[3039] Homilías del p. Athanasios Mitilineos. Interpretación del Misterio de la Divina Liturgia por N. Kabásilas. (6)

Recuerden, queridos, que habíamos analizado la Gran Letanía de la paz, y que condición previa para vivir la Divina Liturgia es tener paz dentro de nosotros. Esta paz es un elemento básico para cada oración, particularmente en la más alta ofrenda y adoración de Dios, que es la Divina Liturgia. Después pediremos por la paz que de lo alto viene y a continuación por la paz del mundo entero; le esto más agradable a Dios que los sacrificios que apesadumbrados le ofreceríamos de su creación. 

Y a cada una de estas peticiones el pueblo añade de modo estereotipado con "Señor, ten piedad". Aunque las peticiones son distintas, esta imploración del pueblo es una: "Señor, ten piedad". Esta es una petición de la misericordia divina, la cual contiene tanto la confesión como el agradecimiento, estos dos tipos de oración, porque cuando pedimos la misericordia de Dios significa que somos culpables ante Él, e inexcusables. Por lo tanto pedimos su misericordia y su piedad como condenados. Y cuando Él ofrece su misericordia, entonces nosotros le damos gracias por ello.

Entonces el "Señor, ten piedad" contiene estos dos tipos de oración: confesión y agradecimiento... pero tiene también algo más profundo. Teníamos pendiente una homilía de un teólogo sobre este tema, diremos más cosas sobre esta grandiosa oración.       

Cuando pedimos la misericordia de Dios, esto es equivalente a pedir su Reino, sobreel cual Cristo nos dijo que debía ser lo primero que debíamos buscar: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas [el resto de cosas] os serán añadidas.» (Mt. 6,33) 

Si pedimos entonces el Reino de Dios mediante el "Señor, ten piedad", significa que ya hemos pedido todo lo demás, porque todo lo demás está incluído en la búsqueda del Reino de Dios. Es muy grande e importante oración como les decía anteriormente, por eso que los monjes, y cada cristiano, puede utilizar esta llamada del corazón "Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí".

La primera parte de esta oración, "Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios", es la parte teológica, dogmática. Porque Jesús es declarado como Señor, y como Hijo de Dios. Entonces se declara la divinidad de Jesús Cristo. Y todavía algo más: se declara la humanidad de Dios. No tenemos solo la divinidad de la naturaleza humana de Cristo, sino que tenemos la humanidad de la naturaleza divina. Es decir no debemos decir solo que Cristo es Dios, sino también que Dios se hizo hombre, y desde luego es la misma Persona, es Jesús Cristo. 

También la denominación Cristo muestra la presencia de un intermediario, porque Cristo es el Ungido por Dios, como dice el apóstol Pablo, el establecido entre Dios y los hombres. 

Y su mediación no es de oración, sino de sacrificio de redención. Cuando le llamamos Hijo de Dios, insinuamos que Dios no es una Persona (Hipóstasis), sino más de una: tres, tal como sabemos. Esta parte teológica la he dicho muy brevemente; la siguiente parte, más práctica y espiritual, es ya lo que nosotros pedimos a Dios; y no es otra cosa que "Señor, ten piedad". "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí o ten piedad de nosotros", lo cual significa: "danos, Señor, tu Reino"

¿De dónde podemos obtener la conclusión de que la misericordia de Dios significa su Reino?

Cuando el Señor habló sobre aquel usó de misericordia [el buen samaritano (Luc. 10, 25-37)], y sobre la recompensa que recibirán de Él los misericordiosos, dijo: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt. 5,7). Y en otro pasaje, [referido al Juicio de las Naciones], dice: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino... Porque tuve hambre, y me dísteis de comer, tuve sed...» (Mt. 25,34).

Entonces, cuando decimos misericordia, significa Reino. Y debido a que Cristo nos dijo que primero buscásemos el Reino de Dios, podríamos decir que cuando pedimos misericordia a Dios, es exactamente esto.

Por lo tanto todo lo abarca la oración de la misericordia divina, es decir cuando pedimos la misericordia de Dios.

Después de cada una de estas oraciones entonces el pueblo dice "Señor, ten piedad", y tras ser completadas todas las oraciones de la Gran Letanía, el sacerdote proclama «Conmemorando a la santísima, inmaculada, bendita, gloriosa Señora nuestra, Madre de Dios y siempre Virgen María, con todos los Santos, encomendémonos nosotros mismos, unos a otros y toda nuestra vida a Cristo Dios».

