lunes, 15 de junio de 2026

Venerable Jerónimo de Estridonia (+420)

Versos:
"Jerónimo el grande murió, no disimuladamente quedando con una gran coronación".

Luego de haber visto lo suficiente en el mundo de los humanos –repleto de la vanidad y de la banalidad que buscan, las cuales gobiernan al mundo caído de la humanidad– se retiró a una cueva en Palestina.
Escogió un lugar aislado en el pue
blo de Belén, no muy lejos del lugar en el que Jesús Cristo, el Hijo de Dios, había escogido para hacer su entrada en este mundo.
Viviendo por varios años seguidos en completa soledad pasaría sus días en oración silenciosa y devota. Llevaría una vida ascética muy severa en la cual no comía prácticamente nada y vestía la misma ropa andrajosa hasta que se deshiciera en tiras. Devoto seguidor de Jesús Cristo, quien se había cansado de la vida cosmopolita de Roma durante su juventud, el Gran San Jerónimo también trabajaría en su cueva por muchos años, en la creación de uno de los más grandes documentos de traducción en la historia de la Cristiandad: La Biblia en Latín, conocida en los dieciséis siglos pasados como “La Vulgata”, debido a que hizo el Antiguo y el Nuevo Testamento accesible a la lectura para el “Vulgus”, palabra latina referida a la “gente común”.
 
 
 









Nacido alrededor del año 350 de Nuestro Señor en la ciudad de Estridonia, en ese entonces parte de la Provincia Romana de Pannonia (la vasta región que bordea el Río Danubio e incluye la moderna Hungría y Austria en lo que se conoce ahora como los países Balcánicos), el Venerable Jerónimo fue criado en una familia de cristianos muy ricos quienes lo cuidaron y le dieron la mejor educación posible. Con la finalidad de que completase sus estudios fue enviado a la gran ciudad capital del Imperio, Roma, donde estudiaría ciencia y filosofía así como las distintas lenguas. Intelectual brillante y entusiasta, así como estudiante curioso, Jerónimo trabajaría incesantemente tratando de entender los grandes documentos del antiguo mundo Hebreo así como el Santo Evangelio y otros escritos relacionados con el Nuevo Testamento, divinamente inspirado.
Tentado por los lujos mundanos y la sensualidad de la carne este gran santo se mantuvo alejado por un buen tiempo de las estrictas enseñanzas morales que había recibido en su niñez. Sin embargo muy pronto se cansó de los falsos placeres de la vida en Roma y se convirtió en un pensador piadoso así como en un joven entusiasta en la vida espiritual.  
 
 
 









A la edad de veinte años, este incansable buscador ya había comenzado a sentir el deseo de dedicar completamente su vida a Dios y vivir como un monje ascético en algún lugar oscuro, donde pudiera enfocar completamente su espíritu en la adoración del Todopoderoso, al mismo tiempo que simplificaba su complicada vida.
Para el año 372, contando con cerca de 22 años, el bienaventurado Jerónimo se encontraba de regreso en Pannonia –donde descubrió que sus padres ya habían fallecido dejándolo como responsable de sus hermanas más jóvenes y de su hermano Pauliniano. 
Se tomó muy en serio sus responsabilidades a pesar de saber que debería posponer su deseo de llevar una vida monástica por algún tiempo. Alrededor del mismo período comenzó a estudiar las Sagradas Escrituras con una gran determinación e intensidad.
Finalmente, luego de haber organizado todo lo necesario para que sus familiares contasen con la ayuda que requerían inició su jornada de fe en la cual pasaría los siguientes cinco años viviendo en un monasterio en Siria.









 
 
 
 
Durante ese período se convirtió en un habilidoso traductor, tanto del hebreo como de otras lenguas caldeas. Sumado a ello comenzó a escribir a sus amigos una serie de cartas espirituales sobre temas religiosos, de las cuales más de cien de esas misivas, las cuales no tienen precio, han sido salvadas para la posteridad.
Luego de haber sido ordenado presbítero y visitando Constantinopla, en donde se trabó en largas discusiones espirituales con los santos obispos, Gregorio el Teólogo y Gregorio de Nisa, regresó a Roma alrededor del año 381 de Nuestro Señor. Ahí continuó sus estudios mientras servía por un tiempo como secretario del papa Dámaso I (366-384). Aún, durante ese tiempo, se cansó de la falsa sofisticación de las ciudades y decidió dejar el ambiente urbano de una vez por todas. Finalmente retomó la vida ascética y la soledad que tanto había anhelado estableciéndose en una cueva cerca de Belén para alabar al Dios que tanto adoraba.








