Misterios. Archimandrita Atanasio de Mitilene. Matrimonio Ι. Sobre el Misterio del Matrimonio. El compromiso.

 

 

Intentaremos acercarnos a un tema muy importante que es el misterio del matrimonio. Es un tema del cual debemos concienciarnos, nos afecte directamente o no, por eso os ruego, no pasemos por alto estos temas y reunámonos aquí, para obtener una imagen completa y poder presentarnos ante ello tal como Dios quiere.

Con el fenómeno del matrimonio, nos encontramos ante el misterio más profundo de los misterios que tenemos tanto del mundo natural como sobrenatural. Porque realmente el matrimonio es un misterio que abarca no solo dimensiones físicas sino también dimensiones sobrenaturales. Es decir, es un tema que no solo se limita sólo a los estrechos términos de la vida presente, o sólo a los estrechos términos entre los hombres, Sino que es un tema que une el cielo con la tierra, y a Dios con los hombres. Lo veremos esto a continuación.

El matrimonio es el misterio del amor, y este misterio del amor, cubre toda la creación, tanto la visible como la invisible. Lo que es, queridos, la ley de la atracción mundial en el mundo material, en el mundo material inerte, así es el amor la ley de quien gobierna la vida.

La muerte tiene como fuente a este Dios; y el objetivo de la creación es: a través de la atracción del amor, que todo regrese a su Creador. Atracción del amor.

Que el amor es uno de los más profundos misterios lo vemos en el misterio de la encarnación de Dios. Si nos paramos a reflexionar sobre por qué Dios se hizo hombre, queridos, no existe ninguna respuesta, absolutamente ninguna, no existe una lógica. Exactamente por eso la explicación lógica del gran acontecimiento de la encarnación llevó a herejías. El arrianismo por ejemplo, esta herejía que niega la divinidad de Jesús Cristo, precisamente allí llegó, porque Arrio y muchos hoy con confesiones arrianas, particularmente en el mundo protestante, siguen el arrianismo, es decir no siguen la divinidad de Jesús Cristo, porque esta misma lógica no puede explicar este gran acontecimiento de que Dios se hace hombre.

Este acontecimiento se puede interpretar sólo a través del amor. Y precisamente por eso el amor es misterio. ¿Qué es el amor? Hagamos un intento de mirar en las profundidades sin fondo…no conseguiremos nada. Porque Dios es amor, y como Dios es infinito, el amor también es infinito. Y como Dios es misterio, el amor también es misterio. Esto no significa desde luego que la esencia de Dios es el amor, no, es una particularidad de Dios; pero el amor, sin embargo, permanece, repetimos, como un profundo misterio. Lo sentimos, lo vivimos, difícilmente podemos explicarlo. Tal como maravillosamente podemos disfrutar de la luz del sol, alegrarnos con la luz del sol, otro tema, que no existe un conocimiento científico sobre el tema de la luz. Quien sea físico, que me entienda, existen teorías, intentos de explicaciones e interpretaciones. ¿Qué es la luz? Pero el que no sepamos qué es la luz, no nos obstaculiza para nada sin embargo, para sentirlo, para disfrutarlo, para alegrarnos.

Lo mismo sucede con el amor. El amor entonces, es la ley, diríamos por un momento, que gobierna los seres vivos, llevándoles de este modo cerca de Dios. El hombre representa la creación, la creación visible. Y así el hombre con el amor regresará y debe regresar a Dios.

Nos lo dice san Pablo en la Epístola a los Romanos: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom. 11,36). Todo dice, todas las cosas, provienen de Dios, son con Dios y para Dios. Y a él le pertenece la gloria eternamente.

Veis entonces que todo sale de Dios, con Dios todo tiene lugar y con Dios nuevamente regresarán. Este ir y venir de la creación, que fue causa de la caída de los primeros en ser creados, de arrastrar también con ellos a la creación lejos de Dios, esto lo vemos perfilarse o esbozarse tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Se esboza con la imagen del matrimonio. Se esboza con la imagen del matrimonio. Vemos cómo muestra el Antiguo Testamento, por ejemplo, a Israel, el pueblo de Dios, como novia; y a Dios como novio. También esboza a cada alma como novia y a Dios como novio. Y llama ahora Dios tanto a su pueblo como a las almas a venir y unirse con Él. Y esta unión se compara con el matrimonio.

