EL NUEVO TESTAMENTO (Nikolaos Sotirópoulos)

Traducción del texto original a lengua demótica, por el predicador y profesor universitario de Teología y Filología Sr. Nikolaos I. Sotiropopoulos, y de ésta a español, por el equipo de "La Ortodoxia es la verdad"
 
Se han mantenido los textos en negrita del texo original y de su traducción al griego. Las notas al pie son del autor, N. Sotiropoulos. Algunas aclaraciones necesarias para la traducción en español, en cursiva. 

Enlace al archivo original

 

Introducción del autor

Antes de preparar la presente traducción del Nuevo Testamento, en tres volúmenes titulados "Interpretación de pasajes difíciles de las Escrituras", formulé nuevas interpretaciones de muchos pasajes difíciles de las Escrituras. Incluí estas nuevas interpretaciones en la traducción. Durante la preparación de la traducción también di nuevas interpretaciones a muchos otros pasajes de la Biblia. Y como la importancia de la nueva traducción reside sobre todo en las nuevas interpretaciones, por eso cito aquí algunas de las críticas posteriores a las nuevas interpretaciones, que fueron publicadas en el segundo volumen de la mencionada obra "Interpretación de pasajes difíciles de Escritura" después del volumen de la primera edición. Los expertos consideraron serios y sólidos nuestros argumentos a favor de las nuevas interpretaciones y se expresaron con palabras muy elogiosas. Pero en general personas fieles, celosas y eruditas de la Biblia, recibieron con gran alegría las nuevas interpretaciones, y expresaron el deseo de preparar una traducción del Nuevo Testamento, la cual incorpora las nuevas interpretaciones, lo cual hice con la presente obra.
No me pareció correcto publicar la traducción sin el texto sagrado. En la página de la izquierda cito el texto publicado por el Patriarcado, y en la página de la derecha doy la traducción. De esta manera, el lector puede comparar inmediatamente la traducción con el texto y formarse un juicio sobre la traducción. Después de todo, ninguna traducción tiene la Gracia y la perfección del texto sagrado y no puede reemplazarlo. Por ello recomendamos que los lectores lean tanto el texto como la traducción. 


 


EVANGELIOS

SEGUN SAN MATEO

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28

SEGUN SAN MARCOS

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16

SEGUN SAN LUCAS

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24

SEGUN SAN JUAN

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21

 

HECHOS DE LOS APOSTOLES

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 

 

EPISTOLAS DEL APOSTOL PABLO

A LOS ROMANOS

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 

A LOS CORINTIOS 1    

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16

A LOS CORINTIOS 2   

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13

A LOS GALATAS

1 2 3 4 5 6

A LOS EFESIOS

1 2 3 4 5 6 

A LOS FILIPENSES

1  2  3  4

A LOS COLOSENSES      

1  2  3  4

 

 

 

A LOS TESALONICENSES 1     

1  2  3  4  5

A LOS TESALONICENSES 2     

1  2  3 

A TIMOTEO 1     

1 2 3 4 5 6 

A TIMOTEO 2     

1  2  3  4

A TITO        

1  2  3  

A FILEMON      

A LOS HEBREOS  

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 

 

EPISTOLAS CATOLICAS

DE SANTIAGO

1  2  3  4  5

DE PEDRO 1

1  2  3  4  5

DE PEDRO 2    

1  2  3

DE JUAN 1      

1  2  3  4  5

DE JUAN 2     

DE JUAN 3       

DE JUDAS 


REVELACIÓN (APOCALIPSIS) DE SAN JUAN

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22

(Editando enlaces)








1 EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 

 

 

 

Epígrafe del Evangelio  

 

1. Libro de la historia de Jesucristo, descendiente de David, que era descendiente de Abraham.

 

 Genealogía natural de Jesús(Lc. 3,23-38)

 

* Hablamos de la genealogía natural de Jesús en comparación con su genealogía legal, expuesta por el evangelista Lucas (3, 23-38).  


2 Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, 3 Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara, Farés engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, 4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salomón, 5 Salomón engendró, de Racab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, 6 Jesé engendró a David el rey. David el rey engendró, de la mujer de Urías, a Salomón, 7 Salomón engendró a Roboam, y Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, 8 Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, 9 Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, 11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el tiempo de la deportación (de los judíos) a Babilonia. 12 Después de la deportación (de los judíos) a Babilonia Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, 13 Zorobabel engendró a Abiud,  Abiud engendró a Eliaquim, Eliaquim engendró a Azor, 14 Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, 15 Eliud engendró a Eliazar, Eliazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, 16 Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, quien es llamado el Cristo. 17 Así que todas las generaciones desde Abrahám hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.    

 

 

 

 

 

El nacimiento de Jesús 

 

18 Y el nacimiento de Jesús Cristo fue como sigue. Tras ser desposada su madre María con José, antes de convivir se halló que había concebida del Espíritu Santo.
19 Y José, su esposo, como era compasivo y no quería infamarla, pensó en darle  divorcio en oculto. 
*

* Estamos hablando de (carta de) divorcio, porque el compromiso según la ley israelí equivalía al matrimonio. 

 

20 Pero mientras pensaba todo esto, he aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: - José, hijo de David, no dudes en recibir (en tu casa) a María tu esposa; porque el niño que ha sido concebido en ella, es del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre
Jesús (que significa, Yahvé salva); porque él (Jesús, Yahvé Salvador) salvará a su pueblo de sus pecados -.

22 Y con todo esto que sucedió, comenzó a cumplirse la palabra del Señor dicha mediante el profeta: 23 He ahí que la virgen concebirá en su vientre, y dará a luz un hijo, y será nombrado Emmanuel. Este (el nombre de Emmanuel) traducido significa, "Dios está con nosotros". 24 Cuando José se despertó del sueño, hizo tal como el ángel del Señor le había mandado, y recibió (en su casa) a su esposa, 25 y no tuvo relación carnal con ella hasta que nació su hijo el primogénito y elegido * y le puso por nombre Jesús. 

 

* El texto dice "τὸν πρωτότοκον", [ton protótokon], primogénito. Se llama primogénito al hijo de la madre que da a luz por primera vez, independientemente de si le siguen o no otros hijos. Primogénito también significa elegido (Ex. 4, 22. Sal. 88,28 -LXX-, Hebr. 12, 28). Cristo es primogénito de su madre (Prov. 4,3 hebreo) y su madre es "siempre virgen" (Ez. 44, 1-2)

 

 

 

 



2.  La adoración de los magos  

 

1. Cuando Jesús nació en Belén de Judea durante los días del rey Herodes, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, 2 diciendo: -¿Dónde está el recién nacido rey de los judíos? Porque hemos visto aparecer en el oriente, y venimos a adorarle.- 3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y junto con él toda la ciudad de Jerusalén. 4 Y habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo (según la Escritura). 5 Ellos le dijeron: -En Belén de Judea-; porque así está escrito por el profeta: 6 «Y tú, Belén, en la región de las tribus de Judá, no eres para nada la más pequeña de los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que gobernará a mi pueblo de Israel». 7 Entonces Herodes llamó en oculto a los magos y se informó del tiempo exacto de la aparición de la estrella. 8 Y les envió a Belén, diciéndoles: «Id y examinad qué sucede exactamente con el niño. Y cuando lo encontréis, comunicádmelo, para ir yo también a adorarle.» 9 Y ellos, después de escuchar al rey, continuaron con su recorrido, y he aquí que la estrella que habían visto elevarse iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. 10 Y viendo la estrella se llenaron de inmensa alegría. 11 Y cuando llegaron a la morada, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron presentes, oro, incienso y mirra. 12 Y tras ser informados por divina revelación en sueños de que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino. 

 

 

La huída a Egipto

 

13 Y habiendo ya partido, he aquí un Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: -Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y permanece allí hasta que te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.- 14 Y él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y partió a Egipto. 15 Y estuvo allí hasta que murió Herodes, y así se cumplió la palabra del Señor por medio del profeta, que dijo: «De Egipto llamé a mi hijo».

 

 

La matanza de los niños

  

16 Entonces Herodes, viendo que los magos se habían sido burlado de él, se enfureció terriblemente y enviando (soldados) mató a todos los niños de dos años para abajo de Belén y de sus afueras, según el tiempo que había precisado por los magos. 17 Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: 18. «Un clamor se ha oído en Ramá, llanto y gran lamentación. Raquel llora por sus hijos, y no quiere ser consolada, porque no existen».

 

 

Regreso de Egipto

  

19 Y cuando murió Herodes, he aquí que un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto 20 y le dijo: -Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel. Porque los que buscaban la vida del niño ya han muerto-. 21. Y él se levantó y tomando al niño y a su madre y fue a la tierra de Israel. 22 Pero cuando escuchó que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, temió ir allí. Y recibiendo instrucción por revelación divina en su sueño, partió a la región de Galilea. 23. Y fue y se estableció en una ciudad llamada Nazaret, cumpliéndose así lo dicho por los profetas, que será llamado Nazareno.

 

 



3. La obra precursora de Juan (Mc. 1,1-8; Lc. 3, 1-9/23-38. Jn. 1, 19-28) 

 

1. En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. 2 Decía: -Arrepentíos, porque se ha acercado. 3 Este es aquel de quien habló el profeta Isaías, diciendo: «Voz de uno que clama en el desierto: -Preparad el camino para que pase el Señor, igualad sus sendas para que pase-». 4 Llevaba Juan una ropa hecha de pelo de camello y un cinturón de cuero alrededor de su cintura, y su comida era langostas* y miel de abejas silvestres.

* Langostas que traía el viento de Arabia al desierto, según P. Trempelas



5 Acudía a él la gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando (al mismo tiempo) sus pecados. 7 Y cuando vio a muchos de los fariseos y y de los saduceos que acudían adonde él estaba bautizando, les dijo: «¡Hijos nacidos de víboras, ¿quién os ha dicho que os libraréis de la ira futura? 8 Haced pues obras, que son el fruto del arrepentimiento, 9 y no os guste  decir de vosotros mismos, que tenéis por padre Abraham. Porque os digo, que Dios puede levantar aun de estas piedras hijos a Abraham. 10 Y el hacha está ya cerca de la raíz de los árboles. Y cada árbol, que no da fruto bueno, es cortado de raíz y es arrojado al fuego. 11 Yo os bautizo con agua, para os sea creado sentimiento de arrepentimiento. Pero el que viene después de mí, es más poderoso que yo. Y no soy digno de mantenerle su calzado. Él os bautizará con Espíritu Santo y con fuego. 12 Su bieldo está en su mano y limpiará completamente su era, y reunirá su trigo en el almacén, y la paja será quemada  con fuego, que nunca se apagará».

 

 

Bautismo de Jesús (Mc. 1, 9-11. Lc. 3, 21-22)


13 Entonces fue Jesús de Galilea a donde estaba Juan en el Jordán para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trató de impedírselo insistentemente, diciendo: -Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Pero Jesús, respondiendo, le dijo: -Deja ahora (las objecciones). Porque esto es lo que debemos hacer, para cumplir con lo que Dios considera que es justo. Entonces Juan (no intentó más impedírselo) y consintió (en bautizarle). 16 Y cuando Jesús fue bautizado, subió y salió del agua
enseguida. Y se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios bajar como* paloma y posarse sobre él.

* Como: en forma de. 

 

17 Y una voz venía de los cielos, que decía: «Este es mi Hijo amado, a quien he escogido ».

*  Ver Isaías 42, 1, como se indica en Mt. 12, 18.

 



4.  El diablo tienta a Jesús (Mc. 1, 12-13; Lc. 4, 1-13)


 

1. Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, para ser tentado por el Diablo. 2 Y, tras haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y vino a él el tentador (el Diablo), y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, da la orden para que estas piedras se conviertan en pan-. 4 Él respondió y dijo: -Escrito está, que el hombre no solo de pan vive, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 5 Entonces el diablo le lleva a la santa ciudad, y le puso sobre el borde del techo del del templo, 6 y le dice: -Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: dará la orden a sus ángeles de que te sostengan en sus manos, para que no golpees tu pie en piedra. 7 Le dijo Jesús: -Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios-. 8 Otra vez le llevó el diablo a una montaña alta, y le mostró todos los reinos del mundo y el esplendor de ellos, 9 y le dice: -Todo esto te daré, si postrado me adorares-. 10 Entonces Jesús le dijo:   ¡Desaparece de delante mío, Satanás!, porque escrito está: Ante el Señor tu Dios te postrarás, y a él sólo adorarás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí ángeles vinieron y le servían.


 

Jesús comienza su ministerio desde Capernaúm (Mc. 1, 14-15; Lc. 4, 14-15)
 

12 Cuando Jesús oyó que Juan fue encarcelado, volvió a Galilea; 13 y dejando a Nazaret, fue y habitó en Capernaum, que estaba cerca del mar, limítrofe con las tribus de Zabulón y de Neftalí, 14 cumpliéndose así lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: 15 La tierra de la tribu de Zabulón y la tierra de la tribu de Neftalí, que se extiende junto al mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los nacionales (de los idólatras), 16 el pueblo asentado en tinieblas vio gran sol, y, a los asentados en tierra con la densa oscuridad de la muerte, estos vieron el amanecer del sol. 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: -Arrepentíos, porque ha llegado el reino de los cielos-. 

