EPISTOLA A LOS HEBREOS

 

INTRODUCCION


Es uno de los libros más importantes del Nuevo Testamento y no menos importante que el resto de las cartas del apóstol Pablo. Un escrito de carácter apologético que demuestra sistemáticamente la superioridad insuperable del cristianismo y del Nuevo Testamento sobre la religión israelí y el Antiguo Testamento. Poniendo de manifiesto la insuficiencia del sacerdocio levítico y de los sacrificios ofrecidos en el Templo de Jerusalén, destaca el sacerdocio eterno e irremplazable de Cristo. Él, como gran y eterno Sumo Sacerdote, después de ofrecer una vez y para siempre su propia sangre por los pecados de su pueblo, entró en el verdadero Santuario, el Cielo, y así se convirtió en nuestro precursor y estableció la libre entrada al Cielo también para nosotros. Con todo esto por lo tanto se convirtió en intercesor para la eterna salvación.

Sin lugar a duda, la Epístola a los Hebreos en cuanto a las ideas y enseñanzas desarrolladas en ella, está relacionada con las otras epístolas de Pablo. A través de sus páginas sentimos brotar el espíritu de las líneas principales de la enseñanza de Pablo. Sin embargo, también presenta diferencias con las demás epístolas, principalmente en el estilo. Por eso, si bien no se discutía su apostolicidad y su inspiración divina, desde la antigüedad circulaba la opinión según la cual “los significados del Apóstol son, pero las frases y la composición” son de uno de los seguidores de Pablo (de Lucas o de Apolo o de Clemente de Roma), quien memorizó las enseñanzas apostólicas y las expresó libre pero fielmente. Por eso fue aceptado por Orígenes que “no es casualidad que nuestros hombres antiguos nos lo entregaron como epístolas de Pablo”.

La carta fue escrita a cristianos que eran judíos, que estaban siendo probados y estaban conmocionados. Probablemente fue enviado desde Roma poco antes de la destrucción de Jerusalén, es decir, alrededor del año 70 d.C.







EPISTOLA A LOS HEBREOS




CAPITULO 1
 
Vers. 1-3. Jesús Cristo es el eterno Hijo de Dios que se hizo hombre. 

1. Muchas veces y de muchos modos, en los antiguos tiempos de la época anterior a Cristo, hubo hablado Dios a nuestros antepasados con la boca de los profetas. Pero en estos tiempos finales, en que ha terminado la época del Antiguo testamento, nos ha hablado a través de su Hijo,


2. a quien constituyó heredero y señor de todas las creaciones. Por medio de él Dios creó todo lo que sucedió en el tiempo. 


3. Él existía antes de la creación y era radiante resplandor de la gloriosa naturaleza del Padre. Era luz de luz y coeterno con el Padre, dado que el Padre siempre irradiaba y nunca fue un sol apagado. Era además exacta impronta e imagen viva de la naturaleza del Padre, es decir igual e idéntico con el Padre. Y todo lo rodeaba y dominaba con su mando todopoderoso. Él, habíendose hecho hombre y con el sacrificio de su sangre, él mismo nos purificó de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la majestuosidad del Padre; es decir fue honrado y glorificado por Dios también como hombre. Y fue elevado a mayor altura que toda la creación, porque se sentó también como hombre en el mismo trono de Dios.   

 

 

Vers. 4-14. Cristo es incomparablemente superior a los ángeles. 


4. Y resultó ser también como hombre tan superior en dignidad y poder que los ángeles, como superior, distinto y más excelente que ellos, es el nombre que ha heredado, el nombre de hijo Monogénito ο Único. 

 

5. Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: "Tú eres mi Hijo, yo hoy te he engendrado?". Es decir con la resurrección y con la ascensión he glorificado y he divinizado la naturaleza humana que de modo sobrenatural, por el Espíritu Santo y María la Virgen, te he dado hoy. Y otra vez en otra parte de la Sagrada Escritura dijo Dios: "Yo seré Padre a Jesús que se hizo hombre, y él me será a mí hijo?"


6. Pero cuando Dios presente al Hijo, engendrado del Padre antes de la creación, para juzgar al mundo con gloria y poder, dice: «Y adórenlo todos los ángeles de Dios». Por lo tanto, el Hijo hecho carne es Señor también de los ángeles.  


7. Y sobre los ángeles dice: «Dios hace a sus ángeles rápidos y etéreos como los vientos, y a sus ministros que le sirven enérgicos y refulgentes como llama de fuego. 


8. Pero con respecto al Hijo dice: «Tu trono real, oh Dios, permanece firme e inamovible por los siglos de los siglos. Tu cetro real es cetro y autoridad de rectitud y de justicia».


9. «Has amado la justicia y odiado la injusticia. Por eso, Dios, tu Padre, quien en cuanto a tu naturaleza humana es tu Dios, te ha ungido con la unción del Espíritu Santo, que ofrece alegría y regocijo sobre quien lo recibe. Y te dio esta unción incomparablemente más perfecta que la de los que participan contigo en esta unción. Porque no te dió a ti también el Espíritu Santo en un grado delimitado, como a los otros fieles, sino que te lo dio por completo».       


10. Y dice nuevamente la Santa Escritura sobre el Hijo: «Tú, Señor, en el principio de la creación la tierra instauraste y obra de tus manos son los cielos. 


11. Estos perderán su forma actual y desaparecerán. Pero tú permaneces invariable e inmutable. Y todo el mundo se envejecerá como una vestimenta, 

 

12. y tú le darás la vuelta y lo envolverás como una prenda exterior que llevan los hombres; cambiará y se hará nuevo.  Pero tú eres siempre el mismo y tus años serán interminables.» 


13. Con todo, ¿a cuál de los ángeles dijο jamás el Padre celestial: «Siéntate ahora a mi derecha, hasta que someta a tus enemigos vencidos bajo tus pies como estrado, para que tengas eterna e indiscutiblemente el poder"? A nadie.»


14. ¿No son todos los ángeles espíritus servidores, que actúan no por su propia voluntad, sino que son enviados por Dios para servir a aquellos que heredarán la vida eterna?



CAPITULO 2

Vers. 1-4. El peligro ante el descuido de nuestra salvación   

1. El Hijo entonces es incomparablemente superior a los ángeles. Por eso nosotros debemos prestar más atención a lo que hemos escuchado en la predicación, porque son las palabras del Hijo y de sus apóstoles. Es urgente prestar atención, no sea que, por descuido, nos dejemos llevar y nos desviemos. 


2. ¡Ay de nosotros si nos apartamos! Porque, si la ley que anunció Dios a Moisés  por medio de ángeles, era firme y eficaz, y toda transgresión y desobediencia recibía su justa retribución y castigo, 


3. ¿cómo nosotros escaparemos del castigo si descuidamos una salvación tan grande e importante? Esta salvación no fue dada a conocer por ángeles, como la ley, sino que, después de que el Señor mismo comenzó a predicarla, nos fue transmitida como cierta y digna de confianza por los apóstoles, quienes la oyeron directamente de boca del Señor. 


 4. Junto con el testimonio de los Apóstoles, Dios también testificó y confirmó la predicación con milagros, obras asombrosas, diversos poderes sobrenaturales y dones divinos, que el Espíritu Santo distribuyó entre nosotros, los creyentes, según la voluntad de Dios.

 

 

Vers. 5-18. El resultado de los sufrimientos de Cristo

5. Pero debemos tener mucha atención en quién es el que nos predica esta salvación. Porque Dios no sometió el nuevo mundo, que había de ser establecido por el Mesías y del cual hablamos, a los ángeles, sino que lo sometió a él.


6. Dio además su testimonio alguien de cierta parte de las Escrituras y dijo: «Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, o la descendencia del hombre para que la visites y la cuides?» 

 

7. Le hiciste algo inferior a los ángeles y le coronaste con gloria y honor como rey de la naturaleza.


8. Todo lo has sometido todo bajo sus pies». Entonces, al someterlo todo a él, no dejó nada que no le estuviera sometido. Pero ahora todavía no vemos que todo esté sometido, ni siquiera Jesús, el perfecto representante de la naturaleza humana, puesto que ni él mismo es reconocido por todos como rey y redentor, y su Iglesia es perseguida y puesta a prueba. 


9. Vemos a Jesús, quien por un breve tiempo, durante el cual murió y fue sepultado, fue inferior a los ángeles inmortales, porque, a causa del sufrimiento que le causó la muerte, fue coronado de gloria y honor. Y sufrió el sufrimiento de la muerte por la gracia que Dios quiso conceder a la humanidad. Es decir, para que Dios perdonara a la humanidad, Jesús tuvo que probar el amargo cáliz de la muerte por todos.

 


10. Porque era justo que Dios, quien creó todas las cosas, a quien todas las cosas aspiran y quien las dirige a su fin perfecto, no permitiera que su plan para con el hombre se viera frustrado. Por lo tanto, para llevar a muchos a la gloria, era justo que demostrara ser un Salvador perfecto y que elevara a la gloria perfecta al autor y causa de su salvación. Y esta elevación se llevó a cabo mediante sufrimientos y una muerte cruel. Con estas cosas Jesús Cristo expió nuestros pecados y se mostró como un Salvador perfecto.


11. Existe una estrecha conexión entre el autor de la salvación y aquellos que son salvados por medio de él. Porque tanto Jesús, que nos santifica y salva, como nosotros, que somos santificados y salvados, procedemos de un mismo Padre. Por esta razón, Jesús no se atreve a llamar a todos sus hermanos, 


12. diciendo: Anunciaré y confesaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación cantaré tus alabanzas.

 

13. Y de nuevo, demostrando que se hizo semejante a nosotros y se relacionó con nosotros, dice: Yo, el Mesías, como hombre, basaré mi fe en él, Dios y Padre. Y de nuevo dice: Aquí estoy yo y los hijos que Dios me ha dado.


