Homilías sobre la Santísima Madre de Dios y Siempre Virgen María, por el p. Athanasios Mitilineos

Homilía 1635. Fecha 23-03-1979

 

Innumerables comparaciones existen, queridos, dentro de la Sagrada Escritura sobre la Theotokos* o Madre de Dios, las cuales los sagrados himnógrafos extraen y recogen,  como de una cantera, para presentárnoslas dentro de sus inmortales obras poéticas. 

* Theotokos: del gr. Θεοτόκος, la que ha engendrado o dado a luz a Dios. 


Por esto, el Canon de la Madre de Dios nos muestra un hermoso verso: «Regocíjate, Purísima Madre de Dios, que eres el Palacio del Único Rey». 

Realmente, queridos, Dios no tiene descanso, es decir, Dios no descansa en algún lugar. Dios no habita en algún lugar. Por eso dice el primer mártir Esteban en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, que lo toma de Isaías: «El cielo es mi trono y la tierra estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis?, dice el Señor. O, ¿cuál es el lugar de mi reposo? ?¿No hizo mi mano todas estas cosas?» (Hech. 7, 49-50. Isa. 66, 1-2). Naturalmente, diciendo esto Dios, y repitiendo estas palabras de Isaías el primer mártir Esteban, no quería decir que el templo es no construido, sino que quería decir que no se limita a un templo, que no es no está delimitado. Dios es infinito,  Dios es perfecto. Incluso la imagen que utiliza Dios a través del profeta no es perfecta, porque ni el cielo es el trono de Dios, ni la tierra es el estrado de sus pies, porque Dios está en todas partes. Y por lo tanto es una imagen para demostrar que Dios es infinito y no es posible que sea establecido o que repose en ningún lugar

También Salomón dijo esto durante la inauguración del templo que construyó para Dios. «He aquí que los cielos, y los cielos de los cielos, no son suficientes para contener a Dios. ¿Cuánto menos esta casa que yo he edificado?» (1 Reyes 8, 27). Si el cielo, y los cielos de los cielos, no son suficientes para contener a Dios, ¿cómo es posible que lo que sea el templo que yo te he edificado para ti? 

Y sin embargo, queridos, ahora Dios descansa. Descansa en las entrañas de la Madre de Dios. Descansa dentro de ella la unión hipostática de Dios-Logos. Unión hipostática es la unión del Dios Logos con la naturaleza humana, sin ser dos personas, sino solo una. Hipóstasis e hipostásico quiere decir Persona y Personal [Prósopo, Prosopikó]. Unión hipostática quiere decir unión Personal.

Por lo tanto, no tenemos dos Personas, sino una Persona. Y debido a que la naturaleza humana ya se estableció en las entrañas o seno de la Madre de Dios, y la naturaleza humana está unida con la Persona Divina, con la Segunda Persona de la Santa Trinidad, —esto quiere decir unión hipostática—, entonces Dios, que no tiene descanso, ahora tiene descanso.

Permítaseme decir, que si Dios tiene historia, (Dios no tiene historia, la historia solo describe los hechos), pero permítaseme decir que si Dios tiene historia, es la primera vez en la historia de Dios que tiene descanso [parada, asentamiento]. Dios nunca tuvo descanso. Ahora, por primera vez, en las entrañas de la Madre de Dios,  Dios encuentra descanso. No encontró ni en los ángeles, ni en ninguna creación visible o invisible, sino solo en la Santísima Madre de Dios. 

No podemos, queridos,  diciendo esto, comprender las dimensiones de los conceptos referidos a Santísima Madre de Dios. Por eso ella también es llamada "más amplia que los cielos", porque si ni el cielo, ni los cielos de los cielos, pueden ser descanso, ni trono, ni palacio de Dios, sí la Madre de Dios se convirtió en palacio, en morada de Dios —repito,  debido a la unión hipostática—. Entonces realmente la Madre de Dios, no debido a una denominación encumbrada, no debido a elogiadas y hermosas palabras, sino verdadera y realmente, la Theotokos-Madre de Dios es más amplia que las nubes.

