[1381] CATEQUESIS DE SAN CIRILO DE JERUSALEN. 9. [21/02/83]. ¿Esclavitud o adopción? La nueva vestidura. El esposo del Espíritu. El sello secreto de los fieles.



2. Nuevo nacimiento desde el pecado al hombre nuevo
 

«Si alguno es ahora esclavo del pecado, prepárese mediante la fe para la regeneración liberadora de la adopción filial. Y abandonada la funesta servidumbre de los pecados, una vez dedicado al dulce servicio del Señor será juzgado digno de disfrutar la herencia del reino celestial. Desvestíos por medio de la confesión del hombre viejo, que se corrompe por las concupiscencias del error, para revestiros del hombre nuevo, que se renueva por el conocimiento de aquel que le creó». 

 

Si algunο de vosotros aquí es esclavo del pecado, que se prepare mediante la fe para pasar a la libertad de la adopción con el renacimiento que le dará Cristo. Y libérese de esta mala servidumbre conjunto al Satanás, al pecado, y entre en la bienaventurada servidumbre al Señor. No es esta servidumbre la humana, como cuando por ejemplo algunos blancos convertían a los negros en sus siervos o esclavos. O a otros de la misma raza, en los años antiguos, que venían como cautivos de guerra y los tenían ya como siervos-esclavos, etc... el conocido fenómeno de la esclavitud. No es esto.

Aquí ahora habla sobre otro fenómeno de la servidumbre-esclavitud, de la que existe entre Dios y el Diablo. De modo que es presentado aquí el hombre siendo siervo de Dios, o siervo del Diablo. "¿Y no existe un tercer caso, que alguien no sea siervo de Dios ni del Diablo?"... Porque el no ser siervo del Diablo, tal vez sea algo comprensible, pero no ser siervo de Dios, esto es incomprensible. 

Este tema de hecho, hace algunos años, llegó hasta el Parlemento aquí en Grecia, y de hecho, de manos de clérigos. Y se eliminaron del libro litúrgico de oraciones, el Eucologio, todas las oraciones que incluían las palabras "siervo de Dios" (es bautizado, es perdonado, es casado... el siervo de Dios "nombre"... 

Pues decidieron que debían ser eliminadas. Porque, —decían—, ¿qué quiere decir siervo de Dios? Hasta dónde puede llegar el hombre, viéndolo todo a través de las situaciones político-culturales de su tiempo, e interpretando interpretar los sagrados textos de la Santa Escritura en base a todo esto. Se convierte el hombre así en algo ridículo, ciertamente. Porque cuando vemos a un Pablo decir "siervo de Jesús Cristo", tal como los otros apóstoles, que se denominaban a sí mismos siervos y discípulos de Jesús Cristo... 

Pero aparte de estas interpretaciones ridículas, ¿el hombre ha de ser necesariamente siervo o de Dios o del Diablo? ¿Es decir, no existe libertad?¿Es una  libertad aparente? ¿Qué es la libertad, si simplemente cambio de jefe? Para empezar, el Diablo no es jefe; es un  jefe aparente. Entró en la creación, y lo trágico es que el hombre se convirtió en siervo del Diablo porque lo quiso el hombre. Porque cuando el hombre fue arrastrado por el Diablo a transgredir el mandamiento de Dios en el Paraíso, en realidad estableció al Diablo como a su jefe. Esto, desde luego, con todas sus trágicas consecuencias para el género humano.

Piensen que Adán y Eva, obedeciendo a la voluntad del Diablo, fueron sometidos a él. Y Dios permite que sean así las cosas de modo que este intruso, el Diablo, sea el señor del hombre, y el hombre sea el siervo del Diablo. No existe ninguna autenticidad aquí, ninguna en absoluto. Cosas ajenas, intrusas.  

Entonces el hombre, ¿ha de ser siervo de Dios? 

¿Cuál es esta servidumbre del hombre hacia Dios, porque si realmente es siervo el hombre de Dios, entonces quizás no es libre? En principio quisiera que dejásemos a un lado el significado y el sentido de "libre" que hoy tenemos. Porque como saben en cada época todos estos significados adquieren una dimensión diferente. En nuestra época, la palabra libertad ha tomado el sentido y el significado que nada tiene que ver con el original, llegando a los límites del ridículo [Homilía de 1980].

