Continuamos entonces tras la introducción que habíamos hecho sobre la Divina Eucaristía. Y tal como habíamos anunciado, nuestros temas tendrán como guía la interpretación hecha por Nicolás Kabásilas.
Vivió en el siglo XIV y es uno de los grandes autores eclesiásticos bizantinos. Y como les había dicho, la interpretación que hace en sobre la Divina Liturgia se considera la mejor y más excelente de todas las realizadas anteriormente, pero también posteriormente.
Precisamente por eso hemos elegido esta interpretación para poder obtener una imagen lo más clara y profunda posible de la Divina Liturgia.
El comienzo de la Divina Liturgia es la Liturgia de Preparación [Proskomedia o acto de preparar el pan y el vino para la Eucaristía]. Los fieles han tener un adecuado conocimiento tanto de la Preparación como de la Divina Liturgia.
Queridos, hemos de conocer amplia y profundamente nuestra adoración, de la cual la suprema expresión es la Divina Liturgia; tenemos un total de ocho Servicios Litúrgicos que cada día se repiten, en una glorificación constante y sin interrupción del Santo Nombre de Dios.
Por eso también existe una norma, la 137º del Código Justiniano, que dice: «Todos los obispos y todos los presbíteros [sacerdote], que no realicen la Liturgia de Preparación de un modo tal que no les oiga nadie, sino con fuerte voz, de modo que el pueblo fiel de Dios pueda oír y ver la Preparación. Para que oyendo y viendo la Preparación, nazca en sus corazones la compunción».
Porque realmente, cuando nosotros todo esto lo ofrecemos de una manera silenciosa y el pueblo ni ve ni oye lo que está pasando, y no conocen de qué se trata, —y tampoco nosotros explicamos, porque podría decir alguien que están los cuadernillos específicos con la Divina Liturgia y su explicación, pero pienso que el fiel no debería mantener este librillo, es imitación de otras congregaciones occidentales—. No quiero decir que no lo tengáis, sino que deberíamos conocer tan bien la Divina Liturgia que no deberíamos tener la necesidad de mantener nada en nuestras manos, esto quiero decir.
Nuestro pueblo debería conocerla de memoria, en amplitud y en profundidad. ¿Por qué tenemos estos cuadernillos, en imitación a los llamados católicos romanos? Allí el sacerdote lo dice todo en secreto y la gente no oye nada. Además lo dice en latín, quién puede entenderlo. Si eres italiano o has estudiado este idioma, quizás algo puedas captar, si se supone que se dice en alto. Y el librillo está en latín, ¿qué entenderás? Es como si os ofreciésemos ahora aquí la Divina Liturgia no en la lengua antigua que está, sino en una todavía más antigua, como podría ser en el lenguaje de Platón. Porque el idioma de la Divina Liturgia no es muy antiguo. Es el idioma principalmente del siglo IV o V después de Cristo, es decir, 1000 años después de Platón. No creo que sea poco. Es un idioma que con un poco de buena voluntad, si alguien ha ido un poco a la escuela secundaria, puede entender muy bien. No es tan antiguo.
El italiano tiene este librillo de la Divina Liturgia escrito en latín en un lado y en italiano en el otro. ¿Pero el otro, el africano, el chino, que es "católico romano" y no sabe nada de latín? Por eso existen cientos de estos librillos con la Divina Liturgia entre nosotros, donde la Divina Liturgia está en el idioma de cada uno. Si alguien está en Rusia la escuchará en ruso, en Bulgaria en búlgaro, en Serbia en serbio... ¿Para qué tienen estos librillos?
Son como las traducciones que tienen los alumnos que les cuesta aprender griego antiguo y tienen las traducciones. Estas cosas deberían poco a poco desaparecer de entre nosotros, y poder nosotros solos seguir la Divina Liturgia, pero para eso debemos antes haberla conocido.
Debe existir educación litúrgica y por favor, este es nuestro trabajo. El vuestro es aprender y seguir diligentemente esta educación litúrgica, para que seais buenos alumnos de las enseñanzas de Cristo.
