le escribí una carta y ella me la devolvió sin abrirla; ella tiene mucha arrogancia y es difícil que se arrepienta, porque cuando uno llega a la arrogancia, es difícil arrepentirse de este egoísmo". Le preguntamos "cómo hizo el diablillo para insinuar a la señora para que nos dijese que fuésemos a preguntarle al Gérontas Paísio". Y dice "sería algún diablillo tonto, y no un demonio principal (o sea, no uno líder y con autoridad), y pensó que me engañaría a mí también y que me llevaría por mal camino para creer las visiones de la señora". Y así nos fuimos con la información de que es un error y, de hecho, un gran error.

"Este fue mi primer contacto con san Paísio. Luego le pedimos que nos indicase un Padre Espiritual en Salónica. Nos dijo algunos nombres y luego nos dijo: "cuando vayáis a Atenas, id con el p. Porfirio". Después de uno o dos años, me mudé de Salónica a Atenas y fui a la Policlínica de Atenas, donde supe que estaba el p. Porfirio y fuimos a encontrarlo. Al lado de la Policlínica, a la mitad de la altura de la pequeña Capilla de san Gerásimo, hay un corredor que no tiene pared hacia san Gerásimo y es como un balcón, que se puede ver la Iglesia desde el corredor. Allí hay un banco y hablamos durante bastante tiempo con el p. Porfirio. No recuerdo lo que dijimos, sólo recuerdo lo mucho que me recalcaba lo siguiente: "George, la Gracia de Dios se puede sentir, la sientes la Gracia de Dios; no es algo intangible". Luego incrementé mi comunicación con el p. Porfirio, pero también continué la correspondencia con el p. Paísio; entonces, cuando le preguntaba algo espiritual, me escribía: "ahora que tienes al profesor ahí, no me preguntes a mí, preguntadle al profesor", y otras cosas por el estilo, y así dejó de escribirme, porque su correspondencia había aumentado mucho. Y de este modo sin darme cuenta cambié de guía espiritual, del p. Paísio al p. Porfirio. Este es el encuentro (con el p. Porfirio) del año 1973.

"También íbamos a Kallisia a verlo y lo llevábamos con el coche a algún lugar cuando era necesario. Una vez, cuando sufrió un infarto, se apartó del mundo por un tiempo. Cuando se recuperó, empezó a buscar un lugar adecuado para hacer un monasterio. Había buscado por toda Creta, Ática y el Dodecaneso para encontrar un lugar adecuado para el monasterio. Terminó comprando este lugar (Milesi) y un día pasábamos por un lugar donde se vendían tiendas de campaña. Compramos dos, una para el Gérontas y otra para mí.

Una la pusimos en la baca del coche, la otra como pesaba y no la abarcaba, la dejamos. La pagó el Gérontas con el acuerdo de que la recogeríamos al día siguiente. El Gérontas pasó por allí y no la encontró. Con la Gracia de Dios, por su clarividencia, encontró al vendedor y le dijo:

— No viniste a buscarla y la vendí.

— Bueno, entonces dame el dinero.

― Lo he gastado ya.

"Y así se quedó sin tienda de campaña y se vio obligado el Gérontas a comprar una caravana, la cual existe hasta ahora.

"El Gérontas tenía conocimientos médicos; no sólo por el estudio y la experiencia, sino también por la iluminación divina. Sabía que la altitud es buena para el corazón, pero también afecta a la salud. Me dijo que un sacerdote de Oropós fue a su pueblo en las montañas y regresó sonrosado y sano, pero al mes murió, porque el cambio de alto a bajo tiene varios efectos. Y por eso, después del infarto que sufrió en Kallisia, nunca volvió a ir allí. También compró un altímetro que determinaba indirectamente la altitud. Vinimos aquí (a Milesi), el Gérontas ajustó la caravana, yo monté la tienda de campaña y lo pasamos muy bien. Me gustaba la vida natural, me gustaba vivir en el campo y me gustaba el Gérontas como persona, pero no sabía qué era un Gérontas.

"El Gérontas en su humildad, no pensó inicialmente en construir un gran monasterio. Pensó en cuidar de algunas almas que le habían seguido, su hermana Cariclea, su sobrina que hoy es geróntisa, Filoteo, Penélope, Isidora... -eran ocho almas- y construyó un edificio con ocho habitaciones. Cuando estuvo terminado vimos que la cocina era un poco pequeña, hicimos un añadido y luego dijimos de hacer un comedor, que curiosamente -y no sé de quién fue la idea- se hizo grande, para unas 200 personas. Entonces el Gérontas quiso construir un templo. Pidió permiso al arzobispo e hizo una pequeña capilla (naídrio) de madera, el cual nunca se utilizó. Hicimos sólo Cánones de Súplicas, pero nunca liturgia. Luego se quemó (era portátil, la grúa podía levantarlo y llevarlo a donde se quisiera). Finalmente se lo dijeron al Gérontas, y éste dio parte al arzobispo de Atenas, porque el monasterio, aunque está situado dentro de los límites de la Metrópoli del Ática, tenía su sede en Atenas y había comprado estas propiedades en nombre de las mujeres. Se lo dijo a dos arquitectas y ellas le hicieron una maqueta en cartón de un templo para unas 100 personas. Lo tenía en mi tienda, la cual una Nochevieja un fuerte viento se la llevó y encontré la pequeña iglesia unos 200 metros más abajo. Un metropolita, el sr. Procopio de Cefalonia, le dijo al Gérontas: "¿Qué estás haciendo aquí? No construyas un templo pequeño, porque en todos los monasterios alrededor de Atenas les están derribando sus templos pequeños y están construyendo otros grandes, haciéndolos más grandes. Construye uno grande". Y luego me envió a Salónica y me dijo: "Alquila un coche, ve a Souroti, Ormilia, Metamorfosi, donde el p. Gregorio, pregúntales si hiciesen hoy una Iglesia, cómo la harían". Su primera respuesta fue "más grande". Todos la harían más grande. Volví y se lo conté al Gérontas y él les dijo a los arquitectos: "Otros planes, desde el principio, para hacer grande la Iglesia". Y así fue como el templo se hizo grande.

“En cuanto a los sótanos, el plan era que hubiese uno, pero cuando excavamos y vinieron los ingenieros, vieron que la máquina excavadora (buldócer) había raspado una piedra en la zona norte. Allí terminaba la piedra y empezaba la tierra, y porque tenían miedo de que el templo no podría construirse si estos suelos eran blandos, nos dijeron que taladráramos agujeros para ver cómo estaba la roca y perforamos nueve agujeros y examinamos la roca y vimos que la roca estaba inclinada y los ingenieros dijeron, "sacad toda la tierra de encima de la roca. Después, o rellenad el hueco que se creará con cemento y piedra, o coged el martillo y romped la piedra para llegar al mismo lugar que el resto de la piedra". Elegimos lo segundo por ser más económico y así se encontró un pozo de doce metros de profundidad. Así hicimos el plano de los sótanos y dividimos los espacios, para que pudieran convertirse en capillas, almacenes y otros espacios auxiliares. Surgieron así tres sótanos. El Gérontas quería un sótano aislado acústicamente, para poder enseñar y realizar la oración del corazón. Actualmente este proyecto del Gérontas no ha sido realizado y no sé qué dará el Señor. Hay trece capillas. El Monasterio no es grande. El templo es grande. Y el Monasterio está todo construido con la lógica de una línea recta donde todas las estancias son luminosas. Al final del edificio, el ingeniero que hizo los primeros planos hizo que el edificio girara, formando un ángulo, pero el Gérontas le dijo que lo hiciera recto, porque eso otro le daría sombra, y él no quería ni una habitación que no tuviese plena luz solar. Después de las ocho primeras monjas, vinieron muy pocas. El Gérontas no quiso formar un grupo suyo, enviaba a cada una donde más descanso encontrase su alma y no le interesaba su reputación. Sin embargo, para el pensamiento humano es algo inexplicable que el Gérontas no estuviera interesado en crear su propio grupo".




1.12. "No yo, sino la Gracia divina te ha hecho bien"


Testimonio de una anónima: "Cuando tenía 15 años, una monja que también era médica de un monasterio en Ática, me dijo que fuera como sea a ver al Gérontas Porfirio, de quien yo había oído hablar mucho por mis amigas, pero también en la fundación en la que estaba. La obedecí, ya que mi trabajo también estaba cerca. Trabajaba como vendedora de libros. Caminaba por la nieve y llegaba hasta Milesi. Luego se convirtió en el Monasterio. Me había dicho que pasara por la puerta trasera para llamar a su hermana Cariclea, que más tarde se convirtió en la geróntisa Porfiria. Entonces la llamé, le dije que me enviaba tal monja y, mientras esperaba en el frío y empezaba a temblar, ella sale y me dice: "Espera, ha dicho el Gérontas que te abramos". Su sobrina Eleni (más tarde la hermana Febronía) bajó y me llevó a una pequeña habitación. Había un confesionario con el icono de san Nektarios y un candil. Me dejó allí y se dirigió al Gérontas. Agarrotada como estaba por el frío, me subí a un taburete y me calenté las manos, porque aquella en habitación hacía frío, y dije a san Nektarios: "por favor ilumina al Gérontas para que suba, porque no aguanto. O me moriré aquí de frío". Parece que el Gérontas me escuchó, volvió Elena y me dijo "sube inmediatamente, ha dicho el Gérontas". Subo, hacía calor allí arriba, tenía una estufa de ladrillo, y le dice a su sobrina: "pasa ahora tú a la nieve y cuando te llame ven". “Ay, digo, para ver qué frío hace, la manda afuera”. Y en efecto, mientras el Gérontas hablaba conmigo, su pobre sobrina estaba esperando afuera.

"El Gérontas me recibió diciendo mi nombre e inmediatamente pensé que la monja conocida mía le habría llamado por teléfono y le habría dicho mi nombre. Entonces el Gérontas me dijo:

― Y sabes, cuando tenías siete años fuiste a tal Monasterio y con tal Higúmeno… ¿cómo se llaman ese Monasterio y ese Higúmeno, hombre?

—No lo sé Gérontas, no lo recuerdo. ¿Fui a un Monasterio cuando tenía siete años? ¿Con qué Higúmeno? ¿Qué Monasterio?

— Si hombre, el de los olivos silvestres…

― Ah, ¿a Agrilia? Entonces me acordé de que había ido a Agrilia, porque tiene olivos silvestres se llama Agrilia*, y me dijo:

*En gr., ”Agries”, silvestres. “Eliés”, olivos


—Sí, ¿dónde está el Higúmeno Crisóstomo?

― Ah, sí, ¿qué tal está? —Le digo—.

—Él está muy bien, tú no estarás bien.

—¿Por qué no estaré bien?

― Mira, dentro de seis días a partir de hoy, el viernes, te pasará algo muy malo y no podrás continuar en el trabajo (como vendedora de libros); y que sepas que por ti iré por tres días y tres noches a un asceterio que tengo en san Antonio ermita en Agios Antonios que tengo en Evia, donde veo el Egeo y con mi cuerda de oración haré oración por ti. Volveré el lunes. El viernes irás adonde la hermana monja, la pediatra, y le contarás lo que te pasa, porque todo te vendrá de golpe y no podrás soportarlo, eres débil, y yo con mi oración lo solucionaré, y el lunes a las 7 de la mañana, vendrás aquí y te diré lo que harás.

—¿Qué me pasará, Gérontas?

—Siéntate, te lo contaré más tarde. Me pone abajo, saca la estola, se la pone y me dice:

—Te leeré una oración.

Me arrodillo y dice:

—Por las oraciones de la santa mártir Paraskeví... Y una oración con sus propias palabras, que nunca antes había escuchado, y luego me dice:

—¿Dónde tienes más miopía? Y pensé: "si no llevo gafas, ¿cómo sabe que soy miope?".

— Dime, ¿dónde tienes más miopía, la derecha o la izquierda?

—¿Cómo podría recordarlo, Gérontas? En un ojo tengo más, en otro menos...

― Tráeme tu pulso. Le doy la mano y me dice:

— En la derecha tienes. Y me leyó una oración.

—No me llames por teléfono el viernes, porque cuando me llames ya habré salido para Evia. No entendí qué quería decir y me fui.

"El viernes empezaron todas las dificultades de mi vida. Problemas repentinos que después afectaron toda mi vida. Problemas que surgieron de la nada y me doblegaron, problemas laborales, psíquicos, físicos, espirituales, problemas que están relacionados con toda mi vida. Me puse a llorar hasta el mediodía. Estos llantos tuvieron como resultado hacerme daño en los ojos. Llamé al Gérontas, pero efectivamente había partido hacia Evia, tal como me había dicho. Cojo el autobús y voy a ver a la hermana al Monasterio. Ella me vio en la situación en que me encontraba y le digo "me envía el Gérontas Porfirio para quedarme aquí tres días, para esperarle y que hagamos oración, porque me han pasado algunas cosas y no estoy muy bien". "Mira, como no estás muy bien, sube a tu habitación a descansar y cuando termine de trabajar iré y hablaremos". La hermana era pediatra y atendía a muchos niños. Subí las escaleras y de tanto llorar me quedé ciega, no podía ir a ningún lado. Me senté en el sillón y esperé a la hermana. En el momento en que estaba sentado y no veía, pensé en el p. Porfirio y le dije: “p. Porfirio, tú me dijiste que me ayudarías, que estarías con migo con tu oración y que todo iría bien. Pero yo ahora me he quedado ciega y no puedo ir a ningún lado ni hablar con nadie. ¿Qué hago? Envíame una ayuda."

Ayer me quedé dormida y me desperté con las campanas sonando el sábado por la mañana. Cuando me desperté, me puse las gafas y no veía. Me quité las gafas, y podía ver todo claramente. Pensé que probablemente aumentó la miopía y diría a la hermana que me hiciese un examen. Bajo a la Iglesia, le digo a la monja lo que me pasó y la pediatra me responde: "Obviamente el p. Porfirio te curó de la miopía. Te veré después y veremos qué pasa”. Comulgué y fuimos luego a la consulta de la monja y ella me hizo un examen.

—No tienes miopía en absoluto, te has curado, tu miopía es cero. Puedes tirar tus gafas.

—No, le digo, me las quedaré, porque ¿quién me creerá, si le digo que con su oración yo en este momento no tengo nada de miopía? Deberé tener mis gafas conmigo para mostrárselas.

"El lunes a las 7 de la mañana estaba en Milesi, en la puerta de abajo, que siempre estaba cerrada, estaba ahora abierta de par en par; él me estaba esperando. Subí a su celda al final de las escaleras, él me estaba esperando solo y, en cuanto vi que no había nadie, le llamo:

—Te agradezco, Gérontas, que con tu oración me ha hecho ver de nuevo. Me dice:

—No te he escuchado, ven aquí a mi lado. Me acerco a él, me arrodillo, le beso la mano y le digo:

― Te agradezco por hacerme ver. Y levanta la mano y me da dos bofetadas con tanta fuerza que me quedé pasmada y le dije:

— Gérontas, ¿qué te he hecho? ¿De dónde sacaste tanta fuerza, para darme así? ​​

—¿Yo te he hecho ver? ¿Quién te ha dicho eso? La Gracia divina te ha hecho bien.

—Yo esta a esta tía* no la conozco; contigo hablé, a ti te rogué, no le rogué a la tía Gracia. Imaginé que era alguna tía*.

* Divina, en griego, es “θεία” [zía]. Aunque normalmente esta primera se escribe con mayúscula, en griego también se dice así la palabra “tía”. Y casualmente también existe el nombre propio de Gracia, en ambos idiomas.


—¿Qué tía Gracia, hombre? La Gracia de Dios te ayudó, no yo. ¿Dijiste esto en alguna parte?

—Por supuesto que se lo dije a la hermana doctora.

—Llámala ahora y dila que el Gérontas ha dicho, "¡hasta que yo me muera tenéis las dos la orden de no decirle nada a nadie!". Llámala ahora. La llamé y la digo:

—Hermana, estoy con el Gérontas.

—Su bendición.

—Sí, su bendición, pero tengo que decirte que ambas tenemos la norma de no decir en ninguna parte que me curó los ojos... La hermana se ríe. No te rías, la cosa va en serio, a mí me ha reñido. lo he pasado mal. Cuelgo y el Gérontas me dice:

—Nunca volverás a este trabajo. No es posible continuar con este trabajo porque es muy peligroso. No es propio de una niña de quince años entrar en casas desconocidas (como vendedora de libros). Encontraremos otro trabajo. (Y así sucedió). Así que eso es todo, o nunca volveremos a hablar, ¿vale?

—Está bien, le digo.

—Y vendrás para que te aconseje lo que debes. ¿A quién tienes como P. Espiritual?

—Al Arzobispo Constantino, Metropolitano de Bagdad.

—De acuerdo, en cuanto vayas a su casa me llamas inmediatamente, tengo que hablar con él. Y realmente cuando fui a su casa lo llamamos y estuvieron hablando de mí y él le aconsejó sobre el rumbo de mi vida.

“Cada vez que iba al Gérontas con alguna persona, con un amiga, que tenían problemas graves de salud, ya fuera cáncer, problemas de corazón o cualquier otra cosa, casi siempre con su oración se curaban. Conozco muy bien un caso en el que él mismo curó un tumor delante de una paciente que estaba en la celda. Él la dijo que "te quitaré el tumor" y se lo sacó delante de ella, -él mismo sabe cómo- y le dijo "ahora no hace falta que te operen, el cáncer ha salido del seno".

"Leía muchas veces mis pensamientos muchas veces y me decía: "Lo veo todo; puede que yo esté aquí y tú en Penteli, pero veo todo y hasta lo que piensas de mí y qué propósito tienes sobre mí y qué malos pensamientos tienes sobre mí, así que por favor no tengas malos pensamientos sobre mí, y lo tengas dímelo, porque no tenías intención de decírmelo, y por eso te lo revelo". Veía la energía de los malos pensamientos. A veces insultaba por dentro y él me decía "¿por qué insultas? Puedo oírte insultar por dentro". Veía cada etapa de mi vida y me la revelaba. Me ayudó a comprender mis errores, cómo continuar haciendo lo correcto y cómo corregirlo.

"Era un Gérontas que, a pesar de todo su dolor, nos recibía, nos hablaba y nos aconsejaba. Veía cosas que me pasarían en el futuro y me decía que estaría a mi lado. Le agradezco por todo y pido por sus intercesiones".




1.13. Fragancia.


Testimonio del gérontas Gregorio, Padre Espiritual del Santo Monasterio del Santo Precursor de Halkidiki: "Cuando pasé una gran prueba con mi salud y estuve enfermo durante muchos meses, tras recuperarme me encontré con el Gérontas Porfirio y él me preguntó:

—¿Cómo estás?

― Gloria a Dios, Gérontas, estoy bien. Gracias por sus oraciones.

― Mm… no estás bien, hombre.

—Estoy bien, Gérontas, porque realmente me siento mejor.

—No, —dice—, no estás bien. No estás como estabas.

Y efectivamente tenía razón, como demostraron las cosas más tarde.

"El Gérontas Porfirio vino y me visitó con el sr. Georgos Arvanitis y un filólogo el 19 de julio de 1974, yendo al M. Atos. Les hospedé, me alegré mucho por la visita, hablamos de varias cosas y le pregunté al Gérontas si quería oficiar en la liturgia del día siguiente, que era la memoria del profeta Elías. Me dijo que la oficiase yo. Georgos y el otro señor escucharon la noticia de que los turcos habían invadido Chipre. San Porfirio dijo: "No iremos al M. Atos. Regresaremos para consolar a la gente. La gente nos necesita".

“Le pregunté al Gérontas que me dijera si en algún lugar había agua para poder perforar y me respondió que aquí ese lugar no tiene agua, sólo tiene embalses subterráneos. Y tal como él dijo, así fue como se encontró. Tiene pequeños embalses subterráneos que se llenan con las lluvias. Lo bombeamos y se acaba. Si no llueve en invierno, el agua de los pozos es muy poca.

"Cuando el Gérontas se fue con su compañía, después de que los saludé y regresé a la celda, en lugar de oler el olor habitual de las azadas y aspersores que estaban amontonados en la celda, olí una fragancia como de Reliquias Sagradas, que duró seis días y desapareció cuando le dije a alguien que aquí es donde el Gérontas Porfirio se sentaba, de ahí la fragancia. Por eso en mi zona decían que no se hablara de eso.

"El Gérontas también me dijo lo siguiente: Cuando todavía vivía en la caravana, un día habló un día con un monje durante varias horas. Cuando terminaron, una mujer le dijo:

—¿No te da vergüenza, viejo, hablarle inmoralmente a esa mujer dentro la caravana?

—Mira, mi hijita, él era monje.

—Ya, ¿y no escuché lo que decíais?

― Mira, estábamos hablando de oración.

"Se fue sin convencerse y al día siguiente buscaba para ayudarla, temiendo que pudiese endemoniarse. Esto es una enseñanza para que evitemos las sospechas y los malos pensamientos”.




1.14. Ayuda a un joven


Testimonio de un anónimo: "Recibí una beca como estudiante en la Escuela Teológica de Lamia. Un hieromonje (ahora bienaventurado, es decir difunto), Porfirio llamado también él, tenía una fotografía del santo en su mesilla de noche. Tan pronto la vi, me inundó un sentimiento de alegría y gozo, y un problema que tenía se me quitó, y pregunté: "¿quién es él?".

"Me dijo que es un santo moderno y que está construyendo un monasterio en Oropó. También que cada día a las 11 de la mañana da un paseo por el bosque y allí fue fotografiado. "Yo, me dijo, cuando fui por primera vez como diácono, sin avisar a nadie ni mencionar quién era, y mientras mucha gente esperaba, me dijo: "Dile al diácono que pase".

"Desde entonces no lo he dejado de pensar. Se lo comenté a mi padre espiritual de entonces, me dieron instrucciones y con la primera oportunidad, con 15 años, me fui a Oropó.

"Entré en la caravana, él estaba sudado y me pidió que le diera una camiseta de tirantes de lana que estaba colgada para cambiarse. Luego me tomó el pulso durante bastante tiempo, yo tenía miedo por si estaba enfermo. Me dice, "¿de qué tienes miedo? Eres cobarde y no estás estable. Levántate psíquicamente. ¿Puedes?". Tonificó particularmente la palabra "puedes".

—¿Cómo lograré esto, Gérontas?

—Yendo a trabajar a las construcciones, con el cemento. (Esto lo diría san Paísio más tarde, sin que él lo supiera, con las mismas palabras). Y agregó lo siguiente: "Ah, y ten cuidado, porque el diablo está buscando inutilizarte para que no puedas hacer nada. No se lo permitas. Yo rezaré y volveremos a hablar".

"En el estante trasero de la caravana había cinco melocotones. Me dice -coge tres para que te los comas y déjame dos para que coma yo también". Me hizo la señal de la Cruz y me fui volando y feliz.

"El santo estaba radicalmente en contra de los psiquiatras y los psicofármacos, a los que llamaba drogas, y recomendaba su cese y el esfuerzo del hombre por amar a Cristo, único médico de las almas y de los cuerpos. Recomendaba también la lectura del Evangelio, del Salterio y de los himnos de los libros litúrgicos y, desde luego, el trabajo, principalmente el físico. Nunca quiso que nadie fuese lento y parsimonioso.

—"¿Amas a Cristo?" —me preguntó cuando lo conocí por primera vez—.

"Cuando una vez le pregunté "qué debo hacer para ser salvado", me dijo, "pues lee a los padres de la Iglesia".

"Otra vez:

—¿Qué has comido hoy?

—Carne.

―Eh, ¿siempre carne vas a comer? come un plato de alubias de vez en cuando.

"Cuando le dije que cuando tenía 16 años fui al Monasterio de Dionisio por diez días, lo probé, me fui y luego volví por una semana otra vez... Me dice "¿por qué te fuiste de allí? ¿Qué podría pasarte? Hay mucha gente allí. ¿El tentador te expulsó?".

En otra ocasión me dice "ve al Monasterio del Paráklitos". Te enseñarán hagiografía y canto. Son buenos".