Cuando por ejemplo cada uno, sin tener en cuenta la presencia del otro, si le molesta o le hiere o no, y hace lo que él quiere, lo que sus propios deseos le dictan, si esto se llama libertad, esto tan grotesco, entiendan por ustedes mismos, No me digan entonces cómo hoy los hombres entienden la libertad... la entienden muy lejos de lo que es.

Entonces, aunque sólo sea con un fino significado, ¿tal vez sí que soy siervo de Dios?. El hombre, cuando fue creado, no fue hecho siervo de Dios. Lo que constituye la imagen de Dios, y un elemento primordial del imagen de Dios en el hombre es la libertad; y la lógica, son muchos, pero la libertad y la lógica son primordiales. El que estos elementos constituyen la imagen de Dios en el hombre, muestra que no sería posible jamás ser denominado el hombre "siervo de Dios", imposible.   

Echemos un breve vistazo al libro del Génesis, en el segundo capítulo, cuando Dios habla de Adán y Eva. ¿Dónde dice Dios que los hombres son sus siervos? En ninguna parte. La palabra siervo no existe allí en ninguna parte. Al contrario, Dios hizo al hombre, y el hombre es una creación, la cual lleva la imagen de Dios. Es decir, que con la lógica y la libertad, y la posibilidad de la semenjanza, («Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza»), el hombre llegase, con esta lógica y libertad suyas, a trabajar en la semejanza. 

Y trabajando en la semejanza, llegar a la deificación, y por lo tanto llegar a ser un dios, por la Gracia. Y esto es algo a lo que no se hace referencia en el resto de creaciones. Y es una ascensión del hombre, desde creación, —no desde siervo—, ascender y llegar a ser dios por la Gracia. 

Entonces, en ninguna parte encontramos, como les decía, el sentido o significado de la servidumbre o esclavitud. Aparte de que si el hombre no hubiese pecado, —estaba en los planes de Dios, la llamada voluntad previa de Dios—, porque a voluntad posterior de Dios es que el hombre sea salvado por la Cruz. La primera voluntad de Dios era que Dios tomase la naturaleza humana, y que la creación  humana estuviese en comunión con la naturaleza divina, a través de la encarnación de la segunda Persona de la Santa Trinidad.

Es decir, con otras palabras, si no hubiesen pecado Adán y Eva, ¿Dios se habría  encarnado? ¡Si! La encarnación no constituye el deseo de Dios de redimirnos, sino el deseo de Dios de estar en comunión con Él. Pero debido a que nosotros no lo queríamos esto, lo negamos en el paraíso e hicimos al Diablo nuestro jefe, por eso entró la necesidad de la Cruz para salvarnos, porque Dios no quería que nos perdiésemos. Entonces entró por necesidad la Cruz, es decir, es la voluntad posterior de Dios. La primera era la que les he dicho; Dios se encarnaría incluso si no hubiésemos pecado. Y ascenderíamos por medio de la glorificación al abrazo de Dios.

Veamos lo de "al abrazo". Cristo, es decir el Hijo de Dios que se encarnó y tomó nuestra naturaleza humana, "está"* a la derecha del Dios Padre. No como Logos, porque el Logos está presente en todas partes y es una esencia con el Padre. Pero como hombre está a la derecha del Dios Padre. 

* Está, mora... En gr. "κάθεται", [kázete], y éste de "κάθομαι" [kázome]. No es muy acertada la traducción de "está sentado"..    

 

¿Qué muestra esto? Que está dentro del abrazo o del seno de la Santa Trinidad. ¿Cuál? La naturaleza humana. Allí donde está Jesús Cristo, estaría el hombre; pero debido a que no lo consiguió esto el hombre por la imagen trabajando por la semejanza, y encontrarse dentro de la vida de la Santa Trinidad, Dios le ayuda ahora por medio de la Cruz a llegar de nuevo al mismo lugar. Lo que era también en la primera voluntad de Dios, en el mismo lugar, encontrarse a la derecha del Dios Padre, es decir, al abrazo de la Santa Trinidad. Es inconcebible.

