EL NUEVO TESTAMENTO (Nikolaos Sotirópoulos). HECHOS DE LOS APOSTOLES.


 
HECHOS DE LOS APOSTOLES 

 

 

 1 Jesús demuestra su resurrección con muchas pruebas 

 

1 El primer libro que he escrito, Teófilo, de todo lo que Jesús realizó y enseñó, desde el principio 2 hasta el día en que fue ascendido al cielo, después de haber dado órdenes por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. 3 Y a ellos se presentó vivo después de su muerte con muchas pruebas. Se les apareció durante cuarenta días y les hablaba acerca del reino de Dios.




Jesús recomienda esperar la venida del Espíritu Santo.


4 Y estando ellos juntos, se les apareció y les dijo: «No os alejéis de Jerusalén, sino esperad a que el Padre cumpla la promesa, sobre la cual oyeron de mí. Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros en pocos días bautizaréis con el Espíritu Santo». 6 Entonces todos ellos se acercaron a él y le preguntaron: «¿Restaurarás en este tiempo el reino de Israel?» 7 Y él les respondió: «No οs corresponde a vosotros  saber los tiempos ni las épocas que el Padre dispuso en su propia autoridad. Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, y en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».

 

 

La Ascensión de Jesús

9 Y habiendo dicho estas cosas, mientras ellos miraban, fue elevado de la tierra, y una nube lo recibió desde abajo, ocultándolo de la vista de ellos. 10 Y mientras ellos miraban fijamente al cielo contemplando su ascensión, he aquí, dos varones con vestiduras blancas se presentaron junto a ellos, 11 y les dijeron: «Hombres galileos, ¿qué estáis haciendo aquí mirando al cielo? Este Jesús, que fue tomado de entre vosotros y llevado al cielo, así vendrá, de la misma manera que lo habéis visto subir al cielo». 

 

 

Los apóstoles, la madre de Jesús y otros fieles, reunidos en oración en el aposento alto en Jerusalén. 



12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte, que se llama de los Olivos, el cual está cerca de Jerusalén, a distancia del recorrido de un Sábado (alrededor de 1 km. y medio) 13 Y cuando entraron a la ciudad, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. 


  



Pedro habla sobre el final de Judas

 

15 En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos —y había una multitud de personas reunidas, como ciento veinte en número—, y dijo: 16 «¡Ηermanos! Νο era posible que no se cumpliesen estas palabras de la Escritura,  que predijo el Espíritu Santo habló por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús. 17 Porque había sido contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio (del apostolado). 18 Este, pues, adquirió un terreno con una retribución injusta. Pero cayó de cabeza, se reventó por la mitad (por el estómago), y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y esto se hizo conocido por todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su morada, y no haya quien habite en ella; y: Su propiedad (su terreno) que lo tome otro.

 

 

La elección de Matías por el pueblo fiel y por Dios 


21-22 «Es necesario ahora, que uno de estos hombres que han estado con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús vivía entre nosotros, desde el tiempo en que fue bautizado por Juan en el Jordán, hasta el día en que fue ascendido de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección». 23 Y propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: «Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.» 

26 Y echaron a suertes la elección de sus nombres, y la elección cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.




 2 El Espíritu Santo como viento recio y lenguas de fuego.

 

1 Y cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. 3 Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba (la capacidad) que hablasen. 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos  piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y cuando vino este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: «Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los habitantes de Mesopotamia, los de Judea, y los de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia que se extienden hacia Cirene, y los romanos que resididen aquí, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios». 12 Y estaban todos atónitos y perplejos (los devotos), diciéndose unos a otros: «¿Qué quiere decir esto?» 13 Mas otros, burlándose, decían: «Están ebrios». 

 

 

 

                                  Primer discurso de Pedro

 

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: «¡Judíos y todos los que habitáis en Jerusalén! Habéis de saber esto, oíd atentamente mis palabras. 15 Estos no están ebrios, como vosotros pensáis, puesto que son las 9 de la mañana. 16 Mas esto (este sorprendente fenómeno) fue dicho por medio del profeta Joel: 17 Y sucederá en los postreros días (durante la época cristiana), dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre todo hombre, (hablarán por inspiración divina) vuestros hijos y vuestras hijas. Y vuestros jóvenes tendrán  visiones, y vuestros tendrán sueños reveladores; 18 Y sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 19 Y daré sorprendentes fenómenos arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y nubesde humo (señales de destrucción); 20 El sol se convertirá en oscuridad, y la luna sevolverá roja como la sangre, antes que venga el gran y glorioso día del Señor. 21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvο». 

 

 

Pedro predica sobre la crucifixión y la resurrección de Jesús

22  
¡Israelitas, oíd estas palabras! Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con milagros, obras sorprendentes y señales, que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis, 23 a este, según el plan determinado y la previa decisión de Dios, habiendo sido entregado y habiéndole arrestado, por manos de hombres sin la Ley (gentiles, romanos), le clavásteis en la cruz y le asesinásteis. 24 Pero Dios le levantó y cesaron los dolores de parto, que tenía la muerte. Porque (como el niño no es posible que sea mantenido en el vientre de la parturienta, así) él (Jesús) no era imposible que fuese retenido por ella (por la muerte). 25 Porque David dice de él: Ante mis ojos tenía siempre al Señor. Por eso está a mi diestra, para no ser conmovido. 26 Por lo cual mi corazón se alegró, y cantó himnos mi lengua. Y aun mi carne habitará en el sepulcro con seguridad. 27 Porque no abandonarás mi alma en el hades, ni dejarás que tu santo (en cuanto al cuerpo) conozca corrupción (putrefacción, descomposición) 28 Me diste a conocer caminos de vida, me llenarás de gozo con tu poder. 

29 ¡Ηermanos! Os puedo decir con seguridad del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está aquí hasta el día de hoy. 30 Pero debido a que era  profeta y sabía que con juramento Dios le había prometido que de descendiente de sus entrañas traería como hombre a la existencia a Cristo (el Mesías) para que se sentase en su trono, 31 habló proféticamente de la resurrección de Cristo, es decir  que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción (putrefacción, descomposición). 32 A este Jesús resucitó Dios. De este acontecimiento todos nosotros somos testigos. 33 Así que, elevado al cielo por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, que había prometido, ha derramado abundantemente esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies 36 Sepa, pues, con cereteza ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. 

 

 

Un rico resultado 


37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: "¿qué haremos, hermanos?" 38 Pedro les dijo: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús Cristo (es decir creyendo en Jesús Cristo) para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es lo Dios prometió, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (es decir los gentiles); para cuantos el Señor nuestro Dios llamare". 40 Y con otras muchas palabras predicaba intensamente, y exhortaba diciendo: "Sed salvos de esta perversa generación". 41 Y ellos agradecidos recibieron su palabra y fueron bautizados; y se añadieron (a los fieles, a la Iglesia) aquel día como tres mil personas. 
 
 
 
 
Vida ejemplar en la primera comunidad cristiana 
 
 
42 Y se dedicaban con entusiasmo en el seguimiento de la doctrina de los apóstoles, y en el ejercicio de la filantropía y la caridad, y en la participación en le Divina Eucaristía, y en las oraciones. 43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44 Todos los fieles estaban unidos en su espíritu y en su propósito, y tenían en común todas las cosas; 45 Incluso vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. 46 Y cada día frecuentaban el templo con afinidad y con un entusiasmo incansable, celebrando la Divina Eucaristía en las casas, comían juntos con alegría y sinceridad de corazón. 47 Y glorificaban a Dios, y disfrutaban de la apreciación de todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos.
 
 
 


3 Curación del cojo de nacimiento 

 

1 Pedro y Juan subían al templo sobre la hora de la oración  a las tres de la tarde, de ser salvos. 2 Y era traído mantenido un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del sagrado recinto del templo, que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna a los que entrasen en el sagrado recinto del templo. 3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el recinto del templo, les rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: «Míranos». 5 Entonces él les miró con atención, esperando recibir de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo, te lo doy. Con el poder de Jesús Cristo de Nazaret, levántate y anda». 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos. 8 Y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el recinto sagrado del templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del recinto sagrado templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido con él. 

 

 

La fe en Cristo, causa de la curación del cojo
 

11 Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, concurrió a ellos lleno de asombro todo el pueblo, al pórtico que se llama de Salomón. 12 Viendo esto Pedro (la llegada de la multitud), dijo al pueblo: «!Ιsraelitas!, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerle en libertad. 14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo (al inocente y bueno en sentido absoluto). Y pedisteis que se os diese un hombre homicida, 15 mientras que al Autor de la vida (la causa de la vida, la fuente de la vida) le habéis asesinado. Pero Dios le ha resucitado de los muertos. De este acontecimiento  nosotros somos testigos. 16 Y por la fe en su nombre, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. 
 
16 Y a este que veis y conocéis, le ha levantado su poder (de Jesús), debido a su fe en su nombre. Sí, la fe en él (en Jesús) le ha dado la integridad corporal, como veis todos vosotros.
17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. 18 Pero Dios ha cumplido así (con la condena y la muerte de Jesús), lo que había antes anunciado por boca de todos sus, que su Cristo (el Mesías) había de padecer. 
 
 
 
 
 
Arrepentimiento para disfrute de las bendiciones mesiánicas 
 
 
 
19 «Así que, arrepentíos, convertíos y regresad, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan tiempos de refrigerio del Señor, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado. 21 A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos del cumplimiento de todo lo que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempos muy antiguos. 22 Porque Moisés dijo a los padres: Profeta para vosotros traerá al mundo el Señor vuestro  Dios de entre los de vuestra misma nación, como me trajo a mí (como legislador y mediador). A él obedeced en todas las cosas que os hable; 23 Y el que no obedezca a aquel profeta, desaparecerá de en medio del pueblo. 24 Pero también todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días (los mesiánicos). 25 Vosotros sois descendientes  de los profetas y herederos del pacto, el cual Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y a través de tu descendiente (del Mesías) serán bendecidas todas las razas de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo traído al mundo a su siervo Jesús, lo envió para que os bendijese, cuando cada uno deje sus maldades y sus malas acciones». 




4 Pedro y Juan en la prisión 
 
 

4 Hablando ellos 
(Pedro y Juan) al pueblo, de repente se presentaron ante ellos los sacerdotes y el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, 2 llenos de resentimiento, porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. 3 Y les arrestaron, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4 Pero muchos de los que habían oído lo que enseñaban y anunciaban, creyeron, y así el número de los varones aumentó hasta unos cinco mil.
 
 
 
 
 
Pedro y Juan en el concilio. Interrogatorio sobre la curación del cojo
 
 

5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes de ellos (de los judíos), los ancianos y los escribas, 6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; 7 y poniéndoles delante de ellos (a los dos apóstoles), les preguntaron: «¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?» 8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «
¡Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel!: 9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesús Cristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este Jesús es la piedra que fue menospreciada como insignificante por vosotros los edificadores, la cual (sin embargo) ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y no es posible con ningún otro la salvación, ni existe otro poder bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos. 
 
