[Fecha de la homilía: 22-03-92]
Respetadísimo y mis estimados hermanos, continuamos con el libro de los Hechos de los Apóstoles. Nos encontramos en el capítulo dieciséis, versículo catorce. Ya habíamos comenzado a analizarlo.
«Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.»
Esto es lo que decíamos la última vez, cuando Pablo estaba en Filipos, en esa aldea a las afueras de la ciudad. Entre ellos estaba una mujer griega llamada Lidia. Mostraba un interés y una atención extraordinarios a lo que Pablo decía. Os dije que era una mujer muy dinámica, era comerciante de púrpura. El púrupura era una tela, la cual, debido a su calidad y a su su color, —era caro el tinte púrpura—, era costumbre que lo llevasen los reyes. Así que una mujer que comerciaba con con esto, probablemente demostraba que era una mujer dinámica, una mujer admirable, por eso os decía la última vez que era feminista en una época temprana muy anticuada. Y, por supuesto, feminista en el sentido de que podría presentarse a ís misma como mujer, porque, ¿qué otra cosa es el feminismo, que la proyección de las mujeres en la vida social? Se consideraba a sí misma como oprimida. Y naturalmente, intenta librarse de esa opresión con la que fue cargada durante años. Y tenemos el fenómeno del feminismo, el cual sin embargo es negativo. Negativo, porque es una emancipación de la familia y de Dios al mismo tiempo. Así que este feminismo es negativo.
Naturalmente, Lidia presentaba una imagen feminista, sin existir todavía el movimiento del feminismo; es contemporáneo, de nuestro tiempo. De un modo milagroso, sin que existiese esta emancipación ni de su hogar, ni de Dios, ella era respetuosa con Dios. Había abandonado la idolatría, os decía la última vez, no la satisfacía la idolatría. Tenía ahora ante ella el judaísmo, la fe en el Dios verdadero, y ahora que Pablo viene, encontró lo que su alma buscaba.
Así que, una mujer admirable, de modo que vivía un feminismo no emancipado ni del marido ni de los hijos, ni tampocode la fe, es decir, de la religión. La presencia de la mujer, como os dije la última vez, no era sino una mujer como es descrita en el último capítulo de los Proverbios. Podríamos decir que el autor sagrado de los Proverbios [rey Salomón], es como si en el último capítulo [Prov. 31], el cual os recomiendo que leáis, viera a Lidia para describirla. El capítulo comienza:
«Mujer virtuosa...», mujer valiente, fuerte, no en contra del hombre, ni masculinizada, como a veces se dice irónicamente, independiente, dirigiendo de un modo que ignora a su esposo. No, estas son cosas negativas. Mujer virtuosa y dinámica con el sentido de que su voluntad está en un armonía con el intelecto y las emociones. Porque el hombre perfecto, como lo quiere el Nuevo Testamento, «a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra » [2 Tim.3,17]. Para ser perfecto ha de tener estos tres elementos, estas tres fuerzas de su alma en equilibrio, sea hombre o sea mujer: intelecto, voluntad, sentimiento.
Hoy hemos de decir que el tema de la voluntad en muchas presonas está ausente. De entre los frutos de la voluntad, el primero es la valentía. Y la valentía es una de las cuatro virtudes, de los griego antiguos, de los Padres de la Iglesia, que adoptaron la división griega de las virtudes: sobriedad, sabiduría, coraje y justicia. La sobriedad está relacionada con el sentimiento, la sabudiría con el entendimiento, el coraje o valentía con la voluntad. La justicia es, la llamaríamos de otro modo discreción, distinción, y trae equilibrio a las otras tres virtudes, de modo que una de las tres virtudes no venga a ser opuesta a alguna otra virtud, sino desarrollo, igualdad, adecuada proporción; ésta es la justicia. No nos referimos a la justicia con el acostumbrado limitado sentido, — como cuando decimos que alguien es un hombre justo—, sino el equilibrio de las tres otras virtudes, repito, sobriedad, sabiduría y coraje.
