[3037] Homilías del p. Athanasios Mitilineos. Interpretación del Misterio de la Divina Liturgia por N. Kabásilas. (4)


«En memoria del Señor Dios y Salvador nuestro Jesucristo».

Cuando el sacerdote con la lanza, en el Oficio de la Preparación, hace la señal de la cruz sobre el "prósforo" o pan litúrgico tres veces. Este "en memoria"es lo que dijo el Señor cuando realió el Misterio de la Cena Mística: "Haced esto en conmemoración mía", es decir para recordarme.

Ahora surge la pregunta. ¿Por qué motivo el Señor encargó que le recordásemos? 

Para que no seamos desagradecidos a Dios ante lo que nos ha dado, para no olvidar sus grandes beneficios. Por eso exactamente, para que permanezca en la memoria y para que no caiga en el abismo del olvido, una beneficencia por parte de un benefactor, hacia un país, una ciudad, un pueblo, etc., los hombres realizan la conmemoración anual. También realizan otras cosas, como construir un majestuoso sepulcro, una estatua, columnas conmemorativas, fiestas, festivales y torneos. Todo esto tiene un objetivo: que sean recordados los benefactores por los que han sido beneficiados. 

El 25 de Marzo de cada año en Grecia celebramos fiesta nacional, para recordar a los que lucharon por nuestra libertad. Con otras palabras, intentamos no dejar caer estas cosas en el abismo del olvido, sino revivirlas y recordarlas, con el objetivo de expresar agradecimiento hacia ellos.

Por esto mismo entonces, el Señor dijo "haced esto en conmemoración mía". Es decir conmemorar y recordar lo que decíamos la vez anterior: la cruz, la resurrección, la ascensión, su segunda venida al mundo, etc.

Y además, tal como las ciudades inscriben las victorias de los héroes, como decíamos, en columnas conmemorativas, por medio de las cuales se hace memoria de por ellos fue salvada la ciudad, así también nosotros con estas ofrendas que llevaremos sobre el Santo Discario y el Santo Cáliz, inscribimos la muerte de nuestro Señor, a través de la cual vino toda victoria sobre Satanás, el diablo enemigo.

Pero aquí existe una diferencia con las imágenes que las ciudades intentan conmemorar al beneficiario. Ven el 25 de Marzo que ponemos la imagen de G. Karaiskakis, de Kolokotronis, etc., pero estas imágenes sólo intentan hacer recordar no existen estos libertadores, sino que existe diríamos su imagen, pero no es el mismo; no sería posible, naturalmente, que estuviese el mismo.

Aquí sin embargo cuando tenemos sobre la Santa Mesa el pan y el vino que, con la energía del Espíritu Santo tenemos su transformación en cuerpo y sangre del mismo Cristo, entonces ya no tenemos ciertamente un recuerdo ni una imagen, en la que el pan puede recordarnos el cuerpo de Cristo, y el vino recordarnos su sangre. y por lo tanto su sacrificio y su ofrenda, sino que tenemos AL MISMO CRISTO.

De hecho, como dice N. Kabásilas, tiene una hermosa frase, «tenemos ahora al Mejor» (en gr. "Aristeo"), el que realmente fue héroe, el que lo ofreció todo. No tenemos el símbolo, no tenemos su icono, sino que tenemos al mismo Cristo ascendente sobre la Santa Mesa.

Símbolos existían sólo en el Antiguo Testamento. Por eso mismo Dios legisló en el Antiguo Testamento que este sacrificio de su Hijo fuese realizado de modo ceremonial, como es la Pascua y el resto de sacrificios rituales según la ley. ¿Qué era la Pascua y el sacrificio del cordero? No era otra cosa que una prefiguración, no alegoría, prefiguración del gran y supremo sacrificio del Hijo de Dios.

¿Y cuáles son los sacrificios en el templo? Son una prefiguración de este gran sacrificio. De modo que todo aquello que tenía lugar en el Antiguo Testamento como prefiguración, aquí lo tenemos como realidad. Otra cosa que ahora la prefiguración viene a servir un acontecimiento parcial, lo cual es algo acostumbrado en la Sagrada Escritura. Este acontecimiento  parcial viene a recordar un acontecimiento más general.

¿Por qué dijo Dios que sacrificasen un cordero cada 14 de Marzo (mes Nisán, fiesta fija), que es la Pascua de los hebreos?  

Primero, para recordar que Dios les sacó de Egipto y les pasó por el mar Rojo de un modo milagroso. Pascua, en hebreo, esto significa, "paso, cruce". Es el paso de los hebreos a través del mar Rojo como por tierra firme.

