Versos:"Pedro el predicador de la Cruz fue asesinado por crucifixión, Pablo fue decapitado habiendo decapitado el error".
El día 29, Pedro fue sometido a la cruz y Pablo a la espada.
El día veintinueve de este mes [junio], conmemoramos a los Santos, Gloriosos y Alabados Principales Apóstoles Pedro y Pablo.
El Apóstol Pedro
Fue el primero de los Doce Apóstoles en proclamar su fe en Jesucristo al tiempo que anunciaba gozosamente: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» (San Mateo 16, 16)
A pesar
de ello el Santo Apóstol Pedro no se demoró en negar al Señor por miedo a
perder su vida mortal.
Lleno de vergüenza ante su propia cobardía y desesperado
por el arrepentimiento, este hombre completamente humano viviría entre las
extáticas alturas y las bajezas desgarradoras de una vida transformada por su relación
con el Señor Jesús. Sin embargo al final Pedro emergería triunfante... y su fe llegaría a ser nada menos que “la roca” sobre la cual el Señor Dios del
Universo edificaría Su Santa Iglesia.
Valiente
y osado predicador del Santo Evangelio, este extraordinario mártir y santo
trabajó incansablemente para propagar la Buena Nueva de la Salvación a través
de Jesucristo a lo largo de toda Palestina, Asia Menor y finalmente en Roma.
Una y otra vez fue probado profundamente –tal como había sido probado la noche
en la que negó, aun conociendo, al Salvador ante Caifás, el Sumo Sacerdote
de la Corte Judía. A pesar de ello nunca más Pedro perdió su valor llegando a
ser uno de los discípulos más valientes al tiempo que convertía a miles de
paganos al Cristianismo a lo largo de Tierra Santa y construía iglesias por
doquier. Al final de su vida, en Roma la Ciudad Eterna, también probó ser uno
de los apóstoles más humildes – rogando a sus verdugos que lo crucifiquen en
posición invertida pues se sentía indigno de morir de la misma manera en que su
Salvador había muerto.
Miembro de la tribu de Simeón, Pedro era el hijo de Juan y hermano de Andrés, el Santo Apóstol, el Primero en ser Llamado. Nacido y criado en el pueblo de Betsaida en Palestina, ubicado en el mar de Galilea, creció como un simple pescador tal como lo habían sido su padre y su abuelo antes que él. En su vida temprana este gran santo era llamado “Simón,” pero su amigo Jesús prefirió llamarlo “Céfas” o “Pedro”.
Miembro de la tribu de Simeón, Pedro era el hijo de Juan y hermano de Andrés, el Santo Apóstol, el Primero en ser Llamado. Nacido y criado en el pueblo de Betsaida en Palestina, ubicado en el mar de Galilea, creció como un simple pescador tal como lo habían sido su padre y su abuelo antes que él. En su vida temprana este gran santo era llamado “Simón,” pero su amigo Jesús prefirió llamarlo “Céfas” o “Pedro”.
Ellos se conocieron un día cuando Jesús se encontraba predicando y
curando a los enfermos a las orillas del
Mar de Galilea. Cuando Cristo llamó a Pedro le dijo: «Tú eres Simón, el hijo
de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra". (Juan
1, 42)
La vida
de San Pedro ha estado llena de milagros y también llena de una fe gozosa. En
una ocasión, luego de que el Espíritu Santo había descendido sobre los
Apóstoles y ellos habían comenzado su tarea como divulgadores del Santo
Evangelio, Pedro pronunció un sermón tan poderoso en Jerusalén que produjo
3,000 conversos para Cristo al instante dejando a la ciudad maravillada ante
esta nueva fe.
Este
fue solamente el principio de la extraordinaria carrera de Pedro como el
Primero de los Apóstoles. Durante los años que siguieron a Pentecostés él
viajaría incesantemente a lo largo de Asia Menor e Italia sanando a los
enfermos; resucitando a los muertos y desafiando a que los paganos terminen con
su adoración de ídolos y se le unan en la adoración del Sólo y Único Dios.
