domingo, 1 de marzo de 2026

Primer Domingo de la Cuaresma (de la Ortodoxia). Lecturas del Evangelio.

29-2-2026. DOMINGO I DE LA CUARESMA (DE LA ORTODOXIA).

Tono pl. del 1º. Ev. Maitines 5 (Eothinon 5, p.6).

EspañolVísperas Mayores, Maitines, Divina Liturgia 

 

LECTURA DEL LIBRO DE LOS APOSTOLES. (Epístola del Apóstol Pablo a los Hebreos 11, 24-26; 32-40)

24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón

 

 





32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; 33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. 35 Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. 36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

39 Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; 40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.



LECTURA DEL EVANGELIO (Juan 1, 43-51)

Jesús llama a Felipe y a Natanael

  43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. 47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. 51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.

 

 

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HOMILÍA I. "El cielo en la tierra".

EL PRIMER DOMINGO DE LA CUARESMA ES LLAMADO DOMINGO DE LA ORTODOXIA. Es así llamado, porque en este día nuestra Iglesia Ortodoxa celebra su victoria a lo largo de los tiempos sobre todas las herejías, así como sobre todos aquellos que la atacaron. Nunca nadie de ninguna manera ha podido ni podrá acabar con la Iglesia. Porque la Iglesia no es una construcción terrenal. La Iglesia es del cielo, es cielo la Iglesia, el Reino de los Cielos y su Realeza Increada sobre la tierra. Esto nos dice también la lectura evangélica de este Domingo.







Era entonces cuando el Señor Jesús Cristo en el comienzo de Su acción pública se encontró con Felipe de Betsaida y le invitó a seguirle. Aquel, atraído por su santa figura, todavía antes de ser su discípulo, fue corriendo donde su amigo Natanael para informarle de su gran felicidad: "Hemos encontrado a aquel del que hablaban los profetas y sobre quien escribía Moisés, a Jesús, el hijo de José de Nazaret", le dijo triunfalmente. Y como Natanael se mantuvo reservado, y pensando que cómo podría provenir el Mesías de Nazaret, le dijo Felipe: "Ven a ver".

Y le llevó hacia donde estaba.

Mientrastanto vio el Señor a Natanael que venía y dijo sobre él de modo revelador:

- He aquí un israelita puro y verdadero, que dentro de él no existe engaño ni hipocresía.

- ¿De qué me conoces? Le pregunta Natanael. 










- Antes de que te llamase Felipe, le responde el Señor, cuando estabas debajo de la higuera rezando sin que te viese nadie, Yo con mi ojo divino te estaba viendo.

- Maestro, dijo súbitamente Natanael lleno de emoción, - tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.

Y entonces escuchó estas palabras trascendentales de la boca del Hijo de Dios:

- Porque te he dicho que te vi bajo una higuera, ¿crees?... Entonces cosas mucho más importantes verás.

Y después añadió:

- Os aseguro que a partir de ahora en adelante veréis el cielo abierto y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.









"Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre"



Para comprender que estas palabras del Señor se refieren a Su Iglesia, hemos de recordar la visión que antiguamente tuvo Jacob. Vio en su sueño una escalera enorme, cuya base estaba en la tierra y su parte más alta en el cielo. Y por esta escalera subían y bajaban innumerables ángeles, mientras que el mismo Señor estaba en su cima y desde allí daba Sus grandes bendiciones.

Entonces cuando se despertó Jacob y entendió la visión, temeroso dijo que “¡Cuan venerable es este lugar!, no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo.” (Gen 28, 17).

Sabiamente entonces estas palabras del Señor hacen referencia a la "Casa de Dios", es decir la Iglesia. Y su significado más profundo es que la Iglesia constituye el lugar por el cual el fiel se eleva al cielo.









Es decir que cuando estamos en la Casa de Dios, esencialmente nos encontramos en el cielo. Un cielo que es iluminado por la luz sin ocaso de la Deidad.

Dentro de la Iglesia Ortodoxa el hombre terrenal se convierte en celeste y sobrenatural. Porque en la Iglesia, y sobretodo durante la Divina Liturgia, se unen los cielos y la tierra, los ángeles con los humanos, y todos juntos reverencian y glorifican y adoran y cantan himnos al santo Dios.

Nunca olvides esto: "Todos los que se encuentran dentro de la Iglesia, se hallan en la escalera aquella que les sube al cielo. Allí, viven con los ángeles, los Santos, la Santísima Madre de Dios y con el Sol de la doxa-gloria, Cristo! 

 



HOMILÍA II. Domingo de la Ortodoxia.

Por San Lucas de Simferopol


He escuchado a algunos de ustedes preguntar: "¿El ayuno fue instituido por el Señor Jesucristo o fue designado por la Iglesia?" Me enojé mucho cuando escuché esto. ¿Por qué estaba molesto? Porque esta pregunta demuestra que desprecias los cánones de la Iglesia. De esta manera os volvéis como los herejes que, por orgullo, se alejaron de la Iglesia ortodoxa y despreciaron sus cánones.