Les pregunto, díganme. ¿Tenemos aquí algún fenómeno de servidumbre? En ninguna parte se observa esclavitud. ¿Distinguen algo ustedes, que quizás no lo distingo yo? No veo en ningún lugar ningún sentido de esclavitud. 

Pero, ahora ya en el Nuevo Testamento, dice Cristo: «Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos» (Jn. 15,15). Cuando resucitó Cristo, le dijo a María Magdalena: «No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.» (Jn. 20, 17). Siervo, amigo, hermano. Observen la escalada: Siervo, amigo, hermano.

El significado de la esclavitud la creó el hombre que se sometió al Diablo. Expulsando al Diablo el Hijo de Dios, establece a los hombres como amigos, antes de su crucifixión. Con su crucifixión consigue la adopción por Dios Padre, y les llema hermanos. Y escribirá después de su resurrección el apóstol Pablo «Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rom. 8,17)

¿Ven ustedes en alguna parte el sentido de la esclavitud? No existe en ninguna parte. Les diré algo más que dijo el Señor: 

«Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.» (Jn.15,15)

El siervo no sabe qué hace su señor dentro de casa, los planes de los señores no son comunicados a los siervos. Pero el Hijo, sabe qué piensa su Padre. Yo entonces os digo qué es lo haré exactamente, porque no sois siervos, sino hijos.

Y algo más dijo, el siervo nunca se queda en casa; es siervo, puede estar hoy y marcharse mañana. El Hijo, siempre permanece en la casa, y por lo tanto no sois siervos, sois hijos, y vivís en casa. ¿Qué casa? «En la casa de mi Padre hay muchas moradas» (Jn. 14,2). Esta casa es el Reino de los Cielos, existen muchas moradas, muchas habitaciones, es decir estamos en la casa del Padre. ¿Dónde está la esclavitud? No existe; en ninguna parte.

Entonces no somos siervos de Dios, somos hijos, somos libres. Entonces ¿por qué dice el apóstol Pablo, y los otros, "somos siervos de Jesús Cristo"? ¿Por qué aquí  dice san Cirilo, "que ya estás en la bienaventurada servidumbre de Dios"? ¿Y por qué en los actos de la Iglesia tenemos la expresión "es bautizado el siervo de Dios, etc."? 

Queridos, atiendan a esto. En principio constituye un elemento, una forma de humildad del mismo hombre. Es decir desde el momento en que entenderá el don de Dios; no es que niegue la adopción, no la niega, constituye de hecho un punto central de su espiritualidad. Decimos "Padre nuestro, que estás en los cielos", no decimos "Señor", porque el Señor expresa servidumbre. El Señor tiene siervos, el Padre hijos.

Cristo entonces cuando nos enseñaba, no nos dijo que dijésemos "Señor que estás en elos cielos", sino "Padre, que estás en los cielos". Nosotros sin embargo nos sentimos a nosotros mismos inferiores ante este gran honor que nos hizo Dios, y nos denominamos a nosotros mismos siervos.

En la parábola del hijo pródigo, el hijo menor le dijo, "padre, dame la parte correspondiente de mi herencia". Reconoce que es su padre, al que le pide la herencia. Cuando se arrepintió, tras derrochar la herencia del padre, dijo: «iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros». (Lc. 15, 18-19)

De tus servidores, de tus siervos. ¿Quién le baja, desciende, humilla... su padre? No. Él mismo. "Cuando todo lo hubo malgastado, volviendo en sí, viendo que hubo malgastado la herencia que le dió el Padre". Y como saben, la herencia del Padre queridos es el "como imagen". Cuando yo derrocho mi lógica para encontrar el mal, cuando derrocho mi libertad en cosas diabólicas, cuando derrocho la capacidad de procrear que me dio Dios dentro, saben, el hombre es co-creador en cuanto a crear o engendrar hijos. Esto dijo el Señor. Y hago caprichos en cuanto al tema de la procreación, lo conocido; o quito la vida a los que he engendrado. He engendrado porque en realidad el hombre engendra, cuando la mujer concibe. Es decir, Dios te hace creador y tú maltratas o estropeas lo que te hizo Dios, ser co-creador suyo.