Y segundo, porque Dios dio muerte a los primogénitos de los egipcios, de los hombres y de los animales, y por lo tanto, con este Cordero se ofrece como sacrificio a Dios en lugar de ser ofrecidos los primogénitos de los hebreos. De modo que allí tenemos la prefiguración del gran acontecimiento del sacrificio de Cristo, pero también tenemos el recuerdo de un acontecimiento parcial, el paso de los hebreos, su salida de Egipto hacia Palestina y su paso por el mar Rojo. 

Pero todo esto sirve al gran objetivo, que es nuestro paso de la oscuridad del pecado,—porque Egipto no es otra cosa que el símbolo de la oscuridad y de la muerte, el cual pasamos para ir al espacio de la luz, que ya es ya el Reino de Dios.

Este es el motivo del recordamiento que hacemos cuando decimos «En memoria del Señor Dios y Salvador nuestro Jesucristo», y por el cual Cristo dijo: «Haced esto en conmemoración mía».

Tras esta preparación de un pan que hace el sacerdote en la Proscomedia o Oficio de la Preparación, extrae de él el Cordero y lo coloca sobre el Santo Discario, como lo había mostrado la vez anterior; ahora que dan el resto de "prósforos" o panes litúrgicos. Recuerden que les dije que no era posible utilizar muchos panes, sino sólo uno. Otros dos los utilizaremos para extraer las porciones, lo veremos un poco más abajo: la porción de la Madre de Dios y la de los Santos. Pero no más de tres, raramente 5, para poder extraer estas dos porciones de vivos y de difuntos, de un modo ya quizás algo ostentoso, aunque esencialmente sólo necesitamos un prósforo. El resto de ellos obviamente no se ofrecerán como don u ofrenda a Dios, por eso algunos corren porque equivocadamente piensan que si ofrece el prósforo el primero de todos para que se utilice el suyo. No es así. Atiendan, no es así. Todos los que se ofrezcan constituirán una ofrenda a Dios. 

Recuerden lo que les dije sobre san Agustín, cada uno que quería comulgar le ofrecía un pequeño prósforo. Y él les dijo cada uno que ofrecían era como si se ofreciesen a ellos mismos. No significa nada más que ofrenda es todo lo que se ofrece. Por eso a veces de cada prósforo cortamos una determinada parte; lo elevamos, y se lo devolvemos al que ha traído su prósforo. Esta parte se conoce como "elevación" [en gr. "ípsoma"]. Vuestra ofrenda a Dios ya ha sido realizada. 

Ahora ya no se repiten cada vez las palabras que se dijeron con el primer prósforo, porque en virtud del primero, tenemos las mismas palabras para el resto. Uno es el Cordero, una la ofrenda. Así que todos los prósforos son ofrendas a Dios. No se intranquilicen, por lo tanto.  

Sucede lo mismo con el vino. Existía un recipiente común, llamado vinajera, y cada uno traía su vino en un pequeño recipiente y lo echaban todos en este recipiente común. Naturalmente no se utlizaba todo este recipiente para la Sagrada Comunión, sino sólo una parte. De hecho, existe este mandamiento preciso de Dios en el Antiguo Testamento, que las ofrendas pertenecen a los que trabajan dentro del templo. Además se prohíbe que estos panes litúrgicos fuesen comidos por el resto de tribus que no fuese la de Leví, la cual servía en el Templo. Esto está escrito en los libros del Leviticón y del Deuteronomio.

Entre nosotros no existen tribus, por eso muchas veces damos estos panes litúrgicos como limosna o como bendición a los demás.

Después de todo esto que hemos dicho, seguimos con el resto del Oficio de la Preparación o Proscomedia.

Cogemos el prósforo, y tal como lo vemos, a la izquierda está la porción de la Madre de Dios o Theotokos. Es un triángulo; y dentro del triángulo tiene un monograma o sello con iniciales. Tiene una "M" (letra griega M, "mi"): "Μητηρ", [Mítir], Madre. Y una "Θ" (letra griega Θ, "zita"): "Θεού", [Zeú], de Dios. Es decir, es la porción de la Madre de Dios o Theotokos. 

 

 

           Πρόσφορο 
  
 






¿Qué significa este monograma con las iniciales de la Madre de Dios? En vuestros  pañuelos, ¿no ponéis vuestras iniciales? De este modo si perdéis este pañuelo podréis encontrarlo fácil, porque os pertenece. Esto significa que mi camisa, mi pañuelo... tienen mis iniciales con mi nombre. Así pues esta parte del prósforo significa que le pertenece a la Madre de Dios, es decier es la porción de la Madre de Dios o Theotokos.