¿Qué significa esto? Significa: acojámonos, ofrezcámonos, confiémosnos a nosotros mismos y a nuestras vidas, y a los demás, y toda nuestra vida a Cristo, habiendo conmemorado anteriormente como mediadores a la Santísima Madre de Dios y a todos los Santos. 

Aquí tenemos una explicación mediante asignación. Es decir, es como si le dijese a alquien, mantén este reloj hasta que regrese. Y está implícito que tenemos una confianza sobre quien depositemos nuestra asignación, de modo que aquí el diácono o el sacerdote pide del pueblo que todos nos encomendemos a nosotros mismos a Dios. Esta encomendación no es sólo algo personal, sino que  ha de ser acorde con Dios y son necesarias determinadas condiciones para confiarse a sí mismo a Dios.

No tomo conmigo pan, tampoco agua, y parto hacia el desierto, y digo: "me encomiendo a mí mismo a Dios, Él cuidará de mí". Esto es muy atrevido, porque sencillamente requiere ciertas condiciones para poder decir esto. ¿Has preguntado a Dios si está de acuerdo en ofrecerte a ti mismo a Él?

Una vez, dos monjes querían ir al desierto de Nitria, en el Alto Egipto, a hacer vida ascética, y pensaron lo siguiente: "iremos al desierto, no llevaremos nada con nosotros, ni pan ni agua, y allí nos ayudará Dios". Pero como pueden imaginarse, el desierto es terrible. Son miles de kilómetros. Todo el Norte de África es desierto... ¿dónde vas? Solo ves arena y cielo, nada más. No existe agua, ni comida, ni personas, ni árboles... Sólo algún oasis, en la distancia, puede encontrar alguien una parte de tierra con algo de agua y con algunas palmeras. Esto es todo, el oasis.

Estos dos hombres entonces partieron hacia el desierto, caminaban, lo siguiente era agotarse rápidamente sus fuerzas. Después de bastante tiempo sucedió algo terrible, aparecieron ante ellos unos animales salvajes. Deseperados del todo y próximos a morir de hambre, de repente vieron que los animales les traían comida. Sin embargo uno de ellos insistía en no comer, pensando que Dios le daría comido de otro modo. El otro entendió que no podían seguir con esa situación y comió. El otro murió, y éste vivió.

Preguntamos entonces, cuando comenzamos a encomendarnos anosotros mismos a Dios, ¿encontramos realmente a Dios acorde con esta encomendación? Es como si dices a la vecina, ¿me mantienes un poco a mi hijo? Pero debes recibir la respuesta de la vecina, de que lo mantendrá. Cuando no recibes ninguna respuesta, simplemente lo has voceado fuera de su puerta, encomeindas a tu hijo por horas o días, le dejas allí y te largas? 

¿Y qué significa que ha de ser acorde a la opnión de Dios? Para decir, "encomendémonos nosotros mismos, unos a otros y toda nuestra vida a Cristo Dios"? Presupone un atrevimiento o valor con franqueza, una acreditación, una confianza, que debemos tener frente a Dios.

Dice el sacerodte en la oración previa al Padre Nuestro: «...para herencia del reino de los Cielos y para confianza ante ti, que no sea motivo de juicio o condenación».

De mod que vemos claramente que la franqueza, la confianza, es un elemento básico para llamar a Dios Padre. No puedes llamar a Dios Padre, si no tienes franqueza y confianza. Y cuando has podido llamar a Dios Padre, es porque Dios estaba ya cuidando de sus hijos. ¿Y cuál es la condición previa para tener esta franqueza y confianza? La conciencia limpia. Cuando no choca con la voluntad de Dios. Sólo entonces puedes tener esta franqueza ante Dios. Tu conciencia no te dice que eres culpable frente a Dios.

Esto es. Cuando sabes que cumples la ley de Dios, que estás dentro del espíritu del evangelio, que estás dentro del amor de Dios. Esto sin embargo es fruto de un profundo autoconocimiento. Porque cuántos piensan que no tienen nada, que se sienten muy limpios, que no chocan con la voluntad de Dios... aquí existe queridos un auténtico desconocimiento y ausencia de Dios y de autoconocimiento. 