Υ los temas de este año no son más que una oportunidad para la educación litúrgica. Cuando les muestre algunas cosas, porque veremos muchas cosas, este objetivo tendrán.
Por eso todo debe decirse en voz alta. Si no se dicen hoy en voz alta, es precisamente porque muchas cosas han intervenido y hemos llegado al punto en que nuestro pueblo se encuentra en lo profundo de la noche. Es una injusticia, os lo he dicho también otras veces, cuando bostezáis y dormís en vuestros asientos. Y más injusto es todavía cuando no se viene en absoluto a la Iglesia.
Pero cuando puede sentir lo que está sucediendo exactamente ante él, teniendo una vida por delante para desplegarse, entonces no habrá nada más hermoso ni más magnífico que la celebración de la Divina Liturgia. Y cuánto más cuando tenemos presente al Señor Jesús Cristo, no mentalmente, sino realmente, su Cuerpo y su Sangre. Entonces entenderán qué irrepetibles experiencias y vivencias nacerán para siempre dentro del alma del fiel.
El comienzo entonces de la Divina Liturgia, como decíamos, es la Liturgia de Preparación. Esta Preparación también se llama Ofrenda, o Ofrecimiento (Prothesis) de los Venerados Dones. Forma parte de la Divina Liturgia, y más concretamente tiene lugar en el momento en que decimos «Atendamos para ofrecer en paz la santa oblación»
Los que hoy habéis estado en la Liturgia de Santiago, ¿no os impresionó que se dice muchas veces «la paz con vosotros»? Repetidamente. Esto lo dice el diácono para recordar al pueblo que deben tener paz. Me dirán, "bueno, lo ha dicho una vez; ¿existe la posibilidad de que discuta con el de al lado?". Les diría que existe la posibilidad, ¿por qué no va a haberla? O porque te ha quitado la silla, o porque habla en alto y te pone nervioso, o porque has visto a uno con el que no te llevas bien, etc. Por eso se necesita renovación.
Pero les diría que aunque no hubiese nadie, y estuviese uno sólo, también sería posible perder la paz; con los propios pensamientos por ejemplo. Quiero decir que es un elemento básico la paz dentro de la Iglesia de Cristo. Por este motivo dice, «Atendamos para ofrecer en paz la santa oblación»
Hoy, la Liturgia de Preparación está separada de la Divina Liturgia, y utilizamos la misma denominación para la Liturgia de Preparación y para el lugar donde se realiza [Proskomedia], el cual se encuentra al norte de la Santa Mesa; en la parte sur normalmente se encuentran los utensilios sagrados. El lugar destinado a la Preparación es un peqeño espacio en forma cóncava con una pequeña mesa, en la cual se realiza la Liturgia de Preparación.
La palabra o el término "prothesis" [del gr. "πρόθεσις", presentación, ofrenda o proposición de los preciosos dones en el santuario para la Divina Eucaristía. Viene a su vez del verbo "προτίθημι" [protithimi], presentar, ofrecer]. Estos dones, el pan y el vino litúrgicos y demás, antiguamente se ofrecían sobre una mesa ubicada en la parte de fuera de la "Puerta Hermosa". Y en el momento de las lecturas Apóstolicas el obispo o el presbítero incensaban estos preciosos dones y los llevaban dentro, y realizaban la Liturgia de Preparación sobre la Santa Mesa. Más tarde sin embargo, esto se realizaría aparte.
Tras esta pequeña introducción sobre la Liturgia de la Preparación, entraremos en la esencia de las cosas.
Surge una pregunta: ¿Por qué? Hay un trabajo preliminar en el lugar de la Preparación. Y no vamos directamente a la Santa Mesa para hacer la ofrenda y el sacrificio; es decir, realizar el sacrificio sobre la Santa Mesa sin la interposición de la ofrenda. ¿Cuál es la razón? Es sabido que en el Antiguo Testamento se ofrecían sacrificios o más bien ofrendas de una forma doble. En forma de sacrificios y en forma de dones. Una cosa los sacrificios, y otra cosa las ofrendas.