Entonces, Lidia era una mujer valiente, dinámica. Y como la describe el Libro de los Proverbios, «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.» Ella, dice, es más valiosa que las piedras preciosas. Los diamantes, las guirnaldas, etc... una mujer que conoce su valor, nunca se pone adornos. Diríamos que una señora que se llena de adornos, subconscientemente se siente a sí misma vacia. Y quiere decorarse exteriormente porque ve el vacío interior. Tanto en cuanto a las virtudes, como al conocimiento, como a la sabiduría. He conocido a muchas mujeres en Ática, renombradas mujeres; sin maquillajes ni adornos. Tenían conciencia de su valor y para ellas sobraban los adornos. Creo que muchos me darán la razón por lo que te estoy diciendo, es importante esto. Como dice el apóstol Pedro, no creo que no estéis de acuerdo con el apóstol Pedro en el Nuevo Testamento, cuando dice que el mundo de los adornos de la mujer es interior. Así como dice un salmo relacionado, sobre la Madre de Dios, que sus adornos interiores. Es exactamente lo que digo desde hace un rato, y cuando ella tiene adornos interiores de sabiduría, prudencia, coraje. etc., ¿para qué quiere los adornos exteriores? Su sabiduría, su inteligencia y su dinamismo, etc., no es esto lo que proyectará su personalidad?
«Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado». El corazón de su esposo, dice, se apoya, tiene coraje, confía en una mujer así. Como si el hombre dijese, tengo a mi mujer, ¿qué he de temer?"
«Y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida».No tendrá ausencia de bienes, porque mujer consistente [en dar el bien] tiene la bendición de Dios; hermosa mujer. Estas son las mujeres hermosas y este es el hermoso feminismo, el feminismo cristiano. Quien ha encontrado a una mujer así, dice, ha encontrado un tesoro.
Repito que os sugiero que estudiéis este capítulo, como os dije la última vez. Dice ves esa pequeña luz en una habitación de la casa mientras la ciudad duerme; es suya, duerme tarde. Dice esa pequeña luz en la habitación es suya. Y muchas más cosas dice, no las diré yo.
Lucas el Evangelista, autor del Libro de los Hechos, la elogiaba. Así una mujer cristiana, queridos, puede trabajar en una profesión honorable, basta con que —repito lo que dije antes— los discursos ateos sobre independencia de Dios y de la familia.
Lidia es la es la primera feminista cristiana europea, en concreto, griega. No es casualidad que Lucas escribe la procedencia de esta mujer. Era de Tiatira, una colonia de Macedonia, al norte de Esmirna. Jesús Cristo envía una carta a la Iglesia de Tiátira [Libro del Apocalipsis]. Así se explica cómo se encontraba en Filipos, colonia de Macedonia en Tiatira.
Y viene ahora, diríamos, en una ciudad central de Macedonia, a la que acudieron algunos de sus antepasados y fundaron la colonia de Tiatira. Si Europa pudiese tener una Lidia como modelo a seguir, Europa hoy se encontraría en una calidad mucho mejor. Y Lidia, como nos señala el evangelista Lucas, era respetuosa de Dios. A pesar del peso de su trabajo, no cesó en sus deberes cristianos. Así se encontró en aquel grupo de mujeres en Filipos, que Pablo visitó. Lidia desde luego era gentil, nació en el mundo de las naciones o idólatra. Sin embargo tenía un alma noble. No le convencía como dijimos la idolatría, pasó al judaísmo y ahora se dirigía al cristianismo. De un modo conmovedor describe san Lucas el comienzo de ella en la fe: «Estaba oyendo». Solo un verbo escribe, estaba oyendo.
«Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía» (Hech.16, 14)
Qué pudo haber dicho Pablo en ese primer discurso suyo. No era un discurso como el que hacemos nosotros aquí ahora, era, diríamos, particular; no tenían nada especial de brillantez, como los que conocemos en la retórica de quienes preparan un discurso. Particular; una conversación era. Sin embargo, lo que es importante no es si está decorado con retórica. Pan era, y el pan cuan lo hueles, quieres comerlo, independientemente de cómo esté preparado, de su forma; es pan.
