Misterios. Archimandrita Athanasios Mitilineos. Bautismo. Hechos de los Apóstoles (Hech. 8,32-37) [0914]

[El pasaje de Isaías que muestra el sufrimiento del Mesías. Su correcta interpretación por parte de Felipe. El deseo del etíope de ser bautizado. Confiesa su fe en la Persona Dios-hombre de Jesús.] 

 

El amor y la paciencia y tolerancia del Santo Dios Triádico nos ha reunido de nuevo en este lugar sagrado en el que se habla y se escucha el logos de Dios. Primer día hoy, primera lección, y la iglesia se ha llenado. Justamente he de felicitaros este año también, y no se trata de lisonjas, porque desde la primera homilía hasta la última, cada año, tenemos tanta gente. No puede alguien no glorificar a Dios y no elogiar vuestro entusiasmo por escuchar el logos de Dios; realmente me emociona.

El verano ha pasado, y junto con él la dispersión y relajamiento estival. Nuevo periodo también en el monasterio, aunque también vuestra numerosa presencia nos causa emoción. Y ahora, aquí en la ciudad cerca de vuestras casas, en nuestro programa de invierno, ya reunidos, hemos de fijar un objetivo escuchando el logos de Dios, para no quedarnos sin frutos. Para que lo santo, sea más santificado, como dice el mandamiento. Los economistas dicen que la mejor manera de preservar el capital es aumentarlo. Y aquí, driríamos, el mejor modo de mantener alguien el capital de la santidad, es aumentarlo. Ni digamos que la santidad es algo relativo a los iconos de la Iglesia. No. Ha de moverse de los iconos y descender sobre el pueblo. No digáis que se burlan las personas, diciendo "¿vas a ser santo?, o te haces el santo, o cosas parecidas...". Queridos, es un mandamiento de Dios nuestra santificación. Sin está santificación, como dice el apóstol Pablo, es imposible agradar al Señor y consecuentemente ser salvados. En la santificación, como podréis percibir, no hay límites. El alimento del logos de Dios no es otra cosa que el alimento de la santificación. Los misterios de la Iglesia son proporcionados a todo aquel que así lo quiere.

Entonces por un lado los misterios de la Iglesia y por otro el logos de Dios vienen a alimentar al pueblo de Dios, para que sea más santo. No olvidemos que especialmente en nuestros días es necesaria nuestra santificación. Tenemos muchos científicos, sabios, importantes políticos, lo que queráis, tenemos, tenemos, tenemos... mucho santos no tenemos. Y debemos ser santos. Debemos ser santos. Este el propósito del fiel en la vida presente. Y en este camino le ayudará el Evangelio, los misterios, el logos de Dios.

Así, comencemos con la ayuda de Dios. Recordemos dónde nos quedamos el año pasado con las homilías. Se entiende, dentro de este año, 1988, pero decimos el año (eclesiástico) pasado. Siempre permaneciendo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, este admirable libro encaminador de la Iglesia. Dentro de la historia, en el espacio y el tiempo, viene a ofrecernos imágenes ejemplares del camino a seguir. Porque si la Iglesia no tiene por un lado las imágenes o iconos del logos de Dios, las imágenes o iconos del curso a seguir. Y por otro, contemplación escatológica, siempre centrada en la Persona del Dios-hombre de Cristo, pierde su trayectoria. Y al perder su trayectoria, la Iglesia entonces no puede salvar. Por supuesto, la Iglesia siempre salva, pero estamos hablando de situaciones locales que pueden convertirse en una desviación. Y entonces es algo terrible. Por eso debemos reflejarnos en el Libro de los Hechos. 

Y os lo dije hace un tiempo, y lo repito, que así como el libro del Apocalipsis es el curso de la Iglesia a través de la historia de manera profética, el libro de los Hechos es el curso de la Iglesia a través de la historia sobre los hechos. No sobre una base profética, sino histórica, sobre hechos. 

