[1018] Crispo el pricipal de la sinagoga y muchos de los corintios creen en Cristo y son bautizados (Hech.18, 8-10)

Crispo el principal de la sinagoga y muchos corintios creen en Cristo y son bautizados. Pablo no sabe si debe quedarse en Corinto. El Señor le revela en una visión que debe quedarse, predicar el Evangelio y no callar. 

[Fecha de la homilía: 21-03-93]

 

Nos encontramos queridos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo  18,versículo 8. Encontramos al apóstol Pablo en Corinto. Desde luego, la recepción que tuvo en la sinagoga no fue buena. Pero a pesar de ello Pablo, aunque estaba siendo hospedado en la casa de Justo, quien al parecer era [ciudadano] romano, de Ática y jubilado. Algo así podíamos decir; probablemente se había convertido al crisitianismo. Sin embargo no fue sin frutos su trabajo en la sinagoga. 

El principal de la sinagoga, llamado Crispos, ya había creído en Cristo. Su ganancia no fue de pequeña importancia. Señala Lucas el Evangelista: «Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados».

Entonces vemos que Crispo el pricipal de la sinagoga creyó en Cristo. Era un logro del evangelio. Este hombre que seguro sabía mucho más, como pricipal de la sinagoga, de los que podrían saber los otros judíos, porque estudiaba las Escrituras, y también porque podía explicar los textos de las Escrituras, resultó objeto de mofa para los que permanecían en su incredulidad; y no sólo eso, sino que blasfemaban contra Cristo, y contra Pablo, que predicaba a Jesús Cristo. 

Sobre este Crispo, Pablo escribirá más tarde, cuando le acusaban de bautizar en su propio nombre —vemos cuántas calumnias existen en este mundo—, le calumniaron diciendo que "Pablo bautizaba en el nombre de Pablo", en su nombre. En su primera Epístola a los Corintios escribirá: «Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre.» (1 Cor. 1, 14-15)

De modo que vemos que vemos cómo Pablo bautizó a Crispo el principal de la sinagoga, y a otro llamado Gayo, y a los de la casa de Estéfanas*.  

 * «15 Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. 16 Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. 17 Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia.» (1 Cor. 16, 15-17)


Veis al hombre que numerosas veces fue honrado repetidamente en el tema del bautismo, y lo hizo esto Pablo, porque no tenía tiempo para bautizar, tenía el kérigma; podían otros bautizar. Por supuesto no porque lo menospreciase, sino porque el bautismo podía hacerlo otro, no sin embargo el kérigma. 
Por eso él mismo dice «Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio» (1 Cor. 1, 17). 

Mientras tanto, debido a que fue calumniado con esto, hace referencia al nombre de Crispo, para ver cómo exactamente este hombre fue honrado.  

De hecho, en las órdenes apostólicas, se nos dice que Crispo fue nombrado obispo de la isla de Égina, de manos de Pablo. Así lo escriben las órdenes apostólicas en el capítulo 7. 

Lo mejor es que todos los de la casa de Crespo fueron bautizados, porque de otro  modo como podéis comprender existirirían divisiones entre la familia de Crespo. Es decir, él se haría cristiano, pero su esposa no aceptaría la nueva fe e iría a la singoga. Afortunadamente entonces todos los de su casa fueron bautizados en Cristo. 

El puesto de Crespo en la sinagoga lo tomó Sóstenes, otro judío, sobre el cual hace bastante referencia el texto sagrado; porque tuvo lugar un suceso en que Sostenes fue quien comenzó toda esta historia, como veremos. 

Continúa Lucas el Evangeslita diciéndonos que muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados. ¿Habéis visto? muchos de los corintios. ¿Qué corintios? Seguramente, los corintios autóctonos, los que nacueron en Corintio; o si lo queréis, los conversos que habían sido atraídos por el monoteísmo de la sinagoga, o incluso gentiles, es decir, idólatras sin haber pasado por la sinagoga.

