Español: Vísperas y Maitines-Divina Liturgia
APOSTOLES. (Heb. 9, 11-14)
11. Pero cuando vino Cristo, como sumo sacerdote de los bienes venideros, entró por el más amplio y más perfecto tabernáculo, el cual no está hecho por manos, es decir, no es de este mundo;
12. entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, habiendo garantizado eterna redención.
13. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y el rociado de cenizas de la becerra, santifica a los infectados, en lo que respecta a la limpieza exterior,
14. ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual, mediante el Espíritu eterno, se ofreció a sí mismo como sacrificio sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
En aquel tiempo, tomó Jesús a sus doce discípulos y comenzó a decirles todo lo que iba a sucederle. “Escuchad”, les decía; “ahora que subimos a Jerusalén, el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, los cuales le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles*. Se mofarán de él, le azotarán, le escupirán y le matarán; y al tercer día, será resucitado”. Se acercan entonces a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: “Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos." "¿Qué queréis que haga por vosotros?” Les preguntó él. “Cuando establezcas tu glorioso reino”, le respondieron, “concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.” Jesús entonces les dijo: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa del padecimiento que yo beberé o ser bautizados con el bautismo con que seré yo bautizado?". "Podemos", le dijeron.
Y Jesús les respondió: "La copa que yo voy a beber la beberéis, y con el bautismo de mis padecimientos seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha o a mi izquierda no puedo dároslo yo, sino que será dado a aquellos para quienes ha sido preparado." Al oír esto los otros diez discípulos, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: "Sabéis que los que son considerados líderes de las naciones, ejercen absoluta autoridad sobre ellos, y sus gobernantes las oprimen. Pero entre vosotros no ha de suceder esto, sino que el que quiera ser grande entre vosotros, ha de ser vuestro servidor; y el que entre vosotros quiera ser primero, ha de ser siervo de todos. Porque tampoco el Hijo del hombre ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida como rescate para todos."
* Gentiles. Palabra original: “εθνικοί”, [eznikí] traducción literal, los de las naciones. El apóstol Pablo utiliza el término gentiles. El pueblo elegido por Dios fue el israelita, después añadió a todos los demás, por supuestro, que creyesen. No existe por lo tanto un pueblo elegido, como muchos griegos creen.
HOMILÍA I. QUINTO DOMINGO DE LA CUARESMA (Mc. 10, 32-45).
DICEN, Y ES CIERTO, PUESTO QUE LA SANTA ESCRITURA LO ASEGURA, que el ojo es el espejo del alma del hombre. Y en la mirada del otro puedes distinguir los sentimientos y las disposiciones que posee en el fondo dentro de él.
Los Santos Apóstoles del Señor dan el testimonio de que hubo una vez que no se atrevieron a mirar fijamente a Sus ojos. Porque había adoptado tal mirada, tan poderosa, tan terrible, tan majestuosa, que no tuvieron el coraje de mirarle atentamente.
Era entonces cuando el Señor se encontraba en Su último viaje a Jerusalén con sus discípulos. Una trayectoria que había empezado muchos meses antes desde Galilea, y tras haber pasado por muchas paradas, había llegado la última de ellas.
A lo largo de toda su duración, el Divino Maestro, a menudo llamaba junto a Él a los doce y con afecto paternal les enseñaba, les amonestaba, les iniciaba en los misterios, les introducía progresivamente en el conocimiento y revelación del misterio de la salvación de los hombres.
Y a unos kilómetros de los muros de Jerusalén, por cuarta vez ya, les habla más claramente que nunca sobre Su Pasión, Su Crucifixión y Su Resurrección. Los discípulos no comprendían (por esto algo más tarde algunos de ellos van y le piden puestos de honor junto a Él, ¡ahora que sería nombrado rey!).
Pero hay algo que no pueden pasar por alto. Y esto es la mirada de su Maestro. La por excelencia seria y majestuosa expresión que había adquirido ahora Su santo rostro, y el modo en que avanzaba hacia la ciudad asesina de profetas...
Hubo fijado su mirada al frente sin desviación, atentamente, con el ceño ligeramente fruncido, con Sus santos ojos mostrando una infinita coherencia, fuerza y alzamiento espiritual; y junto con ello un coraje inalterable y una santa ira hacia el objetivo hacia el que se dirigía.
Avanzaba hacia delante, Él sólo; aceleró sus pasos. Y los discípulos seguían sumidos en la mirada de su Maestro. Y con un temor invisible en el corazón...