14. Puesto que los hijos de Dios son hombres y han participado de la naturaleza humana débil y corruptible, por esta razón Él también participó de esa misma naturaleza y se hizo verdaderamente hombre, para anular con su muerte al que tenía el poder y el dominio de la muerte, es decir, al diablo. 


15. Y así liberar a aquellos que, por el temor a la muerte, permanecían durante toda su vida esclavizados por la ansiedad y la angustia, por miedo a morir y ser privados de esta vida presente, y sufrir los tormentos de la condenación después de la muerte.


16. Por lo tanto, era necesario que el Hijo se hiciera humano, porque sin duda Él no viene a ayudar a los ángeles, por lo tanto, puesto que los ángeles son incorpóreos, no necesitaría tomar carne; sino que viene a ayudar a los descendientes de Abraham. 


17. Por lo tanto, para ayudar a la gente, tuvo que ser semejante a sus hermanos en todo, y convertirse en un Sumo Sacerdote compasivo y digno, de modo que cada uno de nosotros confíe en él; un Sumo Sacerdote aceptable para aquellas cosas que deben hacerse y ofrecerse a Dios para la expiación y el perdón del pueblo. 

 

18. Y se compadeció de nosotros por su semejanza; porque, puesto que él mismo padeció y experimentó tentaciones, con gran compasión, recordando lo que él también padeció, ayudará a los que son tentados y puestos a prueba.

 

 

 

 

CAPITULO 3 

Vers. 1-6. Cristo incomparablemente superior a Moisés

1. Por lo tanto, santos hermanos, que participan del llamamiento que el Dios que está en los cielos les ha hecho para heredar las bendiciones celestiales, conozcan bien a aquel a quien Dios nos envió y que es el Sumo Sacerdote de nuestra confesión y fe, es decir, a Jesús Cristo. 

 

2. Quien mostró ser un fiel guardián del mandamiento que le confió el Padre, y por ello goza de la plena confianza de Dios, quien lo hizo apóstol y sumo sacerdote, tal como Moisés fue fiel a todo el pueblo de Israel, que era la casa de Dios. 


3. Conoced bien quién es Jesús, porque se le ha considerado digno de mayor gloria que Moisés. Y es tanto mayor esta gloria suya, puesto que quien construyó y preparó la casa tiene mayor honor y valor que la casa misma. Es decir, mientras que Moisés era miembro de la casa, Jesús es su creador y dueño. 


4. Porque toda casa es construida por alguien, y el que creó y dispuso tanto la casa teocrática de Israel como la nueva casa de la Iglesia cristiana, y también todas las creaciones, es Dios. 


5. Y Dios puso a Moisés como su confidente en toda su casa, como gobernante sobre los siervos, para que diera testimonio válido de las cosas que Dios había de decir a los israelitas. 


6. Pero Cristo es fiel como Hijo sobre la casa de Dios Padre, que es también la casa del Hijo. Y nosotros, los cristianos, somos ahora la casa de Dios y de Cristo, si en verdad mantenemos firme e inquebrantable hasta el fin la valiente convicción y la esperanza de las que nos gloriamos. 



Vers. 7-19. La infidelidad de los israelitas.

7. Por lo tanto, hermanos, tengan cuidado de cómo viven, como dice el Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo dice por medio de David: Mientras estén en esta vida presente, que puede llamarse "hoy", si escuchan la voz y los mandamientos de Dios, 


8. no endurezcan sus corazones por la desobediencia, como sucedió en el tiempo en que me enojé y me provoqué, el día en que los israelitas pusieron a prueba y desafiaron mi poder y mi justicia en el desierto. 


9. Allí en el desierto vuestros padres me provocaron, pusieron a prueba mi fuerza y ​​mi bondad con su indisciplina. Y sin embargo yo no les abandoné. Y aunque ellos no se corrigieron, vieron mis gloriosas obras durante cuarenta años que estuvieron en el desierto.  


10. Por lo tanto, me enojé con esa generación y dije: "Siempre se extravían en sus propios corazones; no quisieron conocer los medios de mi providencia con los que fueron protegidos". 


11. Y fueron tan grandemente engañados que juré, cuando me enojé con ellos, que no entrarían en la tierra de descanso que prometí a sus antepasados.

 

12. Así pues, hermanos, tengan cuidado de que no se endurezca ni se vuelva incrédulo el corazón de ninguno de ustedes. Y se endurece el corazón con el distanciamiento de Dios, quien vive y no está ocioso, sino que sanciona a los que se apartan de él.

 

13. Pero anímense unos a otros cada día, mientras haya tiempo en esta vida presente a la que Dios los ha llamado. Exhórtense y corríjanse unos a otros, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado. 


14. Debéis animaros y edificaros unos a otros, porque se trata de conservar o perder el bien superior. Porque hemos llegado a ser partícipes de la vida y los dones de Cristo, si en verdad mantenemos firme hasta el fin de nuestra vida la fe con la que comenzamos, sin quebrantarla,


15. en la cual se dice: Hoy, si escucháis mi voz, no endurezcáis vuestros corazones, como sucedió en el tiempo en que los judíos me desafiaron en el desierto.

 

16. El ejemplo de los judíos debería alarmarnos a todos. Porque, ¿quién rechazó a Dios, aun habiendo oído su palabra? ¿Acaso no lo rechazaron todos los que salieron libres de Egipto bajo el liderazgo de Moisés? Casi todos. 


17. ¿Y con quiénes se entristeció y se airó Dios durante cuarenta años? ¿No se enojó también con aquellos que pecaron con su continua desobediencia, cuyos cuerpos cayeron muertos en el desierto?


18. ¿A quiénes juró Dios que no entrarían en la tierra prometida, donde encontrarían descanso, sino a quienes mostraron obediencia? 


19. Y vemos en lo que nos dice la Biblia que aquellos judíos no pudieron entrar en la tierra de reposo debido a la incredulidad que demostraron. 

 

 



CAPITULO 4

Vers. 1-13. Atención no perdamos la vida eterna.

1. Tomemos como ejemplo este castigo de Israel. Puesto que aún queda una nueva promesa de Dios de que podamos entrar en el reposo eterno, en el cual él también entró después de su creación, temamos, no sea que alguno de vosotros parezca haberse quedado atrás, y así sea dejado fuera y excluido.



2. Y debemos tener este temor, porque también nosotros hemos recibido la gloriosa promesa del descanso, al igual que ellos recibieron la promesa de la tierra prometida. Pero las palabras de la promesa no aprovechó a quienes la oyeron, porque no aceptaron estas palabras conectadas y unidas a la fe.  

 

3. Porque en el verdadero reposo entraremos los que hemos creído, y no aquellos, según lo que Dios hubo dicho: "Por eso les juré en mi ira que no entrarían en la tierra de reposo que les prometí". Y no entraron en la tierra de reposo, aunque las obras de la creación tuvieron lugar desde el principio, desde la creación del mundo, y por lo tanto la tierra de reposo estaba preparada desde entonces. 


4. Además el que fue preparada la tierra de descanso de sde entonces demuestra el hecho de que el Espíritu Santo ha dicho en cierta parte de la Sagrada Escritura acerca del séptimo día lo siguiente: "Dios detuvo definitivamente todas sus obras el séptimo día". 


5. Y de nuevo se dice en el mismo pasaje de las Escrituras: "No entrarán en mi reposo". Así pues, nadie ha entrado todavía en la tierra reposo preparado desde el principio. 


6. Puesto que aún quedan algunos por entrar en ese reposo, y aquellos que antes recibieron la gozosa promesa del reposo no entraron en él a causa de su desobediencia, 


7. una vez más, Dios fija un tiempo de reposo. Y lo fija cuando dice por boca de David: "Hoy". David, quien dijo "Hoy", vivió muchos años después de Moisés. Así pues, después de tantos años transcurridos, después de que Dios jurara por medio de Moisés que los judíos no entrarían en el reposo terrenal, se fijó de nuevo un "Hoy", según lo dicho por David: "Hoy, si escucháis la voz de Dios, no endurezcáis vuestros corazones por la desobediencia".


8. Y que nadie diga que Jesús de Naví logró llevar a los israelitas a la tierra prometida de descanso. Ese descanso no era eterno ni verdadero. Pues si Jesús de Naví los hubiera conducido al verdadero descanso, el Espíritu Santo no habría hablado después de otro tiempo en el que los hombres podrían heredar el descanso. 


9. Por lo tanto, queda y está reservado para el verdadero pueblo de Dios un descanso eterno y santo, similar al descanso de Dios en el Sábado de la creación.

 

10. En efecto, se trata de un descanso santo y eterno, de la observancia del sábado. Porque el que entra en el reposo eterno de Dios también reposa de sus obras, así como Dios reposó de las suyas. 


11. Esforcémonos, pues, con diligencia y empeño por entrar en ese reposo, para que nadie caiga en el mismo ejemplo de desobediencia de los judíos y sea excluido como ellos lo fueron. 


12. Debemos mostrar diligencia y prestreza. Porque el logos de Dios, que contiene sus promesas y advertencias, no es letra muerta. Está vivo y es eficaz, y es más cortante que una espada de doble filo; penetra hasta lo más profundo del ser humano, hasta el alma, hasta las facultades espirituales superiores, hasta las articulaciones y la médula. En el alma que no la recibe, causa heridas y remordimiento, y al final, incluso endurecimientos que no pueden sanar. Tiene el poder de escudriñar y juzgar hasta los pensamientos más recónditos del corazón. 


13. Y no hay criatura alguna que sea oculta o invisible a los ojos de Dios, sino que todas las cosas están desnudas y expuestas ante aquel a quien debemos dar cuenta y excusa de nuestras acciones. 




Vers. 14-16. Jesús es un Sumo Sacerdote compasivo

14. Puesto que, según lo que hemos dicho, tenemos un gran Sumo Sacerdote que ha atravesado los cielos y ha entrado en el descanso eterno, donde nos espera, es decir, Jesús, que no es un simple hombre, sino también el Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de nuestra fe en él.

