La visión de Pablo y la adquisición del Espíritu Santo. La nueva visión de Pablo en Cristo Jesús y en el Espíritu Santo. Su bautismo. (Hech. 9,17-20)

 Fecha de la homilía [0922]: 27-11-88

«Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo» (Hech. 9,17). 

Este pasaje 17 del capítulo 9º del Libro del Hecho de los Apóstoles, no lo habíamos terminado el pasado Domingo y veremos ahora su continuación. "Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, él me ha enviado, dice Ananías al ciego Saulo". Estas palabras respecto a Saulo. Era una verdadera revelación, porque así podría tener plena confianza en Ananías, que le informa de cosas que solo Saulo sabía. Decíamos la vez anterior, añadiendo algo hasta que se cumpliese la hora, que todas estas cosas que le sucedieron a Pablo eran conocidas sólo por él. Porque unos vieron el brillo de Jesús glorificado, "oyendo a la verdad la voz", pero sin entender nada de lo que se decía. Por lo tanto, lo que fue dicho constituía una información personal de Pablo y no podía nadie más saberlo. 

Cuando ahora viene Ananías y dice hermano Saulo, me envía el que se te apareció en el camino por donde venías, etc. Entonces percibís que Pablo de repente se extraña; y esto sucedió para que tuviese confianza en lo que sucedería en adelante en relación con Ananías. De hecho, lo de "Jesús, que se te apareció", os decía también la vez anterior, Jesús, de modo sencillo, sin otros títulos ni caracterizaciones. No el Hijo de Dios, no el Mesías; Jesús. Debió ser como un clavo en el corazón de Pablo, porque aquí ahora ve al Jesús histórico, al cual perseguía, sin títulos ya, como Hijo de Dios y como Mesías, estando fuera del tiempo. "¿Quién? ¿Este Jesús al que yo perseguía? ¿Este entonces ahora es el Hijo de Dios? ¿Es el Mesías? ¿De modo que Jesús no estaba en el tiempo sino fuera de él? ¿No era aquel que fue sellado por la piedra en el sepulcro, tras la cruz y la muerte? ¿O sea que Jesús ha resucitado?". 

Esto era una revelación verdadera. Y fue una revelación preludio de lo que sucedería después con Jesús ante Pablo. Y Ananías dice: " y me ha enviado Jesús para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo». Es entonces doble el objetivo de esta visita de Ananías. El primero era la recuperación de la vista, el segundo la adquisición del Espíritu Santo. La recuperación de la vista sería ya en un nuevo mundo. Tal como cuando vamos al teatro, apagan las luces. Antes vemos a los espectadores, vemos la cortina del escenario. Apagan las luces y empieza a abrirse poco a poco la cortina, pero estamos en otro mundo, no vemos ya a los espectadores porque ahora se ilumina la escena. 

Lo mismo sucede queridos con Pablo. Sus ojos fueron cerrados a un mundo antiguo, y fueron abiertos a un nuevo mundo nuevo. Así ya, podría dar una nueva interpretación a las beneficiosas intervenciones de Dios dentro de la historia. Dios, el Señor, Yahvé, intervenía en la historia a favor de su pueblo Israel. Gracias a este Señor Pablo es fanático pero ahora ve que  las cosas no están ya limitadas, que este Señor tiene y quiere tener como pueblo suyo no sólo a los israelitas, sino a todo el mundo; porque le pertenece. Y así entonces hay nuevas intervenciones. Y la mayor, su encarnación. 

Consecuentemente, ¿cómo interpretará Pablo estas nuevas intervenciones de Dios en la historia, las nuevas revelaciones, sino sólo con unos nuevos ojos? Es decir podía ver de otro, e interpretar como ya correctamente vería.

Realmente, era tema de visión. Y esta visión nueva sería visión espiritual. Es decir, la que da el Espíritu de Dios. Sin cambiar los glóbulos oculares diríamos, ni la retina, que es lo que estimulado para proporcionar la imagen completa al cerebro. Nada de esto cambia, de lo que llamamos ojos naturales. Pero otros ojos son abiertos, porque con los ojos naturales ya puedo informar a mis ojos espirituales, para que esten bien abiertos, para que pueda entender e interpretar la historia. Lo diré otra vez, para que pueda interpretar la historia. Entonces diría algo más, que la historia no es circular, tal como admite el materialismo. La historia es una línea recta. Tuvo inicio y tendrá final. La historia del hombre, la historia del universo; porque la historia del universo sigue la historia del hombre. Debido a la historia del hombre, existe la historia del universo.