Tenía
el don de la sanación, recibido por Dios, de una manera tan poderosa que aún la
sombra de San Pedro podía curar instantáneamente a los enfermos. (En una ocasión
una mujer casada usó su poder para curar a su suegra que se encontraba enferma
sufriendo de una fiebre muy aguda). Además de realizar muchos milagros fue un gran
pensador y una gran fuerza para el bien. Durante una gran disputa con un famoso
mago llamado Simón, San Pedro demostró que hechicero no provenía de Dios
sino que era un cómplice y sirviente del malvado, de Satán.
En esa
recordada competencia de mentes y voluntades San Pedro prevaleció debido a su
profunda fe en el Santo Redentor y a su Evangelio..., para hacerlo breve, debido
a que su visión de lo verdadero y de la realidad no estaba fundada en el
intelecto o en la magia sino en la Roca que es Jesucristo.
A pesar
de ello el precio que pagaría por enfrentar a ese poderoso hechicero sería
bastante alto luego de que Simón persuadiera al Emperador Nerón a castigar al
santo Cristiano por haberse atrevido a
desafiar su autoridad. Arrestado por los subordinados de Nerón, y amenazado con
la cruz, este humilde pescador vio que la hora de su martirio había llegado
finalmente. Luego de haber negado a Dios debido al terror mortal que sintió en
la noche en que el Sumo Sacerdote y su Corte condenaron a Jesús a morir en una
cruz, a San Pedro se le permitiría demostrar su fe de una vez por todas
convirtiéndose en un mártir por el Evangelio.
Luego
de haber designado a su amigo y colega Lino como Obispo de la Ciudad Eterna de
Roma, San Pedro se dirigió a la gloria del martirio con una oración de gratitud
en sus labios. Murió el año 68 de Nuestro Señor, según la mayoría de
historiadores de ese período, -mientras se aferraba al recuerdo de ese momento
supremamente bello cuando el Hijo de Dios lo miró y le dijo: Bienaventurado eres.
Tú eres Pedro y sobre ésta Roca edificaré mi Iglesia.
Ciertamente,
tal y como lo señalan claramente las Escrituras, el Señor tenía un cariño
especial por su “Roca”, de quien se refería frecuentemente como: una barca escogida
para llevar Mi nombre ante príncipes y reyes.
Recordando
esa especial relación entre Jesús y el humilde pescador de Palestina, el gran
pensador espiritual y Obispo Agustín escribiría posteriormente en un sermón muy
bien conocido: “En este día la Santa Iglesia recuerda piadosamente el
sufrimiento de los Santos y Gloriosos Apóstoles, dignos de Toda Alabanza, Pedro
y Pablo. San Pedro, el ferviente seguidor de Jesucristo, por la profunda confesión
de su Divinidad: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo’, fue estimado digno
por Señor al escuchar esta respuesta: ‘Bendito eres tú Simón... yo te digo, que
tú eres Pedro (Petrus), y sobre esta piedra (petra) construiré mi Iglesia.’”
Otra
clara indicación del amor del Señor por San Pedro la encontramos cuando El
describe el papel clave que el Gran Apóstol jugará en la vida futura de la
Santa Iglesia: «Yo os aseguro: todo
lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en
la tierra quedará desatado en el cielo. (Mateo 18, 18)
Mientras
se desarrolla la historia de la Santa Iglesia más tarde quedaría claro que San
Pedro fue escogido entre los Apóstoles para jugar un papel de mayor liderazgo
en el establecimiento de la nueva Iglesia sobre la tierra. Una vez más el
Venerable San Agustín señala ese punto con gran elocuencia y claridad:
“Luego
de su Resurrección el Señor le confío al Apóstol Pedro que apacentase Su rebaño
espiritual. No porque entre los discípulos solamente Pedro haya merecido desde
antes apacentar el rebaño de Cristo, sino porque Cristo Mismo escoge a Pedro
como jefe porque ese Pedro era el primero entre los Apóstoles y por lo tanto
era el representante de la Iglesia; además de lo cual, señaló esto sólo a
Pedro, tal como lo confirmaría Cristo como el Apóstol que estaba por encima de
todos, confirmando así la unidad de la Iglesia. ‘Simón, hijo de Juan – dice el
Señor a Pedro - ¿Me amas? –y el Apóstol respondió: Sí Señor, Tú sabes que Te
Amo’; y le preguntó una segunda vez, y esa segunda vez respondió así; siendo
preguntado una tercera vez, viendo que no le creían se entristeció.