Prestemos atención aquí a un proceso que se menciona. Es el proceso del regreso de una persona, del regreso hacia Dios. Dice: «oyendo*, creían y eran bautizados».

* En realidad la palabra correcta sería escuchando, que es oír con atención. 

 

¿Lo percibís? Oyendo, creían, eran bautizados. Por eso escribe el apóstol Pablo dice que la fe es creada tras la audición, debes oír. ¿Cómo creerás si no oyes? Y de hecho dice, para que sea escuchado el kérigma o predicaciónhan de ser beneficiados; es decir quienes vayan a predicar que sean oídos, y tras oírles, vendrá la fe. Esta audición del logos de Dios,  es el punto de partida de lo posterior. Primero oirás, por supuesto, luego creerás, y por supuesto, después te bautizarás. Y o que quiero que atendamos de este proceso, es que es una necesidad repetitiva. Quisiera que prestemos mucha atención a esto, queridos. ¿Qué es? 

Habiéndose realizado el bautismo, nosotros, que hemos sido bautizados, de nuevo hemos de oír y de creer y de, no de bautizarnos, sino de "rebautizarnos". Esto debe hacerse constantemente durante toda nuestra vida. Para más profundas y más profundas consecuciones y aumento de la espiritualidad.   

¿No fuimos todos bautizados [aquí]? ¿No hemos creído todos? Cuando comenzamos este proceso desde el principio, nosotros, los presentes, aquí. ¿Qué significa? Escucho el logos de Dios. ¿Qué hace esto? Aumenta mi fe.  dijo eso y cuando me aumenta más que ayer. Más nuevo también. Entonces. Y cuando es nuevamente aumentada más que ayer y antesdeayer mi fe, a continuación, este aumento de la fe, me proporciona "un nuevo bautismo" de la espiritualidad. Me vuelvo más espiritual. Así que este patrón, oigo-creo-soy bautizado, no es solo para aquellos que empiezan por primera vez, sino que es para todos los fieles. Porque cuando hemos completado ya este proceso, entonces nos vamos del lugar donde se escucha el logos de Dios renovados, nuevos. Creo que lo comprendemos.      

Relacionando la fe con la audición el apóstol Pablo, escribe: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por el logos de Dios. Pero digo: ¿No han oído?» (Rom. 10,17-18). Y el oír, la audición, ¿qué es? Logos de Dios, por el logos de Dios. Y añade: «Pero digo: ¿No han oído?». ¿Por quién escribió esto? Lo escribe por los judíos en la sinagoga de Corinto. «También digo: ¿No ha conocido esto Israel?» (Rom. 10,19). Oyeron, y conocieron. Pero no creyeron.   

Y hace referencia a un pasaje del Antiguo Testamento: «Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.» (Rom. 10,21) Todo el día dice, extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor. que he examinado mis manos; quiere decir, cuando discutimos, o cuando gritamos, cuando queremos que nos atiendan, extendemos nuestras manos, hacemos alggún gesto, en el aire. Así es como Dios se presenta extendiendo sus manos, es decir, muestra un estado vital y activo de Dios hacia su pueblo, hacia un pueblo que cada día en su fe es rebelde y contradictor. 

Es algo muy curioso; este pueblo hebreo fue un pueblo difícil, un pueblo particular que no hacen nada más que, continuamente a lo largo de la historia, entristecer a Dios. Lógicamente, surge la pregunta de por qué Dios eligió a este pueblo. La respuesta viene dada por la misma Sagrada Escritura, por los Padres Abraham, Isaac, Jacob, quienes tenían una muy cálida fe. Con el pueblo, ¿veis lo que sucedió? Es asombroso. 

Por eso el apóstol Pablo dice: «Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres» (Rom.11,28) Y otras veces os he dicho esto. Pero el gran pecado de los hebreos, un pecado que a menudo cometemos nosotros también. Es la "absolutización" de la religión sólo en su forma externa. Absolutización de la religión en su forma externa, es decir, en lo formal, es decir, en la adoración. Sacrificios, esto, lo otro.  