 
 
 
 
Pedro y Juan son seriamente amenazados y son liberados 


13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y sin formación, se maravillaban. Y les reconocían que habían estado con Jesús. 14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. 15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, 16 diciendo: «¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Pero para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a nadie en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. 19 Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles:  «Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído». 21 Εntonces ellos  les amenazaron 
más y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo acontecido. 22 Porque el hombre en quien había sido realizado este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.




Oración de los fieles por los predicadores del logos de Dios


23 Y cuando fuero puestos (Pedro y Juan) en libertad, vinieron a los suyos (los parientes de la fe) y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: «Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; 25 que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se agitan naciones, y pueblos maquinan cosas vanas? 26 Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se unieron juntos contra el Señor, y contra su Cristo. 27 Y realmente se unieron contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y multitud de Israel, 28 para hacer cuanto tu poder y tu sabiduría habían antes determinado que sucediera. 29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo prediquen tu logos, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades de enfermos  y señales y prodigios mediante la invocación del nombre de tu santo siervo Jesús». 31 Cuando hubieron finalizado la súplica, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y predicaban el logos de Dios con denuedo.
 
 
 
 
 
 La puesta en común de todas las cosas por los primeros cristianos
 

 
32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma. Y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. 33 Y con gran valentía los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús 1. Y abundante gracia era sobre todos ellos (los fieles). 34 Y no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que eran propietarios de heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, 35 y lo ponían ante los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. 36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, que traducido es, «Hombre de enseñanza, de predicación», levita, natural de Chipre, 37 como tenía un campo, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
 

1   O, predicaban la verdad de la resurrección del Señor Jesús 





5 Ananías y Safira mienten y son entregados a la muerte, como ejemplo.  



1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Y dijo Pedro: «Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4 Antes de venderla, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué has pensado esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios». 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.

7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: «Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad?» Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar 1 al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 11 Y vino gran temor sobre toda la Iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas. 
 
1 Ο, ¿..."ofender" al Espíritu de Dios? 
 
 
 
 

Asombrosos milagros por los apóstoles

 
12 A través de los apóstoles tenían lugar muchas señales y asombrosos milagros en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. 13 De los demás (de los no creyentes), ninguno se atrevía a mezclarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. 14 Y se iban añadiendo a la Iglesia cada vez un mayor número  de hombres y mujeres. 15 tanto que (también) sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. 16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
 
 
 
 
 
Los apóstoles son encarcelados y milagrosamente liberados

 
 
17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, que pertenecían al partido de los saduceos, se llenaron de fanatismo, 18 y arrestaron a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo: 20 «Id, y poneos en pel patio del templo, y anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida (de la  nueva vida)». 21 Habiendo oído esto, entraron muy de mañana al patio del templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los israelitas, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22 Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel. Y cuando volvieron, dieron aviso, 23 diciendo: «La cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro». 24 Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote principal y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban de ellos, de cómo podría explicarse eso. 25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: «He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el patio del templo, y enseñan al pueblo. 
 
 
 
 
 
Los apóstoles de nuevo en el concilio.  
«Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres»  
 
 
26 Entonces fue el jefe de la guardia del templo junto con los alguaciles, y los trajo,  sin violencia, porque temían al pueblo, por si eran apedreados. 27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, 28 diciendo: «¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la responsabilidad sobre la muerte de este hombre». 29 Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: «Es necesario obedecer a Dios y no a los hombres (cuando, se entiende, la voluntad de los hombres es contraria a la voluntad de Dios». 30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero (el madero de la cruz). 31 A este, Dios ha exaltado con su poder, para ser guía y salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen». 

 

 

Sensata intervención de Gamaliel
 
 

33 Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos. 34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. 36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A este se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. 37 Después de este, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. 38 Y ahora os digo: Alejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. Y le hicieron caso. 
 
 
 
 
 
Flagelación y expulsión de los apóstoles 


40  Y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús. Después los pusieron en libertad. 41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. 42 Y cada día en el patio del templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús el Cristo (el Mesías).
 
 
 
 
 
 
 
 
El pueblo fiel hace elección de siete diáconos de las mesas 


6 En aquellos días, como creciera el número de los discípulos (es decir de fieles), hubo comentarios desfavorables de los fieles helenófonos de la diáspora contra los hablantes locales de hebreo, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria. 2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos (de los fieles), y dijeron: «No es justo que nosotros dejemos el logos de Dios, para servir a las mesas. 3 Por eso, hermanos, elegid de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de prudencia, a quienes establezcamos en este servicio. 4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la predicación». 5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás de Antioquía, que era 
prosélito (es decir, de la religión pagana había llegado a la religión judía) 6 Fueron ellos presentados ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos (para la transmisión de la gracia divina). 7 Y se difundía el logos del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los judíos 1 obedecían a la fe. 
 
1 Existe también la escritura, "de lo sacerdotes"
 
 
 
 
 
Esteban es llevado al concilio y es calumniado
 

8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía asombrosos milagros y grandes  señales entre el pueblo. 9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga que llamaban de los llamada Libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de los que venían de  Cilicia y de la región de Asia, se levantaron y contendían con Esteban. 10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. 11 Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. 12 Levantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y se presentaron repentinamente y le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13 Y pusieron testigos falsos que decían: «Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo (el templo) y contra la ley. 14 Pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las instituciοnes y las costumbres que nos dio Moisés. 15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro brillar como el rostro de un ángel.
 
 
 
 
 
7 Revisión de Esteban de la historia de los israelitas y crítica de su mal comportamiento 


El sumo sacerdote dijo entonces: «¿Es esto así?» 2 Y él dijo: «Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, 3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu  parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. 4 Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, le trasladó a morar en esta tierra, en la cual vosotros moráis ahora. 5 Y (el tiempo que vivió) no le dio herencia en ella, ni aun lo equivalente al tamaño de la planta de los pies. Pero le prometió que se la daría en posesión, y a sus descendientes después de él, cuando él aún no tenía hijo. 6 Y le dijo Dios así: Que sus descendientes vivirían como extranjeros en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos. Y después de esto saldrán y me adorararán en este lugar. 8 Y le dio el pacto de la circuncisión. Y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. 

9 Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, 10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio sabiduría ante el  Faraón, rey de Egipto, y le hizo mostrase favorable a él, poniéndole por gobernador sobre Egipto y sobre todo su palacio. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande escasez; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Cuando oyó Jacob que había alimentos en Egipto, envió allí a nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José. 14 Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. 15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres. 16 Y fueron  trasladados sus huesos a Siquem, y puestos en el sepulcro que compró Abraham a precio de monedas de plata, a los hijos de Hamor, hijo de Siquem.

17 Y cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que bajo juramento Dios había dado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. 19 Este rey, pensando con astucia contra  nuestro pueblo, oprimió a nuestros ascendientes para que sacasen y abandonasen al aire libre a sus hijos, para que no siguiesen con vida. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable ante Dios. Y fue criado tres meses en casa de su padre. 21 Pero cuando lo sacaron y lo abandonaron al aire libre, la hija de Faraón le recogió y le crio como a hijo suyo. 22 Y fue formado Moisés con toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en palabras y obras.

 23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino el pensamiento y el deseo de visitar a sus hermanos los israelitas. 24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió y vengó al oprimido, matando al egipcio. 25 Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les ofrecería la salvación a través de él. Mas ellos no entendieron. 26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los instó a que se reconciliasen, diciendo: ¡Hombres!, vosotros sois hermanos, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? 27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le empujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? 29 Al oír estas palabras, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.

30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, como llama de fuego que salía de una zarza. 31 Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor: 32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés temió y no se atrevía a mirar. 33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34 He visto con atención la opresión y el maltrato de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para redimirlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto. 35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a este lo envió Dios como gobernante y redentor por mano del ángel que se le apareció en la zarza. 36 Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años. 37 Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta para vosotros traerá al mundo vuestro Señor Dios de entre vuestros compatriotas, tal como me trajo a mí;(como legislador y mediador)  A él obedeced. 38 Este es el que durante la congregación en el desierto (para la recepción de la ley) medió con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos a nosotros. 39 Pero nuestros padres no quisieron obedecerle, sino que le desecharon, y conforme a la disposición de sus corazones se volvieron a Egipto, 40 diciendo a Aarón: Fabrica para nosotros dioses, que vayan delante de nosotros (como conductores); porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 41 Entonces en aquellos días hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. 42 Y Dios permitió que se apartaran y se entregasen a la adoración de las estrellas del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¡Nación de Israel! ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años? (desde luego que no) 43 Porque levantásteis y llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, las figuras que os hicisteis para adorarlas. Por eso os desterraré más allá de Babilonia.
 
44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto. 45 El cual, recibido en herencia a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué (de Naví) al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios desalojó en vistas a establecerse nuestros padres. Allí permaneció el tabernáculo del testimonio hasta la época de David, 46 quien halló favor delante de Dios, y pidió construir un templo para el Dios de Jacob. 47 Mas Salomón le construyó templo. 48 Pero el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: 49 El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa podéis construirme, dice el Señor, o cuál puede ser el lugar de mi reposo? 50 ¿No creó mi mano todas estas cosas? 
 
 
 
 
 
 
Estricta recriminación contra los exterminadores de Cristo y de los profetas 
 

51 «¡Duros de cerviz, depravados de corazón y sordos de oídos! Vosotros os oponéis  siempre al Espíritu Santo. Como vuestros padres, así también vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo (del Santo), de quien vosotros ahora habéis sido traidores y asesinos. 
53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.» 

54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. 55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio forma  gloriοsa  de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios». 57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. 58 Y sacándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos (de la acusación)  pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. 59 Y apedreaban a Esteban, mientras él oraba y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». 60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Y habiendo dicho esto, durmió (el sueño de la muerte). Y Saulo consentía en su muerte. 
 
 
 
 
 
 
 
8 Persecución y dispersión de los predicadores del Evangelio 
 


En aquel día hubo una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Y todos se  dispersaron por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. 2 Y hombres piadosos llevaron a dar Sepulcro a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. 3 Y Saulo asolaba la Iglesia. Entraba en las casas, y sacando a rastras a hombres y a mujeres, y los entregaba para ser puestos en la cárcel. 
 
 
 
  
Felipe el diácono en Samaria
 
  
 
4 Pero los que se dispersaron iban por todas partes anunciando el evangelio. 5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. 7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos (demonios), salían estos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; 8 así que había gran gozo en aquella ciudad. 
 
 
 
 
 
Simón el mago  


9 Pero había desde anteriormente en la ciudad un hombre llamado Simón. Este ejercía la magia y hacía que la gente de Samaria se asombrase, haciéndose pasar por algún grande. 10 A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: «Este es el gran poder de Dios». 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había encandilado mucho tiempo. 12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesús Cristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, se quedaba asombrado.

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido el logos de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo. 16 Porque aún no había descendido (el Espíritu Santo) sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 diciendo: «Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo». 20 Entonces Pedro le dijo: «!Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás». 24 Respondiendo entonces Simón, dijo: «Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí».

