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Homilía de nuestro bienaventurado padre Atanasio de Mitilene, Domingo de San Gregorio Palamás (Segundo Domingo de la Cuaresma). De la serie de Homilías Sermones de los Domingos). Fecha de la homilía: 03-04-83
Uno de los puntos centrales, queridos, del pasaje del Evangelio de hoy, donde el Señor sanó al paralítico de Capernaúm llevado por cuatro personas, es el perdón de los pecados. También es uno de los puntos centrales de toda la Santa Biblia. El tema del perdón de los pecados es exactamente lo que le interesa al hombre por encima de todo. Cuando cada hombre, de cualquier época y de cualquier punto geográfico en que se encuentre, siempre quiso apaciguar a los dioses, si era idólatras, o a Dios, con sacrificios. Porque cada hombre de cada época siente que es pecador, y que debido a su pecaminosidad, Dios está en su contra. Cuando veía cualquier fenómeno físico en su contra, sentía que Dios veía sus pecados y le castigaba. Así, vemos siempre cómo existía el elemento del sacrificio. Como por ejemplo el de las hecatombes, es decir el sacrificio de cien bueyes. Y que el sacrificador reciba la sangre de estos bueyes para sentir la remisión de los pecados.
Por supuesto, las raíces de todo este fenómeno están en Adán y Eva. Está en la tradición, la verdadera tradición de Dios, que el mismo Dios pidió el sacrificio para la expiación de los pecados del pueblo. Por eso ocupa un lugar central en el Antiguo Testamento. El sacrificio es el templo. El centro del pueblo es el templo, y el centro del templo es el sacrificatorio. Y del sacrificatorio fluye la expiación, el perdón de los pecados.
Entonces como percibís, queridos, el tema del perdón de los pecados es muy grande, e irremisiblemente interesa a cada hombre. Porque en el fondo el hombre quiere tener buenas relaciones con Dios, y el pecado es un fenómeno que estropea estas buenas relaciones que tiene el hombre con Dios. Es decir, se crean.Relaciones enemigas entre Dios y el hombre; por eso busca el hombre alejar el pecado y reconciliarse con Dios.
Lo que podemos observar en el fenómeno del pecado es que tiene una dimensión de eternidad. Esto el hombre lo percibe, y esto es porque en aquel que peca es eterno. Porque en el fondo, cualquier maniobra que se realice al cometer un pecado, supongamos que soy injusto con mi prójimo, o lo mato, o cualquier otra cosa, o destruyo la creación, o profano la naturaleza o cualquier otra cosa, o incluso a mí mismo me destruyo del modo que sea, cualquier maniobra que utilice, en última instancia, llego a Dios. Porque la creación es de Dios, porque la naturaleza es de Dios, porque tanto mi prójimo como yo somos imágenes de Dios, y por lo tanto siempre, en cada pecado, no es ofendido tanto el prójimo sino que es ofendido Dios.
Por eso, desde luego, pediré perdón al prójimo por aquello que he hecho, pero sobre todo a Dios. Porque, vuelvo a decir, allí queda reflejado el pecado y es ofendido el rostro del Dios eterno. El hombre entonces lo percibe esto, que el pecado tiene dimensiones de eternidad. Por este motivo protesta el hombre pecador, como bien nos dice el santo Crisóstomo, que ¿por qué debería ser castigado eternamente si pequé solo por unos minutos? ¿Cuánto duró un pecado mío? dice el hombre; unos minutos. A veces un pecado suyo puede haber durado unos segundos. Entonces, ¿por qué debería ser castigado eternamente?, protesta, como os dije, el hombre. Y el santo Crisóstomo dice: "Hombre ¿has entendido a quién has ofendido? Has ofendido al Dios eterno. Entonces, si Dios es eterno, entonces tu pecado constituye ante Dios dimensiones de eternidad. Así que, queridos míos, comprendan lo que esto significa, para que puedan tener una imagen y para que vean con qué frivolidad piensa sobre esto la gente. Cuando se confiesan, no dicen pecados antiguos. O los han olvidado, o quisieran olvidarlos, o ponen la excusa de que estos pecados ya son cosa del pasado, que han pasado 20, 30 o 50 años. "Cosas pasadas piensan...", y no las dicen. Hermano mío, Dios no lo ha olvidado. Lo has olvidado tú, hombre sometido al tiempo. Subestimas estas cosas porque una vez las cometiste y ahora crees que y ahan pasado. Para Dios, no han pasado.
Hermano mío, Dios no los ha olvidado. Los has olvidado tu hombre sometido al tiempo. Tú menosprecias estas cosas, porque las hiciste entonces y ahora piensas que ya han pasado. Para Dios no han pasado, para él son siempre recientes, como si hubiesen sucedido ahora, porque Dios volvemos a decir, es eterno, y por eso que el infierno es eterno.