¿Cómo era posible no creerle si él era El Unico, Quien conocía su corazón?”
¿Cómo era posible no creerle si él era El Unico, Quien conocía su corazón?”
Dada
esta “relación especial” con Jesucristo, el Hijo de Dios, no nos sorprende que
para San Pedro le haya sido fácil convertir a los paganos al Santo Evangelio,
luego de que los Santos Apóstoles hubieran sido energizados espiritualmente en
Pentecostés.
Luego de haber pescado esas 3.000 almas para el Santo Evangelio,
en esa tarde dramática en Jerusalén, sería el primero en bautizar a un gentil
converso, el gran héroe militar y mártir Cornelius, un Centurión Romano que aceptaría la muerte alegremente luego de que San Pedro le mostrara una visión celestial
del Señor Jesús.
Otro
signo de que San Pedro gozaba del amor del Señor se pone en evidencia cuando
luego de haber sido arrojado a prisión por el emperador pagano –escapó rápidamente
con la ayuda de un ángel y retomó rápidamente su predicación... Junto con su
elocuente y valiente evangelización escribió dos Epístolas importantes a los
fieles, las cuales vendrían a formar parte, eventualmente, del Nuevo
Testamento. Entre otros temas, estas conmovedoras Epístolas describen la
necesidad de la paciencia y la resignación por parte de los Cristianos quienes
están siendo perseguidos por su fe en Jesús.
La vida
del Gran Apóstol y Mártir San Pedro nos permite vislumbrar el maravilloso amor
que el Dios Todopoderoso siente por cada ser humano en el mundo. Cuán revelador
aparece –que la maravillosa fe de este hombre tan imperfecto y lleno de
defectos haya sido elegido para ser la “roca” sobre la cual se edificaría la comunidad
de la comunidad terrena de los fieles.
La
historia de Pedro enfatiza la gracia sin límites y el poder restaurador
disponible para nosotros en Jesús. No hay nadie que no haya fallado tantas
veces que Dios no pueda volverse hacia él o ella y hacerlo exitoso para Sus propósitos.
Pablo, el
Gran Apóstol
Era
casi el mediodía cuando el jinete solitario ya se había comenzado a aproximar a
las afueras de la gran ciudad Siria de Damasco.
El
nombre de ese jinete solitario era Saulo y había venido a esta ciudad
construida por los Romanos con una misión de suprema importancia: tenía
planeado arrestar la mayor cantidad de Cristianos conversos para llevarlos de regreso
a Jerusalén con el fin de que fuesen castigados por los sumos sacerdotes de su
severa fe Judía.
Saulo odiaba
a esos conversos sentimentales, además odiaba su fe en el Hijo del
Carpintero –ese carismático milagrero de la región Galilea de Palestina que había
insistido (antes de que se le hubiese advertido con la crucifixión) que El era
nada menos que la encarnación de Dios mismo.
Saulo
era un joven celoso, un estudiante apasionado de la antigua ley Judía que se
había beneficiado estudiando con el más sabio de los tutores de todo el mundo
Hebreo: el noble Gamaliel. Habiendo dominado la ley, la historia de los Hebreos
(junto con la Sagradas Escrituras), Saulo se enorgullecía de sí mismo por
adherirse a la manera más estricta y legalista de interpretar el Judaísmo. Cómo
despreciaba el misticismo sin sentido de esos Cristianos que se mantenían
insistiendo que su joven Profeta había realizado numerosos milagros a lo largo
de Galilea... y que después de haber sido crucificado por todos los problemas que
causó por parte del Sumo Sacerdote de Jerusalén, Caifás, había resucitado de la
tumba y ascendió al cielo.
