Si tuviésemos que preguntarnos, preguntarnos queridos, qué es exactamente el cristianismo, no sé cada uno de nosotros qué respuesta tendría. Y precisamente debido a la percepción subjetiva de cada uno respecto al cristianismo, cada unos e siente satisfecho o insatisfecho al ver una u otra manifestación de la Iglesia o de los cristianos.
Si alguien, por ejemplo, piensa que el cristianismo es una causa social que busca satisfacer las necesidades de la gente, principalmente las sociales, como son sobretodo la necesidad de altruismo en el sentido amplio de la palabra: crear, fundar hospitales, instituciones benéficas, residencias de ancianos, jardines de infancia, etc., entonces, si no ven que esto sucede, se posicionan en contra de la Iglesia y dicen que es inactiva y no cumple con su deber.
Otro que piense que el cristianismo es un sistema social, el cual debe cambiar nuestras vidas, y que debe ayudarnos a vivir una vida feliz en la tierra, traer un paraíso a la tierra o, si se desea, el paraíso mejor específicamente en la tierra, sin querer excluir, dicen los defensores de esta posición, el paraíso del cielo, sino crear un paraíso en la tierra. Cuando no ven a la iglesia moverse en el ámbito político, para lograr cambios, entonces se quejan de nuevo de la Iglesia y se vuelven contra ella.
Pero después de todo, ¿qué es el cristianismo? Otros quisieran verlo de forma aislada, que no salga, que sea solo una oración y nada más. ¿Qué es exactamente el cristianismo? Queridos míos, sólo si estudiamos la Santa Escritura correctamente, podremos descubrir qué es el cristianismo. El pasaje del Evangelio de hoy nos da una respuesta. Por supuesto, no es el único pasaje. Pero el de hoy, sobre el cual hablaremos ahora, nos dice que el Señor una vez, en Capernaúm, sanó a un hombre paralítico. Pero antes de sanarlo, le dijo "tus pecados te son perdonados". "Ten ánimo, hijo. Tus pecados te son perdonados".
Si tus pecados te son perdonados. Los fariseos y escribas que los rodeaban comenzaron a quejarse, a murmurar y pensar maliciosamente, diciendo: "¿Quién es este, que se toma el derecho, que abusa?. Un derecho que solo tiene en Dios, de perdonar pecados. ¿Quién es este?". Y el Señor que vio sus corazones les preguntó: "¿Qué es más fácil, perdonar pecados o levantar a uno que llevaba años paralítico en la cama? Mientras que perdonar pecados es incomparablemente más difícil. Porque es, en efecto, potestad de Dios. Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene derecho de perdonar pecados, —¿Por qué? porque es Dios—. Por esta razón, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Y después realizó el milagro de la curación del paralítico. Aquí, queridos míos, primero tenemos, — haciendo un paréntesis sobre el tema con el que comencé—, ¿cómo demostraría el Señor que los pecados de este hombre están perdonados? ¿Tenemos alguna señal exterior? Cuando el sacerdote dice al que se está confesando, tus pecados te son perdonados, tiene él (el que se confiesa) alguna señal exterior? Si una persona le dice a otra, "te perdono tus pecados", ¿cómo puede saber el otro que sus pecados le han sido perdonados? Y lo analizo esto concretamente porque las personas hoy no acuden a confesarse, sino a los psiquiátricos y a los psicólogos, que les hagan psicoanálisis. Entonces, si el psiquiatra le dice al paciente que le visita, te perdono el sentimiento de culpa. ¿Cómo podría saber el paciente que realmente el psiquiatra toma la culpabilidad de su alma? ¿Es algo que se nota? No se nota. ¿Cómo entonces el Señor podría asegurar al paralítico y a los que estaban alrededor, que realmente le habían sido perdonados los pecados? Con un milagro, el cual era muy difícil, y el cual era la demostración de que efectivamente el Señor tenía la potestad de perdonar pecados. ¿Y qué dijo? Después lo dijo, "levántate y anda". De modo que el que viese el milagro, el cual no podía hacer un hombre, creyese que realmente también lo otro sucedió, ¿cual? El perdón de los pecados.