Tenemos estos dos libros, podemos basarnos en ellos y avanzar como Iglesia. ¿Recordáis entonces dónde nos quedamos donde nos detuvimos en el libro de los Hechos? Estudiamos los movimientos del apóstol Felipe con el etíope producidos por Dios. Cuando el Espíritu de Dios envió a Felipe para que el etíope fuese catequizado y bautizado por él. Aunque claro no le dijo el Espíritu de Dios desde el principio que "te encontrarás con el etíope, y será por tí catequizado y bautizado". No; le dijo "vete allí". Y cuando pasaba el carro del etíope, el Espíritu de Dios instó a Felipe a acercarse al carro, y escuchó a aquel admirable oficial etíope estudiando, de la traducción de los Setenta, lo decíamos el año pasado esto, es decir, griego, es decir, ¿lo entendéis?, en griego, el etíope, estudiando a Isaías en el Antiguo Testamento. 

Y tal como es costumbre para algunos leerlo en alto, estaba leyendo el capítulo 53. Y entonces se acercó al carro Felipe y le escuchaba. Y le dice: "¿entiendes lo que lees?". Se asombró el etíope al oír que alguien le hablaba. Y entonces respondió: "¿cómo podré entender lo que leo, si no me ayuda alguien con la interpretación de esta parte?". Y con estas palabras, decíamos el año pasado, pide a Felipe que suba al carro, para que le ayudase con la interpretación de esta parte. «El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida.» 

Entonces esta parte que leía en alto el etíope, que fue interrumpida por el encuentro con Felipe, ¿era casualidad? Queridos, todo fiel debe saberlo que no hay nada que sea casualidad en este mundo, dado que existe Dios, que está en todas partes, el que todo lo sabe, el que todo lo gobierna y cuida de todo.

No existe la suerte, dice san Isiduro de Pelusio, "si existe la suerte, no existe Dios; si existe Dios, no existe la suerte". Dice más sobre esto, es muy hermoso, alguna vez lo escribiré y os lo daré. Pero la conclusión es esta que decimos: ¿crees en Dios realmente? No existe la suerte. ¿Crees en la suerte? No te jactes de que crees en Dios, te engañas.  

Y Dios ahora permite que suceda,o lo que por complacencia quiere, o lo que por concesión quiere. Es decir, en nuestras vidas, Dios permitirá que tenga lugar lo que por complacencia o por concesión quiere. En concreto ahora tenemos la voluntad por complacencia cuando envía a Felipe bastante antes de el etíope llegue a esta parte. Tenemos una coincidencia. Esta coincidencia de la llegada de Felipe con la parte que lee el etíope, es la coincidencia que prepara Dios. Hay algunas coincidencias sorprendentes, las cuales sólo pueden ser denominadas como un milagro. Y si lo queréis, queridos, tales consecuencias en nuestras vidas tenemos todos. Basta con que tuviésemos ojos para poder ver estas coincidencias, cómo Dios encaja las cosas, de modo que suceda lo que quiere Él. Es decir, siempre dirigido a la salvación. 

Dios quería salvar a este cambiado etíope, porque veía su corazón. Al mismo tiempo Dios quería dar también una muestra de apertura del Evangelio al mundo de las naciones antes del acontecimiento con Cornelio el centurión, al cual servirá el apóstol Pedro. Tenemos entonces un preámbulo de la apertura hacia el mundo de las naciones con este acontecimiento, y no lo registra Lucas el Evangelista en su Evangelio, porque es simplemente sorprendente, pero porque quiere exactamente mostrar esta apertura del Evangelio, lo repito, más allá de la salvación del etíope, esta apertura hacia las naciones, es decir hacia el mundo idólatra.

Dijimos anteriormente que la parte que leía el etíope pertenecía al capítulo 53 del Libro de Isaías. Este admirable capítulo es la parte más característica del Antiguo Testamento en relación con el Mesías. Porque no presenta la gloria del Mesías, sino los padecimientos del Mesías. Tenemos desde luego muchas partes que hablan del Mesías en el Antiguo Testamento. Como aquello majestuoso "dijo el Señor a mi Señor..." que dice el salmista David en salmo 109 (LXX). No muestra padecimientos, es la parte más característica, diríamos la más hermosa y la más real en relación con los padecimientos del Mesías. 

Sólo con este capítulo queridos, el 53 de Isaías, si lo hebreos de entonces y los hebreos de através de los siglos comprendiesen que el Mesías es padeciente, no hubiese existido nunca por parte de ellos ninguna infidelidad. El problema de la fe de los hebreos se habría solucionado. Recordad que el apóstol Pablo dice que para los hebreos la cruz es escándalo. Es decir los padecimientos son escándalo. ¿Cómo es posible que el Mesías padezca? Pero si estudiaran correctamente, si quisieran, repito, abrir sus ojos, a que el Mesías es padeciente, ya no existiría incredulidad en el pueblo hebreo. Reconocerían con una sorprendente seguridad la Persona de Jesús, del histórico ya Jesús, que es lo que describe Isaías en su profecía.


