Nos quedamos, queridos, en la Gran Letanía de la paz, en la cual finaliza con "Conmemorando a la santísima, inmaculada, bendita, gloriosa Señora nuestra
Theotokos y siempre Virgen María...", y el pueblo dice el "Amén", con el cual certifican todo lo que anteriormente se ha dicho. Analizamos la función litúrgica de esta palabra, haciendo participante al pueblo en todo lo que se hace y dice en la Divina Liturgia. Es un derecho inalienable del pueblo el "Señor ten piedad" y el "Amén". Podría ser de algún modo o en algún momento cambiar o quitar algunos himnos, pero nunca el "Señor ten piedad" ni el "Amén". Desafortunadamente, esto también ha cambiado. Que almenos lo diga cada uno en su interior, para convertirse así en participante de lo que se dice y hace.
Cuando decimos cantores (psaltes, plural), o coros, nos referimos al pueblo, porque los cantores representan al pueblo. Aunque sucede que el pueblo en ocasiones no conoce las melodías. San Basilio el Grande señalaba que los himnos deben ser sencillos para que pueda el pueblo aprenderlos.
Tras el Amén, los psaltes o cantores dicen las Antífonas. Tenemos tres Antífonas, tres oraciones y tres exclamaciones del iereas (o diácono). Las Antífonas son versos de salmos (en algún momento se decían salmos enteros), los cuales van antepuestos al estribillo, el cual es:
Tras el Amén, dice el psaltis (singular): "Bueno es confesar al Señor y cantar a tu nombre, oh Altísimo...". Esto es la Antífona, un verso de un salmo. Y seguido, el mismo pueblo dice "Por las intercesiones de la Madre de Dios, sálvanos, Salvador".
Segunda Antífona, "Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche". De nuevo el estribillo, "Por las intercesiones de la Madre de Dios, sálvanos, Salvador".
Tercera antífona, "En el decacordio y en el salterio. En tono suave con el arpa". Estribillo, "Por las intercesiones de la Madre de Dios, sálvanos, Salvador".
En los antiguos libros litúrgicos de las Horas los versos en los salmos estaban enumerados, así cantar en modo antifónico era más fácil para los cantores. Cuando los israelitas cantaban la Oda con Moisés, agradeciendo y glorificando a Dios porque les salvó de la amenaza de los egipcios, abriendo el Mar Rojo y cerránodolo cuando pasaban los egipcios.
Junto a los varones israelitas iban las mujeres, y dirigidas por Mariam, la hermana de Moisés, con un tamboril, repetían lo que decían los hombres. Decían un versículo los hombres, lo repetían las mujeres, y así sucesivamente; esto es lo que se llama canto antifónico.
Tenemos entonces tres versículos sálmicos y un estribillo que se repite después de cada estribillo. Al principio de cada grupo tenemos sus respectivas oraciones: oración de la primera antífona, de la segunda y de la tercera.
A lo largo de los siglos, han cambiado las antífonas. En muchas iglesias desafortunadamente no se dicen ya hoy en día. Señalar que las antífonas de los Domingos de hecho son largas, pertenecen a dos salmos, relativamente largos. También se dicen las bienaventuranzas en la 3ª antífona. En vez las bienaventuranzas tenemos hoy los troparios del día o los de Resurrección, sin bienaventuranzas. Incluso oímos el estribillo "Por las intercesiones de la Madre de Dios", tres veces, sin decirse ni siquiera el versículo. Han sido reducidas y hoy han quedado así desnudas.
Kabásilas para su interpretación utiliza las antífonas de a diario, no de los Domingos. Estas veremos; son las más utilizadas. Analizamos la primera:
"Bueno es confesar al Señor y cantar a tu nombre, oh Altísimo". Es decir, es bueno y es importante confesar o glorificar tu nombre. La palabra confesar en el Antiguo Testamento significa glorificar. ¿A quién? Al Señor. Y cantar a tu nombre, oh Altísimo.
Este versículo se dice además en maitines diarios. Después de la Doxología, los tres salmos de las Alabanzas y de los versículos finales, llamados "aposticha", decimos: «Bueno es alabar al Señor, cantar salmos a Tu nombre, oh Altísimo, celebrando por la mañana, Tu misericordia y Tu verdad por la noche».