 

 

La llamada de los primeros discípulos

 

18 Caminando Jesús cerca del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar, porque eran pescadores. 19 Y les dijo: -Seguidme, y os haré pescadores de hombres-. 20 Y ellos dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, dentro de la barca, junto con Zebedeo su padre, que ajustaban sus redes, y los llamó. 22 Y ellos al instante dejaron la barca y a su padre, y le siguieron. 

 

 

Recorrido y actividad

 

23 Y recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, y predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria. Y le trajeron todos los enfermos que tenían distintas dolencias, y eran afligidos por tormentos, y endemoniados, y lunáticos, y paralíticos, y los sanaba. 25 Y le seguía mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.





5 La homilía en la montaña (Mt. cap.5-7)


1 Cuando vio la multitud, subió al monte. Y sentándose, vinieron a él sus discípulos (sus oyentes, sus seguidores). 2 Y comenzó a enseñarles, diciendo:

 

 

 Las bienaventuranzas (Lc. 6, 20-23)

 

3 Dichosos los humildes en espíritu (los humildes), porque a ellos les pertenece el reino de los cielos.

Dichosos los que son probados y atribulados, porque ellos tendrán deleite.

Dichosos los pobres e insignificantes, porque ellos heredarán la tierra (la tierra superior de la promesa, el reino de los cielos).

Dichosos los que tienen (padecen injusticia y carencias) hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos hallarán misericordia.

Dichosos los de limpio corazón*, porque ellos verán a Dios. 

* Corazón: original, "ψυχή", [psijí], alma

Dichosos los que hacen el bien, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 
Dichosos los que padecen persecución por causa del bien*, porque a ellos les pertenece reino de los cielos. 

* Del bien: de hacer el bien

11 
Dichosos sois, cuando por mi causa os injurian levantan persecución contra vovsotros, y os calumnian con toda clase de infundio por mi causa. 

 

12 Sentid alegría y regocijo, Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos. Porque así, como es conocido, persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
 

 

Los fieles sal, luz y ciudad en la cima de la montaña (Mc. 9,50. Lc. 14, 34-35)


13 -Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su fuerza, ¿con qué  la recuperará de nuevo? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y ser pisoteada por los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad, que esté sobre un monte. 15 Ni se enciende un candil y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, dispersando su luz sobre todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre celestial-. 


 

Jesús y la ley antigua


17 -No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas. No he venido para abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os digo, que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una "i" ni una línea* pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

 

* Ni una "i" ni una línea. En su original traducción al griego,"ἰῶτα ἓν ἢ μία κεραία" [iota en i mía keréa]: literalmente, "una iota o una linea". Es decir, ni una -i- (iota en griego), ni una línea. En gramática del griego helenístico común, las vocales diptongo tienen línea recta sobre ellas, indicando que son largas (ᾱ, ῑ, ῡ). Es decir, ni una sola letra será alterada, permaneciando íntegra en todo detalle.

Según P. Trempelas, ni una "yiota" (del gr. "γιωτα", en español letra "i") ni una coma, es decir ni el más pequeño de los mandamientos, serán extraviados de la Ley y no perderá su autoridad hasta que se conviertan en realidad y se cumpla todo cuanto ordena la Ley.

En el texto original en hebreo, la jota (yod) es la letra más pequeña del alfabeto. Moisés anunció a Israel que un día había de cumplir “todos los mandamientos que hoy te intimo” (Dt. 30, 8). Lo mismo se había prometido en Jr. 31, 33; Ez. 36, 27, etc., y sin embargo Jesús había dicho a los judíos que ninguno de ellos cumplía la Ley (Jn. 7, 19). El Redentor quiere así enseñarles que tales promesas sólo llegarán a cumplirse con Él. Cf. Ez. 44, 5 y nota. (Biblia J. Straubinger, traducción directa de los originales en hebreo).

 

 

 

19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. 

 

Sobre el asesinato y la ira


21 -Oísteis, que fue dicho a los antiguos (por la ley mosaica): No matarás; y cualquiera que matare será declarado culpable en el juicio (juzgado local). 22 Pero yo os digo, que cualquiera que se enfurezca contra su hermano sin motivo, será declarado culpable en el congreso (en el gran juzgado). Y cualquiera que diga a su hermano: -Estúpido-, será declarado culpable en la gehena del fuego (en el Infierno). 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Muestra una disposición favorable ante tu adversario pronto, mientras te encuentras con él de camino hacia el juzgado, para que no te entregue el adversario al juez y el juez al ejecutor de la sentencia, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

 

 

 

 Sobre el adulterio y los deseos lascivos  

 

27 -Habéis oído, que fue dicho a los antiguos: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer con ánimo de disfrutar con ella, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y tíralo, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado (en el infierno). 30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado en la gehena  (en el infierno)

 

 

El divorcio (Mt.19,9; Mc.10, 11-12; Lc. 16,18)


31 - También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que, el que repudia a su mujer sin existir causa de inmoralidad (concretamente se refiere al adulterio), la empuja a cometer adulterio. Y también, el que se desposa casa con la separada, comete adulterio-.
 
 
 

Sobre el juramento de promesa
 
 
33 - Además habéis oído, que fue dicho a los antiguos: No perjurarás,* sino que, repetando al Señor, cumplirás tus juramentos de promesa
 
* Este es el sentido del mandamiento en Exodo 20,7; Levítico 19,12 y Deuteronomio 5,11 
 
 
34 Pero yo os digo que no juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el asiento de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey (de Dios). 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Y vuestra palabra "sí", que sea sí, y vuestro "no" (es decir que la palabra se coresponda con la realidad); porque lo que es más de esto, proviene del malvado.-
 
 
 
 
Sobre empatía (Lc. 6, 27; 32-36)

 
38 -Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente (ley de la empatía). 39 Pero yo os digo que no os enfrentéis al mal.* Y si alguien te abofetea en la mandíbula derecha (en la mejilla derecha), vuelve hacia él la otra.
 
 
* Pero yo sin embargo os digo que no mostréis resistencia al Malvado, que utiliza como su órgano a aquel que nos hiere (P. Trempelas)
 
 
40 Y al que quiere arrastrarte al tribunal y quitarte tu camisa, déjale también la chaqueta. 41 Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale. Y al que quiera pedirte prestado, no se lo niegues."
 
 
 
 
 
Sobre amor y odio (Lc. 6, 27; 32-36)

 
38 -Habéis oído que fue dicho: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. 44 Pero yo os digo, amad a vuestros enemigos, dad bendecidiones a los que os maldicen, haced bien a los que os odian, y orad por los que se comportan mal con vosotros  y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y que hace llueva sobre piadosos e impíos. 46 Si amáis a los que os aman, ¿qué salario tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si sois afectuosos sólo con vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles (idólatras)? 48 Vosotros entonces sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.-
 
 
 
 
 
 
 
 

6. Sobre limosna (Mt. cap.5-7)


1. Guardaos de hacer limosna delante de los hombres para ser vistos por ellos. De otra manera, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. 2 Cuando, pues, des limosna,  no lo pregones, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser admirados y alabados por los hombres. De cierto os digo que ya han recibido su salario al completo (de los hombres; porque de Dios no recibirán nada). 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público. 



 
Sobre limosna

 
5 -Y cuando ores, no seas como los hipócritas, porque gustan de permanecer en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles (en los cruces), para ser vistos por los hombres. De cierto os digo que ya han recibido su salario al completo. 6 Mas tú, cuando te dispongas a orar, entra en tu propia habitación y cierra la puerta, y ora a tu Padre, que está presente en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7 Y orando, no seáis charlatanes, como los idólatras, que piensan que por su palabrería serán escuchados. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos. Porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis, antes que vosotros le pidáis. 
 
 
 
 
La Oración del Señor (Lc. 11, 2-4)
 
 
9 Vosotros, pues, oraréis así: 
Padre nuestro Celestial,
sea glorificado tu nombre. 
10 Venga tu reinado (que reines sobre nosotros, que gobiernes nuestra vida)
Que se haga tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 
11 Nuestro pan necesario necesario para la vida, dánoslo hoy. 
12 Perdónanos nuestras deudas (nuestros pecados), así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores (a todos los que han pecado contra nosotros) 13 Y no permitas sucumbir a la tentación, mas líbéramos del Malvado. 
Porque tuya  (y no del Malvado) es la autoridad real, y el poder, y la fuerza, por todos los siglos. Amén.
 
 
 
 
Requisito para el perdón divino
 
 
 
14 Si perdonáis a los hombres sus pecados (hacia vosotros),  ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. 
 
 
 
 
Sobre el ayuno

 
16 - Cuando ayunéis, no seáis ariscos, como los hipócritas; porque dejan sus rostros descuidados y sin lavar, para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya han recibido su salario al completo 17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza (atusa tu cabello) y lava tu rostro, 18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre, que está presente en secreto (y lo ve). Y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público. 
 
 
 
 
 
 Sobre el atesoramiento (Lc. 12, 33-36)
 

19 No atesoréis para vosotros mismos tesoros sobre la tierra, donde la polilla y el gusano los hacen desaparecer, y donde ladrones abren butrones y los roban; 
 
 
 
20 sino atesorad para vosotros tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el gusano los hacen desaparecer, y donde ladrones no abren butrones ni roban. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
 
 
 
 
 
 
La lámpar del cuerpo y la luz interior (Lc. 11, 33-36)


22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz. 23 Pero si tu ojo está herido y cegado, todo tu cuerpo estará oscuro. Si tu luz interior (el "nous", la conciencia) es oscuridad, ¿la oscuridad cuánta será? 
 
 
 
 
Dios y las riquezas (Lc.16, 13)


24 Nadie puede ser siervo de dos señores (a la vez); porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
 
 

 
 
El estrés por la vida (Lc.12, 22-34)
 
 
25 Por tanto os digo, no os afanéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No es la vida superior al alimento, y el cuerpo al vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni almacenan, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Observad las flores del campo qué hermosas son. No trabajan, ni hilan; 29 Os digo, que ni aun Salomón, en toda su gloria se vistió como una de ellas. 30 Y si la hierba del campo que hoy está, y mañana se echa en el horno (y es quemada), Dios la viste con tanta hermosura, ¿no hará mucho con vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, entonces, diciendo qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos? 32 Porque todo esto buscan (como si fuesen los máximos bienes) los nacionales (los idólatras). Pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todo esto. 33 Por eso primero buscad (para recibir) el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán dadas por añadidura. 34 Así que, no os inquietéis por el día de mañana. Basta al (cada) día su propio afán. Basta a cada día con su propia angustia.
 
 
 
 
 




7 Sobre el juzgar (Lc. 6, 37-38; 41-42)

 

1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. 3 ¿Por qué ves la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y la viga que hay en el tuyo, no la ves? 4 ¿O cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que te saque la brizna del
ojo”, teniendo la viga en el tuyo? 5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver claramente para sacar la brizna del ojo de tu hermano. 

 

 

 

No lo santo a los perros y las perlas a los puercos

 

6 «Lo que es santo, no se los deis a los perros, y las perlas no se las echéis a los puercos, para que no os las pisoteen con sus patas, y vuelvan y os despedacen».

 

 

 

«Pedid... buscad... llamad...»


 

7 «Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad a la puerta y se os abrirá. 8 Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá. 9 Sí, todo el que pide, recibe. Y todo el que busca, encuentra. Y a quien llama a la puerta, le será abierto. O ¿qué hombre hay entre vosotros, a quien su hijo le pide pan, le dará una piedra; 10 o que si le pide un pez, pueda darle una culebra?

11 Si, pues, vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros
hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que se las pidan?
»

 

 


La ley de oro de la conducta cristiana



12 «Por tanto, todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo  también vosotros con ellos. Porque esto, en resumen, es la ley y los profetas».
 
 
 
 
La puerta estrecha y la puerta ancha (Lc. 13, 24)
 
 

13 «Pasad por la puerta estrecha. Porque ancha es la entrada y espacioso el camino, que lleva a la muerte (la muerte espiritual, el infierno), y son muchos los que pasan por ella; *1

 

*1 Si en el presente versículo 13 el texto (original), el "Porque" concuerda con el segundo "y", como por ejemplo en Levít. 20,23 (2ª "y"), Salmo 90, 14 (1ª "y") y Revelación 3, 10, entonces hemos de traducir: "Pasad por la puerta estrecha. Porque ancha es la entrada y espacioso el camino, que lleva a la muerte (la muerte espiritual, el infierno), por eso son muchos, los que pasan por ella".

