[3036] Homilías del p. Athanasios Mitilineos. Interpretación del Misterio de la Divina Liturgia por N. Kabásilas. (3)

Vimos, queridos, la vez anterior, un punto central: el de la ofrenda y el recibimiento. Con otras palabras, para que deé Dios, hemos de dar nosotros también. Como l es había dicho y pienso que comprendieron, es de una importancia básica el tema de la ofrenda-recibimiento; porque esta es la postura de todo el espíritu de la Santa Escritura.

De hecho, particularmente, en el espíritu cristiano católico y apostólico ortodoxo, en el que el hombre no es un elemento pasivo o un receptor pasivo, que recibe la Gracia de Dios sin ofrecer nada, tal como enseña la teoría de la predestinación del protestantismo [la cual dice que desde la eternidad y por su absoluta soberanía, Dios ya ha predeterminado el destino final de cada ser humano: la salvación o la condenación].

Tampoco lo contrario, que únicamente ofrezca el hombre, sin ofrecer Dios, como defiende el Pelagianismo [el cual negaba que el pecado de Adán se hubiese transmitido a su descendencia].

La posición Ortodoxa es que Dios da su Gracia, según la cual el hombre no puede conseguir la salvación, pero en lugar de la Gracia, el hombre ha de ofrecerse a sí mismo, en lo que de él depende. 

Así, el hombre con su ofrenda a Dios, y con la recepción de la ofrenda de Dios, salva tanto su persona como su libertad. Les vuelvo a decir que esta es una posición básica dentro de la Santa Escritura; que para obtener algo de Dios debemos siempre ofrecer algo nosotros.

Dentro de este tema tengan quizás su lugar las peticiones [en gr. "τάμα", [táma]], —Señor, hazme esto o lo otro y como agradecimiento te ofreceré una vela, o una Liturgia, u otras cosas...—, que son ofrendas específicas que se realizan en la Iglesia [el fiel, tras realizar su petición coloca una pequeña lámina plateada sobre el icono del santo, o de la Madre de Dios, o de Jesús Cristo... como símbolo de su solicitud]. 

Principlamente sin embargo se refiere a que ofrezcamos nuestro corazón, a nosotros mismos, al viejo hombre, para que el Señor nos lo devuelva nuevo.

Y avanzamos. Habíamos dicho que para que Dios nos de el pan celestial, hemos de ofrecer nosotros el pan terrenal. Y que este pan, elaborado por manos humanas, representa la vida humana y por lo tanto si ofrezco este pan litúrgico [en gr. "πρόσφορον", [prósforon]: "prósforo"] a Dios, es como si ofreciese esta vida mía. Y entonces Dios a cambio me da la vida. Yo le doy la vida momentánea, y el me da la vida eterna. 

Pero cuando el sacerdote recibe esto y se lo ofrece a Dios, hace lo siguiente: corta una parte del centro del pan llamada "Cordero", después diremos cómo, y la extrae. La coloca sobre el "Santo Discario".* 

* Santo Discario, del gr. "Άγιο Δισκάριο", [Áyio Diskário]. Se suele utilizar en español el término de Santa Patena. Pero Patena, del latín "patĕna", significa pesebre (ver https://dle.rae.es/patena) . 

El Santo Discario no tiene un único significado simbólico. Así, puede simbolizar el pesebre, el lecho de muerte del Señor, el cielo, el escudo triunfal sobre el que el Rey de todos está rodeado de ángeles. También, durante la ceremonia de inauguración, las santas reliquias de los mártires se trasladan al Discario para ser colocadas en el Santísimo Sacramento. (ver el.orthodoxwiki.org

Según el.wikipedia.org, el Santo Diskario simboliza diversas cosas, como el pesebre, el lecho de muerte de Cristo y la Tierra. Está cubierto por un asterisco, que simboliza el Cielo.

 

Ahora esta parte constituye el don, la ofrenda, sólo esta parte, el "Cordero", sobre el cual tiene este sello cuadrado: ΙΣ|ΧC arriba (ΙΗΣΟΎΣ ΧΡΙΣΤΌC, [Iisús Jristós]), ΝΙ|ΚΑ abajo (NIKA, en gr. "vence"). Jesús Cristo vence. 

Y así, es colocado aquí, y esto ya es el don u ofrenda, el cual será transformado en Cuerpo de Cristo. No es transformado el resto del pan litúrgico en Cuerpo de Cristo, sólo lo que ha sido colocado sobre el "Santo Diskario".