Esto es el anunciamiento de la misericordia de Dios y de la verdad de Dios. Te glorificamos anunciando por la mañana tu misericordia y por la noche tu verdad. Esto es ofrecer doxa o gloria a Dios, cuando decimos su misericordia y su verdad.
Hoy han venido a verme dos personas, para hablar de algunos problemas que tenían. Me ha parecido observar que algo tenían contra Dios. Y me ha venido un intenso pensamiento, queriendo decir con todas las fuerzas de mi alma, que Dios es bondadoso, es santo; no es ni injusto, ni malo, ni vengativo. Porque decirlo es glorificación o doxología; cuando algunos hombres injustos e insensatos deicen que Dios es injusto.
No pensemos queridos, que doxología es simplemente decir un "Gloria a Dios", o cantar la Gran Doxología. Y al contrario, blasfemia no es sólo blasfemar contra lo divino, como hacen en la plaza del mercado algunos. Blasfemia es cuando dices que Dios es injusto, que es malo, que no sabe qué hace... por favor. ¿Ha enloquecido Dios? Tú has enloquecido si dices esto... ¿existe mayor blasfemia que esta? ¿Han entendido por qué es blasfemia? ¿Y han entendido por qué es gloria a Dios?
Entonces, es bueno glorificar alguien al Señor. ¿De qué manera? Anunciando, diciendo que Dios es bondadoso, lleno de misericordia; pero también anunciando su verdad, diciendo que Dios es verdadero. No existe mentira en Dios, no existe "sí" o "no" en Él. Dios es el Amén, y el testigo verdadero, como nos dice san Pablo en una epístola suya, y como nos dice el libro del Apocalipsis.
¿Qué significa por la mañana y por la noche? ¿Por qué celebra una cosa por la mañana y otra por la noche? Esto significa siempre, en todo tiempo. Siempre ha de ser glorificado Dios. ¿De qué manera? Con este anunciamiento y esta confesión de las particularidades de Dios.
Nos dice el salmo 61, «Dios ha hablado una vez, dos veces le he oído. Que Dios tiene el poder, tuya, Señor, es la misericordia». Que Dios tiene misericordia, es decir amor, que suyo es el poder y la fuerza. No digas, ¿podrá hacer esto Dios ahora? Como decían los israelitas, «¿Podrá Dios ponernos una mesa ahora en el desierto? He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, torrentes inundaron la tierra; ¿podrá también dar pan? ¿dispondrá carne para su pueblo?» (Salmo 78,18-20). Sin embargo Dios les dio agua y les dio también comida. Porque Dios es poderoso y bondadoso al mismo tiempo.
Esto es admirable. Si alguna vez entendemos bien esto, ¿saben cómo cambiará nuestra vida? No piensen que lo que decimos aquí ahora es palabrería, decir muchas cosas para cubrir una hora de discurso, y que no tiene mucha importancia en nuestras vidas lo que aquí decimos. Queridos, nuestro día a día, nuestra vida práctica, la 24 horas de cada día, dependen de si hemos entendido esto, de la consideración de cómo hemos entendido estras cosas. Si de verdad hemos comprendido y sentido que Dios es bondadoso y poderoso.
Si mi fe se ha introducido hasta mis células, y se ha convertido en mi vivencia, entonces ¿qué tengo que temer? Nunca me volveré en contra de Dios. Siento ya que estoy bajo sus alas protectoras. Ya no temo nada, y mi corazón se llena de Dios.
Muchos nos quejamos y decimos, "dentro de mí, de mi alma, siento una agitación, una falta de la paz de Dios". Pues esto es, te falta Dios. ¿En qué sentido? Te falta tener todo ese conocimiento de Dios, que te dará la certeza de que Dios es bondadoso, que Dios es paz, que Dios es poderoso y protector. Si todas estas cosas se afirman dentro de tí, ¿qué tienes que temer?
¿Qué significa misericordia de Dios? Podríamos decir muchas cosas sobre esto. En momentos puntuales, en el día a día, aveces lo sentimos, y sentimos su bondad y su amor. Pero en este momento no quiero centrarme en eso.