En efecto, en cierto modo, quizás para nuestros ojos hoy, viviendo en el contexto del Nuevo Testamento, presenta al profeta Amós de una manera un poco diferente. Le dice, "te casarás con tal mujer prostituta, y tendrás hijos, etc.etc." Es una historia completa. Quiere mostrar allí Dios de un modo metafórico que el pueblo que se encuentra alejado, ha de volver con Él. Por eso Cristo ya en el Nuevo Testamento denomina a su generación adúltera, infiel y pervertida. ¿Por qué adúltera? Porque cada generación debe estar unida como en un matrimonio, por el misterio del amor, que prevalece en el matrimonio, con Dios. Y desde que el hombre se aleja de Dios, se le caracteriza como adúltero, adúltera, porque es la novia, el alma de cada hombre, es caracterizada como adúltera, y la generación que se aleja de Dios, es llamada adúltera, y la mujer que se aleja de su marido, es llamada adúltera.

El libro de Cantar de Cantares del Antiguo Testamento nos revela de un modo admirable la relación personal del alma con Dios. Es un idilio de amor. Este libro escandaliza a muchos, extraño, no sé por qué. Todos los padres de nuestra iglesia lo interpretaron y le dedicaron todo el aliento de su alma, todo el lirismo de su corazón. Esta interpretación no termina con los padres, sino que se compone de versos, poemas interpretativos; es decir, interpretan el canto de forma poética, porque, en efecto, esto es un poema que se ve allí en todas las fases del amor, a la  amada esperando al amado. Relaciones del alma con Dios, de la Iglesia con Cristo. Esto lo vimos constantemente en otro libro poético, porque poético es, el libro de la Revelación; tiene imágenes tan poéticas... no me diga alguien que estoy "jugando"... Allí se ve esa escena inicial idílica celosa muy agraciada  que dice inicialmente el Cantar de Cantares: "Yo duermo, y espero a mi amado, y espero, pero tarda, tarda en venir. Tengo sueño, me echaré a dormir. Yo duermo y mi corazón está despierto". Es decir, yo dormiré por la necesidad de dormir, pero mi corazón le espera despierto. Y dice ahora el libro de la Revelación, completa, y dice: "Viene el amado, y llama a la puerta, -he aquí que etsoy a la puerta, y llamo, y el que me abra, yo entraré dentro, comeré con él. Es una relación personal no encaja una tercera experiencia, relación de amistad, relación matrimonial, relación de amor. 

Queridos les contaré una gran cosa. Hoy si no somos cristianos en toda la profundidad es porque vivimos un cristianismo sin amor. Un cristianismo sin amor  hacia Dios, porque nuestros corazones no están enamorados de Dios. No tengo miedo de las palabras, por si quizás sea malinterpretado con estas palabras, no lo sé. No tengo miedo de las palabras, por eso precisamente todos los grandes padres, padres népticos, que de modo tan peculiar amaron, interpretaron, explicaron, hablaron sobre el Cantar de Cantares. Por eso se puede ver, que todos los padres népticos, es decir, aquellos que cultivaban una relación especial con Jesús Cristo como novio del alma, todos estos realmente vivieron este cristianismo que en su esencia tiene el auténtico amor (éros), esta palabra, éros esta palabra, que no os escandalice. No "agapi", ¡eros!. Por eso les dije que el drama del hombre de hoy, del cristiano de hoy, es que vive un cristianismo sin eros.

También vemos que toda la creación sin amor, os recordará la novia del cordero degollado, que es el novio de la Iglesia. "He aquí que el Novio viene en medio de la noche" ¿Cuál es esta noche? Es la noche de la vida presente, es la noche de la historia, y cuando lleguemos al fin de la historia, entonces tendrán lugar las bodas reales, maravillosamente explicadas por la Sagrada Escritura con la Parábola de las Bodas Reales. Y allí, el cordero degollado, el Novio de la Iglesia, se casará con su  creación. Este casamiento no es otra cosa que la unión de Dios con la creación con el poder de la encarnación. ¿Cuán profunda es esta unión? Podemos verla como un Gran Misterio. Así la llama el apóstol Pablo: el Gran Misterio. En Cristo y en la Iglesia, se ve cómo se unen la divinidad y la humanidad en la encarnación. Tan profundo es este Misterio. 