25 Y ellos, habiendo testificado y predicadoado el logos de Dios, regresaron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.
 
 
 
 
 
Felipe catequiza y bautiza al oficial etíope 


 
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: «Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto». 27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, oficial superior de Candace, reina de los etíopes. Era administrador sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar. 28 Y volvía, sentado en su carro, y leía al profeta Isaías. 29 Y el Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y júntate a ese carro». 30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: «Pero ¿entiendes lo que lees?» 31 Él dijo: «¿Y cómo podré (entenderlo), si alguno no me enseñare?» Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. 32 El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la matanza fue llevado. Y como cordero callado delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. 33 Debido a su humildad, su justicia le fue negada. Pero, ¿quién podrá contar sus descendientes espirituales? Porque fue quitada de la tierra su vida. 34 Dijo entonces el eunuco a Felipe: «Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?» 35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 
 
36 Y yendo por el camino, llegaron a ciertο lugar con agua, y dijo el eunuco: «Aquí hay agua; ¿qué impide que sea bautizado?» 37 Felipe dijo: «Si crees de todo corazón, bien puedes». Y respondiendo, dijo: «Creo que Jesús Cristo es el Hijo de Dios». 38 Y mandó parar el carro. Υ descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.
 
39 Y cuando subieron del agua, el poder del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió su camino lleno de alegría. 40 Y Felipe se encontró en Azoto. Y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
 
 
 
 
 
 
 
 
9 «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
(Hch. 22,6-16; 26,12-18)

 
1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos (los fieles) del 
Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos que fuesen del Camino (de la Religión de Jesús), hombres y mujeres, los trajese presos a Jerusalén. 3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo. 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» 5 Él dijo: «¿Quién eres, Señor?» Y le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 6 Pero levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer». 7 Y los hombres que le acompañaban, se quedaron atónitos. Y oyendo a la verdad la voz como un sonido con estruendo (no como palabras), mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y aunque sus ojos estaban abiertos, no veía a nadie. Así que, llevándole por la mano, le llevaron a Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. 
 
 
 
 
 
 
Ananías en Damasco bautiza a Saulo 


10 Había entonces en Damasco un discípulo (fiel) llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: «Ananías». Y él respondió: «Heme aquí, Señor». 11 Y el Señor le dijo: «Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso. Porque he aquí, él ora. 12 Y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista». 13 Entonces Ananías respondió: «Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos (tus fieles) en Jerusalén; 14 Y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre». 15 El Señor le dijo: «Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel.  16 Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre». 
17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: «¡Hermano Saulo!, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo». 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista. Υ  levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas.
 
 

 

 

Saulo predica a Jesús Cristo en Damasco

 
 
Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos (los fieles) que estaban en Damasco. 20 En seguida predicaba a Jesús en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios. 21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: «¿No es este el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre? Y aquí para eso ha venido, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes». 22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que él (es decir Jesús) era el Mesías.
23 Pasados ya bastantes días, los judíos resolvieron en consejo matarle. 24 Pero su plan de asesinato llegó a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. 25 Entonces los discípulos (los fieles), tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole con cuerdas en una canasta.
 
 
 
 
 
Saulo se conecta con los apóstoles y predica
 
 

26 Y cuando Saulo fue a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos (los fieles); pero todos le tenían miedo, porque no creían que fuese discípulo (fiel). 27 Entonces Bernabé, tomándole, lo llevó a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. 28 Así (Saulo) estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, 29 y hablaba y dialogaba con los judíos de habla griega. Pero ellos procuraban matarle. 30 Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y de allí le enviaron a Tarso.
31 Entonces las Iglesias por toda Judea, Galilea y Samaria progresaban. Y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se multiplicaban con la ayuda del  Espíritu Santo.
 
 
 
 
Pedro en Lida cura al paralítico Eneas

 
32 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos (a los fieles) que habitaban en Lida. 33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: «Eneas, Jesús Cristo te sana; levántate, y haz tu cama». Y en seguida se levantó. 35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor (a Jesús). 
 
 
 
 
Pedro en Jope resucita a Dorcas la misericordiosa
 
 
36 Había entonces en Jope una discípula (es decir fiel) llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en el piso superior. 38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos (los fieles), oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogándole que no tardase  en ir a ellos. 39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le subieron a la sala. Y se le presentaron todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando vivía. 40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: «Tabita, levántate». Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos (a los fieles) y a las viudas, la presentó viva. 42 Y se enteró toda Jope, y muchos creyeron en el Señor (en Jesús). 43 Y se quedó (Pedro) bastantes días en Jope, en casa de un cierto Simón, curtidor.
 
 
 
 
 
  

10 Un ángel se presenta al centurión Cornelio. Llamada de Pedro.
 

 

1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada "la espiral italiana". 2 Este era piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. 3 Este vio claramente en una visión, como a las tres del mediodía, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: « ¡Cornelio!». 4 Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: «¿Qué es, Señor?» Y le dijo: «Tus oraciones y tus limosnas han subido (al cielo)  para que Dios las tenga en cuenta. 5 Y ahora envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. 6 Este es hospedado en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar». 7 Ido el ángel que hablaba con Cornelio, este llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; 8 a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo.
 
 
 
 
 
 
La visión de Pedro con los animales impuros. 
«Lo que Dios limpió, no lo llames tú común»

 
 
9 Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de las doce (del mediodía). 10 Y tuvo  hambre, y quiso comer; pero mientras aquellos preparaban la comida, a él le  sobrevino un éxtasis. 11 Y vio el cielo abierto, y descender sobre él algo semejante a una sábana grande, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra. 12 Dentro de él había estaban todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. 13 Y vino a él una voz: «Levántate, Pedro, mata y come». 14 Entonces Pedro dijo: «Señor, no; porque ninguna cosa contaminada o inmunda he comido jamás». 15 Volvió la voz a él la segunda vez: «Lo que Dios limpió, no lo llames tú impuro». 16 Esto se hizo tres veces; y aquello (lo semejante a una sábana) volvió a ser recogido en el cielo. 
 
 
 
 
 
El Espíritu hacia Pedro sobre los enviados a Cornelio  


17 Y mientras Pedro se preguntataba dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había tenido, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta exterior. 18 Y llamando, preguntaron: «¿Simón, que tiene por sobrenombre Pedro, está siendo aquí hospedado?». 19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: «He aquí, tres hombres te buscan». 20 «Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado». 21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: «He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?» 22 Ellos dijeron: «Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras». 23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. 
 
 
 
 
 
Pedro va a casa de Cornelio en Cesarea  
  
 
 
Al otro día se levantió y partió con ellos. Y con el fueron algunos de los hermanos de Jope. 24 Y al otro día llegaron a Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. 25 Cuando Pedro iba a entrar a las casa, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, le reverenció. 26 Mas Pedro le levantó, diciendo: «¡Levántate! Υo también soy hombre como tú». 27 Y hablando con él, entró en la casa. Y halló a muchos que se habían reunido. 28 Y les dijo: «Vosotros sabéis, que no le está permitido a un judío juntarse o visitar a un extranjero. Pero a mí me ha mostrado Dios que no considere contaminado o impuro  a ningún hombre. 29 Por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?» 

30 Entonces Cornelio dijo: «Cuatro días ayunaba hasta aquel momento. Y a las tres de la tarde oraba en mi casa. Y he aquí que 
un varón con vestido resplandeciente se puso delante de mí  31 y dijo: «Cornelio, tu oración ha sido oída, y Dios ha tenido en cuenta tus limosnas. 32 Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro. Él mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. 33 Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí presentes ante Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado».
 
 
 
 
 
Homilía de Pedro en casa de Cornelio 


34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: «En verdad comprendo, que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que es aceptado por él todo el que le respeta y hace el bien. 36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesús Cristo; este es Señor de todos. 37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén. Llegaron hasta el punto de matarle, colgándole en un madero (de la cruz). 40 A este levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había elegido de antemano, es decir a nosotros, que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por juez de vivos y muertos. 43 De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre». 
 
 
 
 
 
 
Derramamiento del Espíritu Santo sobre los gentiles 


44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo descendió con ímpetu sobre todos los que oían el discurso. 45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. 47 Entonces dijo Pedro: «¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?» 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor (es decir reconociendo a Jesús como el Señor) . Entonces le rogaron que se quedase con ellos por algunos días.
 

 

 

 

 11 Pedro es criticado y se disculpa

 



1 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido el logos de Dios. 2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, los fieles de procedencia judaica le reprochaban 3 diciendo: «Has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos» 4 Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: 5 «Estaba yo en la ciudad de Jope orando. Υ vi en estado de éxtasis tuve una visión. Algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. 6 Cuando fijé en él los ojos, lo observé y vi los cuadrúpedos terrestres, y las fieras, y los reptiles, y las aves del cielo. 7 Y oí una voz que me decía: "Levántate, Pedro, mata y come". 8 Pero dije: "¡No, Señor! Porque nunca ha entrado en mi boca ninguna cosa contaminada o impura. 9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: "Lo que Dios limpió, no lo llames tú impuro". 10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. 11 Y he aquí, en ese mismo momento tres hombres llegaron a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. 12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa del hombre. 13 Y nos contó cómo había visto a un ángel que se presentó en su casa y le dijo: "Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. 14 Él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. 15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo con ímpetu sobre ellos, como sobre nosotros al principio (en el día de Pentecostés). 16 Entonces me acordé del logos del Señor, cuando dijo: "Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo". 17 Si Dios, pues, les concedió también este don, tal como a nosotros, tras haber  creído en el Señor Jesús Cristo, ¿quién era yo entonces para poder obstaculizar a  Dios? 
18 Y cuendo oyeron estas cosas, pararon de oponerse, y glorificaron a Dios, diciendo: «¡De manera que también a los gentiles ha establecido Dios el arrepentimiento para vida (vida espiritual y eterna!)»

  

 


 La Iglesia en Antioquía. El nombre cristianos

 


19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía. Y no predicaron a nadie el logos, sino solo a los judíos. 20 Y algunos de ellos eran de Chipre y de Cirene. Estos, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los judios helenófonos, predicando al Señor Jesús. 21 Y la mano (el poder) del Señor estaba con ellos, y gran número y se convirtió al Señor (Jesús). 
22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la Iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron desde allí a Bernabé para que fuese hasta Antioquía. 23 Este, cuando llegó allí, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. 24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. 
25 Entonces Bernabé fue a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. 26 Y durante todo un año fueron a las congregaciones eclesiásticas y enseñaron a mucha gente. Y a los discípulos (los fieles) se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. 
 
 


Agabo profetiza hambre. Envío de ayuda a Judea. 
 