 

15. Jamás pensemos que, estando ahora en el cielo, no se interesará por nosotros. Porque no tenemos un sumo sacerdote que, por desconocer nuestra situación o por haber sido exaltado, sea incapaz de compadecerse de nuestras debilidades físicas y morales. Tenemos, en cambio, un sumo sacerdote que fue tentado en todo, según la naturaleza humana, y tentado en todo, como nosotros, pero sin caer en pecado. 


16. Puesto que tal es nuestro Sumo Sacerdote, acerquémonos, pues, con valentía y confianza intrépida a su trono real, del que mana la gracia, para recibir el perdón de nuestros pecados y hallar favor y dones que nos ayuden oportunamente en cada hora crítica de tentación.





CAPITULO 5

Vers. 1-4. Los sumos sacerdotes de los judíos y sus sacrificios. 

1. Encontraremos misericordia, gracia y ayuda por nuestro grande y misericordioso sumo sacerdote. Porque cada sumo sacerdote en el sacerdocio levítico de los judíos está apartado de los hombres, y es constituido sumo sacerdote para en las obras de la adoración de Dios para beneficio de los hombres, para ofrecer tanto ofrendas como sacrificios para el perdón de los pecados del pueblo. 


2. Y puede el sumo sacerdote de los judíos mostrar compasión y tolerancia con aquellos que pecan por ignorancia y error, porque él también, como ser humano, lleva consigo la enfermedad y la debilidad moral.


3. Y a causa de su enfermedad y de su culpa, debe, según las disposiciones de la ley, como ofrece por el pueblo, así también ofrecer un sacrificio por sí mismo, para que sus pecados sean perdonados. 


4. Y nadie recibe el sumo honor del sumo sacerdocio por sí mismo, sino que lo recibe cuando es llamado por Dios, como también Aarón fue llamado por Dios. 



Vers. 5-10. El sumo sacerdocio de Cristo.

5. Así también Cristo no se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino que lo glorificó Dios Padre, quien le habló y le dijo: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy, al darte la naturaleza humana, y la he glorificado con tu Resurrección y con tu entronizamiento a mi derecha. 


6. Como en otra parte de la Escritura dice: Tú eres sacerdote eterno como Melquisedec, cuya genealogía y muerte se omiten deliberadamente de la Escritura, para que sea un símbolo y un modelo de tu reino eterno y de tu sacerdocio.

  

7. Este Cristo, durante los días de su vida corporal terrena, habiendo ofrecido oraciones y súplicas fervientes con fuerte clamor y lágrimas a Dios, que era capaz de salvarlo de la agonía de la muerte, y habiendo sido escuchado por su reverente obediencia a Dios y fortalecido, para que pudiera caminar sin temor hacia la muerte. 

 

8. Él, aunque era Hijo de Dios, aprendió la obediencia por lo que padeció, demostrándola con obras y hasta el grado más alto.

 

9. Y así demostró ser perfecto y llegó a ser para todos los que le obedecen fuente de salvación, no temporal, sino eterna.


10. Y fue nombrado y llamado por Dios sumo sacerdote eterno «según el orden de Melquisedec».



Vers. 11-14. Indicaciones para perfección espiritual.

11. Acerca de este Melquisedec como tipo del sumo sacerdocio de Cristo, tenemos mucho que decir, lo cual es difícil de interpretar y explicar, porque os habéis vuelto lentos y difíciles para escuchar con los oídos del alma, a fin de poder entender las altas verdades. 


12. Y os llamo ciegos y sordos, porque aunque debéis ser maestros, debido al tiempo transcurrido desde que os convertisteis en cristianos, necesitáis de nuevo que alguien os enseñe cuáles son las verdades elementales de las palabras de Dios, los cuales se enseñan lo primero de todo a los principiantes. Y así habéis llegado a necesitar ser alimentados con leche, es decir, alimento espiritual apto para principiantes. No sois avanzados, de modo que necesitéis alimento y enseñanza espiritual sólidos y superiores.   


13. Pues todo aquel que se alimenta solo de la leche espiritual y aprende las verdades elementales carece de experiencia y desconoce la enseñanza que conduce a la rectitud y a la vida virtuosa exacta. Y desconoce esta enseñanza, porque espiritualmente se encuentra en un estado infantil y no es capaz de comprender la enseñanza elevada y superior. 


14. Pero el alimento espiritual sólido y superior es para los cristianos perfectos, quienes mediante el ascetismo y la experiencia tienen sus sentidos espirituales entrenados para distinguir fácilmente entre el bien y el mal, entre la verdad y el error. 




CAPITULO 6

Vers. 1-12. Necesidad de progreso hacia la perfección. Atentos para no caer. 

1. Han sido discípulos de Cristo desde hace mucho tiempo. Por eso dejemos las enseñanzas elementales sobre Cristo, que son para principiantes, y avancemos hacia una enseñanza más perfecta. No echando de nuevo el fundamento del arrepentimiento de las obras pecaminosas que matan el alma, ni de la fe en Dios, 

 

2. y de la enseñanza que nos ilumina para distinguir los bautismos y lavamientos judíos del bautismo cristiano; y de la enseñanza sobre la imposición de manos, que se hace para transmitir los dones del Espíritu Santo; y de la enseñanza sobre la resurrección de los muertos y el juicio futuro, en el que será juzgado nuestro futuro eterno.


3. Y este progreso hacia una enseñanza más perfecta lo lograremos con la ayuda y el refuerzo de Dios. 


4. Es necesario que siempre progresemos y no retrocedamos. Pues es imposible para quienes han recibido de una vez por todas la iluminación de la verdad cristiana y han experimentado personalmente la dulzura y la grandeza del don que nos concede el Dios celestial con el perdón de nuestros pecados, y se han hecho partícipes de los dones del Espíritu Santo,  


5. y que también han probado cuán dulce es y cuánto el logos de Dios que se encuentra en el Evangelio trae paz y gozo al alma, y ​​aquellos que también han experimentado los poderes sobrenaturales y los milagros, que ahora han comenzado en la era del Mesías, y están a punto de manifestarse en perfección en la vida venidera,


6. y después de todo esto, se han apartado, es imposible que alguien los renueve de nuevo para arrepentimiento. Y es imposible, porque por su apostasía crucifican de nuevo, para su propia destrucción, al Hijo de Dios y lo someten a la deshonra frente al mundo. 


7. No abusemos de los dones divinos, pues nos sucederá lo mismo que a la tierra. Es decir, la tierra, que ha bebido la lluvia que a menudo cae sobre ella y produce hierba y hortalizas beneficiosas y útiles para quienes la cultivan, recibe bendición de Dios. 


8. Pero cuando produce espinos y cardos, se vuelve inútil y la maldición está a punto de caer sobre él, y su fin será ser entregado al fuego, para que los espinos y cardos que han brotado en él sean quemados. Así también las almas de los hombres, como otros campos, son cultivadas por Dios y reciben, como cualquier otra lluvia, los dones divinos para dar fruto en virtudes. Pero ¡ay de aquellos que persisten en producir los espinos y cardos de los malvados! 


9. Pero en cuanto a vosotros, hermanos, con inquebrantable confianza esperamos lo mejor y lo que conduce a la salvación, aunque esto lo hablamos reprendiendo y amedrentando.  

 

10. Deseamos lo mejor para vosotros, pues Dios no es injusto como para olvidar toda vuestra conducta cristiana y vuestro trabajo en el ejercicio del amor, que habéis mostrado por su nombre, habiendo servido a los cristianos a quienes seguís y ahora servís y parecéis serles beneficiosos.


11. Pero si os hemos hablado con amedrentamiento, lo hemos hecho porque deseamos que cada uno de vosotros muestre siempre el mismo celo y solicitud, y para que permanezcáis firmes hasta el fin en la perfecta esperanza de los bienes venideros. 


12. Queremos que permanezcáis en esta esperanza, para que no seáis negligentes ni perezosos en el ejercicio de la virtud, sino que seáis imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan los bienes que Dios ha prometido. 

 



Vers. 13-20. La promesa de Dios a Abraham.

13. Pero con toda seguridad las promesas de Dios se cumplirán, pues cuando Dios le hizo sus promesas a Abraham, juró que las cumpliría. Y como Dios no tenía nadie mayor por quien jurar, juró por sí mismo. 


14. Y él dijo: Sí, de cierto te bendeciré, y multiplicaré mucho tu descendencia. 


15. Y después de recibir así la promesa y esperar pacientemente durante muchos años, Abraham obtuvo la bendición que Dios le había prometido, en lo que se refería a la vida terrenal. Es decir, Abraham tuvo un descendiente de Sara, de quien los descendientes del patriarca se multiplicaron hasta formar una gran nación.


16. Y Dios juró por sí mismo, porque los hombres juran por Dios, que es mayor que todos, y el juramento es hecho por ellos, para poner fin y cesar toda disputa y duda entre ellos, para la confirmación de lo que se dice. 

 

17. Por tanto, porque con el juramento se excluye toda duda, y porque Dios quería mostrar claramente y con mayor certeza a los que habrían de heredar las promesas que su decisión de cumplir lo prometido era irrevocable e inmutable, aceptó con extrema condescendencia y bondad mediar un juramento en sus palabras. 



18. Y aceptó la mediación del juramento, para que mediante dos cosas fijas e inamovibles, es decir mediante su promesa y su juramento, en los cuales es absolutamente imposible que diga mentiras Dios, tengamos nosotros, los que hemos acudido a él y en él nos hemos refugiado, gran ánimo, impulso y apoyo para mantener fuertemente la esperanza que se encuentra ante nosotros. 


19. Tenemos esta esperanza como ancla del alma, que nos asegura de los peligros espirituales y es cierta e inamovible y entra en el cielo, que está simbolizado por el lugar santo del tabernáculo y el templo, que se extendía más allá del velo y era llamado el Lugar Santísimo. 