"En otra ocasión me dijo: "¿Te gusta allí donde el p. Focio en Kallisia? Vete allí a hacerte monje, él te dejará comer, es bueno. Irás todos los días a pie a Penteli para ganar tu pan, ayúdale en sus trabajos, cantarás en las Liturgias. Él sabe cantar, pero no tiene buena voz. "Lo curioso es que cada vez que estaba en Kallisia y el p. Focio estaba a punto de hacer un trabajo, tenía la sensación de la presencia del santo (entonces cuando estaba vivo en Oropó), que estaba en algún lugar lejano, luminoso, mirándome y sonriendo.

"Quería unirme con el p. Metrófanes en Rovelista (Arta), tal como sucedió. El santo me dijo claramente "si haces lo que te dice el p. Metrófanes, seguro que te salvarás".

"Cuando era soldado en Ioánina, pedí una salida y llamé al santo desde un quiosco. En el teléfono antes me dejaba como mucho quinientos dracmas, pero ahora me estaba demorando mucho; no quería interrumpirle, pero definitivamente eran más de mil y no tenía más, y no quería quedar en ridículo. Le dejé hablar y que fuese lo que Dios quiera. Al final le pregunto, como gato mojado, al del quiosco. Mientras que esperaba unos 2.000, me dice 10 dracmas, una moneda. Creí que el santo intervino, porque conocía mis escasas finanzas, sin que por supuesto fuese perjudicado el vendedor.

"Durante un tiempo, cuando lo llamaba, él me preguntaba primero:

—¿Qué tal está Jristos? ¿Está bien? ¿Trabaja?. Se trata de mi hermano, 7 años mayor que yo, que se casó a los 18.

―¿Qué Jristos, Gérontas? —dije la primera vez—.

—Tu hermano, Jristos... —Nunca le había hablado de mi hermano y ni le había dicho que se llamaba Jristos.

"Te daba la impresión de que viviría muchos años más, porque plantaba árboles, se interesaba por todo. Un día en verano estaba en la construcción, sin el gorro, con el gran papagayo rojo en su brazo, y lo cuidaba como a un bebé. En sus ojos azul profundo se podía ver todo el cielo y todo el mar, un color como una mañana de primavera. Eran como las 9 de la mañana. Desde arriba daba instrucciones a los niños sobre dónde plantar los árboles.

"En algún momento antes de la Navidad de 1985, el p. Focio en Kalissia me dijo que pasara la noche en el Monasterio de Paráklitos. Obedecí y toda la noche oraba al Gérontas, donde iría al día siguiente para ayudarme. Después del Oficio y del café fui a pie. Entré a su celda, es como si me estuviera esperando.

—¿Qué pasa, que no me has dejado tranquilo en toda la noche?

—Gérontas, no hay otro camino, quiero ser salvado.

—Bueno, déjame bendecirte con la Cruz y que el Señor tenga misericordia de ti.

"Me arrodillé, el santo también se volvió a sentar en la cama y me bendijo durante bastante tiempo con la Cruz, que luego colocó sobre los cimientos de la Iglesia de la Transfiguración. La gracia divina comenzó a derramarse gradualmente sobre mí y todos mis problemas psicosomáticos desaparecieron, desarrollándose un gran amor por Cristo, una alegría indescriptible, un optimismo, un amor indescriptible por todas las personas y a sentir que todos los hombres son buenos y que he de ayudarlos en los posible, porque soy egoísta y muy duro de corazón y tengo la culpa en cierto grado de que la gente sufra…me vinieron lágrimas y un verdadero arrepentimiento por mis muchos y grandes pecados. De hecho, en esos días me encontré presente en muchos accidentes y me quedé amilanado. Entonces entró en mí mucha Gracia. Fui un mes al M. Atos, viví situaciones que no se pueden describir. Una de las situaciones iniciales que viví después de que el santo me bendijo con la Cruz es que decía la oración sin cesar. Me ayudó también san Paísio en el M. Atos. Las intercesiones de los dos santos contemporáneos que ayuden al mundo entero".




1.15. Fue un milagro.


Testimonio de la señora Nikis Hill.En 1984 vivíamos en Creta, nuestra hija Irene, de 12 años, fue ayudar a una anciana ciega para llevarla a la consulta del médico. Un coche la atropelló, levantándola dos metros por encima del suelo y cayendo de cabeza en la zanja de asfalto de al lado. Los médicos del Hospital de Canea dijeron que había que llevarla directamente a Atenas porque el golpe fue grave. La chica estaba en coma y quizás no viviría. Nos llevó a Atenas un avión del Ejército del Aire. Directamente en el Hospital de Niños, todos los médicos fueron a ver a la chica sin saber si se pondría bien. En Canea, el Metropolitano sr. Ireneo rezaba toda la noche arrodillado en el santuario de la Iglesia. Todos nuestros amigos y sacerdotes rezaban por Irene. Estuvo en coma siete días. Le hablaban continuamente los médicos y no reaccionaba nada, sólo el quinto día, que vino una de mis hermanas, le susurró al oído: “Mira, Irene, quién ha venido a verte”. Entonces abrió un poco su ojito hinchado y dijo muy lentamente: “la Panayía”, y cayó de nuevo en coma. Los médicos se alegraron “existe alguna esperanza”, dijeron. Aquel día nos llamó por teléfono el p. Georgios desde Sfakiá, que tenía 12 hijos. Era conocido de san Porfirio y cuando el santo iba a Creta, se quedaba siempre en su casa. Me dijo por teléfono: “Hermana, vete enseguida al gérontas Porfirio y dile que rece por la chica”.

Un amigo familiar nuestro que tenía un gran problema de salud, así que cuando se enteró de qué íbamos a ir al gérontas Porfirio, vino con su coche para llevarnos. Con nosotros vino también Rebeca, estudiante entonces de la Universidad de Panteion. Ahora hermana Makaría, Higumeni en el Monasterio de San Efrén, en Nea Makri. Y nuestro cuñado Georgios de Quíos, profesor.

Dejamos a mi madre y a mi hermana en el hospital para que cuidasen de la chica. Fuimos a Oropos, donde vivía entonces el Gérontas Porfirio en una caravana.

Nuestro amigo Iakovos que nos llevaba tenía un gran problema, no podía orinar y sufría. Cuando llegamos, nos bajamos y él fue al bosque para intentar aliviarse.

Entré la primera dentro. El Gérontas estaba sentado sobre un diván, envuelto en una manta del ejército, llevaba puesto su gorro y estaba muy agraciado y luminoso. Me arrodillé junto a él sin decir nada. Me bendijo con una Cruz de madera trazando la señal de la Cruz sobre mí siete veces, es como si supiese que tenía siete hijos, diciéndome tres veces: “Fue un milagro, no te preocupes”. Nos sentamos todos a su alrededor y nos dijo: “Bien, este Iákovos tiene un gran problema. ha ido al bosque y no puede orinar el pobre”.

Cuando entró Iákovos, le dice el Gérontas: “Bienvenido Iákovos Hortelano”. Nos asombramos todos por cómo sabía su nombre y su apellido. Le dijo que hacía muchos años conoció a su abuelo y a su abuela en Corfú y le contó muchas historias sobre ellos. Escúchame una cosa, Iákovo, tienes amigos cirujanos soldados que quieren operarte. Tú no lo aceptes, porque te coserán mal y te pondrás peor. Después irás a Inglaterra para que te lo corrijan y después de dos años morirás. Suplica sólo a nuestra Panayía para que te haga bien y para que ames a Cristo, ellos son tus médicos. ¿Me escuchas, Iákovos?

Iákovos no escuchó al Gérontas; temió, porque sufría. Le convencieron sus amigos los cirujanos soldados y fue operado. Todo sucedió tal como le dijo el Gérontas y dejó huérfanos a sus dos hijos pequeños.

También recomendó a nuestro cuñado que se fuese de Atenas y fuese a Quíos a cuidar de sus padres.

Volvimos al hospital y por la noche sucedió un milagro. Nuestra Irene comenzó a cantar. Bendito sea nuestro Señor…”.

Por la mañana vinieron los médicos y no creían lo que veían. Irene sentada en la cama y sonriendo. Madre, invita a los chicos, me dijo. Dijeron sin embargo, que si se ponía bien, quedaría con ciertas discapacidades. Pero la oración, la bendición y el amor de nuestro santo Porfirio hicieron que se pusiese bien del todo y ahora está trabajando.

Cuando salimos del hospital, fuimos directamente donde el gérontas Porfirio para recibir su bendición y para que bendijese a nuestra Irene.

Mucho la quiso el Gérontas, “bienvenida la niña del milagro”, le dijo, manteniéndola con tanto amor la mano…quería regalarla una Cruz de madera que había tallado él mismo, pero ella no quería que se quedase sin ella y no la cogió. Entonces él la dio su cuerda de oración, la cual mantenemos con mucho amor, y la ofrecemos donde hay necesidad de protección y bendición. Cuando estamos en Atenas, vamos a pedirle su bendición.

A menudo estaba enfermo, porque cargaba sobre sí mismo las enfermedades de los hombres que sufrían. Un padre dedicado a la construcción que tenía cinco hijos, padecía de herpes en la cara y en el cuello. Fue al Gérontas para que le bendijese y a los pocos días se puso bien, saliéndole herpes a san Porfirio en la misma parte. Estaba en la cama, junto a él había una estufa de leña encendida y parecía que sufría.

Una vez le llevá a nuestro nieto Gabriel, de dos años, para que le bendijese. “¿Pero no le ves? —me dijo—. Es un niño muy bendito.” Le acarició la cabeza, recibimos su bendición y nos fuimos volando. Daba a todos tanta alegría y tanto amor, tanta fuerza de vida, a pesar de que él sufría llevándose los dolores de los demás.

Una vez llevamos a todos nuestros hijos para que los bendijese. Amaba mucho a los niños. Le pregunté que dónde podíamos ir a vivir. “id a Skardamoula”, me dijo. Este era el nombre antiguamente de la actual Karamilis en Mani.

Nos quedamos allí muchos años benditos y creativos. El Gérontas nos enviaba distintos niños doloridos para que viviesen cerca nuestro y para que hiciesen compañía con nuestros hijos, que comiesen saludablemente y que sintiesen amor y calidez en el abrazo de la familia. Tenemos muchas historias y milagros para contar que tenían lugar con la oración y el amor de nuestro santo Porfirio. Su bendición que tengamos.”




1.16. Bautismo de un católico romano.


Un católico romano, Enrique, de padre ortodoxo y madre católica romana, templado en la fe, oyendo hablar del gérontas Porfirio, fue a verle. Se conocieron y el Gérontas le hablaba con mucho amor, analizó su personalidad, le habló sobre sus estudios y cuando su alma se endulzó, su compañera por impulso preguntó si debían bautizarle ortodoxo. Entonces el Gérontas respondió: “No, deja primero que hable la Gracia, y que lo pida el mismo cuando esté listo”. Y realmente así fue que, cuando “le abrió la puerta a Cristo”, pidió ser bautizado y después del bautismo hablaba de lo muy renacido que se sentía.




1.17. Ayuda después de la dormición del santo.


Testimonio de Atanasio Seferli de Eubea: “Tras la dormición del venerable Porfirio mi esposa y yo Evangela afrontamos un serio problema de salud de nuestro hijo y estaba muy preocupado sobre su desarrollo. Una noche dormí muy mal, con pesadillas y sueños malos. Voceé en mi sueño y era como si estuviese despierto: “¿Dónde estás, Gérontas? Ayuda…”. Entonces escuché claramente a mi lado una voz, mientras alguien me cogía fuertemente del hombro. Aquí estoy. ¿De qué tienes miedo? Me desperté del todo, y vi una sombra humana a mi lado alejándose y perdiéndose dentro de la habitación, mientras que yo sentía un gran alivio.”




1.18. Si no te vas de allí, te volverás loco.


Testimonio del p. X.: “Cuando era catequista en mi juventud, tenía un chico conmigo llamado Demetrio. Venía de una familia cristiana y era muy buen chaval y un buen cristiano. Le amaba mucho, pero tenía muchas inquietudes espirituales.

Los años pasaron, terminé la Universidad, me casé y perdí su rastro. Un día regresando de mi trabajo me le encontré en el autobús. Nos alegramos los dos mucho. Le pregunté a qué se dedicaba y me dijo que estudiaba en la Universidad, en el año 2º o 3º, no me acuerdo bien, y que era seguidor del Yogi Maharishi Mahesh y que hacia autoconcentración, meditación y las otras cosas que hacen los seguidores de tales creencias.

Me preocupé mucho y le propuse ir a ver al gérontas Profirio (era la década de los 80, habiéndole explicado previamente algunas cosas sobre él. Le pareció bien, con la condición de que fuese yo también, aunque sólo fuese una vez, a alguno de los encuentros que hacían estos seguidores del Yogi, por algún lugar del monte Licabeto en Atenas.

A continuación, unos días más tarde, visitamos al p. Porfirio, que entonces vivía en su Monasterio en Milesi de Oropos. En el encuentro aquel, en el que me encontraba yo también, el p. Porfirios le preguntó varias cosas, como a qué se dedicaba, cómo rezaba, cómo hacía meditación, si veía “luces”, etc. y el respondía varias cosas al respecto. Le dijo que eso que hacía no era bueno y que se alejase de allí. De hecho después me dijo el p. Porfirios que si no se alejaba de allí, corría el peligro de enloquecerse. También me dijo que no siempre me respondió la verdad a las cosas que le pregunté.

Más tarde Demetrio me pidió que fuese a una concentración de las suyas. Y así hice, habiendo recibido previamente la bendición del p. Porfirio. Llegando a Licabeto, a una sala que tenían, había allí mucha gente, hombres, mujeres, niños, ancianos, mujeres embarazadas, etc. Entrando nos quitamos los zapatos y pasamos a una gran sala. En una de las paredes había dos grandes fotografías del Yogui y delante de cada una había una gran vela encendida. Entre las dos velas había un estrado y sobre él una mesa de oficina. Todas las personas estaban de pie (no había sillas). Yo me puse en un lateral al lado de una pared y esperaba a ver lo que pasaría, mientras en mi interior decía la oración del corazón (Señor Jesucristo Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador) e invocaba al gérontas Porfirio por su ayuda. Sabía que “veía y que oía”.

Subió alguien al estrado y dijo algunas palabras sobre el Yogi y a continuación nos anunció que uno de ellos (un representante creo) acababa de regresar de Italia, donde se había encontrado con él y traía sus “bendiciones” y sus novedades. Efectivamente, al poco tiempo entró un señor de unos 40 años. Lo primero que nos dijo fue que nos arrodillásemos todos y que “orásemos” al Yogui, y que después nos contaría sus novedades. Todos en la sala se arrodillaron, excepto yo que me quedé de pie, diciendo en mi interior la oración e invocando al gérontas Porfirio. Esto duró de unos 5 a 10 minutos, durante los cuales el exponente me echaba algunas miradas. Cuando se levantaron todos, el señor que me miraba y que nos contaría las novedades sobre el Yogi, le dijo algo a un compañero suyo y se fue. Dicho compañero tomó la palabra y dijo que señor “tal” (el que hasta hace poco hablaba), estaba muy cansado del viaje desde Italia y que no nos hablaría esa noche, sino en otro momento.

Y así se disolvió la concentración. Mediante las oraciones de san Porfirio, Dios hizo su milagro y no permitió al hombre aquel decir (al menos por esta vez) sus engaños.

Después nos distanciamos de nuevo Demetrio y yo, y de nuevo le perdí el rastro. Más tarde me enteré de que los padres de Demetrio también fueron a pedirle consejo al p. Porfirio sobre su hijo, pero por lo que sé, no siguieron sus consejos para que fuese ayudado su hijo. Finalmente, después de algunos años me enteré de que Demetrio lo abandonó todo (sus estudios, al Yogi, sus búsquedas, etc.) y estaba ingresado en algún lugar con psicofármacos, pues hubo enloquecido, tal como le advirtió san Porfirio.




1.19. Revelación de una iglesia enterrada.


El p. Apóstolos, que durante muchos años se encontraba con la pareja Ioannis Y Fotiní Cristodulaki, de los baños de Edipsos en Evia, habían adquirido una buena amistad entre ellos. Testifica: “El sr. Ioannis me contó lo siguiente: "Tenía una nave con materiales de construcción en Atenas y el santo Porfirio vino allí para comprar algunos materiales. El santo (sin que le dijese yo nada) me dijo mis datos personales. Me habló sobre mi tierra natal, Creta, y sobre mi pueblo. En concreto me dijo que a la entrada del pueblo hay una iglesia de san Jaralambo. Cuando bajé a Creta, pregunté a los más ancianos, pero nadie sabía que hubiese una iglesia a la entrada del pueblo. A todos los que pregunté, la respuesta fue negativa. Dos o tres años más tarde, sin embargo, la Arqueología reveló la existencia de un antiguo templo y los arqueólogos llegaron a la conclusión de que el templo pertenece a san Jaralambo. Allí se encontraron antiguos iconos del santo".

"El sr. Ioannis no llevaba una vida espiritual, mientras que la señora Fotiní iba regularmente a la Iglesia, ayunaba y vivía más espiritualmente. La pareja no tenía hijos y comenzaron a visitar al santo en la Policlínica de San Gerásimo y a confesarse los dos juntos. A sus preguntas de si tendrán hijos, el santo guardó silencio. Hizo lo mismo cuando le pidieron la bendición para adoptar un niño. Fallecieron sin hijos."




1.20. Corona de luz (aureola)


Testimonio de la sra. Bayas: “Llevábamos casados cuatro o cinco años, pero no podíamos tener hijos. La preocupación poco a poco trajo crispación y muchos nervios en nuestra casa. Comenzamos a ir a médicos y a hacer distintos exámenes los dos, pero sin ninsgún resultado. Mi esposo Jristos es camionero y estaba fuera todo el día por los recorridos que hace. Mi suegra iba mucho a la Iglesia, era una mujer religiosa y conocía los Monasterios y a los Padres Espirituales.

"Después de la insistencia de mi suegra en 1984 o 1985, decidimos ir a Milesi. Allí vimos al Gérontas Pórfirio, que tal como nos dijo, había ayudado a muchas personas con problemas difíciles.

"En el Monasterio, después de esperar nuestro turno, en algún momento nos recibió en una habitación donde el Gérontas estaba tumbado en su cama. Jristos pasó primero y yo le seguí, estaba enojada, por el tiempo que estábamos perdiendo con este tipo de visitas sin sentido. Si mi suegra no me hubiera presionado, no habría ido.

—Bienvenido Jristos, —dijo el Gérontas—.

—Gérontas, aquí mi esposa, está muy enojada.

—¿Por qué tú no lo estás? —dijo riéndose—.

Empecé a hablarle sobre nuestra falta de hijos y nuestro agobio con los médicos. "No sois dignos de criar hijos; por eso no tenéis”, dijo el Gérontas Porfirios.

"Nos fuimos y yo pensaba continuamente en sus palabras. ¿Por qué no somos dignos? También me preguntaba cómo sabía el nombre de mi marido.

"Algo nos empujaba a volver a verle, así que al poco tiempo volvimos, esta vez por voluntad propia. En esta segunda visita en el interior de la habitación también estaban presentes su médico y un niño pequeño. El Gérontas estaba sentado en una silla baja o en un taburete y estaba un poco encorvado. Tan pronto como entramos, vi algo que era la primera vez que lo veía en mi vida. Alrededor de su cabeza tenía una aureola brillante, como la de los santos en los iconos.

El Gérontas habló con nosotros un rato y nos dijo que no deberíamos preocuparnos, porque pronto tendríamos un niño. "Cuando salimos, fuera mi esposo me dijo que veía su cabeza luminosa y como emitiendo una luz a su alrededor. Entendí que no lo veía sólo yo este extraño fenómeno.

"Después de esta visita, nuestras vidas cambiaron. Empezamos a ir a la iglesia regularmente, a visitar monasterios, a ayunar y en general intentamos estar más cerca de Dios. Mi esposo también fue al M. Atos. La calma y la tranquilidad regresaron a nuestra casa y en aproximadamente un año tuvimos un niño.

Jristos lleva varias fotos del santo Porfirio en su camión, y al pasar por Milesi toca la bocina y se levanta del asiento como saludo y muestra de reverencia hacia el santo.

Una vez, en un viaje, estuvo en peligro porque un camión que venía en sentido contrario a gran velocidad se dirigía directamente hacia él.

Él se asustó muchísimo e inmediatamente gritó: "!Porfirio, sálvame!" y, sin darse cuenta, siguió adelante con el camión y se fue sin el menor daño".





1.21. Milagros de san Porfirio.


Testimonio de la señora Eusebia Cherlepis de Messolonghi: "Conocimos a San Porfirio en septiembre de 1985, cuando una hija suya espiritual la señora Anthi (que era empleada en servicio de mi marido), sugirió que fuéramos en familia a conocer a su Gérontas. En cuanto llegamos y sin que Anthi dijera nuestros nombres, le dijo: "Gérontas, le he traído a mi responsable, para que bendiga a sus hijos".

"Así que nos bendijo con la Cruz, y siendo el último mi marido, le pidió que rezara por nuestro hijo, Taso, que era muy vivaracho. donde estuvo animado. El santo le respondió: "Bien, me hablas de Taso, pero de Irene, ¿por qué no me has dicho nada, que le duele su vientre? No tiene nada, simplemente tiene envidia".

Irene, cuando nació el tercer hijo, se quejaba de dolores abdominales, lo cual habían examinado muchos médicos, pero personalmente no estaba preocupada, mientras su padre pensaba que la niña tenía algo serio, ante lo cual yo era indiferente. Desde entonces Irene se puso bien y nunca más se quejó.

"Luego cada cierto tiempo íbamos como paseo y otras veces íbamos a recibir su bendición, mientras que otras simplemente nos quedábamos sentados fuera. Nunca tuvimos un conocimiento especial con él como para que supiese quiénes éramos. Simples peregrinos, que no daba su bendición y consejos para nuestros hijos

El gran milagro que fuimos hechos dignos recibir tuvo lugar en 1989. En ese momento mi esposo estaba sirviendo en Ferres de Evros como Oficial. En Julio aprobó los “anuales” (exámenes generales médicos) en Alejandrópolis. Vino contento, porque los doctores le vieron muy bien de salud. El otro día sin embargo le llamaron para repetir el análisis de sangre, porque pensaron que podrían haber cometido un error. (Los glóbulos blancos eran sólo 700/mL). Los doctores hicieron un segundo examen, se alarmaron y no sabían a qué hospital enviarlo. Decidieron ir al 401 y fue enviado urgentemente a Atenas. Entró en aislamiento el viernes 20 Julio de 1985. Los niños y yo llegamos a Atenas el lunes y lo primero que hice fue llamar al Gérontas. En concreto le dije:

—Gérontas, le ruego haga oración por mi marido que se encuentra en situación grave en el hospital. Su nombre es Demetrio.

—Lo haré, hija mía. Que Cristo y la Panayía le hagan bien, pero con el microbio que tienes tú en la garganta y con los (glóbulos) blancos que tiene él, no vayas a hoy al hospital, porque le matarás y morirá.

Cabe señalar que me picaba un poco la garganta y además los médicos no me habían informado de que él no tenía ninguna defensa y peligraba incluso ante el estornudo de alguien. Ese día sus glóbulos blancos se pusieron en 4.500/ml. y lo interpretaron como un error, mientras que el Gérontas me dijo mucho después que "esto pasó para que se demostrase el poder de Dios".

Del 20 de julio al 6 de diciembre el esposo estuvo en aislamiento, leyendo libros religiosos y escuchando la emisora de radio de la Iglesia del Pireo. Durante este tiempo, porque los médicos no lo sabían lo de su enfermedad le aplicaron dos dosis de quimioterapia, las cuales pasaron sobre él sin efectos secundarios y sin que fuese mejorada la situación en su sistema inmunitario de sólo 700/mL. Por supuesto para la quimioterapia había pedido la opinión del Gérontas, quien me dijo: “Firma, hija mía, firma, porque reciba o no reciba, lo mismo hace".