La ofrenda consistía principalmente animales que eran sacrificados o que eran quemados; quemados sólo en parte o el animal entero. Esto se llamaba sacrificio.
Pero cuando el creyente ofrecía simple incienso en el templo, o recipientes de oro o plata, eso no era sacrificio, era una ofrenda o don. Por lo tanto tenemos dos formas de ofrenda: el sacrificio y el don. Pero aquí ya no tenemos la ofrenda de los antiguos sacrificios, porque todas aquellas ofrendas, fuesen como dones o como sacrificios, eran una prefiguración del mismo Cristo. Y como ya tenemos al mismo Cristo, todo lo que lo que le prefiguraba ya no es necesario
Por lo tanto, el Cuerpo de Cristo tiene dos formas de ofrenda. Tanto en la forma de una ofrenda de donación como la forma de una ofrenda de sacrificio. Aquello que se hará en la Santa Mesa, exactamente será el sacrificio. Lo que se hará en la Preparación, será el don. ¿Han entendido cual es la diferencia entre un sacrificio y un don? Sacrificio quiere decir ofrenda a Dios, lo ofrecemos quemándolo, como era en el sacrificatorio de los holcaustos, o esto será un utensilio para el templo. Esto es don, lo otro es sacrificio.
Cristo se ofreció como les dije, tanto como don como sacrificio. ¿Cuándo se ofreció Cristo como don?
Cristo fue ofrecido como un don antes de ser crucificado. Y fue ofrecido por dos razones. Como primogénito y como primicia de los bienes que constituyen nuestros bienes (de él); y Cristo es el principio. Explicaré esto. Cuando Jesús Cristo tenía cuarenta días, según la ley, el niño varón que daba el vientre de su madre era ofrecido a Dios como don (ofrenda).
Lean muy bien en los libros del Antiguo Testamento, especialmente en el Éxodo, en el Deuteronomio, en el Leviticón, se hace continuamente referencia a este tema, porque Dios mató a los primogénitos de los egipcios, de animales y de hombres. Y era la última plaga que hizo que el faraón temiera y dejara al pueblo de Dios libre para adorar a Dios en el desierto y marcharse.
Y en memoria de aquel acontecimiento dijo Dios: Yo a vuestros primogénitos no les hice nada, sois mi pueblo elegido. Por el contrario, por vosotros he eliminado los primogénitos de los egipcios. Pero si han sido salvados vuestros primogénitos, y habéis sido liberados vosotros, ahora debéis vosotros ofrecerme a mí a vuestros primogénitos; me pertenecen, son míos.
¿Y cómo tuvo lugar esta ofrenda? Tuvo lugar llevando al niño primogénito al Templo a los cuarenta días de su nacimiento. Es decir, era ofrecido a Dios. No dejaban al niño en el Templo, volvía a casa con sus padres, pero algo debía ser ofrecido al Templo. ¿Y qué era lo que podía ofrecerse? Un sacrificio. Ya fuera un cordero, o tórtolas, o palomas, incluso dinero u otras cosas podían ofrecer.
Esto, queridos, se llama don, y Cristo fue ofrecido según la ley como don u ofrenda a Dios. Como hombre, fue ofrecido como don. Existía también sin embargo otra disposición.
La fiesta de Pentecostés era la fiesta en que los judíos, según la tradición, recibieron la Ley del Monte Sinaí. Y era el día quincuagésimo (en gr. "pentecostés") cuando cruzaron el Mar Rojo y fueron salvados de la mano asesina del Faraón.
Es sabido que el día de Pentecostés es una Fiesta muy grande para los judíos. Es después de Pascua, 50 días después de Pascua. Pascua es la Fiesta en la que cruzaron el Mar Rojo. Pentecostés es la Fiesta en que tomaron las leyes del Monte Sinaí. Luego, cuando ya se establecieron en la Tierra Prometida, coincidió con el día de Pentecostés que realizaban las primeras cosechas de trigo. Y del principio de esta cosecha hacían pan, los cuales debían ofrecer a Dios como las primicias de sus frutos.
