Sobre el Sacerdocio Eterno de Jesús Cristo. Moisés como precursor.

Homilía del Archimandrita Athanasios, de la serie Números, Antiguo Testamento. 

Fecha de la homilía: [07-10-1981].

 

Estamos queridos en el capítulo 20 del Libro Números. «Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y acampó el pueblo en Cades; y allí murió Mariam, y allí fue sepultada» (Núm.20,1) 

Hasta el capítulo anterior, habíamos analizado todos los temas y los incidentes mencionados durante los primeros dos años del Éxodo. Ahora, en el capítulo veinte, llegamos al año cuarenta. Y como observarán, se han cumplido 38 años de esclavitud. No sabemos nada, no tenemos la descripción de ningún acontecimiento, sino sólo el de que esperaban a que muriese el pueblo "antiguo", es decir los 600.000 hombres que fueron censados, —terrible—, mientras que esperaban que creciesen los menores de 20 años, para formar el nuevo pueblo de Dios, para entrar en la tierra de Canaan.  

Capítulo 20 entonces, año 40 del pueblo en el desierto. Y aquí con mucha brevedad  nos dice que Mariam murió, allí en Cades, y fue enterrada. No dice nada más en particular sobre su muerte. Ella fue una persona importante, independientemente del caso en que María había estado celosa y había acusado a su nuera, la esposa de Moisés, diciendo que no era hebrea. Aparte de esto, por lo cual recibió un castigo por Dios, Maríam como os he dicho fue una persona importante. Si tuviese que escribir alguien algo sobre ella, seguramente tendría bastantes cosas importantes que escribir. Recordemos su obra, siendo una niña pequeña, cuando pone la cesta con el pequeño Moisés a orillas del río Nilo. [2:50...] [Ver liberación de Moisés, Éxodo cap.1 y 2] *

 

...[50:45 Pero cerraremos el capítulo con una última observación. Entonces ellos se van de allí, van por otro camino, ya que no se les permitió pasar por el lado sur, y muy pronto pasarían a la Tierra Prometida, se van de allí y se dirigen al Monte Hor. 

«Y partiendo de Cades los hijos de Israel, toda aquella congregación, vinieron al monte de Hor. 23 Y Jehová habló a Moisés y a Aarón en el monte de Hor, en la frontera de la tierra de Edom, diciendo: 24 Aarón será reunido a su pueblo, pues no entrará en la tierra que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento en las aguas de la rencilla. 25 Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor, 26 y desnuda a Aarón de sus vestiduras, y viste con ellas a Eleazar (quien a partir de ahora será sumo sacerdote) su hijo; porque Aarón será reunido a su pueblo, y allí morirá.» [Núm. 20, 22-26]  

Subieron al monte, aquí Moisés no se quejó [como su pueblo todo el tiempo anterior]. Dijo Dios, aquí morireís, porque me llevásteis a ira en las aguas de la contradicción. Y tú morirás [a Moisés], pero un poco más tarde. Y efectivamente Moisés murió unos meses después.      

Suben arriba, allí fallecería Aarón. Atended, qué palabra dijo. "Para que sea añadido Aarón a su pueblo". Después dice, "porque Aarón será reunido a su pueblo, y allí morirá" (Núm. 20,26). ¿Sabéis, queridos, a quién debía ser añadido Aarón? A los que habían fallecido antes que él. Abraham, Isaac, Jacob, los doce Patriarcas. Todos los que formaban parte de su pueblo. Y alló donde estaban, estaban vivos. Entonces ahora Aarón será sustraído del pueblo terrenal y será añadido al pueblo de aquellos que partieron. No de nombre, sino de verdad. Un pasaje que demuestra que las almas no mueren. ¿Y a qué esperaban allí? Estos Justos del Antiguo Testamento esperaban el descenso de Jesús Cristo al Hades, para que los tomase de allí y los llevase al Paraíso, su Paraíso perdido. Allí los llevaría después Cristo. ¿Y ahora dónde están?Están bajo el Trono de Dios, y esperan la resurrección de los muertos. 

De modo que están vivos. También allí está Moisés, también Aarón, y todos los Justos del Antiguo Testamento. Y esperan la resurrección de los muertos. De allí vino Moisés, y él estaba en la transformación con Cristo. De allí vino Moisés y se presentó en la Transfiguración de Cristo. De allí vino, de donde había sido añadido, y que regresa de nuevo, y se vuelve a ir, y se dirige allí; de modo que no hay nadie muerto para Dios.  

Y aquí, queridos, algo muy conmovedor. Cuando subieron a la montaña, Moisés se quitó la túnica de sumo sacerdote, que él mismo le había puesto su hermano Aarón; se la quitó y se la puso a Eleazar. E inmediatamente Aarón, allí mismo, frente al pueblo, se tumbó y murió. Como saben, los santos no mueren violentamente (salvo excepciones). Muchas veces, los santos mueren como si recibieran un aviso, una señal: "Mañana morirás".

Una vez, no recuerdo qué santo es, pidió a Dios no morir el día siguiente, [tal como le había sido dicho], sino a los dos días, porque tenía que hacer algo importante. Es decir acordó con Dios cuándo moriría. Sorprenddente. Toda esta historia recuerda lo que les sucede a los hombres santos. Y en este caso, vistiendo al sumo sacerdote, y vistiendo a Eleazar, significa que el sacerdocio está dirigido a hombres mortales.

Pero cuando Cristo se convirtió en nuestro gran Sumo Sacerdote, resucitó y está en en los cielos, e intercede por nosotros como gran Sumo Sacerdote y ya nunca muere, por eso Cristo no tiene necesidad de ser sucedido por nadie.

He aquí cómo lo dice el apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos:

«Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.» (Heb. 7,23-28)

Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos, es decir, Jesús Cristo. Este era el antiguo sacerdocio, y este es el nuevo de Jesús Cristo.

Esto, queridos, quería deciros hoy, y si Dios quiere continuaremos el próximo Miércoles   


* Moisés es precursor de Jesús Cristo, el Gran Sumo Sacerdote.


  

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