 
27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, y por revelación del Espíritu manifestó, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada. Y realmente sucedió en tiempo de Claudio César. 29 Entonces los discípulos (los fieles), cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; 30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
 
 
 
 

 

12 Muerte de Jacobo y encarcelamiento de Pedro   

 


1 En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarles. 2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. 3 Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los Ácimos (de la Pascua). 4 Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle para ser juzgado frente al pueblo después de la Pascua. 5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; y la Iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
 
 
 
 

Pedro es librado milagrosamente de la cárcel

 
6 Y cuando Herodes le iba a sacar para llevarle al tribunal, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7 Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la celda de la  cárcel. Y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: «Levántate pronto». Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8 Le dijo el ángel: «Cíñete, y átate las sandalias». Y lo hizo así. Y le dijo: «Ponte tu manto, y sígueme». 
9 Y saliendo, le seguía. Pero no entendía que esto que hacía el ángel era real, sino que pensaba que era una visión. 10 Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se fue de él. 11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes y de todo mal, que el pueblo de los judíos esperaba que me aconteciese». 
 
 
 
 
El divertido incidente con Rode


12 Y habiendo entendido dónde estaba, fue a casa de María, la madre de Juan, el que también se llamaba Marcos, donde estaban reunidos bastantes orando. 13 Cuando llamó Pedro a la puerta de fuera, salió a abrir una sirviente llamada Rode, 14 Pero cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. 15 Y ellos le dijeron: «Estás loca». Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: «¡Es su ángel!» 16 Mas Pedro persistía en llamar. Υ cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos. 17 Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: «Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos». Después salió, y se fue a otro lugar. 
 
 
 
Encarcelamiento de los guardias 


18 Luego que fue de día, hubo gran alboroto entre los soldados, sobre qué había sido de Pedro. 19 Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, interrogó a los guardas, y ordenó encarcelarlos. Después descendió de Judea y se quedó allí en 
Cesarea
 
 
 
  
Un ángel del Señor hiere al vanidoso Herodes

 
20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón. Pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían relaciones pacíficas, porque su territorio era abastecido por el del rey. 21 Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. 22 Y el pueblo aclamaba gritando: «¡Voz de Dios, y no de hombre!» 23 Al momento un ángel del Señor le hirió (con una enfermedad terrible), por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.

24 Pero el logos del Señor crecía y se multiplicaba. 25 Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.

 

 

 

 

13 El Espíritu envía a Bernabé y a Saulo a Chipre

 


1 Había entonces en la Iglesia de Antioquía algunos profetas y maestros: Bernabé, Simón que también se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2 Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». 3 Entonces, habiendo ayunado y orado de nuevo, les impusieron las manos y los despidieron. 
4 Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. 5 Y llegados a Salamina (de Chipre), anunciaban el logos de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante. 
 
 
 
 
 
Saulo o Pablo, procónsul Sergio Paulo y el mago Barjesús  
 
 
6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago y falso profeta judío, llamado Barjesús. 7 Y estaba junto con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír el logos de Dios. 8 Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. 9 Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, 10 le dijo: «¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás cegado, y no verás el sol por algún tiempo». E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano. 12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
 
 
 

Pablo predica en Antioquía de Pisidia
 
 

13 Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia. Pero Juan les dejó y volvió a Jerusalén. 14 Ellos cruzaron la región, y de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. Y entraron en la sinagoga un Sábado y se sentaron. 15 Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: «Hermanos, si tenéis algunas palabras alentadoras y constructivas que decir al pueblo, decidlas». 
16 Entonces Pablo, levantándose, hecha señal con la mano (de que iba a hablar), dijo: «Israelitas, y vosotros los que os habéis convertido y teméis a Dios, escuchad.  17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres. E hizo numeroso y fuerte al pueblo, en el lugar de expatriación, en tierra de Egipto. Y con gran poder  los sacó de ella. 18 Y durante cuarenta años los sustentó en el desierto. 19 Y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán, les dio en herencia su territorio. 20 Y después de esto, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel. 21 Y desde entonces pidieron rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. 22 Quitado este, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, un hombre como lo quiere mi corazón. Este  hará todas mis voluntades. 23 De la descendencia de este, y conforme a la promesa, Dios levantó un Salvador a Israel (a Jesús)
24 Y Juan, antes de que viniese él, como preparación predicó el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25 Y mientras Juan realizaba su misión, decía: "¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí viene tras mí uno, de quien no soy digno de desatar el calzado de sus pies".

26 Hermanos, hijos procedentes de Abraham, y los convertidos que entre vosotros que respetáis a Dios, a vosotros ha sido enviado este mensaje de salvación. 27 Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, rechazando a Jesús y condenándole, cumplieron así las palabras de los profetas, que se leen cada Sábado. 28 Y aunque no hallaron en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. 29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas sobre él, le bajaron del madero (de la cruz), y le dieron sepulcro. 30 Mas Dios le levantó de los muertos. 31 Y durante muchos días 
se apareció  a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén. Estos son sus testigos ante el pueblo. 32 Y nosotros también os predicamos sobre la promesa dada a los padres, 33 que Dios la ha cumplido sobre sus hijos, es decir sobre nosotros, trayendo al mundo a Jesús,  como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú (no eres hijo de un hombre), yo te he engendrado hoy (te he traido al mundo como hombre) 34 Y en cuanto a que le resucitó de los muertos y nunca más volverá a la muerte, lo dijo así: realizaré sobre vosotros las sagradas fieles promesas hacia  David. 35 Por eso dice también en otra parte: No permitirás que tu santo vea corrupción (descomposición del cuerpo). 36 Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según al plan de Dios, durmió (la dormición de la muerte), y fue reunido con sus padres, y vio corrupción (descomposición del cuerpo). 37 Mas aquel a quien Dios resucitó, no vio corrupción (descomposición del cuerpo). 38 Sabed entonces, hermanos, que gracias a él se os anuncia perdón de los pecados. 39 Y por él todo el que cree es redimido de todo aquello, de lo que no pudisteis ser redimidos por la ley de Moisés. 40 Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: 41 Mirad, menospreciadores, y asombraos, y desapareced. Porque yo hago una obra (punitiva) en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os lo describiese». 
 
 
 
 
 
Acepción entusiasta del logos y persecución por los judíos 


42 Cuando saliero (Pablo y Bernabé) de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente Sábado les hablasen de estas cosas. 43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios.

44 Y el siguiente Sábado se juntó casi toda la ciudad para escuchar el logos de Dios. 45 Pero cuando los judíos vieron la multitud del pueblo, se llenaron de celos y de fanatismo, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. 46 Entonces Pablo y Bernabé, hablando rigurosamente, dijeron: «A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero el logos de Dios. Mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. 47 Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación (de todos indistintamente)  hasta lo último de la tierra». 48 Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y y admitían el logos del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. 
49 Y el logos del Señor se difundía por toda aquella tierra. 50 Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas, y a las mujeres de las clases distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites. 51 Ellos entonces sacudieron contra ellos el polvo de sus pies, y se fueron a Iconio. 52 Y los discípulos (los cristianos) estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.

  

 

 

 

14 Pablo y Bernabé en Iconio  

 


14 Aconteció en Iconio que entraron (Pablo y Bernabé) juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. 2 Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos. 3 Por tanto se quedaron allí bastante tiempo, y predicaban con coraje sobre el Señor, el cual daba testimonio del logos de su gracia, haciendo que tuviesen lugar por las manos de ellos señales y prodigios. 4 Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles.
 
 
 
 
 
Pablo y Bernabé en Listra y en Derbe. 
Curación del cojo de nacimiento y divinización de los apóstoles  
 
 
5 Pero cuando hubo levantamiento de los gentiles y de los judíos juntamente con sus gobernantes, para afrentarlos y apedrearlos, 6 lo entendieron y huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina, 7 y allí predicaban el evangelio.
8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. 9 Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, 10 dijo a gran voz: «Levántate derecho sobre tus pies». Y él saltó, y anduvo. 
11 Entonces la multitud del pueblo, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: «Los dioses han tomado semejanza de hombres y han descendido a nosotros». 12 Y a Bernabé llamaban Júpiter [Zeus], y a Pablo, Mercurio [Hermes], porque este era el que llevaba la palabra. 13 Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y coronas a las puertas de la ciudad, y juntamente con la multitud del pueblo quería ofrecer sacrificios. 
14 Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas (sintieron gran desagrado), y se lanzaron entre la multitud, voceando 15 y diciendo: «Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres de la misma naturaleza que vosotros, que os proclamamos que de estos ídolos os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. 16 En las épocas pasadas él ha dejado a todos los gentiles andar en sus propios caminos; 17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio (sin demostraciones de su existencia), haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones». 18 Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.
 
19 Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. 20 Pero rodeándole los discípulos (los cristianos), se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe. 
 
 
 
 
Regreso a Antioquía de Siria 
 
 

21 Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer bastantes discípulos (cristianos), volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, 22 fortaleciendo las almas de los discípulos (de los cristianos), exhortándoles a que permaneciesen inamovibles en la fe, y diciéndoles que es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. 23 Y constituyeron ancianos en cada Iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. 24 Pasando luego por Pisidia, vinieron a Panfilia. 25 Y habiendo predicado el logos en Perge, descendieron a Atalia. 26 Y de allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios (y comenzaron) para la obra que habían cumplido. 27 Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles. 28 Y se quedaron allí bastante tiempo con los (cristianos).
 
 
 
 
 
 
 
 

15 Pablo y Bernabé en Jerusalén por el tema de la circuncisión

 
1 Entonces algunos bajaron de Judea (a Antioquía) y decían a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos». 2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. 3 Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. 4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la Ιglesia y los apóstoles y los ancianos. Υ refirieron todas las cosas que Dios había hecho a través de ellos. 5 Pero algunos de la facción de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: «Es necesario circuncidarlos (a los gentiles), e instarles que guarden la ley de Moisés.
 
 
 
 
El concilio en Jerusalén 


6 Y se reunieron en concilio los apóstoles y los ancianos para examinar este asunto. 7 Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: !Hermanos! Vosotros sabéis que desde los primeros días de entre nosotros Dios me escogió a mí para que escuchen los gentiles oyesen por mi boca el logos del evangelio y creyesen. 8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros; 9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué provocáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos».

12 Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban las señales y los sorprendentes milagros había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. 

13 Y cuando ellos parararon de hablar, Jacobo respondió diciendo: «Ηermanos, escuchadme. 14 Simón (Pedro) ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 16 Después de esto volveré
y reedificaré la casa derrumbada de David, sí, y 
reedificaré sus ruinas, y lα volveré a levantar, 17 para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles*, los cuales ha sido previsto que sean míos, 18 dice el Señor, quien hace todo esto. 

* Gentiles: los de las naciones. Lit. "οι εθνικοί", [i eznikí] 

 

19 Por lo cual yo considero que no traigamos dificultades se a los gentiles que se convierten a Dios, 20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos*, y de la inmoralidad, y de animal ahogado y de sangre. 

* Comidas procedentes de los sacrificios idólatras o ofrecidos a los ídolos 

 

21 Porque la ley moisaica desde tiempos antiguos es leída y predicada en las sinagogas cada Sábado en cada ciudad (y por lo tanto las leyes respectivas  de la ley mosaica son conocidas y su transgresión provocará escándalo sobre los cristianos de procedencia judaica). 