A continuación, de una manera milagrosa, nos fue dada la oportunidad de ir a Londres al profesor Katowsky. Antes de irnos, porque yo pensaba que moriría, en Londres, fuimos al al sepulcro de san Nektarios en el Monasterio de la Santísima Trinidad en Egina y oramos ante su tumba. Escuché allí un arrastrar de zapatillas (pasos) e inmediatamente después tres veces “cap-cap-cap”. Pero de nuevo no lo creí y dentro de mí siempre estuvo el miedo, ya que el doctor también del 401 me dijo: "Mujer, ¿cómo le vas a llevar a Inglaterra? ¿En avión privado? ¿Sabes que, si tose alguien a su lado, no llegará a tiempo?

"Con el poder de Dios, no sólo llegó, sino que tampoco fue ingresado en el hospital. Era un enfermo exterior y nos quedamos en el hotel. Con dos inyecciones que le hizo el doctor, empezó su reestablecimiento y con la cuarta se puso completamente bien. La enfermedad era la leucemia de células pilosas (HCL). "Después de esto y de decir a todos que el Gérontas nos hizo un milagro, fuimos a darle las gracias. Lo primero que me dijo el santo fue: Hija mía, sólo soy un simple sacerdote. La Panayía y san Nektarios le han curado". No le dije que habíamos ido a Egina. A continuación nos hizo un recorrido detallado hasta el pueblo de mi marido. A mí me dijo que cerca de un Monasterio hay muchas tumbas antiguas y desprotegidas, las cuales veintiocho años después, en 2014, los arqueólogos los sacaron a la luz

durante la apertura de la carretera de Jónica. También me dijo que un algún día yo también tendría un problema en el intestino. Después de veinte años me aparecieron hernias en el colon, debido a las cuales estuve dos veces a punto de operarme, pero fue impedido en el último momento por su Gracia.

Un segundo milagro del Santo ocurrió en Noviembre del 2014 en el Hospital Público General (NIMTS) de Atenas, donde estaba ingresada por el intestino y hablé a una señora de 80 años del milagro del santo que hizo a mi marido hacía 25 años. Esta señora estaba ingresada por un problema en la vesícula biliar, pero había hecho una operación a corazón abierto 25 años antes. El problema de su corazón hizo fibrilación auricular la noche del 17 de Noviembre y la trasladaron a Urgencias. Ella invocó desde allí a san Porfirio, diciéndole: “Santo mío, yo no te conozco, pero tú me conoces. Ven y hazme tu milagro, como hiciste a esta señora que me ha hablado de ti esta tarde”.

Os informo que vino a su habitación a las 9 de la mañana y agradeció a Dios por el milagro que le había sucedido unas horas antes.




1.22. Lo previó dos años antes.


Testimonio de Ioannis Bertos, economista de Pigadia en Cárpatos: "En 1987 visité por primera vez el M. Atos, porque dentro de mí surgieron intensas intranquilidades espirituales. Iba a Monasterios y quería conversar con monjes gérontas. Un familiar que había ingresado en la Policlínica de Atenas me habló sobtre el Gérontas Porfirio, diciéndome que es un santo y que es clarividente, porque al mismo le reveló algo oculto suyo. También me dijo que mostraba mucho amor por los enfermos, les consolaba, les cuidaba, les confesaba y toda la gente allí le quería mucho. Entonces el familiar mío nos animó a visitarle en Mílesi.

Eran finales de Octubre de 1989 (Viernes o Sábado), cuando fui con un amigo a Mílesi. Entonces era estudiante en ASOE. Cuando llegamos, vimos a muchísima gente esperando y nos desesperamos. Sacamos una foto para tener un recuerdo y al poco tiempo una monja nos dijo: "Ha dicho el Gérontas que los chicos que han venido de la isla lejana, que pasen primero. Nosotros no nos levantamos, porque pensamos que esto lo dijo por otros. Pero repitiéndolo la monja y viendo que nadie se levantaba, nos levantamos nosotros, preguntamos si era alguno, y finalmente pasamos, porque sólo nosotros habíamos venido en avión desde una isla (Cárpatos).

Sus manos estaban cubietas con vendas y, cuando nos inclinamos para recibir su bendición, se las quitó. Nos habló de tres cosas: del amor, de la humildad y de que debemos ir a la Iglesia cada Domingo. A mí me dijo: "Ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado, porque vas a sufrir mucho a causa de tu salud. Sin embargo llegarás a anciano, con algunos sufrimientos, pero lo conseguirás. Y un poco más tarde, me dijo:

— Sucederá algo en tu vida, pero pasará sin darte cuenta.

— ¿Qué será? ¿Pasaré una enfermedad? —le pregunté—.

— No, no, tienes suerte, te librarás.

Cuando nos levantamos para irnos, volví intranquilo y le pregunté qué será eso. Era notoria mi agonía. Me respondió: "Tiene relación con un avión. Te librarás, tendrás suerte... vete, ahora vete".

El 5 de Febrero de 1991, estaba de prueba como piloto oficial en el Ejército del Aire. Se había programado un vuelo con C130 de Eleusina a Xaniá y después a Heraclio por motivos de ejercitación. De repente, cuando me disponía a pilotar yo, el jefe de escuadrón me llama y me dice: "cadete, tome a cinco soldados y sácalos de la lista de embarque. Vosotros no vendréis con nosotros". El avión iba a ir primero a Bolos, desde donde organizamos que recogiesen a seis soldados, y después partirían hacia Xaniá y Heraclio.

Me preocupé mucho, porque después del ejercicio en Creta iría a Cárpatos, a mi tierra natal. Elegí a cinco soldados con el criterio de que fuesen de regiones fronterizas. Mientras tanto intenté ser yo también contado en el vuelo. Hablé en particular con el jefe de escuadrón, comandante piloto del C130, el sr. Ioannis Binias. Pero, entristecido, vi marcharse al avión.


Era invierno y hacía muy mal tiempo (nieve, niebla...). El comandante tenía mucha experiencia —desde hacía años, hacía al menos dos veces a la semana este vuelo—. Sin embargo, sobrevaloró sus capacidades e intentó seguir un camino más corto. Debido a la niebla, finalmente cayó sobre el monte Orfis en Evia. Por desgracia A todos los equipos de búsqueda del C130 les fue imposible encontrarlo debido a la densa niebla. Lo encontraron cuatro días más tarde en el lugar donde había caído.

En total 63 muertos, 57 soldados y 6 mandos (oficiales y suboficiales). Todos los que sobrevivieron después del accidente fueron encontrados devorados por los chacales. Nadie sobrevivió.


Nuestro servicio militar dio un mes de permiso para recuperación y visitábamos el Hospital General de Aviación (GNA 251) para ayuda psicológica. Cada año en esta fecha, 5 de Febrero, hablamos por teléfono entre los seis que a última hora no fuimos incluidos en el vuelo, y recordamos el terrible suceso. Yo particularmente recuerdo a san Porfirio, que dos años antes "había visto" con la Gracia estos acontecimientos.


Todo el peso de la responsabilidad cayó sobre el controlador de circulación aérea de Bolos, el sr. I.T. Todos los familiares de las víctimas le insultaban en los juzgados. Finalmente, el día en que fue declarado inocente, él se suicidó. Era la víctima número 64 de esta tragedia.




1.23. Revelaciones y predicciones


Testimonio del sr. Mitilineou Georgiou, teólogo de Tesalónica: "Era invierno del año 1988. El sr. Sakkos me dio un paquete con casetes con homilías suyas y un recipiente con queso feta, para uq lo llevase en cuanto pudiese a Mílesi. Llevé conmigo a un estudiante de Medicina. Llegamos a las 14:30 y nos dijeron que el Gérontas estaba descansando. A las 17:00 de la tarde nos recibió. Estaba sentado en la cama. Dentro de su pequeña celda hacía un calor insoportable debido a su enfermedad. Con sus dos manos nos cogió de las muñecas. A mí me cogió de la muñeca con su mano izquierda. Sus manos estaban cubiertas con vendas. Nos preguntaba cosas generales, como que de dónde éramos, que qué trabajo hacíamos o que de dónde era el joven, etc... Me hizo a mí 3 o 4 preguntas y después me dejó e hizo 3 o 4 preguntas al estudiante.

¿Cuántos hijos tienes?

—Cuatro, Gérontas. Dimitris, Argiri, Febe y María.

—Veo a tus hijos... los veo... Febe, Argiri, Dimitris y María.

El Gérontas las dijo en el orden exacto en que nacieron, comenzando por la mayor.

—¿Has visto, cuando regañas a Argiri, cómo le brotan las lágrimas? Y al poco tiempo cabo añade:

—¿Por qué amas a María más que a los otros niños?

En ese momento me aconsejó que tuviera mucho cuidado y que no hiciese diferenciaciones con mis hijos. Que mostrase el mismo amor por todos, porque tienen envidia.

Al estudiante de medicina le hizo después las preguntas al respecto: "Había un médico en Zante que era muy descuidado y negligente y los pacientes tenían problemas con él, pero eran difíciles entonces los traslados y la gente sufría mucho debido a sus descuidos. Ten mucho cuidado cuando escribas recetas. Ten cuidado con los medicamentos que prescribes para cada enfermedad, para no dar la receta equivocada y hacer sufrir al paciente.

—¿Qué opinas de la Dinámica Molecular?

— Eso no lo conozco, Gérontas, —dijo el estudiante—.

― Piénsalo, piensa qué es la Dinámica Molecular.

— Pero esto no tiene nada que ver con la Medicina. No lo sé.

—Piénsalo, piensa algo y cuéntamel. ¿Qué dice tu mente? ¿Qué es?

"El estudiante intentó dar una explicación y el santo le dejó que intentase pensar qué era eso. Creía que era algo ajeno a la ciencia, aunque el santo le dijo "tiene algo que ver con tu materia". Salimos y el estudiante se graduó en 1994 y quince años después realizó estudios de posgrado en Londres, junto con el famoso médico Diego Vergani. Su materia era fue Física Médica y Dinámica Médica. Un día le regalaron una carpeta con el tema de su trabajo de postdoctorado. Al abrir el sobre vio que estaba escrito: "Dinámica molecular". El shock fue tan intenso y la emoción tan grande, que salió de la habitación y se puso a llorar. Llamó inmediatamente a sus padres y a sus hermanos y se lo contó.

"El doctor Dimitrios M. tenía un puesto como Profesor de Medicina en Londres con muchas investigaciones, descubrimientos, publicaciones...etc. Hoy trabaja en un hospital griego".




1.24. "Porfirio es un simple sacerdote. Los milagros los hace Cristo"


Testimonio de la señora. Olimpia Pagonis de Chalandri, Atenas: "Mis padres eran personas muy piadosas y temerosas de Dios y luchaban diariamente por agradar y estar cerca de Él. Aparte de las obligaciones formales como cristiana, especialmente mi madre Kleoniki, oraba mañana y noche, aunque trabajaba duro todo el día. La alabanza a Dios nunca estuvo ausente de su boca. En nuestra casa se hospedaron varios Gérontas, figuras espirituales.

Nuestra relación con san Porfirio duró muchos años. Cuando éramos pequeños, nuestros padres nos llevaban a Mílesi, a una pequeña casa con una pequeña cama, una silla, una pequeña estufa y un gran icono imponente de la Madre de Dios.

Recuerdo la reverencia y el sagrado temor y las tantas emociones sin precedentes que sentí en esa habitación pobre y humilde. Mis rodillas temblaban al sentir la santidad de ese Gérontas. Me arrodillé y apoyé mi frente en el borde de la cama. Mi madre hablaba con las mejores palabras sobre ese santo abuelito, ya que le tenía un respeto infinito.

Con su carácter dinámico, buscaba y acercaba al Santo a otras personas, principalmente a sus amigos, y ellos hacían un comienzo espiritual, se confesaban y comulgaban.

Una amiga suya, Déspina (55 años), tuvo cáncer de mama en 1982. Repitió el examen y se decidió realizar una mastectomía. Mis padres inmediatamente tomaron a Dáspina y fueron al santo. "¿Qué tienes? ¿Qué es? ¿Cuándo vas a realizar una intervención?". Preguntó el santo por diversas informaciones y al final dijo: "Ven a confesarte y a comulgar y repite el examen. Yo rezaré".

Mi madre, que conocía bien al santo, declaró con confianza que todo iría bien y que el santo no la abandonaría. Y así sucedió, en el nuevo examen el médico no creía lo que veía. El seno estaba completamente limpio y nunca se hizo la incisión.

"Para todo lo importante, mi madre recibía la aprobación, la bendición del santo. Lo llamaba y siempre, cuando era algo grave, el santo cogía el teléfono inmediatamente. Si lo aprobaba, inmediatamente decía "Bendito sea", y mi madre seguía adelante sin miedo. Sin embargo, si empezaba a decir cosas como si estuviera "masticando" sus palabras, entonces entendía que el Gérontas no quería que hiciese eso y decía "bueno Gérontas, he entendido...". El santo no quería limitar estrictamente la libertad de elección. Respetaba el libre albedrío. Así lo entendía mi madre. En cambio, con quien se oponía, el santo no discutía, sino que simplemente decía "bien", como si estuviera de acuerdo, cuando en realidad acababa de declarar su desacuerdo.

Y así en 1982 mis padres recibieron la bendición y compraron inicialmente cuatro acres y luego otros cuatro justo al lado y así tuvimos una finca en el área de Karelá en Koropí. Le preguntó mi madre:

— Gérontas, en nuestra finca no hay agua; ¿deberíamos hacer una perforación?

— Que sea bendito. Donde está la palmera a tal distancia hacia la derecha… en ese punto exacto debes hacerlo. Tiene una corriente subterránea y el agua es muy buena.

Lo decía como si hubiera estado allí o como si las estuviese viendo desde arriba.

Así que un día fuimos todos juntos como familia, vino una perforadora (de la empresa YDROCHOOS) y perforó todo el día, pero no salió agua. Cuando llegamos a los 80 metros de profundidad, empezamos a preocuparnos porque no veíamos agua, entonces mi madre llamó al santo y le dijo: "Kleoniki, baja aún más y encontrarás una corriente".

"Cuando llegamos a 150 metros, ya estaba anocheciendo y el operador de la máquina quería parar. Mi madre volvió a llamar al santo y con tristeza le dijo:

― Gérontas, hemos llegado a 150 metros de profundidad y no hemos encontrado agua. ¿Qué debemos hacer? ¿Paramos?

Y dice el santo:

— No, no, continúa. A los 200 está y también se puede embotellar. Entonces mi madre se volvió hacia el operador que protestaba y le dijo:

― Te lo pago, continúa hasta los 200 metros.

Finalmente, exactamente a los 205 metros de profundidad, después de que la perforadora pareció esforzarse mucho y que empezara a temblar, el agua brotó con ímpetu a varios metros de altura junto con pequeñas piedras blancas, probablemente del mármol que rompió la perforadora. Tomamos una muestra y la enviamos al químico para su análisis. Nos dijeron que con un poco de elaboración, porque estaba un poco férrea, se podía embotellar. Era rica en algunos elementos y medicinal. Incluso nos dijo un experto que con una instalación especial (bombas...) tendremos 1.000 metros cúbicos de agua al día.


Mi madre y otras tres personas, amigas suyas, querían ir en peregrinación a Jerusalén durante la Semana Santa por la Pascua de 1985 o 1986. Habían sido informadas de todo el programa del viaje y mi madre, como de costumbre, acudió al santo para recibir su bendición para el viaje.

— Gérontas, queremos ir de peregrinaje a Jerusalén.

— Cómo vais, ¿en avión?

― No, estamos pensando en ir con un crucero.

— ¿Cuándo os vais?

— El Martes Santo

— ¿Dónde os hospedaréis?

― Llegaremos a El Cairo el Jueves Santo y nos alojaremos allí en un hotel. El Viernes Santo estaremos...

— No, no vayáis, porque tendréis problemas. Durante las fiestas hay muchos peregrinos y mucho revuelo. Os cansaréis mucho, así que es mejor ir después de las vacaciones.

Mi madre informó a sus amigas y la primera dijo que ella tampoco podía, porque su esposo se puso enfermo. La segunda puso objeciones e insistió en que el viaje se llevara a cabo. La tercera no quiso porque su nieto se había enfermado y tenía que cuidarlo ella. Al final, el viaje fue cancelado para todas.

El Jueves Santo, al regresar de la iglesia, nos sentamos un rato en la sala y veíamos las noticias en la televisión. Sorprendidas escuchamos que dos plantas del hotel del El Cairo se habían quemado debido a un incendio y que muchos peregrinos griegos saltaron desde los balcones a las redes que los bomberos habían puesto abajo en la calle. No hubo víctimas, pero todos sufrieron daños psicológicos, al saltar desde tal altura.

Otro acontecimiento milagroso se refiere a mi hijo Dionisio. Cuando tenía seis años y medio, mi hermana Marianna, que lo había bautizado, insistió en que fuera a la escuela primaria en el Colegio de Atenas (en el entonces nuevo edificio Kanza). Entonces fue e hizo la solicitud correspondiente y, decepcionada, nos dijo que había 560 solicitudes y que después de un sorteo aceptarían 56 niños (es decir, la proporción era uno de cada diez). La hermana de mi madre, María (que también fue la primera en "descubrir" al santo en Milesi), sin avisarnos, fue donde el santo para hablar con él sobre el asunto. En cuanto entró, el santo se rió, levantó la mano y le hizo una seña para que se fuera: "vuelve, vuelve... por el niño has venido... vuelve, vuelve..." y se reía. Todos pensamos que todo iría bien. El sorteo tuvo lugar en el anfiteatro en presencia de padres y numerosos niños. Un padre subió por el escalón de la derecha, abrió la ventanilla de la urna y sacó un papel doblado con un número que pertenecía a un niño. Se lo entregó al comité y anunciaron el ganador. Mi hijo conocía al santo desde los 4 años, lo había bendecido en su cabecita y rezó por él de todo corazón. Entonces le dije que rezara mientras se estuviera haciendo el sorteo, para que el santo nos ayudase. Después del sorteo número 12, mi hijo se levantó, corrió y, pasando la fila de padres que iban a elegir papeleta, se acercó a la urna, se puso de puntillas para llegar, abrió la ventanilla y tomó una papeleta. El número de mi hijo era 183. Cuando el encargado abrió el papel dijo "ciento ochenta y ..." y yo, que me había levantado de mi asiento, dije "tres", diciendo el nombre completo de mi hijo. El director se levantó sorprendido y dijo: "Lo que ha pasado es increíble. Nunca antes había sucedido en los anales de nuestra escuela". Desde entonces así lo establecieron e hicieron que los niños echaran suertes. Ahora todos reíamos, como se había reído el santo cuando lo visitó mi tía. La suerte no existe.


"De vez en cuando unos Testigos de Jehová pasaban y llamaban a nuestra puerta. Era una pareja de jóvenes, un niño y una niña con una Sagrada Biblia en sus manos. Mi madre era una persona muy vivaz y diría "fanática" en cuestiones de fe. Así, cuando los vio frente a la entrada, les habló severamente y con fiereza: "¿Por qué habéis venido a mi casa? ¿De qué me habláis? Marchaos inmediatamente, desapareced de delante de mí, enemigos de nuestra fe, marchaos ahora...". Mi padre estaba tranquilo y la dijo que no vocease. Después de algunas llamadas telefónicas, el santo cogió el teléfono y tras escuchar el asunto, le dijo: "Ay, pobres chicos, estos son nuestros hermanos descarriados, fueron seducidos y engañados... !cuánto lo siento por ellos!". Si vuelven, diles: "¿Quieres no hablar vosotros nada, sino escucharme a mí? ¿Queréis que os hable yo y no vosotros?". Si no aceptan y se van, cuando vuelvan se lo volverás a decir. Si se niegan por segunda vez, déjalos y no vuelvas a tratar con ellos. Le darás a cada pareja dos oportunidades y orarás a Cristo para que ilumine a nuestros hermanos confundidos para que entren en razón. Nos miran, pero no ven la viga en sus ojos. Kleoniki, debes saber que Cristo ama mucho a los pecadores que se arrepienten. Ama al pecador, pero no al pecado."


"Un día, cuando mi madre fue a Milesi, vio a una joven que también estaba esperando su turno. Estaba vestida de manera muy llamativa y provocativa, con la cara y el cabello pintados. Esta chica daba la impresión desde fuera de que frecuenta bares y tiene una moral relajada (vendía sus servicios). Una señora que estaba sentada cerca de ella comenzó a criticarla fuertemente, al punto que también se dieron cuenta los demás. Después de que él la habló severamente y la joven sintió gran vergüenza e inclinando su cabeza, vino el turno de la otra señora y pasó al Gérontas. A los dos minutos salió directamente fuera llorando. Cuando las demás señoras se acercaron a ella, dijo que nada más entrar, el Gérontas la habló muy duramente, regañándola por su actitud hacia la joven. La dijo: "Fuera, vete, vete... ¿quién eres tú para hablarle tan mal a esta muchacha en público? Cristo no mira lo que vestimos, mira nuestra alma. ¿Sabes qué alma tiene esta chica?". En otra ocasión el Gérontas dijo sobre este asunto: "Estos chicos no han conocido a Cristo para amarle. Tienen muy buenas almas y si conocen a su verdadero Padre que tanto les ama, inmediatamente cambiarán su vida por sí mismos. Inspirarlos, no controlamos regañándolos".


"Muchas veces cuando íbamos al santo, él extendía su mano, tomaba de junto a él unas simples cruces blancas de madera, sin mirarlas y sin contarlas, y nos las daba para bendición. Las contábamos y siempre eran 7 (quizás porque los misterios de la Iglesia son 7). Una tarde mi madre buscó por toda la casa para encontrar algunas, porque al día siguiente quería regalárselas a unos conocidos nuestros. Estaba triste porque buscó en vano. Ni siquiera una encontró. Las regalaba de vez en cuando. Ya entrada la noche, volvió a mirar en los cajones para ver si encontraba alguna, pero fue en vano. Mi padre la tranquilizó diciéndole que a la mañana siguiente la llevaría a Milesi.

Antes de salir de casa, muy temprano por la mañana, alguien llamó a nuestra puerta. Era Emmanuela,* que dijo lo siguiente: "El Gérontas le ha dado a la Geróntisa a primera hora de la mañana estas dos servilletas arrugadas esta, con la orden de que me las diera y me dijera que las llevara temprano a la señora Kleoniki, porque las espera y las necesita". Cuando mi madre abrió las servilletas, se sorprendió al ver 7 cruces pequeñas.


* Emmanuela dormía desde hacía años en su coche cerca del santo, como una servidora dispuesta siempre a ayudarle. Por la mañana se iba a su trabajo. Más tarde se hizo monja con el nombre de Casiana. Durmió en el Señor recientemente (a principios del 2015).



“El 17 de diciembre de 1989 mi madre ingresó en la Cruz Roja con una infección en su sistema respiratorio y el 19 de diciembre también ingresó mi padre con fiebre alta, porque toda su salud estaba afectada. Aunque no permitieron que la pareja estuviera junta en la misma habitación, mi madre insistió y así la noche siguiente toda la familia se reunió en esta sala del hospital. En un momento mi madre dijo: "Mira, Taso, ahora que estamos todos aquí reunidos, da tu bendición a los niños". Mi padre dijo de buena gana y con emoción: "Recibid mi bendición, hijos míos".

"Era la madrugada del 21 de diciembre, día en que nació su primer hijo, Nikolaos, que falleció a los tres meses, afectado por la gripe asiática. Ese día también falleció mi padre. Mi madre salió del hospital y reunimos en la casa a familiares y amigos de mi padre, unas 70 personas, y juntos lo lamentamos.

Entonces sonó el teléfono, una familiar llamaba a mi madre, "Kleoniki, te llama el Gérontas". Nos hizo un gesto para que guardáramos silencio, mientras demostraba que había perdido el control. El Gérontas decía y ella lo repetía.

— Kleoniki, no lloréis. Quiero contarte lo que me dijo Anastasio (Tasos). No lloréis, porque él se encuentra en la luz eterna de Dios.

— ¿Cuál es esta luz, Gérontas?