Qué desvergüenza. La vulgaridad al máximo. Cada vez que Saulo pensaba acerca de esa
oración repetida e incasablemente – Y vendrá de nuevo para juzgar a los
vivos y a los muertos, y Su Reino no tendrá fin – sentía crecer nuevamente
la ira en su interior. A lo largo del año anterior Saulo había estado haciendo
lo mejor que podía para detener esta plaga dondequiera que la encontrase en Jerusalén.
Y ahora, en ese final de la mañana del año 34 de Nuestro Señor, este gran
erudito y cumplidor de las leyes Judías tradicionales se dirigía rápidamente
hacia Damasco para continuar con su fiera campaña contra los Cristianos de ese
lugar.
Con el
rostro adusto y los dientes fuertemente apretados jaló las riendas de su
cabalgadura y comenzó a remontar una pequeña colina.
Y
sucedió entonces.
Un rayo
de luz brillante –por un momento pensó que se había quedado ciego. Y en ese
mismo instante sintió una descarga violenta de energía que lo atravesó como una
daga afilada. El cielo titiló... su mente se puso borrosa, mareada, perdida...
y entonces comenzó a caer de su montura, deslizándose hacia el suelo, mientras
una voz muy profunda resonaba desde algún lugar de su alma atribulada:
Saulo,
Saulo, ¿por qué me persigues?
Tirado
en el suelo, el jinete derribado observó cómo su caballo se alejaba en la
distancia. ¿Estaba volviéndose loco? Con una voz temblorosa por el miedo habló
en voz alta: ¿Quién eres tú, Señor?
Yo soy
Jesús, a Quien tú persigues; es difícil para ti patear a quien te mueve.
Bañado
por una luz más radiante que el sol, Saulo sintió que el pánico lo envolvía: Se había
vuelto ciego. Se tambaleó sobre sus pies, su mente andando a mil revoluciones
y con su corazón lleno de pavor. Sin saber a dónde se dirigía comenzó a
caminar, tambaleándose, hacia el camino. Sintiéndose completamente solo, viendo
apenas, luchaba con la idea de que la voz en esa revelación se había referido a
sí misma como Jesús. ¿Era este el mismo profeta de Galilea – el mismo
“Jesucristo, Hijo de Dios” contra el que había estado luchando con una furia
venenosa durante los últimos meses? Demasiado atónito para responder a sus propias
preguntas Saulo cojeó lentamente hacia la gran ciudad de Damasco. Porque la Voz
le había ordenado que lo hiciese, se dirigió a buscar a un hombre llamado Ananías,
un discípulo de Cristo.
No se
sorprendió cuando el amable Ananías se ofreció rápidamente a bautizarlo. A
través de este rito sacramental Saulo se convertiría en “Pablo” (la forma latina
del nombre Hebreo)... y Pablo pasaría entonces el resto de su vida haciendo
todo lo que estaba a su alcance para expandir y defender el Santo Evangelio del
Señor Jesucristo.
Desde
este momento en adelante, el Pablo renacido pasaría cada hora de sus días en
una búsqueda incesante por propagar el Evangelio alrededor del mundo. Viajaría incesantemente,
rezaría, y ayunaría hasta el punto de encontrarse algunas veces tan débil que
casi no podría estar de pie. Trabajaría frenéticamente para alimentar y fortalecer
a las Iglesias Cristianas que se estaban multiplicando rápidamente... ya sea en
Roma o en Jerusalén o en Efeso o en Antioquia o en Corinto o dondequiera que el
Espíritu lo enviare.
