[1001] Catequesis y bautismo de los de la casa del Carcelero. Puesta de la mesa. Orden de liberación de Pablo y Silas. (Hech.16, 32-36)

[Fecha de la homilía 25-10-92]

Nos encontramos querdos en el capítulo 16, versículo 32 de los Hechos de los Apóstoles. Recordemos, Pablo está en prisión con Silas, en Filipos, hay un terremoto, el carcelero intenta suicidarse creyendo que los prisioneros se habían escapado, tras abrirse las puertas de la prisión debido al terremoto. Sin embargo, esto no sucedió, Pablo se lo impidió, no te hagas daño a ti mismo le dice. Él se queda asombrado pensando cómo es que no han huído también Pablo y Silas. Llegaron al punto en qué preguntó él, ¿qué debo hacer para ser salvado? Y les hablaron el logos del Señor. «Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa» (16,32). 

Los dos apóstoles hablaron, catequizaron, a todos los de la casa del carcelero,tal vez no sólo a su mujer y sus hijos, sino también a familiares y siervos, etc.

Y habíamos comenzado diciendo, cuál era contexto de lo que dije, sin embargo no lo completamos. Dice que catequizaron, hablaron el logos de Dios a todos los que estaban en la casa de este hombre. Es decir los familiares, no digo los de la casa, porque en la familia se incluían también al personal de servicio, cuánto más si eras siervos cercanos a la familia.

La catequesis y el bautismo no es tema sólo del carcelero, como vemos, sino también de su familia, pues debían ser catequizados. Esto, por supuesto, no significa opresión del personal, opresión de la libertad, o de los familiares inmediatos, esposa, hijos etc. Pero como los bienes materiales que entranen una casa son compartidos por todos los que habitan, del mismo modo los bienes espirituales han de ser compartidos. 

¿Habéis visto esta posición lógica? Esto hoy no existe, hemos de decirlo esto. Ya que compartimos los bienes materiales, compartamos también los espirituales.

 Nuestros niños pequeños son bautizados, desde luego, son bautizados hoy. Pero hubo un tiempo en que los dejábamos sin bautizar con el argumento de que cuando crezcan, —comienza esto a suceder también en Grecia—, elijan por ellos mismos sio quieren bautizarse. Hace tiempo existía el bautismo, llamémoslo así, obligatorio. No podíamos ir a la escuela primaria en el colegio, si no teníamos un certificado del bautismo, etc. Así éramos todos los griegos un pueblo unido, todos cristianos ortodoxos, etc, etc. Véis sin embargo, todas estas libertades que comenzaron a fluír con la llamada transmisión de ideas científicas en Grecia [1850-1900], existen muchas cosas negativas. Precisamente por eso hoy existen padres que dicen que dejarán a sus hijos crecer, y ellos eligirán si quieren o no bautizarse.

Algo que es también controvertido hoy en día, no es tanto el tema del bautismo, porque todavía, debido a que existe una generalización de practicar el bautismo, muchos sienten vergüenza — por motivos psicológicos, sobre todo sociales—, por que no digan los demás que hemos dejado a los niños sin bautizar, los bautizan sin creer, sin admitir estas cosas.Donde se nota realmente esto es en el tema de la catequesis de los niños dentro de casa. Según crecen los hijos, por desgracia, no les catequizan, sino que son llevados a una percepción negativa, con el argumento de que cuando crezcan, ya decidirán si quieren mantener su estado cristiano o no.

Pero esto se trata de una hipocresía. Quisiera preguntaros: ¿preguntamos a nuestros hijos cuando lleguen a la edad de la escuela básica en el colegio, si quieren ir al colegio a aprender las letras? ¿Lo habéis visto esto vosotros en algún sitio? 

Hijo mío, ¿quieres ir al colegio a aprender las letras? Es sabido que aunque los niños no aceptan con entusiasmo el colegio, por este motivo, si se les pregunta, darán una respuesta negativa. El niño no puede calcular las los efectos de no aprender letras, no puede calcular nada de esto. 

