Tono grave. Ev. Maitines 7 (EOTHINON 7, p.8)
Español: Vísperas y Maitines-Divina Liturgia Griego: Vísperas Mayores. Maitines - Divina Liturgia (texto)
APOSTOLES. (Heb. 4, 14-16. 5, 1-6)
Jesús el gran sumo sacerdote
4.14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
5.1.Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados;
5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo:
Tú eres mi Hijo,
Yo te he engendrado hoy.
6 Como también dice en otro lugar:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
EVANGELIO. (Marcos 8,34 - 9,1)
8.34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 35 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? 37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
9.1.También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.
HOMILÍA I. "Enseñanza sobre abnegación".
¡Corta puentes!
EN LA MITAD DE LA GRAN CUARESMA NUESTRA SANTA IGLESIA MUESTRA LA CRUZ entre flores y nos llama venerarla, a reverenciarla, para recibir fuerza y así poder llegar al final de este gran periodo de las luchas espirituales, la Pasión y la Resurrección del Señor.
Dentro de esta atmósfera, de solemne y devota celebración, escuchamos las palabras al respecto de la boca del Señor sobre la cruz a la que somos llamados nosotros también a levantar siguiéndole, es decir a la vida de sacrificio y de abnegación junto a Él:
"Quien quiera seguirme como alumno mío, que se niegue a sí mismo, es deecir que corte cada amistad y relación con su "yo" corrompido por el pecado, y que también tome la firme decisión de recibir por mí no sólo toda fatiga, pena y prueba, sino incluso muerte en la cruz. Que así me siga, imitando mi propio ejemplo".
Y enseguida el Señor da la causa de esta "pesado" mandamiento suyo:
"Porque quien quiere salvar su vida, perderá la espiritual y bienaventurada y eterna vida. Pero quien se sacrifica en esta vida momentánea a causa de su confesión y de su obediencia a mí y a mi Evangelio, éste salvará su alma en la interminable eternidad, donde ganará dicha y bienaventuranza interminable.
¿Qué beneficiará, realmente, al hombre ganar todo este mundo, el momentáneo y material, y al final perder su alma, que como espiritual e incorruptible e inmortal que es, no puede compararse con nada ni siquiera con todos los bienes juntos de este mundo? O, suponiendo que un hombre ha perdido su alma, ¿qué es posible que de como intercambio para librarla de la eterna pérdida?
Y al final de sus palabras dignas de atención el Señor explica me un modo más práctico lo dicho:
"Y es seguro que perderá su alma aquel que no quiere someterse a fatigas y sacrificios por mí. Porque quien se avergüenza de mí y de mis palabras a causa de las burlas y de los menosprecios de los hombres de este mundo pecador, que se ha alejado de mí y se ha convertido en prófugo, de este hombre yo también, el hijo del hombre, me avergonzaré y le rechazaré en mi Segunda Venida, en la Gloria de mi Padre con el acompañamineto honorífico de los santos ángeles.
Y la vergüenza aquella será entonces tremenda en aquel teatro mundial.
"Quien quiera seguirme, que se niegue a sí mismo"
Negación de uno mismo pide el Señor, es decir que no vivamos con nosotros mismos ni para nosotros mismos.
Esto, como entiendes amigo mío, no es fácil. Cristo no quiere cerca de El gente tibia, quiere valientes. Que se lo pida su corazón.
Como los militares de las fuerzas aéreas que entran en primera línea de la guerra, enfrentándose al fuego y a la dificultad. No calculan su vida.
Negación, para Cristo, significa cortar los puentes contigo mismo, con tu egoísmo. Que no vivas con tu ser como centro de atención, la comodidad, el placer, sino con centro el Cristo y el amor por tus compañeros.
Que te sacrifiques para Cristo y para los demás, ¿puedes hacer esto? es necesario un movimiento generoso: que cortes los puentes de simpatía y de amistas contigo mismo.
Para que puedas dar el gran paso que te lleva al Cielo.
Del libro "Háblame, Cristo. Mensajes para jóvenes de los Evangelios de los Domingos" Archim. Apóstolos J. Tsoláki. Ed. Sotir.
Por eso hoy, el Tercer Domingo de Cuaresma, aproximadamente a la mitad, la Iglesia nos presenta como una muy firme ayuda, dice el Sinaxario, la Santísima Cruz, el gozo del mundo, el poder de los fieles, el apoyo de los justos y la esperanza de los pecadores; para que podamos adorarla con reverencia y recibir gracia y fuerza para completar la lucha divina del ayuno.
Pero ¿por qué, queridos hermanos, es la Santa Cruz de Cristo la alegría, la fuerza, el apoyo y la esperanza de todos? Porque de la Santa Cruz de Cristo emana lo primero de todo la Iglesia. La Iglesia es el Arca de la Salvación. De la costilla del Señor, estando sobre la Cruz, fluyeron sangre y agua: los Misterios del Bautismo y de la divina Eucaristía, que constituyen la Iglesia.