Son diríamos estas dimensiones nacionales de los hebreos, chovinismo, porque estos hombres habían sido oprimidos durante siglos enteros desde el punto de vista nacional. No les dejaba esta pasión tener esperanzas, volver a ver esta profecía de Isaías sobre el Mesías padeciente. Por un momento diríamos, pasaron estos hombres terrores, hambres, persecuciones, destierros, opresión…

Hermanos, es una lección para nosotros. No debemos mezclarjamás temas nacionales con el Evangelio. Lo digo porque esto existe aquí en la ciudad de Larisa, tendencias a unir temas de pasiones nacionales con el Evangelio. No hagan esto. Nunca mezcléis esperanzas nacionales, por muy hermosas o agradables o elevadas o amadas que sean, y yo puedo tener esperanzas nacionales, no debemos mezclarlas nunca con el logos de Dios, con el sentido de que encontraremos una profecía que nos dará alas en los temas de esperanzas nacionales. Nos pasará lo que les pasó a los hebreos.

Y debido, repito, a que durante los 400 años de exclavitud bajo los turcos estuvimos creando tales esperanzas, y hasta hoy lo hacemos esto, aquí, en nuestro país de Grecia, ha sido interpretado el Apocalipsis según nuestras esperanzas nacionales. Esto, sin embargo, conduce al error. No podemos mirar las profecías, el futuro de las iglesias, a través de la lente de las esperanzas nacionales. Lo tonifiqué esto y lo vuelvo a tonificar, estemos muy atentos, quien se acerque a vosotros, y estas cosas las confunda, las mezcle, cuidado, podemos llegar al engaño.

El sentido de esta parte del Libro de los Hechos era este. El Mesías, el que vendrá, es decir el Cristo, debido a que no será bien recibido por su pueblo, el pueblo de las riquezas, entonces fue llevado como oveja a la matanza.

Veis que el tiempo que escriben todos los profetas es tiempo de pasado. Es pasado (pretérito) indefinido, es imperfecto, es perfecto… son tiempos de pasado. Alguna vez aparece el presente. ¿Sabéis por qué? Porque cuando escribe el profeta escribe lo que vio . Y por lo tanto lo siguiente es que lo escriba en un tiempo pasado. Si os digo, “yo ayer fui…”, no iré, o voy; fui.

Veis aquí entonces, como oveja a la matanza fue llevado, ¿por qué? Porque el profeta ve y describe, y además muestra la seguridad de la profecía. Y es comparado aquí el Mesías con una oveja; primero, porque los sacrificios de los corderos pascuales no eran sino figuras modelo del único y verdadero Cordero, de Jesús Cristo. No es casualidad. Es algo profundamente diríamos correcto y grande, cunado san Juan el Precursor, no dijo “el Mesías”, sino “he aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”.

El antiguo cordero, cuando lo sacrificaban, se hacía para que fuesen perdonados los pecados del que lo ofrecía. Cogían un cordero del rebaño y lo llevaban al templo para que fuese sacrificado, de modo que este sacrificio eliminase los pecados del que lo ofrecía y los pecados de su familia. Y también se ofrecía un animal por los pecados del pueblo, no sólo para una familia.

Aquí entonces quita los pecados el Cordero de Dios, y el Cordero de Dios no era sino el histórico Jesús Cristo, a quien revelaría san Juan el Precursor. Veis, vuelvo y digo de nuevo y de nuevo, y el año pasado, y hace dos años, y siempre, cuando hablo de Jesús Cristo, digo el Jesús histórico, porque existen tantos libros, existe tanta charlatanería, dirigido en contra de la Persona de Jesús Cristo, por este motivo queridos, hablo así como hablo. Al mismo tiempo, si lo percibís, es una refutación hacia aquellos que impugnan respecto a la Persona divino-humana de Jesús Cristo.