 

 

Enviados llevan la decisión del Concilio a Antioquía


22 Entonces los apóstoles y los ancianos, junto con toda la Iglesia, decidieron elegir varones de entre ellos y enviarlos a Antioquía junto con Pablo y Bernabé. Y eligieron a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones con puesto de liderazgo entre los hermanos. 23 Y enviaron por medio de ellos la siguiente carta: «Los apóstoles y los ancianos y los hermanos (de la Iglesia de Jerusalén), saludamos a los hermanos que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, que provenís de entre los gentiles 24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, fueron y os han inquietado y han perturbado vuestras almas con palabras, mandando circuncidaros y guardar la ley (mosaica), 25 hemos decidido, habiéndonos reunido y llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26 hombres que han mostrado abnegación en cuanto al nombre de nuestro Señor Jesús Cristo. 27 Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. 28 Es decir hemos decidido por el Espíritu Santo y por nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias; 29 es decir que os abstengáis de las contaminaciones de los ídolos, de sangre de animal ahogado y de la inmoralidad. Si os guardareis a vosotros mismos de estas cosas, bien haréis. Tened salud».

30 Así, pues, ellos partieron y fueron a Antioquía. Y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; 31 habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación. 32 Y Judas, y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras. 33 Y pasando algún tiempo allí, 
los hermanos los enviaron de nuevo hacia los apóstoles con honores. 34 Pero Silas decidió quedarse allí más tiempo. 35 Y Pablo y Bernabé, el tiempo que estuvieron  en Antioquía, enseñaban y predicaban junto con muchos otros el logos del Señor. 

 

 


Exaltación y separación de Pablo y Bernabé

  

36 Y después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: «Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos predicado el logos del Señor, para ver cómo están». 37 Y Bernabé consideró que estaría bien que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos. 38 Pero a Pablo no le parecía bien llevar con ellos al que les había abandonado desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. 39 Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro. Y  Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, 40 y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor 41 Y recorrió Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias. 

 

 



 

16 Timoteo, nuevo colaborador de Pablo. 

 


1. Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo (cristiano)  llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego. 2 Y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3 Quiso Pablo que este fuese con él al sagrado apostolado. Y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego. 4 Y al pasar por las ciudades, les enseñaban (a los fieles) a cumplir las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén. 5 Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día. 
 
 
 
 

«Pasa a Macedonia y ayúdanos»

 
 
6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, debido a que les fue prohibido por el Espíritu Santo predicar el Evangelio en (la provincia) Asia, 7 llegaron a Misia e  intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. 8 Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. 9 Y allí se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: «Pasa a Macedonia y ayúdanos». 10 Cuando tuvo la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio a ellos (a los Macedonios). Pablo en Filipos. 
 
 
 
 
Pablo en Filipos. 
Bautismo de Lidia y de su familia

 

11 Zarpando, pues, de Troas, fuimos directamente a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; 12 y de allí a Filipos. Esta ciudad es la colonia romana más importante de la provincia de Macedonia. Y estuvimos en aquella ciudad algunos días. 13 Y un Sábado salimos fuera de la ciudad, junto al río, donde estaba permitido por la ley que fuese lugar de oración pública 1. Y nos sentamos, y hablábamos con las mujeres que se habían reunido. 
 
 O, que fuese sinagoga. 
 
14 Y una mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas púrpuras (tal vez también de tintes púrpuras), conversa piadosa, escuchaba. Y el Señor abrió su corazón para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. 15 Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: «Si me habéis juzgado fiel al Señor, venid a posar en mi casa». Y nos obligó a quedarnos. 
 

 
 
 
 Liberación del demonio de la sierva adivina 
 


16 Aconteció que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una sierva que tenía espíritu de adivinación (demonio), la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. 17 Esta seguía de cerca a Pablo y a Silas, y daba voces, diciendo: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, y nos anuncian el camino de salvación». 18 Y esto lo hacía por muchos días. Mas desagradando a Pablo, este se volvió y dijo al espíritu: «Te mando en el nombre de Jesús Cristo, que salgas de ella». Y salió en aquel mismο momento.
 
 
 
 
Pablo y Silas son azotados y encarcelados  
 

19 Pero viendo los amos de ella que había salido (junto con el demonio) la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades; 20 y presentándolos a los soldados, dijeron: «Estos hombres, que son judíos, alborotan nuestra ciudad, 21 porque enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos». 22 Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los soldados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. 23 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. 24 El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y para más seguridad les aseguró los pies en el cepo (instrumento de castigo de inmovilización del cuerpo). 
 
 
 
 
Terremoto en la cárcel. Bautizo del carcelero y de todos los de su casa 


25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían. Y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí». 29 Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro (a la celda de la prisión), y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; 30 y sacándolos, les dijo: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?» 31 Ellos dijeron: «Cree en el Señor Jesús Cristo, y serás salvo, tú y tu casa». 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 Y él, tomándolos en aquel momento de la noche les lavó las heridas. Y en seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios. 
 
 
 
 
Liberación de Pablo y de Silas
 
 

35 Cuando fue de día, los soldados enviaron alguaciles a decir (al carcelero): «Libera a aquellos hombres». 36 Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: «Los soldados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz». 37 Pero Pablo les dijo (a los soldados que les azotaron): «Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan de la cárcel  encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos». 38 Y los 
los soldados que les azotaron hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran ciudadanos romanos. 39 Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad. 40 Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los alentaron, y después se fueron.
 
 
 
 
 
 17 Pablo predica en Tesalónica
 
 
1 Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres Sábados dialogó con ellos sobre las Escrituras, 3 interpretando y diciendo declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que «este es el Mesías, Jesús, a quien yo os anuncio». 4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas. También creyeron gran número de los griegos, y de las mujeres nobles no pocas. 
 
 
 
 
Judíos alborotan la ciudad en contra de Pablo y de Silas 
 
 
 
5 Entonces los judíos que no creían tomaron consigo a algunos hombres malos, personas ociosas, y juntando una turba, alborotaron la ciudad. Y llegando a la casa de Jasón (que hospedaba a Pablo y a Silas), les buscaban para llevarlos a la  asamblea del pueblo. 6 Pero no hallándolos, trajeron a la fuerza a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, voceando: «Estos que trastornan el mundo entero, también han venido aquí; 7 Y Jasón los ha recibido; y todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que otro es el rey, Jesús. 8 Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. 9 Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.
 
 
 

 
Pablo predica en Beria. Judíos de Tesalónica le persiguen también allí.   

 


10 Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. 11 Y estos tenían sentimientos más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron el logos con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. 12 Y muchos de ellos 
creyeron, y mujeres griegas de las clases superiores, y no pocos hombres. 13 Cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era anunciado el logos de Dios por Pablo, fueron allá, y también alborotaron a las multitudes. 14 Pero inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí. 15 Y los que se habían encargado de conducir a Pablo le llevaron a Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y Timoteo, de que viniesen a él lo más pronto que pudiesen, salieron. 
 
 
 
 

Pablo en Atenas dialoga con judíos y con filósofos
 

16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se agitaba dentro de él, porque veía la ciudad llena de idolatría. 17 Y en la sinagoga dialogaba con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. 18 Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos se encontraban y dialogaban con él; y algunos decían: «¿Qué querrá decir este palabrero?» Y otros: «Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba a Jesús y la resurrección». 19 Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: «¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? 20 Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.» 21 Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.
 
 
 
 
 
 
 Homilía de Pablo en el Areópago  
 

22 Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: «
¡Αtenienses!, en todo observo que sois muy religiosos; 23 porque pasando y mirando vuestros monumentos religiosos, hallé también un altar con la inscripción, Al Dios no conocido. A este que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. 24 El Dios que creó el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, 25 ni es honrado por manos de hombres, como si tuviese necesidad de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. 26 Y de una sangre ha hecho todas las naciones de los hombres, para que habiten sobre toda la tierra. Y determinó los tiempos, que vivirán, y los límites de su habitación, 27 para que busquen a Dios, quizás lo descubran y lo hallen, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y existimos. Como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque de él ciertamente somos hijos. 29 Entonces si somos hijos de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de invención de hombres (con muertas estatuas sin alma). 30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan. 31 Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó. Y dio fe (de esto) a todos, porque le levantó de los muertos.

32 Pero cuando oyeron resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: «Ya te oiremos acerca de esto otra vez». 33  En este momento Pablo les dejó y se marchó. 34 Mas algunos le siguieron y creyeron. Entre los cuales estaba Dionisio el Areopagita y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
 
 
 
 
 
 
 
18 Pablo predica en Corinto y mucha gente cree
 
 
1 Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. 2 Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos, 3 y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. 4 Y cada Sábado dialogaba en la sinagoga y persuadía a judíos y a griegos. 5 Y hasta que Silas y Timoteo vinieran de Macedonia, Pablo estaba concentrado predicando a los judíos que el Mesías es Jesús. 6 Pero oponiéndose y blasfemando estos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: «La responsabilidad sobre vuestra perdición está sobre vosotros. Yo no soy responsable. De ahora en adelante me iré a los gentiles». 7 Y se fue de allí y fue a la casa de uno llamado Justo. Se había convertido y era temeroso de Dios, y su casa estaba junto a la sinagoga. 8 Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia.Y muchos de los corintios, oyendo (la predicación), creían y eran bautizados. 9 Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: «No temas, sino habla, y no calles. 10 Porque yo estoy contigo, y ninguno te atacará para hacerte mal. Porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad». 11 Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles el logos de Dios. 
 
 
 
 
El acontecimiento con Galión, Pablo y el principal de la sinagoga 


12 Y cuando Galión era procónsul de Acaya, todos los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal, 13 diciendo: «Este persuade a los hombres a honrar a Dios de un modo distinto al establecido por la ley». 14 Y cuando Pablo iba a abrir la boca (para defenderse), Galión dijo a los judíos: «Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh judíos, estaría encantado de escucharos. 15 Pero dado que son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros. Porque yo no quiero ser juez de estas cosas». 16 Y los despidió del tribunal. 17 Entonces todos los griegos, apoderándose de Sóstenes, principal de la sinagoga, le golpeaban delante del tribunal. Pero a Galión nada se le daba de ello. 
 
 
 

Pablo en Éfeso, Antioquía, Galacia y Frigia
 
  
 
18 Mas Pablo, permanenciendo aún bastantes días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto. 19 Y llegó a Éfeso, y los dejó allí; mas él  entró en la sinagoga y habló a los judíos, 20 los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió, 21 sino que se despidió de ellos, diciendo: «Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene. Pero volveré a vosotros de nuevo, si Dios quiere». Y zarpó de Éfeso. 22 Y cuando arribó a Cesarea, subió para saludar a la Iglesia, y luego descendió a Antioquía. 23 Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos (a los cristianos)
 
 
 
 
 
Apolos, «varón elocuente» y «poderoso en las Escrituras» 
 
 

24 Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. 25 Este había sido instruido en el camino del Señor (en la fe cristiana). Y con corazón fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. 26 Y comenzó a predicar en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. 27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos (los cristianos) que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; 28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
 
 
 
 
 
 
 
19 Pablo predica en Éfeso 
 


1 Y cuando Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones interiores, llegó a Éfeso. Y hallando a ciertos discípulos (fieles), 2 les dijo: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?" Y ellos le dijeron: "Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo". 3 Entonces dijo: "¿Entonces, con qué bautismo  fuisteis bautizados?" Ellos dijeron: "Con el bautismo de Juan". 4 Dijo Pablo: "Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús Cristo". 5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados con fe en el nombre del Señor Jesús. 6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. 7 Y eran todos los hombres 
doce. 8 Después entró en la sinagoga, y estuvo hablando durante tres meses, discutiendo y enseñando acerca del reino de Dios. 9 Pero endureciéndose algunos y no creyendo, hablando mal del Camino (de la Fe Cristiana) delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos (a los fieles), y cada día hablaba en la escuela de uno llamado Tiranno. 10 Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en (la región) Asia, judíos y griegos, oyeran el logos del Señor Jesús. 
 
