Hoy nuestra Iglesia también celebra la memoria de un recientemente aparecido santo, de san Nectario. Quisiera señalar 2-3 cosas, sobre su vida, en relación con lo que os decía. Le he denominado recientemente aparecido santo, nuevo, me parece que delata algo, aunque no esté muy concienciado, en la conciencia de la Iglesia. Es decir no es muy conocido en la conciencia de la Iglesia.
Cuando la Iglesia denomina a sus santos más nuevos "recientemente aparecidos" o "nuevos", como por ejemplo a los mártires tras la invasión de Constantinopla, los denomina "nuevos mártires", después de 1453. Porque, diríamos, ¿es una subdivisión histórica? Es decir, ¿se trata de una división de la historia, para un más fácil estudio y clasificación? No queridos, no. Sino que me refiero a lo siguiente; que la Iglesia, dentro de ella, vive los tiempos finales, vive intensamente el final. Y mientras que hasta el s.XV la Iglesia no denomina ni a los "osios" (venerables), ni a los mártires, con alguna caracterización que indique que es nuevo, aunque habían pasado quince siglos desde que vino Cristo al mundo, después del s.XV comienza a tener un sentimieno de los tiempos finales y a hablar sobre nuevos mártires y de santos recientemente aparecidos. De hecho si habéis escuchado durante el oficio litúrgico el tropario, "aparecido en los tiempos finales". ¿Cuáles son estos tiempos finales? La conciencia de la Iglesia tiene esto; vivimos en los tiempos finales.
Es entonces uno de los últimos santos. Nosotros lucharemos, y debemos luchar, y perteneceremos a los últimos santos. Es decir, estamos ya en los últimos tiempos, en que terminará la historia. Un punto distintivo es éste.
Otro segundo punto es que san Nectario vivió una vida que no era conocida por los hombres. Era alguien muy común entre los hombres. Desde luego obispo era. Me diréis, obispos hay muchos. El Metropolitano de Pentápolis en Egipto obispo ayudante del patriarca, y sin embargo, aunque hay muchos obispos como decíamos, por motivos de envidia, le expulsaron de Egipto y fue a Grecia. Era un obispo que perdió su trono. En este momento cuántos obispos hay que hayan perdido su trono, sea justa o sea injustamente. Y sin embargo, quién sospecha jamás, que un obispo pueda tener dentro de él la plena extensión de la santidad.
Vivió una vida silenciosa, inadvertida. Cuando fue a Grecia, y subía y bajaba las escaleras de los Ministerios de Educación y del Exterior, reconstruyéndose a sí mismo y a su imagen, y ser designado en algún puesto. Y consiguió después de mucho tiempo y mucha lucha, ser designado —quién le haría esto a un obispo— predicador en Calcida, en Lamía, en nuestra región, fue designado canónicamente como predicador. Y hacía recorridos, predicaba por los pueblos. Se salva una fotografía de san Nectario, en algún lugar de Eubea, y hay detrás de él mucha gente, una fiesta, muchos llevando el traje tradicional griego, con clarinetes, y san Nectarios salió con ellos en la fotografía. Probablemente le dirían,vamos a hacerno una foto de recuerdo. ¿Quién podría jamás haber pensado, que este humilde jerarca, expulsado del trono, teniendo ahora a su alrededor al pueblo de Dios, que todos celebran, con los clarinetes... que este hombre oculta una enorme santidad?
Este hombre entonces, con sus dificultades, tentaciones, que sólo el los conocía, lo veía también Dios. Y le sacó a la superficie...
Tal como sacó a la superficie a santa Verónica la Hemorroísa, la reveló. Dios revela la virtud, por muy oculta que se encuentre
FUENTE: https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/omiliai-kyriakvn