Es decir, un pequeño ejemplo. Cuando en nuestra viña crecen los primeros racimos, no los comemos, los cortamos y los llevamos al templo. Y así de la primera siega hacían panes que ofrecían en el Templo de Dios.
Esta ofrenda ahora, como don, era llamada la ofrenda de las primicias, porque era el principio o comienzo de lo que Dios les había dado; y ahora los hebreos* ya realizaban su cosecha para llenar sus almacenes.
* Hebreos: es frecuente reservar hebreo para el concepto étnico y judío para el religioso. Fuente.
Cristo no sólo fue ofrecido como una ofrenda o don, como el primogénito varón, sino que también fue ofrecido como primicia. ¿Por qué como primicia? Para que lo entendamos mejor, les diré que la Fiesta de Pentecostés en los hebreos coincidía con el Pentecostés, nuestra fiesta actual. ¿Qué significa esto?
La Fiesta del descenso del Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo descendería en aquel día y precisamente el antiguo Pentecostés era una imagen del Pentecostés cristiano. El Espíritu Santo trae al mundo los primeros frutos, los frutos de las personas portadoras del Espíritu. Y el comienzo son las 120 personas que estaban en el aposento alto y que recibieron la Gracia del Espíritu Santo.
Y luego tenemos la consecuencia de las primicias. Los 3000 que han creído, los 2000 que han creído, y así sucesivamente.
De modo que Cristo es primicia en todo esto. Cuando resucitó su cuerpo, se volvió incorruptible, y en virtud de su propia resurrección, también nuestro propio cuerpo será resucitado. Y por lo tanto es el primer cuerpo que fue resucitado y no muere de nuevo.
Entonces, es el principio de nuestra cοnstitución, el principio de nuestra esencia, de nuestros cuerpos, porque Cristo tomó el cuerpo de la Santísima Virgen María, del género humano. Y ahora este cuerpo lo elevó al Cielo, lo hizo incorruptible y eterno y glorificado, y este cuerpo ahora constituye la primicia de la resurrección de los muertos.
¿Qué dice el apóstol Pablo en la Primera Epístola a los Cotintios, respecto a la resurrección de los muertos? «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.» (1 Cor. 15, 20)
Cristo ya resucitó de los muertos y se ha convertido en el comienzo, el inicio de todos que durmieron en el Señor y que resucitarán.
Así que aquí ahora es necesario que Cristo sea ofrecido como pan celestial. Antes de ser ofrecido como sacrificio en la Santa Mesa, debe ser ofrecido en la Preparación como don. Repito, es ofrecido como don como bebé de cuarenta días, como niño primogénito, y como primicia del género humano, para que en virtud de su propio cuerpo tengamos todos nuestra resurrección.
Tal vez nunca habíais pensado realmente que Cristo también es ofrecido como don o ofrenda. Os dije el pasado Lunes que veremos nuevas cosas, totalmente distintas de las que habíamos visto hace unos cuatro años, interpretando la Divina Liturgia.
Además Cristo, el mismo Señor, quien se ofreció como sacrificio, el mismo hizo aquella ofrenda de sí mismo como don; porque recordad cuando estaba con sus discípulos en la Cena Mística, y tomó el pan con sus manos, —así está escrito por los satos Evangelistas—, y luego el vino, y dando gracias, es decir orando, elevó ambos y se les ofreció al Padre Celestial como don, como ofrenda. Y esto tuvo lugar antes del "tomad, comed"; es decir, antes de decir "este es mi cuerpo".
Vemos entonces claramente que tenemos estos dos elementos y esta denominación de "los Venerados Dones" [del gr. "τών Τιμίων Δώρων", [ton Timíon Dóron]], en realidad sólo lo es hasta que son santificados.
Hoy día llamamos los también así a los Venerados Dones una vez que ya han sido consagrados, pero si queremos ser exactos, esto no es correcto.
Hoy me he fijado que durante la Gran Entrada que hacemos en la Divina Liturgia de Santiago, algunos de entre vosotros, sobre todo señoras, os habéis arrodillado. Es algo usual para muchos arrodillarse durante la Gran Salida. Incuso una se había postrado casi al completo sobre el suelo. Analicemos este punto.