Segundo, es llamado oveja, porque la actitud del Mesías ante los que iban a crucificarle era inofensiva, sin maldad, como cordero mudo ante el esquilador. La oveja muchas veces se retuerce ante la máquina, o si es tijera alguna vez se produce un corte en la piel, pero nunca bala ni intentar morder al que la esquila. Puede retorcerse un poco, pero no emite ningún gemido, ni se vuelve para morder como hace el perro, o para arañar como el gato, al hombre. Entonces, como cordero mudo ante el esquilador, no abre la boca. Es decir una gran, incomprensible y profunda ausencia de maldad. No existe huella de maldad o rencor. Es lo que escribe el apóstol Pedro, “porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba” (1 Pedro 2:21-23). Cuando alguien nos molesta o nos ofende o nos ataca, rápido reaccionamos para vengarnos. El Señor, no abre la boca. Muestra esta profundidad de su ausencia de maldad. 

Tercero, muestra que el Mesías es entregado voluntariamente, porque no se queja, porque si arresto y su padecimiento fuesen involuntarios, el Señor se quejaría. Recordad a Pablo cuando fue prendido por los hebreos en el sinedrio.No fue prendido voluntariamente, sino involuntariamente ejerciendo su apostolado. El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca. Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!. El Señor, no habló. Porque Pablo fue prendido involuntariamente, pero el Señor voluntariamente. Cuando el apostol Pedro le obstaculiza y le dice, misericordia sobre tí, ¿para qué vuelves a Jerusalén, si has visto el comportamiento de los hebreos, que quieren matarte? Y le obstacuiliza. Y el Señor le dice "apártate de mí satanás"; porque el padecimiento era voluntario. Por eso hemos de enterderlo, es muy importante. Y nuestra teología, y nuestra himnología, de muchas maneras proyectan los padecimientos voluntarios del Señor, que fue a ser sacrificado por nosotros. Por eso entonces se entrega y no protesta ante esta gran y manifiesta injusticia cometidsa por sus adversarios. Y cuando tomó la forma de siervo, es decir la forma humana, como dice el apóstol Pablo a los Filipenses: «...sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filip.2, 5-8). Permitió recibir toda humillación, y hasta su crucifixión, para mostrar a las generaciones posteriores, y a la presente, esta asombrosa grandiosidad de su alma, reconocida a lo largo de los siglos. El primero en reconocerlo fue el gentil Longino, el Centurión. Aprendimos su nombre porque se hizo cristiano y fue mártir. Es  Longino el Centurión que estuvo junto al pie de la Cruz del Señor [16 octubre], quien dijo "verdaderamente, él es el hijo de Dios", no porque vio el terremoto, no porque vio la desaparición del sol, sino sobre todo porque oyó las palabras de Jesús, su ausencia de maldad, esto fue lo que le impactó. Porque podría decir, la grandeza no es el testimonio de la naturaleza. La grandeza en Jesús reside en su actitud hacia las personas cuando se ofrece como sacrificio. Por lo tanto, los que creyeron en Cristo, comenzaron con esta grandeza suya, de modo que admirados dicen como Isaías: "y su generación, ¿quién la contará?" (Is.53,8) Es decir, ¿qué historia, qué generación, es decir, la historia de su Encarnación, la historia de sus padecimientos,  de que Dios se hace hombre, que este Dios llega hasta el sufrimiento en la cruz? ¿O contar el comportamiento de la generación de los que le crucificaron? ¿O el comportamiento de la generación que le rodeaba, que vieron sus milagros, y permanecieron una generación incrédula? ¿Y quién podría contar esta inusual gloria que alcanzaría después de la Cruz? ¿O quién podría contar estos descendientes espirituales, es decir, los creyentes de todos los siglos y todos los tiempos que formarían su propio pueblo? Verdadaderamente, ¿quién podría jamás con lenguaje humano o con escritura humana narrar todo esto? [...30:32] 

[Aquí habla sobre una película blasfema, lo cual no concierne al tema tratado] 

[34:30...]  Y pasamos al versículo 34, siempre dentro de este capítulo 8. 

«Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; [en el capítulo 53 de Isaías] de sí mismo, o de algún otro?»

