Homilías [3034 – 3060]
Hermanos, nos encontramos nuevamente, seguramente muchos de vosotros vinísteis también ayer por la noche, en nuestro primer encuentro. Ha pasado mucho tiempo desde que interrumpimos antes de Pascua los temas de los Domingos y sobre todo los de los Lunes; muy probablemente en nuestras almas surgió un hambre y una sed por el logos de Dios, y vuestra densa presencia de ayer y de hoy revela esta verdad.
Es necesario realmente decir que el alma del hombre siempre tiene hambre y sed del logos de Dios, el alma humana fue creada por y para Dios. Cuando le falta, entonces busca a Dios; sufre por la ausencia de Dios. Cuanto más lejos está el hombre de Dios, más sufre sin darse cuenta. Ve y se da cuenta de que su vida es caótica, es animal, es vacía de contenido. Recibo cartas y escucho confesiones de tales personas. Y todo esto muestra que en realidad tiene hambre y sed de Dios. No lo entiende. Tal vez alguien necesite para que le ayude a entenderlo, que de lo que tiene habre y sed es de Dios.
Lo dijo Cristo: «Εl que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás» (Jn. 6,35). Su alma no sentirá ese caos, ese abismo, ese vacío, sino que será saciada. Una cosa vemos aquí; que existen dos posturas en el logos de Cristo. Una es "el que viene". La otra es "... a mí (Cristo)". Es el que va a Cristo y Cristo.
El hombre que se mueve hacia Cristo, es obra suya. Cristo, cuando se mueve hacia el hombre y se ofrece a sí mismo como el Pan Celestial, es obra de Dios. Pero para que el hombre se mueva, queridos, hacia el Pan Celestial, y no estar en el abismo, en el vacío, en la ignorancia, debe conocer quién es este Pan Celestial. El alma nunca tendrá hambre y nunca tendrá sed si tiene a Cristo. Realmente Cristo es el Pan de Vida, el Agua Viva.
Hoy el mundo necesita a Cristo. Le faltan muchas cosas, pero la gente no sabe lo que le falta. Uno dice que le falta salud, otro dice que le falta dinero. Otro dice que le falta un puesto, un lugar. Otro esto y y otro aquello. En realidad, todos podrían decir: me falta Cristo, y esto no son simplemente unas bonitas palabras. es una filología. Me diréis, y cuando me falta dinero, ¿cómo puedo decir que me falta Cristo? Cristo es precisamente la fuente de la riqueza. Él es no sólo el que lo hizo todo, creó el universo, sino que también el que provee para él con su divina Providencia.
¿Podrías imaginar que el que alimenta y sacia a toda vida, el que extiende su mano y todo lo distribuye y lo llena todo, que no será aquel que te dará el dinero? Cristo falta, no el dinero. Si no tienes dinero, no busques el dinero, busca a Cristo, «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mt.6,33). Esto no es otra cosa que lo que debemos hacer primero es buscar a Cristo, a Dios, su Reino.
Cuando dice buscad el Reino de Dios, significa buscad a Cristo Dios. Porque no está Cristo y allí su Reino, ni está alrededor de Cristosu Reino. El Reino es el mismo Cristo. Entonces, cuando el Señor dice que busquemos el Reino de Dios, no dice otra cosa que busquemos a Dios; y cuando tenga a Dios, todo me será dado, porque tengo al Dios de las riquezas, de los bienes, el Infinito, el Hermano, la vestimenta, el calzado... Como dice un padre de nuestra Iglesia, san Simeón el Nuevo Teólogo: "Él para ti es calzado, es vestido, es alimento, es casa, es padre, es madre, es hermano". Pero para llegar allí, debemos saber exactamente quién es este pan celestial, la riqueza celestial, el saciamiento celestial. Cuando digo saciamiento celestial, no es algo que está lejos de mí, sino algo que viene del cielo al hombre. Muchas veces que decimos pan celestial, es como si pusiéramos una distancia entre la tierra y el cielo. Y esta distancia es algo que le cuesta muy caro al hombre. "Yo aquí y allí Dios, qué lejos, pero qué lejos...". ¿Por qué esto?