 

  
14 ¡Qué estrecha es la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida!, y qué pocos son los que lo encuentran!.
*2

 

*2 Si el presente versículo 14 en el texto (original), no es el "qué", sino el "porque", y esto concuerda con el segundo "y", entonces hemos de traducir: "Porque es estrecha ("στενή") la puerta y angosto (στενόχωρι) el camino, que lleva a la vida, por eso son pocos los que lo encuentran"  

 

 

 

 Los falsos profetas (Luc. 6, 43-44)

 
15 «Guardaos de los falsos profetas (falsos maestros), que vienen a vosotros con apariencia de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? 17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 Un árbol bueno no es posible que dé frutos malos, ni que un árbol malo dé frutos buenos. 19 Cada árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. 20 Así que por sus frutos los conoceréis".

 

 

 

El verdadero siervo del Señor (Luc. 13, 25-27)


21 «No entrará en el reino de los cielos todo el que me diga: “Señor, Señor", sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. 22 Muchos me dirán aquel Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y con tu nombre no expulsamos demonios, y con tu nombre hicimos muchos milagros?”
23 Y entonces les diré: “¡Nunca os he conocido. Marchaos de mí, obradores de
maldad.







El constructor sensato y el constructor necio (Luc. 13, 25-27)




24 «Así pues, todo el que escuche estas palabras mías y las ponga en práctica, le consideraré como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca. 25 Y cayó la lluvia, vinieron las corrientes de las aguas, y soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. 26 Contrariamente, todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será considerado similar al hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. 27 Y cayó la lluvia, y vinieron las corrientes de las aguas, y soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa, y cayó, y fue grande su ruina.»

 

 

 

Jesús, el auténtico maestro


28 Y cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud mostró su admiración ante su enseñanza, 29 porque les enseñaba como alguien que tiene autoridad, y no como los escribas.

 

 

 

 8  Curación* del leproso  (Mc. 1, 40-45. Lc. 5, 12-16)


1. Cuando Jesús bajó del monte, le seguía una gran multitud. 2 Y he aquí que un leproso vino y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme (de la lepra)» 3 Entonces Jesús extendió su mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y directamente quedó limpio de su lepra. 4 Entonces le dice Jesús: «Ten cuidado de no decírselo a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que estableció Moisés, para que te den la confirmación (de que has sido curado). 

* Curación: en esta traducción se hace diferencia entre sanación (proceso a través del cual una persona alcanza un nuevo estado de equilibrio, haya sido curada la condición previa o no, más en sentido espiritual) y curación (acción de reparar o aliviar una condición física determinada, más en sentido físico)

 

La fe del centurión y la curación de su siervo (Lc. 7, 1-10; Jn 4, 43-54) 

 
 
5 Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó 6 diciendo: «Señor, mi criado está en casa inmovilizado y paralítico, con terribles sufrimientos.» 7 Le dice Jesús: «Yo iré a curarle.» 8 Pero el centurión entonces respondió: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Pero sólo da la orden de palabra, y mi criado quedará curado. 9 Porque yo soy hombre bajo autoridad, pero teniendo tengo a mis órdenes soldados, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.» 10 Al oír esto Jesús, quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Ciertamente os digo, ni en Israel he encontrado una fe tan grande. 11 Y os aseguro, que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán a la mesa del reino de los cielos con Abraham, Isaac y Jacob, 12 mientras que los hombres del reino serán echados fuera, a la tinieblas más profundas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes (de dolor)» 13 Y dijo Jesús al centurión: «Ve y que te suceda como has creído.» Y en aquel momentó curado el criado.  
 
 
 

 

Curación de la suegra de Pedro y de otros (Mc. 1, 29-34; Lc. 4, 38-41) 

 
 
14 Y fue Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de postrada en cama y con fiebre. 15 Y tomó la mano de ella, y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. 16 Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados y expulsaba a los (malos) espíritus con una palabra, y curaba a todos los enfermos, 17 cumpliéndose así lo dicho por el profeta Isaías: "El tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.
 
 
 
 
 
Requisitos de aprendizaje (Lc. 9, 57.62)

 

18 Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra
orilla. 19 Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera
que vayas.» 20 Y le dice Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo lugares donde posarse, mientras que el Hijo del hombre no tiene donde apoyar su cabeza.» 21 Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre.» 22 Pero Jesús le dijo: «Sígueme, y deja que los muertos (espiritualmente) que entierren a sus muertos.»

 

 

 

Jesús detiene la tempestad (Mc. 4, 35-41; Lc. 8, 22-25)

 


23 Cuando subió a la barca, sus discípulos le siguieron sus discípulos. 24 Y he aquí que una tempestad se levantó
en el mar tan grande, que la
barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido. 25 Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» 26 Y les dice a ellos: «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y hubo una gran serenidad. 27 Y se quedaron maravillados
aquellos hombres, y decían: «¿Qué hombre es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

 

 

 

Jesús sana a unos endemoniados de (la región de) los gadarenos (Mc. 5, 1-20; Lc. 8, 26-39)

 


28 Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su
encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que
nadie era capaz de pasar por aquel camino. 29 Y se pusieron a gritar: «¿Qué relación tenemos nosotros contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de llegar nuestro tiempo?» 30 Y había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. 31 Y le suplicaban los demonios: «Si vas a echarnos, déjanos ir a esa piara de puercos.» 32 El les dijo: «Id.» Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y se ahogaron en las aguas. 33 Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad contaron todo lo sucedido, especialmente lo relacionado con los endemoniados. 34 Y he aquí que todos los habitantes de la ciudad salieron al encuentro de Jesús, y cuando le vieron, le rogaron que se retirase de su término.

 




9 Perdón de lo pecados y sanación del paralítico (Mc. 2, 1-12. Lc. 5, 17-26)



1 Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad (Capernaúm). 2 En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Animo, hijo, tus pecados te son perdonados.» 3 Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.» 4 Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestras mentes 5 ¿Qué es más fácil, que diga: “Tus pecados te son perdonados”, o que diga: “Levántate y anda”? 6 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.» 7 El se levantó y se fue a su casa. 8 Y al ver esto las gentes, se admiraron y glorificaron a Dios, que había dado tal poder a los hombres. 

 

 

 

La llamada de Mateo (Mc. 2, 13-17. Lc. 5, 27-32)

 

9 Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el departamento del pago de impuestos, y le dice: «Sígueme.» Y se levantó y le siguió. 10 Y cuando estaba él sentado a la mesa en su casa, vinieron
muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come
vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» 12 Y oyéndolo Jesús, les dijo: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. 13 Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero y no sacrificio.  Porque no he venido a llamar a santos, sino a pecadores arrepentidos.» 

 

 

 

Con motivo de una pregunta sobre el ayuno (Mc. 2, 18-22. Lc. 5, 33-39)


14 Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho, y tus discípulos no ayunan?» 15 Jesús les dijo: «¿Pueden acaso los hombres en la boda ayunar, mientras el novio está con ellos? Sin embargo vendrán días, en que les será arrebatado el Novio y será entregado a muerte; entonces ayunarán. 16 Nadie pone en una pieza nueva de tela como remiendo en un vestido viejo, porque lo añadido (es decir el remiendo) tira y arranca del vestido, produciéndose así un desgarrón peor. (El judaísmo y cristianismo no coinciden y no se involucran, porque el primero envejeció, como un vestido, y el segundo es nuevo) 17 Ni tampoco se echa vino nuevo (mosto) en odres viejos. Pues de otro modo, los odres se rompen, el vino se derrama, y los odres se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así ambos se conservan. (Los que permanecen apegados en el judaísmo son como odres viejos, que no aguantan el vino nuevo, el cristianismo. El cristianismo requiere odres nuevos, hombres liberados del judaísmo)» 

 

 

Requisitos de aprendizaje (Lc. 9, 57-62)

 

18 Mientras les decía esto, he aquí que se acercó uno de los principales de la sinagoga y se postró ante él diciendo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella y será resucitada.» 19 Entonces Jesús se levantó y le siguió, junto con sus discípulos. 

20 Y he aquí una mujer, que padecía de hemorragia flujo desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó el borde de su manto, 21 pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré (seré curada).» 22 Y Jesús, tras volverse y verla,  le dijo: «!Ten coraje, hija!, tu fe te ha salvado (te ha curado).» Y así es que la mujer se puso bien desde aquel momento.

23 Al llegar Jesús a casa del principal de la sinagoga y ver a los flautistas (músicos) tocando música mortuoria y la gente alborotada, 24 les dice a ellos: «Retiraos. La muchacha no ha muerto, sino que duerme.» Entonces comenzaron  a burlarse de él. 25 Mas, cuando la gente salió fuera, entró él y la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. 26 Y la noticia de este milagro se divulgó por toda aquella comarca.

 



Curación de los dos ciegos

 
 
27 Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos que voceándole le decían: «¡Ten piedad de nosotros y sálvanos (cúranos), Hijo de David!» 28 Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Le dicen: «Sí, Señor.» 29 Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.» 30 Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «Mirad que nadie lo sepa» 31 Pero ellos salieron y lo divulgaron por toda aquella comarca. 
 
 
 
 
Sanación del mudo endemoniado
 
 
32. Y mientras salían, he aquí que le trajeron un hombre mudo endemoniado. 33 Y cuando fue espulsado el demonio, el mudo habló, y la gente, admirada, decía: «Nunca se ha presentado en Israel un fenómeno similar» 34 Pero los fariseos decían: «Con el poder del príncipe de los demonios expulsa a los demonios.» 35 Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia. 
 
 
 
 
La compasión de Jesús por la gente


36 Y al ver a la multitud de la gente, sintió compasión por ellos, porque estaban desampardos y dispersos como ovejas sin pastor. 37 Entonces les dice a sus discípulos: «El fruto para la cosecha es mucho, pero los obreros pocos. 38 Por eso rogad a su señor por la cosecha del fruto, para que envíe obreros que cosechen su fruto»
 
 
 
 
 
 
 
 
10 Autoridad y nombres de los doce apóstoles 
 
1. Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado (también) Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el hijo de Zebedeo y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el hijo de Alfeo y Lebeo, llamado Tadeo; 4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, quien le entregó.
 
 
 
 
Instrucciones a los apóstoles 

 
5 A estos doce envió Jesús, con estas instrucciones: «Por camino que lleva a los nacionales (a los idólatras), no vayáis. Y en ciudad de samaritanos no entréis, sino más bien id a las ovejas perdidas de la nación israelita. de Israel. 8 Y cuando vayáis, proclamad diciendo que el Reino de los Cielos ha llegado. 8 Curad enfermos, limpiad leprosos (de la lepra), resucitad muertos, expulsad demonios. Gratis recibisteis; gratis dad. 9 No tengáis monedas de oro, ni de plata, ni de cobre en vuestros cintos; 10 ni alforja para el camino, ni doble vestimenta, ni calzado*, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.
 
* ni calzado aparte

11. «En la ciudad o pueblo en que entréis, examinad quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. 12. Al entrar en la casa saludadla diciendo: "La bendición sobre esta casa" 13 Y si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. 14. Y si alguien no os recibe y no escucha vuestras palabras, saliendo de la casa o de la ciudad aquella, sacudid bien el polvo de vuestros pies. 15 Verdaderamente os digo, el día del Juicio los habitantes 
la tierra de Sodoma y Gomorra serán juzgados menos austeramente   que los habitantes de aquella para aquella ciudad. 
 
 
 
 
 
Propensión a persecuciones, palabras exhortadoras y alentadoras (Mc.13, 9-13. Lc. 12, (2-7, 12-19))

 
16. «Mirad que yo os envío como ovejas entre de lobos. Por eso sed listos como las serpientes, pero íntegros y sencillos como las palomas. 17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán en audiencias y en sus sinagogas os azotarán; 18 Y a gobernadores y reyes seréis llevados por mi causa, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles (idólatras). 19 Mas cuando os entreguen, no os dejéis abrumar por la ansiedad ni os preocupéis por cómo hablaréis o qué diréis. Porque os será dado en aquel momento lo que habrñeis de decir. 20 Porque no seréis vosotros los que habléis, sino que es el Espíritu de vuestro padre (celestial) el que habla, valiéndose de vosotros como instrumento suyo. 21. Y entregará hermano a hermano a la muerte, y padre a hijo, y se levantarán hijos contra padres y los matarán. 22 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero el que aguante hasta el final, este será salvado. 23 Cuando os persigan en una ciudad, marchaos a otra. Ciertamente os digo, no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel, y vendrá el Hijo del hombre.

24 No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su señor. 25 Le es suficiente al discípulo con ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le llamaron Beelzebul, ¿cuánto más a sus familiares?*

* A los suyos, a sus hombres.
 