Esto significa que, en virtud de su carne, la carne deificada, la cual llevó consigo en la Ascensión, porque en virtud de esta carne, se casará, se unirá con la creación material, con el hombre, y serán el fundamento del reino de Dios por los siglos de los siglos.

Queridos, como pueden ver con estas pocas palabras introductorias, el matrimonio es un profundo misterio del amor de Dios hacia la creación, del amor de las criaturas entre ellas, y tiene una teología muy profunda el matrimonio. No es algo casual, ni corriente, ni transitorio, sino algo fundamental. Dentro de este misterio está incluida la virginidad. La virginidad, el celibato, el celibato en Cristo. No  hablaremos ahora de esto, aunque alguien debería abordarlo para completar el tema del celibato en Cristo. Es una forma de matrimonio, porque todo lo que hemos dicho revela que, en honor a la carne de Cristo, el hombre permanece soltero. Pero soltero en cuanto a los hombres, no en cuanto al Novio Cristo.

Por eso la soltería es una forma de matrimonio. Pero cuidado, el celibato en el Señor, el celibato en Cristo. No el celibato por capricho, no el celibato que uno mantiene pensando que uno es una persona peculiar que no puede emparejarse con nadie. No, esto es egoísta y no tiene relación con el matrimonio en Cristo. 

El celibato en Cristo, sin embargo, debemos comprender que el gran misterio del matrimonio —lo repetiré, ya lo dije antes— tiene una base teológica. Si esta base teológica, —nos asustemos, no hace falta que seamos teólogos—, las Sagradas Escrituras siempre mezclan la ética con el dogma. Solo si conocemos la base teológica del matrimonio, solo entonces tendremos éxito en el matrimonio. Todos los demás elementos, son elementos secundarios en cuanto a la base teológica.¿Cuáles son estos? Son los beneficios sociales, los personales, los nacionales, los psicológicos, etc. Todos estos elementos son secundarios. Primaria es la base teológica. Que mi misterio, el misterio de mi matrimonio, son imágenes de otro misterio, lo cual veremos a continuación en los temas del misterio de la unión de Dios y la creación.  

Si viviera sólo así el misterio del matrimonio, entonces podría hablar del misterio del matrimonio desde una perspectiva completamente cristiana. Si no tomo el fondo teológico, sólo debo decirte que, como resultado, surgirá una brecha, el divorcio. Si no profundizo en la teología, debo decirte que, como resultado tendré el divorcio, lo cual es una cuña en lo indivisible e indisoluble de Dios. 

También proyecta el problema demográfico. ¿Cuál es el problema demográfico? Una pareja tiene dos hijos, los dos hijos tienen dos hijos, cada uno tiene dos hijos etc... El reino de Dios no se forma por ciudadanos. El reino de Dios no se forma de ciudadanos según la voluntad de Dios. Se crean problemas nacionales, problemas sociales y otros problemas sobre otros problemas. Cuando falta la base teológica, falta la conciencia de la base del matrimonio. 

Debo también señalar que todo esto es solo una introducción a nuestro tema. También debo señalarles que el propósito de nuestro tema es analizar el gran misterio del matrimonio, primero desde la acera; queridos míos, allí ha llegado el matrimonio. Hasta la acera ha llegado el matrimonio. Por eso veμοσ que la gente habla tan descuidadamente y con tanta vulgaridad sobre el matrimonio. 

Tenemos también que sacar al matrimonio del descrédito. "—¿Te vas a casar, Kostas? —Pobre, te has ahorcado". Se ahorcó. ¿Qué quiere decir con que se ahorcó? ¿Qué es este descrédito del matrimonio? Piensan que el matrimonio es agonía, que  es esto, que es aquello... palabras y frases que ni el lugar ni la manera han permitido que nadie exprese hasta el momento. 

También tenemos que sacarlo de la vulgaridad de las bodas, sacarlo del descrédito. No, no nos casaremos hoy y mañana iremos a pedir el divorcio. Leí una vez, me parece que en Estados Unidos... se casaron, dice, con risas y alegría. Subieron al coche festivo e inmediatamente los transeúntes en el camino se dieron cuenta de que ambos estaban alterados. La esposa llevaba un ramo de flores, deshechas las flores, él desarreglado... 20 minutos duró la historia. Discutieron sobre cómo pasarían el día y de ahí fueron al divorcio. ¿Esto qué significa? No preparación, queridos. 

