1 Jesús demuestra su resurrección con muchas pruebas
1 El primer libro que he escrito, Teófilo, de todo lo que Jesús realizó y enseñó, desde el principio 2 hasta el día en que fue ascendido al cielo, después de haber dado órdenes por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. 3 Y a ellos se presentó vivo después de su muerte con muchas pruebas. Se les apareció durante cuarenta días y les hablaba acerca del reino de Dios.
Jesús recomienda esperar la venida del Espíritu Santo.
4 Y estando ellos juntos, se les apareció y les dijo: «No os alejéis de Jerusalén, sino esperad a que el Padre cumpla la promesa, sobre la cual oyeron de mí. Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros en pocos días bautizaréis con el Espíritu Santo». 6 Entonces todos ellos se acercaron a él y le preguntaron: «¿Restaurarás en este tiempo el reino de Israel?» 7 Y él les respondió: «No οs corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre dispuso en su propia autoridad. Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, y en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
La Ascensión de Jesús
9 Y habiendo dicho estas cosas, mientras ellos miraban, fue elevado de la tierra, y una nube lo recibió desde abajo, ocultándolo de la vista de ellos. 10 Y mientras ellos miraban fijamente al cielo contemplando su ascensión, he aquí, dos varones con vestiduras blancas se presentaron junto a ellos, 11 y les dijeron: «Hombres galileos, ¿qué estáis haciendo aquí mirando al cielo? Este Jesús, que fue tomado de entre vosotros y llevado al cielo, así vendrá, de la misma manera que lo habéis visto subir al cielo».
Los apóstoles, la madre de Jesús y otros fieles, reunidos en oración en el aposento alto en Jerusalén.
12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte, que se llama de los Olivos, el cual está cerca de Jerusalén, a distancia del recorrido de un Sábado (alrededor de 1 km. y medio) 13 Y cuando entraron a la ciudad, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
15 En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos —y había una multitud de personas reunidas, como ciento veinte en número—, y dijo: 16 «¡Ηermanos! Νο era posible que no se cumpliesen estas palabras de la Escritura, que predijo el Espíritu Santo habló por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús. 17 Porque había sido contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio (del apostolado). 18 Este, pues, adquirió un terreno con una retribución injusta. Pero cayó de cabeza, se reventó por la mitad (por el estómago), y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y esto se hizo conocido por todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su morada, y no haya quien habite en ella; y: Su propiedad (su terreno) que lo tome otro.
La elección de Matías por el pueblo fiel y por Dios
21-22 «Es necesario ahora, que uno de estos hombres que han estado con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús vivía entre nosotros, desde el tiempo en que fue bautizado por Juan en el Jordán, hasta el día en que fue ascendido de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección». 23 Y propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.»
26 Y echaron a suertes la elección de sus nombres, y la elección cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
2 El Espíritu Santo como viento recio y lenguas de fuego.
1 Y cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. 3 Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba (la capacidad) que hablasen. 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y cuando vino este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: «Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los habitantes de Mesopotamia, los de Judea, y los de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia que se extienden hacia Cirene, y los romanos que resididen aquí, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios». 12 Y estaban todos atónitos y perplejos (los devotos), diciéndose unos a otros: «¿Qué quiere decir esto?» 13 Mas otros, burlándose, decían: «Están ebrios».
Primer discurso de Pedro
14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: «¡Judíos y todos los que habitáis en Jerusalén! Habéis de saber esto, oíd atentamente mis palabras. 15 Estos no están ebrios, como vosotros pensáis, puesto que son las 9 de la mañana. 16 Mas esto (este sorprendente fenómeno) fue dicho por medio del profeta Joel: 17 Y sucederá en los postreros días (durante la época cristiana), dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre todo hombre, (hablarán por inspiración divina) vuestros hijos y vuestras hijas. Y vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros tendrán sueños reveladores; 18 Y sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 19 Y daré sorprendentes fenómenos arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y nubesde humo (señales de destrucción); 20 El sol se convertirá en oscuridad, y la luna sevolverá roja como la sangre, antes que venga el gran y glorioso día del Señor. 21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvο».