20. Allí, en el cielo, entró Jesús como precursor antes de nosotros y para nosotros, para abrirnos el camino y prepararnos un lugar. Y así fue designado Sumo Sacerdote, no temporalmente, sino eternamente, «según el orden de Melquisedec».




CAPITULO 7

Vers. 1-10. El sumo sacerdocio de Cristo «según el orden de Melquisedec» 

 

1. Ahora bien, Jesús es sacerdote como Melquisedec, porque este Melquisedec, rey de la ciudad de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, es el que salió a recibir a Abraham cuando regresaba de la matanza y de la destrucción de los reyes, y lo bendijo, 


2. y Abraham también dio la décima parte de todos los bienes que había recuperado. Este Melquisedec primero tiene un nombre, que se interpreta como rey de justicia, y luego es rey de Salem, es decir, rey de paz. Pues Salem significa paz. Y según los nombres, por lo tanto, Melquisedec era un símbolo de Jesús Cristo, el verdadero rey de justicia y paz. 


3. Pero si bien la Sagrada Escritura siempre nos revela el origen y la genealogía de las personas distinguidas, y también menciona su muerte, omite deliberadamente el origen y la muerte de Melquisedec. Así, Melquisedec se presenta sin padre, sin madre, sin genealogía, sin principio ni fin de vida, sino que, como el Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Melquisedec es, en otras palabras, un símbolo completo de nuestro Dios-hombre Sumo Sacerdote, quien, como hombre, no tiene padre, pero como Dios, no tiene madre, pues nació solo del Dios Padre. Es un Sumo Sacerdote eterno, sin sucesor, y esto se simboliza en el hecho de que la Escritura no menciona la muerte de Melquisedec.

 

4. Observad cuán grande fue este Melquisedec, pues Abraham, el famoso y glorioso patriarca, le dio incluso  la décima parte de todos los bienes que había recuperado.

 

5. Y aquellos de los descendientes de Leví que reciben el sacerdocio tienen el mandato de Dios de recaudar la décima parte de los ingresos del pueblo judío según la ley. Cuando decimos pueblo, nos referimos a los descendientes de los patriarcas, que eran hermanos de Leví. Por lo tanto, los descendientes de Leví reciben la décima parte de los ingresos de sus hermanos, aunque estos recaudadores de impuestos también descendieron de Abraham y son descendientes suyos al igual que los levitas.

 

6. Pero Melquisedec, que no tenía linaje ni descendencia de ellos, recibió la décima parte de Abraham. Y bendijo a Abraham, quien tenía las promesas divinas. 


7. Y es innegable que lo menor e inferior sea bendecido por lo mayor y superior. Por lo tanto, la bendición de Melquisedec a Abraham significa que era superior a él.

 

8. Y aquí, según la ley mosaica, los diezmos los reciben quienes mueren. Pero allí, en el caso de Abraham, Melquisedec, de quien se da testimonio de su vida, recibió los diezmos, pues la Escritura no habla de su muerte. 


9. Y en pocas palabras, podría decir alguien que, dando Abraham los diezmos a Melquisedec, en la persona de Abraham ha dado el diezmo a Melquisedec también el mismo Leví, quien recibe los diezmos de sus hermanos. 


10. Y Leví también pagó diezmos a Melquisedec, porque Leví todavía estaba en el centro, es decir, en la función genealógica de su abuelo Abraham, cuando Melquisedec lo conoció y recibió los diezmos de él. Dado que Leví también pagó diezmos a Melquisedec, significa que Melquisedec era superior a los sacerdotes y sumos sacerdotes descendientes de Leví. 

 

 

Vers. 11-28. Cristo se convirtió en sumo sacerdote sacrificándose a sí mismo. 

11. Veamos ahora qué conclusión se extrae de lo dicho. Si, entonces, fuera posible que la perfecta relación y reconciliación con Dios se lograra mediante el sacerdocio levítico, que era algo esencial para toda la legislación mosaica, —pues el pueblo había recibido la ley sustentada y fundada en este sacerdocio—, qué necesidad había ya de que se levantara y nombrara otro sacerdote «según el orden de Melquisedec», y que el nuevo sacerdote, según el orden de Aarón, no fuera también llamado sacerdote. Por lo tanto, el antiguo sacerdocio era insuficiente, y por esta razón Dios designó un nuevo sacerdocio. Pero esto también implica un cambio en la ley. 


12. Porque cuando el sacerdocio, sobre el cual se basaba la legislación mosaica, es alterado y cambiado, necesariamente sigue un cambio en la ley, y así el Antiguo Testamento es reemplazado por el Nuevo.


13. Pero el sacerdocio levítico fue, en efecto, cambiado y reemplazado. Pues aquel de quien se dicen estas cosas y a quien Melquisedec simbolizó, es decir, Jesús Cristo, proviene de otra tribu, de la cual nadie jamás se ha acercado al altar como sacerdote.

 

14. Porque es evidente que nuestro Señor, como otro sol de justicia, surgió de la tribu de Judá, pero Moisés nada dijo acerca del sacerdocio concerniente a esa tribu. 


15. Y se hace aún más evidente que el sacerdocio levítico y el Antiguo Testamento fueron reemplazados y superados, por el hecho de que otro sacerdote surgió y apareció, similar a Melquisedec.


16. Y este nuevo sacerdote, es decir, Cristo, se hizo sacerdote no según la ley, que tiene mandamientos, que se referían a cosas externas y temporales y, si fuera, a la purificación de la carne, sino que se hizo sacerdote por el poder del Padre y el suyo propio, que es el poder de la vida, la cual no se destruye con la muerte, sino que es eterna. 

 

17. Y es poder de vida eterna, porque la Sagrada Escritura da testimonio acerca de Cristo, el nuevo sacerdote, que «tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec». 


18. No les parezca extraño que la ley, que se basaba en el sacerdocio abolido, también haya sido reemplazada. Pues la ley más antigua y antigua ahora está siendo dejada de lado y anulada, porque no tenía poder para perfeccionar al hombre ni podía beneficiarlo.

 

19. Porque la ley no perfeccionó nada. Pero ahora el Nuevo Testamento trae una esperanza mejor que la que trajo la ley. La ley trajo la esperanza de bienes temporales y terrenales. Pero el Nuevo Testamento nos da la esperanza de heredar bienes celestiales. Y mediante esta esperanza nos acercamos a Dios. 


20. La excelencia del nuevo sacerdocio también se evidencia en el hecho de que Cristo no se hizo sacerdote sin juramento. Pues los sacerdotes del Antiguo Testamento se hicieron sacerdotes sin que Dios hiciera juramento por ellos.

 

21. Pero Cristo fue hecho sacerdote mediante juramento, dado por Dios por medio del salmista, quien le dijo a Cristo: Juró el Señor, y no se arrepentirá, para arrepentirse: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec». 


22. Pero Jesús, hecho sumo sacerdote, habiendo recibido el sacerdocio mediante juramento, viene a ser aún más fiador y mediador de un pacto mejor y eterno.

 

23. Y bajo el Antiguo Testamento, los sacerdotes llegaron a ser muchos en número, porque la muerte les impedía permanecer continuamente en el sacerdocio. 


24. Sin embargo, Cristo, porque permanece en vida eterna, tiene el sacerdocio perpetuo e intransferible a otros.


25. Por eso puede salvar perpetuamente a los que por medio de él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder y orar por ellos.


26. El sacerdocio levítico fue, por lo tanto, reemplazado. Porque se necesitaba un Sumo Sacerdote con tales cualidades: piadoso y santo, libre de maldad e iniquidad, sin mancha, apartado de los pecadores. Y mientras vivió en la tierra, estuvo apartado de los pecadores debido a su absoluta impecabilidad. Pero ahora también porque ha ascendido por encima de los cielos y está sentado a la diestra de Dios. 


27. Este nuevo Sumo Sacerdote no necesita, como los sumos sacerdotes de la ley, ofrecer sacrificios a diario, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. No necesita ofrecer sacrificios por sí mismo, pues era inmaculado. No necesita ofrecer sacrificios a diario por el pueblo, porque este, es decir, el sacrificio por el pueblo, lo realizó una vez para siempre al sacrificarse a sí mismo.


28. Nuestro Sumo Sacerdote difiere enormemente de los sumos sacerdotes de la ley, porque la ley nombra como sumos sacerdotes a hombres con una enfermedad moral y mortales. Pero la palabra y el juramento, dados después de la ley y, por lo tanto, la reemplazaron, nombran como Sumo Sacerdote al Hijo de Dios, quien durante su vida terrenal demostró ser impecable y perfecto, y lo sigue siendo para siempre.

 

 

 


CAPITULO 8

Vers. 1-13. Cristo es sumo sacerdote del verdadero sacrificatorio y el mediador del Nuevo Testamento

1. Pero lo más importante de todo lo que decimos es esto: que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, 


2. y se convirtió en oficiante de los Santos que se encuentran en los cielos, y del verdadero tabernáculo, no hecha por ningún hombre, sino por el mismo Señor.


3. Por lo cual era necesario que él, es decir Cristo, tuviese algo para ofrecer como sacrificio. Y ofreció como sacrificio su cuerpo y su sangre. 


4. Y llegó a ser ministro del tabernáculo celestial. Porque si Cristo fuera ministro en la tierra, no sería sacerdote, ya que había sacerdotes en la tierra que ofrecían ofrendas según la ley.


5. Pero estos sacerdotes ofrecen adoración que es la copia y la sombra de las cosas espirituales y arquetípicas en los cielos, como Moisés recibió revelación divina cuando estaba a punto de construir el tabernáculo del testimonio. Pues Dios le dijo a Moisés: «Asegúrate de hacer todo según el original y el modelo que se te mostró en el monte».