También hemos de apartar el matrimonio, un punto importante este sexualidad como centro y de la carnalidad. El matrimonio no es una forma legal y hermosa de prostitución. No es prostitución legal el matrimonio. No es hedonismo el matrimonio. El matrimonio tiene una base. El matrimonio es algo muy diferente. Lo veremos más adelante esto. Queridos, debemos entender qué está permitido y qué no. Cuán sabiamente nuestra Iglesia, os lo digo desde el preámbulo, pone los ayunos, la Gran Cuaresma, pone los viernes, y te dice: Aquí. Cuidado, mantén la brida. Esta brida va a proteger esta esencia del matrimonio, ¿de qué? Del terrible bicho llamado hedonismo, llamado carnalidad. Los protegerá, porque si caes en el hedonismo, si caes en la sensualidad (voluptuosidad, carnalismo), estás perdido.  

También, si quisiéramos tener una correcta trayectoria ortodoxa, por favor, presten atención: ortodoxo, no católico, es decir, "católico romano" ni protestante. Trayectoria ortodoxa. En cuanto a la trayectoria ortodoxa sobre el matrimonio, la mejor manera es, no diremos relaciones libres, sino tomar los dos servicios, los esponsales (compromiso) y del matrimonio, y analizarlas. Aquí, en el libro "Pequeño Eucologio", que abre el sacerdote, tenemos los oficios (secuencias, seguimientos) del compromiso y de la boda. Y teniendo como base esta trayectoria, intentaremos ir sacando conclusiones. Veréis qué riqueza existe. Riqueza que quizás hasta ahora no habíamos descubierto. 

No les oculto que no me fue nada fácil hallar el modo de presentación del tema. Me  decía cómo abordarlo, y aunque en forma de discurso, en algunos temas no podía encontrar una buena manera. Finalmente, terminé basándome en esto. Me baso en la opinión de un teólogo ortodoxo extranjero, san Justino Pópovic, que dice que  quien ha comprendido la Divina Liturgia, ha comprendido el cristianismo. Por lo tanto, diríamos que, por extensión, que la Divina Liturgia abarca de principio a fin todo el significado y la esencia de todo. Diríamos entonces por extensión, quien desee comprender el misterio del matrimonio no tendría más que abrir el oficio del compromiso y del matrimonio, y allí absorber toda la teología y la práctica, pues también contiene mucha práctica, como veremos, cuando, al llegar, incluso las tinajas de vino nuevo estaban llenas. Esto bendice la Iglesia, dice: «Señor, bendíceles como a Abraham, a Isaac y a Jacob, y que sus tinajas estén llenas, de vino, trigo y toda clase de bienes». ¿Esto qué es?  Son acciones, cosas prácticas. Por un momento, diríamos que quien estudia estas dos secuencias comprende la profundidad del matrimonio desde una perspectiva ortodoxa. 

 

Estas pocas cosas quería contarles a modo de introducción a nuestro tema principal. Y ahora pasemos al tema principal. Abrimos el Eucologio, como pueden ver en la página de la izquierda, tiene letras rojas. Las letras rojas se llaman orden típico, algunas instrucciones que se le dan al sacerdote para realizar el misterio. Inmediatamente después leemos: "Después de la Divina Liturgia, etc. Vemos que estamos determinados por el orden típico de tiempos y lugares: lugar, que es el la iglesia; tiempo, después de la Divina Liturgia. Primero los elementos, la determinación del lugar y el tiempo. Pero debo decirles que inicialmente el matrimonio no se realizaba de esta manera. Cuando decimos inicialmente, debemos tener en cuenta que hasta el siglo X, incluso si quieren hasta el s.XV, el matrimonio no se realizaba como se hace hoy en día. Estaba incorporado en la Divina Liturgia, por lo tanto, no después Divina Liturgia, sino durante la Divina Liturgia, tal como se hace hoy el misterio de la ordenación por imposición de manos. Se interrumpe en un punto de la Liturgia, tiene lugar el misterio de la ordenación, y continuamos la Divina Liturgia con el diácono o el sacerdote, o el obispo que hayan sido ordenados, participan a partir ya de ese ese momento, desde donde esté establecido. El diácono, después de la realización de los misterios de la Eucaristía, sirviendo y participando en la divina Eucaristía, y el obispo, antes del Evangelio enseña al pueblo, porque esta es la obra por excelencia del obispo. 