Desde luego no se trata de tración de la tradición. No. Cuendo los hebreos de la sinagoga se mueven como se mueven rebatiendo a Pablo, no porque conserven la tradición, sino porque conservan una situación absolutista que ya se había creado en este pueblo. 

Este Dios, para verlo más de cerca, si hubiese querido avanzar en su revelación, cosa que sucedió en la Persona de Jesús Cristo, a este mismo Dios no le admitirían los hebreos. Porque se convirtieron en jueces de Dios, porque absolutizan su religión, vuelvo a decir, en su su forma externa. Si realmente fueran hombres de tradición, si realmente fueran estudiosos con una fe correcta [ortodoxos] de las Escrituras, entonces admitirían a Jesús Cristo como lo reciebieron otros.

¿Qué dijo Simeón el Anciano cuando recibió en sus brazos a Jesús Cristo, siendo éste un bebé de 40 días? Éste es aquel que esperamos: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, etc.; porque han visto mis ojos al Salvador que has enviado al mundo". Y junto a Simeón, Ana la profetisa, "¡Sí, éste es el Mesías!" Y quienes viniesen dice, orando rectamente al Mesías; se convirtió Ana en anunciadora. Y dice Simeón, este bebé de 40 días mantenido por su madre, este Jesús, este Mesías, es luz: «Luz para revelación a los gentiles*»  

* Del griego "εθνών" [eznón], lit. de las naciones. 

Para revelación a los gentilesno es el Salvador sólo de Israel, errada la posición de los hebreos. Para revelación a las naciones; para los hebreos, sólo gloria. Como nosotros los griegos nos jactamos de tener grandes personas, un Sócrates, un Aristóteles, un Platón, un Pericles... ellos también se jactaban. Y gloria de tu pueblo Israel. 

Cuando Felipe encontró a Natanael, le dijo: "Hemos encontrado al Mesías, aquel de quien Moisés y los profetas escribieron". Lo encontraron porque estudiaron correctamente las características del Mesías en la Sagrada Escritura, en los profetas, y cuando dijo: —porque se notaba que el Señor era de Nazaret— , fue allí con aquella persecución de Arquelaos, es decir temió José a Arquelaos, el hijo de Herodes el Grande, y fue a la zona norte, a Nazaret. Y dijo aquello de, «¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.» Un verdadero israelita, es decir, un hombre verdadero, porque ni dijo mentiras. Como cuando decimos un hombre falso, un hombre de mala calidad. Aquí tenemos a un hombre de buena calidad, con buena disposición. «Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Allí estaba efectivamente, haciendo oración a quien dentro de poco le encontraría.

¿Por qué creyeron estos? Eres, dicen, el Maestro de Israel, el Rey de Israel. ¿Por qué lo dijo esto? Sencillamente porque tenía buena disposición; y porque estudiaba la Escritura correctamente.

Los hebreos entonces permanecieron en esta situación errada, siempre arrastrados por sus "rabinos" y sus intépretes escribas, sobre un Mesías por conveniencia, es decir un Mesías con dimensiones nacionales, sólo para extensión del estado y podamos "comer con cucharas de oro".   

Siguiente era entonces que estos hombres no conservasen la tradición, y que creyesen que continuaban  lo que les fue entregado. Pero en realidad este pueblo se quedó en una absolutización de su religión. Y cuando vino Él mismo con su Encarnación, "nosotros, decían, no te conocemos. Nosotros reconocemos a Moisés. Tú, ¿quién eres?"  "Pero si el mismo Moisés escribió sobre mí..."