Y así, se emocionó Lidia cuando oyó hablar a Pablo sobre Cristo. Y sabio. Cuando escuchó a Pablo hablar de Cristo, y decir que él es la persona en la que todas las profecías de los profetas convergen. Todas las profecías convergen en la Persona de Jesús Cristo. Así, pues, Lidía se escuchaba sin prejuicios, como le sucedería a un judío. Tenía una buena disposición, y esta disposición la veía el Señor que todo lo ve. Aquí dice san Lucas una frase muy característica: «y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía». El Señor, dice, abrió —como si estuviese cerrado— el corazón de Lidia, para que atendiese a lo que Pablo decía.
Primer paso entonces para la salvación, es escuchar el logos de Dios, sin el cual no hacemos nada, queridos. Es importantísimo escuchar el logos de Dios. Creo que cada uno de vosotros puede afirmar esto por la propia experiencia. Cómo suaviza los corazones de los oyentes; hasta el punto de decir, "quién soy, quién era, quién tengo que ser". Y que haya un giro de 180º, qué importante esto. Así que vosotros, con vuestra experiencia, podéis confirmarlo, y yo puedo confirmarlo con mi propia experiencia.
El segundo paso de la salvación es la apertura del corazón por el Señor. Yo tendré buena disposición, iré a escuchar, siguiente paso es que el Señor comience a abrir el corazón.
Dice hermosamente aquí san Juan Crisóstomo: "La apertura del corazón es obrade Dios. Atender es obra del hombre, en concreto ahora de Lidia, porque Lidia, porque ahí es donde Crisóstomo interpreta, diciendo: "¿Qué es la salvación? La combinación de lo divino y lo humano. El ofrecimiento humano y la gracia divina". No es ni el ofrecimiento humano por sí sólo, ni la gracia divina por sí misma, la cual permanece sin activer cuando el hombre no ofrece su esfuerzo.
Esto, dice de nuevo san Juan Crisóstomo, "Dios quiere qie todos sean salvados y que lleguen al conocimiento de la verdad, sí, pero no quieren sin embargo todos los hombres abrir la puerta. Recordad aquella imagen del libro del Apocalipsis (3,20), "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo."
Os contaré una anécdota, seguro que la conocéis. Un iconógrafo pintó este icono en el que Cristo llama a la puerta. Pero no le puso pomo a la puerta por fuera. Y alguien se fijó y le dijo, "has olvidado ponerle un pomo a la puerta". No, responde, no lo he olvidado, el pomo está por dentro". Lo cual significa que yo llamo a la puerta, tú abres. Esto es algo muy importante.
Así, Dios abre los corazones —dice san Juan Crisóstomo— obstruídos. Abre los corazones que quieren ser abiertos, "por depravados que estén". Sí, podemos ver también corazones muy depravados. Estos corazones no creen en nada. Claro, muchas veces juzgamos a una persona que tiene un corazón depravado. Pero no lo sabemos esto. No podemos saber cómo la gracia de Dios puede a veces romper esta obstrucción, esta depravación. En nuestro lenguaje común, se ha corrompido. ¿Cómo elimina esta corrupción? No lo sabemos... nunca condenemos a una persona porque vive sin arrepentirse. No podemos decir esto.
Los doce discípulos que seguían al Señor, al final de su aprendizaje, «les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;» (Luc. 24,45). ¿Cuándo? Al final de su aprendizaje. Antes de su resurrección.
¿Sabéis que antes de la resurrección estaba el Señor con sus discípulos, natualmente tenían cierta iluminación, desde luego tenía el Espíritu de Dios —de modo elemental, no plenamente—. Cuando por ejemplo Juan le dijo,«Señor, ¿quieres que mandemos que caiga fuego del cielo, como hizo Elías, para que los destruya» (Luc. 9,54), sobre esa ciudad de los samartitanos que no le aceptó?. «Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;» (Luc. 9,55).