El Señor caminaba con decisión hacia su Pasión, impetuoso en su deseo por derramar Su sangre gota a gota por el agapi hacia Su criatura. Un abismo de agapi, que le hacía avivar Su paso, para ir a ser crucificado. Para mí, para tí, para nosotros...
"...Y Jesús se les adelantaba; y ellos se asombraban"
No paséis por alto, chicos, esta terrible mirada. Parad un poco, acercaros a verlo, a estudiarlo. Y si sentís dentro de vosotros un temor, algo como una ligera agonía, no os asustéis. Son santos estos sentimientos. Redentores.
Es esta santa mirada de nuestro Señor que habla en nuestros corazones; en lo más profundo de nuestras almas. Y nos llama a caminar con Él.
Nos recuerda que aquí en la tierra nos encontramos nosotros también de camino. De camino no hacia una Ítaca terrenal (como la Ítaca de la Odisea de Ulises), sino hacia la celestial Jerusalén.
Y como nos encontramos de camino, no tenemos derecho a detenernos en ninguna parada terrenal intermedia, no podemos quedarnos pegados en ninguna región fangosa. Y que vuestro recorrido que no sea despreocupado, relajado, lánguido. Con pereza e indiferencia. No. Sino con mayor exigencia a nosotros mismos, con alta moral y valentía en el corazón.
Cristo se dirige hacia Jerusalén. Decididamente. No vuelve atrás Sus pasos, ni Su mirada. Y todos los Suyos, Le siguen.
Nuestra Iglesia, queridos hermanos, ha dedicado el quinto domingo de Cuaresma a Santa María de Egipto. No es hoy el día principal de su conmemoración, sino el 1 de abril. Pero la Iglesia lo ubica, como sucede con las memorias de otros santos en domingos anteriores, como con San Gregorio Palamás y San Juan de la Escalera, y también tiene un Domingo de la Veneración de la Cruz y un Domingo de la Ortodoxia, precisamente para resaltar algo.
En efecto, amados, si preguntan qué fue exactamente lo que llevó a la santa María al arrepentimiento, es esto: Durante su vida —vivió durante el reinado de Justiniano el Grande, en el siglo VI— era egipcia, era libertina, vivió muchos años en pecado y una vez, con sus amigos, sus amantes, fue a Jerusalén a adorar. Tal como vemos hoy, amados hermanos, en el Epitafio, por ejemplo, los jóvenes van con sus novias, novias de mala reputación, novias inmorales, en el mal sentido de la palabra "novias". Van, asisten al Epitafio, participan en la procesión, van a las fiestas, a las procesiones de iconos sagrados, etc. No les parezca extraño, esto es una desviación flagrante de los cristianos, que viven en una incoherencia. Porque si reflexionaran un poco, se preguntarían: "¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy siguiendo? ¿El Epitafio de Cristo? ¿Y tengo a mi amigo, a mi novio, a mi lado, y estoy pecando?". Es inconcebible.
Así actuó también la santa María. Fue con sus amantes a Jerusalén para adorar. Era el día de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre. Se disponía a entrar, pero una mano invisible la detuvo en la puerta y no pudo entrar. Lo intentó, pero fue imposible. ¡Lo intentó, pero fue imposible! Comprendió. Empezó a recobrar el sentido. «¡Soy una pecadora! ¡Soy una prostituta! Virgen María», dijo, «ayúdame a entrar y dejaré de lado mi vida inmoral». Y en cuanto dijo esto, entró. Las lágrimas brotaron de sus ojos y entonces dejó de ser impedida esa mano invisible. Entró, mostró su reverencia, besando la Santa Cruz.
¿Qué significa realmente la contrición? Lo decimos a menudo. Ya saben, tenemos que explicarla. Muchas veces pensamos en la contrición como una penumbra, un pequeño espacio, un ambiente entristecido. Decimos: "Este es un templo con contrición" o "una divina Liturgia con contrición". O bien: "El cantante (psaltis) tenían contrición . Qué significa todo esto realmente? En su traducción del significado original en griego significa atravesar un objeto; el corazón, en este caso del corazón. Cuando el corazón es perforado. ¿Por qué es perforado? Por algo. Ese algo que lo perforará lo herirá. Y la herida provocará lágrimas. Esto significará «contrición». Perforación y herida del corazón, que resulta en lágrimas.
