EL NUEVO TESTAMENTO (Nikolaos Sotirópoulos). HECHOS DE LOS APOSTOLES.


 
HECHOS DE LOS APOSTOLES 

 

 

 1 Jesús demuestra su resurrección con muchas pruebas 

 

1 El primer libro que he escrito, Teófilo, de todo lo que Jesús realizó y enseñó, desde el principio 2 hasta el día en que fue ascendido al cielo, después de haber dado órdenes por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. 3 Y a ellos se presentó vivo después de su muerte con muchas pruebas. Se les apareció durante cuarenta días y les hablaba acerca del reino de Dios.




Jesús recomienda esperar la venida del Espíritu Santo.


4 Y estando ellos juntos, se les apareció y les dijo: «No os alejéis de Jerusalén, sino esperad a que el Padre cumpla la promesa, sobre la cual oyeron de mí. Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros en pocos días bautizaréis con el Espíritu Santo». 6 Entonces todos ellos se acercaron a él y le preguntaron: «¿Restaurarás en este tiempo el reino de Israel?» 7 Y él les respondió: «No οs corresponde a vosotros  saber los tiempos ni las épocas que el Padre dispuso en su propia autoridad. Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, y en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».

 

 

La Ascensión de Jesús

9 Y habiendo dicho estas cosas, mientras ellos miraban, fue elevado de la tierra, y una nube lo recibió desde abajo, ocultándolo de la vista de ellos. 10 Y mientras ellos miraban fijamente al cielo contemplando su ascensión, he aquí, dos varones con vestiduras blancas se presentaron junto a ellos, 11 y les dijeron: «Hombres galileos, ¿qué estáis haciendo aquí mirando al cielo? Este Jesús, que fue tomado de entre vosotros y llevado al cielo, así vendrá, de la misma manera que lo habéis visto subir al cielo». 

 

 

Los apóstoles, la madre de Jesús y otros fieles, reunidos en oración en el aposento alto en Jerusalén. 



12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte, que se llama de los Olivos, el cual está cerca de Jerusalén, a distancia del recorrido de un Sábado (alrededor de 1 km. y medio) 13 Y cuando entraron a la ciudad, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. 


  



Pedro habla sobre el final de Judas

 

15 En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos —y había una multitud de personas reunidas, como ciento veinte en número—, y dijo: 16 «¡Ηermanos! Νο era posible que no se cumpliesen estas palabras de la Escritura,  que predijo el Espíritu Santo habló por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús. 17 Porque había sido contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio (del apostolado). 18 Este, pues, adquirió un terreno con una retribución injusta. Pero cayó de cabeza, se reventó por la mitad (por el estómago), y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y esto se hizo conocido por todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su morada, y no haya quien habite en ella; y: Su propiedad (su terreno) que lo tome otro.

 

 

La elección de Matías por el pueblo fiel y por Dios 


21-22 «Es necesario ahora, que uno de estos hombres que han estado con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús vivía entre nosotros, desde el tiempo en que fue bautizado por Juan en el Jordán, hasta el día en que fue ascendido de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección». 23 Y propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.» 

26 Y echaron a suertes la elección de sus nombres, y la elección cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.




 2 El Espíritu Santo como viento recio y lenguas de fuego.

 

1 Y cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. 3 Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba (la capacidad) que hablasen. 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos  piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y cuando vino este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: «Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los habitantes de Mesopotamia, los de Judea, y los de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia que se extienden hacia Cirene, y los romanos que resididen aquí, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios». 12 Y estaban todos atónitos y perplejos (los devotos), diciéndose unos a otros: «¿Qué quiere decir esto?» 13 Mas otros, burlándose, decían: «Están ebrios». 

 

 

 

                                  Primer discurso de Pedro

 

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: «¡Judíos y todos los que habitáis en Jerusalén! Habéis de saber esto, oíd atentamente mis palabras. 15 Estos no están ebrios, como vosotros pensáis, puesto que son las 9 de la mañana. 16 Mas esto (este sorprendente fenómeno) fue dicho por medio del profeta Joel: 17 Y sucederá en los postreros días (durante la época cristiana), dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre todo hombre, (hablarán por inspiración divina) vuestros hijos y vuestras hijas. Y vuestros jóvenes tendrán  visiones, y vuestros tendrán sueños reveladores; 18 Y sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 19 Y daré sorprendentes fenómenos arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y nubesde humo (señales de destrucción); 20 El sol se convertirá en oscuridad, y la luna sevolverá roja como la sangre, antes que venga el gran y glorioso día del Señor. 21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvο». 