6. Pero ahora nuestro Sumo Sacerdote, que está en el cielo, ha obtenido un oficio muy diferente y superior. Tan diferente y superior, pues también es mediador entre Dios y los hombres de un pacto mejor y superior, establecido sobre promesas mejores y más excelentes.


7. Pero el nuevo pacto es ciertamente superior y mejor. Porque si aquel primer pacto hubiera sido perfecto y sin defecto, no se habría buscado lugar para un segundo pacto, ni se habría introducido uno nuevo.

 

8. Y el segundo pacto fue profetizado por este Espíritu Santo. Pues Dios, reprendiendo a quienes recibieron el primer pacto, dice por medio del profeta Jeremías: «He aquí que vienen días —dice el Señor— en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, con el nuevo Israel de la gracia, la Iglesia». 


9. Este nuevo pacto no será como el que hice con los antepasados ​​de Israel y Judá el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto. Ese pacto se romperá, porque no permanecieron fieles a mi pacto, y por eso también los desprecié, dice el Señor.


10. Porque este es el nuevo pacto que haré con la casa del nuevo Israel espiritual después de aquellos días, dice el Señor. Pondré mis leyes en sus mentes y las escribiré no en tablas de piedra, sino en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo escogido.

 

11. Y no enseñará ninguno a su prójimo, ni dirá ninguno a su hermano: ven a conocer al Señor. Porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande.

 

12. Y todos me conocerán, porque seré propicio a sus injusticias, y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.

 

13. Pero cuando Dios pronunció el Nuevo Testamento, con sus palabras, hizo antiguo el primer pacto. Pero lo que se hace anticuado y envejece está próximo a desaparecer.

 

 

CAPITULO 9

Vers. 1-10. El Tabernáculo del Testimonio y su función sin resultado

1. Saquemos ahora la conclusión de lo que hemos dicho sobre el sacerdocio del Antiguo Testamento y expliquémoslo con más detalle. El primer Testamento obviamente también tenía leyes y ordenanzas de adoración, y el altar terrenal. 

 

2. Porque se construyó el primer compartimento del tabernáculo, en el cual estaban el candelabro, la mesa de la proposición y los panes que se colocaban sobre ella  como ofrenda a Dios. Y este primer compartimento del tabernáculo se llama "Santo".* 

* Del hebreo: "הקדושים". En griego,  "Τα Άγια", [Ta Áyia]. Literalmente en ambos, "los Santos". Allí se colocaban la mesa de los panes de las proposiciones, el candelabro de siete velas y el altar del incienso.

 

3 Después, detrás del segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el "Lugar Santísimo".

* Del hebreo "קודש הקודשים", en griego "Αγια αγίων", [Ta Áyia ton Ayíon]. Literalmente en ambos, "Lugar Santísimo". Allí se colocaba el Arca de la Alianza lejos de los ojos del pueblo y sólo entraba el sumo sacerdote una vez al año.

 

4. El Lugar Santísimo tenía un incensario de oro y el Arca de la Alianza, recubierta de oro por todos lados. Dentro del Arca había una urna de oro que contenía el conocido maná, la vara de Aarón que brotó milagrosamente, y las tablas del Pacto (Testamento) grabadas por Dios. 

 

5. Y sobre el arca había dos gloriosos querubines de oro, entre los cuales Dios se aparecía y hablaba. Con sus alas cubrían y daban sombra a la cubierta dorada del arca, llamada el propiciatorio. Pero no es momento ahora de hablar de ellos en detalle. 

 

6. Entonces así habían sido éstos diseñados, y de esta manera había sido construido el tabernáculo, de modo que en su primer compartimento, es decir, el Santo, entran siempre los sacerdotes y realizan los ritos.

 

7. En el segundo compartimiento del tabernáculo, es decir, en el Lugar Santísimo, solo el sumo sacerdote entraba una vez al año, el día de la expiación, y no entraba sin sangre, la cual ofrecía como sacrificio de expiación por sí mismo y por los pecados que el pueblo había cometido por ignorancia. 

 

8. Por lo tanto, estaba prohibido que cualquier otra persona entrara al Lugar Santísimo. Y con esta prohibición, el Espíritu Santo declaraba simbólicamente que aún no había sido revelado, sino que era desconocido e intransitable para los hombres, el camino que conducía al verdadero Lugar Santísimo, es decir, al cielo; porque el primer y antiguo tabernáculo aún estaba erigido y en uso. 

 

9. Aquel tabernáculo era un tipo y símbolo de lo que ocurre ahora en la época actual  del Mesías. Entonces, en aquel tabernáculo se ofrecían ofrendas y sacrificios que no podían perfeccionar al adorador ni liberarlo del remordimiento de conciencia. 

 

10. Realmente aquellos sacrificios eran impuestos sólo como carga, junto con la distinción de comidas y bebidas y y las diferentes abluciones (purificaciones rituales por medio de agua) y los mandatos sobre la purificación sólo del cuerpo. Sin embargo todo esto era momentáneo, hasta el tiempo de la corrección y de la reforma que trajo Cristo.

 

Vers. 11-22. La sangre de Cristo.

11. Al contrario Cristo vino como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, es decir de los bienes del Nuevo Testamento. Y entró al celestial "Lugar Santísimo" por un tabernáculo superior y más perfecto, no hecho por manos de hombre. Es decir, no entró por un tabernáculo terrenal, como era el Tabernáculo del Testimonio, pero  dado que su cuerpo era tabernáculo y morada del Logos de Dios, incomparablemente superior y más perfecto, entró por el tabernáculo de su cuerpo. De hecho precisamente este cuerpo suyo, debido a que fue concebido por el Espíritu Santo, no procedía de esta creación, sino de una nueva creación espiritual. 

 

12. Tampoco usó Cristo sangre de machos cabríos ni de becerros como sacrificio, como el sumo sacerdote de los judíos, sino que con su propia sangre entró una vez para siempre en el santuario (en el "Santo") celestial y aseguró para nosotros una liberación que no es temporal, sino eterna.

 

13.En verdad, ha obtenido redención eterna. Porque si la sangre de toros y machos cabríos, y las cenizas de una novilla mezcladas con agua, que se quemaban sobre el altar, rociadas a los impuros e inmundos, purifican y santifican la pureza del cuerpo, para que puedan participar en el culto, 


14. ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno que habitó en él se ofreció a Dios completamente puro y libre de toda inmundicia moral, limpiará vuestra conciencia de las obras del pecado que traen muerte al alma, y ​​os hará dignos de adorar al Dios vivo? 


 

15. Y porque la sangre de Cristo tiene el poder de limpiar nuestra conciencia, por eso Cristo se hizo mediador entre Dios y los hombres para concluir un Nuevo Pacto, para que, interviniendo la muerte y siendo crucificado nuestro mediador para la remisión y el perdón de las transgresiones cometidas bajo el primer pacto, los invitados y fieles reciban la Promesa de la herencia eterna. 

 

16. Era necesario que Cristo muriera. Pues, donde hay un pacto, para que sea válido y tenga efecto, es necesario que se anuncie y certifique la muerte de quien dispuso de sus bienes. 

 

17. Pues un testamento solo es válido y cierto respecto de personas fallecidas y ya fallecidas. Nunca tiene vigencia mientras el testador viva.

 

18. Por esta razón, incluso este primer pacto no fue inaugurado y puesto en vigor sin derramamiento de sangre.

 

19. Pero hubo derramamiento de sangre y por ella intervino también la muerte, pues después que Moisés explicó a todo el pueblo cada mandamiento contenido en la ley, luego Moisés tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro de la ley y a todo el pueblo,

 

20. y dijo: “Esta es la sangre mediante la cual se certifica el pacto, el cual me dio Dios la orden de que os trajese"

 

21. Y roció con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del culto de la misma manera.

 

22. Y según la ley, casi todo, personas y cosas, se purifica con sangre. Y sin derramamiento de sangre no hay perdón.

 

 

Vers. 23-28. Cristo con su sacrificio eliminó nuestros pecados

23. Se concluye, pues, que es necesario que las cosas terrenales del Antiguo Testamento, que eran copias y sombras de las celestiales, sean purificadas con estas ofrendas sacrificiales, mientras que aquellas cosas celestiales sean abiertas y hechas libres para los hombres con sacrificios superiores a los del Antiguo Testamento. 

 

24. Pero hablo de las cosas celestiales, porque Cristo no entró en el santuario hecho por humanos, que es imitación e imagen de los verdaderos santos, sino que entró en este mismo cielo, para presentarse ahora en la presencia de Dios e interceder por nosotros.  

 

25. Y entró allí, no para ofrecerse a sí mismo en sacrificio muchas veces, como entra el sumo sacerdote de los judíos en el santuario terrenal cada año con sangre no suya, sino ajena, es decir, con la sangre de los animales que se sacrifican. 

 

26 Pero digo que no se ofreció a sí mismo muchas veces, pues si su único sacrificio no fuera suficiente, habría tenido que sufrir muchas veces desde la fundación del mundo. Pero ahora, una sola vez, al final de los tiempos del Antiguo Testamento, se ha hecho carne y se ha manifestado para quitar el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.

 

27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto ser juzgados según sus obras,

 

28 Así también Cristo, cuando se halló en la carne, murió una sola vez y fue crucificado para llevar los pecados de muchos. Y aparecerá por segunda vez, sin llevar los pecados de otros, y a los que ansiosamente lo esperan, se les aparecerá para salvación. 


 

CAPITULO 10

Vers. 1-10. Insuficientes los sacrificios de la Ley de Moisés 

 

1. Pero los sacrificios del primer pacto fueron insuficientes para obtener el perdón. Pues la ley tenía una sombra de los bienes venideros por medio de Cristo, pero no tenía la representación plena y completa de las cosas celestiales. Y nunca puede, con esos mismos sacrificios que los sacerdotes y sumos sacerdotes ofrecen continuamente cada año, perfeccionar a quienes se acercan al altar con estos sacrificios. 