¿Si tuviesen el Espíritu de Dios, hubiesen dicho esto? Y así muchas cosas más, como cuando pedían primeros puestos, a la derecha e izquierda del Señor, que el Señor vino en su gloria, en su gloria terrenal como el Mesías de Israel, como el esperado Mesías terrenal de Israel, particularmente sólo para Israel; ¿lo dirían esto [si tuviesen el Espíritu de Dios]?
No. Entonces cuando el Señor resucitó tenía toda la evidencias objetivas de su resurrección. Entonces abrió sus mentes para comprender las Escrituras. Escrituras para comprender las Escrituras. ¿Véis cómo viene el Señor a abrir los corazones? Y tú hermano, instrúyete, coge el libro en tus manos, y entonces vendrá también la iluminación divina.
Dice san Juan Crisóstomo, cuando te vea que te esfuerzas por entender algo de la Sagrada Escritura, vendrá el Señor para iluminarte y para ayudarte, porque el Señor es bondadoso. Y a quienes lo intentan, es seguro que les ayuda.
Y este milagro de Lidia se repite continuamente sobre los hombres de todos los siglos y de todas las épocas. El nombre de Lidia está escrito en el Nuevo Testamento. ¿Habéis pensado alguna vez en esto? Y donde se lee y se estudia la Sagrada Escritura, también se lee y se recuerda su nombre. Esta postura no es mía. Recuerden a aquella mujer que se acercó al Señor, poco antes de su crucifixión [Verónica la hemorroísa], y dijo, "no se lo impidáis, esto que hace es bueno. Y os digo esto, donde se escuche el Evangelio, será también conocido su nombre. Y su nombre entonces es leído y analizado, por nosotros por ejemplo. Y diría alguien, mira su recompensa por el Señor. Y no les es dado sólo a ellos las recompensa. Cuando los setenta discípulos regresaron y contaban y describían al Señor sus, logros, Él les dijo: "No os alegréis por esto, sino porque vuestros nombres han sido escritos en el Cielo".
Y así también entonces, el nombre de Lidia fue escrito en el Libro de la Vida. Nuestra Iglesia recientemente declaró a Lidia santa y es conmemorada el 27 de Marzo.
Y vamos con el siguiente versículo queridos hermanos, el 15. «Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.»
[Aquí traduce el versículo]. De modo que creyó Lidia, creyó de corazón, y fue bautizada. Y no sólo ella, sino también toda su familia. [Aquí explica la traducción y los derivados de "oikos", casa]. Como cuando decimos iglesia, nos referimos al templo, la construcción, los ladrillos; pero iglesia son los fieles. Lo otro, la construcción, es el templo. Por extensión, llamamos también al templo iglesia. Y así por extensión el hogar se llama casa y la casa hogar.
Así fue bautizada Lidia y su casa. ¿Cómo podemos entender ahora la casa de Lidia? Son los padres, los hijos incluso el personal de servicio. ¿Quieres que me extienda? En la filología clásica, en la hebrea y en la griega, lo veremos un poco después, esto se entiende con familiares, con amigos, cercanos a la familia. Todos estos constituyen la casa. Recordad el caso de Cornelio. Hemos hablado sobre ello. Cuando Cornelio esperaba al apóstol Pedro, entonces, escribe allí san Lucas, Cornelio espera a Pedro y a sus enviados, convocando a los parientes suyos. ¿Quién? Cornelio, llamó a sus parientes y amigos más íntimos, es decir cercanos. ¿Para qué? Para que pudiesen escuchar lo que les decía el apóstol Pedro. Y cuando, respetadísimo y mis estimados hermanos, el apóstol Pedro se dirige a toda esa reunión de parientes y amigos en la casa de Cornelio, descendió el Espíritu Santo —dice el apóstol Lucas—, sobre todos los que estaban escuchando el logos. Vino el Espíritu de Dios sobre todos los que estaban escuchando, no sólo los de la casa de Cornelio, los más cercanos, digamos su esposa, sus hijos, sus padres. Sino también sobre familiares y amigos. Y viendo lo aconteciente el apóstol Pedro, «mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús».