― La luz que nunca se apaga. Canten juntos tres veces “Cristo ha resucitado”, porque Anastasio ha resucitado. Y colgó el teléfono. Entonces todos juntos dejamos de llorar y cantamos “Cristo ha resucitado”.

Mi madre primero contó los diversos milagros que le sucedieron a sus familiares y luego no pudo evitar mencionarlos en conversaciones con terceros. Como en algún momento sintió un poco de culpabilidad, se lo mencionó al santo.

― ¿Importa, Gérontas, que se lo cuente a la gente?

— No importa. Cuéntalo, sólo que siempre dirás que Porfirios es un simple sacerdote, que reza para que Dios tenga misericordia de él también. Los milagros los hacen nuestro Cristo y la Panayía y los santos de nuestra Iglesia. Siempre lo dirás esto.

En el verano de 1991, hacia las 10 o 11 de la noche, mi madre recibió una llamada telefónica del santo:

― Kleoniki, mañana por la mañana salgo hacia el Monte Atos.

― Gérontas, ¿qué dice? ¿Nos dejará sólos? ¿Se marchará?

Entristecida mi madre intentó decirle varias cosas, pero él la interrumpió diciendo:

—Ahora estaremos más cerca, nos comunicaremos con nuestra oración en cada momento y todo irá bien... Οs quiero y rezaré por vosotros. —Y colgó el teléfono—.

Esa noche el santo llamó a sus hijos espirituales y se despidió de ellos, porque no quería irse en oculto. Fue su última llamada.

La sobrina del santo, hoy geróntisa Febronía, Higumeni (abadesa) del Monasterio, dice que el santo les decía: "En cuanto me llaméis, vendré inmediatamente aquí, justo aquí, delante de vosotros, y os escúcharé. Estaré frente a vosotros, pero no me veréis. Os hablaré, pero no me oiréis. Me oiréis dentro de vosotros y os guiaré para cualquier necesidad o problema que tengáis. A través de vuestra oración os hablaré y os ayudaré.”




25. “Por la Gracia de Dios veo"


Testimonio del Gérontas Nikodemo del M. Atos: "Conocí al bieaventurado san Porfirio a la edad de 19 años en 1974 en San Nicolás en Kallisia. Me preguntó qué estaba estudiando, le dije Química y me dijo: "¿Ustedes los químicos saben hacer incienso? No estos inciensos ya hechos con aromas". Tenía plantas aromáticas allí en la Iglesia y las destilaba y elaboraba un incienso prototipo, según decía, y se veía cuánto entendía, teniendo incluso conocimientos científicos.

Le volví a ver bastantes veces, porque tenía una necesidad, y cada vez me aconsejaba según la situación que pasaba. En cuanto a los medicamentos relacionados que me daban los psiquiatras —durante algún tiempo los tomaba— aunque al principio me decía que los tomara y que el Antiguo Testamento nos dice que respetemos a los médicos y escuchemos sus consejos, más tarde, cuando fui fortalecido por la Gracia de Dios, me dice: " ¿No entiendes por qué los medicamentos son veneno?”.

La imagen que presentaba el Gérontas era la imagen de un hombre agraciado, que te aliviaba y sentías confianza. Exteriormente parecía serio, no hablaba mucho. Pero entendía mucho más y rezaba particularmente por cada alma.

Recuerdo que contamos al Gérontas Un caso de una chica pequeña de unos 8 o 9 años Que estaba a punto de morir (estaba en el hospital en una mala situación, le daban cortisona) Y dice el Gérontas: “¿Pero qué hacemos descansando, hombre? Comencemos todos a rezar”, Y finalmente, por las oraciones del Gérondas, la chica se puso bien. Quiso mostrarnos cuánto influye la oración de la Iglesia Sobre aquello que queremos que sea mejorado.

Cuando era profesor en la “Atoniada” (Academia del M. Atos), tenía conmigo un chico difícil en el último curso. Era problemático e intentaba protegerle. Cuando bajé a ver al Gérontas, antes de que me diese tiempo a verle bien, me dice: “!Qué chico difícil es este Panayotis!”. Le “veía” el Gérontas estando en Oropó y Y nosotros estábamos en la Atoniada.

Antes del año 1986, todavía como laico, me encontraba en Corfú, comí pescado congelado y me entraron diarreas. Al mismo tiempo en el periodo aquél también teníamos problemas familiares. Llamo Por teléfono, al Gérontas y le pregunto:

— ¿La descomposición es por los salmonetes o por la preocupación?

— No, no sport los salmonetes, es por la preocupación.

Sobre nuestra Universidad nos decía muchos consejos, Quería que fuésemos muy buenos en la ciencia y en el tema en concreto que estudiábamos. Le gustaba la laboriosidad y el pundonor. Decía a una amiga mía que es físico: “Asimina, Ya que has decidido comprar coche, tienes que aprenderlo como si fuese tu zapatilla”. Quería que tuviésemos contacto también con los objetos inertes Para que en un momento determinado esteconocimiento pueda protegernos.

En Oropó una vez el Gérontas nos hizo parar en una curva, la cual era bastante brusca, e hizo la señal de la Cruz sobre ella. Le dijeron:

— Gérontas, ¿por qué haces la señal de la Cruz sobre ella?

— Porque aquí hay un demonio y pasan los chicos con la moto y los saca fuera de la carretera y se matan.

Cuando estaba en la Atoniada llamaba bastantes veces desde el teléfono de allí al Gérontas me preguntaba él:

— ¿Es tuyo el teléfono desde el que me llamas, o lo paga la Academia?

— Es de la Academia, Gérontas.

Nada se le escapaba al Gérontas, no podías esconderle nada, pero tampoco él quería la injusticia.

Amaba y se interesaba mucho por el M. Atos. Cuando se discutía el tema de la dirección del monasterio de Vatopedi, me preguntaba continuamente para ver su desarrollo. Me preguntaba con atención e interés, “¿de quién depende, hijo mío? ¿cuál es el órgano competente, es el Patriarcado?...”

En 1981, a una compañera mía de estudios que era hija espiritual suya, le preguntó el Gérontas:

— ¿A quién has votado, Atenea?

— Al PASOK, Gérontas.

— Hasta aquí nuestra economía.

Antes de la Divina Comunión el Gérontas estaba muy atento, no hablaba, te escuchaba pero no hablaba.

Estaba una vez el Gérontas con una chica, hija espiritual suya. Era arquitecta y esperaban un taxi bajo la lluvia. Pero los taxis no paraban. Punto paró uno y entró el Gérontas dentro. Dice el taxista: “No iba a parar, pero como mi padre era sacerdote, por eso he parado; y mi padre además era santo, no como usted”.

No dijo nada el Gérontas. Pero al poco tiempo empezó a decirle cosas sobre su vida εn concreto σobre los rebeldes que tantas dificultades le habían hecho pasar al conductor. Le dice, “¿te acuerdas cuando los rebeldes te tenían allí en el árbol…”. Entonces el taxista paró el taxi y le dice:

— Gérontas, ¿de qué me conoces?

— No te conozco, pero con la Gracia de Dios veo tu vida.

Este taxista nos decía que en aquel momento entró en tal estado de contrición, que estaba listo para el martirio.

Tenía sobre él mismo una opinión muy humilde. Me acuerdo del padre Máximo, un compañero mío que bajó a ver al Gérontas, y le dice éste:

— ¿De dónde eres?

— Soy monje en el M. Atos.

— ¿ Y por qué has bajado?

— He venido para verle, me han dicho que merece la pena.

— Ay, pobrecillo, has metido la pata. En el M. Atos hay buenos monjes.

Hizo referencia a un juicio en el que tuvo dificultades con su mujer. Le preguntó el Gérontas:

— Pero bueno, ¿no os comprometísteis?

— Sí.

— ¿No salísteis fuera?

— Sí.

— ¿No viste su personalidad?

— Sí.

— Eh, ahora, qué puedo hacerte. Tú tienes la culpa.

Cuando era laico y tenía mis búsquedas, fui a visitarle a la caravana, antes de que se hiciese el edificio allí en Mílesi, y me dijo: “Hijo mío, yo rezaré para que consigas ser monje en el M. Atos, no te quedes aquí, ¿no ves las mujeres? ¿no me ves a mí con las mujeres? Me han destrozado.” Tal vez porque iban continuamente mujeres y le contaban sus aflicciones, y todas estas aflicciones le afectaban.




1.26. Ayuda con su carisma.


Testimonio del p. Constantino Stoumpou: “Mi Padre Espiritual el p. Gabriel Tsáfos compró un terreno en la región de Milesi-Oropós (donde se ha hecho ahora en el Monasterio de “Panagia de Vryoula”). Hizo una perforación para extraer agua, Pero al final no encontró. Estaba en el terreno algo preocupado y de repente ve a san Porfirio aparecer en el terreno y le dice: “Aquí no, p. Gabriel. Allí hay abundante agua fresca”, y le indicó el punto. Y así fue que con la segunda perforación encontró abundante agua fresca y además a una profundidad menor.

En el Centro de Salud Markopoulou donde trabajo, hace unos meses vino una pareja de unos 70 años y dijeron que Cuando eran niños eran vecinos del gérontas Porfirio, Cuando vivía en Atenas. Contaron tres casos:

“El señor procedía de la isla de Cefalonia y su pueblo no tenía agua. El santo les mostró en el mapa el lugar donde los habitantes del pueblo podían encontrar agua. Y así se cumplió.

Una vez se escuchaban ruidos y preparaciones en el barrio. Se preparaban un joven con sus familiares para ir a Aigaleo, para comprometerse con una joven. El santo con mucho discernimiento les dijo que la chica tenía una enfermedad grave y les dijo que no estaría bien que tuviese lugar aquel conocimiento. Esta afirmación se demostraría más tarde.

Cuandom pasados unos años —que el santo estaba en Milesi— falleció la madre de la señora, que vino al (Centro de Salud), no le informaron al Gérontas. Pero a la hora del funeral, sorprendidos vieron a la sobrina del santo decirles: “Me ha dicho el Gérontas que viniese a tal Iglesia, a tal hora, porque había fallecido una conocida suya, para dar el pésame de su parte.




1.27. Nos bendijo y desaparició.


Testimonio de la geróntisa Marta, Higumeni del Sagrado Monasterio de San Nicolás (Firrás) de Santorini: “Visité a mi Padre Espiritual Y la hablé sobre un serio problema que estaba pasando nuestro Monasterio, Lo cual me había preocupado particularmente. Me dijo que el Gérontas Porfirio, que está en Milesi, seguro que podría ayudarme y me aconsejó que le visitase.

Fui a Atenas. Era verano de 1988, Domingo, Y después de la Divina Liturgia con mi hermana, mi cuñado y su hijo de 17 años, subimos hacia Milesi.

La casita y todo el lugar eran muy pobres. Nos fijamos en una nueva hermosa Iglesia que construían. Salió una monja y nos informó de aquel día el Gérontas no recibiría a nadie, debido a sus enfermedades y a su vejez. Tenía entonces 82 años (3 antes de su dormición). No tenía sentido entonces permanecer allí y la gente empezó a marcharse, mientras que algunos mostraban su nerviosismo y su disgusto. Y nosotros también nos preocupamos y nos desesperamos. Decíamos que no éramos dignos y que no nos aceptó debido a nuestros pecados. Pero aún no nos fuimos, manteniendo dentro de nosotros una pequeña esperanza de que algo podría cambiar. La gente iba y venía, Y nosotros nos sentamos allí cerca debajo de unos árboles y hablábamos de distintos temas espirituales con otra familia que también había venido a ver al Gérontas. Mi esposa insistía Y me decía que nosotros veremos al Gérontas. Esta esperanza nos mantuvo allí hasta la tarde. Finalmente, nos levantamos todos juntos para irnos. La familia aquella entró a su coche y partieron, y justo después de ellos nosotros. Mirando por la ventana del coche, vi a un Gérontas saliendo de la Iglesia que estaban construyendo dirigiéndose hacia el pequeño bosque, con un bastón en una mano y con una Cruz en la otra. Bajamos rápidamente y le seguimos. En cuanto entramos en el pequeño bosque, Le vimos delante nuestro con los ojos cerrados esperándonos. “Gérontas, con su bendición, no le molestaremos, sólo su bendición queremos, y nos iremos, le dije”. Haciendo un aprosternación, nos arrodillamos, y él nos bendijo con su cruz sobre la cabeza a cada uno de los cuatro. Besamos la Cruz y su mano. “Gérontas, nosotros que somos tan pecadores, ¿nos salvaremos?”, le pregunté. Y él movió tres veces su cabeza, asintiendo. Mi cuñado le dijo: “Gérontas, bendice a mi hijo”, y el Gérontas, todavía con los ojos cerrados, le bendijo.

Comenzamos a marcharnos con el coche, pero a los dos o tres metros pensamos en agradecérselo y volvimos para darle las gracias, pero el Gérontas había desaparecido. En dos o tres segundos le perdimos de vista. Los árboles eran altos y delgados. No podía esconderse una persona detrás de ellos. Buscamos con insistencia por todo aquel lugar, pero sin ningún resultado. Sobre nuestra alegría fue añadida esta sorpresa.

La noche llamamos por teléfono a la familia con que hicimos compañía durante todo el día. Mi esposo me dijo: “¿Visteis que no me equivoqué? ¿No os lo decía, que vosotros le veríais? Lo sentí dentro de mí muy intensamente.

El Gérontas estaba enfermo en su cama, pero con la Gracia de Dios, vino y nos bendijo. Decía que no debemos marcharnos preocupados cuando no nos vea, porque él nos ve a todos, conoce nuestro problema y secretamente reza por todos.

Una segunda agradable sorpresa me esperaba, cuando volví a la isla. Las hermanas me informaron de que nuestro problema se había, ya resuelto del todo”.




1.28. Vio y ayudó a un bebé antes de nacer.


Testimonio de la señora María: “Mi tía Falitza era hija espiritual del Gérontas Porfirios. Le tenía mucha reverencia Y solía visitarle en su Hesicasterio, En el Monasterio de la Transfiguración del Salvador en Mílesi de Oropos.

En 1984 la acompañé en una de sus visitas al santo Gérontas Y tuve la suerte de recibir su bendición y de hablar un rato con él. En un momento me toma de la muñeca y me pregunta si estoy embarazada. Yo le respondí que no, porque había tenido el periodo hacía pocos días. Me dice, “bien”, sonríe y me hace la señal de la Cruz sobre mi vientre. Poco tiempo después, !se demostró que estaba embarazada de mi primer hijo!

Según se acercaba la fecha para dar a luz, era marzo de 1985, visité a mi médico para el examen programado. Me dijo que todo iba bien y que alrededor de una semana daría a luz. Al día siguiente sentí unos mareos y llamé por teléfono a mi médico. Le describí los síntomas (aumento del flujo de líquidos) y él me instó a preparar mi maleta e ir a la Sala de maternidad, a donde me acompañaría para examinarme.

Mi tía Falitza llamó enseguida al Gérontas Porfirios por teléfono para pedirle que rezase por un feliz resultado con el nacimiento. En cuanto a mi tía dijo mi nombre y antes de que le diese tiempo a explicar mi problema, le dice: “el niño tiene un gran problema y tenemos que rezar todos para que vaya todo bien”. Mi tía se puso a rezar durante un buen rato y luego le llamó de nuevo. El santo estaba feliz, directamente le dijo: “!Todo irá bien!, !ahora el niño está bien!.

Entonces dí a luz, pero con dificultades. Había envejecimiento prematuro de la placenta y el niño salió muy amarillo y dentro de sus deyecciones. El médico me dijo que si hubiese perdido una o dos respiraciones más, habría tenido un problema crónico de retraso, porque al cerebro no le llegaba bien el oxígeno. Pero con las mediaciones de san Porfirios todo fue bien y mi hijo nació sano.

San Porfirio es protector y ayudante de mi familia y le invocamos en las dificultades. Tras su dormición, en un momento muy difícil le vi completamente vivo delante de mí, como en una visión. Para honrarle, bautizamos a nuestro tercer hijo con el nombre de Porfirios. Le queremos mucho y pedimos sus mediaciones para nuestra salvación.




1.29. Psicodiagnósticos.


Testimonio de la señora Estela Oikonomou de Tesalónica. “La primera vez que fuimos a una excursión organizada, para ver y para recibir la bendición del Gérontas Porfirios, alrededor de 1985, no le vimos. Entonces vivía dentro del bosque en una caravana. Sin embargo, a pesar de que no le vimos, todos los que estábamos allí sentimos una inexplicable bendición.

La segunda vez, era septiembre de 1988, nos encontramos mi marido y yo muy de mañana en Malakassa, para recibir la bendición del Gérontas Porfirio. Encontramos allí a una pareja y a una mujer, entre los cuales no se conocían. Nosotros esperamos nuestro turno. Cuando llegó el momento de pasar para recibir la petición del Gérontas, salió una hermana y dijo: “sed breves, porque el Gérontas está enfermo”. Decidle lo que le tengáis que decir mientras recibís su bendición”.

La primera en la fila era una mujer, que nada más entrar empezó a llorar y a lamentarse, diciendo que todos los años su marido la pegaba y la insultaba y que sufría mucho con él. Preguntó al Gérontas que qué podía hacer. Éste la respondió: “¿No te da vergüenza? Todo esto que me dices de que te insulta y te pega tu marido, tú se lo haces a él”. Y la dice: “¿dime, hija mía, ¿es así como lo digo?” Y se vuelve la mujer con la cabeza agachada y dice, “así es, tal como lo dice. Y mis hijos lo mismo me dicen”. “!Ay…! ¿y tus hijos te lo dicen, y tú insistes en lo tuyo? Vete ahora rápido y cayendo ante sus pies, pídele perdón, porque desde ahora estás en el infierno”. Los inclinó la señora para pedirle su bendición, le dice: ¿Y qué glotonería es esa que tienes?”

Después pasó la pareja. El marido dijo al Gérontas: “Teníamos cinco hijos, pero uno lo dimos y lo cría mi hermana. Ahora nuestra hija tiene 14 años y está enferma de cuerpo y alma. Le pedimos su ayuda y le preguntamos qué debemos hacer.” Y les dijo el Gérontas: “¿Por qué le dísteis a vuestra hija para que la criase en el momento en que sabíais cúantos había tirado? Vosotros tenéis la culpa. ¿Qué voy a hacer con vosotros? Os informo de que vuestra hija está muy enferma, pero os prometo que voy a hacer mucha oración por ella, porque no tiene la culpa. Y vosotros haced mucha oración, para que Dios tenga misericordia de ella”

Nosotros entramos terceros. Había con nosotros otra persona, que en cuanto le vió el Gérontas abrió sus brazos y sus dos manos y le dice: “¿Por qué, hijo mío, está así tu alma?” Y comenzó a decirle las cosas buenas que tenía este hombre. Le responde él:

— ¿Cambiará esto, Gérontas, dentro de mí?

Y le dice el Gérontas:

— Hijo mío, ¿entiendes de química? Todo se transformará dentro de tí y todo se irá. Se abrirá tu corazón.

Se quedó media hora más a solas con él y no sabemos de lo que hablaron entre ellos. A continuación entramos nosotros y recibimos su bendición. Le dijimos que nuestra hija había ido a un Monasterio y era monja novicia. Comenzó a bendecirla desde lejos, diciendo “que sea bendita, que sea bendita”.

— ¿A qué Monasterio ha ido vuestra hija?

— A “tal” Monasterio.

— Ah, con el padre… Cada noche tiene una hora en concreto en la que reza por mí.

Le preguntó el marido:

— Gérontas, todos los familiares han caído sobre nosotros y estamos preocupados.

Nos dijo el Gérontas:

— Vuestra hija no ha ido a religiones orientales ni a maestros del yoga. Ha ido con Cristo, por eso alegraos.

También preguntamos al Gérontas, “nosotros los padres, ¿cómo hemos de rezar por nuestros hijos?. Y él nos respondió: “Pedid a Cristo que le amen y decid, —Cristo nuestro, que te amen a ti y cualquiera que sea el camino que tú quieres, ayúdales par que lo sigan”.

Le dimos las gracias y nos fuimos alegres. Tengamos su bendición





1.30. Sentí las gracias del santo.


Testimonio del sr. Nicolás Tsáfa: “Tuve el favor de Dios de conocer a Venerable Πorfirio y de recibir su bendición. La primera vez que le vi fue en la pequeña Iglesia de San Nicolás en Kallisia de Pentelis. Decidimos tres hermanos espirituales ir a pedirle su bendición. Por el camino y vamos felices, ya que íbamos a conocer a un santo, y también decíamos que ojalá también nos hiciese dignos Dios a los tres de ir a Tierra Santa y al Monte Atos.

Llegamos a la pequeña iglesia.Encendemos nuestra vela y con mucha pasión le pedimos a su hermana ver al Gérontas. La respuesta fue negativa, porque el Gérontas estaba indispuesto y no aceptaba a gente. Esto nos cortó la alegría. Pedimos por dentro de nosotros a san Nicolás y al Gérontas que nos aceptase.

Volvimos a molestar a su hermana diciendo que le preguntase, si podíamos solo besarle la mano, nada más. Y de nuevo fue su hermana y le preguntó. Y esta vez, gracias a Dios, dijo que pasásemos.

Vamos a su pequeña celda estaba en un sofá cama en la esquina, y parecía un cadáver. Le hicimos una prosternación, besamos su mano y le dijimos, “Hemos venido a recibir su bendición, Gérontas”. Y nos respondió lo siguiente: “¿Qué os voy a dar yo, hijos míos? ¿Mira, así como estáis los tres, que os haga dignos Dios de ir a Tierra Santa y como estáis así también, i¡de ir al Monte Atos. Y así sucedió. Nos quedamos sorprendidos, porque, lo que dijimos por el camino, nos lo repitió el Gérontas.

La comunicación con Gérontas no era fácil, ni encontrarle cuando le buscabas, ni hablarle cuando le encontrabas, simplemente recibía su bendición y se iba, porque siempre tenía mucha gente. Además desaparecía de repente en una dirección desconocida a alguna misión, allí donde existía la necesidad y el orden de la Gracia. Lo que comprobé por experiencia fue que cuando tenía alguna necesidad, le encontraba incluso en el teléfono, pero cuando se solucionaba el problema, era difícil la comunicación. Por eso estoy muy contento de haber sido hecho digno de estos breves momentos de comunicación con un santo.

Mi próximo encuentro fue el segundo o el tercer día de la semana de Pascua. Por la mañana, cuando me levanté, sentí intensamente dentro de mí que él estaría allí. Dije a mi mujer, “voy a ver al Gérontas”. Me dice, “¿estará allí?”. Le digo, “allí está”. Salí rápido de Zografou y me dirigí a Penteli. Y cuando llegué le encontré fuera del pequeño Monasterio, como si me estuviera esperando. Tenía una toalla blanca sobre su cabeza y daba vueltas al sol. Al verle, me prosterné y le pregunté:

— ¿Me recuerda, Gérontas?

— Sí, —me responde—. ¿No eres Nikos, hijo mío?

— Sí, Gérontas, —le respondo—.

Me cogió de la mano y me dijo, “vamos dentro, al bosque, porque dentro de poco viene mucha gente.” Y fuimos dentro del bosque. El lugar al que fuimos no estaba lejos del Monasterio, Pero estaba un poco recóndito. Empezó a hablarme de distintos milagros. Sobre las energías de Dios, y cómo las utilizaba Dios para la salvación de los hombres con sus revelaciones que les hacía, trayédoles de vuelta al camino de su arrepentimiento y cambio de vida.

Tenía ganas aquel día el Gérontas, sentías tanta Gracia junto a él, te imantaban sus palabras. Cogí algunas plantas, las bendecía y me daba algunas que eran medicinales, pero por desgracia no las guardé, no me acuerdo cuáles eran. Mirando a la montaña de enfrente, me dijo: “Allí hubiese estado muy bien hacer un Monasterio, pero no me lo permitieron”.

Mientras me hablaba el Gérontas, tenía yo en mi cabeza pendiente pedirle un favor. Tenía a mi lado un santo, ¿y no iba a utilizar esa oportunidad? Tenía un dolor en mi brazo izquierdo, a la alura del hombro. Muchas veces no sabía cómo ponerlo, me dolía por dentro en el hueso. Le digo:

— Gérontas, ¿me bendice con la Cruz aquí en el hombro, que me duele?