Con este pan litúrgico se hará el "antídoron" (del gr. "αντίδορον", [antídoron], "antídoro": "antí" en lugar de o como contraposición de, y "doro", don u ofrenda). Es decir, el pan litúrgico no utilizado se corta en prequeñas piezas, que serán repartidas al final a los fieles. Para ser exactos, si quieren, el verdadero "antídoro" es sólo el de un "prósforo" o pan litúrgico, del que ha sido extraído el "Cordero". 

Por esto, si van a algunas iglesias, como las de algunos monasterios, les darán pequeños fragmentos del "prósforo". Algunos dirán, "pero qué tacaños, ¿no tenían más "prósforos" para darnos unos cachos más grandes?. No es esto, sino que como tienen que dar "antídoro" a todos de un sólo "prósforo", éste necesariamentre será cortado en cachos muy pequeños. 

Además, en el Monte Atos el prósforo es muy pequeño.

Sin embargo, no tiene importancia si reciben finalmente antídoro del otro prósforo, no se escandalicen, ya que todos los prósforos que serán ofrecidos dentro del santuario son una ofrenda a Dios. Todos.  Si alguna señora dice, "no me ha dado una pieza de mi prósforo el sacerdote...". En general, con uno se hará la Preparación. Sacará de un segundo si quieren la porción de la Theotokos o Madre de Dios, de un tercer prósforo sacará las porciones de los santos, de un cuarto prósforo si quieren la porción de los vivos, y de un quinto prósforo las porciones de los difuntos [de los que han dormido en el Señor, porque «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. » (Jn.11,25-26)] 

Lo máximo será utilizar cinco prósforos, más no se pueden utilizar. Pero normalmente, y de modo preciso, repito, sólo debería utilizarse un prósforo, del que se extraerán todas la porciones necesarias. 

Lo decíamos hace unos años, cuando analizábamos la Liturgia de la Preparación, que un solo pan representa la Única Iglesia, y que consecuentemente todo debería proceder de un único prósforo. 

Surge entonces ahora la pregunta: ¿Por qué no se utiliza todo el pan de la Preparación, sino que extraemos sólamente una parte? ¿Cuál es el motivo? 

El motivo, queridos, es el siguiente: En el Antiguo Testamento, los hebreos ofrecían como sacrificio a Dios una parte de toda su cosecha. Si por ejemplo obtenían 100 kg. de trigo, ofrecían 10 kg. haciendo panes. Es decir, no daban toda la cosecha, daban sólo una parte. 

¿Qué significaba esto? Significaba que, exactamente tal como en el Antigua Testamento, y ahora también en el Nuevo, este pan representa a la Iglesia, nos representa a todos nosotros, a todos los fieles, a nosotros que somos humanos. El Hijo de Dios, es Dios; pero por filantropía se hizo hombre, y se hizo consubstancial también con los hombres. Es consubstancial con el Padre, de la misma esencia o hipóstasis, desde el punto de vista de la divinidad, pero también consubstancial con los hombres, porque tenía esta esencia, es decir tomó cuerpo humano.

El cuerpo humano sin embargo lo tomó de su madre la Santísima Virgen María, es decir del género humano. Entonces, Cristo fue apartado del género humano; recibió  nuestra esencia, de la misma naturaleza, pero fue separado del género humano. Es decir, era uno con nosotros, y ahora se va y se separa, porque como sacrificio a Dios, Cristo será ofrecido por los fieles.

Por eso precisamente fue apartado de los hombres. Recibió nuestra esencia, y fue constituído unidad, y como unidad fue ofrecido al Padre celestial.

Pero algo más, esto que el Hijo de Dios tomó "de nosotros", lo apartó, y se lo ofreció como ofrenda a Dios, y también lo ofreció como sacrificio al Padre. Consecuentemente esta ofrenda es al mismo tiempo sacrificio. Pero no somos sacrificados nosotros, es sacrificado el Cordero.

Y algo más. Esto ahora, cuando sea santificado, tal como fue santificado su Cuerpo tras su resurrección, y convirtiéndose ya en incorruptible e inmortal, este cuerpo ya no muere; fue ascendido a los cielos. 