Cuando Dios baja a la tierra, ¿por qué dices "tan lejos"? Cuando decimos entonces "Pan Celestial", no nos referimos al lugar, sino a la procedencia. Que Cristo viene del cielo. Él no es de la tierra, como él mismo dijo, sino que viene del cielo, y no que esté en el cielo y por lo tanto entre Él y yo exista una distancia.
Debo conocerle. ¿Cuál es el modo de conocerle? ¿Dónde se revela el Pan Celestial, la Riqueza Celestial? Tal vez de muchas maneras se revela. Se revela en el logos de Dios, en el Evangelio. Si abro el Evangelio, se revela el Pan Celestial. Tal vez en la oración, tal vez en muchas otras cosas, pero queridos, el medio supremo a través del cual se revela el Pan Celestial, ahora ya no como un simple conocimiento, sino sobre todo como un sabor, es la Divina Liturgia.
Este tesoro pasado por alto, cuyo valor no conocemos, y que tan provocativamente ιgnoramos, pateamos, menospreciamos, que incluso acusamos, por no decir lo más acostumbrado, que somos indiferentes ante a este gran acontecimiento, de esta enorme ofrenda de Dios al hombre, que se llama Divina Liturgia, en la cual el Cordero de Dios, el Pan Celestial, se revela tanto como conocimiento, como sabor; y como contemplación y como encarnación.
Por esta misma razón, este año, queridos, nuestros temas se referirán a la Divina Liturgia. Otras veces ya habíamos hablado y analizado la Divina Liturgia, quizás su primera parte bastante bien. Y la segunda y más importante parte, algo más brevemente, porque el tiempo no nos daba para más. Fue hace unos pocos años, lo recordarán los que han estado siguiendo estas homilías durante años.
Ahora no diremos lo mismo. Recordarán que las letanías de la paz por ejemplo las habíamos finalizado. Sobre ellas no diré nada más que existen las letanías de la paz. Nada más. Otras cosas diremos ahora, completamente nuevas. Nuestra referencia y guía será Nicolás Kavasilas, escritor bizantino, quien ha interpretado la Divina Liturgia del mejor modo. Es un modelo excelente de la interpretación de la Divina Liturgia, y la mejor que se ha salvado. Es un prototipo, realmente excelente.
El método que seguiremos no será el de la Divina Liturgia de los Domingos de las Catequesis de san Cirilo, siguiendo el texto e interpretándolo... no. Tomaremos puntos centrales del texto, del que se hará un análisis o mejor un desarrollo. Así que no mantendrán ningún papel ni nada, sólo escuchen. Es realmente interesante la interpretación de N. Cabásilas de ella, no se la pierdan. Les ruego entonces que no falten.
Volviendo al tema, la Divina Liturgia es el contexto dentro del cual se revela el Pan Celestial. Se revela entero a todos los que vienen ("el que viene a mí..."). Cristo entero se revela al hombre entero. Y se revela mediante continuas experiencias vitales.
Quien comienza a saborear la Divina Liturgia, verdaderamente empieza a adquirir experiencias. Permítanme preguntarles, ¿tienen la experiencia de haber comido patatas? ¿De haber comido pilaf? ¿De haber comido pescado, carne...? La tienen. Porque lo habéis saboreado, lo habéis probado. Si os digo ahora "pilaf", inmediatamente vuestro cerebro va al sabor del pilaf. Y así también aquí. Es realmente un sabor, como les dije, la Divina Liturgia, y por lo tanto crea experiencias y estas experiencias no son experiencias de la lengua, como lo sería con la comida, ni experiencias del oído, como lo sería con la música, o experiencias de la vista, como lo sería con una imagen. Sino que son experiencias que llenan, que colman, verdaderamente, al hombre en su totalidad.
Permítanme decir, que tanto los ojos, como los oídos, como el sabor, como el olor, como su cuerpo, como su alma, como su ser, todo aquel fenómeno que se llama vida, que se llama vivencia, y la vivencia no es un estado sólo de los ojos, o sólo de los oídos, o sólo del sabor, sino que es un estadο de la existencia humana al completo.