Y vuelvo al tema principal. El señor dijo, ¿qué es más fácil, perdonar pecados o curar a un paralítico? Es mucho más fácil curar a un paralítico. Y aunque el Señor curó con un sólo logos suyo, pongamos, queridos, que este paralítico entró en un hospital y con modernos métodos de ciencia, no al instante, pero pongamos en un mes, o en un año, este hombre es sanado. Es decir, es algo que podría conseguir el hombre, supongamos, a través de la ciencia. Pero preguntamos, el perdón de los pecados, ¿quién puede ofrecerlo? ¿Puede algún hombre? Seguro que no. Entonces, ¿qué es lo primero en el cristianismo? El perdón de los pecados. Y para que sea concecido el perdón de los pecados, ha de existir arrepentimiento.
Entonces queridos, cuando el cristianismo vine al mundo, cuando Cristo viene al mundo, viene a proclamar arrepentimiento, para el perdón de los pecados. ¿Recordáis cómo empezó su predicación el Señor? «Arrepentíos, ha llegado el Reino de los cielos». Era el mismo mensaje que el de Juan. Dónde termina Juan, empieza el Señor. Y allí donde termina Juan con el "arrepentíos", empieza el Señor con el "arrepentíos".
El cristianismo es lo que dijo el apóstol Pablo en su defensa ante el gobernador romano, que "Cristo me ha enviado a predicar la conversión de las naciones y el perdón de sus pecados.
El milagro, sobre el cual la gente se aferra y construyen todas estas diversas teorías, que el cristianismo es un sistema social que viene a satisfacer las necesidades humanas. El milagro, queridos, es secundario. El milagro es una prueba de que los pecados son perdonados, no es el principal elemento. El principal elemento del cristianismo es el perdón de los pecados.
Alguien podría mencionarme ahora mismo otra parte de las Escrituras, diciéndome: ¿El Señor no dijo, "Estaba en prisión, estaba enfermo, tenía hambre y vinísteis a cuidarme"? ¿No tenemos aquí un elemento social? Sí, pero te pregunto. Hermano mío, si ayudas a quienes te rodean, a no ser pobres, a no estar enfermos ni necesitados, pero no les ayudas a arrepentirse para que puedan entrar en el Reino de Dios, ¿qué les has dado?. ¿Qué has conseguido? —Hacer sus vidas mejores.
Y con esto, ¿qué pasa después? ¿Se ha aplicado el propósito del cristianismo? Ciertamente no. Es un elemento secundario, queridos, el de la perspectiva social del prójimo. La perspectiva social del prójimo de modo que se arrepienta y sus pecados sean perdonados, este es el primer propósito. Porque si comemos y bebemos bien, y trasladamos el paraíso aquí a la tierra, no favorecemos al prójimo. Sólo si nos arrepentimos y nuestros pecados son perdonados, entonces entraremos al Reino de Dios. No seamos engañados entonces.
El cristianismo es nuestro regreso, es nuestro camino hacia Dios a través del arrepentimiento y del perdón de los pecados.
Si tal vez os preguntáis, ¿tan grave es el pecado, de modo que si existe en nuestra vida, no podamos entrar al Reino de Dios? Sí, queridos. Es muy grave el pecado.Es inimaginablemente el pecado. No es injusta la Santa escritura cuando dice que los fornicadores no entrarán al reino de los cielos. No es injusta. ¿Cuánto tiempo estuviste cometiendo este pecado? Pero, ¿por qué ser castigados eternamente en el infierno? Dios no es injusto. Queridos, os pondré un pequeño ejemplo, para que entendamos lo grave que es el pecado, o de si ha sido cometido durante un minuto o una hora.
Supongamos que un niño pequeño en este momento perturba nuestra casa, un niño muy pequeño, y yo estoy molesto, y quiero hacer que se tranquilice, y le doy una bofetada. ¿Qué me puede pasar? Como mucho se pondrá a llorar, o si no tiene una madre correcta y con lógica, enfadarse su madre conmigo. ¿Por qué he dicho correcta y con lógica? ¿Podría una madre enfadarse conmigo, cuando su hijo esté molestando en una casa, en la que debería estar tranquilo?