Podía
ser capaz de soportar golpizas y burlas así como amenazas de muerte y el
desprecio y la indiferencia... y en su hora final, el martirio bajo las manos
de los enemigos de Cristo. Tal como se relata en Libro del Nuevo Testamento de Los
Hechos de los Apóstoles y también en sus catorce maravillosas Epístolas escritas
por él mismo, la historia de la vida de San Pablo llegaría a ser una de las más
conmovedoras e instructivas espiritualmente y fieles capítulos en la
totalidad de la historia del Cristianismo.
Explicadas
posteriormente y bellísimamente ilustradas en 250 maravillosas homilías
escritas por el Bienaventurado Padre de la Iglesia, San Juan Crisóstomo, las Epístolas
de San Pablo describen maravillosamente no solo los viajes y las
actividades de los discípulos de Cristo, sino también los principios
espirituales esenciales y las doctrinas que proveerían la fundación autorizada
para la Santa Iglesia y todos sus miembros. En miles de formas distintas los
escritos de San Pablo conectan maravillosamente el Antiguo y el Nuevo
Testamento en una larga serie de percepciones muy claras que unen perfectamente
el antiguo mundo de la Ley Judía con el posterior mundo Cristiano del “perdón
de la Ley”, al tiempo en que define la salvación eterna que estaría disponible
para la humanidad entera luego del sacrificio redentor de Jesucristo.
Al
final el Gran Apóstol Pablo recibiría el martirio en Roma bajo en Emperador
tirano Nerón, en el año 68 de Nuestro Señor. Su muerte por decapitación tomó
lugar al mismo tiempo que la crucifixión del San Pedro por las mismas
autoridades Romanas, según la mayoría de historiadores de la Santa Iglesia.
Nacido
alrededor del año 10 de Nuestro Señor de la Tribu de Benjamín, en Tarso en
Cilicia (hoy en día parte del sureste de Turquía), Pablo perteneció a los
Fariseos – una secta de intelectuales y sabios de los Judíos. Y ciertamente
decubriría a muy temprana edad una inclinación natural por estudiar la antigua
Ley de los Hebreos, la misma que estudiaría durante largos años –al mismo
tiempo que estudiaba historia, cultura, ciencia e idiomas– bajo la tutela de su
inmensamente sabio mentor, Gamaliel de Jerusalén.
Fabricante de tiendas por profesión, el
bautizado San Pablo dedicaría su vida completamente a propagar el Santo
Evangelio y a ayudar a edificar las nuevas iglesias en problemas que se
encontraban en el corazón de la nueva y rápidamente creciente fe Cristiana del
Siglo Primero luego de la muerte y resurrección del Redentor Santo. Algunos historiadores
de la Santa Iglesia podrían estar en desacuerdo en que San Pablo fue más que
cualquiera que los otros Apóstoles, cuyos trabajos incansables y de riesgos interminables
fueron responsables de que el cristianismo se convirtiera, eventualmente, en
una de las mayores comunidades religiosas del mundo.
![]() |
| Apóstol Pablo, 1546 d.C. Monasterio de Stavronikita, Monte Athos (Escuela Cretense, Teofanis o Kris) |
Tal
como más de un historiador de la Iglesia ha hecho notar a lo largo de las
diferentes generaciones: “Fue Cristo quien plantó las semillas, pero fue San
Pablo quien nutrió el jardín de la cristiandad.” (Es muy interesante notar que
San Pablo usualmente declinó aceptar la hospitalidad de todos, menos de una
gentil mujer a quien conocía llamada Lidia y que frecuentemente parecía
preferir de la compañía de mujeres cuando viajaba y predicaba. También hubo muchas mujeres entre los evangelizadores de los primeros Cristianos –lo cual
también representa otra gran ruptura con la tradición Judía, en la cual quienes
desempeñaban esta función eran, casi invariablemente, los hombres).