 

 

Pedro predica sobre la crucifixión y la resurrección de Jesús

22  
¡Israelitas, oíd estas palabras! Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con milagros, obras sorprendentes y señales, que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis, 23 a este, según el plan determinado y la previa decisión de Dios, habiendo sido entregado y habiéndole arrestado, por manos de hombres sin la Ley (gentiles, romanos), le clavásteis en la cruz y le asesinásteis. 24 Pero Dios le levantó y cesaron los dolores de parto, que tenía la muerte. Porque (como el niño no es posible que sea mantenido en el vientre de la parturienta, así) él (Jesús) no era imposible que fuese retenido por ella (por la muerte). 25 Porque David dice de él: Ante mis ojos tenía siempre al Señor. Por eso está a mi diestra, para no ser conmovido. 26 Por lo cual mi corazón se alegró, y cantó himnos mi lengua. Y aun mi carne habitará en el sepulcro con seguridad. 27 Porque no abandonarás mi alma en el hades, ni dejarás que tu santo (en cuanto al cuerpo) conozca corrupción (putrefacción, descomposición) 28 Me diste a conocer caminos de vida, me llenarás de gozo con tu poder. 

29 ¡Ηermanos! Os puedo decir con seguridad del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está aquí hasta el día de hoy. 30 Pero debido a que era  profeta y sabía que con juramento Dios le había prometido que de descendiente de sus entrañas traería como hombre a la existencia a Cristo (el Mesías) para que se sentase en su trono, 31 habló proféticamente de la resurrección de Cristo, es decir  que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción (putrefacción, descomposición). 32 A este Jesús resucitó Dios. De este acontecimiento todos nosotros somos testigos. 33 Así que, elevado al cielo por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, que había prometido, ha derramado abundantemente esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies 36 Sepa, pues, con cereteza ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. 

 

 

Un rico resultado 


37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: "¿qué haremos, hermanos?" 38 Pedro les dijo: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús Cristo (es decir creyendo en Jesús Cristo) para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es lo Dios prometió, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (es decir los gentiles); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare". 40 Y con otras muchas palabras predicaba intensamente, y exhortaba diciendo: "Sed salvos de esta perversa generación". 41 Y ellos agradecidos recibieron su palabra y fueron bautizados; y se añadieron (a los fieles, a la Iglesia) aquel día como tres mil personas. 
 
 
 
 
Vida ejemplar en la primera comunidad cristiana 
 
 
42 Y se dedicaban con entusiasmo en el seguimiento de la doctrina de los apóstoles, y en el ejercicio de la filantropía y la caridad, y en la participación en le Divina Eucaristía, y en las oraciones. 43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44 Todos los fieles estaban unidos en su espíritu y en su propósito, y tenían en común todas las cosas; 45 Incluso vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. 46 Y cada día frecuentaban el templo con afinidad y con un entusiasmo incansable, celebrando la Divina Eucaristía en las casas, comían juntos con alegría y sinceridad de corazón. 47 Y glorificaban a Dios, y disfrutaban de la apreciación de todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos.
 
 
 


3 Curación del cojo de nacimiento 

 

1 Pedro y Juan subían al templo sobre la hora de la oración  a las tres de la tarde, de ser salvos. 2 Y era traído mantenido un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del sagrado recinto del templo, que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna a los que entrasen en el sagrado recinto del templo. 3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el recinto del templo, les rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: «Míranos». 5 Entonces él les miró con atención, esperando recibir de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo, te lo doy. Con el poder de Jesús Cristo de Nazaret, levántate y anda». 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos. 8 Y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el recinto sagrado del templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del recinto sagrado templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido con él. 

 

 

La fe en Cristo, causa de la curación del cojo
 

11 Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, concurrió a ellos lleno de asombro todo el pueblo, al pórtico que se llama de Salomón. 12 Viendo esto Pedro (la llegada de la multitud), dijo al pueblo: «!Ιsraelitas!, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerle en libertad. 14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo (al inocente y bueno en sentido absoluto). Y pedisteis que se os diese un hombre homicida, 15 mientras que al Autor de la vida (la causa de la vida, la fuente de la vida) le habéis asesinado. Pero Dios le ha resucitado de los muertos. De este acontecimiento  nosotros somos testigos. 16 Y por la fe en su nombre, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. 
 