 
 
Para el año 386 comenzó la vida abnegada de monje así como a compilar las grandes obras por las cuales sería recordado. Entre ellas se encuentran varios libros que exploran las enseñanzas de la Iglesia, algunos volúmenes de comentarios sobre la Sagrada Escritura y por supuesto la Biblia en latín, o la Vulgata, la cual llegó a ser, eventualmente, la piedra fundacional de la Iglesia Occidental.
A pesar de estar escrita en un latín simple, sin adornos, la Vulgata manifiesta una inmensa belleza y elegancia. Ella ha llegado a ser una de las más preciadas obras de devoción en la historia del mundo. Aún una breve selección de la traducción en español muestra claramente el poder de este documento:

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero. (Génesis 1, 1-5)
Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»" (Génesis 1, 26-28)
 
 





 
 
 
 
Luego de haber vivido lo suficiente como para lamentar la captura de la antigua Roma por parte de los Godos el año 410 y luego la invasión de Tierra Santa por parte de los Arabes Beduinos al año siguiente, el monje habitante de la cueva finalmente regresaría al Dios a quien había alabado a lo largo de toda su vida, alrededor del año 420. Los últimos años de su vida los pasó en total soledad, meditando sin cesar así como traduciendo la Palabra de Dios y otra gran variedad de textos sagrados. Años después sus preciadas reliquias serían llevadas desde la cueva de Belén hacia la Ciudad Eterna en donde han sido veneradas por las siguientes generaciones de agradecidos Cristianos.
La vida del Venerable San Jerónimo fue, por encima de todo, una vida de servicio a Dios y a Su Palabra Escrita. Habiendo probado la banalidad de los placeres de una existencia que no está basada en la alabanza a Dios Todopoderoso, se le dio gracia suficiente como para entender que El quería algo mejor. El resultado de ello es la Vulgata –la Palabra de Dios traducida a un lenguaje que le permitiría al mundo entero tener acceso a la Sabiduría Infinita y al Amor de nuestro Padre Celestial y a su Hijo Amado.
 
 
 
Himno de despedida. Tono 4º  (MODELO:Ταχύ προκατάλαβε [Tají prokatálabe], “Ven pronto”)
 
Ἀπολυτίκιον Ἦχος δ´. Ταχὺ προκατάλαβε.
 
Σοφία καὶ χάριτι κεκοσμημένος λαμπρῶς, ὁσίως ἐβίωσας, ἐν ἐγκρατείᾳ πολλῇ, σοφὲ Ἱερώνυμε· ὅθεν τῆς τοῦ Σωτῆρος, Ἐκκλησίας ἐδείχθης, πάμφωτος λύχνος Πάτερ, ἀρετῶν ταῖς ἀκτῖσι· καὶ νῦν Χριστὸν δυσώπησον, ὑπὲρ τῶν τιμώντων σέ.
 
Himno de despedida. Tono 4º. Ven pronto. 
 
Brillantemente adornado con sabiduría y gracia, viviste una vida santa, con gran dominio propio, sabio Jerónimo; desde la Iglesia del Salvador apareciste, lámpara resplandeciente, Padre, con los rayos de las virtudes; ruega a Cristo por los que te honran. 
 
 

Otro himno de despedida. Tono pl. del 4º

Guía de la Ortodoxia, maestro de piedad y pureza, luminaria del mundo, inspirado por Dios y adorno del sacerdocio, Oh sabio Jerónimo, a través de tus enseñanzas nos has iluminado a todos, Oh arpa del Espíritu. Intercede ante Cristo Dios para que se salven nuestras almas.
 

Condaquio. Tono 2º

Oh Padre Santo, tú te gozaste en el ayuno y subyugaste los deseos de la carne; tú fuiste alimentado por la fe y floreciste como el árbol de la vida en el Paraíso, Oh Jerónimo que tienes la sabiduría que procede de Dios.




Fuentes consultadas: Texto publicado con autorización y bendición del autor, su Santidad Obispo de Jableh, Siria, Demetri Khoury.*saint.gr *synaxarion.gr *traditionalcatholic.co * lt10.com.ar

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