domingo, 14 de diciembre de 2025

Domingo de los Santos Antepasados de Cristo (Domingo XI de Lucas)

El Domingo anterior al Nacimiento de Cristo* es conocido como el “Domingo de los Antepasados o Santos Padres” en el que se conmemora a todas aquellas figuras patriarcales
–desde Adán, el primer padre, hasta San José el Prometido, compañero y protector de la Bienaventurada Theotokos–quienes durante generaciones han respondido fielmente a la llamada a servir al Dios Todopoderoso.
 
Por el hecho de que su fe nunca vaciló, los Santos Padres han llegado a ser reverenciados líderes espirituales cuyo ejemplo ha servido y ayudado a los Cristianos a través de los siglos, tanto para glorificar como para obedecer al Señor.
Adán, el primer padre de la humanidad, fue creado en el Jardín del Edén “del polvo del suelo” (tal como lo describe el Libro del Génesis) sin pecado. Pero el pecado entró en el mundo a través suyo y de Eva, su esposa, quienes desobedecieron a Dios ante la tentación de la serpiente. Por haber desobedecido a Dios ambos fueron expulsados del paraíso y condenados a sufrir en el mundo el miedo a la muerte, cuya trasgresión había provocado.
 





 Expulsión de Adán y Eva del Paraíso



Aunque terrible, el pecado de Adán realizó una tarea de valor infinito: Inspiró a que los hombres rueguen a Dios para que envíe un Redentor santo que pudiera remediar el pecado del primer hombre con su propio sufrimiento y muerte en la Cruz.  Aunque toda la humanidad cayó en pecado por la trasgresión de un solo hombre, un segundo hombre y más grande Hombre habría de nacer un día para levantar nuevamente a la raza humana.
La promesa de Dios, de la eventual salvación de la humanidad pecadora, fue predicha y confirmada en la Alianza que hizo con el Patriarca Abraham veinte siglos antes de la llegada del Salvador. El fiel Abraham llegó a este importante acuerdo con Dios luego de una serie de encuentros inspiradores –durante uno de los cuales el patriarca dio posada en su tienda a tres ángeles disfrazados de hombres durante un amargo y caluroso día de verano.





"Η ΦΙΛΟΞΕΝΊΑ ΤΟΥ ΑΒΡΑΗΑΜ ΚΑΙ Η ΦΑΝΈΡΩΣΙΣ ΤΗΣ ΑΓΊΑΣ ΤΡΙΆΔΟΣ"
[I Filoxenía tu Abraham ke i Fanérosis tis Ayías Triádos]
LA HOSPITALIDAD DE ABRAHAM Y LA MANIFESTACIÓN DE LA SANTA TRINIDAD 





Mientras atendía al Padre de la Humanidad en aquella hora, el gentil Abraham hablaba por cada uno de nosotros mientras ofrecía ayuda vital a esos tres mensajeros del Señor: “Ea, que traigan un poco de agua y lavaos los pies y recostaos bajo este árbol, que yo iré a traer un bocado de pan, y repondréis fuerzas. Luego pasaréis adelante, que para eso habéis acertado a pasar a la vera de este servidor vuestro” (Génesis 18, 4-5)
La Hospitalidad de Abraham, que luego sería objeto de muchísimos bellos íconos Cristianos, simboliza de manera poderosa la relación amorosa que se desarrollaría continuamente entre el hombre y Dios.
Reconociendo el significado clave de la Alianza entre ellos, la Iglesia hace una
conmemoración especial para el Patriarca Abraham en este Domingo de los Santos Padres. Abraham fue el primer hombre en recibir la promesa del Señor de una relación salvífica entre Dios mismo y la humanidad. 





"ΟΙ ΑΓΙΟΙ ΠΡΟΠΑΤΌΡΕΣ",
[I Áyii Propatóres]
LOS SANTOS ANTEPASADOS






El Patriarca vivió y se esforzó por vivir con Dios 2.000 años antes del nacimiento del Salvador Jesucristo… y su papel especial en la humanidad se inició en el instante en que recibió la orden de dejar la gran ciudad de Ur en Mesopotamia hacia un nuevo reino localizado en Palestina. Cuando finalmente el Patriarca llegó a esa “Tierra prometida”, que en ese momento estaba ocupada por los Cananeos, el Todopoderoso selló su Alianza declarando: «A tu descendencia he de dar esta tierra.» (Génesis 12, 7)
Con este acontecimiento histórico se pusieron las bases para el eventual nacimiento del Santo redentor, Jesucristo, quien salvaría a la humanidad del pecado y la muerte.
En este Domingo de Diciembre, la Santa Iglesia Ortodoxa conmemora a todos los antepasados, en carne y sangre, de Jesús. De entre todos aquellos antepasados ninguno sobrepasa en santidad al primero –el bienaventurado Abraham, cuya fidelidad inspiraría a múltiples generaciones de Cristianos.
 