Consecuentemente, el matrimonio también estaba integrado con la Divina Liturgia. Esto lo vemos maravillosamente explicado por un escritor eclesiástico del siglo III, Tertuliano, nos dice, "¿Cómo se puede describir la felicidad del matrimonio, que la Iglesia incluye y confirma con la ofrenda de la Divina Eucaristía?" ¿Han visto, por favor, el contexto físico, el espacio físico dentro del cual se celebra el matrimonio?  Es en la Divina Liturgia, el misterio de la Divina Eucaristía. 

Esto, queridos míos, no es un detalle, algo muy esencial. Diría que es el punto más básico de lo que nos centraremos de ahora en adelante en el matrimonio, porque, sencillamente, desde el principio la Iglesia determina que el espacio del matrimonio debe ser eucarístico. ¿Qué significa esto? Significa que el espacio donde se desarrolla el misterio de la Divina Eucaristía, es decier la revelación de modo sensible del Reino de Dios, allí ha de desarrollarse también la boda, porque les dije que el matrimonio es el preludio, misterio éste también, pero el preludio de un gran misterios: el misterio de la unión de Cristo y de la Iglesia.

Los fieles ven ante ellos el matrimonio de dos personas para comprender más profundamente el otro misterio de la unión de cada alma con Jesús Cristo. ¿Qué permanece del antiguo orden? Permanece que el misterio del matrimonio no comienza con el "Bendito sea Nuestro Dios...". La ceremonia del compromiso sí, comienza con el "Bendito sea Nuestro Dios...", pero esto es introductorio, es otro  punto. El misterio principal es el del matrimonio, la ceremonia matrimonial. 

¿Cómo comieza? Comienza, "Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Con el "Bendito sea el Reino..." sin embargo sólo comienza la Divina Liturgia, lo que significa que hemos tomado de la Divina Liturgia la ceremonia del matrimonios, pero aún conservamos un signo que indica dónde se ha tomado el matrimonio. 

Y leemos más abajo en el orden del servicio: “Toma el sacerdote los dos anillos y el uno sobre el otro los pone sobre la santa mesa…”. Esto hoy en las ciudades ya no se hace. Quizás en los pueblos sí, igual lo habéis visto vosotros también. ¿Qué indica esto? Sí, hemos tomado el misterio del matrimonio, pero de modo indirecto; demuestra que finalmente el matrimonio ineludiblemente ha de tener carácter eucarístico. Cuando decimos eucarístico, significa de la Divina Eucaristía; ha de estar unido a ella. Por eso debido a que sobre la Santa Mesa se realiza el misterio de la Divina Eucaristía por eso ponemos los anillos allí; esto significa que los recién casados que se casan durante la Divina Liturgia o después de ella deben comulgar. Entiende un matrimonio sin comulgar los recién casados.

Sí, queridos. Recuerdo un momento en mis comienzos, estaba oficiando algunos misterios para ejercitarme, bodas y bautizos. Y se me acerca a uno y me dice: “mire padre, no diga todas las oraciones, Porque el tren se va y los padrinos tienen que marcharse”. Queridos, han de entender el matrimonio, con todas las excelentes oraciones que se dicen. Y comulgar.

El misterio del matrimonio también comienza con el “Bendito el Reino de Dios…” porque también tiene lugar durante la Divina Liturgia . En las grandes fiestas en lugar del “Himno Trisagio” (Santo Dios, Santo Padre, Santo Inmortal…), ¿que decimos? “Los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo revestíos”. Es en honor al bautizado.

Y tal como los bautizados comulgan, también los que se casan han de comulgar, directamente después de la boda.

Siguiendo el antiguo orden, el arzobispo hace poco, en la Iglesia de los 40 Santos, dio de comulgar a un niño directamente después del bautismo. También a un chico musulmán de unos veintidós o veintitrés años que bautizamos hace poco tiempo comulgó directamente después de la Divina Liturgia. Recuerdo que no había comido desde por la mañana, El día anterior también había ayunado.

