CATEQUESIS DE SAN CIRILO DE JERUSALEN. 2. [13/12/82]. Atención al examen de la disposición para recibir el Catecismo y a continuación el bautismo. [1374]

Debido a que la última vez no tuvimos suficiente tiempo debido a la fiesta de san Nicolás, me gustaría repetir con unas pocas palabras que san Cirilo de Jerusalén tiene el Procatecismo, 18 catecismos para los iluminados y 5 mistagogias. Que el procatecismo se refiere a una introducción, en cierto modo, a la recepción y a algunas condiciones, dice,  a los que  que van a recibir el catecismo para ser bautizados y eran llamados iluminados. 

Cuando terminaba este procatecismo, que era una recepción, en cierto modo, para  los iluminados, entraban en la catequesis, que eran lecciones que se decían a los futuros cristianos que iban a ser bautizados. Y cuando eran bautizados, entonces eran llamados nuevos iluminados. Y luego, —el catecismo no terminaba—,se ofrecían estas 5 catequesis, las llamadas mistagógicas. 

Las primeras 18 catequesis esencialmente se refieren a la interpretación del Símbolo de la Fe, es decir, el esqueleto, camino del análisis del contenido de la fe es esto, el Símbolo de la Fe. Hablará sobre la fe, hablará sobre Dios, sobre Jesús Cristo, sobre el Espíritu Santo, sobre la Iglesia, etc. Y las 5 mistagógicas se refieren al análisis de los Misterios de la iglesia y particularmente al Misterio del Bautismo y la Sagrada Eucaristía. Estas son solo unas pocas palabras sobre el contenido de los catecismos. 

La última vez hicimos de la procatequesis el primer párrafo, y nos faltaban dos líneas para terminar y continuar con el siguiente párrafo. Aquí entonces les informa de que sus nombres ya han sido escritos en los catálogos de la Iglesia y que ahora están siendo guiados para convertirse en cristianos fieles; pero deben tener una buena intención, una buena disposición para proceder allí y que no deben proceder al bautismo e incluso tampoco aceptar el catecismo si no tienen una buena predisposición. 

Sobre el tema de la predisposición san Cirilo insiste. Insiste bastante, tanto que vemos que vuelve a este tema una y otra vez cada poco tiempo. Le preocupa que alguien pueda venir con mala voluntad a espiar los temas de la fe, o incluso que pueda utilizarlos para otros fines utilitarios. E insiste mucho, como os digo, y vuelve al mismo tema una y otra vez. 

 

Pues Dios es generoso para hacer el bien y, por lo demás, espera la sincera voluntad de cada uno; por eso añade el Apóstol: «A aquellos que han sido llamados según su designio». Cuando existe un propósito sincero, hace que seas llamado; pero si sólo tienes dispuesto el cuerpo, pero estás ausente con la mente, perderás el tiempo.  

Dice que Dios espera cada uno, aunque sea generoso para hacer el bien, pero espera la buena disposición y la genuina intención de cada uno. Si Dios ve que hay buena disposición entregará su riqueza; si no ve buena intención, no dará su riqueza. Por eso dice el apóstol, «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Rom.8,28). Es decir, a aquellos que son llamados, pero dependiendo de la disposición, [conforme a su buen propósito]. Es un excelente pasaje, que no han atendido y cayeron en la predestinación. 

Eres llamado por Dios para tu salvación, en tanto que Dios ve tu disposición. No te hace un favor llamándote, así espontáneamente... No. Dios ve tu disposición, y por lo tanto llama a aquel en el que existe una predisposición para ser salvado.    

Por eso dice que Dios prededestinó [traducción literal] a la salvación a los que conforme a su propósito son llamados. Pero, ¿cómo los predestinó? ¿Hace Dios acepción de personas? Es decir, ¿a mí me predestina y a tí no te predestina? No. No es así. Dios ve la disposición. ¿Y sabéis dónde, cómo, cuándo? Antes de que yo naciera. Antes de la fundación del mundo, si quieres. Dios conoce a los llamados y escogidos antes de la fundación del mundo. Pero ve la disposición. Dios no es parcial. 

Y continúa san Cirilo, «Cuando existe un propósito sincero, hace
que seas llamado; pero si sólo tienes dispuesto el cuerpo, pero estás ausente
con la mente, perderás el tiempo
». 