¿Qué dijo, por favor, Felipe a Natanael? «Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés». Está tan claramente escrito... está en el Deuteronomio. No existía ninguna duda de que Jesús era como Moisés, y desde luego mucho más. Porque uno fue el legislador, Moisés. Y cuando dijo "como yo", quería decir, "será también él legislador". Y cuando un salmo dice, "salió la ley de Sión", es sabido que la ley salió del Sinaí, allí fue dada la ley, cuando dice "salió la ley de Sión" en el salmo, muestra que tenemos nueva ley, nuevo pacto. De modo que he aquí el acuerdo, que dice Moisés —profetizaron como yo—, éste es el profeta, el legislador. Y si se le hubiesen acercado más, allí hubiesen aprendido y conocido que el que dio la primera ley y el primer pacto en el Sinaí, es esta misma persona. Es sorprendente. Y sin embargo, lo diré por tercera vez, los hebreos absolutizaron su religión y dijeron, "a tí no te conocemos, no sabemos quién eres, y le echaron fuera de la viña", como dice la parábola, y le asesinaron; es decir, le crucificaron.

Y cuando ahora los hebreos de la diáspora oyen sobre Jesús Cristo, toman esta rara posición. Exactamente, se convierten en jueces de Dios.

"No, no te aceptamos, no eres como Moisés. No te aceptamos". Pedían señal. Decían "Moisés nos dio el maná del cielo", —señal—. ¿Moisés dio el maná, o Dios? ¿O el mismo Logos de Dios que se hizo humano? Éste dio el maná. Tú, qué señal nos das, qué milagro haces tú. Y les dijo el Señor, "os será dada la señal de Jonás". Señal quiere decir milagro, pero la palabra "señal" es algo mucho mayor que lo que llamamos milagro. Y la señal de Jonás, ¿qué era? Era milagro sobre la tierra, milagro sobre el cielo, y milagro sobre el fondo [del mar]. Es decir, yo camino ante vosotros, mi existencia ante vosotros es milagrosa. Cuando «los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y estos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!» (Jn. 7, 45-46) ¿Y qué dijeron los gobernantes y los fariseos, los sumos sacerdotes? 

«¿También vosotros habéis sido engañados?». Milagro sobre la tierra. El milagro del maná era milagro del cielo, de donde cayó el maná. El milagro de lo profundo: descendió Cristo al Hades, y ascendió del Hades; resurrección de un muerto. Y milagro del cielo: con su naturaleza humana, fue ascendido al cielo.

Os he dado milagros, algo mucho mayor que Moisés. Es decir he dado tres formas de milagro: al nivel o tierra, profundidad o Hades y altura o cielo. Es sorprendente. De modo que vemos que estas personas no guardaban verdaderamente la tradición, sino una falsa tradición. Disposiciones de hombres, como les dijo el Señor. Lo triste es sin embargo que lo mismo sucede con muchos cristianos nuestros, por desgracia. Que con el pretexto de la tradición, niegan la posibilidad y la capacidadidad de la Iglesia de regular sus asuntos para siempre. 

¿Qué es la Iglesia dice? El Cuerpo de Cristo. ¿No puede la Iglesia ratificar la ley de Cristo, es decir el Evangelio? ¿Y cómo ratifica la Iglesia la ley de Cristo? Con sus concilios ecuménicos y los locales (regionales), con la presencia de sus santos. Y  algunos vienen y te preguntan: ¿Qué quiere decir Sínodo? ¿Qué quiere decir Canon? ¿Qué quiere decir Santos? ¿De dónde lo habéis sacado esto? Y muchas otras cosas. Y vemos entonces, que esencialmente ofenden a la Iglesia, que es un organismo vivo que tiene siempre el Espíritu Santo, y puede disponer y regular lo que el Señor le dejó con su Evangelio y con la tradición apostólica. 

Como sabéis, la tradición apostólica y la Sagrada Escritura anta Biblia son equivalentes. Por supuesto, no es solo la tradición apostólica, sino también la tradición de los Padres, la cual refleja y difunde la tradición de la Santa Escritura. ¿Por qué? La Sagrada Escritura es una tradición [del gr. "παράδοση" (parádosi), lit. "entrega"], del verbo "παραδηδω" [paradído], entregar. De este modo, si negamos en la Iglesia esta capacidadidad de ser la tesorera de la Tradición, de la Santa Escritura y de la Gracia Divina, entonces consciente o inconscientemente, la consideramos muerta a la Iglesia, y que el Espíritu Santo está ausente de la Iglesia. 