También observamos cuando los fariseos se quejaron cuando escucharon al señor decir «tus pecados te son perdonados», que el derecho del perdón de los pecados lo tiene solo Dios. Era “correcta” esta queja de los fariseos diciendo que el señor blasfema. Porque solo Dios tiene el derecho de perdonar pecados. «¿Éste quién es?». Su error era que no podían distinguir en aquel momento allí.Pero tampoco en tantas otras ocasiones y apariciones públicas del señor.No pudieron distinguir, —siempre con criterio de la Santa Escritura—, que en la Persona de Jesús era el mismo Dios. Esto no pudieron distinguirlo. Por este motivo, vemos en esta queja, en la cual permaneceré brevemente, que efectivamente, sólo Dios tiene el derecho de perdonar pecados. Entonces, si Cristo perdona, es Dios. ¿Porque, qué hombre puede perdonar pecados? No es aquello que decimos muchas veces, que te perdono lo que me has hecho. No es este caso. Es el caso de la eliminación de los pecados. Porque yo te puedo decir que te perdono y nuestras relaciones se restablecen, pero las relaciones con Dios que decíamos anteriormente que es allí donde queda reflejado el pecado, ¿se han restablecido? No. Aquí el señor no habla con el significado acostumbrado de “te perdono tus pecados”, porque me hayas hecho algo, sino porque sólo Dios perdona, y como Dios realmente perdona, con el sentido de la eliminación de los pecados. Es sobrecogedor.
Qué superficialmente pensamos los humanos. Vemos a algunos que sin ninguna conciencia, dicen: “Eso no es pecado, no pasa nada”. O, “sáltate este ayuno, no es importante”, o “tomo yo tu pecado sobre mí, para que no te sea tenido en cuenta”. ¿Qué quiere decir que tomas tú mi pecado? Es decir, ¿darás cuentas tú por mí? ¿Yo soy el responsable de mi pecado, ¿tu me perdonarás?¿ quién eres tú?
Para que entendáis, queridos, cuando hablamos con este lenguaje, qué poco conocimiento tenemos sobre el pecado y sobre Dios. Pero veamos ahora cómo exactamente este pecado es eliminado, dado que solo Dios tiene el derecho de perdonar pecados.
Y tras haber perdonado Cristo al paralítico, y decirle, «hijo, tus pecados te son perdonados», vemos que nadie más, sino solo Jesús, Cristo, el Dios encarnado, es el fundador y creador de este tan filántropo Misterio de la Confesión y del perdón de los pecados. Porque realmente es Misterio filantrópico.
¿Sabéis que significa pedir perdón a Diós a través del Ministerio de la Confesión y que seas perdonado? No es para nada algo pequeño y sin importancia. Es algo enorme, como os decía al principio. Fundador entonces, es nuestro mismo Señor.
Y como todos los misterios proceden, surgen, de su Cruz. Y este Misterio del perdón de los pecados, también procede de su Cruz. Allí, diríamos, son validados, pero sobre todo lo son en su Resurrección. Porque su Resurrección, su Ascensión y el descenso del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, pusieron su sello sobre el Misterio, de que son válidos. Es decir, que realmente me son perdonados los pecados, porque quien ha creado o fundado los Misterios realmente es Dios.Y sobre todo hemos dicho la Resurrección, la Ascensión y Pentecostés.
Porque si Cristo fue un mortal común, como cuando los hebreos le condenaron a muerte y le hicieron semejante a un criminal común, dirían los mismos que debería estar en el infierno. Es aquello que decían de «si Dios le ama, si es su Ηijo, como Ἐl mismo dice, entonces que le baje de la cruz para que creamos también nosotros. Entonces, ya que se llama a sí mismo hijo de Dios y Dios solo puede ser castigado por Dios, porque se ha hecho Dios a sí mismo». “Correctamente” (desde su punto de vista del error), en aquel momento le dijeron esto al Señor. «Tomamos piedras para lapidarte, no por alguna acción que hayas hecho, sino porque has dicho de tí mismo que eres el Hijo de Dios, y te has hecho a ti mismo igual a Él. Pero la Resurrección, la Ascensión y el Pentecostés mostraron lo contrario, que no era como lo calcularon los hebreos.
No era Jesús un desfalcador de la divinidad, si no que era el Dios encarnado. Por eso dice el apóstol Pablo en su Epístola a los Filipenses (2, 6-11). «Ηaya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesús Cristo es el Señor, para gloria de Dios Padre».
De allí entonces, queridos, proceden todos los Misterios, y el Misterio del arrepentimiento y del perdón, de la Confesión y del perdón de los pecados, insisto en esto. Porque muchos hombres van a confesarse, pero no tienen la creencia de que sus pecados han sido perdonados. Ha de existir esto, como veremos un poco más abajo.