26 Pero no les tengáis miedo (a los calumniadores). Porque no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto, ni oculto, que no haya de saberse (Es decir la verdad será esparcida  y la calumnia será eliminada. 27 Lo que os digo en particular, decidlo vosotros en público; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las terrazas. 28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna (en el Infierno).  29 ¿No se venden dos gorriones por un as? Y sin embargo ni uno de ellos cae en tierra (no  muere) sin que lo permita de vuestro padre (celestial). 30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. 31 No temáis pues. Vosotros sois más que muchos gorriones»

 

 

 

Necesidad de confesión (Lc. 12, 8-9) 


32. «Y a cada uno que haga confesión de mí ante los hombres, haré yo también confesión de él ante mi Padre celestial. 33. Pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre celestial
».

 

 


¡Cristo divide a los hombres! (Lc. 12, 51-53) 


34. «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada (símbolo de guerra). 35. Es decir, he venido poner distancia hasta entre el hijo con su padre, entre la hija con su madre, entre la nuera con su suegra; 36. Los enemigos del hombre serán sus familiares.



Cristo pide la primacía de nuestro amor y la abnegación

 

37. «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 38. Y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. 39. Quien se salve a sí mismo (evitando el martirio), éste se perderá. Y quien se sacrifique a sí mismo por mí,  éste se salvará.

 

 

 

La importancia de la hospitalidad de los predicadores del evangelio



40. «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a aquel que me ha enviado. Υ quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá. 41 Y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. 42. Y quien ofrezca simplemente un vaso de agua en estado natural (desinteresadamente) a uno de estos humildes, por ser discípulo mío, ciertamente os digo que no perderá su recompensa.»

 

 

 

 11 Pregunta sobre "El que ha de venir" y respuesta de Jesús

 

1. Y cuando Jesús terminó de dar órdenes e instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades (es decir en las ciudades de los judíos)


(Lc. 7, 18-23)

2. Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a dos de  sus discípulos a decirle: 3. «¿Eres tú "El que ha de venir"* (el Mesías), o debemos esperar a otro?»

* Del gr. "ο ερχόμενος", [o erjómenos]

4. Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: 5. los ciegos reciben la luz y los cojos andan, los leprosos quedan limpios (de la lepra) y los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres oyen jubilosos mensajes; 6. ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»

 

 

Jesús elogia a Juan (Lc. 7, 24-35)


7. Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar a la gente de Juan: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? (Desdeluego que no) 8. ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre vestido con ropas elegantes? Los que visten con ropas elegantes se encuentran en los palacios.

9. Entonces ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. 10. Porque este es aquel, de quien se ha escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino. 11. En verdad os digo, no ha dado a luz mujer uno mayor que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos (en la Iglesia) es mayor que él (desde el punto de vista de privilegios espirituales). 12. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos corre con prisa, y los que se apresuran (llegan y) lo atrapan. Todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron. 14. Y si queréis admitirlo, él es Elías, el que (según la Escritura y los escribas) iba a venir. (Es decir que Juan es similar al profeta Elías, es otro Elías). 15. El que tenga oídos para oir, que oiga".

 

 

 

Rechazo y justificación de la sabiduría de Dios (Lc. 10, 13-15)


16. «¿Pero, con qué compararé a esta generación? Es similar a unos chicos, que se sientan en grupos, y vocean los jugadores de un equipo a los jugadores del otro equipo, 17 diciéndose entre ellos: 

- Os hemos tocado alegres canciones, pero no habéis bailado. 

- Os hemos cantado endechas, pero no os habéis llorado."

18. Es decir, vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Demonio tiene."

19. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y  bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores." Pero la Sabiduría se ha acreditado por sus hijos (los hombres sensatos reconocieron, que a través del Hijo del hombre se ha activado la Sabiduría de Dios. Y el modo de vida de los dos hombres es correcto)» 

 

 

Tormento de las ciudades no arrrepentidas

 

20 Entonces (Jesús) comenzó a reprender a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido. 21 ´¡Pobre de ti, Corazín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal (como vestimenta) y ceniza (en la cabeza) se habrían convertido. 22 Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. 23 Y tú, Cafarnaúm, que hasta el cielo fuiste encumbrada, serás bajada hasta el hades. ¡Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, hubiese permanecido hasta hoy! (no hubiese sido destruida). 

24 Por eso os aseguro que los habitantes de la tierra de Sodoma serán juzgados con menos rigor que vosotros el día del Juicio»

 

 

 

Jesús glorifica al Padre (Lc. 10, 21-22)

 

25 Entonces Jesús habló, diciendo: «Yo te glorifico, Padre, señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas (los misterios celestiales) a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. 26 Sí, Padre, porque así lo has  querido».

 

 

Quién conoce al Padre y al Hijo

 

27 «Todo me ha sido entregado por mi Padre. Y nadie conoce al Hijo, sino sólo el Padre, ni al Padre le conoce nadie, sino sólo el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»


 

El yugo liviano de Cristo

 

28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y por la experiencia aprended de mí, que soy condescendiente y de espíritu humilde. Sí, vuestras alma hallarán descanso. 30 Porque mi yugo es suave, y mi carga ligera.» 

 

 

 

 

 

 

12. No observancia absoluta y escolástica del sábado. (Mc. 2, 23-28; Lc. 6, 1-5)

 

1. En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. 2. Al verlo los fariseos, le dijeron: «He aquí, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.» 3. Y él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban? 4. ¿Cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, los cuales no les estaba permitido comer a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? 5. ¿O no habéis leído en la Ley, que en día de sábado los sacerdotes en el Templo incumplen la festividad del sábado, y sin embargo no incurren en culpa? 6. Pues yo os aseguro, que hay aquí algo superior que el templo. 7. Y si hubieseis entendido lo que significa, Misericordia quiero y que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa. 8. Porque el Hijo del hombre es señor también del sábado.»

 

 

Curación en Sábado (Mc. 3, 1-6; Lc. 6, 6-11)

 

9.  Y tras irse de allí, fue a la sinagoga de ellos. 10. Y he aquí que había allí un hombre que tenía una mano seca. Y para acusarle, le hicieron la siguiente pregunta: "¿Está permitido en sábado realizar alguien curaciones? 11. Y él les dijo: «¿A quién de vosotros pudiera acontecerle, que teniendo una oveja, cayese ésta en un hoyo en sábado, y no la agarrase y la sacase? 12. Pues, ¡cuán superior es un hombre que una oveja! Por lo tanto, está per hacer bien en sábado.» 13. Entonces dice al hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida, sana como la otra. 14. Entonces los fariseos fueron e hicieron asamblea contra él, para matarle. 15. Pero Jesús entendió (su plan) y se retiró de allí.

 

 

Profecía sobre la humildad y la compasión del Mesías


Y le seguía mucha gente, y les curaba a todos (los que estaban enfermos)16. Y les encargaba rigurosamente que no lo divulgasen. 17. Y así se cumplió lo dicho por el profeta  Isaías: 18. He aquí mi siervo, a quien escogí, mi Hijo amado, sobre quien he hecho mi elección. Pondré mi Espíritu sobre él, y proclamará misericordia a las naciones. 19. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en lοs caminos su voz. 20. La caña agrietada no la quebrará, ni lámpara que parpadee apagará, sino que hará prevalecer la misericordia. 21. Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza.

 

 

 

Cómo Jesús expulsa los demonios


22. Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo, y le sanó, de modo que el ciego y mudo hablaba y veía. 23. Y toda la gente, sorprendida, decía: «¿Tal vez es éste el Mesías, el Hijo de David?» 24. Mas los fariseos, al oírlo, dijeron: «Este no expulsa los demonios más que por el poder Beelzebul, príncipe de los demonios.» 25. Y Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino que haya sido dividido en partes combatientes entre ellas, es destruído. Igualmente toda ciudad o familia dividida 
en partes combatientes entre ellas, no es posible que permanezca (sino que es destruida) contra sí misma no podrá subsistir. 26. Y si Satanás expulsa a Satanás, queda dividido en partes combatientes entre ellas. Y entonces, ¿cómo va a subsistir su reino? (habría sido destruido) 27. Y si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. 28. Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios con el poder del Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29. «O, ¿cómo puede uno entrar en la casa del fuerte y saquear sus existencias, si no ata primero al fuerte? Sólo entonces podrá saquear su casa. 30. El que no está conmigo, está contra mí. Y el que no recoge conmigo, desparrama».

 

 

 

 

La blasfemia contra el Espíritu Santo (Mc. 3, 28-30; Lc. 12, 10)



31. «Por eso os digo, todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la irreverencia contra el Espíritu no será perdonada a los hombres. 32. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre (porque se haya escandalizado por su humilde humana apariencia y por eso desconfía), se le perdonará (si se arrepiente, desdeluego); pero al que hable contra el Espíritu Santo, nunca le será perdonado (porque "blasfemia", es decir insulto, desprecio, contra el Espíritu Santo, es esto: no ver alguien muy claramente la manifestación del Espíritu Santo, de la Divinidad, mediante milagro, como es la expulsión de demonios, y sin embargo no cree, sino que distorsiona el significado del milagro. Esto significa depravación y perversión de la conciencia, y falta de arrepentimiento, por eso nunca es perdonado)».




El arbol se conoce por el fruto...



33. «Suponed un árbol bueno, y su fruto será bueno; suponed un árbol malo, y su fruto será malo; porque por el fruto se conoce el árbol (si es bueno o malo) 34. Hijos nacidos de víboras, ¿cómo podéis hablar cosas buenas siendo malos? Porque lo que
la boca habla viene del contenido del alma, de lo que rebosa. 35. El hombre bueno, de  su buen almacenamiento saca cosas buenas y el hombre malo, de su mal almacenamiento reserva saca cosas malas. 36. Os digo que de toda palabra calumniosa, que digan los hombres, darán cuenta de ello en el día del Juicio. 37. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»

 



 

La señal de Jonás (Mt. 16, 1-4; Mc. 8, 11-12; Lc. 11, 29-32)

 

38. Entonces algunos de los escribas y fariseos tomaron la palabra y dijeron: «Maestro, queremos de ti una señal (milagro).» 39. Mas él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera con insistencia pide señal, pero señal no se le será dada, sino la señal de Jonás el profeta. 40. Es decir como Jonás el profeta estuvo en el vientre del cetáceo (gran pez) tres días*, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días*.

* La palabra "día" aquí en la traducción utilizamos no la en antítesis de la noche, sino con el amplio sentido del día-noche como una unidad única e indivisible

 

 

  

Los gentiles* condenarán a los judíos infieles 

* Traducido del gr. "εθνικοί", [eznilkí], "los de las naciones": idólatras, paganos, gentiles. En muchas ocasiones también traducido como "griegos"


41. Los hombres de Nineví serán resucitados en el Juicio junto con esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron* por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.

* Traducido del gr. "μετανόησαν", [metanóisan]: lit. "cambiaron su mentalidad": se arrepintieron y se convirtieron


42. La reina del Sur será resucitada en el Juicio junto con esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo superior que Salomón».

 



Reaparición del estado de endemoniamiento en una forma peor (Lc. 11, 24-26)

 

43. «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos en busca de reposo, pero no lo encuentra. 44. Entonces dice: "Regresaré a mi casa, de donde salí." Y al llegar la encuentra tranquila, barrida y ordenada (lista para recibir visitas) 45. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus, peores que él; y entran y habitan allí, y así el estado final de aquel hombre viene a ser peor que la primera. Así le sucederá también a esta generación malvada.»

 

 

 El parentresco espiritual, superior al carnal (Mc. 3, 31-35, Lc. 8, 19-20)


46. Cuando todavía estaba hablando a la multitud, su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. 47. Y alguien le dijo: «Ahí fuera están tu madre y tus hermanos e intentan verte.» 48. Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» 49. Y, mostrando con su mano a sus discípulos, le dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. 50. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

 

 

 

 

13. La parábola de la siembra (Mc. 4, 1-9; Lc. 8, 4-8)

 

1. Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar 2. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. 3. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. 4. Y al sembrar, unas semillas cayeron en el camino pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener profundidad de tierra, 6. pero, en cuanto salió el sol, recibieron sus rayos ardientes y, por no tener raíz (raíz profunda), se secaron. 7. Otras semillas cayeron en partes donde había semillas de abrojos, y crecieron los abrojos y las ahogaron completamente. 8. Y otras semillas cayeron en  tierra buena y dieron fruto, una semilla cien, otra sesenta, otra treinta. 9. El que tenga oídos, que oiga.»

 

 

 

¿Por qué Jesús habla en parábolas?

 


10. Entonces se le acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» 11. El les respondió: «Porque a vosotros os ha sido dado (el honor) el conocer los misterios del reino de los Cielos, pero a ellos no. 12. A quien tiene, le será dado, y le sobrará. Al contrario, al que no tiene, aun (lo poco) lo que tiene le será quitado. 13. Por eso les hablo en parábolas, de modo que, aunque ven, no vean, y aunque oyen, no oigan, ni entiendan, con el resultado de no regresar. 14. Y entonces se cumplirá en ellos la profecía de Isaías, que dice: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. 15. Porque se ha oscurecido el corazón de este pueblo, se han ensordecido, y han cerrado
sus ojos, no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y regresen, y les perdone».