Precedió el Pentecostés del Bautismo, y dice: «¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?» Es un buen ejemplo de transmisión de cosas buenas a los demás. ¿Has conocido algo bueno? Transmítelo a tus familiares, amigos, al vecindario. Es muy bonito y se convierte en un misionero.
Porque hoy, en materia de salvación, podemos decir que nos distingue, salvo excepciones, claro, más un espíritu individualista que común. Es decir, calculamos y mantenemos para nosotros y no la transmitimos. No somos fáciles transmisores, como en algún sitio dice el apóstol Pablo, no transmitimos fácilmente lo bueno. Y mucho más cuando se trata de algo relacionado con la salvación.
Otro punto encuentran los interpretadores en este pasaje. Cuando habla del bautismo de toda la casa, apoyan el bautismo de infantes, defendiendo que en esta casa debía haber niños pequeños. Porque sabéis que fue, y hoy también lo es, un tema controvertido, cuando los papistas ""bautizan"" a los doce años y los protestantes a una edad mayor, y nos acusan. Aquí, y en otros pasajes, se apoya el bautismo de infantes. Lo mismo sucede con la casa Cornelio. Era un hombre joven Cornelio, era soldado. En el caso del guardián, que veremos un poco más adelante también en los Hechos de los Apóstoles, cuando toda la ciudad entera se levantó debido a una adivina, y serán llevados a prisión Pablo y Silas, etc. Cómo aquella noche entre aquellos acontecimientos, el guardián carcelero fue bautizado él y toda su casa. Es una muy bella y emocionante historia.
También se hace referencia a Crispos y a su familia, etc., y a la casa de Stefanás, a quien bautizó particularmenete el apóstol Pablo, entre los cuales seguro debía haber también niños pequeños. Pero sería inconcebile que Lidia y su esposo se bautizasen y comulgasen, y sus hijos menores de edad se quedasen sin ser bautizados y sin comulgar. De hecho en una época que los judíos tenían la circuncisión, —los niños al menos— y no les dejaban sin estar en comunión con el pueblo de Dios. Y de hecho, a los ocho días realizaban la circuncisión. Los antiguos, y los griegos, hacían distintos "bautismos" y otras cosas, pasaban a sus hijos por encima del fuego, etc., precisamente porque no querían dejar a sus hijos sin la defensa de alguna protección divina. ¿Cómo entonces los padres cristianos dejarían a sus hijos crecer para que fuesen bautizados? O lo que sin sentido se dice en nuestra época, yo quiero que mi hijo crezca y elija por él mismo lo que hará.
Queridos, si esta lógica, la utilizásemos también para las letras, ¿qué diríais? "Deja al chico, sabes, los niños pequeños no quieren ir al colegio... y cuando hay huelga, saltan de alegría. Si pueden faltar una hora de clase, saltan de alegría. Y este chico quiere jugar, no puedes meterle entre ladrillos de un aula de enseñanza"...
Por lo tanto, ¿qué diríamos sobre este caso? "Deja al niño, si quiere aprender letras, que vaya al colegio..." ¿Esto decimos? ¿Esta lógica utilizamos? O por todos los medios intentamos convencer e incluso obligar al niño que vaya al colegio? ¿Por qué entonces con el tem a de las letras así y con el tema de la fe de otro modo? Esto es hipocresía. Una familia cristiana no puede nunca dejar a sus hijos pequeños, hijos menores de edad, sin bautizar.
En los textos originales de hecho —he buscado en muchas fuentes—, viene esta frase del siguiente modo: "se bautizó ella y TODOS los de su casa". Pone lo de "todos". Toda su casa, todos fueron bautizados.
Lidia con su bautismo, esta auténtica mujer llena de valores, les sugiere a los apóstoles que se queden en su casa, tanto tiempo como estuviesen en Filipos, con la colaboración de Pablo.