La duda del etíope, cuando Isaías habla de sí mismo o de otro, era muy natural, ya que era un gentil (idólatra), algunas cosas no podía entenderlas. Y si lo queréis, al hacer referencia del profeta, muchas veces el profeta es imagen de Jesús Cristo. Padece el mismo profeta. Pasa por una situación muy desagradable, padecimientos,  como por ejemplo el profeta Ezequiel, le dice "comerás excrementos humanos, y cuando estés allí arriba en una plaza tumabdo, esto comerás". ¿Se comen? Te dirán los hombres,¿por qué lo comes? Y tú dirás: "Esto dice el Señor: esto os pasará debido al hambre". Vemos que el profeta entra en un padecimiento, mediante una vivencia real. Muchas veces entonces los profetas toman la parte, la persona del Mesías, para mostrar mediante una identificación digamos, pero que en realidad no es una identificación, el profeta es una imagen, un tipo, del Mesías Jesús Cristo.  

Y pregunta el eunuco, ¿de quién habla aquí el profeta? Además nos recuerda esto a la pregunta que hizo el Señor a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» Los hombres, de mí, ¿qué dicen? ¿quién soy?. Y ellos, qué respodieron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas». Unos dicen lo  uno, otros dicen lo otro. Que eres el Bautita que has resucitado, —esto creía también Herodes—. otros que eres Elías, que has vuelto. Y otros que eres el profeta Jeremías, a fin de cuentas, alguno de los antiguos profetas. Todo esto respecto a Jesús Cristo. Sobre Isaías sin embargo, preguntan: ¿quién es? la persona profética de Isaías, ¿cuál es? Los hebreos no pudiero identificar la persona profética de Isaías con la persona histórica de Jesús Cristo. No pudieron. Por eso pensaron que la persona de Jesús es algún profeta del pasado, y no el Mesías. Y hasta hoy en día queridos, fuera del espacio de la Iglesia, puede oíse y decirse lo que queráis, como os decía anteriormente, sobre la persona de nuestro Señor Jesús Cristo. Porque como los que caen en el gnosticismo por ejemplo, en la masonía, en el espiritismo, en la teosofía... sería posible jamás que aceptasen quién es verdadera y realmente Jesús Cristo? Dirán todo lo que queráis, excepto lo que dice la Santa Escritura. No pueden reconocer en la persona de Jesús Cristo a aquel a quien se refieren los profetas. Para que sea revelada la persona de Jesús Cristo hace falta, primero, el conocimiento de los profetas. Segundo, el conocimiento de los acontecimientos, identificando la persona profética y la persona histórica. Y tercero la iluminación del Espíritu Santo. Si alguien no tiene una de estas, no puede nunca conocer quién es Jesús Cristo. Será un problema.

Versículo 35. «Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús».  Vemos aquí a Felipe, estando desde luego bajo la iluminación del Espíritu Santo. Pues el mismo Espíritu Santo fue quien le dijo que fuese allí, "júntate al carro". Veremos después que es arrebatado por el Espíritu Santo y le lleva a otro sitio, donde debía predicar el Evangelio, y ya no vería más el etíope a Felipe. Desde luego aquí Felipe tiene la iluminación del Espíritu Santo, y desde luego inspirado por Él, identifica la persona profética del siervo padeciente de Isaías con la persona de Jesús Cristo. 

¿Cómo lo hizo Felipe para mostrar esto al etíope? Comenzando por esta parte de la Sagrada Escritura. Es decir, tenía delante la Sagrada Escritura. Os decía anteriormente, si no tenemos la Sagrada Escritura, no hacemos nada. ¿Qué hace aquí? relaciona la profecía con los acontecimientos, que presentaban la persona de Jesús Cristo. Y también como su santa vida. Todas estas cosas muestran que Felipe nunca hizo maldad, que no se halló engaño en su boca. Sí, diría al eunuco, que Jesús era inmaculado. Que había hablado y reprimido a los fariseos sobre sus pecados. Sus  Su enseñanza asombrosa, sus milagros, grandiosos. Pero sobre todo su muerte por crucifixión. Su resurrección, la ascensión del Mesías. Todo esto estaba escrito en Isaías y ahora tenían que ser interpretados. "¿Ves qué dice aquí el profeta? Déjame contarte ahora los hechos". Y luego, el etíope volvió hacia Jerusalén, fue a adorar. ¿No escuchó nada sobre Jesús? Sin duda, debió haber escuchado mucho. Seguramente, mucho de esto que escuchaba era erróneo, pero debió escuchar mucho. 