 




Santos Patriarcas Abraham, Jacob e Isaac.





Tal como el siempre fiel Abraham, quien preparó el sacrificio de su propio hijo si el Señor así lo requería, los Cristianos a través de las generaciones han descubierto una y otra vez cuan generosamente premia Dios Todopoderoso a quienes se niegan a renunciar a su fe en Su Providencia.
En el caso de Abraham, esa Infinita Generosidad resultó en un milagro increíble –la concepción y el posterior nacimiento de su hijo bendito, Isaac, procedente de un esposo y una esposa de edades extremadamente avanzadas. Aunque parezca increíble Abraham tenía 100 años de edad y su esposa Sara 90 al momento en que llegó Isaac inundando de gozo sus corazones.

Reverenciado hasta nuestros días como el Patriarca fundador, tanto por los Cristianos, Judíos y las tradiciones Islámicas, Abraham, (cuyo nombre significa “Padre Exaltado”) fue el hijo de Terah, y nativo de la parte norte de Mesopotamia (actualmente parte de Turquía.) 
 




"ΑΓΙΑ ΜΑΡΙΑ ΠΡΟΜΗΤΩΡ, ΑΓΙΑ ΑΝΝΑ ΜΗΤΗΡ ,ΠΑΝΑΓΙΑ ΚΑΙ Ο ΧΡΙΣΤΟΣ",
SANTA MARÍA ABUELA, SANTA ANA MADRE, PANAYÍA Y CRISTO




Aunque había crecido en un pequeño mundo agrícola de pequeñas villas en la cual sus habitantes se encontraban fuertemente enraizados con su tierra, Abraham obedeció instantáneamente al llamado del Todopoderoso en el momento en que se le indicó que se dirigiese “la tierra que yo te mostraré.”

Esa tierra fue Hebrón, hoy parte de Palestina, y fue ahí donde Abraham y sus seguidores construirían el primer altar al Dios Todopoderoso de los Israelitas. Lo que siguió a ese momento épico fue, por supuesto, una serie de terribles problemas, luego de que el Patriarca y su esposa Sara tuvieran que huir de una gran hambruna en su nueva patria –ser apresados como prisioneros virtuales del Faraón Egipcio, quien forzó por un tiempo a que su bella esposa sirviese a su numeroso harén. Pero cuando el Todopoderoso respondió a esto enviando “numerosas plagas” sobre el Faraón, se les fue permitido a Abraham y Sara abandonar el mundo de los Egipcios y proseguir con su existencia en Palestina.

Luego de haber recibido la alianza de la Circuncisión del Dios de los Israelitas, le fue prometido al Patriarca que sería el padre de muchas generaciones. Pero, él se preguntaba, ¿cómo habría de suceder esto… dada la dificultad de hecho de que su esposa Sara había sido “infértil” por tantos años? La respuesta, tal como se dio, fue bastante simple: si Abraham mantenía la nueva Alianza, les sería concedido un hijo así como la tierra que él y sus seguidores necesitaran para continuar con sus vidas.




Raíz de ‎Isaí o Jesé (padre del Rey y Profeta David)





Abraham y Sara se maravillaron por el milagro del nacimiento de Isaac, pero sus problemas aún no habían terminado. Solamente algunos años después se le ordenaría al Patriarca que sacrificara a su joven hijo en la cima del Monte Moriah. Lleno de angustia, el adolorido padre se dispuso a obedecer… sólo para ser detenido en el intento de sacrificar a su hijo por la daga, gracias a la intervención de un ángel. En vez de sacrificar a Isaac al Patriarca se le permitió sacrificar un carnero que se encontraba enredado en unas ramas cercanas. Una vez más el padre de la humanidad sería recompensado por su fidelidad al tiempo que el Señor le prometía que sus descendientes serían numerosísimos –y que ellos continuarían habitando las ricas tierras de Palestina por muchísimo tiempo en el futuro.
Abraham murió no mucho tiempo después de que le fuera salvada la vida a Isaac. Fue enterrado con su amada Sara en la Cueva de Machpelah ubicada cerca de Hebrón.
 





Santos Patriarcas Abraham, Jacob e Isaac. Menologio de Basilio II.