Así entonces, ve de otro modo, con los ojos del espíritu. Y Saulo —Pablo— recibe el Espíritu Santo, como os decía la vez anterior, antes del bautismo. Porque claramente lo dice aquí. Y los interpretadores, los Padres de nuestra Iglesia, así lo  enfatizan. Que Pablo recibió el Espíritu Santo antes de ser bautizado. Y como Cornelio. 

Cuando Ananías puso sus manos sobre la cabeza de Pablo, Pablo empezó a ver. Fueron abiertos sus ojos. Veía doble, veía con los ojos naturales, veía con los ojos espirituales, de los cuales tanto tiempo os hablo, y fue lleno del Espíritu Santo. Lo dijo claramente, me ha enviado el Señor para que seas lleno del Espíritu Santo. Entonces tal como con Cornelio que os decía la vez anterior, tuvieron lugar antes del Bautismo.

Os decía también la última vez que lo de Pablo es un tercer Pentecostés, y por lo tanto, se le cuenta entre los principales apóstoles, como el decimotercer apóstol. No tenemos tres Pentecostés, tenemos uno. Es una expresión lo del tercer Pentecostés; uno es el Petecostés. El primer Pentecostés era aquel en que los doce discípulos, —el puesto de Judas lo tomó otro—, y 120 personas, toda la iglesia. Se puso en el  aposento alto una pila bautismal, como dice el santo Crisóstomo, y fueron bautizados en el Espíritu Santo, y no fue necesario que fuesen bautizados con agua. Los apóstoles no bautizaban con agua. Es algo que dijo el Señor mismo dijo, pero también san Juan el Bautista. Que "yo os bautizo con agua, él os bautizará con  Espíritu Santo y fuego", es Pentecostés. Es decir en Pentecostés es bajo la forma de fuego. Así, Pentecostés se apareció a los apóstoles. 

A Cornelio, a la familia de Cornelio, él era gentil. Un centurión. Lo veremos cuando lleguemos allí, más tarde, no este año, no lo sé, Dios lo sabe. Y allí está presente el apóstol Pedro. Reciben en Pentecostés el Espíritu Santo, hablan lenguas, y les bautiza el apóstol Pedro después. Y ahora aquí Pablo, primero recibe el Espíritu Santo, y luego es bautizado. Pero sólo en estos tres casos. En todos los demás, quien quiera recibir el Espíritu de Dios, ha de ser bautizado. Permanece el logos de Dios. Y con esto también se demuestra que no está atado el logos de Dios [que no está sujeto a nuestro parecer], actúa como quiere Dios. ¿Habéis oído lo que he dicho? No está atado el logos de Dios, pero es digno de confianza Dios. Si hace algo, aparte de lo que dijo, esto no afecta su credibilidad. Simplemente quiere hacer otra cosa. Como en la parábola que dice, si yo quiero así hacerlo, si tu ojo es malvado, ¿qué culpa tengo yo? Es la parábola de los obreros de la viña, que paga lo mismo al primero y al último. Los últimos trabajaron sólo una hora. Los primeros esperaban mucho más y murmuraban contra él. Amigo, ¿tanto, no acordamos? [¿no conviniste conmigo en un denario?] ¿No tengo derecho a hacer lo que quiero con mi dinero?

Esto no es el Reino de Dios, en que todos reciben el mismo pago. Todos los que serán salvados tendrán Reino de Dios. Pero Dios es justo. Como otras veces os he dicho, dentro de la gloria de Dios tendremos diferenciaciones. Sí todos dentro del Reino, con el mismo salario, el primero y el último. Pero Dios diferencia la gloria, porque otra es la gloria de Pablo y otra la de un hombre sencillo que "simplemente" ha sido salvado. No pueden tener la misma gloria, porque como el mismo apóstol Pablo dice, "Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria." (1 Cor.15,41). Tenemos entonces un Pentecostés en tres puntos en el tiempo.