 
 
Milagros extraordinarios 


11 Y Dios por medio de Pablo 
hacía milagros extraordinarios, 12 de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.
 
 
 
 
 
Εl acontecimiento con los exorcistas judíos, hijos del sumo sacerdote Esceva

 
 
13 Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: «Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo». 14 Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. 15 Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: «A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?» 16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos, pudo más que ellos y los maltrató, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. 17 Y esto fue notorio a todos los judíos y griegos que habitaban en Éfeso; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús. 
 
 
 
 
Confesión pública de muchos y quema de libros de magia 
 
 
18 Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. 19 Asimismo muchos de los que habían practicado la magia juntaron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. 20 Así triunfantemente el logos del Señor crecía y prevalecía.
 
 
 
 
Palabras del platero Demetrio contra Pablo 
 

21 Pasadas estas cosas, Pablo decidió pasar por 
Macedonia y Acaya, e ir luego a Jerusalén. Y dijo: «Después que haya ido allí, he de visitar también Roma». 22 Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en (la región de) Asia
23 Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca del Camino (la fe cristiana). 24 Porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata templecillos de Diana, daba no poco trabajo a los artífices. 25 Y reuniendo a todos los obreros del mismo oficio, dijo: «¡Varones!, sabéis bien, que de este oficio depende nuestra prosperidad. 26 Pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda (la región de) Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. 27 Y no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Ártemis* sea estimado en nada, y comience a ser destruida la majestad (su estatua) de aquella a quien venera toda (la región de) Asia, y el mundo entero». 
 
Diana en el mundo romano
 
 
  
 
Gran levantamiento y agitación de los artífices del pueblo 
 
 
28 Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: «¡Grande es Ártemis de los efesios!» 29 Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, seguidores de Pablo. 30 Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos (los cristianos) no le dejaron. 31 También algunas de las autoridades de (la región de) Asia, que eran sus amigos, le enviaron recado, rogándole que no se expusiese a sí mismo al peligro entrando en el teatro. 32 Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido. 33 Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, empujándole los judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quería hablar en su defensa ante el pueblo. 34 Pero cuando le conocieron que era judío, todos a una voz gritaron casi por dos horas: «¡Grande es Diana de los efesios!» 
 
 
 
 
35 Entonces el escribano (alcalde de la ciudad), cuando había apaciguado a la multitud, dijo: «Varones efesios, ¿y quién es el hombre que no sabe que la ciudad de los efesios es adoradora y guardiana de la estatua de la gran diosa Ártemis, que cayó de Júpiter? 36 Puesto que esto no puede contradecirse, es necesario que os apacigüéis, y que nada hagáis precipitadamente. 37 Porque habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa. 38 Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden (para que sean juzgados), y procónsules hay; acúsense los unos a los otros. 39 Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir. 40 Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por esto de hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de esta agitación». 41 Y habiendo dicho esto, despidió la asamblea.
 
 
 
 
20 Pablo en Macedonia, Grecia (sur) y Troada 


1 Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos (a los cristianos), y habiéndo se despedido de ellos, salió para ir a Macedonia. 2 Y después de recorrer aquellas regiones y de fortalecer a los cristianos de allí con muchos discursos, llegó a Grecia (sur). 3 Estuvo allí tres meses. Y aunque se preparaba para embarcarse a  Siria,  debido a que los judíos planeaban matarle, tomó la decisión de volver (a Asia) a través de Macedonia. 4 Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo. 5 Estos, habiéndose adelantado, nos esperaron en Troas. 6 Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura* (de Pascua), navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días.
 * Del gr. "των Αζύμον" [ton Azímon] 
 
 




Caída, muerte y resurrección del joven Eutico

 
7 El primer día de la semana (Domingo)*, reunidos los discípulos (los cristianos) para partir el pan (la Divina Eucaristía)**, Pablo les hablaba, y debido a que partiría al día siguiente, alargó el discurso hasta la medianoche. 
 
* Del gr. "Κυριακή" [Kiriakí] 
** Del gr. "Θεία Ευχαριστία" [Zía Efjaristía], Divina Eucaristía (lit. Divino Agradecimiento)
 
 
 
8 Y en el desván de la casa, donde estábamos reunidos, había bastantes lámparas. 9 Y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto. 
10 Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: «No os alarméis, pues su alma (ha regresado y) está dentro de él». 11 Después subió e hizo la partición del pan (celebró la Divina Eucaristía) y comió. Y habló largamente,  hasta el alba; y así salió. 12 Presentaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados. 
 
 
 
Pablo en Mileto

 
13 Y nosotros nos fuimos antes, y yendo al barco, navegamos a Asón. Y de allí recogeríamos a Pablo, ya que así lo había determinado, queriendo él ir por tierra. 14 Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo, vinimos a Mitilene. 15 Navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo hecho escala en (el cabo de) Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. 16 Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Éfeso, para no perder tiempo en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.
 
 
 
 
Discurso de despedida a los pastores de Éfeso 


17 Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. 18 Cuando vinieron a él, les dijo: «Vosotros sabéis cómo me he comportado ante  vosotros todo el tiempo, desde el primer día que puse el pie en Asia. 19 Serví al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos. 20 Vosotros sabéis que no he rehuido predicaros y enseñaros, públicamente y por las casas. 21 Υ a judíos y a gentiles intensamente he hablado acerca del arrepentimiento ante Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesús Cristo. 22 Y ahora, he aquí, ligado yo espiritualmente (es decir con fuerte impulso de mi espíritu), voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer. 23 Sólo sé que el Espíritu Santo de ciudad en ciudad intensamente da testimonio de mí, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. 24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi camino exitosamente y mi servicio, que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio que da a conocer la gracia de Dios. 25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. 26 Por tanto, yo os declaro que no tengo responsabilidad de cada uno de vosotros, si se pierde. 27 Porque no he temido como para no anunciaros toda la voluntad de Dios. 28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no tendrán piedad del rebaño. 
30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para arrastrar tras sí a los discípulos (a los creyentes). 31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno de vosotros. 
32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y al logos que anuncia su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia entre todos los santos. 33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. 34 Vosotros mismos conocéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: «Más bienaventurado es dar que recibir».

36 Y habiendo dicho estas cosas, se puso de rodillas junto con todos ellos y oró. 37 Entonces hubo gran llanto de todos, y abrazaban a Pablo y muchos besos le daban.  38 Y sentían dolor en gran manera por las palabras que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.
 
 
 
 
 
 
 
 
21 Viaje a Jerusalén. Profecía de Agabo.
 

 
1 Y tras, con dificultad y dolor, separarnos de ellos, zarpamos y fuimos con rumbo directo a Cos, y al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara. 2 Y hallando un barco que pasaba a Fenicia, nos embarcamos, y zarpamos. 3 Al avistar Chipre, dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco había de descargar allí. 
4 Y buscando y encontrando a los discípulos (a los cristianos), nos quedamos allí siete días. Ellos, conociendo por revelación del Espíritu lo que iba a suceder, dijeron a Pablo que no subiese a Jerusalén. 5 Pero cumplidos aquellos días, salimos y continuamos el recorrido, y nos acompañaron todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad. Y puestos de rodillas en la playa, oramos. 6 Después nos despedimos y subimos al barco, y ellos se volvieron a sus casas.

7 Y nosotros completamos la navegación, saliendo de Tiro y arribando a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un día. 8 Al otro día, partimos y fuimos a Cesarea. Y visitamos la casa de Felipe el evangelista (predicador itinerante del evangelio), que era uno de los siete (diáconos de las mesas), y nos quedamos con él. 9 Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban (es decir que hablaban por inspiración del Espíritu Santo). 
10 Y nos quedamos allí bastantes días. Y en este espacio de tiempo descendió de Judea un profeta llamado Agabo, 11 quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: «Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles (de los romanos)». 12 Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén. 13 Pero Pablo respondió: «¿Por qué lloráis e intentáis quebrarme emocionalmente? Yo desde luego estoy dispuesto no solo a ser atado, sino a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús». 14 Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: «Hágase la voluntad del Señor». 

15 Υ después de esos días, nos preparamos y subimos a Jerusalén. 16 Y vinieron también con nosotros de Cesarea algunos de los discípulos (cristianos), trayendo consigo a uno llamado Mnasón, de Chipre, discípulo antiguo (cristiano), con quien nos hospedaríamos.
 
 
 
 
 
 
Visita de Pablo a Santiago. Obediencia al consejo de fieles  sobre el apaciguamiento de los judíos 
 
 
 

17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. 18 Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y y también vinieron todos los ancianos; 19 a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. 20 Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: «Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. 21 Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. 22 ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. 23 Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. 24 Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos (de los sacrificios) para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. 25 Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden ninguna costumbre (ritual) de estas, solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de inmoralidad». 
26 Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose sometido con ellos al ritual de purificación, entró en el recinto sagrado del templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse el sacrificio por cada uno de ellos. 
 
 
 
 
 
Levantamiento de los judíos y arresto de Pablo 
(Hech.9,1-19; 26,12-18) 
 


27 Pero cuando estaban para cumplirse los siete días (del ritual de la purificación), los judíos de Asia, al verle en el 
recinto sagrado del templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, 28 dando voces: «¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar (el templo); y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar. 29 Que quede constancia que antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Éfeso, a quien pensaban que Pablo había metido en el recinto sagrado del templo. 30 Y toda la ciudad fue conmovida, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del recinto sagrado, e inmediatamente cerraron las puertas (para que no entrase de nuevo en el recinto sagrado del templo). 
 
 
 
 
 
Las autoridades romanas intervienen, arrestan y apresan a Pablo. 
 
 
 
31 Y procurando ellos matarle, le llegó la noticia avisó al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalén estaba alborotada. 32 Este, tomando en seguida  soldados y centuriones, corrió a ellos. Y cuando ellos vieron al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo. 33 Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho. 34 Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la base. 35 Al llegar a las gradas (que conducían a la fortaleza), aconteció que era llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la multitud; 36 porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: «¡Matadle!»
 
