630 Santos Padres del IV Concilio Ecuménico en Calcedonia. B) PRECISION EN LA FE Y EN LA MORAL

DOMINGO DE LOS SANTOS PADRES DEL IV SÍNODO ECUMÉNICO: B) PRECISION EN LA FE Y EN LA MORAL

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Pronunciado en el Santo Monasterio de Comneno, Larisa, el 18-7-1999, 2.ª edición

   

Reverendísimo, queridos hermanos, nuestra Iglesia honra a los Padres del IV Concilio Ecuménico. Una característica de los Padres, tanto dentro como fuera del Concilio, fue siempre la precisión en la formulación de los términos de fe y la vida espiritual (ethos).

Y esto se debe a que conocían el valor y la importancia de la precisión. Es bien conocido el caso entre los términos del Gran Atanasio «homoiousios» y «homoousios». Una disputa completa. Pero era una disputa esencial. «Homoousios», es decir, el Hijo al Padre, es una cosa, y «homoousios» es otra. Una cosa es decir plata (árguiros) y otra decir zinc (pseydárguiros). ¿Acaso es lo mismo? Así pues, los Padres siempre se mantuvieron precisos. Eran precisos. Y la precisión en la doctrina también da precisión en la ética, en la vida espiritual. Por eso nuestra Iglesia hoy, Domingo de los Santos Padres del, como les dije, IV Concilio Ecuménico, ha elegido un pasaje del Evangelio apropiado, como hemos escuchado, para enfatizar el valor de la exactitud.

El Señor Jesús pronunció estas trascendentales palabras: «En verdad les digo que mientras existan el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasarán de la ley hasta que todo se haya cumplido». Todo esto demuestra la exactitud de la profecía mediante su cumplimiento en lo concerniente a la Persona de Cristo, pero también a su ley y, por consiguiente, a la exactitud tanto de la letra como del espíritu de las Escrituras. La «ἰῶτα» o «ἰωδ» o «yod» es la letra más pequeña del alfabeto hebreo. Sabrán que esta yod, como la llamamos, se usa como número imaginario* en álgebra. 

 * En español, una "i" latina.

 

Sabrán esto. Esta es la "yod" que usamos en álgebra. Algo análogo al signo griego «i suscrita». Y el apóstrofo*, o la coma; o en el alfabeto griego, el acento, es decir, algo muy pequeño. 

* En gr. "κεραία", [Keréa]

 

Y pretende expresar lo mínimo de las Escrituras a partir de lo que contienen. Las Escrituras nos piden que les prestemos atención. Con precisión. Porque la falta de precisión conduce muchas veces a errores, en ocasiones, graves.

¿Qué significa «exactitud»? Atención al detalle. Significa fidelidad a la totalidad del asunto, que debe practicarse con precisión. Precisión en la expresión, en la formulación, en la letra y en el espíritu, para que no haya lugar a malas interpretaciones. Por lo tanto, precisión como claridad. También es la correcta representación  y la correcta interpretación… También la cuidadosa y atenta verificación. Dice Herodoto, porque muchas veces acudimos a la lengua griega,    dado que está en griego escrito el Evangelio, para ver el significado de una palabra. 

Heródoto dice, «saber exactamente». Saber con precisión. Conocer bien. «Purificar, aprender». Son infinitivos. Es decir, dan la idea de lo que significará, la imagen de lo que implicará la precisión.

Los Padres de nuestra Iglesia, queridos míos, amaban la precisión. Como también los antiguos griegos, amaban la precisión. No hablaban de cualquier modo, no hablaban mal, como hoy nosotros, que tiramos nuestros textos de filología. Amaban la precisión.

Por eso encontramos expresiones como las de Gelasio, que dice: «La precisión de las doctrinas apostólicas». San Juan Damasceno, dice: «He descuidado la precisión en lo concerniente a mi Señor».  Y San Juan Crisóstomo dice: «La precisión de la ciudadanía», es decir, la exactitud de la vida espiritual. En la Epístola de Bernabé, un texto antiguo: «Siendo precisos, pues, debemos cuidar nuestra salvación». «Debemos», dice, «ser precisos». Permanecer precisos. San Ammonio dice: «La precisión de la fe». Y Epifanio de Chipre dice: «La precisión de la predicación». Ha de existir precisión en la predicación. Y Oríegenes dice, "el que ha pecado, con la misma exactitud ha de arrepentirse", de modo correcto, verdadero, preciso. Y, finalmente, Clemente de Alejandría nos dice: «Ha de ser mucha la precisión».  

Esta exactitud en la fe y en la vida espiritual queridos, se ordena y se evidencia a lo largo de toda la Sagrada Escritura. Recuerdo que una vez se levantaron unos alumnos en una clase en el colegio, en el Gimnasio (bachillerato). No me acuerdo, teníamos a Platón o a Protagoras o a Fedrón... y empezaron y a leer y a traducir. Para, para, le dice el profesor. Platón y la Santa Escritura no se leen así. 