Entonces así surge la Iglesia, surgen todos los Misterios de nuestra Iglesia. De ahí, de la Venerada Cruz, viene también el perdón de los pecados. Ahí está nuestra reconciliación con Dios. Ahí en la Cruz está la derrota del diablo. Ahí el pecado se debilita. Ahí la desaparición del aguijón de la muerte. Y de ahí la regeneración del hombre, para que pueda resucitar y volver a ser como era antes de la corrupción de la muerte. De ahí, de la Venerada Cruz, la recapitulación de todas las cosas, es decir, el encuentro, la unión del Cielo y la Tierra.
Y como dice san Cirilo de Jerusalén,"soportó el Salvador estas cosas, pacificando por la sangre de la Cruz, lo celestial y lo terrenal. Es decir, es el compendiador y recapitulador de todo. Él es el que une lo que estaba separado, lo que estaba dividido por causa del pecado. Por eso san Cirilo de Jerusalén escribe también, lo primero de todo admite y recibe la Venerada Cruz , y sobre el Misterio de la Venerada Cruz edifica el resto de Misterios. ¿Hay un misterio mayor que la Resurrección de Cristo? ¿Dónde se fundamenta la Resurrección? En la muerte de Cristo sobre la Cruz.
Entonces si la Venerada Cruz tiene poder sobre todo otro poder celestial y terrenal, y esto se debe a que Cristo es el verdadero Dios-hombre, por eso el creyente debe tener la Venerada Cruz como un arma invencible. Y el arma de la Cruz, como arma siempre invencible, se activa por la fe de quien la usa. Porque cruces ha habido muchas. Si quieren en el Gólgota se erigieron tres cruces. Dos eran de los ladrones. Si tomo la cruz y no creo en aquel que fue clavado en la Venerada Cruz, aquel que es el Dios-hombre, Jesús Cristo, entonces no tomo la Cruz de Cristo, tomo la cruz del ladrón o de los ladrones. Por lo tanto, requisito básico y fundamental, para que la cruz sea un arma invencible contra enemigos visibles e invisibles, es la fe en la Persona divino-humana de Jesús Cristo.
Después de la fe, es la consistencia, la congruencia. Porque si vemos a muchos que llevan la Santa Cruz, van al mar, y hacen una serie de indecencias y obscenidades ¿en qué los protegería la Venerada Cruz para no tener un accidente en el mar? Veis entonces, que dos son los requisitos básicos para tener la cruz como un arma: fe en la Persona divino-humana de Cristo, y mi modo de vivir, que debe ser consistente con la de Aquel que fue tendido sobre la Venerada Cruz.
Entonces, el signo de la cruz es omnipotente. Y démosle la palabra a san Cirilo de Jerusalén, que nos señala cosas muy importantes, y nos recuerda que en todas partes debe entrar el sello de la Venerable Cruz: Lo primero de todo, la señal de la Cruz sobre nuestro cuerpo. Hacer la cruz sobre nosotros con valor y coraje. No podemos sentir vergüenza. "Si me dijeras que Cristo no resucitó, entonces me avergonzaría decir que Dios fue crucificado. Pero Dios que se hizo hombre, que fue crucificado y que resucitó, ¿por qué entonces no proyectar con valor y coraje la Cruz de Cristo?
La señal de la cruz sobre nuestro Cuerpo debe realizarse con extrema reverencia, y debe hacerse correctamente. Hacer verdaderamente sobre nuestro cuerpo la señal de la Venerada Cruz. No explicaré qué sucede exactamente cuando hago la señal de la Santa Cruz sobre mi Cuerpo, pero os digo que ha de hacerse así, con toda reverencia. No para que nadie pueda discernir si lo que estamos haciendo es o no la señal de la Cruz.
¿Habéis visto que san Cirilo llama a la señal de la Cruz sello? Desde el momento en que nuestro cuerpo es sellado, toma fuerza y poder. Tal como cuando sobre un documento ponemos una firma y un sello, da validez a lo que contiene. Cuando no hay firma ni sello, lo que escribamos no tiene fuerza.
Sobre todo, entonces, realícese la Cruz. Cuando nos sentamos a comer, rezaremos y bendeciremos y nos persignaremos, haciendo la señal de la Cruz sobre nosotros y sobre lo que comeremos, y sobre lo que bebamos. Cuando bebemos agua, ya sea en la mesa o en otro sitio, hagamos la señal de la Cruz, sobre nosotros y sobre el agua que beberemos.
Cuando entramos y cuando salimos de nuestra casa. Queridos, cuando salimos de nuestra casa, no sabemos si volveremos. Hay tantos y tantos accidentes. ¿Sé si volveré? Pero si hago la señal de la Santa Cruz, ella me protegerá.
Relacionado con esto me gustaría señalarles lo siguiente. Cuando tengan un viaje en coche, con el vuestro o con el de otro, cuando salgan de su casa hagan tres prosternaciones ante sus iconos. Y reverencien el icono de Cristo y la Santísima Virgen María. Y pidan que os ayuden y que os protejan de todo accidente. A vosotros y a vuestros compañeros de viaje, y a su vehículo, sea suyo o no. Cuando regresen sanos, de nuevo haremos tres prosternaciones, dando gracias a Cristo y a la Madre de Dios, porque nos han protegido del peligro.