Entonces, os pregunto: ¿preguntamos a nuestros hijos si quieren que les enviemos al colegio? Al contrario, si ellos se niegan a ir al colegio, muy probablemente se llevarán una buena regañina, o cuando menos una persuasión: "venga hijo mío, va a estar muy bien allí, esto, lo otro....". Exactamente para conseguir que los niños vayan al colegio.

Os pregunto: Si conseguimos que los niños, tal vez con algo de presión alguna vez, vayan al colegio, ¿esto es opresión y falta de libertad? Seguro que no. Porque el niño no puede distinguir. ¿Por qué entonces en el tema del bautismo y de la catequesis nos negamos a continuar? ¿No es esto una hipocresía? No me digáis que son cosas distintas éstas, no me lo digáis. Yo os diría que el tema de la catequización es superior al de aprender el niño las letras.

Así desafortunadamente, tenemos estos pretextos ante el pecado para dejar a nuestros hijos sin catequesis. Les impedimos que vayan a la escuela de catecismo más tarde, y nosotros en casa tenemos una actitud negativa. El niño se escandaliza, no quiere después aceptar nada de la fe. Como resultado, estos niños, salvo un milagro, permanecen lejos de Dios. 

Podría decir alguien: "¿Donde hay fundamentos para el bautismo infantil en la Sagrada Escritura?" Responderíamos, en varios pasajes, pero sobretodo en el que vemos ahora. En este pasaje, ¿habría niños pequeños en la casa del carcelero? Para estar en su trabajo, no podía ser un anciano, un hombre joven debía ser. Por lo tanto, qué significa esto, que debía tener hijos pequeños. Y los siervos personales de su casa, ¿no tenían niños pequeños? Todos ellos fueron bautizados. He aquí pues los fundamentos del bautismo de infantes en el Nuevo Testamento. Pablo no niega confesar a todos, y a los niños pequeños, así como en la circuncisión hebraica a los ocho días, estaba incluido todo el pueblo de Dios. Para entrar alguien y pertenecer al pueblo de Dios, debía ser circuncidado. De otro modo, no podía pertenecer pueblo de Dios. ¿Y cuánto tiempo pasaba hasta la circuncisión? Ocho días. ¿Por qué? Porque el niño había de formar parte de los bienes del pueblo de Dios. Lo que Dios diese a su pueblo, este niño debía ser heredero de los bienes que tuviese su pueblo. ¿Y habéis visto? Ocho días. ¿Cuánto más el tema ha de ser aplicado con el bautismo, teniendo en cuenta que este misterio tiene a su vez el Misterio de la Divina Eucaristía —es decir que comulgue el niño— ? Por eso hago un llamamiento.  Bien seáis padres, o si vuestros hijos son ahora padres, sois abuelos. O bien parientes, o sois o vais a ser padrino o madrina: bautizad a los niños muy pronto, muy pequeños, para que puedan comulgar. 

Y no esperéis, —tristemente he encontrado este fenómeno—, que van a venir los padrinos de América, que si este padrino vendrá el verano, no ahora en Navidad en invierno, y entonces bautizaremos al niño. ¿Por qué esta injusticia con el niño? Y si el niño se enferma y muere durante este tiempo, esperando al padrino de América? Por favor, pronto, de un modo práctico y hermoso, bautizaremos a nuestro hijo.

Y no conectemos el bautismo con diversiones, influencias u ostentaciones. Tenemos dinero, no tenemos dinero, cómo haremos la mesa... es tan sencillo el tema. Iremos a la Iglesia, y nuestro hijo será bautizado. ¿Cuántas personas podrán ser? Cinco o diez personas. Fialmente invita a una mesa a cinco o diez hombres, nada más. Porque toda esa manía por aparentar y la arrogancia de la vida, nos hace quedarnos atrás y privar a nuestro hijo de la gracia divina. 