Ya que en el Libro del Génesis se le describe como el padre de Isaac y de Ismael, a Abraham se le reconoce como el Patriarca de los pueblos Hebreos y Árabes. Y aunque vivió veinte siglos antes de Cristo es reconocido por el Apóstol San Pablo como un maravilloso ejemplo de lo que significa “la salvación por la fe” al tiempo que es uno de los progenitores del Jesucristo histórico. Abraham fue un hombre de fe y de acción. Cuando Dios le dijo qué hacer, él nunca dijo: “¡Mira Dios, no estoy seguro acerca de esto –nunca he estado ahí o nunca he hecho eso!” En vez de ello tomó acción inmediata. Dio un paso hacia adelante en fe y en obediencia para hacer lo que Dios le había pedido.

NOTA: 

* Se celebra cada año en el Domingo que cae entre el 11 y el 17 Diciembre 


 
Homilía XI DOMINGO DE LUCAS, Domingo de los Santos Antepasados de Cristo. San Gregorio Palamás, Arzobispo de Tesalónica.

Cuando el Hijo unigénito de Dios se encarnó por nosotros de la Virgen, mediante su encarnación, perfeccionó la ley dada por Moisés. La completó al dar la Ley de la Gracia, transformando así esa antigua ley en nuestra propia Iglesia. Entonces, la raza judía es expulsada de la santa Iglesia, y en su lugar somos introducidos nosotros, elegidos de entre las naciones. Y el Señor nos ha unido consigo mismo y con el Padre, es decir, nos recibe como auténticos nuevos hijos y hermanos, e incluso, ¡oh, inefable caridad!, como sus propios padres. En efecto, dice: «Quien hace la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Hoy sin embargo celebramos en la Iglesia a los antepasados, la mayoría de los cuales pertenecían a la raza judía. ¿Por qué? Para que todos sepan que los judíos no fueron rechazados ni los gentiles adoptados injusta, irracional ni indignamente por Dios, quien realiza estas cosas y las regula. Pero así como entre los gentiles invitados solo los que obedecen son contados entre los parientes de Dios, así también la raza de Israel y todos los que han venido desde Adán hasta esta generación son una gran multitud, pero los verdaderos israelitas son aquellos que han vivido conforme a la voluntad de Dios. Solo estos son verdaderos padres y antepasados, primero de aquella que dio a luz a Cristo, el Dios de todos, virginalmente en la carne, y luego, a través de él, también de los nuestros. 
Estos padres y antepasados ​​ciertamente no fueron excluidos de la Iglesia de Cristo, ya que hoy los celebramos oficialmente, considerados parte de la plenitud de los santos. «Porque en Cristo Jesús no hay viejo ni joven, griego, judío, bárbaro, escita, esclavo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos». 
 
Y “no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se manifiesta, sino el que lo es interiormente, y la circuncisión es del corazón, en el espíritu, no en la letra”. Esta circuncisión la poseen todos los que han agradado a Dios, y por ella todos se han convertido en uno, viejos y jóvenes, tanto los que estaban antes de la ley como los que estaban dentro de ella, y los que después de la ley han sido hechos ciudadanos de una manera que agrada a Dios con el Evangelio de la Gracia. De modo que si alguien ve con prudencia la economía de Dios para la raza humana, la verá en armonía y coherencia consigo misma. 
 
Es decir, así como solo los elegidos de entre los gentiles reciben el nombre cristiano, mientras que los improductivos son expulsados, pero también “muchos son llamados, pero pocos escogidos”, como dijo el Señor, así también en el caso de aquellos ancianos y de la raza judía posterior a ellos, solo los que han sido elegidos y renombrados son recibidos, mientras que incluso entre ellos la multitud malvada es expulsada. 
 
De hecho, aquellos de los descendientes de Set, llamados hijos de Dios, se sintieron dominados por la pasión por las hijas de los hombres, y como está escrito, fueron rechazados. Y la multitud perversa entre los judíos no son los prosélitos, sino también aquellos que eran hijos nativos y genuinos según la carne del mismo Jacob, quien primero fue llamado Israel, pero que apareció como Esaú. Incluso el hijo del profeta y rey ​​David, su primer rey después de Saúl, es un extraño para el género sagrado, porque conspiró contra la vida de su padre.