Entonces Felipe, teniendo la profecía y los hechos, catequiza al etíope, hablándole también de la Iglesia de los misterios (sacramentos), porque un poco más adelante el etíope dirá, "¿qué me impide bautizarme?" Por lo tanto, tiene ya una catequesis condensada y completa. Lo que que requerían las circunstancias.  

 «Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?» (Hech. 8,36). Avanzando con el carro y continuando la catequesis, en un momento encuentran una fuente. Y dice el eunuco, "Mira, agua, ¿qué me impide bautizarme?". Veis viajan y dialogan, debió decirle muchas cosas Felipe;la catequesis ha de seguir, tanto como sea posible. Y durante el viaje de repente llegan a una fuente (manantial). ¿Era esto casualidad? Esto era otra señal. Lo primero que os dije, el pasaje que leía el eunuco, ¿era casualidad? La fuente que encuentran ahora, ¿era casualidad? ¿Por qué no la encontraron un poco más adelante... o mucho más tarde? La encuentran allí donde termina la catequesis. Lo diré de nuevo, la presencia de la fuente, ¿era casualidad? Cuando, queridos, Dios despliega su plan, entonces todo se pone como él quiere, en vistas a la salvación. 

Dicen que cuando los judíos pasaron por el Mar Rojo, (¿quién lo dice? los racionalistas); que allí había una marea (bajamar), y que conocía Moisés esa marea y los judíos pasaron. Y que así, supuestamente, pasaron al otro lado. El territorio era egipcio. Si Moisés conocía el momento de la marea, el faraón, ¿no conocía la marea? Los  egipcios, ¿no conocían la marea, para que todos se metiesen y se ahogasen?. Nunca lo hace y no es que fuera cuestión de marea. En ese mismo momento. Y si se supone que era cuestión de marea, ¿por qué sucedió exactamente en aquel momento en que los hebreos vieron a los egipcios que venían a por ellos y clamaron a Dios?

Queridos, esto es un auténtico milagro. Y si tenemos casos, en quese crean coincidencias a través de fenómenos naturales, estas coincidencias no dejan de ser un milagro. Diríamos, ¿encontrar en su camino una fuente es un milagro? No. La coincidencia sin embargo de encontrar la fuente en el momento en que la necesitan, esto es uno milagro. Sin ser transgredido nada de la naturaleza, todo llega de forma natural, todo llega sin violencia, y diría que el hombre fiel, todo esto llamado "natural", y todo esto "sin violencia", esto lo vive en su vida en cada momento, en cada hora. Sí, estas cosas sin violencia, las naturales. [46:32]

[Aquí habla sobre algunos acontecimientos "casuales" que le acontecieron] 

[48:41] Y el eunuco aquí ahora, ¿qué propone? "Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?" Comenta san Juan Crisóstomo, y dice: «¿Ves su anhelo, su deseo, quiere ser bautizado, ¿lo ves? No dice "bautízame", ni tampoco se queda callado, algo entremedio, entre el deseo y la devoción y respeto, porque podría tener motivos Felipe para no bautizarle, y por lo tanto ¿qué dice?, "¿qué me impide ser bautizado?". Podría decirle Felipe, "algo te lo impide", es un hermoso modo de proceder el etíope. Realmente, diríamos, lo que impresiona de esta proposición a Felipe es el desarrollo dentro del corazón de este hombre del fuego del Espíritu Santo

Recordad cuando el apóstol Pedro va a catequizar a los de la casa de Cornelio, el militar romano que era centurión. Antes de bautizarlos, primero bajó el Espíritu Santo. Aquí, como un adelantamiento diríamos, el Espíritu de Dios se apresura a descender sobre los que escucharon las palabras de Pedro y sus corazones habían sido inflamados. Queridos míos, no existe mayor grandiosidad que el corazón que es inflamado por el logos de Dios. 

Lo he visto esto, lo he visto. Diré que de todos vosotros, estar inflamados por el logos del Señor, tal vez no  es para todos estéis. Lo desearía. Y yo ser inflamado por el logos de Dios. Pero existen algunos, lo sé, lo sé. En principio porque me lo pueden decir. También porque puedo entenderlo yo mismo, porque se nota. ¿Cómo se nota? Inflamados por el logos de Dios, ves sus corazones ¿Cómo lo haré? Donde el fuego guardado por la palabra de Dios ve. ¿Cómo lo ves? Lo ves... Y ves a estas personas inflamadas poe el espíritu de Dios, estar listas, para ser salvadas, para aguantar lo que Dios quiera. "Esto es para un alma que tanto es inflamada", dice san Juan Crisóstomo. ¿Veis qué almas tan hermosas existen? 