Existe un elemento, que muchas veces no atendemos; no quisiera hablar sobre la disposición, pero utilizaré su frase, como la presenta. Cuando mi cuerpo está presente en la divina Liturgia, pero mi mente está en otra parte. Entonces no tienes nada que ganar. Si mi cuerpo está presente en una homilía, pero mi mente da vueltas por otro lado, en nada seré beneficiado. Esto debemos saberlo, que cuando vamos a la Liturgia, o cuando escuchamos el logos de Dios, siempre debemos tener nuestra mente presente. 

Podría decir alguien lo siguiente; "entonces, si se supone que estoy cansado o que no he dormido bien, sería mejor no ir". No. No, porque por mucho que duermas o descanses, no tendrás mejor disposición, o estarás más concentrado en la homilía o en la divina Liturgia. Incluso si no prestara mucha atención absoluta, no por falta de respeto, sino por debilidad, debo ir de todos modos porque siempre seré beneficiado. 

 

Y pasamos al segundo párrafo. 

«Al bautismo se acercó también en cierta ocasión Simón Mago, pero no se sintió iluminado: y realmente bañó su cuerpo en el agua, pero no dejó que el Espíritu iluminase su corazón; el cuerpo bajó a la piscina; pero el alma no quedó sepultada con Cristo ni resucitó juntamente con él. Pongo este caso como ejemplo para que tú no caigas. Pues todo esto les sucedía a ellos en imagen y ha sido escrito para enseñanza de los que viven hasta el día de hoy». 

Tiene un ejemplo aquí. Se refiere a Simón el mago. Es el conocido pasaje narrado en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 8 (9-13): «...que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito».

Entonces Simón vio que tenía ante él a un "mago" mejor. Y entonces le pidió a Felipe ser bautizado, para volverse él igual, es decir para ganar más arte y experiencia en su trabajo como mago. 

Felipe le bautizó, pero como no era sacerdote, digámoslo así según nuestro lenguaje actual; no era el apóstol de primer orden, era un diácono. Realizó el bautismo, pero no realizó otro Misterio, el de la Crismación. Hoy tenemos estos Misterios juntos. La  Crismación es, lo que en la antigua Iglesia se hacía, poniendo el obispo o el apóstol su mano sobre los que fueron bautizados, para que reciban el Espíritu Santo. Esta imposición de manos sobre los que eran bautizados, hoy se hace con el santo Mirro. Es Misterio, es la Crismación. Porque todos los obispos, por costumbre [por santa tradición] y por honores*, se reúnen en una ceremonia especial en el Patriarcado de Constantinopla, en la que esta imposición de manos se realiza por medio un portador material.

* No en autoridad, sino en honor. En autoridad, todos los obispos son iguales (lat. "primus inter pares", gr. "πρῶτος μεταξὺ ἴσων": primero (en honor) entre iguales)

Y este portador material es un bálsamo aceitoso aromático, con muchas esencias aromáticas mezcladas, se convierte en portador de la gracia divina, de la Crismación del Espíritu Santo. Procede del verbo "χρίω", [jrío], ungir. Esto hoy en día se hace así porque no tenemos la posibilidad en cada bautismo de tener al obispo, cuánto menos a los doce apóstoles. 

Así, cuando Felipe bautizó a Simón el mago, tuvo que venir un apóstol a dar la crismación, es decir, la imposición de manos, para que los que fueran bautizados pudieran recibir el Espíritu Santo. Son dos Misterios, vuelvo a decir. Y cuando el apóstol Pedro llegó a Samaria comenzó a imponer sus manos sobre cada fiel y entonces los fieles presentaban fenómenos milagrosos y carismas del Espíritu Santo. 

Entonces Simón se maravilló, viendo lo que podría él conseguir; "viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito". Y el pobre hombre tomó dinero, fue al apóstol Pedro y le dijo: "¿cuánto dinero queréis? Tomadlo, aquí está. Dadme la posibilidad a mí tambien de poder hacer esto que hacéis vosotros". 

Y le miró atentamente el apóstol Pedro y le dijo: "Tu dinero se pierda contigo, porque has pensado que podemos comprar y vender la Gracia de Dios. Te veo que estás lleno de maldad. Arrepiéntete, para que no te castigue Dios". Y dice Simón, "rogad al Señor que no me castigue."

Ahí acaba la narración y no dice nada más
. Sin embargo, sabemos por la historia de la Iglesia que este hombre no se arrepintió. Y resultó ser líder de una herejía, por supuesto no es el primero ni el iniciador de ella, como el gnosticismo, pero él mezcló judaísmo y cristianismo y se comporta como un líder de una herejía, incluso se le considera el punto de partida de este mal. Aunque históricamente como hemos dicho no es solo el mago Simón, sino también muchos otros. Se considera no obstante que es uno de los padres del gnosticismo en este sector. Mezcla  cristianismo, judaísmo, magia, etc. etc. 

