Fecha de la homilía: [27-11-94]
Respetadísimo, repetados padres, queridos amigos, continuamos con el Libro de los Hechos de los Apóstoles, con la apología del apóstol Pablo ante la multitud que se había reunido en aquel lugar del templo, con Pablo atado con dos cadenas por Lisias el tribuno. Está sobre las gradas que llevaban a la fortaleza Antonías, que estaba allí sobre la colina del templo.
En su apología, habla de su vida. Esto no lo hace como para enriquecer sus hazañas, sino que creía que podía ayudar a sus compatriotas hebreos. Porque así como él vio a Jesús Cristo, y aunque perseguía a los cristianos cambió, sólo quedaba que sus oyentes hebreos cambiasen su posición ante Jesús Cristo y que no persiguiesen a la Iglesia de Cristo. Y de este modo ser salvados.
Éste era el objetivo de su apología junto con sus datos biográficos. Y continuamos con su apología:
«Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco» (Hech. 22,11).
No veía, fue cegado, dice Pablo, por aquella luz de la gloria. Le llevaron de la mano los que estaban con él, y le llevaron a la ciudad de Damasco. Esto sucedió cerca de Damasco, antes de las puertas de la ciudad.
Se habla de un cegamiento ante el resplandor de aquella luz. Pablo fue cegado e iluminado al mismo tiempo. Era un cegamiento pedagógico que llevaría a una iluminación. Se trataba de luz increada.
Esta ceguera correctiva no espera al arrepentimiento. Dios sabe si alguien se arrepentirá o no se arrepentirá. Y es aquella que sobrevino sobre los egipcios entonces, en la época de Moisés. «Hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días» (Éxodo 10,21).
También es aquella ceguera de los sodomitas que querían maltratar a los dos varones (ángeles), que estaban siendo hospedados en la casa de Lot. Cuando aquí decimos ceguera, tanto en Egipto como en Sodoma, no debemos pensar que no veían nada, no veían lo que querían ver. Es como cuando buscamos un objeto que está delante nuestro y no lo vemos. Esta ceguera fue la que padecieron los de Sodoma. No podían ver dónde estaba la puerta de la casa de Lot, la cual poco antes intentaron forzar para atrapar a los dos hospedados, para fines homosexuales. Terrible.
«Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta» (Gén. 19,11).
Y también la ceguera correctiva que sucedió en Chipre, del apóstol Pablo al mago Elimas. Esta ceguera espiritual sin embargo es mayor y peor que la corporal.
Como la multitud que Pablo tenía delante cuando hablaba; esta multitud estaba espiritualmente ciega. No podía entender nada. Así como a través de una superficie sólida no puede pasar la luz, del mismo modo era su corazón, un lugar oscuro, sobre el cual no podía pasar ni un rayo de luz divina. Iluminación divina, para entender lo que les decía Pablo. Lo veremos un poco después al final ya de la apología, cuando armaron ese alboroto rechazando a Pablo.
Podría decir alguien, ¿pero no entendieron nada? Esta es la ceguera espiritual. Como cuando se predica en la Iglesia queridos, muchos son los que ni ven, ni oyen. Es una pena. Salen de la iglesia tal como entraron. Por no decir que muchas veces toman una posición negativa sobre el logos de Dios. Es algo que he visto muchas veces, causándome un gran pesar. Que salgas a hablar, y que los presentes "estén ausentes". Y os mostraré por qué están ausentes. Que salgas a hablar, que te den la espalda y se marchen. Cuando has estado toda la noche preparando un discurso para complacerles y para que sean iluminados, que te den ellos la espalda y que se vayan... No lo digo por vosotros, sino por aquellos que no aman el logos de Dios. Entonces, nunca se corrigen. Y si continúan así, se irán del mundo presente sin saber nada y sin tener ninguna confianza en Cristo. Incluso podrán venir aquí, oír sobre Cristo, Cristo... pero marcharse sin saber nada sobre Cristo. ¿No es una lástima? Esto se llama ceguera espiritual.
Es sabido que los espiritualmente ciegos casi siempre pierden su camino y tropiezan. ¿Cómo pierden su camino? Cuando se encuentran en su camino con algún herético, ateo, y finalmente les saca del todo del rebaño de la Iglesia de Cristo.