— Hijo mío, es profesional, lo ha sobrecargadopor el peso.

Levantó su brazo y me hzo la señal de la Cruz, diciendo: “Señor Jesús Cristo, ten misericordia de tu siervo”. Y desde aquel momento ya no me duele. Han pasado bastantes años, pero no me volvió a doler. Yo tenía hijos y obligaciones, me hizo bien. Este acontecimiento se lo conté a un hermano espiritual mío, muy creyente, que quería ir él también para que le bendijese, pues padecía de enterocolitis (inflamación de los intestinos). Se doblaba de los dolores. Sin embargo cuando le vio, le dijo el Gérontas: “tú sufres de esto, pero has de tenerlo, te es necesario”.

En la región de Zografou donde vivo, conocí a un sacerdote de Serbia estudiante de Teología que venía cuando podía por las mañanas a mi tienda en la carpintería y hablábamos de temas espirituales. Era muy piadoso. Cuando un grupo de diez monjes de Serbia tenían que pasar por Atenas para ir a Tierra Santa, el sacerdote conocido míom les trajo a mi carpintería. Vinieron, cantaron salmodías en mi tienda y me bendijeron. También fueron a Milesi, para recibir la bendición del santo. Cuando fueron, les preguntó:

— ¿Arriba, en vuestro Monasterio, qué hay por allí?

Le respondieron:

— Existen restos de un antiguo Μonasterio.

— Les dijo, allí veo luz. Hay allí Reliquias Sagradas. —Y les describió exactamente la zona—.

Otra vez que la visité me describió a toda mi familia, a mi mujer, a mis cuatro hijos y la presencia de cada uno. Μe quedé mirándole sorprendido y me dijo: “Hijo mío, yo les veo delante mío”, sin haberles visto nunca. Y cuando le dije algo sobre mi hijo, me dijo: “Vale, le conozco yo mejor a Demetrio que tú”.

Otro día soleado fuimos junto con muchos familiares a ver al santo. Aunque ellos no eran muy espirituales, quizás así, pensé, también ellos serán beneficiados.

Allí la encontramos. Yo no me despegué de su lado. Me daba alegría su bendición. Ellos se sentaban algo más alejados. Ni siquiera se acercaron, no mostraron ningún interés. Sólo disfrutaron la naturaleza, que era muy hermosa, pero hasta ahí. Fuimos por la tarde y comenzó a anochecer, Pero yo no quería marcharme del Gérontas. Pero tampoco querían ellos marcharse para no entristecerme a mí. Y estando así a distancia, se vuelve el santo y me dice:

— “Tal” (un familiar mío), ¿cómo va con su mujer?

— Gérontas, nada bien.

— Tráele, —me dijo—, algún día aquí.

Más tarde le dije a mi familiar si quería venir, pero no quiso. Finalmente su mujer y él se separaron. Y habiendo ya anochecido, mis familiares se enfadaron y se fueron sin decirme nada. En cuanto se fueron, me dice el santo. Se han ido muy enfadados y hablan de ti y ahora por el camino. Te voy a decir ahora lo que vas a hacer”. Y me enseñó un atajo. “Mira, vete por aquí y saldrás justo delante de ellos. Entonces se sorprenderán y se les quitará el enfado”.

Y así, exactamente, sucedió. De su sorpresa se les quitó el enfado.

Agradezco al Dios Triádico que me hizo digno a mí, su ínfimo siervo, de haber tenido este bendito contacto con el Gérontas Porfirios. De ver y de sentir la Gracia que transmitía el santo como recipiente del Espíritu Santo”.




1.31. “No sabía de quién recibía la bendición”


Testimonio del p. Georgíou Kalantzi, responsable de la Parroquia de San Gerásimo Ilission en Atenas: “Conocí al Gérontas Porfirio a principios de la década de los ´50, sin saber quién era ni de quién recibía la bendición. Entonces era alumno de sexto curso de primaria del colegio nocturno de Parnaso, en la plaza Kániggos, y también trabajaba en una farmacia. Allí en la farmacia, siendo pequeño, corría hacer los recados, los trabajos simples de cada día, especialmente repartiendo medicinas que eran más urgentes. Pasaba por la Clínica de San Gerásimo, y cuando podía entraba para que me leyese una oración el sacerdote, sin saber quién era. Así conocí a san Porfirio, sin ni siquiera imaginar quién tenía delante mío y sin nunca haber dialogado con él.

Unos años después escuché del p. Fotis y de Katerina Zoumpoulaki hablar sobre un Gérontas carismático. Katerina me dijo que el santo le había tomado el pulso y le había contado toda su vida. Me dijeron que este santo se encontraba en Penteli, pero no tenían la bendición de decirme dónde exactamente. Pero yo insistí y busqué, Recorrí todo Penteli y encontré en Kallisia el escondite del gérontas Porfirio. Desde entonces comencé a tener con él una comunicación particular.

Cuando después se fue a Oropós, tras insistir y buscar continúe teniendo comunicación con él, porque no quería que tuviésemos ninguna relación espiritual, pero finalmente aceptó el Gérontas Porfirios el tener una comunicación. Fue una bendición particular de Dios esta comunicación que teníamos, así como gran bendición fue también cuando, después de las vigilias que hacíamos. A las 2 o 3 de la ofrecíamos la Divina Comunión; comulgaba él y yo al final comulgaba todo el resto, limpiando el Sagrado Cáliz.

Me contó que a sus 20 años fue ordenado sacerdote por el Arzobispo del Sinaí Porfirio III, tras un acontecimiento que vivió con él el obispo, cuando se encontraba en el M. Atos, en Kausokalivia, Me había puesto sobre él entonces joven monje Nikita La responsabilidad de servirle. Estando allí en la terraza del obispo, le pidió el obispo que le diese un recorrido descriptivo de Kausokalivia (qué Keliá tiene), y habiéndole descrito el lugar, añadió: Y en Jerusalén tenemos peregrinaciones, son allí tal y allí tal… Y al describir los lugares de peregrinación del Siná, a donde no había ido el joven monje Nikitas, preguntó al obispo: “Respetadísimo, y entre aquello y aquello, ¿qué hay?” Es decir, había un lugar de peregrinación entre otros dos, que lo había descrito, pero el obispo lo había ignorado, pero el p. Nikitas que ya se había trasladado a la descripción que le había hecho el obispo, !lo vio y preguntó por ello! Esto, como se dijo después, era motivo suficiente para ordenarlo como Padre Espiritual.

Vivió otro acontecimiento que tiene relación con cómo nos reveló el agua que existe en Oropós. Llamaron allí a unos trabajadores para hacer una perforación. Les indicó el lugar e hicieron una perforación hasta una gran profundidad, sin encontrar nada. Pero él insistía y les decía, “avanzad un poco más…, avanzad un poco más…”. Y a una profundidad inusual efectivamente encontraron agua, la cual era buena y abundante. Y me reveló algo a mí el indigno, diciéndome: “Mira, bajé y lo probé a cientos de metros de profundidad, bajé y lo probé y me dije, voy a llevar un poco en mis palmas para que lo vean también los demás y vean lo buena que es, pero temí que me tomarían por loco y no lo hice…”. Este es un acontecimiento asombroso que revelaba el carisma de trasladarse del Gérontas.

Vino un grupo de Serbia, con el programa de ir de peregrinaje a Tierra Santa. Teníamos vigilia y después de la vigilia vinieron juntos a ver al Gérontas Porfirio y comenzaron a conversar. Con ellos estaba un Higúmeno serbio que tenía un apellido y griego y estudiaba griego, pero no me acuerdo de su nombre. El Gérontas les preguntó de qué Monasterio eran y dónde estaba. Describieron su Monasterio y el Gérontas les interrumpió diciendo: “la comunidad esa arriba en la montaña, ¿qué comunidad es?”. Buscaron, pero le dijeron que no existía ninguna comunidad allí cerca. Venga, es una población grande, gente…gente… Y uno de los monjes que era de la zona, dijo que justo en ese lugar habían tenido lugar hecatombes de ejecuciones. “Sí, hombre, eso es… esa es la comunidad, gente, mucha gente”. También mientras describían el Monasterio dijo el Gérontas:

— Tenéis una luz dentro del Monasterio, una luz, ¿qué es eso?

— ¿Qué es, Gerontas? ¿Tal vez es algún candil encendido?

— No hombre, una luz, te digo, una luz.

Y tenían Reliquias de un santo del lugar. Desde su celda en Oropó veía la región de Río Negro (así se llamaba aquella región).

Otra característica de nuestro santo era la curación de enfermedades, sobre todo mediante oraciones, pero también mediante supuestas reprimendas y golpes. Son característicos dos ejemplos. Fue una chica que tenía mucho acné en su cara, tenía espinillas, y se sentía muy mal, estaba desesperada. Entonces el Gérontas la da una torta en su mejilla y le dice: “venga vete de aquí, tú que te desesperas; ¿no te da vergüenza? Venga, que te vaya bien…”. La echó, y yéndose ella se dió cuenta de que se le quitaron todas las espinillas del lado donde le dio la torta. Regresa y le dice, “Gérontas, así así…”. “Pero bueno, vete de aquí…”. Le da otra torta en la otra mejilla y le fue limpiada también ésta.

Otro curioso acontecimiento similar es cuando fue un estudiante al Gérontas y se quejó de que le dolía la cintura. Le dio entonces el Gérontas un bastonazo, diciendo: “Venga, hombre con tu cintura, eres un chico joven, ¿no te da vergüenza quejarte?”. Y desde entonces no le volvió a doler nunca a su cintura.

Yo tenía en un pie un lipoma, encima del tobillo. Y le dije, “Gérontas, ¿me lo quito?” Y me dijo, “¿te molesta?, si no te molesta, ¿para qué te lo vas a quitar?” Y con mi esposa, una vez fuimos a verle. Tenía ella un problema con su salud. Le dijo él, “eso no es nada hombre, tienes esto y esto…”. Y efectivamente tenía eso que dijo él, era un pequeño problema relacionado con la tiroides.

Otra vez fui con un médico al Gérontas. Su mujer había muerto de cáncer. Se había operado unos 7 años antes, pero finalmente hizo metástasis y falleció. Le reprendió, diciéndole: “¿tú eres médico y no sabes que eso es mejor no molestarlo?”

El Gérontas me aconsejaba que tuviese buenos pensamientos para todos, que no pensase mal de nadie y que no acusase a nadie. Y si veía cosas que me parecían que no eran correctas, que buscase modos y motivos para justificarlas. Por ejemplo, que esto se debe a su desconocimiento, o que les han enseñado mal, o que tiene la culpa el ambiente, o que yo me equivoco, etc.

Y con motivo de todo esto me decía, “estate atento a tus sentimientos, no tengas maldad y no sientas nada malo.También resaltaba que el sentimiento y el pensamiento, sea buen pensamiento o sea malo, va al encuentro del otro donde quiera que se encuentre. Incluso aunque en Australia se encuentre el otro, va el pensamiento y le encuentra y le influye.

También me decía “tenemos que crear un buen ambiente, hombre, que sea feliz nuestro ambiente, que sea de bienvenida, que sea bendito, sólo en Cristo, nuestras referencias. No hagamos una enseñanza negativa, sino positiva. No digas “no hagas esto”, sino “haz esto”. En esto insistía mucho, en que viésemos el lado positivo, que nuestra vida se mueva sobre un fondo bueno y no malo, por ejemplo, referirnos a lo malo sólo como algo a evitar, y lo bueno proyectarlo.

Nos decía, con muchos ejemplos, cuánto influye el ambiente exterior al hombre.

Durante un periodo de veinte días dejamos de ver al Gérontas. Anteriormente recuerdo que tuvimos una conversación en la que me dijo: “Mira, yo quiero irme, quiero ir a mi arrepentimiento y morir allí, dormir allí en el Señor, acabar allí. No digas nada, porque estos aquí no me dejan irme”. Después de esta conversación, dejé de ver al Gérontas unos veinte días. Temí, por si se había ido al Monte Atos, pero pregunté y me dijeron que no. Temía que se fuese a escondidas y que no le hubiésemos. Busqué con el p. Sabas, el responsable de la Parroquia junto conmigo, que entonces era laico. Cuando le pregunté, “¿dónde estás, Gérontas?”, me dice “estoy por Karysto hacia el Lago”. Me dijo todo el norte de Evia, entonces buscamos con el p. Sabas, pero me contaba varias historias que me activaban la imaginación. Llegué a la conclusión sin embargo de que debía estar en una recta que une el norte de Evia con el sur, pero hacia el mar Egeo, donde en algún lugar se convierte en camino de tierra. Y así fue, tras buscar un día entero, al final me encontré con él. !Entonces recibí una buena reprimenda! Estaban nuestras esposas con nosotrosy empezó a levantar la voz el Gérontas, ¿por qué habéis venido aquí? etc. Recibimos su bendición y nos fuimos mojados. Cuando regresó el Gérontas después de unos 15 o 20 días, fui a Oropó y le digo, “Gérontas, ¿me ha perdonado?”. “¿Y qué voy a hacer, hombre? Si te amo, no puedo no perdonarte.

Así conocí Achladeri, el lugar donde se ocultaba el Gérontas. Había una capilla, de San Antonio, y cinco metros más abajo, había una llanura donde había puesto el Gérontas una camilla de hospital sin ruedas y allí hizo su asceterio, además moderno, del siguiente modo: Había puesto una estufa de gas natural fuera del lugar cerrado, pasando la chimenea por dentro, entonces funcionaba la estufa fuera, aunque se enfriase, pero la chimenea calentaba el interior. Y para el verano había sacado la parte horizontal de la chimenea, había dejado sólo la parte vertical y esto funcionaba como aire acondicionado. Es decir, entraba aire frío y sacaba fuera el aire caliente y así tenía ambiente fresco.

Este era uno de los inventos del Gérontas.

A unos 15 0 20 metros por detrás de aquella llanura había un olivo centenario, el cual se había quemado unos pocos años antes, pero había quedado como una cueva en su interior, de aproximadamente 1 m y medio y habían puesto como techo una lona alquitranada. Aquello era la morada de dos mujeres, Katerina y Penélope. La primera sería después la monja Antonia. Y cuando tenía muy mal tiempo, se refugiaban en la parte de atrás de la ermita. Allí se quedaron las dos mujeres hasta después de la dormición del Gérontas. Que tengamos su bendición. Amén.”




1.32. “Santo de gran alcance”


Testimonio del sr. Damianou, Obispo del Siaí: “Por las oraciones de nuestro santo padre Porfirio de Kausokalivia, y algo por las mías también, como obispo del Sinaí, Señor Jesucristo Dios nuestro, ten misericordia de nosotros y sálvanos, ilumíname para que pueda utilizar mi memoria ya envejecida y oxidada. No es cosa fácil después de tantos años, teniendo además yo defectuosa la vista, porque no puedo leer los libros que se han escrito sobre él. Porque así me vendrían memorias relacionadas con lo leído, sugerencias, movimientos, buenas palabras, de aquel a quien hoy tenemos la alegría de honrarle, nosotros los insignificantes mortales. Intentaremos decir algunas palabras sobre el santo, aunque no es fácil analizar a los santos. No es fácil entenderlos, y es muy fácil malentenderlos.

Mi conocimiento con san Porfirio se hunde en la profundidad del tiempo e intento encontrar cuándo y dónde lo conocí. De todos modos, después de que conocí a san Paísio, quien se había ido ya del Sinaí y se había establecido en el M. Atos, y de que siguiera encontrándomele como una continuación de nuestro conocimiento durante su estancia en el Sinaí, sus palabras, sus consejos y sus admoniciones, no me influían tan fácilmente, porque nosotros no habíamos madurado aún para conocer sus vidas espirituales. Estos santos los veíamos como hombres sencillos comunes y no les dábamos tanta importancia. Recuerdo que san Paísio me condujo mucho en lo espiritual, pero sobre todo en lo referente al monacato. Sobre algunos temas, debido a su discreción, me decía: “Mira, esto, se lo dices a tu Padre Espiritual…”. Yo entonces no tenía ninguno en concreto. Tenía algunos guías espirituales con una percepción mundana, y le digo:

— Gérontas, yo en este momento no conozco a ninguno en concreto, Porque llevo muchos años aquí en el Sinaí y no conozco a nadie en Grecia.

— Si quieres, encuentras, —me dice—.

— Eh, dime uno.

— ¿Qué te voy a decir? Si te digo uno, yo debido a que tú eres un poco ”libre”, harás tu voluntad.

— Aunque haga mi voluntad, dígame usted uno.

— He escuchado sobre un buen hieromonje llamado Porfirio…

— ¿Algún dato? ¿Dónde le encontraré?

— Tú sabes, tienes a muchas personas, si quieres le encuentras, el que quiere encuentra lo que busca, ponte a buscarlo.

— De acuerdo, buscaré.

Y así a través de un conocido comenzó un conocimiento sencillo, humilde y modesto. No puedo recordar qué año, pero recuerdo que le conocí por la noche, en una casa de Tourkovounia en Ática. Me llevó allí un juez, el sr. Panayiotis Drositis, y allí tuvo lugar el primer conocimiento y la primera confesión. Entonces era hieromonje e iba a menudo a Grecia por motivos de salud, pero también por temas del monasterio e intentaba siempre ver a san Paísio en el Monte Atos, pero también a san Porfirio.

Poniendo las cosas que conozco en un orden, el mismo visitó el Sinaí a finales de 1972 o principios de 1973. Entonces tenía algún problema con los monjes y con la dirección del Monasterio. Era entonces secretario y debido a ellos tomé la decisión de marcharme al M. Atos para poder tener una vida más espiritual. El gérontas Porfirios vino entonces al Sinaí junto con el p. Fotios, le comenté los problemas que había y me dice, “deja eso, estas cosas pasan, quedate aquí, las cosas pronto cambiarán.

Tenía confianza en él y le obedecí. Recuerdo que me decía:

— Yo, sabes, soy sinaíta, porque no sólo recibí el nombre de Porfirio del Sinaí, sino que también vivía en el Sinaí.

— Pero, ¿cómo, Gérontas, si no había venido antes?

—Sí, venga hijo mío, no había venido, pero aquí estaba.

— ¿Cómo vivió aquí?

— Eh, pues mira, veía muchas veces qué pasaba allí, qué pasaba en la Santa Cima.

A pesar de todo esto no sabía qué gran alcance tenía el santo y dudaba. Recuerdo entonces, que antes de partir de partir del Sinaí hacia Grecia, viene y me dice:

— Quiero que me des un papel.

— ¿Qué papel, Gérontas?

— El papel de que soy del Sinaí. Me sorprendí.

— Te lo daré, Gérontas, pero ¿cómo te lo daré? Era secretario entonces y el obispo no estaba en El Cairo.

— Gérontas, ¿cómo seré notificado?

— Hazlo ahora te digo hombre, si te digo que soy sinaíta.

Y entonces le obedecí.

— Perdone, ¿puedo preguntarle algo humildemente? ¿Para qué lo quiere?

— Lo quiero, porque tengo que tener algún papel diciendo que estoy en un Monasterio, para poder tener alguna Kalivi, alguna Kelí, en el M. Atos.

Yo esto no lo sabía. Viendo que insistía, “tomé permiso de la bandera” y le digo “te lo haré, Gérontas”. Y le hice un papel. Entonces eran sencillas las cosas. Escribí sobre un adhesivo de referencia con un carbón y otro adhesivo por abajo, lo firmé como secretario, lo sellé con el sello del Monasterio y se lo di. Este papel ahora no sé dónde se encuentra, es decir su copia, en el archivo de qué Monasterio se encuentra, pero debe encontrarse, porque es importante para el Monasterio, y también para mí, claro. Lo declaró el mismo Gérontas y también me lo demostró, “haced también así en las Liturgias, cuando esté yo presente”. ¿Qué le iba a decir?¿Que no?¿Podría atreverme? No podía contrariarle, dado que continuó revelándome cosas maravillosas que tenían relación con el Sinaí. Decía, “en aquella santa montaña allí en lo alto, !qué grandes cosas suceden en su cima! !Qué santo lugar! A pesar de su edad, había subido hasta la cima, y me dice “Qué santidad tiene el lugar hijo mío, cuando bajaba y me quedaba en la puerta, sentía que el lugar tiene santidad”. Allí san Porfirio sentía muy intensa la Gracia Divina. Cosas superiores que no me decía, quizás porque si me las decía, entonces no las hubiese entendido. Ahora podía entender un poco más.

Cuando vino por aquel entonces, estuvimos a punto de tener un accidente. El santo quería ir a reverenciar al desierto de Raitu, donde tuvo lugar la matanza de los monjes. Tenemos un automóvil, en el cual viajábamos cuatro, con un pequeño remolque atrás. Conducía yo y a mi lado iba el monje entonces principiante Georgios, ahora el p. Pablo, y detrás iban el p. Fotios con el gérontas Porfirio. Entonces el camino era de tierra y el automóvil iba dando pequeños saltos sobre los montículos que se habían formado debido a la solidificación de la arena. En un camino así no se puede correr mucho, porque el traqueteo era intenso y has de ir a un ritmo suave para que los pasajeros se sientan un poco más cómodos, y también por la seguridad del automóvil. Habiendo pasado ya cuatro horas en este recorrido, continuamos sobre asfalto, no muy perfeccionado por cierto, entonces nos relajamos y yo empecé a sentir sueño. Y en una curva di una cabezada por el sueño y nos salimos del camino.

— Gérontas, perdona, —le digo—, no volveré a coger un volante.

— Vale, —me dice—, y se reía.

Por suerte no nos pasó nada, y tras un trayecto de unos 150 m. de arena, entramos de nuevo a asfalto, y así ya hasta Raitu.

Allí en Raitu fuimos al actual monasterio, porque por lo que parece el Monasterio original estaba en otro sitio algo más alejado, en la región de Ráia (en Árabe), y parece relacionado con el nombre Raitu, entra la “t” para su adaptación al griego, y queda Raitó. Fuimos con san Porfirio allí donde están las actuales ruinas de la antigua Laura de Raitu, entramos dentro, porque había sido vallado por los arqueologos egipcios. Nos pusimos en un lugar en concreto, sobre las ruinas, y dice, “aquí siento mucha Gracia”. Nos quedamos con muchos interrogantes, porque no sabíamos en aquel lugar qué habría sucedido antes. ¿Lugar de martirio sería?

Por el camino le digo al Gérontas:

— Gérontas ¿cojo un poco el volante?. Me dice:

— ¿Has olvidado lo que dijiste?

— Eh, Gérontas, tú lo sabías, ¿qué te puedo decir?

Y así fue que cogí yo el volante, porque el p. Pablo, entonces George, sabía conducir, e iba con un modo estable, pero bastante despacio, olvidando la promesa que hice y se reía el Gérontas. Me dijo: “Tú que no ibas a conducir, pero te entiendo, !estate atento!”

Y regresamos al Monasterio con la puesta del sol.

Durante los siguientes días, el Gérontas me hablaba de la mucha Gracia que tenía el Sinaí. Pero debido a que no lo anotaba, igual tampoco se podía hacer esto. Sea como sea, no recuerdo nada más. Puede que lo haya olvidado.

Tenía conmigo una antigua máquina fotográfica y le había sacado al santo algunas fotografías. Las puse en una antigua colección mía, pero desafortunadamente se ha perdido.

Más tarde, quería volver a verle para descargarme de los problemas, porque toda aquella difícil situación me hizo pensar en ir al Monte Atos, pero me quedé con las palabras del Gérontas: “Espera y cambiarán las cosas”. Sin embargo en el año 1973 me encontré con una difícil situación en El Cairo debido a algunas acciones de unas personas y decidí dedicarme a la obra del sagrado misionado o apostolado. Antes de comenzar, tuve que ir a Grecia por motivos de salud, pero también por temas del Monasterio, y entonces volví a ver al Gérontas. Me dijo, “te he dicho que hagas paciencia”; pero no me explicaba nada, el tema continuaba en enigma. Regresando al Sinaí, tuvo lugar la defunción de mi antecesor, Gregorio II, Arzobispo del Sinaí. Y tras las distintas debidas reuniones y votaciones, sucedió que me eligieron a mí como Ηigúmeno del Μonasterio. Y entonces comprendí lo que quería decir, el Gérontas cuando me decía que iban a cambiar las cosas.