Supongamos, queridos míos, que le doy una bofetada a un señor mayor de entre vosotros. Díganme, por favor, ¿cambia el asunto? Si le doy una bofetada en una aparición pública al Presidente de la República, ¿cómo se verá? Es decir, a medida que crece la persona, así crece la dimensión de la acción, aunque siempre sea la misma. Siempre es una bofetada. ¿Qué es lo que agranda mi acción? Es la persona. Entonces, Dios es infinito y eterno. Por lo tanto, como cada pecado contra mi hermano, o contra mí mismo mí mismo, va dirigido contra Dios, nuestro creador, entonces el pecado adquiere dimensiones infinitas y eternas.
Pregunta San Juan Crisóstomo, "¿de modo que sólo he pecado un minuto, y seré castigado eternamente? ¿No consideras, que Dios es infinito y eterno?". Por eso, queridos míos, el infierno es infinito y eterno. Es decir el pecado es terriblemente grande y no termina nunca, porque Dios es infinito y eterno. Lo mismo ocurre con el bien, porque también se orienta hacia Dios. Aunque surja en un instante, adquiere las dimensiones de lo infinito y lo eterno. Aunque ocurrió en un momento del tiempo, esto adquiere las dimensiones de lo infinito y lo eterno. Por eso el Reino de Dios es infinito y eterno, porque infinito y eterno es Dios.
Pero impresiona que la multitud, el pueblo, cuando vió al Señor perdonar los pecados, y levantar al paralítico, glorificó a Dios. Porque dio al hombre la autoridad de perdonar pecados. ¿Os habéis fijado bien por favor en este punto? Lo repito. "Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres". Así que glorificaron a Dios porque tomaron esta autoridad los hombres. Porque en ese momento en que veían el milagro, veían ante ellos al hombre Jesús. Que Dios, podríamos decir, transmite este poder a un hombre. Porque la multitud no podía comprender en ese momento quién es Jesús Cristo, que es Dios. Veían ante él a un hombre, y este hombre demuestra que tiene la capacidad de perdonar pecados; y prueba de esta capacidad son sus milagros. Es su vida, es su enseñanza, todo esto es la prueba de que el Señor perdona los pecados, es decir, un hombre. Y así es, queridos, como en adelante con el Señor, tenemos el establecimiento del Misterio de la confesión en la tierra. Y este Misterio ya lo administran los hombres.
Como bien señala el Evangelista, la gente glorifica a Dios porque esta autoridad le fue dada a los hombres. Veámoslo en detalle este Misterio de la Santa Confesión. El Señor, con todas estas acciones suyas, no hace más que prefigurar este Misterio de tan gran amor sobre la humanidad. Una vez le dijo al apóstol Pedro: «Te daré las llaves del Reino de los Cielos». Es sabido que la llave es símbolo de autoridad. Quien tiene la llave, es también el dueño de un objeto cerrado, de una caja fuerte, de una casa. Y aquí ahora se presenta el Reino de Dios como un espacio cerrado con una puerta. Y la puerta se abre con una llave, lo que significa: «Te daré el derecho de perdonar o de no perdonar pecados; porque este derecho finalmente introduce en el Reino de Dios. «Amén, os digo, amén, —dice a todos los discípulos—, todo lo que (todo, no hay nada que quede fuera), y todo lo que atéis en la tierra, será atado (es decir no perdonado) en los cielos; y todo lo que desatáreis en la tierra (es decir, perdonado, en la vida presente) será desatado, perdonado, en los cielos.
San Juan Crisóstomo dice muy bellamente, que el sacerdote, todo lo que ata o desata en la tierra, el Señor arriba valida. Dios desde arriba valida. ¿El padre espiritual ha perdonado? ¿no ha perdonado?. Dios valida. ¿Y no podría Dios mismo perdonar pecados directamente? Esta era exactamente la duda de los fariseos. Caemos en el mismo tema inicial. Dios así lo quiere, que medien hombres. Como los milagros que hace en el desierto, con los israelitas, en Egipto con Moisés. ¿Quién decís que lo realiza? ¿Quién lo lleva a cabo? Una vara, la vara de Moisés. Por supuesto, no lo realiza la vara de Moisés, sino Dios con la vara de Moisés. ¿Tenía necesidad Dios de una vara de pastor para llevar a acabo las diez plagas en Egipto, y los milagros en el desierto, y sacar agua de la roca, y cortar el Mar Rojo por la mitad, y así sucesivamente?