La Divina Liturgia además constituye un vivo resumen o compendio de todo el cristianismo. Es decir una condensación, una síntesis, pero sin que falte de nada en ella, lo tiene todo; y al mismo tiempo lo tiene en miniatura. Podríamos decir que es todo el cristianismo. Dijo un santo y teólogo moderno, Justino Popovic: "El que ha entendido la Divina Liturgia, ha entendido todo el fondo y la esencia del cristianismo".
Y de hecho diríamos que el verdadero cristiano es un hombre práctico*
*Que constantemente pone en práctica lo que aprende.
Presten atención a este punto. El verdadero cristiano, lo digo bien alto para que se escuche desde fuera, es un hombre práctico. El verdadero cristiano no es el que simplemente hace buenas obras, o simplemente hace su oración en casa, pero que no es un hombre práctico. Hombre práctico quiere decir también hombre eclesiástico, porque la Liturgia [la práctica, el oficio] tiene lugar en la Iglesia. Es decir, con la presencia de los fieles. Y donde está la iglesia, allí está Cristo, porque la Iglesia es el Cuerpo de Cristo.
Esto tiene tal dimensión que podríamos decir que un ciego, ciego de nacimiento, que sea muy inteligente, que haya estudiado Física y haya conocido todas las teorías existentes sobre la luz, y que conozca todos los fenómenos concernientes a la luz, y todos los experimentos con ella realizados, que pueda analizar todo esto de modo soprendente y desarrollarlo aun nivel de cátedra, pero si a pesar de todo esto no puede ver la luz, no podrá expresar su experiencia personal, pues es ciego.
Así también el cristiano, por mucho que conozca las teorías del cristianismo, que haya estudiado en universidades y que sea un "brillante y profundo conocedor" del tema, pero que no sea un hombre práctico, no ha probado ni saboreado nada del cristianismo, no sabe nada sobre el cristianismo. Porque por encima de todo, el critianismo es un sabor. «Gustad, y ved que es bueno el Señor» [Salm. 34,1]. Es decir, es sabor y visión el cristianismo. Dios es sabor y visión.
Además, la Divina Liturgia constituye una fortaleza de la Ortodoxia. A lo largo de la larga historia de exclavitud de nuestra nación, donde realmente existió una oscuridad del conocimiento teológico, lo que mantuvo a la gente —no sólo en su fe, sino en su fe ortodoxa y en su vida espiritual en su adecuada medida—, no es sino la Divina Liturgia.
Cuatrocientos años de exclavitud. Durante cuatrocientos años sin sagradas predicaciones desde el altar. Los curas no estaban formados, las iglesias eran perseguidas, destruidas, transformadas en almacenes, establos... Y la gente, los cristianos, nosotros los griegos, escondídos en lugares subterráneos para escapar los ojos de los perseguidores. Santas Escrituras [Biblias] no existían, sólo los libros litúrgicos que se salvaran allí en el atril. ¿Cómo se salvó nuestro pueblo?
Por la Divina Liturgia.
La Divina Liturgia fue lo que fijó, fortaleció, mantuvo, iluminó, coservó a nuestro pueblo. Podríamos decir, particularmente en nuestra época en que nuestra Iglesia es acosada por tantos enemigos y en general se deconoce la esencia del cristianismo, que debe ser conocida sobre todo y particularmente la esencia y el sentido de la Divina Liturgia.
Leí un texto de un teólogo, decía que muchas cosas en nuestra época se están cambiando. Que Dios ponga su mano para que no sea cambiado nada de la Divina Liturgia. ¿Por qué? Por esto que os decía, es el compendio del cristianismo. No se puede cambiar nada de la Divina Liturgia. Ni arriba ni abajo, ni añadir ni eliminar, nada. Ha de permanecer íntegra. Si es cambiada la Divina Liturgia, significa que la fortaleza de la Ortodoxia está siendo ofendia y atacada.