Lo que se ha hecho en la Liturgia de Preparación, hemos dicho que eran dones, ofrendas. Lo que fue mencionado como sacrificio [en las oraciones de la Liturgia de Preparación], era un modelo.
El verdadero sacrificio tendrá lugar sobre la Santa Mesa. Por lo tanto, todavía tenemos sencillamente el pan; no es todavía Cuerpo de Cristo, ha sido ofrecido sólo como don. Ha sido una prefiguración sin embargo de los Padecimientos de Cristo, lo veremos a continuación. Pero el sacrificio aún no ha tenido lugar.
Por lo tanto, cuando os arrodilláis, podríamos decir que es algo exagerado, cuando no pecado. Una exageración seguro, porque todavía es el don u ofrenda, no debemos arrodillarnos en la Gran Salida. Durante la santificación de los Venerados Dones, ahí sí, pero durante la Gran Salida no.
Históricamente os diré, que hubo un periodo en que sucedía lo siguiente. Debido a que muchos se arrodillaban durante la Gran Salida, y debido a que aún era sólo pan, como ofrenda, los que no se arrodillaban denominaban a los que sí lo hacían "artolatras", es decir, adoradores del pan. Esto en cuanto a la historia.
Entonces si la Divina Liturgia queridos son dos cosas, tanto ofrenda o don, como sacrificio, podemos decir —y recordad esta frase— que la Preparación es una Divina Liturgia "en el embrión"; es decir, que aún se encuentra en el embrión.
Pasamos ahora a otro punto. ¿Y cuál es la forma de los dones que ofrecemos a Dios? ¿Qué ofreceremos a Dios? Dijimos anteriormente que el Antiguo Testamento ofrecían las primicias de sus frutos obtenidos. Muchas cosas ofrecían, lo nuevo que tuviesen, lo ofrecían en el Templo de Dios. ¿Tenían ovejas? La primera oveja que naciese se la ofrecían a Dios. ¿Tenían bueyes? El primer buey. ¿Trigo? Lo primero que cosechasen. ¿Uvas? Los primeros racimos que vendimiasen.
Y nosotros ahora ofrecemos pan y vino. No ofrecemos nada más. De hecho, si no recuerdo mal existe un Canon eclesiástico que prohíbe ofrecer cualquier otra cosa que no sea pan o vino para el sacrificio.
Podemos poner otras cosas en otros Servicios o Ceremonias, como es la Elevación del Pan, pero esto también es una ofrenda. Cada vez que tengamos la oportunidad deberíamos ir aprendiendo qué es cada cosa en nuestra Iglesia, la Elevación del Pan, la Partición del Pan, Vísperas, Maitines,... para ir poniendo cada cosa en su sitio.
¿Para qué es el pan y el vino, los cuales hemos de ofrecer a Dios? ¿Por qué pan y vino? Son, queridos, los elementos por excelencia, podríamos decir, de la alimentación humana. Pero, ¿por qué precisamente estos dos elementos?
No son otra cosa que una muestra de que tenemos la presencia de la vida con nosotros. ¿Quién come? El que tiene vida. ¿Y quién tiene vida? El que come. Consecuentemente, el que tenga pan y vino significa que tengo vida.
¿Y qué significa que esta vida que tengo, se la ofrezco de esta manera a Dios? Significa que esta vida es ofrecida para mostrar que nosotros los vivos ofrecemos al Dios vivo estos elementos para nuestra vida. Es un testimono de que el pan y el vino expresan la vida.
Miren exactamente cómo, —porque precisamente son sustento de vida—, el apóstol Pedro dice en el Libro de los Hechos de los Apóstoles: «40 A este levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.» (Hechos 10, 40-41)
Con Cristo, después de la Resurrección. Es decir, con otras palabras, quiere decir: Cristo estaba vivo, resucitó realmente, lo dice con estas palabras, las cuales son irrefutables, para demostrar la vida real, la vida verdadera, que es algo que vive, que realmente vive.