Y vamos a los dos versículos siguientes. «Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Pablo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco» (Hech. 9,18)

Tras la imposición de manos de Ananías sobre la cabeza de Saulo, al momento le cayeron de los ojos como escamas, y veía. Algo cayó de sus ojos, era un milagro real, no había nada natural, sólo sobrenatural. Dice san Juan Crisóstomo, sólo sus manos puso Ananías y cayeron "como escamas" de sus ojos, no recibió entonces su vista "como si cayeran escamas", sino que cayeron realmente escamas, unas láminas, algo muy fino. Cayeron realmente escamas. No de un modo metafórico, como que me ha parecido como que algo ha caído, pero sin caer nada, sino realmente.

Lo mismo sucedió queridos con Tobit. Cuando su hijo Tobías por orden del arcángel Rafael, con la hiel de aquel pescado, etc. no digo entera la historia. Cuando regresa saca de aquella vesícula (hiel) y se la puso en los ojos a Tobit, y frotando sus ojos, dice en el capítulo 11, versículos 11-12:

«...En seguida le aplicó el remedio. Luego, con ambas manos, le desprendió las nubes de los extremos de los ojos»... y veía Tobit. Esto es como con las cataratas de los ojos, una gran escama diríamos que es, se saca mediante cirugía, y ya puede ver alguien. Pues algo así. No podemos decir nada más aparte de que era un auténtico milagro, y que esto tuvo lugar para crear una situación objetiva. Como dice Ecumenios, "caen las escamas, para demostrar qué grave era le ceguera de Pablo y lo indudable de su curación. Realmente.  

Y como dice el santo Crisóstomo, "para que no piense alguien que era una ceguera  imaginaria, sino real". Así, la ceguera de Pablo era al mismo tiempo una señal de su ceguera interna. Y su recuperación de la vista, era una señal de que dispone ya de unos nuevos ojos. 

Pero sobre esta ceguera, permítanme que digamos algo. El Señor les había hablado a los fariseos, diciéndoles: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! ¡Insensatos y ciegos!. Pobres de vosotros; les llamó ciegos. Y no olvidemos que Saulo era fariseo. No lo olvidemos, él mismo lo dice. Era fariseo, es decir, era fiel a la ley de Dios. Esto significa ser fariseo. Así que, al igual que sus semejantes, los fariseos, Pablo no vio quién era Jesús Cristo, no tenía ojos espirituales para ver más profundamente, como los otros fariseos.

Esta ceguera espiritual queridos es terrible, porque quien lo sufre no lo percibe. Preguntan los fariseos, porque muchas veces el Señor les dijo esto, y con ocasión de un incidente. "¿Tal vez también nosotros somos ciegos?". Y el Señor respondió lo siguiente: «Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece» Si realmente fueseis ciegos y no me viéseis a mí ni a mis milagros, entonces, aunque dijéseis que no creéis, no tendríais pecado. Porque había dado la vista a un ciego. «Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados». (Jn. 9,39). Para juicio, es terrible. Recordad el ciego, cuendo fue el Señor a Jericó, cómo clamaba: "Jesús, hijo de David", hijo de David quiere decir Mesías. "¿Qué quieres?", le dijo. "Que me abras los ojos". ¿Vio otras curaciones el ciego? Sólo escuchó, no vio. Los fariseos veían, y no creyeron; mientras que el ciego no veía y creyó. Por eso dijo el Señor, he venido como una condenación para los que ven, no vean. Y aquellos que no ven, para que vean. Una condenación para unos, y una salvación para los otros. 

Entonces, el pecado dice, permanece porque dices que ves. Y visión espiritual es la buena voluntad. Queridos, ¿a cuántas personas queridos les decimos, "¿pero no lo ves esto?  Tienen ojos, ojos muy sanos, pero no lo ven. ¿Por qué no lo ven? Porque  no tienen esta buena voluntad. 