En una de mis visitas a Grecia, fui a confesarme al Gérontas Porfirio. Mantenía un libro de san Juan del Sinaí (o san Juan de la Escalera, por su conocida obra). Entonces fue publicada la edición del libro por el Sagrado Monasterio del Paráclito, con el texto original y la interpretación, y me dice:

— Mira hijo mío, yo he visto esto no puede… yo lo he visto, qué ángel cogía su mano y escribía

— ¿Qué escribía, Gérontas?

Intentaba entonces él encontrar una parte que le había causado una particular impresión, pero algo en aquel momento no es interrumpió Y desafortunadamente, no me mostró aquel fragmento y se nos fue aquel detalle. Después entendimos que este fragmento del libro de “La escalera” le había sido impresionado, porque vio que un Ángel del Señor dirigía la mano de san Juan.

Una vez que vi al Gérontas me dice: “mira, cuando encuentres el modo y la posibilidad de ir arriba a la Santa Cima, vete exactamente al lugar (y me describía exactamente dónde) y te sientas en aquella roca, pero cuando se ponga el sol, dando éste a la pequeña iglesia de la Santa Cima… y allí verás cosas milagrosas…”. Pero esto me dijo que no lo dijese portadas partes.

Debido a que yo no subiría a la Santa Cima, se los dije a los padres del Monasterio, por alguno iría teniendo este anhelo y era hecho digno de ver estas cosas que decía el Gérontas. Cuando les dije esto a los padres, alguien me dijo que el Patriarca de Jerusalén Nektarios, anterior Obispo del Sinaí, hace referencia en su libro a que existe un lugar milagroso cerca de la Santa Cima, en el cual si alguien se pone allí durante el ocaso del sol, se ven cosas extraordinarias.





1.33. “Tenía un gran amor por todos”


Testimonio de la señora Irene Varounis: “Conocimos al santo gérontas Porfirio en 1976 a través de una familia amiga que lo acogió en su casa. Desde entonces hemos tenido un estrecho contacto con él. Luego estuvo en san Nicolás en Kallisia Pentelis y luego se fue a Oropós. Lo que nos impresionó fue que tenía un gran amor por todos los creyentes que iban allí y le pedían consejo. Había salvado a muchas personas del pecado. Yo había renunciado a mi trabajo y él me dijo: "No deberías quedarte en casa". (Soy maestra de guardería de niños de profesión). Y después me nombraron fija como maestra de guardería con muchos niños.

Una vez fuimos con la señora Stavritsa Zachariou, que procedía de Ayvali en Asia Menor y era misionera en África. La señora Stavritsa le dijo que era prima de Fotis Kontoglou. Y el Gérontas nos reveló que Fotis Kontoglou iba a confesarse a él en la Policlínica. Lo que le recomendó fue que tuviera cuidado y no tuviera relaciones con los protestantes y los papistas.

Me curó de un problema de salud grave, haciéndome la señal de la Cruz a distancia y no me lo dijo, solo me dijo 'vete a otro médico, te digo que no es nada'. Y efectivamente sucedió, que el tumor desapareció.

Tenía un gran amor por los árboles y las plantas y le suministramos muchos olivos para el Monasterio de Oropos. Me dijo: "¡Planta, planta! Es el mejor entretenimiento, pero no le pondrás fertilizantes ni pesticidas. Sólo estiércol y abonos naturales".

Además, el Gérontas dijo: "Comed zanahorias y perejil. Son medicamentos contra el cáncer. También enfatizó que el aceite siempre se debe poner al final de cada cocción y no al principio.

Por aquellos que no nos aman y quieren nuestra destrucción, dijo, levantemos las manos y oremos por ellos con mucho amor: "Señor Jesucristo, ten piedad de tus siervos". Así es como nos volvemos como Dios quiere, que no quiere que ningún pecador perezca.

La primera vez que lo encontré y fui a confesarme, me dijo:

— Allí donde vive usted, ¿ha adquirido alguna propiedad, algún terreno? Y le respondo:

— No. Pero hemos cogido un terreno en la montaña. Y nos preguntó dónde está exactamente y a qué distancia está de los Monasterios de la zona, de la montaña y del mar.

Nos instó a construirlo y a pesar de que no teníamos dinero, dijo que Dios nos ayudaría y que la gente también trabajaría. En el verano de 1987, cuando hubo una ola de calor, después de haber terminado de construirlo, me llamó y me dijo: "¿Tú qué necesidad tienes ahora? ¡Arriba a la montaña! Allí no te pillará el calor".

La amiga que nos lo presentó tenía problemas. El Gérontas nos dijo, poco antes de dejar la vida, que la apoyáramos.

Cuando estaba a punto de dormir, fue a Kausokalivia, allí donde había sido monje desde pequeño. También le llamé hace unos días y pedí hablar con él, pero los monjes me dijeron que no puede atender el teléfono. Y escuché su voz fuerte desde lejos: "Rezo, rezo".

"Otra vez que tuve un problema en mi trabajo, después de que el Gérontas durmió en el Señor, le vi en sueños diciéndome alegremente: "Oye, !¿por qué estás preocupada, ya que tenemos la Santísima Trinidad?!". Y el problema se solucionó el día siguiente."





1.34. “El niño se pondrá bien”


Testimonio de la señora Helen Makrygiannis: "Un accidente de tráfico hizo que me llevasen urgentemente al hospital, esperando que me tomaran radiografías de la pelvis. Me surgó un pensamiento, que tal vez estaba embarazada, e inmediatamente me realicé la prueba correspondiente donde se estableció que estaba embarazada de un mes y medio. Este sería mi tercer hijo. Fue un embarazo con muchos problemas y riesgos, pero también con muchas intervenciones divinas. Sería algo muy peligroso y decisivo para la salud del niño si le hubieran hecho las radiografías que me habían sugerido los médicos.

Un mes después y mientras estaba trabajando, tuve un desprendimiento de placenta muy grave. Recuerdo que mis pies resbalaban dentro de las botas por la cantidad de sangre que fluía. Fui al hospital y esperé a mi médico. Cuando mi marido le explicó toda la situación al médico, le dijo que fuera directo al quirófano. Sin embargo, cuando los dos salieron de su consultorio y me vieron, el médico se alarmó y me reprendió, porque me vio bebiendo zumo de naranja. Esta fue entonces una intervención divina. Cuando mi esposo le preguntó, "¿qué tiene que ver el zumo de naranja con la hemorragia?", el médico repentinamente respondió que "¿ahora cómo la voy a llevar al quirófano para hacer el raspado?”. Ambos nos quedamos de piedra. Abortaría el feto, sin que nosotros supiéramos nada. Nos dijo que estaba absolutamente seguro de que con semejante hemorragia el niño no estaría vivo. Yo a este niño le quería muchísimo y dentro de mí no podía creer que estuviera muerto. Inmediatamente pedí una ecografía, donde se encontró un desprendimiento enorme, pero el niño estaba vivo. Su corazón latía intensamente. Nunca olvidaré la alegría que recibimos en ese momento. Me hospitalizaron inmediatamente, era el día de la Presentación en el Templo de la Madre de Dios. La hemorragia no paraba y el niño corría grave peligro. Estaba completamente inmóvil en la cama. Mi Padre Espiritual me dijo que siguiera leyendo las Salutaciones a la Madre de Dios, el “Ikos” 3: “Habiendo recibido a Dios en su seno, la Virgen se apresuró a ir hacia Isabel…”. Un amigo me trajo un poco de aceite de san Espiridón y tan pronto como me hicieron con ella la señal de la Cruz, la hemorragia se detuvo inmediatamente. Era el día de san Espiridón. Tuve 22 días de sangrado continuo. Finalmente en el séptimo mes me levanté un poco, pero a los siete meses y medio de repente nació el niño después de una corta cesárea. El marido recuerda que el médico salió del consultorio y le mostró el cordón umbilical lleno de sangre y le dijo que estaba muy corto y atrofiado y que no entendía cómo alimentaba al niño su madre. Vi al doctor santiguarse. Inmediatamente se identificaron las primeras anomalías anatómicas en el recién nacido. El esófago no llegaba al estómago. El otro extremo del esófago que partía del estómago terminaba en el pulmón. Pocas horas después de su nacimiento fue operado en "Infantil". Luego de la cirugía, que duró cinco horas, sufrió una hemorragia difusa, es decir, sangraron los vasos sanguíneos de su cuerpo. Llegó a la muerte. Nuestro padre Espiritual con muchos de sus hijos espirituales oraron continuamente. El bebé entró en la incubadora y al mes volvió a casa. Una vez en la casa, de repente se puso morado y no respiraba. Lo saqué afuera y una vecina lo frotó un poco en el cuello y el niño se despertó. Si no lo hacía, nos dijo el médico, el niño moriría asfixiado. En el hospital nos dijeron que su laringe estaba muy blanda y que se ahogaría continuamente. Debido a la laringe blanda, su respiración era muy ruidosa. Dondequiera que íbamos, todos nos miraban y nos preguntaban qué estaba pasando. Como siempre respiraba rápido y se ahogaba constantemente, estábamos preocupados. El niño nunca descansaba ni de día ni de noche. Toda la noche lloraba y se ahogaba, tenía una terrible dificultad para respirar todo el tiempo y una tos constante. Esto fue una agonía constante, un infierno. Fuimos nuevamente al hospital, donde descubrimos que tenía asma muy grave. Luego estábamos constantemente en el hospital. Un mes en el hospital, tres días en casa y todo de nuevo.

Una noche en el hospital llegó a su fin. Los médicos llamaron al marido y le dijeron que se preparara para la muerte del niño. Sus respiraciones eran tan rápidas que no se podían contar. Le hicimos un bautismo en el aire. Hubo muchas oraciones. La situación llegó al no va más. El médico nos dijo que el niño ya no tenía futuro y que si queremos llevarlo debemos llevarlo a Inglaterra. Entonces nuestro Padre Espiritual nos dijo que se lo lleváramos al Gérontas Porfirio. Recuerdo que mi marido me dijo que el sábado iríamos a ver al Gérontas Porfirio y que el niño estaría bien. Finalmente, el sábado 19 de enero por la tarde llegamos al Monasterio de Gérontas. No había nadie en el exterior. Sólo había un cartel que decía: "El Gérontas no puede aceptar a nadie, dejen sus nombres y orará por ustedes". Estaba oscureciendo y estábamos esperando que alguien abriera. Mi marido dijo que nos fuésemos, porque estaba oscuro, no se veía nada. El niño empeoraba constantemente, su respiración se aceleraba, la dificultad para respirar aumentaba y la tos no paraba. (Cuando empezó a toser fue un infierno y no podíamos ayudarlo). Yo desesperada y decidida como nunca antes, dije: "Si el niño no se recupera, no me voy de aquí". Finalmente, al cabo de un rato, se abrió una ventana desde arriba y una monja nos llamó: "Subid, que el Gérontas os está esperando". Entramos en la celda del Gérontas. Hacía calor. Él estaba acostado en su cama. Estaba completamente ciego. A su lado había una monja. Como el niño hacía mucho ruido con su respiración, el Gérontas le preguntó a la monja "¿qué eso que hace ese ruido aquí dentro todo el tiempo?". La monja responde "es el niño, Gérontas". Entonces el Gérontas con voz muy suave y debilitada dijo "trae al niño aquí". Inmediatamente llevé al niño al lado del Gérontas. Lo tomó de la mano, e hizo como si levantara un poco la cabeza hacia el cielo. Esto duró unos segundos (de 5 a 6 segundos). Soltó la mano del niño y nos dijo: "Dios lo ayudará y estará bien".

Eso fue todo; el niño de repente se calmó. Nos fuimos a casa. Fue la primera noche que dormimos. El niño no sólo se calmó, sino que tampoco se despertó en toda la noche. No lo podíamos creer, nuestras vidas cambiaron en cuestión de segundos. Al día siguiente volvimos al médico. Tan pronto como lo examinó, nos dijo "según lo que escucho ahora, no es necesario que vayáis a Inglaterra". Desde aquella noche de sábado 19 de enero de 1991 hasta hoy en 2016, el niño nunca volvió a acudir a un hospital ni a un médico. Todas las enfermedades lo abandonaron de repente. Lo estábamos viviendo y no lo podíamos creer. El asma desapareció, la tos cesó y los ruidos respiratorios fueron cortados, su laringe se tensó debidamente y cualquier problema que tuviera (vómitos, etc.) todo de repente desapareció.

"Nosotros los padres del niño, que vivimos este milagro, mientras nuestro hijo estaba en su lecho de muerte, confesamos y glorificamos a Dios y damos gracias al santo. Ahora también entendemos los milagros que hizo Cristo en la Santa Biblia. Todo es completamente cierto. Lo que le pasó a nuestro hijo fue similar. Lo que nos impresionó fue lo repentino del caso; no podemos concienciarnos de todo esto...

“El niño, ya hombre, nos dice: “Yo nunca entendí que tenía alguna enfermedad. Me siento muy sano, desde que empecé a entender, hasta hoy”.




1.35. Causas del dolor de cabeza


Narrado por D. S., empleado de la Empresa Pública de Electricidad: "Visitaba al Gérontas y tenía comunicación espiritual con él. Con la sencillez, el amor y la humildad que él poseía, sentías a su lado un aura de dulzura, calma, paz espiritual que hacía que no quisieras marcharte, aunque él no te hablara. Me bastaba con verlo.

Recuerdo que cuando fui por primera vez, entonces era joven, tenía muchos dolores de cabeza sin ninguna causa patológica médica. Como me gustaba vestir bien y lo cuidaba especialmente en mi juventud, tenía la idea de que las mujeres me miraban con mal ojo y por eso tenía un dolor de cabeza constante. Entonces, cuando fui por primera vez al santo Gérontas, él me miró alegremente con esa mirada azul celeste suya y, en como advirtiéndome, me dijo: "¿Eres tú el que por tu buena ropa las mujeres te miran con mal ojo y tienes dolores de cabeza?". Me descoloqué por un momento, pero inmediatamente el Géronats continuó: "No es por eso, quítate esa idea. Debes saber que un dolor de cabeza puede ser causado por tres causas: o por demasiada comida, o si el estómago está vacío durante muchas horas, o por el estrés intenso".

De hecho, solía ayunar durante muchas horas y luego comía de repente. Cuando puse en marcha un mejor plan de dieta, los dolores de cabeza también fueron desapareciendo".




1.36. “Que pasen los que van a Égina”


Testimonio anónimo: "Mi amigo George y yo fuimos a visitar al Gérontas por primera vez. Había mucha gente, un gran cola de gente esperando. Teníamos que llegar a tiempo para coger el barco para Egina y era imposible esperar dos o tres horas. Empezamos a pensar en marcharnos, sin habernos dicho todavía nada entre nosotros. Y en ese momento llega una monja y dice en voz alta: "¡El Gérontas dice que George y Dimitris deberían pasar porque quieren ir a Egina!".




1.37. El Gérontas me consoló de modo automático.


Testimonio anónimo: “El Gérontas consolaba con sus palabras, con su mirada, con un movimiento, con una llamada telefónica, con todo. Tenía algunos problemas que me preocupaban y no podía soportarlos. Sentía desesperación y depresión. Alguien me dio el número de teléfono del Gérontas. No sabía nada de eso, no sabía sobre carismas, también tenía mis dudas en la fe —yo era estudiante en ese momento— pero tímidamente le llamé por teléfono.

― ¿Síí…?, se escuchó una voz profunda como desde el más allá.

— ¿Eres el Gérontas Porfirio?

— Sí, hija mía...

— ¿Cómo está, Gérontas? No podía decir nada más sobre mí.

— Me estoy muriendo, madre mía, tengo mucho dolor.

Era la época en que el Gérontas estaba enfermo y tenía muchos dolores. Al escuchar su voz y sus palabras diciéndome que sufría mucho, automáticamente fui reconfortado. “Si el Gérontas, este santo hombre, sufría y tiene tantos dolores, pensé, ¿qué esperamos los demás?”. Con esto fui consolado, fue automáticamente apartada la piedra de molino sobre mí y adquirí un optimismo y una alegría que no eran humanos. El Gérontas, como un profundo anatomista del alma humana, vio mi situación por teléfono y me consoló personalmente.

"¡Que la bendición de nuestro santo esté con nosotros!"




1.38. “Cuando no veía, también veía”


Testimonio de la señora Evagelia Kouskouli: "Fue justo antes de su final. A los pocos días partió hacia el M. Atos y nunca regresó.

"Estaba enfermo y no recibía gente. Sin embargo, mucha gent había ido y estaban esperando, ya sea para entrar a su celda, para escuchar su voz y besarle la mano. Fui con mis dos amigas, esperamos con la gente. Una monja salió y dijo: "El Gérontas no puede hablar con nadie. Deben marcharse, pero antes pasen en silencio a besar la Cruz".

"Entré a la celda. El Gérontas yacía en la cama. Tenía la mano atada con una gasa y sostenía una Cruz. Sus ojos estaban cerrados. Además respiraba como si estuviera profundamente dormido. Pasé, besé la Cruz y salí. Todos hicieron lo mismo. Después de un rato, cuando entró una joven pareja, el Gérontas se levantó y habló con ellos durante unos veinte minutos, parece que realmente lo necesitaban. Salimos un poco y nos quedamos ahí afuera de su celda esperando —nada— pero nuestros corazones no querían que nos marchásemos. Tan pronto como salió la pareja, el Gérontas de nuevo volvió al estado anterior y la monja dijo "pasen todos brevemente para recibir su bendición, besando la Cruz y su mano vendada".

"Luego volví a entrar. Y cuando me acerqué y me incliné para besar la Cruz, oí la voz del Gérontas como desde lo más profundo, diciendo: "Algunos dos veces...". Me quedé de piedra, estaba asombrada. ¿Dónde me había visto con los ojos cerrados y durmiendo? ¡Veía incluso cuando no podía ver!"




1.39. “El estrés hace muy bien”


Testimonio del sr. Ioannis Makrygianni: "Acababa de terminar mi servicio militar, directamente encontré un trabajo, y de hecho me dieron un puesto de mucha responsabilidad desde el primer momento y pronto me convertiría en supervisor. Tenía unas ganas terribles por poder aprender tantas cosas en tan poco tiempo.

Fui a la celda del Gérontas por primera vez. Estaba ciego y muy enfermo. Ni siquiera podía hablar. Tuvimos que entrar ligeros, recibir su bendición y marcharnos. Cuando me tocó a mí, apenas recibí su bendición, se volvió hacia mí, y aunque estaba ciego, me miró y me dijo: "cuando estamos ansiosos, ¿qué hacemos? Levantamos las manos y pedimos ayuda a Dios. El estrés es muy malo, te da cáncer, padece el corazón…”. Me bendijo con la Cruz y me fui.

Entré a su celda sin decir una palabra. Obtuve una respuesta a mi problema, sin tener tiempo de preguntar. Con su bendición, mi gran ansiedad desapareció. Me pregunto cómo una visita a un santo, que puede durar de 2 a 3 minutos, puede cambiar tu vida".




1.40. La última entrada del santo en el M. Atos


Testimonio del p. Evangelou Papanikolaou, médico: "Visitaba el M. Atos desde pequeño muy a menudo y el acontecimiento que voy a describirles no puedo ubicarlo exactamente en el tiempo. Probablemente fue después de 1990, la época del año probablemente era otoño y yo viajaba solo a Katounakia, hacia el p. Efrem y los Danieleos. Había pocos peregrinos. El barco que hacía la ruta Dafne-Laura estaba atado al entonces único puerto y estaba comandado por el siervo de Dios Jordán con su familia. Un hombre piadoso, testarudo con el mar, conocedor de los tiempos y sobre todo de las pequeñas idiosincrasias de los padres. Ese día estaba en el sur, el mar estaba agitado, Jordán había cancelado la ruta a la Laura y nos dijo a todos a fuerte voz: "¡Última parada, Santa Ana!". La verdad que no me convenía, pero pensé en subirme al barco y bajar en Santa Ana y subir los senderos verticales y luego paralelos a la costa para caminar a pie hasta Katounakia. Yo era joven y entonces tenía aguante para estas rutas. Cuando entré y me senté en el banco, me agaché y vi en el fondo del barco un bulto, un bastón, una manta de la que sobresalía un gorro de punto monástico. Entendí que con nosotros viajaba un viejo monje enfermo. Junto a él se encontraba otro monje honrado, vestido con la ropa habitual de los monjes, que también le ayudaba. Sin embargo, estaba oscuro allí y no podía entender quién era. Se nos unieron una docena de peregrinos y un par de monjes. Jordán hizo su cruz y comenzó a maniobrar su barco para que pudiéramos salir del puerto de Dafni y seguir hacia el sur. Continuó gritando y diciendo "el barco irá a Santa Ana y todos os bajaréis allí; hay tormenta y mal tiempo y no permitiré que os ahoguéis". Después de que nos abrimos un poco y tomamos el camino playa a playa con altibajos de las olas, sentados inmóviles en nuestros bancos, porque era imposible movernos debido a la agitación del mar. Εntonces Jordán hizo una serie de acciones en el barco. Luego, a través de la manta citada anteriormente, sacó su cabeza el gérontas Porfirio. Jordán, con afecto fraternal, lo puso junto con el padre Fotios, que era el monje que lo acompañaba, pero le dijo en su manera arcaica de hablar: "Gero-Porfiri, no pienses en ir más allá de Santa Ana, a Kausokalivia mi barco no va, no quiero ahogarte, tú no quieres que yo me asfixie, así que bajas en Santa Ana, te quedas en una celda cerca de la playa y, cuando haga buen tiempo mañana o pasado mañana, te llevo a Kavsokalivia". El Gérontas no dijo nada, pero la alegría de todos nosotros viajando con este tesoro era indescriptible. El barco se movía tanto que con dificultad recibimos su bendición, y veíamos su cabeza asomándose y mirándonos a nosotros y al mar con mirada alegre. Pasamos el puerto de Simonopetra y nos dirigimos hacia el de San Gregorio. Allí el barco hizo una parada en un puerto para que desembarcaran tres o cuatro peregrinos, pero el gero- Simeón llevó el barco al rompeolas, donde con un ancla como las de los barcos de Alejandro Magno se enganchó a la barandilla y lo arrastró hasta el ropeolas. Tan pronto como vio al gérontas Porfirio, voceó: "Pero bueno, Porfirio, ¿tú eres?" Se sube a un pequeño montículo y toca la campana para que lo escuchen los otros gérontasmgrita: "Porfiris, Porfiria, venid a saludarlo y a pedirle su bendición; Porfiris entra dentro". Se oyeron pasos y unos cuarenta jóvenes se apresuraron hacia el Gérontas para recibir su bendición. Jordán, temiendo el tiempo y que la barca se volcara con tanta gente que venía a recibirle, puso orden. El Gérontas, con afabolidad y mirada alegre, los saludó a todos y le besaron todos la mano. Lo mismo sucedió en el Monasterio de San Dionisio. En el de San Pablo, había tanto oleaje que no pudo alcanzar, en Nueva Skete, el pilar del Monte Atos, como dicen, los padres habían bajado a la playa, probablemente avisados ​​por teléfono desde el Monasterio de S. Gregorio. Lo mismo aquí, una fiesta del amor monástico. El mar bramaba cada vez más, a medida que avanzábamos hacia los límites del Monte Atos. En Santa Ana, Jordán entró en el pequeño puerto y dijo: "Se acabó, bajen todos aquí". ¿Qué podríamos hacer? Bajamos del barco. El Gérontas Porfirios estaba quieto. Jordán aseguró bien la barca en el rompeolas, levantó al Gérontas en brazos y lo sacó fuera. El Gérontas decía: "Iremos, Jordán, el tiempo mejorará". Jordán respondió: "Hacía muchos años que no veía parar una tormenta así; usted conoce su trabajo, padre, y yo conozco el mío". Acompañó al Géontas a un asiento, después de haberle puesto tres o cuatro mantas, y le dijo que avisaría a algunos para que le recogiesen. No me fui; le pregunté al padre Fotios: "¿Debería ir a pie o quedarme con usted y ahorrarme tantos problemas?". El padre Fotios me dijo: "Nosotros iremos de todos modos, ya que el Gérontas lo dice, tú haz lo que quieras". Esperé media hora, el tiempo empeoraba, pero ni siquiera el Gérontas se movía del asiento. También habían venido los padres de las celdas circundantes, le trajeron alguna infusión y charlaron alegremente, esperando que mejorara el tiempo. Mi impaciencia juvenil había llegado a su límite. Me acerqué al Gérontas Porfirio y le pregunté:

— Padre Porfirio, ¿debería quedarme con usted, nos vamos hoy o voy a pie para ver al padre Efrém?