Entonces hermanos, roguemos todos nosotros por que podamos comprender la Divina Liturgia con todo lo que se dirá aquí, y a través de esas experiencias progresivas de comprensión y vivencia de la Divina Liturgia. Intentemos alcanzar esa ascensión, el triunfo de lo sobrenatural, de los significados de la Divina Liturgia, para que podamos ver dentro de ella al Logos encarnado, el cual constituye la esencia de la Divina Liturgia y la esencia del cristianismo.
Esto era como un pequeño prólogo. Y ahora veamos una pequeña introduccion de lo que Kabasilas nos dice. En su intrerpretacion presenta un capítulo titulado "Cuál es la esencia de la Divina Liturgia en pocas palabras".
Si nos dijesen, qué es la Divina Liturgia, ¿qué podriamos responder? Intenta dar una imagen sinóptica de todo el tema, porque hemos de decir, tiene un gran valor un conocimiento sinóptico o resumido de un tema. El que sepas mucho, y te digan al final, "¿que es lo que sabes?", y no sepas expresarlo, diciendo en unas pocas palabras lo que esto es, no tiene valor. Muchas veces nos perdemos en los detalles; puede decir alguien, "yo conozco muy bien la Divina Liturgia, entiendo esto y entiendo lo otro".
De acuerdo, ¿que es la Divina Liturgia? No lo sabes, te has perdido. El tema se te ha ido de las manos. Por eso cuidemos siempre lo que aprendemos. Intentemos recapitular y ver el sentido principal del conjunto; es decir, qué es esto que he aprendido, y que pueda con cuatro o cinco palabras decirlo por mí mismo, teniéndolo en mi interior, teniendo una imagen precisa del tema al completo.
Señala entonces mediante breves frases y pequeños parrafos qué es la Divina Liturgia. Escuchad cómo lo dice en el texto y os lo analizo:
«La obra de la Divina Liturgia consiste en la transformación de los dones ofrecidos por los fieles —el pan y el vino— en el cuerpo y la sangre de Cristo. Su propósito es la santificación de los fieles, quienes, mediante la comunión divina, reciben el perdón de sus pecados, la herencia del reino de los cielos y todo bien espiritual.»
Es decir, la Divina Liturgia son dos cosas: una obra y un objetivo. La obra es la transformacion de las ofrendas que vosotros los fieles lleváis al templo, vuestro pan liturgico y vuestro vino. Esto se llaman ofrendas o dones; se colocan en la mesa de las ofrendas ("Proscomidia") y de allí se transladan a la Santa Mesa. Y hasta el momento en que serán santificados se llaman dones o santos dones. Después no se llaman ya santos dones, como desacertadamente se dice muchas veces. Y serán transformados estos dones en Cuerpo y Sangre de Cristo con la energía del Espíritu Santo.
Esta el la obra de la Divina Liturgia.
¿Cuál es entonces la obra de la Divina Liturgia? La transformación de los dones sagrados, el pan y el vino, en Cuerpo y Sangre de Cristo.
¿Cual es el objetivo? El objetivo es: lo que se ha llevado a cabo en la Divina Liturgia, lo que nos ha ofrecido como obra suya, que lo reciban ahora los fieles para santificarse.
Es decir que comulgen, y reciban el perdón de sus pecados, la santificación, la herencia de Reino de Dios. Es decir, todo aquello que dice la oración que se realiza en una parte de Santa Anáfora tras la santificación de los dones, que dice: "Y haznos dignos de participar sin reproche de tus inmaculados y vivificantes Misterios para el perdón de los pecados, para la comunión del Espiritu Santo...". Todo esto lo adquiere el fiel cuando recibe los consagrados dones, el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Por lo tanto, ¿cuál es el objetivo de la Divina Liturgia? La santificación de los fieles.
Quizás en este momento debiera decir lo sigiuente: ¿Qué os parecería, queridos, si preparáseis una lujosa cena, mantel limpio, todo ordenado, todos los detalles cuidados al máximo. Servís la comida en las bandejas, vienen los invitados a casa, pero nadie prueba bocado de la cena. ¿No sería esto extraño?