Pero os he dicho, se evidencia a lo largo de toda la Sagrada Escritura esta exactitud. Esto de lo que estamos hablando estaría claro si leyésemos el siguiente fragmento de los Hechos de los Apóstoles (Cap. 18):

24 Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. 25 Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan.26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.   

Priscila y Aquila eran ayudantes de Pablo, especialmente Priscila, fuerte en las escrituras.  Cuando le escucharon en la sinagoga (a Apolo), le tomaron a parte, y le  hablaron con más exactitud sobre el camino de Dios. Le dijeron, no así, en aquel punto, en el bautismo de Juan, sino así. ¿Qué vemos aquí? El Espíritu Santo registró este fragmento porque la precisión en la fe y en la vida espiritual es muy importante; y por lo tanto, aquí tenemos una precisión mayor de lo preciso. Para comprender cuán importante es, queridos, la exactitud, especialmente en asuntos espirituales, doctrinales y morales. Y aquí vemos la máxima exactitud entre las exactas.

Y el apóstol Pablo escribirá a los Tesalonicenses: «Porque ustedes mismos saben perfectamente que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche». Lo saben con exactitud. Y, por supuesto, se refiere a los últimos tiempos, que son parte de la fe, los últimos tiempos. Hace referencia también a la vida espiritual el apóstol Pablo. Cómo debo vivir. No que pueda robar un poco, no. Se refiere a lo poco y a lo mucho, con exactitud. 

El apóstol Pablo escribe a los Efesios (Cap. 5) lo siguiente: 15 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16 aprovechando bien el tiempo. «Andad» significa comportarse. Comportaos según la vida espiritual. «Con precisión». ¿Lo habéis visto? No como insensatos, sino como sabios… entendiendo cuál es la voluntad del Señor. Así pues, la precisión en la fe, precisión y ética, por la que lucharon los Padres en los Concilios, pero también en sus enseñanzas y escritos personales, no es una escolástica estéril con la que consumimos nuestro tiempo. Hay una necesidad, como ya les dije, fundamental.

Una vez oí a una persona muy importante, un político muy influyente, hace muchos años, más de cuarenta. Bienaventurado él (difunto), llegó a presidente. Llamó al gran Atanasio "de mente estrecha". Esta precisión es importantísima. Si tenemos un misil, con un pequeño detalle que obviemos, no seguirá su programa, caerá. 

La ausencia de esta precisión es obra del demonio. Pero también de la pereza y negligencia humana. Como resultado de la gran variedad de opiniones sobre la fe, pero también sobre la vida espiritual. Así terminamos teniendo, al no expresar con precisión, nuestras opiniones y posturas personales.

Vino uno aquí, creando alboroto, porque entró una amiga suya, vestida de un modo muy inadecuado. Y decía continuamente, atacando, con muy mala educación, "según mi opinión, según lo que yo creo...". Querido, no es lo que tú crees, sino qué dice el Logos de Dios. Si hacemos el Evangelio opiniones personales, ¿dónde vamos?

Terminamos diciendo que el Evangelio debe adaptarse a mi época nuestro tiempo —escuchan, el Evangelio debe adaptarse a nuestro tiempo...— y a lo que yo quiero, en lugar de adaptarme yo, independientemente de la época en que viva, a lo que exige el Evangelio eterno. Es decir, cada uno crea su propio Evangelio individual y personal, como mejor le parece. Yo lo quiero así. Otras medidas tienes tú, y otras medidas tiene otro.

Olvidamos que: «Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre». Uno es Cristo, y siempre eterno y siempre actual y oportuno. No tenemos cambios dentro de las temporadas.  Cristo dijo, en la lectura de hoy: «De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños», es decir, lo llama muy pequeños. Por ejemplo, les diré. ¿Y qué es el ayuno? El ayuno es un mandamiento. «Pero… no es gran cosa». ¿Que no es gran cosa? Sea gran cosa o no, es un mandamiento de Dios. Y todos los mandamientos de Dios son, sin duda, grandes. ¿Por qué? Porque Dios manda. Y esto demuestra que tú, hombre, no puedes aumentar ni disminuir los mandamientos y decir: «Este es un gran mandamiento, este no es gran cosa, es pequeño». No, queridos. Es un egoísmo extremo el que se erige como juez de los mandamientos de Dios. Estás llamado, hombre, con humildad, a aceptar lo que Dios te dice. ¿Qué dirás? Dios lo dice. ¿Qué dirás? Dios lo dice. Nada más.