Y pasamos al siguiente versículo, el 33. «Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.»

Es decir, en aquel momento, en aquella hora de la noche dice, les los recibió, por supuesto después de asegurar la prisión, cerró las puertas y etc., les lavó las heridas y fue bautizado él y todos los suyos inmediatamente, en seguida, sin espera. 

Tenemos en este pasaje queridos un cambio de imágenes, cuya velocidad no sorprende. En cuanto fue completada la catequesis, y el carcelero recibió la luz del conocimiento de Cristo, directamente, en aquel momento de la noche como hemos visto, les recibe y les conduce a ser lavadas sus heridas con agua. A lavar sus heridas, porque recordad, el día anterior cómo fueron azotados con 

varas, y por supuesto, no habría el lujo de que les curasen las heridas, ni siquiera que es las lavasen, nada. Fueron arrojados a la prisión, etc.

"Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas;" ¿Qué significa este cuidado personal que tiene hacia los apóstoles? Un acto completamente incomprensible para el director de las prisiónes hacia uno o varios presos; lavarles de sus heridas.

Queridos, como lo diremos, tales personas crea el Espíritu Santo. Sí. Impresiona que el guardia incluso aprovecha el tiempo para beneficio de su salvación, ¿qué dijo? "Inmediatamente". "Directamente". No lo pospone para mañana, —mañana cuando amanezca, podría haber dicho—. Sino a esa misma hora de la noche.

Por otro lado, los soldados que estaban a cargo de la ciudad de Filipos, dejarán irse a los apóstoles, y de hecho les pedirán que abandonen su ciudad, porque como veremos más adelante, quizás la próxima vez, tenían miedo. Veremos por qué tenían miedo.

Así que les pedirán que se vayan de la ciudad. Así que si un carcelero hubiese pospuesto su bautismo, ¿no hubiese salido perjudicado? Queridos míos, estas cosas nunca debemos posponerlas. Cuando alguien me pide confesarse, siempre he temido que padecer una crisis de conciencia, porque a veces no puede uno confesar en el momento en que se lo pide el otro; no puede, por razones técnicas. Pero ¿saben que siempre tengo una crisis de conciencia? ¿y si esa persona muere, qué pasa?

Recuerdo una vez, hace mucho, unos 25 años. Fui a Tirnabo, estaba en la iglesia de San Atanasio, me preguntaron si podía confesar a alguien. Le digo, "¿está moribundo?". "No, no está moribundo". Bien. Ya que iba a Tirnabo para dos días, dije, antes de regresar, mañana o pasado mañana, pasaré por su casa y veré a este hombre. Había anochecido. Iba a Tirnabo para dar catequesis.

Y fui a la dirección que me dijerón, pregunté en un quiosco, ¿dónde está esta casa? Y me dice él, "sí, hoy hemos tenido su funeral". Por supuesto, me impuse la regla a mí mismo, tengo escrito su nombre, y lo conmemoraré hasta que muera. Para mostraros que se crea una crisis de conciencia, cuando te lo asignan y no lo haces, estas cosas que sirven para la salvación.

Por supuesto, aquí el mismo carcelero quiere lo más beneficioso y cuida de que todo esto se realice esa misma noche. Y después de todo este proceso de cuidados, de las heridas de los apóstoles, se prepara ahora para ser bautizado, tal como todos los suyos.

Alguien escribe, "fueron bañados, fue bañado" [bautizado]. Es un hermoso intercambio de obras de amor". Así lo escribe este autor.

Y como señala el santo Crisóstomo sobre esto, ""fueron ellos lavados, y fue lavado él, —se entiende mediante el bautismo—. Los unos de sus heridas fueron lavados, los otros de sus pecados". El carcelero lava a los apóstoles las heridas, mientras que él recibe el lavado —el bautismo— por los apóstoles, para que sea lavado de sus pecados. Es decir, es muy hermoso este intercambio de obras verdaderas de amor que se puede ver aquí.