 

 

 

 

 

 

Así entonces ahora también aquí, una vez para siempre es separado del cuerpo del resto de humanos, el cual es aún mortal y corruptible. Y se convierte en inmaterial e incorruptible cuando comulgamos, porque al comulgar guardamos y mantenemos la vida de Cristo en nuestra vida. Y de modo más preciso, hablando el lenguaje del Evangelio, el apóstol Pablo dice que nuestra vida es ocultada en Cristo. No ocultamos o guardamos nosotros la vida de Cristo en nuestra vida, sino que nuestra vida es ocultada o guardada dentro de la vida de Cristo. 

En realidad, cuando comulgamos, no tomamos a Cristo, sino que Cristo nos toma a nosotros, porque Él es el Cuerpo. Y no viene el Cuerpo a los miembros, sino que los miembros van al Cuerpo. Consecuentemente, nuestra vida realmente está oculta en Cristo.

Este entonces es el motivo por el cual no se ofrece al pan litúrgico entero, sino sólo uns parte. Dijimos la vez anterior que el Cordero, —el cual representa a Cristo—, que ha sido separado o extraído de todo el pan litúrgico, y puesto sobre el Santo Discario, es solamente pan sencillo. Todavía no es nada más que eso, pan común. Porque representa a Cristo durante su edad infantil de cuarenta días, como les dije, cuando fue presentado al templo, sin embargo entonces con cuarenta días era posible que fuese sacrificado, por eso Herodes buscaba asesinarle. Y el que sea esto posible lo vemos cuando Cristo subió a la Cruz, allí murió.

Señalar que Cristo padeció porque recibió nuestra carne padeciente. Con su muerte y su resurrección, convirtió nuestra carne en impasible e inmortal. 

Era posible entonces que muriese Cristo con cuarenta días, exactamente tal como podía morir cualquier otro niño de cuarenta días. Entonces, cuando es ofrecido Cristo sobre el Santo Discario como ofrenda, es pan, pan normal, como el resto de los panes. Tras el sacrificio y la santificación, es su Cuerpo, lo que con tanta devoción comulgamos comulgamos durante la adoración en la Iglesia.

Como les dije, todavía es ofrenda o don, pero Cristo antes de subir a la Cruz hizo conocida su muerte a sus discípulos. Repetidamente les hablaba y les decía, "he aquí, subimos (geográficamente estaba más elevado) a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado en manos de pecadores, y será escarnecido, azotado, escupido, rechazado... y al final le matarán, le crucificarán. 

Cristo entonces continuamente anuncia su muerte, por eso mientras tengamos todavía la ofrenda, antes de ser llevado al Gólgota, en la Santa Mesa, en el sacrificio, el sacerdote realiza con la lanza, que es un instrumento para dar muerte, es la lanza del soldado, la cual representa el rsto de instrumento mostíferos, como el martillo, los clavos, la cruz. Representa todas las señales de la muerte y del sacrificio a Cristo, sin tener lugar sin embargo el sacrificio.

Por lo tanto, en la Preparación tenemos dos cosas: presentación del don o de la ofrenda, y el preanunciamiento del sacrificio. Repito: preanunciamiento. El verdadero sacrificio se realizará despiués. Precisamente por esto tenemos todo un procedimiento del preanunciamiento del sacrificio. Tienen lugar una serie de movimientos, de los cuales unos son necesarios, otros simplemente tienen lugar para completar todo el procedimiento del preanunciamiento del sacrificio. 

Tienen lugar distintos movimientos, de los cuales, unos son necesarios, otros simplemente tienen lugar, para completar todo el procedimiento del preanunciamiento del sacrificio. Por ejemplo, para extraer el Cordero del pan litúrgico, utilizará la lanza, la cual corta, pero esto es necesario que sea así por motivos prácticos. Pero cuando después clavo la lanza, esto no tiene un objetivo práctico, sino que completa el procedimiento que les dije del preanunciamiento del sacrificio.

Y por lo tanto, cuando hago esto con la lanza, y al mismo tiempo digo las palabras correspondientes referidas al sacrificio de Cristo, no hago otra cosa que una administración o un procedimiento prácticos. 

Permaneceré en este punto, es un punto central. Escuchen esto, toda la Divina Liturgia no es otra cosa que una administración o procedimiento práctico. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que los movimientos que hago, no son otras cosa que una acción a través de la cual, junto con las palabras que la acompañan, expresamos, narramos, decimos, lo que queremos contar: el sacrificio de Cristo. Esto constituye una milagrosa supervisión exterior.