Y él me respondió:

— Siéntate, bendito, iremos de todos modos.

— Gérontas, el tiempo está empeorando, Jordán está furioso, tú tienes adónde ir, soy una persona laica, ¿adónde iré si cae la noche?

—Tú, Vangelis mío, tienes dos cosas que te atormentan: una es que comes de las orejas (quería decir que me gusta escuchar alabanzas) y la otra es que te apresuras. Haz lo que Dios te ilumine, iremos de todos modos.

Después de quedarme allí, regresé a pie, subí los muchos escalones de Santa Ana y tomé el acantilado paralelo al mar hacia los Danieleos. ¡Y entonces vi el milagro! El barco de Jordán viajaba a través del mar, detrás del barco olas furiosas, delante del barco un mar como de aceite, como si cortara mantequilla con un cuchillo, el cielo dejando de estar ya oscuro se había abierto y rayos de luz como reflectores cubrían el barco en su camino. Cerca de una docena de delfines estaban junto al barco, el Gérontas Porfirio estaba sentado en el borde del barco, tenía la mano en el agua y acariciaba el hocico a los delfines, que saltaban. Entonces por dentro exclamé: "este es santo". Efectivamente llegaron a Kausokalivia y el Gérontas subió a su Kelí y desde entonces nunca más volvió a salir; incluso sus huesos se perdieron para que no fuesen a alabarle.

Otro hecho que conocimos en Medicina, es una enfermedad del médico, a quien el gero-Porfirio amaba mucho, el cardiólogo Papazachos. Este hombre padecía una úlcera de estómago y había tenido diecinueve hemorragias gástricas. Durante la última de ellas, todos sus amigos profesores-médicos le dijeron: "te vamos a operar, no esperemos más". Él suplicó: "Ponedme un poco de sangre, y yo llamaré al Gérontas Porfirio y os diré". Y él literalmente le dijo: "dile a tus compañeros que te mantengan como lo hicieron las otras veces, porque en una semana encontrarás la medicina, te curarás y nunca más tendrás sangrado de estómago". ¡Y efectivamente así sucedió! En una semana se anunció que las úlceras también eran por causa microbiana, recibió el tratamiento adecuado, se curó completamente y nunca volvió a sangrar”.









B. NARRACIONES


2.1. Cuando fui para hacerme monje.


"Cuando salí a Dafne del Monte Atos, allí estábamos esperando que llegara un barco de Santa Ana, que traería a los hermanos monjes de allí. Esperamos y vino un barco y nos llevó, el barco estaba lleno de monjes. En aquel entonces no tenían motor y hasta allí íbamos con remos. Los pobres monjes de allí, uno de un lado, otro del otro, se iban cambiando. Los monjes eran los que tenían las barcas, no teníamos laicos.

Entramos en la barca. Yo siempre he sido tímido desde que era pequeño. Me entraba timidez y no hablaba. Y quería estar al lado de mi Gérontas, donde se estaba, allí iba yo, junto a él.

Allí en Dafni, cuando salimos, todos se santiguaron. Los miré, observaba todo con gran curiosidad. Tenía mucha curiosidad. Luego arrancamos y navegábamos.., ¿sabes qué cosa más cansada? Horas enteras en el calor. Pasamos por un Monasterio, el de Simonopetra. Sin embargo, ningún monje salió allí. Mientras íbamos vi a un monje bostezar y hacerse la señal de la cruz sobre la boca. Me hizo impresión. Avanzando, dice uno, "¡padre, Dionisio! agua, por favor, quisiera, un poco de agua, por favor". Y tomaron una jarra que estaba debajo de un banco y le pusieron agua, hizo la señal de la cruz sobre él, una cruz grande y buena y dijo a los padres “bendíganme, padres” y así se giró un poco hacia el mar y bebió el agua. A mí me parecían grandes cosas éstas. Cómo reverenciaban a Dios en cada uno de sus movimientos. Siempre con Dios. Al bostezar… realmente me impresionó. Avanzamos y vemos un barco bien pintado y cubierto de alfombras. Era una embarcación monástica, de San Dionisio. “Eh…padres, se saludaron, bendiciones, bendiciones” y los barcos pasaron uno cerca del otro. "¿A dónde van?" preguntaron los nuestros. "Vamos a enviar un telegrama al Rey". El siguiente día era de san Constantino y fueron a enviar un telegrama de “muchos años” al rey desde el Monasterio. Íbamos avanzando, cuando entramos en Santa Ana y otra barca llena iba hacia Kausokalivia. Y todos allí daban deseos para la celebración del día siguiente, “!Muchos Años!”. Cuando llegamos al puerto de Kausokalyvia, había otra barca de la Laura llena de monjes. Ahora lo recuerdo esto y me emociono.

Cuando llegamos al puerto, el Gérontas me dijo: "Oye, ¿ves esa casa de allí? Nosotros aquí llamamos a estas casitas Kalivia, porque son ascetas. Más allá tengo otra en la que vivo con otro, es mi hermano. Y vivimos juntos glorificamos a Cristo y a la Santísima Madre de Dios. Allí iremos". Me mostró dónde estaba nuestra Kalivi.

Siendo monje cuando fui a Kausokalivia, se celebraba la Fiesta de la Santísima Trinidad de Kausokalyvia. Ahora que lo recuerdo, era de la Santísima Trinidad y de San Constantino. Subíamos una colina con muchas curvas y si resbalabas te perdías, caías al mar. Era un camino sólo para personas y mulas. Íbamos con mi Gérontas, yo cerca de él, tenía miedo de perderme. Sin embargo, veía monjes y me emocionaba, pero también me sentía avergonzado, me parecían muy santos. Y en mi alma estaba celoso y agradecido. Yo era un chico sencillo, pequeño. Los que llegaban al puerto, al ver al Gérontas lo llamaban "Santo Espiritual", y todos le besaban la mano.

― ¿Quién es este, pequeño monje le vas a hacer?

— Es mi sobrino, les dijo.

Yo callado, incliné la cabeza, estaba tímido. Vio la barca el p. Joanicio y vino hacia abajo, donde estábamos nosotros

— ¿Quién es él?

— Este chico es de los nuestros.

Me saludó a mí y yo sentí vergüenza, le besé la mano. Subimos las escaleras. "Aquí es donde vivimos" (me dijo el Gérontas). Me llevó a la Iglesia, me postrerné. Me tomó con él el otro p. Joanicio. En realidad yo no sabía hacer prostraciones. Que no sea malinterpretado, pero ni siquiera sabía confesarme, ni nada. ¡Cómo podría pedirle estas cosas Dios! Yo pedía ser asceta, ermitaño, inspirado por lo que leí sobre San Juan de Kalivitis.

Me trajo el p. Joanicio una camisa interior de tirantes, me dio vergüenza. Me dice "quítate (ponte) otra, estarás sudado". Cómo podría saber yo de estas cosas. Y me trajo una camiseta que era muy absorbente. Me llevó allí a la tipo cueva, así la llamamos, cueva. Él no tiene cama, me había tendido una manta gruesa que trajo de su región. Así dormían también ellos. Una manta gruesa, de lana, de estilo campestre. Todavía la tengo, la tengo aquí donde duermo. Me lo regalaron cuando salí de allí. “Llévalo para el camino, para que no pases frío” me dijeron. Sobre ella hacía las prosternaciones.

Me llevó entonces allí a la cueva, me dice "descansa, hijo mía, del camino". Ahora no quería descansar, pero hacía lo que me decían. No hablaba. Me santigüé, dormí. Por la noche llegó el p. Joanicio, dio unos pequeños toques en la puerta, me dice "Por las bendiciones de nuestros santos padres..." y daba toques, pero yo no conocía nada. Dijo: "Ábreme, hijo mía, mañana es la fiesta de la Santísima Trinidad y la fiesta de San Constantino. Os ponemos a dormir, a descansar un poco, porque nosotros aquí desde por la noche tenemos vigilia".




2.2. Santidad en Kausokalivia.


Hace 70 años, cuando fui a la Skate (Kausokalivia), éramos 127 almas. Allí no sólolos Gérontas, sino también los monjes subordinados, eran santos. Tan pronto como ponías un pie allí debías convertirte directamente en santo, tal era el ambiente, tal era el ejemplo, efectivamente te convertías en un santo con extrema obediencia, sin ninguna oposición sino con una obediencia gozosa y con la Gracia de Dios. No ha de tomarse esto como una imaginación, yo mismo lo vi y con la Gracia de Dios algo lo viví. Abajo teníamos un viejo monje que había venido a nosotros desde el Monasterio de San Gerásimo de Jordania. Todo M. No comió nada durante toda la Gran Cuaresma. Cuarenta días sólo con Divina Comunión, un poco de Agua Bendecida (Agiasmós) y un poco de Pan Litúrgico bendecido (Antídoro). Sólo con verle sentías asombro. Comenzó a ayunar también así el padre Gerásimos de allí abajo, de la Kalivi de San Juan el Teólogo. Este hombre tenía 109 años. ¿Dónde encontrarle hoy? Estas figuras espirituales desaparecieron. Esta es la Gracia de Dios, no es una cosa humana… ¿comprendes?"




2.3. Ejercicios ascéticos de un monje novicio.


"Mira, Geróntisa, yo entonces cuwndo estaba en el desierto, el pobre, era joven, ¿me oyes? Terminaba (leía) el Salterio dos veces por semana. Los Gérontas me lo pusieron en obediencia y lo leía. Solía ​​leer el Salterio donde realizábamos las tallas de madera, no lo leía en la Iglesia. Leía tres Catísmata por la mañana y tres por la tarde. Pero las Horas y las Horas Intermedias en la Iglesia.

"Geróntisa, recuerdo la vida, escucha esto, en cuanto empezaba la Cuaresma en tres días nuestra voz se convertía en una vocecita humilde, con contricción. Se ponía así ella sola, no podía ser de otra manera. ¿Por qué?

— Del hambre".




2.4. Él solo cantaba con contricción.


"Cuando los Gérontas no estaban, me encantaba ir yo solo, a nuestra pequeña iglesia allí en la kalivi ascética que teníamos, y cantaba. Había dos muy buenos y santos Gérontas, el mío era un hombre de mucho valor y faltaban y yo le obedecía, pero no conseguí obtener la gracia que tenía, pero te diré que cuando faltaban los Gérontas, me dejaban en la celda porque yo era muy joven y no me llevaban fuera, no iba a celebraciones. Y recuerdo que cantaba troparios con compunción, que encontraba en el Libro de los 8 tonos (o Paraklitikí). Cantaba los del sábado o de algunos días que tenía troparios con compunción. Sobretodo cantaba el Servicio de Súplicas (o Paráklisis) a Jesús Cristo. Después recuerdo que decía con mucho amor y compunción el nombre de Jesús, con dulceza y contricción, así con dolor la palabra Jesús, mi Jesús… pero ahora no puedo pronunciarlo así. Me gustaba mucho, pero ahora no puedo decir la palabra; entonces lo decía con una especie de sollozo, con compunción, emocionado, con amor y devoción a Cristo.




2.5. Estancia en lugar desierto.


"Quiero construir preparar una caravana e ir a un lugar desierto que encontré en el norte de Evia, que tiene vistas al mar Egeo y enfrente está el Monte Atos. Pondré dentro una estufa de gas, pero tendrá una chimenea para que salga el gas quemado. Hay mucha naturaleza y un camino de tierra y no pasan coches. Iré allí tres días y aquí me quedaré aquí cuatro. Me llevo a dos personas discapacitadas, ¡qué deciros! no les alcanzamos en santidad, constantemente quieren hablarme y leerme del Gerontikon, de aquí, de allí, !vaya vaya! Una de ellos está siempre cantando. También viene una chica de aquí, a veces Penélope, a veces Katerina, para que nos cocine y más aún para que se ponga con el tensiómetro y vea si me sube la presión. El hecho de que salga yo fuera es (médicamente) ilegal, pero salgo con fe. Si ha de pasarme, eh! Puede que muera en el camino. No estoy diciendo, ¿dónde estando así? No lo digo en absoluto. Puedes decir, pero este viejo, enfermo, blandengue, ¿!qué está haciendo!? Levantarse ahora para ir al desierto. Y sin embargo esto me da descanso, aunque el viaje sea incómodo, me entumece todas las articulaciones.

Allí también conocí a un pastor y él me quiere, le compré una radio solar para que se la llevara. Es una radio que la pones al sol una hora y te dura dos semanas, es estéreo, tiene muy buen sonido. Y ahora se lo llevaré para que vaya, a la hora que quiera, a pescar. Allí abajo hay un lugar de pesca y me trae pescado. Hasta el peor pescado me gusta. Algunos peces en el mundo no los comen, pero allí son una dulzura. Llevo tres años yendo allí, también hay una capilla y unos que la cuidan duermen afuera y yo duermo dentro de la capilla. He encontrado una caravana, mide 2 m. y medio de largo, 2,20 de ancho y 1,60 de alto, es baja. ¡Y sabes lo hermoso que es allí! Es muy hermoso. Aquí no sé cuando comeré, cuando dormiré. Ni siquiera tenemos un teléfono allí, es muy hermoso. Y todos los Domingos viene un coche y nos lleva a un pueblo, no cerca, sino más lejos, para que no nos conozcan y vamos y comulgamos. Y me he hecho amigo de un pastor, al que al principio lo evitaba para que no viniera a molestarnos. Él está con su esposa que tiene 75 años y pastorea cabras como si tuviera 20 años. El clima allí es muy saludable.

Tuve dos Gérontas desde pequeña y estuve sometido a la obediencia desde pequeño y no leía, ni siquiera sabía leer, pero poco a poco aprendí y leía sólo los libros de la Iglesia, Santorales por meses (Minea), Libro de los 8 tonos (Paraklitikí), pero a los Padres de la Iglesia no los había leído. San Basilio, san Gregorio, san Juan Crisóstomo… no había leído nada. Y así ahora que me arrepiento, encargué todos los libros de los Padres en Salónica y me los enviaron, me construyeron un estante y los tengo al lado mío, pero quién puede leerlos… La gente viene aquí a partir de las cinco, por supuesto, durante todo el día. Mientras que allí tengo un horario específico para comer, para dormir, para descansar y beber agua, con tranquilidad, sin visitas. Y si alguna vez me pilla la “charlatanería”, también tengo los chicos que me dicen: "Gérontas, no deberíais hablar" y así me ponen en mi lugar, a pesar de que todo lo que digamos sea bueno y bonito".




2.6. Paraíso.


"Escucha lo que se me pasó por la cabeza, qué cosa tan hermosa es este Paraíso; "para ver siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos", dice en el Evangelio, y quiero decir, el Paraíso no tiene ni aguas cristalinas, ni flores, ni… El Paraíso lo tiene todo. Lo tiene todo, pero el todo es el rostro de Dios. Esto es: el rostro de Dios. ¿Me entendéis? Esto lo es todo; y las flores y las aguas cristalinas y los pájaros paradisiacos y, y todo. Me dirás: "y aquello, ¿no lo es?" Puede ser eso también, todo puede ser, sí, pero toda grandeza se encuentra en el rostro de Dios.

Mira, allí es la fiesta, donde "el sonido puro de los celebrantes y de los que admiran la belleza de su rostro, la belleza inefable", “contemplan constantemente el rostro de mi Padre que está en los Cielos. Éste es el Paraíso: "contemplar al Señor para siempre". Quiero decir, ¿cómo podríamos decirlo? Ahora ves a Dios, vives a Dios, estás unido a la fuente de la vida, a la fuente de la alegría, estás unido a todo. Dios es ”lo más supremo”. "Escucha de llamamientos". He ahí el Paraíso.

— ¿Y cómo llegaremos a ese amor?

― Mira, esto es cosa de Dios, no nuestra. Es obra de Dios. ¿Nosotros qué debemos hacer? Tengamos el intento. "La indescriptible belleza de Tu rostro". "En el día sin ocaso de Tu reino". Tengo esta “locura”. ¿Qué puedo decir, llévame, qué puedo decir, que quiero ir a Tu Reino? Porque lo que está aquí también está allí. La diferencia es que allí todo está en un estado puramente espiritual. Pero también aquí el Paraíso en la tierra es nuestra Santa Iglesia. Esta institución increada de Dios, la establecida desde antes de los siglos.




“Sí, es hermosísimo (el Paraíso) porque está en la grandeza de Su sacrificio, de Su amor y todo eso lo engrandece, lo embellece. Esto no lo digo egoístamente. Lo digo sin ninguna certeza de que sea para mí. Sólo estoy pensando, digamos, ¿cómo puedo afrontar estas grandezas, que creo que aquí también existen, y si no las puedo sentir desde aquí, cómo iré allí? Porque aquí también es lo mismo; no hay diferencia entre el Paraíso terrestre y el celestial. La diferencia está en una cosa, en que allí ya vemos cara a cara seres inmateriales y espirituales, mientras que aquí también tenemos la vieja carne, la carne que de alguna manera se interpone en el camino, sin embargo el espíritu los vence con la Gracia de Dios, sólo con la Gracia de Dios. Algo así creo, Geróntisa, que debemos sentir el Paraíso desde aquí y esto nos asegurará para no viajar con recelos y miedos que no van con nosotros y no nos convienen".



2.7. El amor a Cristo te sana.


"También vi a B. estos días y le digo "si no te esfuerzas por el amor de Cristo, si no intentas enamorarte realmente de Cristo con un amor intenso para llegar a ser santo, no te despojarás de lo que tienes, y de esta manera molestarás a los hermanos que te rodean y te entristecerás y te enfadarás y te preocuparás. Pero si os entregáis al amor de Cristo, todos estos sufrimientos que tienes y las reacciones se convertirán en amor a los hermanos y a Dios y así se convertirán en alabanza y acción de gracias a nuestro buen Cristo. Ponlo bien en tu cabeza, si no consigues volverte así, molestarás a tus Padres Espirituales y a los demás".




2.8. No escojas a confusas como monjas.


Cuando admites un alma confundida así por las tentaciones, es una oveja sarnosa que habéis introducido en vuestro rebaño y ciertamente contagiará la sarna también a los demás. Ves algún detalle, algo de eso. ¡Eh! te dicen, ella es buena. ¿Cómo sabes que no está el diablo dentro de ella, como dicen los cefalonitas? No debéis tomarlos con expresiones histéricas, diabólicas, tentadoras, confusas. Si ves que tiene sensibilidades, y por esto entiendes que es una cosa confusa. Dile "no te va, hija mía, aquí tenemos dificultades, tenemos esto... Mira, prueba a ir a otro lugar, díselo claro y échala". ¿Y qué has hecho ahora con B.? la das, la das, la das, has sufrido tú también, ha sufrido también ella la pobre. Mientras no reciba corrección, seguirá con el mal… No condeno, también yo he hecho muchas oraciones por B. para ayudarla (Dios), pero hay algo que hace difícil ayudarla, algo satánico, egoísta. Esto es muy contagioso, mucho más de lo que imaginas;




2.9. "Cuando Cristo mira dentro de nosotros..."


"Cristo está en todas partes y todos los santos están en todas partes. Ahora explicad esto vosotros, yo no puedo explicarlo. Sólo les digo, dondequiera que piensen en san Antonio, y ahora estaremos pensando en él, unos piensan en él estando en la Tebaida, otros en Egipto, otros en Jerusalén, otros en el Sinaí. En este momento está tanto aquí como aquí, como más allá. ¿Qué decís? Está en el mundo espiritual. Y aunque somos cristianos, nada sabemos, hijos, nada, nada sabemos de Cristo. Y nosotros, los pobres, vivimos y leemos algún discurso, es hermoso, qué bien han hablado, el padre Augustinos y el padre Nikolaos... Muy hermoso, sin embargo seguimos fieles a nuestra justicia, a nuestra temeridad y vivimos sin Cristo. Cristo es otra cosa. Cuando viene Cristo al hombre, a nuestra alma, el alma se vuelve diferente, vive en todas partes, vive en las estrellas, vive en el mundo espiritual, vive en el caos, vive en el universo. Hablan por teléfono en Sudáfrica, en el Océano Índico y les dice (el carismático) les habla desde su casa, de sus hijos, de su familia y él está aquí. ¿Habéis entendido? Vosotros ahora que os digo esto pensaréis que estoy diciendo que soy algo. No soy nada. Sin embargo por esto que digo, como que lo siento, lo saboreo. Muy poco, y lo intento, y lo quiero, y lo amo. Pero muchas veces lo vivo por Gracia de Dios sin hablar, no me está permitido. Digo lo que se me permite decir, pero no siempre puedo decirlo. Sin Cristo no hay vida, se acabó. Si no ves a Cristo en todas tus obras y pensamientos, estás sin Cristo. ¿Entiendes? Recuerdo la canción: “Con Cristo en todas partes, temor de nadie”, ¿la habéis escuchado? Así realmente vemos a Cristo, él es nuestro amigo, él es nuestro hermano, él es todo lo bueno y hermoso, él es todo, pero es un amigo y lo dice: “oye, os tengo como amigos, ¿no lo entendéis? Somos hermanos, yo no mantengo el nfierno en mano, no te estoy intimidando, os amo, quiero que disfrutes la vida conmigo". Así es Cristo. No hay tristeza, ni melancolía, ni introversión, como el hombre piensa, y es atormentado por diversas maquinaciones y diversas presiones que en diversos momentos de su vida lo han herido. Cristo es vida nueva. Cristo es todo, es la alegría, es la vida, es la luz, la luz verdadera que hace al hombre alegrarse, volar, ver todo, ver a todos, sufrir por todos, querer a todos con él, todos cerca de Cristo.

Cuando encontramos un tesoro o algo similar, no queremos decirlo en ninguna parte. Sin embargo, cuando el cristiano encuentra a Cristo, cuando conoce a Cristo, cuando Cristo desciende a su alma y lo siente, quiere gritar, quiere decirlo en todas partes, quiere hablar de Cristo, qué es Cristo, "amad Cristo, no prefieras nada más que su amor". Cristo lo es todo, es la fuente de la vida, es el fin de todo. Todo es bello en Cristo, y lejos de Cristo está la tristeza, la melancolía, los nervios, la angustia. Dondequiera que encontremos a Cristo, incluso si es una cueva, sentémonos allí y tensgamos miedo de salir para no perder a Cristo. Leed y veréis, los ascetas que conocieron a Cristo no querían salir de la cueva, ni salían a hacer nada más, querían estar allí donde sentían a Cristo con ellos. Cristo es la fuente de la vida, de la alegría. Así estamos llamados a vivir, cuando decimos que somos cristianos, cuando decimos que somos de Cristo. Y en los momentos de debilidad, en cuanto vemos a Cristo directamente cambiamos de opinión y queremos estar con él. Y Cristo es nuestro amigo, es nuestro hermano, fuertemente lo dice: “Vosotros sois mis amigos”, no quiero que me veáis de otro modo, no quiero que me veáis así, como que yo soy Dios, que soy el Logos de Dios, que soy una Persona de la Santa Trinidad. Quiero que me veáis como alguien vuestro, amigo vuestro, que me abraces, que sintáis en vuestro alma a vuestro amigo, a mí que soy la fuente de la vida, que soy la verdad.