 
 
 
 
Defensa de Pablo
 

 
37 Cuando comenzaron a meter a Pablo en la base, dijo al tribuno (en griego): «¿Se me permite decirte algo?» Y él dijo: ¿Sabes griego? 38 ¿No eres tú aquel egipcio que levantó una sedición antes de estos días, y sacó al desierto los cuatro mil hombres armados con espadas de guerra?» 39 Entonces dijo Pablo: «Yo  soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo». 40 Y él se lo permitió, y Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo (para que callasen). Y cuando hubo suficiente silencio, les habló en lengua hebrea, diciendo:



 

 

22 «Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros». 2 Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio. Y él les dijo: 3 «Yo soy judío, he nacido en Tarso de Cilicia y he sido formado en esta ciudad como discípulo [alumno] de Gamaliel. He sido enseñado conforme a la exactitud de ley de los padres, y era celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros. 4 Perseguía yo este Camino (la Fe Cristiana) hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres, 5 como el sumo sacerdote también me es testigo, y todo el concilio. De ellos también recibí cartas para los hermanos en Damasco, y fui para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados.

6 Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; 7 y caí al suelo, y oí una voz que me decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» 8 Yo entonces respondí: «¿Quién eres, Señor?» Y me dijo: «Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues.» 9 Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero la voz de aquel que me hablaba, no la oyeron como palabras y significados (sino como un ruido y estruendo). 10 Dije entonces: «¿Qué haré, Señor?» Y el Señor me dijo: «Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas». 11 Y como yo no veía a causa de aquella luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

12 Entonces uno llamado Ananías, varón respetuoso en cuanto a la ley, honrado por todos los judíos que vivían en Damasco, 13 vino a mí, y acercándose, me dijo: «Hermano Saulo, recibe la vista». Y yo en aquel mismo momento recobré la vista y le miré. 14 Y él dijo: «El Dios de nuestros padres te ha escogido y te ha establecido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo (al Bondadoso, al Santo), y oigas la voz de su boca. 15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de todo lo que has visto y oído. 16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y sé lavado de tus pecados, invocando el nombre del Señor (Jesús).
 
17 Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo sagrado del templo, me sobrevino un éxtasis. 18 Y le vi que me decía: «Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí». 19 Yo dije: «Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti. 20 Υ cuando se derramaba la sangre de tu mártir Esteban, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban (Por eso pienso que me creerán y se convencerán). 21 Pero me dijo: «Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles». 
 
 


Pablo reclama su condición como ciudadano romano 
 

22 Y le oyeron hasta estas palabras (que dijo sobre los gentiles). Entonces alzaron la voz, diciendo: «
¡Haz desaparecer de la tierra a este sujeto! ¡Porque no debería vivir ya! 23 Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire, 24 mandó el tribuno que le metiesen en la base. Y ordenó que fuese enmendado con azotes, para aprender por qué causa clamaban así contra él. 25 Pero cuando le ataron estirado para azotarle, Pablo dijo al centurión que estaba presente: «¿Os es lícito azotar a un hombre, que es ciudadano romano, sin haber sido condenado?» 26 Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: «Cuidado con lo que vas a hacer. Porque este hombre es ciudadano romano». 27 Entonces se le acercó el tribuno y le dijo: «Dime, ¿eres tú ciudadano romano?» Él dijo: «Sí». 28 Respondió el tribuno: «Yo con una gran suma adquirí este derecho político». Entonces Pablo dijo: «Υo nací siendo ya ciudadano romano». 29 Así que, luego se apartaron de él los que le iban a enmendar.
 
 
 
 
Pablo ante el concilio. División del concilio.

30 Al día siguiente, queriendo conocer la verdad, es decir la causa por la cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio. Y bajando a Pablo (de la base a la ciudad), le presentó ante ellos.

 

 

 


23 Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: «¡Varones hermanos! Υo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy». 2 Pero el sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca. 3 Entonces Pablo le dijo: «¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! A pesar de que estás sentado en el puesto judicial para juzgarme conforme a la ley, quebrantas la ley mandándome golpear». 4 Los que estaban presentes dijeron: «¿Al sumo sacerdote de Dios injurias?» 5 Pablo dijo: «No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote». Pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.

6 Entonces Pablo, notando que una parte
 era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: «¡Varones hermanos!, yo soy fariseo, hijo de fariseo. Yo soy juzgado, porque creo en la resurrección de los muertos». 7 Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. 8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu (alma); pero los fariseos afirman estas cosas (es decir la resurrección y la existencia de espíritus angelicales y humanos). 9 Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas (los maestros de la ley) de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: «Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu (de hombre) le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios».
 
10 Y debido a que hubo gran disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a a base.

11 A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: «
¡Ten coraje, Pablo!, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma. 
 
 
 
 

Complot contra Pablo 
 

12 Venido el día, algunos de los judíos se reunieron con aversión y se juramentaron a sí mismo bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo. 13 Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración, 14 los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: «Hemos hecho juramentado estricto sobre nosotros mismos, de no poner nada en nuestras bocas, hasta que hayamos dado muerte a Pablo. 15 Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue».

16 Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la emboscada, fue y entró en la base, y dio aviso a Pablo. 17 Entonces Pablo llamó a uno de los centuriones y le dijo: «Lleva a este joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle». 18 Él entonces tomándole, le llevó al tribuno, y le dijo: «El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte». 19 El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: «¿Qué es lo que tienes que decirme?» 20 Él le dijo: «Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. 21 Pero tú no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le preparan un complot. Y se han juramentado bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa». 22 Entonces el tribuno dejó al joven, marcharse, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto. 
 
  
 
 

Pablo es enviado a Cesarea a Félix el gobernador

 
 
23 Después llamó a dos de los centuriones, y ordenó: «A partir de las nueve de las noche tened listos a doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que vayan hasta Cesarea. 24 Preparad también cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevéis en salvo a Félix el gobernador». 25 Y escribió una carta en estos términos: 26 «Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: ¡Salud! 27 A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano. 28 Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos. 29 Υ hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión. 30 Pero al ser avisado de asechanzas de muerte que los judíos habían tendido contra este hombre, directamente te le he enviado a ti, encargando también a los acusadores que digan delante de ti lo que tengan contra él. Salud».

31 Y los soldados entonces, según la orden que recibieron, tomaron a Pablo y le llevaron de noche a Antípatris. 32 Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la base. 33 Cuando aquellos (los jinetes) llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. 34 Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y habiendo entendido que era de Cilicia, 35 le dijo: «Te escucharé atentamente cuando vengan también tus acusadores». Y mandó que le custodiasen en el pretorio (palacio) de Herodes.
 
 
 
 
 
 
 
24 Acusaciones contra Pablo
  
1 Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto abogado llamado Tértulo, e hicieron demanda contra Pablo ante el gobernador. 2-3 Y cuando este fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: «¡Excelentísimo Félix! Debido a ti gozamos de gran paz, y grandes obras tienen lugar en este estado con tu cuidado. En todo tiempo y en todo lugar lo reconocemos esto con toda gratitud. 4 Pero para no cansarte más, te ruego que nos oigas con tu amabilidad lo que brevemente diremos. 5 Porque hemos hallado que este hombre es una herida y una calamidad. Promueve levantamientos entre todos los judíos por todo el mundo. Y es cabecilla de la secta de los nazarenos. 6 Intentó también profanar el templo. Por eso le prendimos y quisimos juzgarle conforme a nuestra ley. 7 Pero vino el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos, mandando a sus acusadores que viniesen a ti. 8 Tú mismo, pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos». 9 Los judíos también atacaron (los gobernantes) confirmando intensamente que así son las cosas. 
 
 
 
 
 
Respuesta de Pablo ante las acusaciones 


10 Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, este respondió: «Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con mejor disposición haré mi defensa. 11 Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén. 12 Y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad. 13 Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan. 14 Pero esto te confieso, que según el Camino (la Fe Cristiana) que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; 15 esperando en Dios lo que ellos también esperan, es decir de que habrá resurrección de los muertos, así de buenos como de malos. 16 Y por eso yo procuro tener siempre una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres. 
17 Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas. 18 Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. 19 Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo. 20 O digan estos de aquí qué mala práctica en contraron en mí, cuando comparecí ante el concilio, 21 a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: "Υο hoy soy juzgado por vosotros, debido a que creo en la resurrección de los muertos"». 





Félix no emitió una decisión y dejó a Pablo en la cárcel


 
22 Entonces Félix cuando oyó estas cosas, aplazó al asunto, para informarse más exactamente sobre el Camino (la Fe Cristiana), y dijo: «Cuando descendiere el tribuno Lisias, decidiré sobre vuestro asunto». 23 Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o visitarle.

24 Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Cristo. 25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: «De momento vete, pero cuando tenga de nuevo tiempo, te llamaré. 26 Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. 27 Pero al cabo de dos años (de estar encerrado Pablo en Cesarea) recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix hacer favor a los judíos para que se sintiesen obligados, dejó preso a Pablo.
 
 
 
 
 
 
25 Pablo ante el gobernador Festo
 

1 Y Festo tres días después de su llegada a la región (de Siria) desde Cesarea, subió a Jerusalén. 2 Y los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron, 3 pidiendo contra él, como gracia, que le hiciese traer a Jerusalén, porque prepararon una celada para matarle en el camino. 4 Pero Festo respondió que Pablo será mantenido en Cesarea, adonde él mismo partiría en breve (regresando a Cesarea). 5 «Los que de vosotros puedan», dijo, «desciendan conmigo, y si hay algο digno de condenar en este hombre, acúsenle».

6 Y permaneciendo entre ellos (en Jerusalén) más diez días, bajó a Cesarea, y al siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que fuese traído Pablo. 7 Cuando este llegó, lo rodearon los judíos que habían bajado de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar. 8 Alegó Pablo en su defensa: «Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he cometido ningún error».
 
 
 
 
 
«Apelo al César» 
 
 
 
9 Pero Festo, queriendo hacer favor a los judíos, dijo entonces a Pablo: «¿Quieres subir a Jerusalén, y ser juzgado allí de estas acusaciones por partre de mí?» 10 Pero Pablo dijo: «Ante el tribunal de César estoy, y aquí debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. 11 Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no busco evitar la muerte; pero si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo». 12 Entonces Festo, habiendo hablado con sus consejeros, respondió: «A César has apelado; a César irás». 
 
 
 
 
Festo habla al rey Agripa sobre Pablo. Pablo ante a Agripa. 
 
 

13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para saludar a Festo. 14 Y como estuvieron allí muchos días, Festo expuso al rey la causa de Pablo, diciendo: «Un hombre ha sido dejado preso por Félix, 15 respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, presentaron y formularon acusaciones contra él y 
pidieron su condenación. 16 A estos respondí que no es costumbre de los romanos entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación. 17 Y como ellos han venido conmigo aquí, no he hecho ninguna dilación, pero al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre. 18 Pero cuando se presentaron los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba, 19 sino que tenían contra él ciertas diferencias acerca de su religión, y de un cierto Jesús, que había muerto, y que Pablo decía que había resucitado. 20 Y como yo no sabía cómo examinar cuestión semejante, le pregunté si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas. 21 Mas como Pablo apeló para que se le reservase para ser juzgado por el Augusto (el emperador), mandé que le custodiasen hasta que le enviara yo a César». 22 Entonces Agripa dijo a Festo: «Yo también quisiera oír a ese hombre». Y él le dijo: «Mañana le oirás».