Inmediatamente a su derecha, hay un cuadrado con nueve pequeños triángulos, los cuales están dispuestos en tres filas de tres. Muchos dicen que son las nueve órdenes angelicales; no es correcto. Tampoco cuando dicen que son nueve órdenes o categorías de santos; no es correcto. Ni lo uno, ni lo otro, sencillamente porque cuando realizamos las respectivas conmemoraciones referentes a los ángeles, la segunda no hace referencia a los ángeles, sino a san Juan el Bautista y Precursor y a todos los profetas. La tercera a los apóstoles. Más abajo tenemos a los grandes jerarcas o jerarcas en general; de modo representativo ponemos algunos nombres, como por ejemplo los tres jerarcas san Basilio el Grande, san Gregorio el Teólogo y san Juan Crisóstomo, y también si se quiere a san Atanasio el Grande, san Cirilo de Alejandría, 4 o 5 o 6 nombres podemos poner, los cuales son representativos del resto de jerarcas. Después pondremos los mártires, pondremos los "osios" o venerables. No podemos decir entonces que son las 9 "órdenes [angelicales]", lo ven claramente. Simplemente son el conjunto de santos en sus diversas características individuales. La prueba de que no son "órdenes" [angelicales] es también que el penúltimo pequeño triángulo conmemora a los Santos y Justos Antepasados de Dios Joaquín y Ana, y después al santo o santos que celebran en ese mismo día.   

Tampoco constituye una orden [angelical] el último pequeño triángulo, sino que pertenece al santo cuya Divina Liturgia se celebra. Por ejemplo a san Juan Crisóstomo, o a san Basilio el Grande, o a Santiago Apóstol... pero no puede un santo formar una orden [angelical]. Lo digo para que nos quitemos esa percepción de que los nueve pequeños triángulos pertenecen a la nueve órdenes angelicales.

Cuando decimos entonces "profetas, apóstoles, venerables, jerarcas, mártires, santos inmercenarios o "anárguiros", etc., todos estos no son otra cosa que la Iglesia al completo.

Pero volvamos. No lo diré como lo decimos hoy, porque N. Kabásilas tiene ligeras variaciones. Aunque la esencia es la misma, lo diré como lo dice Kabásilas:

«En gloria de la Santísima Madre de Dios, por la intercesión del santo, por el perdón de los pecados de las almas, de vivos y fallecidos». Es decir, en gloria y honor de la Santísima Madre de Cristo y de todos los santos a los que anteriormente he hecho referencia. 

¿Cuál es el obtetivo de esta ofrenda de los dones? Queridos, son el agradecimiento y la súplica. Esto es muy natural, porque sucede en cada uno de los hombres, ya sea que esté dirigido a Dios o a los hombres. Cuando por ejemplo alguien nos da algo, ¿no le damos las gracias? ¿O no le pedimos a alguien algo cuando lo  necesitamos? Entonces, nuestras ofrendas tienen la forma de súplica y de agradecimiento; agradeceremos por lo que Dios nos ha dado, pero también pediremos lo que necesitamos.  

Tenemos bienes que Dios nos ha dadoy también tenemos bienes que no nos ha dado Dios, los cuales hemos de pedirlos. ¿Qué nos ha dado? Nos ha dado la potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1,12). Nos ha dado la potestad de ser llamados hijos de Dios, y por lo tanto, si somos hijos de Dios, es un regalo de Dios.

¿Qué niño que hayamos bautizado ha pedido ser hijo de Dios? Es un regalo que Dios nos ha dado, aunque nosotros aún no lo hayamos pedido. Para que lo entiendan, tal como ustedes trajeron un niño al mundo, pero no le preguntaron a su hijo, "¿te traeré a la existencia?". Sin embargo cuando este niño crezca y perciba que ha venido a la existencia, y que esta existencia suya está destinada al reino de Dios por los siglos de los siglos, si esto lo entiede bien, se dirigirá a suspadres y les dirá: "padres, os agradezco mucho que me hayáis traído a la existencia, pero es un regalo que ha sido dado sin ser pedido por el interesado, porque no sería nunca posible que lo pidiese, o porque no estaba en la existencia, como les dije, o porque no estaba en posición de pedirlo.

Por ejemplo, un chino, o un negro de África, el no cristiano, ¿puede saber que existe el cristianismo? Irá allí el ierapóstol o misionero; lo diré de otro modo, irá allí Cristo, y le llamará para bautizarle, es decir, le hará hijo de Dios. Es un regalo, en el que  Dios va en busca del hombre, es el regalo de ser hijos de Dios, es el bautismo. 

Pero también los otros dones: el don de la confesión, es un don el Misterio de la confesión. El Misterio de la crismación, y todos los demás Misterios, todos son dones de Dios.