Pero así lo quiere Dios. Entonces ahora quiere perdonar los pecados con una estola (epitrachilion). Esta estola es la vara de Moisés, la cual dividió las aguas del Mar Rojo, y el pueblo pasó como por tierra firme y seca. Y pasó de la tierra noética de la oscuridad a la tierra noética de la luz, la tierra prometida. Pero esta estola corta el pecado, ya no la noética tierra Tierra Prometida 21:23 si fuese este reino de Dios. Sino que esta estola es incomparablemente superior a la vara de Moisés que obró milagros en el desierto.
Y cuando el Señor resucitó, en el día de su resurrección, estableció, queridos, este muy filantrópico Misterio, el Misterio que Dios da a la gente como regalo. A los cautivos y a los prisioneros por el pecado y por el Hades. Saben, cuando una gran persona, un rey, celebra, tiene un evento alegre, abre las cárceles y los prisioneros salen. Lo sabemos esto. No a todos los prisioneros, pero digamos, un 5%. Pero aquí ahora, Cristo, el rey eterno del cielo y de la tierra, en su resurrección, en su victoria, viene a dar a todos los prisioneros. Y cuando vinieron sus discípulos el mismo día de su resurrección, estableció el Misterio de la santa confesión, que es el Misterio del perdón y liberación de los cautivos y de los prisioneros, de las ataduras del pecado y del Hades*
* Hades y Paraíso son los estados previos de las almas, antes del Juicio Final. Después serán el Infierno y el Reino de los Cielos
¿Y qué dice a sus discípulos? "Recibid el Espíritu Santo. Os doy la potestad, a quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos". Pero diría alguien, tal vez queda limitado a la época del Señor y de los apóstoles, a una o dos generaciones? No queridos; porque entonces el cristianismo sería algo concerniente a una o dos generaciones, y allí se acabaría. El cristianismo es el amor eterno sobre los hombres. Viene el Señor y dice: "Como me envió el Padre, así os envío yo" A mí me envía el Padre al mundo, y yo os envío a vosotros. Tal como vosotros enviaréis a vuestros sucesores hasta el fin de los tiempos. ¿Cómo lo sabemos? Él mismo lo confirma: "Y estaré con vosotros hasta el fin del mundo". Pero los discípulos murieron. No es hasta el fin del mundo; ¿quiénes son los que estarán cuando se termine el mundo? Los sucesores de los apóstoles. Es decir, el sacerdocio. El sacerdocio que dio a los hombres, y a través del sacerdocio es llevado a cabo todo Misterio, como el Misterio del perdón de lo pecados.
Cuentan, queridos, que una vez un águila, orgullosa ave el águila, fue capturada y fue atada con una cadena. Y permaneció en el lugar de su cautiverio durante bastante tiempo. Hizo muchos intentos de volar, de escapar, de romper sus ataduras. En sus sucesivos intentos, al ver que no tenía éxito, tomó la decisión de no volver a moverse de su posición. Una vez, por algún motivo, fue encontrada sin estar la cadena atada en el otro extremo. El águila estaba quieta, tranquila. No se dio cuenta de que la cadena estaba desatada. Y si quería, podía hacerlo con sus alas y se iría, pero se había desesperado, diciendo "¿cómo es posible ahora que me vaya, si estoy atado?". Así son muchas personas. El Misterio nos fue dado. La cadena fue rota. El perdón fue dado a los hombres. Y los hombres siguen con la impresión de que, ¿quién me perdonará?.
Hermano, ¿quién me perdonará? Ya vino Cristo, vino para perdonarte. ¿Has ido a Él para que te perdone? El Señor clama, "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". ¿Por qué no lo crees esto? ¿Por qué te quedas allí, aunque la cadena se ha roto, te quedas allí y no vas a ser liberado, por qué hermano?
Queridos, cuanto más podamos conocer qué nos trajo Cristo al mundo, tanto podremos reconocérselo, y agradecerle, y glorificarle, por su gran ofrenda, el perdón de los pecados.