Entonces, ¿dónde derrochas la herencia paternal? En tu capricho, en tu egoísmo, en lo que quieres tú. El hombre cuando vuelve en sí, y dice "¿donde he derrochado la herencia de mi padre? Este "a imagen", ¿en qué lo he utilizado?. Vuelve en sí, se conmociona, y vuelve a Dios y le dice, "Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus siervos". 

Por eso esta servidumbre, dice san Cirilo, es bienaventurada. Pero tenemos también el otro punto de vista. Aunque Dios nos denomina hijos, no olvidemos sin embargo que hemos pasado por la servidumbre, la servidumbre o esclavitud al Diablo, de la  acual nos ha redimido Cristo mediante la Cruz. Dio "litras" [antigua moneda], su sangre; por eso decimos "lítrosis" [redención], y a Cristo "litrotís" [Redentor].

Jesús Cristo pagó "litras" sobre la Cruz para rescatarnos mediante su sangre. Dice aquí un hermoso tropario [Catisma de Maitines del Viernes Santo], «Nos has redimido de la maldición de la ley con tu preciosa sangre; fuiste clavado en la cruz y traspasado por la lanza; trajiste la inmortalidad a los hombres, Salvador nuestro; gloria a ti»

¿Qué vemos entonces? Que realmente Dios tendría todo el derecho del mundo a llamarnos siervos. Otro pasaje que he recordado ahora, son muchos desde luego: «Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.» (1 Cor. 6,20)

Habéis sido comprados por precio, y este precio es el sacrificio en la Cruz de Cristo. Queridos, y si siervos de Dios que seamos, ¿dónde está lo despectivo? 

Y si se supone que deberías ser siervo, en un palacio muy rico, digamos, de cuento...  ¿te considerarías a tí mismo menospreciado por estar allí sirviendo junto con otros? ¡Que estuviese yo en el Reino de Dios, y que fuese cien veces siervo!  

Hemos llegado entonces a una exaltación extrema de los afectos y pasiones o paroxismo, incluso diría a una histeria, alrededor del tema de la libertad... "¡No molestes mi libertad!". Vuelvo a decir, nos hemos vuelto histéricos en cuanto a la libertad. Y cuando escuchamos la palabra "servidumbre", que somos "siervos de Dios", nos entra esta histeria, y aterrados pensamios que Dios nos quita nuestra libertad. 

Pero, pobre hombre... ¿quién te ha dado esta libertad? ¿No te la ha dado Dios? ¿Y ahora temes que Dios te la quite? Se escucha hoy a veces, ,"Dios mío, me has hecho libre para que si quiero pueda pecar", "te devuelvo mi libertad, e impídeme que peque..." Hemos de salir de estos significados histéricos, incluso esquizofrénicos, a los que hemos llegado hoy; en cuanto a la libertad y en cuanto a muchas otras cosas.

 

«Desvestíos por medio de la confesión del hombre viejo, que se corrompe por las concupiscencias del error, para revestiros del hombre nuevo, que se renueva por el conocimiento de aquel que le creó»

Ven, se refiere al tema de la confesión, que es un tema tan importante. En el hijo pródigo encontramos este elemento de la confesión. ¿No conoce el Padre lo que hizo su hijo? ¿No sabe Dios lo que hacemos, queridos? Podría existir la percepción por parte de alguno de "¿para qué quiere de mí Dios la confesión? ¿No lo sabe ya?¿He de confesarme?"

La confesión es sacar de dentro de mí mismo, no porque Dios no sepa lo que he hecho, sin porque yo en mi libertad confieso lo oculto de mi corazón. Literalmente [en griego, "ex-omologó"] confieso, saco desde dentro. Es cuestión de libertad, y precisamente utilizando esta libertad que Dios nos dio, confesamos nuestro yo corrupto. Es enormemente necesario. No podemos adquirir vida espiritual, si no tenemos confesión.  