¿Y cuáles son los bienes que ahora debe pedir el hombre? Dios no las da si el hombre no las pide; son dos cosas: el perdón de nuestros pecados y el Reino de Dios. Podría alguien decirme, "pero como decíamos antes, Dios nos dió el Misterio de la confesión; esto no es un don? ¿por qué ahora hemos de pedir el perdós de nuestros pecados?

Queridos, he de recordarles lo que decíamos: regalo-contraregalo [doron-antídoron], Dios te da, pero ha de recibir también. Te da el Misterio del arrepentimiento y confesión, pero ahora debes moverte tú también. Cuendo dices, "Señor, perdóname, dame el perdón de los pecados", Dios te lo da, porque existe este poder del Misterio de la confesión en su Iglesia; lo depositó Dios en la Ιglesia, es un Misterio depositado. Lo que no está depositado es tu acercamiento, el ir tú, a recibir ahora, lo depositado. Pero irás con tal disposición que dirás, "¡quiero, Señor, que me perdones!"

Y es seguro que te Dios perdonará. No existe pecado que no te perdone. Se dice que existe uno que no se perdona, la blasfemia contra el Espíritu Santo. Muchas interpretaciones se han hecho sobre esto, me desvío un poco del tema, no importa. Diríamos que una interpretación principal es la que dice que esta blasfemia es la falta de arrepentimiento, podríamos decir en general que este pecado no se perdona. Porque sencillamente, si no te arrepientes, ¿cómo podrás ser perdonado? Pero todo se perdona, porque, ¿cómo sería posible que existiese un pecado que no fuese perdonado, que la sangre de Cristo no pudiese perdonar un pecado? Es decir, el pecado tiene más fuerza que la sangre de Cristo? No es posible. Es exactamente esta falta de arrepentimiento del hombre.

Pero vuelvo al tema. Pedimos esto, el perdón de nuestros pecados y el Reino de Dios. ¿Tal vez el Reino de Dios no está establecido? Sí que está establecido, ya fue ofrecido en la Iglesia el Reino de Dios. Entonces, ¿por qué pedir el Reino de Dios? La pedimos para conseguirla finalmente, para entrar dentro del Reino de Dios.

¿No nos dijo esto mismo Cristo? Nos dijo, «Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mt. 6,33) Esto de "buscad", ven entonces no sólo Dios da, sino que también llama al hombre a buscar.

Pero tenemos algo más depositado en el cielo. Un don, un bien; y este bien no es otra cosa que el asentamiento de los santos de la Iglesia que se encuentra en los cielos. La Iglesia promovió a sus santos, sus mártires, sus confesores... los promovió al cielo, y allí ahora, como hijos elegidos suyos, los tiene como un precioso tesoro, como un bien inestimable, intercediendo por los miembros de la Iglesia militante. 

Por nosotros, cuyo final nuestro todavía no está claro. No sabemos si seremos salvados o no. Realmente queridos, ¿podemos decir que los que estamos aquí seremos todos salvados? Esto deseamos y por esto rezamos, pero nadie sabe cómo recorrerá el camino de la salvación y llegará hasta el final. 

Cuántas personas hay aquí dentro que no se salvarán, que Dios nos proteja. O cuántos se encuentran en este momento fuera de esta iglesia, que todavía no han venido, y que serán salvados, porque en algún momento vendrán, mientras que otros de aquí dentro se irán y no volverán.

Yo de hecho comparo a las personas que recorren el camino de la salvación con un final desconocido, con una olla que hierve. Si se han fijado, cuando ponen agua en una olla y algunas patatas, por ejemplo, ven que las que están más abajo, con el hervor, van subiendo a la superficie. Y algunas que están en la superficie van de nuevo abajo, y se produce un movimiento dentro de la olla. Así comparo a los fieles dentro de la Iglesia en su recorrido hacia la salvación.  

Es lo que dijo Cristo, «Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos» (Mt. 20,16). Cuántos son primeros en este momento, y serán postreros o últimos, no se salvarán; y cuantos son los que parece que no se salvarán, y permanecen fuera de la Iglesia, y provocan, con sus vestimentas, con sus palabras, con su vida en el pecado... los cuales serán primeros. 

Tenemos el testimonio de esto en la Sagrada Escritura, cuando dijo Cristo: «De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al Reino de Dios.» (Mt. 21, 31). Se lo dijo a los fariseos, que iban delante de ellos, les habían adelantado. ¿Quiénes? Las mujeres inmorales y los hombres pecadores.  