 
 
2. Pues si estos sacrificios tuvieran el poder de perfeccionar a los hombres, ¿no habrían cesado de ofrecerse, puesto que los adoradores ya no tendrían conciencia de ser pecadores, una vez purificados de su culpa por estos sacrificios? Ciertamente habrían cesado. 
 
 
3. Pero no cesaron. Y en estos sacrificios hay un recuerdo anual de sus pecados en quienes los ofrecen, y se les recuerda continuamente que son culpables.
 
 
4. Pero estos sacrificios sólo sirven para recordar los pecados, porque la sangre de los toros y de los machos cabríos que se sacrifican en ellos no puede quitar los pecados.
 
 
5. Por eso el Señor, al entrar en el mundo como hombre, dijo por medio de David a su Padre: Sacrificio y ofrenda como los que se ofrecen según la ley mosaica, no los quisiste, pero me has preparado un cuerpo para que yo lo ofrezca como sacrificio aceptable a ti.
 
 
6. No te agradan los sacrificios que se queman enteros sobre el altar, ni los sacrificios que se ofrecen por el pecado para remisión de los pecados.
 
 
7. Entonces dije: He aquí que vengo. (En el rollo del manuscrito del Santo Testamento está escrito acerca de mí proféticamente.) Vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. 

 
8. Puesto que dice arriba, que sacrificio, ofrenda, holocaustos y expiación por el pecado no quisiste, ni te agradaron los sacrificios que se ofrecen según la ley mosaica,
 
 
9. Luego dijo: «He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad». Elimina la primera parte del pasaje, que habla de sacrificios, para dar autoridad y confirmar la segunda, que habla del sacrificio que Cristo ofrecería.
 
 
10. Por esto que Dios quiso y le agradó hacer, somos santificados mediante la ofrenda y el sacrificio del cuerpo de Cristo, el cual fue ofrecido una vez para siempre. 
 
 
11. Y todo sacerdote de la ley mosaica está delante del altar, y sirve cada día, y ofrece muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados.
 
 
12. Pero este Jesús, habiendo ofrecido un solo sacrificio por el perdón de los pecados del mundo, se ha sentado a la diestra de Dios para siempre, y ya no necesita ofrecer otro sacrificio.
 
 
13. Y en el futuro, espera hasta que sus enemigos se conviertan en estrado de sus pies y sean completamente derrotados.
 
 
14. Pero él fue instituido, y cesó de sacrificar, porque con una sola ofrenda y sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los santificados mediante este sacrificio.  

 
15. Y el Espíritu Santo también nos da testimonio de que lo que les escribo es verdad. Porque antes dijo: 
 
 
16. Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes (nus), para que nunca las olviden. Después de haber dicho estas cosas, añade:
 
 
17. Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.
 
 
18. Donde hay perdón de pecados, ya no es necesario ofrecer ningún sacrificio por el pecado.
 
 
 
Vers. 19-25. Necesidad de apoyo en la fe. 
 
 
19. Así que, hermanos, según lo dicho, tenemos libertad y confianza para entrar en el verdadero santuario, es decir, en el cielo, por la sangre de Jesús.
 
 
 
20. Y esta entrada al cielo fue inaugurada y comenzada primero por Cristo para nosotros, y la abrió como un camino nuevo, que conduce a la vida eterna; y entró a través del velo, es decir, a través de su carne y su sangre;
 
 
 
21. y teniendo un gran sacerdote, Jesús, puesto sobre la casa de Dios, es decir, sobre la iglesia de los creyentes,
 
 
 
22. Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones con su sangre, para que seamos limpiados de mala conciencia por nuestras malas obras,
 
 
 
23. y  habiendo lavado nuestros cuerpos con agua pura, es decir, con el santo bautismo. Y mantengamos firme la confesión de los bienes esperados, segura e inquebrantable. Y debemos esperar con confianza, porque él es fiel y nunca falta a la palabra de quien nos dio la promesa y la garantía, es decir, Dios.

 

24. Y vigilémonos y observémonos cuidadosamente los unos a los otros, para que seamos motivados y estimulados entre nosotros al amor y a las buenas obras.
 
 
 
25. Mirad que no descuidéis ni abandonéis vuestras congregaciones para la adoración, y las congregaciones en privado en el mismo lugar, como algunos tienen por costumbre, sino animaos unos a otros, y tanto más cuanto veis que el día de la segunda venida se acerca.
 
 
 

Vers. 26-31. Correctivos para los que pecan voluntariamente

 
26. Es necesario animarnos y fortalecernos unos a otros, porque cuando pecamos voluntariamente y con decisión de apostasía, después de haber recibido el pleno conocimiento de la verdad mediante la predicación del Evangelio, ya no queda otro sacrificio por los pecados, ni siquiera la muerte en cruz para salvarnos.
 
 
 
27. Pero nos queda esperar con temor y temblor el juicio y la condenación y el fuego feroz de la indignación e ira divina, que está a punto de consumir a quienes se oponen a la voluntad de Dios.
 
 
 
28. Sí, nos aguardan la indignación y la ira divinas. Porque cuando alguien transgrede la ley mosaica y dos o tres testigos confirman esta violación, es condenado a muerte sin piedad.
 
 
 
29. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteó con desprecio al Hijo de Dios, e invocó como sangre de un hombre común y corriente la sangre con la que fue ratificado el Nuevo Testamento y con la que él mismo fue santificado, y además insultó y despreció al Espíritu que nos concede la gracia?
 
 
 
30. Seguramente será castigado severamente. Porque sabemos quién es Dios, que  dijo: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor. Y también dice la Escritura: «El Señor juzgará y juzgará a su pueblo».
 
 
 
31. Y es terrible cosa para cualquiera caer en manos de Dios, el cual no está muerto como los ídolos, sino que vive para siempre.
 
 
 
 
Vers. 32-39. Tenemos necesidad de paciencia.

32. Pero acordaos de los días pasados, en los cuales fuisteis iluminados por el bautismo y por el conocimiento de la verdad, y sostuvisteis muchos combates y luchas de padecimientos y persecuciones. 

 
33. Por una parte, con burlas, insultos y dolores, sois escarnecidos y ridiculizados; por otra parte, con vuestro consuelo y ayuda, os habéis hecho partícipes de los que así eran perseguidos y vivían en medio de dolores y persecuciones.
 
 
 
34. Porque también ustedes se hicieron partícipes de los que sufren persecución por el nombre de Cristo. Pues mostraron compasión incluso cuando estaba en prisión, y aceptaron con alegría el despojo y la confiscación de sus bienes, sabiendo que tienen una mejor posesión en el cielo, que perdura para siempre.
 
 
 
35. Tened cuidado, pues, de no perder vuestra fe y convicción intrépidas y valientes, que tienen como resultado una gran recompensa.
 
 
36. Os hago esta exhortación porque tenéis necesidad de paciencia, para que permaneciendo fieles a la voluntad de Dios obtengáis la recompensa que Dios ha prometido.


37.
 Mostrad paciencia, porque queda ya muy poco tiempo, y el Señor que esperamos, que de nuevo vendrá, lo hará y no a mucho tardar.    

 
38. Entonces, como dice el Señor en la Santa Escritura, el justo será salvado y vivirá por su fe. Y si alguien se acobarda y retrocede, mi alma no se complace para con él. 
 

 
39. Pero no somos de los que vacilan una y otra vez en la fe, de modo que corramos peligro de perdernos. Somos de los que se aferran a la fe para la salvación de sus almas.
 
 
 
 
 
 
 
CAPITULO 11
 
Héroes de la fe

1. La fe es la certeza de las cosas esperadas, que ahora no existen, pero las hace tangibles en el alma del creyente, como si ya existieran. La fe también es la evidencia de las cosas que no se ven con los ojos físicos, pero la fe proporciona al creyente información sobre ellas como si las viera y percibiera con los sentidos físicos.
 
 
 
2. Y no es algo nuevo la fe. Porque a causa de ella adquirieron buen testimonio ante Dios nuestros antepasados, los justos del Antiguo Testamento. 
 
 
 
3. Mediante esta fe y no mediante nuestros sentidos exteriores comprendemos y conocemos que el mundo invisible, que se hizo en el tiempo, fue creado uniforme (entero, completo, perfecto, sin defectos) y armonioso con el logos y la orden de Dios. Y consecuentemente las creaciones que vemos ahora han tenido lugar, mientras que antes no existían y no eran perceptibles con los sentidos corporales. 
 
  
 
4. Por la fe que tenía Abel ofreció a Dios un sacrificio más excelente que Caín. Y por esta fe suya, Dios dio testimonio de que era justo, pues Dios dio testimonio de sus ofrendas, de que era aprobado. Por la fe, estando muerto, todavía tiene alabanza para sí mismo.
 
 
 
5. Por la fe, Enoc fue trasladado del mundo para no ver la muerte, y, como dice la Escritura, no fue hallado en este mundo, porque Dios lo trasladó. Y fue trasladado, porque antes de ser trasladado, la Escritura daba testimonio de que agradaba a Dios.
 
 
6. Sin fe es imposible agradar a Dios. Y es imposible, porque quien se acerca a Dios como su adorador y siervo primero debe creer que Dios existe y que recompensa a quienes lo buscan y lo complacen.
 
 
7. Por la fe, Noé, advertido por la profecía del diluvio que sobrevendría a quienes aún no se veían, con temor preparó un arca para la salvación de su familia. Por su fe demostró que el mundo era digno de condenación y castigo, porque no creyó ni imitó a Noé. Y por la fe llegó a ser heredero de la justificación que viene por la fe. 

 

8. Por la fe Abraham, al ser llamado para dejar su tierra natal e ir al lugar que había de recibir como herencia, obedeció. Y salió sin saber a dónde iba.

 

9. Por la fe, Abraham habitó como forastero en la tierra prometida, considerándola como tierra ajena y no como suya. Y habitó en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa.