Así que este hombre no se arrepintió. Señalar que cada acto dentro de un Misterio que se hace, y se utiliza dinero, no como ofrenda o limosna, sino como una transacción, se caracteriza como "simonía", tomando el nombre de dicho mago que ofreció dinero para recibir el Espíritu Santo.  

Si se hace un bautismo y el bautizado, sus familiares, ofrecen a la iglesia un regalo, dinero o cosas, o comida, fruta, uvas por ejemplo. Esto no es simonía, sin ninguna duda. Esto es una ofrenda, un regalo, como en el Antiguo Testamento. Se ofrecían en el templo y se ofrecían a los sacerdotes. Pero cuando alguien va y dice: Te doy dinero, dile al obispo, para que me hagas este Misterio. Dices que no, y el otro lo exige, diciendo "te daré dinero para que lo hagas". Entonces [si lo acepta] es simonía, y el tema se centra en el sacerdocio.  

Es decir, voy al obispo, le doy dinero, para que me haga la ordenación. Entonces yo que lo hago y el obispo que lo recibe, es pecado gravísimo, gravísimo. Y se llama acto de simonía. Y es condenado por los canones de la Iglesia. 

Volvemos entonces, san Cirilo dice: ¿Has visto lo que le pasó a Simón el mago? Fue bautizado, pero no dejó que el Espíritu iluminase su corazón. Y realmente bañó su cuerpo en el agua, pero no dejó que el Espíritu iluminase su corazón. Su cuerpo bajó y subió mediante la triple inmersión y emersión, pero su alma no fue enterrada juntamente con Cristo.

Porque es sabido que el Bautismo, ahora no diré mucho más porque quiero volver al tema, es nuestra participación en la muerte y resurrección de Cristo. Es decir, un acto en Misterio que muestra que si no morimos junto con Cristo, no resucitaremos con Él. Esta es la perspectiva mística de lo que vemos. ¿Nosotros qué vemos? La triple inmersión y emersión del agua. El agua es símbolo del sepulcro. Entro dentro del agua y soy enterrado, y salgo a los tres días siendo resucitado, como Cristo. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que pongo mi vida y mi existencia bajo la vida de Cristo. Y me convierto en comulgante [participante] de las pasiones o padecimientos de Cristo. Y así como Cristo murió y resucitó, así yo también moriré en cuanto al pecado, también moriré biológicamente porque pagaremos el impuesto común, seremos resucitados. Y como dice el apóstol Pablo, «Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder». (1 Cor. 6,14) 

Y dice ahora aquí san Cirilo, si no lo vives esto, es decir el lado místico de la fuente del Misterio, entonces, ¿en qué te ha beneficiado haber sido bautizado? Por esta razón queridos, vemos que la gente de hoy que se bautiza, al final en nada son beneficiados. 

¿Y que duce aquí san Cirilo? «Pongo este caso [de caída] como ejemplo para que tú no caigas».

Por esto hacemos nosotros todo esto aquí, para que percibamos alguna vez que hemos de adquirir una profunda conciencia de todo lo que ha tenido lugar entre nosotros, y no nos hemos concienciado. ¿Qué quiere decir he sido bautizado? 

Cuando hoy en día queridos, vienen los niños, ivuestros hijos! y te dicen, ¿y quién te dijo que me hicieras cristiano? ¿Y quién te dijo que me bautizaras a mí? etc., etc. Lo que significa que ni nuestros hijos sabían por qué ni nosotros lo sabemos. ¿Sabes qué podemos decir como respuesta, lo cual es triste? Hijo mío, así lo encontré yo de mi padre y de mi madre, así lo hice contigo. Buen argumento. Y esto no es un argumento sobre la tradición, porque hablar en nombre de la tradición es un gran elemento, pero si  tengo también la garantía de la conciencia de las cosas. Y no puedo simplemente quedarme sólo en decir a mi hijo, "así lo encontré, así lo hago".  ¿Eso es un argumento queridos? ¿Eso es una explicación, cuando no entiendo por qué lo hago? He de entender yo también por qué lo hago, y estar concienciado de por qué he sido bautizado. Entonces realmente de mi bautismo saldrá muchísimo beneficio.  