16 Y a este que veis y conocéis, le ha levantado su poder (de Jesús), debido a su fe en su nombre. Sí, la fe en él (en Jesús) le ha dado la integridad corporal, como veis todos vosotros.
17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. 18 Pero Dios ha cumplido así (con la condena y la muerte de Jesús), lo que había antes anunciado por boca de todos sus, que su Cristo (el Mesías) había de padecer. 
 
 
 
 
 
Arrepentimiento para disfrute de las bendiciones mesiánicas 
 
 
 
19 «Así que, arrepentíos, convertíos y regresad, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan tiempos de refrigerio del Señor, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado. 21 A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos del cumplimiento de todo lo que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempos muy antiguos. 22 Porque Moisés dijo a los padres: Profeta para vosotros traerá al mundo el Señor vuestro  Dios de entre los de vuestra misma nación, como me trajo a mí (como legislador y mediador). A él obedeced en todas las cosas que os hable; 23 Y el que no obedezca a aquel profeta, desaparecerá de en medio del pueblo. 24 Pero también todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días (los mesiánicos). 25 Vosotros sois descendientes  de los profetas y herederos del pacto, el cual Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y a través de tu descendiente (del Mesías) serán bendecidas todas las razas de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo traído al mundo a su siervo Jesús, lo envió para que os bendijese, cuando cada uno deje sus maldades y sus malas acciones». 




4 Pedro y Juan en la prisión 
 
 

4 Hablando ellos 
(Pedro y Juan) al pueblo, de repente se presentaron ante ellos los sacerdotes y el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, 2 llenos de resentimiento, porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. 3 Y les arrestaron, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero muchos de los que habían oído lo que enseñaban y anunciaban, creyeron, y así el número de los varones aumentó hasta unos cinco mil.
 
 
 
 
 
Pedro y Juan en el concilio. Interrogatorio sobre la curación del cojo
 
 

5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes de ellos (de los judíos), los ancianos y los escribas, 6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7 y poniéndoles delante de ellos (a los dos apóstoles), les preguntaron: «¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?» 8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «
¡Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel!: 9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesús Cristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este Jesús es la piedra que fue menospreciada como insignificante por vosotros los edificadores, la cual (sin embargo) ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y no es posible con ningún otro la salvación, ni existe otro poder bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos. 
 
 
 
 
 
Pedro y Juan son seriamente amenazados y son liberados 


13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y sin formación, se maravillaban. Y les reconocían que habían estado con Jesús. 14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. 15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, 16 diciendo: «¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Pero para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a nadie en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. 19 Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles:  «Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído». 21 Εntonces ellos  les amenazaron 
más y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo acontecido. 22 Porque el hombre en quien había sido realizado este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.




Oración de los fieles por los predicadores del logos de Dios


23 Y cuando fuero puestos (Pedro y Juan) en libertad, vinieron a los suyos (los parientes de la fe) y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: «Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; 25 que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se agitan naciones, y pueblos maquinan cosas vanas? 26 Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se unieron juntos contra el Señor, y contra su Cristo. 27 Y realmente se unieron contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y multitud de Israel, 28 para hacer cuanto tu poder y tu sabiduría habían antes determinado que sucediera. 29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo prediquen tu logos, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades de enfermos  y señales y prodigios mediante la invocación del nombre de tu santo siervo Jesús». 31 Cuando hubieron finalizado la súplica, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y predicaban el logos de Dios con denuedo.
 
 
 
 
 
 La puesta en común de todas las cosas por los primeros cristianos
 

 
32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. 33 Y con gran valentía los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús 1. Y abundante gracia era sobre todos ellos (los fieles). 34 Y no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que eran propietarios de heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, 35 y lo ponían ante los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. 36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, que traducido es, «Hombre de enseñanza, de predicación», levita, natural de Chipre, 37 como tenía un campo, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
 

1   O, predicaban la verdad de la resurrección del Señor Jesús 





5 Ananías y Safira mienten y son entregados a la muerte, como ejemplo.  



1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Y dijo Pedro: «Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4 Antes de venderla, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué has pensado esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios». 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.

7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: «Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad?» Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar 1 al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 11 Y vino gran temor sobre toda la Iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas. 
 
1 Ο, ¿..."ofender" al Espíritu de Dios? 
 