A pesar
de ser un hombre pequeño en estatura y aparentemente frágil con constantes
problemas de salud, San Pablo demostró una asombrosa capacidad para el trabajo
en cada tarea que realizaba. Como autor de casi la mitad de los veintisiete
libros del Nuevo Testamento ha tenido sin duda la influencia más decisiva en
las doctrinas de la Cristiandad, luego del mismo Jesucristo. Y ciertamente, aún
un breve vistazo a lo que los eruditos Cristianos consideran su trabajo más
importante –la Carta a los Romanos– es suficiente para sugerir la visión
majestuosa de este gran siervo de Dios. Tal como San Pablo escribe en el
Capítulo 5 de esa obra inmortal:
![]() |
| El Apóstol Pablo dicta a San Juan Crisostomo la interpretación de sus epístolas. Monasterio de Vatopedi, Monte Athos. |
Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.
En
efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo
murió por los impíos; - en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por
un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; mas la prueba de que Dios
nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él
salvos de la cólera! Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios
por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados,
seremos salvos por su vida!
Por
tanto, como por un solo hombre introdujo el pecado en el mundo y por el pecado la
muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron; -
porque, hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no
habiendo ley; con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos
que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura
del que había de venir... Pero con el don no sucede como con el delito. Si por
el delito de uno solo murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don
otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre
todos! Y no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno
solo; porque la sentencia, partiendo de uno solo, lleva a la condenación, mas
la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en
justificación. En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un
solo hombre, ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el
don de la justicia, reinarán en la vida por un solo, por Jesucristo!
Así
pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación,
así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que
da la vida. En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos
fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos
serán constituidos justos. La ley, en verdad, intervino para que abundara el delito;
pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; así, lo mismo que el pecado
reinó en la muerte, así también reinaría la gracia en virtud de la justicia
para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor.
La vida
del Gran Apóstol Pablo estuvo tan llena de fe, de esperanza y de luchas –y de
dolor y rabia y amor por el Dios Todopoderoso– que podríamos pasar el resto de nuestras
propias vidas ganando lecciones de ella.
Pablo,
como Pedro, tuvo una personalidad muy fuerte. El se entregó completamente
–mente, cuerpo y espíritu– a la propagación de la Buena Nueva de Jesús. El podía
ser manso como una oveja con aquellos que eran débiles y frágiles en su fe, o
despiadado como un león hacia aquellos que podrían descarriar a sus hijos
recién bautizados. El estaba dispuesto a aceptar cualquier prueba con tal de
proclamar la Palabra de Cristo y para fortalecer a aquellos que habían venido a
creer en Jesucristo.
APÓSTOLES. II Epístola de San Pablo a los Corintios (11,21 - 12,9)
21 Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles.
Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. 22 ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. 23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. 24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. 29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?
30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. 31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento. 32 En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; 33 y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos.
El aguijón en la carne
12 Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. 2 Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3 Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), 4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. 5 De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. 6 Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. 7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
EVANGELIO. Según San Mateo 16, (13-19)
La confesión de Pedro
13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. 15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca* edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
* Roca de la fe
Otras homilías:
- San Juan Crisóstomo, el mayor intérprete del apóstol Pablo (San Nicolás Velimirovic)
- La boca de Cristo, Pablo; la boca de Pablo, Juan Crisóstomo
- San Pablo, el más grande
- San Pablo, el primero después del Único
Vídeos:
Himno de despedida. Tono 4º (griego)
Ἀπολυτίκιον Ἦχος δ’.
Οἱ
τῶν Ἀποστόλων πρωτόθρονοι, καὶ τῆς Οἰκουμένης διδάσκαλοι, τῷ Δεσπότῃ
τῶν ὅλων πρεσβεύσατε, εἰρήνην τῆ οἰκουμένῃ δωρήσασθαι, καὶ ταῖς ψυχαῖς
ἡμῶν τὸ μέγα ἔλεος.
Himno de despedidida. Tono 4º (español)
Himno de despedida. Tono 4º
Oh
principales de los Apóstoles y maestros del mundo, interceded ante el Maestro para
que El conceda paz al mundo y una gran misericordia a nuestras almas.
Κοντάκιον Ἦχος β’. Τοὺς ἀσφαλεῖς.