Comimos con Él y bebimos con Él. De modo que "comimos con alguien" y "bebimos con alguien" significa que tenemos la presencia de la vida.
Pero el mismo Cristo, cuando resucitó a la hija de Jairo, dijo: «dadla de comer». Podría aquí decir alguien, para el que hizo el milagro de resucitar a un muerto, era algo difícil hacer que al menos en aquel momento el resucitado no tuviese hambre?
Lo primero de todo, el resucitar a un muerto no es obra humana, sino de Dios. Darle comida no es obra de Dios, sino humana. Lo que el hombre puede hacer, Dios no lo hace. Pero lo importante no es esto. Lo importante es que quiso Dios mostrar que sólo los vivos comemos; y si quieren también, sólo los que están sanos comen.
Esta chica a quien resucitó, realmente resucitó, tenía vida real, como todos los hombres, y algo más, ya no estaba enferma, estaba sana.
Recuerden cuando resucitó Lázaro, que fue preparada una mesa para comer en la casa de los discípulos de Lázaro y se sentaron a la mesa los discípulos de Cristo y otros amigos cercanos, y Lázaro estaba entre ellos.
Desde luego, si quisiéramos analizar por qué se preparó la mesa, y por qué el sagrado evangelista señala la presencia de Lázaro, —porque en la Escritura nada es casualidad, nada sobra—, tendríamos mucho que decir. Podríamos decir que querían mostrar su agradecimiento a Cristo las hermanas de Lázaro, su hospitalidad, muchas cosas podríamos decir, pero en este momento prevalece esta verdad, que Lázaro comió con ellos. Es decir, verdaderamente resucitó, hermanos, y no sólo esto, sino que además estaba sano.
Podría alguien decir que los demás frutos o alimentos también nutren o alimentan al hombre; el aceite, la fruta, el maíz... Todas las comidas, todos los frutos, alimentan al hombre. ¿Por qué entonces ofrecemos vino y pan? ¿Tal vez son algo representativo, como cuando decimos en el Padre Nuestro "danos hoy el pan nuestro de cada día", el sobre esencial [trad. lit. del griego "επιούσιον", [epiúsion]]?
Como la expresión popular de "voy a ganarme el pan", es decir, a ganarme la vida. Y sin él además no podría ganarme la vida, lo necesito para trabajar. Y no sólo se refiere al pan, sino también a la carne, al queso, a la leche, etc. Todos estos son alimentos.
Entonces, ¿debido a que el pan es algo representativo entre el resto de alimentos? No. Es algo más. Es también esto, pero es algo más:
En el Libro del Génesis (Cap.1, 29-31) en el Antiguo Testamento, cuando Dios bendijo al hombre y a los animales, dijo: «He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer.»
Algunas veces, cuando cortamos por ejemplo un membrillo para comer, vemos dentro algún gusano. O cuando la oruga o el saltamontes han comido partes de las hojas de las hortalizas, no debería afectar la vida del hombre que los animales se alimenten de las plantas. No olvidemos que los animales también tienen derecho a alimentarse, y no puedes decir que todas las hortalizas son tuyas, él también ha de vivir. Y tiene la bendición de Dios para comer lo mismo que comes tú. Pero cómo nos enfadamos, nos llenamos de odio, cuando vemos que animales comen de nuestros cereales, hortalizas, frutas...
Esto es algo posterior a la caída; antes los animales no dañaban lo que el hombre cultivaba, sino que se alimentaban de plantas que crecen de modo natural ellas solas en la naturaleza. Pero después de la caída del hombre, el reino animal se vuelve contra el hombre debido a su pecado.
Vemos entonces que tanto los animales como el hombre tienen los alimentos en común. Sin embargo, existe algo que hace al hombre destacar entre los animales en cuanto al alimento. ¿Qué es?
Es el pan y el vino. ¿Por qué? Porque los primeros materiales son tomados de la naturaleza, pero el elaborar el pan para que pueda ser comido, y la elaboración del vino para que pueda ser bebido, es obra del hombre.