¿Se pueden imaginar, como les dije al principio del pasaje que estamos interpretando, que tenemos una velocidad de la alternancia de imágenes en aquella noche. Estos movimientos, estas alternancias de emociones que crearon esa noche, cómo debieron sentirse, tanto los apóstoles como los de la casa del carcelero. Es decir, comenzamos con la salmodia de los Apóstoles, hubo un terremoto, etc., las puertas se abrieron, él intenta suicidarse, se arrodilla y dice, "¿qué debo hacer para salvarme?", les lava las heridas, es lavado él mediante el bautismo.

Y ahora vamos con el siguiente versículo, el 34:
«Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios». 

Nueva imagen. Y se regocijó con toda su casa de haber creído en Dios. Tras su bautismo, les subió a su casa el carcelero a los dos apóstoles, y les prepraró la mesa, en aquel momento, todo en aquella noche. Esto de "les subió" muestra que la casa del carcelero debía estar por encima de la cárcel. Porque el patio por lo que parece estaba abajo y subieron las escaleras hasta la casa. ¿Y qué sucedió allí? Les prepararon la mesa.

Queridos, vemos algunos detalles aquí porque todas estas cosas tienen sentimientos verdaderos, no pueden ser obviadas. Verdaderamente, qué gratitud y qué honor muestra aquí el carcelero. Estos son, queridos, los milagros de la fe. Sí, estos son los milagros de la fe. No busquemos otros milagros, en los cuales existe cierto egoísmo, sobre si seré  curado de una enfermedad o no sé qué más. No quiero decir que no quisiéramos todos librarnos de una enfermedad, pero el peso de los milagros ha de recaer aquí. ¿Dónde? Cuando el hombre cambia, se vuelve nuevo, cuando el Espíritu de Dios le renueva, esto es lo más importante. Los otros milagros, permítanme, son inferiores. Y los cuales al final, no son definitivos para nuestra salvación. Pero cuando el Espíritu Santo me renueva, esto me acompañará por los siglos de los siglos.   

Véis entonces el Espíritu de Dios aquí, cómo hace al hombre nuevo. La fe establece a este hombre nuevo bien dispuesto, con buena voluntad, generoso.

La invitación a una comida, queridos, es siempre una referencia a la amistad, a la honra y al amor. ¿A quiénes invitamos a la mesa? A aquellos que amamos, a los amigos, a los que valoramos. Comimos con este hombre, según la expresión, pana y sal. Lo de reunidos en el aposento superior que encontramos en el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles, algo así quiere mostrar. He comido pan y sal con un hombre, es decir con mucha amistad estaba contigo. Si éste ahora muestra una enemistad, ¿no es esto doloroso? 

David se queja porque su amigo Ahitofel era su consejero y su compañero de mesa, pero se convirtió en su enemigo, y de hecho enemigo traicionero. Dice David en el salmo 24 (13-15): «Si me ofendiera mi enemigo, lo habría aguantado; si me atacara mi adversario, me habría escondido de él; pero eres tú, mi camarada mi amigo y mi confidente, a quien me unía dulce intimidad; íbamos juntos a la casa de Dios» Tenías un alto puesto, que te había dado, conocido amigo mío, que me endulzabas con tu presencia cuando comíamos juntos en la misma mesa. E íbamos  a la casa de Dios en concordia a rezar con una voz y un espíritu. ¿Cómo ahora te has vuelto mi enemigo? 

Os cuento la historia si queréis, Ahitofel traicionó a David, eran compañeros y era su consejero. Pero cuando Absalón, tercer hijo de David, inicia su revuelta, Ahitofel le da la espalda a David y abraza la causa de Absalón... así sucede muchas veces. Absalón era un hombre joven, David ya envejeció, "¿para qué lo quiero ya? Él no tiene futuro, su hijo tiene ahora futuro...". Pobre Ahitofel; ¿y sabéis lo que logró? Siendo ahora consejero de Absalón, hijo de David. Es decir una conspiración, dentro de la casa de David. Finalmente, Absalón tuvo un mal final y Ahitofel se suicidó.