 

10. Y Abraham habitó en esta tierra prometida como extranjero y peregrino, porque esperaba morar en la ciudad celestial, que tiene fundamentos verdaderos e inquebrantables, cuyo arquitecto y constructor es Dios mismo.

 

11. Por la fe también Sara, siendo estéril y anciana, recibió fuerza para concebir; y aun siendo anciana, dio a luz, porque consideró fiel a quien le había prometido que daría a luz un hijo.

  

12. Debido a que Abraham y Sara creyeron, por eso de un solo hombre, Abraham, quien además debido a su anciandad estaba muerto en cuanto a su posibilidad de procreación, nacieron innumerables  descendientes, como las estrellas del cielo en su multitud, e incalculables como la arena que está a la orilla del mar y sus granos son innumerables.  

 


13. Todos éstos murieron en la fe y en la esperanza, sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y con gran deseo y alegría lo abrazaron, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 

 

14. Pero, de hecho, murieron en la fe y la esperanza. Pues quienes dijeron tales cosas, es decir, que eran extranjeros y peregrinos en la tierra, revelaron y demostraron con estas palabras que anhelaban una patria permanente y verdadera, y tal es el cielo, que solo se ve mediante la fe.

 

15. Pero es evidente que desean la patria celestial. Porque si se hubieran acordado de aquella patria de la que salieron, habrían hallado oportunidad de regresar a ella.

 

16. Pero ahora anhelan una patria mejor, es decir, una patria celestial. Por eso mismo, Dios no se avergüenza de llamarse Dios de los hombres. Y la prueba de su favor es que les ha preparado una ciudad en el cielo como su patria eterna.

 

17. Por la fe Abraham, cuando fue probado por Dios, ofreció a Isaac como sacrificio, y a su hijo unigénito; el cual recibió las promesas y se mantuvo firme en ellas.

 

18. Porque a Abraham le fue dicho de antemano por Dios que la descendencia que tendrás por medio de Isaac recibirá el nombre y los derechos de tu verdadera descendencia.

 

19. A pesar de ello ofreció como sacrificio a su único hijo, porque con correctos pensamientos y meditaciones se convenció a sí mismo de que Dios tiene el poder de levantar a Isaac también de los muertos. Entonces por eso lo recibió de nuevo Abraham de tal modo que Isaac se convirtió en prefiguración del sacrificio y de la resurrección de los muertos del Hijo Unigénito de Dios.

 

20. Isaac creyó y por eso dio oraciones y bendiciones a Jacob y Esaú acerca de cosas que les sucederían en el futuro.

 

21. Por la fe, Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y los nombró jefes de sus tribus, según la luz que le fue dada por la fe. Y adoró a Dios, apoyando la cabeza en el extremo del bastón en el que se apoyaba a causa de su vejez.

 

22. Por su fe, José, cuando estaba muriendo, recordó y habló sobre el éxodo de los israelitas de Egipto y dio órdenes de que sus huesos fueran llevados fuera de Egipto a la tierra de Canaán.

 

23. Por la fe de sus padres, Moisés, cuando nació, fue escondido de ellos durante tres meses, porque vieron que el niño era hermoso y de él concluyeron que Dios lo había predestinado para un gran propósito, y por eso no temieron el decreto del rey de Egipto, que ordenaba matar a todo niño varón de los judíos.

 

24. Por su fe, Moisés, cuando creció y se hizo hombre, rehusó ser llamado hijo del rey, hijo de la hija del Faraón.

 

25. Y prefería que fuera mejor sufrir malos tratos con el pueblo de Dios que tener el placer temporal del pecado, es decir, vivir cómodamente y con honor como un gobernante egipcio con los idólatras, que oprimían a los israelitas.

 

26. Consideró mayor riqueza que los tesoros y los bienes de Egipto los menosprecios que eran similares a los vilipendios y al menosprecio más tarde soportaría Cristo. Y todo esto porque tenía su mirada puesta en las recompensas celestiales. 

 

27. Porque Moisés creía en la protección de Dios, abandonó Egipto tras matar al egipcio y no temió la ira del rey, quien, tras su huida, se convencía de su culpa y podía perseguirlo incluso más allá de las fronteras de su estado. Y Moisés no temió, porque veía con sus propios ojos al Dios invisible y esperaba con gran paciencia su ayuda.

 

28. Por la fe Moisés celebró la pascua, es decir, el sacrificio del cordero, y ungió las puertas de los hebreos con la sangre de este cordero, para que el ángel destructor que había de matar a los primogénitos de los egipcios en la noche de la salida de los hijos de Israel de Egipto, no tocase a sus primogénitos.

 

29. Con la fe de que no se ahogarían, los israelitas cruzaron el Mar Rojo como si cruzaran tierra seca, pero este mar, cuando los egipcios se atrevieron a experimentar en él, los tragó.

 

30. Por la fe cayeron los muros de Jericó, después que los sacerdotes de los hijos de Israel la rodearon durante siete días con el arca y tocando las trompetas.

 

31. Por su fe, la prostituta Rahab no fue asesinada junto a sus compatriotas infieles, porque recibió con disposición pacífica a los espías enviados por los israelitas a Jericó.

 

32. ¿Y qué más debo decir y contar? Debo detenerme, porque el tiempo no me basta si hablo de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas.

 

33. Porque tuvieron fe, pelearon y sometieron reinos, gobernaron a los pueblos con justicia, lograron el cumplimiento de las promesas que Dios les dio, y sellaron y taparon bocas de leones, como Daniel,

 

34. extinguieron el poder destructor del fuego, escaparon del peligro de ser masacrados con cuchillos, recibieron fuerza y ​​fueron curados de enfermedades, demostraron ser fuertes e invencibles en la guerra y pusieron en fuga las filas y numerosos ejércitos de extranjeros y enemigos.

 

35. Por la fe que tenían en el poder sobrenatural de los profetas las mujeres a las que hace referencia el Antiguo Testamento, recibieron de nuevo vivos a sus niños muertos, que levantaron los profetas. Y otros fueron atados al instrumento de tortura que se llamaba tímpano y fueron duramente golpeados hasta la muerte, debido a que no admitieron negar su fe para ser liberados del martirio. Prefirieron este cruel martirio, para resucitar en una mejor vida, que tener un reestablecimiento momentáneo en esta vida. 

 

36. Otros experimentaron vituperios y azotes, y hasta prisiones y cárceles.

 

37. Fueron apedreados, aserrados, sufrieron muchas tentaciones, asesinados a  espada, deambulando cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, privados de lo necesario, sufrieron tribulaciones y maltratos,

 

38. El mundo entero no era digno de estos hombres santos, ni podía compararse con ellos. Vagaban por desiertos, montañas, cuevas y agujeros en la tierra.

 

39. Y todos estos santos hombres, aunque recibieron testimonio elogiado por su fe, no recibieron la promesa de la herencia celestial.

  

40. Y esto porque Dios previó para nosotros algo mejor, de modo que ellos no recibiesen en grado perfecto su salvación sin nosotros, sino que la recibamos todos juntos. De este modo nosotros nos encontramos ahora en lugar de ventaja respecto a ellos; no sólo porque vivimos en los años de la redención de Cristo, sino también porque el tiempo de espera para nosotros es menor.  

 


 

 

CAPITULO 12

Vers. 1-13. El Señor nos enseña con las tribulaciones. Los resultados beneficiosos las tribulaciones. 

1. Por tanto, puesto que tenemos a nuestro alrededor una nube tan grande y densa de personas que han dado testimonio de la verdad de la fe, despojémonos de todo peso de las cosas y de los cuidados de la vida, y también del pecado que nos enreda, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.


2. Y fijemos nuestra mirada y atención únicamente en Jesús, quien es el autor, consumador y perfeccionador de nuestra fe. Por el gozo puesto delante de él, para salvar a muchos mediante su sufrimiento, soportó la muerte en la cruz, menospreciando la vergüenza y la desgracia de la muerte, y está sentado a la diestra del trono de Dios.


3. Sí, ustedes también corren su carrera con paciencia. Pues consideren a aquel que soportó con paciencia tal oposición e insultos de sus pecadores crucificadores, para que no se cansen ni desfallezcan en sus almas.

 

4. Aún no habéis resistido hasta el punto de recibir heridas y derramar vuestra sangre luchando contra el pecado.

 

5. Y habéis olvidado la exhortación y amonestación que Dios nos da cuando nos habla como a sus hijos. Hijo mío, no descuides ni olvides el beneficio que la disciplina del Señor trae a través de las aflicciones, y no te desanimes cuando seas probado y reprendido por el Señor.


6. Porque el Señor al que ama, disciplina con tribulaciones, y azota con pruebas a todo el que recibe por hijo.

 

7. Pero si soportáis la disciplina con paciencia, Dios os trata como a hijos. Porque ¿qué hijo es aquel a quien su padre no disciplina? Realmente, ninguno.


8. Pero si no tenéis la educación en la que han participado y han sido probados todos los hijos genuinos, de esto es evidente que sois ilegítimos y no sois hijos de Dios.

 

9. Permítanme añadir algo más. De niños, nuestros padres carnales eran nuestros maestros, quienes castigaban nuestras desviaciones, y les mostrábamos reverencia y respeto. ¿No deberíamos entonces someternos mucho más a Dios, Padre de los seres espirituales y racionales, para que mediante nuestra sumisión podamos vivir la vida bendita y eterna?


10. Sí; debemos someternos. Porque nuestros padres carnales, durante el breve tiempo de nuestra vida terrenal, nos disciplinaron según les pareció, aunque no eran infalibles ni estaban libres de la locura de la ira. Pero Dios nos disciplina ciertamente para nuestro propio bien, para que participemos de su santidad y bendición.

 

11. Toda disciplina, al presente, es decir, mientras dura, no parece traer alegría, sino más bien tristeza. Sin embargo, después recompensa con fruto apacible a quienes han sido entrenados y disciplinados por ella, y este fruto es la justicia y la santidad, que se convierten en propiedad de quienes han sido entrenados.