 
 
 

Asombrosos milagros por los apóstoles

 
12 A través de los apóstoles tenían lugar muchas señales y asombrosos milagros en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. 13 De los demás (de los no creyentes), ninguno se atrevía a mezclarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. 14 Y se iban añadiendo a la Iglesia cada vez un mayor número  de hombres y mujeres. 15 tanto que (también) sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. 16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
 
 
 
 
 
Los apóstoles son encarcelados y milagrosamente liberados

 
 
17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, que pertenecían al partido de los saduceos, se llenaron de fanatismo, 18 y arrestaron a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20 «Id, y poneos en pel patio del templo, y anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida (de la  nueva vida)». 21 Habiendo oído esto, entraron muy de mañana al patio del templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los israelitas, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22 Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel. Y cuando volvieron, dieron aviso, 23 diciendo: «La cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro». 24 Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote principal y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban de ellos, de cómo podría explicarse eso. 25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: «He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el patio del templo, y enseñan al pueblo. 
 
 
 
 
 
Los apóstoles de nuevo en el concilio.  
«Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres»  
 
 
26 Entonces fue el jefe de la guardia del templo junto con los alguaciles, y los trajo,  sin violencia, porque temían al pueblo, por si eran apedreados. 27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, 28 diciendo: «¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la responsabilidad sobre la muerte de este hombre». 29 Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: «Es necesario obedecer a Dios y no a los hombres (cuando, se entiende, la voluntad de los hombres es contraria a la voluntad de Dios». 30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero (el madero de la cruz). 31 A este, Dios ha exaltado con su poder, para ser guía y salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen». 

 

 

Sensata intervención de Gamaliel
 
 

33 Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. 34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. 36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A este se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. 37 Después de este, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. 38 Y ahora os digo: Alejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. Y le hicieron caso. 
 
 
 
 
 
Flagelación y expulsión de los apóstoles 


40  Y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús. Después los pusieron en libertad. 41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. 42 Y cada día en el patio del templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús el Cristo (el Mesías).
 
 
 
 
 
 
 
 
El pueblo fiel hace elección de siete diáconos de las mesas 


6 En aquellos días, como creciera el número de los discípulos (es decir de fieles), hubo comentarios desfavorables de los fieles helenófonos de la diáspora contra los hablantes locales de hebreo, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria. 2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos (de los fieles), y dijeron: «No es justo que nosotros dejemos el logos de Dios, para servir a las mesas. 3 Por eso, hermanos, elegid de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de prudencia, a quienes establezcamos en este servicio. 4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la predicación». 5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás de Antioquía, que era 
prosélito (es decir, de la religión pagana había llegado a la religión judía) 6 Fueron ellos presentados ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos (para la transmisión de la gracia divina). 7 Y se difundía el logos del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los judíos 1 obedecían a la fe. 
 
1 Existe también la escritura, "de lo sacerdotes"
 
 
 
 
 
Esteban es llevado al concilio y es calumniado
 

8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía asombrosos milagros y grandes  señales entre el pueblo. 9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga que llamaban de los llamada Libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de los que venían de  Cilicia y de la región de Asia, se levantaron y contendían con Esteban. 10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11 Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. 12 Levantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y se presentaron repentinamente y le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13 Y pusieron testigos falsos que decían: «Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo (el templo) y contra la ley. 14 Pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las instituciοnes y las costumbres que nos dio Moisés. 15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro brillar como el rostro de un ángel.
 
 
 
 
 
7 Revisión de Esteban de la historia de los israelitas y crítica de su mal comportamiento 


El sumo sacerdote dijo entonces: «¿Es esto así?» 2 Y él dijo: «Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, 3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu  parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. 4 Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, le trasladó a morar en esta tierra, en la cual vosotros moráis ahora. 5 Y (el tiempo que vivió) no le dio herencia en ella, ni aun lo equivalente al tamaño de la planta de los pies. Pero le prometió que se la daría en posesión, y a sus descendientes después de él, cuando él aún no tenía hijo. 6 Y le dijo Dios así: Que sus descendientes vivirían como extranjeros en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos. Y después de esto saldrán y me adorararán en este lugar. 8 Y le dio el pacto de la circuncisión. Y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. 

9 Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, 10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio sabiduría ante el  Faraón, rey de Egipto, y le hizo mostrase favorable a él, poniéndole por gobernador sobre Egipto y sobre todo su palacio. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande escasez; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Cuando oyó Jacob que había alimentos en Egipto, envió allí a nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. 14 Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. 15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres. 16 Y fueron  trasladados sus huesos a Siquem, y puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de monedas de plata, a los hijos de Hamor, hijo de Siquem.