Pedro predica sobre la crucifixión y la resurrección de Jesús
22 ¡Israelitas, oíd estas palabras! Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con milagros, obras sorprendentes y señales, que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis, 23 a este, según el plan determinado y la previa decisión de Dios, habiendo sido entregado y habiéndole arrestado, por manos de hombres sin la Ley (gentiles, romanos), le clavásteis en la cruz y le asesinásteis. 24 Pero Dios le levantó y cesaron los dolores de parto, que tenía la muerte. Porque (como el niño no es posible que sea mantenido en el vientre de la parturienta, así) él (Jesús) no era imposible que fuese retenido por ella (por la muerte). 25 Porque David dice de él: Ante mis ojos tenía siempre al Señor. Por eso está a mi diestra, para no ser conmovido. 26 Por lo cual mi corazón se alegró, y cantó himnos mi lengua. Y aun mi carne habitará en el sepulcro con seguridad. 27 Porque no abandonarás mi alma en el hades, ni dejarás que tu santo (en cuanto al cuerpo) conozca corrupción (putrefacción, descomposición) 28 Me diste a conocer caminos de vida, me llenarás de gozo con tu poder.
29 ¡Ηermanos! Os puedo decir con seguridad del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está aquí hasta el día de hoy. 30 Pero debido a que era profeta y sabía que con juramento Dios le había prometido que de descendiente de sus entrañas traería como hombre a la existencia a Cristo (el Mesías) para que se sentase en su trono, 31 habló proféticamente de la resurrección de Cristo, es decir que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción (putrefacción, descomposición). 32 A este Jesús resucitó Dios. De este acontecimiento todos nosotros somos testigos. 33 Así que, elevado al cielo por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, que había prometido, ha derramado abundantemente esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies 36 Sepa, pues, con cereteza ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
Un rico resultado
3 Curación del cojo de nacimiento
1 Pedro y Juan subían al templo sobre la hora de la oración a las tres de la tarde, de ser salvos. 2 Y era traído mantenido un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del sagrado recinto del templo, que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna a los que entrasen en el sagrado recinto del templo. 3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el recinto del templo, les rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: «Míranos». 5 Entonces él les miró con atención, esperando recibir de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo, te lo doy. Con el poder de Jesús Cristo de Nazaret, levántate y anda». 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos. 8 Y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el recinto sagrado del templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del recinto sagrado templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido con él.
11 Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, concurrió a ellos lleno de asombro todo el pueblo, al pórtico que se llama de Salomón. 12 Viendo esto Pedro (la llegada de la multitud), dijo al pueblo: «!Ιsraelitas!, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerle en libertad. 14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo (al inocente y bueno en sentido absoluto). Y pedisteis que se os diese un hombre homicida, 15 mientras que al Autor de la vida (la causa de la vida, la fuente de la vida) le habéis asesinado. Pero Dios le ha resucitado de los muertos. De este acontecimiento nosotros somos testigos. 16 Y por la fe en su nombre, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
4 Hablando ellos (Pedro y Juan) al pueblo, de repente se presentaron ante ellos los sacerdotes y el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, 2 llenos de resentimiento, porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. 3 Y les arrestaron, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero muchos de los que habían oído lo que enseñaban y anunciaban, creyeron, y así el número de los varones aumentó hasta unos cinco mil.
5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes de ellos (de los judíos), los ancianos y los escribas, 6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7 y poniéndoles delante de ellos (a los dos apóstoles), les preguntaron: «¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?» 8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «¡Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel!: 9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesús Cristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este Jesús es la piedra que fue menospreciada como insignificante por vosotros los edificadores, la cual (sin embargo) ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y no es posible con ningún otro la salvación, ni existe otro poder bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y sin formación, se maravillaban. Y les reconocían que habían estado con Jesús. 14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. 15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, 16 diciendo: «¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Pero para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a nadie en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. 19 Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: «Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído». 21 Εntonces ellos les amenazaron más y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo acontecido. 22 Porque el hombre en quien había sido realizado este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.