Por este motivo, nuestros santos ahora allí, que son hijos de lglesia, somos carne de su carne. Estos hombres, hoy como almas en el cielo, mañana como hombres completos que serán resucitados, suplican a Dios, rezan continuamente por nosotros que transitamos en este mundo. Y también suplica por niosotros la Madre de Dios. 

Esta Iglesia entonces, este asentamiento, como dice el apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos, «es la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos» (Hebr. 12,23)

Aquellos finalizaron "con los espíritus de los justos cumplidos" [Trisagio fúnebre]. Aquí algunos por desconocimiento se ponen a llorar en el funeral, malentienden lo de "con los espíritus de los justos cumplidos". Aquí empiezan los llantos y gemidos de los asistentes. ¿Qué son "los espíritus de los justos cumplidos"? Son las almas de aquellos que han sido justificados ante Dios, que han llegado a su cumplimiento, a la plenitud de la santidad. No significa que se ha acabado todo para aquel cuya vida ha teminado, —quizás por esto rompan a llorar, no lo sé—. Significa el que ha sido perfeccionado, completado, en la santidad. 

Por esto, dice Kabásilas, dice el sacerdote una oración: "Te damos las gracias, porque con tu muerte nos has abierto las puertas de la vida, porque que has recibido madre del género humano". Su madre, la Madre de Dios; ¿de dónde la tomó Cristo? Es el eterno Logos, el Dios eterno, la tomó de nuestro género, fue ofrecida por nosotros los hombres.        

De nuestro género entonces, recibiste madre, de modo que nazca un hombre de esta gloria. ¿Qué hombre tiene esta Gracia? La Madre de Dios. ¿Un hombre que subió al cielo, que recibió tales glorias? Los mismos ángeles se arrodillan ante la Madre de Dios, como indica el tropario "Más venerada que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines"; es decir que la Madre de Dios es más venerada o más importante que las órdenes angelicales de los querubines y más gloriosa que las de los serafines.

Y no es una expresión, sino una realidad, porque la Madre de Dios fue establecida mucho más allá, mucho más santa, que los ángeles. Esta expresión de "más amplia que las nubes", es una realidad, la Madre de Dios es más amplia que las nubes, más amplia que la creación, tan extensa es su santidad.  

Por eso entonces, has recibido madre de nuestro género, de modo que nazca un hombre de esta gloria. Porque tenemos intercesores, que son de nuestra misma carne y sangre, los cuales ahora interceden en el cielo por nosotros. Y a nuestros homogéneos, de nuestra misma descendencia, has dado tal veracidad, ¿cómo podremos presentarnos, queridos ante el trono de Cristo, con veracidad?

Nuestra veracidad no es sólo la sangre de Cristo, son también los santos, es también la Madre de Dios. Porque estamos, por decirlo así, ocultos o resguardados tras los santos y tras la Madre de Dios. 

Para que lo entiendan y lo sepan esto, —ya lo habíamos dicho alguna vez, pero lo repito intencionadamente para refrescar las memorias—, en la santificación de los Venerados Dones, decimos "Especialmente por nuestra santísima, inmaculada, bienaventurada, gloriosa Señora, Theotokos y siempre Virgen María". Es decir, hamos conmemorado un poco antes, ahora nombramos a la Madre de Dios, la cual está sobre todos.

Tras la Madre de Dios, conmemoramos a san Juan Bautista. Después, a los apóstoles y a todos los santos. Después al santo del día. Ahora, tras haber puesto delante la parte de la Madre de Dios, al lado a san Juan el Precursor y Bautista —él es alguien que complació a Dios—, y los apóstoles —«Vosotros sois mis amigos»—, dijo Cristo, porque complacieron a Dios. 

Y ahora nosotros los pecadores vamos a la parte posterior. Y hacemos memoria de los "dormidos en el Señor", conmemorando uno por uno a nuestros seres queridos que han dormido, tal como están posicionados, en términos estructurales, en la Divina Liturgia. No es el momento de la conmemoración durante la Gran Entrada; esto se comenzó a realizar, sabe Dios cuándo y cómo, pero no es correcto conmemorar en la Gran Entrada. Lo habrán visto esto... yo al menos no lo hago. Paso por la puerta norte, diciendo: «El Señor Dios se acuerde de nosotros en su reino eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos», esta es la conmemoración, "se acuerde de [todos] nosotros", vivos y difuntos, nada más.

Y entramos dentro. La auténtica conmemoración de los nombres tendrá lugar ahora, en este momento. Y preceden los difuntos, es una segunda conmemoración, la primera tuvo lugar en la Preparación o Proscomidia. Los difuntos, ¿cómo serán ahora recibidas por Dios sus conmemoraciones? Hemos nombrado a la Madre de Dios, hemos nombrado a los santos, los hemos puesto ante nosotros, a éstos hemos conmemorado, y junto a ellos, ponemos a los nuestros. Debajo, pondremos a los vivos: al Arzobispo, al clero, a los viajeros y los navegantes, a los enfermos, los afligidos, los presos, todos.