17 Y cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que bajo juramento Dios había dado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. 19 Este rey, pensando con astucia contra  nuestro pueblo, oprimió a nuestros ascendientes para que sacasen y abandonasen al aire libre a sus hijos, para que no siguiesen con vida. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable ante Dios. Y fue criado tres meses en casa de su padre. 21 Pero cuando lo sacaron y lo abandonaron al aire libre, la hija de Faraón le recogió y le crio como a hijo suyo. 22 Y fue formado Moisés con toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en palabras y obras.

 23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino el pensamiento y el deseo de visitar a sus hermanos los israelitas. 24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió y vengó al oprimido, matando al egipcio. 25 Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les ofrecería la salvación a través de él. Mas ellos no entendieron. 26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los instó a que se reconciliasen, diciendo: ¡Hombres!, vosotros sois hermanos, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? 27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le empujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? 29 Al oír estas palabras, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.

30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, como llama de fuego que salía de una zarza. 31 Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor: 32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés temió y no se atrevía a mirar. 33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34 He visto con atención la opresión y el maltrato de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para redimirlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto. 35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a este lo envió Dios como gobernante y redentor por mano del ángel que se le apareció en la zarza. 36 Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años. 37 Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta para vosotros traerá al mundo vuestro Señor Dios de entre vuestros compatriotas, tal como me trajo a mí;(como legislador y mediador)  A él obedeced. 38 Este es el que durante la congregación en el desierto (para la recepción de la ley) medió con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos a nosotros. 39 Pero nuestros padres no quisieron obedecerle, sino que le desecharon, y conforme a la disposición de sus corazones se volvieron a Egipto, 40 diciendo a Aarón: Fabrica para nosotros dioses, que vayan delante de nosotros (como conductores); porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 41 Entonces en aquellos días hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. 42 Y Dios permitió que se apartaran y se entregasen a la adoración de las estrellas del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¡Nación de Israel! ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años? (desde luego que no) 43 Porque levantásteis y llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, las figuras que os hicisteis para adorarlas. Por eso os desterraré más allá de Babilonia.
 
44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto. 45 El cual, recibido en herencia a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué (de Naví) al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios desalojó en vistas a establecerse nuestros padres. Allí permaneció el tabernáculo del testimonio hasta la época de David, 46 quien halló favor delante de Dios, y pidió construir un templo para el Dios de Jacob. 47 Mas Salomón le construyó templo. 48 Pero el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: 49 El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa podéis construirme, dice el Señor, o cuál puede ser el lugar de mi reposo? 50 ¿No creó mi mano todas estas cosas? 
 
 
 
 
 
 
Estricta recriminación contra los exterminadores de Cristo y de los profetas 
 

51 «¡Duros de cerviz, depravados de corazón y sordos de oídos! Vosotros os oponéis  siempre al Espíritu Santo. Como vuestros padres, así también vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo (del Santo), de quien vosotros ahora habéis sido traidores y asesinos. 
53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.» 

54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. 55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio forma  gloriοsa  de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios». 57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 58 Y sacándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos (de la acusación)  pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban a Esteban, mientras él oraba y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Y habiendo dicho esto, durmió (el sueño de la muerte). Y Saulo consentía en su muerte. 
 
 
 
 
 
 
 
8 Persecución y dispersión de los predicadores del Evangelio 
 


En aquel día hubo una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Y todos se  dispersaron por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 2 Y hombres piadosos llevaron a dar Sepulcro a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. 3 Y Saulo asolaba la Iglesia. Entraba en las casas, y sacando a rastras a hombres y a mujeres, y los entregaba para ser puestos en la cárcel. 
 
 
 
  
Felipe el diácono en Samaria
 
  
 
4 Pero los que se dispersaron iban por todas partes anunciando el evangelio. 5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. 7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos (demonios), salían estos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; 8 así que había gran gozo en aquella ciudad. 
 
 
 
 
 
Simón el mago  


9 Pero había desde anteriormente en la ciudad un hombre llamado Simón. Este ejercía la magia y hacía que la gente de Samaria se asombrase, haciéndose pasar por algún grande. 10 A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: «Este es el gran poder de Dios». 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había encandilado mucho tiempo. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesús Cristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, se quedaba asombrado.