De modo parecido, cuando vamos a la Divina Liturgia, —es algo que ya he dicho otras veces—. Vamos a la Divina Liturgia, son preparados y ofrecidos para nosotros el cuerpo y la sangre de Cristo, pero nosotros nos vamos sin probar la cena. Con otras palabras, se realiza la obra, pero no se cumple el objetivo. Y si me dice alguno de vosotros, "pero si no nos permite comulgar nuestro padre espiritual, porque sólo nos permite una vez al año, o cada cinco años..."
No tenemos nosotros la culpa, incorpórate al camino de Dios, para comulgar más a menudo. Porque una cosa está clara: que cuando no comulgamos anulamos el objetivo de la Divina Liturgia. Al menos lo anulamos para nosotros mismos; no para los otros, para nosotros.
En vistas a convertirse en un digno participante de los Divinos Misterios, el fiel ha de llevar a cabo algunas preparaciones. La preparación es un elemento técnico que constituye la estructura de la Divina Liturgia, enmarca toda la mistagogía y está constituída por las oraciones, las salmodias y las lecturas de las Sagradas Escrituras.
Toda esta estructura tiene como objetivo la creación de un adecuada atmósfera y la capacitación del fiel para recibir dignamente esta ofrenda de Dios.
Dios ofrece todo gratuitamente: no pide nada al hombre, no pide dinero. Todo lo ofrece como un regalo. Existe sin embargo un requerimiento. No es un ofrecimiento, sino un cumplimiento, por nuestra parte. Requiere que todos nos volvamos capaces de recibir esta ofrenda de Dios y de mantenerla. Dos cosas que Dios quiere de nosotros: volvernos capaces de recibirlo, y mantener lo que nos ofrece.
Es decir, es lo que decíamos con simples palabras prácticas: prepárate bien antes de comulgar y estate atento después de comulgar. Esto desde luego no es sólo para la Divina Eucaristía; esto es válido para todos los Misterios.
Si les dijese que por excelencia esto es válido para el Misterio del Santo Bautismo, ¿qué dirían?
Dice san Cirilo en sus catequesis: "antes eras así, así y así... estate atento, todo esto era antes del bautismo. Para todo, existe el perdón. No vuelvas a pecar estando bautizado". Les repito, esta preparación y este cuidado posterior es por excelencia en cuanto al bautismo. En segundo lugar hace referencia al Misterio de la Divina Eucaristía.
Esto muestra también la parábola de la siembra que vimos ayer. Dice que saló el sembrador a sembrar sus semillas. Ν. Kabásilas [teólogo del s.XIV, que interpretó la D. Liturgia] dice: no salió el sembrador celestial a labrar la tierra, sino a sembrarla. La obra de Dios es la siembra; obra nuestra es convertir la tierra —el alma— en un terreno adecuado, para poder recibir la semilla de Dios, recibir el Bautismo, recibir la Crismación, recibir la Divina Eucaristía, recibir el don que te dé Dios mediante su Iglesia.
Esta santificación nuestra a través de la Divina Liturgia, queridos, —como hemos dicho, obra y objetivo, no lo olvidemos—, tiene lugar de dos modos: en primer modo es cuando el fiel vive y crea el ambiente en su alma con oraciones, salmodía, lecturas, como dijimos; y en su alma se crea una ascensión, recibiendo el amparo y la Gracia de Dios y el perdón de los pecados.
Dice en el salmo 49 Dios: «Ofrécele a Dios el sacrificio de alabanza y cumple tus votos al altísimo.»
Ofrécele a Dios. ¿Qué?; ¿carne de toros?; ¿sangre de machos cabríos?; ¿ovejas?;
¿sacrificios sin sangre?; ¿incienso?; ¿aceite?; ¿velas?. No. Ofrécele a Dios sacrificio de alabanza. ¿Cuál es la alabanza? El salmo, la salmodía, glorificar a Dios con mi boca, con el alma, alabar, invocar a Dios. Y entonces, dice, «te libraré, y tú me honrarás».
Veis entonces, que realmente cuando Dios es alabado, entonces recibimos de Él sus beneficencias; nos ve "con buen ojo".