Increíble e inconcebiblemente más amplia que los cielos creados y, permítaseme decir, que los cielos increados. Pero, tras la Madre de Dios por excelencia, la cual trajo al Dios Logos encarnado, cada fiel, queridos, se puede convertir en una 
Theotokos-Madre de Dios. Esto es porque ella era una persona humana. La Santísima Virgen María se convirtió en la Madre de Dios, y debido a que una persona humana se convirtió en la Madre de Dios, cada fiel puede convertirse en Theotokos-Madre de Dios.

 
Como dice san Nicodemo del Monte Atos, cada hombre fiel puede concebir dentro de sí mismo al Dios Logos y engendrarlo. Así pues cada fiel puede convertirse en una miniatura de la Santísima Madre de Dios, en una 
Theotokos. Y consecuentemente convertirse en palacio del Único Rey. Esto no es una exageración, lo dijo el mismo Señor: «El que me ama, mis palabras  guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él» (Jn. 14,23). Al fiel vendré Yo, el Hijo, porque debido a mi unión hipostática con la naturaleza humana, puedo introducirme en un hombre, pero debido a que también estoy unido con la naturaleza divina, mi Persona o hipóstasis divina está unida con el Padre divino y con el Espíritu Santo. Entonces "vendremos a él y haremos morada en él".

He aquí entonces, queridos, como no sólo la Theotokos-Madre de Dios, sino 
cada fiel, por causa de ella, se convierte en una Theotokos y en un Palacio del Único Rey. 

Hacen falta sin embargo algunas condiciones previas. Las dijo el Señor; primero, que le amemos. «El que me ama…». Muchas y repetidas veces hemos dicho que no es suficiente con que alguien diga, "soy un buen cristiano". Si no desarrollas un amor hacia la persona de Jesús Cristo, no es posible convertirse en morada suya. Si  amo al Hijo, entonces a mí me ama el Padre, como dice el mismo Jesús Cristo. «Y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él». (Jn. 14,21). 

Atiendan, por favor a esta palabra: "amo". No es algo abstracto. Esto de "amo", ¿lo han sentido realmente alguna vez? ¿Han amado alguna vez en sus vidas? Lo que sea, persona incluso cosa, si lo han sentido alguna vez intenso dentro de ustedes, diríjanlo ahora hacia la Persona de Jesulús Cristo. Cuando se desarrolla este amor, es el primer elemento básico y condición previa para que venga Dios a morar en nosotros. 

Y el segundo, "mis palabras (logos) guardará". ¿Qué palabras? Todas las palabras que dijo, todo el Evangelio. No puedes amar y no cumplir las palabras. No puedes cumplir las palabras y no amar. No es posible; si amas, las cumples. Cumples lo que Cristo dijo, todo lo que está escrito en el Evangelio. No puedes decir, esto no lo cumpliré, esto no lo aplicaré, o esto no me gusta... Si dices esto, no amas a Cristo. Y si no amas a Cristo, no puedes convertirte en morada suya, en palacio suyo.



Y continúa el sagrado himnógrafo: «Regocijate, trono ardiente del Τodopoderoso».  Regocijate tú, Madre de Dios, que eres el trono ardiente de fuego del Todopoderoso. Nuevamente, queridos, la Madre de Dios es transformada en trono del Hijo de Dios,  repito de nuevo, debido a la unión hipostática, siempre debido a la unión hipostática. 

Este trono de fuego, en el cual se sienta Él, Dios. Este trono de fuego, queridos, lo vio en una revelación que tuvo el profeta Daniel: «Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos y estaba sentado el Αnciano eterno*, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia. Su trono llama de fuego y las ruedas del mismo fuego ardiente» (Dan. 7,9-13). 

Fuego que quema. Realmente la Madre de Dios fue transformada en trono de fuego, como la describe el himnógrafo. Y esto es porque la Madre de Dios recibió este fuego de la divinidad, la segunda Persona de la Santa Trinidad, sin ser consumida.

