Domingo XIV de Mateo. «Parábola de las Bodas Reales» (Mat. 22, 2-14). Ev. Maitines 3. Tono pl. del 1º.
Evangelio de Maitines 3. Según San Marcos 16, 9-20.
9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.
12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. 13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.
14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.
Epístola de San Pablo a los Corintios (2 Cor. 1,21-2,4)
21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, 22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.
23 Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. 24 No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes.
Esto, pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza. 2 Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegre, sino aquel a quien yo contristé?
![]()
3 Y esto mismo os escribí, para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. 4 Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.
Evangelio Según San Mateo 22, 2-14.
«Parábola de las Bodas Reales»
2 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; 3 y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas estos no quisieron venir. 4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; 6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. 7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. 9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
HOMILIA. DOMINGO XIV DE MATEO (Mat. 22, 2-14). LA PARÁBOLA DE LAS BODAS REALES.
Un rey, comenzó a decir el Señor la parábola, preparó una mesa oficial para la boda de su hijo. (Es decir, Dios ha preparado en los Cielos un Reino de deleite absoluto). Entonces envió a sus siervos para que llamasen a los invitados a la cena. Pero ellos no quisieron ir. De nuevo el rey envió a otros siervos, y ahora con mayor insistencia dijeron: "adelante, está lista la mesa. La carne de matanza espera cocinada. Todo rico. Venid a la alegre fiesta de la boda".
Nada. Absoluta indiferencia.
Uno se fue a su terreno, otro a sus negocios. Y otros descaradísimamente, no bastándoles con rechazar la invitación, cogieron a los siervos del rey y los mataron.(Se trata de cómo se comportó el pueblo israelita ante la invitación de Dios mediante los santos profetas).
Se enfadó entonces el rey y envió a su ejército para que aniquilasen a los asesinos aquellos y a su ciudad. (Este castigo lo recibieron los judíos por parte de los romanos, quienes destruyeron Jerusalén en el año 70 d.C.).
- Mis invitados se han mostrado indignos, dijo entonces el rey a sus siervos. Id ahora entonces fuera de la ciudad, a los cruces y a las salidas de los caminos, y a todos los que veáis, invitadles. (La invitación ahora se dirige a los gentiles, es decir, a las naciones idólatras).
Fueron los siervos, y a todos cuanto vieron, buenos y malos, los invitaron. El patio del palacio se llenó de gente.
Dentro de poco iba a empezar la gran y deleitosa celebración. Entró entonces el rey para ver a los invitados. Todos ellos estaban con los trajes oficiales y vestuario lujoso preparados para este jubiloso banquete real, el cual obviamente fue preparado por el servicio real, aunque muchos de ellos eran pobres.
Uno de ellos sin embargo estaba con la ropa normal de a diario, porque no pidió que le diesen el vestuario apropiado para la ocasión.
-Amigo mío, ¿cómo has entrado aquí sin estar vestido de boda?
Se quedó mudo el otro. Ya ves....por mi vaguería.
- Sacadle de aquí, ordenó el rey, y echadle atado fuera, a la densa oscuridad (al infierno). Allí donde es el llanto eterno y el horror interminable. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos...
* * *
"¿Cómo has entrado aquí sin estar vestido de boda?"
A esta mesa de celebración, amigo mío, todos estamos invitados. Y el traje de boda apropiado, la ropa lujosa y elegante, nos diferencia. ¿Sabes cuándo la recibiste tú? El día en que te bautizaste. Entonces, nada más salir de la Santa Pila Bautismal, vestido todo de blanco, tuvo lugar un baile, un recorrido por el templo, en e cual participaste tú, mientras que los salmistas salmodiaban: "porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos". Os habéis vestido de Cristo, vosotros que os habéis bautizado en el nombre de Cristo.
Esta vestimenta del alma que llevabas puesta entonces, estás llamado, tú y yo también, a mantenerlo limpio. No lo manchemos, no lo inutilicemos con nuestros pecados. Cada pecado es, diríamos, una rotura en la ropa. ¿Y con la ropa rota te puedes presentar a una boda oficial?
¿Cuál es aquí la mesa oficial? Como hemos dicho, es el Reino de los Cielos, la Realeza Increada. Y en esta vida es la sobrenatural Mesa de la Divina Comunión.
Pobre de nosotros si nos acercamos de cualquier manera a esta mesa. Es necesario tener mucho cuidado. No estropeemos nuestro vestido, no pequemos. Al contrario, con las virtudes divinas, embellezcamos este lujoso atuendo, de modo que lo hagamos cada vez más hermoso, más caro, más brillante.
Para que entre el Rey, Dios, y caiga Su ojo sobre nosotros. Y que admire el lujo de nuestro vestuario.
Entonces os honrará. Como él sabe. ¡Como a reyes!...
Del libro "Háblame, Cristo. Mensajes para jóvenes de los Evangelios de los Domingos". Archim. Apóstolos J. Tsoláki. Ed. Sotir.