De hecho san Basilio el Grande, en cuya Liturgia que es más extensa, tiene muchos casos más, como cuida de los ancianos, de las viudas, de los huérfanos, de los exiliados, de los que viven en virginidad.... todos estos son conmemorados tras la Madre de Dios y los santos de Dios. Inmediatemente después vienen estas conmemoraciones. Pero con la diferencia de que a unos los presentamos como interecesores y a los para que sean perdonados y admitidos por Dios. 

Por eso decimos "en honor y gloria de nuestra bienaventurada y gloriosa Señora Teotocos [Madre de Dios] y siempre Virgen María, en honor y gloria de los santos arcángeles, de los santos padres... ". Esto quiere decir en honor y gloria, es decir son aquellos que fueron perfeccionados en la virtud, a los cuales, habiendo complacido a Dios, presentamos como intercesores". 

Todo esto que les digo lo encontramos en el poema de san Simeón Metafrastes, en el Oficio de la Sagrada Comunión, en la última parte de las oraciones de agradecimiento: «Te ofrezco como intercesores a todos los Santos, a los Adalides de las Potestades Celestiales, a tu Precursor, a los sapientísimos Apóstoles, y con ellos a tu inmaculada y purísima Madre, por cuya intercesión recíbeme, en tu ternura, oh Cristo mío, y haz de tu siervo un hijo de la luz...»

Ven entonces, queridos, cómo nuestra Iglesia establece el tema de las intercesiones de la Madre de Dios y de los santos. Todo esto en cuanto a las súplicas y el agradecimientos por los venerables dones. Pero, terminemos los Preparación o Proscomidia. 

Mientras el pan está en el Sagrado Discario, hemos dicho que representa al niño Jesús y que ha sido ofrecido como hijo primogénito a Dios. Por esto precisamente el Sagrado Discario cumple el papel del pesebre. Podemos decir entonces que el Sagrado Discario es el pesebre que recibe al Hijo de Dios encarnado con cuarenta días, que es ofrecido como don. Por eso, donde se realiza la Preparación o Proscomidia en la parte de atrás está representado el Nacimiento.  

Entonces como es don y prefiguración del sacrificio, recuerden que lo dijimos, verán que en este lugar, en algunas iglesias está representada "la humillación extrema", a Cristo con las manos cruzadas, detrás la Cruz, y delante el sepulcro. Y tomemos lo uno o lo otro, expresan exactamente dos perspectivas de un mismo acontecimiento: que Cristo fue ofrecido como don u ofrenda, pero también como sacrificio. Si tomo el como don, pongo el Nacimiento como icono. Si tomo el sacrificio, pongo "la humillación extrema".         

Y ahora, debido a que principalmente tengo don u oferta, todavía no ha tenido lugar el sacrificio, sino sólo su prefiguración, quizás sería preferible que estuviese el icono del Nacimiento. 

Precisamente por este motivo, continío con lo relacionado con el Nacimiento de Cristo y con su ofrenda como don. Tomamos la estrella, y la abrimos; la inciensa el sacerdote, porque cada cosa que utilicemos hemos de incensarla, y esto o hacemos como apartándolo del uso común, y lo consagramos para uso sagrado. 

Y entonces decimos: "Y vino, y se puso la estrella sobre el niño Jesús, donde estaba con su madre María", y la colocamos abierta sobre el Sagrado Discario. 

Por abajo ahora aquí está el Cordero, y ponemos esto por encima. De este modo recordamos la estrella que brillaba sobre el pesebre cuando llegaron los Magos buscando al Niño Jesús. Atención aquí a un detalle, no ponemos la estrella abierta en forma de cruz, porque no es una cruz, sino una estrela, por eso dos ángulos están más abiertos que los otros dos.

Pero, cuando tengo el don, ¿cómo exactamente fue ofrecido Cristo como un bebé? Los que estaban alrededor de Simeón el Anciano, quien recibió al recién nacido en sus brazos, ¿qué vieron? Un bebé, una persona, no veían otra cosa, para que no se considere que Cristo era "un gran hombre". Era un hombre normal.

Cogemos el velo, lo incensamos, lo colocamos encima, tal como se verá en la Gran Salida, por la puerta norte. Y cuando cubrimos el Sagrado Discario con este velo, decimos: "El Señor reina, vistióse de magnificencia".