¿Por qué? Porque Dios es fuego consumidor, y la Madre de Dios no fue consumida, no fue abrasada, cuando vino el Hijo y Logos de Dios y moró en ella. Sino que, al contrario, se convirtió en trono de fuego, y se sentó el que estaba sentado sobre él.

Pero nosotros también, queridos, respectivamente, no sé si lo han pensado, lo que se dice respecto a Jesús Cristo, se dice respecto a la Theotokos-Madre de Dios; y lo que se dice respecto a la Theotokos-Madre de Dios, en su medida y en su correspondencia, se dice también respecto a nosotros, los fieles. Y a cada fiel le es posible convertirse en trono ardiente de la divinidad. 

¿Cómo puede convertirse? Lo dice el profeta Isaías. Cuando el ángel tenía en su mano un carbón encendido, y lo coloca entre los labios del profeta, y le dice, «Ηe aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpiο tu pecado» (Isaías 6,7). ¿Cuál es este carbón encendido? Es el cuerpo y la sangre de Cristo; la Divina Comunión, es decir, el mismo Cristo. No lo olviden esto, la Divina Comunión es el Logos esencial* 

* Logos esencial, [en gr. "Ενυπόστατος Λόγος" [Enipóstatos Logos]], aquel que tiene Esencia o Sustancia (ουσία, [usía]), que corresponde a la realidad; existente, real (v. Diccionario Bambiniotis). "Dios siempre tiene su Logos, nacido de Él. No es inexistente ni está disperso en el aire como nuestras palabras, sino que es sustancial, vivo, perfecto. (San Juan Damasceno "Exposición Exacta de la Fe Ortodoxa"). 

 

No lo olviden esto, la Divina Comunión es el Logos Esencial, que se hizo hombre. Ha recibido unión hipostática la Divina Comunión. No es simplemente Jesús, no es la carne humana de Jesús, sino la carne humana de Jesús unida siempre con el Logos divino. Por lo tanto, si comulgamos el cuerpo y la sangre de Cristo, repito,  comulgamos con este Dios Logos debido a su unión y hipostática. Y el hombre,  habiendo recibido este carbón encendido, se convierte también él en trono de fuego.

¿Se quema? No se quema cuando es fiel y cumple las condiciones necesarias. Se quema, cuando se acerca al Misterio de la Divina Eucaristía sin creencia ni fe Entonces se quema, sí. Y muchas veces, queridos, ha sido presenciado este milagro. Hombres que comulgan indignamente, esta indignidad se encuentra principalmente en la incredulidad. No se queman simplemente por una vida impura, sino por su infidelidad. Cuando alguien se acerca a comulgar con infidelidad, indignamente, [ver 1 Cor. 11,27], entonces Dios puede permitir (no lo permite siempre), que este hombre comience a quemarse, y a vocear "¡me quemo!". Muchas veces ha sucedido esto. Porque Dios es "fuego consumidor" (Hebr. 12,29). 

Pero si no se queman todos, no hemos de olvidar otra cosa, de la imagen del trono de fuego, que «un río de fuego procedía y salía delante de él» (Dan.7,10). Y esto atención es el prefacio del infierno. Así, el cuerpo y la sangre de Cristo puede ser como la Theotokos-Madre de Dios, un trono de fuego, pero puede también convertirte en ceniza si no tienes cuidado. 

Así, queridos, si cada fiel puede convertirse en "palacio del Único Rey" y "trono de fuego" suyo, esto es debido a la Madre de Dios. Ella abrió el camino. A ella le debemos el gran favor. Si no fuera por la Theotokos-Madre de Dios, nosotros estaríamos privados de tales valores, de tales logros y de tales ventajas. De ella es el éxito, nosotros la seguimos. Por eso la alabamos, por eso la glorificamos, la honramos y la imitamos. 

 

 

Santa Sión (Lesbos)

 

 

 

 

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