Los animales no hacen esto, el pan y el vino requieren tratamiento humano; constituyen alimentos particulares del hombre. No olvidemos que desde tiempos muy antiguos, puede que el hombre no supiese cocinar u otras muchas cosas, pero sabía elaborar el pan y el vino para alimentarse.
Recordemos a Noé. ¿Cuándo vivió? En la época del diluvio. ¿Cuándo sucedió el diluvio? Dios sabe cuándo sucedió. Dice, cuando salieron del arca, «Noé comenzó a labrara la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, se embriagó...» (Gén. 9, 20-21). ¿Qué vemos en este detalle? Entre muchas otras cosas, que es muy antigua la invención del vino por el hombre.
De este modo, estas formas del pan y del vino, no son simplemente formas de alimento, sino formas de alimento humano, porque son elaborados por él.
Un pequeño apunte aquí. Con todo cuidado entonces ha de ser preparado el pan litúrgico. Cuando antiguamente ofrecían el pan y el vino en el Templo, no era comprado, sino que lo elaboraban ellos mismos. Y las uvas para el vino no las pisaban con los pies, sino que las aplastaban con las manos; ponían en un pequeño barril el zumo resultante, y esto era apartado para vino litúrgico para el Templo.
Tal vez lo sepan esto algunos de ustedes. Incluso el trigo lo recogían con sus manos, lo ponían aparte, y no lo llevaban al molino, sino que lo molían en el molinillo manual en su casa, sin que se mezclase con el resto, y su harina la guardaban únicamente para el pan litúrgico. Quizás lo hayan escuchado esto.
Mucho me entristecí cuando vinieron a una Divina Liturgia en nuestro monasterio unos desde un pueblo lejano. Traían muchas cosas para la iglesia, como velas, vino litúrgico, pero el pan litúrgico era comprado en una panadería. Tenían una muy buena disposición, y trajeron cosas muy buenas, pero el pan litúrgico comprado en una panadería...
Vuestrto pan litúrgico ha de estar hecho con vuestras manos, hecho con harina de trigo, no con otros tipos de harinas que existen. Esto, como un apunte práctico.
Este es el motivo entonces por el que ofrecemos pan y vino, porque son alimentos particulares del hombre. Y un tercer punto:
¿Cuál es el motivo por el que debemos ofrecer las primicias a Dios? ¿Acaso come Dios? Cuando los hebreos ofrecían los sacrificios a Dios ya de un modo mecánico, ya no con sus corazones, para adorar a Dios no con sus labios, sino con su corazón y con su alma, esta situación que se ha convertido en algo mecánico , y esto es algo preocupante.
Como los que vinieron al monasterio, pasaron por la panadería, compraron el pan litúrgico, y al llegar a la iglesia del monasterio de lo dieron al chico ayudante para que lo llevase al santuario, y se acabó la historia. Así no.
Esta es una situación preocupante, no tiene sentido. Así, nos encontramos dentro de un culto mecánico e inhumano, y Dios sno quiere esto. Es por esto por lo que, aunque él mismo estableció el tema de los sacrificios y de las ofrendas, les dice:
«Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud...» (Sal.50, 10-12)
Entonces, ¿para qué me lo traes? ¿Para hacerme sentir deudor? ¿Para decir que me has traído comida? No quiero. Te quiero a tí. No a tu sacrificio, sino a tí. Pero si tú expresas la ofrenda de tí mismo, —atentos a esto—, mediante tu sacrificio, entonces sí que quiero tu sacrificio.
Y precisamente éste es el gran tema, que Dios quiere nuestra ofrenda, nuestro regalo [del gr. "δώρον", [dóron]] para ofrecernos a cambio su regalo [del gr. "αντίδωρον", [antí-doron], en lugar del regalo].
Quiere nuestra vida, par aofrecernos su vida. Nos quiere a nosotros mismos, para ofrecernos a Él mismo. Quiere nuestra existencia humana, para darnos su existencia divina. Es decir, ante nuestra ofrenda, nos ofrece su ofrenda. Este el motivo por el cual ofrecemos a Dios nuestro pan y nuestro vino.
Pero escuchémoslo un poco mejor, porque este tea es muy importante.