 

«Pues todo esto les sucedía a ellos en imagen y ha sido escrito para enseñanza de los que viven hasta el día de hoy» 

Esto de "Pues todo esto les sucedía a ellos en imagenes muy importante. Es lo que nos dice la Santa Escritura, por me dio del apóstol Pablo en su epístola a los hebreos, que todo esto fue escrito en la Santa Escritura de modo ejemplar, como imagen, como modelo, ya sea a imitar o ya sea a evitar. Y lo que les sucedía a ellos, nos sucederá a nosotros también. Son entonces ejemplos que debamos atender siempre en nuestra vida, qué imitaremos y qué evitaremos. 

 

«Que nadie de vosotros se vuelva intrigante con las cosas de la gracia para que no le turbe ningún germen de amargura. Que nadie de vosotros entre diciendo: veamos qué hacen los fieles; una vez dentro, veré lo que hacen. ¿Es que crees que verás sin que tú seas visto? ¿O es que piensas que te enterarás de lo que allí se hace, pero que Dios no escrutará tu corazón?»

Que no haya entre vosotros nadie que quiera probar la Gracia de Dios, ponerla a prueba. No tentaréis al Señor vuestro Dios. Que tampoco nadie tenga dentro de él alguna raíz de malicia, de perversidad. Que nadie diga, vamos a ver qué hacen los fieles; pasaremos por la clase de los catecúmenos, nos bautizamos, para ver en la divina Liturgia qué hacen allí. 

Como sabéis y como os dije, la divina Liturgia se realizaba a puerta cerrada. La Iglesia, como organización, tenía las puertas cerradas, no podías entrar dentro si no estabas bautizado e inscrito en los registros de la Iglesia. En la divina Liturgia no podías participar si no estabas bautizado, los catecúmenos estaban dentro hasta un determinado momento  y luego se iban. Lo de "las puertas, las puertas" que hoy en día, como os decía la vez pasada, se ha convertido en un vestigio, esto entonces se llevaba a cabo, era un acontecimiento. Los catecúmenos no podían saber qué pasaba en los Misterios. Podría decir alguien, ¿era por esto, o por una disposición contraria y de calumnia hacia los cristianos? Llegaron a decir, queridos, los enemigos de la fe, para justificar las persecuciones contra los cristianos, que —malinterpretando, por supuesto, el misterio de la divina Eucaristía—, que los cristianos (que comemos la carne y bebemos la sangre de Cristo) realizaban banquetes en honor al dios Tiestes, y que celebraban festines orgiásticos. Es decir, que hacían mesas de orgía, que sacrificaban a un niño pequeño, bebían su sangre y comían su carneY después se entregaban a prácticas inmorales entre ellos, por eso los llamaban relaciones tipo Edipo, con su madre y etc., lo conocéis por la historia.

De esto acusaban a los cristianos, los castos cristianos, porque malinterpretaron las cosas y su disposición era la de perseguir y difamar a los cristianos.

Si me preguntáis, ¿por qué estaban las puertas cerradas en la iglesia? ¿No era esto algo indebido, cuando debería estar todo abierto al público? 

No existiría ninguna contradicción a que estuviese todo abierto al público, lo vemos esto queridos en las dos Apologías de Justino el Filósofo. Una es hacia el senado de Roma y la otra hacia el emperador. Con todo detalle expone los temas de la fe y del culto, con tanta precisión que podríamos decir que tenemos una tradición auténtica en cuanto a la celebración de la divina Liturgia. Y sin embargo, tomo estos elementos de la apología que se presentó al senado, por ejemplo. ¿No os impresiona esto? 

No tenían ningún motivo para ocultar nada, en absoluto. Pero entonces me dirán,  ¿por qué estaban cerradas las puertas? Por motivos de profanación. Solo por eso.  Porque el Señor dijo «No deis lo santo a los perros [a los infieles], ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos» (Mat. 7,6), porque no lo entenderán y las pisotearán. Si me decís, "¿y qué podemos hacer?" Veis, son temas de actualidad.

El caso podría ser similar al de los masones. La masonería es una organización cerrada. No puedes entrar en sus misterios, porque tienen misterios, no lo olvidéis esto. No puedes entrar en sus misterios. Entonces, ¿tal vez hay alguna conexión, alguna comparación, etc.? Ellos mismos dicen que un día abriremos nuestras puertas y la gente sabrá lo que existe. Esto lo dijo una vez en la Logia [asociación de masones] de Holanda, o de Bélgica, no recuerdo, que ha llegado el momento de abrir la puerta. Es decir, nuestras puertas y que la gente sepa qué tenemos. 