También vemos que el Señor utiliza esto, para establecer este Misterio, cuando dijo a sus discípulos: Recibid el espíritu santo, a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados y a quien se los retengáis y no se los perdonéis, a ellos les serán retenidos y no perdonados.
¿Es decir, dónde se transmite este derecho, atencion, de ser perdonados los pecados o, por el contrario, de no ser perdonados? El Señor transmite esta autoridad, que sólo él tiene, a sus apóstoles. Y a los apóstoles la transmiten a sus sucesores, por la ordenación mediante la imposición de manos. Todos los Misterios, y este Misterio, probablemente salvado y existe dentro de otro Misterio, del de la Ordenación de esta sucesión canónica apostólica.
Es decir, del sacerdote recibiré el perdón de los pecados, no de otro, sino del sacerdote, porque así lo ha querido el Señor. El sacerdote no es alguien reconocido e importante, pero es quien ha recibido la autoridad del Señor a través de la ordenación e imposición de manos. Como persona es lo que son todos los hombres, pero como autoridad es gran autoridad. San Juan Crisóstomo dice que sí comparásemos un rey con un sacerdote, el rey es inferior, porque tiene derecho [solo] sobre los cuerpos, y lo queramos o no, si es un rey constitucional, no tiene derecho ni sobre los cuerpos. Pero a fin de cuentas, podemos decir que derecho sobre los cuerpos, puede ponerte en la cárcel, o [en algunos casos] podría ejecutarte, pero no tiene derecho sobre tu alma. El sacerdote tiene derecho sobre tu alma de perdonarte los pecados y de liberarte y enviarte al Reino de los Cielos o de enviarte al infierno si no te perdona los pecados.
Veis entonces la diferencia, dice San Juan Crisóstomo, entre el rey y el sacerdote. Es gran autoridad la de sacerdote, inconcebiblemente grande. Pero el señor, antes de ser crucificado, dijo a sus discípulos: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mat.18,18).
Y como dice San Juan Crisóstomo.Todo lo que realicen los sacerdotes abajo, Cristo lo valida arriba. Gran tema, gran tema.
Pero también, queridos, debemos tener en cuenta lo siguiente, que necesariamente han de existir algunas condiciones previas para que podamos realmente obtener el perdón por nuestros pecados. Porque no solo está la parte de Dios por medio del sacerdote, sino que está también la parte del que se acerca a recibir el perdón de sus pecados. Esto nunca lo olvidéis, esto vale para todos los Misterios. No puedes, por ejemplo, recibir el Bautismo, es decir, el carisma de la adopción y del perdón de tus pecados, particularmente del pecado original, sino quieres ser bautizado. No es válido el compromiso del Bautismo si te obligan a casarte. Esto significa que el que recibe un Misterio ha de ser bajo una libre elección suya. Es decir, ha de existir el “quiero” del receptor del Misterio, si no existe el “quiero” del receptor del Misterio, entonces o no es válido, o permanece sin activarse.
Es decir, si voy a confesarme obligado, o no guardo las condiciones que os voy a decir, entonces queridos el Misterio permanece sin activarse, es decir, sin resultado,
y esto es una pena.Sepamos entonces que hemos de tener también nosotros participación. Os mostraré esto con una imagen muy, muy simple. Es un hombre que tiene dinero y pobre que está pidiendo. Y el pobre dice al que tiene dinero: "Por favor, dame algo dinero. Y saca el otro dinero de su bolsillo para dárselo. ¿Qué hace ahora el que tiene el dinero? Extiende su mano para dárselo. ¿Qué hace el que no tiene dinero? También extiende su mano. Y uno extiende su mano y el otro extiende su mano. Entonces tenemos un encuentro mutuo al extender ambos sus manos. Así que aquí también Dios extiende su mano para salvarte, para perdonarte. Extenderás también tu mano para aceptar lo que Él te da. ¿Cómo podría ser de otro modo? ¿Mecánicamente?
Un elemento fundamental ciertamente es la fe. Mira lo que dijo aquí, presten atención a esto, «Viendo Jesús la fe de ellos, le dice al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados"». Al ver la fe de los cuatro que llevaban al paralítico, pero también la del mismo paralítico. ¿Dónde está el tema de la fe ahora? La fe en que seré perdonado. Debo decirlo. No son pocos los que no creen que son perdonados. No lo digo, por supuesto, por los que dicen "¿para qué voy a ir a confesarme?", "¿quién es el cura, y qué derecho tiene para perdonarme?". Son incrédulos. Pero incrédulo también el que va a confesarse, pero por dentro no tiene paz. Porque, en el fondo, no ha creído que Dios lo ha perdonado. ¿Habéis oído esto? ¿Habéis oído esto, hermanos, que él va y sale con pesadumbre, porque no ha creído que Dios le ha perdonado? ¿Y sabéis de qué depende normalmente esta incredulidad? De la magnitud de sus pecados.