A decir verdad, se entra poco a poco en estas cosas. Progresivamente, dijimos; y la santificación también es progresiva. ¿Podría decir al cantor de la iglesia o "psaltis" —y de hecho hasta el presente lo digo, cada vez con más temor, eso sí—: "Sé breve". Muchas veces quieren alardearse los cantores, no sé si hay alguno aquí y le ofendo, pero existe este elemento.
Sin embargo cuando es un necesidad del alma, alabar a Dios, —«Cánticos fueron para mí tus estatutos, en la casa donde fui extranjero» (Sal. 119,54)—. Tus estatutos, es decir lo referente a lo que tú quieres del hombre; estos son los estatutos de Dios. Son los mandamientos referidos a la glorificación de Dios. El salmo fue escrito en la esclavitud, y se refiere a los hebreos que como extranjeros en Babilonia, fueron llevados cautivos desde Palestina. Pero este lugar aquí en la tierra no es nuestro lugar, porque o está aquí nuestra patria, nuestra patria es el cielo, y este lugar aquí es pasajero.
Diríamos entonces, ¿de qué manera ofreceremos nuestros estatutos o los derechos de Dios en este lugar pasajero en la tierra? Con la salmodía, la alabanza. Dios se complace al recibir nuestros cantos.
Y me digo a mí mismo, tal vez cometo pecado al decir el cantor: "más despacio, más breve, recorta, ahora sólo lee...". Comencé a sentirme mal, cuando decía "dilo sólo leído...", excepto si existe un motivo para que sea sólo leído. Entiendo que el cantor quiere que sea cantado.
Muchas cosas que consideramos innecesarias, si leyémos la Santa Escritura, nos quedaríamos sorprendidos. Queridos, ¿saben cuántas cosas nos revela el Antiguo Testamento? ¿Saben qué atrás nos encontramos, y qué desconocedores somos de los estatutos y los mandamientos de Dios?
Un modo entonces este, de alcanzar la santificación. Existe también un segundo modo: Todo lo dicho y lo practicado, lo llevado a cabo, dentro de todo esto, vemos la presencia de Cristo, y todo lo que Él padeció por nosotros.
Dice Kabásilas: "En estas cosas (en la Divina Liturgia) vemos qué hizo Cristo, y lo que padeció por nosotros". Porque también las salmodías, no sólo son algo que atraerá el favor de Dios, sino también como contenido, y las lecturas sagradas, yo todo lo que se lleva a cabo dentro de la Divina Liturgia, todo esto no es otra cosa que la revelación de la Economía del Salvador.
Así dice Kabásilas, "es mostrada la Economía del Salvador. Refleja la vida de Cristo. Muestra cómo vino al mundo, cómo predicó, cómo padeció; ofreciendo su cuerpo y su sangre, es llevado a los cielos, envía el Espíritu Santo, y tiene lugar el Pentecostés. Y promete su Segunda Venida."
Todo esto está incluído dentro de la Divina Liturgia. Pero si tenemos en cuenta que todo esto que es representado dentro de la Divina Liturgia no es simplemente una representación, como podría ser un desfile militar, o una obra teatral, sino que la Divina Liturgia refleja qué hizo Cristo con un fondo real y verdadero. Y el fondo real y verdadero es que el Misterio de la Divina Liturgia no es simplemente una serie de símbolos, sino que es el mismo cuerpo y la misma sangre de Dios.
Y consecuentemente, si tengo este cuerpo y esta sangre de Cristo, entonces las bases de todo lo que mostremos mediante símbolos, palabras, movimientos, forman parte de una realidad.
Es lo que de nuevo dice Kabásilas: "Estos dones santificados, el pan y el vino que tenemos, son transformados en el Cuerpo de nuestro Señor. Este Cuerpo, que todo lo levantó, con Su muerte, Su cruz y Su ascensión a los cielos. Y por lo tanto, no es una simple representación, sino una realidad.
También la Divina Liturgia muestra parte de los acontecimientos y de las etapas de la vida del Señor, como una imagen, y la de un conjunto armónico. Por eso les decía anteriormente que la Divina Liturgia es un compendio del cristianismo, porque da una plenitud a la imagen del ofrecimiento de Cristo al mundo. Así, como decimos, tenemos estos dos elementos en nuestra santificación.