Y la Logia Anglicana, respondió "no, aún no ha llegado el momento". Pero ¿de qué se trataba entonces? Es lo siguiente. Que estas personas no solo no querrían que sus misterios fuesen profanados, sino que están pensando a expensas de la humanidad y que aún no ha llegado la hora para que se revele. Los masones son malhechores, no se necesita prueba de esto. Cuando se revelaron en el campo de la Logia de Roma las ceremonias que se realizaban tanto contra el gobierno italiano como contra muchas otras personas, — todo esto que se publicó en el verano, supongo que lo recordáis—. Os pregunto, realmente todo aquello que salió a la luz pública, ¿podrían haberlo dado a conocer ellos mismos? Sin duda, no; porque todo esto eran maquinaciones criminales de unos hombres, y una serie de intereses a un nivel criminal, contra una sociedad de personas.  

Pero decidme, ¿qué en secreto y oculto podría existir dentro de la Iglesia, para que la Iglesia temiera abrir sus puertas y mostrar exactamente cómo realiza sus Misterios?. Nada. No tenía nada que temer. Pero otra cosa temía, la profanación que sería llevada a cabo por los infieles, lo cual sería algo en contra de los infieles. Daré un pequeño ejemplo que es de la misma Sagrada Escritura y creo que es ejemplar. Cristo hablaba en parábolas, y dijo a sus discípulos cuando una vez le pidieron que les interpretara una parábola: «A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan» (Mc. 4, 10-12)

Aquí surge ahora una pregunta. Cosa extraña, entonces, ¿cuál era el fin de la enseñanza del Señor, ya que la parábola es una imagen, o una serie de imágenes,  que aclaran una enseñanza de Cristo. Esto es cierto, pero al mismo tiempo la parábola también oculta la verdad. Aclara la verdad, revela la verdad y al mismo tiempo oculta la verdad. Pero Señor, sus discípulos le decían, ¿tú no quieres ser claro, y que la gente conozca tu enseñanza? ¿Cómo dices ahora para que puedan oír y no entender? 

Es porque había oyentes que no tenían una buena disposición. Entonces para que no malinterpretasen lo que el Señor les decía, por esta razón hablaba en parábolas,  para que oyeran la historia y pero no pudiesen entender el significado más profundo. 

¿Qué hacía el Señor entonces? Ocultaba. ¿Ante quiénes? Ante los profanadores. ¿Y por qué hacía esto? Para que no tuvieran un castigo más severo. Porque si conociesen en su profundidad el contenido de la fe y se comportasen de modo profanador, entonces su castigo sería mayor que si no lo supieran. Y por lo tanto, por amor a los hombres hacía esto Cristo para que no tuvieran un castigo más pesado. Por este motivo. Y por este motivo lo hace también la Iglesia.

La Iglesia no tiene motivos para ocultar sus Misterios; la prueba es que lo que se celebra ahora lo puede toda persona, por así decirlo. Todos pueden entrar y ver lo que estamos haciendo. No hacemos nada malo o extraño. Ese absurdo argumento de los milenaristas, que dicen que los sacerdotes ocultan el verdadero nombre de Dios a los fieles, ¿qué ocultamos? ¿Y por qué deberíamos ocultarlo, por qué motivo? ¿Por qué razón, por motivos de las distintas denominaciones de Dios? Vemos lo absurdo que es todo esto. 

¿Pero habéis entendido por qué la iglesia estaba cerrada y no estaba abierta? «Que nadie de vosotros entre diciendo: veamos qué hacen los fieles; una vez dentro, veré lo que hacen». Y por qué san Cirilo insiste en esto y dice: «¿Es que crees que verás sin que tú seas visto? ¿O es que piensas que te enterarás de lo que allí se hace, pero que Dios no escrutará tu corazón?». 

Queridos, os pondré un pequeño ejemplo y lo entenderéis. Pongamos que me fijo en unas personas y me escondo. Y quiero ver qué hacen estas personas. Así que me escondo detrás de una pared y espío lo que hacen. Al mismo tiempo que yo los espío a ellos, sin que yo lo note, hay otro detrás de mí y me ve lo que hago. Ver lo que hacen los demás y que otros te vean qué haces tú. Y tú te escondes para que no te vean unos, pero otros te están viendo por detrás. Lo mismo sucede con Dios; ¿has venido a observar con una mala disposición lo que hacemos aquí dentro? Que sepas que Dios sigue lo que estás haciendo. Es el Omnipresente, que lo sabe todo, y conoce los corazones y las predisposiciones.