"¿Es posible que Dios me perdone a mí?" ¿Entonces la magnitud de sus pecados supera el valor del sacrificio de Cristo? No, queridos míos, el sacrificio de Cristo abarca todos los pecados de una manera universal. ¿Oyeron esto? Por lo tanto, no soy creyente cuando digo que no es posible que Dios me haya perdonado a mí. ¿Por qué no es posible que Dios te perdone? !Dios te perdona! Basta con que le digas, "!perdóname!", y que realmente hayas mostrado —ahora el segundo elemento— tu arrepentimiento. Que le hayas ofrecido tu arrepentimiento. Que seas una persona que verdaderamente se haya arrepentido y dentro de ti digas: "Intentaré no volver a hacerlo". Pongo el verbo intentaré, desde el punto de vista del conocimientos que caigo fácil y no confío mucho en mi naturaleza humana. Y no confío mucho en mí mismo, y por modestia lo digo, "espero no volver a caer en pecado. Sea como sea, así quiero". Si caigo, no lo hice por segundas intenciones, simplemente por debilidad. Sin embargo, así es como siempre diremos este verdadero arrepentimiento. Intentaré no repetir el pecado que cometí. Y otro requisito es la sinceridad. No ocultaré nada. Diré simplemente lo que cometí. Esto, esto y aquello.
Porque si me oculto, ¿a quién tomo el pelo? No es posible burlarse de Dios. Así que debo actuar con sinceridad y honestidad. Mejor no ir a confesarme si estoy dispuesto a ocultar cosas, o a tergiversar la verdad. No. Pero algunos se mueven así, diciendo "si el padre espiritual, se lo diré. Si no me lo pregunta, entonces no se lo diré. Malicia. Se parecen aquí a Nabucodonosor, quien una vez tuvo un sueño. Y, o lo olvidó, o hizo como que lo olvidó, queriendo probar a sus magos, si tenían el poder de descubrir el sueño e interpretarlo correctamente. Porque saben, de un sueño existen 500.000 interpretaciones, tantas como quieras poner. Entonces, ¿cómo podía saber que la interpretación sería correcta? Les dice, vi un sueño, pero lo olvidé y quiero que me digais qué sueño vi y después interpretarlo. Y los pobres babilonios decían, "rey nuestro, cuéntanos tu sueño y te lo interpretaremos". "Pero he entendido que sois malvados. Queréis que os lo diga y vosotros me diréis cualquier interpretación que se os ocurra. No, decidme qué sueño he visto". Pero rey nuestro, ¿cómo podremos saber qué sueño has visto?" Pero qué sueño tuvo, lo sabía Daniel.
De modo similar entonces queridos nos comportamos alguna vez nosotros, cuando vamos a confesarnos. Si nos pregunta el padre espiritual, se lo diremos, si no nos lo pregunta, no lo diremos, lo ocultaremos. y nos quedamos con la conciencia tranquila, diciendo "no nos ha preguntado; y si no nos ha preguntado...". ¿no te ha preguntado? Hermano, vas a dejar la carga de tus pecados y dices que no me ha preguntado. El padre espiritual, si quieres saberlo, no tiene por qué preguntar nada. Sólo escucha. Ni tiene por qué dar consejos. Estos son, diríamos, suplementos. Que si no podemos verle a menudo, que si, que si... En realidad el padre espiritual sólo ha de escuchar. Nada más. Nada más, pero tú, tienes que contarlo todo. Si alguna vez te pregunta, es exactamente el papel de la partera cuando una mujer comienza el parto.
Por naturaleza, la mujer debería dar a luz sola. Por naturaleza. Sin embargo, a veces tiene una dificultad y entonces viene la partera. ¿Qué hará la partera? La partera no da a luz. La partera ayuda en el nacimiento; ¿qué significa esto? Significa que ayuda. Y el padre espiritual a veces hace una o dos preguntas, cinco preguntas. Ya sea porque te has olvidado, o por un momento te has emociado, o no sabes expresarlo confundido.Muchas cosas suceden. Y el padre espiritual te ayuda a encontrar lo que quieres decir. Así que solo ayuda; las preguntas son auxiliares, no esenciales. Entendamos esto, os ruego, queridos míos.
Tenemos un Misterio filantrópico. El muy filantrópico Misterio de la confesión y el perdón de los pecados. No lo dejemos sin aprovechar. Pero dejemos la carga de nuestros pecados en Cristo. Porque exactamente para esto murió en la cruz, para darnos el perdón de los pecados. Y acerquémonos al Señor con todas nuestras fuerzas, con fe, con arrepentimiento y sinceridad. Digámosle: «Señor, pongo en tí la carga de mis pecados y te agradezco de todo corazón que moriste en la cruz para darme este consuelo y esta ascensión a tu Reino. Gracias, Señor».