Primera homilía sobre la Dormición de la Santísima Madre de Dios.

 

«Glorifica mi alma al Señor» (Luc. 1,46)

 

¿Realmente queridos, qué alabanzas y qué elogios serían dignos de ser compuestos y ofrecidos a aquella que compuso y ofreció a Dios la alabanza, el elogio y la glorificación de su existencia más pura y divina?

Pero el amor y la humildad de la Santísima Madre de Dios y Siempre Virgen María nos permite acercarnos ligeramente a ella para expresarla nuestro amor.  

 

«Glorifica mi alma al Señor». Alaba y glorifica mi alma la grandeza del Señor. Ciertamente. Un alma noble y grandiosa siempre se vuelve hacia Dios a través de los carismas divinos que recibe de Él. Y la Theotokos recibió de Dios la gran oportunidad de convertirse en la Madre del Logos y Dios.

Y ahora, frente a Elisabet, viendo que ella traía en sus entrañas al Precursor de Aquel que la Madre de Dios recibió en sus propias entrañas, declara su alabanza. Ve el plan de Dios, ve en qué está trabajando el amor de Dios dentro de la historia y Le glorifica con esta magnífica obra suya.   

 

«Glorifica mi alma al Señor». Con tres cosas, queridos, glorificó la Theotokos a Dios. Primero, con grandes y elevados significados, digno de la grandeza de Dios. Cuando permaneció en el Templo durante doce años, allí la Theotokos alcanzó la contemplación, o mejor dicho, la visión de Dios. Escribe san Gregorio de Tesalónica, «Sola, veía y amaba sólo al Señor. Y sola, era sustentada y amada por Él».

Allí, en el templo, recibió la base para su vida posterior. Porque allí en el templo, ella sola, movida e inspirada por Dios, era transportada su alma hacia el Señor, su nus era centrado en Él. Y con la oración divina y eterna todo su ser se volvió hacia Dios, con todas sus fuerzas, con todas las fuerzas de su existencia, y de su alma —lógica, voluntad y sentimiento—, y con todas las fuerzas de su cuerpo. Para todos, para todo y para siempre, es dedicada ella a Dios. Y allí ella descubrió que existe un camino interior, un camino noético, el camino del silencio, a través del cual puede alguien volverse hacia Dios.

Allí, la Madre de Dios supera toda forma y todo concepto de este mundo. Es establecida por encima de todas las creaciones noéticas contemplables. Y allí, dentro de esta contemplación, fue destinada para concebir a Dios. 

La visión de Dios de la Theotokos sobrepasa incomparablemente a la visión que tuvo Moisés en el Monte del Sinaí. Y dentro del espacio del Templo, o mejor dicho, dentro del espacio de su alma, dentro del tesoro de su alma, vuelta hacia ella misma, halla la escalera para ascender hacia Dios, y descender Dios por esta escalera para elegirla a ella, establecerla como su madre encarnándose de ella, siendo el Dios Logos, el Hijo del Hombre.

Pero la Theotokos no glorificó sólo a Dios mediante su interior, interior único en la historia, sino que también le glorificó con grandes y elevadas palabras, debidas y pertenecientes a la divina grandeza. Máxima expresión de estas palabras suyas es esta glorificación suya, esta oda. No sé, queridos, si conocen la Oda de la Theotokos. Está registrada en el Evangelio según San Lucas [cap.1, 46-55], y nuestra Iglesia la canta cada día en maitines, es la 9ª Oda de su Canon. Es cantada en forma de versículos junto con otros troparios. En esta Oda, denomina a Dios Poderoso y Santo, que su misericordia es de generación en generación a los que le temen. Que hizo proezas con su brazo, que esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones, que quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes. Y que los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.

La altura de su oda es tan grande, es poesía verdadera repleta de significado, elevada poesía, no sólo en la expresión sino en los significados, con el fondo de la visión retrospectiva hacia la historia y de la visión futura. Existe en su oda profecía hacia el pasado y profecía hacia el futuro, y así la Theotokos se convierte con su oda en el punto medio entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Pero también la Theotokos crió al Señor con obras grandes y elevadas. Con su vida sobrehumana y angelical...      

       

 

 

Traduciendo ... 

 

 

 

 

 

 

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