Es un gran tema el tener conciencia de una conciencia limpia. Ha de predominar en nosotros cierta santidad, santidad verdadera, para que podamos decir que nuestra conciencia está limpia. Es como lo que dice el apóstol Pablo, que dispongo de una buena conciencia, no choca con la ley de Dios, y así puedo decir con franqueza ante Dios, Señor dame esto.

El Venerable Moisés el Etíope [28 de Agosto], era un peligroso ladrón, pero luego se arrepintió. Con su ascesis llegó a un nivel muy alto, fue ordenado presbítero. Una vez le vistaron en el desierto dos hombres. Quería ofrecerles algo, sólo tenía algunas lentejas, pero no tenía agua. Entonces salió de la cueva en que se encontraban, miró al cielo y dijo, "Señor, dame un poco de agua por favor para cocinar. No terminó su frase cuando una nube se puso arriba de él y comenzó a caer agua. Consiguió lo suficiente como para poer cocinar las lentejas. 

Esto quiere decir franqueza y confianza; que tengas al valor de pedir a Dios, tal como un hijo a su padre, "padre, dame esto, por favor". Pero que sepas, que vives una vida distinta. 

Y otro elemento, es el siguiente. ¿Cuándo puedes encomendarte a tí mismo a Dios, y no ocuparte ya de ti mismo, cuando te ocupas de las cosas y los temas de Dios? No por pereza, diciendo que Dios me alimente y yo no preocupo ya de mí... no. Pero cuando no tienes tiempo ni modo de cuidar de ti mismo, entonces realmente Dios cuida de ti. Porque todo tu tiempo es consumido en buscar el Reino de Dios.      

Eres ierapóstolos (sagrado misionero), quieres dedicarte con todas tus fuerzas a ello. Comienzas como dijo Jesucristo a sus apóstoles, "no os llevéis nada con vosotros, donde vayáis os atenderán". No cuidaron aquellos de sí mismos, en ninguna manera; pero Dios cuidó de ellos, porque ellos se preocuparon por las cosas de Dios.   

¿Saben qué grandes cosas son estas? Queridos, ahora lo decimos así con sencillez, pero cuando alguien da el gran salto, de encomendarse a Dios y encontrarse bajo su cuidado, y el mismo se preocupa por las cosas de Dios, siente una paz, siente una seguridad. Y aunque no tiene nada, como dice el apóstol Pablo, «como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo» (2 Cor. 6,11). Este es un gran tema. ¿Cuándo posees todo, cuándo es todo tuyo? Cuando no tienes nada, entonces todo es tuyo.

En no tener bienes ni propiedades [en griego "aktinomosyni"], hace que todo el mundo sea tuyo. El gran salto es estar sin tener ninguna propiedad. ¿Lo haces? Es difícil. Es decir cuando tomamos la decisión y decimos, estoy en las manos de Dios. No tomaré cuidado de mí mismo, lucharé por el Reino de Dios; entonces Dios te cuida en gran manera. Te conviertes en otro profeta Elías, te envía Dios mediante un cuervo la carne. Y el pan, y el agua, y todo... Envió Dios carne mediante el cuervo para que no pareciese algo casual. Si hubiese sido una paloma, podría ser caracterizado de difícil, pero más probable, aunque normalmente no coma carne. Pero que lo lleve un cuervo, el cual sí que come carne, esto es lo admirable.

Entonces, Dios envía queridos sus cuervos, sus enviados, y ayuda a los que buscan el Reino de Dios. Entonces podremos también nosotros realmente decir "Señor, nos encomendamos a tí, y ya no tendremos cuidado nosotros sobre nosotros mismos". Sin embargo no debemos cuidar sólo de nosotros mismos, sino que debemos también cuidar de los demás. ¿Quién son los demás? 

Un poco después en la Divina Liturgia diremos, "(Conmemorando a la santísima, inmaculada, bendita, gloriosa Señora nuestra Theotokos y siempre Virgen María, con todos los Santos), encomendémonos nosotros mismos, unos a otros y toda nuestra vida a Cristo Dios. 

Ven aquí que la encomendación no es sólo de nosotros mismos, sino también de los otros. De hecho aquí, lo veremos más adelante, se refiere a la unión de la fe y la comunión del Espíritu Santo, porque no puedes decir "me encomiendo a mí mismo" si estás falto de unidad en la fe. ¿Qué quiere decir unidad de fe? Que creo lo que cree la Iglesia, los que creen sus miembros, esta es la unidad de la fe. Y que además hallamos sido unidos y afirmados mediante la presencia del Espíritu Santo.