 



 

 

Dichosos ojos y oídos

 

16. «¡Pero vuestros ojos son dichosos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! 17. Porque ciertamente os digo, que muchos profetas y piadosos desearon ver esto que veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

 

 

 

Interpretación de la parábola del sembrador (Mc. 4, 13-20. Lc. 8, 11-15)



18. «Vosotros, pues aprended el significado de la parábola del sembrador. 19 A vada uno que oye la palabra del reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado en el camino. 20. La semilla que fue sembrada en suelo pedregoso, se al que oye la palabra, y enseguida la recibe con alegría; 21. pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es momentáneo, y cuando se presenta tribulación o persecución por causa de la palabra, cede enseguida. 22. Pero la semilla que fue sembrada entre los abrojos, hace referencia al que oye la palabra y entiende, y éste desdeluego pero los (exagerados) cuidados por esta vida el mundo y el disfrute de las riquezas ahogan la palabra, y así queda sin fruto. 23. Pero la semilla que fue sembrada en tierra buena, se refiere al que oye la palabra y comprende, y éste sí que da fruto y el uno produce otros cien, el otro sesenta, y otro treinta.»

 

 

 

 

La parábola de la cizaña



24. Otra parábola les enseñó, diciendo: «El reino de los cielos se ha vuelto como  un hombre, que sembró buena semilla en su campo. 25. Pero cuando la gente dormía, vino su enemigo y sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. 26. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, entonces (del fruto) 
apareció también la cizaña. 27. Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" 28. El les contestó: "Un hombre enemigo ha hecho esto." Le dicen entonces los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" 29. Y les dice él : "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. 30. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla, y el trigo recogedlo en mi almacén."»

 

 

 

 

La parábola del grano de mostaza (Mc. 4,30. Lc. 13, 18-19)



31. Otra parábola les enseñó, diciendo: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo sembró en su campo. 32. Esta es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece sobrepasa a todas las  hortalizas y se convierte en un árbol completo, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.» 

 

 

 

 

La parábola de la levadura ( Lc. 13, 20-21)

 

33. Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos es semejante a la levadura, que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina (cantidad grande), y fermentó (es decir recibió el efecto de la levadura).»



 

 

Profecía sobre el uso de parábolas por el Mesías

 

34. Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, 35. cumpliéndose así lo dicho por el profeta: Hablaré en parábolas, mi boca, diré verdades ocultas desde el principio del mundo.

 

 

 

 

Interpretación de la parábola de la cizaña



36. Entonces dejó a la multitud y se fue a su casa (la casa donde moraba, no propiedad privada, obviamente). Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»
37. El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre. 38. Y el campo es el mundo; la buena semilla son los hombres del reino (de Dios). La cizaña son los hijos del mal. 39. El enemigo que la sembró es el Diablo. La siega es el fin del mundo. Y los segadores son los ángeles. 40. De la misma manera que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. 41. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su reino a todos los alborotadores y a los infractores de la ley, 42. y los arrojarán en el horno de fuego (en el Infierno). Allí llorarán y rechinarán de dientes. 43. Entonces los piadosos brillarán como el sol en el reino (celestial) de su padre. El que tenga oídos para oír, que oiga. 

 



La parábola del tesoro escondido


44. «También el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, volvió a esconderlo. Y debido a su alegría va y vende todo lo que tiene, y compra el campo aquel.»

 

 

 

La parábola de la perla preciosa


45. «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader, que anda buscando perlas preciosas, 46. y que, al encontrar una perla preciosa, fue, vendió todo lo que tenía, y la compró. 

 

 

La parábola de la red

 

47. «También es semejante el reino de los cielos a una red, que se echó en el mar y recogió peces de todas clases. 48. Y cuando se llenó, la sacaron a la orilla, y se sentaron y recogieron los peces buenos en cestos, y los inservibles y dañinos los tiraron. 49. Así sucederá en el fin del mundo. Saldrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos, 50. y los echarán en el horno de fuego (el Infierno). Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

 

 

 

El conocedor de la ley mosaica y de la enseñanza cristiana

 

52 Entonces les dijo: "¿Por eso todo escriba (maestro de la ley mosaica), que ha sido instruido acerca del reino de los cielos (el reino mesiánico), es semejante al hombre dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.»

 

 

 

Jesús es despreciado en su tierra 


53. Y cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. 54. Y fue a su tierra, y les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que se sorprendían, y decían: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? 55. ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56. Y sus hermanas, ¿no están todas aquí con nosotros y son conocidas? Entonces, ¿de dónde le viene a éste todo estas manifestaciones milagrosas?» 57. Y se escandalizaban y dudaban de él. Mas Jesús les dijo: « No hay profeta sin prestigio, sino sólo en su patria y en su casa.» 58. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

 

 


 
 

14  El coraje y la decapitación de Juan el Bautista (Mc. 6, 14-29. Lc. 9, 7-9)


 

1. En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús 2. y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista. Él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.» 3. Herodes, como se conoce, había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. 4. Porque Juan le decía: «No te está permitido vivir con ella.» 5. Y aunque quería matarle, temía a la gente, porque era considerado como un profeta. 6. Mas celebrando el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en evento festivo, gustando a Herodes. 7. Por eso éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. 8. Y ella, por consejo de su madre, dice: «dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». 9. Entristecióse el rey, pero a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese (la cabeza de Juan). 10. Y envió a decapitar a Juan en la cárcel. 11. Y su cabeza fue llevada en una bandeja, y fue entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. 12. Llegando después sus discípulos, recogieron el cuerpo y lo sepultaron. Después fuerona informar de lo acontecido a Jesús.

 

 

 

Jesús se compadece del pueblo y cura a los enfermos

 

 13. Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, a un lugar solitario, él solo. Pero cuando lo oyeron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades. 14. Y salió Jesús y vio a mucha gente, y sintió compasión de ellos, y curó a sus enfermos.  

 


 

Jesús se compadece del pueblo y cura a los enfermos (Mc. 6, 30-44. Lc. 9, 10-17. Jn. 6, 1-14) 

 

15. Cuando se acercaba la noche, se le acercaron los discíplulos diciendo: «El lugar está desierto, y la hora es ya pasada. Da la orden a la gente de que se vayan, y se dirijan a los pueblos para comprar comida.» 16. Mas Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan. Dadles vosotros de comer.» 17. Pero responden  ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.» 18. El dijo: «Traédmelos aquí.» 19. Y tras ordenar a la gente tumbarse sobre la hierba, tomó  los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo y bendijo, y partió y dió a los discípulos los panes, y los discípulos a la gente. 20. Y comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. 21. Y los que comieron eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.

  

 

Jesús camina sobre el mar (Mc. 6, 45-52, Jn. 6, 16-21) 


22. Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Υ al atardecer estaba solo allí. 24. La barca se hallaba ya en medio del mar y era 
zarandeado por las olas, pues el viento era contrario. 25. Y a la cuarta vigilia de la noche (horas 3-6) fue hacia ellos Jesús, caminando sobre el mar. 26. Y cuando le vieron los discípulos caminar sobre el mar, se turbaron pensando que era un fantasma, y de miedo se pusieron a vocear. 27. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Tened coraje! Soy yo. No temáis.»
 
 
 
 
 
La falta de fe de Pedro


28 Entonces Pedro le respondió y dijo: 
«Señor, si eres tú, ordéname que vaya hacia tí (caminando) sobre el agua». 29 Y él dijo: "ven". Y entonces Pedro bajó del barco y caminó sobre las aguas, para ir hacia Jesús. 30 Pero viendo el fuerte viento temió, y comenzando a hundirse voceó fuertemente y dijo: «¡Señor, sálvame!». 31 Y en seguida Jesús extendió la mano, le enganchó y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has temido?». 32 Y cuando entraron en la barca, se calmó el viento. 33 Y los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios».




Sanaciones en Genesaret (Mc. 6, 53-56)


34 Así, Y terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret. 35 Y cuando  los hombres de aquel lugar le percibieron, enviaron noticia por toda aquella región, tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos; 36 y le rogaban que les dejase tocar aunque sólamente fuese el borde de su vestimenta. Y todos los que lo tocaron, fueron sanados completamente.




 15  Tradiciones de los hombres a costa de los mandamientos de Dios   (Mc. 7, 1-13)



15 Entonces se acercaron a Jesús los escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los más antiguos? Porque no se lavan las manos cuando comen. 3 Él respondió y les dijo a ellos: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4 Porque Dios ordenó diciendo: Honra al padre y a la madre, y: El que difame al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 5 Pero vosotros decís: «Si alguien dice a su padre o a su madre, "esto que ibas a recibir como ayuda de mi parte, lo dedico a Dios", entonces se libera de la obligación de honrar (con el ofrecimiento de su  ayuda) a su padre o a si madre. 6 Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 8 Este pueblo de boca se acerca a mí y de labios me honra, mientras que su corazón dista mucho de mí. 9 Sí, falsamente me respetan, pues sigen enseñanzas, que son mandamientos de hombres.





Qué contamina moralmente al hombre
(Mc. 7, 14-23)


10 Entoncés llamó a la multitud y les dijo: «Atended y entended (lo que os voy a decir): 11 No contamina al hombre lo que entra en la boca, mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre». 12 Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: "¿Sabes que los fariseos se han escandalizado, oyendo lo que has dicho?13 Y respondiendo él, dijo: «Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. 14 Dejadlos. Son ciegos guías de ciegos. Y si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo». 15 Respondiendo Pedro, le dijo: «Explícanos estas palabras enigmáticas». 16 Y Jesús dijo: «¿ni incluso vosotros entendéis? 17 Todavía no comprendéis, que todo lo que entra en la boca va al vientre y es echado en la letrina? 18 Pero lo que sale de la boca, sale del corazón, y esto contamina al hombre. 19 Porque del alma salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre. Pero el comer con las manos sin lavar, eso no contamina al hombre».





La fe de la mujer cananea y la sanación de su hija 
(Mc. 7, 24-30)


21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Ten misericordia (compadécete y ayúdame) de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 23 Pero él no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: «Cumple su petición patra que se vaya, pues nos sigue dando voces. 24 Pero él respondiendo, dijo: «No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel]¡». 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, ayúdame! 26 Pero él respondió y dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos». 27 Y ella dijo: «Sí, Señor. Pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: «Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres». Y su hija fue sanada desde aquella hora.





Sanaciones de distintas enfermedades


29 Y yéndose de allí Jesús, vino junto al mar de Galilea. Y subiendo al monte, se sentó allí. 30 Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; 31 de manera que la multitud se maravillaba viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver. Y glorificaban al Dios de Israel.




El milagro de la alimentación de los cuatro mil
(Mc. 8.1-10)


32 Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: «Siento compasión por la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y no quiero dejarles que se vayan en ayunas, no sea que desmayen en el camino». 33 Entonces sus discípulos le dijeron: «¿De dónde obtendremos nosotros tantos panes aquí en el desierto, para saciar a una multitud tan grande?» 34 Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?» Y ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos». 35 Y mandó a la multitud que se recostase en tierra. 36 Y tomando los siete panes y los peces, hizo oración de agradecimiento, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. 37 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. 38 Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39 Entonces, se disolvió la multitud, entró en la barca, y vino a la región de Magdala.
 
 






16. Los judíos provocan a Jesús para que muestre una señal 

(Mt. 12, 38-42; Mc. 8, 11-13; Lc. 12, 54-56)

 


1 Vinieron los fariseos y los saduceos, y provocándole le pidieron que les mostrase señal (milagro) del cielo. 2 Y él respondió y les dijo: «Cuando anochece, decís: "Buen tiempo mañana, porque se enrojece el cielo". 3 Y por la mañana (decís): "Hoy hará mal tiempo, 
porque se enrojece el cielo y está nublado". ¡Hipócritas! Sabéis interpretar el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos (que indican que el Mesías ha venido) no podéis! 4 La generación mala y adúltera (que no es fiel al Novio celestial) insistentemente demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta». Y dejándolos, se fue.





Cuidaros de la mala levadura de los fariseos
(Mc. 8.14-21)

5 Y cuando los discípulos fueron a la parte de enfrente del lago, se olvidaron de traer (con ellos) pan. 6 Entonces Jesús les dijo: «Abrid vuestros ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos». 7 Pero ellos hablaban entre ellos y decían: «No trajimos pan». 8 Y percibiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué decís entre vosotros, hombres de poca fe, que no habéis traído pan? 9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes con los que comieron cinco mil hombres, y cuántas cestas recogísteis con lo que sobraba? 10 ¿Ni de los siete panes, con los que comieron cuatro mil hombres, y cuántas canastas recogisteis? 11 ¿Cómo no entendéis, que no me refería al pan, cuando os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos? 12 Entonces entendieron, que no se refería a que se guardasen de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y de los saduceos.