La señal de la Cruz se debe hacer en todas partes. Antes de dormir, no se refiere a la oración, sino al momento en que nos acostamos en nuestra cama; y al levantarnos de ella. Permítanme ampliar esto un poco. Cuando abrimos nuestros ojos por la mañana y vemos la luz del sol, digamos, antes incluso de levantarnos; haciendo la señal de la Santa Cruz: Gloria a ti que nos has mostrado la luz.
Caminando, o parados en algún lugar, en todo lugar haremos la señal de la Cruz. No diga nadie, "esque soy pobre", es que no tengo nada; no hay que pagar nada, es gratis para todos. No diga nadie, "es que estoy enfermo", no puedo hacerlo. No supone esfuerzo. Porque la Gracia viene de Dios, y la Venerada Cruz es el temor de los demonios. Triunfó ante ellos, aplastándoles ante el resto de los ángeles.
Cuando los demonios ven la cruz, recuerdan a quien fue crucificado en ella. Temen a aquel que aplastó las cabezas del Dragón, de la Serpiente, del viejo Diablo.
No porque sea un regalo y no cueste nada, y no hayas pagado nada, menosprecies lo que Dios te dio para que puedas luchar contra los enemigos. Sino más bien honra al Benefactor por haberte dado tal arma.
La Venerada Cruz hasta el día de hoy cura enfermedades, hasta el día de hoy expulsa demonios, y anula a los magos y a sus hechicerías derriba hechizos.
La Venerada Cruz, queridos, es el símbolo de la "debilidad" de Dios, debilidad entre comillas. Es decir, parecíó que fue crucificado porque no podía actuar de otra manera. Por eso los que le crucificaron le dijeron:" Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz para que creamos". Es entonces el símbolo de la "debilidad" de Dios, pero al mismo tiempo es el símbolo del poder, del amor y la sabiduría de Dios.
Es el símbolo de la "debilidad" de Dios, porque era necesario que de esta manera viniese al mundo, en "debilidad", el Hijo de Dios. Y después de vaciarse a sí mismo de la gloria divina, —no se apartó de la gloria divina—, sino que ocultó la gloria divina.
También vemos que era un sabio plan de Dios, para dejar confundido y engañar al que engañó a los primeros en ser creados en el Paraíso. Y así el diablo sería derrotado, por eso el Señor aparece como débil, como incapaz de enfrentarse a sus crucificadores. Recuerden en el huerto de Getsemaní cuando lo arrestaron, cuando Pedro sacó una espada para defenderse, y el Señor le dice, "crees que no tengo el poder para rogarle a mi Padre que me dé muchas legiones de ángeles para que me dfiendan?
Y él mismo, ¿acaso no podía defenderse? Era el misterio de la "debilidad" de Dios. Pero también de la sabiduría de Dios. Para dejar confundido, como os he dicho, añ diablo. Porque el cebo era el Cuerpo de Cristo, y el anzuelo era la Cruz, como dicen los Padres. Y todo esto,
Y todo esto. Para que el hombre pudiera ser salvado, porque Dios nos ama. Aquí se puede ver el poder, la sabiduría y el amor de Dios. Desde entonces la Venerada Cruz es el símbolo del poder de Dios. Porque a través de ella Dios encarnado venció al diablo, al pecado y a la muerte. Por eso mismo el símbolo de la Venerada Cruz queridos, precederá al glorificado Jesús cuando vuelva a juzgar al mundo.
Dice san Cirilo de Jerusalén, la Venerable Cruz precederá la venido de Cristo. Primero verán, creyentes e incrédulos, pecadores y justos, todos los que habrán sido resucitados, la Venerable Cruz en el cielo. Y entonces Cristo aparecerá. Así que, aquellos que lo traspasaron, aquellos que lo crucificaron, aquellos que lo deshonraron, verán que era el Poderoso Santo Dios que se hizo hombre.
Queridos, dice de nuevo san Cirilo, la Cruz es el orgullo de la Iglesia Católica y de toda acción de Jesús. Alarde de todo alarde, la Cruz. Lo que mostró, lo que hizo, lo que enseñó, los milagros que obró... todo es milagroso. Todo es importante, todo es digno de orgullo y admiración. Pero el orgullo de orgullos, como clamante y silenciosa enseñanza, porque se ofrece el ejemplo del amor y sacrificio, es la Venerada Cruz. No nos avergoncemos de la Cruz del Salvador, sino más bien sintámonos orgullosos.
Con el poder, queridos, de la energía increada de la Venerada Cruz en el Antiguo Testamento, porque fue elevada la Venerada Cruz en el Antiguo Testamento como energía creada antes de la Cruz histórica. Por el poder de la energía increada de la Venerable Cruz, como dice el apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos, «conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros». (Hebr. 11,33-35)
Pero también en el Nuevo Testamento, con el poder de la Venerada Cruz, los mártires dieron sus vidas por Cristo. Veían la Cruz de Cristo, veían al Primer Mártir, Jesús Cristo, y de allí recibían la fuerza y el poder. Porque no es poca cosa dar tu vida, darlo todo por el amor de Cristo, dentro de un final martírico y doloroso,si no recibes poder y no recibes Gracia de Dios, y esta fuerza es tomada de la Cruz de Cristo.