Y pasamos a los siguientes versículos, el duodécimo y el decimotercero. Continúa Pablo su apología:
«12 Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, 13 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. » (Hechos 22, 12-13)
Y yo en aquel momento abrí los ojos y le vi delante de mí a Ananías. Desconocido para mí. Dice san Juan Crisóstomo sobre esto: "He aquí de nuevo, otro testigo". Porque si recordáis dijimos la vez anterior, delante del sumo sacerdote y de los ancianos, porque ellos le dieron las cartas de autorización para arrestar a los cristianos, donde quiera que los encontrase. El sumo sacerdote al parecer era Caifás, quien perdió su autoridad en el año 36 o 37 d.C. Para decir esto parece que vivía todavía Caifás.
Y ahora un testigo más, Ananías. Digno de confianza, como dice san Juan Crisóstomo. Porque era hombre respetuoso con la ley. Este es el tema, con la ley. Habitante de Damasco, respetuoso con la ley, de lo cual de hecho da testimonio, de entre todos los judíos de Damasco. Los judíos oyentes de Pablo, esta opinión tenían también de Ananías. Pablo inteligentemente omite que este Ananías era cristiano. Porque si dijese que era cristiano y discípulo de Cristo, no querrían oír nada más.
Este es un valioso elemento que nos dice, que alguna vez hemos de callarnos alguna cosa, sin decir mentiras. Teniendo discreción, por la maldad que hay en el mundo, en aquella época y en la nuestra; y hemos de atender a esto. No significa que no seré sincero si no lo digo todo, esto es algo descabellado, sino que hace falta discernimiento. Por eso el Señor nos dijo que estemos atentos con los hombres, que estemos siempre atentos de cómo hablamos. Evitando malentendidos, porque muchos de nuestros cristianos, desafortunadamente, no saben hablar como deberían hablar.
Os pondré un ejemplo. Me dijo alguien, que ahora está aquí presente —no diré su nombre naturalmente—, se lo dije personalmente, y ahora lo digo en público.
Me dijo que alguien le llamó y le preguntó algo relacionado con la diversión. Y le respondió nuestro compañero: "Se lo pregunto a mi padre espiritual, y te responderé". Pero esto no tiene mucho sentido. Porque si el padre espiritual te dice que no debes hacerlo, ¿le dirás "me ha dicho mi padre espiritual que no debo hacerlo"? ¿No te creará esto un problema? ¿No te dirá el otro, "dependes de tu padre espiritual"? ¿Tú no tienes personalidad? O le dices, "preguntaré a mis esposa". Te dirá, "¿de tu mujer dependes?". Podríamos decir, "nada, lo pensaré y te responderé". ¿Dice mentira al decir esto?
Falta el discernimiento. Debo decir que cuando hay una falta de discernimiento, especialmente en el tema de la confesión, es una ofensa y pecado sobre el Misterio de la confesión, sin que lo entendamos.
Hace no muchos años, en la década de los 70, le dije a un joven: "no vayas a las clases sobre la Ilustración". Le expliqué algunas cosas sobre el tema, que venían de antiguo, etc. Dejó de ir alli entonces, y en una ocasión que le vieron, le preguntaron que por qué no venía a las clases sobre la Ilustración. Y dijo, "me ha dicho mi padre espiritual que no me venga, por esto, lo otro y lo otro...".
¿Sabéis qué escándalo hubo en la ciudad de Larisa por este asunto? ¿Por qué? Porque el joven no tuvo el discernimiento de decir, "no quiero venir". No tienes por qué decir que la Ilustración está relacionada con la Masonía, porque es hija de la Masonía. Sus representantes desde luego no saben que está relacionada la Ilustración con la Masonía. Si lo supiesen, no se quedaría ningún alumno con ellos. No lo saben esto, pero...¿es necesario que lo digas? ¿No tienes discernimiento? Y cuando me lo dijo él mismo después, le dije, ¿pero no tienes un poco de discernimiento? Es una pena.
Aquí Pablo con discernimiento, prudencia y juicio, oculta que Ananías era cristiano. Simplemente dice, "respetuoso según la ley". Si hubiese dicho "cristiano", lo que luego pasaría, arremeterían contra él, y tendrían que llevarle los soldados alzado a causa de la violencia de la multitud, que gritaba: "¡Quitad a ese de en medio! ¡Que muera!". Esto lo dijeron al final, porque Pablo habló de tal modo que pudiese dar su testimonio de Jesús Cristo sin que se alborotasen.