Para que entiendan el valor que esto tiene, recordaré a los alumnos en clase de ciencias naturales. Viendo anatomía, antropología, traían un esqueleto y hacíamos clase. Cuando teníamos clase de química, íbamos al laboratorio, y el profesor nos mostraba ciertos experimentos. Esto se llamaba supervisión exterior, porque sólo mediante estas representaciones reales el alumno podía entender bien la clase; y no sólo entenderla, sino recordarla.

Tememos dos tipos de supervisiones o representaciones, la exterior y la interior. La exterior es ésta, tomo el "pósforo" o pan litúrgico, tengo la lanza... cosas que vemos. Corto la parte llamada Cordero, lo pongo sobre el Santo Discario, extraigo la porción de la Madre de Dios. Después de santificar estos dones los cubriré con los velos, saldremos fuera a hacer la Gran Entrada... todo es una supervisión o representación exterior.

La interior es: sin tener nada de lo anterior, narrar mediante símbolos y representaciones, como son las parábolas: «Un padre tenía dos hijos. El menor dijo: padre, dame la herencia que me corresponde". "Hijo mío, mira qué bien estás aquí, dónde vas a ir...". "No, dame la herencia que me corresponde". "De acuerdo, tómala". Y tras cogerla el hijo menor, se fue a un país lejano, llevando una vida de derroche...". Cuando les digo esta parábola, no tengo aquí al padre, ni al hijo. Son cosas conocidas, comunes, y cuando yo las digo, entran en vuestro cerebro... esto se llama supervisión o representación interior. 

Cristo enseñaba tanto con la supervisión o representación exterior como con la interior. El objetivo es que queden grabadas estas cosas en el interior de los hombres. Tienen mucho valor. Por eso les dije, esto se llama narración práctica. 

En general los pueblos de oriente, particularmente los hebreos, utilizaban muchio esta representación interior. Lo vemos extendido a lo largo de toda la Santa Escritura, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento. Les pondré un pequeño ejemplo del Nuevo Testamento (nuestra referencia sigue siendo N.Kabásilas): cuando el apóstol Pablo estaba en Cesarea Marítima de Asia Menor, —esto está escrito en el Libro de los Hechos de los Apóstoles—, se encontró con el apóstol Ágabo. Éste, le quita el cinto de la cintura a Pablo, y le ata las manos. Después se lo quita y le ata los pies. Después toma el cinto en sus manos y le dice a Pablo: "Este cinto, ¿de quién es?" (Lógicamente era de Pablo, sacado de su propia cintura). "Esto dice el Espíritu Santo: Al que pertenece este cinto, así será atado y llevado a Roma". 

Podría habéselo dicho del siguiente modo, así hubiesen dicho los griegos: "El Espíritu Santo dice que a este hombre le esperan tribulaciones y prisiones". Los hebreos no lo hacen esto, sino lo que les he dicho, porque ¿en la cabeza de quién no quedaría impresionada esta acción del profeta, de atar las manos y los pies de Pablo, y decir lo que después dijo? Porque las acciones y los movimientos permanecen intensamente en nuestro cerebro.

Otro ejemplo. Una vez le preguntaron a un padre "teoforo" [portador del Espíritu de Dios]: ¿Qué es un monje? Y él se quitó la túnica, la arrojó al suelo, y comenzó a pisotearla, sin decir nada. Quería decir, "el monje es aquel al que todos pueden pisotear, sin él decir nada". 

Esto se llama narración práctica. De modo entonces que el sacerdote hace esta narración. La Divina Liturgia por favor, ¿qué es? No es otra cosa que una narración práctica. La Pequeña Salida, la Gran Salida, las salmodías, las lecturas del Evangelio y del Libro de los Apóstoles, la salida de Cristo al mundo, su predicación, después se dirige al Gólgota (Gran Salida), sube al Gólgota, es crucificado, es sacrif¡ficado, es ofrecido, después tenemos la resurrección, "Hemos visto la luz verdadera", etc.

Y después el sacerdote dirá, levantando el Santo Cáliz, porque realmente esto es ya el Cuerpo de Cristo y elevándolo, dirá, habiendo narrado anteriormente que Cristo ha sido ascendido a los cielos, tomará entonces el Santo Cáliz y elevándolo dirá, : "Bendito sea nuestro Dios"... y luego vuelto hacia los fieles dirá, "Eternamente, ahora y siempre..."