"¿Dijimos que Satanás existe? ¿existe el infierno? ¿existe la muerte? Sí, todo esto existe, realmente existe. Es el otro lado, el del mal, es la oscuridad, es todo lo que es oscuridad. El hombre de Cristo cuando ama a Cristo queda libre del diablo, del infierno y de la muerte. Me dirás "¿tú has llegado a ser así?", no he llegado, esto quiero incluso en mi silencio y siempre trato de vivir en ello. No lo vivo, esto quiero, en mi silencio y en todas partes intento vivir con esto. No lo vivo, pero lo intento, ¿cómo os lo puedo decir? No he ido a un lugar así, de este modo, ni fui una vez y lo vi, ahora no estoy allí, pero lo recuerdo, lo anhelo, lo quiero; mira ahora, en este momento, mañana y pasado, cada momento llega a mí y quiero ir allí. Lo pido, pero no estoy allí. No puedo explicaros esto. ¿Lo entendeis? Vivo en este intento. Llamame loco, di que nadie dice esto, Gérontas, quien lo intenta no habla, pero invoca la Gracia divina para que le ayude. !Eh!, sí, cuando uno enloquece, habla. También está la locura. Ahora que estamos hablando no me siento en mis cabales, ahora soy un loco diciendo estas cosas.

La cuestión es que hasta que Cristo venga contigo, entonces estarás en todas partes "con Cristo". Esta es nuestra dificultad, que no tenemos a Cristo. Cuidadlo esto vosotros también. Sintámolo, vivámoslo y que se hagan realidad. Cristo no quiere miedo. Hasta el final, los pobres Apóstoles temieron, fueron convencidos, ¡qué pasaron! El Espíritu que fue, los perfeccionó, la Gracia los perfeccionó".




2.10. El asceta.

No se debe saber lo que hace el asceta, porque el asceta debe ser un santo muy grande y agraciado de modo que esté en su obra entregado para cuando todos reaccionen. Lo más hermoso es que el asceta esté con uno o dos o tres ascetas de ideas afines, con un sólo espíritu, cómo decirlo, es decir, lo que uno quiere, el otro quiere, uno debe hacerlo y todos deberían ir con él, entonces no sólo no sufre, sino que se fortalece y todos juntos ejercitan y gozan la Gracia de nuestro Señor".




2.11. Unidad con obediencia

Cuando le vives al Gérontas, amas al Gérontas y el Gérontas te ama y eso es lo que yo llamo ideas afines, con un sólo espíritu.

"Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos", este es Cristo. ¿Qué es Cristo? La cabeza.

Cristo, tú, Katerina y yo somos cuatro y somos uno, y sin embargo esta es la verdad, la realidad, la espiritualidad, es como lo digo, pueden parecer ridículos y digamos difíciles de entender, pero en realidad así es, mira qué cosas tan bonitas, "!Gloria a ti Dios!”




2.12. Glorificación (Doxología)


Puede, digamos, levantar una de sus manos hacia Dios y todos juntos (decir) "¡Gloria a Ti, Dios!", porque Dios quiere glorificación. ¡Eh! No todo el día súplicas.

"¿Sabes qué quiere decir Glorificación (Doxología)? Es la oración más hermosa. Que Dios tenga misericordia de nosotros, que estemos siempre cerca de Él, glorificándole... como sus ángeles. Grande es la Glorificación, gran cosa, grandes las altísimas palabras. "Sólo Tú eres Santo...", etc. !Sólo Tú eres Santo, sólo Tú eres Señor!

Dios mío, ten piedad de nosotros; (somos) tus indignos servidores, humildes e indignos de alabarte y (de) glorificarte, pero tu gran bondad nos da derecho a este gozo. A tí que te glorifican Principados, Potestades, Virtudes, Dominaciones, Tronos, Serafines y Querubines y todas las fuerzas celestiales de los Ángeles y Árcángeles".




2.13. La “Panayía” (La “Toda-Santa”, y Siempre Virgen María)


"Alégrese con Dios, la de después de Dios, la que al segundo de la Santa Trinidad mantiene". La Santísima Trinidad primero, nuestra Panayía segundo.

Dejé a mi padre y a mi madre que me engendraron dieron y ahora mi padre (es Dios) y mi madre (es la Panayía) y no soy huérfano estando con ellos. El orfanato es una gran tema. Quien perdió a sus padres carnales se volvió infeliz en la vida. Quien dejó a los padres carnales y recibió padres espirituales, se volvió santo y feliz en la vida. "Mi padre y mi madre a mí me abandonaron, pero el Señor me recibió". "El que ama a mi madre o a mi padre más que a mí no es digno de mí".




2.14. Previó el desarrollo de la monja en pruebas.


"Una vez un Arzobispo llevó a una chica a un monasterio femenino y le dijo a la Higumeni: "cuídala, es buena y avanzará, será un ejemplo". Y a los pocos días fui yo también... Y la Higumeni también la quería mucho. Le llevó ella algo a la Higumeni y la dice ésta: “prostérnate ante el Gérontas”... Y fue la muchacha y me dice la Higumeni: “la trajo el Despotis (el Arzobispo) y en secreto me dijo: “cuídala, esta es santa, hará que todas la envidien y traten de imitarla; tiene una gran humildad". Después, cuando se fue la chica y me preguntó la Geróntisa, le dije: “muy buena chica, solo una sola… vigílala para que no se caiga y se mate”…

"Un día fue a hacer algo (la novicia) y la Higumeni la reprendió; ella se preocupó mucho y fue y se subió a una ventana e inclinó la cabeza; estaba lista para saltar desde de allí. Otra hermana la ve y grita: "¡No! Helen ha abierto la ventana". La enganchó y la llevó abajo, luego no le dijo nada… Quería saltar, y lo intentó, pero no podía. Decía: “no valgo para nada… me voy a matar”.





3. ADMONICIONES


"El hábito es una gran fuerza pedagógica tanto para el bien como para el mal. Los padres deben empezar a educar a sus hijos desde una edad muy temprana, porque al niño le resulta más fácil aceptar las leyes de los padres y cumplirlas. Cuando la edad es joven, el alma también es suave y tierna. Si en esta tierna alma quedan impresos buenos y santos hábitos, ningún poder podrá erradicarlos después”.


"Nadie es malo por naturaleza. Juega un papel muy importante qué modelos a seguir, qué ejemplos das a una edad temprana. Si empiezas con buenas experiencias desde pequeño, entonces es muy fácil llegar a ser bueno. Crecer no requiere esfuerzo, lo bueno lo llevas dentro, lo vives."


"La virtud es conocimiento".


"Todo el secreto es la oración, la entrega, el amor a Cristo. La vida monástica es una vida agraciada".


"La obediencia es algo grandioso. Es el misterio de la vida espiritual. Obediencia con alegría, con placer. Esta obediencia mueve a Dios".


"Con la obediencia lo cambias todo. Te vuelves rápido, inteligente. Cristo me dio la Gracia de obedecer. Todo lo que tengo, lo tengo por obediencia".


"El Gérontas juega un papel muy importante en nuestras vidas. Cuando vivís con un santo Gérontas, también sois santificados. Se toma algo de sus santos hábitos, de sus palabras, de su silencio, de su oración".


"Si no tenéis obediencia, no tenéis la Gracia de Dios. La falta de obediencia se debe al egoísmo y al orgullo. En la humildad y la obediencia el hombre encuentra la verdadera libertad".


"Amad el estudio. Cuanto más escucho el Salterio y los Cánones, más me gusta escucharlos. Leámoslo claramente, palabra por palabra. Decirlas y escucharlas también, esto ayuda mucho. Y donde se vea que hay mucha esencia, vuelve a leerlo para entenderlo mejor”.


"Los Servicios Eclesiásticos son un gran tema. Tanto como uno pueda alejarse de la apariencia y mirar la esencia. En otras palabras, que lo desee, que dé gracias a través de la oración, a través de la conversación con Dios. El Servicio de la Divina Comunión, cuando lo lee incluso el más pecador, queda santificado".


"Buscad el esfuerzo físico. Y cuando decimos esfuerzo, también nos referimos a la oración de la noche. Es muy beneficioso levantarse por la noche para orar. !Oh, qué sucede en el Monte Atos por las noches! Fragancia, incienso, ángeles, oraciones. Los ángeles toman las oraciones de los santos y las llevan a Dios. ¡Misterio!".


"Cuando el esfuerzo físico (prosternaciones, vigilias, sacrificios) se hacen con amor, entonces no dañan el cuerpo".


"No te compadezcas del cuerpo. Edúcalo. Hay que hacer un sacrificio, hacer ascesis. Ejercicio físico y mental. Nada sucede sin ascesis. Cuando era joven hacía tres mil prosternaciones al día y no me cansaba, estaba muy endurecido. Me enseñé solo, desprecié el esfuerzo".


"Cuando estoy en lugares donde vivieron santos, antes de que tenga tiempo de orar, el lugar santo me eleva inmediatamente a lo celestial; como por ejemplo Patmos, Jerusalén, Tau Pentelis...".


"El amor a Cristo requiere esfuerzo... ¡por el Amado!".


"Lancémonos a los brazos de Cristo. ¡Cuando venga Cristo, lo ganaremos todo!”.


"Cristo no quiere almas "gordas" cerca de Él. El alma debe llegar a ser digna de Cristo. El verdadero arrepentimiento y cambio traerá la santificación".

“Cristo es noble. Respeta la libertad que él mismo nos ha dado. Está a la puerta de nuestro alma y llama suavemente. Si le abrimos, vendrá a nuestro interior y nos lo dará todo.”


“Tal como Él llama con amabilidad a la puerta de nuestro alma, así también pidamos nosotros lo que deseamos y, si el Señor no responde, paremos de pedirlo. Si Dios no nos da algo que pedimos con insistencia, tiene sus motivos. Recemos a Dios con sencillez y suavidad”.


“En las almas cerradas Dios no entra, no fuerza, no obliga. Por el contrario, sobre los que tienen una fe sencilla, Cristo se presenta y regala Su luz increada”.


“Nuestro corazón que sea sencillo y bondadoso”.


“No existe mayor cosa que el llamado arrepentimiento y confesión. Este misterio es un ofrecimiento del amor de Dios al hombre”.


“No tiene sólamente el hombre la responsabilidad de sus caídas. Los errores, los pecados y las pasiones pecaminosas, no son sólo vivencias personales del que se confiesa. Cada hombre ha tomado en su interior las vivencias de sus padres, especialmente de la madre. Sin embargo, existe un modo de librarse el hombre de este mal y este modo es la confesión general. Muchas veces he utilizado esta confesión general y he visto milagros. Cuando se lo dices al confesor, viene la Gracia divina y te libera de todas las malas vivencias, las heridas, los traumas físicos y las culpabilidades”.


“Cuando uno está vacío de Cristo, entonces vienen y le llenan los celos, la melancolía, reacciones, la actitud mundana, las alegrías mundanas vienen. ¡Intenta llenar tu alma de Cristo!".


“Cuando el hombre vive sin Dios, sin paz, sin confianza, pero con ansiedad, agonía, depresión, desesperación, adquiere enfermedades físicas y mentales”.


“Si veis pereza, el hombre no está bien en el alma. El trabajo físico es una lucha espiritual”.


“Viviendo en el amor de Dios, vivís en la libertad”.


“El arma más grande contra el diablo es la Venerada Cruz que lo hace temblar. Sin embargo, la señal de la cruz debe hacerse correctamente”.


“Aprendamos a amar y no a buscar ser amados”.


"Si amas a Dios, amas todo y a todos, ¡porque en Dios todo existe! Él mismo dice: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas".


"Quien vive a Cristo, se hace uno con Él, con su Iglesia. ¡Vive una locura!”.


"Tened siempre la memoria de Dios y la vigilancia".


"El divino Eros nos eleva a la esfera de Dios, nos da paz, alegría, plenitud. Cualquier otro amor, sin embargo, puede llevar a la persona a la desesperación."


"El amor a Cristo lo es todo. Si vuestra alma repite con adoración, con deseo las palabras "Señor Jesucristo, ten piedad de mí", no queda saciada. ¡Son palabras insaciables! ¡Decidlas durante toda vuestra vida, esconden tanto néctar!


"Y cuando digáis la oración "Señor Jesucristo, ten piedad de mí", decidla lenta, humilde y suavemente, con amor divino. Con dulceza digan el nombre de Cristo. Decid las palabras una por una. “Señor… Jesús… Cristo*… ten… piedad… de… mí”, con dulzura, con ternura, con amor”.

* La palabra Jesucristo procede de la buena práctica y santa costumbre de decir a menudo el nombre de Jesús Cristo… no es algo malo ni herético.


"La manera más perfecta de orar es la silenciosa. Allí es donde tiene lugar la más verdadera adoración".


"Amen a Cristo. Cristo lo es todo en nuestras vidas. Cuando tenemos a Cristo en nosotros, somos felices y plenos. Cristo es nuestro Padre amoroso y Esposo de nuestra alma".


"Quiero que obedezcas a tu Geróntisa, porque la obediencia es vida, mientras que la desobediencia es muerte".


"En el Monasterio debéis tener entre vosotros amor y compasión, obediencia, humildad y oración. Que la una ceda ante la otra, para que llegue la paz, y entonces viviréis el paraíso desde esta vida. Amar también la oración, porque la oración es nuestro aliento".


"Cuando luchas por Cristo, debes hacerlo con todo tu corazón".


"Leed el Salterio lenta y claramente. Sepan que el Salterio nos enseña a conocer y amar a Dios".


"La paciencia es una gran virtud, porque la paciencia es amor y sin amor no se puede tener paciencia".


"Sepan que la más mínima queja contra nuestro hermano afecta nuestra alma y después podemos rezar".


"¿Sabes lo que dirá un monje? Primero, amar a Dios y segundo, llorar y hacer lamento durante toda la vida por la humanidad".


"Seamos pacientes y tengamos paz".


"Para ser salvos debemos convertirnos en buenos cristianos, confesarnos, ir a la Iglesia, comulgar, leer el Evangelio y la vida de los santos y ayudar a los pobres".


"Di la oración clara y pacíficamente; no apresuradamente".


"No debes ocultar nada en tu confesión".


"Ama a todo el mundo y perdona".


“No debemos desesperarnos por mucho que la gente nos rechace, porque tenemos a Dios que nos ama y quiere nuestra salvación”.


"Recemos para que Stalin se arrepienta, no para que muera". (Le dijo esto a alguien que le pidió que rezara para que muriera Stalin).


"Padres, dejen a sus hijos, no los opriman, no les hagan observaciones, ustedes no son los guardianes de sus hijos". (El Mayor tenía otra táctica, quería ganarse el alma del niño, entendiendo el mismo niño su error y corrigiéndolo).


A los jóvenes involucrados en las religiones orientales les dijo: "Miren, chicos, ustedes ahora son buenos chicos, tenéis buen alma, vaiallí allí, digamos, con inocencia para conocer supuestamente lo perfecto, se involucran con el diablo y la infelicidad comienza en vuestras almas, mientras que Cristo es todo luz, todo dulzura y, si conocéis a Cristo, entonces comprenderéis que él es el Dios verdadero, que ahí está el secreto. No estoy de acuerdo con lo que haces, pero os amo."


El Gérontas decía a las madres: "Cuando el niño salga de casa, decidle a vuestro hijo: "Puedes irte, hijo mía, diviértete, pero hasta que vuelvas, rezaré por ti a la Santísima Madre de Dios".


"Ama a tu hijo y no lo regañes".


"Que te interese el presente, el presente y el futuro. El pasado ya pasó, no puedes corregirlo, pero que te interese el presente. Construye el presente con Cristo y el futuro será mejor con Cristo."


"Al final, la Ortodoxia vencerá, pero yo entonces ya no viviré".


"Llegará un momento en que caerán (desaparecerán) las barrigas". (Profecía que se verificó con la crisis).


"La santificación comienza con la lactancia materna; habla con tus hijos cuando los estés amamantando y ellos te oirán y, cuando los acuestes, ciérrate y reza las Pequeñas Completas".


"No ahogues a tu hijo con tu amor. No lo despiertes por la noche y lo beses, porque el niño se pondrá nervioso".


"Lejos de las suegras; he visto muchos males sobrevenir a la pareja, cuando las suegras se interponen entre ellos".


"No le tengo miedo al cáncer, no lo pienso, no lo traigo delante de mí para mirarlo y temblar, sino que lo arrastro detrás de mí".


"Cuando no tienes miedo a la muerte, no hay muerte. No dice "¿pasó de la muerte a la vida?". Si el hombre es resucitado, es decir, vive a Cristo que es vida, no hay muerte para él".


"Si no se comprende la profundidad de nuestra Fe y entras allí a vivirla, no es posible (avanzar). Ahora, (es decir), caemos, nos levantamos, nos confesamos, volvemos a caer y la Fe es una lucha y una agonía y una ansiedad".


"La Fe es amor cristiano desinteresado (agapi), es entusiasmo. Es un anhelo de Dios."


"He comprendido que el secreto (de la vida espiritual) es el amor a Cristo. Cualquier otro amor no tiene valor, es momentáneo. La desolación lleva a la desesperación, el hombre cae y a veces se suicida. Cuando amas a Cristo, quieres sufrir por Cristo. Y este amor, este entusiasmo y esta dedicación te lleva a un estado en ciertos momentos (donde) ni enfermedad, ni dolor, ni nada, (sientes). (Esto sin embargo) no es siempre, son algunos momentos".


"Adoro, reverencio con el nus".


"Tuve una gran alegría cuando me hice monje, esto no se puede explicar, ni se dice; cosas indecibles, inexpresables. Así como cuando me convertí en monje, la alegría había llegado a mí, (así) esa alegría me llegó hoy".


"Desde que me hice monje y leí la (1ª) Epístola de San Juan el Teólogo, (se abrieron) nuevos horizontes, (y vinieron a mí) lágrimas de alegría y felicidad por el amor y sacrificio de nuestro Cristo".


"Cuando un alma se enamora verdaderamente del Señor, prefiere el silencio y la oración mental, y esto es lo que hacían los ermitaños, los ascetas, los cuales primeramente sobresalieron en el Salterio, el Libro de los 8 tonos (Paraklitikí), Santorales mensuales (Minaia), el Libro con los himnos de Pentecostés (Pentekostarion), del Triodio (Triodion), y ahora han parado sus palabras".


"Veis que cuando alguien ama a Dios siempre quiere hablar de Dios y quiere hacer que los demás también amen a Dios; es un amor desinteresado, sencillo, honesto, mientras que, digamos, una chica que ama a un joven hablará a los demás de él para que lo amen? Ella no lo hará, no la viene bien, porque dentro tiene un amor patológico que está atormentado por los celos”.


"Dios es muy misterioso con nosotros, su providencia por mucho que la examinemos, no podemos entenderla. Dios respiramos, Dios vivimos y sin embargo no lo conocemos, nacimos así, simplemente vivimos así sin sentir esta grandeza. Y Dios (es) en cierto modo muy misterioso, como si no quisiera que entendiéramos sus acciones; y sólo las entendemos y nos las muestra, cuando nos enriquece con la santa humildad. Él mismo nos da el carisma, el don de la humildad y entonces lo vemos todo, lo sentimos todo, entonces vivimos a Dios muy claramente. Sin embargo, mientras no tengamos esta humildad, no entendemos nada de las acciones de Dios y llegamos al punto de decir “¿existe Dios?”. Porque no vemos nada. Al contrario, cuando somos dignos de la santa humildad, lo vemos todo, nos alegramos de todo, lo vivimos todo, vivimos con Dios, vivimos el Paraíso dentro de nosotros, donde está Cristo mismo. Hoy lo he sentido".


"Fuimos a la Iglesia y sentí que una gran alegría me inundaba. Incluso antes de comulgar, sentí ganas de levantar las manos a Dios, sentí una gran alegría y cuando comulgamos, (tuve) alegría, una gran alegría".


"El secreto es la dependencia. "No como yo quiero, sino como tú", “se humilló hasta la muerte, muerte de cruz". El ejemplo nos lo da Cristo mismo".


"(Cristo) no se toma el tiempo para golpearnos con un rayo, sino que espera incesantemente nuestro arrepentimiento. En otras palabras, aguanta todo el tiempo".


"Tenéis un Padre Todopoderoso, Omnipotente, que espera sin cesar vuestro arrepentimiento. Dios es paciente con nosotros".


"El buen espíritu te trae amor, serenidad, paz, tolerancia, confianza, seguridad y "entregamos toda nuestra vida a Cristo Dios", lo contrario de la inseguridad".


"Somos dobles. Tenemos el espíritu maligno, tenemos el espíritu bueno y estos dos obtienen poder de una fuente. Estos son mis pensamientos; si son correctos, me lo dices; si son incorrectos, guíame."


"Digamos que tenemos una batería, este es el poder de nuestra alma en una batería interna. Si el viejo hombre enciende el motor, nuestro yo malo toma poder y actúa dentro de nuestro ser, nos trastorna, nos empuja al mal, a la destrucción, y toma su poder de esta batería y, cuando nuestro yo malo hace esto, nuestro yo bueno se une a la banda, pero es echado fuera y el malo conduce el coche a la destrucción, es decir nuestro ser. Si bien nuestro yo bueno va más allá, todavía intenta, busca la manera de someter la maquinación, al contrario, que es nuestro yo malo, nuestro viejo hombre, nuestra carne "con sus pasiones y deseos"".

“No existe muerte, sino transición, es decir, estamos aquí y vamos a Ti”.


"Ahora que he envejecido, la gente viene y se va indignada, no puedo hablar. Así es como Dios economizó."


"Debes darte el gusto, leerlo con claridad. En un año o más, todas se convertirán en santas, si prestan atención en la Iglesia a los himnos, los troparios y los Cánones de la Iglesia. Lo que lees es como si no lo leyeras, porque no amamos. Si amamos a Cristo (vivimos) ya otra vida, no tiene diablo, ni muerte, ni infierno; tiene vida eterna”.


“Leámoslo todo, o mejor tengamos una orden para decirlo todo en la Iglesia y decirlo claramente, que todos las escuchen, sólo el escucharlo, ya santifica. Vamos a vísperas, cantamos todo lo decimos... pero (hablemos) y claro".


"Servicio de Medianoche, Maitines, Medianoche, Salterio, si los lees y además bien, te santificas. Cuando (sin embargo) leen las Catísmatas del Salterio y los Cánones, algunos monjes (bajan) los asientos y duermen. ¿Y quién lo escucha?"


"La humildad es un misterio; no penséis que es poca cosa. Porque la misma humildad que llamamos (lo que se ve como) humildad, la misma (puede ser) también una energía satánica en el alma del hombre, que hace (expresarse) y vivirla y sentirla como si fuera un "gusano y no hombre"... Y sin embargo, todo esto (puede) ser diabólico. El hablar de humildad es una actividad satánica".


"Que el Señor nos ayude a ser santos, tal como Él quiere".


"Si estuviera sano, vendría a ser vuestro sacerdote, para que mi alma sea complacida. Amo mucho a las almas que adoran a Cristo".


"Cuando (algunos estaban orando) abrieron sus manos en forma de cruz y miraron al cielo. Es decir, se perdieron, es decir, entraron en trance y vivieron en ese trance unos minutos y no se tiraban ni se arrancaban el pelo, ni se echaban cenizas en la cabeza. Esta manera (de oración) es una manera más santa y perfecta, lentamente, muy lentamente, con un silencio fuerte. "Se calla toda la inmundicia de la carne". El disfrute vino en el silencio, en el misterio, en el arrebatamiento, en la alegría, en la locura, sin tener hambre, ni llanto, abres las manos en forma de cruz y las manos extendidas se quedan."










Φωτογραφίες.


Σελίδα 18. Στον Άγιο Νικόλαο Καλλισιών

Página 18. En san Nicolás Kallisia


Σελίδα 202. Εορτασμός στο παρεκκλήσι της Αγίας Μαρίνας στη Malakasa de Oropós.

Página 202. Celebración en la capilla de Santa Marina en Malakasa de Oropós.


Σελίδα 224. Τέσσερις μέρες πριν τον λήθαργο του. Το δεξί του χέρι υψωμένο, ευλογία.

Página 224. Cuatro días antes de su dormición. Su mano derecha levantada, bendiciendo.



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