También con el poder de la Venerada Cruz, todos los santos vencieron al diablo, vencieron la carne, vencieron las pasiones, vencieron el mundo. Con el poder de la Venerada Cruz, que aparece ante nosotros hoy, queridos, venceremos también nosotros a las fuerzas anti divinas. Venceremos al mundo, venceremos al diablo, venceremos al mal que hay en nosotros. Y así entraremos victoriosos en el Reino de Dios
La Cruz de Cristo fue proclamada misteriosamente por adelantado y prefigurada desde generaciones antiguas y nadie se reconcilió con Dios excepto por el poder de la Cruz. Después de que nuestros Primeros Padres transgredieron a Dios a través del árbol en el paraíso, el pecado cobró vida, pero nosotros morimos, sometiéndonos, incluso antes de la muerte física, a la muerte del alma, su separación de Dios. Después de la transgresión vivimos en pecado y según la carne. El pecado “no está sujeto a la ley de Dios, ni tampoco puede estarlo. Así que los que están en la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8.7-8).
Como dice el apóstol: “La carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne” (Gálatas 5:17). Dios, sin embargo, es Espíritu, Bondad y Virtud absolutas, y nuestro propio espíritu es a Su imagen y semejanza, aunque el pecado lo haya hecho bueno para nada. Entonces, ¿cómo podría alguien ser renovado espiritualmente y reconciliado con Dios, a menos que el pecado y la vida según la carne hayan sido abolidos? La Cruz de Cristo es esta abolición del pecado. Un incrédulo le preguntó a uno de nuestros Padres portadores de Dios si realmente creía en Cristo crucificado. “Sí”, respondió, “creo en Aquel que crucificó el pecado”. Dios mismo ha dado testimonio de que había muchos amigos suyos antes y después de la ley, cuando aún no se había revelado la cruz. David, el rey y profeta, dice, como si definitivamente hubiera amigos de Dios en su época: “¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus amigos!”. (Salmo 139.17 LXX). Ahora os
mostraré, si escucháis atentamente por amor de Dios, cómo fue que las personas fueron llamadas amigos de Dios ante la Cruz.
Dejando aparte a Abel, Set, Enós, Enoc, Noé y todos los que agradaron a Dios hasta Noé, y a sus contemporáneos, comenzaré con Abraham, que fue llamado el padre de muchas naciones, el padre de los judíos según la carne. y la nuestra por la fe. Como debo comenzar con este padre espiritual nuestro, su buen comienzo y el llamado inicial de Dios para él, ¿cuáles fueron las primeras palabras que Dios le habló? “Vete de tu tierra y de tu parentela, a la tierra que yo te mostraré” (Génesis 12.1). Esta expresión ciertamente lleva en sí el misterio de la Cruz, porque es exactamente lo que Pablo dice cuando se gloria en la Cruz: “El mundo está crucificado para mí” (Gálatas 6:14). Cuando alguien había huido de su patria o del mundo sin volver atrás, para él su patria según la carne y el mundo han sido muertos y dejados de existir, y esto es la Cruz.
Dios le dijo a Abraham, antes de que él hubiera huido de su vida con hombres impíos: “Vete de tu tierra a una tierra”, no que yo te daré, sino “que te mostraré” (Génesis 12.1), así que que a través de esta tierra se pueda mostrar otra tierra espiritual. ¿Cuáles fueron las primeras palabras de Dios a Moisés una vez que huyó de Egipto y ascendió a la montaña? “Quítate el calzado de los pies” (Éxodo 3.5). Este es otro misterio de la Cruz que sigue apropiadamente al primero. “Has salido de Egipto”, dice Dios, “has dejado el servicio de Faraón, y has despreciado el hecho de ser llamado hijo de la hija de Faraón.
“Quítate”, dice, “el calzado de tus pies” (Éxodo 3,5). Estas palabras a Moisés revelaron que la tierra debía ser santificado por medio de la cruz después de la manifestación de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo. En ese momento, mientras miraba ese gran espectáculo de la zarza ardiente que parecía fresca como el rocío, Moisés previó la venida de Cristo, que entonces estaba en el futuro. La visión en Dios de la Cruz es un misterio mayor que aquel misterio anterior. El gran Pablo y nuestros Santos Padres insinúan que hay dos misterios. Pues Pablo no sólo dice: “El mundo me es crucificado a mí”, sino que añade, “y yo al mundo” (Gálatas 6,14). Los Padres, por su parte, nos mandan que no nos apresuremos a subir a la cruz delante de la Cruz, como si fueran definitivamente dos palabras de la Cruz y dos misterios.