Cuando existen estas condiciones, entonces puedes decir a Dios que puedes encomendarte a tí mismo y a los demás en Sus manos. Dice Kabásilas, "no debemos pedir sólo por nosotros, sino para cumplir y completar la ley del amor ["agapi", amor cristiano]. Porque, ¿cómo podría decir alguien que tiene amor, cuando sólo se preocupa por sí mismo, y no por los demás?  

Lo de "Conmemorando a la santísima, inmaculada, bendita, gloriosa Señora nuestra Theotokos y siempre Virgen María, con todos los Santos", tiene el sentido de invocar, llamar, suplicar. Es tan difícil lo de encomendarse a uno mismo a Dios, tiene tantas pequeñas condiciones, que para poder conseguirlo, pedimos la intercesión de la Madre de Dios y de todos los Santos.

Pero vuelvo con el tema de que debemos encomendar también a los demás, porque sobre este tema de la encomendación de los otros en las manos de Dios, esto es una expresión de verdadera fe, verdadero amor y de verdadera educación, sobretodo respecto a los hijos. 

¿Por qué es fe? Porque, ¿cómo podrías jamás confiar "algo" en manos de Dios, si no crees? Y de hecho este "algo" no es un objeto, sino una persona, son tus hijos, es tu cónyuge. Has de tener entonces mucha fe para decir, "Dios ayudará, toda miesperanza y confianza he puesto en Dios, he rezado, he rogado, ahora ya es tema de Dios, lo pongo todo en sus manos".

Cuando el apóstol Pablo saludaba a los presbíteros de Éfeso en Mileto, tras hablarles mucho rato, no podía luego sin embargo quedarse allí; pero aunque se hubiese quedado, ¿quién creéis que guarda en realidad ls Iglesia? Dios guarda y protege la Iglesia. ¿Quieren una prueba?

En la parábola de la cizaña [Mt. 13, 24-30], unos jornaleros sembraron buena semilla en su campo, pero mientras dormían vino su enemigo y sembró cizaña en el trigo. Cuando lo vieron los jornaleros, y preguntaron al jefe (los jornaleros son los pastores de la Iglesia y el jefe es Dios): "Señor, si nos diste buena semilla (tu Evangelio), por qué entraron las cizañas de las herejías?

Si van algunas almas [personas], oyen cuando y como quieren, y crean herejías, ¿tengo yo la culpa de esto? Yo sembré buena semilla, ¿por qué ahora no crecen debidamente? 

Y dirá el jefe: "cuando vosotros dormíais, ha venido el enemigo y ha hecho esto". No les acusa por dormir, somos humanos, limitados, pueden suceder muchas cosas. ¿Podemos nosotros proteger la Iglesia?

Queridos, Dios protege la Iglesia. Es suya y él la guarda. Nosotros podemos realizar determinados servicios concretos. Por eso dice entonces el apóstol Pablo: "Y ahora hermanos, os dejo en las manos de Dios; en Él tengo toda mi confianza, suya es la Iglesia y suyos sois también vosotros. Yo les he dicho lo que debía decirles, y ahora me voy". Esto lo dijo el apóstol tras permanecer tres años trabajando en Éfeso. Esto es confiar a los demás en las manos de Dios.

¿Qué es? Es cuestión de fe y de amor. También es ciestión de confianza, porque muchas veces no contamos con Él.

Como una señora ayer, que me dijo, "hemos pensado mi marido y yo que queremos hacer una familia dichosa y feliz". En principio no hay malo aquí, pero, ¿han pensado si lo quiere también Dios? Porque decimos "hemos pensado", nosotros, "hacer una familia dichosa y feliz". Queridos, no nos pertenece la felicidad. Nosotros trabajaremos para obtenerla, pero la felicidad es un regalo de Dios, él nos la dará. Nos confiaremos a Él, y todo lo nuestro, y si Él juzga oportuno darnos la felicidad, que nos la dé. Es de Dios la felicidad, la paz, todo es de Él, y Él lo da. 

Respecto a los pedres, ni que decir tiene que cuidarán de sus hijos (si no lo hacen darán cuentas de ello), pero han de cuidar especialmente de sus almas, que reciban una educación cristiana.