 

Y san Cirilo nos pone otro ejemplo. Párrafo 3:

 

«Se cuenta en los evangelios que alguien fue a curiosear en unas bodas, pero entró con un vestido inapropiado, se acomodó y comió. El esposo lo había permitido. Pero al ver las vestiduras blancas de todos, lo oportuno hubiera sido vestirse del mismo modo. Y realmente tomaba los mismos alimentos que los demás, pero se diferenciaba en el vestido y en la intención. Entonces el esposo, aunque magnánimo, era hombre de criterio. Y al dar una vuelta contemplando a cada uno de los comensales, ponía su atención no en el hecho de que comían sino en el modo de comportarse. Al ver a un extraño vestido con traje que no era de fiesta, le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado hasta aquí?" ¿Con qué vestido? ¿con qué conciencia?»  


Es otro ejemplo de San Cirilo. Hace referencia a la parábola de la gran cena o de las cenas reales, en la que un rey celebraba las bodas de su hijo e invitó a muchos. Para entrar, debían hacerlo con un uniforme especial. Es algo que existe hoy también, cuando para una celebración especial se requiere un uniforme especial. Los militares lo tienen esto, se les informa previamente en la invitación, si llevarán el traje oficial o el civil.

Entonces, los invitados a estas bodas debían vestir de blanco. Vino entonces uno que no llevaba la vestimenta requerida, entró directamente y se sentó a la mesa. El esposo, dando una vuelta por las mesas, le vio. “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener vestimenta de boda?” (Recordemos los troparios del Gran Lunes y Martes Santo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? Υ los troparios del Gran Lunes, Martes y Miércoles Santo, recordad, «Veo al esposo, mi Salvador, ataviado, y yo no tengo vestiduras para entrar la boda…» El otro no sabía qué decir, y entonces da la orden de que se lo lleven, le aten de manos y pies y le metan en la cárcel. ¿Qué quiere decir esto? Se refiere a cuando alguien intenta entrar al Reino de Dios de un modo inapropiado, sin arrepentimiento ni cambio, sin tener un alma limpia.  Ves a los demás que tienen una buena disposición, ves a los demás que luchan, y  no has pensado que  deberías hacer lo mismo?   [Ver párabola (Mat. 22, 1-14)]  

No dudes de que puedes ser salvado, pero cuando vengas al Reino de Dios, deberás estar limpio. Qué eras antes no importa, Dios te recibirá, pero ahora en vistas a comulgar y a entrar en comunión, tus “vestimentas” han de ser blancas, limpias. Porque no puedes comulgar si no tienes cuidado de estar limpio. Dice san Cirilo, el esposo, aunque era magnánimo, era hombre de criterio.     

El portero no te lo impidió, el esposo lo había permitido. ¿Quién es el portero, queridos? Más abajo en el cuarto párrafo, lo dirá esto para sí mismo.

«De hecho nosotros somos ministros de Cristo y acogemos a cualquiera y, haciendo las veces de portero, franqueamos la entrada». 

Nosotros somos los porteros, antes tu padre espiritual es el portero. Te permite alguna vez pasar, —es la Natividad, que comulgue—. Y yo lo he hecho algunas veces (desde luego sin que existan pecados graves), le he dicho, no deberías comulgar, pero hazlo porque es la Natividad, la mesa de invitados es grande, y has de comer tú también, no irte en ayunas. Por compasión y honor, no míos, sino del Señor, te permite entrar y cenar. Pero también tú por compasión y honor corresponderás. ¿En qué? Deberás de aquí en adelante estar muy atento. No deberías comulgar ahora, pero te lo permitiré.

Nosotros, los ministros o servidores de Cristo, aceptamos a todos; no lo impedimos, queremos ayudar a todos los hombres. ¿Pero tú qué haces, hermano mío? ¿No te han enseñado cómo se comportan los demás? Vas a una reunión de personas que luchan, y tú no luchas? ¿No deberías irte?. Vete a tiempo, para regresar a tiempo. Irte, para que digas: "yo debo corregirme". Es decir, ¿insistes en la fornicación? Corrige tu fornicación y luego ven. ¿Insistes en la avaricia? Corrige tu avaricia y luego ven. No puedes entrar en la cena del Reino de Dios si no has empezado a corregir algunas cosas. 

Párrafo 4. «Εntraste, fuiste admitido, tu nombre quedó inscrito ¿Te das cuenta del aspecto venerable de la Iglesia? ¿Ves el orden y la disciplina? ¿Ves la lectura de las Escrituras canónicas...» Lo ves todo. «Deben instruirte tanto el respeto al lugar como la contemplación de lo que ves». 