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido el logos de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo. 16 Porque aún no había descendido (el Espíritu Santo) sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 diciendo: «Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo». 20 Entonces Pedro le dijo: «!Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás». 24 Respondiendo entonces Simón, dijo: «Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí».

25 Y ellos, habiendo testificado y predicadoado el logos de Dios, regresaron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.
 
 
 
 
 
Felipe catequiza y bautiza al oficial etíope 


 
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: «Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto». 27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, oficial superior de Candace, reina de los etíopes. Era administrador sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar. 28 Y volvía, sentado en su carro, y leía al profeta Isaías. 29 Y el Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y júntate a ese carro». 30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: «Pero ¿entiendes lo que lees?» 31 Él dijo: «¿Y cómo podré (entenderlo), si alguno no me enseñare?» Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. 32 El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la matanza fue llevado. Y como cordero callado delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. 33 Debido a su humildad, su justicia le fue negada. Pero, ¿quién podrá contar sus descendientes espirituales? Porque fue quitada de la tierra su vida. 34 Dijo entonces el eunuco a Felipe: «Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?» 35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 
 
36 Y yendo por el camino, llegaron a ciertο lugar con agua, y dijo el eunuco: «Aquí hay agua; ¿qué impide que sea bautizado?» 37 Felipe dijo: «Si crees de todo corazón, bien puedes». Y respondiendo, dijo: «Creo que Jesús Cristo es el Hijo de Dios». 38 Y mandó parar el carro. Υ descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.
 
39 Y cuando subieron del agua, el poder del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió su camino lleno de alegría. 40 Y Felipe se encontró en Azoto. Y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
 
 
 
 
 
 
 
 
9 «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
(Hch. 22,6-16; 26,12-18)

 
1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos (los fieles) del 
Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos que fuesen del Camino (de la Religión de Jesús), hombres y mujeres, los trajese presos a Jerusalén. 3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo. 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» 5 Él dijo: «¿Quién eres, Señor?» Y le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 6 Pero levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer». 7 Y los hombres que le acompañaban, se quedaron atónitos. Y oyendo a la verdad la voz como un sonido con estruendo (no como palabras), mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y aunque sus ojos estaban abiertos, no veía a nadie. Así que, llevándole por la mano, le llevaron a Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. 
 
 
 
 
 
 
Ananías en Damasco bautiza a Saulo 


10 Había entonces en Damasco un discípulo (fiel) llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: «Ananías». Y él respondió: «Heme aquí, Señor». 11 Y el Señor le dijo: «Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso. Porque he aquí, él ora. 12 Y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista». 13 Entonces Ananías respondió: «Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos (tus fieles) en Jerusalén; 14 Y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre». 15 El Señor le dijo: «Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel.  16 Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre». 
17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: «¡Hermano Saulo!, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo». 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista. Υ  levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas.
 
 

 

 

Saulo predica a Jesús Cristo en Damasco

 
 
Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos (los fieles) que estaban en Damasco. 20 En seguida predicaba a Jesús en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios. 21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: «¿No es este el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre? Y aquí para eso ha venido, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes». 22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que él (es decir Jesús) era el Mesías.
23 Pasados ya bastantes días, los judíos resolvieron en consejo matarle. 24 Pero su plan de asesinato llegó a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. 25 Entonces los discípulos (los fieles), tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole con cuerdas en una canasta.
 
 
 
 
 
Saulo se conecta con los apóstoles y predica
 
 

26 Y cuando Saulo fue a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos (los fieles); pero todos le tenían miedo, porque no creían que fuese discípulo (fiel). 27 Entonces Bernabé, tomándole, lo llevó a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. 28 Así (Saulo) estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, 29 y hablaba y dialogaba con los judíos de habla griega. Pero ellos procuraban matarle. 30 Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y de allí le enviaron a Tarso.
31 Entonces las Iglesias por toda Judea, Galilea y Samaria progresaban. Y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se multiplicaban con la ayuda del  Espíritu Santo.
 
 
 
 
Pedro en Lida cura al paralítico Eneas

 
32 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos (a los fieles) que habitaban en Lida. 33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: «Eneas, Jesús Cristo te sana; levántate, y haz tu cama». Y en seguida se levantó. 35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor (a Jesús). 
 