Por eso cuando vamos a confesarnos, permítanme decirles que no tenemos que empezar a decir nuestras cosas buenas, nuestros logros, tampoco justificarnos. Entonces la confesión pierde su sentido y el significado de su denominación. Confieso mis pecados sin jactarme y sin justificarme, que lo hacemos muy a menudo. "Soy esto, he hecho esto y esto".  

San Juan Clímaco cuenta el caso de uno que iba a ser ordenado monje e hizo su confesión en público, dentro de la iglesia, delante de todos los monjes. Dice, "era terrible escuchar lo que confesaba, fornicaciones, adulterios, qué cosas abominables había hecho este hombre". Y las confesaba delante de todos, diciendo "cuando hacía esto, no me avergonzaba; ahora que lo confieso, ¿por qué he de avergonzarme? Lo diré todo, en una confesión sincera.

De hecho, así se hacía en la antigua Iglesia, confesión pública. Vemos  sin embargo  que ha hecho ciertas permisividades la Iglesia, porque existía el obstáculo de la vergüenza; y dijo, "porque por el bien de los fieles se hace, es una condescendencia, que se haga en secreto".  Y a pesar de esto, queridos, la gente no va a confesarse.  

 

Y continúa san Cirilo, diciendo «Desvestíos por medio de la confesión del hombre viejo, que se corrompe por las concupiscencias del error, para revestiros del hombre nuevo, que se renueva por el conocimiento de aquel que le creó».  

 

Existe aquí un error general, que casi todos cometemos. Cuando vamos a confesar nuestros pecados, lo sentimos después, que nuestra alma ha sido limpiada. Muy bien, ahora, estando así, ¿qué debemos hacer? Mantenerla limpia, nada más. Es decir, no añadimos nada más. Dice san Cirilo, "desvestíos del hombre viejo", pero ahora vístete también del nuevo, el que continuamente es renovado. Sin embargo nosotros sacamos el viejo, y no nos ponemos el nuevo. Nos quedamos así, simplemente, habiendo sido limpiados, nada más. ¿Pero saben qué dijo Cristo respecto a esto?

«Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus (esto significa multitud de demonios) ,  peores que él, y entrados, moran allí;» Y dice el Señor ahora, así le sucede al hombre que ha sido limpiado, pero no ha tratado de añadir nada nuevo en su vida, y llega al final peor que al principio. «Y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.» (Mat. 12, 43-45)

Es decir, con otras palabras, queridos, no es suficiente con confesarme y ser limpiado, he de vestirme del hombre que se renueva. Hemos de confesarnos desde luego, seremos perdonados y se irá un gran peso de nuestra alma, nos sentiremos indeciblemente satisfechos. Pero no es suficiente, con esto no nos convertimos en el hombre nuevo, que se renueva, esto quería subrayar. Es muy importante esto, renovarse continuamente [no en participio, renovado, sino siempre en presente, renovarse continuamente].

Por esto motivo hemos de vestirnos del nuevo hombre, el cual nos llevará al conociendo de Dios, nuestro Creador, «que se renueva por el conocimiento de aquel que le creó» (Col. 3,10).

Es decir, hemos de llegar a conocer a Jesús Cristo. Comulgamos desde luego después de la Sagrada Confesión. Y decimos después, "muy bien, hemos comulgado...". ¿Y si les digo que no sabemos que comulgamos?

Me contaron algo sobre alguien, el cual seguramente se halle ahora aquí presente (esto no me lo contó el mismo, sino otro). Durante la Divina Liturgia, se estaban leyendo las oraciones para recibir la Santa Comunión, mientras la gente iba comulgando. En una de las últimas oraciones, dice: «Tiembla, hombre, cuando contemples la sangre Deificante. Es una brasa que consume al indigno, etc.» 

En aquel momento, este hombre tuvo una revelación, le fue iluminado el entendimiento, al oír estos versos. Y dijo: "¿Qué dice aquí? ¿Qué he comulgado yo?". Esto me lo contaron, como les he dicho. Es decir, este hombre entendió qué había hecho, qué había comulgado. Esto sucede en pocos hombres, y esto significa "por el conociemiento de de aquel que le creó". Comenzar a adquirir el conocimiento del Hijo de Dios.