Más exactamente, les dijo que se quedasen con el sentido de que se quedasen a vivir, que se estableciesen, no transitoriamente. Esta mujer, porque no pararé de galardonarla, por sus galardones internos, tenía el sentimiento espontáneo de la hospitalidad. En cuanto fue bautizada, dijo venid a quedaros en mi casa. Debía tener una casa espaciosa, con habitaciones de sobra.
Por otro lado, era griega, y los griegos siempre cutivaban la virtud de la hospitalidad, durante todos los siglos. Desde la antigüedad, por eso honraban a Zeus, que era protector de la hospitalidad. Ella también tenía la virtud de la modestia. Ella era creía en el Señor, era una mujer devota. Por eso, como dice Teofilacto, no dijo —dado que era una mujer importante— , "ahora que he sido bautizada quedaros en mi casa", sino: «Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos».
Dice san Juan Crisóstomo, "¿Véis su sensatez? ¿Cómo hospeda a los apóstoles? Mirad cómo les ruega a los apóstoles. Qué palabras llenas de humildad y sapiencia, "si habéis juzgado que yo sea —gran misterio— bautizada, que comulgue, por qué no podríais quedaros en mi casa? —algo que es mucho menor—". Os lo he dicho con palabras simples, lo que dice san Juan Crisóstomo. Con otras palabras esta mujer quiere mostrar su agradecimiento y su amabilidad. Desde luego esta virtud la podemos encontrar en toda la tierra, —no en todos los hombres—, pero nosotros los griegos la tenemos; me temo que nos perdamos.
Hace poco leí en el periódico que un turista le preguntó a un niño, trabajaba en el campo por allí—, cómo podría ir a cierto lugar. El niño se lo explicó tan amablemente, que el turista se sorprendió, y quiso darle una propina al niño, pero éste no la quería. El turista insistió, y al final el niño la admitió. Se va el turista, y al poco rato escucha a alguien por detrás que venía corriendo; era el niño que le traía uvas, por haberle dado una propina. Esto es agradecimiento, esto es amabilidad.
¿Qué diré, respetadísimo, contaré lo del hombre aquel en Tirnabo el 7 de Enero, lo recuerda? Si me escucha en este momento, le felicito, y debo hacerlo; lo contaré sin muchos detalles. Preparaba algo y nosotros nos fuimos de Pyrgetos, en Larisa. Por el camino, vimos que alguien se acercaba rápidamente. Se puso delante nuestro, le reconocimos y paramos. Nos trajo pan casero y leche. Yo me quedé sorprendido. "¿Dónde estábais, cuándo os habéis ido, os he perdido de vista?". Éste es el griego, y no perdamos nunca esta dignidad y esta hospitalidad. Queridos, hoy que todos los valores son arrastrados por el dinero, mantengamos estas virtudes griegas y cristianas nuestras, en nombre de la hospitalidad, del agradecimiento, del pundonor.
Parece que Pablo se negó. ¿Por qué se negó? Para que no se considerara que pasó por Asia Menor hacia Macedonia buscando hospitalidad y descanso. Si os acordáis en la época de Sócrates con los sofistas, los que siendo pagados estropearon Grecia. Enseñaban con una tarifa. Ni Sócrates, ni Platón, ni Aristóteles cobraban nada. Los sofistas cobraban dinero, y de hecho mucho dinero.
Os cuento un suceso sobre la formación. Iba un padre con su hijo, a un maestro de retórica, le dice, me gustaría que fuese tu alumno. Pídeme lo que quieras.
— ¡¿Tanto?!
— Tanto.
— Pero, con este dinero, puedo comprar un buey, —dice el padre—
— De acuerdo, guarda tu dinero, y tendrás dos bueyes. (El que comprarás, y tu hijo que se convertirá en un buey).
Sí, no es muy relevante, pero quería mostraros cuánto dinero recibían. Recibían mucho dinero. Por eso iban los hijos de los ricos con estos sofistas que recorrían las ciudades, recibiendo grandes sumas de dinero.