Τοὺς ἀσφαλεῖς καὶ θεοφθόγγους κήρυκας, τὴν κορυφὴν τῶν Μαθητῶν σου Κύριε, προσελάβου εἰς ἀπόλαυσιν, τῶν ἀγαθῶν σου καὶ ἀνάπαυσιν, τοὺς πόνους γὰρ ἐκείνων καὶ τὸν θάνατον, ἐδέξω ὑπὲρ πᾶσαν ὁλοκάρπωσιν, ὁ μόνος γινώσκων τὰ ἐγκάρδια.
Condaquio tono 2º. Los inamovibles.
Tú que
lo tomaste para Ti mismo, Oh Señor, el más firme heraldo de los que proclaman a
Dios, el jefe de los Apóstoles, para el gozo de Tus bendiciones y para tu reposo;
por Ti ellos aceptaron sus trabajos y muerte por encima de todo sacrificio, Oh
Tú El Unico que conoce los secretos de nuestros corazones.
Grandes vísperas. Tono 2.
Señor a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz cuando te invocare. Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde...
Versículos. (Tono 2)
¿Con qué coronas de alabanza coronaremos a Pedro y a Pablo, separados en cuerpo, pero unidos en espíritu, los líderes de los predicadores divinos? Pedro, porque fue el principal de los apóstoles; Pablo, porque trabajó más que los demás; pues ellos son verdaderamente dignos de ser coronados con la corona de la gloria inmortal por Cristo nuestro Dios, que tiene gran misericordia (x2)
¿Con qué hermosos himnos deberíamos alabar a Pedro y a Pablo? Las alas del conocimiento divino, que cruzaron los límites al volar y fueron elevadas al cielo, las manos del Evangelio de la gracia, los pies de la verdad de la predicación, los ríos de la sabiduría, los cuernos de la Cruz (las protuberancias, el poder de la Cruz), con los cuales Cristo, que tiene gran misericordia, sometió la arrogancia (orgullo) de los demonios. (x2)
¿Con qué canciones espirituales (himnos) deberíamos alabar a Pedro y a Pablo? Los filos de la terrible espada del Espíritu, que matan el ateísmo y no se desafilan (no pierden la capacidad de cortar), las famosas joyas de Roma; las agradables ocupaciones del mundo; las tablas espirituales del Nuevo Testamento, escritas por Dios, que Cristo, que tiene gran misericordia, predicó en Sión. (x2)
Gloria... (Tono 4. Monje Juan).
Con la triple pregunta a Pedro: "¿Me amas?", Cristo corrigió la triple negación. Por eso Pedro le dijo al conocedor de los misterios: "Señor, tú lo sabes todo, tú lo sabes todo bien, tú sabes que te amo". Por eso el Salvador le dijo: "Apacienta mis ovejas, apacienta mi rebaño escogido, apacienta mis corderos, a los que he provisto con mi propia sangre para que sean salvos". Le imploró, bendito sea Dios, Apóstol, que nos sea concedida una gran misericordia.
Y ahora... (Theotokion)
El antepasado del Dios-hombre, el profeta David, profetizó melodiosamente acerca de ti, dirigiéndose a Aquel que te mostró grandeza (Virgen María); La Reina se sentó a tu derecha; Porque Dios, que se complació (danos la gracia), te hizo Madre y causa de vida, para hacerse hombre de ti, a fin de recrear (renovar) su imagen (hombre), que había sido desgastada por las pasiones, y después de encontrar a la oveja perdida vagando en las montañas, tomándola sobre sus hombros, para llevarla al Padre, y por su propia voluntad unirse a los poderes celestiales, y para que Cristo, que tiene gran y rica misericordia, salve al mundo, oh Theotokos.
Entrada. Luz radiante. Proquímeno.
Lecturas: I Epístola Católica de Pedro (1, 3-9). I Epístola Católica de Pedro (1, 13-19). I Epístola Católica de Pedro (2, 11-24).