 

12. Ya que Dios nos disciplina por amor y para nuestro beneficio, por tanto, levantad vuestras manos caídas y vuestras rodillas debilitadas, y recibid ánimo y fuerza.

 

13. Y deja que tus pies anden por senderos rectos, para que tu cojera no empeore, sino que sane. Es decir, adquiere pensamientos rectos y deja de vacilar entre las enseñanzas judías y evangélicas, pues corres el peligro de desviarte del camino recto de la fe.

 

Vers. 14-17. Necesidad de paz y de santificación.

14. Procuren tener paz con todos. Procuren también la santidad y la pureza de corazón, alejada de toda pasión. Porque sin santidad nadie verá al Señor.

  

15. Tengan cuidado, no sea que alguno entre ustedes se demore y se quede corto de la salvación que es la gracia de Dios. Tengan cuidado, no sea que alguna raíz amarga de vida corrupta y de falsa doctrina, que puede envenenar a la iglesia, brote y perturbe, y por ella muchos sean contaminados y dañados.

 

16. Además, tengan cuidado de que no haya nadie que sea fornicario o profano o que desprecie las cosas sagradas, como Esaú, que vendió su primogenitura por una sola comida.

 

17. Pero al venderla, perdió su primogenitura para siempre. Porque saben por la historia de la Escritura que incluso más tarde, cuando quiso heredar la bendición del primogénito, fue rechazado. Porque no encontró ningún medio de arrepentimiento que pudiera reparar las consecuencias de su profanación, aunque con lágrimas buscó arrepentimiento y restauración.

 

 

Vers. 18-29. El Nuevo Testamento superior al Antiguo. Atención por lo tanto.

18. Por tanto, tengan cuidado, no sea que se demoren y se queden cortos de la salvación. Porque no han llegado a un monte que se pueda tocar y quemar con fuego, como lo fue el Sinaí. Ni han llegado a una nube de oscuridad, tinieblas y tempestad,

 

19. y al sonido aterrador de la trompeta y a la voz aterradora de las palabras que los judíos que oyeron en el Sinaí rehusaron y se desanimaron de escuchar, y pidieron que no se les añadiera ninguna otra palabra.

 

20. Porque no podían soportar lo que había sido ordenado por Dios: que si un animal tocase el monte, sería apedreado.

 

21. Y fue tan terrible lo que apareció ante sus ojos, que incluso Moisés dijo: Estoy lleno de temor y temblor.

 

22. No habéis presenciado los terribles y aterradores acontecimientos bajo los cuales se firmó el Santo Pacto. Pero habéis llegado al monte Sión espiritual y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles,

 

23. que celebran y difunden alegría y no temor. Has venido a la asamblea de los hijos elegidos y amados de Dios, cuyos ciudadanos están inscritos en el cielo. Te has acercado a Dios, quien es el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos.

 

24. Habéis venido a Jesús, el mediador de un nuevo pacto, y a la sangre con la que fuisteis rociados y santificados, que habla a Dios para nuestra expiación mejor que la sangre de Abel, que busca venganza.

 

25. Ustedes, pues, que han sido dignos de disfrutar de estas maravillas, cuídense de negar y desobedecer a Dios, que les habla. Porque si quienes obedecieron a Moisés, quien les reveló los mandamientos divinos en la tierra, no escaparon del castigo, mucho menos escaparemos nosotros, que nos apartamos de Dios, que nos habla desde el cielo.

 

26. Pero la voz de su Dios hizo temblar la tierra ya entonces en el monte Sinaí; y  ahora ha dado una promesa por medio del profeta Hageo, diciendo: «Aún una vez, yo haré temblar no solamente la tierra, sino también los cielos estrellados».

 

27. Y cuando lo repite, muestra la remoción de las cosas que se mueven y se retiran, como las cosas perecederas, que tienen principio y fin. Estas cosas serán removidas y retiradas, para que las cosas que están en los cielos permanezcan inmóviles e incorruptibles.

 

28. Por tanto, puesto que hemos recibido por la fe en Cristo un reino inconmovible, que perdura para siempre, y este reino es el que Cristo estableció por medio de su Iglesia, demos gracias a Dios. Y con la gratitud que demostraremos mediante esta acción de gracias, adoremos a Dios aceptablemente con reverencia y piedad.

 

29. Debemos adorarlo con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego que quema y destruye a todo lo impío e irreverente.




CAPITULO 13

Vers. 1-6. Indicaciones sociales

1. Permítanme ahora hablarles de algunas de sus otras obligaciones. Que el amor por sus hermanos cristianos sea constante.

 

2. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, como Abraham y Lot, fueron considerados dignos, sin saber a quién recibían, de hospedar ángeles.

 

3. Acordaos de los presos, como si estuvierais presos con ellos. Acordaos de los afligidos y doloridos, porque vosotros también tenéis un cuerpo corruptible, y lo mismo que ellos sufren hoy os sucederá mañana.

 

4. Que el matrimonio sea honrado en todo, y que el lecho conyugal se mantenga puro de toda impureza. Porque Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros.


5. Que la disposición interior de su alma sea generosa y estén contentos con lo que tienen ahora, encomendándose a la divina Providencia. Porque Dios mismo ha dicho: «No, nunca te dejaré ni te abandonaré».


6. Así que, con la valentía que nos da la confianza en este asunto de Dios, digamos: El Señor es mi ayudador, y no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?

 

 

Vers. 7-16. Εxhortaciονes espirituales.
  

7. Recuerden siempre el santo ejemplo de sus líderes y supervisores espirituales, quienes les enseñaron la palabra de Dios. Reflexionen sobre ellos y estudien su propósito de vida y conducta santo y agradable a Dios, e imiten su fe.


8. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Así como fortaleció a sus líderes, también los fortalecerá a ustedes en la fe. Por lo tanto, aférrense a ella.


9. No se dejen llevar por enseñanzas diferentes y ajenas a la verdadera. Porque es bueno y saludable para el corazón ser fortalecido e informado por la gracia de Cristo, no por la distinción judía de alimentos, de la cual no se beneficiaron aquellos cristianos judaizantes que establecieron los alimentos como norma de su conducta.


10. Nosotros, los cristianos, tenemos una mesa y un altar, en los que participamos del sacrificio de Cristo en la cruz, y de los cuales ni siquiera los sacerdotes y sumos sacerdotes, que adoran y sirven a Dios en el tabernáculo del martirio, tienen derecho a comer. 

 

11. La prueba de que los sacerdotes de la Ley Mosaica no tenían autoridad para comer de nuestro altar es que ni siquiera comían este sacrificio, que más que cualquier otro simbolizaba el sacrificio de la Cruz. Pues, como se define en las Escrituras, los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre era llevada por el sumo sacerdote el día de la expiación al Lugar Santísimo como sacrificio por el pecado, no eran comidos por los sacerdotes, sino quemados completamente fuera del campamento de Israel.


12. Por eso, según el tipo profético de los sacrificios por el pecado, Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo del nuevo Israel, sufrió fuera de la puerta de la ciudad de Jerusalén.

 

13. Así que salgamos también a él fuera del campamento. Es decir, distanciémonos y cortemos toda conexión con el judaísmo y el mundo del pecado. Y carguemos con el oprobio de Cristo, dispuestos a ser despreciados por él, tal como él fue injuriado y despreciado.


14. No duden en separarse del centro judío y del mundo. Porque aquí no tenemos patria ni ciudad permanente ni duradera, sino que anhelamos con gran anhelo el futuro, la Jerusalén celestial.

 

15. Por tanto, apartándonos del sacerdocio levítico, ofrezcamos siempre e incesantemente a Dios, por medio de Jesucristo, nuestro sumo sacerdote, un sacrificio de alabanza y acción de gracias. Cuando digo sacrificio, no me refiero a un sacrificio de animales y sangre, sino a un sacrificio que, como fruto de una profunda gratitud a Dios, brotará de nuestros labios, alabando y glorificando su nombre.


16. Pero no se olviden de hacer el bien y de compartir con los demás, con lo cual participan de su propio bien. No se olviden de esto, porque Dios se complace en tales sacrificios, y no en los sacrificios de animales.

 

17. Obedezcan a sus líderes espirituales y sométanse completamente a ellos. Porque ellos velan por sus almas, pues tendrán que dar testimonio de Cristo por ustedes. Obedézcanlos, para que se sientan animados por su obediencia, para que puedan realizar esta obra con alegría y no con quejas. Porque no es justo que sus líderes espirituales se quejen por su culpa, pues Dios los castigará por ello.

 

18. Oren por nosotros. La convicción que tenemos de que nuestra conciencia no nos condena en nada, sino que nos da buen testimonio, me da valor para pedirles oraciones, porque siempre queremos portarnos bien en todo.


19. Os ruego que hagáis esto por mí, para que pueda volver a vosotros lo antes posible. 

 

20 Ahora bien, Dios, dador y legislador de la paz, que resucitaste de entre los muertos al gran pastor de las ovejas espirituales, para entrar en el cielo y ofrecer su sangre como sacrificio propiciatorio, en el cual fue confirmado el pacto eterno, es decir, con nuestro Señor Jesucristo,


21. Que te haga perfecto en toda buena obra para que hagas su voluntad. Que él obre en ti lo que le agrada por la mediación de Cristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


22. Os ruego, hermanos, que recibáis con prontitud la palabra de exhortación y de consolación que tengo en esta carta; porque no os he cansado mucho, pues os he escrito brevemente.


23. Sabed que nuestro hermano Timoteo ya está en libertad, y os veré con él, si viniere pronto a verme.


24. Saludad a todos vuestros superiores y a todos los fieles. Los hermanos que vienen de Italia os saludan. 


25. Que la gracia de Dios, que nos concede la salvación y todo bien espiritual, esté con todos ustedes. Amén.


 

 

 

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