embargo, según el segundo misterio de la Cruz, estamos crucificados al mundo ya las pasiones, una vez que han huido de nosotros. Por supuesto, no es posible que nos abandonen por completo y no actúen en nuestros pensamientos, a menos que lleguemos a la contemplación de Dios. Cuando, por la acción, nos acercamos a la contemplación y cultivamos y limpiamos nuestro hombre interior, buscando el tesoro divino que nosotros mismos hemos escondido, y considerando el reino de Dios en nosotros, entonces es que nos crucificamos al mundo y a las pasiones. A través de la meditación de esto nace en nuestro corazón un cierto calor que limpia los malos pensamientos como moscas, infunde paz espiritual y consuelo en nuestra alma y otorga santificación a nuestro cuerpo. Como dice el salmista: “Mi corazón estaba ardiendo dentro de mí, mientras meditaba, el fuego ardía” (Salmo 39.3). Uno de nuestros Padres portadores de Dios nos enseñó acerca de esto, diciendo: “Esfuérzate lo más que puedas para asegurarte de que tu trabajo interno esté de acuerdo con la voluntad de Dios, y vencerás las pasiones externas”. El gran Pablo, instándonos en la misma dirección, dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). En otro lugar exhorta: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad” (Efesios 6.14). Pues la parte contemplativa del alma fortalece y sostiene la parte interesada en los deseos, y ahuyenta las concupiscencias carnales. El gran Pedro nos dice con absoluta claridad lo que significan las referencias a los lomos ya la verdad. “Por tanto”, dice, “ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios y esperad hasta el fin en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1 Pedro 1:13).
Les recordaré la más maravillosa visión de Dios que tuvo Abraham, cuando vio claramente al Dios único en tres personas, antes de que se proclamara tal (Génesis 18,1-16). “Jehová se le apareció en la encina de Mamre; y alzó sus ojos y miró, y he aquí, tres hombres estaban
junto a él; y él corrió a recibirlos.” De hecho, vio al único Dios que se le apareció como tres. “Dios se le apareció”, dice, “y he aquí tres hombres”. Sin embargo, habiendo corrido para encontrarse con los tres hombres, se dirigió a ellos como uno solo, diciendo: “Señor mío, si ahora he hallado gracia ante tus ojos, no te alejes de tu siervo”. Entonces los tres hablan con él como si fueran uno. “Y dijo a Abraham: ¿Dónde está Sara tu mujer? Ciertamente volveré a ti por este mismo tiempo del año, y Sara tu mujer tendrá un hijo”. Mientras la anciana Sara se reía al oír esto, “el Señor dijo: ¿Por qué se rió Sara?” Note que el único Dios es tres hipóstasis, y las tres hipóstasis son un Señor, porque dice, “El Señor dijo”.
Así obró en Abraham el misterio de la Cruz. En cuanto a Isaac, él mismo prefiguró a Aquel que fue clavado en la Cruz porque, como Cristo, fue obediente a su padre hasta la muerte. El carnero ofrecido en su lugar (Génesis 22.13) presagiaba claramente al Cordero de Dios que fue llevado al matadero por nosotros. Incluso la espesura en la que fue apresado el carnero contenía el misterio de la señal de la cruz, pues se la llamaba la espesura de “Sabek”, que significa la espesura del perdón (Génesis 22,13 LXX), así como la Cruz fue llamada el madero de la salvación. En el hijo de Isaac, Jacob, obraba también el misterio y la señal de la cruz, que aumentaba sus rebaños con madera y agua (Génesis 30,37-43). El madero prefiguraba el madero de la Cruz, y el agua, el santo bautismo, que encierra en sí el misterio de la Cruz. “Fuimos bautizados en la muerte de Cristo”, dice el apóstol (Romanos 6,3). Cristo también aumentó sus rebaños humanos por medio de la madera y el agua, la cruz y el bautismo.
¿Seguramente Jacob, el hijo de la obediencia, alcanzó el mayor misterio de la Cruz, es decir, la visión de Dios por la cual el hombre es más perfectamente crucificado al pecado, muere a él y vive a la virtud? En realidad, él mismo da testimonio de su visión y de su salvación. “Porque he visto a Dios”, dice, “cara a cara, y mi alma se salva” (Génesis 32,30 LXX). ¿Dónde está la gente que todavía sigue la cháchara repugnante de aquellos herejes que han aparecido en nuestros días? Oigan que Jacob vio el rostro de Dios, y no sólo no perdió la vida sino que, como él mismo dice, también se salvó, aunque Dios dijo: “Nadie me verá y vivirá” (Éxodo 33.20). . Seguramente no puede haber dos Dioses, uno cuyo rostro pueden ver los santos, el otro cuyo rostro está por encima de la vista. ¡Muera el pensamiento impío! El rostro de Dios visible en el momento de Su manifestación a aquellos que son dignos es Su energía y gracia. Mientras que Su rostro, que nunca se ve, es lo que a veces se llama la naturaleza de Dios, y está más allá del alcance de cualquier manifestación o visión. Como está escrito, “Nadie se ha parado en la sustancia y esencia del Señor” (Jeremías 23.18 LXX), y ha visto la naturaleza de Dios o la ha dado a conocer. Así que la contemplación en Dios y el misterio sagrado de la Cruz no solo alejan del alma las malas pasiones, ya los demonios que las traman, sino también las doctrinas heréticas. Refutan a los defensores de tales ideas, y las empujan fuera de los límites de la Santa Iglesia de Cristo, dentro de la cual tenemos ahora el privilegio de celebrar y declarar la gracia y la energía de la Cruz entre nuestros Padres en el tiempo anterior a la Cruz.
mismos proclamaron el misterio de la Cruz de antemano de manera maravillosa.