En nuestros días, sin mencionar más detalles, sería muy triste si lo hiciese, os diría: hay algunos que se han fijado en la absolutización de esta tradición, —absolutización, lo he dicho 5 o 7 veces—, y en nombre de esta absolutización, dicen: "no tenéis el Espíritu de Dios vosotros, no son válidos vuestros misterios, esto, lo otro, lo otro...". No. La Iglesia tiene el derecho de regular sus propias cosas. Los hombres son engañados, la Iglesia no es engañada jamás. La casa de Dios es,  como dice en su epístola a Timoteo el apóstol Pablo, «la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad». (1 Tim.3,15). Y muchos cristianos católicos apostólicos ortodoxos, laicos y clérigos, reciben influencias del mundo, mundanizan de algún modo sus vidas, mundanizan la iglesia. En realidad sin embargo estas personas que intentan mundanizar la Iglesia, están muertos, sean laicos, sean clérigos. Son los miembros muertos de la Iglesia

. Es lo que el Señor dice en el capítulo 15 del Evangelio según san Juan: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. Y cada pámapano...". Vid es toda la planta, viña es el tronco, la raíz y el tronco, que saca las ramas. "...Y cada pámpano, —porque los pámpanos producen las uvas—que no lleva uvas, es decir fruto, es cortado y echado al fuego". Es decir es una viña muerta.

Pero, ¿por qué existen éstas [personas]? Siempre existirán. Dios las tolera ¿Por qué las tolera? Espera su corrección, espera que despierten. Es lo que dice el apóstol Pablpo en su epístola a los Efesios (5,14): «Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo».

Que duermes, que estás muerto, espiritualmente. Por eso tolera el Señor. Él también hizo referencia a esto con otras parábolas, como con la parábola de la pesca (Mt. 13, 47-50), o la parábola del trigo y la cizaña (Mt. 13,24-52). " Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro...". ¿No os causa esto impresión? Dejad que crezcan juntos, porque tolera el Señor. Tolera. Y espera a que sensibilice, que crea, y que regrese, como pasó con Pablo.

Pablo (Saúl) era una cizaña, y se convirtió en el [auténtico] Pablo. Y Pablo agrega, «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis». Este "pues", indica la conclusión de lo que dijo, que alguien debe despertarse, levantarse, resucitar del letargo del pecado, de las infidelidades, de la indiferencia. Por eso dice a cada uno: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis» Con diligencia, exactamente.
Los viven en la Iglesia "estando vivos", constituyen, en cada época, el remanente de la verdadera Iglesia. Y este remanente, no importa cuán pequeño sea, si permanece, y permanecerá, por eso el Señor dijo: "No temas mi pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino". Este remanente siempre, en cada época, como os he dicho, existirá. Como lo fue entonces entre los hebreos, este remanente que recibió y admitió a Cristo, este remanente constituirá la Iglesia viva, que es columna y baluarte de la verdad.

Y procedemos al siguiente de los dos últimos versículos, el 9 y el 10:
«Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad». 

Es decir, le dijo el Señor a Pablo mediante visión durante la noche: no temas, sino habla y no calles, porque yo estoy contigo. Nadie te atacará para hacerte daño. Por que aquí en Corinto hay mucha gente mía.

Vemos que los peligros después del alejamiento de Crispo, el principal de la sinagoga, quien creyó en Cristo, comenzaron a hacerse ya visibles y amenazantes. La sinagoga perdió a su principal dirigente. ¿Qué decís, que a los judíos les sentó esto bien? Ciertamente entonces, tal vez esté también amenazada la vida de Pablo. Y el apóstol Pablo escribirá más tarde a los corintios: «de fuera, conflictos; de dentro, temores» (2 Cor. 7:5). Exteriormente conflictos, interiormente temores. Cuatro palabras muy características. Y ahora el Señor viene a fortalecer a su apóstol.