Es decir, aprende a sentir pudor y decir, ¿dónde estoy?. He conocido a muchas peronas que me lo dicen, he ido a la divina Liturgia, pero me sentía muy mal conmigo mismo, porque había cometido tal y tal pecado, y tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Que no tenía nada que ver en aquella reunión de fieles.

Esto quiere resaltar ahora san Cirilo. Que debes adquirir conciencia de las cosas. Comprender, no que Dios no te aceptará, sino que debes entender que no puedes permanecer así y que debes empezar a corregirte sinceramente. 

Por eso entonces, en la antigua Iglesia, teníamos este maravilloso fenómeno, el del progreso de los cristianos. Hoy, este fenómeno está muy limitado; es decir, hoy no vemos a nuestros cristianos tener progreso. Se encuentran estancados, permanecen siempre allí donde se encuentran.

No tenemos un cambio vívido, un intento de cambiar la vida. ¿Habéis entendido qué quiere decir con todo esto? San Cirilo quiere enfatizar que la vida debe cambiar, que nadie diga, "así soy y así permaneceré". No. Dios no te aceptará, no puede aceptarte así. 

Y continúa. «Si ahora entraste con el vestido interior de la avaricia, deberás
volver a entrar con otro
»; ¿Cuál es el otro? Que te vuelvas más humano, filántropo. Convertirse en alguien que diga, "ya no debería ser avaro". 

«Despójate y no te cubras con el vestido que llevaste. Desvístete, te ruego, del libertinaje y la inmundicia y cúbrete con la estola resplandeciente del pudor. Yo te lo advierto antes de que entre el esposo de las almas, Jesús, y examine las vestiduras.».  

¿Εstás vestido con la vestidura de la fornicación y toda impureza? Quítatelo, no es correcto, y vístete ahora con la vestidura de la sobriedad. Esto hoy, queridos, se lleva a cabo mediante el Misterio del arrepentimiento y confesión, que es el segundo bautismo. Decir, "iré a desvestirme, me pondré mi ropa blanca, y luego iré a comulgar". Primero me arrepentiré, cambiaré mi estilo de vida, y después comulgaré. 

Te advierto y te ruego, dice san Cirilo, antes de que entre el esposo de las almas, Jesús, y examine las vestidurasEs lo que el sacerdote a veces dice, antes de la Sagrada Comunión a los fieles. Hermanos míos, si no os habéis confesado, no comulguéis. Presten atención porque estoy comparando el Misterio de la Confesión con el Misterio del Bautismo, porque os lo digo una vez más, porque deseo la salvación de todos. ¿Por qué se llama segundo bautismo? Porque mediante él debemos avanzar, siendo "rebautizados" primero con el Misterio de la confesión y el arrepentimiento. Repito y vuelvo a usar palabras como san Cirilo, porque el objeto no es la retórica sino el catecismo. 

¿Y cuándo vendrá el esposo de las almas Jesús Cristo y examinará las vestiduras? Cuando hayas puesto dentro de ti la Sagrada Comunión. Entonces te inspeccionará. Es lo que decimos en las oraciones para recibir la Sagrada Comunión, "no sea para juicio ni condena" [2ª Oración de San Basilio el Grande].

Algunas personas, por un impulso, comulgan porque en ese momento así les ha apetecido. Teniendo pecados muy graves, ven a los otros que comulgan, sienten un deseo y van y comulgan. Queridos dos míos, esto no es correcto. Debo decirles que la Sagrada Comunión no es un medio, es un fin. Todos los Misterios están dentro; son caminos, senderos. El Misterio de la Divina Eucaristía (Sagrada Comunión) es un fin, es el objetivo. Es nuestra unión con Cristo. Por este motivo, tiene, si se me permite decirlo, un carácter pasivo. ¿Qué quiero decir con esto? Escuchadlo.

Cuando tengo alguna necesidad, como cuando estoy enfermo, y realizamos el Misterio de la Sagrada Unción*. 

* La Sagrada Unción, dentro de la actual absoluta tergiversación de todo lo sagrado, reflejo de la época especialmente anticristiana que vivimos, no es la "bendición" que se le da a un moribundo en sus últimos momentos de vida, sino este Misterio que aquí estamos explicando, aplicable en cualquier momento—

Cuando tengo el pecado ancestral, tenemos el Misterio del Bautismo. Todos los pecados personales son eliminados. Todos los Misterios tienen un carácter dinámico. Dinámico y terapéutico. El Misterio de la Divina Eucaristía (Sagrada Comunión) sin embargo tiene un carácter pasivo. Es decir, en todos los Misterios, Cristo viene a ayudarnos, viene a recibirnos. En el Misterio de la Divina Eucaristía, vamos nosotros a recibir a Cristo. Como si Cristo estuviese quieto, podríamos decir, y vamos a recibirlo. En este sentido digo que este Misterio tiene un carácter pasivo. 