Pero, ¿qué hay de Moisés, quien fue el primero en recibir la ley de Dios y compartirla con los demás? Él mismo se salvó por medio de madera y agua antes de que se diera la ley, cuando fue expuesto a las corrientes del Nilo, escondido en un arca (Éxodo 2.3-10). Y por medio de madera y agua salvó al pueblo de Israel, revelando la Cruz por la leña, santo bautismo por agua. Pablo, que había contemplado los misterios, dice abiertamente: “Todos fueron bautizados en Moisés en la nube” (1 Corintios 10,2). También da testimonio de que, incluso antes de los acontecimientos relacionados con el mar y su bastón, Moisés soportó voluntariamente la cruz de Cristo, “teniendo”, dice, “el vituperio de Cristo por mayores riquezas que los tesoros de Egipto” (Hebreos 11,26). Porque la Cruz es el oprobio de Cristo desde el punto de vista de los hombres insensatos. Como dice el mismo Pablo de Cristo, “soportó la cruz, menospreciando la vergüenza” (Hebreos
12,2). Con mucha anticipación, Moisés proclamó de la manera más clara posible la figura y la forma de la Cruz y la salvación que traería esta señal. Porque él puso su vara en posición vertical y extendió sus manos por encima de ella y, cuando tomó la forma de una cruz sobre su vara, esta visión derrotó por completo a Amalek (Éxodo 17:8-13). Nuevamente, colocando la serpiente de bronce de lado sobre un estandarte, levantó públicamente la señal de la cruz y ordenó a los judíos que habían sido mordidos por serpientes que la consideraran un medio de salvación, y así curó las mordeduras de las serpientes. (Números 21.4-9).
Me falta tiempo para hablar de Josué y sus compañeros jueces y profetas, o de David y sus sucesores que, por obrar en ellos el misterio de la Cruz, secaron los ríos (2 Reyes 19,24; Isaías 37,25), hicieron que el sol se detuviera (Josué 10,13), arrasó las ciudades de los impíos (Génesis 19,25; 2 Pedro 2,6), se hizo poderoso en la guerra, puso en fuga a los ejércitos extranjeros, escapó del filo de la espada, apagó la violencia del fuego, tapó la boca de los leones, avergonzar a los reyes (Hebreos 11,33-34; Jueces 4,6; 13,24; Daniel 6,23; 3,23-25, 49-50), reducir a cenizas a los capitanes de cincuenta (2 Reyes 1,13), resucitar a los muertos (1 Reyes 17,23; 2 Reyes 4,36 ), hizo que los cielos se detuvieran con una palabra (2 Reyes 20.10-11), luego los dejó ir, impidiendo que las nubes dieran lluvia, luego dejándolas hacerlo.
Si nos alejamos de todos los que vivieron antes o bajo la ley, el Señor mismo, “por quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas” (Hebreos 2,10), dijo ante la cruz: “El que no toma su cruz , y me sigue, no es digno de mí” (Mateo 10.38). Note que incluso antes de que la Cruz fuera clavada en el suelo, fue la Cruz la que trajo la salvación. Cuando el Señor habló abiertamente de antemano de Su pasión y muerte en la Cruz, Pedro no pudo soportar escucharlo. Conociendo el poder del Señor, le rogó, diciendo: “Lejos esté de ti, Señor; no te suceda esto” (Mateo 16:22). El Señor lo reprendió porque en este sentido su pensamiento era humano y no divino. Y “habiendo llamado a la gente con sus discípulos, les dijo: El que quiera venir en
pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su alma, la perderá; pero el que pierda su alma por causa de mí y del evangelio, ése la salvará” (Marcos 9.34-35; Lucas 9.23; Mateo 16.24-25).
También invitó a la gente junto con sus discípulos, y luego anunció y proclamó estos grandes y maravillosos pensamientos que obviamente son de Dios y no de los hombres. Esto fue para dejar en claro que tales cosas no se exigían únicamente de sus discípulos escogidos, sino de todos los que creen en Él. Seguir a Cristo significa vivir según su Evangelio y dar prueba de todas las virtudes y de la verdadera piedad. El hecho de que quien quiera seguirlo deba negarse a sí mismo y tomar su cruz, significa que no debe perdonarse a sí mismo llegado el momento, sino estar dispuesto a morir una muerte deshonrosa por causa de la virtud y la verdad de las santas doctrinas. Aunque sea una cosa grande y maravillosa que alguien se niegue a sí mismo y se entregue a la deshonra extrema y a la muerte, no es contrario a la razón. Cuando los reyes terrenales van a la guerra, no dejan que los sigan personas que no están preparadas para morir por ellos. Así que no es de extrañar que el Rey del cielo, que vino a vivir en la tierra según Su promesa, busque a tales personas como Sus seguidores en Su ataque contra el enemigo común de la raza humana. Los reyes
terrenales no pueden revivir a los muertos en la guerra, ni recompensarlos adecuadamente por llevar la peor parte de la batalla. ¿Qué podría recibir de ellos alguien que ya no vive? Pero en el Señor hay esperanza incluso para los que han muerto, si su muerte fue en defensa de lo sagrado. A sus seguidores que se atrevieron en la batalla, el Señor les da la recompensa de la vida eterna.