Este "Bendito sea nuestro Dios"... es el símbolo de la Ascensión de Cristo. Pero también de Pentecostés, cuando lleguemos allí poco a poco, cuando verterá dentro  el agua caliente (en gr. "Zeon"), que es el fervor de la fe del Espíritu Santo, es Pentecostés, etc.

Todo esto es una narración práctica. Nuestro pueblo ha de conocer estas cosas, para poder entender esta narración práctica.  

Debería aplicarse también la norma del Código de Justiniano que dice que han de decirse en alto y ante los ojos de nuestro pueblo, para que tengan una representación visual de lo que sucede y de lo que se dice, al menos en la Preparación, porque en la Divina Liturgia se pueden ver, aunque ahora hayan sido ocultadas...  

Con todo esto que intentamos mostrar con palabras y con movimientos, ¿qué queremos decir exactamente? Una sola cosa queremos decir, o anunciar, o mejor dichp denunciar: la muerte de Cristo. 

¿Por qué la muerte de Cristo? Esto lo veremos a continuación, porque es un punto central en toda la ofrenda. Hasta entonces, veamos el comienzo. 

Dice el sacerdote, «Bendito sea nuestro dios eternamente ahora y siempre, y por los siglos de los siglos». Tomo el pan litúrgico o "prósforo", lo eleva y dice «Tú nos has redimido de la maldición de la ley con tu preciosa sangre. Clavado en
la cruz y traspasado con la lanza, has derramado la inmortalidad sobre los
hombres, como un manantial. Salvador nuestro, gloria a ti.»
 

 

 

 

 

 

 

Después, tomando la primera prósfora en la mano izquierda y la santa lanza en la
derecha, hace con ella tres veces la señal de la cruz sobre el sello de la prósfora, diciendo tres veces: «En memoria del Señor y Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo, eternamente, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.» 

¿Qué significa "en memoria del Señor y Dios y Salvador Jesús Cristo"? Significa que hemos de tener su memoria, acordarnos, rercordar a Jesús Cristo.

Pero, ¿dónde le recordaremos? ¿Ahora que haremos la Preparación? ¿Particularmente la Preparación constituye memoria de Cristo? No. Memoria de Cristo constituye toda la Divina Liturgia. El mismo Cristo dijo "Comed, bebed, este es mi cuerpo y esta es mi sangre... haced esto en memoria mía. Entonces toda la Divina Liturgia y la Preparación es una memoria de Cristo. 

¿Pero qué tenemos que recordar de Cristo? ¿Tal vez hemos de recordar sus milagros? ¿Tal vez hemos de recordar que dio de comer a miles de personas con cinco panes y dos peces? ¿Tal vez su dominio absoluto sobre la naturaleza o que resucitó a muertos? ¿Qué debemos recordar de todo esto? Diría que es curioso, pero es cierto... nada de todo esto. ¿Entonces, qué? Sólo una cosa: su cruz, su muerte.

Causa mucha impresión que dichos milagros constituyen su poder, pero la cruz su debilidad, porque se dejó a sí mismo ser entregado y ser arrestado. Recuerden las palabras de Cristo a Pedro, cuando le arrestaron y sacó Pedro la espada e hirió al soldado, "¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones (72.000) de ángeles?" Incluso el mismo Cristo, ¿no tenía acaso el poder? Fue llevado a Anás, a Caifás, a Pilato y al Gólgota. Allí le crucificaron, extendiendo él las manos... La cruz es el símbolo de la debilidad y al mismo tiempo el símbolo del poder.

¿Si os dijesen que dentro de poco irían a por vosotros para mataros, os quedaríais en el sitio en que estuviéseis, o escaparíais? ¿Dónde está el poder, en quedarte o en marcharte? El poder está en quedarte.

La cruz no es la debilidad de Cristo, sino la voluntaria debilidad de Cristo. Es exactamente cuando oculta al completo su naturaleza divina y su poder divino, y deja que parezca que nada actúa. Es realmente el gran poder de que es ofrecido como hombre, mejor como Dios-hombre es ofrecido en esta cruz, para salvar a los hombres. Poder, no debilidad. 