23 Al otro día, vinieron Agripa y Berenice con mucha pompa y ostentación, y entraron en la audiencia del tribunal junto con los tribunos y los principales hombres de la ciudad. Y Festo ordenó y trajeron a Pablo. 24 Entonces Festo dijo: «
¡Rey Agripa y todos los reunidos! Véis a este hombre, respecto del cual toda la multitud de los judíos han formulado acusaciones ante mí, en Jerusalén y aquí, dando voces que no debe vivir más. 25 Pero yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarle allí. 26 Sin embargo no tengo cosa cierta que escribir sobre este señor (al emperador), le he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarle, tenga yo qué escribir. 27 Porque no me parece lógico, enviando un preso, no informar de los cargos que haya en su contra».
 
 
 
 
 
 
 
26 Defensa de Pablo ante Agripa
(Hech. 9,1-19 - 22,6-16)  




1 Entonces Agripa dijo a Pablo: «Te está permitido defenderte». Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa:

2 «Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. 3 Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me escuches con paciencia. 

4 Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; 5 los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa línea de nuestra religión como fariseo. 6 Y ahora, me presento aquí y 
soy llamado a juicio por la esperanza del cumplimiento de la promesa que hizo Dios a nuestros padres. 7 Promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. 8 ¿Porque, es algo imposible para vosotros que Dios resucite a los muertos? 9 Y yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret. 10 Y lo hice en Jerusalén. Y así a muchos de los santos (los cristianos), yo les encerré en las cárceles habiendo recibido poder de los principales sacerdotes; y cuando eras asesinados, yo daba mi complacencia. 11 Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.
12. Y entonces yendo también a Damasco con autoridad y permiso, que había recibido de los sumos sacerdotes, 13 por la mediodía ví en el camino, rey, una luz del cielo más brillante que el sol brillando alrededor de mí y de mis acompañantes. 14. Entonces todos caímos en tierra repentinamente, y escuché una voz, que se dirigía a mí y me decía en lengua hebrea: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa es para ti dar patadas sobre los clavos". 15 Yo entonces dije: "¿Quién eres, Señor?" Él dijo: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16 Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de las que verás, cuando me aparezca a ti en el futuro. 17 Te libraré del pueblo, y de los gentiles, a quienes yo te envío, 18 para que abras sus ojos, de modo que vuelvan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban perdón de pecados y herencia entre los santificados, por la fe en mí.
 
19 Por lo cual, oh rey Agripa, no negué obedecer a la visión celestial. 20 Pero  primeramente a los que están en Damasco, y después en Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, predico que se arrepientan y se convieran a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. 21 Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme. 22 Pero Dios me ayudó, y hasta el día de hoy vivo y doy testimonio a pequeños y a grandes. Y no digo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: 23 Que el Cristo había de morir, y ser el primero de la resurrección de los muertos (sin volver a la muerte), para anunciar vida al pueblo y a los gentiles». 
 
 
 
 
Εl impacto de la defensa 
 
 
24 Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: «¡Estás loco, Pablo! las muchas letras te han vuelto loco». 25 Mas él dijo: «No estoy loco, excelentísimo Festo. Sino que digo palabras verdaderas y lógicas. 26 Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues esto no ha tenido lugar en un algún rincón alejado. 27 ¿Crees, oh rey Agripa, en los profetas? Sé que crees». 28 Entonces Agripa dijo a Pablo: «¡Por poco me persuades a ser cristiano!». 29 Y Pablo dijo: «¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas». 

30 Cuando había dicho estas cosas, se levantó el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que se habían sentado con ellos; 31 y yéndose, hablaban entre sí, diciendo: «Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre». 32 Y Agripa dijo a Festo: «Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César (para ser juzgado por él)».
 
 
 
 
 
 
 
27 Pablo preso navega hacia Roma 
 
  


1 Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la unidad militar "espiral de Sebaste". 2 Y embarcándonos en una nave de Adramitio, para navegar hacia las partes (costeras de la región) de Asia, zarpamos. Y con nosotros estaba Aristarco el  macedonio de Tesalónica. 3 Y al otro día llegamos a Sidón. Y Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que visitase a sus amigos, para ser atendido por ellos. 4 Y haciéndonos a la vela desde allí, navegamos a sotavento de Chipre, porque los vientos eran contrarios. 5 Habiendo atravesado el mar frente a Cilicia y Panfilia, arribamos a Mira, ciudad de Licia. 6 Y hallando allí el centurión una nave de Alejandría que zarpaba para Italia, nos embarcó en ella. 

 

 

Llegada a Creta. El consejo de Pablo no es escuchado. 

  

7 Navegamos muchos días despacio, y llegamos a duras penas frente a Gnido.  Y porque nos impedía el viento, navegamos a sotavento de Creta, frente a Salmón (es decir desde el lado sur). 8 Y costeándola (Creta) con gran dificultad, llegamos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.

9 Y debido a que había pasado bastante tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno (el ayuno otoñal de los judíos en torno al día de la Purificación, después de la cual la navegación se consideraba peligrosa)  Pablo les aconsejaba, 10 diciéndoles: «Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no solo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras vidas». 11 Pero el centurión más escuchaba al gobernador y al propietario de la nave, que a lo que Pablo decía. 12 Y debido a que el puerto era inadecuado  para hibernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen llegar e 
hibernar en Fenice, puerto de Creta dirigido al viento suroeste y al viento noroeste.

 

 

Terrible y desesperante tempestad en el mar. Predicción divina de la salvación de todos por causa de Pablo.


13 Y cuando comenzó a soplar un suave viento sur, les pareció que ya tenían lo que deseaban. Así levaron anclas y rodearon Creta muy cerca de la costa. 14 Pero poco después estalló 
un viento huracanado contra la nave lamado Euroclidón. 15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistirse al viento, nos abandonamos a la merced de la corriente. 16 Y habiendo pasado bajo una pequeña isla llamada Clauda 1con gran dificultad logramos adueñarnos del bote salvavidas (que estaba amarrado detrás del barco y era remolcado por él)

1 Se trata de la isla llamada Gavdos

 

17 Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos (cuerdas) para ceñir la nave (y que no se abriese); y teniendo temor de dar en Sirte (tramo poco profundo y arenoso de la costa africana sin puerto), bajaron el ancla y dejaron al barco ser llevado por las olas. 18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día sacaron y arrojaron al mar parte de la carga. 19 Y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. 20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.


21 Entonces Pablo, como hacía ya muchos días que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23 Porque se me ha presentado esta noche un ángel de Dios, al cual yo pertenezco, y al cual adoro, 24 diciendo: "Pablo, no temas; es seguro que comparecerás ante César. Y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo". 25 
¡Por tanto, oh varones, tened buen ánimo!; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. 26 Con todo, es necesario que demos en alguna isla». 


27 Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; 28 y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. 29 Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. 30 Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. 31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. 32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.

33 Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. 34 Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 35 Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. 36 Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. 37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. 38 Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar. 
 
 
 
 
Νaufragio y salvación de todos



27 Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra; 28 y echando la sonda (para medir la profundidad del mar), hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. 29 Y temiendo dar en escollos (rocas y arrecifes), echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. 
1
  
1 Ο, deseaban que los encontrase el día. 
 
 
30 Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa. 31 Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros». 32 Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse.

33 Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: «Este es el decimocuarto día que, esperando a qué pasará, permanecéis en ayunas, sin haber comido nada. 34 Por eso os ruego que cojáis comida. Porque esto es necesario para vuestra salvación. Y ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá». 
35 Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. 36 Entonces todos, cogiendo valor, comieron también. 37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. 38 Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar. 

39 Y cuando se hizo de día, no reconocían la tierra firme, pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave. 40 Soltando, pues, las anclas, las dejaron que cayesen en el mar. Soltaron también las amarras con las que habían atado los timones (para inmovilizarlos debido a la tempestad); e
 izada al viento la vela de proa, intentaron dirigir la nave hacia la playa. 41 Pero debido a que cayeron en un lugar que en medio tenía tierra firme, que cortaba el mar en dos, impulsaron fuera la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se deshacía  con la violencia de las olas. 42 Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. 43 Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra; 44 y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así todos llegaron a tierra y se salvaron.
 
 
 
 
 
 
28 Pablo en Malta. Humanidad de los "bárbaros". El milagro con la víbora. Curaciones. 
 
 


1 Y estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba "Melíti" 1
 
1 Como fue demostrado tras una seria argumentación científica, "Μελίτη" es Cefalonia, y no Malta.
 
 
2 Y los "bárbaros" (así llamados debido a su subdesarrollo de idioma y educación) nos mostraron un comportamiento muy humano. Encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía y del frío. 3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 Cuando los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: «Ciertamente este hombre es homicida; porque, escapado del mar, "Díki" (la diosa de la justicia) no le deja vivir». 5 Pero él, se sacudió de él la víbora sobre el fuego, y ningún daño padeció. 6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente. Mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios. 
7 En aquellos lugares tenía propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. 8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. 9 Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; 10 los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias. 
 
 
 
 
Llegada a Roma.
Hermanos salieron al encuentro de Pablo y cobró aliento. 
 

11 Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a los Dioscuros (
Cástor y Pólux, hijos gemelos de Día, dioses patronos de los marineros). 12 Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. 13 De allí, costeando alrededor (Sicilia), llegamos a Regio; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli. 14 Allí  hallamos hermanos, nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días. Y luego fuimos a Roma. 15 Allí, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento. 
 
 
 
 
Pablo es mantenido en una casa particular como honra y predica «sin obstáculos»  
 
 
16 Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte (no con los otros presos en la base militar) , con un soldado que le custodiase. 

17 Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos.Y cuando estuvieron reunidos, les dijo: 
«¡Ηermanos! Yo, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos. 18 Y ellos, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. 19 Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación. 20 Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel (esperanza mesiánica) llevo esta cadena». 
21 Entonces ellos le dijeron: «Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. 22 Pero querríamos oír de ti lo que piensas. Porque respecto a este movimiento religioso al que perteneces, nos es notorio que en todas partes se habla contra ella».

23 Y habiéndole señalado un día, vinieron más a él, al alojamiento. Y les hablaba  largamente, predicando el reino de Dios y enseñándoles sobre Jesús (como Mesías)  tanto por la ley de Moisés como por los profetas, desde la mañana hasta la noche.  24 Y algunos creían en lo que se decía, pero otros no creían.
 
25 Y no estando de acuerdo entre ellos, se iban, diciendo Pablo estas palabras: «Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 26 Ve a este pueblo, y diles: Οír οιréis, pero no entenderéis.  Y ver  veréis, pero no percibiréis. 27 Porque se ha oscurecido el nus de este pueblo, y se han ensordecido, y han cerrado sus ojos, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el nus y regresen, y yo les perdone. 28 Sabed entonces, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación, que Dios proporciona a los que le escuchan». 29 Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre ellos.

30 Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada. Υ recibía a todos los que le visitaban. 31 Y predicaba el reino de Dios y enseñaba sobre el Señor Jesús Cristo con todo valor, sin impedimento.

 





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