No era la primera vez que Pablo era fortalecido por la presencia del Señor. Él escribirá de nuevo a los corintios, en la primera a los corintios: «¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?» (1 Cor. 9,1). Porque había algunos entre los corintios que menospreciaban a Pablo. Honraban particularmente a Pedro o Cefas, a Apolo...

Veis es antigua tradición con nosotros los griegos dividirnos siempre y hacernos fracciones. Y entonces así, algunos menospreciaban a Pablo. Y Pablo, por supuesto, se decepciona. Lo dice muy a menudo esto, "ma habéis disgustado con esto, o con lo otro..."

En su revelación hecha en la segunda epístola a los corintios, que «Conozco a un hombre en Cristo, que... fue arrebatado hasta el tercer cielo» (2 Cor. 12,2). "¿Parezco un insensato contándoos estas cosas? Me habéis obligado vosotros", escribe a los corintios. En este caso, dice «¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?». Y, por supuesto, no es solo el caso de Damasco, sino que son muchas otras más, como con el tribuno Lisías en las cárceles de Jerusalén, allí de nuevo vio al Señor. "No temas, le dice el Señor. Darás testimonio de mí también en Roma.

No fue casualidad que dijese que apelaba al César, apelo. Los judíos lo acusan de que invocó a gentiles para ser salvo, todavía seguían con lo suyo los, y siguen ¿Dónde está el mal aquí de Pablo, en el momento en que no podía encontrar su derecho en el concilio de los Judíos?.

¿Qué era el César? Era la Corte Suprema, él mismo juzgaba. "E invocó César". Ningún mal. A fin de cuentas, por indicación del Señor. "No temas, darás testimonio de tí y de mí en Roma. ¿Cómo fue? Fue prisionero, le llevaron. Ahora aquí, en Corinto, el Señor le dice, no tengas miedo, sigue en esta ciudad, porque hay mucho pueblo mío.

Debemos decir, sin embargo, y a esto debemos prestar especial atención, que la fe de Pablo en la Persona de Jesús Cristo, no dependía de la revelación —no creyó porque tuvo esas visiones de Jesús Cristo—, no. Sino que estas visiones-revelaciones simplemente le fortalecían y, sobre todo, como vemos en este caso, le informaban sobre su actividad apostólica. ¿Por qué? Porque Pablo, después de las violencias que recibió en Corinto, se preguntaba: "¿Debería seguir en Corinto o marcharme?" Y porque estos pensamientos los tenía por la noche, tras su obra en Corinto, cuando ya se había calmado tras la actividad del día, pensando en esto, tuvo la visión de Jesús, diciéndole: "Pablo, no temas", primero; y segundo, "sigue aquí".

De modo que no son las visiones la fuente de la fe de Pablo. ¿Por qué digo esto? Porque muchos intentan respaldar su fe con milagros. ¿Lo habéis oído? Hermanos, si no hemos encontrado a Cristo mediante las Sagradas Escrituras, si Cristo no se convertido en una experiencia en nuestras vidas, no intenten encontrarlo en los milagros. Y si decís que lo habéis encontrado allí, lo perderéis de nuevo rápidamente.

¿Lo habéis oído? En las Escrituras encontraremos a Cristo, allí buscaremos, allí seremos fortalecidos y afianzados. Allí, donde personas inspiradas por el Espíritu Santo escribieron sobre la Persona de Cristo, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Allí encontraremos la verdadera identidad de Jesús Cristo. ¿Lo digo una vez más? No lo encontraréis fácilmente en algunos milagros impresionantes; lo perderéis de nuevo. Sí, olvidamos. Vimos un milagro, nos impresionó, nos mostramos como nos mostramos, "muy cálidos en la fe", poco tiempo después, comienza nuestra vida mundana, y lo olvidamos todo.