Nuestravida es momentánea. ¿Cuánto viviremos? La vida de Dios es eterna. Entonces, debemos ofrecerle nuestra vida momentánea para que nos de su vida eterna. Le ofrecemos a nosotros mismos, como hemos dicho, para que nos ofrezca a Él mismo. Tal vez con estas palabras entendáis ahora mejor lo que dice Cristo:
«Porque todo el que quiera salvar su vida [del gr. "ψυχή", [psijí], que aquí quiere decir vida] la perderá» (Mc. 8,35)
¿Cómo querrá salvar su vida? ¿Manteniéndola para sí mismo, como si mantuviese su cartera en su bolsillo y no diese nada, ninguna limosna? Entonces éste finalmente la perderá, porque su vida es momentánea, y si la mantiene para sí mismo, finalmente la perderá en esta vida. « Y todo el que pierda su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvara ». (Mc. 8,35). Que pierda [en este mundo], quiere decir que dé su vida por Cristo y el Evangelio, y así la salvará realmente. Es decir lo que desde hace un rato estoy diciendo: el que dé su vida a Dios, Dios le dará su vida a él.
Y porque Dios es tanto el legislador de las ofrendas, como ofrecedor de sus dones, nos dirá: «Dame, hijo, tu corazón» (Prov. 23,26). ¿Qué va a hacer Dios con uestro corazón, el corazón del hombre? Escuchen lo que hará:
"Y daré a los hombres otro corazón (me darán el suyo, y yo les daré otro) y les daré unu espíritu nuevo, y desenraizaré de ellos su corazón de piedra y les daré un corazón de carne, un corazón blando, un corazón que realmente latirá al ritmo del amor de Dios" (Jer. 11,19)
Los discípulos, cuando Cristo les dijo que echasen las redes, fue en la primera pesca, cuando aú nno le conocían, en el mar de Tiberias. Y sacaron tantos peces, que las redes se rompían y las barcas se hundían. Le ofrecieron su pesca (no se la llevaron, se la dieron), y Él les ofreció otro tipo de pesca, la pesca de hombres.
Cuando dijo: «Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres» (Mt. 4,18), esto lo dijo sólo después de que ellos le dieran lo que habían pescado.
Ven entonces, esto quiero mostrarles, que para que Dios dé, ha de dársele.
Y aquel pobre joven rico, "Maestro, ¿qué haré para ganar el Reino de los Cielos?". Le dijo, "ofrece tu riqueza". ¿A quién? ¿A los pobres? No. A mí, a Dios, porque yo te la di. Es decir, devuélvemela, y yo te daré la riqueza de mi Reino.
Precisamente existe también una costumbre; vemos en nuestro pueblo muchas cosas, las cuales mantiene, que son muy ortodoxas, aunque alguna vez podemos considerarlas como un poco oscuras. Algunas de estas cosas existentes en nuestra adoración, en nuestra vida cristiana, revelan que hemos perdido el significado teológico, y estos son prácticamente unos restos digamos. Muchas personas que quieren comulgar, llevan el pan litúrgico a la iglesia. Ofreces tu pan y Dios te devuelve su pan celestial eterno, transformado en su Cuerpo.
Esto lo expresa admirablemente san Agustín del siguiente modo. Dice a los catecúmenos: «Atended, los panes que habéis traído, que se encuentran aquí para ser santificados, estos exactamente son [sois] vosotros mismos, es decir, lo que habéis ofrecido pr completo a Dios. Esto no es otra cosa que un símbolo y una señal de vuestra predisposición. A través de este pan os ofrecéis a vosotros mismos junto con Jesús Cristo, el cordero sacrificado».
Así queridos se cimple lo dicho por el profeta Jeremías, «Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice el Señor.» (Jer. 9, 23-24).
Entonces queridos, cuando el hombre se ofrece a sí mismo a Dios, en la Divina Liturgia, que es la expresión por excelencia de la ofrenda, entonces de modo tan abundante Dios se ofrece al hombre.
Pero nos quedamos aquí, continuaremos el siguiente Lunes si Dios quiere.
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