Sin embargo, aparentemente como les dije, los milagros son la señal de su poder, por eso dice que Cristo hizo «potencia de señales y prodigios» (Rom. 15,19), mientras que la Cruz muestra debilidad, padecimiento y muerte.

¿No les parece extraño que en este momento invocamos, no su poder, sino su debilidad? ¿No su gloria y sus milagros, sino sus padecimientos y su crucifixión? 

Y el apóstol Pablo, que comprendió tan profundamente a Jesús Cristo, cuando habló a los Corinitios sobre la Cena Mística y sobre el cuerpo y la sangre de Cristo, "dijo: haced esto en memoria de mí" (1 Cor. 11,24). "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga" (1 Cor. 11,24).

No cuenta nada más que su muerte el apóstol Pablo. Y el Señor cuando demostró esto y dijo: "Este es mi cuerpo... esta es mi sangre" (Mt. 26,26 y 26,28). Y no dijo, "este es mi cuerpo, aquel que hizo milagros, que resucitó muertos...", sino "mi cuerpo, que doy por vosotros (Lc. 22,19), y "mi sangre, que es derramada por vosotros" (Lc. 22,20).

Es decir, lo que se ofrece por la muerte, el cuerpo que doy, que ofrezco, el cual ahora parto (no corto, porque Cristo no utilizó cuchillo para cortar el pan) con mis manos. Lo partió y lo ofreció.

Lo que quiero que entendáis es que no dijo, "este es mi cuerpo que hizo milagros...", sino este es mi cuerpo que fue y que es ofrecido a la muerte. 

¿Por qué? Atiendan por qué. Porque sencillamente los milagros son una demostración de la divinidad de Cristo, mientras que su muerte y sus padecimientos son los acontecimientos que obraron o que hicieron posible nuestra salvación.

¿Qué fue lo que obró nuestra salvación? ¿Los milagros? No. Fue su muerte. Su muerte es lo que nos dio la salvación. Y porque nos referimos a nuestra salvación, por este motivo hacemos conmemoración, no de sus milagros, sino de sus padecimientos, de su cruz y de su muerte.

Por eso en la Divina Liturgia diremos la siguiente súplica dentro de la oración de la Santa Anáfora, después de "Tomad, comed...": «Conmemorando por lo tanto este mandamiento salvador y cuanto se ha verificado por nosotros, la Cruz, el Sepulcro, la Resurrección al tercer día, la Ascensión a los cielos, el sentarse a la diestra y el Segundo y Glorioso Advenimiento.» 

Son las oraciones que hoy se dicen en bajo, pero creo que deberían ser oídas por el pueblo, porque no dice el sacerdote por mí,  sino por nosotros, porque el sacrificicio no lo ofrece sólo el sacerdote, sino todo el pueblo, y por lo tanto todo el pueblo ha de tener conocimiento de esta conmemoración. 

No sólo yo, sino también vosotros, por lo tanto debéis escucharlo. Y lo mismo con el resto de oraciones. Podría decir alguno, "pero padre, este es su trabajo, no nos lo diga a nosotros". Pues no, os lo digo a vosotros también, porque si el pueblo madura, entonces comenzará a ser una realidad. Pero debido a que nuestro pueblo no ha madurado todo este tema, el Señor sabe por qué sólo algunas oraciones se dicen en alto y otras continúan diciéndose en secreto. 

«Conmemorando por lo tanto este mandamiento salvador...». 

¿Qué mandamiento? El mandamiento de "Tomad, comed". Es mandamiento. Queridos, es mandamiento. Díganme, ¿existen otros manadamientos aparte de los diez mandamientos? 

Muchos. Los diez mandamientos simplemente son representativos.

¿Cuál es el mayor mandamiento? El mayor mandamiento no es "no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio...". El mayor mandamiento es "Tomad, comed, este es mi cuerpo".

En la iconografía católica y apostólica ortodoxa, la Cena Mística no es representada con Cristo y los apóstoles sentados alrededor de una mesa, sino que tiene dos escenas, divididas por la mitad. En un lado Cristo da el Pan a los discípulos; en el otro lado, también Cristo ofrece del Santo Cáliz también a los discípulos. En la primera dice "Tomad, comed, esto es mi cuerpo". ¿Qué os parecería si Cristo nos dijese, "toma, come", y tú no extiendes la mano, no lo tomas, no lo comes? Significa que no obedeces al mandamiento, porque el mandamiento u orden es "toma, come", y tú no lo haces, no lo tomas ni lo comes. ¿Esto no es transgredir el mandamiento? Eres transgresor entonces, si no comulgas eres transgresor, esto no es filosofía.