La misericordia de Dios no es otra cosa que la Economía de la Salvación. Que Dios tuvo misericordia con los shombres enviando a su Hijo. Este es el más elevado acto de amor de Dios, que debemos confesar continuamente; que debemos recordárnoslo a nosotros mismos continuamente. Es como cuando bendecimos el prósforo o pan litúrgico antes de prepararlo; haciendo la señal de la cruz, decimos:
En memoria o conmemoración del señor Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Exactamente esto hemos de recordar, que Dios se hizo hombre y es el culmen de su amor. Es la mayor economía [actuación, plan, proyecto] que jamás tuvo hacia su creación. Descender al nivel de su creación. El Creador increado bajar al nivel de la creación, y hacerse semejante a nosotros. Es algo difícil de comprender, nuestro cerebro no llega a entederlo, pero es realidad.
Por lo tanto hemos de recordarlo, y cuando lo decimos es la mayor glorificación que podemos ofrecer a Dios, porque anunciamos su misericordia y anunciamos su amor.
Y la verdad, ¿qué es la verdad? Es aquella que es anunciada como sombra en el Antiguo Testamento y es extendida al Nuevo Testamento. Dice el profeta y rey David en el salmo 132: «El Señor juró a David una verdad que jamás revocará». ¿Cual es esta verdad? ¿Es decir, qué juró Dios? Diré lo que dice aquí Kabásilas: El descenso, la Encarnación del Señor, y su obra. Es decir, que vendrá Él mismo entre los hombres para salvarlos.
Todos los profetas no son otra cosa sino la verdad de Dios que se anuncia en el Antiguo Testamento y tiene su cumplimiento en el Nuevo Testamento. De modo que, ¿qué anunciaremos glorificando a Dios? Su amor y su verdad.
Y después viene la segunda antífona. Tenemos primero entonces la Letanía Menor (Una y otra vez en paz roguemos al Señor...), y a continuación la oración de la segunda antífona, la cual dice por supuesto el sacerdote o iereas: «Señor, Dios nuestro, salva a tu pueblo y bendice tu heredad; conserva la plenitud de tu Iglesia; santifica a los que aman la hermosura de tu casa. En cambio, tú mismo glorifícanos por tu divino poder, y no nos abandones a los que esperamos en ti».
Tiene una parte esta oración que también se dice al final de la Divina Liturgia, llamada "Oración detrás del ambón". El ambón es el atril o plataforma elevada en los templos cristianos donde se proclaman las lecturas de la Biblia durante la misa y otras ceremonias. Antiguamente se encontraba en el iconostasio, delante, justo al lado. La oración se decía desde el altar y el sacerdote se encontraba justo detrás del ambón, de ahí su nombre.
El Sagrado Templo o Iglesia más antigua que existe en Grecia [aún en funcionamiento] está dedicado a la Dormición de la Madre de Dios y está en Kalampaka. Allí se puede observar la construcción del ambón ubicada de este modo. Esta oración "detrás del ambón" está dirigida al conjunto de los fieles, también llamado a veces la tripulación —término más propio de un barco— o la plenitud, es decir el conjunto de los fieles. Podríamos decir que la tripulación somos todos los que estamos presentes. Se reza por la plenitud de cada iglesia, pero más paricularmente por los que más se esfuerzan.
Si les preguntase si quieren igual a todos sus hijos, me dirán lógicamente que sí. Pero si hay alguno que tenga una mejor disposición, que sea más obediente, más dedicado ¿no le tienen un poco más de consideración y de cariño? Entonces hasta ahora se refiería a la plenitud en general, pero ahora, más en concreto, "a los que aman la hermosura de tu casa"; santifica a los que aman la hermosura de tu casa, es decir, los que te glorifican con sus oraciones, con sus esfuerzos, con sus iconos, con su cuidado por la iglesia... "glorifícalos tú también con tu divino poder". Y finalmente a todos juntos, a los que esperamos en ti, no nos abandones.