Primero con la salmodía, lecturas, etc. Con todo esto, nuestra alma se acerca a Dios, y Dios nos ve "con buen ojo". Y nuestros ojos ven todo lo que se realiza en la Divina Liturgia; y de este modo tenemos una contemplación del Misterio de la divina Economía que Dios nos ofrece. Todo esto nos espera, nos ilumina, nos fortalece, nos hacen salir de la Divina Liturgia siendo mejores.
Dice Kabásilas, "nada impide la coexistencia de ambas; así como la ropa que llevamos realiza dos funciones, nos calienta y nos identifica, nos muestra quiénes somos. Si vemos un raso o sotana, sabemos que es un sacerdote. Si una lleva faldas, sabemos que es una mujer. Y aquel es un portero, o aquel un oficial". La ropa entonces al mismo tiempo nos calienta y nos identifica; si somos hombres o mujeres, nuestro oficio", etc. Así entonces sucede, como les digo, con estos dos objetivos hacia la santificación en la Divina Liturgia.
Si vamos ahora a la Divina Liturgia y seguimos sin tener presentes estos sentimientos de santificación, ¿qué sucede?. "Esto es precisamente lo que tenemos que tener en la Divina Liturgia, y si no lo tenemos ante este Misterio, es una irreverencia".
Es lo que dice Dios en el Antiguo Testamento, "¿por qué observas mi sacrificio con ojo grosero?" Algunos miraban el sacrificio de un modo indebido; esto es "ojo grosero". Otros dicen, "ah, está bien esto, buena ofrenda, buen vino este...". Por el amor de Dios.
O tu cerebro está en otra parte durante la Divina Liturgia, entonces to ojo es "grosero". Pecamos sseriamente cuando vemos estas cosas tan sagradas y no tenemos el respeto y ni la devoción correspondientes, sino con sospechas.
Y debido a que los cristianos empezaron a acudir a la Iglesia sin catequizar, sin recibir catequesis como sucedía en los primeros siglos, y precisamente porque venían con "ojo grosero", la Iglesia se vio obligada a poner el iconostrasio frontal, para que los cristianos no vean lo que se está realizando dentro, aunque no debería ser así.
Finalmente, la Divina Liturgia queridos es muy rica y abundante en simbolismo. Es precisamente para que entendamos todo lo existente, y para entender todo esto que se muestra como simbolismo, ha de existir un visión interior. ¿Cuál es esta vision interior? Es lo siguiente, atended porque es muy importante.
Una vez Cristo dijo a sus discípulos: «Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos» (Mt. 16,6). Y los discípulos «pensaban dentro de sí, diciendo: Esto dice porque no trajimos pan» (Mt. 16,7). La levadura de los fariseos les hizo recordar el pan, redujeron el significado. Cristo quiere que tengamos un incremento de los significados, desde lo más bajo hacia alo más alto. Por ejemplo: Cuando decimos "Danos hoy nuestro pan de cada día, danos hoy nuestro pan Nuestro Señor, del que tenemos necesidad para vivir (consubstancial)" y tu mente va al pan celestial, dame Señor la Sagrada Comunión.
Si dicen el Padre Nuestro en la Divina Liturgia, nunca va vuetra mente al pan que comeremos en casa. "Dame el Pan Celestial para comulgar"; esto se llama referencia, traslado, paso de un estado al otro. Lo uno me da la razón o el motivo para pasar a lo otro. Precisamente esto es lo que se llama visión interior, pasar del símbolo a lo simbolizado, pasar de lo que ves a lo que es.
Por ejemplo: ¿a quién ves salir durante la "Pequeña Entrada" con el Evangelio en las manos? Al sacerdote. Pero ahora es cuam¡ndo vemos interiormente que Cristo va al mundo a predicar el Evangelio; esto se llama visión interior, y esto es muy importante. Como les dije, lo vuelvo a decir pasamos del símbolo a lo simbolizado, de lo que vemos a lo real. Y el alma progresa, asciende, y entonces empieza la visión interior, ves lo que no ve el que es profano, lo que no ve el que no tiene el conocimiento, lo que no ve el que no ha entendido nada del logos de Dios.