Así pues, el punto de partida de la verdadera vida espiritual es, queridos míos, la contrición. Y su fruto, como les dije, son las lágrimas. De hecho, personalmente presencio de vez en cuando almas tales, en las que se ve que la Gracia ya ha visitado sus corazones. Y se puede ver reflejado en su rostro, porque un cambio ya se ha producido en su corazón, en su alma. Y este cambio es «el cambio de la diestra del Altísimo». Cuando la diestra de Dios toca el alma y ésta se enciende, queda herida, se arrepiente. Entonces brotan las lágrimas. Y cuando uno ve esto en un alma, dice: «Este alma se ha arrepentido». Regresa hacia la reconciliación, de un modo muy consciente. Entiende, siente. Créanme, queridos míos, no sé si la razón que voy a dar es terrible, pero me temo que de cada cien personas que se confiesan, solo una viene con contrición. La mayoría, fría, viene a confesarse, y fría, se va… Es como la olla que ponemos al fuego, pero no hay fuego debajo. Y no se puede cocinar. Así también, cuando no hay fuego divino, diríamos, hiriente, no puede haber vida espiritual. No es posible.
Por eso vemos a nuestros cristianos, aunque hayan comenzado o estén comenzando a confesarse, comulgar e ir a la iglesia, en realidad son refrigeradores o neveras andantes. Y esto es terrible… Por eso están dispuestos, ante cualquier tentación, a abandonar su vida espiritual, porque al final no les costó nada… Nunca abandonarás algo que te ha costado. No abandonas a un hijo al que has dado a luz. ¿Por qué no lo abandonas? Porque te ha dolido. Y una vida espiritual que surgió de un nacimiento espiritual, de un dolor espiritual, de una herida del corazón, no la abandonas. Porque, sencillamente, te ha dolido. Has provocado un nacimiento espiritual. San Gregorio de Nisa dice algo maravilloso: «Dios Padre es el arquero; el Hijo es la flecha. Y Dios Padre dispara con su arco a los corazones humanos, disparando la flecha Jesús Cristo». Y cuando el corazón está herido, entonces… ¡oh, entonces…!. Herido por la flecha, es decir, Jesucristo, entonces, queridos míos, es otra cosa. Es algo verdaderamente distinto…
Recuerden al apóstol Pedro cuando negó a Cristo. Lo negó con aparente facilidad. Así como con aparente facilidad le dijo que no lo negaría. Y tan pronto como Pedro lo negó, el Señor estaba a pocos metros, como un hombre acusado en un juicio. Entonces Pedro lo negó, el gallo cantó y el Señor se volvió y lo vio. Miren; simplemente se volvió y lo miró. ¡Oh, ese ojo! ¡Oh, ese ojo era una flecha! Con su centro, su objetivo, el corazón de Pedro. Quedó tan herido que inmediatamente salió, como nos dice el Santo Evangelio, y lloró amargamente.
Recuerden también a aquella mujer ramera, cuando el Señor fue a casa de un fariseo llamado Simón, y ella entró y con lágrimas le lavó los pies, con lágrimas. ¿Por qué? Porque se había llenado de contrición ante la presencia del Señor, sintiendo su vida pecaminosa. Por eso el Señor dijo… vale la pena decirlo a Simón. Le dice: “Dime, Simón, te preguntaré algo". (Porque El Señor pensó, si fuera profeta, que no lo era, sabría quién es la que ahora le lava los pies y debería darle una patada y reprenderla). “Simón, te voy a contar una historia. Dos personas le debían dinero a un amo. Una le debía 50 y la otra 500. Pero como ninguna de las dos tenía con qué pagar, les perdonó la deuda a ambos. Dime, ¿cuál de las dos personas estará más agradecida?” “Pues, obviamente”, dice, “la que debía la mayor cantidad, las 500 monedas”. – “Pues bien, aquí está ahora, a la que han sido perdonas las 500 monedas, es la prostituta que ha sido perdonada. Por eso está llorando. A tí, ingenuo hombre, te han sido perdonadas 50 monedas, pero no tienes sentimiento y conciencia de ello"... ¡Es increíble!