Así lo dice también el apóstol Pablo en su Epístola a los Efesios,«hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Ef. 4,13). Al conocimiento profundo ("επίγνωση", [epígnosi]), no simplemente al conocimento ("γνώση", [gnosi]) del Hijo de Dios, aquí hemos de llegar.

No es suficiente entonces con que digamos que nos hemos confesado, me compadezco de quienes se quedan aquí, porque el resultado es regresar a su antigua vida de antes de la confesión, y volverse peores de hecho. De este modo se confiesan solo una, dos, cinco o diez veces, no encuentran sentido ya en la vida espiritual, como si hubiesen llegado ya al final; aunque todavía no hemos empezado, ya hemos llegado al final, ya ha sonado la campana, tema solucionado... No les llena nada, y dicen, ¿esto es la vida espiritual? Y vuelven a su vida anterior.

Hago esta observación viendo cómo se mueven los hombres, sabiendo que el logos de Dios nos guía y conduce, y les ruego, continuamente hemos de buscar conocer a Jesús Cristo y renovarnos sin parar. Y entonces nos enamoraremos de Él.

Una mujer dijo a su marido, quizás bromeando, "si yo ahora amo a Cristo, ¿qué relación tengo contigo?" Por mucho que suene a broma esto, no lo es, es algo serio, porque ha covertido a Cristo en un rival. Dentro de su alma trabajaba la tentación de la rivalidad, esto es muy serio. Pero si hubiese tenido un poco más de cerebro, es decir un poco de Espíritu de Dios, diría "los dos juntos nos enamoraremos de Jesús Cristo, porque así tendremos, aumentaremos y mantendremos el verdadero amor entre nosotros. 

 

«Recibid por la fe las arras del Espíritu para que podáis ser recibidos en las moradas eternas.» 

Recibid, adquirid, las arras del Espíritu de la fe mediante la fe. Arras quiere decir promesas. Es decir, ¿no tenemos el Espíritu Santo? Lo tenemos, pero lo que él realizará sobre nosotros, porque aún no se ha realizado todo, consiste en las arras, es decir la promesa. La fe es el modo, es el camino, pero no quiero permanecer en este tema, porque existe una catequesis particular, muy rica en contenidos, sino que permaneceré en el punto de "arras del Espíritu". 

Como saben, la Iglesia recibió el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Vino lleno de dones, los cuales unos son directos y otros indirectos, en cuanto al sentido de la promesa. Es decir, ¿cuál es esta promesa del Espíritu, que nos prometió que nos daría? Es la resurrección de los muertos y el Reino de Dios.

Decimos en una oración de Vísperas, que hemos recibido ya el Reino de Dios; no se puede decir que es algo que pertenece solo al Cielo... Si no comienza desde aquí el Reino de Dios, allí no hay nada. Aquí comienza el Reino de Dios, el conocimiento de Dios, todo desde aquí comienza. Pero no nos ha dado todo el Espíritu Santo. Lo que nos dará, literalmente, es el Reino de Dios y la resurrección de los muertos.   

Hoy decimos que el Espíritu Santo nos hace incorruptos. ¿Cómo nos vuelve incorruptos? De modo activo; tomamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y nuestra carne se vuelve incorrupta mediante Su acción. Es lo que dice el apóstol Pablo, «vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.» (Col. 3,3) No tomamos nosotros a Cristo, él nos toma a nosotros. No recibimos nosotros a Cristo, Él nos recibe. No lo llevamos sobre nosotros, Él nos lleva sobre Él. No se convierte en miebro nuestro, sino nosotros miebros de Él. Por lo tanto, cuando dice, la Vida de Cristo será revelada, es decir cuando venga de nuevo, entonces nuestra vida, que está escondida en Él, será revelada.

¿Qué vida? La vida de nuestra existencia al completo, del cuerpo y del alma, la cual será regida ya no por leyes biológicas, sino por el Espíritu Santo. Esto está depositado e incluído en la promesa del Espíritu Santo. Es gran cosa esto. Por este motivo tenemos la promesa del Espíritu Santo, si el fiel, el bautizado, cree. Y entonces probando los otros dones del Espíritu Santo cree también en aquello que es ya como promesas, como sus arras. 

