9/2/2025. DOMINGO DEL PUBLICANO Y DEL FARISEO. COMIENZO DEL TRIODIO.
Tono 1º. Evangelio de Maitines 1 (EOTHINON 1, p.5)
APOSTOLES. (Romanos 8, 28-39)
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.
31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35 ¿Quién nos separará del amor de
Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o
peligro, o espada? 36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.
37
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel
que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la
vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo
por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada
nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor
nuestro.
EVANGELIO. (Lucas 18, 10-14)
“Parábola del fariseo y el publicano”.
10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.
13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
HOMILIA. Parábola del fariseo y el publicano. (Luc. 18, 10-14).
“La trampa de la vanagloria”.
DOS HOMBRES SUBIERON AL TEMPLO DE SALOMON A REZAR…
Así comenzó Cristo la parábola del Telonio (Publicano) y del Fariseo, la cual dirigió a algunos que siempre querían auto justificarse, y por eso menospreciaban y desconsideraban a los demás. Uno era fariseo, y el otro publicano.
El fariseo se quedó de pie en un lugar elevado y comenzó a decir de si mismo estas palabras: “Mi Dios, gracias, porque yo no soy como los demás hombres: avariciosos, ilícitos, inmorales, como este publicano de aquí”. Y dirigió una mirada y probablemente también algún gesto de menosprecio hacia él, mostrando rechazo y exclusión.
Y continuo después: “ayuno dos veces a la semana, doy un diez por ciento de lo que gano como limosna”. En el mismo momento, el publicano estaba de pie en una esquina, y tenía tanta contrición dentro de él que no se atrevía ni a levantar ni su mirada, sino que, golpeándose el pecho, decía continuamente: “ten misericordia de mí, Dios mío, y perdona a tu siervo”.
Así rezaba el uno y así el otro.
“Y ahora os digo y os aseguro, -continuó Jesús Cristo- que este publicano bajó del templo y se fue a su casa justificado ante Dios, perdonado e inocente”. Sin embargo el otro, el fariseo, que buscaba vanagloriarse a sí mismo, se fue condenado por Dios. Porque quien se eleva a sí mismo, será humillado y condenado por Dios. Pero quien se humilla a si mismo será elevado y glorificado por Dios.
“Bajó él justificado a su casa, mas no el otro"
Es el profundo deseo y típica meta del hombre, el querer parecer importante frente a los demás, con éxito y valor. Pero normalmente, ¿cómo lo consigue esto?
Como el fariseo: alzándose a sí mismo y despreciando a los demás. Es decir, con la auto proyección y la vanagloria. Por esto busca demostrar sus capacidades y su talento corporal o espiritual, para ser aceptado por los demás y mostrase superior a ellos.
Para conseguir esta meta también puede utilizar otros modos inferiores: cuando no tienen ningún carisma, por ejemplo, los vestidos que lleva.
El mismo, en otras ocasiones –como cuando se equivoca en algo- no quiere aceptar su error y dice un montón de excusas, porque quiere parecer superior a los demás.
Y en general tiene disposición a contrariar y a condenar con la mínima al otro, teniendo como meta menospreciarle en su interior y ante los demás.
Exactamente como hacía el fariseo.
Pero la decisión del Único y Justo Dios es totalmente diferente. Quien busca auto proyectarse y vanagloriarse de este modo, al final será condenado. Al contrario, quien se humilla a sí mismo, éste será justificado y alzado por Dios.
Entonces, amigo mío, ¿entiendes qué tremenda trampa nos ponemos a nosotros mismos cuando nos auto proyectamos y nos vanagloriamos?
Del libro “Háblame, Cristo” – mensajes para jóvenes de los Evangelios de los Domingos. Archimandrita Apostolis X. Tsolaki