Cuando alguien encuentra a Cristo en las escrituras, cuando Cristo se convierte en una experiencia diaria, no con cosas extraordinarias e impresionantes, una experiencia diaria en la vida de alguien, entonces no deja a Cristo, ni llegando al martirio. Os ruego que esto lo mantengáis, es en gran manera útil.

Comentando esta visión de san Pablo san Juan Crisóstomo, dice: "Fue hecho digno de hacer que tomase valor, de afianzarse, porque si huebese temido, habría sido apercibido por Cristo; y si no hubiese temido, no se habría aparecido Cristo en visión para controlar a Pablo, pero la presencia de Cristo le da valor". Y este valor, queridos, muchas veces cuando llegamos a un punto extremo, lo necesitamos todos.

También escribirá en su primera epístola a los corintios, —esta primera epístola fue escrita en Éfeso—, «Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;» (1 Cor. 2,3). Y ahora como dijimos viene el Señor en una visión por la noche a decirle, "no temas, sino habla, y no calles".

Este logos de Dios, "no temas", muchas veces ha sido comunicado a sus servidores, y continúa haciéndose. Fue dicho a Abraham, esté en el libro del Génesis; fue dicho a Jacob, en su huída de su hermano Isaac; en el camino se echó a dormir, y se le apareció el Señor y le dijo: "No temas, yo estoy contigo". A pesar de que vivió en un continuo sufrimiento cerca de su tío Labán, quien le defraudó. Porque Isaac le pidió a Rebeca y él le dio a Raquel mediante una artimaña, le dio a Lea la mayor, y el pidió a la menor, Rebeca. "Sabes, aquí es costumbre que primero se casen las mayores y luego las menores". Es decir, van en orden. "¿Quieres también la pequeña? Trabaja para mí otros diez años, y también te daré a la menor".

Es decir daba el hombre las dotes no daba la mujer las dotes, para que lo entendamos, y le hizo sufrir a Jacob. ¿Por qué digo tantas veces, lo de que le hizo sufrir? Es la energía increada de la Venerada Cruz. Los Justos viven los sufrimientos de la Cruz, antes de la Cruz histórica. Hoy día ¿no tenemos la Exaltación de la Veneración de la Cruz? Aprovechando la oportunidad os digo esto. Santo, sin sufrimientos, no es posible. No es posible.

Así entonces, también Jacob oyó a Dios decíendole: «No temas». Y no sólo una vez, sino otra vez cuando sus hijos vinieron de Egipto y le dijeron: "Tu hijo José está vivo. Y nos ha invitado para que vayamos a Egipto; es gobernante allí". No lo creyó. Jacob no lo creyó. Y tenía miedo de ir a Egipto, a la invitación de su hijo". Y Dios se le aparece y le dice: "No temas, no tengas miedo, yo estoy contigo, vete a Egipto.

Lo mismo le dirá a Moisés. Lo mismo le dirá a Josué, leed por favor, el primer capítulo de Josué, donde se lo dice repetidamente. "Ten valor, no temas. Sé valiente. Yo estoy contigo". Lo mismo le sucedió a Jeremías, lo mismo a Isaías, lo mismo a José, el prometido y tutor de la Madre de Dios y Siempre Virgen María. "No temas, le dice, de recibir a tu esposa", la Madre de Dios. Según la ley era su mujer, pero en esencia no era la mujer de José.

Y cuando Dios asegura algo, queridos, el fiel, ¿tiene ya algo que temer? Las aventuras no faltarán. Es la energía increada de la Venerada Cruz, dentro de la historia. Las aventuras no faltarán, pero Dios viene a ayudar. Y no sólo, le dice ahora el Señor a Pablo "no temas", sino "habla y no calles". ¿Sobre qué no debería Pablo callar? Sobre el Nombre del Señor Jesús Cristo; que este es el hijo natural de Dios, quien se hizo humano y es el Mesías esperado.