 
 
 
Pedro en Jope resucita a Dorcas la misericordiosa
 
 
36 Había entonces en Jope una discípula (es decir fiel) llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en el piso superior. 38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos (los fieles), oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogándole que no tardase  en ir a ellos. 39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le subieron a la sala. Y se le presentaron todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando vivía. 40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: «Tabita, levántate». Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos (a los fieles) y a las viudas, la presentó viva. 42 Y se enteró toda Jope, y muchos creyeron en el Señor (en Jesús). 43 Y se quedó (Pedro) bastantes días en Jope, en casa de un cierto Simón, curtidor.
 
 
 
 
 
  

10 Un ángel se presenta al centurión Cornelio. Llamada de Pedro.
 

 

1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada "la espiral italiana". 2 Este era piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. 3 Este vio claramente en una visión, como a las tres del mediodía, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: « ¡Cornelio!». 4 Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: «¿Qué es, Señor?» Y le dijo: «Tus oraciones y tus limosnas han subido (al cielo)  para que Dios las tenga en cuenta. 5 Y ahora envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. 6 Este es hospedado en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar». 7 Ido el ángel que hablaba con Cornelio, este llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; 8 a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo.
 
 
 
 
 
 
La visión de Pedro con los animales impuros. 
«Lo que Dios limpió, no lo llames tú común»

 
 
9 Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de las doce (del mediodía). 10 Y tuvo  hambre, y quiso comer; pero mientras aquellos preparaban la comida, a él le  sobrevino un éxtasis. 11 Y vio el cielo abierto, y descender sobre él algo semejante a una sábana grande, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra. 12 Dentro de él había estaban todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. 13 Y vino a él una voz: «Levántate, Pedro, mata y come». 14 Entonces Pedro dijo: «Señor, no; porque ninguna cosa contaminada o inmunda he comido jamás». 15 Volvió la voz a él la segunda vez: «Lo que Dios limpió, no lo llames tú impuro». 16 Esto se hizo tres veces; y aquello (lo semejante a una sábana) volvió a ser recogido en el cielo. 
 
 
 
 
 
El Espíritu hacia Pedro sobre los enviados a Cornelio  


17 Y mientras Pedro se preguntataba dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había tenido, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta exterior. 18 Y llamando, preguntaron: «¿Simón, que tiene por sobrenombre Pedro, está siendo aquí hospedado?». 19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: «He aquí, tres hombres te buscan». 20 «Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado». 21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: «He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?» 22 Ellos dijeron: «Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras». 23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. 
 
 
 
 
 
Pedro va a casa de Cornelio en Cesarea  
  
 
 
Al otro día se levantió y partió con ellos. Y con el fueron algunos de los hermanos de Jope. 24 Y al otro día llegaron a Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. 25 Cuando Pedro iba a entrar a las casa, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, le reverenció. 26 Mas Pedro le levantó, diciendo: «¡Levántate! Υo también soy hombre como tú». 27 Y hablando con él, entró en la casa. Y halló a muchos que se habían reunido. 28 Y les dijo: «Vosotros sabéis, que no le está permitido a un judío juntarse o visitar a un extranjero. Pero a mí me ha mostrado Dios que no considere contaminado o impuro  a ningún hombre. 29 Por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?» 

30 Entonces Cornelio dijo: «Cuatro días ayunaba hasta aquel momento. Y a las tres de la tarde oraba en mi casa. Y he aquí que 
un varón con vestido resplandeciente se puso delante de mí  31 y dijo: «Cornelio, tu oración ha sido oída, y Dios ha tenido en cuenta tus limosnas. 32 Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro. Él mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. 33 Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí presentes ante Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado».
 
 
 
 
 
Homilía de Pedro en casa de Cornelio 


34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: «En verdad comprendo, que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que es aceptado por él todo el que le respeta y hace el bien. 36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesús Cristo; este es Señor de todos. 37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén. Llegaron hasta el punto de matarle, colgándole en un madero (de la cruz). 40 A este levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había elegido de antemano, es decir a nosotros, que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por juez de vivos y muertos. 43 De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre». 
 
 
 
 
 
 
Derramamiento del Espíritu Santo sobre los gentiles 


44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo descendió con ímpetu sobre todos los que oían el discurso. 45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. 47 Entonces dijo Pedro: «¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?» 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor (es decir reconociendo a Jesús como el Señor) . Entonces le rogaron que se quedase con ellos por algunos días.

 

 

 

 11 Pedro es criticado y se disculpa

 

 Traduciendo...

 

 

 

 

 

 

 

Translate