¿Qué tienen de particular los que cuidan de tu Sagrado Templo? Son dos aspectos: uno, el cuidar el templo o la iglesia con devoción y el otro cuidar de él de un modo lujoso, y quizás excesivo. Quisiera que atendiésemos a este aspecto. Muchas veces queremos un cuidado quizás excesivamente lujoso. No sé si Dios querría esto. Con hermosura y con decencia sí, por eso dice "a los que aman la hermosura de tu casa".
Es decir, que el espacio, las paredes, sean normales, de cemento digamos, y no plateados. Que tengan frescos, iconos, pero no con oro o plata sobre ellos. Me dirán que en el Antiguo Testamento Salomón construyó el templo de Dios lleno de lujo, de oro y de plata. Sí, pero existía un motivo allí, para que Salomón hiciese el templo tan lujoso, tan rico. [Salomón construyó un templo sumamente lujoso y ostentoso principalmente para reflejar la grandeza, la santidad y la majestad de Dios, asemejándolo a un nuevo Edén].
Podemos ver también que cuando una iglesia tiene tanto lujo, existe el temor a los ladrones. Pero al mismo tiempo también existe como un desafío. Nos preguntamos si Dios querría tanto lujo, cuando existen muchas personas pobres que pasan hambre. ¿No piensan que es un desafío?
Por el otro lado, contrariamente, está el tema del templo vacío. Hoy día, queridos, nuestras casas están llenas de bienes, limpias y decoradas...y que la casa de Dios esté descuidada, que dé una imagen de abandono, de abominación de la desolación. Es un amala señal. Muestra que nosotros lo hemos abandonado; que nosotros lo hemos hecho desierto. Puedo decirles que muchas iglesias persentan esta imagen.
Y me dirán, ¿tiene la culpa el iereas - sacerdote? ¿tienen la culpa los pertenecientes a la parroquia? No lo sé. Quizás todos. El tema es que si encontramos esta imagen en la iglesia y al mismo momento vamos a sus casas, ¿encontraremos la misma imagen? Cuántas veces he visto esto, entrar al Santuario (parte más sagrada de la iglesia), y querer utilizar una toalla para limpiarte, pero que más bien te manchas al utilizarla. La pila para lavarse las manos sucia, la Santa Mesa desordenada y descuidada... sientes un desagrado al utilizar las cosas de allí.
Una vez me enviaron a oficiar a una iglesia en Atenas. El iereas estaba en el hospital enfermo, no le conocía personalmente. Entré a la iglesia y estaba en un estado terrible. Los velos para la Sagrada Comunión y para cubrir la Patena y el Santo Cáliz estaban amontonados y sucios, algunos con moho. Los papeles con los nombres de vivos y difuntos para su conmemoración, o otros papeles importantes de la iglesia, estaban todos metidos dentro de un saco. Decidí entonces, dado el estado en que se encontraba todo aquello, quemarlo. Por supuesto antes lo propuse al comisionado.
Cuando este hombre salió del hospital me enteré de que se quejó contra mí. Yo pensé, si quiere que venga aquí y hablamos el asunto. ¿Por qué digo todo esto? La pregunta ahora es, queridos, si vamos a la casa de este sacerdote-iereas, o a la casa de los fieles de la parroquia, estarín en este estado? Seguramente no. Estarían cuidadas, limpias, hermosas. ¿Por qué entonces la casa de Dios ha de estar sucia y desordenada? No es necesario entonces tanto lujo ni tanta ostentación. Sólo, si se me permite, que el Sagrado Cáliz y la Sagrada Patena sean de oro o de plata, porque sobre ellos tendremos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esto sí que debe ser de ser algo solemne y elegante; el resto, ¿por qué ha de ser de oro o de plata?
La lámpara mayor central tipo araña ["Πολυέλαιος", [poliéleos]], ¿por qué ha de ser de oro o de plata? Que sea de otro metal, no pasa nada, importante es que no haya pobres en la parroquia, y que el templo esté cuidado, que está limpio, que entres dentro y que realmente sientas que es la casa de Dios.
Todos los que trabajan en la casa de Dios tienen bendición Suya, y la Iglesia pide por ellos que el mismo Dios los glorifique, dado que ellos también con su esfuerzo y su fatiga quieren glorificar a Dios. Debéis sentir gran alegría todos los que trabajáis en la casa de Dios. Los que cantan, los que limpian, los que ofician, los que administran...