Sobre el tema "habla y no calles", Dios dice (está en la epístola a los Hebreos, pertecnece al Antiguo Testamento): «Mas el justo vivirá por fe; / Y si retrocediere, no agradará a mi alma» (Hebr.10,38)

No me hará sentir bien, no lo quiero, lo devuelvo, lo rechazo. ¿Cuándo? Si él cierra su boca y no habla nada. Y Pablo no debía temer, predicar la vida espiritual [ethos] evangélica.

A los corintios les escribe: «No erréis [no os engañéis]; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios»

¿Y dónde dice estas cosas? En la ciudad aquella en que se levantó un gran templo a Afrodita y mantenía a mil mujeres "siervas sagradas" para uso público. Es decir, mil prostitutas. En esta ciudad debía decir la verdad. No debía omitir no sólo el Nombre de Jesús Cristo, sino la vida espiritual [ethos] evangélica, aunque esta ciudad estuviese corrompida.

También dirá a los ancianos de Éfeso, con quienes se encontrará en Mileto, —ya habían pasado por Éfeso, fundó allí la Iglesia, y allí aventuras de nuevo—, en Mileto, yendo por mar a Jerusalén. Les dijo, entre otras muchas cosas muy importantes:

«Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo». (Hechos 20, 18-21).

Queridos, el verdadero predicador del Evangelio no dice estas cosas porque gusta, o esconde lo otro porque no gusta, porque debe crear una atmósfera agradable, mientras que el otro puede crear una atmósfera desagradable. Lo mismo el confesor-padre espiritual. Todo orador del logos de Dios ha de decir la verdad y la voluntad de Dios. Si le cierras la boca, entonces, ¿cómo aprenderá el otro lo correcto?

Algo así le sucedió al profeta Jeremías. Bajo el peso de su misión profética, el profeta Jeremías dirá al Señor —vemos aquí un valor, una familiaridad, de los Justos, de los Santos de Dios, con Dios—: «Me sedujiste, oh Señor, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí» (Jer. 20,7) 
Me sedujiste Señor, y fui seducido, porque insististe en que asumiera la obra de profeta. Porque decía el profeta, 

- "Señor, soy un muchacho, un chico joven, ¿quién me escuchará a mí?" 

- "No digas que eres un chico joven. Irás" 

- "Pero, Señor...". 

- "Irás. Te doy el carisma profético, irás a predicar".

Tenía sus objeciones Jeremías, ¿y ahora qué dice? Me sedujiste, porque insistías, y prevaleció tu opinión, pero... se burlan todos de mí, me ven y se ríen. Todos los días se mofaban de mí, —como aquí los niños sacan la lengua, los hebreos se cogían la nariz, distintos modos de mofarse—, y dije: "No volveré a decir el nombre del Señor, ni hablaré más en su nombre. No obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude" Y cuando dije este pensamiento, cayó fuego sobre mis huesos y no podía sufrirlo. Es decir, me quedé paralizado, por todas partes me quedé paralizado. (Jer. 20,8-9) 

Y este fuego en los huesos en los huesos de Jeremías está relacionado con lo que el Señor le dijo a Pablo, "no tengas miedo, sino habla y no calles". Solo que no lo dijo con palabras, lo dijo con hechos. Cayó fuego en sus huesos. Es decir, no podía aguantarlo, y dice, esto se debe a que he cerrado mi boca; entonces, he de hablar. 

En días, queridos, difíciles; en días peligrosos, siempre existe el peligro de no decir el diácono el Evangelio, la Verdad al completo. Que se oculte, sea que esto se refiera a la doctrina, ya sea que se refiera a la vida espiritual (ethos). Muchas veces es asaltado por un temor. Pero de un modo místico, a cada predicador del Evangelio, le dice e Señor: No temas, sino habla y no calles. Pero, ¿dónde se asenta este valor y  falta de temor? En algún lugar debe asentarse. Queridos, esto, si Dios quiere, lo veremos el próximo Domingo


 


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