Probando los otros dones. ¿Cómo se puede tener fiabilidad en un hombre? Si en mis anteriores transacciones, el otro ha sido un hombre honesto. Si hasta ahora con este hombre había tenido nueve veces una transación honesta, —lo que tenía, me dio; lo que me prometió, hizo—, ¿debería dudar en la décima vez?

Si el Espíritu Santo ha venido y me ha dado tantos dones, ¿por qué dudar en la décima vez, esto es, en la resurrección de los muertos? Entonces no es sólo cuestión de fe, sino también de experiencia, aquí quería llegar. Porque, no olviden, todos los santos, por norma, no se quedaban nunca solo en el tema de la fe. Porque podríoa alguien ofender la fe y decir, "ah, bonita la fe, bonito cuento", cierro mis ojos, me someto diciendo que "así es, así es...". ¿Saben qué quiere decir este sometimiento? Lavado cerebral. "Así es, así es..."; si repiten esto cien veces, al final lo creerán, lo aceptarán. Esto es erróneo, queridos. Así hablaría un enemigo de la fe, uno que no cree. 

La fe no es una aceptación con los ojos cerrados que me crea un lavado de cerebro, ni mucho menos. La fe es una apertura, y tras la apertura tengo la experiencia, el conocimiento. Si no tengo la experiencia, no doy mi sangre y mi vida para ser martirizado por Cristo. Fe sola por sí misma, no es correcto esto. 

El Nuevo Mártir San Constantino de Hidra, que nació en Hidra y fue martirizado en la isla de Rodas, fue a pedir consejo a san Nicodemo del Monte Atos y al Patriarca de Constantinopla san Gregorio V, respecto al tema del martirio. Constantino fue engañado y arrastrado al mahometanismo. Estando trabajando en Rodas, fue sobornado, y tanto se conmocionó cuando volvió en sí y se enteró de lo que había hecho, dijo: "¿Qué he hecho? ¿He aceptado ser convertido en mahometano?¿Yo?".

Y pensó entonces como el mártir Gedeón de Tirnavo, se trata del mismo caso: "Sólo podré limpiar este pecado mío a través del martirio". Entonces volvió a Rodes, ya como monje, se presentó ante el Pasá, el gobernador de allí, y le dijo:

— ¿Me conoces?

— No, ¿quién eres?

—  Soy "tal", que trabajé para ti, ¿me recuerdas?. Entonces me engañásteis y me hicísteis mahometano. Pues, ¡rechazo el mahometanismo! ¡Soy Cristiano!

Y allí empezó su martirio, queridos. Siete u ocho meses permaneció encerrado en la cárcel, le golpeaban con varas cada día. Entonces el resto de los prisioneros que estaban allí en la cárcel, veían que estaba lleno de luz, esta luz increada de la que hablábamos en el espacio de dudas. ¿Saben qué significaba esto ahora? Significaba que el santo Constantino ya no estaba recibiendo la fe, sino la experiencia de la fe.

Un joven me dijo, "si hubiese sabido que Jesuscristo traería las cosas así y así, no habría caído en aquel pecado". Hijo mío, quién te dice que si lo hubieses sabido... tú mismo podías adquirir una experiencia de las cosas, de tu fe. Cada fiel tiene experiencia, atiendan a esto, pero yo me refería a una experiencia grande, la que sobrepasa los límites. ¿Por qué Dios la deja para el último momento? Porque el martirio es agotador, es una tortura, y para que sea reforzado el mártir de Cristo, tiene la abundancia de esta experiencia.

Entonces, no podemos ya hablar de fe, de una fe que no vemos pero que aceptamos, mientras que aquí tenemos la experiencia, que significa que vivo ya una situación, estoy dentro del campo del conocimiento, y no tengo ya el tema de la  necesidad de la fe. 

Ven entonces, que la fe no es un lavado de cerebro, tal como podrían acusarnos [los no creyentes] desde fuera, sino que es una experiencia. Entonces cada fiel debe pasar poco a poco, con buena disposición, del espacio de la fe al de la experiencia.

Cuando vivimos en la experiencia de los nueve dones o carismas, nos queda una ya, la resurrección de los muertos y el Reino de Dios.   