Una queja mía particular es, cuántas mujeres entran a la iglesia de un modo muy descuidado. Y estoy seguro de que no lo hacen así cuando entran en su casa. Es esta contraposición entre la iglesia y nuestra casa, que no se permite. Por ejemplo cuando algunas traen aceite y lo ponen en los candiles, y se sale, y mancha el suelo. ¿No será mejor llevarla dentro y que el iereas o el sacristán [neokoros] encargado decidan cómo administrar este aceite? Tú ya lo has ofrecido, es suficiente. ¿Hacen esto ellas en sus casas? Seguro que no. Porque en principio esto se hace por devoción y respeto, pero en realidad es una irreverencia y una falta de respeto.
Y vamos con la segunda Antífona:
«El Señor reina, vestido de majestad. El Señor vestido y ceñido de poder.» (Salmo 93). Y escuchen ahora el estribillo, el cual quizás no lo habían oído antes; por eso les decía que cuántas cosas han cambiado en relación con las antífonas:
«Por las intercesiones de tus santos, sálvanos, Señor»
Anteriormente decíamos «Por las intercesiones de la Madre de Dios», pero está en el Libro de las Horas, si lo buscáis en él lo encontraréis dentro.
El segundo versículo de la antífona: «Así afirmó también al mundo, y no vacila». El estribillo, y de nuevo el tercer versículo de la Antífona, «Tu trono está firme desde siempre y desde siempre existes tú». En esta antífona ahora alaba el Reino y la majestad y el poder del Hijo de Dios, lo cual es debido a su propio y voluntario vaciamiento, lo cual parece contrariar a lo que canta el pueblo, que Jesús es el Señor que reina para siempre, el cual está vestido de majestad, y está vestido y ceñido de poder.
Pero, ¿por qué estas palabras proféticas aquí? Porque aquí, queridos, nos encontramos un paso antes del Evangelio, el cual expresa que Cristo vino al mundo a anunciar su Reino, a predicar el Reino de Dios, y estas palanbras proféticas expresan el comienzo de la presencia de Cristo, cuando estaba ya presente en el mundo, pero no era aún visible a los ojos de la gente.
Algo similar a lo que vimos con el cubrimiento de las sagradas ofrendas o dones, es decir, el Cordero, que representa a Cristo, que es ofrecido por Dios, tal como la Madre de Dios le ofreció en el Templo a los cuarenta días. Es decir vino al mundo, pero permanecía encubierto. Es lo que dijeron los judíos en Nazaret cuando oyeron hablar a Cristo en la sinagoga. "¿No es éste el hijo de José el carpintero, a cuyos hermanos y hermanas conocemos? ¿Cómo sabe letras si no ha ido a la escuela? Esto muestra que estaba entre nosotros, pero no habían percibido quién era. Entonces era el Dios Encarnado, pero encubierto.
Y tal como estaba presente pero de modo encubierto, así también las palabras proféticas vienen a decirnos que es el Señor y el Rey de gloria, el cual reina vestido de majestad, el Señor vestido y ceñido de poder.
Y el tercer versículo, que dice «A tu casa la santificación, Señor». ¿Cuál es la santificación? Es cada sacrificio, cada don y cada adoración que es ofrecida, los cuales son debidos a Dios, desde siempre; es decir, siempre.
El Señor nos dijo que estará siempre con nosotros. Entonces también debe existir siempre cada ofrenda hacia Él.
Sigue la Letanía Menor, "Una y otra vez en paz roguemos al Señor". Tercera oración de la Antífona, y tercera Antífona. Esta tercer oración es como sigue, quiero que atiendan especialmente ahora. Tiene un elemento esta oración que, si nos concienciamos de él, de aquí saldrán muchos bienes:
«Τú que nos has concedido estas comunes y unánimes oraciones y prometes que
cuando dos o tres están reunidos en tu nombre, concederás sus peticiones,
cumple ahora las súplicas de tus siervos como les convenga, concediéndonos en el
siglo presente el conocimiento de tu verdad y en el venidero, la vida eterna».