Les he dicho que es el mayor mandamiento. Por supuesto. Me dirán que el mayor mandamiento es "Amarás al Señor tu Dios...". Pues es lo mismo, porque cuando Cristo me dice "Toma, come, porque yo soy esto mismo que te ofrezco", es cuestión de amor, porque tomo a Cristo, al cual amo.

¿Quién no va a comulgar? Aquel que no ama a Cristo. Los de afuera, que ni van a comulgar, y les pido alguna vez que vayan a comulgar, ¿aman a Cristo? No.

El que comulga ama a Cristo. 

Por lo tanto, si me dice, "toma, come", y yo tomo y como su cuerpo y su sangre, significa que obedezco al mandamiento de amar a Dios, el cual ciertamente es el primer y mayor mandamiento.

Entonces, «conmemorando este mandamiento salvador». Salvador, porque no es un mandamiento que simplemente me dice "honra a tu padre y a tu madre". De acuerdo, pero fallecieron cuando era pequeño, ahora no tengo padres, entonces ahora no es válido para mí. Es mandamiento salvador. Es un mandamiento que todos deben llevar a cabo, porque concierne a todos en la vida.



«Conmemorando por lo tanto este mandamiento salvador y cuanto se ha verificado por nosotros», todo lo hemos verificado o conmemorado: tu mandamiento, todo lo que has padecido, por nosotros. ¿Cuál? La Cruz. ¿Han visto? No se refiere al milagro de las bodas de Caná, ni a cuando cesó la tormenta en el mar, ni cuando alimentó a los 5.000 el Sepulcro... sino que se refiere a «la Cruz, el Sepulcro, la Resurrección al tercer día, la Ascensión a los cielos, el sentarse a la diestra y el Segundo y Glorioso
Advenimiento».

Seis acontecimientos, que se refieren únicamente a Jesús Cristo, los cuales son los acontecimientos que obraron o que hicieron posible nuestra salvación. Éstos conmemoramos ahora. Este pan que tú nos has dado, porque tú has enviado la lluvia, el sol, el campo... y por lo tanto es tuyo. 

«Lo tuyo de lo tuyo», no tenemos nada nuestro, «te ofrecemos», tú nos lo has dado, y nosotros ahora te lo ofrecemos. Y tú nos lo volverás a dar como tu cuerpo y tu sangre. Debido entonces «por todo y por todos» a que nos ha dado todo esto, «te cantamos, te bendecimos, te damos gracias, etc...»

En mis homilías podría decir que tengo este pequeño, "fallo", que repito las cosas. Pero lo hago intecionadamente, para que lo recuerden, porque el objetivo es aprenderlo.

«Lo tuyo de los tuyos te es ofrecido... » Ofrecido no es verbo, es participio; el verbo, el de la frase principal, es la de «te cantamos...». Esta frase de «Lo tuyo de los tuyos te es ofrecido...» es subordinada.

Y habiéndote sido ofrecido lo tuyo de lo tuyo, tú ahora nos lo devolverá de nuevo; ahora te cantamos, te bendecimos, etc.

De modo que como ven, queridos, nos referimos a los padecimientos de Cristo, los cuales son los acontecimientos que obraron o que hicieron posible nuestra salvación. 

Después de las palabras que tenmos como conmemoración, ahora sigue la acción, lo que anteriormente les había dicho, la "narración práctica". ¿Qué hacemos aquí? 

Habiendo dicho tres veces  «en meoria del Señor Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén», ahora con la lanza, el instrumenmto de la muerte representante de la cruz, los clavos... como les dije anteriormente, pongo la lanza y comienzo a cortar el pan. Lo cortaré en cuatro partes, pero al mismo tiempo digo estas palabras: con la primera parte,diré la profecía de Isaías, que dice:

«Como oveja fue llevado al matadero». Después voy a la parte de al lado y digo: «Y como cordero sin mancha ante sus esquiladores enmudece, no abrió su boca».

Es decir, fue llevado al matadero, pero su matanza fue como si le esquilasen y ni siquiera abrió su boca para quejarse.