Aposticha (Tras los versos)
¿Quién puede contar las cárceles en cada ciudad y tus aflicciones, glorioso apóstol Pablo? ¿Quién puede describir tus luchas y trabajos, a los que te sometiste por el Evangelio de Cristo, para ganar a todos y ofrecer la Iglesia a Cristo? Te pido, pues, que guardes esta buena confesión tuya hasta tu último aliento, Pablo, apóstol y maestro de las Iglesias.
¿Quién puede contar las cárceles en cada ciudad y tus aflicciones, glorioso apóstol Pablo? ¿Quién puede describir tus luchas y trabajos, a los que te sometiste por el Evangelio de Cristo, para ganar a todos y ofrecer la Iglesia a Cristo? Te pido, pues, que guardes esta buena confesión tuya hasta tu último aliento, Pablo, apóstol y maestro de las Iglesias.
Vers. Su voz se escuchó por toda la tierra, y sus palabras hasta los confines del mundo.
¿Quién puede contar, oh glorioso apóstol Pablo, tus cadenas y aflicciones en cada ciudad? Tus trabajos, tus fatigas, tus vigilias, tus sufrimientos de hambre y sed, de frío y desnudez, la canasta (en la que huiste de Damasco), los azotes, las lapidaciones, los viajes apostólicos, las profundidades, los naufragios; te convertiste en un espectáculo para ángeles y hombres. Todas estas cosas, pues, las soportaste todo por la gracia de Cristo que te fortaleció, para que ganaras al mundo por amor de Jesucristo, tu Señor. Por eso, nosotros que celebramos fielmente tu memoria, te suplicamos, intercede sin cesar, para que nuestras almas sean salvas.
Vers. Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento (la atmósfera) anuncia la majestad de su creación.
Alabemos a las grandes luces de la Iglesia, Pedro y Pablo; pues brillaron más que el sol en el cielo de la fe, y con los rayos de la predicación convirtieron a las naciones de la ignorancia al conocimiento de Dios. El primero, tras ser clavado en la cruz, ascendió al cielo, donde recibió de Cristo las llaves del Reino; el segundo, tras ser decapitado, huyendo al Salvador, es merecidamente bendecido; y ambos denuncian al pueblo de Israel por haber extendido injustamente sus manos contra el Señor mismo. Por lo tanto, con sus oraciones, Cristo nuestro Dios, derrota a nuestros adversarios y fortalece la fe ortodoxa, como amante de la humanidad.
Gloria... (Tono pl. del 2º. Efrén Karías). Hoy se ha celebrado una fiesta gozosa en honor a la memoria de los sabios apóstoles, los grandes Pedro y Pablo; por ello, Roma también se regocija y baila. Con cánticos e himnos, celebremos también nosotros, hermanos, este venerable día, clamando a ellos: ¡Salve, Pedro, apóstol y fiel amigo de tu Maestro, Cristo nuestro Dios! ¡Salve, Pablo, amado, predicador de la fe y maestro del mundo! Como santa pareja, tened valor, suplicad a Cristo nuestro Dios que nuestras almas sean salvadas.
Ahora y siempre… (Theotokion).
Oh Madre de Dios, tú eres la verdadera vid que ha dado fruto de vida. Te suplicamos, intercede, Señora, junto con los apóstoles y todos los santos, para que nuestras almas tengan misericordia.
Ahora, Señor... Trisagio. Troparios.
Los más eminentes entre los Apóstoles y Maestros del mundo, intercedan ante el Señor de todos, para que conceda la paz al mundo y gran misericordia a nuestras almas.
Gloria... Ahora...
El misterio oculto desde la eternidad, desconocido para los ángeles, fue revelado a quienes habitan la tierra por medio de ti, oh Madre de Dios. Que Dios se encarne en unión sin confusión y acepte voluntariamente la Cruz por nosotros; por la cual, habiendo resucitado a los primogénitos, salvó nuestras almas de la muerte.
Fuentes consultadas: *Texto publicado con autorización y bendición del autor, su Santidad Obispo de Jableh, Siria, Demetri Khoury.*saint.gr *synaxarion.gr *johnsanidopoulos.com *youtube.com
