La confesión de Pedro
(Mr. 8.27-30; Lc. 9.18-21)


13 Y cuando fue Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres, que soy yo, el Hijo del Hombre? 14 Y ellos dijeron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno (otro) de los profetas. 15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: «Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente (verdadero). 17 Entonces le respondió Jesús: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado hombre, sino mi Padre celestial. 18 Y yo te digo a ti, que tú eres Pedro*, y sobre esta piedra* (la roca de la fe que has confesado) construiré mi iglesia, y el Hades no prevalecerá contra ella. 

* "Πέτρος", [Petros], Pedro.
* "Πέτρα", [piedra], piedra.


19 Y te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que atares en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos. 20 Entonces ordenó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo (el Mesías)1.

1. O, que este Jesús es el Cristo (Mesías)






Jesús anuncia su resurrección 
(Mc. 8.31—9.1; Lc. 9.21-27)

21 Desde entonces comenzó Jesús a decir de modo seguro a sus discípulos, que iba a ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: «
¡No permitas que eso suceda, Señor! Que no te acontezca eso.» 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Vete de delante de mí, objeción! Eres mi obstáculo, porque no consideras lo que agrada a Dios, sino lo que agrada a los hombres





Los seguidores de Jesús toman la cruz
(Mc. 8.34—9.1Lc. 9,23-27)



24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Quien quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, y que levante su cruz, y que así me siga. 25 Porque, el que busque  salvarse a sí mismo (evitando el martirio) se perderá. Mientras que aquel, que se sacrifique a sí mismo por mí, se salvará. 26 Porque ¿qué beneficio tendrá el hombre, si gana todo el mundo, pero pierde su alma? ¿O qué puede dar el hombre a cambio de sí mismo? 27 Porque el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre junto con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. 28 De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no probarán la muerte, hasta que vean al Hijo del hombre viniendo con su poder real (aplastando el judaísmo durante la ocupación de Jerusalén en el 70 d.C. e imponiendo su poder con el dominio de la Iglesia).»







17 La transfiguración de Jesús
(Mc. 9, 2-13; Lc. 9, 28-36)




1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto. 2 Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, y hablaban con él. 4 Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. 5 Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia 1 (y he establecido Mesías, Cristo); a él obedeced. 6 Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. 7 Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: «Levantaos, y no temáis». 8 Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo. 
9 Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: «No digáis a nadie lο que habéis visto, hasta que el Hijo del Hombre sea resucitado de los muertos.


1 Ver Is. 42, 1, como se expone en Mt. 12, 18





Pregunta de los discípulos sobre Elías y la respuesta de Jesús


10 Entonces sus discípulos le hicieron la siguiente pregunta: «¿Por qué, pues, dicen los escribas, que es necesario que Elías venga primero?» 11 Respondiendo Jesús, les dijo: «A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. (Pero dado que Elías lo pone todo en orden, no serán siguientes los padecimientos del Mesías. Por lo tanto Elías viene primero durante la Segunda Venida, no durante la primera, en la cual el Mesías sufre los padecimientos). 12 Mas os digo, que Elías ya vino y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron. Así también el Hijo del hombre padecerá de ellos». 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista (Aunque los judíos hablaban con admiración de Elías y lo esperaban, cuando vino otro Elías, Juan el Bautista, lo insultaban, así como después también al Mesías).






Jesús sana a un muchacho lunático
(Mr. 9.14-29; Lc. 9.37-43)


14 Cuando llegaron a la multitud de la gente, vino a él un hombre, que se arrodilló delante de él, y dijo: 15 «Señor, ten misericordia (compadécete y salva)  de mi hijo, que es lunático, y padece terriblemente. Y muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. 16 Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. 17 Y Jesús dijo entonces: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo aqui. 18 Y volviéndose Jesús hacia él dio la orden severa y salió de él el demonio, y el muchacho fue sanado desde aquel momento. 19 Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?» 20 Jesús les dijo: «Por vuestra incredulidad. Porque de cierto os digo, si tenéis fe (cálida y fuerte) como un grano de mostaza, diréis a este monte: «Desplázate de aquí a allí», y se desplazará; y nada será para vosotros. 21 Pero este género de demonios no sale sino con oración y ayuno»






Segundo anunciamiento de los padecimientos y de la resurrección
(Mr. 9.30-32; Lc. 9.43-45)


22 Y mientras esperaban en Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. 23 Y le matarán, y al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.»





Jesús paga el impuesto


24 Y cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban el impuesto de las dos dracmas (para el templo), y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga el impuesto de las dos dracmas? 25 Él dijo: 
«Sí (paga)». Y al entrar él en casa, Jesús lo alcanzó, diciendo: «¿Qué piensas, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extranjeros?» 26 Pedro le respondió: «De los extranjeros». Jesús le dijo: «Luego los hijos están exentos». 27 Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero (moneda de cuatro dracamas). Tómalo, y dáselo por mí y por ti.»








18 Quién es superior en el reino de los cielos
(Mc. 9, 33-37; 42-48. Lc. 9, 46-48; 17, 1-2)




1 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?» 2 Entonces llamó Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, 3 y dijo: «De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos». 4 Así que, quien se vuelva humilde como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y quien honre a un niño así a causa de mi nombre, a mí me honra». 




Sobre escándalos, provocadores de escándalos y escandalizados


6 « Υ quien escandalice a alguno de estos pequeños que creen en mí, le conviene colgarse al cuello una piedra de molino, que es girada por el asno, y hundirse en lo profundo del mar. 7 Pobre del mundo por los tropiezos. Es desde luego consecuente que vengan tropiezos. Pero pobre del hombre por quien vienen los  escándalos. 8 Si tu mano o tu pie te escandalizan, córtalos y échalos de ti. Te conviene más entrar en la vida (en la vida eterna) cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno (en el infierno). 9 Y si tu ojo te escandaliza, sácalo y échalo de ti. Te conviene más entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado en la gehena (en el infierno). (Es decir, con personas que nos escandalizan, por valiosas y queridas que os sean,
 infierno de fuego, conviene mejor cortar relaciones para no infernarnos).



«No menospreciéis a uno de los pequeños»


10 «Mirad que no menospreciéis a ninguno de estos pequeños. Porque os aseguro, que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre celestial».




La parábola de la oveja perdida
(Lc. 15.1-7)


11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo perdido. 12 ¿Qué pensáis? Si un hombre tiene cien ovejas, y se pierde una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve arriba en la montaña y va a buscar la que se había perdido? 13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo, que se regocija más por ella, que por las noventa y nueve que no se perdieron. 14 Del mismo modo, no quiere vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños.




Si peca contra ti tu hermano... repréndele
(Lc. 17, 3)


15 «Υ si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele en particular. Si te escucha, has ganado a tu hermano. 16 Pero si no te escucha, toma contigo a uno o dos más, para que sea asegurada toda palabra (del caso en cuestión) 
17 Pero si no les escucha, refiere el caso a la iglesia (a la congregación religiosa). Y si no escuchare tampoco a la iglesia, considérale como idólatra y publicano. 




La autoridad de atar y desatar pecados


18 «Verdaderamente os digo, que todo lo que atéis en la tierra, será atado (también) en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado (también) en el cielo. 




El poder de dos o tres fieles juntos


19 Verdaderamente os digo de nuevo, que, si dos de vosotros se pusieren de acuerdo sobre la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo entre ellos.




Perdonar al hermano ilimitadamente


21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete veces?» 22 Jesús le dijo: «No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (es decir ilimitadamente)».




La parábola del siervo malo


23 «Por eso el reino de los cielos se ha hecho semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Y comenzando a hacer cuentas, le trsajeron a uno que le debía diez mil talentos (cantidad astronómica). 25 Y como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para saldar la deuda. 26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: "Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". 27 El señor de aquel siervo, sintió entonces misericordia, le dejó libre y le perdonó la deuda. 28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios (cantidad pequeña en comparación). Y le enganchó asiendo y le ahogaba, diciendo: "Págame lo que me debes". 29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". 30 Mas él no quiso, sino fue y le arrojó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se indignaron en gran  manera, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: "Siervo malo, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33 ¿No debías tú también apesadumbrarte y tener misericordia de tu consiervo, como yo me apesadumbré y tuve misericordia de ti? 34 Entonces su señor se enojó y le entregó a los verdugos, hasta que le pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis cada uno a vuestro hermano  de todo corazón sus ofensas».








19 Desplazamiento a Judea sanación de enfermos  
(Mr. 10.1-12)


1 Y cuando Jesús terminó estas palabras, salió de Galilea y fue a la región de Judea al otro lado del Jordán. 2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.




Sobre el matrimonio, el divorcio y la soltería


3 Y vinieron a él los fariseos, para probarle con trampas, y le dijeron: «¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?» 4 Él, respondiendo, les dijo: «¿No habéis leído, que el Creador desde el principio los hizo 
varón y hembra 5 y dijo (por medio de Adán), "Por esto el hombre dejará a su padre y a la madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne (un cuerpo)?" 6 De modo que no son ya más dos, sino una sola carne (un cuerpo). Por tanto, lo que Dios emparejó con lo otro, no lo separe el hombre.» 7 Le dicen: «¿Pero por qué Moisés dió mandamiento de dar el hombre carta de divorcio, y repudiarla? 8 Les dijo: «Moisés desde luego os permitió repudiar a vuestras mujeres por la dureza de vuestro corazón, mas al principio no fue así. 9 Pero yo os aseguro, que quien repudie a su mujer, que no sea por causa de inmoralidad, y se casa con otra, adultera. Pero también el que se casa con la repudiada, adultera.» 10 Le dicen sus discípulos: «Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse». 11 Entonces él les dijo: «No todos son capaces de recibir esto (sobre la soltería), sino aquellos a quienes es dado. 12 Pues hay eunucos (incapaces de matrimonio) que nacieron así del vientre de su madre. Y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos (con continencia estricta y abstinencia del matrimonio) por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.»




Jesús bendice a los niños
(Mr. 10, 13-16; Lc. 18, 15-17)




13. Entonces le trajeron unos niños, para que los bendijese poniendo sobre ellos sus manos, y orase. Pero los discípulos les reprendieron. 14 Jesús sin embargo  dijo: «Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí. Porque el reino de los cielos es para aquellos, que son como ellos.» 15 Y habiéndoles bendecido poniendo sobre ellos las manos, se fue de allí.




Un joven rico pregunta cómo se hereda la vida eterna
(Mr. 10, 17-31; Lc. 18.18-30)


16 Entonces vino uno y le dijo: «Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?» 17 Él le dijo: «¿Por qué me llamas bueno (ya que me consideras como un simple hombre)? Nadie es bueno, sino uno, Dios. Y si quieres entrar en la vida (eterna), guarda los mandamientos». 18 Le dice: «¿Cuáles?». Y Jesús dijo: «Que no mates, no adulteres, no hurtes, no digas falso testimonio, 19 honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». 20 Entonces le dice el joven: «Todo esto lo he guardado desde mi infancia. ¿Qué más me falta?» 21 Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, ve y vende tus pertenencias y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.» 22 Oyendo el joven esta palabra, se fue entristecido, porque tenía una gran riqueza.
 






Difícilmente un rico entra en el reino de los cielos


23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «De cierto os digo, que difícilmente un rico entrará en el reino de los cielos. 24 Voy más adelante, y os digo. Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.»  25 Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera y decían: «¿Entonces quién podrá ser salvo?» 26 Y Jesús les miró expresivamente y les dijo: «Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible». 
 
 
 
 
El salario de los seguidores de Cristo
 
 
 27 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: «He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. ¿Qué sucederá entonces con nosotros?» 28 Y Jesús les dijo: «De cierto os digo que vosotros, que me habéis seguido, en el nuevo mundo, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis vosotros también sobre doce tronos, y juzgaréis a las doce tribus de Israel. 29 Y cada uno que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30 Pero muchos primeros serán últimos, y últimos serán primeros.
 
 
 
 
 
 
 
 
20 La parábola de los trabajadores de la viña





1 «Porque el reino de los cielos es semejante a un propietario, que nada más amanecer salió a contratar con salario obreros para su viña. 2 Y habiendo convenido con los obreros en pagarles un denario al día, los envió a su viña. 3 Y cuando salió alrededor de las nueve de la mañana, vio a otros que estaban en la plaza desocupados. 4 Y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y lo que sea justo, 
os daré". Y ellos fueron. 5 Salió otra vez cerca de las horas doce y a las  tres del mediodía, e hizo lo mismo. 6 Y saliendo cerca de las cinco de la tarde,  halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: "¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?" 7 Le dijeron: "Porque nadie nos ha contratado para trabajar". Él les dijo: "Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo". 8 Cuando llegó la noche, el propietario de la viña dijo a su mayordomo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los últimos hasta los primeros". 9 Y al venir los que habían recibido trabajo alrededor de las cinco de la tarde, recibieron cada uno un denario. 10 Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11 Y al recibirlo, hablaron al propietario, 12 diciendo: "Estos últimos han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día". 13 Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: "Amigo, no te soy injusto; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15 ¿O no tengo derecho a hacer lo que quiero con lo mío, porque tengas tú envidia, porque yo soy bueno?" 16 Así, los primeros serán últimos, y los últimos, primeros. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».





