La Renovación del Universo
“La creación será librada de la servidumbre de corrupción” (Romanos 8:21).
“Pero nosotros, los piadosos, clamamos a Ti, oh Paráklitos (Consolador), de una manera inspirada por Dios: ‘Bendito eres, oh Renovador del universo’”1.
La Gran Fiesta de Pentecostés, nos brinda la oportunidad de profundizar en lo que es también un gran Misterio de los últimos tiempos: la renovación del universo.
La Iglesia fue engendrada en la tierra por el Espíritu Santo con el propósito de transformar la tierra en Iglesia, para bautizar la tierra en las aguas de la Encarnación del Logos y en las llamas de fuego de Pentecostés.
La renovación del universo comenzó con la Encarnación y Pentecostés; la Iglesia del Divino Consolador “es el misterio ontológico más íntimo, la semilla ardiente escondida en las profundidades del mundo, la semilla de su transfiguración escatológica”.
Así como el hombre, el rey de la creación, cayó en corrupción a causa de su desobediencia, así de la misma manera la creación fue “sujeta a la vanidad” y a “la servidumbre de corrupción”, “no voluntariamente, sino por causa de Aquel que la ha sujetado.”2
Al final del mundo sucederá algo análogo: “No sólo resucitarán incorruptos los hombres por el poder del Espíritu Santo, sino también el mundo entero”, es decir, toda la Creación sensible (los cielos, las luminarias, las estrellas y los elementos); y “está destinado a volver a su antiguo estado de incorruptibilidad que tenía antes de que Adán cayera por su desobediencia”3.
Es enseñanza común de los Santos Profetas, Apóstoles y Padres de nuestra Iglesia que la perpetua actividad creadora del Espíritu Santo, que continuamente renueva la tierra y la creación, la liberará definitivamente en los últimos tiempos “de la servidumbre de corrupción, a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.”4
“Porque habrá un cielo nuevo y una tierra nueva”; “esperamos cielos nuevos y tierra nueva, según su promesa [de acuerdo con la promesa del Señor], en los cuales mora la justicia [santidad]”; “Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra pasaron.”5
Nuestro santo y portador del Espíritu de Dios Simeón el Nuevo Teólogo describe de manera maravillosa en su discurso especial, “Cómo se renovará la creación y se harán nuevos cielos y una nueva tierra, según el Divino Apóstol”, y “Qué será el Resplandor Final de la Creación.”7
Los Santos enfatizan particularmente que la renovación y la incorruptibilidad de la creación dependen directamente del hombre:
“Primero las personas serán renovadas y serán incorruptas por medio de la Resurrección, y luego todos los elementos y la creación. Así como el hombre primero cayó en la corrupción, y luego la creación, a través del hombre, así el hombre debe volver a ser primero incorrupto y luego, a través del hombre, la creación debe volverse incorrupta.”8
Luego, en el fin del mundo, la renovación del universo constituirá una expresión del amor del Padre celestial por sus hijos:
“Así como un padre, en el tiempo de la gloria y el gozo de sus hijos, adorna incluso a sus siervos para la mayor gloria de sus hijos, de la misma manera Dios, en el tiempo de la gloria, el gozo y la incorruptibilidad de nosotros, Sus hijos, adorna también este mundo esclavizado con la hermosura de la incorruptibilidad para nuestra mayor gloria.”9
Después de esta admirable renovación y del justo juicio, nuestro ansiado y dulcísimo Maestro Jesucristo otorgará a los Justos —según el mérito y el resplandor de las obras de cada uno— la morada adecuada en el único Reino de los Cielos para todos.
Allí, en la Gloria del Reino, todos verán a Cristo, “Quien estará presente con cada uno, y cada uno estará con Él; y El estará resplandeciendo en cada uno, y cada uno estará resplandeciendo en El; y ¡ay de aquellos que entonces se encuentren fuera de Su Casa!”10
Oh Divino Consolador, renovador de nuestra naturaleza pecaminosa y del mundo, “ven y habita en nosotros” permanentemente, líbranos de la esclavitud de la corrupción, límpianos en las llamas de Pentecostés de los Misterios de la Iglesia, y concédenos el resplandor escatológico!
“Pero nosotros, los piadosos, clamamos a Ti de una manera inspirada por Dios: ¡Bendito eres Tú, oh Renovador del universo!”1
NOTAS
1. Canon yámbico de Pentecostés, Séptima Oda, Troparion
2. Romanos 8:20, 21.
3. San Nicodemo el hagiorita, Nea Klimax [La nueva escalera], págs. 55, 56.
4. Romanos 8:21.
5. Isaías 65:17; cf. Isaías 66:22; II San Pedro 3:13; Apocalipsis 21:1.
6. Discurso ético I, §§4, 5.
7. San Nicodemo el Hagiorita, sobre II San Pedro 3:10. Cf. San Juan Crisóstomo, Homilía 14 sobre la Epístola a los Romanos, §5, Patrologia Græca, vol. LX, col. 530.
8. San Nicodemo el Hagiorita, sobre II San Pedro 3:13.
9. Ver nota 6.
10. Ver nota 1.