Así también con nosotros, no todos los llamados cristianos se cuentan en el linaje de Cristo, como sucedió con los israelitas, sino aquellos que viven según la voluntad de Cristo, guardan sus mandamientos y compensan sus omisiones con arrepentimiento. Judas Iscariote no solo fue uno de los llamados, sino también uno de los apóstoles, y no solo uno de los apóstoles, sino también uno del coro de los doce, es decir, los líderes. Sin embargo, se alejó de Cristo y se distanció de él más que cualquier otro cristiano. ¿Por qué? Porque no se apresuró hacia el Reino de los Cielos (Jesús Cristo) predicado, ni se fijó en las maravillosas obras y enseñanzas del Salvador.

En efecto, las señales y obras de Dios, al ser comprendidas, conducen a la fe a quienes desean conocerlas, y escuchar la santa enseñanza indica la verdad en Dios y la vida que le agrada. Estas dos cosas nos ayudan a despreciar lo físico y terrenal, y a elevar nuestro corazón a la esperanza que reside en el cielo.
Sin embargo, él no deseaba estas cosas, sino que miraba hacia la tierra, el robo, las ganancias terrenales y viles, y hacia el beneficio físico que esperaba obtener de ellas. 
 
Y demostró ser un amante de aquellos a quienes el Padre, Señor de todo y Maestro les había prohibido muchas veces y de diversas maneras. Por lo tanto, no era pariente de Cristo ni de los apóstoles de entonces, sino de aquellos a quienes el Señor dijo: «Búsquenme, no porque vieron señales, sino porque comieron los panes y se saciaron». Así como ellos, a pesar de haber visto los milagros, comido los panes y escuchado las palabras del Logos encarnado que se hizo carne por nosotros, clamaron después a Pilato: «¡Crucifícalo, crucifícalo!», así también él, aunque vio con sus propios ojos y experimentó más que los demás la majestad y divinidad del Señor, lo entregó a sus asesinos. 
Y soportó —¡oh, qué indescriptible longanimidad!— «hasta la muerte, y muerte de cruz», lo que nos lleva también a la paciencia, además de su propio triunfo sobre el maligno, e incluso demostró que las tentaciones y las aflicciones nos son beneficiosas. Porque él dice: «Te recuerdo en la aflicción», y «Soporto el castigo del Señor (es decir, lo soportaré)», y «Tu castigo, oh Señor, me eleva», mientras yo, encorvado por el cuerpo y las preocupaciones corporales, me eleva y me convence de mirar solo a ti.

Pero tú, si en tiempos de aflicción no corres hacia Dios, si no te corriges con su correctivo, ¿qué otra oportunidad, qué ser o evento contribuirá a tu corrección? Pero, diría alguien, el cuerpo también necesita alimento físico y otras cosas útiles. Claro, ¿por qué no? Si tienes estas cosas, ya que ciertamente las has recibido de Dios, pues él dice: «¿Qué tienes que no hayas recibido?», dale las gracias a quien te las dio, devuélvele la gratitud con acciones. Así como él obedeció tu voluntad y cumplió tu deseo, así también tú ven a escuchar y a aprender bien su voluntad, obedécela y cúmplela, para que tú también seas alabado como sabio. «El que escucha mis palabras —dice— y las pone en práctica, será como un hombre sabio».

Y de ahora en adelante, tenlo como un rico benefactor, no solo para las cosas pasajeras y terrenales, sino también para las futuras, duraderas y celestiales. Porque dice: «Bien hecho, siervo bueno y fiel. Has sido fiel en lo poco, te pondré al mando de mucho. Entra en el gozo de tu Señor». Pero si ahora no tienes lo necesario para el cuerpo o temes una pregunta inesperada, acércate a él de nuevo, pídele de nuevo, obedécele de nuevo. «Sométete —dice— al Señor y ora a él». Así que, de nuevo, demuestra con tus obras que eres su buen siervo. En efecto, él es, según el salmista, «el que da el alimento a su tiempo (es decir, a su debido tiempo). El que abre su mano y sacia de placer a todo ser viviente». El que dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré». ¿Por qué, entre las cualidades de los animales, imitas la que te perjudica, la de postrarte sobre tu vientre y no levantarte de las cosas terrenales, a pesar de que fuiste creado para pensar en las cosas de arriba, para buscarlas? ¿Por qué quieres estar atado como aquel que se postra, a quien Satanás ató durante dieciocho años, aunque Él, la Palabra de vida que también la liberó, puede y quiere liberarte fácilmente, si tan solo corres hacia Él, lo escuchas, lo obedeces, no haces oídos sordos, no reaccionas, no te rebelas?