Tercer anunciamiento de la pasión y de la resurrección  
(Mr. 10.32-34; Lc. 18.31-34)
      



17 Y subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: 18 «He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; 19 y le entregarán a los de las naciones o gentiles (idólatras) para que le escarnezcan, le azoten y le crucifiquen y al tercer día resucitará.»




Petición de primacías
(Mr. 10.35-45)


20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y  postrándose y le pidió que le hiciese un favor. 21 Él le dijo: «¿Qué quieres?» Ella le dijo: «Da la orden, de que cuando tomes posesión de tu Reino, se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda». 22 Entonces Jesús respondiendo, dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso, del cual también yo beberé, o ser bautizados con el bautismo, con el que seré yo  bautizado?» Y ellos le dijeron: «Podemos». 23 Entonces les dice: «A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo seré bautizado, seréis bautizados. Pero el poneros  a mi derecha y a mi izquierda, no depende de mí darlo, sino que serán dados a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. 24 Cuando los diez (los otros discípulos) oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. 25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: «Sabéis que los gobernantes de las naciones ejercen absoluta autoridad sobre ellas, y los grandes las oprimen. 26 No ha de suceder así entre vosotros. Y que el que quiera hacerse grande entre vosotros, ha de hacerse vuestro servidor, 27 y el que entre vosotros  quiera ser el primero, será vuestro siervo, 28 como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida como rescate por muchos (es decir por todos)».






Dos ciegos reciben la vista
(Mr. 10.46-52; Lc. 18.35-43)



29 Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. 30 Y dos ciegos, que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba clamaron fuertemente diciendo: «¡Compadécete y ten misericordia de nosotros, Señor, Hijo de David!» 31 Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: «¡Compadécete y ten misericordia de nosotros, Señor, Hijo de David!» 32 Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: «¿Qué queréis que os haga?» 33 Ellos le dijeron: «Señor, que sean abiertos nuestros ojos». 34 Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.







21 ¡Cristo Rey sobre un borrico!
(Mc. 9, 33-37; 42-48. Lc. 9, 46-48; 17, 1-2)





1 Y cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, cerca del monte de los Olivos, entonces Jesús envió dos discípulos, 2 diciéndoles: «Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y encontraréis directamente una asna atada y un borrico  con ella. Desatadla, y traédmelos. 
 
 
3 Y si alguien os dice algo, decid: "El Señor los necesita, y los devolverá enseguida"». 4 Y con todo esto que aconteció, se cumplió lo dicho por el profeta: 5 Decid a la hija de Sion (Jerusalén), "He aquí tu Rey viene a ti humilde y sentado sobre un borrico, hijo macho de asna. 6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; 7 y trajeron la asna y el borrico, y pusieron sobre ellos sus mantos y él se sentó (sobre los mantos). 






La entrada triunfante de Cristo a Jerusalén


8 Y la mayoría de los que estaban entre la multitud tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Gloria al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Gloria al Altísimo! 10 Y cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: «¿Quién es este?» 11 Y la gente decía: «Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.»






La expulsión de los comerciantes del recinto del templo
(Mr. 11.15-19; Lc. 19.45-48; Jn. 2.13-22)




12 Y entró Jesús en el recinto del templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en este lugar, y volcó las mesas de los cambistas, y los asientos de los que vendían palomas. 13 Y les dijo: «Escrito está: Mi casa será  casa de oración será llamada; pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones». 14 Y vinieron a él en el templo cojos y ciegos, y los sanaba. 15 Pero los principales sacerdotes y los escribas vieron los milagros que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: «¡Gloria al Hijo de David! se indignaron, 16 y le dijeron: «¿Oyes lo que estos dicen?» Y Jesús les dijo: «
¡Sí! ¿Nunca leísteis, "De la boca de los niños, que son infantes y que maman, has obtenido, Dios, una alabanza perfecta"? 17 Y dejándolos salió fuera de la ciudad, a Betania, y pasó allí la noche.





Cristo seca la higuera estéril. El poder de la fe.
(Mr. 11: 12-14 y 20-24)

18 Y por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. 19 Y cuando vio una higuera en el camino, vino a ella, pero no halló nada en ella, sino hojas solamente, y le dijo: «Nunca jamás nazca de ti fruto». Y en seguida se secó la higuera. 20 Y cuando vieron esto los discípulos, se admiraron y dijeron: «¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?» 21 Respondiendo Jesús, les dijo: «Verdaderamente os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis el milagro de la higuera, sino que si a este monte dijereis: "Levántate y échate en el mar", será hecho. 22 Y todo lo que pidiereis en oración con fe, lo recibiréis.»

 

 

 

Pregunta de los judíos sobre la autoridad de Jesús
(Mr. 11.27-33; Lc. 20.1-8)

 

23 Y cuando vino al recinto del templo, se acercaron a élmientras enseñaba, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, y le dijeron: «¿Con qué autoridad haces estas cosaσ, y quién te dio esta autoridad?» 24 Respondiendo Jesús, les dijo: «Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. 25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era, de Dios, o de los hombres?» Ellos entonces deliberaban entre sí, diciendo: «Si decimos, de Dios, nos dirá: «¿Por qué, pues, no le creísteis?» 26 Y si decimos, «de los hombres», tememos al pueblo. Porque todos consideran a Juan como profeta. 27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: «No sabemos». Y él también les dijo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas».

 

 

 

Parábola de los dos hijos


28 «Pero ¿qué pensáis (sobre esto que os voy a preguntar)? Un hombre tenía dos hijos, y yendo al primero le dijo: "Hijo mío, ve hoy a trabajar en mi viña". 29 Respondiendo él, dijo: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. 30 También (el padre) fue al segundo y le dijo lo mismo. Y respondiendo él, dijo: "Sí, señor", pero no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?» Dijeron ellos: «El primero». Jesús les dijo: «De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. 32 Porque vino a vosotros Juan recorriendo  camino de santidad, y no le creísteis, mientras que los publicanos y las rameras le creyeron en él. Y vosotros, aunque habéis visto (el ejemplo de los publicanos y de las rameras), tampoco os arrepentisteis después para creerle. 

 

 


La parábola de los labradores malvados de la viña
(Mr. 12.1-12; Lc. 20.9-19)


33 «Oíd otra parábola: Hubo un hombre, cabeza de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue a otro lugar. 34 Y cuando se acercó el tiempo de la cosecha,  envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen su parte de los frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos lo mismo. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: "Tendrán respeto a mi hijo". 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: "Este es el heredero; venid, matémosle, y quedémonos con su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el propietario de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?» 41 Le dijeron: «Como malos que eran, de mala manera acabará con ellos, y arrendará su viña a otros labradores, que le den los debidos frutos a su tiempo». 42 Jesús les dijo: «¿Nunca leísteis en las Escrituras, "La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, es cosa maravillosa a nuestros ojos»? 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente, que produzca los frutos de él. 44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado. Υ sobre quien ella cayere (esta piedra), le hará polvo». 45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que las dijo por ellos. 46 Pero aunque querían atraparle, temían al pueblo, porque le consideraban profeta.

 



22 La parábola de las bodas del hijo del rey
(Lc. 14, 15-24)




Y Jesús tomó la palabra y les habló de nuevo con parábolas, diciendo: 2 «El reino de los cielos se ha vuelto semejante a un rey, que hizo fiesta de bodas a su hijo. 3 Y envió a sus siervos, para avisar a los convidados de que viniesen a las bodas, mas estos no quisieron venir. 4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: "Decid a los convidados: He aquí, he preparado el banquete, se ha hecho la matanza de mis toros y de mis animales engordados, y todo está dispuesto. Venid a las bodas". 5 Mas ellos, indiferentes, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios. 6 Y  otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. 7 Y cuando fue informado aquel el rey, se enojó, y enviando su ejército, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. 8 Entonces dijo a sus siervos: "Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. 9 Id, pues, a lo largo de los caminos, y 
a cuantos halléis, invitadles a las bodas" . 10 Entonces los siervos aquellos salieron a los caminos, juntaron a todos los que hallaron, tanto a afortunados como a desafortunados. Y se llenó la sala de bodas de convidados. 11 Y cuando entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda, 12 le dijo: "Amigo, ¿cómo entraste aquí sin tener vestido de boda?" Mas él enmudeció. 13 Entonces el rey dijo a los que servían (en la boda): "Atadle de pies y manos, levantadle y echadle fuera a la más profunda oscuridad". Allí llorará y apretará sus dientes (del dolor). 14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. 

 
 
 
 
 
Lo del César al César, y lo de Dios a Dios
(Mr. 12,13-17; Lc. 20,20-26)

 
15 Entonces fueron los fariseos e hicieron reunión y decidieron tenderle una trampa mediante palabras (conversando). 16 Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: «Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no temes a nadie. Porque no tienes en cuenta la apariencia de los hombres. 17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?» 18 Pero Jesús, habiendo entendido su maldad, les dijo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo». Y ellos le presentaron un denario. 20 Entonces les dijo: «¿De quién es esta imagen, y la inscripción?» 21 Le dijeron: «Del César». Y les dijo: «Dad, pues, al César lo que le es debido al César, y a Dios lo que le es debido a Dios». 22 Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.  
 
 
 
 
 
 
Jesús deja callados a los que niegan la resurrección 
(Mc.12, 18-27; Lc. 20, 27-40)
 
 

23 Aquel día vinieron a él los saduceos, quienes afirman que no hay resurrección, y le preguntaron, 24 diciendo: «Maestro, Moisés dijo: Si alguno muere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. 25 Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos. Y el primero, tras casarse, murió; y debido a que no tuvo hijos, dejó su mujer a su hermano. 26 De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. 27 Y después de todos murió también la mujer. 28 En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?» 29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: «Erráis, porque no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios. 30 En la resurrección desdeluego ni los hombres acuden a bodas, ni las mujeres se dan en casamiento, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo. 31 Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: 32 "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?" Dios no es Dios de muertos (aniquilado, inexistente), sino de vivos (existente y de seres conscientes). 33 Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.
 
 
 
 


Los dos mayores mandamientos
(Mr. 12.28-34, Lc. 10, 25-28)

34 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. 35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó probándole a él, diciendo: 36 «Maestro, ¿cuál es el mayor mandamiento en la ley?» 37 Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y el mayor mandamiento. 39 Y el segundo, semejante a este, es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 En estos dos mandamientos está basada toda la ley y los profetas (la enseñanza de los profetas). 
 
 
 


El Mesías descendiente, pero también Señor de David
 
(Mr. 12,35-37; Lc. 20,41-44)



41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42 diciendo: «¿Qué pensáis del Mesías? ¿De quién es descendiente?» Le dicen: «De David». 43 Él les dice: ¿Pues cómo David con la inspiración del Espíritu le llama Señor, cuando dice, 44 "Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?" 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su descendiente? 46 Y nadie le podía responder palabra; ni se atrevió ninguno desde aquel día a preguntarle más.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
23 Los escribas y los fariseos, ejemplo a evitar
(Mc. 12, 38-40; 42-48. Lc. 11, 37-52; 20, 45-47)



Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: 2 «Sobre la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. 3 Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo, pero no hagáis conforme a sus obras. Porque dicen y no hacen. 4 Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las cargan  sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con su dedo quieren moverlas. 
5 Y hacen todas sus obras para que les vean los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6 y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, 7 y los saludos con reverencia en las plazas, y ser llamados por los hombres maestro, maestro. 8 Pero vosotros no aceptéis que os llamen maestro. Porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. Y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra. Porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. 10 Ni líderes seáis llamados. Porque uno es vuestro líder particular, el Cristo. 11 Y el que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. 12 Porque el que se eleve a sí mismo, será humillado, y el que se se humille a sí mismo será enaltecido.
 


Daño de los escribas y de los fariseos


13 « Mas
ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación. 14 Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres. Vosotros desde luego no entráis, pero tampoco dejáis entrar a los que quieren entrar. 15 Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis hijo del infierno, dos veces peor que vosotros.

16 Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. 17 ¡Insensatos y ciegos! ¿qué es claramente superior, el oro, o el templo que santifica al oro? 18 También decís: "Si alguno jura por el altar, esto no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor (del cumplimiento de su juramento). 19 ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? 20 Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él. 21 Y el que jura por el templo, jura por él, pero también por el (por Dios) que lo habita; 22 y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel 
(por Dios) que está sentado en él.