Y visión espiritual significa la iluminación del Espíritu Santo. En segundo lugar, la iluminación del Espíritu Santo, depende de la primera visión, que es la buena disposición. Entonces si tenemos buena disposición, entonces viene el Espíritu de Dios y nos abre los ojos del alma. ¿Y saben qué visión espiritual es también la capacidad de distinción? Cuando decimos "distingo". También con nuestros ojos decimos "distingo", distingo aquel objeto, a esTa distancia. La distinción no es sino visión espiritual, lo cual es dado por el Espíritu de Dios. 

Dice el Señor, «si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;» ¿Y qué es el ojo? «La lámpara de tu cuerpo es el ojo», etc. ¿Qué quiere decir esto? Son los del alma, que Dios nos cuide de que nunca sean cegados; tengámoslos siempre abiertos. No olvidemos que lo que ciega los ojos del alma es siempre el pecado. Quien cae en pecado, el primer síntoma es que sufre ceguera espiritual. 

Como la incredulidad, cuando quierealguien por egoísmo permanecer en la incredulidad, entonces, se consolida su ceguera espiritual. Teófilo de Antioquía dice  en su primer libro a Autólico lo siguiente: "Cuándo existe pecado en el hombre, no es posible que tal hombre vea a Dios. Dios ve quiénes pueden verle, cuando tienen los ojos del alma abiertos". Y sobre esto dice que los ojos del alma, del alma con buena disposición, se asemejan a un espejo. Es reflejada la luz cuando el espejo no está oxidado. Cuando está oxidado no puede reflejar la luz.

Por eso Dios dice que se refleja en el espejo del corazón. Pero cuando le dice a Autólico que el espejo de su corazón está oxidado, es decir, se ha ensuciado, no refleja la luz y se ha oxidado por el pecado, ¿cómo quieres ver a Dios?. Porqu dice, muéstrame a tu Dios, para que pueda creer. Esta posición ciertamente es absurda. Y san Teófilo responde: "Muéstrame tu hombre, y te mostraré a mi Dios". Muéstrame quién eres y entonces verás a Dios. Pero Dios es visto, es lo que os he leído, cuando el hombre no comete pecados. 

De hecho, los ojos del alma están limpios cuando el hombre no peca. Por lo tanto, queridos míos, cuidémonos del pecado. Por eso el salmista oraba, en el salmo 12:  "Ilumina mis ojos, para que no duerma en la muerte", y este sueño de muerte es el  pecado. 

Y se levantó y fue bautizado Pablo, habiendo sido ya claro sanados sus ojos, por dentro y por fuera. Y recibió el Espíritu de Dios. Pablo tenía ya una fe profunda, la que se necesita para ser bautizado. Es lo que el Señor dice en el Evangelio de Marcos: «El que crea y sea bautizado, será salvo. Pero el que no crea, será condenado». Por lo tanto, Pablo realmente ya había creído. 

Y al comer, fue fortalecido. No había comido en tres días. Habíamos visto esto arriba, no había comido durante 3 días, lo habíamos visto más arriba esto. Que si  los viajes desde Jerusalén, que si el ayuno de tres días, no comió nada... Que si el  impacto de las  revelaciones, porque cuando alguien recibe tales cosas, terribles, asombrosas, inconcebibles por el cerebro, y tiene experiencias irrepetibles, no puede comer, no quiere comer. Que si la fatiga excesiva que tenía por una disminución de la fuerza física, todo esto, lo dejaron exhausto. Así que tuvo que ser fortalecido, comiendo.  

Atended. Dice Teofilacto, "No quiso comer nada hasta que recibiese los grandes dones del Espíritu Santo". La curación de sus ojos y el bautismo. El que le dio la sanidad de los ojos, el que le dio el Espíritu Santo, ¿no podría también haberle fortalecido corporalmente? ¿Tenía necesidad de comida? Es tan hermosamente atrayente la Sagrada Escritura. Para empezar, no olvidemos que el hombre debe hacer lo que puede hacer, y no es necesario que eso lo haga Dios. Cuando fueron al sepulcro donde estaba Lázaro desde hace cuatro días, le resucitó y ¿qué dijo el Señor? Lázaro, sal fuera. Pero antes de la resurrección de Lázaro, el Señor  dijo que quitaran la piedra. ¿Por qué? 

