En la historia de la humanidad, solo hay dos eventos
importantes que Dios anunció por medio del Arcángel Gabriel. Estos son el
nacimiento del Hijo Pre-eterno de Dios en la carne y el nacimiento del
Precursor y Bautista Juan, el más grande de "los nacidos de mujeres"
(Mateo 11:11), según las palabras del Señor Jesús Cristo. El nacimiento del
precursor sigue al milagro de desatar la lengua (recuperar el habla) de su
padre Zacarías, que el Arcángel ató (le enmudeció) porque no creyó en sus
palabras.
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Su nacimiento fue glorificado con la palabra profética de
Zacarías, quien dijo: "Y tu, niño, serás llamado el profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor para preparar sus caminos, para dar conocimiento
de la salvación a Su pueblo por medio de la remisión de sus pecados, a través
de la gran misericordia de nuestro Dios, cuando amanezca sobre nosotros el sol
de los cielos, para iluminar a los que se sientan en la oscuridad y la sombra
de la muerte, para guiar nuestros pies en el camino de paz "(Lucas 1: 76-79).
Toda la vida del Precursor fue una vida dura. Con respecto a
los años de su infancia, solo sabemos lo que nos dice el Evangelista Lucas, en
otras palabras, "creció y se fortaleció en espíritu, y estuvo en el
desierto hasta el día de su ministerio público hacia Israel" (Lc . 1:80).
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No sabemos con certeza cómo y cuándo se encontró a Juan en el desierto. Según
la tradición, el rey Herodes, después de la matanza de los niños en Belén,
quiso matar a Juan, pero no pudo encontrarlo. Esto le puso muy furioso y ordenó
que mataran a su padre Zacarías. Su madre, al enterarse de que los soldados
estaban buscando al niño, se lo llevó a una desolada región montañosa. Habiendo
vivido poco tiempo, su madre murió y el pequeño Juan se quedó solo en el
desierto.
No sabemos cómo el Señor lo alimentó, cómo lo protegió de
los animales salvajes, ni tampoco sabemos cómo aprendió el joven Precursor a
comer langostas y miel silvestre. Pero creemos firmemente que para Dios todo es
posible.
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Vease, por lo tanto, que desde el principio, la vida de aquel quien
sería llamado el mayor de los "nacidos de mujeres" (Mateo 11:11) fue
una vida sin precedentes. Permaneció en el desierto totalmente solo hasta los
treinta años. ¿Qué hizo él en el desierto? ¿De qué se ocupaba? No tenía ningún
trabajo manual, ni tenía libros, ni sabía letras.
Las biografías de los grandes filósofos, como Descartes y
Kant, relatan que estos hombres pasaron días y noches enteros sentados en sus
sillones, absortos en sus pensamientos. La filosofía es profunda, pero aún más
profunda es la contemplación teológica, la forma más grande de oración, que los
santos padres llaman oración noética. La profundidad de la comunión en espíritu
que los santos tienen con Dios es inconcebiblemente grande.
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| Cabeza de San Juan, conservada incorrupta, 2000 años después |
Durante 91 años, el
Venerable Pablo de Tebas vivió en el desierto desconocido para el mundo,
teniendo comunión solo con Dios. Durante noches enteras hasta la salida del
sol, Arsenio el Grande permanecía con las manos levantadas hacia el cielo.
Durante mil días y mil noches, el Venerable Serafín de Sarov oró a Dios
arrodillado subido a una roca. Probablemente este mismo fue el trabajo de Juan
el Precursor durante su estancia en el desierto.
En la incesante contemplación de Dios y de los destinos del
mundo, en profunda comunión de oración con Dios, su espíritu creció y su
comprensión de los caminos de la salvación aumentó, lo cual enseñaría a las
personas que se estaban perdiendo en sus pecados. Tendría que cambiar sus
pensamientos y los sentidos de la gente para profundizarlos, instarlos a que se
arrepientiesen y cambiasen sus formas malvadas y perversas.
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| La Concepción de San Juan el Precursor de Cristo. |
Este fue aproximadamente el propósito que Dios predestinó
para Su gran Precursor: preparar el camino para nuestro Señor y Salvador
Jesucristo. Esta es precisamente la razón por la que toda su vida, desde una
edad temprana hasta el momento en que comenzó a predicar en las orillas del río
Jordán, no tenía precedentes y era desconocida. Esta predicación del
arrepentimiento atrajo hacia él a miles de personas sumergidas en la futilidad
de la vida mundana.
Glorifiquemos y agradezcamos a nuestro Señor y Dios, quien
envió a nuestro mundo pecador al más grande de todos, al asceta y predicador de
la verdad superior, al Precursor Juan. Y en este día bendito que está lleno de
gracia, su día de nacimiento, doblemos nuestras rodillas y nuestros corazones,
alabándolo y glorificándolo. Amén.