Cuando llegó ya al final del discurso, entonces desde luego comenzaron a vocear, no oían ya nada y es interrumpida la apología. Pero para Pablo ya era suficiente lo que les dijo. Por esto fue traído por el Espíritu Santo a Jerusalén, para dar este testimonio. No lo olvidéis esto. Y el testimonio es: "yo perseguía a los cristianos —lo veremos a continuación—, pero porque he conocido a Cristo, he cambiado.
Ustedes también señores, han de cambiar, tomar otra posición, este es el punto central. Y vemos por qué Pablo; ¿no podría haber dicho esto Pedro? ¿o Jacobo? No. Pablo debía decirlo, como negador y perseguidor de Cristo. Por eso debía hablar en Jerusalén.
Continuamos con la apología de Pablo: [«12 Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban] 13 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré».
Vino a mí sin yo llamarle, sin conecerle ni que me conociese, y poniéndose ante mí, me dice: "Saúl, hermano, mírame". Y yo en aquel mismo momento, con los ojos ya sanados, le miré, le vi. Un milagro, dice Pablo, que me impactó. Vivía una escena, dice Pablo, que no sabía dónde me llevaría. Fui por un motivo, y me encontré ante otra cosa. Fui como perseguidor, y me encontré siendo predicador de Jesús Cristo. Una escena muy viva ante sus compatriotas judíos; tonifico lo de compatriotas judíos, porque, como decíamos la vez pasada, la voz y luz [en la aparición de Jesús Cristo camino a Damasco] no la oía o no la veía sólo yo, sino también los que estaban conmigo, que me ayudarían a arrestar a los cristianos. Es decir, con muchos mártires, los cuales podéis vosotros también ahora escuchar, para conocer la verdad de todo esto que os digo.
Y seguimos con el versículo 14:
«14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. 15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.
Y Ananías dijo a Pablo, —Pablo ahora se lo dice a la multitud—, para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, es decir a Jesús, y oigas su voz de su boca. Porque serás testigo de todo lo que has visto y oído de Él, ante todos los hombres.
¿Qué dijo Ananías a Pablo? El Dios de nuestros padres; inteligente. Pablo era un excelente orador. Esto que le dijo Ananías, el Dios de nuestros padres, esto con la admirable introducción con la que comienza su diálogo Ananías, y que ahora Pablo utiliza, quiere mostrar que también Pablo estaba contra Cristo, como también lo era la multitud que le oía. Por lo tanto cuando dice Ananías "el Dios de nuestros padres", esto significaba que aquel que se le presentó se identificaba con "el Dios de nuestros padres". ¿Quién? Jesús Cristo. Él era el Dios de nuestros padres, pero no lo dice abiertamente. Por lo tanto "el Dios de nuestros padres" es Él, y no otro dios.
Ahora viene a declararte a tí, a Pablo, que serás discípulo y apóstol Suyo. La inteligente introducción, "el Dios de nuestros padres", para que no se irritasen los oyentes, declara, elige, determina, este favor y esta gracia únicos del Dios de sus padres. "El Dios de nuestros padres", esto me dijo Ananías, que a tí, Pablo, te declara, te elige apóstol suyo. Y te ha hecho digno, —continúa Ananías— de ver al Justo, es decir a Jesús Cristo. No dice el nombre; ya había sido ascendido a los cielos, y ahora se aparece en la tierra. Y no sólo tuviste la visión [revelación] del Justo, sino también su voluntad. También tuviste el privilegio de oír su voz; tuviste una imagen de su rostro y de su voz.
Aquí, hemos dicho, Jesús es denominado "Justo". Del mismo modo fue denominado Jesús por el primer mártir Esteban, en su apología ante el sinedrio. Aunque les reprendió con presteza, —así debía ser—, dijo: « 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo...» (Hech. 7,52)
No dice la venida de Jesús; también dijo «56... He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios». Después, cuando le sacaron fuera del sinedrio y de la ciudad, mientras le apedreaban, diría: « 59 ...Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Dijo a venida del Justo, «52... de quien vosotros ahora habéis sido traidores y asesinos». Traidores, porque entregásteis y traicionásteis a vuestro Mesías. Y aquí traición y entrega quiere decir infidelidad, incredulidad. Porque no le aceptásteis a vuestro Mesías.
Y Pablo ahora queridos utiliza el nombre de Justo muy sensatamente, porque el nombre de Jesús Cristo —Cristo quiere decir Mesías— era muy desagradable para los hebreos. Y desde luego le interrumpirían y no escucharían, como con lo dicho anteriormente de "el Dios de nuestros padres, etc.", el resto de su apología.