Entonces, para que no se considerase que Pablo era uno esos que recorrían ciudades recibiendo dinero. Como un sumo sacerdote de Éfeso, que tenía siete hijos, llamado Esceva, que realizaban exorcismos, desde luego recibiendo dinero. Pablo, no.
"Vengan a en mi casa". "No". Le inquietaba la integridad Evangelio. Quería ofrecer el Evangelio de modo irreprochable, sin acusación, como él mismo dice en su primera carta a los Corintios, aunque había recibido la autoridad del Señor. «¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio.» (1 Cor. 9,18) Como trabajador en el campo de Dios, es decir en la Iglesia, no come de este campo, aunque había recibido la autoridad. A pesar de que dice él mismo, "digno es el trabajador de su salario", niega este derecho. Quería ofrecer, como os dije, el Evangelio gratuítamente.
Escribirá más tarde en su carta a los filipenses, estando prisionero ya en Roma, esta pequeña frase que escribe Lucas con discreción: «Y nos obligó a quedarnos».
¿Recordáis cuando salió el Señor al encuentro de los dos discípulos que iban a Emaús? «Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.» Y allí tuvo lugar la revelación, les fueron abiertos los ojos. Os acordáis. Entonces; al Señor le gusta que le insistan. Y a sus discípulos les gusta que les insistan. No aceptan nada de inmediato.
Así que, Pablo y sus acompañantes dijeron que no. «Y nos obligó a quedarnos», escribe san Lucas. Y aquí de nuevo el gran alma de Pablo, escuchad lo que dice la carta a los Filipenses, después de años, preso ya en Roma. Qué os puedo decir, enseñad a vuestros hijos las letras, para que disfruten del texto original. Ni la mejor traducción, llega nunca a la altura del texto. Y cuando alguien lee el texto [original], lo disfruta. Esto, los que lo entienden, me darán la razón.
Entonces, escribe:«En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. 14 Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. 15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos» (Filip.4,10-15) Claro, estando una Lidia en Filipos... Cedió Pablo. ¿Por qué cedió? Era ya cuestión de permitir al otro que declare su amor; «16 pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. 17 No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. 19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20 Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos» (Filip.4,16-20). Oh, queridos, si así fuese la conducta de los servidores del Evangelio, qué resplandeciente sería la Iglesia, y cómo sería glorificado Cristo por los pueblos. Finalmente Pablo, aceptó quedarse en la casa de Lidia, pero con mucha dificultad. «Y nos obligó a quedarnos».
Pasamos al siguiente versículo:«Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.» (Hech.16, 14 -16).
Parece que Pablo se quedó bastante tiempo en Filipos. Así, organizó la Iglesia en Filipos, como era su costumbre. Cuando les escribe su epístola a los filipenses, que es la epístola más afectuosa. Escuchad cómo comienza: «Pablo y Timoteo, siervos de Jesús Cristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo».
Es sabido que en el Nuevo Testamento, particularmente en las epístolas de Pablo, los términos obispo y presbítero se alternan. A pesar de que desde luego existía el grado de obipo, —Timoteo más tarde es obispo en Éfeso y Tito en Creta—, se alternan ambos términos, no tanto en cuando a grado eclesiástico, sino en cuanto a labores. Porque obispo es aquel que inspecciona, vigila a su rebaño, no le deja sin cuidado; y el presbítero, este trabajo hace. Por eso dice que obispo es el segundo grado, como dije, los términos se intercambian. Entonces ahora tenemos obispos y diáconos en la iglesia de Filipos, ¿qué significa eso? Significa que la Iglesia de Filipos estaba organizada. Y significa que Pablo se quedó allí por un tiempo, para organizar la Iglesia de Filipos.
Entonces un día, desde el momento en que se quedó allí, iban a un determinado lugar para oración. Se encontraron con unos siervos en el camino. Veamos cómo describe san Lucas este encuentro. «Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación». (Hech.16, 16). Debido a que este encuentro de Pablo con la muchacha es muy importante y debemos verlo con más detalle, ahora le ruego repetadísimo que nos diga algo, y el resto lo veremos el siguiente día.
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