Cristo dijo: «A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan».
Es decir, la Divina Liturgia es cubrimiento y descubrimiento. Cubrimiento para quien entra y no sabe nada sobre Cristo, si entra por ejemplo un budista a la iglesia a la Divina Liturgia, no estiende nada; y es necesario que no entienda nada, porque si no es catequizado y cultivado, comenzará a malinterpretar todo. Pero para el que ha sido catequizado y su alma ha sido cultivada, éste entiende en gran manera.
De este modo la Divina Liturgia es al mismo tiempo cubrimiento y descubrimiento. Y para que tenga lugar este descubrimiento hace falta como dijimos esta visión interior. Así, queridos, el fiel podrá ver, y vivir, el gran sacrificio de Cristo, la venida al mundo del que está en todas partes; cómo es escarnizado el bendito Dios, los padecimientos del impasible, del que tanto fue odiado y que tanto amó, el tan pobre y humilde, cómo fue humillado. Lo vemos todo esto en la Divina Liturgia. Llegando incluso a prepararnos una Mesa, una Mesa sobre la cual se encuentra Él mismo, Su Cuerpo y Su Sangre.
Admiremos esta continua ofrenda de salvación y renovación. Porque Cristo fue crucificado una vez [históricamente], pero es de nuevo crucificado continuamente, cada día [en la Divina Liturgia].
El tropario de la 9ª Oda del Canon para la preparación de la Divina Eucaristía nos lo dice esto: «¡Es Cristo, gustad y ved! Antaño, el Señor se hizo como nosotros por nosotros y como ofrenda una vez se entregó a su Padre. Él es sacrificado permanentemente, santificando a los comulgantes». Una vez y permanentemente.
Y realmente, cuando una vez se ofreció y permanentemente es ofrecido, no es otra cosa que esta continua renovación y ofrenda de Cristo a los fieles.
Y termina Kabásilas con algo sorprendente: «Con tales disposiciones, pues, merecen acercarse al fuego de los Misterios y recibir la Comunión con toda seguridad y familiaridad.»
Queridos, hemos terminado. Como comprenderán, es un tesoro de gran riqueza la Divina Liturgia. Sin embargo este tesoro de gran riqueza hoy no nos causa impresión. Nos ha pasado algo que les pasa a todos; vemos el cielo, vemos cada día las estrellas, y cada día el sol... y no nos causan impresión las estrellas ni el sol. Sin embargo a un ciego que viese por primera vez el milagro del universo, se quedaría maravillado.
Y alguien que no sea cristiano católico y apostólico ortodoxo, si viese y escuchase la Divina Liturgia se quedaría impresionado, y declararía y manifestaría muchas cosas. Escuchen la declaración que hizo uno que no era ortodoxo: "En la Divina Liturgia encuentra alguien la combinación entre la adoración de la grandeza humana [a su Creador] y del Misterio Divino, los cuales caracterizan el Evangelio de San Juan.
En esta Liturgia se puede encontrar el drama evangélico de la Encarnación, de la Vida, de la Muerte y de la Resurrección de Cristo, como el terrible Misterio de toda la creación.
Es la supervivencia, el refuerzo, la gozosa vida de la Iglesia Apostólica, el preservamiento de la Revelación en Misterio. Encuentra alguien la sencillez infantil, la profundidad filosófica, la reparación de las sensaciones; todos estos movimientos dentro gratifican estéticamente. Τodo ello entretejido en un magnífico número de expresiones litúrgicas locales.
Ninguna ceremonia religiosa comprende tan densamente todos los intereses terrenales y todas las esperanzas celestiales, tan valiosas para la identidad y la autoridad humana, como creación de la majestad divina.
Así pues, volvámonos, queridos míos, a este tesoro litúrgico que tenemos, a esta preciosa y gloriosa herencia. Busquémosla, investiguémosla, palpémosla, vivámosla; y entonces, siendo transfigurados de gloria en gloria, comenzaremos realmente a disfrutarlo.
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