Τú que has concedido estas comunes y unánimes oraciones en la Iglesia, es decir de todos juntos, y prometes que cuando dos o tres estén reunidos en tu nombre, concederás lo que piden, cumple ahora las súplicas de tus siervos como te piden, concediéndonos en esta vida presente, es decir ahora, en esta vida que vivimos, poder conocer la verdad, y en el siglo venidero, —es decir cuando nos vayamos de aquí—, regalarnos la vida eterna, es decir tu Reino. Esta oración contiene una premisa y dos peticiones.
¿Cuál es la premisa? Es la oración común. Según las palabras del Señor, nos dice en Mateo 18,19-20: «Y otra vez os digo, que cuando dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que me pidieren, les será hecho por mi padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»
Estan grande la fuerza del acuerdo hecho según Cristo, que dice Él: "lo que pidan, les daré". Pero aquí vemos qué poder tiene la oración en la Iglesia. Si suponemos, queridos, que tuviésemos algunos de nosotros una demanda, una petición, y vamos a la iglesia y decimos a los presentes, por favor, señor "tal", o sel o decimos a muchos, recen aquí por mi petición. O cuando es un asunto común, que peligra algún hombre, y todos juntos hacemos oración, y pedimos a Dios que nos dé lo que pedimos.
Por ejemplo, si pidiésemos por que lloviese, y lo hace alguno de modo individual, es más difícil que se cumpla. No porque no escucho la oración, sino porque es un tema común. ¿Cómo se verá el milagro de Dios, si la oración personal han tenido lugar en la casa de cada uno? Ha de ser visible el milagro, y será visible el milagro cuando sea visible la oración con la petición.
CUando la petición es en la Iglesia, cuando el mismo pueblo lo pide a Dios. Yo como iereas, podría decir, "Señor, danos lluvia", no la dará. No porque no me ha escuchado, sino porque hemos de pedirlo todos juntos. Díganme, ¿cuándo hemos tenido sequía, ha orado el pueblo, y no ha dado Dios lluvia? Esto quiere decir "ponerse de acuerdo los hombres para pedir algo". ¿Saben lo potente quees la oración de la Iglesia? Que lo escuchen los que piensan que es mejor hacer oración ellos sólos en casa.
Antiguamente en la Iglesia, cuando estaba la parte de los que estaban en arrepentimiento (habían varias partes dentro de ellos), entraban al templo principal los que iban a comulgar. Los que no, se quedaban más fuera. Si van a una antigua iglesia, como la que tenemos aquí de San Demetrio arriba en el Monasterio, podrán ver el templo principal, después está el nartex, después está el atrio y más fuera el patio. Tenemos tres departamentos.
¿Quiénes se quedaban en estos departamentos? Se quedaban los que estaban en arrepentimiento, los catecúmenos, los suplicantes. Dentro de los suplicantes había tres o cuatro órdenes, dependiendo de sus pecados y de cuándo podían comulgar. Si habían hecho pecados graves, y sobre todo carnales, o pecados de incredulidad, de no confesión de Cristo (cuando negaban a Cristo en una persecución, etc.). Algunos de ellos sólo podían comulgar al final de sus vidas, y sólo si realmente se habían arrepentido. Y algunos estaban fuera, en el patio, y lloraban en cada Divina Liturgia en que los fieles entraban dentro, y les pedían que rezasen por ellos. Si alguien no comulgaba, debía marcharse [en el momento indicado]. Entienden cuántas cosas han cambiado en nuestra época, en los últimos siglos.
Entonces, ¿qué pedían a los que entraban? Que rezasen por que Dios les perdonase. Y decían públicamente sus pecados. "Por favor, te ruego, ahora que vas dentro a la iglesia, reza por mí el miserable, para que me sea perdonado el adulterio, o el asesinato, etc... Este era el poder de las oraciones de la Iglesia. Debemos entonces rezar juntos, a una voz, con un corazón y un alma, pidiendo a Dios lo más importante, estas dos cosas que decíamos: el conocimiento de la verdad de Dios en el siglo presente, y la vida eterna en el futuro.