23 Y cuando fuero puestos (Pedro y Juan) en libertad, vinieron a los suyos (los parientes de la fe) y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: «Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; 25 que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se agitan naciones, y pueblos maquinan cosas vanas? 26 Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se unieron juntos contra el Señor, y contra su Cristo. 27 Y realmente se unieron contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y multitud de Israel, 28 para hacer cuanto tu poder y tu sabiduría habían antes determinado que sucediera. 29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo prediquen tu logos, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades de enfermos y señales y prodigios mediante la invocación del nombre de tu santo siervo Jesús». 31 Cuando hubieron finalizado la súplica, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y predicaban el logos de Dios con denuedo.
1 O, predicaban la verdad de la resurrección del Señor Jesús
1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Y dijo Pedro: «Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4 Antes de venderla, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué has pensado esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios». 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
33 Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. 34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. 36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A este se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. 37 Después de este, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. 38 Y ahora os digo: Alejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. Y le hicieron caso.
40 Y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús. Después los pusieron en libertad. 41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. 42 Y cada día en el patio del templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús el Cristo (el Mesías).
6 En aquellos días, como creciera el número de los discípulos (es decir de fieles), hubo comentarios desfavorables de los fieles helenófonos de la diáspora contra los hablantes locales de hebreo, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria. 2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos (de los fieles), y dijeron: «No es justo que nosotros dejemos el logos de Dios, para servir a las mesas. 3 Por eso, hermanos, elegid de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de prudencia, a quienes establezcamos en este servicio. 4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la predicación». 5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás de Antioquía, que era prosélito (es decir, de la religión pagana había llegado a la religión judía) 6 Fueron ellos presentados ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos (para la transmisión de la gracia divina). 7 Y se difundía el logos del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los judíos 1 obedecían a la fe.
El sumo sacerdote dijo entonces: «¿Es esto así?» 2 Y él dijo: «Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, 3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. 4 Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, le trasladó a morar en esta tierra, en la cual vosotros moráis ahora. 5 Y (el tiempo que vivió) no le dio herencia en ella, ni aun lo equivalente al tamaño de la planta de los pies. Pero le prometió que se la daría en posesión, y a sus descendientes después de él, cuando él aún no tenía hijo. 6 Y le dijo Dios así: Que sus descendientes vivirían como extranjeros en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos. Y después de esto saldrán y me adorararán en este lugar. 8 Y le dio el pacto de la circuncisión. Y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
9 Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, 10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio sabiduría ante el Faraón, rey de Egipto, y le hizo mostrase favorable a él, poniéndole por gobernador sobre Egipto y sobre todo su palacio. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande escasez; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Cuando oyó Jacob que había alimentos en Egipto, envió allí a nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. 14 Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. 15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres. 16 Y fueron trasladados sus huesos a Siquem, y puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de monedas de plata, a los hijos de Hamor, hijo de Siquem.
17 Y cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que bajo juramento Dios había dado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. 19 Este rey, pensando con astucia contra nuestro pueblo, oprimió a nuestros ascendientes para que sacasen y abandonasen al aire libre a sus hijos, para que no siguiesen con vida. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable ante Dios. Y fue criado tres meses en casa de su padre. 21 Pero cuando lo sacaron y lo abandonaron al aire libre, la hija de Faraón le recogió y le crio como a hijo suyo. 22 Y fue formado Moisés con toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en palabras y obras.
23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino el pensamiento y el deseo de visitar a sus hermanos los israelitas. 24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió y vengó al oprimido, matando al egipcio. 25 Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les ofrecería la salvación a través de él. Mas ellos no entendieron. 26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los instó a que se reconciliasen, diciendo: ¡Hombres!, vosotros sois hermanos, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? 27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le empujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? 29 Al oír estas palabras, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.
51 «¡Duros de cerviz, depravados de corazón y sordos de oídos! Vosotros os oponéis siempre al Espíritu Santo. Como vuestros padres, así también vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo (del Santo), de quien vosotros ahora habéis sido traidores y asesinos.