Dice san Juan Crisóstomo, "el que resucitó a Lázaro, ¿no podría haber levantado milagrosamente la piedra?" No. Esto era obra de los hombres. Cuando resucitó a la hija de Jairo, ¿qué dijo? "Dadla de comer". ¿Por qué? Porque su larga enfermedad la debilitó. Así que tenía que comer. Curioso; ¿el que la resucitó a la hija de Jairo, no podría haberla fortalecerlido? No. Dios no anula la naturaleza. Esto es una lección importante. Lo primero de todo no anula la naturaleza. Te fortalecerás comiendo. Esto estableció como norma, diríamos ley biológica

El que hizo caer el maná en el desierto no pudo, ¿no podría en vez hacer caer el maná, hacer que permanezcan 40 años sin comer? No. Hace el milagro de que caiga el maná, pero que el sistema digestivo funcione con normalidad. ¿Os hace esto impresión? 

En primer lugar, Dios no suprime la naturaleza. Lo que él mismo legisla dentro de ella, no lo suprime. 

En segundo lugar, te dice: uno es el ámbito de mis intervenciones, y otro es el ámbito de tus intervenciones. Lo que a mí me pertenece, haré. Y lo que a tí te pertenece, tú lo harás.

En tercer lugar, lo que a mí me pertenece es el milagro. Lo que a tí te pertenece es el médico, la naturaleza. Cuán acorde es, cada pasaje de la escritura, con cada uno de los demás lugares de la escritura. Orígenes, queridos, tenía esto tan admirable. Debido a que conocía la Santa Biblia, la conocía quizás como ningún otro. Tan profundamente conocía la escritura, en su letra y en su espíritu. Podía saltar de un punto a otro y traer todo lo paralelo para concluir en algo; en la concordancia de la Sagrada Escritura sobre todo, de que no hay oposición ni contradicción en ninguna parte. 

Dice en el libro de la Sabiduría Sirac. «Hijo mío, cuando te enfermes, reza a Dios, y vete al médico». La pregunta: Pero si rezo, ¿qué necesidad tengo de ir al médico? Y algunos no van al médico, porque se quedan solo en eso. Transgreden sin embargo  el mandato de Dios. Porque dice, rezarás, e irás al médico. Pero entonces, ¿qué valor tendría la oración? Muchísimo, porque como alguien dice, y oigamos nosotros esto, y que lo oigan también los médicos: el médico realiza el tratamiento, Dios da la curación. 

Por lo tanto, rezaré a Dios para que me den un buen diagnóstico, un buen tratamiento, pero la sanación pertenece a Dios. No es contradictorio, como no lo es aquí, cuando le dice: "Recibe el Espíritu Santo", le dice, "serás lleno del Espíritu de Dios", serás lleno, serás saciado, pero irás a comer para fortalecerte. Sí, ¿lo veis?. 

Y algo más. La materia no es enemistad contra Dios, como quisiera verlo el gnosticismo. El gnosticismo, tanto el antiguo como el nuevo. Precisamente porque ven la dualidad, quieren ver la creación como dualista, con dos principios, el bien y el mal, condenan la materia. Y ponen un dios malvado, el Dios del Antiguo Testamento, como el creador del mundo; porque Dios creó, dicen, el Cielo y la Tierra. Un dios malvado. Mientras que un dios bueno, el dios de la luz, es el dios de los espíritus. ¿Qué engaños son estos? ¿Qué engaños? 

Una respuesta más aquí. Que el Dios de los espíritus es también el Dios de toda carne. Quien creó a los ángeles, también creó el mundo material. Quien creó los espíritus humanos, también creó los cuerpos humanos. Y que la materia creación suya. No es algo malo la materia. Que el mal resurge en la materia, también en el espíritu resurge el mal. Los demonios tienen materia, si vemos que existe allí el mal. No es culpa de la materia, si vemos que existe allí el mal. Simplemente tiene su asiento lo malo. El mal no lo hizo Dios. Dios hizo la materia, y la materia no es mala.  

Que sepamos eso también, una respuesta contra los gnósticos que aceptan el bien y el mal ontológicamente. No existe el bien ni el mal ontológicamente. El mal no es un ser. Es "no ser", no existente. El mal no existe en la predestinación; solo el bien es en esencia, porque Dios es bueno. Solo esto. El mal no tiene asiento, no lo tiene. Es no-ser, como os he dicho. Esto es lo que nuestra Iglesia enseña, queridos.  


«Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco» (Hech.9,19)

Es el siguiente pasaje, el 19, que leí antes. Y aquí Pablo, directamente, tan pronto como recibió el Espíritu, en cuanto fue sanado, comió y se fortaleció, buscó reunirse y comunicarse con los creyentes en Damasco. A partir de su contacto con los creyentes en Damasco, percibió la calidad de los discípulos. Cuánto amor tenían. Recordad a Ananías con esa hermosa conducta y expresión, que finalmente le pertenece a él, no le dijo Cristo, así hablarás a Pablo. Y le pertenecía a Ananías simplemente porque era un hombre renacido. "Saúl, hermano...". 

Vio Pablo entonces, qué hermosas personas eran los cristianos. Vio que los que consideraba dignos de muchos castigos, a quienes llevaría a las prisiones, eran personas excelentes. Esto lo ve cada uno, cada uno que conozca al Señor y conozca a su pueblo, ve cuán hermoso es el pueblo de Dios. Basta con que sea sin embargo  el pueblo de Dios. No seamos de los que dicen ser el pueblo de Dios, pero no lo somos. ¿Cuántas veces he escuchado ambas cosas, cristianos con un comportamiento así? Vaya comportamiento...  

¡Qué hombre tan maravilloso éste, qué maravillosa señora...! Admirabas su comportamiento. Qué os voy a decir, otra cosa, el hombre renacido, se nota. Y de esta manera glorifica a Dios. Así, si alguien quiere conocer a Dios, debe conocer a  su pueblo. Diríamos sólo, desafortunadamente, no todos son "nacidos de nuevo" y definitivamente deberían ser renacidos. 

Incluso aquellos que quisieran, permítanme también hacer un comentario, ver sólo a Cristo porque el pueblo de Dios les ha decepcionado, así pienso. ¿Recuerdan lo que les dije la última vez sobre no ser exigentes? ¿Recuerdan? Que Dios no está obligado frente a nosotros. ¿Por qué debería estarlo, porque nos ha creado? Nadie está obligado. Nuestra actitud será, que nadie está obligado frente a nosotros. Si no eliminamos este gusano de nuestro interior, entonces seremos exigentes y nos quejaremos de todos y de Dios. ¿Y saben cuál será el resultado? Lo que hablábamos el domingo pasado, encerrarse uno en sí mismo, y de un modo protestante rechazar a la gente y decir "yo y Dios". Esta gente decepciona. Si realmente has conocido a Dios, no puedes ignorar al pueblo de Dios. Si no eres exigente, entonces no verás en el otro perfecciones, lo que tenga, verás que la otra persona no es perfecta; serás tolerante, y dirás, no es perfecta, pero invoca al Señor. Es creyente. ¿Por qué debería escandalizarme con él? ¿Por qué abandonarlo? ¿Por qué diré, estos son los cristianos? Y no olviden que quien se aísla y no quiere tener comunión con el pueblo de Dios se encuentra en una situación antieclesiástica y antieclesiológica. 

Este aislamiento que no es bueno, excluye la comunión entre los miembros del Cuerpo de Cristo. Es una forma de egoísmo, este aislamiento. A menos, por supuesto, que se haga por razones de ascetismo, como hicieron los ascetas y huyeron a las profundidades del desierto para evitar la sociedad humana. Pero ellos eran los más sociables de todos. Porque san Antonio el Grande, que es una figura cumbre, era el hombre más sociable. Y, sin embargo, durante 20 años, nadie le vio ni el vio a nadie. Veinte años encerrado en una fortaleza romana en ruinas en el desierto. Estas son las personas más sociables. No solo con sus oraciones, sino también con una palabra que te digan, tiene el mayor peso. No es comportarse de modo mundano, tropezando sobre los otros en la calle, esto no es social. ¿Pero si  tengo gente a mi lado? No. Si por eso fuese, os repito, que los ascetas son los hombres más sociales. Pero este aislamiento es la forma egoísta de permanecer, "porque me cansa del pueblo de Dios, no quiero ver al pueblo de Dios". Esto os he dicho que es una forma de terrible egoísmo. 

«Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco» (Hech.9,19). ¿Qué hizo estos días en Damasco? Escuchad qué hizo. 

Dice el siguiente versísulo: «En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este es el Hijo de Dios» (Hech.9,20). Atended, "en seguida". Se puede admirar aquí la personalidad de Pablo, qué persona tan dinámica era, qué importante hombre era. Este "en seguida" muestra que no deja ningún espacio de tiempo, que justificado sería tras lo que pasó, para recuperarse al menos; para adquirir un conocimiento con su nuevo entorno. Nada de esto. Comienza directamente a predicar a Cristo, diciendo que es el Hijo de Dios. No descansa, no deja pasar el tiempo. Y esta ausencia de interrupciones para demostrar que el Hijo de Dios, avanza para Pablo hasta su final martírico.

Pablo no descansa, continuamente habla y predica. Pablo tiene prisa por anunciar al mundo que Jesús es el Hijo de Dios. ¿Y dónde predica en Damasco? ¿A los fieles? No era necesario, los fieles habían conocido a Cristo, eran cristianos. Entonces, ¿dónde? En los lugares en que se reunían los que le perseguirían, es decir, en las sinagogas. Y desde luego en las sinagogas había hombres admirables, como los que creyeron, como Ananías. Pero también estaban los que no querían oír hablar sobre Cristo.

Los que creyeron en Cristo no podían ya permanecer en la sinagoga. Porque hombres de la sinagoga eran aquellos que ya no pertenecían a los discípulos cristianos, no los querían, por eso se separaron. Recordad que la primera separación tuvo lugar en Jerusalén, por el apóstol Pedro. Primero fueron los apóstoles fueron al Templo de Salomón, etc. etc. pero se separaron muy pronto. 

Después, el misterio de la Eucaristía no podía celebrarse en la sinagoga; los demás no creían. ¿Cómo tendría lugar esto? Tuvieron que separarse. Los que creyeron de  la sinagoga se fueron, se hicieron cristianos. ¿Quiénes se quedaron en la sinagoga? Los que no habían creído. A ellos se dirige entonces ahora Pablo. 

¿Os sorprende esto? A ellos se dirige, precisamente a los que le ayudarían en Damasco en muchas sinagogas, porque era una gran ciudad, cercana además a Jerusalén, tenía muchos hebreos. Causa impresión que a los hombres ayudarían a Pablo a perseguir a los cristianos, a éstos se dirige a hablarles. Era finalmente una llamada, que no solo era llamada, era un enorme desafío. Enorme desafío para el apóstol, ir a sus enemigos a predicar el evangelio. 

San Juan Crisóstomo dice, "directamente enseña en las sinagogas. No se avergonzó Pablo de su cambio, no tuvo miedo. De lo que antes se jactaba, ahora que da anulado, y como maestro en las mismas sinagogas". Pablo no se avergonzó. No lo ocultó, lo proclamó. Esto fue muy importante, porque todo lo que antes defendía, de lo cual se sentía orgulloso, viene ahora a destruirlo. Porque no quiere agradar a los hombres, quiere agradar a la gente, quiere agradar a Dios. Este es el hombre genuino, el que no tiene egoísmo. El egoísta no quiere que parezca que ahora que cambia, renuncia a otras cosas. El egoísta no lo demuestra. Quien es humilde no le importa mostrarlo. "Pero tú no lo eras", te dirán algunos; sí, pero ahora he cambiado, he corregido mi trayectoria. El egoísta nunca dirá que me he corregido, el humilde habla de la corrección de su camino. 

Y Pablo tenía humildad, y muestra aquí que ha corregido su trayectoria. Escribirá más tarde: «Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago» (Gal. 2,18) Porque si lo que abandoné, dice, lo relacionado con el judaísmo en cuanto a Cristo el Mesías, esto lo he abandonado, y he edificado la nueva construcción, mi nueva posición ante Cristo, vuelvo a edificarlo, entonces me vuelvo transgresor.

50:45.         

Traduciendo...

  




Fuente: https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/prajeis/prajeis_096.mp3

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