Recuerden también, queridos míos, a la multitud el día de Pentecostés. Cuando el apóstol Pedro salió al balcón del aposento alto para decir que lo que oían y veían era el derramamiento del Espíritu Santo, que vino a dar testimonio de que Jesús no era un criminal, ni un engañador, ni un falso mesías. El cielo viene a dar testimonio de Él. Porque si Jesús hubiera sido un engañador y un falso Cristo, ¿cómo habría ocurrido Pentecostés? Cristo mismo lo había dicho: «Me iré y enviaré al Espíritu Santo». Porque Él mismo dijo: «Me verán como un criminal, un mentiroso, pero Él, el Paráclito, el Espíritu Santo, dará testimonio de mí y de quién soy». El testimonio de quién es Jesús Cristo es el Pentecostés. Y el apóstol Pedro salió al balcón y les contó precisamente estas cosas. Y aquella multitud que se había reunido se conmovió. «Y al oírlo sus corazones se llenaron de contrición», dice el texto sagrado. Y dijeron: «Hermanos, ¿qué debemos hacer para ser salvados?».
San Efrén el Sirio dice algo verdaderamente maravilloso, por favor, escuchen, nos interesa: “Porque Dios nos ama a todos y quiere que todos seamos salvados, entonces su Gracia viene y vuela sobre nuestro corazón desde lo alto. Vuela. El corazón es impuro, está lleno de pasiones pecaminosas. Entonces lanza una flecha. Viene y atraviesa el corazón, un poco. Y crea contrición, pero quizás sin que tengamos buena disposición. Nada. Somos pecadores. Entonces Dios hiere un poco el corazón. Con una homilía, con un ambiente, con unas palabras, con un incidente, con una situación. Y el corazón es herido, es decir, es tocado (ligeramente atravesado) y entonces siente una dulzura. Y Dios te da una muestra y te dice: ‘‘Esto es lo que sentirás cuando purifiques tu corazón. Ya he disparado la flecha y me voy. Retiro mi flecha. Tú, si quieres, haz tu elección y entonces crearás condiciones y situaciones que tendrán una dulzura permanente.’” Es decir, en otras palabras, nos da una muestra. Una muestra de su propio amor y de su propia presencia. ¿Cuál es nuestro trabajo aquí abajo? Purificar nuestros corazones.
Pero digamos también unas palabras, queridos míos, sobre lágrimas. San Juan el Sinaíata o de
la Escalera dice en su séptimo discurso: “Se dice que las lágrimas se producen
de muchas y diversas maneras (que las lágrimas, dice, se crean por diversas
causas); yo digo, por naturaleza (hay personas que lloran fácilmente por
naturaleza. Es principalmente una relajación del sistema nervioso, muchas veces
y por la menor cosa la otra persona llora. Por la menor cosa), por Dios, por el
dolor en respuesta (por una aflicción), por la alabanza - cuando una persona es
alabada, se conmueve inmediatamente y llora; cuando la alaban, la enaltecen, la
condecoran, llora, llora -, por vanidad (puede llorar), por amor (puede llorar), por arrepentimiento, por el recuerdo de la
muerte (cuando se recuerda la muerte. No en el sentido pasivo. Sino en el
sentido de que: “¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy haciendo? Estoy mal, estoy
pecando, como si fuera a vivir en esta vida durante siglos y siglos... ¿Qué
estoy haciendo?” Este es el recuerdo de la muerte, el beneficioso recuerdo de la
muerte) y muchas «Otras», dice San Juan.
Como ven, hay muchas causas de lágrimas. Pero ¿cuáles son las legítimas?
¿Cuáles purifican el corazón, las circunstancias? ¿Las que realmente me dan
espiritualidad? Hay tres: las lágrimas de arrepentimiento, las lágrimas por el
recuerdo de la muerte y las lágrimas por el amor de Dios. Y las lágrimas de
arrepentimiento, queridos míos, son las que se derraman al reconocer la
terrible situación de uno mismo, al reconocer que ha pecado. San Juan de la Escaleras se atreve a decir algo contundente. Él mismo lo dice: «Audaces son las palabras, pero lo cierto es, ¡que las lágrimas constituyen un segundo bautismo!».
Porque con el bautismo, con el agua bautismal, somos limpiados de la suciedad
del pecado. Y con las lágrimas somos limpiados de la suciedad, de la inmundicia
del pecado.
Pero también hay lágrimas de duelo piadoso, por el recuerdo de la muerte.
Cuando uno ve sus pecados, se lamenta y llora por sí mismo. Si alguien ve a una
persona así, dirá que es infeliz, que es melancólica. No lo es. Es feliz.