Esto significa unir tu bautismo o tu matrimonio con el Vaso de la Vida, con el misterio de la Divina Liturgia. Es decir, que tu bautismo forme parte del misterio de la Eucaristía.

Dice a continuación el orden formal: “El sacerdote se dirige al nartex (habiendo terminado ya la Divina Liturgia), Y da dos velas (cirios), una al novio y otra a la novia. ¿Qué significan estas dos velas? Queridos, preparándose para comulgar, significa que se preparan dentro del misterio para invocar al Espíritu Santo y vivir los dos sus Pentecostés personal.

Cómo el Espíritu Santo, Uno, se distribuye en lenguas de fuego, para demostrar las personalidades no del conjunto, sino de cada uno.

Entonces los dos así se convertirán en “una sola carne”, pero el Espíritu Santo viene a cada uno personalmente. Y habiendo confesado los dos cónyuges, han de vivir el Pentecostés. han de pedir a Dios, ahora que viene el Espíritu Santo, que los bendiga, a la “una sola carne” . Este misterio dice el apóstol Pablo, grande es.

¿Qué pedirán? ¿qué otra cosa han de decir? Sólo pedir, rogar, que su Pentecostés permanezca hasta su última respiración. Que permanezca hasta el sepulcro y más allá del sepulcro; en el matrimonio eterno entre el Cordero, la creación y la Iglesia.

Y continuamos con un último apartado del orden formal. les pregunta el sacerdote como confesión, si quiere la novia al novio y el novio a la novia. Tal como dice en el antiguo orden formal al novio, “¿quieres a la novia”?. “Sí, venerado padre”, responde; Exactamente como responde el que es ordenado monje, a las preguntas del obispo o del higúmeno o abad: “¿Aceptas vivir en el Monasterio?” “Sí, venerado padre”. Y a la novia, “¿quieres al novio?”. “Sí, venerado padre”, responde ella también. ¿Qué demuestra esto? Una condición básica es el requerimiento de la libertad. La Sagrada Escritura estableció esta condición o requerimiento desde un primer momento. Por eso leemos en el libro del Génesis, el primer libro del Antiguo Testamento: Cuando se fue Eleazar el siervo de Abraham a Mesopotamia a la tierra de Abraham para encontrar una esposa para su hijo Isaac, y allí encontró a Rebeca, esta historia es muy hermosa, la utilizo en otros temas. Ahora me quedaré en un punto, cuando Isaac fue recibido en la casa y pidió finalmente la joven como prometida del hijo de su amo, entonces hablaron con la madre, con el Padre y con los hermanos. Entonces llamaron a Rebeca y le dijeron: "¿Quieres irte con este hombre?"

Emocionante y simple conversación familiar. Hablaron los mayores el tema. Y ahora llaman a Rebeca. Le dicen, “¿irás con este hombre?”. Responde: “Iré. Quiero ir”. Simple. ¿Qué sucede aquí entonces? Aquí es necesario un consentimiento mutuo, sincero y sin forzamientos. Y este sincero y sin forzamientos consentimiento mutuo es una condición básica para el matrimonio. Tan básica, como es que el pan y el vino se convertirán en cuerpo y sangre de Cristo en el misterio de la Divina Eucaristía. Tan básico es. 


¿Qué vemos? Vemos que nuestra Iglesia Desde el primer momento respeta la libertad de las personas. Νo impone nada, que no sea libremente. De hecho, lo hace a tal grado que, si supuestamente, uno de los tres, los novios o el sacerdote, obligadamente participan en el misterio, el misterio no es válido. Si a mí, me levantan por la noche con una pistola, y me dicen que realice una boda, y lo hago, queridos, este matrimonio no es válido.


Consecuentemente como caracterizaremos por favor esa violencia que se ejerce a los recién casados, unas veces al novio otras veces a la novia, por terceras personas, Ya sea por los padres o por otros familiares o otras personas que puedan afectarles a fin de cuentas, sea de modo directo o indirecto. Directo, cuando no quería el novio, sino su padre, que se casase con esa chica. O su hija, con este joven, sin querer la chica. Porque así lo quiere el otro, egoístamente. Es terrible. O indirectamente, a la fuerza. Le dice, “escucha hija, este, puede que tenga 30 años más que tú, pero tiene un buen puesto, es rico, y tú eres pobre, ¿dónde encontraremos las dotes? Y la chica con medio corazón, es convencida y obligada y se casa. Estas maneras, por favor, no son buenas.