Pero si Jesús era justo o "el Justo", con artículo, negarlo no estaba exento de peligro por parte de los que le negaban y le perseguían, porque pobre de ellos, si perseguían al Justo, al Justo por excelencia. ¿Cómo decírselo?
Lo que dijo Pablo ya en Roma a los hebreos de allí, lo decíamos en una ocasión anterior estudiando al profeta Isaías. Bien dijo Isaías cuando vio la gloria de Jesús Cristo, que él es la gloria de Israel, el Santo de Israel, el Yahvé (Yahvé quiere decir Señor). ¿Cómo les diría esto? Si insistían en no aceptar al Justo, entonces continuarían siendo caracterizados como traidores y asesinos del Justo, como les dijo san Esteban.
Aquí he de deciros que nosotros, como pueblo de Dios, en nuevo Israel, es decir los cristianos, presentamos los mismos fenómenos ante Jesús Cristo. No estamos en una posición que acepte su divinidad, y al final somos señalados como traidores y asesinos de Cristo. Traidores porque no aceptamos la fe en Jesús Cristo. Asesinos, porque con nuestra incredulidad volvemos a crucificar al Hijo de Dios, como dice el apóstol Pablo.
Y esto no es sólo para los judíos, por desgracia, es también para nosotros. Por eso, cuando vemos a este pueblo testarudo moviéndose como se mueve, hemos de mirarnos también a nosotros mismos. ¿Cómo nos movemos? Especialmente en nuestra época, nosotros los griegos aquí. Desde luego existe bastante gente elegida. Existe, pero es el remanente, el resto. Oficialmente, hemos negado a Cristo. Oficialmente, sí, es decir, no hacemos referencia Jesús Cristo.
No tenemos persecución, tenemos otro modo; es nuestra indiferencia. La indiferencia es más grave que el ataque, la oposición, la reacción. Sí, es más grave. Si alguien viene y me dice: "padre Atanasio, esto que nos dices, yo no lo acepto". Prefiriría esto a que escuchasen las personas y mostrasen indiferencia; no les interesa. ¿Qué habéis oído en las lecturas de la Sagrada Escritura? ¿Qué hemos escuchado?... Indiferencia.
Prefiero a aquel que me diga, tengo objeciones respecto a esto, que a aquel que no abra la boca, pero mostrará indiferencia. De la misma manera, nosotros aquí, los cristianos ortodoxos de nuestra patria, negamos a Jesús Cristo. Queridos, que Dios se apiade de nosotros.
Los hebreos después de unos pocos años después de esto, muy pocos años, después de la apología de Pablo. Es decir cuando Pablo estaba ya prisionero por los romanos y es enviado a Roma, pasó tres años en prisión... al final es martirizado en Roma. Atención. En el 70 después de Cristo fue la destrucción de Jerusalén. ¿Y lo sorprendente sabéis qué es? Muy poco antes de la destrucción, los hebreos habían maltratado a san Jacobo (Santiago), el "Hermano de Dios". Y porque Santiago era llamado el Justo, y oraba por el pueblo, fue arrojado desde el tejado del templo. Le dijeron que se subiese allí para negar a Cristo, —no era posible que hiciese esto [hizo lo contrario, confesar a Criso]—. Y estando en el suelo, lo arrastraron, y un tal "Casapios" con un mazo de madera le golpeó en la cabeza y le mató. Esto nos lo narra el historiador Eusebio de Cesarea.
Y justo después vino la destrucción de Jerusalén, y decían sus habitantes que la destrucción tuvo lugar por lo que le hicieron al "Justo", es decir a Santiago. Y esto lo decían porque a Santiago le aceptaban, no sin embargo a Jesús Cristo. ¿Cómo podrían llegar a pensar que la ciudad fue destruída no por lo que le hicieron a Santiago, sino por la crucificxión de Jesús Cristo. Cómo podrían saberlo esto...
Dice san Juan Crisóstomo, "si Jesús es el Justo, entonces sois vosotros los responsables frente a él". Y continúa diciendo Pablo, que Ananías le dijo de parte de Dios, —cómo podría saberlo esto Pablo, o cómo podrían saberlo los que escuchaban a Pablo —, que Dios le envió realizando sobre él un milagro, el de abrirle los ojos.