Vino a confesarse un niño, de unos 13 años, le digo: "¿fumas?". "No", me dice, pero mi padre me dio para que fumase. También les dan vino, incluso anís, a niños con menos años todavía. Quiero decir con esto que es muy grande la responsabilidad sobre los hijos, su educación es la ciencia de las ciencias y el de las artes. Tan grande es, que dice el apóstol Pablo, «Pero se salvará [la mujer] engendrando hijos, si permanece en fe, amor, santificación, con modestia» (1 Tim.2,15).

Es algo realmente grande educar a los hijos rectamente, de modo agradable a Dios. No basta con enviar al niño la colegio, luego a alguna academia extra, obtener el título, aprender idiomas... para que triunfen en la sociedad y ganen mucho dinero, creyendo que así se haya cumplido también con Dios. No, por favor.

Me temo que ante todas estas cargas que ponemos sobre nuestro hijos existen un gran egoísmo y complejos de culpabilidad. Este egoísmo de los padres es proyectado sobre sus hijos, "que no nos ofenda nuestro hijo con su vida".

Pero, ¿podríamos nosotros sñolos y por nosotros mismos ayudar a nuestros hijos? No. Nosotros haremos todo lo posible, pero la última palabra la tiene Dios. Debemos estar en posición de decir, y esto quiere mucho trabajo: "Señor, he hecho lo que he podido, los niños están en tus manos". Pero para decir esto, madre, has de tener un profundo autoconocimiento, porque, ¿estamos seguros de que hacemos lo que podemos?

Hemos dicho que la Divina Liturgia es la mistagogía [introducción en los Misterios de la Iglesia] del Misterio de la Encarnación, mistagogía cuyo centro es la transformación del pan y del vino en Cuerpoy Sangre de Cristo. Mientras el iereas [cura] dice, "Y haz de este pan el precioso Cuerpo de tu Cristo", que es el momento pricipal, tenemos también la ofrenda del sacrificio, porque aquí se produce la ofrenda del sacrificio a Dios. Y no hemos ofrecido ya el pan, sino al mismo Cristo.

Como pan, como ofrenda, ha sido ofrecido en la Proscomedia o preparación, recuerden. Ahora será ofrecido como Cordero. Como cuerpo y sabgre de Cristo, como estando sobre la Cruz. Por eso el sacrificio se ofrece al mismo tiempo que la transformación del pan en cuerpo y sangre de Cristo. Este punto lo desarrollaremos mejor más tarde, lo que quiero contarles ahora es que en el momento del sacrificio tenemos los acontecimientos de la muerte, la resurrección y la ascensión de Cristo.

Mientras ofrecemos este sacrificio, dice el iereas,  «Y haz de este pan el precioso cuerpo de tu Cristo». Todo esto se refiere a la presencia de Cristo, su llegada al mundo y su perfecta manifestación. Y lo realizado tras el sacrificio, tras la aclamación: «Especialmente por nuestra santísima, inmaculada, bienaventurada, gloriosa Señora, Theotokos y siempre Virgen María» la cual escucha todo el pueblo, todo esto expresa queridos dentro de la Divina Liturgia la promesa del Padre celestial de que enviará a sus discípulos y a la Iglesia su Espíritu Santo, y a través de sus discípulos el regreso de las naciones a Dios. 

¿Qué vemos entonces aquí? Que toda la mistagogía en su totalidad (N. Kabásilas hace referencia a esto en el capítulo 16, explicando por qué hace aquí una recapitulación del ritual sagrado) ha de hacer referencia continua al significado central. No perder lo general ante lo particular, ni lo particular ante lo general. 

Toda esta mistagogía constituye un único cuerpo histórico. Y esto conserva desde el principio hasta el final el acuerdo y la culminación de los acontecimientos que tuvieron lugar para nuestra salvación. De modo que todo lo que se oficia dentro de la Divina Liturgia constituye una parte dentro del total.

Los salmos por ejemplo que se dicen en las Antífonas (aunque hoy día sólo se dicen unos versículos) los cuales se dicen antes del sacrificio, representan los primeros tiempos, antes de la venida de Cristo. La lectura de las Epístolas y del Evangelio hacen ya referencia a los tiempos que están dentro de la Encarnación de Dios. 