Mientras que los reyes terrenales requieren que aquellos que los siguen estén preparados para morir por ellos, el Señor se entregó a la muerte por nosotros y nos ordena que estemos dispuestos a morir no por Él, sino por nosotros.
Como la palabra y el misterio antecedieron al signo mismo, los expondremos primero a vuestra caridad. O más bien, Pablo las expuso ante nosotros, Pablo que se jacta en la Cruz, decidido a no saber nada sino al Señor Jesús, y éste crucificado (1 Corintios 2,2). ¿Que dijo? La Cruz significa crucificar la carne con sus pasiones y deseos (Gálatas 5.24). ¿Crees que se está refiriendo sólo a las pasiones del placer sensual y la glotonería? En ese caso, no habría escrito a los corintios: “Ya que hay entre vosotros contiendas y divisiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?” (1 Corintios 3.3). En consecuencia, cualquiera que ama la gloria o el dinero, o simplemente quiere imponer su propia
voluntad en su afán de prevalecer, es carnal y anda como hombre, pues tales cosas son fuente de divisiones. Como dice Santiago, el hermano del Señor: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No vienen de aquí, aun de vuestras concupiscencias que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; lucháis y lucháis” (Santiago 4.1-2). Crucificar la carne con sus pasiones y anhelos significa detener toda actividad que desagrada a Dios. Aunque nuestro cuerpo nos tire hacia abajo y ejerza presión sobre nosotros, aún debemos levantarlo urgentemente a la altura de la Cruz. ¿Qué estoy tratando de decir? Cuando el Señor estuvo en la tierra, vivió una vida de pobreza, y no solo vivió sino que predicó la pobreza, diciendo: “Cualquiera de vosotros que no desampara todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33).
Que ninguno de vosotros, hermanos, os enfadéis al oírnos anunciar, en forma inalterada, la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios, ni os enfadéis porque os parezcan inalcanzables estos preceptos. Recordad, en primer lugar, que el reino de los cielos está sujeto a violencia, y los violentos lo arrebatan (Mateo 11,12). Escuche a Pedro, el líder de los apóstoles de Cristo, quien dice: “Cristo también padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigamos sus pisadas” (1 Pedro 2:21). Entonces deberías considerar el hecho de que cuando alguien realmente se entera de cuánto le debe al Maestro y no puede pagarlo en su totalidad, ofrece modestamente todo lo que puede y elige libremente. En cuanto a la deuda que le queda, se humilla ante el Señor y, atrayendo su compasión con su humildad, la suple. Si alguien observa que su pensamiento se extiende hacia las riquezas y la riqueza, debe darse cuenta de que este pensamiento carnal lo separa de Cristo crucificado en él.
¿Cómo puedes empezar a llevar este pensamiento a la altura de la Cruz? Habiendo puesto vuestra esperanza en Cristo que provee para toda la creación y la nutre, apartaos de todas las ganancias injustas, y no os apeguéis demasiado ni siquiera a los ingresos honestos. Hazle un buen uso y deja que los pobres participen tanto como sea posible. Es lo mismo que el mandamiento de negar el cuerpo y tomar nuestra cruz. Aunque las personas piadosas que viven según Su voluntad tienen cuerpos, no están demasiado apegados a ellos, sino que hacen uso de su ayuda cuando es necesario. Si se les pide que lo hagan, están listos para separarse de ellos. Si actúas de esta manera con respecto a los atributos y necesidades del cuerpo, incluso si no puedes hacer nada más, esto es bueno y agradable a Dios. ¿Ves el pensamiento de fornicación agitado con fuerza en tu interior? Sé consciente de que aún no te has crucificado. ¿Cómo se puede hacer esto? Huye de mirar inquisitivamente a las mujeres, de la indecorosa familiaridad con ellas y de la conversación inapropiada. Reduzca el combustible con alimenta esta pasión al dejar de beber en exceso, la embriaguez, comer hasta saciarse y dormir demasiado. A la renuncia de estos males añádele humildad, y clama a Dios con corazón contrito
para que te ayude contra esta pasión. Entonces vosotros también diréis: “He visto a los impíos con gran poder y henchidos como los cedros del Líbano. Lo pasé por el dominio propio y he aquí que no
estaba: lo busqué en humilde oración, pero su lugar no se pudo encontrar en mí” (Salmo 36.35-36 LXX).
¿Estás preocupado por el pensamiento del amor de la gloria? Cuando esté en reuniones o concilios, recuerde el consejo del Señor sobre este tema en los Evangelios. No intentes parecer superior a los demás cuando hablas. Practica cualquier virtud que tengas en secreto, mirando solo a Dios y visto solo por Él, “y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6.6). Si después de haber cortado las causas de cada una de las pasiones, el pensamiento de ellas todavía te turba interiormente, no temas. Te procurará coronas, ya que te molesta pero no te conquista, y no es activo. Es un movimiento muerto, conquistado por vuestra lucha piadosa.