Esto está en II Reyes, Capítulos 15 y 17  El salmo 54 refleja estas elementos históricos. Debo decirles que Ahitofel fue una prefiguración de Judas. Sí, de Judas. Él estaba en la misma mesa con Cristo, porque David era una prefiguración de Cristo. «El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.» (Sal.41,9) ¿Sabéis qué significa esto? Es una profecía, y se refiere exactamente a Judas.  El que come pan conmigo en la mesa, me levantó la pierna y me pateó. ¿No es esto doloroso? ¿Por qué? Porque el que come en la misma mesa con otros son amigos. 

Y ahora, queridos, el carcelero lleno de gozo y agradecimiento ofrece una mesa a los dos apóstoles. Esta mesa de gozo y agradecimiento, pero también de algo más. 

Irremediablemente tras el bautismo debía seguir el misterio de la divina eucaristía, por eso, como era costumbre entonces, y tal como el Señor ofreció este misterio durante la cena, (la Última Cena), cuando entregó el misterio diciendo "comed, bebed todos de él, etc.", así en los primeros tiempos apostólicos el misterio de la divina eucaristía se realizaba normalmente por la noche. Y desde luego no permanecían en ayunas aquel día todos, tampoco se hacía ayuno, esto vendría después poco a poco, porque tenían lugar algunos altercados. Pero viviendo aún los apóstoles, estas cosas son corregidas. Y es separada ya la cena del misterio de la divina eucaristía. La cena común es separada, y tenemos ya la divina Liturgia; no se realiza ya por la tarde, sino sólo por la mañana. Si se realiza alguna vez por la tarde entonces ayunamos, como dijimos. Todo esto fue organizado para que no hubiesen desórdenes, por que los había. Por esto mismo, los mismos apóstoles en vida  corrigieron estas cosas. Y nuestra Iglesia gradualmente modificó las cosas para que no ocurrieran estos desórdenes que afectaban al misterio de la divina Eucaristía. 

Por lo tanto, durante la duración de la cena, después de la medianoche era esto, el apóstol Pablo realizaba el misterio de la divina eucaristía. Y como muy hermosamente dice el santo Crisóstomo, no me digas que esto lo dice la Sagrada Escritura, se sobreentiende. Y así lo comprendieron los Padres de nuestra Iglesia, por eso escribe ahora el santo Crisóstomo que el carcelero «ofreció una cena, y le fue ofrecida una Cena». Ofreció una cena material, y le fue ofrecido por los apóstoles el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Esto es algo muy hermoso, realmente. El carcelero se regocijaba grandemente por todo esto, estaba lleno de la alegría, tenía la alegría del Espíritu Santo, por todas estas cosas que estaban sucediendo. Por esta razón el santo Crisóstomo dice: «Νο vio cosas milagrosas, sorprendentes, el carcelero. Sólo vio lo que pasaba... pero creyó. Esto es lo importante. Creyó. Y si alguien cree, entonces vienen los frutos del Espíritu Santo. Y uno de los frutos es el gozo, la alegría. Por eso ahora el carcelero está alegre y cada fiel tiene alegría. 

Si no siente alegría, tras haber creído, algo no va bien respecto a su fe. Algo no va bien. Y ha de buscar a ver, ¿por qué no tengo alegría? ¿Tal vez falta fe?  

Y cuando alguien tiene la alegría de la fe, entonces desde luego tiene también la confesión de Cristo, y a continuación el testimonio por Cristo. 