Recuerdo una vez una conocida mía, había sido profesora mía, muy desafortunada en este tema. Eran los años de la ocupación alemana. Sus padres le obligaron a casarse con uno mucho mayor que ella. Y lo peor, que era tuberculoso. Pero porque era empleado del de la aduana y del ayuntamiento. Y porque era la ocupación, y no estaban muy bien de dinero, colaboraban con algunos comerciantes pasando comida, etc… se apañaban. Le encontraron a él entonces, y para no morir de hambre, dieron a su hija a este hombre. Tuberculoso en estado avanzado. La chica naturalmente tenía sus fuertes objeciones, pero ¿quién la escuchaba? Finalmente se casaron. Y a los pocos meses murió este hombre. La joven se volvió a casar, Matrimonio por segunda vez fracasado. Volvió a casarse una tercera vez, de nuevo no le fue bien. Y no os cuento el resto de la historia, porque es muy triste. Así fue por favor el comienzo de esta joven, y ¿quiénes fueron los culpables? Fueron los padres, obligando a la joven a casarse con alguien que no quería.


Además, por desgracia, se enfocan en las dotes, la cual se considera ya como un elemento básico y transforman el matrimonio en una compra-venta, y de este modo las personas se casan dotes, autoridades, etc. pero no personas. Y porque ella quiere puestos altos, él puede ser 30 años mayor que ella, sólo porque tiene prestigio o dinero, o casarse él con una 50 años mayor sólo porque tiene mucho dinero, y no sé cuántas cosas podemos encontrarnos.

No nos extrañemos entonces si hoy el matrimonio es deshonrado y difamado, si es un elemento de fracaso en nuestra vida social, si comenzamos con tales condiciones. El matrimonio ha de comenzar por la libre, no forzada, condescendencia de ambos miembros. Que digan los dos con su corazón el "sí, quiero". Un "quiero" maduro, un "quiero" que haya sido dicho lo primero de todo por Dios. 

Es característico, he recordado ahora, algo que leí de san Ignacio el Teoforo. Recomendando a san Policarpo, le dice: "El matrimonio que no sea según los hombres, sino según Dios", es decir preguntar también al obispo, preguntar al sacerdote, "¿qué opinión tiene usted, padre, o excelentísimo, sobre este matrimonio? ¿cómo lo ve? ¿irán bien estas personas? Y el obispo que diga el -sí-, o el -no-. 

Recuerdo también hace unos pocos meses, el obispo no estaba, y estaba yo aquí solo en la Metrópoli en Larisa. Vino un sacerdote a decirme que no daba el permiso para la boda a uno de sus parroquia, de un pueblo, porque percibió que el novio tenía cierto retraso mental. La novia era de otro lugar, decidimos avanzar con el tema, pero resultó que tampoco conocía la joven al novio, ni sus padres le había visto bien. Y el resultado fue que vino el hermano del novio a mí, quejándose de que el sacerdote no da el permiso. Y le dije, tenemos que preguntar al obispo, y le enseñé lo de san Ignacio. Finalmente no se realizó la boda, porque mientras tanto observó la supuesta novia de quién se trataba, preguntaron e investigaron algo más, vieron que no era ese novio para la chica, y se levantaron y se fueron. El resultado fue que él denunció al sacerdote. ¿Denunciaste al sacerdote querido? Y si se casaba esta joven con este hombre, que no estaba para casarse, que querría después que pasase? ¿Veis, de qué modo pensamos? Se ha de preguntar por favor, al obispo y al sacerdote. "Padre, tengo pensado casarme con tal, tiene tantos años, se llama tal,etc. Y si no ve nada el sacerdote, "la bendición de Dios que tengáis", y se avanza. Y así ya se tiene la bendición de Dios, superior a la de la Iglesia.

Así, queridos hemos de avanzar, con la bendición de Dios, y con libertad, por favor, con libertad. Es condición básica. 

Esto nos dice el orden formal, en vista a entrar al oficio del compromiso, y a continuacióin al oficio de la boda.    

      

 



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