¿Por qué, entonces, imitas la cualidad perjudicial de los animales y no imitas la beneficiosa? Escucha al Profeta que dice que incluso los cachorros (es decir, los leones jóvenes) cuando necesitan alimento, rugen y piden a Dios, y así reciben para devorar. Cuando dice cachorros de león, fácilmente deja que los inteligentes comprendan que lo mismo ocurre con todos los demás animales. Porque si el león, la bestia más voraz, depredadora y fuerte, no encuentra nada que capturar, ¿qué diremos de los demás animales? Cristo también nos lo presenta en el Evangelio, tomando como ejemplo a las aves y diciendo: «Miren las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, nuestro Padre celestial las alimenta».

Hermanos, «busquen primeramente el Reino de Dios y su justicia», y serán herederos eternos, no solo de este Reino inalienable de Dios, justificados por su gracia, sino que también las cosas presentes «les serán añadidas». Pero si no buscan primero el Reino de Dios y la virtud que emana de él, sino solo las cosas que nutren este cuerpo transitorio, tampoco las recibirán. E incluso si las recibieran, sería para mayor sufrimiento del propio cuerpo y para condenación eterna y daño al alma.

Esto también lo demostró aquel que escuchó de Abraham que «recibiste tus bienes en vida». Los judíos también buscaron comer carne en el desierto. Y Dios les dio una innumerable multitud de codornices, y comieron y se saciaron, y su deseo les fue concedido (es decir, Él lo satisfizo). Pero mientras aún tenían la comida en la boca, la ira de Dios descendió sobre ellos y destruyó a muchos de ellos, y a los elegidos de Israel los mató (es decir, los arrojó muertos). ¿Por qué la ira de Dios mató a gran parte de la multitud? Precisamente porque murmuraron sin temor contra Dios y su líder dado por Dios, y los acusaron. ¿Y por qué arrojó muertos a los elegidos de Israel? Porque no impidieron que la multitud se precipitara hacia lo peor. Tales son los que son expulsados ​​de la santa Iglesia y del Reino de Dios, ya pertenezcan al antiguo o al nuevo pueblo de Israel. Esto también lo indica el Señor cuando dice en los Evangelios: «Vendrán del este, del oeste y del norte, y se sentarán con Abraham e Isaac en el Reino de Dios, pero los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas de afuera». ¿Quiénes son, entonces, los hijos del Reino que son arrojados a las tinieblas? Son aquellos que profesan fe, pero con sus obras niegan a Dios, y son abominables por ser desobedientes e incapaces de toda buena obra.

¿Quiénes son los que disfrutan de la Cena del Reino de los Cielos con Abraham, Isaac y Jacob? Los que siguen la ley y la enseñanza del Espíritu con fe sincera, y demuestran su fe con sus obras.

Quien quiera unirse a ellos, ser liberado de las tinieblas exteriores y ser digno de la luz inagotable del Reino de Dios y estar eternamente con los santos que descansan en el cielo, que se despoje del viejo hombre que se corrompe por los deseos engañosos, a saber, la embriaguez, la fornicación, el adulterio, la impureza, la avaricia, la codicia, el odio, la ira, la calumnia y toda pasión malvada. Y que se vista por las obras del nuevo hombre que se va renovando según la imagen de aquel que lo creó, en quien hay amor, amor fraternal, pureza, El autocontrol y toda clase de virtudes. Con estas virtudes, Cristo mora en nosotros y nos da paz consigo mismo y entre nosotros, «para gloria suya, de su Padre eterno y del Espíritu consustancial y vivificante, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén».

Del libro Paterikon Kyriakodromion, p. 403 y siguientes.
 
 
 
 
 
 
 
 

 
Película: "Abraham el primer patriarca y padre de la fe". 1/3  2/3  3/3

 
 
Himno de despedida. Tono 2º

Grandes son los logros de la fe. En la fuente de las llamas, así como en las aguas del descanso, se regocijan los Tres Jóvenes Santos. Y el Profeta Daniel se mostró como un pastor de leones como si fuera ovejas. Por sus oraciones, Oh Cristo Dios, salva nuestras almas.

Contaquio. Tono plagal del 2º 

No debía adorarse ninguna imagen hecha por el hombre, Oh Tres veces bendecido; pero hecho de una Esencia Indescriptible fuiste glorificado en la prueba rigurosa del fuego. Parados en el medio de las llamas irresistibles invocaron a Dios: Apresúrate Oh Dios, Tú que eres compasivo, y apresúrate ya que Tú eres misericordioso, para venir en nuestra ayuda, pues Tú lo puedes hacer si esa es Tú Voluntad.
 





Fuente: *Texto publicado con autorización y bendición del autor, su Santidad Obispo de Jableh, Siria, Demetri Khoury. *saint.gr *youtube.com  *users.uoa.gr

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