Veis cómo empieza y cómο se desarrolla. Así entonces el carcelero tenía este gozo. ¿Por qué este gozo? ¿Porque se salvó de su suicidio? No. Porque creyó. Lucas el Evangelista lo dice así: «...y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios».  Regocijarse significa aquí sentir una completa y rebosante alegría, con toda su casa, de haber creído en Dios. No porque fue librado del suicidio, sino porque creyó. Y dice san Juan Crisóstomo, no se regocijó porque fue salvado, sino porque creyó en Dios.      

Esto es muy importante. ¿Se alegra alguien por haber conocido a Cristo? ¿Se alegra por su fe?  Entonces podemos decir que comenzamos a tener a un cristiano correcto. Te alegras porque has encontrado a Dios.   

Y algo digno de señalar, cerrando este pasaje, a la pregunta del carcelero a los apóstoles, "¿qué debo hacer para ser salvo?", ¿qué respondieron los apóstoles?. «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo». Ahora, ¿qué dice aquí? Dice que se alegró porque creyó en Dios. Esto significa que creyendo en Cristo —esto le dijeron los apóstoles—, ya has creído en la divinidad de Dios. Con otras palabras, creyó en la Persona divino-humana de Cristo. Esto tiene mucha importancia. 

Continuamos con el siguiente versículo, el 35: «Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres». 

Amaneció. Y los magistrados (soldados) dice, —como os dije, eran más de uno— que custodiaban la ciudad. Y era un sistema de gobierno de los romanos. No sólo un hombre, más. Los soldados entonces enviaron a los alguaciles. ¿Quiénes eran estos alguaciles? Eran militares escoltas romanos, lo habréis visto en antiguas esculturas relieves, con mantos y pantalones cortos para tener libertad de movimiento, y la espada.      

Van entonces ahora los soldados a la carcel  y dicen al carcelero que libere a los prisioneros Pablo y Silas. Ciertamente el carcelero debía encontrarse con un gran alivio emocional cuando recibió esta orden. ¿Cómo metería de nuevo este hombre a sus benefactores tras su bautismo? ¿Qué les diriía? ¿Regresen a la prisión, ahora les encerraré de nuevo? Aquellos que lo bautizaron, que tanto hicieron por él, que le mostraron el camino de la salvación? ¿Lo entendéis? Era delicada posición la del carcelero, emocionalmente delicada. 

Ciertamente el carcelero, ahora, como os dije, muestra alegría, gozo, porque finalmente no los pondrá en la cárcel. Sí que les pondría, porque, ¿a qué hora terminaría la cena? ¿A las tres queréis? ¿A las cuatro de la noche? ¿A las cinco, a las seis de la mañana? Les pondría de nuevo en la cárcel, seguro, pero llega el mensaje de lo soldados de liberarlos; atentos aquí. Los apóstoles Pablo y Silas, dirían al carcelero, hermano, te hemos librado de suidicidarte, te hemos bautizado, ¿y ahora nos pones de nuevo en la cárcel? ¿Lo percibís?

Queridos, Pablo apartó los deberes de funcionario público de la naturaleza cristiana. Sin más. Así, Pablo con mucho gusto permanece en la cárcel. Ésta era el alma de Pablo. Éste es el admirable cristianismo. En cuanto a los demás, iré a la cárcel, encontrarás tu cliente, eres funcionario público. Acataré el carácter público yendo de nuevo a prisión. Decidme una cosa, ¿quién de nosotros lo haría esto? ¿quién de nosotros lo haría esto? Y sin embargo, así debemos hacer. Éste es el hombre superior; no el filósofo, el cristiano. El cristiano. Sólo queridos si nuestra Grecia se convierte en cristiana solucionaría todos sus problemas. Pero por desgracia, muchas veces sólo unas pocas personas viven el cristianismo. Sólo unas pocas, no el conjunto.

Surge una pregunta, ¿cuántos soldados cambiaron tan rápidamente de opinión? Ayer los maltrataban, y hoy dan la orden de que sean liberados. ¿Cómo sucedió esto? ¿Qué era lo que les hizo tomar esta decisión?