 
«Acercaos (a recibir) el sello espiritual para que podáis ser reconocidos favorablemente por vuestro dueño».

Aquí existe una frase, y vuelve al tema unas cuantas líneas más abajo. Para que tengamos una unidad conceptual, permítanme que de un pequeño salto sobre estas líneas, iré algo más abajo y naturalmente regresaré después y veremos el resto de líneas.

Allí, « ... le confiere el sello saludable y admirable temido por los demonios y que reconocen los ángeles». ¿Cuál es este sello, queridos? Sobre este sello hablamos durante el análisis de los temas del Apocalipsis. Entra el sello de Dios, y también  entrará el sello del anticristo, con el número 666. Cuando decimos sello, ¿qué es este sello? Este sello es invisible, sólo se ve mediante rayos laser. Se dice que se implantará en la palma de la mano, o en el dedo. Pero también el sello de Dios es invisible. Aunque, qué dicen, alguno que halla recibido el sello del anticristo, ¿no se le notará simplemente en la cara? Se nota, queridos. ¿Y qué dicen, que a alguien santo, no se le nota en su cara? El que tiene el Espíritu de Dios, ¿no se le nota? Se nota.

Entonces, si los hombres pueden observar en los rostros de otros hombres el sello, ¿cuánto más el sello de Dios es observable ante Sus ojos? Conoce el Señor a los suyos, porque llevan su sello. ¿Cual es entonces su sello? Escúchenlo: El que recibimos en el Bautismo. Por eso se habla aquí en las catequesis tan insistentemente del Bautismo desde el principio. Sello del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; este es el sellos, queridos.

¿Cuál es el sello del diablo? El nombre del anticristo, o el número 666, es decir nombre. ¿Cuál es el nombre de Dios? Padre, Hijo y Espíritu Santo, lo que reveló el Hijo al mundo. Pero este sello, ¿podemos llevarlo siempre dignidamente? 

El daño que hace provoca sobre nuestros jóvenes la falta de fe y el ateísmo es algo tremendo. Pueden parecer cosas superficiales estas, pero por esto mismo son más peligrosas aún, y debemos atender a estas cosas. ¿Saben cuántos jóvenes aquí podrían decir [sin equivocarse], "no creo en Jesús Cristo"? Y vienen a confesarse algunos. Escúchame algo, muchacho, has venido a confesarte, es decir a que sean perdonados tus pecados, ¿por quién?. 

"Por Jesús Cristo". Pero, me has dicho que no crees en Jesús Cristo... Por eso les decía, cosas absurdas, afectadas por este polvo del ateísmo, tal como cuado vamos por un camino y se levanta una polvareda y cae sobre nosotros. Así cae sobre nuestros jóvenes, no menos que sobre los mayores desde luego, este polvo. Y ven una transformación entre los hombres. Esto es una pena, y es algo muy serio.

Les ruego cálidamente, a ustedes que escuchan el logos de Dios, y los jóvenes que lo escuchan, que por ningún motivo, ni mediante palabras, mostraremos jamás nuestra negación y nuestra incredulidad en el Santo Dios Triádico. Por ningún motivo. Porque ofendemos a este sello de Dios que nos fue dado en el bautismo y que es un sello indeleble. La despreciamos, la insultamos. Por eso debemos con todos los medios posibles, queridos, mantenerla.

Qué cosa más hermosa que el cristiano genuino que lleva la cabeza en alto desde el punto de vista espiritual, y que vive según el Evangelio, que proyecte este sello invisible pero resonante, este sello que lleva sobre su rostro, "soy cristiano, estoy bautizado en el nombre del Santo Dios Triádico. Creo en el Padre, y en el Hijo, y en el Espíritu. En el Único y Santo Dios Eterno".

Qué cosa más grande y hermosa, en una época de negación de todo. Mantengamos entonces bien reconocible el sello que recimos en nuestro Bautismo. 

        




AUDIO: https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/agioy_kyrilloy/agioy_kyrilloy_009.mp3

TEXTO: https://drive.google.com/file/d/1QiOMLGJh684-dXb8aZHTs4EDZJakTIlw/view?usp=sharing 


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