Queridos, ¿pueden imaginar que detrás de un duelo piadoso hay felicidad? ¿Que
hay paz? Si supieran que cuando una persona ve sus pecados y llora y se lamenta
por ellos, tiene una paz inefable, la paz de Dios… ¿Entienden esto? ¿Acaso
alguien que no está acostumbrado a tales situaciones piensa que esta persona
puede ser infeliz? Pero es un recuerdo esperanzador de la muerte. Es decir, es
esto; presten atención. Lo que dice san Siluán del Monte Ato: “Pongan su mente en el
infierno y no se desesperen”. ¿Qué significa “Pongan la mente en el infierno”?
Porque el infierno es el lugar de las almas condenadas, por el momento. Hasta
que Cristo regrese y tenga lugar la resurrección de los muertos. El infierno es
un anticipo del infierno. No el infierno. El anticipo del infierno. «Así que
mantén tu mente en el infierno», es decir, «mantén tu mente allí en el lugar de
castigos y tormentos». Diciendo: «No seré salvo». Eso es algo grande. Lloras y
te lamentas por tus pecados. «No seré salvo. Soy un gran pecador
Ten cuidado; algunos lo dicen hipócritamente: “No me salvaré”. En el fondo, no
lo creen. Que uno lo crea: “No me salvaré”. Y al mismo tiempo, que no pierda la
esperanza de ser salvo. Porque si se lamenta por sus pecados y pierde la
esperanza de su salvación, entonces es verdaderamente una persona infeliz.
Entonces corre el peligro de sufrir incluso una enfermedad mental. Pero quien
se lamenta tiene un lamento piadoso, y hay esperanza de salvación, entonces es
bienaventurado. Es lo que el Señor dice en las Bienaventuranzas:
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos reirán”. ¿Lo ves? Él alegra a los
que lloran. Por supuesto, no quiere decir que tus familiares morirán, que
perderás tus posesiones. No dice eso. El Señor no quiere decir eso. Pero quiere
decir que te lamentes por tu estado pecaminoso. Entonces, sin duda, tendrás
paz. ¿Ves? Métodos opuestos a los que el mundo sugiere. ¿Qué sugiere el mundo?
“Tíralo todo, diviértete, haz una fiesta, no te preocupes”. ¡No dejes nada sin
intentar! ¡Y verás cuánta alegría te espera! Ahí encontrarás depresión y
ausencia de paz… ¿Ves los métodos? ¡Lo contrario! Los métodos de Dios son
opuestos a los del mundo. ¡Completamente opuestos!
Y finalmente, están las lágrimas por amor a Dios. Quien ama a Dios también ama
su creación. Y a las personas, a los pájaros, a las plantas, a las piedras. Ama
todo. Porque todo es creación de Dios y refleja su sabiduría, su amor y su
poder divino. Así que quien ama verdaderamente a Dios es algo especial. El
santo Crisóstomo incluso dice: «Mira, cuando ofendas a Dios con un pecado,
arrepiéntete; no porque vayas a ser castigado, sino porque has entristecido a Dios». Esto solo puede decirlo quien ama a Dios. Quien ama
verdaderamente a Dios. Y entonces, como dice San Isaac el Sirio en uno de sus
sermones milagrosos: «Y cuando alguien tiene esta "theoría" de la creación
(«theoría» significa vision la creación) y, al recordar a estas criaturas y su
theoría (al verlas), ¡le brotan lágrimas de los ojos!». Y este es el amor
inefable. El amor inefable. El amor a Dios y a su creación. Domina al hombre,
lo convierte en Hombre con mayúscula.
Si tuviéramos que contemplar un modelo de hombre, ¿cuál sería este modelo? ¿Qué
modelos de personas se proyectan en la Historia y en los diversos sistemas
sociales y filosóficos? Diríamos: Este es el modelo de hombre: El verdadero
hombre; que posee la gracia de Dios y el amor de Dios, el amor a toda la
creación y es un verdadero paraíso…
Queridos, la Iglesia ha puesto hoy en nuestra memoria a la santa María de
Egipto, para recordarnos que la contrición y las lágrimas son el punto de
partida de nuestra vida espiritual.
A LA GLORIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Y con inmensa gratitud a nuestro guía espiritual, el bienaventurado gérontas
Athanasios Mitilineos.
Transferencia del discurso grabado a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga.
Traducido al español por el equipo de la Ortodoxia es la Verdad.
Ver: Otros textos litúrgicos y homilías, Domingo de Osía María la Egipcia
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