El Códice de Beza, —qué explicación os doy ahora—, son las diversas escrituras que tenemos de los Evangelios, de los Hechos de los Apóstoles, de las Epístolas. Y este Código, es decir un libro llamado código porque es antiguo. Y todavía tenemos muchas veces expresiones condensadas. Como tenemos las conocidas epístolas o cartas de san Ignacio el "Teoforo". Y después existen en nuestra Patrología, de una forma más extensa. Esta forma más extensa, es muy cercana a la original, es decir, a los tiempos de la escritura, en que mantienen algunas tradiciones, y que muchas veces no sacan de un camino sin salida en cuanto a su interpretación.    

Entonces, el Códice de Beza nos informa de lo siguiente: "Vinieron soldados sobre él en la plaza [agorá], —porque allí iban los soldados cada día, a la plaza; porque la plaza era muchas cosas en aquella época—. Y acordándose del terremoto que hubo aquella noche, temieron y enviaron a los alguaciles, etc.,etc. a decir al carcelero que los liberase. ¿Qué vemos aquí? Que existía un temor ante el terremoto. O puede que los soldados hubiesen pensado que se comportaron violenta y exageradamente, por lo tanto injustamente. Parece sin embargo que el terremoto "tenía su motivo". Así parece. Como en la Crucifixión de Cristo, que después del terremoto y el oscurecimiento del sol, —escuchen qué escribas san Lucas—, todos los que allí se encontraban presentes allí en la Crucifixión, viendo los acontecimientos, — el  terremoto, el oscurecimiento del sol—, golpeándose el pecho (golpeándose el pecho y llorando), regresaron a la ciudad. Es decir, se habían arrepentido... "¿Qué hemos hecho?". Y desde luego, el pueblo no crucificó a Cristo. Sin embargo el pueblo era representado por los gobernantes que crucificaron a Cristo.  

Vemos que también los fenómenos naturales entran al servicio de Dios. Aquí permaneceré un poco, porque merece la pena realmente. Ya sea para expresar los fenómenos naturales, —¿no están en la mano de Dios los fenómenos naturales?—, o para expresar la justicia y la indignación de Dios, o también para expresar la protección que Dios quiere dar.

Dice el libro de Sabiduría Salomón en el capítulo 5, cuántas veces decimos este pasaje, le decimos normalmente en las memoriás de los mártires, porque estos primeros capítulos de la Sabiduría Salomón hacen referencia al comportamiento de los perseguidores contra los mártires. Y dice allí: "El Señor utiliza la creación como arma para defensa contra los enemigos. Y la creación luchará junto con Dios contra los perturbados". Porque cuando alguien se vuelve contra las personas buenas, ¿qué otra cosa puede ser sino un perturbado? Los perseguidores, ¿qué son? Perturbados, son locos. "Y hasta las aguas de los mares se indignarán contra los enemigos, de los malos hombres; y las de los ríos se desbordarán repentinamente.  

Un espíritu (viento) de poder se levantará contra ellos, y como una tempestad (lluvia y viento, tormenta) los arrasará". Leed el Antiguo Testamento, para que veáis cuántos acontecimientos similares tenemos, en que Dios lucha por su pueblo contra sus enemigos, mediante los elementos de la naturaleza. Es sorprendente. 

Es importante todo esto, por eso repito que lo digo más detalladamente. 

En el Nuevo Testamento, como sabéis, cuando la Iglesia se refugia en el desierto, perseguida por el Anticristo, entonces allí el Señor alimentará a la Iglesia durante los años en que Él reine, tres años y medio. Escuchad cómo lo dice en el capítuolo 12 del Apocalipsis; nos interesa.

«14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.» 

Un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo, son los tres años y medio, delante de la serpiente, del satanás, y de su representante en la tierra, el anticristo. De modo que, qué vemos aquí; el desierto protege a los fieles de la Iglesia. ¿Cuándo? En aquel tiempo.