Sin embargo, dentro de este pueblo de Dios, hemos de decir, decimos dentro de esta Iglesia, y en esta administración eclesiástica. Y administración es: desde el Patriarca, hasta el diácono; más (que el diácono) es el presbítero en su parroquia.  Prevalece una lucha entre la verdad y la falsedad, entre lo genuino y lo falso. Existe una batalla. Siempre ha existido esto. Desde la época de los hebreos. ¿Qué eran los saduceos? Eran inexactos en la fe y en su vida. Sólo los cinco primeros libros del Antiguo Testamento aceptaban y el resto los rechazaban. Decían que no existe el alma, no tiene inmortalidad, entonces comamos y bebamos porque mañana moriremos, decían los epicúreos en el espacio hebreo, y los fariseos. Por eso Cristo dijo: lo que os digan los fariseos, hacedlo. Pero cuidado con su vida, no la imitéis. Pero tenían una doctrina recta los fariseos. En absoluto los saduceos. Desfortunadamente, estas dos partes pasaron dentro de la Iglesia. Y tenemos a los que hablan con exactitud, como son los Padres de la Iglesia, y en sus escritos y en los concilios, y a los que dicen "y qué es eso, no te obsesiones". Es como si yo ahora soy "efimerio" ("párroco") y te digo, "tranquilízate, y qué es ayuno, y que es aquello...", y así sucesivamente.   

Se publicó una vez un edicto, hablaba de carne los viernes, etc. Que en un concilio ortodoxo se eliminará el ayuno de los miércoles y de los viernes, probablemente hayáis sido informados también vosotros. Vemos que los dogmas son apartados cuendo nos molestan. Porque de los dogmas proviene la vida espiritual. No lo olvidemos nunca esto.  La vida espiritual (ethos) lo queremos más bien sobre una vida espiritual filosófica y no una vida espiritual como lo revela Dios. Es decir, la vida espiritual ortodoxa. El tema es enorme, como veis. Porque juzga nuestra salvación. O soy salvado o no soy salvado. Un falso evangelio nunca salva. Simplemente es un cubrimiento de nuestras debilidades y un silenciamiento de nuestra conciencia. 
En nuestra época, los significados de las palabras son diferentes. Hablan de amor (de Cristo) y se refieren al amor (carnal, humano) en su forma de fornicación… Hablan del amor de Dios y le han quitado el atributo de Juez. Hablan de tradición (Parádosi), refiriéndose a la tradición griega, principalmente a la antigua, tradición griega, y ciertamente no a la tradición cristiana de la Iglesia. Tradición, te dicen, esto y lo otros, porque esto no ha sido olvidado por nuestro pueblo, la idolatría Y lo revivimos, cada muy poco tiempo, con fiestas y conmemoraciones. Es conocido. ¿Y el resultado? Aunque lo llamamos tradición (Parádosi), mientras que no es, no es, no es, y el resultado, paso a paso, avanzamos a la descristianización de la gente, de modo que, ya universalmente, decrir que 
—escuchen por favor, excelentísimo (obispo) escuche, hermanos escuchad,— la constelación de Piscis, es decir, el período del cristianismo de hace 2000 años, se ha desvanecido. Y se acerca la constelación de Acuario, es decir, el período del Anticristo, con el nombre de «Nueva Era», que no es más que la era de la apostasía.  En realidad apartamos a Jesús Cristo con un método astrológico. Y esto no es otra cosa que la época del distanciamiento del Evangelio. He aquí, pues, el significado y el valor de lo que Cristo dijo sobre la precisión tanto de la fe como de la vida espiritual (ethos). Este es el valor. Porque si tuviésemos precisión y exactitud, no sucederían estas cosas.
Excelentísimo (obispo) queridos hermanos, debido a que la precisión en la fe y en la vida espiritual ha sido descuidada, como algo anticuado, y por lo tanto inservible, como os he dicho, encontramos un rápido declive del cristianismo. Declive espiritual. 

Hoy el correcto y preciso cristiano pasa por una gran prueba. Porque son mártires de conciencia estos hombres, y quizás mañana sean mártires de sangre. Es el martirio que vivió Lot, como habitante de las desviadas Sodoma y Gomorra. Escribe el apóstol Pedro en su segunda epístola (cap. 2): y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa [es decir, martirio de conciencia], viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos [entre los sodomitas]). 

 

No olvidemos que seremos juzgados según el Evangelio que nos dejaron Cristo y los Apóstoles, tal como se ha conservado en nuestra tradición eclesiástica, tal como lo salvan los Padres de nuestra Iglesia y los concilios; el resto, es del diablo. Quien pueda entender, que entienda. Y los que quieran ser salvados, serán salvados. Sólo la precisión en la fe y en la vida espiritual (ethos) salva. Y solo, excelentísimo, queridos hermanos, éstas.

A la Gloria del Dios Triádico.

 

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