Quiero permanecer brevemente aquí, en estas dos cosas. ¿Qué es te conocimiento de la verdad de Dios? Queridos, dentro de lo que pedimos a Dios —porque debemos pedir—, lo inferior es que nos de salud. Y muchas veces decimos que es lo superior, "que tengamos salud, y el resto vendrá". La salud es un bien, pero esun bien natural, no es un bien espiritual. Puedes entrar al Reino de Dios sin tener salud, y tener salud y no entrar al Reino de Dios. Vuelvo a decir, es el bien más grande la salud, pero de los bienes naturales. Por lo tanto en relación con lo espiritual está en la parte más baja, es lo último que podemos pedir. O también que nos dé vida Dios, "Dios mío que viva mi esposa, o mi esposo, mis hijos,etc. Esto también está en la parte inferior.
¿Qué es lo superior que podemos pedir? ¿Que nos dé un bien corazón? ¿Que nos dé virtud? ¿Que nos dé santidad? Importante, muy importante. Pero lo más importante que podemos pedir es esto: el conocimiento de la verdad de Dios. "Señor, conocer tu verdad; conocer quién eres. Porque cuando decimos conocer "la verdad de Dios", —porque Cristo dijo "Yo soy la Verdad"—, no significa otra cosa que conocer a Dios.
Y el mayor pecado no es el asesinato, o el adulterio, o la fornicación, o el robo, o cualquier otra traición similar, el mayor pecado es, y escúchenlo bien, el desconocimiento de Dios. Así como el bien superior es el conocimiento de Dios, el mal superior es el desconocimiento de Dios, cuando no tienes conocimiento de Dios. ¿Saben qué significa infierno? Desconocimiento de Dios. ¿Saben qué significa paraíso? Conocimiento de Dios.
Dice la Sagrada Escritura:"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesús Cristo, a quien has enviado." (Jn. 17,3) ¿Qué es la vida eterna? Es el paraíso, es el Reino de Dios, son sinónimos estos términos. Vida Eterna, Reino de Dios, Reino de los Cielos, son la misma cosa. el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Pero les pregunto, ¿qué es el Reino de Dios? Es Dios. No puedes decir que aquí está Dios, y allí su Reino, algo exterior. O que Dios está dentro de su Reino. Dios es el Reino de Dios. Es decir, estaremos dentro de Dios, y esto quiere decir dentro de su Reino. No es algo que Dios crea alrededor de Él, como algo que esté fuera de Dios. Dios es la vida eterna, Dios es es el Reino de Dios.
Cuando Cristo dijo, "no busqués el Reino de Dios por aquí o por allí, porque el Reino de Dios está dentro de vosotros" (Lc. 17, 21). Y cuando dijo el mismo respecto al que crea en él y le ame: "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él (las tres Personas de la Santa Trinidad)". (Jn. 14,23). Es decir el mismo Dios hará morada en él, y donde está Dios está su Reino.
Para comprenerlo mejor, es como el sol y sus rayos. Sus rayos no son algo exterior al sol, porque si se oculta el sol, se pierden también sus rayos. Donde está el sol, están sus rayos; y donde está Dios, está su Reino. Por lo tanto, cuando decimos que pedimos la vida eterna y que ésta es el mismo Dios, las dos peticiones que hemos dicho (en esta vida presente poder conocer la verdad y en el siglo venidero regalarnos la vida eterna), en realidad es una sola cosa, porque coinciden, porque conocimiento de Dios y Reino de Dios es lo mismo. Han entendido entonces que tenemos una sola petición.
A ninguna otra cosa el apóstol Pablo llama vergüenza ante los cristianos, sino sólo al desconocimiento que tienen de Dios: «porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo». (1 Cor. 15,34).
Debe ser una petición nuestra diaria, "Señor, ayúdame a conocerte". ¿Conocer qué? Que Dios es bondadoso, que Dios es poderoso, que Dios es Santo, que Dios está entodas partes, que Dios es santo, que Dios está en todas partes, que Dios es luz, que Dios es amor, que Dios es la verdad, que Dios es el que siempre es, que vive el Señor Dios, que Dios es triádico, que Dios se convierte en hombre y viene a habitar en nosotros —el Hijo de Dios—, y que el Santo Dios Triádico entra en comunión con la vida del hombre y el hombre en comunión con la vida del Dios Triádico.