Anteriormente dijimos, "Y vino y se puso la estrella sobre el Niño Jesús, donde estaba con su madre María. Hablábamos de Cristo como un bebé; ahora decimos, "El Señor reina, vistióse de magnificencia". Porque este bebé es el Señor, el cual reina, y es vestido de majestad. Entonces si se fijan, con una frase expresamos la naturaleza humana de Cristo; y con la otra frase, expresamos la naturaleza divina de Cristo. Y así, con estas dos frases, las cuales decimos mientras realizamos estas acciones, una con la estrella, y la otra con el velo, es esto que decimos "Teántropo", Dios y hombre. 

Tal como cuando leemos el Evangelio y en general el Antiguo y Nuevo Testamento, y hace referencia al Mesías (Antiguo Testamento) o a Jesús Cristo (Nuevo Testamento). Del mismo modo otras veces encontrarán al Logos de Dios hablando a través de la naturaleza humana de Cristo. 

Como por ejemplo, cuando Cristo dice, "el Padre es mayor que yo". O cuando respondió a Pilato, «¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?» (Jn. 18,34). Aquí habla el hombre. 

O cuando llora por Lázaro, o cuando tiene hambre, o cuando tiene sed... es la naturaleza humana. Pero encontramos también la naturaleza divina, "el Padre y yo somos uno". ¿Cómo anteriormente dijo que el Padre es mayor que yo, y ahora que él y el Padre son uno? O que "antes de que existiese el mundo yo ya era", o que "antes de que Abraham naciese yo ya era". ¿Ven? Esto es la naturaleza divina. De este modo, cuando tenemos la Sagrada Escritura, y sabemos si hace referencia a la naturaleza humana o a la divina, nunca nos escandalizaremos, verdaderamente. Este el gran escándalo por ejemplo de los milenaristas, seguramente porque no lo entienden esto.

Sea como sea, nuestra Iglesia, en sus movimientos a lo largo de su vida, se refiere tanto a la naturaleza divina como a la humana. Después cogemos el otro velo. Recuerden que dijimos la otra vez que en el Sagrado Cáliz ya habíamos puesto el vino litúrgico o "nama". Y ahora cogemos el otro velo como hemos dicho, lo incensamos también, y dice el sacerdote: 
«Cubierto ha, Cristo, tu virtud los cielos, y de tus alabanzas la tierra está llena».

Tu sabiduría ha sobrepasado toda la tierra... y lo ponemos encima. Después cogemos el tercer velo. Existe otro velo, o pañuelo, de color rojo, llamado "mactron". No se utiliza para cubrir, sino para comulgar, para limpiar tus labios tras comulgar (esto significa "mactron", que limpia). 

Entonces tenemos tres velos o pañuelos para cubrir. Este último se lo pone el sacerdote sobre su espalda. No por algún motivo especial, sino porque con las dos manos mantiene los venerados dones. Este último velo es más grande, y cubre a los otros dos juntos. En el lenguaje litúrgico se llama "aer", tiene su explicación técnica. Pero no diremos ahora por qué se llama así, sino más adelante.

Y lo incensamos, y cubrimos los otros dos. Pero ahora, atiendan, quiero permanecer un poco sobre el término "cubrir". Inciensa el sacerdote, dice la oración de la Preparación o Proscomidia, la cual hace referencia a los que han ofrecido los dones (el prósforo o pan litúrgico), y dice sus nombres. 

Cuando ofrecemos el pan, lo hacemos junto con los nombres de vivos y difuntos, escritos en un papel. Si son difuntos [dormidos en el Señor, literalmente], ponemos una cruz junto al nombre. Donde no ponemos una cruz, significa que son los vivos. Pero para mayor seguridad, pedimos escribir sobre cada lista: "Por los vivos" ("Υπέρ τών ζώντων", [Iper ton dsónton]), y otra lista "por los que han dormido" ("Υπέρ τών κεκοιμημένων", [Iper ton kekimiménon]. Que han dormido, porque despertarán en la Resurrección.*

* «Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá.» (Jn. 11, 26-27). En idioma griego no se dice "cementerio", sino "κοιμητήριο", [kimitírio]: literalmente, "dormitorio". 

 

Entonces dice la oración de cierre el sacerdote, inciensa, y concluye. ¿Qué significa cuando cubrimos con los velos? Tienen un doble objetivo: el primero es técnico, cubrimos para que no caiga nada dentro (moscas, porque el vino es dulce, u otras cosas), ni sobre el Santo Discario. Hemos dicho que este niño divino Jesús tenía entonces 40 días, representa el modo en que pasó desapercibido como Dios encarnado, durante sus años infantiles. Esto representa de un modo natural este recubrimiento con los velos.