Os recuerdo además cuando se ahogaron los egipcios en el Mar Rojo, y el sustento del pueblo durante cuarenta años en el desierto. Todo esto nos es útil, sabedlo. Nos es muy útil. No debemos desesperarnos. El Señor ha prometido, que el Señor protege.

Y los apóstoles fueron liberados de la prisión en Filipos, siempre, desde luego, por providencia divina. Entonces temieron los soldados, fue abierta la prisión con el terremoto. Una cosa podemos decir, que Dios protege a los apóstoles, por muy particular sea el carácter de alguien. Dios ama al de carácter particular, porque hay libertad en la historia para movernos libremente, por eso adquiere este carácter la historia y la protección y la providencia de Dios. Una cosa importa, nosotros debemos amar a Dios y creer en el Señor, esto es importante para nosotros en cada época. 

Como dice el apóstol Pablo, el Espíritu de Dios conoce a los suyos. Escribe en 1 Corintios, "quien ama a Dios, éste es conocido por Dios"; conocido quiere decir que le ve, le conoce Dios, y por lo tanto le protegerá.

Y vamos queridos, con los pocos minutos que nos quedan, con el siguiente versículo, el 36. Saben, como decimos la historia —la historia evangélica, la sagrada y registrada—, y vemos muchas fuentes, que nadie diga ingenuamente que lo que no les estoy diciendo con estas homilías es que no debemos robar ni mentir... Sino que considerando la historia de personas santas hemos de identificarnos y aplicarlo en nuestras vidas, eso os pido. Entonces, el versículo 36: «Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz.»

Trayendo los magistrados el mensaje al carcelero para liberarlos a los apóstoles, viene ahora él con alegría a comunicárselo a Pablo. Feliz ahora el carcelero, de que sus beneficiaros y al mismo tiempo sus presos podrían ya irse. Por eso se despide de ellos, así ve las cosas. Desde luego, los despide como liberados, no porque quisiera que se marchasen de su casa. Como liberados, porque en cuanto a lo demás, ojalá se quedase para siempre Pablo en la casa del carcelero. Porque el mismo Pablo habla en muchas epístolas suyas sobre bondad, benevolencia, hombre generoso y beneficioso. Sabéis, esto lo dice, es carisma del Espíritu Santo la bondad (los frutos del Espíritu Santo son caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad).

Donde quiera que estés, sé un hombre bondadoso (servible), no un inservible. La persona beneficiosa, qué bella cosa ésta. En prisión está Pablo, y muestra su bondad, es decir sus beneficios, sus servicios. Estando en Creta, en Malta, en naufragio, nadaron para salir. Y no fue a una esquina a lamentarse y decir, "ahora a pedir ayuda a los bárbaros", sino que administró las provisiones, cortó anclas y amarras, izó una vela, luego hizo un fuego para calentarse; hombre útil, servible.

Como cuando viene alguien a casa, un familiar o un amigo, en una fiesta por ejemplo, ¿va al salón a sentarse, o irá a la cocina a ayudar, cuando tenemos invitados? Esto quiere decir ser una persona útil y servible. Buen fruto éste del Espíritu Santo, y os pediría que sintiésemos [buena] envidia por esto.

Así entonces, Pablo era beneficioso. Esto lo percibió el carcelero, y por eso no podría separarse de él. Seguro, lo quería, pero sabía que los apóstoles tras estos desprecios y difamaciónes que sufrieron, seguramente desearían partir. Con este sentido entonces, viene y les dice: "marchaos en paz". Este saludo-despido no es griego, es judío. No lo analizaré más, sólo que dice: "en paz". Un saludo con un rico contenido, como dice Isaías (26,12): «Señor, Dios nuestro, danos paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras. ». Señor, todo nos lo has dado; danos la paz. Es un bien tan importante; y el carcelero ahora envía en paz a los Apóstoles Pablo y Silas. 

 

 

Fuente: https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/prajeis/prajeis_175.mp3 

 

 

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