Este conocimiento provoca un cambio en la vida del hombre, y va transformándose gradualmente con el resultado de que el hombre continuamente ascienda en la vida espiritual. Esto significa vida espiritual, la vida del Espíritu Santo. Hablaremos más de esto en la Catequesis de San Cirilo de Jerusalén del lunes. Por cierto, he visto que algunos que vienen a las catequesis los Lunes no vienen a las de los Domingos, y al revés. Les rogaría, porque son temas completamente distintos, que intentasen seguir ambos.
Esto significa entonces vida espiritual, que tengo ya el Espíritu de Dios, tengo al mismo Dios. Esto quiere decir hombre espiritual. Entienden entonces queridos, que la Oración de la tercera Antífona se expresa de esta manera. Υ para no quedarnos a la mitad, permítanme queridos decir estas pocas palabras, no me extenderá mucho.
La tercera Antífona es este versículo de los Salmos [94]. «Vengan, aclamemos al Señor, vitoreemos a la Roca salvadora». Estribillo: «Sálvanos, oh Hijo de Dios, el milagroso entre los santos (o si es Domingo "el resucitado de entre los muertos", aclamámdote Aleluya».
Aleluya es una doxología muy breve que procede del hebreo y significa "alabad a Dios". Es decir, glorificad a Dios. Seguido, el versículo de la Antífona: "Entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo con cánticos". ¿Por qué? "Porque el Señor es el gran Dios en toda la tierra. Es Señor y Gran Rey.
El estribillo, "sálvanos, hijo de Dios", y el tercer estribillo de la Anífona "tiene en sus manos las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes, y su suyo es el mar, porque él lo hizo y la tierra firme que modelaron sus manos".
Qué hermosos versículos. Dentro de estos versículos de la tercera Antífona sentimos que el Señor está ya presente y se manifiesta, "vengan aclamemos al Señor, gocemos de alegría...", porque justo después viene la Pequeña Entrada. En ella se lleva el Evangelio, el cual revela al mismo Cristo viniendo al mundo.
El profeta es lleno de esta alegría por la aparición de su Salvador. ¿Qué significa "dándole gracias"? (Sal.94,2) Significa su aparición, su presencia. Pero "entremos en su presencia", ¿qué significa? Según Kabásilas, "no esperemos verle al Señor en nuestra casa, sino que acudamos más bien al encuentro con glorificaciones, otorgándole el debido honor.
Con otras palabras, no dudemos en glorificarle y confesarle o dar testimonio de Él. No nos quedemos en casa sin ir a la iglesia, especialmente el Domingo. No me digan, hermanos, que "estoy de luto y no voy a la iglesia", esta estratagema diabólica. O que eres viuda y no vas a la iglesia por el qué dirá le gente... pero sí que vas al baile, a la fiesta, al café... Si no vas a la iglesia, ¿dónde vas a ir?
Entonces, en la iglesia "entremos a su presencia dándole gracias, vayamos sin esperar antes ninguna otra cosa; y esto muestra honor.
Entonces si Dios ve que acudimos, que no apresuramos a su encuentro, esto le complace especialmente y nos otorga mucha Gracia. Queridos, cuando honramos a Dios recibimos grna Gracia, recordemos bien esto. Vayamos a su encuentro, porque Él se ha revelado y además en forma de siervo. Pero nosotros no veamos solo al siervo, sino reconozcamos al Señor y Soberano. No tropecemos antes de su aparición en la carne como hombre, porque dice después el Versículo, "porque el Señor es el gran Dios, el gran rey en toda la tierra. Aunque se halla vaciado, humillado, como hombre. Es el que tiene en sus manos los confines de la tierra, las cumbres de los montes, la tierra firme. El Dios que se revela en la carne y al mismo tiempo es encubierto.
Y mientras se canta la tercera Antífona, tiene lugar la Pequeña Salida. Sale el Evangelio. Hoy día se dice el tropario de Resurrección, de la Fiesta o del Santo del día, no se dice lo que les he explicado. Aunque sin embargo, lo llamamos entrada. Pero todo esto, y por qué tiene lugar esta salida del Evangelio aunque lo llamemos entrada, y qué significa, lo veremos el siguiente día.