Y después voy a la parte superior, y digo: «En su humillación fue quitado su juicio». Es decir, en su humillación, su poder para juzgar y condenar a los hombres por lo que le hicieron, se fue. Como si dijéramos, que no tuviese el poder de decirles, ¡qué estáis haciendo vosotros aquí, malhechores asesinos! En su profunda humillación, cerró su boca y no se quejó.

Y después voy a la parte inferior, y digo: «Y su generación, ¿quién la contará?»

Cuando hace cuatro años analizábamos temas litúrgicos, vimos que la palabra "generación" es un término difícil de interpretar. Les diré dos interpretaciones existentes:

- Su generación, sus contemporáneos, quienes le crucificaron... ¿quién puede describirlos y decir quiénes y cómo eran? Hombres sin piedad eran.

- Generación significa "vida y estado", vida y circunstancias, es decir, su vida. ¿Quién puede describir su vida, la vida de Cristo?   

Tomen la interpretación que quieran. Y a continuación decimos: «Porque alzada es su vida de la tierra». Mientras hemos cortado ya esta parte, y ponemos la lanza por abajo, "porque es alzada", alzada quiere decir es elevada su vida de la tierra, y esto significa que murió. Y que murió por crucifixión, porque dijo Cristo "cuando me veais ser alzado o elevado de la tierra", esto quiere decir que no estaré en el cielo, pero tampoco en la tierra, por que sobre la cruz estaba entre el cielo y la tierra. 

Su vida fue alzada de la tierra, y se coloca esta parte sobre el Santo Discario.

 

Este pasaje, regreso a lo que anteriormente decía, se hace por motivos prácticos, que pase de un sitio al otro, pero también que Cristo fue escogido y apartado de los hombres. Dijo Cristo: "dejo el mundo y me dirijo al Padre". Narración práctica, estamos todos nosotros aquí, "dejo el mundo y me dirijo al Padre". Realmente se disfruta lo hermosa y lo gráfica que es.   

Y ahora, ¿cómo se declarará su muerte? Ahora el sacerdote vuelve boca abajo al Cordero, y tomando la lanza —el instrumento con el que se da muerte—, y corta (sacrifica, degolla... terrible) hasta abajo, declarando así su muerte:

«Sacrificado es el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo, por la vida y salvación del mundo». Por lo tanto con el primer corte, declaro su muerte. Vuelvo el Cordero, y realizo un segundo corte. Y realizando este segundo corte, he formado una cruz; y habiendo formado la cruz, declaro el tipo de muerte: por crucifixión.

Es lo que dice el apóstol Pablo, «y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filip.2,8).

Entonces con el primer corte declaramos la muerte, y con el segundo la cruz: 

Con tu crucifixión, oh Cristo, la tiranía [del diablo] fue destruida, el poder del enemigo fue pisoteado, y ni ángel ni hombre [han venido a salvarnos], sino Tú mismo [personalmente], el Señor, nos salvaste. ¡Gloria a Ti!〉 [Del Servicio de las Grandes Horas del Viernes Santo por la mañana]  

Y pone el Cordero sobre el Santo Discario. Después toma la lanza, y debajo de "ΙΣ", ΙΗΣΟΥΣ, [Iisús]: JESÚS, y sobre el NIKA [NIKÁ]: VENCE, clava la lanza el sacerdote sobre el Cordero, y dice: «Uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y luego salió sangre y agua». Y tiene ahora el Santo Cáliz a su lado y vierte por una parte vino litúrgico y por otra agua, y dice: «Sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero.»

Entonces, ¿qué hemos visto ahora aquí? Miren los movimientos que hemos hecho: hemos cortado, hemos clavado la lanza, hemos crucificado y sacrificado, hemos puesto el vino litúrgico, es decir la posterior Sangre de Cristo —aún no lo es, ahora es prefiguración del sacrificio, el sacrificio tendrá lugar en la Santa Mesa, no lo olvidemos—, y el agua en el Santo Cáliz, y de este modo, con estas palabras y con acciones, hemos narrado la muerte de Cristo. Inicialmente entonces teníamos los dones u ofrendas, y ahora prefiguración del sacrificio.

Pero debido a que la hora ha pasado, nos quedaremos aquí, y creo que la próxima vez completaremos la Preparación. Y después ya entraremos en la Divina Liturgia. Creo. Lo que estamos viendo ahora es más práctico que lo que vimos hace unos años.           

 


 

  

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