Todo esto tienen un objetivo doble: Primero, relatarnos el Misterio de la Encarnación, y al mismo tiempo el segundo objetivo es limpiarnos y purificarnos a los fieles con todo lo que se dice, para ser hallados dignos de comulgar los Sagrados Misterios. Cuando, por ejemplo, escuchamos los salmos, o los himnos, éstos nos muestrasn la historia de Cristo, y al mismo tiempo nos elevan espiritualmente, nos limpian el corazón, para recibirle a Él.

Es algo comparable con la ropa que usamos, es el ejemplo que les puse en la introducción, ainque Kabásilas lo utiliza ahora. Es decir, que nuestra ropa tiene un doble objetivo: calentarnos, o mejor, protegernos de los cambios de tiempo, pero también indicar nuestro género [masculino o femenino]  —no miren ahora la época en la que vivimos, que se hanonfundido las cosas—, y también qué oficio desempeña o qué cargo ocupa (si es soldado, iereas, bombero, etc.). Y lo uno no excluye lo otro (que nos protejan del clima y que nos indiquen el oficio).

Del mismo modo entonces aquí, no excluye ni impide lo desarrollado dentro de la Divina Liturgia que también me ayuden a mí a limpiar mi conciencia, mi corazón, para recibir el Misterio de Cristo. 

De modo que, ¿qué es la Divina Liturgia en su conjunto? Es una imagen de la Economía del Amor del Dios Salvador. Más exactamente del Santo Dios Triádico. 

Entonces después de la Gran Letanía y de la encomendación de nosotros mismos, unos y otros y toda nuestra vida a Cristo Dios, como dijimos anteriormente, siguen las antífonas. Éstas son tres y se corresponden con tres oraciones, llamadas oraciones de las antífonas.

Cuando decimos el estribillo* de "Por las mediaciones de la Madre de Dios...", todo esto se dice recordemos después de la Gran Letanía y un poco antes de la Pequeña Entrada; esto es lo que se llaman antífonas. 

* Antífona es un versículo bíblico que cambia en cada estrofa. El verso o estribillo «Bueno es alabar al Señor, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo». El verso (del gr. "ευφίμιον"[eufímion]) «Por las oraciones de la...» es el estribillo que se repite después de cada antífona.   

 

¿Cuál es la primera oracón? El iereas dice dentro la oración, tras la petición-aclamación que se realiza, tal como la segunda y la tercera oración. Esta primera oración es como sigue: «Señor, Dios nuestro, cuyo poder es indecible, cuya gloria es incomprensible, cuya misericordia es infinita y cuyo amor a los hombres es inefable, míranos. Señor, con ternura, a nosotros y a esta casa y concédenos y a los que rezan con nosotros las riquezas de tu misericordia y de tu compasión». Punto central de la oración es el siguiente: Oración a Dios por los congregados, es decir los que están dentro de la Iglesia, y por la misma iglesia, es decir el templo. 

Recuérdanos Señor a los que estamos dentro de este templo, y también al templo, para que sean distribuidas abundantemente las misericordias y la compasión de Dios hacia los fieles. 

¿Es necesario rezar por los congregados? Desde luego que sí. ¿Es necesario rezar por el templo? Desde luego que también. De hecho, si alguna vez han presenciado la inauguración de una iglesia, un punto central en las oraciones es ésta: "Y que Dios consolide este templo por los siglos de los siglos". Cuando no se celebra Divina Liturgia, esto es dicho por el iereas y lo oye el pueblo. Pero si se celebra Divina  Liturgia, es dicho secretamente por el iereas y no lo oye el pueblo, al final de Maitines y al final de Vísperas: "Consolida, Señor Dios, la santa e inmaculada Fe de los devotos fieles cristianos, junto con esta santa iglesia y esta ciudad..."

Que consolide Dios, no solo la Fe de los ortodoxos, sino también este templo, y también a nosotros, que consolide todo. ¿Qué quiere decir consolidar? Hago que algo no caiga, que se mantenga estable, y tenemos necesiddad de que sea consolidada nuestra vida ortodoxa, tenemos necesiddad de que sea consolidado nuestro templo para que no caiga, porque si cae, dónde haremos nuestra Liturgia?. Ni nuestros sacerdotes, ni nuestro obispo, ni niguno de nosotros, que no caigamos, que estemos siempre en pie, consolidados.