23 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque dais (al templo) la décima parte de la menta y el eneldo y el comino, pero dejáis lo más importante de la ley, la compasión, la misericordia y la caridad. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. 24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito (del vino), pero tragáis el camello!*
 
 
* Tanto los mosquitos como los camellos se consideraban como animales impuros, por lo tanto, los israelitas no podían comérselos. Para evitar incluso comerse accidentalmente algo que fuera ritualmente impuro, los fariseos usaban un paño para colar su bebida. Al igual que con el diezmo de la cosecha de hierbas, se requería que hicieran eso para poder llegar a ser religiosamente perfectos. Los escribas y los fariseos no podían, o no querían, aceptar que se estaban pasando por alto las razones más importantes que había detrás de las regulaciones que Dios le había dado Su pueblo. Obedecer los mandamientos específicos era importante, pero los detalles no tenían la intención de anular el mensaje más profundo que Dios estaba intentando comunicarles (Fuente: www.bibleref.com)





25 Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque limpiáis el vaso y el plato como recipiente, exteriormente, 
pero interiormente, como contenido, están llenos de robo y de maldad (lo interior del vaso y del plato significa el alma de los hipócritas, que estaban llenos de disposición al robo y de maldad en general) 26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero el vaso y el plato interiormente, como contenido,  para que también lo de fuera, como recipiente, sea limpio.

27 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. 28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis piadosos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

29 Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los santos, 30 y decís: "Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus colaboradores en el asesinato de los profetas". 31 Así que vosotros mismos dais testimonio, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. 32 Entonces, vosotros completáis la medida (de criminalidad) de vuestros padres. 

33 ¡Serpientes, hijos nacidos de víboras! ¿Cómo evitaréis el castigo de la gehena (del Infierno)? 34 Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas (los apóstoles y el resto de enviados); pero de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad, 35 para que caigan sobre vosotros los castigos por toda sangre inocente, que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre del piadoso Abel hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. 36 De cierto os digo, que vendrá sobre esta generación (la hebrea) los castigos por todos estos asesinatos.




El doloroso regreso de Jesús a Jerusalén
(Lc. 13.34-35)

37 «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisisteis! 38 He aquí, para vuestro pesar,
 vuestra nación os es dejada desierta (desprotegida). 39 Y os aseguro, que no me veréis (bajo mi cuidado) desde ahora, hasta que (os arrepintáis y) digáis, Bendito el que viene de parte del Señor».







24 Predicción de la destrucción del templo
(Mr. 13.1-2; Lc. 21.5-6)

24 «Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2 Y Jesús les dijo: "¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, sino que será derribado  que no sea derribado».




Predicción de los acontecimientos antes del fin del mundo
(Mr. 13.3-23; Lc. 21.7-24)

3 Y estando él sentado en el Μonte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: «Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo? 4 Respondiendo Jesús, les dijo: «Atended que nadie os engañe. 5 Porque muchos vendrán reclamando mi condición (como Mesías) y diciendo
: Yo soy el Cristo (el Mesías), y muchos serán engañados. 6 Y oiréis de guerras y noticias de guerras. Mirad que no os turbéis, porque todo esto sucederá. Pero aún no es el fin. 7 Se levantará nación contra nación y reino contra reino, y vendrán hambres y epidemias, y terremotos en diferentes lugares. 8 Y todo esto será principio de dolores y sufrimientos.

9 Entonces os entregarán para ser torturados, y os matarán, y seréis odiados por todas las gentes por mi causa. 10 Entonces muchos serán conmovidos y alejados  de la fe, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se odiarán. 11 Y aparecerán muchos falsos profetas (falsos maestros), y engañarán a muchos; 12 Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que aguante hasta el fin, este será salvo. 14 Y será predicado este evangelio del reino (de Dios) en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin».





Predicción de la destrucción de Jerusalén 
(Mr. 13.3-23; Lc. 21.7-24)


15 «Por tanto, cuando veáis el repugnante y odioso fenómeno, que causa desolación,
 de que habló el profeta Daniel, estando en lugar santo -el que lee, que entienda-, 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para coger las cosas de su casa; 18 y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su ropa. 19 Mas ¡ay de las mujeres que estén embarazadas y que amamanten en aquellos días! 20 Por eso orad, para que no suceda la prueba* que os obligará a huir, en invierno o en Sábado. 21 Porque habrá entonces gran tribulación, la cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, ningún hombre se salvaría. Mas por causa de los escogidos, aquellos días serán reducidos. 

* la pena, el sufrimiento, la amargura, el dolor, el infortunio,




Predicción de la aparición falsos Cristos y de falsos profetas 


23 «Entonces, si alguno os dijere: "Mirad, aquí está el Cristo (el Mesías)", o "allí",  no lo creáis. 24 Porque aparecerán falsos Cristos (falsos Mesías), y falsos profetas (falsos cristianos), y harán grandes e impresionantes milagros, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 He aquí, os lo he predicho. 26 Entonces, si os dijeren: "Mirad, está en el desierto, no salgáis (al desierto). O "mirad, está en las habitaciones particulares", no lo creáis. 27 Porque, como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. 28 Porque donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.




Predicción sobre el fin del mundo y la Segunda Venida

29 «Υ después de la tribulación de aquellos días, directamente el sol se oscurecerá y la luna cesará de resplandecer, y los astros caerán del cielo y los sistemas astrales de los cielos serán conmovidos. 30 Y entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y serán juntados sus escogidos desde los cuatro puntos del horizonte, desde todos los lugares del mundo».






La enseñanza en parábola sobre la higuera




32 «De la higuera aprended la parábola. Cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas (señales), conoced que está cerca (el final), a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación (la generación humana) hasta que todo esto acontezca (todo lo que he predicho). 35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (se cumplirán irremediablemente). 
 
 
 
 
 
Desconocido el tiempo de la Segunda Venida. Repentina la venida del Señor. Necesidad de estar despiertos*.
 
* Despiertos espiritualmente 


36 «Pero de aquel día y momento (concreta y exactamente) nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre. 37 Mas como eran los días de Noé, así será también la venida del Hijo del hombre. 38 Es decir tal como en los días aquellos, antes del diluvio, estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. 40 Entonces de dos hombres que estarán en el campo, el uno será tomado (para el Paraíso), y el otro será abandonado (para el Infierno). 41 De dos mujeres que estarán moliendo en un molino, la una será tomada
(para el Paraíso), y la otra será abandonada (para el Infierno)
42 Velad, pues, porque no sabéis en qué momento vendrá vuestro Señor. 43 Pero sabed esto, que si el propietario supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría robar su casa. 44 Por tanto, también vosotros (que sabéis que el Señor vendrá irremediablemente) estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. 
 
 
 
 
 
El siervo fiel y prudente 
(Luc. 12, 41-48) 


45 «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor como supervisor de sus otros siervos, para que les dé el alimento a su tiempo? 46 Afortunado el siervo aquel, al cual, cuando su señor venga, le halle realizando su orden. 47 De cierto os digo, que le hará responsable sobre todos sus bienes». 
 
 
 
 
 
 
El siervo malo
 
 
48 «Pero si al contrario aquel siervo malo, dijere en su corazón: "Tardará en venir mi Señor", 49 y comenzare a golpear a sus consiervos, y a comer y a beber con los borrachos, 50 vendrá el señor de aquel siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe, 51 y lo partirá en dos, y lo arrojará al lugar de castigo de los hipócritas. Allí llorará y crujirá sus dientes (del dolor)».



 
 
 
 
25 La parábola de las diez vírgenes



1 Entonces (es decir durante la Segunda Venida) el reino de los cielos será semejante a diez muchachas, que tomaron sus lámpara de aceite, y salieron a recibir al novio. 2 Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. 3 Las insensatas, cuando tomaron sus lámparas, no tomaron con ellas aceite, 4 mientras que las prudentes, juntamente con sus lámparas, tomaron aceite en sus vasijas. 5 Y debido a que tardaba el novio, las entró sueño a todas y se quedaron dormidas. 6 Y a la medianoche se oyó una fuerte voz, "¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!" 7 Entonces se levantaron todas aquellas muchachas, y prepararon sus lámparas de aceite. 8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan". 9 Mas las muchachas prudentes respondieron diciendo: "Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas". 10 Pero mientras ellas iban a comprar, vino el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a la sala de bodas, y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras muchachas, diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" 12 Mas él, respondiendo, dijo: "De cierto os digo, que no os conozco". 13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora, en que el Hijo del Hombre vendrá».






La parábola de los talentos
(Luc. 19, 11-27)



14 «El reino de los cielos es también semejante a lo siguiente. Un hombre que, en vistas a marcharse al extranjero, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15 Y a uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad. Y se fue directamente al extranjero. 16 Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17 Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: "Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos". 21 Y su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y perseverante!; sobre poco has sido trabajador, mucho te será confiado. Entra en el gozo de tu señor". 22 Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: "Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos". 23 Su señor le dijo: "Bien, buen siervo y perseverante; sobre poco has sido perseverante, sobre mucho será confiado"; entra en el gozo de tu señor." 24 Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: "Señor, te conocía que eres hombre avaro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste semilla. 25 Por eso temí, y fui y escondí tu talento en la tierra (para que no se perdiese). Aquí tienes lo que es tuyo". 26 Respondiendo su señor, le dijo: "¡Siervo malo y negligente!, Sabías, que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí semilla. 27 Por tanto debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con intereses. 28 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29 Porque al que tiene, le será dado más, para que también tenga de sobra, mientras que al que no tiene, aun lo (poco) que tiene le será quitado. 30 Y al siervo indigno echadle en las tinieblas de afuera; allí llorará y el apretará sus dientes (del dolor)"».



Una imagen del juicio final. Separación de las ovejas de los cabritos

31 «Y cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de las cabras. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: "Venid vosotros, los bendecidos por mi Padre, y heredad el reino, que ha sido preparado para vosotros desde el principio del mundo (de la creación). 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me llevasteis a vuestra casa, 36 estuve desnudo y me vestisteis; enfermé, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a verme. 37 Entonces los piadosos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero y te llevamos a nuestra casa, o desnudo y te vestimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te visitamos? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: "De cierto os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". 41 Entonces dirá también a los de la izquierda: "Marchaos de mí vosotros, los malditos, e id al fuego eterno, que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me llevasteis a vuestra casa; desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis". 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no tuvimos cuidado de ti?" 45 Entonces les responderá diciendo: "De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos los pequeños e insignificantes, tampoco a mí lo hicisteis". 46 E irán estos al castigo eterno, y los piadosos a la vida eterna».
 
 
 
 
 
 

26 El complot para prender a Jesús
(Mr. 14.1-2; Lc. 22.1-2; Jn. 11.45-53)

 
1 Y cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: 2 «Sabéis, que dentro de dos días viene la pascua, y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado». 3 Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, llamado Caifás, 4 y decidieron prender con engaño y matar a Jesús. 5 Pero decían: «No durante la fiesta, para que no sea alborotado el pueblo. 
 
 
 

La unción de Jesús en Betania con mirra preciosa
(Mr. 14.3-9; Jn. 12.1-8)

 
6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, 7 vino a él una mujer que traía alabastro (un recipiente de alabastro) con mirra de gran precio, y lo derramó profusamente sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa y comiendo. 8 Al ver esto los discípulos, se enojaron y dijeron: «¿Por qué este desperdicio? 9 Porque esta mirra podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado (como valor monetario) a los pobres». 10 Y Jesús lo percibió y les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? (No debéis molestarla). Porque ha hecho una buena acción conmigo. 11 Ciertamente a los pobres siempre tendréis con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre. 12 Porque al derramar esta mirra sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13 De cierto os digo, que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella».
 
 
 
 
 
 
La traición de Judas por treinta piezas de plata 
(Mc. 14,10-11; Lc. 22,3-6)



14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15 y les dijo: «¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?» Y ellos le pagaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.




Última Pascua. La Cena del Señor
(Mc. 14,12-25; Lc. 22,7-23)



17 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura (es decir de la Pascua, que duraba siete días) vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: «¿Dónde quieres que preparemos la cena de pascua?» 18 Y él dijo: «Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: "El Maestro dice: El tiempo de mi padecimiento está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos"». 19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la cena de pascua. 20 Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. 21 Y mientras comían, dijo: "De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar". 22 Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: "¿Tal vez soy yo, Señor?" 23 Entonces él respondiendo, dijo: «El que ha metido conmigo la mano en el plato, ese me va a entregar. 24 A la verdad el Hijo del hombre se dirige a la muerte, según está escrito de él. Mas ¡ay de aquel hombre que entregue al Hijo del hombre! Le convenía más a éste no haber nacido. 25 Habló entonces Judas, el que le entregaría, y dijo: "¿Tal vez soy yo, maestro?" Le dijo: "Tú lo has dicho".
26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y habiendo hecho oración de agradecimiento, lo partió, y lo repartió a sus discípulos, y dijo: "Tomad, comed; este es mi cuerpo". 27 Después tomó la copa, 
y habiendo hecho oración de agradecimiento, les dio a ellos, diciendo: "Bebed de ella todos; 28 porque esta es mi sangre, que confirma el nuevo pacto, que es derramada por los muchos, para que sean perdonados sus pecados. 29 Y os aseguro, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día (el día eterno), en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre».




Traduciendo...




Translate