Tal es la palabra de la Cruz (1 Corintios 1,18). Fue y es, por lo tanto, un gran y verdaderamente divino misterio, no sólo en el tiempo de los profetas antes de que se cumpliera, sino también ahora después de que se haya cumplido. ¿Por qué esto es tan? A primera vista, todo el que se abaja y se humilla en todo parece acarrear deshonra sobre sí mismo, todo el que huye de los placeres carnales parece causarse trabajo y dolor, y todo el que entrega sus bienes parece que se está haciendo él mismo pobre. Pero por el poder de Dios esta pobreza, dolor y deshonra engendran riquezas inagotables, deleite inefable y gloria eterna, tanto en este mundo como en el venidero. Pablo clasifica a los que no creen esto y prueban su fe con sus acciones, con los perdidos o con los griegos. “Predicamos”, dice, “Cristo crucificado, tropezadero para los judíos”, porque no creen en la pasión salvadora, “y locura para los griegos”, que valoran sobre todo las cosas transitorias por su completa incredulidad en las promesas de Dios, “mas para los que son llamados, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1.23).
Esta es la sabiduría y el poder de Dios: salir victorioso de la debilidad, exaltado de la humildad, rico de la pobreza. No sólo la palabra y el misterio de la Cruz son divinos y dignos de reverencia, sino también su signo. Porque es un sello santo, salvífico y venerable, capaz de santificar y perfeccionar todas las cosas buenas, maravillosas e indescriptibles que Dios ha hecho por el género humano. Puede quitar la maldición y la condenación, destruir la corrupción y la muerte, otorgar vida eterna y bendición. Es la madera de la salvación, el cetro real, el trofeo divino de la victoria sobre los enemigos visibles e invisibles, aunque los seguidores de los herejes estén locamente disgustados. No han alcanzado la oración de los apóstoles de que “puedan comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad” (Efesios 3:18). No han entendido que la Cruz del Señor revela toda la dispensación de Su venida en la
carne y contiene todo el misterio de esta dispensación. Extendiéndose en todas las direcciones, abarca todo lo que está arriba, abajo, alrededor y en medio. Los herejes aborrecen la señal del Rey de Gloria (Salmo 24,7-10), aduciendo una excusa, según la cual, si fueran razonables, deberían reverenciar la Cruz con nosotros. El Señor mismo, cuando iba a subir a la Cruz, se refirió abiertamente a ella como Su exaltación y Su gloria (Juan 3:14-15). Y anunció que cuando volviera y se manifestara, esta señal del Hijo del hombre vendría con poder y gran gloria (Mateo 24.30).
Los herejes dicen que debido a que Cristo murió clavado en la Cruz, no pueden soportar ver la forma del madero en el que fue puesto a muerte. Pero, ¿dónde estaba clavada la escritura que se levantó contra nosotros a causa de nuestra desobediencia, cuando nuestro antepasado extendió su mano hacia el madero? ¿Cómo fue quitado del camino y borrado, permitiéndonos regresar a la bendición de Dios? ¿Dónde despojó Cristo y expulsó por completo a los principados y potestades de los malos espíritus, que se habían apoderado de nuestra naturaleza desde la época del árbol de la desobediencia? ¿Dónde triunfó sobre ellos y los avergonzó, para que pudiéramos ser libres? ¿Dónde fue derribada la pared intermedia de separación y abolida y muerta nuestra enemistad contra Dios? ¿Por qué medio fuimos reconciliados con Dios y cómo escuchamos la Buena Noticia de paz con Él? Seguramente fue en la Cruz y por medio de la Cruz. Que los que dudan escuchen lo que el apóstol escribe a los Efesios: “Porque Cristo es nuestra paz, que derribó la pared intermedia de separación entre nosotros; para hacer en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo así la paz; y reconciliar por medio de la cruz a ambos con Dios en un solo cuerpo, matando en ella la enemistad” (Efesios 2.14-16). A los colosenses escribe: “Y a vosotros, estando muertos en vuestros pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados; borrando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio, clavándola en su cruz; y habiendo despojado a los principados y potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en ella” (Colosenses 2.13-15).
Inclinando el corazón y doblando las rodillas, venid, "adoremos", con el salmista y profeta David, "al lugar donde estuvieron sus pies" (Salmo 132,7 LXX), donde estaban extendidas sus manos que todo lo abarcaban y sus cuerpo vivificante fue extendido por nosotros. Mientras reverenciamos y saludamos la Cruz con fe, atraigamos y conservemos la abundante santificación que fluye de ella. Entonces, en el sublime y glorioso advenimiento futuro de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo, cuando lo veamos venir en gloria, nos regocijaremos y saltaremos de gozo sin cesar, habiendo llegado a un lugar a Su diestra y escuchado las gozosas palabras prometidas. y bendición, para gloria del Hijo de Dios crucificado en la carne por nosotros.
Porque a Él pertenece toda gloria, juntamente con su Padre sin principio y el Espíritu Santo, bueno y vivificante, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