Por supuesto, el ayuno fue instituido por el mismo Señor Jesucristo. El Señor mismo ayunó durante cuarenta días en el desierto antes de que comenzara la predicación de la salvación. A los discípulos de Juan el precursor, que le preguntaron: "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, pero tus discípulos no ayunan?" el Señor respondió lo siguiente: "¿Pueden los amigos del novio estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días en que el novio les será quitado, y entonces ayunarán" (Mat. 9:14-15).

En el capítulo 27 de los Hechos de los Santos Apóstoles, que se refiere al traslado del apóstol Pablo a Roma, leemos: "el ayuno ya había pasado" (Hechos 27,9). Cuando nuestro Señor Jesucristo, después de Su gloriosa Transfiguración, descendió del monte Tabor, se encontró con el pueblo que se quejaba de que los apóstoles no podían sanar al niño endemoniado.







Cristo con una palabra expulsó el espíritu maligno del niño y cuando los apóstoles le preguntaron por qué ellos mismos no podían hacerlo, Él les respondió: "Este género no puede salir sino con oración y ayuno" (Mateo 17:21).

¿Es esto suficiente, gente malvada que queréis encontrar excusas en las Sagradas Escrituras para vuestra negligencia? Es un gran pecado no respetar los cánones fijados por la Iglesia en los siete Sínodos Ecuménicos. En estos Sínodos nuestra Iglesia no sólo redactó el Símbolo de la Fe sino también la mayor cantidad de cánones sagrados, que confesamos y debemos observar definitivamente. Todos estos cánones están reunidos en el libro llamado Nomocanon. La Iglesia utiliza este libro para consultar y determinar su rumbo.

Al comienzo de este libro se colocan 85 cánones de los Santos Apóstoles, seguidos de los cánones de los siete Sínodos Ecuménicos y algunos locales, así como los cánones de los grandes jerarcas. El papel de los siete Sínodos Ecuménicos es enorme. Estos protegieron a la Iglesia de las herejías que amenazaban la verdad enseñada por nuestro Señor Jesucristo y que nos fueron entregadas por Sus Apóstoles. Estas herejías atormentaron a la Iglesia durante casi ocho siglos, una tras otra. Cómo estas herejías fueron condenadas y anatemitizadas en los siete Sínodos Ecuménicos les conté hace un año exactamente en el mismo día llamado Domingo de la Ortodoxia.

No repetiré lo que ya he dicho. Sólo quiero subrayar que esta lucha contra las herejías cuesta mucho. La gente llegó incluso a defender su fe. Lo más difícil fue la lucha contra la herejía de la iconoclasia.

En cuanto al Primer Sínodo Ecuménico, anatematizó la herejía de Arrio. Sin embargo, esta secta no desapareció inmediatamente después del Sínodo, sino que durante mucho tiempo diversas formas de ella, que encontraron apoyo en la corte imperial bizantina y en los propios emperadores, atormentaron a la Iglesia. 






Entre los numerosos confesores de la fe ortodoxa, quisiera mencionar únicamente a san Atanasio el Grande, arzobispo de Alejandría, que pasó veinte años en el exilio. También el Papa Martín de Roma, que también estuvo exiliado por no estar de acuerdo con las enseñanzas de los monotelitas. Los monjes de Constantinopla, en su valiente lucha por la defensa de los iconos sagrados, fueron cegados, les cortaron las manos, las orejas y la nariz y los iconos les rompieron la cabeza.

No tengo tiempo para describir en detalle el terrible martirio y muerte del santo mártir Esteban el Nuevo, los terribles sufrimientos del gran confesor Teodoro el Estudita y su discípulo Nicolás. Y a aquellos que preguntan si la Iglesia ha instituido el ayuno, les aconsejaría que miren atentamente las gloriosas obras de nuestra Santa Iglesia y sus mártires y que se avergüencen de hacer tales preguntas de ahora en adelante.

A vosotros, hijos fieles de la Iglesia de Cristo, les diré unas palabras sobre la gran importancia del ayuno. Les he dicho que los grandes Padres de la Iglesia creían que las ocho pasiones básicas están unidas como una cadena y una engendra a la otra. Hablaré de esto con más detalle más adelante. Lo que quiero decirte ahora es que uno de los pecados menores es la gula. No podemos dar un solo paso en el camino hacia la salvación si no luchamos contra nuestros pecados y pasiones. El ayuno, que nos ayuda a combatir la gula, también nos ayuda a combatir las otras pasiones que tenemos y que son tantas.

Piense en lo difícil que es contener la lengua. Consideremos también la prodigalidad a la que conduce el exceso de comida y especialmente del vino. No tengo tiempo para hablar hoy de lo necesario que es observar el ayuno, para que nuestro cuerpo, que no nos permite viajar al cielo donde reside la verdad eterna, se someta al espíritu. Que nuestro Señor Jesucristo nos ayude en el ámbito del ayuno y del profundo arrepentimiento y encontrarnos dignos de comulgar de Su inmaculado Cuerpo y Su honorable Sangre. Amén.

 

 




Del libro “Háblame, Cristo” – mensajes para jóvenes de los Evangelios de los Domingos. Archimandrita Apostolis X. Tsolaki.

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