¿Hasta cuándo? Hasta que se llega a la Santa Mesa tras la Gran Salida; entonces se produce la revelación; aquí, quitamos los velos. Es cuando vino el testimonio del cielo: "Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia". Cuando vino este testimonio, sobre quién es Cristo, entonces tenemos la revelación. Hasta entonces, es recubierto el Dios hecho humano. Y esto pasa a través del silencio, en el anonimato. 

Pero quienes le reconocieron, dice Kabásilas, directamente dirán: "El Señor reina, vistióse de magnificencia". Aunque seas cubierto, aunque seas un bebé que es ofrecido, sobre las manos del Anciano Simeón. O diríamos sobre las manos de nuestros ojos, que te vemos en forma de pan sobre el Sagrado Discario, no eres sino el eterno Dios. Lo que dijo Simeón, ahora Señor despides a tu siervo en paz, conforme a tus palabras, porque han visto mis ojos tu salvación, mis ojos han visto al Salvador que viene al mundo, cuya salvación has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

De modo que vemos, queridos, que aquí es encubierto el Logos, hasta que sea manifiesto como hombre sobre la tierra durante su obra pública. ¿Cómo se introduciría Dios en la creación? ¿Se introduciría como Dios con toda su resplandeciente gloria? No a la tierra, sino a todo el universo, no le era posible recibir al mismo Dios tal como es, su esencia divina con su gloria divina. Imposible.

Dice san Isaac el Sirio, que "ardería" todo la creación. Entonces, ha de ser inexorablemente cubierto. Es decir, con otras palabras, se oculta Dios, se oculta tras una carne, tras el hombre que se presenta como hombre. Pero aunque tenemos una revelación, porque este Cristo es el Hijo de Dios, y por lo tanto tenemos la revelación de Dios dentro de nuestra historia. ¿Cómo ahora al mismo tiempo tenemos también enmascaramiento?

Tenemos revelación porque debía el mismo Dios venir. Vendrá Dios, dicen los profetas, ¿quién podrá aguantar en el día aquel? Pero al mismo tiempo es cubierto con la carne. 

Se revela Dios, y porque no soporta la naturaleza recibirle, se enmascara de nuevo en la carne humana. Este enmascaramiento y revelación de Dios las expresamos con estos dos velos.

Lo mismo sucede con el pan. ¿Qué es el pan [artos]? Es pan sencillo. ¿Después qué es? Cuerpo de Cristo. Atiendan, Cuerpo de Cristo. ¿Lo ven, que es Cuerpo de Cristo? No, no lo ves. Tus ojos te informan de que es pan. Tu sabor te informa de que es pan. ¿Qué sucede aquí? Es Cristo, porque él lo dijo. Es Cristo, porque él lo dijo, pero también es Dios, porque resucitó, y fue ascendido. 

Entonces este pan es realmente su cuerpo. Pero, ¿por qué no lo entiendes? Tus sentidos no lo entienden, porque se oculta, es enmascarado; como entonces, se ocultaba.   

Detrás de la carne humana, tal como dice el apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos, su carne era el velo de la divinidad: «Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne» (Hebr.10, 19-20).

Como el velo del templo, que cubre el Santuario (el Santo de los Santos). Y los hombres, cuando prendieron a Cristo, no podían percibir que él era Dios, y de hecho después también le crucificaron... Así también aquí, coges el pan, y con tus sentidos no puedes percibir que este es el enmascarado Logos de Dios que se hizo hombre. No puedes entenderlo, tus sentidos no te informan de esto.

Entonces tenemos aquí revelación, porque nos lo dijo Cristo, porque le vimos a Cristo y vimos su transfiguración, su resurrección y su ascensión, y al mismo tiempo se encuentra bajo el tipo de pan enmascarándose a sí mismo, el Dios encarnado.

Ven que realmente nuestra Iglesia vive un desenmascarmiento y enmascaramiento de un inconmensurable Misterio, el Misterio de la Encarnación. Por eso, la Divina Liturgia es la mistagogía del Misterio de la Encarnación. El acontecimiento que no entiende el cerebro humando de que Dios se hizo hombre.

Todo esto queridos, y termino aquí, cuando participamos la Divina Liturgia, deben sorprendernos. No nos dormiremos, no bostezaremos, no hablaremos; sino que atenderemos a lo que se realiza y a lo que se dice. Porque, ¿cómo sabremos si no qué es cada cosa? Y repito una vez más, no tendremos ante nosotros el tipo o la prefiguración, tampoco su icono, sino que tendremos al mismo Cristo. ¿Cómo debemos sentirnos?          

  

 

 

 

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