54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. 55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio forma gloriοsa de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios». 57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 58 Y sacándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos (de la acusación) pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban a Esteban, mientras él oraba y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Y habiendo dicho esto, durmió (el sueño de la muerte). Y Saulo consentía en su muerte.
En aquel día hubo una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Y todos se dispersaron por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 2 Y hombres piadosos llevaron a dar Sepulcro a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. 3 Y Saulo asolaba la Iglesia. Entraba en las casas, y sacando a rastras a hombres y a mujeres, y los entregaba para ser puestos en la cárcel.
9 Pero había desde anteriormente en la ciudad un hombre llamado Simón. Este ejercía la magia y hacía que la gente de Samaria se asombrase, haciéndose pasar por algún grande. 10 A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: «Este es el gran poder de Dios». 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había encandilado mucho tiempo. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesús Cristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, se quedaba asombrado.
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido el logos de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo. 16 Porque aún no había descendido (el Espíritu Santo) sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 diciendo: «Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo». 20 Entonces Pedro le dijo: «!Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás». 24 Respondiendo entonces Simón, dijo: «Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí».
25 Y ellos, habiendo testificado y predicadoado el logos de Dios, regresaron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.
(Hch. 22,6-16; 26,12-18)
10 Había entonces en Damasco un discípulo (fiel) llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: «Ananías». Y él respondió: «Heme aquí, Señor». 11 Y el Señor le dijo: «Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso. Porque he aquí, él ora. 12 Y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista». 13 Entonces Ananías respondió: «Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos (tus fieles) en Jerusalén; 14 Y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre». 15 El Señor le dijo: «Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel. 16 Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre».
26 Y cuando Saulo fue a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos (los fieles); pero todos le tenían miedo, porque no creían que fuese discípulo (fiel). 27 Entonces Bernabé, tomándole, lo llevó a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. 28 Así (Saulo) estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, 29 y hablaba y dialogaba con los judíos de habla griega. Pero ellos procuraban matarle. 30 Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y de allí le enviaron a Tarso.
1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada "la espiral italiana". 2 Este era piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. 3 Este vio claramente en una visión, como a las tres del mediodía, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: « ¡Cornelio!». 4 Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: «¿Qué es, Señor?» Y le dijo: «Tus oraciones y tus limosnas han subido (al cielo) para que Dios las tenga en cuenta. 5 Y ahora envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. 6 Este es hospedado en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar». 7 Ido el ángel que hablaba con Cornelio, este llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; 8 a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo.
17 Y mientras Pedro se preguntataba dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había tenido, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta exterior. 18 Y llamando, preguntaron: «¿Simón, que tiene por sobrenombre Pedro, está siendo aquí hospedado?». 19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: «He aquí, tres hombres te buscan». 20 «Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado». 21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: «He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?» 22 Ellos dijeron: «Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras». 23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó.
30 Entonces Cornelio dijo: «Cuatro días ayunaba hasta aquel momento. Y a las tres de la tarde oraba en mi casa. Y he aquí que un varón con vestido resplandeciente se puso delante de mí 31 y dijo: «Cornelio, tu oración ha sido oída, y Dios ha tenido en cuenta tus limosnas. 32 Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro. Él mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. 33 Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí presentes ante Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado».
34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: «En verdad comprendo, que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que es aceptado por él todo el que le respeta y hace el bien. 36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesús Cristo; este es Señor de todos. 37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén. Llegaron hasta el punto de matarle, colgándole en un madero (de la cruz). 40 A este levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había elegido de antemano, es decir a nosotros, que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por juez de vivos y muertos. 43 De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre».
44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo descendió con ímpetu sobre todos los que oían el discurso. 45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. 47 Entonces dijo Pedro: «¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?» 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor (es decir reconociendo a Jesús como el Señor) . Entonces le rogaron que se quedase con ellos por algunos días.
11 Pedro es criticado y se disculpa
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