Después el iereas añade el motivo por el que pide a Dios estas cosas: que sean distribuidas abundantemente las misericordias y la compasión de Dios hacia los fieles congregados. ¿Cuál es el motivo? Porque a tí te pertenecen toda gloria. Lo que te pedimos, Señor, son justas peticiones. Es justo pedirle que nos proteja y que nos de su misericordia y su compasión, pero... ¿justo? ¿quién nos ha dicho que es justo? ¿Qué hemos hemos bueno delante de Él para decir que es justo y correcto que nos lo dé? Nada bueno hemos hecho. Por eso exclama directamente el iereas, «Porque a tí te pertenecen toda gloria, honor y adoración, a ti». Νο a nosotros. ¿Con qué seremos recompensados justamente nosotros? Con nada.

Por eso dice David en su salmo 115: «No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino sólo a tu nombre da la gloria». Entonces esta exclamación escuchada por el público, «Porque a tí te pertenecen toda gloria honor y adoración, Padre, Hijo y Espíritu Santo», no es otra cosa que una oración triádica, porque se refiere al Dios Triádico, con carácter de doxología. Se lo dije una vez, que todas las oraciones concluyen en una exclamación triádica con carácter de doxología.

Y el pueblo esto lo oirá, y responderá: Amén. Les leeré, y con esto terminaremos, qué dice Kabásilas aquí, es muy importante. Dice que esta oración se dice en alto, para que la oiga el pueblo, para que todos dentro de la iglesia sean comulgantes, que participen con el himno, que todo el pueblo escuche lo que el iereas ha pedido a Dios, y entonces toda la iglesia cante himnos alabando a Dios. Y cuando el pueblo dice "Amén", hace suyas todas las palabras que ha dicho el iereas.  

De modo que aunque diga el iereas la oración, diciendo el pueblo el "Amén" la hace también suya. Esto tiene mucha importancia. El "Amén", tal como el "Señor ten piedad", hace referencia al derecho del pueblo, es propiedad suya digamos, decirlo en la Divina Liturgia. Queridos, expresa una participación activa del pueblo en todo lo que se dice y hace. 

Hoy en día nos hemos desacostumbrado a decir en alto en la Liturgia el "Amén", o el "Señor ten piedad",  tal como era costumbre. Les ruego, digámoslo al menos interiormente. Que cada alma diga, "Amén", "Señor ten piedad", no sólo los cantores ο coristas.

El apostol Pablo dice algo muy importante y muy grande: «Porque si bendices solo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado» (1 Cor. 14,16) si el iereas u otro que canta o lee, dicen algo interiormente, ¿cómo el fiel dirá el "amén", es decir el "sí, estoy de acuerdo", si no lo sabe? Poco a poco queridos, que nuestras oraciones se escuchen en la Divina Liturgia.

Podría decir alguien que el libro litúrgico dice que algunas de estas oraciones se dicen interiormente, en bajo, por el iereas. Sí, pero cuándo entraron. Y todo esto es gran testimomio del logos de Dios. Si yo lo digo en secreto, ¿cómo dirás tú el Amén, si no sabes lo que he dicho?  

Si me dices que firme en una hoja en blanco, luego podrás tú escribir encima que te debo una gran cantidad de dinero. He de saber qué has escrito para poner mi firma. Y no es tema de confianza sobre lo que el otro ha dicho, aunque tú no lo sepas; el pueblo ha de conocer lo que se dice en la Divina Liturgia y especialmente el pueblo ha de participar en la Divina Liturgia, lo digo y lo repito.

Desde hace muchos años el conocido teólogo P. Trempelas lucha para que estas oraciones sean dichas en alto, como antes. Desde luego hay algunas que no se dicen en alto, comola que debe dice personalmente el iereas tras la Pequeña Salida: «Ninguno de los que estamos esclavizados por los deseos y placeres carnales es
digno de venir o de acercarse a ti, o de servirte, Rey de gloria, pues el servirte es
cosa grande y temible aún para las potestades celestiales.» Esta una oración del iereas que oficia la Liturgia, pidiendo la misericordia y la compasión de Dios ante el gran Misterio que celebrará. Pero el resto de oraciones, deben escucharse.

Y el tiempo ha terminado. En la medida en que podamos, queridos concienciémonos de nuestra divina adoración para poder ofrecer con conocimiento la adoración lógica y racional al Dios del Amor. Amén.

 

  

 

https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/ueia_leitoyrgia/ueia_leitoyrgia_006.mp3

 

Translate