¿Veis?, tiene lugar un milagro, una pequeña profecía y acepta el resto. Por eso la Escritura es siempre testificada. Siempre es testificada la Escritura, ¿dónde están los que dicen, ¿y cómo sabemos esto o lo otro? Y que sería testigo del Justo, para todas las personas, por todo lo que vio y por todo lo que escuchó del Justo. Y un comentario más sobre esto. Dice el santo Crisóstomo. Y tiene testigos suyos a todos los hombres, no sólo a los del lugar (los hebreos), sino también a los incrédulos de fuera de Palestina.
Con mucho discernimiento dice aquí Pablo de nuevo, [testimonio] para todos los hombres. ¿Habéis visto? Por tercera vez aquí.
No dice a los gentiles, no dice a todas las naciones, ¡oh, si lo dijese, qué pasaría! Esto sería un poco después. Sino que dice, para todos los hombres. Entonces, caracterización general para todos los hombres, porque si no los que le oían se irritarían.
También, lo que le dijo Ananías, que fuese testigo de todo lo que vio y oyó durante la aparición de Cristo yendo a Damasco. Escribe a los Gálatas, en la salutación además: «Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesús Cristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)» (Gál.1,1). No fui elegido por Pedro ni Juan, ni por hombres, sino por Jesús Cristo, a quien su Padre le resucitó de entre los muertos. Después nos dice: «Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre;» (Gal.1,11) No vino un hombre a enseñármelo, tampoco de los apóstoles por lo tanto. No fui a Jerusalén para estar a sus pies, y que me enseñasen el evangelio, sino que lo recibí por revelación de Jesús Cristo. El contenido del Evangelio lo conozco por revelación de Jesús Cristo.
No olvidemos que Pablo fue al desierto de Arabia tres años. ¿Qué hizo allí? Recibió toda la revelación de Cristo, la revelación de primera mano del Evangelio. Si no, no sería un apóstol de primera categoría, y sus escritos no constituirían parte de la Sagrada Escritura. Serían solo los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las epístolas Católicas y el Apocalipsis [Revelación]. Faltarían las diecisiete epístolas de Pablo.
Sería un apóstol de segundo orden; como decimos en el lenguaje litúrgico, padre apostólico, no apóstol. Por eso hace insistencia en esto, porque había muchos judíos allí en los Gálatas y muchos de ellos le obstaculizaban su trabajo a Pablo. Por eso se ve obligado a escribir esto. También, de nuevo sobre el tema de la circuncisión, etc.
La precisión de Pablo es un grado superlativo."Que esto que os digo es de Jesús Cristo". No me han dicho hombres, me lo ha dicho, me lo ha revelado Cristo. ¿Dónde están los que dicen, "hombres son los que han escrito el Evangelio"? Por supuesto, hombres,tomaron tinta y papel. Pero ¿quién es el que reveló todo esto? El Espíritu Santo y Cristo.
Por otro lado, ¿los discípulos no estuvieron tres años con Cristo? ¿No vieron su crucifixión? ¿No vieron su resurrección? ¿No vieron su ascensión? El mismo Cristo dice, esto está en el capítulo 1 de los Hechos de los Apóstoles, "vosotros seréis mis testigos". Testigos de que murió, de que resucitó y de que fue ascendido a los cielos. Y ahora Pablo recibe particularmente esta revelación.
Para ver la precisión de Pablo, para que no tengamos el pensamiento de que cada apóstol, como cada escritor, escribía más o menos lo que le venía, veremos dos puntos que son muy característicos. Sobre el tema de las vírgenes. Escritura de Sporios, su primera carta en el séptimo capítulo. Sobre las vírgenes, escribe en su primera epístola a los corintios: «En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor;» (1 Cor. 7,25) Porque los corintios le preguntaron, estando Pablo en Éfeso. Alguien fue con las hijas de Cloe, presentando a Pablo varios temas y preguntas. Entre ellas estaba esta sobre las vírgenes. Y dice, respondiendo ahora en su epístola: «En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor". Es decir, Cristo no me ha dicho nada sobre vírgenes. «Μas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.»
Atención, "doy mi parecer", mi opinión. Claramente separa su opinión de lo que Cristo le dijo. Pero creo, que mi opinión es correcta, "porque he alcanzado misericordia del Señor para ser fiel".
¿Habéis visto cómo distingue, —esto dice Cristo, esto digo yo—?
La fidelidad y la sinceridad de Pablo era realmente admirable. Entonces lo que Pablo escribe, no es ninguna exageración, es de la boca de Cristo. Y es considerado, como os he dicho, un apóstol de primera línea.
Y vamos con el versículo 16: «Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.»
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Traduciendo....
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