¿Qué significa esto? Significa que del Misterio de la Divina Eucaristía no esperaré situaciones dinámicas, como en los otros Misterios. No esperaremos obtener  inmediatamente soluciones, como curarnos. O que nuestros pecados sean perdonados al comulgar, o cualquier otra cosa similar. Nunca digáis esto, es algo  peligroso. Para todo esto tenemos los otros Misterios. Pero me diréis, "si decimos en las oraciones, "para el perdón de los pecados", y en la Sagrada Unción, "para sanación del cuerpo y del alma", para no enfermar. También lo dice el apóstol Pablo, "comulgáis indignamente, por eso te enfermáis" y así sucesivamente.

Y también de modo inverso, uno que está enfermo, comulga para ponerse bien. Tenemos casos en los que una persona se pone bien porque ha comulgado. Pero estos son provistos por Dios de modo excepcional. Esencialmente, el Misterio de la Divina Eucaristía es pasivo, con el sentido de que voy yo a recibir a Cristo, no que viene a mí. Y con el más mínimo pecado, se aleja Cristo.  

Por esta razón el bautismo no se repite jamás, y la Divina Eucaristía puede repetirse cada día. Podría comulgar cada día. ¿Por qué? Porque estoy en peligro de perder a Cristo en cualquier momento. Y quiero ir a recibirlo. Y constituye el objetivo final de todo Misterios, que es mi unión, la vida eterna, con el eterno e inmortal Cristo.


«Τienes una grandísima oportunidad de desvestirte y lavarte, y de vestirte de nuevo y entrar».

Tienes la oportunidad, ve. Desvístete, lávate, vístete de nuevo correctamente y entra. Es decir, es lo que hemos estado diciendo durante tanto tiempo. 


«Pero si te mantienes en el mal propósito de tu alma, la culpa no será de quien te está advirtiendo: no esperes recibir la gracia.»

Pero si  insistes en tu mala predisposición, yo no soy culpable, no escruto yo los corazones. Puedo decir desde la puerta hermosa [el altar], no comulguéis los que no no os habéis confesado estáis listos. Lo que hagáis después vosotros, es tema vuestro. Si a pesar de la advertencia venís con vuestra mala disposición, o con las vestimentas sucias, entonces es asunto vuestro, tenéis vosotros la responsabilidad. Y no esperéis recibir la Gracia. Esto, queridos, es muy importante.

 

«Te recibirá el agua, pero no te acogerá el espíritu. Quien se haga consciente de su propia herida, recibirá un bálsamo; si alguno está caído, se levantará. Que nadie sea entre vosotros como el mencionado Simón, que no haya simulación alguna, ni interés en averiguaciones inoportunas». 

 

Pero, y con esto cierro, el bautismo podéis recibirlo [cuando lo decidáis vosotros], pero la Gracia no. Hermanos, no comulguemos si no estamos adecuadamente preparados. Aparte de que no recibiremos la Gracia de Dios, puede ser causa de condenación. Por eso vemos a muchas personas, ahora por ejemplo en la Natividad, miles comulgarán. Podría decir alguien, qué alegría, mira cuánta gente comulga. La Gracia de Dios sin embargo no la reciben; porque no mejoran, no tienen un  progreso. Se aglomeran para comulgar, al final no obtienen ningún beneficio. ¿Cuál es el beneficio?

Por eso prestemos atención a este punto, aquello a lo que siempre debemos aspirar será al beneficio. Y el beneficio será tener la Gracia de Dios, para mejorar y progresar. Gracias a Dios, hay cristianos que progresan. Ahí es donde apuntaremos. ¿Estoy mejorando? ¿Progreso?. Si estoy progresando, entonces voy por el buen camino; si no, debo replantearme mi situación. Debo hacer una autocrítica y encontrar la causa. Debo cambiar, para entrar con el vestido blanco apropiado en el Reino de Dios

 


 

AUDIO   https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/agioy_kyrilloy/agioy_kyrilloy_002.mp3

TEXTO   Catequesis San Cirilo de Jerusalén .pdf   

 

Translate