He recordado algo, que pasó hace muchos años. Yo era diácono. Había ido a Bolos.  Un chico de nuestro pueblo, de unos 20 años, tenía leucemia, estaba en el hospital de Bolos. Él miró y un patriota me llevó al hospital de Bolos. Me llevó uno de su tierra, que más tarde se convirtió en clérigo. Fui, charlamos, un chico bienintencionado. El niño, por supuesto, no hace falta decirlo, murió al poco tiempo. Le digo, Panagiotis, así se llamaba... tras hablar un buen rato, veías una llama en su corazón, Panagiotis... ¿me das tu cartera? Padre, me dice, te la doy. La saca de su bolso para dármela. Vale, yo no quiero tu cartera, no quiero tu dinero, quisiera sin embargo otra cosa. Me gustaría que te confesases. Abuelito (así llaman a veces a los curas), ya que lo dices, me confesaré. Y debido a que yo entonces era diácono, no era sacerdote, pedí a uno que viniera, y fue y le confesó. Qué hermosa alma... este chico murió poco después. Qué hermosa alma... Esto es el "quiero", el corazón inflamado, darlo todo.  

Versículo 37. «Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes». Y respondiendo, dijo: Creo que Jesús Cristo es el Hijo de Dios». Y este era el deseo del etíope, ¿qué tenía que decir? Tenía mucho que decir a Felipe. ¿Qué dijo Felipe? Una condición fundamental. «Si crees con todo su corazón». Es decir aparece aquí el tema de la fe. Este mismo tema de la fe, queridos, apareció una vez en el Paraíso. Los primeros en ser creados ("protóplastoi") tenían que creer en el logos de Dios, sobre el fruto que Dios les había dicho que no comiesen. Vemos que el primer pacto entre Dios y el hombre, que se hace en el Paraíso, es un pacto de fe. 

Más tarde, Dios hace un pacto con Abraham, de nuevo un pacto de fe. Y creyó Abraham y esto le fue contado como justicia. Creyó, dice, y le fue contado como virtud, y justificación, y salvación. Creyó ¿veis? Después, los descendientes de Abraham, el pueblo de Israel, "engordó", se hinchó este pueblo. Durante los 430 años que estuvieron en Egipto. Por eso Dios ahora da la ley. No pone la fe, justificación para la salvación. Por la ley. Pero nadie fue justificado por la fe. 

La ley, dice el apóstol Pablo, fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos justificara por la fe (Lc.11,27). Por eso viene ahora la Gracia de Cristo, trae Cristo la Gracia, esta justificación por Su Gracia, a quienes no habían sido justificados por la ley. Por eso señala el Evangelista Juan: "Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesús Cristo" (Jn.1,17). Pero para que fuese dada esta justificaciónpor Su Gracia, tenía que creer cada hombre en el portador de esta justificación, que no era otro que Jesús Cristo. Él es el portador de la justificación por Su Gracia, Él nos trae la Gracia. 

Y así de nuevo se presenta el tema de la fe, en que el hombre para acercarse ya a este pacto ha de creer en la persona divino-humana de Cristo, amar a Cristo, creerle, que es el hijo de Dios, el Logos de Dios que vino al mundo.

Entonces, la pregunta: «¿Crees que Jesús es el hijo de Dios? Creo que el Hijo de Dios es Jesús Cristo». Sí, creo, que Jesús es el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios, del que me has hablado, que hace referencia Isaías. Sí, identifico, la persona histórica del pasaje de Isaías, con Jesús Cristo. Es decir, que Él es el salvador del mundo, el Hijo de Dios. 

¡Qué gran cosa! Que él, el Hijo de Dios y de la misma naturaleza que Dios, por lo tanto también Dios. Esta confesión constituye el núcleo, queridos, de la fe. Este núcleo de la fe salió de la boca del etíope y ahora está listo para ser bautizado. Pero veremos primero el bautismo del etíope, si Dios quiere, el próximo Domingo a la misma hora. 


 

Fuente: https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/prajeis/prajeis_088.mp3 

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